La nueva vieja política

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dirigentes de la oposición que en algún momento han sido exaltados por sus propios militantes a la condición de líderes supremos de la contrarrevolución, han sido (todos sin excepción) execrados por esa misma militancia y reducidos al más desolador ostracismo con la misma vehemencia con la que antes los erigieron, bajo un argumento que necesita ser estudiado con detenimiento.

Desde aquel inefable frijolito que enfrentaron al Comandante Chávez al inicio mismo de la efervescencia revolucionaria, la intención fue siempre la de oponerles a los líderes de la revolución, primero a Chávez y hoy a Maduro, figuras de comprobada trayectoria pública pero que a la vez encarnaran una nueva forma de hacer política.

Así fueron sembrando en cada oportunidad las mismas esperanzas en todos y cada uno de los que fueron desfilando por ese pedestal del antibolivarianismo al que fueron encumbrados y luego defenestrados.

Los fueron defenestrando uno a uno porque se percataron, como quien descubre el agua tibia, que solo representaban los postulados de una vetusta forma de concebir el país y la política, por lo cual no ofrecían posibilidad alguna de triunfo frente al chavismo.

Teniendo, como los tienen, líderes valiosos, muchos de ellos formados en las mejores universidades del mundo, con amplia experiencia en la lucha política partidista, parlamentaria y de calle, escogen finalmente a Juan Guaidó precisamente porque según ellos es todo lo contrario. Es lo nuevo, lo puro.

¿Pero, qué es lo nuevo que propone Guaidó para los que no terminan de salir de él y todavía le rinden pleitesías y le cantan alabanzas?

Hasta ahora lo que ha hecho es engañar cínicamente a sus propios seguidores ofreciéndoles a diario villas y castillas sin cumplir jamás lo que promete. Robar de manera descarada activos del Estado para ponerlos supuestamente al servicio del pueblo, pero el pueblo sigue padeciendo el bloqueo que él mismo ha promovido. No llevar a cabo ninguna obra de tan siquiera mediana envergadura que responda a las demandas de salud, alimentación, vivienda, servicios públicos eficientes, educación, trabajo.

Ha tenido el poder y los recursos que ninguno de sus predecesores tuvo y ha sido el que menos ha cumplido. Al igual que todos esos irresponsables que fueron echados al olvido por sus propios seguidores, vive muerto de la risa porque también en eso de ser irresponsable es superior a los demás.

Nada es más parecido a la vieja política.

@SoyAranguibel

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El caso Macri

Por: Alberto Aranguibel B.

Ganó sorpresivamente las elecciones en 2015 gracias a las particularidades de un sistema electoral en el que un candidato perdedor en una primera vuelta puede favorecerse en una segunda oportunidad con una votación que no le corresponde. Es decir, puede hacerse de los votos de otros candidatos que quedaron fuera de la contienda en un primer momento.

Con esos votos que pertenecían inicialmente a otros aspirantes, Mauricio Macri remontó la amplia ventaja que logró obtener el candidato del peronismo, Daniel Scioli, que lo había superado en la primera vuelta con más de ocho puntos porcentuales.

Apenas hacerse del poder, en medio de la más chocante arrogancia, comenzó a destruir el estado de bonanza económica que gracias a las políticas de profundo corte nacionalista impulsadas por el kirchnerismo disfrutaban por primera vez en casi un siglo los argentinos.

La elevación de las tarifas de los servicios públicos no esperó ni siquiera un mes para ponerse en marcha.

La misma gente que apenas semanas antes de aquella vorágine alcista que desataba el propio gobierno estaba convencida de la promesa del “cambio” que el nuevo presidente había hecho en su campaña, comenzaba a protestar en las calles desesperada por la brutal traición de la que era objeto.

La ola de despidos no se hizo esperar y la cantidad de gente que ingresaba a las filas de la pobreza empezó a crecer de manera indetenible hasta alcanzar en apenas dos años la alarmante cifra de doce millones de argentinos, según números oficiales, muchos de los cuales (más de tres millones y medio) empezaron a dormir en las calles y a comer de los restos de la basura como única forma de sobrevivencia.

La entrega del país a los cazadores de fondos buitres, el endeudamiento por más de cien años con el Fondo Monetario Internacional y la desfavorable política arancelaria impuesta por su gobierno al sector industrial y del campo, destruyeron en cosa de meses las posibilidades económicas del otrora pujante gigante del sur.

Las tasas de interés y el precio del dólar se dispararon como nunca antes y la economía se vino abajo, causándose así la estruendosa derrota que acaba de sufrir.

