¿Sobredimensionar a Petro?

Por: Alberto Aranguibel B.

Por supuesto que es un triunfo resonante el que han alcanzado Francia Márquez y Gustavo Petro en las eleciones presidenciales de este fin de semana en Colombia. El solo hecho de producirse en el país que más cuestionamientos y denuncias de manipulación del voto por parte de los sectores tradicionalmente dominantes de la derecha ha recibido de los colombianos, es suficiente para celebrar por todo lo alto la hazaña que ese gran logro de una propuesta progresista (y hasta izquierdista, para muchos) representa.

Se asume que constituye un hito histórico en el que se quiebra el estatus quo impuesto desde hace casi un siglo por la oligarquía mas reaccionaria y ultra conservadora de la región latinoamericana, por el solo origen humilde y comprometido con el pueblo de cada uno de los integrantes de esa dupla que hoy se erige sobre el inmenso poder de la superestructura del gran capital que hasta hoy dominó el ambiente político en ese país, en virtud de lo cual se esperan cambios radicales sorprendentes e inusitados en la forma de gobernar y de hacer de la gestión pública un canal expedito para la redención y la justicia social tan largamente anhelada por las colombianas y los colombianos.

Pero muy probablemente, quizás lo único lamentable de todo, es que mucho de eso es posible que termine quedándose en intenciones, habida cuenta de la dura realidad que deberá enfrentar el nuevo gobierno colombiano, ya no en función solamente de saldar la inmensa deuda social acumulada en un país que registra los más altos índices de desigualdad, de pobreza y pobreza extrema, así como de exclusión social y migración, sino en relación con los grandes intereses creados en esa nación en torno al Estado.

La realidad de la parapolítica, del narcoparamilitarismo, de las mafias del lavado de capitales provenientes de la droga, así como de las estructuras mafiosas del gran capital creadas a la sombra de la política que desde siempre han estado al servicio de los poderosos sectores oligarcas colombianos, son una carga más que difícil de sobre llevar.

Pero tal vez el obstáculo más determinante para adelantar una gestión de carácter popular e inclusiva, es sin lugar a dudas el peso de la Embajada de EEUU en Colombia y su expreso interés de operar desde ahí contra Venezuela. Si algo es hoy innegable, es que el proverbial recelo que históricamente ha tenido Colombia hacia nuestro país se ha acrecentado significativamente en las últimas décadas no solo por la migración de venezolanos hacia el hermano país, sino por la guerra desatada desde esa nación por el imperio y sus lacayos contra la Revolución Bolivariana.

¿Podrá Petro, que no es propiamente un revolucionario, asumir el reto de plantarle cara al imperio?

Amanecerá y veremos.

@SoyAranguibel

Guaidó a empujones

Por: Alberto Aranguibel B.

Sobre el reiterado rechazo con el que ha sido recibido por donde va pasando el despojo de presidente que tuvo en algún momento la oposición en aquella figura de autojuramentado en la que un día erigió al exdiputado Guaidó, ha habido, como es de esperarse, mucho de qué hablar tanto en un sentido como en otro.

Las evidencias circuladas hasta ahora por las redes dan cuenta de ese desprecio popular, en primer lugar en la población de Santa Rosa de Aguas, en el estado Zulia, donde el inefable sujeto pretendió presentarse como todo un líder de masas.

Solo que las masas en vez de recibirlo con vítores y fanfarrias, lo que hicieron fue expulsarlo a empujones del municipio al grito de “¡Mamagüevo!”, casualmente el mismo término con el que Guaidó denominó siempre a quienes asistían a sus eventos en el este del este de la capital cuando todavía era aplaudido por algunos grupitos de opositores.

En la refriega de aquellas masas enardecidas se produjo un festín de silletazos que de inmediato se viralizó por las redes sociales, quedando perfectamente claro ante el mundo que quienes expresaban aquel odio tan incontenible no eran precisamente las hordas chavistas de las que siempre ha hablado la oposición para referirse al pueblo venezolano, sino la misma militancia de Voluntad Popular y Primero Justicia.

Igualmente se ha viralizado la reyerta de otro grupo de militantes de esas organizaciones terroristas con las que cuenta la oposición para su guerra de desestabilización contra revolucionaria, sacando a empujones al interfecto de un restaurante, esta vez en San Carlos, estado Cojedes, en un singular evento donde no faltaron los consabidos silletazos.

