Aranguibel afirma que ataque a Maduro proviene de fuerzas extranjeras

CARACAS.- El constituyente, Alberto Aranguibel, dijo que con los hechos ocurridos el sábado en la avenida Bolívar de Caracas, se constató que se trata de un plan orquestado desde el exterior para atentar contra la estabilidad de la nación, porque a su juicio ya no hay dirigencia opositora actuando en el país.

“Quienes están actuando contra la legitimidad del presidente Nicolás Maduro, son factores externos, particularmente el presidente Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, que se han expresado abiertamente y sin ningún pudor en ese sentido”, expresó.

En entrevista a Anahí Arismendi, transmitida por Unión Radio, agregó que la actitud de serenidad y de conciencia del pueblo ante el hecho, fue una muestra de solidaridad y apoyo al mandatario.

Oiga aquí la entrevista completa:


Fuente: Union Radio

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

El sanguinario negocio del “Destino Manifiesto”

Por: Alberto Aranguibel B.

“Nunca interferiré en el derecho del pueblo a portar armas”
Donald Trump

El imperio norteamericano es sumamente precavido. Jamás ha invadido una nación poderosa, o que cuente con un ejército importante no solo en términos de su arrojo sino en cuanto a su dimensión.

Por lo general, sus maniobras de asalto se llevan a cabo durante la madrugada, como en Panamá, en Irak, en Libia, en Honduras, o en Siria. Nunca a plena luz del día ni a cielo abierto, como fueron planificadas por los grandes generales las guerras importantes de la historia. Como Austerlitz, cuyas acciones de combate dieron inicio a las 8 en punto de la mañana. Ni un minuto antes.

O incluso la ya legendaria guerra anglo-zanzibariana, que borró del mapa a aquella pequeña nación del África Oriental, sobre la cual los historiadores todavía no se ponen de acuerdo acerca de si se inició a las 9:00 en punto de la mañana, o a las 9:02 minutos de aquel 27 de agosto de 1896.

Atacar durante la madrugada no tiene ninguna justificación, al menos desde un punto de vista estrictamente estratégico militar, que no sea la cobardía.

Cobardía no por el muy comprensible “culillo” que genera la inminencia de toda aquella confrontación de la cual pudiera resultar la muerte, hay que decirlo, sino en el sentido más perverso de la crueldad humana de todo el que planifica con la más desalmada frialdad la muerte del prójimo al que procura cercenarle la vida sin permitirle siquiera la oportunidad de defenderse.

Por eso, por su sed de muerte sin riesgo alguno para los suyos, es que el imperio ataca de madrugada. Procurando, además, que la nación a atacar sea siempre un país pequeño, con escasa o ninguna población armada, y con los más exiguos recursos financieros a los que pueda apelar para apertrecharse debidamente frente a la agresión.

Nunca se ha visto, ni se verá seguramente, al imperio norteamericano atacando individualmente a ninguna gran potencia, del signo que sea, de manera frontal. El rebuscado e ilegal recurso de la “sanción económica” al que apela ahora contra sus enemigos, no es sino una vulgar técnica de captación de solidaridad entre las naciones, para convertir así al mundo en enemigo de sus enemigos y hacer con él causa común en el eventual asalto armado contra los pueblos a los que amenaza.

De ahí su empeño en mantener activo a como dé lugar, ese abominable e injustificado esperpento bélico que es la OTAN, usado por Estados Unidos como fachada para esconder sus atrocidades tras el sofisma de “operaciones armadas de la comunidad internacional en pro de la liberación de los pueblos”.

Sus “triunfos” no son, pues, los de los épicos gladiadores romanos que construían su gloria arriesgando la vida en cada combate cuerpo a cuerpo. Ni los de los Libertadores que nos legaron la independencia del Imperio español a costa de sufrir a lo largo de todo el Continente las peores calamidades que ser humano pueda padecer.

No. Sus glorias son las de la arrogancia imperial que desprecia toda forma de vida que no sea la de su élite dominante y todopoderosa. Que se jacta de aplastar con sus tanques y arrasar con sus bombas “solo matagente”, pueblos, naciones y civilizaciones enteras incluso, en pro de una causa imprecisa y etérea que jamás ha sido debatida con ningún pueblo arrasado, sino que le ha sido impuesta como castigo supremo; que no acepta ni discusión ni se somete a condiciones de ninguna naturaleza. La causa de la “seguridad nacional de los EEUU” con la cual el imperio castiga al mundo desde hace ya más de dos siglos.

De esa épica del asalto y la destrucción de países pequeños contra los cuales se envalentona, ha surgido su portento industrial y comercial, casi todo engendrado con la sangre de millones de seres humanos asesinados en las más sanguinarias operaciones genocidas que recuerde la historia contemporánea.

Timor Oriental, Camboya, Las Filipinas, Haití, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Corea, Vietnam, Omán, Afganistán, Grenada, Somalia, Bosnia Herzegovina, Irak, Pakistán, Yemen, Sudán, son solo algunos de esos pequeños países cobardemente asaltados en algún momento sin la menor contemplación por el arrogante imperio norteamericano. Pero son incontables las naciones que, sin ser sometidas, en principio, por medio de las armas, han sido sin embargo agredidas de la manera brutal en que lo hace también con el chantaje económico y la presión política, orientado siempre por el mismo beneficio económico que sus operaciones armadas de saqueo internacional le deparan.

Es incontable la lista de grandes emporios empresariales norteamericanos que se han beneficiado y alcanzado su mayor auge a partir de los contratos con el ejército de los EEUU. Desde la fabricante de motocicletas Harley Davidson, hasta la poderosa fabricante de misiles Lockheed Martin, la Exxon Mobil, Standard Oil, Halliburton, pasando por la no menos prestigiosa Bausch and Lomb, (creadora de los lentes Ray-Ban que tanto identifican al militar de los EEUU), ensambladoras de vehículos y fábricas de autopartes, el parque industrial norteamericano desarrollado gracias a la guerra, además del armamentista, probablemente el más grande del mundo y de la historia, es infinito.

Si a ello se añade el inmenso negocio que le ha deparado a los productores y fabricantes de alimentos, bebidas, chocolates, cigarrillos, ropa de todo tipo, artículos (desde maquillaje, hasta tiendas de campaña) equipos de telecomunicaciones, industria satelital, y de investigación científica, se podrá tener una clara noción de la dependencia que ha tenido y tiene hoy en día los Estados Unidos de la guerra.

Una guerra que debe que ser llevada a cabo en la oscuridad para poder sorprender en la mayor indefensión al atacado y lograr asesinarlo “limpiamente” sin las bajas que el sanguinario ejército atacante pueda sufrir, lo que le permite evitar el repudio de su propia sociedad, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las cuantiosas sumas que son destinadas a la industria militar del cual depende el poderío del imperio.

Las armas en los Estados Unidos son un factor esencial para la libertad individual de las personas, más que ningún otro elemento moral o material, porque las élites que han gobernado esa nación desde sus orígenes encontraron que el culto de la gente hacia las armas era el medio expedito para subordinar a la población a la idea de la supremacía a toda costa que ordenaba la lógica de “Destino Manifiesto”, autoimpuesta por esas élites desde mucho antes de creada la nación. Incluso desde mucho antes de nacer el periodista John O’Sullivan, a quien se le atribuye la primera mención escrita de la idea.

Elevar a rango Constitucional, como lo ha hecho Estados Unidos en su Segunda Enmienda, la lógica del poder que transmite la facultad personal de decidir por encima de toda ley la vida de los demás, ha sido la forma de conseguirle apoyo popular a esa vocación genocida que ha movido desde siempre al imperio.

Hoy ningún norteamericano acepta como razonable la posibilidad de que su derecho a portar armas sea controlado por el Estado. Lo que constituye un verdadero “Blowback” (palabra norteamericana para denominar lo que en español se conoce como “tiro por la culata”) para esa misma élite imperialista que, guiada por el afán de la guerra no midió nunca las consecuencias de su demencial apuesta por la admiración a la lógica de las armas y de la muerte.

En virtud de ese excepcional derecho a la supremacía que ellas otorgan, cualquier político que se atreva a cuestionar siquiera el libre porte de armas en esa nación, será irremediablemente execrado por la sociedad. Por el contrario, quien lo refuerce y lo promueva, tendrá siempre abiertas las puertas del poder.

De esa forma, el “Destino Manifiesto”, antes que la expansión norteamericana bajo el signo libertador que soñaron los imperialistas, terminó siendo apenas el inmenso territorio del regocijo con la muerte del prójimo, al que sus Padres Creadores los condujeron con su desquiciada fantasía de la dominación planetaria que coronaría su grandeza.

No le ha quedado a ese vetusto y decadente imperio ninguna otra cosa que hacer dinero con esa bochornosa fantasía. Por eso no le importan en lo absoluto los millones de seres humanos que mueren bajo las armas, ni los pavorosos padecimientos que ocasionan a los pueblos que con ellas son arrasados.

Por eso es cada vez más repudiado por el mundo.

Por eso, más temprano que tarde, ese imperio de la muerte se vendrá abajo.

@SoyAranguibel    

¿Por qué el capitalismo no impidió la caída de Mariano Rajoy?

Por: Alberto Aranguibel B.

Porque Rajoy no era un presidente del capitalismo, sino un simple capitalista presidente. Un peón más del sistema, que apostó a las reglas del perverso modelo del capital, que dictan, entre muchas otras aberraciones que el capitalismo asume como filosofía, que en el juego del dinero ganará siempre el más competitivo. Es decir; aquel que tenga mayor capacidad de aplastar con su poder financiero a los competidores.

El capitalismo no es presidido por nadie en el mundo. Ni siquiera el más poderoso presidente capitalista del planeta, como lo es el de los Estados Unidos de Norteamérica, puede arrogarse la facultad de ser él, en sí mismo, el rector (o el ideólogo) por excelencia de un modelo que no acepta rectoría alguna que no sea la del capital.

Por eso la caída de Rajoy no es de ninguna manera la caída del capitalismo. Como no lo fueron en su momento; la defenestración política de Silvio Berlusconi en Italia; la destitución y posterior encarcelamiento de Dominique Strauss-Kahn del Fondo Monetario internacional; o de Pedro Pablo Kuczysnski en Perú, a pesar de ser (cada uno en su espacio y su coyuntura particular) iconos indiscutibles del capitalismo.

Incluso existen quienes opinan que, por el contrario, el capitalismo se fortalecería con la caída dentro del Estado capitalista (monárquico, en el caso de España) de al menos un importante exponente de la doctrina del capital cada cierto tiempo, porque ello patentizaría una supuesta capacidad de autorregulación del modelo de libertades que el capitalismo vende al mundo como propias.

Esa lógica del fingido autocontrol explica con perfecta claridad por qué razón el expresidente del parlamento brasileño, Eduardo Cunha, principal promotor del fementido golpe asestado por la derecha de ese país a la presidenta constitucional, Dilma Rouseff, es finalmente llevado a la cárcel apenas dos años después de aquel asalto, con una condena de veinticuatro años de presidio por aceptación de sobornos de la empresa Petrobras y lavado de dinero, entre otros delitos, siendo que su infundada acusación contra la depuesta presidenta se refería precisamente a hechos de corrupción que, en el caso de Rouseff, jamás fueron probados.