Todo un caso digno de los mejores científicos, para estudiar la tragedia que puede llegar a ser para los pueblos el neoliberalismo.

PD: Hoy, miércoles 14 de agosto, a tres días de esa aplastante derrota, el presidente argentino amaneció ofreciendo una rueda de prensa tempranera para pedir disculpas por haber cometido el día lunes el disparate de culpar a los electores por la intempestiva devaluación del peso frente al dólar que produjo el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, así como para anunciar que elevaría el salario básico, entregaría unos bonos y congelaría por tres meses las tarifas de la gasolina. En horas de la tarde, 11 horas después de esa insólita rueda de prensa, apareció un comunicado oficial en el que se deroga esa medida de suspensión del precio del combustible. Ni los locos de carretera cometen tantas insensateces juntas.

@SoyAranguibel

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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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Aranguibel resaltó importancia de la confidencialidad del diálogo en Barbados

30/07/2019 | 07:08 pm 


CARACAS.- El constituyente Alberto Aranguibel, valoró como positivo e importante la «confidencialidad de las conversaciones que mantienen representantes de la oposición y del Gobierno en Barbados» para lograr un acuerdo que beneficie a la sociedad.

El hecho de que no sepamos nada todavía al respecto es más bien auspicioso, no es algo que debiera angustiar a ningún venezolano; si algo es importante es preservar la privacidad de esos encuentros en razón de lo que ha sido la historia precedente de los diálogos porque se desvirtuaban.

Aranguibel rechazó en conversación con Áryeli Vera para Unión Radioque desde la oposición critiquen y menosprecien los procesos de negociaciones, aseguró que «carecen de vocería y representatividad de los distintos sectores que la componen».

El problema siempre lo ha tenido la oposición, los desencuentros, los reveses, las contracciones que han impedido que avance el dialogo ha sido la oposición.

 

¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

Aranguibel: “Así hubiese sido de reconocimiento, la nave norteamericana estaba invadiendo nuestro territorio.”

Caracas, 24_07_2019.-  Alberto Aranguibel sostiene en el programa Cafe en la Mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que la defensa que hace la oposición venezolana de la incursión de una nave espía en la zona exclusiva de Venezuela, es tan ilegal como si fuera una nave de combate, porque en ninguna parte del mundo son permitidos los vuelos no autorizados por el país que sobrevuela, sin importar si su función es de “reconocimiento”, como lo argumenta la derecha venezolana para tratar de exculpar a los agresores norteamericanos, o de cualquier otro tipo.

Tiranía democrática

Por: Alberto Aranguibel B.

Estados Unidos pretende que el más descomunal invento del ingenio humano, la internet, sirva solamente a sus descabellados y delirantes propósitos de dominación planetaria.

En nombre de la libertad y de la democracia, el imperio acusa de tiránica a cuanta nación desarrolle tecnologías que contribuyan al bienestar de sus pueblos con base en sus propias capacidades para la generación de conocimiento y para la producción de innovaciones en cualquier ámbito de la economía o del saber.

Tal como lo expresa en tono de caricatura la narrativa de Hollywood, el imperio considera que todo avance de la ciencia es susceptible de convertirse en la peor amenaza para la humanidad si llegara a caer en “las manos incorrectas!”.

Con base en esa descabellada premisa, EEUU ha desatado la furia de su inmenso poderío bélico contra infinidad de países que, de acuerdo a esa lógica de la preservación selectiva de la seguridad del mundo, han intentado en algún momento avanzar en la investigación y desarrollo de energía nuclear, siendo que el único país en desencadenar el peor genocidio en la historia de la humanidad con armamento atómico, ha sido el propio Estados Unidos. Que no solo ha arrasado con ciudades enteras probando sus bombas nucleares sobre cientos de miles de víctimas inocentes (como en Hiroshima y Nagasaki) sino que posee nada más y nada menos que más del ochenta por ciento de los misiles que existen en el mundo.

Internet es una muy especial obsesión para ese arrogante imperio que, de acuerdo a su propia lógica de la dominación, es una herramienta que ningún país debería utilizar si no es para favorecer la expansión de los mercados a los que aspiran las grandes corporaciones transnacionales norteamericanas.

Según esa narrativa, cualquier otro país que pretenda hacer uso de internet con tecnología propia que no sea la gringa, estará cometiendo un delito que amenazaría la sobrevivencia misma de la humanidad.

