2022: del milagro a la acción

Por: Alberto Aranguibel B.

El balance que presenta el país luego de las más intensas batallas por la recuperación económica libradas por el gobierno revolucionario contra el criminal asedio imperialista que ha causado tanto padecimiento al pueblo venezolano, comienza a ser calificado por los analistas internacionales como un verdadero milagro. Y tienen toda la razón.

El solo hecho de haber superado la compleja coyuntura política que mantuvo durante meses en vilo al país con los insistentes intentos de derrocamiento del gobierno por vía de la violencia y las acciones golpistas llevadas a cabo por la oposición ultraderechista, es ya en sí mismo un logro descomunal en medio de las limitaciones impuestas por el imperio a nuestra economía. Ningún gobierno habría podido sostenerse en pie en tales circunstancias como lo hizo el del presidente Nicolás Maduro mediante un admirable manejo del escenario político que, finalmente, después de infinidad de intentos de diálogo propuestos por él desde el principio de su mandato, logró encausar a la mayoría de los partidos de oposición por la senda electoral, mientras el tinglado del interinato se desmoronaba por su propia ineptitud e incompetencia.

Dejar atrás la posibilidad del rompimiento del hilo constitucional surgida de una aventura de mercenarios chapuceros como los contratados por la banda de maleantes al servicio de la derecha golpista, es una victoria trascendental que tiene que celebrar no solo el ámbito del chavismo, sino la misma militancia opositora que a la larga habría tenido que cargar por igual con la bastarda designación de “república bananera” que nos habría correspondido como Estado fallido que ese escenario habría representado por décadas ante el mundo, sin contar la tragedia que habría significado la prolongada guerra civil entre las venezolanas y los venezolanos que sin lugar a dudas ello habría desatado.

Administrar en medio de tales circunstancias los muy limitados recursos de los que disponía el Estado después de la abismal caída del ingreso para sostener, e incluso incrementar, las políticas de protección social que le han garantizado al pueblo de los estratos mas humildes vivienda, educación, salud en forma gratuita, así como la prestación de servicios públicos altamente subsidiados (la mayoría de ellos rescatados con gran esfuerzo de los arteros ataques terroristas de los que han sido objeto) y la puesta en marcha de la intensa campaña de vacunación masiva contra el Covid19, ejemplo de organización y sentido de responsabilidad en la región, no ha sido tarea fácil. Pero se hizo.

El mensaje de fin de año ofrecido por el presidente Maduro a las venezolanas y los venezolanos, es una síntesis más que resumida de todos esos logros (y muchos más alcanzados en este periodo en otras áreas, como el rescate y saneamiento de espacios públicos) en términos de la significación simbólica de los mismos en el marco de la geopolítica que de una u otra manera signa el rumbo de la economía nacional en todo este tiempo. La derrota de la farsa de gobierno paralelo montada por la oposición, con la consecuente caída del interinato ficticio encabezado por el inefable exdiputado Guaidó, así como la realización de elecciones inobjetables para escoger diputados a la Asamblea Nacional y autoridades en todos los niveles del gobierno regional y local, suponen una recuperación progresiva de la imagen del país en el ámbito internacional por todo cuanto ello traduce de estabilidad, gobernabilidad, y muy fundamentalmente de paz social alcanzada por el pueblo en su conjunto, con lo cual las posibilidades para una definitiva y sustancial reactivación económica del país durante este año que se inicia son mucho más que evidentes.

Marcado por el carácter religioso de las festividades de fin de año, el futuro no deja de estar circunscrito entre las venezolanas y los venezolanos a la narrativa de la fe y la esperanza más bien de naturaleza milagrosa, más que al pragmatismo necesario para encarar la nueva realidad a la que estamos obligados en uno u otro sentido, ya sea por la severidad de las condiciones económicas a las que el país continúa sometido o a las que la pandemia (todavía sin panorama cierto de extinción) circunscribe.

Se sigue pensando (con la mejor buena fe por parte de la mayoría del pueblo en virtud de su profunda religiosidad) que un providencial golpe de suerte surgido de la impronta del nuevo año ya no como creación inmaterial del ser humano sino como entidad con poderes transformadores propios que llevan a la gente a prometerse entre unos y otros la mayor prosperidad como si de un bien transable caído del cielo se tratara, podría deparar fortuna y bienestar con la sola finalización del año viejo.

Un concepto de la predestinación que quizás era comprensible en tiempos del rentismo petrolero, del que surgían riquezas las más de las veces inexplicables y que no ameritaban esfuerzo alguno, siempre a costa del hambre y la miseria de las grandes mayorías de venezolanas y venezolanos, a la cual el propio presidente Maduro le sale al paso en esta oportunidad llamando insistentemente la atención sobre el origen verdadero de ese tan notable avance que comienza a evidenciar el país en cuanto a la dinamización de su economía y de su actividad laboral en todos los terrenos, aún a pesar de la sustancial caída de la producción petrolera de los años precedentes, y que no es otro que el trabajo tenaz y comprometido de las mujeres y hombres que han dado la batalla por superar las dificultades en medio de la brutal agresión imperialista con creatividad e ingenio, pero a punta de esfuerzo y sudor propios.

Haber saltado en apenas meses de la dependencia alimentaria con una importación históricamente estimada en un 95% del consumo nacional, a un 85% de producción nacional en todo lo que hoy consumimos, es sin lugar a dudas mucho más que un milagro toda una proeza de dimensiones inimaginables hasta hace muy poco tiempo, más aún si se toma en cuenta la escasa capacidad de financiamiento con la que esa transformación se ha llevado a cabo. Vale decir, entonces, que es el factor humano y ningún otro el determinante en la posibilidad de hacer del nuevo año el año del relanzamiento definitivo de la economía venezolana, de cara a las exigencias de esa nueva realidad no solo económica sino social en la que deberá desempeñarse por ahora la humanidad, y en particular nuestro país que emerge como ave Fenix de sus propias cenizas para continuar construyendo el modelo de justicia e igualdad social que en buena hora emprendió de la mano del comandante Chávez, y que fuera truncado aviesamente por la perfidia de una derecha insaciable ávida de poder y de riquezas sin importarle para nada el sufrimiento de todo un pueblo.