En España, Gürtel, la empresa que detona la salida de Mariano Rajoy del poder, es el equivalente a Odebrech y Petrobras en Latinoamérica. Corporaciones todas que se han erigido en líderes de sus respectivos mercados, a partir del mismo principio del desarrollo corporativo determinado por la destreza y alcance de su tren ejecutivo para distribuir dinero entre los funcionarios del Estado en forma de jugosas “comisiones” para hacerse de grandes contratos.

La “comisión” no es delito en el capitalismo. De hecho, es la base de ese modelo, que sobrevive precisamente por el soporte “estratégico” que ella le da a la forma de expansión del capital que mejor resultados le ha ofrecido a la empresa privada a lo largo de la historia.

La “comisión” es en esencia una forma muy rentable de hacer negocios (la más aceptada y extendida como modalidad mercadotécnica en la empresa privada de cualquier tipo en el mundo entero), porque el dinero invertido en comisiones no es capital que pierde o deja de ganar de ninguna manera la empresa, sino que, a la vez que ella va creciendo, es trasladado directamente al consumidor a través de mecanismos de especulación y de usura en el precio final de venta de sus productos ideados y desarrollados por ella misma.

Llega a ser tan conveniente la práctica de la compra de funcionarios del Estado en el capitalismo, que la caída de un importante aliado de negocios (como un presidente español, o uno peruano, por ejemplo) antes que un sacrificio, termina por ser un negocio muy lucrativo en términos de rentabilidad política, porque le permite al capitalismo poder presentarse como un modelo democrático en el que los mandatarios no estarían nunca colocados por encima del poder de las Leyes.

Un gobierno capitalista como el de Mariano Rajoy, enfrentado a la titánica tarea de intentar exterminar a una revolución de profundo arraigo popular como la bolivariana, tal como le fue específicamente encomendado por los más altos estamentos del capitalismo occidental, y enfrentado a la vez en su propio país al repudio masivo de su pueblo por la brutal agresión a la democracia que significa cercenar el derecho al voto, la cruel represión a las protestas contra las hambreadoras políticas neoliberales, el atentado contra la vida que representan los crecientes índices de desempleo, hambre y miseria en España, además de la prostitución de la política a la que lo llevó la corrupción (todo lo cual destruía todos y cada uno de los argumentos que ese gobierno ha esgrimido contra la revolución chavista para provocar su derrumbe, sin lograrlo), no tenía de ninguna manera difícil que la balanza capitalista se inclinara a favor de salir a como diera lugar de ese ya impresentable vocero que tan mal paradas estaba dejando las muy relativas cualidades de su modelo frente a la opinión pública de todo el planeta.

Si las atroces perversiones que la socio-política le ha atribuido ancestralmente a los regímenes dictatoriales, terminan siendo los rasgos que definen de manera más exacta e inequívoca a los gobiernos capitalistas que debieran ser ejemplos de apego a la norma democrática, pero que, además de no ser para nada ejemplos de tal carácter democrático, dejan al descubierto la corrosión ética a la que llegaron a partir de cierto momento los bandidos del Partido Popular español, cuyo afán por la prevaricación traspasó los linderos del desenfreno, entonces el problema de cargar con lastres como Rajoy es mucho más grave que la lesión que pudiera causarle a la imagen del capitalismo la impostura o el exceso en el empeño de éste por hacerse de grandes fortunas birladas al erario público.

El problema para el capitalismo es que, en la medida en que se expanden esos grandes negociados de las corporaciones que medran en el Estado a costa de coimas, comisiones, y corruptelas de todo tipo con el inmoral funcionariado que va encontrando a su paso como aliado natural de clase, es decir; con los capitalistas infiltrados dentro del Estado, los líderes anti capitalistas (léase; Luiz Inacio Lula Da Silva, Rafael Correa, Cristina Fernández, o Nicolás Maduro) van a ir quedando cada vez más en evidencia ante el mundo como auténticos demócratas, a quienes los pueblos siguen con la más entera devoción principalmente por su solvencia ética, su rectitud y su honorabilidad en el manejo de los dineros públicos.

Dado que la plutocracia, el gobierno de los ricos, carece de un sustrato ideológico que le imprima sustentabilidad social (porque jamás las élites oligarcas han sido más numerosas que las clases desposeídas), todo riesgo de afectación a su imagen es por demás innecesario.

Pero, cuando el capitalismo entra en una fase de franco declive, como en la actualidad, y ciertamente su sostenibilidad es cada vez más precaria en virtud de la inédita proliferación de modelos alternativos (que van desde el poderoso modelo chino de economía mixta, el ruso de producción independiente altamente tecnificada, el iraní o el revolucionario venezolano de participación popular protagónica, entre otros) entonces la solidaridad automática con un personaje perfectamente prescindible como Mariano Rajoy se torna en amenaza.

Rajoy, como ningún presidente capitalista, no puede hundir por sí mismo al capitalismo. Pero, si el capitalismo ya se está hundiendo, es obvio que una carga muerta como la que él representa puede acelerar su inexorable naufragio. Algo que el capitalismo no está dispuesto a aceptar, por ahora, sin tomar al menos las correspondientes medidas de profilaxis a lo interno de su ya maltrecho y herrumbroso sistema.

A la larga, se cumple en la práctica lo que una franquista oligofrénica vocifera por estos días en un delirante audio que circula por las redes sociales, cuando advierte histérica que no cree que el causante del exterminio político de Rajoy sea Pedro Sánchez (a quien califica de “berzas, tonto útil”), sino Nicolás Maduro.

Lo que no quieren que veamos –dice- es cómo Maduro va entrando y se va poniendo en el sillón […] Qué corrupción de Rajoy ni que nada; la corrupción está en que Maduro se está metiendo en España.

Quizás la desquiciada española no esté tan loca como su demencial relato la presenta. Lo que dice es exactamente lo mismo que con toda seguridad pensó el capitalismo cuando sin la menor misericordia ni contemplación decidió lanzar a inefable Rajoy al basurero de la historia.

Allá de aquellos que tanto se afanaron por lo que a la postre sería cuando mucho el más vergonzoso selfie de la historia… el risueño pero pavoso selfie con el corrupto de Rajoy, a quien ni siquiera el propio capitalismo quiso salvarlo.

@SoyAranguibel

J.G. Rodríguez: Petro hizo a Santos presidente

Por: José Gregorio Rodríguez

Cuando llegue el 7 de agosto de este año y Juan Manuel Santos abandone la presidencia de la República de Colombia, se marchará del Palacio de Nariño un presidente que habiendo recibido el Premio Nobel de la Paz, deja a su país listo, dispuesto como “cabecera de playa” para la guerra con sus vecinos.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

¿Quién es Juan Manuel Santos? Es el presidente de la República de Colombia desde el 7 de agosto del año 2010. Llegó a la política con el Partido Liberal colombiano. Se desempeñó como ministro de Comercio Exterior del gobierno de César Gaviria, desde el 16 de enero de 1991 hasta el 7 de agosto de 1994. Luego fue ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango, desde el 7 de agosto del año 2000 hasta el 7 de agosto del 2002. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desempeñó como ministro de Defensa desde el 19 de julio del 2006 hasta el 22 de mayo del 2009. Con Uribe fue uno de los fundadores del Partido de la “U”. Fue el candidato presidencial del uribismo en las elecciones del año 2010, luego de que la Corte Constitucional le negara al entonces presidente Álvaro Uribe la posibilidad de ser elegido por tercera vez.

Juan Manuel Santos, luego de su ruptura política con Uribe Vélez, se queda con el partido de la “U” y se presenta a la reelección en las elecciones del año 2014 en contra del candidato del “uribismo”, Oscar Iván Zuluaga, quien lo derrota en la primera vuelta con el nuevo partido de Álvaro Uribe, el Centro Democrático y para el “balotaje” con la promesa de la paz para Colombia y con los votos de la izquierda colombiana que puso la diferencia para alcanzar y derrotar a Zuluaga resultando reelecto presidente de Colombia.

Para la segunda vuelta de esas elecciones del 2014, Juan Manuel Santos no habló más de las realizaciones de su primer gobierno, con las que no había logrado convencer a los electores el 25 de mayo, y convirtió la campaña en la segunda vuelta en un referendo sobre sus negociaciones con la guerrilla, atrayendo hacia su candidatura a grupos políticos y sociales tradicionalmente alejados de sus propuestas.

Aunque usted no lo crea o no lo recuerde, los votos que a la final inclinaron la balanza a favor de Santos en el 2014, fueron los de Clara López, quien fuera la candidata del Polo Democrático, que se sumó a su campaña pese a que su partido prefería mantenerse neutral y los del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Pero apenas logró suscribir el acuerdo de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo, FARC-EP, el cual se logró entre otras cosas, por la activa participación de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, comenzó su abierto desplazamiento a la posición en la que hoy se encuentra, como principal agente de la operación política y, ¿militar?, de los EEUU contra Venezuela.

La operación de Santos en contra de nuestro país tiene fundamentalmente una motivación económica. El presidente colombiano está, de entrada, tras los recursos que la comunidad internacional aportaría para la “reconstrucción” de Venezuela y luego actuaría como el gran “crupier”, el repartidor de las concesiones para explotar las inmensas riquezas naturales de Venezuela.

Mauricio Cárdenas

El 9 de febrero de este año, desde la ciudad de Nueva York, el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, develó que “Colombia ha contactado a agencias crediticias internacionales para preparar un plan de rescate financiero por unos 60.000 millones de dólares para su vecina Venezuela si el presidente Nicolás Maduro deja el poder… Nosotros como gobierno estamos dispuestos a ser parte, no sólo de esa conversación y de ese plan, sino también a brindar financiamiento para esa transición”, y remató, diciendo este funcionario de la absoluta confianza del presidente Santos: “Colombia se beneficiaría de una recuperación de las exportaciones a Venezuela”. Por si fuera poco, adelantó que “Colombia estima que necesitará unos 30.000 millones de dólares para construir un centro de ayuda que ofrezca a los inmigrantes venezolanos un lugar temporal de permanencia antes de que decidan su próximo paso”.

Toda esta operación se adelantaría con la cobertura de “ayuda especial humanitaria” y está pensada y planificada desde los EEUU para ponerle la mano a Venezuela y sus recursos y cuenta con el apoyo incondicional de quien aspira a ser uno de sus principales beneficiarios, Juan Manuel Santos, quien en la medida en que se acerca su salida del poder incrementa el tono de sus sistemáticas agresiones verbales contra nuestro país y se convierte en el principal aliado de los EEUU para la construcción de un acuerdo regional que estreche el cerco económico y financiero contra Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Como escribiera en días pasados el prestigioso internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El desarrollo de los hechos va develando la trama, lo más relevante es que se está sabiendo a través de las declaraciones de los propios actores, los que por impericia, estupidez o arrogancia van dando a conocer piezas del rompecabezas que es necesario ir armando. El Plan Colombia por un lado, así como las gigantescas ganancias producidas por el narcotráfico por otro, han mostrado una economía colombiana ficticia, que solo tenía cierto respiro por estos dos factores, que no podían ser contabilizados formalmente como parte del esfuerzo nacional ‘a favor del desarrollo y el progreso”.