Pero quien controla internet para hacer un uso no autorizado de los datos de la gente, violando así no solo su derecho humano a la privacidad sino su seguridad y hasta su vida, quien encarcela a aquellos que denuncian el uso indebido de esa tecnología, no son esos países sino el propio Estados unidos.

Una verdadera tiranía en nombre de la libertad.

@SoyAranguibel

El “batigobierno”

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo héroe de ficción que se precie de tal, Guaidó es una figura de doble personalidad que opera bajo el principio de preservar escrupulosamente una identidad pública para unos fines y una secreta para otros.

En el mismo momento en que dice que no hablará jamás con Diosdado Cabello, su otro yo llega camuflajeado con capucha y zapatos de patente a la reunión con el líder chavista. Cuando jura que él personalmente meterá una ayuda humanitaria por la frontera, su otro yo se distancia de eso diciendo que hay que investigar a los responsables de esa operación por corruptos. En el mismo instante en que aparece en vivo diciendo que tomó La Carlota, su otro yo aparece, también en vivo, en la Plaza Altamira ofreciendo una nueva fecha para marchar contra el gobierno. Un Guaidó dice que no irá a dialogar a Oslo y el otro anuncia que ya su gente está en Oslo.

Ese don del perfecto desdoblamiento es el que convence a la gente de que ambos individuos no son la misma persona. Que son seres distintos. Por eso nunca nadie creyó que Clark Kent era Supermán, ni Diego de la Vega el Zorro. Demasiado diferentes para ser iguales.

Exactamente lo mismo que le pasa a Guaidó con sus seguidores.

Sin excepción, todos los comentaristas y analistas políticos de la oposición descargan contra él en sus entrevistas, programas de opinión y cuentas de redes sociales la más virulenta andanada de cuestionamientos, improperios y descalificativos. Pero todos, absolutamente todos, lo apoyan a pie juntillas como si se tratara en realidad de dos personas distintas que no tuvieran nada que ver una con la otra.

Todos declaran públicamente su desacuerdo con él y su séquito de arribistas y asaltantes. La mayoría hasta se burla ahora de la autojuramentación que en algún momento le celebraron. Pero todos lo aplauden, lo tratan de “señor Presidente” y lo animan a seguir adelante.

La indignación con uno, se convierte en fresca brisa de aliento cuando aparece el otro.

Ha terminado siendo todo un vulgar héroe de comiquitas; que recibe de la gente aclamaciones y vítores cuando se disfraza con su corbatica de autojuramentado, y reproches y burlas cuando cambia de personalidad y se convierte de nuevo en el pusilánime que todos conocen.

Muchos de ellos no lo ven ya gobernando en Miraflores, sino en la Baticueva.

@SoyAranguibel

El síndrome Fulop de Bachelet

Por: Alberto Aranguibel B.

Luego de más de un cuarto de siglo sin venir a Venezuela, la ex Miss y actriz Catherine Fulop ha estado dando de qué hablar con lo que muy bien pudiera definirse el más reciente rosario de torpezas y desatinos de una vocera de la oposición, a través de opiniones destempladas vertidas por ella en medios de comunicación y redes sociales de la Argentina, país donde radica desde que abandonó suelo venezolano hacen ya casi tres décadas.

Desde allá sorprende afirmando que le urge que se restituyan las siete estrellas del pabellón nacional venezolano, y que se redirija hacia la derecha el caballo del Escudo. Que le pongan más ensalada a la reina pepiada y más aceitunas a las hallacas, entre otras solicitudes que hace en tono enérgico, casi épico. Imposible saber de dónde saca ahora tanto patriotismo, cuando ni el acento venezolano le queda.

Pero lo pide justo al salir de la oficina donde tramita la nacionalización argentina. País del cual no conoce ni su historia ni las noticias más allá de la sección de sociales. Ni siquiera por encimita, como para no cometer la imprudencia de llamar fascistas a los judíos justamente en el país con la colonia más grande de judíos en el Continente, lo que terminó costándole que le rechazaran la ansiada nacionalidad que solicitaba.

Textualmente escribió: “¿Por qué crees que Hitler sobrevivió? ¿Porque lo hizo todo solito?… No, porque los judíos eran peores. Los más torturadores dentro de los campos de concentración, eran los “sapos”, los propios judíos que torturaban a su propia gente. Lo mismo que está pasando en Venezuela”.

