El antichavismo como excusa opositora

Por: Alberto Aranguibel  

A William Izarra, In Memoriam

Luego de casi tres décadas de aquel evento que convulsionó el escenario político venezolano, retumban todavía en las catacumbas del partido COPEI las rabietas que llevaron al Dr. Rafael Caldera a abandonar las filas de esa organización política, fundada por él mismo cincuenta años antes, para irse a montar tienda aparte cuando sus bases decidieron mayoritariamente cederle los espacios del liderazgo a otras figuras que desde hacía mucho tiempo pugnaban por surgir entre sus propias filas.

Exceptuando quizás la primera división de Acción Democrática en 1960 (llamada “la división de la juventud de AD”, que dio origen al MIR), y la excisión de la juventud del partido comunista venezolano (PCV)que dio origen a finales de los años sesenta al socialdemócrata partido MAS, producidas ambas como resultado de auténticos debates internos por divergencias ideológicas, gestos de destemplanza de tipo mas bien personalistas como el que protagonizaba Caldera en contra de su propio proyecto político han sido el factor más constante en la historia de las crisis partidistas de la derecha venezolana, aún cuando siempre se les haya querido disfrazar de ideológicos.

El proyecto político basado en la preeminencia de una gran figura pública ha tenido mucho más vigencia como formulación en la construcción del partido político de derecha en Venezuela que la razón ideológica, precisamente por el carácter individualista, elitesco y sectario, que signa ancestralmente a la cultura conservadora en general. Un sectarismo de inspiración autocrática perfectamente contrario a la vocación societaria del ser humano recogida en la teoría universal de la democracia a través de los siglos.

De tal manera que el desprecio actual de la derecha venezolana a las formas democráticas es algo que le viene dado desde sus orígenes, es decir; desde mucho antes de arribar al poder la Revolución Bolivariana. Su comportamiento usualmente reñido con la voluntad popular no es un constructo de pragmatismo propiamente ideológico, tal como ella presenta su lucha contra el chavismo, sino el resultado de una concepción de la actividad política como medio de control y aseguramiento del poder, en lo cual la participación colectiva de la sociedad es todo un acto de contravención de las leyes del universo tal como ella las concibe.

Engreída y arrogante como es por excelencia dada su extracción de (auténtica, o pretendida en algunos casos) naturaleza oligarca, la derecha entiende la lógica competitiva del ritual electoral no como la fórmula idónea que es para garantizar la preeminencia de la voluntad común de las mayorías en la escogencia del modelo de país y de sus gobernantes, sino como un proceso de enajenación del poder que degrada su clase social al nivel de aquellos a quienes asume como inferiores. 

Visto así, el persistente desconocimiento de la derecha a la norma democrática del voto como expresión de la voluntad popular, e incluso de la Constitución y las Leyes que regulan el pacto social, termina siendo un acto de redención de los derechos de las clases hegemónicas con características casi bíblicas, que debe cumplirse a cabalidad sin discusión ni dilación alguna.

Por ello en la derecha el voto es entendido como legítimo solamente cuando se pronuncia en favor de la alternativa que encarne al sector hegemónico dominante y, por supuesto, ilegítimo cuando éste se decante claramente por cualquier opción de izquierda, o tan siquiera medianamente progresista, quedando entonces reducida la democracia a un sistema válido exclusivamente para la reafirmación y perpetuación del modelo de las clases dominantes, en el cual toda adversidad en su contra será presentada ya no como auténticas derrotas electorales sino como violaciones a los principios universalmente aceptados de la democracia como se la conoce desde los orígenes mismos de la teoría política.

Para esa derecha, la elección es un ritual riesgoso que solo muy eventualmente (cuando se ve obligada a resolver ante la opinión pública la evidente contradicción que plantea el tener que presentarse como demócrata en virtud del inmenso poder de convocatoria que tienen entre la gente los valores a los que se asocia el modelo democrático, cuando en realidad doctrinariamente son todo lo contrario) considerará válido. Con lo cual su rol en la política termina siendo una suerte de dilemático drama existencial al mejor estilo del Dr. Jekyl y Mister Hyde, que en ocasiones le llevará a aparecer en escena con toda la furia guarimbera  posible y en otras con la mesura y la ponderación del demócrata serio y responsable, sin que medie la más mínima turbación o vergüenza por la farsa ideológica que esa ambivalente conducta expresa.

Para ella todo cuanto haga deberá ser visto ya no como una lucha política convencional, sino como la infatigable búsqueda del restablecimiento de esa predestinación violentada, tal como lo plantea, por ejemplo, el falso modelo de democracia promovido por Estados Unidos en el mundo, que luego de casi un siglo de justificar desde su óptica ultraderechista su confrontación con el comunismo soviético por ser supuestamente la peor amenaza para la humanidad, continúa hoy catalogando a la poderosa potencia asiática como el principal enemigo, cuando, después de tres décadas de la extinción del bloque soviético, ya no hay vestigio alguno de comunismo en esa nación. Lo que deja perfectamente claro, como lo deja igualmente claro la oposición venezolana con su falso discurso antichavista, que su verdadera preocupación en la demencial lucha que libra contra los regímenes comunistas en el mundo no fue nunca de verdadera naturaleza ideológica, sino que su motivación ha sido en todo momento y de manera exclusiva la necesidad de asegurar y perpetuar su hegemonía política y su control sobre la economía global usando el comunismo simplemente como excusa.

De modo que el factor ideológico no es lo determinante para la derecha venezolana, sino mas bien el “contra ideológico”, si cabe la expresión, porque su conducta se orienta en realidad ya no a la construcción de una fuerza capaz de gerenciar eficientemente el Estado, como lo demuestra irrefutablemente su estruendoso fracaso en la administración de los activos de la República en el exterior de los que se adueñaron ilícitamente bajo el amparo del imperio norteamericano, sino a eliminar de su camino cualquier opción que atente contra sus posibilidades de acceder al poder, independientemente de si se trata de una opción de izquierda o de derecha. Algo en lo que se diferencia (no muy sutilmente, por cierto) de la antipolítica como doctrina propiamente dicha, que asume la lucha por la despolitización de la sociedad como una herramienta para generar apatía y desmovilización social en función de un orden establecido, sino que va mucho más allá en términos de inconsecuencia e irresponsabilidad política incluso frente a sus propios seguidores. 