Hay que recordar que la década de los 80 del siglo pasado, considerada como ‘perdida’ para América Latina por los economistas y las organizaciones internacionales, tuvo crecimiento negativo para todos los países de la región, menos para Panamá, que tuvo crecimiento cero; Cuba: un 3%, todavía integrando el Consejo de Ayuda Mutua económica (CAME) conformado por los países socialistas y…Colombia, que creció 9%, algo solo explicable, –según los economistas– por la gigantesca reinversión en el país de los recursos de la industria del narcotráfico.

Presencia de las FFAA de EEUU

La última década del siglo pasado introdujo el Plan Colombia en la realidad del país, como instrumento ilegal que violaba el artículo 341 de la Constitución Nacional, al crear un documento paralelo al Plan Nacional de Desarrollo el cual, según establece la Carta Magna, debe ser elaborado por diferentes instancias gubernamentales para ser sometido a la aprobación del Consejo Nacional de Planeación. Así, al margen de la ley, y cediendo soberanía, (toda vez que como contraprestación, Colombia debió aceptar la presencia de las Fuerzas Armadas de EEUU en su territorio sin autorización del Congreso) la oligarquía colombiana se entregó al festín que significaba recibir miles de millones de dólares de EEUU, la “ayuda” más alta de este país a otro del hemisferio occidental y una de las de mayor cuantía en el mundo.

La realidad era que si EEUU hubiera querido “apoyar” a Colombia, hubiera suprimido su política proteccionista, que impedía o dificultaba la exportación de productos colombianos en un monto muy superior a los recursos aportados por el Plan Colombia. Todo esto se producía durante los primeros años del gobierno del presidente Chávez en Venezuela, cuando Andrés Pastrana lo era en Colombia.

Había comenzado la época del parasitismo estructural de la economía colombiana que se inició con la gigantesca inyección de recursos del narcotráfico. El Plan Colombia transformó al país y en especial a las fuerzas armadas en devotos de los recursos, pero estos debían mostrar eficacia en su uso para que el Congreso de EEUU continuara avalando el alud de capitales que comenzó a llegar y a modular el comportamiento de los receptores. Así, bajo inspiración de Álvaro Uribe presidente y Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, se diseñó la política de los “falsos positivos” que significaba ponerle precio a la eficiencia bélica de las fuerzas armadas, cuantificada con los muertos que se anunciaba como “guerrilleros dados de baja”, sólo que se descubrió que tales combatientes insurgentes no lo eran, y que el parasitismo financiero crónico condujo al asesinato de decenas de personas, solo por el afán de obtener más recursos, poniendo en evidencia un acto de violación masiva y continuada de Derechos Humanos solo permitida porque contaba con el aval de Washington.

La reducción de los caudales internacionales para una guerra contra el narcotráfico que acorde con la decisión de EEUU no se libra ni por un minuto en su territorio, sino en los campos de los países productores, que además de ser criminalmente regados con el glifosato asesino de plantas, animales y el envenenamiento de las aguas que alteran la vida de campesinos que solo obtienen el 0,4% del valor final del producto transformado en droga, significó una alteración profunda en los mecanismos criminales del Estado productor.

Fuerzas Armadas colombianas

Cae el ingreso de las FFAA

Las negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano significaron una caída en el ingreso de las fuerzas armadas, que recibieron otro golpe cuando el tribunal de La Haya falló a favor de Nicaragua en la delimitación de áreas marinas, y con ello la ruta más importante de transporte de la droga disminuyó ostensiblemente su funcionamiento, siendo esta vez la marina colombiana la que recibió el golpe.

La economía se estremecía, la caída en el gasto social fue brutal: pagaron los maestros, los miles de niños wayúu de la Guajira muertos por inanición, los campesinos que vieron disminuidos sus ingresos, los pobres de la ciudad y el campo que han visto extenderse la pobreza extrema en las zonas urbanas y rurales hasta superar el 20%, las clases medias y populares que se han hecho más pobres, todo lo cual ha sido falsamente burlado con demagogia y con el apoyo de las noticias falsas emanadas de los medios de comunicación como Caracol, RCN, el Tiempo y el Espectador, máximos exponentes de la desinformación planificada desde el poder.

La oligarquía colombiana ataca a Venezuela

Cuando parecía que no había argumentos para explicar la crisis, y el incremento de la pobreza a partir de 2008, en momentos de una plena expansión económica que no significó mayor equidad, el tema de Venezuela vino en auxilio de la atribulada oligarquía colombiana, que imitando a su amo del norte comenzó a tratar de superar por vía externa, la profunda inmundicia que había creado al interior del país. Primero fue Uribe quien, en los estertores de su mandato, se inventó unos inexistentes campamentos guerrilleros en territorio venezolano, amenazando con una invasión para venir a combatirlos. Sólo la firmeza del Comandante Chávez y la fortaleza de la unidad cívico-militar en Venezuela impidieron esta locura.

Las relaciones fueron interrumpidas y el comercio bilateral seriamente afectado, creando gigantescas pérdidas al sector productivo y exportador de Colombia, con un consiguiente desempleo y caída en los ingresos que la oligarquía no podía sostener. Por eso desestimaron un posible nuevo período de Uribe y rechazaron a Arias quien era el sucesor designado. Eligieron a Santos con la misión de recuperar las relaciones con Venezuela y con Ecuador país que también había roto sus relaciones tras ser invadido por las fuerzas armadas colombianas.

La guerra comenzó a dejar de ser un buen negocio, por eso se le dio el mandato a Santos para que negociara la paz, había que aprovechar las condiciones que emanaban de los TLC firmados con EEUU y otros países para incrementar ganancias, pero antes se debía modernizar el aparato productivo y la infraestructura, sobre todo la de transporte que impedían ampliar el comercio y las exportaciones.

Las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno colombiano

Desde el primer momento, Venezuela apoyó las negociaciones de paz, no sólo eso: las incitó, las promovió, las estimuló, sin embargo a cambio sólo recibió el desprecio de las élites neogranadinas, todavía sedientas de poder, ganancia y sangre. Por ello su ensañamiento con Venezuela, sobre todo el de Santos que al igual que Obama han dedicado sus Premio Nobel de la Paz a desarrollar la guerra, como si ese fuera el sino de ese premio innoble.

Y en esa lógica, el actual Gobierno colombiano encontró una nueva forma de auto financiamiento: recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero no para pedir un crédito para su país como lo acaba de hacer Mauricio Macri, sino para ‘rescatar a Venezuela’. Sin que nadie se lo pidiera, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas aseveró que este ‘plan de rescate’ está pensado ‘para los venezolanos (ya que) el día que Venezuela adopte las medidas económicas correctas va a requerir una financiación adicional para poner la casa en orden, y que la economía vuelva a funcionar’, porque nadie sabe cuándo va a darse un cambio de gobierno en Venezuela pero tenemos que estar preparados para eso. 

Si nadie sabe cuándo va a haber un cambio de gobierno en Venezuela, uno podría preguntarse entonces, ¿para qué está pidiendo esa enorme cantidad de recursos?, sobre todo cuando estamos hablando de un gobierno que se va en menos de tres meses, ¿será que necesitan dinero para la campaña electoral? O, ¿para pagarles a los maestros y campesinos burlados en negociaciones en las que el Gobierno nunca cumple? O simplemente, ¿para retirarse con un dinerillo en el bolsillo?

El talante parasitario y corrupto de la élite colombiana da para pensar cualquier cosa, sobre todo cuando sus representantes se han dedicado a vociferar respecto de los, según ellos,  4 millones de venezolanos que han huido del país, la mitad de los cuales se habrían establecido en Colombia, para lo cual también han visitado EEUU y los organismos internacionales pidiendo recursos desesperadamente, dando lástima y transmitiendo dolor, Cárdenas afirmó que: ‘Hasta ahora Colombia lo ha hecho con sus propios recursos y presupuestos, pero ya empieza a haber problemas fiscales, porque estamos hablando de números muy grandes, que requieren servicios de salud, educación, asistencia para su alimentación’.

Es válido entonces, preguntarse qué haría el Gobierno colombiano si tuviera que preocuparse y atender a los 5 millones y medio de conciudadanos que viven en Venezuela, y que contrario a lo que se dice siguen llegando desplazados por las persecuciones, las masacres y el despojo de tierras a los que son sometidos por los paramilitares bajo abrigo y protección de los organismos de seguridad y las fuerzas armadas, mientras el Gobierno de ese país se hace de la vista gorda ante tales desmanes.

Alejandro Werner

En todo caso, el FMI que –como se sabe– es una institución conducida en los últimos años por directores gerentes corruptos (Rodrigo Rato, Dominique Stauss-Kahn y Christine Lagarde), todos investigados por la justicia y, manejado por EEUU que tiene acciones suficientes para vetar cualquier decisión, vive de hacer negocios a la segura con países en dificultades severas, aplicando sus recetas de hambre y miseria, pero no corre riesgos para satisfacer intereses privados, así sea de grupos poderosos de la oligarquía de algún país. Por eso, el director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner se apresuró a responderle al ministro de Hacienda de Colombia, diciendo que era muy prematuro ‘hablar de cifras y planes’ para Venezuela.

Por otra parte, la falsedad de los números manejados por el Gobierno colombiano para justificar su demanda de recursos fue puesta en evidencia y desmentida por funcionarios del propio Estado: Felipe Muñoz, gerente para la frontera con Venezuela, y Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia evidenciaron que el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia arrojó que en el país hay 203.989 venezolanos, no dos, ni tres, ni cuatro millones como estos delincuentes han dicho en su afán de esquilmar a las organizaciones financieras internacionales. 

 Como siempre, el objetivo real que se busca se termina sabiendo, en Hungría, el presidente colombianodonde al parecer viajó a ‘vender’ a Venezuela a empresarios europeos, afirmó que ‘con el cambio de régimen –que se va a dar y que se va a dar muy pronto–, la economía venezolana con un poco de buen Gobierno va a dispararse rápidamente y la oportunidad para Colombia es enorme’. En pocas palabras, se trata de ayudar a EEUU a reventar la economía venezolana, para instalar un gobierno que le dé mejores oportunidades a la oligarquía colombiana de hacerse cargo del país a fin de exprimir al Pueblo de Venezuela como lo hace con el propio. El mismo Santos explicó que Venezuela es ‘el país más rico en América Latina’. Visto desde su perspectiva aviesa y corrupta debe estar pensando que ‘Venezuela es un buen botín’ por eso, dijo –el artífice de la invasión a Sucumbíos en Ecuador– que si él tuviera que apostar, ‘le apostaría a Venezuela a futuro”.

 Santos se despide convirtiendo a Colombia en “Socio Global” de la OTAN.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, formalizará el próximo 31 de mayo, el ingreso del país latinoamericano como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Santos se reunirá con el secretario general de la Organización, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg con quien conversará los pasos internos a seguir para formalizar su situación.