2022 será sin lugar a dudas el año de ese relanzamiento económico porque lo peor de todo aquello de lo que era capaz esa derecha pendenciera y corrupta, ha sido disuelto. Ya no hay Guaidó ni siquiera en las plazoletas solitarias del este del este (y muy probablemente lo que suceda es que mas temprano que tarde termine encarcelado por los delitos cometidos contra la constitución y el erario público). No hay payasos desquiciados al frente de la Casa Blanca, sino imperialistas comunes y corrientes. No hay Piñera impulsando desde Chile la maldad y el odio hacia nuestro país. Ni mediocres Vizcarras en Perú, ni acomplejados Morenos en Ecuador. Y, con toda seguridad, no habrán a partir de los próximos meses ni Duques ni Bolsonaros montando conspiraciones en nuestras fronteras.

Ciertamente seguirá existiendo (cada vez con mayores problemas en su propia economía) un imperialismo rapaz y genocida como el que encarna EEUU, empeñado en agredir nuestra soberanía. Seguirán, por supuesto, existiendo dificultades económicas severas contra las cuales habrá que seguir combatiendo. Y seguirán existiendo, sin lugar a dudas, opositores obcecados y tercos empecinados en torcer el modelo democrático venezolano para ponerlo al servicio de sus particulares intereses crematísticos.

Pero el grueso de la que en mala hora llamaron “la crisis venezolana” (que en realidad fue siempre la crisis de una oposición retardataria que se negó a aceptar las reglas de la democracia) y cuyo eje medular era la incertidumbre de si el pueblo venezolano sería suficiente y capaz de enfrentar la agresión con el estoicismo y el compromiso patrio necesarios para sobreponerse a las dificultades y a la agresión imperialista, tampoco existe ya.

Ahora el país sabe que el futuro no se construye con milagros sino con acciones tangibles y concretas. Tal como lo propuso desde siempre el Comandante Chávez y como lo expresa hoy con entera claridad y visión de auténtico estadista el presidente constitucional de la República, Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

Aranguibel: «Por supuesto que este año vendrán mejores tiempos»

Presentamos el programa 360, transmitido el lunes 03 de enero del 2022 bajo la conducción del periodista Boris Castellano, en el que se incluye nuestra reflexión de apertura del nuevo año y la perspectiva que vemos para Venezuela.

@SoyAranguibel

No había ninguna dictadura

Por: Alberto Aranguibel B.

La novedad de las artistas (ya no una, sino varias) anunciando por las redes sociales su complacencia con lo hermoso que han encontrado el país luego de años de autoexilio mayamero, conmocionó al escualidismo como ninguna otra novedad lo había hecho desde hace casi una década, cuando el fallecimiento del Comandante Chávez estremeció más que ninguna otra noticia en la historia reciente a chavistas y antichavistas por igual.

¿Cómo que Venezuela está bonita?” les respondieron exactamente igual de coléricos que cuando hacían guarimbas al frente de sus propias casas para decirle al mundo que el régimen estaba acabando con su libertad.

“¿Es que acaso no han visto LOS MILLONES de muertos en las marchas?”, se atrevió a decir un escuálido desaforado por las mismas redes.

Así, poco a poco, fueron llegando “influencers” como arroz, a decir no solo lo mismo que las actrices, sino a poner en video lo que estaban encontrando, ya no en Canaima o en Los Roques, sino en los barrios más candelas de todo el país, hasta donde empezaron a meterse para comprobar de primera mano hasta dónde era verdad lo de la supuesta “crisis humanitaria” que esos mismos escuálidos coléricos le habían dicho insistentemente al mundo que había en Venezuela.

Ahora aparece nada más y nada menos que Ricardo Koesling, el más furibundo fascista de toda esa cáfila de trogloditas incendiarios que un día decidieron que en el país había que poner el gobierno que a ellos les diera la gana y nada más, rumiando su más grande arrechera porque todo lo que dicen las actrices y los influencers es no solo verdad, sino que se quedan cortos.

¿Esa es la tiranía venezolana…!!!?” grita desquiciado, como buscando desesperado que alguien del gobierno le responda que él también puede venirse sin problemas cuando quiera, como si eso fuera así de simple con un terrorista consumado como él. Farsantes como son por antonomasia, no tienen jamás ni el más mínimo pudor para contradecirse y presentarse con su cara muy lavada a cuanto jolgorio chavista se les ponga enfrente, o para disfrutar a pierna suelta las infinitas bondades de vivir en Venezuela. Por eso no salen de un solo fracaso.

Y uno se pregunta… Si el presidente, el gobierno y el país, son los mismos de hace nueve años, cuando ellos se fueron, entonces ¿Qué pasó ahí? ¿Qué fue de aquel irracional empeño negacionista de la legitimidad del gobierno revolucionario del que tanto se ufanaban?

La respuesta es muy simple; el asunto es que nunca hubo dictadura alguna en Venezuela, sino una brutal guerra de desinformación y de distorsiones infames inventada por la pérfida mente del liderazgo opositor para engañar a su propia gente mientras buscaban hacerse con total impunidad de los activos de la República en el exterior.

Sucedió que no calcularon nunca que el gobierno bolivariano tendría la inmensa fortaleza de apoyarse no en la ficción opositora de las redes sociales, sino en la voluntad mayoritaria del pueblo, por el cual el presidente Nicolás Maduro ha entregado su mayor esfuerzo en protección, precisamente contra la brutal guerra promovida por esos apátridas de la oposición.

Eso fue todo.

@SoyAranguibel

Despedida imposible

Por: Alberto Aranguibel B.

Para Earle

¿Cómo se despide a un poeta… a un ser luminoso que no se va, sino que se queda… y cuya partida no es hacia el olvido de las catacumbas sino hacia la eternidad sublime e infinita?

¿Cómo se despide a los revolucionarios a carta cabal que no flaquean jamás frente al enemigo y que por el contrario enaltecen a cada paso el valor de sus ideales de justicia e igualdad social como lo hizo siempre Earle?

¿Cómo se despide a un intelectual íntegro, como él, que supo convertir la letra en grito vigoroso de la vida, en ejemplo de periodismo responsable y de la mayor altura, en poesía fenomenal y maravillosa, en canto emocionado con olor a terruño de su pueblo, a lluvia fresca de la mañana, a montaña eterna, médanos ventisqueros y costas luminosas como él tanto amó desde su venezolanidad pura y sin dobleces?