En medio del inmenso logro chavista que significa haber rescatado el país de las garras de la violencia opositora y reconducirlo con el mayor tino político por la senda de la democracia popular, inclusiva, participativa y protagónica que impulsa hoy la Revolución Bolivariana, el festín de opositores compitiendo insaciables por miles por cargos de elección popular, es un evento de la mayor trascendencia histórica, que no deja, sin embargo, de estar signado por la misma fatalidad de la inconsecuencia ideológica de una derecha para la cual resulta perfectamente natural y completamente válido volteársele a su “presidente” autojuramentado para irse a reconocer al estado de derecho, al Presidente Constitucional de la República, Nicolás Maduro y al Consejo Nacional Electoral con todas las de la ley, mediante el acto de participación electoral que hoy los reúne en un mismo evento junto al chavismo que hasta ayer desconocían.

Estos líderes opositores de hoy, descendientes directos de aquellos ególatras liderazgos del pasado, se comportan con la misma inconsistencia ideológica que signó desde siempre a la derecha porque jamás estuvo en su mente actuar en consonancia con los valores de la verdadera política de altura, que respondiera en verdad a las necesidades del pueblo y a los requerimientos del país como nación soberana e independiente, con un auténtico sentido de responsabilidad y de entrega.

Su antichavismo no es sino su ancestral odio visceral a todo aquello que le impida hacerse del poder como un botín más de las clases explotadoras en contra del bienestar del pueblo.

@SoyAranguibel

Conquistadores desfasados (y descerebrados)

Por: Alberto Aranguibel B.

Lamentablemente el fascismo en España es hoy una realidad tan natural como el chorizo y la tortilla. 

Incluso más, según algunos que han visto de cerca el trogloditismo de esa funesta herencia del más abyecto franquismo, del que se sienten orgullosos deudos a perpetuidad los militantes de VOX, el partido político que recoge y exalta el pensamiento y la filosofía del tirano Francisco Franco, pero muy fundamentalmente la de Adolfo Hitler, a quien veneran ya no como un referente ideológico sino como a un dios.

Su “misión” en la política española ha sido desde su estructuración formal como partido político, hace poco menos de diez años, la de tratar de borrar del territorio español toda noción de izquierda, empezando por la organización Izquierda Unida, en la cual concentra a tiempo completo el grueso de su artillería difamatoria y calumniosa pensando que con ello hace su mejor labor de patria.

Creyéndose la mas pura reencarnación del genocida Cristobal Colón, la retrógrada dirigencia de Vox ha emprendido una desquiciada campaña de “recolonización” de los territorios transoceánicos que alguna vez la corona española consideró como suyos, y sobre los cuales llevó a cabo hace cinco siglos el más brutal y sanguinario genocidio de la historia devastando no solo poblaciones y naciones enteras en nuestro Continente sino arrasando aquellas culturas y civilizaciones ancestrales que se propuso exterminar para imponer su arcaico modelo europeo de sociedad.

El propósito del delirante proyecto de Vox es llevar a cabo un acto de inaceptable injerencismo en Latinoamérica para intentar acabar con toda idea de soberanía y de autodeterminación de nuestros pueblos, abriéndole cauces con una demencial cruzada anticomunista en Suramérica a la reinstauración en nuestro suelo del viejo modelo colonial que los Libertadores erradicaron hacen ya doscientos años luego de uno de los más brillantes y admirables procesos independentistas de la historia.

En un grotesco acto de pérfida simbología, emprenden su campaña precisamente en la ciudad de México (que este año celebra no solo el bicentenario de su independencia, sino setecientos de su fundación como capital del Imperio Mexica y quinientos de la invasión española, como la denominan) dese donde le exigen insolentemente al gobierno de esa nación nada más y nada menos que “lavar la tumba de Hernán Cortez y rendirle tributo”.

¿Con cuál derecho creen estar investidos los europeos que se han metido en la cabeza que pueden venir a imponerle al indómito pueblo latinoamericano su forma de pensar y lo que deben hacer estos en cada una de sus naciones desde el punto de vista político?

Solo a una pandilla de fascistas como esa gente el partido Vox de España se le ocurre semejante barbaridad.

@SoyAranguibel

¡Volvió Facebook!

Por: Alberto Aranguibel B.

Sam Uncle, Vicepresidente General Adjunto del consorcio Facebook Inc., se acercó cauteloso a la hamaca en la que, como todos los días, descansaba su jefe Mark Zuckemberg en “Mi Terruño“, su modesto yate de 95 pies frente a las costas de Daytona Beach, donde más le gusta veranear al magnate, para informarle que el servicio estaba caído y que todas las plataformas de la empresa estaban fuera de servicio.

Zuckemberg, que desde hace un cuarto de siglo se mantiene inamovible entre los cinco multimillonarios más ricos del mundo, lo miró con la misma sonrisita plácida con la que mira a los senadores del Congreso cada vez que lo interpelan por cualquiera de las transgresiones a la ley que sus empresas cometen, y le preguntó, sereno y sin aspavientos.. ¿Y yo qué tengo que hacer con eso, Sam?

Atribulado, Sam le explicó que la gente se estaba volviendo como loca en todo el mundo. Que los medios de comunicación estaban informando noticias verdaderas porque ya no tenían de dónde sacar sus titulares. Que en los hospitales estaba muriendo mucha gente por falta de la principal herramienta de consulta de los médicos. Que Decenas de jefes de Estado estaban al borde del derrocamiento porque no podían comunicarse con sus ministros. Que una ola de suicidios juveniles estaba por estallar porque los jóvenes no tenían dónde mostrar sus videos batiendo el trasero y ya no le encontraban sentido a sus vidas.

Y, lo que era peor, que millones de seres humanos de todo el planeta estaban descubriendo que el celular podía usarse como instrumento de comunicación para llamar a otras personas en vez de escribirles. Miles de niños estaban usando su tiempo de ocio para dibujar y millones estaban empezando a interesarse por los libros.