La OTAN creó la categoría de socios globales con el interés de generar alianzas estratégicas más allá de Europa, Estados Unidos y Canadá. Alrededor de 40 países que no son miembros de esta alianza militar intergubernamental, participan activamente en programas de desarrollo dentro y fuera del área militar.

Ahora bien. ¿Qué significa ser un Socio Global de la OTAN? Como bien lo describe un reciente trabajo de la Misión Verdad: “Acuerdos bilaterales se han firmado entre la OTAN y países latinoamericanos. La relación con Argentina, por tomar un ejemplo, ha sido muy estrecha, en 1997 fue nombrada por la Administración Clinton “aliada importante extra-OTAN”, un estatus que comporta colaboraciones importantes en diferentes áreas militares; Incluso, los argentinos han llevado batallones a otros países en operaciones “humanitarias” de la OTAN en Croacia, Haití, Angola, Mozambique, Guatemala, Kuwait, Líbano, Chipre, a lo largo de la década de 1990.

Pero sociedades de ese tipo son menos profundas que la categoría de “socio global”, que compone otras características. Significa, básicamente, un enlazamiento íntimo entre el país y la estructura de la OTAN, que abarca la mayoría de las áreas militares en estrecha colaboración.

Efectivamente, desde 2013, Colombia y la OTAN han participado en una Iniciativa de Construcción Integral en limitadas áreas como “educación militar y entrenamiento, seguridad marítima, buena gobernanza e integridad constructiva”, según la página oficial de la alianza. Para ello, Colombia ha permitido que la OTAN trabajase en profundidad en la institución militar local, y ha llevado a su personal correspondiente a cursos de la escuela de la OTAN en Oberammergau (Alemania) y al Instituto de Defensa de la OTAN en Roma (Italia) desde 2013. Colombia asimismo ha participado en numerosas conferencias militares de alto nivel relacionadas a la organización atlantista. En 2015, Colombia apoyó operaciones navales de “contrapiratería” de la OTAN en el Cuerno de África, según el mismo portal de la organización multinacional.

En el futuro, ya con el país latinoamericano como “socio global”, podría participar en operaciones y misiones lideradas por la ONU, con asesoría de la OTAN a las fuerzas armadas colombianas según los estándares y normativas de la organización”. En el mismo trabajo se afirma, al comentar las implicaciones geopolíticas del paso dado por Colombia, que: “La otanización de Colombia, en su figura de “socio global”, podría darle un carácter de ‘regularidad’ y apoyo logístico a las células del paramilitarismo colombiano en la frontera colombo-venezolana, lo que ajustaría el pivoteo pre-bélico del vecino país con relación a Venezuela.

En una analogía respecto al conflicto sirio, decíamos en 2013 que Colombia jugaría a cabalidad contra Venezuela el mismo papel que Turquía (antes de la negociación con Rusia e Irán) juega contra Siria: el de cabeza de playa para variopintos ‘frentes armados’ apoyados logística y militarmente por los países de la OTAN”. Por donde se le mire, este movimiento colombiano tiene piquete contra nuestro país, porque si fuera, como dicen los colombianos, que el ingreso de ese país como primer socio global de la OTAN en América Latina tendría como principal objetivo, cooperar en asuntos de seguridad cibernética, marítima y crimen organizado. ¿Dónde está el “veneno” de esta modalidad de cooperación contra el crimen organizado? Ellos calificarían de “criminales” a los líderes de la Revolución y luego en el marco de los “privilegios” que otorga ser socio global de la “membresía” militar trasatlántica solicitan a sus aliados que actúen en su contra.

La mesa está servida

Juan Manuel Santos deja la presidencia de Colombia, con la popularidad por el suelo y en medio de una espectacular derrota política. Su candidato, Germán Vargas Lleras, quien fuera su vicepresidente, ocupó el cuarto lugar en el marcador de la elección presidencial del pasado domingo 27 de mayo. Sin embargo, quiere despedirse dejando la mesa servida para que Colombia sea la tierra desde donde se atente contra la soberanía y la integridad territorial de Venezuela. Seguros estamos que el digno pueblo de ese país no acompañará en esta aventura a la oligarquía colombiana, de alguna manera el domingo 17 de junio en las elecciones presidenciales colombianas estará en juego la paz de la región.

Nicolás Maduro en el discurso a la FANB

Maduro apela a la Unión Civico-Militar

A continuación transcribimos el discurso del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, luego de su proclamación en la Asamblea Nacional Constituyente, el pasado jueves 24 de mayo:

“Saben ustedes que en las últimas semanas hemos venido desmembrando una conspiración financiada y dirigida desde Colombia y alentada y promovida desde el Gobierno de los EEUU para dividir nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y con una acción publicitaria militar intentar en su momento que se suspendieran las elecciones del 20 de mayo pasado. Gracias a la conciencia, a los anticuerpos morales fue detectada a tiempo y están convictos y confesos todos los responsables de haberse vendido y haberse entregado a traidores que desde Colombia les pagaron en dólares para que traicionaran el honor, la moral y la lealtad de nuestra amada Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Alerta, alerta, que nadie baje la guardia, no es tiempo de bajar la guardia, es tiempo de combate. ¿Quién quería suspender las elecciones? ¿Quién quería afectar el curso de las elecciones y de la democracia? El imperio norteamericano, la oligarquía colombiana. Desde Colombia se dirige una conspiración para hacerle daño a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Lo hacen para bien de la república, creen ustedes? Jamás, lo hacen para debilitar nuestra república, la oligarquía colombiana tiene objetivos muy claros para tratar de apropiarse y apoderarse de las riquezas territoriales y minerales de Venezuela.

Desde hace 200 años la oligarquía colombiana sueña con gobernar desde Bogotá nuestra amada patria. Alerta, conciencia, guardia alta, oído, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo el mundo en guardia para defender la unión de nuestra amada Fuerza Armada, para defender la cohesión, la lealtad, el juramento, la unión cívico-militar, exijo máxima lealtad a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, máxima lealtad a la Constitución, máxima lealtad al pueblo, máxima lealtad a la Revolución Bolivariana y máxima lealtad al comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Máxima unión cívico-militar para seguir transitando los caminos de este siglo 21 que apenas, todavía, apenas comienza y que promete tanto para nuestra Patria. Cerrémosle las puertas, las trompas, reventémosle las trompas a la oligarquía colombiana, que utiliza traidores, con dólares.

Hemos capturado a sus principales cabecillas y estamos detrás del principal financista que se encuentra huyendo en territorio venezolano, que tarde o temprano lo vamos a capturar y lo vamos a poner a la orden de la justicia para que sea castigado con las máximas penas, por traicionar a la Patria y por ponerse al servicio de la oligarquía colombiana y del imperialismo norteamericano.

Le decía yo a los jefes militares, compatriotas, yo tengo que hablarle claro a todos, a nuestro pueblo armado y a nuestro pueblo civil, el imperialismo norteamericano se ha planteado para los meses y años futuros una sola opción estratégica principal, en su tarea de tomar el control, el dominio de Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana y recolonizar a nuestro país. No ha podido, ni podrá, estoy claro de ello, pero los estrategas militares, los pensadores, los jefes, líderes militares deben saber que la única opción que ellos se han planteado es dar un golpe de Estado militar en Venezuela. No lo digo yo, solamente lo dicen ellos. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, lo ha enarbolado cuando era jefe de la CIA y ahora como secretario de Estado, el vicepresidente Mike Pence, el jefe del Pentágono, el jefe del Comando Sur, el exencargado de negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que hoy se fue, ya debe haber aterrizado en los EEUU, expulsado por intervencionista y golpista, lo han dicho, han llamado a la Fuerza Armada a dar un golpe de Estado, a imponer un régimen militar y entregarle el país a ellos. ¿Va la Fuerza Armada a traicionar al pueblo de Venezuela? ¿Va la Fuerza Armada a hacerle el trabajo al imperialismo norteamericano y entregarles el poder y las riquezas del país a ellos? La respuesta es muy clara, la respuesta la han dado ustedes hoy con su juramento, con su proclama, con su lealtad.

Cuenten ustedes con este hombre, este obrero humilde, comandante en jefe de la Fuerza Armada. Sí, por voluntad de un pueblo, lealtad con lealtad se paga. Cuenten con mi lealtad, vamos a unificar, vamos a fortalecer, vamos a cohesionar cada vez más al pueblo y a la Fuerza Armada. Vamos a crecernos y a seguir ratificando este camino hermoso del nuevo concepto, la nueva doctrina, la nueva moral, la nueva organización, la nueva disciplina, los nuevos ejercicios militares, la capacidad de despliegue por todo el territorio, la capacidad de defensa de la integridad territorial, de la soberanía, la capacidad de defensa del pueblo, el cumplimiento de las grandes misiones constitucionales y de las grandes misiones históricas, de los únicos y verdaderos herederos del ejército de los libertadores, del ejército de Pichincha. Sí, hoy, con Pichincha en su aniversario digo: los verdaderos, únicos y legítimos herederos de Pichincha, de Bolívar y de Sucre, están aquí de pie, están aquí parados, oficiales de la Patria.

Gracias por tanta lealtad, gracias por tanta disciplina, gracias por tanta verdad que me dicen, gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana, gracias por tanta fuerza moral, confío en ustedes, creo en la Fuerza Armada como creo en el sueño de Patria; son ustedes la columna vertebral de la estabilidad, de la paz y de la unión de la república y en buenas manos está la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gracias por su juramento, gracias por su proclama, gracias por su lealtad y aquí estoy, Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, reelecto, listo para seguir ejerciendo mis funciones de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y digamos desde nuestro corazón, con más fuerza que nunca: ¡Chávez Vive! ¡Independencia y Patria Socialista! ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Venceremos!

Gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Que Dios los bendiga, a ustedes y a toda la familia militar. Muchas gracias”.

 josé gregorio rodriguez  José Gregorio Rodríguez 

Fuente: Las Verdades de Miguel

Aranguibel: “No nos quieren regresar a la Guerra Fría, sino al Siglo XVI”

Caracas, 09 de mayo de 2018 .- “Mucha gente dice que en la tensión política que vive el mundo los acontecimientos pudieran estar llevándonos a una nueva Guerra Fría, cuando en realidad pareciera que la intención de algunas potencias es llevarnos al siglo XVI, cuando lo que se imponía era la fuerza de los imperios”, sostiene Alberto Aranguibel en entrevista con la periodista Tatiana Pérez, en Telesur.

Vea aquí la entrevista:

María Alejandra Díaz: Combustible de guerra

Por: María Alejandra Díaz

Como la mantis religiosa hembra devora los sesos del macho prolongando el goce hasta aniquilarlo, igualmente el Narco Estado Neogranadino, voraz, parasita nuestros recursos, mientras pretende aplicarnos el principio geopolítico Ratzeliano del espacio vital apropiado para expandirse.

La gasolina venezolana subsidiada, no debe seguir siendo combustible del aparato de guerra enfilado contra nuestra patria, una daga que horada nuestros cuellos y nos desangra antes de decapitarnos. Debemos detener esta hemorragia, con un sistema de control planificado, eficiente y efectivo, que rompa el círculo vicioso y dañino del contrabando de extracción generalizado.