Como toda la oposición, entiende la política como un vulgar ejercicio de mentiras y falsedades dichas siempre con la mayor convicción, sin importar la barbaridad que diga y a costa de dejar en evidencia la supina ignorancia de quienes como ella optan por ese método para tratar de hacerse del poder a cómo dé lugar.

Cambiar la historia y la realidad del mundo como les venga en gana, es para la gente de la oposición un rasgo definitorio.

A ese “arte” de mentir arbitraria y desfachatadamente tratando de hacer una gracia aunque le salgan solo morisquetas, bien podría denominársele “Sïndrome de la Miss Venezolana”, o “Síndrome Fulop”, a secas.

Algo así como lo que con toda seguridad padece la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos cuando redacta informes guiada solamente por lo que dice la gente que a ella le cae mejor, sin importar las pruebas o los testimonios de las víctimas, la mayoría mutilada por la acción del fascismo que ella necesita ocultar, ni los videos que se le muestren, o la realidad que constate con sus propios ojos.

Bachelet tiene ese síndrome Fulop del cretinismo cínico y miserable. La mejor demostración es que lo sabe y no hace nada por corregirlo.

@SoyAranguibel

La inexplicable pasión opositora por la irresponsabilidad

Por: Alberto Aranguibel B.

Si para algo sirve el destartalamiento del plan Guaidó montado por la derecha nacional e internacional bajo la directriz del gobierno norteamericano, es para demostrar, una vez más, que la tragedia de la oposición venezolana no está determinada de ninguna manera por el chavismo sino por sus propias carencias.

El desastre de ineptitud, inconsistencias, engaños y corrupción, de la que hace alarde hoy la cúpula dirigencial de ese sector de la vida política nacional, es infinitamente superior y mucho más bochornoso de todo cuanto pudiera haberse imaginado alguien jamás, incluso en las propias filas del antichavismo.

Los reveses y fracasos reiterados y recurrentes en la actuación opositora desde el primer momento de la alianza contrarrevolucionaria, por allá por el año 2000, han sido siempre en uno u otro sentido el resultado de errores cometidos por sus líderes, cuya persistencia en el desatino a la hora de tomar decisiones y emprender estrategias de cualquier naturaleza terminó decantándose indefectiblemente en la vía antidemocrática y violenta como única opción, para culpar luego de cada fracaso al chavismo.

La victimización forzada ha sido el recurso invariable en ese evasor comportamiento que busca culpabilizar siempre de sus propias deficiencias al otro, en la búsqueda de posicionar en la opinión pública fórmulas de lucha absolutamente contrarias al deseo mayoritario del país, que aspira a una vida democrática sin sobresaltos ni violencia.

En el obsesivo afán por hacerse del poder a como dé lugar, la aspiración del triunfo por el triunfo en sí mismo, que no mide trasgresiones ni sus consecuencias, lleva a la oposición  a perder toda conexión con los propios parámetros por los que dice regirse, llegando al extremo de celebrar impúdicamente todo hecho que atente contra esa paz que ansía la población, incluida la propia militancia opositora, sólo porque de esa forma se alimenta la ingobernabilidad y la desestabilización que desde ese sector se persigue como vía para alcanzar el poder.

A falta de un soporte ideológico consistente que le imprima sentido y direccionalidad a su lucha más allá de la inmoral sed de satisfacción personalista de sus dirigentes, la oposición cambia de discurso y hasta de objetivos políticos como una veleta, sin sentir ni el más mínimo bochorno por ello, como si lo único que garantizara (y justificara) el triunfo al que aspira fuese el deseo y no la forma de hacer las cosas o las razones que lo motiven.

Muestra de esa persistencia en el error y a la vez en la inconsistencia ideológica, es la insensata propuesta a la que arriba hoy con la supuesta fórmula de salvación nacional que ahora esgrime, después de fracasar en todas y cada una de las acciones emprendidas por quien hace apenas cinco meses presentaba como el luminoso redentor que jamás habría dirigido los propósitos triunfales del antichavismo en casi un cuarto de siglo, el inefable Juan Guaidó, que tantas esperanzas sembró en las filas opositoras y que hoy es más despreciado (y en mucho menor tiempo) que cada uno de los que le precedieron en ese dudoso honor de ser el Mesías de un sector tan depauperado como la oposición.

En consecuencia, y seguramente como una dolorosa expresión más de su impotencia, la oposición le explica hoy al mundo que los problemas nacionales se deben ya no a una profunda crisis económica, y ni siquiera al socialismo o a la invasión cubana que ellos de manera obtusa siguen vociferando que existe en el país, sino que se deben a la falta de una insurrección militar.