¿Cómo hacer para que el saludo a un gran amigo, hermano y camarada, no sea esta vez el de los encuentros casuales y sencillos con los que nos congraciamos en las gratísimas tertulias literarias, los fructíferos intercambios de reflexión política que con tantas luces supo iluminarnos en todo momento. Sino que más bien, por el contrario, sea el saludo que se le brinda a quien ahora, en su tránsito hacia ese nuevo estadio de la eternidad imborrable se hará cada vez más grande e imperecedero en el afecto y en el amor?

Solo Earle podría haber respondido a tantas y tan pertienentes interrogantes en esta hora de inmenso dolor, con su fina sabiduría, su proverbial humildad y su inefable contundencia de hombre taciturno pero de paso firme, que llevaba como solo él podía hacerlo la procesión (que la tenía y doy fe de ello) por dentro para no incomodar a quienes esperaban de su verbo incendiario y contundente solo ese buen y fino humor que tanto le caracterizó.

Solo él, como insigne y ejemplar maestro de la palabra, podría decirnos en esta amarga hora de su partida, con qué texto se construye un adiós fraternal y entrañable como él lo merece, con sabor a bolero añejo y a ranchera trasnochada como los de aquellos inolvidables botiquines de la legendaria República del Este que él tanto supo honrar.

Hasta la victoria siempre, querido camarada. Seguirás vivo en la memoria imborrable que te ofrendará tu pueblo en agradecimiento eterno.

Y en tus letras prodigiosas cargadas de vida, como siempre.

@SoyAranguibel

Añorar tu terruño

Por: Alberto Aranguibel B.

Resulta chocante, e incluso insultante, que, según el parecer particular de los amargados, ahora todo el que va a hablar de Venezuela tiene que empezar, porque sí, hablando de la pobreza que hay en el país, de las deficiencias en los servicios y hasta de la falta de dólares (como si esa fuera la moneda de curso legal) porque, si no, puede ser objeto de los peores señalamientos.

Una moda que no se ha visto en ninguna parte del mundo, donde no es de ninguna manera un requisito indispensable la obligatoriedad de resaltar antes que nada, apenas llegues a cualquier país, los padecimientos que con toda seguridad hay (lamentablemente) hasta en el último rincón del planeta.

Pero en Venezuela la absurda norma de explicar la pobreza antes que ninguna otra cosa se ha convertido en el habla correcta para gente que por lo general suele no escatimar esfuerzos para ingeniarse cuanto mecanismo de prevaricación aparezca como fórmula de sobrevivencia, empezando por el “raspacupismo” con el que hace años empezó esta tragedia, hasta el bachaqueo de alimentos que todavía hoy padecemos, muchos de los cuales dieron origen a los males que nos aquejan.

Sin ir muy lejos, a cada rato tiene uno que lidiar con sempiternos acusadores (tanto de la oposición como del chavismo) que se niegan a aceptar hasta el más mínimo comentario que uno pretenda hacer sobre lo bien que le ha ido al país en la superación de la profunda crisis que nos ha sido inoculada intencionalmente por la contrarrevolución con la expresa finalidad de causar precisamente ese malestar del que muchos, con toda razón, se quejan.

Imposible imaginar, por ejemplo, a los judios reclamándoles a gritos a los Reyes Magos porque no iban a ver a la gente de los barrios de Belén en vez de estar regocijándose con el nacimiento de Jesus y dándole joyas y oro a granel mientas los demás pasaban hambre.

Así de absurdo es el reclamo de quienes exigen que para hablar de Venezuela hay que hacerlo resaltando la faceta más deprimida y deprimente del país, porque, de no ser así, no eres un buen venezolano.

Lo más triste es que todo el que viaja al exterior, lo primero que encuentra es que donde va hay más pobreza y más dificultades para vivir dignamente, infinitamente mayor cantidad de problemas y obstáculos para salir adelante. En fin, descubre que la pobreza no es, como pretende presentarlo de manera infame el capitalismo, un signo de las revoluciones socialistas.

Desde ese instante lo único que añora con pasión es regresar a su terruño.

@SoyAranguibel

Elecciones y sanciones

Por: Alberto Aranguibel B.

Frente a la brutal guerra mediática desatada en su contra por las fuerzas de la derecha nacional e internacional, Venezuela acaba de darle al mundo una inmensa sorpresa con la celebración de unas mega elecciones en las que no se produjeron conflictos ni irregularidades de ninguna naturaleza, y en las cuales, en medio de las muy particulares restricciones a las que obliga la pandemia que hoy enfrenta la humanidad, el pueblo ha ratificado una vez más de forma pacífica su profunda vocación democrática con una participación electoral que supera toda expectativa para una elección de autoridades regionales y locales dadas esas circunstancias.

Sorpresa, porque desde hace algunos años el mundo ha sido víctima de una de las más fabulosas operaciones de engaño jamás concebidas, a través de la cual la oposición venezolana le hizo creer a la opinión pública internacional que en nuestro país imperaba la más brutal y sanguinaria dictadura, que impedía el libre ejercicio de la política y reprimía toda expresión de disidencia.

Jamás pudo suponer el mundo, donde, salvo la bochornosa realidad española y buena parte de la suramericana, la política se ejerce con un claro sentido de la seriedad y la responsabilidad por parte de los actores políticos, que podía ser víctima fácil de los distintos mecanismos o fórmulas usadas por la derecha venezolana para justificar su empeño en derrocar al legítimo gobierno revolucionario venezolano. 

Fue esa derecha irresponsable la que promovió intensivamente las distorsiones económicas que llevaron a cientos de miles de venezolanos a emigrar hacia países donde muchas veces ni siquiera sabían dónde quedaba Venezuela, y mucho menos cuál era su realidad política, pero con la cual se solidarizaban pensando muchas veces que en verdad en nuestro país había un holocausto comunista acabando con las posibilidades de la vida. 

También fue esa derecha la que impulsó, por ejemplo, a la esposa de un terrorista juzgado y encarcelado por las leyes venezolanas siguiendo el debido proceso judicial, a irse a gimotear durante meses en los mas diversos escenarios políticos del mundo, sin discurso alguno sino con la sola exposición de su hermoso rostro de niña llorosa fingidamente agredida por un brutal dictador. Nunca pudo el mundo comprender que en un país donde las telenovelas fueron durante décadas el producto de mayor exportación, una venezolana como Lilian Tintori pudiera falsear con tanta capacidad melodramática la verdad, y por ello cayó también en esa trampa.