Allá, el modelo neoliberal no atiende a sus nacionales, condena al 54% de la población a la pobreza extrema y los echa al mundo. ACNUR calcula más de 10 millones de neogranadinos fuera de su país, producto no sólo de la cruenta guerra, sino de aquel sistema político, social y económico negador de toda posibilidad de vivir dignamente.

Desde el otro lado de la raya hacen todo lo posible por destruirnos. Expertos en engaños y  falsos positivos, cautivan hoy a nuestra juventud, para mostrarlos al mundo como “refugiados,” cuando en realidad los precarizan, explotan y hasta esclavizan, exigiéndonos los de Nariño, con descaro y cinismo detener la inversión socialMientras sigan subsidiando los productos es muy difícil que nosotros logremos hacer algo de verdad en la lucha contra el contrabando. (Holguin).

Una batería de leyes criminales (cambiarias y monetarias) legaliza el saqueo masivo gracias a esa política gansteril contra el Bolívar; estrategia vertebral expoliadora y ruinosa de nuestro Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia.

Esa máquina de destrucción arrasa las bases de nuestras industrias, descompone los circuitos productivos; desterritorializando  poblaciones, desorganizando las comunidades, desarticulándolas y desplazándolas de sus centros de vida y producción, retrogradándonos a niveles de pobreza superadas, rompiendo nuestro tejido social al adoptar esquemas culturales tóxicos foráneos, llevándonos a un proceso acelerado de desvalorización y pérdida de autoestima nacional, degradando al venezolano en su calidad de vida. Erosionan gravemente el suelo en que se arraiga las relaciones humanas y todo vínculo moral entre las personas. (Bauman),

Este ataque no ha sido respondido adecuadamente por nuestros sistemas defensivos y por ciertas autoridades civiles y militares, rebasados (hasta ahora), situación que debe ser solucionada urgentemente.

Desde Venezuela decimos: insistiremos y persistiremos en la emancipación, soberanía y autodeterminación, principios nucleares frente al apetito insaciable de la corporatocracia depredadora.

Maria Alejandra Díaz María Alejandra Díaz

Fuente: Primicias24

De Cuba a Siria

Por: Alberto Aranguibel B.

La mañana del 15 de febrero de 1898, el acorazado Maine de los Estados Unidos estallaba en pleno centro de la Bahía de La Habana, en Cuba, dando pie a la Guerra Hispano-estadounidense con la cual el imperio norteamericano interfería la lucha independentista del pueblo cubano contra el imperio español, para quitar a España del camino y hacerse del control de la isla.

Diez meses después, en diciembre de ese mismo año, Estados Unidos interfiere de nuevo en una guerra, esta vez la de las Filipinas contra España, presentándose falsamente como “aliado” de los independentistas filipinos, para imponer en definitiva su dominio sobre el archipiélago del Pacífico.

El presidente de los EEUU, William McKinley, declaró entonces: “En verdad, no quería las Filipinas, y cuando las recibimos como un regalo de los dioses, no sabía qué hacer con ellas. Caminé por la Casa Blanca noche tras noche hasta la medianoche; y no me da vergüenza confesar que me arrodillé y más de una vez apelé al Todopoderoso en busca de guía y guía. Y una noche tarde me di cuenta: primero, que no podíamos devolverla a España; eso sería cobarde y deshonroso; en segundo lugar, que no podíamos dejarlos a Francia o Alemania, nuestros rivales comerciales en el Este; eso sería un mal estilo de negocios y un descrédito; tercero, que no podríamos simplemente dejarlos a ellos mismos; no estaban listos para el autogobierno, pronto habrían tenido anarquía y una peor mala administración allí que el español; En cuarto lugar, que no había nada más que hacer que educar, elevar, civilizar y cristianizar a los filipinos, y hacer lo mejor para ellos con la gracia de Dios, así como también para nuestros semejantes por quienes Cristo también murió. Luego me fui a la cama y me quedé dormido y dormí profundamente. A la mañana siguiente, convoqué al ingeniero jefe del Departamento de Guerra, nuestro cartógrafo, y le ordené que pusiera a las Filipinas en el mapa de los Estados Unidos, y ahí están. Y permanecerán ahí mientras que yo sea presidente.”

Seguramente esa misma inspiración Divina le vino a Donald Trump en medio de sus cavilaciones nocturnas sobre qué hacer con el planeta, y lo puso a lanzarle una noche cualquiera de abril 110 misiles a un centro de investigación científica a nueve mil quinientos kilómetros de distancia de la Casa Blanca.

Como les vino a todos los presidentes del imperio que masacran con bombas a los pueblos del mundo en el nombre de Dios.

@SoyAranguibel

Bilbao: La derrota del imperio en Lima

Por: Luis Bilbao

Hay un significado estratégico determinante en el resultado de la cumbre de las Américas llevada a cabo en Lima el 13 y 14 de abril. Dicho en pocas palabras: la balanza hemisférica se volcó, otra vez, en contra de Washington y sus súbditos.

Adelantábamos en América XXI con fecha 19 de febrero último: “Tal vez al vetar la presencia de Venezuela los gobiernos de Argentina, Colombia y México completen la saludable tarea de demolición definitiva de ese esperpento anacrónico denominado ‘Cumbre de las Américas’”.

Ocurrió. El esperpento no volverá a levantarse. Si acaso, será un cadáver insepulto, como la OEA. Su caída es el símbolo de lo que estuvo en juego y del resultado. Ante la derrota, la prensa comercial del continente carece incluso del sentido del deber y la valentía necesaria para admitirla. Al día siguiente de clausurada la cumbre de las Américas en Lima, los comentarios políticos de los tres diarios principales en Argentina omiten el tema. Ni una palabra.

Comprenden el significado demoledor del hecho a la vista: los presidentes fueron arrastrados por una fuerza para ellos desconocida hacia la asunción de su insignificancia en el gran juego que siquiera entienden. Y el jefe, que tampoco entiende, no estaba presente. Dudoso Estado Mayor para ganar una guerra.

Sus panegiristas no pueden admitir que a ese encuentro presidencial fueron 14 de ellos. Que del total de votos posibles apenas una tercera parte apoyó lo exigido por la Casa Blanca.

No pueden admitirlo porque el saldo muestra como ganador al gobierno de Venezuela. Ganador en la coyuntura interna. También ante la historia. Pero en primer lugar en la feroz lucha continental por la correlación de fuerzas entre revolución y contrarrevolución.

En nombre de la tolerancia y la democracia, los organizadores prohibieron la participación del presidente Nicolás Maduro. Decíamos con fecha 26 de marzo: “Hay un plan internacional en marcha para deslegitimar la elección presidencial del 20 de mayo en Venezuela”. Las múltiples artimañas desplegadas para lograr ese objetivo convergieron en el encuentro de Lima. Allí fracasaron todas. La inmoral campaña contra Venezuela en primer lugar.

Trump fugó del oprobio inexorable y encargó la misión imposible a Mauricio Macri. Michel Temer (5% de aprobación en Brasil), Juan Santos (en vías de salida, despreciado por las fuerzas políticas que podrían sucederlo y por el conjunto de la población) y Enrique Peña Nieto (perdedor en cualquier hipótesis en las cercanas presidenciales de México), acompañaron al presidente de Argentina. Antes Macri recibió la asesoría del talentoso y exitoso presidente español Mariano Rajoy, quien viajó especialmente a Buenos Aires y completó el empujón que llevó a la hoguera al presidente argentino.

Con exacto sentido de la dimensión estratégica de la coyuntura, el presidente Evo Morales llevó a Caracas su balance del encuentro: “Hay una enorme contradicción en algunos presidentes de Suramérica”, dijo tras la reunión con Maduro. “El pueblo boliviano está con la Revolución Bolivariana de Venezuela (…) Estamos convencidos de que vamos a continuar con nuestras revoluciones democráticas en América Latina (…) Los presidentes revolucionarios no necesitamos reconocimiento de gobiernos sumisos al imperio”.

Maduro concluyó: “si la Cumbre de las Américas en Mar de Plata representó el entierro del Alca, la Cumbre de Lima representa el final de las Cumbres de las Américas”.

Con Canadá como vicario y Macri como mano ejecutora del imperio en retirada, la cumbre debía denunciar con credibilidad y peso práctico a la Revolución Bolivariana de Venezuela, aislar a Nicolás Maduro y deslegitimar las elecciones del próximo 20 de mayo.

He defendido la idea de que la estrategia imperial, desde los tiempos de Obama, ante la evidencia de la debacle en Brasil y sus imprevisibles consecuencias, consistía en fortalecer un eje Washington-Buenos Aires. Ese plan tambalea ahora. Macri no se atrevió a condenar el ataque estadounidense a Siria. Pero pidió que no siguiera la escalada. Insuficiente para alinearse con el extendido rechazo de la población argentina al crimen de Washington. Suficiente para ser repudiado por Trump: su vicepresidente le negó la reunión bilateral en el último minuto. El trémulo discurso del presidente argentino no alcanzó para obtener apoyo de la cumbre contra Maduro.

En enero de 2004, al término de la cumbre extraordinaria en Monterrey, México, tras una contundente participación de Hugo Chávez, quienes lo acompañábamos supimos que el avión de regreso no enfilaría a Caracas. Iba a La Habana. Cuba no podía participar de esas reuniones. Fidel fue al aeropuerto a recibir a Chávez. Allí, en una tensa madrugada, se hizo un rápido balance que continuaría después hasta el día siguiente.

La curva de los acontecimientos tuvo un largo trayecto antes de llegar a esta repetición simbólica. Como resultado de otra derrota estratégica del imperio, Cuba podía estar presente en Lima. Raúl Castro devolvió la moneda a Washington y declinó su asistencia.

Evo hizo allí un discurso demoledor. En un encuentro titulado “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, dijo el presidente boliviano: “El verdadero desafío está en desmontar el sistema mismo en el que prospera la corrupción: el sistema capitalista”. Y agregó: “El capitalismo es el peor enemigo de la humanidad y del planeta, sus crisis no son coyunturales, son propias de este modelo de producción y consumo”. Faltaba algo y Evo no retrocedió: “Hay que decirlo con toda claridad: la principal amenaza contra la libertad, la democracia, contra la madre tierra y contra el multilateralismo es el gobierno de Estados Unidos. No tengo miedo de decirlo, de frente y abiertamente”.

Después enfiló hacia Caracas. Los intelectuales orgánicos del capital todavía no han reaccionado, para medir hasta qué punto este golpe pone en peligro los planes de Macri en Argentina. No se atreven: Maduro ganará las elecciones; Temer, Santos y Enrique Peña Nieto saldrán del escenario por la puerta trasera. Ahora el saldo regional puede volvérsele contra Macri fronteras adentro. Sólo le queda confiar en que no hay alternativa revolucionaria. Razón insuficiente para ser la contraparte continental de Venezuela y el Alba.