Que las fallas en sus intentos por asaltar el poder, en lo que no importa para nada la decisión soberana del pueblo, se deben a que los militares no se han rebelado contra el Estado de derecho ni han quebrantado su juramento de lealtad a la Patria. Que los irresponsables son, pues, los militares que obedecen la Constitución y las Leyes.

Pero se supone, en principio, que el interés supremo de los demócratas es todo lo contrario a la fórmula de facto que comprende la vía armada. Más aún cuando dicha acción armada no se presenta con la sola intención de control y desmovilización de los aparatos de seguridad del Estado (como en principio es el objetivo táctico de toda asonada militar), sino que se propone de entrada y en la forma más abierta y descarada el asesinato en masa de los integrantes del gobierno y de sus seguidores.

No es de ninguna manera civilizado pretender gloria alguna en el exterminio físico de todo aquel sector que se adverse en el terreno político, y mucho menos de una organización de naturaleza profundamente popular como la es definitivamente el chavismo. Pero es todavía menos glorioso si quien promueve tal barbaridad lo hace en nombre de la democracia.

Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, lo tuvieron perfectamente claro a la hora de concebir aquel malhadado pacto de Punto Fijo, en el cual acordaban, entre otras cosas, el secuestro político del país para poner la economía nacional al servicio de las corporaciones norteamericanas a la vez de asegurar la continuidad del bipartidismo adecocopeyano en el poder para impedir la reversión de esa ominosa entrega al imperio.

En tal sentido el pacto establecía, palabras más palabras menos, que “La intervención de la Fuerza contra las autoridades surgidas de las votaciones es delito contra la Patria. Todas las organizaciones políticas están obligadas a actuar en defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, aun cuando durante el transcurso de los cinco años (que duraba entonces el periodo constitucional de gobierno) las circunstancias de la autonomía que se reservan dichas organizaciones hayan podido colocar a cualquiera de ellas en la oposición legal y democrática al Gobierno. Se declara el cumplimiento de un deber patriótico la resistencia permanente contra cualquier situación de fuerza que pudiese surgir de un hecho subversivo y su colaboración con ella también como delito de lesa patria.

Aún cuando dicho pacto no fue nunca propiamente escrito en tinta sobre papel (como lo ha querido presentar interesadamente la oposición en versiones apócrifas que ha sido adaptadas en la actualidad a los particulareres intereses del antichavismo) ni mucho menos notariado o registrado por instancia alguna, los conceptos centrales del acuerdo (verbal, según la relación que hiciera en alguna oportunidad el Dr. Ramón J. Velázquez como testigo excepcional que fue de aquel acontecimiento) sí puede decirse que expresaban las nociones y principios de aquellos jerarcas de la política nacional, porque su actuación pública (tan particular como arrogante en la mayoría de los casos) así lo corroboró a través del tiempo.

Tal concepción derivaba de una inequívoca noción de la política que, aún siendo contraria al interés de las grandes mayorías del pueblo hambriento y emprobrecido por la inmensa exclusión y la desigualdad social que el modelo puntofijista instauraba, era conciente del ineludible compromiso con la democracia representativa que tenía que defender ante el mundo, así fuese solamente de palabra, para sostenerse en el gobierno. Jamás hubiese nadie entendido (ni mucho menos aceptado) a una élite política que se pretendiera legítima si su discurso se hubiese fundamentado en la fuerza de las armas como sostén de la democracia que pregonaba, a pesar de la inocultable e inmisericorde masacre que significó a la larga el exterminio sistemático llevado a cabo durante la vigencia de dicho pacto contra todo vestigio de disidencia política.

El país supo en todo momento a qué atenerse con ellos, y de ahí que el riesgo de la evaluación popular de la que fueran objeto, tanto por sus convicciones como por su comportamiento, lo asumieron siempre con la mayor arrogancia e intolerancia, pero principalmente con un innegable sentido de seriedad, responsabilidad y consecuente compromiso con sus ideas.

La gran diferencia entre aquel denso liderazgo político y el lamentable estamento de mediocridad e ineptitud que hoy presenta la oposición como tal, es la carencia de esa solidez ideológica y de principios consistentes que es tan indispensable en el ámbito de la política, sea cual sea su orientación.

A esa seriedad, y a ese inquebrantable sentido de la responsabilidad con su propia ideología, es a lo que se refirió siempre el comandante Chávez cuando clamó por una “oposición con moto propia”.

Como la clama hoy el presidente Nicolás Maduro.