De ahí en adelante, con una opinión pública mundial profundamente sensibilizada con el discurso de la derecha venezolana (que más allá de su altisonante discurso jamás ha podido demostrar en la práctica su cacareada  e ilusoria mayoría) aunado a la inclemente guerra mediática que se sumó a ese pérfido plan de descrédito en el mundo, a la derecha internacional le fue relativamente fácil articular la agresión contra nuestro país que hoy en día se presenta en forma de bloqueo económico, sanciones unilaterales, violación expresa y persistente del derecho internacional y del derecho de nuestro pueblo a decidir soberanamente su modelo político, a través de una injerencia practicada y sostenida por las fuerzas contrarrevolucionarias del continente y del mundo, empezando por el imperio norteamericano y sus aliados, en su proverbial y delirante lucha contra el comunismo.

Pero, nunca hubo justificación alguna para las criminales sanciones políticas y económicas ilegalmente aplicadas por el imperio norteamericano contra Venezuela, porque la supuesta dictadura, ni militar, ni comunista, ni de ninguna otra naturaleza en la cual se apoyó para hacerlo jamás existió en nuestro país.

Como si hubiese hecho falta, la elección llevada a cabo en Venezuela esta semana selló definitivamente la verdad que ha sostenido el legítimo gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en cuanto a la solidez de nuestra democracia participativa y protagónica; el destino de Venezuela lo deciden soberanamente las venezolanas y los venezolanos.

Queda claro, en primer lugar, el verdadero peso del Partido Socialista Unido de Venezuela en la política venezolana, confirmándose no solo su innegable mayoría en el respaldo popular, sino avanzando hacia importantes espacios hasta ahora gobernados por la oposición, como las gobernaciones de Táchira y Anzoátegui. Lo que reduce a tres los estados en los que la oposición será gobierno a partir de ahora.

Queda también al descubierto el desastre opositor, no solo por el significativo retroceso que para ese sector representa la pérdida de esas importantes gobernaciones, sino por la descomunal derrota al modelo de la violencia y el estallido social promovido por la derecha reaccionaria y terrorista que tanto ha inundado de destrucción y sangre al país. Algo de lo cual dan fe irrefutable las profundas divisiones y conflictos internos que pudieron evidenciar de manera directa los observadores internacionales, frente a quienes terminaron los candidatos de la oposición cayéndose a cachetadas y golpes en medio de la campaña electoral.

Cambian de mano dos estados importantes como Zulia y Cojedes, lo que no hace sino corroborar el carácter profundamente civilizado y plural de nuestro modelo democrático, que permite la expresión política del pueblo y acepta sus diferencias de opinión sin traumas de ninguna naturaleza, aún cuando la escogencia en esos estados haya sido de tres los más inequívocos exponentes de la más vetusta política cuartorepublicana. Un verdadero salto hacia el peor pasado político del país, lo que ya en sí mismo habla del carácter insustancial y vacuo de la propuesta opositora venezolana, que por más que se empecine en negarlo jamás ha presentado alternativa alguna de futuro sino mas bien de todo lo contrario.

Como corolario del fracaso opositor, hoy esa infamia deja una vez más en ridículo al gobierno norteamericano que, como una suerte de errático salvavidas buscando resucitar a un ahogado mediante respiración artificial, apareció a última hora reiterando desesperado su reconocimiento al bufón que en mala hora pretendió imponer como jefe del Estado venezolano. Uno más en la larga cadena de errores cometidos por el imperio.

Una elección, en definitiva, que deja en evidencia a quienes le han mentido persistentemente al mundo mediante una campaña de descrédito que nos presenta como un país asolado por una terrible crisis terminal, tratando de sacar provecho político con la infamia y la calumnia contra Venezuela y llenándose los bolsillos con los miles de millones sustraídos al erario público a través del descomunal robo de los activos del Estado en el exterior.

A lo interno del PSUV, los análisis de las fallas y errores no se detiene. La doctrina chavista de las 3 erres (Revisión, Rectificación y Reimpulso) es una norma asumida como mandato por el presidente Nicolás Maduro Moros, y por eso desde el primero momento de emitidos los boletines correspondientes del Consejo Nacional Electoral (CNE) dando cuenta de las variaciones porcentuales que muestran las altas y las bajas de la revolución en términos electorales, el primer mandatario convocó a reuniones extraordinarias de análisis de los resultados con el alto mando político de la Revolución.

No deben ser momentos solariegos, pero sí de alegría en la militancia revolucionaria, porque el logro alcanzado en medio de las profundas limitaciones y dificultades para superar la agresión imperialista contra el pueblo, es simplemente descomunal frente a lo que pudo haber sido si no estuviera al frente del gobierno un mandatario con la visión y la capacidad de nuestro presidente constitucional y un alto mando político fiel al ideario chavista como el del PSUV y las fuerzas revolucionarias del Gran Polo Patriótico.

Dentro de esa impostergable revisión tiene que dársele cabida cada vez con más amplitud a la denuncia popular sobre las imperfecciones que habrá que corregir necesariamente si se quiere avanzar en la transformación hacia el modelo de justicia e igualdad propuesto. Pero, en definitiva, queda perfectamente claro que, si la excusa del imperio fue la supuesta “dictadura» que habría en el país, no hay ya entonces ninguna razón para continuar con esas arbitrarias medidas coercitivas que siempre fueron ilegales, crueles e inhumanas contra nuestro pueblo. 

Como ha dicho siempre Venezuela, las sanciones son un crimen y no tienen justificación alguna. Los veedores de más de 55 naciones que constataron en persona y de manera irrefutable esta realidad, lo saben. Por eso, junto al pueblo venezolano todo, deben exigir desde ya el cese total y absoluto de las mismas.

@SoyAranguibel

Con o sin campaña

Por: Alberto Aranguibel B.

La campaña electoral que acaba de arrancar con miras a la megaelección del próximo 21 de este mismo mes, es solo una más de las tantas que ha habido en el país desde la instauración de la democracia y que a lo largo del período revolucionario, hace ya mas de veintiún años, se han convertido en parte esencial de la vida misma de las venezolanas y los venezolanos.

A diferencia de lo que suponen aquellos que la asumen como un simple torneo propagandístico o como una suerte de carnestolenda electoral, la campaña cumple el propósito fundamental de dar a conocer las diversas propuestas o planes de gestión que los candidatos le ofrecen al electorado, así como la función de pactar entre ambos el compromiso de procurar la ejecución de los mismos en caso de resultar electos.  