Giros y contragiros de la historia. No es preciso leer a Homero para saber lo inconsistente que es detenerse en medio de una batalla y darse por vencido.

luis bilbao Luis Bilbao @BilbaoL

Propaganda, arte contemporáneo y el presidente del reality show

Por: Baynard Woods 

No muy lejos de la Casa Blanca, en el Hirshhorn Museum y Sculpture Garden en D.C., el exitoso espectáculo retrospectivo de Yayoi Kusama “Infinity Mirrors” ha estado atrayendo multitudes dementes que hacen fila, ansiosos por los 20 segundos de desorientación dentro de las salas de infinidad de Kusama.

Las habitaciones usan espejos retrovisores, luces colgantes y lunares para crear vistas de regresión infinita. Como arte, es tal vez decepcionante: un espectáculo vacío sin profundidad real, ofreciendo a la inspección larga nada invisible en un vistazo.

infinit mirrors

Pero mientras estaba parado en “Las almas de millones de años luz”, tomé una foto y me di cuenta de que era mucho más convincente en mi pantalla que en la vida, el arte perfecto para la época del selfie.

En mi teléfono, me vi en un mundo tipo Blade Runner de “naves de ataque en llamas desde el hombro de Orion” mientras las luces creaban altísimas agujas psicodélicas rodeadas de réplicas de mí mismo. Era imposible decir cuál era real, porque ninguno de ellos lo era. Todos fueron reflejos en la pantalla.

Sentí la misma sensación de vértigo unos días antes en la audiencia del Comité de Inteligencia del Senado sobre las medidas activas rusas, o propaganda, destinadas a utilizar los espejos refractarios de internet para interrumpir nuestra elección.

“Lo que es difícil de distinguir a veces es que los rusos lo apagaron primero, o lo dijo Trump y los rusos lo amplificaron”, dijo Clint Watts del Foreign Policy Research Institute y del Centro de Seguridad Cibernética y Seguridad de la Universidad George Washington a los periodistas después de su testimonio. en el abrazo de Trump a las conspiraciones de propaganda. “Él en realidad repite la propaganda difundida por RT o fuentes rusas y, viceversa, como un loro”.

Reflexiones que reflejan reflejos una y otra vez para que nada sea cierto.

Esto no debería ser sorprendente. La estrategia de propaganda de Rusia fue diseñada y perfeccionada por Vladislav Surkov, quien trajo la teoría posmoderna al Kremlin, creando y administrando la realidad política rusa como el arte del performance. Cuando fue sancionado por su papel en la invasión del este de Ucrania, que orquestó en gran parte, dijo que no le importaba. “Lo único que me interesa de los Estados Unidos son Tupac Shakur, Allen Ginsberg y Jackson Pollock. No necesito una visa para acceder a su trabajo. No pierdo nada”.

En el libro de Peter Pomerantsev “Nada es cierto y todo es posible: El corazón surrealista de la Nueva Rusia“, escribe que “el genio de Surkov ha sido … casarse con el autoritarismo y el arte moderno, utilizar el lenguaje de los derechos y la representación para validar la tiranía, recortar y pegar el capitalismo democrático hasta que signifique lo contrario de su propósito original “.

Pomerantsev dice que Surkov convirtió la política rusa en un reality show. Entonces, como en un nuevo tipo de carrera armamentista, los nortemaericanos elegimos una verdadera estrella del reality show como presidente.

Escribí eso justo antes de escuchar que Trump bombardeó una base aérea siria después de que fotos de niños con gases en ese país cambiaron la mentalidad del presidente sobre la intervención allí.

El presidente explicó a la nación el golpe que estaba dando, en un comunicado grabado en su club de campo. Nuestro país está tomando una de las decisiones más serias posibles, y sin embargo, encerrados en nuestras salas espejo de constante conspiración, no tenemos manera de saber qué está sucediendo realmente.

No sabemos si Trump está tratando de demostrar que él es independiente del Kremlin o si esta es otra de las estratagemas de Putin mientras manipula a Trump. El mismo Trump nos ha dicho que no confiemos en la comunidad de inteligencia, y nadie tiene ninguna razón para confiar en Trump. En “Sin cielo”, una historia breve seudónima generalmente atribuida a Surkov y ambientada después de la “quinta guerra mundial”, describe “la primera guerra no lineal”, una guerra “de todos contra todos”. “Algunas provincias se unirían a un lado”, escribe. “Algunas otras, una diferente. Una ciudad o generación o género se unirían a otra. Luego podrían cambiar de bando, a veces a mitad de la batalla. Sus objetivos eran bastante diferentes. La mayoría entendía que la guerra era parte de un proceso. La parte más importante “.

Esto suena exactamente como la situación en la que nos estamos metiendo: Assad, ISIS, Rusia, los rebeldes respaldados por Estados Unidos, Irán y ahora los Tomahawks de Trump. Todos los lados cambiando. Cualquier otra cosa, los objetivos de este ataque, el espectáculo y la confusión son buenos para Trump. Y malo para el pueblo sirio que seguirá muriendo.

Aquellos que escapen se les negará la entrada a los Estados Unidos como refugiados. “Vemos estas bellas imágenes de noche en las cubiertas de estos dos buques de la Armada de los EE. UU. En el este del Mediterráneo”, dijo el famoso fabulista de NBC Brian Williams. “Estoy tentado de citar al gran Leonard Cohen: ‘Me guía la belleza de nuestras armas'”.

Surkov no pudo haber escrito mejor. Es muy desorientador, pero de alguna manera se siente familiar. Tenía 18 años la noche en que entramos en la Guerra del Golfo en 1991.

Esos lanzamientos de misiles fueron impulsados ​​en parte por la firma de relaciones públicas Hill & Knowlton, que colaboró ​​con uno de los presidentes del Comité de Derechos Humanos del Congreso para presentarle al resto del comité testimonios fabricados sobre supuestas atrocidades cometidas por soldados iraquíes en Kuwait. Pero todos estábamos hipnotizados por los misiles verdes de visión nocturna que atravesaban las puertas en una estética más tarde adoptada por la cinta de sexo de Paris Hilton.

En 2003, volvimos a Iraq sobre la base de otra campaña masiva de relaciones públicas.

Tal vez la mejor manera de saber ahora si algo es propaganda es cuando dicen que no es así. Marco Rubio, que por cierto está en el Comité de Inteligencia del Senado, fue a la CNN para elogiar a Trump y llamar al ataque “un paso decisivo importante … no un mensaje”.

¿Pero un paso hacia qué? ¿Queremos sacar a Assad? En este momento, nadie sabe. Pero la gente se está alineando detrás de Trump. Se dará cuenta de que la guerra, el mejor potenciador de imagen, es bueno para él. “Trump se convirtió en presidente de los Estados Unidos [anoche]”, dijo Fareed Zakaria de CNN a la mañana siguiente del ataque a Siria.

Es como si estuviéramos todos atrapados en una de las habitaciones infinitas de Kusama, esperando que el misil saliera por la puerta. Pero no sabemos dónde está la puerta. Perdimos toda orientación.

baynard woods.jpg Baynard Woods es el editor en general en el Baltimore City Paper. Ganó el premio Alternative Newsmedia a la Mejor Columna en 2015.

 

Democracia sin pueblo: el absurdo modelo capitalista

Por: Alberto Aranguibel B.

La democracia le servía al capitalismo cuando la gente no reclamaba sus derechos. Cuando los pueblos no tenían noción ni conciencia de lo que eran la injusticia y la desigualdad, y por ende no sentían necesidad alguna de utilizar el voto como instrumento de lucha por la emancipación de las mayorías oprimidas.

El voto, cuya razón de ser se mantuvo siempre relegada a la lógica de los juegos de azar más que al poder transformador que comprendía de manera ilusoria el ritual electoral, era entonces solo un procedimiento más, un trámite ordinario apenas ante un organismo del Estado.

Se sentía así a sus anchas la oligarquía, que se consideraba dueña del Estado a perpetuidad cada vez que las elecciones en cualquier parte del mundo arrojaban la recurrente novedad de la elección de presidentes que venían a reafirmar la calidad perdurable de un modelo resistente a los vaivenes de la historia, como el de la democracia representativa, que a medida que se fortalecía la ilusión redentora del capitalismo en la mente de esos electores sometidos al ultraje del medio de comunicación en manos de los ricos, terminaban por hacer realidad esa idea de la vida eterna del perverso sistema de la acumulación del capital.

Pero las cosas comenzaron a resultar de otro modo en el universo-mundo al que los ricos se habían habituado, y la democracia empezó a convertirse en un dolor de cabeza insoportable que obligó al sector de mayor poder adquisitivo a repensar la concepción misma de la sociedad para darle paso a nuevas formas de vida que, sin importar las aberraciones ideológicas a las que hubiera que apelar para reconstruir el sentido de la verticalidad en la distribución de género humano que es tan indispensable y sustancial al capitalismo, debían impulsarse para reorganizar aquel equilibrio que ese sector consideraba tan perfecto, y que ya la simple representatividad de la vetusta democracia neoliberal es incapaz de retomar hoy.

Todo cuanto sucede hoy en el mundo capitalista deja ver que la democracia no es ya un sistema con el cual se puedan hacer realidad las opciones de las cuales pueda disponer la oligarquía para asegurar el control social como antaño.

Desde los retorcidos intentos de las monarquías todavía existentes en el mundo por tratar de arribar a rebuscadas fórmulas de gobierno que pudieran ser aceptadas hoy por los millones de seres humanos que repudian ese oprobioso modelo de la consagración eterna de las dinastías al frente de las naciones por esa sola razón, hasta los esquemas seudo institucionales con los cuales la derecha pretende hoy legitimar la exclusión y el desconocimiento de las mayorías para perpetuar en el poder a los sectores dominantes, la realidad del desprecio a la democracia en el ámbito del capitalismo es innegable.

Solamente en Latinoamérica, ensañamientos como el del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), del Departamento de Estado norteamericano y del depauperado Grupo de Lima, por desconocer la indiscutible legitimidad del gobierno venezolano, así lo demuestran.

La burla en que se ha convertido la democracia en el continente se ve reflejada en el descalabro que ha causado con su descomunal poder corruptor una misma corporación comprando políticos inmorales y filibusteros a diestra y siniestra, como lo es la empresa Odebrecht, cuyo único objetivo ha sido el de hacerse de los negocios más importantes en infraestructura en todos los países de la región, colocando a la vez en cada uno de ellos a los más conspicuos mercenarios del neoliberalismo en el poder.

La tragedia suramericana de nuestros tiempos no está determinada solamente por el hambre y la miseria, como lo advirtió el comandante Hugo Chávez en su momento, sino por las profundas desigualdades que genera el afán capitalista por adueñarse de las economías latinoamericanas, en función de lo cual procura perforar sin miramientos filosóficos ni doctrinarios de ninguna naturaleza toda barrera, todo obstáculo que, en razón de la soberanía, de la justicia o de la legalidad, se le oponga en el camino.

La más grande barrera con la que se topa hoy el capitalismo en el continente suramericano es sin lugar a dudas el avance de la idea de liberación y redención de los pueblos a través de un modelo democrático verdaderamente participativo, en el que los muertos a manos del sicariato político no sean el factor determinante de la contienda como sucede desde hace décadas en Colombia, México, Paraguay, Brasil y Centroamérica.