Y como claman el país y el mundo entero.

@SoyAranguibel

Gobierno opositor

Por: Alberto Aranguibel B.

Nada es más previsible que la oposición venezolana. Su persistencia en exactamente la misma conducta, sin detenerse nunca a corregir desviaciones ni desatinos, es definitivamente proverbial. Con ella no hay ninguna dificultad para imaginarla en el gobierno.

Para empezar, en un gobierno opositor se acabarían las angustias y los gastos en campañas electorales y procesos eleccionarios porque más nunca habría elecciones. Los aspirantes a cargos de gobierno surgirían de las autoproclamaciones callejeras, y de entre todos el que logre el mayor apoyo de los EEUU se adjudicaría el poder sin mediar en ello complicadas y costosas elecciones.

La traumática experiencia de procesos electorales (manuales o automatizados) en los que la opinión de la gente que según los escuálidos no sabe de política (es decir; los pobres) es aceptada como válida, no podría repetirse más. Mucho menos habiendo alcanzado el país un modelo de escogencia de los mandatarios tan avanzado que más de cincuenta países del mundo lo aplauden y lo respaldan.

El gobierno se haría en la misma forma unitaria en que se lleva a cabo el debate y la elaboración de las propuestas opositoras en la actualidad; cada quien dice lo que le viene en gana a su buen saber y entender y lo impone a gritos ya sea desde su escritorio en su casa de Valle Arriba, su apartamento de Santa Fe aquí en Caracas, o desde los soleados campos del parque temático de su agrado allá en el estado de la Florida, simplemente usando para ello su cuenta de Twitter o de Whatsap. Nada es más avanzado ni más democrático.

Dado que en la oposición nadie se considera borrego ni se siente en la obligación de obedecer a nadie, los periodos presidenciales durarían lo mismo que tarde en caer en desgracia el mandatario de turno, tal como inevitablemente caen siempre todos sus líderes. De ahí que cada gobierno dure a lo sumo unos cuatro o cinco meses en promedio. Con lo cual la intensa rotación de aspirantes al poder convertiría la democracia venezolana en “participativa y multitudinaria”. Gracias a Dios la oposición está acostumbrada ya a esa dinámica de la perpetua lucha interna por el poder, lo que le augura un panorama muy promisorio.

Los programas sociales continuarían. Pero con otros nombres y con una nueva y más eficiente forma de gestión; los Clap, los bonos, los carros y las viviendas, les serían entregados a la gente decente (jamás a los colectivos) y luego ellos verían a quién darle lo que sobre. Si es que sobra.

Habría que robarle a los chavistas la consigna “¡Así, así, así es que se gobierna!“, pero desinfectándola antes con una buena edulcoración neoliberal (algo así como: “So, so, so that’s how it is governed”) para que quepa muy bien en boca de las doñitas de El Cafetal.

Claro, como los chavistas serían exterminados previamente a plomo limpio por las fuerzas de liberación, no habría problema alguno.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Contrapunto: La crisis de la oposición es culpa de su militancia

Contrapunto / Texto: José Gregorio Yepez

Contrapunto, 01/07/2019.- Es jueves 27 de junio, día del Periodista en Venezuela, y Alberto Aranguibel llega puntual a la cita para conversar sobre su visión como analista político sobre la coyuntura venezolana.

Saluda con formalidad y amabilidad y tras un breve intercambio de impresiones sobre la dinámica de la entrevista comenzamos la conversa.

Considera con vehemencia que es la “oposición de a pie” la responsable de los problemas que confronta este sector político, ya que escoge liderazgos que a su entender no son los adecuados.

– Las negociaciones necesitan por lo menos dos y la disposición a ceder… ¿En qué debe ceder el Gobierno para ayudar a destrancar el juego?

-Esos conceptos no están bien usados. La negociación es un concepto corporativo. No es negociación lo que debe haber. Lo ideal es que exista un escenario con base en las necesidades de cada sector, detectadas a partir del instrumental político adecuado. Pero cuando intervienen los medios se distorsiona el debate. Eso es lo que ha pasado. La derecha, apoyada sobre el peso de los medios, ha abandonado el trabajo de masas y ha posicionado la matriz de ser una mayoría que no ha podido demostrar.

-¿Qué hacer?

-Lo que se ha hecho. El llamado diálogo. Inclusión e igualdad social. Por eso se hicieron los Clap, por ejemplo, un programa único en el mundo; trabajar en fórmulas económicas para solventar las necesidades de la de gente; contrarrestar las presiones que desde el mundo capitalista nos acechan, etc. Las acciones del gobierno van en el sentido correcto.