De acuerdo a la Constitución y las leyes venezolanas, la campaña es un derecho del elector y un deber de los candidatos y de los partidos políticos que los postulan, por lo cual no puede haber elección sin ese proceso previo de información y motivación al elector.

Pero en Venezuela esa necesidad informativa está más que superada por el altísimo nivel de conciencia y conocimiento que tienen hoy en día las venezolanas y los venezolanos hasta en el más apartado rincón del país acerca de quién es quién en el terreno político nacional.

Si algo sabe hoy el venezolano común es el rol que han jugado todos y cada uno de los dirigentes de un sector político apátrida, entreguista y promotor de sanciones que le han generado padecimientos de todo tipo a nuestro pueblo como los candidatos que presenta la oposición. 

Y sabe también, con la más perfecta claridad, el esfuerzo de la dirigencia revolucionaria, empezando por el presidente Nicolás Maduro, que día a día ha entregado sin descanso ni discriminaciones de ningún tipo su mayor empeño en sacar al país de la profunda crisis económica en que la sumieron esos opositores que ahora se presentan como mansos corderitos a pedirle el voto a ese pueblo que han hundido en el dolor y el sufrimiento.

Las venezolanas y los venezolanos, incluso quienes no están de acuerdo con las tesis del chavismo, no necesitan una campaña para saber el daño que le ha causado al país ese delincuencial sector de la derecha. Saben que por ellos no hay que votar.  

@SoyAranguibel

Exquisita arrogancia

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha no tiene ideología sino atributos. Derechos auto asignados con los cuales ha pretendido desde siempre contener la vocación revolucionaria de los pueblos. Único requisito indispensable para alcanzar y mantener el orden social que considera correcto; el de la supremacía de los ricos sobre el resto de la sociedad a la que asume como inferior y palurda.

Por eso un día la derecha puede estar junto al presidente Trump granputeando en las formas más horribles y deleznables a su contenedor electoral Joe Biden y al día siguiente, cuando éste gana las elecciones, cuadrarse sumiso y fervoroso al que considerará de ahí en adelante su nuevo gran líder.

Lo mismo hará, por ejemplo, con potencias económicas. Como China, a la que asumirá como la peor amenaza comunista para la humanidad, siempre y cuando no haya algún negocio factible con ella. Lo que hará también con Rusia, Irán o hasta con la mismísima Cuba de los Castro y del Che, si es que de alguna platica fácil se trata. Para lo cual argumentará siempre que, si hay de por medio algún negocio, entonces como clase eminentemente capitalista está en todo su derecho.

Para ella, la inmoralidad del salto de talanquera ideológico no existe porque uno de esos derechos fundamentales que considera inviolables como clase superior es hacer lo que le venga en gana sin limitaciones bastardas que se lo impidan. El dinero justifica y legaliza todo alrededor de los oligarcas. La ética no es precisamente su marco conductual. La ética y las Leyes que la regulan son para mantener a raya al lumpen proletariat, a los pobres y los desdentados, pero jamás a los ricos.

Por eso en el mundo de hoy los ricos dejan de lado a sus antiguos y fieles servidores, los tierrúos políticos de derecha, para hacerse por sí mismos del poder, como sucede en Latinoamérica desde el inicio del nuevo siglo. Peña Nieto, en México, Piñera en Chile, Macri en Argentina, o Lasso en Ecuador son apenas algunos ejemplos de esta nueva concepción del poder desde la óptica de los magnates del gran capital en la región (la pretensión presidencialista de Lorenzo Mendoza en Venezuela no ha dejado de aflorar cada vez que se acerca una elección presidencial).

Todos ellos, sin excepción, desafían cada vez más a los tribunales negándose a atender las citaciones que se les hacen por corruptos o por genocidas, tal como se niegan hoy Macri, Bolsonaro y Lasso, citados cada uno esta última semana por los tribunales de sus respectivos países por actos reñidos con las leyes (de lo cual se han burlado en la misma forma despectiva y arrogante a través de declaraciones a los medios de comunicación) porque se sienten muy por encima de las normas que regulan al común de la gente.

Son simplemente superiores.

@SoyAranguibel

El antichavismo como excusa opositora

Por: Alberto Aranguibel  

A William Izarra, In Memoriam

Luego de casi tres décadas de aquel evento que convulsionó el escenario político venezolano, retumban todavía en las catacumbas del partido COPEI las rabietas que llevaron al Dr. Rafael Caldera a abandonar las filas de esa organización política, fundada por él mismo cincuenta años antes, para irse a montar tienda aparte cuando sus bases decidieron mayoritariamente cederle los espacios del liderazgo a otras figuras que desde hacía mucho tiempo pugnaban por surgir entre sus propias filas.

Exceptuando quizás la primera división de Acción Democrática en 1960 (llamada “la división de la juventud de AD”, que dio origen al MIR), y la excisión de la juventud del partido comunista venezolano (PCV)que dio origen a finales de los años sesenta al socialdemócrata partido MAS, producidas ambas como resultado de auténticos debates internos por divergencias ideológicas, gestos de destemplanza de tipo mas bien personalistas como el que protagonizaba Caldera en contra de su propio proyecto político han sido el factor más constante en la historia de las crisis partidistas de la derecha venezolana, aún cuando siempre se les haya querido disfrazar de ideológicos.

El proyecto político basado en la preeminencia de una gran figura pública ha tenido mucho más vigencia como formulación en la construcción del partido político de derecha en Venezuela que la razón ideológica, precisamente por el carácter individualista, elitesco y sectario, que signa ancestralmente a la cultura conservadora en general. Un sectarismo de inspiración autocrática perfectamente contrario a la vocación societaria del ser humano recogida en la teoría universal de la democracia a través de los siglos.

De tal manera que el desprecio actual de la derecha venezolana a las formas democráticas es algo que le viene dado desde sus orígenes, es decir; desde mucho antes de arribar al poder la Revolución Bolivariana. Su comportamiento usualmente reñido con la voluntad popular no es un constructo de pragmatismo propiamente ideológico, tal como ella presenta su lucha contra el chavismo, sino el resultado de una concepción de la actividad política como medio de control y aseguramiento del poder, en lo cual la participación colectiva de la sociedad es todo un acto de contravención de las leyes del universo tal como ella las concibe.