Con la misma fría indiferencia Zuckemberg le insistía… ¿Pero eso qué rayos me importa a mi?

Bueno, es que hemos perdido ya siete mil millones de dólares en apenas dos horas”, respondió Uncle. 

Lo que hizo saltar a Zuckemberg de la hamaca y empezara a gritar despavorido… “Revisen la brequera a ver si hay algún fusible quemado. Averigüen si los servidores están funcionando. Que alguien vaya a ver si Julian Assange se escapó o si Nicolás Maduro no ha activado algún ejército de hackers chavistas”.

Al poco rato todo se normalizó. Facebook siguió funcionando y Zuckemberg volvió a su hamaca a seguir disfrutando en la placidez del mar los cientos de miles de millones de dólares que tanto sacrificio le han costado en la vida.

@SoyAranguibel

Escupieron mentiras pa’ arriba

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema fundamental con la mentira es que para que surta su pernicioso efecto estafador tiene que ser más poderosa que la realidad. Y sobrepasar ese superior poder de tangibilidad fehaciente que tiene lo palpable no es cosa fácil. De ahí el luminoso dicho popular que establece que “la mentira tiene patas cortas”, porque a la larga no se sostiene.

Por eso el mentiroso es por lo general ignorante. Alguien que cree que mentir es un recurso inteligente que denota mucha astucia, porque su escasez mental le impide prever o comprender al menos la ineficacia que más temprano que tarde tendrá la mentira que, con la más entera seguridad, va a quedar siempre al descubierto a la primera de cambios cuando inevitablemente se tope de frente con la realidad. Exactamente la idea que expresaba Abraham Lincoln cuando decía que “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, o a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Una verdad como un templo que el antichavismo pensó que podría alterar sin ninguna dificultad cuando emprendió su pérfida campaña de infamias y desprestigio de Venezuela en el mundo, creyendo que el privilegiado acceso que la derecha tiene a las grandes transnacionales de la información y la comunicación le sería más que suficiente para alcanzar su miserable y apátrida despropósito de acabar con la imagen de nuestro país más allá de nuestras fronteras.

Escupieron para arriba y el escupitajo, como era de esperarse, no demoró en devolvérseles y hoy rumian enceguecidos de odio su fracaso.

La avalancha de videos que están circulando cada vez con mayor asiduidad y frecuencia en todas las redes sociales y de comentarios de turistas, periodistas y representantes de organismos internacionales que empiezan a visitarnos, incluso en medio de la pandemia, así como los cientos de miles de venezolanos que hoy retornan cabizbajos a su Patria convencidos del engaño del cual fueron víctimas cuando la derecha les ofreció que cualquier parte del mundo era mejor para vivir que Venezuela, que hoy dan cuenta de esa incontrovertible verdad que era imposible ocultar por mucho tiempo, está volviendo locos a los escuálidos tanto dentro como fuera del país; que Venezuela es un país hermoso, con gente bella que no se cansa de admirar y disfrutar las inmensas cualidades y oportunidades de esta tierra de gracia, imposibles de encontrar en  ninguna otra latitud.

El desespero de esos miles de venezolanos buscando regresar de la ilusión perdida a la que fueron arrojados por esas campañas infamantes contra Venezuela, es simplemente demoledor para quienes apostaron por el triunfo de la mentira como recurso, pensando que hacer política era tan solo ejercer a plenitud el arte de la demagogia y del engaño como lo hicieron tan irresponsablemente los partidos del puntofijismo en el pasado.

Tal como lo advirtió oportunamente el presidente Maduro; de tanto mentir, terminaron cocidos en su propia salsa. Solo había que darle tiempo al tiempo.

@SoyAranguibel

Guaidó Chogüí

Por: Alberto Aranguibel B.

“Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní que, sobresaltado el grito de su madre, perdió apoyo y cayéndose murió. Y que entre los brazos maternales, por extraño sortilegio, en chogüí se convirtió… chogüí, chogüí, chogüí, cantando está mirando, allá volando, se alejó… Qué lindo es, qué lindo va perdiéndose en el cielo azul turquí”

Era la letra de la legendaria canción paraguaya que hiciera famosa en el mundo el venezolano Néstor Zavarce, que hace más de sesenta años relataba casi la misma historia del inefable mozalbete que la derecha golpista venezolana escogió para autojuramentarlo como presidente de la República y ponerlo a recorrer el mundo ejerciendo como tal… pero sin serlo.

El pintoresco personaje terminó creyéndose de tal manera la fábula de su imaginario cargo, que hasta comenzó a nombrar embajadores y directivos de instituciones y organismos de aquel Estado que sus alabarderos le habían metido en la cabeza que él presidía. Pero siempre en el exterior, porque dentro del país, aunque sus acólitos se lo ocultaban, gobernaba un presidente verdadero que no era él.

Fue así como el indiecito de esta otra leyenda se cayó, ya no de un árbol cualquiera sino de una altísima mata de coco, cuando se dio cuenta de que aquellos que antes lo aplaudían y lo celebraban eufóricos, en realidad no lo hacían muy sinceramente, porque de la noche a la mañana comenzaron a granputearlo en todas las formas imaginables como al más miserable de los delincuentes, achacándole toda clase de corruptelas y sinvergüenzuras como si hubieran descubierto de repente el agua tibia en Las Trincheras.

Le indignaba que lo trataran como si él fuera otro, cuando en realidad era el mismo. Con la única diferencia de que antes no era presidente y no tenía de dónde robar ni un centavo.

Pero tampoco era como para tanto lo que bajo su ficticio mandato se había apropiado como para que lo trataran con tanto desprecio y tanto irrespeto a su alta investidura, porque él no se estaba robando el dinero de la República, sino el de la ayuda humanitaria. Y todo el mundo supo siempre que él, como ser humano fue en todo momento una persona muy necesitada de ayuda.

Al final la nueva leyenda concluyó en que también este indiecito autojuramentado quedó convertido en ave luego de la caída de la mata. Pero ave de rapiña que arrasó con todo para terminar en el fracaso, haciendo como el del canto paraguayo.. “chogüí, chogüí,chogüí” y perdido en el cielo azul turquí.