¿La guerra económica no es solo una justificación?

-Este gobierno está asediado y está resistiendo. Ellos vienen diciendo que Maduro está caído y perdido desde que asumió el poder y no han podido con él. Entonces… ¿quien está perdiendo la pelea?

– ¿Qué pasa con Guaidó?

-Con Guaidó lo que se ha hecho es lo mismo que se hizo con los militares de Altamira: dejarlos que se cocinen en su propia salsa. A Guaidó hoy lo detestan sus seguidores más que a ningún otro de sus líderes. Hoy lo detractan desde la oposición y ha caído más que nunca. Se acabó Guaidó para siempre. Pero, la derecha jamás reconoce los errores en la escogencia de sus liderazgos.

-¿Entonces es la gente opositora de a pie es la responsable?

El problema de la oposición es la gente de a pie que no aprende de los engaños. Desecha los liderazgos que escoge, pero no aprende.

-Cómo generar un clima de confianza a los sectores que adversan al Gobierno.

Hay que buscar salir del discurso de consignas, de la arenga, y generar una lógica de la reflexión. A Chávez no se le alzaban porque su discurso era siempre una reflexión que llegaba muy profundo en la gente.

-¿Es Maduro el problema?

No. Definitivamente no.

-¿Qué pasa entonces?

Hay una falla en la pedagogía. Hay que retomar el espacio del ideario chavista socialista pero también de la reflexión en los valores de la democracia. Hay que trabajar el alma del sector opositor de pie para hacerle comprender que es víctima de un tragedia que se ha cernido sobre la sociedad con la distorsión permanente que se le inocula desde el medio de comunicación.

-¿Cual es la distorsión?

Los valores universales como la vida. La casi totalidad de la gente opositora de a pie cree que es un derecho matar guardias nacionales. Aún callados se lo dicen a sí mismos. Cuando ven que queman a alguien, dicen cosas como “bueno, y quien mandó a ese chavista a meterse ahí”.

-¿Cree que es así?

Esa alteración de toda la estructura de principios debe ser corregida y es responsabilidad del Estado hacerlo. No solo por chavistas sino porque es un deber del Estado. Desde la ANC trabajamos en ese sentido.

La visita Bachelet

¿Qué le aporta a la idea de conseguir una solución a la confrontación política que existe en el país la visita de Bachelet?

Sostengo desde hace tiempo que el problema más grave de Venezuela no es político ni económico sino comunicacional, porque de éste deriva el grueso de los demás problemas. Las distorsiones que hay en la realidad venezolana surgen fundamentalmente del medio de comunicación. El fenómeno Bachelet no escapa a esta realidad que describo. Lo que hemos visto en la tensión que hay al respecto es cómo cada factor busca colocarlo arbitrariamente a su favor.

¿Entonces no importa lo que la Alta Comisionada haya constatado o lo que coloque en su informe del 5 de julio?

La respuesta apunta a que a ninguno le interesa lo que constató sino cómo le saca provecho para su parcialidad política. Con lo cual es probable que el informe del 5 de julio será tratado de la misma forma.

¿Fue positiva o no?

La visita es positiva porque refuerza la democracia venezolana, que nadie niega que tiene sus problemas, pero es un país donde funciona su institucionalidad. Habla de la atención que el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas le da al país y, como prueba de ello, envía a sus funcionarios para que hagan un diagnóstico con la metodología correcta. Lo hace estableciendo contacto con el Estado venezolano, lo que confirma que no hay un Estado fallido, más allá de las diferencias que ciertamente existen y de la propaganda de la derecha venezolana e internacional. Es un avance; se reunió con todos los poderes públicos y con los sectores de la sociedad civil.

¿Y al debate qué le aporta?

Los intereses de los bandos en pugna son exactamente los mismos, solo que a partir de concepciones diametralmente distintas. Entre el gobierno y la oposición los conceptos de democracia, dictadura y libertad son totalmente opuestos y en ese territorio árido de desencuentro se necesita buscar elementos que favorezcan la sindéresis que ayude a encauzar el diálogo y el entendimiento.

¿La sola visita de Bachelet no evidencia un problema con el tema del respeto a los Derechos Humanos en el país?