Engreída y arrogante como es por excelencia dada su extracción de (auténtica, o pretendida en algunos casos) naturaleza oligarca, la derecha entiende la lógica competitiva del ritual electoral no como la fórmula idónea que es para garantizar la preeminencia de la voluntad común de las mayorías en la escogencia del modelo de país y de sus gobernantes, sino como un proceso de enajenación del poder que degrada su clase social al nivel de aquellos a quienes asume como inferiores. 

Visto así, el persistente desconocimiento de la derecha a la norma democrática del voto como expresión de la voluntad popular, e incluso de la Constitución y las Leyes que regulan el pacto social, termina siendo un acto de redención de los derechos de las clases hegemónicas con características casi bíblicas, que debe cumplirse a cabalidad sin discusión ni dilación alguna.

Por ello en la derecha el voto es entendido como legítimo solamente cuando se pronuncia en favor de la alternativa que encarne al sector hegemónico dominante y, por supuesto, ilegítimo cuando éste se decante claramente por cualquier opción de izquierda, o tan siquiera medianamente progresista, quedando entonces reducida la democracia a un sistema válido exclusivamente para la reafirmación y perpetuación del modelo de las clases dominantes, en el cual toda adversidad en su contra será presentada ya no como auténticas derrotas electorales sino como violaciones a los principios universalmente aceptados de la democracia como se la conoce desde los orígenes mismos de la teoría política.

Para esa derecha, la elección es un ritual riesgoso que solo muy eventualmente (cuando se ve obligada a resolver ante la opinión pública la evidente contradicción que plantea el tener que presentarse como demócrata en virtud del inmenso poder de convocatoria que tienen entre la gente los valores a los que se asocia el modelo democrático, cuando en realidad doctrinariamente son todo lo contrario) considerará válido. Con lo cual su rol en la política termina siendo una suerte de dilemático drama existencial al mejor estilo del Dr. Jekyl y Mister Hyde, que en ocasiones le llevará a aparecer en escena con toda la furia guarimbera  posible y en otras con la mesura y la ponderación del demócrata serio y responsable, sin que medie la más mínima turbación o vergüenza por la farsa ideológica que esa ambivalente conducta expresa.

Para ella todo cuanto haga deberá ser visto ya no como una lucha política convencional, sino como la infatigable búsqueda del restablecimiento de esa predestinación violentada, tal como lo plantea, por ejemplo, el falso modelo de democracia promovido por Estados Unidos en el mundo, que luego de casi un siglo de justificar desde su óptica ultraderechista su confrontación con el comunismo soviético por ser supuestamente la peor amenaza para la humanidad, continúa hoy catalogando a la poderosa potencia asiática como el principal enemigo, cuando, después de tres décadas de la extinción del bloque soviético, ya no hay vestigio alguno de comunismo en esa nación. Lo que deja perfectamente claro, como lo deja igualmente claro la oposición venezolana con su falso discurso antichavista, que su verdadera preocupación en la demencial lucha que libra contra los regímenes comunistas en el mundo no fue nunca de verdadera naturaleza ideológica, sino que su motivación ha sido en todo momento y de manera exclusiva la necesidad de asegurar y perpetuar su hegemonía política y su control sobre la economía global usando el comunismo simplemente como excusa.

De modo que el factor ideológico no es lo determinante para la derecha venezolana, sino mas bien el “contra ideológico”, si cabe la expresión, porque su conducta se orienta en realidad ya no a la construcción de una fuerza capaz de gerenciar eficientemente el Estado, como lo demuestra irrefutablemente su estruendoso fracaso en la administración de los activos de la República en el exterior de los que se adueñaron ilícitamente bajo el amparo del imperio norteamericano, sino a eliminar de su camino cualquier opción que atente contra sus posibilidades de acceder al poder, independientemente de si se trata de una opción de izquierda o de derecha. Algo en lo que se diferencia (no muy sutilmente, por cierto) de la antipolítica como doctrina propiamente dicha, que asume la lucha por la despolitización de la sociedad como una herramienta para generar apatía y desmovilización social en función de un orden establecido, sino que va mucho más allá en términos de inconsecuencia e irresponsabilidad política incluso frente a sus propios seguidores. 

En medio del inmenso logro chavista que significa haber rescatado el país de las garras de la violencia opositora y reconducirlo con el mayor tino político por la senda de la democracia popular, inclusiva, participativa y protagónica que impulsa hoy la Revolución Bolivariana, el festín de opositores compitiendo insaciables por miles por cargos de elección popular, es un evento de la mayor trascendencia histórica, que no deja, sin embargo, de estar signado por la misma fatalidad de la inconsecuencia ideológica de una derecha para la cual resulta perfectamente natural y completamente válido volteársele a su “presidente” autojuramentado para irse a reconocer al estado de derecho, al Presidente Constitucional de la República, Nicolás Maduro y al Consejo Nacional Electoral con todas las de la ley, mediante el acto de participación electoral que hoy los reúne en un mismo evento junto al chavismo que hasta ayer desconocían.

Estos líderes opositores de hoy, descendientes directos de aquellos ególatras liderazgos del pasado, se comportan con la misma inconsistencia ideológica que signó desde siempre a la derecha porque jamás estuvo en su mente actuar en consonancia con los valores de la verdadera política de altura, que respondiera en verdad a las necesidades del pueblo y a los requerimientos del país como nación soberana e independiente, con un auténtico sentido de responsabilidad y de entrega.

Su antichavismo no es sino su ancestral odio visceral a todo aquello que le impida hacerse del poder como un botín más de las clases explotadoras en contra del bienestar del pueblo.

@SoyAranguibel

Conquistadores desfasados (y descerebrados)

Por: Alberto Aranguibel B.

Lamentablemente el fascismo en España es hoy una realidad tan natural como el chorizo y la tortilla. 

Incluso más, según algunos que han visto de cerca el trogloditismo de esa funesta herencia del más abyecto franquismo, del que se sienten orgullosos deudos a perpetuidad los militantes de VOX, el partido político que recoge y exalta el pensamiento y la filosofía del tirano Francisco Franco, pero muy fundamentalmente la de Adolfo Hitler, a quien veneran ya no como un referente ideológico sino como a un dios.