@SoyAranguibel

Lo malo de ser rico

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha, retardataria y recalcitrante como es, le cayó encima al Comandante Chávez cuando en medio de una de sus extensas y aleccionadoras disertaciones, soltó la hoy legendaria frase “Ser rico es malo”, acusándolo de exaltar la pobreza como un valor necesario inherente a la ideología socialista, cuando en realidad hablaba de algo totalmente distinto.

Como siempre, la estrechez mental de quienes ceden irracionalmente a la disparatada lógica del vetusto relato anticomunista desarrollado por el imperio norteamericano los llevaba a erigirse a priori en acérrimos enemigos de las ideas de justicia e igualdad social que encarna el socialismo, impidiéndoles ver más allá de la superficialidad de cada palabra del Comandante (sacadas siempre por ellos de contexto).

Estrechez que les impidió leer, por ejemplo y sin ir muy lejos, el sentido correcto de la expresión “Patria o muerte, venceremos” que habla cabal e inequívocamente de la diferencia entre la propuesta de redención y de vida que encarna el socialismo y la opresión y la muerte hacia la que inevitablemente conduce el inhumano modelo capitalista, pero que ellos en su proverbial miopía entendieron como “Patria Y muerte, venceremos”, como si la frase fuese el enunciado de los atributos del socialismo.

En aquella brillante exposición, Chávez explicaba la distorsión capitalista que coloca al rico como una figura admirable, digna de ser imitada por su capacidad para la acumulación de riqueza, surgida por lo general de la explotación de los trabajadores mientras los pueblos se hunden en la miseria, cuando en realidad vivir bien no tendría por qué ser producto de esa falaz idea del “buen vivir” que surge de la enajenación del ser humano sino que, por el contrario, podría y debería ser el resultado de la acción colectiva de la comunidad.

Por su propia condición gregaria, el ser humano tiende de manera natural a la solidaridad y al trabajo en colectivo para labrar bienestar y progreso. De ese sentido comunitario innato surge la noción de sociedad que el capitalismo pervierte buscando convertirla ya no en un ámbito para la vida sino en un deleznable espacio para el desarrollo del mercado en el cual el individuo pasa a ser solo una fuente de generación de mayor riqueza para los ricos.

Lo que hacen hoy las venezolanas y los venezolanos para sobreponerse por su propio esfuerzo a las restricciones a las que han sido obligados por un imperio insaciable que pretende apropiarse de las riquezas de nuestro país utilizando bloqueos económicos e ilegales y arbitrarias sanciones unilaterales que desconocen el derecho internacional y nuestra soberanía, es la demostración palpable de esa inmensa verdad del vivir bien gracias al trabajo común y solidario del pueblo de la que habló siempre Chávez.

@SoyAranguibel

¿Qué debe esperar el país del diálogo en México?

Por: Alberto Aranguibel B.

Más allá del ámbito de lo político, donde por lo general hay una comprensión más o menos clara de lo que implica un proceso de conversaciones entre actores tan antagónicos como lo son la oposición venezolana y el gobierno revolucionario, existe un amplio sector de venezolanas y venezolanos cuya principal y más impostergable preocupación es la de la asfixiante crisis económica que desde hace ya varios años azota al país, que considera que sentarse una vez más a intentar alcanzar acuerdos que hasta ahora no han sido posibles por esa vía entre ambos sectores sería por lo menos una pérdida de tiempo y un sin sentido frente a la apremiante situación de la economía nacional.

Esas venezolanas y esos venezolanos merecen de la Revolución una respuesta más detenida y fundamentada que todas cuantas aparecen en los medios y en las redes sociales (la mayoría de los cuales, a favor o en contra de dichas conversaciones, son simples puntos de vista personales de quienes los colocan y no la posición oficial del gobierno) que les ayude a comprender de mejor manera la importancia que ellas tienen en la recuperación efectiva y el aseguramiento perdurable del bienestar al que aspira el país.

Ciertamente la mayoría de los intentos previos del diálogo impulsado desde el primer día de su mandato por el presidente Nicolás Maduro han terminado sin arrojar los resultados que se querían, en términos de la superación del conflicto planteado por la oposición venezolana que arbitrariamente ha pretendido desconocer durante años la legitimidad del gobierno nacional, creyéndose entonces con derecho a asumir el poder en el país por encima de la voluntad popular expresada en las urnas electorales. Algo que la mediática y los organismos internacionales de la derecha han posicionado en la opinión pública mundial como “la grave crisis venezolana”, cuyo rasgo fundamental es que tal situación sería producto del carácter supuestamente antidemocrático de una cruel e inhumana dictadura que, según esa narrativa artificialmente impuesta, se mantendría en el poder mediante el terror, la persecución y el exterminio físico de toda disidencia política.

Sin ese posicionamiento internacional (que hoy podemos reconocer responsablemente como el único gran logro de la oposición venezolana) sería definitivamente imposible el bloqueo económico contra el país, porque ninguna nación del mundo, empezando por los Estados Unidos, se expondría al escarnio internacional y a las repercusiones que ello tendría si intentara la más mínima agresión contra alguna democracia reconocida y aceptada mundialmente como tal.

Son muchos los países que, sin siquiera saber muchas veces ni dónde queda Venezuela, se vieron forzados inicialmente a plegarse a ese plan contra el país no por considerar obligatoria o inevitable su participación en la estrategia de bloqueo económico y político de la derecha nacional y del imperio norteamericano, sino por el costo político que les representaba a sus gobiernos frente a sus propios electores incluso la neutralidad en la movilización emprendida contra la supuesta dictadura venezolana, tal como la estaba posicionando la derecha en la opinión púbica internacional.

De lo cual se desprende que, sin lugar a dudas, el primer gran problema a resolver si se pretende superar la difícil situación económica que agobia a las venezolanas y los venezolanos, es precisamente ese de la imagen distorsionada que la derecha le ha creado internacionalmente a nuestro país y que tanto sufrimiento le ha causado a la población venezolana en términos de imposibilidad de acceso de nuestros productos fundamentales al mercado internacional y del impedimento de nuestra economía para operar en el sistema financiero mundial.