No necesariamente. La idea del Gobierno fue traerla para demostrar que la oposición miente con la especie de que en Venezuela se violan los Derechos Humanos. Ella no convalidó su especie y se desmonta así lo que dice la oposición, que ahora la cuestiona y critica. Los factores internos y los internacionales, la derecha y el imperialismo, han tratado de posicionar al Consejo de derechos Humanos como una instancia punitiva y hay quienes lo entienden como una suerte de ente carcelario. Pero no es así. Eso habla de la precariedad del entendimiento de la derecha en el tema. La atribución de Alta Comisionada no es censurar ni condenar, es buscar ayudar en el tema.

Entre sus atribuciones está “verificar el cumplimiento de la normativa internacional en materia de derechos humanos” y queda una comisión de monitoreo de temas, entre ellos el de la tortura…

Ella no habló de que existía tortura, sino que se trabaja para prevenir casos de ese tenor. Por eso hablo de la necesidad de tener mucho cuidado con el lenguaje que debe usarse.

¿No existen problemas con los cuerpos de seguridad del Estado y el tratamiento a las personas. Problemas en la cárceles con los presos?

Parto de lo que tengo comprobado. Abogo por la verdad. Yo no tengo elementos para decir que aquí se tortura. Las cárceles son un infierno, es verdad, por eso hay que portarse bien.

Usted afirma que “el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no tiene entre sus atribuciones la de calificar o certificar la legitimidad de los gobiernos”, así que la visita de la Alta comisionada no implica el reconocimiento de la legitimidad de Maduro.

Es verdad. No está entre sus atribuciones. Allí está la sobre dimensión de la visita. Para algunos lo que se declare hoy es una manera de prepararse usando los medios para tener una mejor posición en coyunturas futuras y así adelantarse a lo que pueda darse. Como analista político percibo que esa es la actitud de los bandos en pugna.

Fuente: Contrapunto

Capitalismo inepto

Por: Alberto Aranguibel B.

La absurda idea según la cual un empresario, por la sola condición de empresario, estaría mejor dotado de los conocimientos y la experticia necesarios para gobernar eficientemente, es una barbaridad creada a partir del falso supuesto de que la empresa privada se desempeña mejor, lo cual es toda una falacia.

No existe en el mundo ninguna empresa que no dependa de alguna manera de las políticas del sector público para salir adelante, por mucho que el carácter privado sea el factor preponderante en su constitución y desempeño.

El empresario no concibe el universo como un ámbito multisectorial y diverso, tal como debe concebirlo quien esté al frente de cualquier Estado para procurar el bienestar económico para todos, incluidos los empresarios, sino que entiende el mundo solamente como un área de potencial expansión para su negocio particular.

El eje medular de su filosofía, la columna vertebral del capitalismo, es el de la libre competencia, que es aquella que busca liberar a la empresa de toda restricción de tipo legal, para que el crecimiento del capital esté determinado solamente por su astucia para impulsar ese crecimiento y la ganancia, por supuesto, sea totalmente para él. Eso sí, sin dejar nunca de contar con los beneficios que el Estado pueda ofrecerle a través de políticas proteccionistas de toda índole, para que la acumulación de riqueza sea todavía mayor.

En esencia, esa filosofía es la que lo lleva a tratar de destruir a las demás empresas que pudieran eventualmente atentar contra su ansiedad expansionista con productos similares a los que su empresa produce. Canibalismo, le dicen en ciertos ámbitos corporativos.

Una modalidad que es muy necesaria para ese tipo de empresarios a los que no les interesa la economía sino exclusivamente en lo que tiene que ver con sus ganancias, en la medida en que el gobierno deje de ser eventualmente el gran financista de su producción y que, a la vez, los competidores incrementen cada uno a su buen saber y entender su correspondiente porción de mercado.

Eso es exactamente lo que hace un empresario como Donald Trump al frente de la potencia más grande del planeta, los EEUU. Que no procura el equilibrio razonable de los mercados, sino el exterminio de sus competidores, como si su gobierno fuera una simple corporación y las demás naciones un grupo de negocios vecinos en un centro comercial.

Un empresario piensa solo en el bienestar de su empresa. No en el de la sociedad en su conjunto. El bienestar de la sociedad le suena siempre a “comunismo”.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel: La oposición no es un sector político sino un grupo de presión contra el Estado.

Caracas, 24/06/2019.- En entrevista con los periodistas Enma Carolina Agurto y Michel Caballero, en el programa “Café en la mañana” que transmite Venezolana de Televisión, Alberto Aranguibel sostiene que la oposición venezolana no puede definirse como sector político porque no se comporta como tal sino como un grupo de presión contra el Estado.