Su “misión” en la política española ha sido desde su estructuración formal como partido político, hace poco menos de diez años, la de tratar de borrar del territorio español toda noción de izquierda, empezando por la organización Izquierda Unida, en la cual concentra a tiempo completo el grueso de su artillería difamatoria y calumniosa pensando que con ello hace su mejor labor de patria.

Creyéndose la mas pura reencarnación del genocida Cristobal Colón, la retrógrada dirigencia de Vox ha emprendido una desquiciada campaña de “recolonización” de los territorios transoceánicos que alguna vez la corona española consideró como suyos, y sobre los cuales llevó a cabo hace cinco siglos el más brutal y sanguinario genocidio de la historia devastando no solo poblaciones y naciones enteras en nuestro Continente sino arrasando aquellas culturas y civilizaciones ancestrales que se propuso exterminar para imponer su arcaico modelo europeo de sociedad.

El propósito del delirante proyecto de Vox es llevar a cabo un acto de inaceptable injerencismo en Latinoamérica para intentar acabar con toda idea de soberanía y de autodeterminación de nuestros pueblos, abriéndole cauces con una demencial cruzada anticomunista en Suramérica a la reinstauración en nuestro suelo del viejo modelo colonial que los Libertadores erradicaron hacen ya doscientos años luego de uno de los más brillantes y admirables procesos independentistas de la historia.

En un grotesco acto de pérfida simbología, emprenden su campaña precisamente en la ciudad de México (que este año celebra no solo el bicentenario de su independencia, sino setecientos de su fundación como capital del Imperio Mexica y quinientos de la invasión española, como la denominan) dese donde le exigen insolentemente al gobierno de esa nación nada más y nada menos que “lavar la tumba de Hernán Cortez y rendirle tributo”.

¿Con cuál derecho creen estar investidos los europeos que se han metido en la cabeza que pueden venir a imponerle al indómito pueblo latinoamericano su forma de pensar y lo que deben hacer estos en cada una de sus naciones desde el punto de vista político?

Solo a una pandilla de fascistas como esa gente el partido Vox de España se le ocurre semejante barbaridad.

@SoyAranguibel

¡Volvió Facebook!

Por: Alberto Aranguibel B.

Sam Uncle, Vicepresidente General Adjunto del consorcio Facebook Inc., se acercó cauteloso a la hamaca en la que, como todos los días, descansaba su jefe Mark Zuckemberg en «Mi Terruño«, su modesto yate de 95 pies frente a las costas de Daytona Beach, donde más le gusta veranear al magnate, para informarle que el servicio estaba caído y que todas las plataformas de la empresa estaban fuera de servicio.

Zuckemberg, que desde hace un cuarto de siglo se mantiene inamovible entre los cinco multimillonarios más ricos del mundo, lo miró con la misma sonrisita plácida con la que mira a los senadores del Congreso cada vez que lo interpelan por cualquiera de las transgresiones a la ley que sus empresas cometen, y le preguntó, sereno y sin aspavientos.. ¿Y yo qué tengo que hacer con eso, Sam?

Atribulado, Sam le explicó que la gente se estaba volviendo como loca en todo el mundo. Que los medios de comunicación estaban informando noticias verdaderas porque ya no tenían de dónde sacar sus titulares. Que en los hospitales estaba muriendo mucha gente por falta de la principal herramienta de consulta de los médicos. Que Decenas de jefes de Estado estaban al borde del derrocamiento porque no podían comunicarse con sus ministros. Que una ola de suicidios juveniles estaba por estallar porque los jóvenes no tenían dónde mostrar sus videos batiendo el trasero y ya no le encontraban sentido a sus vidas.

Y, lo que era peor, que millones de seres humanos de todo el planeta estaban descubriendo que el celular podía usarse como instrumento de comunicación para llamar a otras personas en vez de escribirles. Miles de niños estaban usando su tiempo de ocio para dibujar y millones estaban empezando a interesarse por los libros.

Con la misma fría indiferencia Zuckemberg le insistía… ¿Pero eso qué rayos me importa a mi?

Bueno, es que hemos perdido ya siete mil millones de dólares en apenas dos horas”, respondió Uncle. 

Lo que hizo saltar a Zuckemberg de la hamaca y empezara a gritar despavorido… “Revisen la brequera a ver si hay algún fusible quemado. Averigüen si los servidores están funcionando. Que alguien vaya a ver si Julian Assange se escapó o si Nicolás Maduro no ha activado algún ejército de hackers chavistas”.

Al poco rato todo se normalizó. Facebook siguió funcionando y Zuckemberg volvió a su hamaca a seguir disfrutando en la placidez del mar los cientos de miles de millones de dólares que tanto sacrificio le han costado en la vida.

@SoyAranguibel

Escupieron mentiras pa’ arriba

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema fundamental con la mentira es que para que surta su pernicioso efecto estafador tiene que ser más poderosa que la realidad. Y sobrepasar ese superior poder de tangibilidad fehaciente que tiene lo palpable no es cosa fácil. De ahí el luminoso dicho popular que establece que “la mentira tiene patas cortas”, porque a la larga no se sostiene.

Por eso el mentiroso es por lo general ignorante. Alguien que cree que mentir es un recurso inteligente que denota mucha astucia, porque su escasez mental le impide prever o comprender al menos la ineficacia que más temprano que tarde tendrá la mentira que, con la más entera seguridad, va a quedar siempre al descubierto a la primera de cambios cuando inevitablemente se tope de frente con la realidad. Exactamente la idea que expresaba Abraham Lincoln cuando decía que «puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, o a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.«

Una verdad como un templo que el antichavismo pensó que podría alterar sin ninguna dificultad cuando emprendió su pérfida campaña de infamias y desprestigio de Venezuela en el mundo, creyendo que el privilegiado acceso que la derecha tiene a las grandes transnacionales de la información y la comunicación le sería más que suficiente para alcanzar su miserable y apátrida despropósito de acabar con la imagen de nuestro país más allá de nuestras fronteras.

Escupieron para arriba y el escupitajo, como era de esperarse, no demoró en devolvérseles y hoy rumian enceguecidos de odio su fracaso.