Pretender resolver esas distorsiones que tanto daño le han infligido a nuestro pueblo sin eliminar de raíz el origen del problema, es decir; sin desenmascarar la infamia de la supuesta crisis humanitaria sobre la cual ha montado la oposición golpista su afán de hacerse del poder por encima de la voluntad popular; sin darle a conocer al mundo la verdad del excepcional esfuerzo de superación de la violencia y del logro de la paz social alcanzado desde 2017 por Venezuela; sin demostrar el carácter ilegal e inhumano de sanciones arbitrariamente impuestas por el imperio con el único propósito de tomar el control de nuestra economía y hacerse de nuestras riquezas y recursos naturales violando expresamente el derecho internacional y nuestra soberanía, sería definitivamente un desperdicio de tiempo, esfuerzo e incontables recursos económicos que dilapidaría el país si el mundo no se convence primero de esa inobjetable e irrefutable verdad y no cambia entonces de posición frente al injusto e ilegal bloqueo económico y político impuesto.

Por eso, en principio, el diálogo no debe ser entendido de ninguna manera como un bastardo escenario para la innecesaria pérdida de tiempo, ni mucho menos para la negociación de los objetivos del Plan de la Patria, ni de los grandes logros alcanzados por la Revolución Bolivariana en inclusión social y avances en la construcción del modelo comunal participativo y protagónico que la inspira. Pero tampoco como la  prodigiosa instancia plenipotenciaria orientada a la emisión de improvisados decretos y normas con capacidad de resolver de la noche a la mañana y como por arte de magia la crisis económica que agobia al país, a cambio de prebendas políticas de ningún tipo.

De ahí la importancia de llevar a cabo dicho diálogo en el exterior, con intermediación de países y organismos internacionales cuya seriedad y neutralidad sea inobjetable para el concierto de las naciones, más que oportuno para todas y todos las venezolanas y los venezolanos por igual, porque el propósito central de esa reunión no es (ni debe ser) el inconducente intercambio de insalvables puntos de vista entre las delegaciones, que como ya se ha visto, en virtud de la arrogancia y la impertinencia de una oposición que ha jugado hasta la saciedad al saboteo permanente de toda posibilidad de diálogo de altura, no hay manera de poder de acuerdo, sino develar ante el mundo con pruebas irrefutables sobre la mesa ese carácter inmoral, irresponsable y criminal de una oposición que ciertamente pudo haber logrado en algún momento colocar a su favor a la opinión pública internacional gracias al inmenso poder de manipulación, de desinformación y de desvirtuación de la realidad, del cual dispone con la concertación contrarrevolucionaria de organismos y gobiernos poderosos, grandes corporaciones mediáticas al servicio de los intereses de la derecha y, por supuesto, del inmenso poder de los grandes capitales que se mueven detrás de ellos en la búsqueda de mejores oportunidades para el modelo neoliberal capitalista, pero que jamás ha logrado reunir ninguna prueba con la cual sustentar de algún modo creíble y fehaciente su terca y obtusa guerra contra el gobierno revolucionario y contra el pueblo de Venezuela.

A medida que la narrativa opositora de la supuesta tiranía que habría en Venezuela se viene abajo con las demostraciones palpables que el mundo va constatando sobre la verdadera realidad que se vive hoy en el país, el relato contrarrevolucionario se va revelando como una auténtica infamia sin fundamento alguno. Y con ello, van derrumbándose los apoyos que en algún momento llegó a tener más por natural reacción política instintiva que por solidaridad sincera de esos países con el golpismo.

Ya son muchos de los llamados “influencer” internacionales (cuyo perfil es el de visitar personalmente los países en conflicto para dar a conocer al mundo a través de sus cuentas personales el rostro de esas realidades sin la intervención y manipulación falseadora de las corporaciones mediáticas), intelectuales y pensadores progresistas del mundo, así como representantes de organismos internacionales que visitan Venezuela, que han venido dando cuenta de esa verdad insoslayable de tenacidad con la que el pueblo venezolano se está sobreponiendo a la adversidad impuesta, lo que de ninguna manera se ajusta al posicionamiento catastrofista con el cual esa oposición fracasada, apátrida y corrupta como ella sola, ha logrado abrirse un espacio de notoriedad y significación entre buena parte de la opinión mundial, demostrándose de esa y de muchas otras formas que ciertamente una vía impostergable y necesaria para superar la coyuntura de dificultades económicas del país es la de desenmascarar ese infame discurso en todos los ámbitos internacionales donde la verdad de Venezuela pueda ser escuchada con seriedad y detenimiento de boca de los voceros calificados que el gobierno revolucionario responsablemente designe a tal efecto.

Algo perfectamente lógico si se considera que es en el exterior donde esa oposición ha creado una falsa imagen de lo que pasa en nuestro país. Porque hacia lo interno, tal como lo han reafirmado más de veintiséis procesos electorales, es perfectamente claro que la oposición no tiene de ninguna manera el apoyo mayoritario del pueblo, como lo cree la mal informada opinión pública internacional en este momento.

Como siempre, la falsedad y la ineptitud de la oposición quedará en México al desnudo. Y el gobierno del presidente Nicolás Maduro se anotará un triunfo más en su admirable lucha por conquistar la paz que garantice el bienestar y el progreso perdurable de todas y todos los venezolanos por igual, en el marco de la independencia por la que el comandante Chávez entregó hasta su vida y de la cual podamos sentirnos todas y todos eternamente orgullosos.

@SoyAranguibel

País sin guarimbas

Por: Alberto Aranguibel B.

Impactados por la revelación puesta esta semana en redes sociales por la actriz Norkys Batista, en la que afirma luego de un largo autoexilio mayamero, (como el de mucha gente opositora que jugó a la victimización yéndose del país)  haberse encontrado a su regreso con una Caracas “repuestica“, “bonitica”, muy “arregladita”, los venezolanos (chavistas y antichavistas) fueron presa de un estado de shock emocional nada normal.

La sola afirmación del buen aspecto de la ciudad que la actriz diera a conocer, es ya en sí misma una afrenta para el escuálido promedio, que considera que nada, absolutamente nada positivo del país debe ser reconocido por ellos bajo ningún respecto.