Por esa fuerza popular emergente e indetenible, es que sale del gobierno expulsado con el mayor repudio de casi toda la sociedad peruana y continental un presidente electo hace apenas un año, para convertirse en el quinto expresidente de esa nación que, si no está siendo investigado todavía por corrupto, al menos está señalado de serlo.

La misma fuerza tectónica que hoy tiene en vilo al también recién electo presidente de Argentina, Mauricio Macri, cuyos niveles de “popularidad” pueden medirse perfectamente por la extraordinaria y monumental demostración de desprecio que significa el voceo multitudinario que resuena como la poderosa voz del Olimpo en todos los espacios públicos, con una consigna emblemática para los argentinos en la que se le recuerda insistentemente al presidente a la señora madre que lo parió.

Es también la fuerza que denuncia de manera masiva (por primera vez en varias décadas) el grotesco fraude electoral con el que el gobierno colombiano pretendió hacerle creer al mundo que la ultraderecha se sostiene en el poder en ese país gracias al respaldo mayoritario del pueblo. Una especie que no pudo sostenerse ni un segundo ante el aluvión de pruebas documentales (infinidad de videos, fotografías, testimonios de la gente, etc.) que dejaron al descubierto la pantomima electoral que fueron las elecciones legislativas de hace dos semanas, a las que, además, no acudió a votar sino un exiguo porcentaje del padrón electoral. Algo que ya de por sí presagia la convulsión que será la inminente elección presidencial colombiana.

Igual a la vigorosa voluntad anti sistema que dejan al descubierto las gigantescas movilizaciones de protestas en México y en Brasil en contra de la cultura del sicariato político que se ha instaurado en cada uno de esos países desde las esferas del poder para intentar cerrarle el paso a los liderazgos populares emergentes y enquistar en el control de las economías a los mismos delincuentes de cuello blanco que en el resto del continente procuran asaltar el poder sin importar cuánto destruyen o exterminan los valores y principios más esenciales de la democracia.

Por eso, porque es la más viva expresión de una democracia sólida que se asienta en la robustez de un sistema electoral inexpugnable, blindado como ningún otro en el mundo con insuperables sistemas de verificación y aseguramiento de su transparencia y confiabilidad, es decir; que no acepta la penetración del capital para abrirle las fisuras que le permitan al capitalismo direccionar las elecciones a su favor ni colocar títeres del neoliberalismo en el poder, es que Venezuela es asediada y atacada hoy desde los centros hegemónicos del gran capital.

Que la derecha nacional e internacional sostenga hoy a una sola voz que convocar al pueblo a elecciones en Venezuela es un fraude, no significa ninguna otra cosa que el repudio a la voluntad popular dicho en los términos más absolutos e irrefutables. El mismo repudio del que fue objeto el presidente Manuel Zelaya en Honduras al pretender consultar la opinión del pueblo mediante el voto.

Un desprecio que queda al descubierto en Colombia con su fraude electoral masivo, pero también en Brasil, donde el voto de cincuenta millones de brasileños que respaldaron a la presidenta Dilma Rouseff no importó en lo más mínimo para imponer a un corrupto como Michel Themer en el poder. Como no importó nunca en los Estados Unidos, donde el actual mandatario obtuvo tres millones de votos menos que su contrincante y sin embargo es juramentado presidente.

Es exactamente el sentido de una doctrina que se extiende desde el imperio hasta la Patagonia para hacerle creer a los pueblos que el voto, como procedimiento de consagración que es para la sociedad, debe servir sola y únicamente para reafirmar el modelo capitalista y no para abrirle posibilidades a ningún otro tipo de expresión popular. Que democracia no significa que el voto pueda ser una herramienta para hacer valer de ninguna manera la opinión del elector más allá de su disposición a respaldar el sistema, y no a transformarlo, porque para el capitalismo esa opinión no tiene relevancia alguna, ni debe tenerla.

Un absurdo modelo de democracia sin pueblo.

@SoyAranguibel

 

 

 

La más grande farsa de la historia

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi un tercio de siglo de desaparecida la Unión Soviética y derribado el Muro de Berlín, el descomunal aparato propagandístico del imperio norteamericano persiste en su afán de intentar convencer al mundo de la amenaza que representaría la Federación Rusa para la humanidad, cuando en realidad la amenaza que somete hoy en día a pueblos y países enteros al pavoroso horror de la destrucción y la muerte es precisamente los Estados Unidos, la nación más genocida de todos los tiempos.

¿Si hace treinta años el peligro era el comunismo, cuál es entonces la razón del cerco con el que se pretende asfixiar hoy al gigante euroasiático?

El discurso anticomunista que tuvo vigencia hasta aquel momento, basaba su argumentación en el peligro que supuestamente se cernía sobre el mundo porque, de acuerdo a la lógica que desde los Estados Unidos se construía, la barbarie y la opresión serían la norma en los regímenes que siguieran la doctrina de la justicia y la igualdad que el socialismo proclamaba.

El capitalismo acusó siempre al socialismo de lo que en realidad era él el único culpable, solo que lo ocultaba detrás del aparataje comunicacional en el que se sostiene. La inevitable capacidad para la generación de hambre, miseria y exclusión social, que es consustancial e inseparable del inhumano modelo capitalista, es apenas una de esas infundadas y recurrentes acusaciones.

Cercar con medidas económicas arbitrarias e ilegales a las naciones que no le resultan afectas, someter a países enteros al totalitarismo capitalista que promueve Estados Unidos violando flagrantemente el derecho internacional, violentar soberanías imponiendo sanciones unilaterales a su buen saber y entender, son demostraciones más que palpables del miedo que el capitalismo le tiene al desarrollo incontenible de las fuerzas productivas del pueblo cuando estos se aferran a la idea de la emancipación.

Desde siempre el propósito del imperio fue desvirtuar el poder transformador del pueblo mediante la más infame propaganda jamás conocida, y en eso no pareciera que aceptará ceder nunca ni el más mínimo espacio.

A través de la línea editorial de las grandes corporaciones de la información a su servicio, el imperio se encargó de defenestrar con la mayor saña no solo las virtudes redentoras de un modelo cuya fortaleza fundamental radicó en todo momento en la facultad democratizadora de los medios de producción y la consecuente generación justa de riqueza que le es inherente, sino que se ocupó de destruir de manera sistemática y con la mayor mezquindad la significación y la grandeza de los liderazgos más emblemáticos de las luchas populares a través de la historia.

¿Fue en verdad Joseph Stalin el sanguinario engendro del demonio que presenta el capitalismo como líder de aquella Unión Soviética que amenazaba, según el anticomunismo, la sobrevivencia misma de la raza humana?

¿Es en la actualidad Vladimir Putin (que no es comunista) el perverso líder que se propone acabar con el mundo civilizado, tal como lo dibuja la propaganda capitalista que dirige el Departamento de Estado norteamericano?

Si algo podemos afirmar hoy enfáticamente los venezolanos con la más entera convicción y certidumbre, es que toda esa imagen perversa de líderes nacionalistas que solo perseguirían la destrucción de la humanidad pudiera ser solo producto de la más vulgar patraña propagandística, porque los venezolanos estamos padeciendo en carne viva el atroz proceso de desvirtuación que puede poner en marcha la gigantesca maquinaria comunicacional al servicio del imperio para presentar como tirano a quien no lo es.

Ciertamente asistimos en la actualidad a uno de los más brutales y deleznables procesos de construcción de una imagen falsa que se le pretende imponer a un líder revolucionario que, con sus fallas, como seguramente tiene como ser humano que es, no es sin embargo el cruel dictador que han querido hacer ver los medios de comunicación de la derecha, que procuran convencer al mundo de que Nicolás Maduro sería hoy el tirano que pervertiría como nadie los valores y principios de la democracia.

Quiéralo o no la derecha nacional e internacional que se ha confabulado en ese miserable plan de desfiguración del líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro Moros es el segundo presidente más votado en la historia de los procesos electorales venezolanos, después del comandante Hugo Chávez. Con lo cual se convierte de manera indiscutible en el presidente más legítimo de un Continente en el que la proliferación de mandatarios que llegan al poder a través de maquinaciones leguleyas o acuerdos de conveniencia con factores fácticos, pero jamás como producto del respaldo mayoritario del pueblo, es el estándar que el imperio trata hoy de imponer.

La mediática al servicio de aquel mismo esquema de falseamiento que ha convertido en criminales a los más prominentes revolucionarios de la historia, pretende hacer realidad la infamia de un perfil infundado que el mundo entero sabe que es mentira, aun cuando algunos prefieran no reconocerlo públicamente.

Lo que hace hoy la propaganda imperialista deformando el talante profundamente demócrata del presidente Maduro, es exactamente lo mismo que hizo a través del tiempo en sociedades que no contaban con los avances tecnológicos de los que se dispone hoy para la comunicación de masas, habituadas como estuvieron en el pasado a la “verdad” que vertían a su antojo los sectores dominantes que lograron preservar su omnímodo dominio en virtud precisamente de esas distorsiones de la realidad a las que acostumbraron desde siempre a los pueblos.

Es exactamente lo que pretendieron hacer en todo momento con Hugo Chávez, al que no dejaron ni un minuto en paz en la inclemente persecución que le montaron para buscar destruir a través de la mentira y la calumnia contra su figura el inquebrantable afecto que el pueblo le profesó desde el primer instante de su aparición en la escena política.

No tiene fundamento alguno el descrédito contra Nicolás Maduro, como seguramente no lo tuvieron nunca las inclementes campañas contra el modelo soviético, ni como lo tienen las que se urden a diario desde el Departamento de Estado y del Pentágono contra Rusia y contra su presidente.

Para un imperio voraz e inescrupuloso como el norteamericano, no son dictaduras las monarquías europeas que a estas alturas del siglo XXI continúan presentándose como democracias sin haber sido electas jamás por nadie.

Ni son tampoco actos tiránicos los genocidios que se cometen bajo el amparo de la más repugnante oligarquía en Colombia, México, Paraguay o Perú, para exterminar los liderazgos populares y asegurar así su perpetuación en el poder.

Mucho menos son ilegítimos esos mandatarios que, como la mayoría de los integrantes del ridículo grupo de Lima, son “electos” con porcentajes tan exiguos que en la mayoría de los casos son infinitamente más multitudinarias las manifestaciones populares de repudio a sus inhumanas políticas neoliberales que la cantidad de votantes que los eligieron.

Para ese imperio arrogante, farsante y manipulador, solo son dictadores quienes defienden a sus pueblos de las agresiones internas y externas que pugnan por someter a sus economías. Los que buscan fortalecer las barreras de soberanía que le les son tan preciadas a la luz del derecho internacional y a la libre determinación de los pueblos y que procuran el bienestar de los desasistidos, los excluidos e invisivilizados de siempre.

Aquella gran farsa que podía urdirse impunemente desde la Casa Blanca para destruir los auténticos liderazgos populares de la historia, tendrá cada vez menos espacio en el alma de los pueblos emancipados del mundo.

La infamia difundida hoy desde los cenáculos del poder imperial contra el líder de la revolución bolivariana terminará revirtiéndose más temprano que tarde contra sus propios gestores, porque los pueblos conscientes de Venezuela y del mundo que conocen la calidad irreductible del compromiso de lucha de los hijos de Chávez, saben de la entereza, la rectitud y la convicción profundamente democrática de Nicolás Maduro.