La avalancha de videos que están circulando cada vez con mayor asiduidad y frecuencia en todas las redes sociales y de comentarios de turistas, periodistas y representantes de organismos internacionales que empiezan a visitarnos, incluso en medio de la pandemia, así como los cientos de miles de venezolanos que hoy retornan cabizbajos a su Patria convencidos del engaño del cual fueron víctimas cuando la derecha les ofreció que cualquier parte del mundo era mejor para vivir que Venezuela, que hoy dan cuenta de esa incontrovertible verdad que era imposible ocultar por mucho tiempo, está volviendo locos a los escuálidos tanto dentro como fuera del país; que Venezuela es un país hermoso, con gente bella que no se cansa de admirar y disfrutar las inmensas cualidades y oportunidades de esta tierra de gracia, imposibles de encontrar en  ninguna otra latitud.

El desespero de esos miles de venezolanos buscando regresar de la ilusión perdida a la que fueron arrojados por esas campañas infamantes contra Venezuela, es simplemente demoledor para quienes apostaron por el triunfo de la mentira como recurso, pensando que hacer política era tan solo ejercer a plenitud el arte de la demagogia y del engaño como lo hicieron tan irresponsablemente los partidos del puntofijismo en el pasado.

Tal como lo advirtió oportunamente el presidente Maduro; de tanto mentir, terminaron cocidos en su propia salsa. Solo había que darle tiempo al tiempo.

@SoyAranguibel

Guaidó Chogüí

Por: Alberto Aranguibel B.

«Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní que, sobresaltado el grito de su madre, perdió apoyo y cayéndose murió. Y que entre los brazos maternales, por extraño sortilegio, en chogüí se convirtió… chogüí, chogüí, chogüí, cantando está mirando, allá volando, se alejó… Qué lindo es, qué lindo va perdiéndose en el cielo azul turquí»

Era la letra de la legendaria canción paraguaya que hiciera famosa en el mundo el venezolano Néstor Zavarce, que hace más de sesenta años relataba casi la misma historia del inefable mozalbete que la derecha golpista venezolana escogió para autojuramentarlo como presidente de la República y ponerlo a recorrer el mundo ejerciendo como tal… pero sin serlo.

El pintoresco personaje terminó creyéndose de tal manera la fábula de su imaginario cargo, que hasta comenzó a nombrar embajadores y directivos de instituciones y organismos de aquel Estado que sus alabarderos le habían metido en la cabeza que él presidía. Pero siempre en el exterior, porque dentro del país, aunque sus acólitos se lo ocultaban, gobernaba un presidente verdadero que no era él.

Fue así como el indiecito de esta otra leyenda se cayó, ya no de un árbol cualquiera sino de una altísima mata de coco, cuando se dio cuenta de que aquellos que antes lo aplaudían y lo celebraban eufóricos, en realidad no lo hacían muy sinceramente, porque de la noche a la mañana comenzaron a granputearlo en todas las formas imaginables como al más miserable de los delincuentes, achacándole toda clase de corruptelas y sinvergüenzuras como si hubieran descubierto de repente el agua tibia en Las Trincheras.

Le indignaba que lo trataran como si él fuera otro, cuando en realidad era el mismo. Con la única diferencia de que antes no era presidente y no tenía de dónde robar ni un centavo.

Pero tampoco era como para tanto lo que bajo su ficticio mandato se había apropiado como para que lo trataran con tanto desprecio y tanto irrespeto a su alta investidura, porque él no se estaba robando el dinero de la República, sino el de la ayuda humanitaria. Y todo el mundo supo siempre que él, como ser humano fue en todo momento una persona muy necesitada de ayuda.

Al final la nueva leyenda concluyó en que también este indiecito autojuramentado quedó convertido en ave luego de la caída de la mata. Pero ave de rapiña que arrasó con todo para terminar en el fracaso, haciendo como el del canto paraguayo.. “chogüí, chogüí,chogüí” y perdido en el cielo azul turquí.

@SoyAranguibel

Lo malo de ser rico

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha, retardataria y recalcitrante como es, le cayó encima al Comandante Chávez cuando en medio de una de sus extensas y aleccionadoras disertaciones, soltó la hoy legendaria frase “Ser rico es malo”, acusándolo de exaltar la pobreza como un valor necesario inherente a la ideología socialista, cuando en realidad hablaba de algo totalmente distinto.

Como siempre, la estrechez mental de quienes ceden irracionalmente a la disparatada lógica del vetusto relato anticomunista desarrollado por el imperio norteamericano los llevaba a erigirse a priori en acérrimos enemigos de las ideas de justicia e igualdad social que encarna el socialismo, impidiéndoles ver más allá de la superficialidad de cada palabra del Comandante (sacadas siempre por ellos de contexto).

Estrechez que les impidió leer, por ejemplo y sin ir muy lejos, el sentido correcto de la expresión “Patria o muerte, venceremos” que habla cabal e inequívocamente de la diferencia entre la propuesta de redención y de vida que encarna el socialismo y la opresión y la muerte hacia la que inevitablemente conduce el inhumano modelo capitalista, pero que ellos en su proverbial miopía entendieron como “Patria Y muerte, venceremos”, como si la frase fuese el enunciado de los atributos del socialismo.

En aquella brillante exposición, Chávez explicaba la distorsión capitalista que coloca al rico como una figura admirable, digna de ser imitada por su capacidad para la acumulación de riqueza, surgida por lo general de la explotación de los trabajadores mientras los pueblos se hunden en la miseria, cuando en realidad vivir bien no tendría por qué ser producto de esa falaz idea del “buen vivir” que surge de la enajenación del ser humano sino que, por el contrario, podría y debería ser el resultado de la acción colectiva de la comunidad.

Por su propia condición gregaria, el ser humano tiende de manera natural a la solidaridad y al trabajo en colectivo para labrar bienestar y progreso. De ese sentido comunitario innato surge la noción de sociedad que el capitalismo pervierte buscando convertirla ya no en un ámbito para la vida sino en un deleznable espacio para el desarrollo del mercado en el cual el individuo pasa a ser solo una fuente de generación de mayor riqueza para los ricos.

Lo que hacen hoy las venezolanas y los venezolanos para sobreponerse por su propio esfuerzo a las restricciones a las que han sido obligados por un imperio insaciable que pretende apropiarse de las riquezas de nuestro país utilizando bloqueos económicos e ilegales y arbitrarias sanciones unilaterales que desconocen el derecho internacional y nuestra soberanía, es la demostración palpable de esa inmensa verdad del vivir bien gracias al trabajo común y solidario del pueblo de la que habló siempre Chávez.

@SoyAranguibel