Pero el recurrente uso del diminutivo para referirse al notable cambio que ella acepta haber visto, causa una comprensible indignación entre el chavismo que entiende ese tratativo como una expresión despectiva hacia la cuna del Libertador a la que tanto empeño de embellecimiento le ha puesto el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Ni los unos ni los otros parecieran haberse percatado de lo que encierran en verdad las afirmaciones de la polémica venezolana, que no hace otra cosa que marcar la diferencia entre el país azotado por las guarimbas que había cuando ella se fue y la tranquilidad y la paz que existen cuando no las hay.

Ciertamente la zozobra que genera el carácter incendiario de las guarimbas es definitivamente angustiante. Pero la incertidumbre y la desesperanza son sin lugar a dudas efectos de mayor alcance que impactan la psiquis de todo un país más allá del ámbito de las barricadas terroristas.

Esa incertidumbre y esa desesperanza (creada a conciencia por ellos mismos) fue lo que les hizo pensar a muchos que Venezuela era un país forajido y un Estado fallido invivible.

De ahí que quizás el comentario más agudo, acertado y esclarecido de todos cuantos vimos en las redes sociales referido al “affaire” Batista haya sido el de @ElRatonJodedor, cuando escribía: “He sabido de “personajes” que se fueron de Venezuela cuando la vaina estuvo bien fea y que ahora regresaron y dicen que Caracas está bonita, gente feliz, el país en calma, no hay atracos ni robacelulares como antes, etc. ¿No se habrán preguntado si ese milagro tendrá que ver con que ellos se fueran?

Genial. simplemente, genial.

@SoyAranguibel

Caraotas comunicacionales

Por: Alberto Aranguibel B.

Hace ya mucho tiempo, cuando todavía internet era apenas el fantasioso sueño de unos cuatro o cinco inventores delirantes, me topé con el asombro de una familia de amigos oriundos de Maracaibo que se enteraban en aquel momento que yo comía el cereal del desayuno con leche fría. Casi con asco, se burlaban de mí por lo que consideraban un exabrupto gastronómico, ya que, según ellos, la forma correcta de comerlo era con leche caliente.

Nos percatábamos en ese instante, tanto ellos como yo, de una costumbre que venía de más allá de nuestro habitual espacio social. Y la insólita variación en lo que hasta ese momento conocíamos cada uno de nosotros sobre la forma de comer cereal era toda una revelación.

En aquel tiempo, en virtud de las limitaciones tecnológicas y el escaso desarrollo de los medios de comunicación que había en el país (en comparación con lo que existe en la actualidad), el venezolano no alcanzaba a conocer con la facilidad de hoy en día su propia diversidad cultural, ni cultivaba un sentido verdaderamente entrañable de venezolanidad. Lo usual era que se conociera mucho más de la cultura europea o norteamericana que de la venezolana. A eso precisamente se orientaba entonces nuestro arcaico sistema educativo.

De alguna forma mis amigos y yo experimentamos en un mismo momento el fenómeno del intercambio cultural surgido del proceso comunicacional originario, el que se da directamente entre la gente sin la intervención del medio de comunicación que, como se sabe, no promueve la diversidad cultural sino que busca imponer una sola cultura de acuerdo a sus particulares intereses ideológicos y corporativos, en la más perfecta sintonía con el pensamiento y la lógica educativa de la derecha.

Con las caraotas (y el hábito de comerlas con o sin azúcar, de acuerdo al hábito de cada quien) está sucediendo en nuestro país exactamente el mismo fenómeno de entonces, solo que en forma masiva gracias al inmenso poder de las redes sociales en particular, que permiten hoy en día la difusión de ideas simultánea e instantáneamente entre miles de personas sin intervención de medio de comunicación alguno.

En el mismo tono de burla por lo que cada uno considera una atrocidad del otro, ambos grupos se mofan de aquello que hasta hoy desconocían, suponiendo que por esa razón, su propio desconocimiento, la costumbre de ese otro es completamente ilegítima y hasta insensata.

Es la negación misma de la otredad; de la existencia del prójimo como expresión de diversidad. El individualismo impreso desde siempre en el código genético del ser humano, pero que el capitalismo va inoculando subrepticiamente en la sociedad en un meticuloso pero muy persistente proceso de alienación y enajenación cultural.

Es por eso que es tan fácil encontrar en el país eventos como el que conocimos en los albores del proceso revolucionario, en plena efervescencia del fascismo desatado por la derecha a mediados del año 2002 (el momento cúspide del liderazgo de aquel inefable profesor Leonardo Carvajal como referente educativo de la oposición), en el que un grupo de padres y representantes de un colegio muy prestigioso del este de la capital amaneció un día a las puertas del instituto exigiendo la destitución de una profesora de bachillerato a quien los alumnos le habían preguntado el día anterior el significado del término “solidaridad”, a lo que ella simplemente había respondido que significaba “cooperación desinteresada, hermandad y compañerismo“. Obviamente una definición que les resultaba demasiado “chavista” (y, por ende, muy inaceptable) para sus gustos.

A medida que avanzan las tecnologías de la comunicación y surgen nuevas formas de intercambiar conocimiento de manera directa entre la gente, afloran también esas taras sociales que a través del tiempo ha buscado imponer el capitalismo como cultura. Y que todo proceso revolucionario debe atender como tarea impostergable, tal como lo alertara insistentemente el Comandante Fidel Castro cuando advertía que una revolución es verdadera cuando es una revolución de las ideas.

Pareciera muy simple, y hasta divertido, porque se trata de caraotas y no de un tema expresamente político. Pero en verdad es un asunto de principios y de valores tan importante como la política, sobre el cual hay que reflexionar mucho hoy en día.

@SoyAranguibel

Legalismos anacrónicos

Por: Alberto Aranguibel B.

Las leyes de un país son idóneas en la medida en que expresan no solo la intención de regir el comportamiento de la sociedad, ya sea en términos individuales, colectivos, corporativos o institucionales, sino también el sentido correcto en que deben hacerlo.