Es exactamente así como lo demostrará el bravío pueblo venezolano el próximo 20 de marzo, cuando con la más contundente mayoría reelija en la presidencia de la República al conductor de las grandes victorias, Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

Internet: Cuando al imperio los tiros le salen por la culata

Por: Alberto Aranguibel B.

“El problema con Chávez fue que él se leyó un poco de libros en la cárcel” (conversación entre un grupo de jóvenes antichavistas)

Con la llegada del medio de comunicación a la historia de la humanidad, los sectores dominantes encontraron la herramienta perfecta para ejercer su dominio en la forma más rentable y socialmente menos traumática jamás alcanzada desde el origen del hombre sobre la tierra.

La posibilidad de llegar a miles de millones de manera simultánea con el poder de convencimiento de una ilusión que solo el medio de comunicación puede hacer realidad, ha sido la oportunidad más valiosa para esos sectores dominantes precisamente por la capacidad de alcance y penetración que esa poderosa herramienta tiene, infinitamente superior a la del más numeroso ejército que pudiera existir para garantizar el sometimiento de los pueblos a los intereses y designios del gran capital. La caída de todos los imperios de la historia estuvo siempre determinada en gran medida por la insostenibilidad del costo de sus ejércitos en la tarea de asegurar el control de los pueblos que se anexionaban.

Hoy el medio de comunicación es imprescindible para la sobrevivencia del modelo capitalista, porque solo así puede exterminar, mediante el engaño y la manipulación, cualquier otro modelo político, social o económico alternativo que le permita al mundo comprobar de manera categórica la insalvable inviabilidad del capitalismo.

Por eso al capitalismo no le interesan en lo más mínimo las muertes de millones de personas inocentes que esos imperios causan en el mundo con sus guerras, dado que lo que las justifica no es la salvación del ser humano sino la de un modelo cada vez más insostenible.

Pero esas guerras, cuyo único saldo es una infinita estela de muerte y destrucción, cada día son más costosas no solo en términos de los inmensos recursos económicos que en ellas se dilapidan, sino en razón del repudio que la humanidad les expresa cada vez con mayor intensidad.

La batalla que debían librar entonces para expandir el poder del medio de comunicación más allá de sus fronteras, más que la militar o económica, era aquella que les permitiera superar las ideas de soberanía que prevalecen hoy en las naciones del mundo, para traspasar territorios y continentes sin mover ni un solo tanque de guerra.

Para eso el instrumento ideal no era ya solamente el medio de comunicación convencional (limitado en principio por los crecientes altos costos y por infinidad de Leyes y regulaciones nacionales a lo largo y ancho del planeta) sino los llamados “medios electrónicos”, es decir; la internet y las redes sociales. Etiquetar como dictaduras a aquellos países que no cedieran a esa soterrada forma de dominación fue desde un primer momento la justificación utilizada para intentar colocarse por encima de toda normativa extraterritorial que limitara el empeño expansionista del imperio.

La vertiginosa carrera por el desarrollo de esos medios electrónicos ha estado determinada muy particularmente por el afán de los Estados Unidos de Norteamérica de hacerse de un mecanismo de control de la sociedad a través de herramientas tecnológicamente tan avanzadas y complejas que su desarrollo y posibilidades resultasen inalcanzables para cualquier otra nación o potencia. En eso, y no en la búsqueda del rendimiento económico del progreso científico, ha consistido el concepto de “supremacía tecnológica” tal como se conoce hoy en día.

Esconder ese despropósito del control de la sociedad tras la figura de la lucha por la libertad y la democracia, ha sido para el imperio una tarea de primer orden para asegurar la sostenibilidad y perdurabilidad de su decadente modelo de sociedad.

Ya que la única forma que tiene el capitalismo para tratar de hacer ver que es un modelo eficiente es impidiendo que el socialismo funcione, entonces su mayor prioridad es la destrucción de toda forma de organización que emerja del poder popular, ya sea persiguiendo a los individuos que las promuevan o sancionando a las naciones cuyos gobiernos se orienten en tal sentido.

De esa forma China pasó de ser el “régimen de opresión política” que era durante la Guerra Fría, a la “dictadura que cercena la libertad de expresión” por no haber abierto las puertas a la internet en la forma irrestricta en que el imperio la pretende.

Cuba, que desde hace más de medio siglo ha visto limitadas sus posibilidades de masificar el acceso a la red en virtud del criminal bloqueo económico impuesto por los EEUU, es también acusada por el imperio de ser una nación sometida a un régimen tiránico, básicamente por la misma razón. Negarle el ancho de banda que se necesita para lograr masificar la internet en la isla es parte del bloqueo del imperio contra el pueblo cubano, porque los servidores y toda la estructura corporativa que conforma la red son en su casi totalidad activos empresariales del poderoso capital privado norteamericano.

Pero la lucha del imperio por extender al planeta sus redes de control hegemónico a través de internet, le ha llevado hoy a tener que redimensionar la concepción misma de libertad y de democracia que hasta ahora le había servido para justificar su insaciable sed de sometimiento de los pueblos del mundo a través del discurso mediático.

De acuerdo a esa nueva lógica, no pueden ser libres los pueblos que se expresen a su antojo a través de las redes sociales, ya no como lo  hacen en Japón, en Bélgica, o en Inglaterra, sino también como lo están haciendo en Rusia, en Venezuela y hasta en Cataluña.

Tal afirmación se desprende del absurdo comportamiento de las noticias internacionales difundidas esta semana por los más importantes noticieros de los EEUU y de Europa, en los que en una misma sección (tal como lo ubicaron los noticieros de Euronews y de la Deutsche Welle, por ejemplo) reportaban jerarquizando casi en los mismos términos redaccionales, por una parte la noticia de la investigación que adelanta el congreso norteamericano para determinar la supuesta intromisión de Rusia en la elección presidencial a través de una cantidad enorme de mensajes en redes sociales; y por la otra, la supuesta protesta de un número no precisado de rusos contra las regulaciones de internet aprobadas por el gobierno de esa nación asiática, mejor conocidas como la “Ley Putin”.

En el primer caso se daba cuenta de la búsqueda norteamericana de sanciones contra la Federación Rusa por permitir que gente no afecta a los Estados Unidos se pronunciara a través de las redes para promover a un candidato contrario al interés de los norteamericanos.

En la segunda información, se acusaba al presidente Putin de coartar la libertad de expresión en las redes sociales.

La única forma de encontrar alguna coherencia entre esas dos notas tan contradictorias en un mismo noticiero, es entenderlas como parte de un discurso hegemónico que busca establecer ahora como norma universal la unidireccionalidad en la libertad de expresión, de acuerdo al criterio y al interés del imperio norteamericano por supuesto.

Es exactamente lo que pretende hacer el gobierno de España para justificar la masacre contra la democracia que ha llevado a cabo mediante la desalmada represión que el señor Mariano Rajoy ordenara las últimas semanas para aplastar la sed de libertad del pueblo catalán.

Ha dicho Rajoy que la rebeldía del pueblo catalán habría sido desatada por un cuerpo de “bots” que actuarían bajo las órdenes del Presidente venezolano. Pero en definitiva, no ha hecho sino acusar a los usuarios de internet por no haber usado las redes a conveniencia del gobierno español. Acusando a la vez a los catalanes de pendejos, por cierto.

Millones de seres humanos en el mundo aprendieron ya a hablar a viva voz por las redes sociales, que el imperio vendió en sus inicios como el mayor salto de la humanidad hacia la libertad. Pero para el imperio no son las voces correctas. Son, según los amos del mundo, voces que hacen un uso indebido de ese poderoso instrumento que los sectores hegemónicos secuestraron para su beneficio propio y no para la causa de la justicia social ni mucho menos.

Algo le está saliendo mal al imperio, que sus guerras invasoras fracasan en todas partes. Que su poderío económico se viene abajo con el surgimiento de nuevos y muy poderosos referentes monetarios para el mercado internacional. Que sus elecciones están siendo determinadas por gente más allá de los océanos a la que ni siquiera ha visto jamás. Y que sus instrumentos electrónicos de dominación se le escapan de las manos, porque la gente ha terminado por usarlas para decir la verdad antes que para ninguna otra cosa.

Descarta el imperio que, si los pueblos fueron capaces de hacer siempre revoluciones que cambiaron la historia, también pueden hacer revoluciones en internet.

En el habla popular más sencilla y descarnada, a eso se le llama “salir el tiro por la culata”.

@SoyAranguibel

 

Joseph Stiglitz: “Las élites se equivocaron al ofrecer que la liberalización traería economías más sanas”

Barcelona (España), 18 jun (EFE).- El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz considera que la respuesta de los gobiernos a la crisis económica explica el rechazo actual a la globalización, representado por políticos como el Presidente de EU, Donald Trump, y la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen.

“Las élites dijeron que la globalización beneficiaría a todo el mundo, que desregular y liberalizar el mercado conduciría a un crecimiento más rápido y una economía más estable. Estaban claramente equivocadas”, afirma el economista en una entrevista con Efe.

En su opinión, en Europa ha sucedido lo mismo. “El euro era un proyecto que iba a traer prosperidad a todos los países y, claramente, ha fracasado”, razona Stiglitz.

Para el economista, lo “peligroso” es el “descrédito de las élites”, fomentado por políticos como Trump y Le Pen cuando proclaman que “las élites no saben nada”.

Stiglitz advierte de que esto “mina la fe y la confianza en las instituciones”, órganos que considera que son “necesarios” para que una sociedad funcione.

Según el Nobel, una solución para esta situación consistiría en potenciar los sistemas de “protección social” en contra del proteccionismo que promueven Trump o Le Pen.

Sin embargo, no considera que la renta básica universal que algunos partidos promueven sea la solución, porque no cree que “nadie quiera recibir solo un cheque con dinero sin hacer nada”.

Respecto a España, considera que el hecho de que Europa piense que la salida de la crisis en este país es un éxito, evidencia el fracaso colectivo europeo y relaciona directamente la recesión sufrida por los españoles con las políticas de austeridad impuestas por la eurozona.

Asesor del ex Presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero cuando estalló la crisis económica en 2008, reconoce que la “sorpresa” no fue que ésta fuera tan “severa” para España, ya que “se esperaba” por sus desequilibrios previos y la burbuja inmobiliaria.

Pero considera que se vio agravada por las políticas de la eurozona, a las que califica como especialmente “duras” y que alargaron la recesión.

El euro “ha contribuido a la creación de la crisis económica porque los mercados, irracionalmente, pensaron que, como no existían tipos de interés que diferenciaran a los países europeos, no había riesgo. El dinero fluyó hasta España y no había manera de parar ese flujo”, explica el premio Nobel.

“Los gobiernos deberían haber tomado el control de la situación para prevenir abusos, pero la ideología del euro lo impidió”, según Stiglitz.

Por ello, el economista defiende que esta crisis supone una “década perdida” para España y Europa y prevé que pasarán muchos años hasta que se vuelva a la normalidad.

Fuente: sinembargo.mx