Las leyes no pueden estar al servicio de disparates de ninguna naturaleza, como la regulación de la brisa o de las formas de las montañas, porque por mucha fuerza legal que tuviesen, además de ridículo, sería insensato. Con lo cual su acción reguladora quedaría en entredicho y su poder punitivo completamente disuelto. Por eso una máxima insoslayable del derecho es el principio según el cual las leyes deben estar orientadas por el sentido común.

La elaboración de las leyes exige la observancia ya no solo de la pertinencia y de la razón de las mismas, sino del sentido correcto y de la forma que cada una de ellas debe tener para que sirvan efectivamente a los propósitos normativos para las cuales son concebidas. De ahí la importancia en la sociedad de los poderes o cuerpos legislativos, cuya labor esencial es la de la detección del requerimiento normativo y su consecuente redacción según las necesidades y propósitos del entramado legal del país.

Por eso cuando vemos al señor Fiscal General de la República enumerando delitos como “Hacerse justicia por mano propia” o dar “Muerte a animal ajeno”, cada vez que alguien es imputado por maltrato animal, no puede uno sino contrariarse por los exabruptos que esos anacronismos semánticos comprenden, porque maltratar o asesinar a un animal no es de ninguna manera una forma de justicia (ya sea por mano propia o ajena) ni mucho menos puede ser lícito maltratar o asesinar a un animal si el asesino es propietario del mismo, tal como se infiere de la forma en que están redactados los instrumentos legales que los contienen.

En ambos casos, “hacerse justicia por mano propia” o “dar muerte a animal ajeno“, cualquier abogado medianamente astuto podría alegar (si es que ya no lo han hecho) y con sobrada razón, que su defendido no está imputado por crímenes contra los animales, sino por usurpación de funciones. Con lo cual la pena por las atrocidades que eventualmente haya cometido sería poco menos que irrisoria.

Cuando se aspira una sociedad legalmente avanzada, lo primero que debe atenderse es la corrección de las vetustas formas del lenguaje ampuloso y rimbombante que alguna vez pretendieron tener las leyes para infundir autoridad y respeto de acuerdo a los usos lingüísticos de antaño.

Revisar esas deficiencias en el lenguaje legal del país para adecuarlo a la nueva realidad y al nuevo nivel idiosincrático de la población es una tarea tan importante como la función normativa del sistema legislativo mismo, porque la sindéresis de los delitos también evoluciona.

@SoyAranguibel

¿Diálogo diferente?

Por: Alberto Aranguibel B.

Para nadie es un secreto que la historia de los diálogos que hasta ahora se han llevado a cabo entre el gobierno y la oposición extremista del país han estado signados siempre por el mismo recurrente factor detonante, introducido por este último sector que ha escogido como su invariable carta de triunfo la estrategia de asistir a dichas reuniones aparentándose demócrata y conciliatoria, pero única y exclusivamente con la aviesa intención de patear a última hora la mesa de conversaciones con el mayor estruendo posible.

Tiene que ser así porque es perfectamente lógico que una dirigencia tan mediocre en política como la opositora procure mostrarse ante sus seguidores como un liderazgo astuto y ocurrente, capaz de cualquier trastada contra el chavismo que esa militancia opositora tanto odia, así sea mediante el uso de recursos tan bastardos como ese de victimizarse en forma tan pueril y chapucera.

En todos y cada uno de los encuentros esa oposición no ha reparado jamás en el ridículo al que se expone mundialmente dejándose ver las costuras por todas partes, desde que abre la boca para denunciar frente a los mediadores presentes (sean quienes sean) infinidad de supuestos e infundados delitos o falsas inconstitucionalidades que antojadizamente le atribuye al gobierno, pero sobre los cuales jamás presenta pruebas o documentación que los avale sino que son apoyados en su sola verraquera antichavista de palabra y nada más.

Patear entonces la mesa y salir vociferando infamias contra sus interlocutores es la única opción viable que encuentra después de quedar en evidencia en sus pérfidas inconsistencias. Pero… ¿Le será posible hacer lo mismo esta vez en México?

Si algo tiene esa obtusa y terca oposición es su incapacidad para evolucionar y resolver o corregir los errores en los que incurre, que invariablemente la conducen a la derrota y a un fracaso cada vez mas estrepitoso, por lo que no sería extraño que esta vez reincidiera sin el menor pudor en la misma torpeza de intentar hacer colapsar el proceso de conversaciones desde adentro.

Solo que esta vez es distinto, porque la inmensa mayoría de quienes antes les seguían ciegamente, hoy les recrimina abiertamente el dolor que le han causado a su propia militancia pidiendo cada vez más sanciones contra el país y robando cada vez más a sus anchas el dinero de los venezolanos, sin llevar a cabo jamás todo aquello que prometen.

Ahora sí serán escrutados cuidadosa y conscientemente por los suyos.

Eso, en época de elecciones, es más que decisivo.

@SoyAranguibel

Un señor muy viejo…

Por: Alberto Aranguibel B.

En uno de sus cuentos más fabulosos, García Márquez describe el pavoroso fenómeno de un insólito ser que de forma inusitada apareció un día en el patio de la humilde casa de Pelayo y Elisenda agitando sus alas en medio de un ventarrón de polvos siderales nunca vistos en el pueblo, y la forma en que se convirtió en la atracción de los pobladores que de inmediato, a medida que se regaba la noticia del arribo de aquel inusual hombre alado, formaron inmensas colas de gente dispuesta a pagar lo que fuera para ver al magnífico espécimen que tanta admiración despertaba.

A lo largo del fascinante relato el lector asiste al auge y decadencia de un acontecimiento que en un primer momento cautivó como ningún otro a la gente de aquel pueblo taciturno, pero que al pasar de los días, cansados ya de las inexplicables inconsistencias de un anciano alado que no daba respuestas a ninguna de las interrogantes que se le hacían, terminaron por desentenderse de él, por lo que el pobre hombre que apenas días antes había llegado a ser la sensación nunca antes vista, acabó arrastrándose por los rincones de la casa con la lastimosa dignidad de un perro viejo que no lora conseguir nunca dónde echarse.

Exactamente el mismo desecho humano que hace hoy la oposición venezolana con el que apenas ayer era el más deslumbrante y prometedor líder jamás visto en el ámbito del antichavismo, pero que hoy, vista la forma despectiva en que lo tratan los mismos que tanto lo veneraban, no es más que un cadáver político insepulto (como denominara a ese género el padre de la democracia… puntofijista).

A ese cadáver insepulto se le vio hasta hace poco recorriendo las plazoletas en las que antaño reunía a la gente bien de las más encumbradas clases sociales del país que lo veía como a un Cristo redivivo, dando tumbos de desconsuelo entre sillas vacías que algunos pocos todavía le ponen esperanzados en su resurrección, ofreciendo al aire que lo circundaba un muy transigente y bondadoso acuerdo nacional con el que pretendía sustituir el inflexible y riguroso mantra de los tres puntos que planteó cuando era la revelación del este del este.

Desde entonces, una cuña difundida insistentemente en los medios de comunicación y las redes sociales sigue pidiendo a gritos el susodicho acuerdo que a él nunca nadie le pidió. Pero esta vez en la soledad de unas letras animadas sobre un fondo blanco con algunas rayas tricolores.

Sin la presencia del antiguo líder que hoy ha sido desechado.

Ya ni en sus propias cuñas lo ponen.

@SoyAranguibel

Internet: ¿Apolítica o antipolítica?

Por: Alberto Aranguibel B.

Una idea recurrente en la narrativa usada para describir los procesos de manifestaciones o protestas populares que se dan hoy en el mundo (avalada casi siempre por el pensamiento de izquierda) es la que busca resaltar el carácter supuestamente apolítico de las mismas para colocar como el causante de las movilizaciones únicamente a las redes sociales y su relativo poder de convocatoria.

Pero, las movilizaciones del pueblo no son tan irracionales o sin fundamento como esa tesis sugiere. La motivación de la lucha popular por sus justas reivindicaciones es siempre la razón de ser de esos eventos. Sin embargo la derecha, en su terco afán por distorsionar la realidad, procura invisibilizarla en favor de los intereses corporativos del gran capital.

La importancia que tiene para el sistema capitalista el logro de una meta tan largamente perseguida, como la de instaurar en el mundo un mecanismo poderoso de desbordamiento absoluto de las barreras de soberanía que tanto le cuestan al imperialismo y a la lógica del mercado sortear para hacer lo que les venga en gana sin restricciones que le limiten, es quizás lo más sustantivo de ese enfoque.

El objetivo supremo en la lógica de la dominación que como potencia imperialista se plantea la multimillonaria clase política norteamericana, impúdicamente apoyada por las élites de la derecha internacional, la primera gran sometida a la dominación global del imperio, es erradicar de la faz de la tierra el principio de Estado Nación que rige hoy a los países del mundo, para sustituirle con un modelo unipolar de control que deje atrás toda idea o noción de la política como medio de activación y organización social.

En ello, nada mejor para ese anhelando sueño de supremacía absoluta que tanto ha desvelado al capitalismo desde hace siglos, que una herramienta aceptada como es por tirios y troyanos como el idílico ámbito de la libertad de expresión ilimitada e irrestricta que dice ser, pero que en realidad no es. Nadie en el mundo escapa hoy a la severa censura que imponen internet y las redes sociales a quien no acate sus arbitrarias y auto impuestas normas de funcionamiento. Nadie escapa al férreo escrutinio ejercido por las agencias de seguridad norteamericanas sobre los datos privados de la gente en todo el planeta.

En vez de ese contranatura prodigio pseudo comunista como el que se vende, internet no es más que la más poderosa herramienta jamás lograda para asegurar la desmovilización social y perpetuar con su subrepticia narrativa de la antipolítica el sistema capitalista del cual surge y al cual en definitiva se debe.

Si no, pregúntenle a Mark Zuckerberg. El bastante que sabe de eso.

@SoyAranguibel

Conmemorar a Chávez

Por: Alberto Aranguibel B.

A nadie se le ocurre celebrar el cumpleaños de un Prócer de la Patria, sino conmemorar su natalicio.

La diferencia entre un término y el otro no es simplemente semántica.

Se trata de la inequívoca significación simbólica referida a la estatura de quienes lucharon para lograr la libertad de todo un continente y por la reivindicación de la justicia y la igualdad como base del modelo social que nos proponíamos como naciones libres y soberanas.

Celebrar su cumpleaños, antes que conmemorar solemnemente la fecha de su natalicio, sería, por una parte, colocar el evento en el rango de una efeméride cada vez más absurda, porque habiendo trascendido a otro plano en el que es imposible celebrar su existencia física, lo que corresponde es honrar la grandeza de su legado inmarcesible y de su memoria imperecedera. Mucho más importante, sin lugar a dudas.

Por la otra, reducir a fiesta de torta y velitas la gloria que alcanzaron en su trascendental epopeya, además de absurdo, como decimos, sería rebajar el acontecimiento al futil espacio de la trivialidad.

Conmemorar el natalicio de una figura trascendental para la Patria como Hugo Chávez, cultor del ideario bolivariano como no lo fue jamás nadie en nuestra historia, no es pues, de ninguna manera, una celebración desproporcionada que distancie su figura del calor del pueblo con el frío brillo de los monumentos, como alguien pudiera sugerir, sino el correcto y más sentido  homenaje que el país, las venezolanas y los venezolanos, podrá brindarle eternamente a quien supo entregarlo todo por la construcción del mismo modelo de justicia e igualdad soñado por el Padre de la Patria.

La idea de la ausencia de una figura tan entrañable resultará siempre chocante. Pero felicitarla como si estuviese todavía en el plano terrenal, negándole el reconocimiento de su tránsito hacia la inmortal gloria que le corresponde, pudiera llegar a ser incluso hasta ofensivo a su memoria. Y no la hace más cercana de lo que es hoy en el corazón y en el alma del pueblo.

Nos toca entonces a las venezolanas y los venezolanos cumplir también con la obligación histórica de exaltar como es debido el inmenso legado del Comandante. 

Hugo Chávez merece pasar a la historia con la misma grandeza de la lucha por él librada. Una obra cuya dimensión será cada vez más admirable e infinita.

@SoyAranguibel