Hay quienes dicen, con sobrada razón, que es todo un show opositor para relanzar al autojuramentado, pero victimizándolo para evitar así que su falta de apoyo popular quede en evidencia ante el mundo.

Y hay quienes sostienen de manera absurda que todo pudiera ser parte de una campaña de intolerancia desatada por el gobierno, como si tal barbaridad le hiciera falta a la revolución.

En todo caso, el de hoy no es un Guaidó distinto al que ya se conocía; un tipo al que la derecha pretendió convertir en presidente a trancazos y empujones. Igual a lo que vemos en esta nueva fase de su liderazgo de ficción.

@SoyAranguibel

Cumbres y desempates

Por: Alberto Aranguibel B.

La desafortunada medida de exclusión de la IX Cumbre de las Américas tomada por Estados Unidos contra tres países soberanos de nuestro Continente, Cuba, Nicaragua y Venezuela, no es más que una pobre y muy decadente medida de retaliación política tomada a destiempo por el imperio norteamericano contra la Celac, organismo creado en 2011 por la totalidad de las naciones americanas, con excepción de EEUU y Canadá, cuyo propósito o razón de ser se fundó precisamente en la necesidad de nuestros pueblos de avanzar hacia un modelo de integración que reivindicara efectivamente la filosofía de la hermandad y la cooperación con base en la más inequívoca noción de soberanía e independencia de cada una de nuestras naciones.

Surgida de los esfuerzos integracionistas que impulsó la Revolución Bolivariana en el marco de la diplomacia revolucionaria de paz, promovida inicialmente por el comandante Hugo Chávez y continuada hoy por el presidente Nicolás Maduro, la Celac expresa una poderosa conjunción de voluntades en el marco intercontinental, que recoge la impronta de los más importantes esfuerzos de unión llevados a cabo por los países de la región en las últimas décadas, en particular la III Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), llevada a cabo en 2008, y la XXII Cumbre del Grupo de Río, creado en 1986.

Nacía así mismo la Celac como una forma de evolución de los esfuerzos de la Cumbre de la Unidad Latinoamericana, que tuviera lugar en la Riviera Maya, México, en 2010 y, por supuesto, como preámbulo excepcional a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de la mayoría de los países de la región.

Eventos todos que registran de manera indeleble la profunda vocación integracionista, auténticamente participativa y plural de nuestros pueblos y que dan a la Celac la inmensa fortaleza que ha adquirido en el correr del Siglo XXI como el indiscutible organismo multilateral de verdadera significación y trascendencia que es hoy en día en el Continente Americano.

De modo que no es un “empate del juego” el que logra el imperio con su arrogante destemplanza discriminatoria completamente a contrapelo de la realidad integracionista de nuestros pueblos, sino un aletazo más de un águila moribunda que no tiene ya la resonancia que en otros tiempos pudo haber tenido en la región.

@SoyAranguibel

El menos malo

Por: Alberto Aranguibel B.

En política la calidad del liderazgo se mide por la rectitud y la honorabilidad en la trayectoria del político. Las ideas, reducidas por lo general al paquete de promesas de campaña electoral, no suelen ser en el modelo de democracia burguesa el factor determinante de la popularidad del líder sino el complemento circunstancial de esa trayectoria con la cual se referencia a quienes aspiran a ser verdaderos conductores de masas o eventuales rectores de la administración pública.

Sin embargo, en un auténtico modelo de democracia participativa, las ideas deben jugar un rol predominante, por encima incluso de la calidad carismática del líder, porque es con base en el estudio sistemático de las ideas que el conocimiento teórico involucra, como se liberan las verdaderas potencialidades transformadoras del pueblo.

El líder de hoy, sobre todo en Latinoamérica, donde los pueblos aprenden cada día más a forjar su destino debatiendo las fortalezas y debilidades entre modelos o sistemas políticos y económicos, tiene que ser una persona curtida en la batalla de las ideas, más que en la reyerta política o en la confrontación partidista por espacios o cuotas de poder.

Ser el legítimo ductor en la formación de la conciencia y el sentido del compromiso del pueblo en función de la transformación de la sociedad, es, desde una perspectiva auténticamente revolucionaria, el deber de ese liderazgo.

De ahí que el objetivo esencial de la derecha sea siempre la procura de la desmovilización social a partir de la despolitización de las masas, cuyo propósito es inhibir, mediante la ignorancia y el desconocimiento de las ideas, su potencial crítico y, por ende, su capacidad transformadora.

Y de ahí lo pernicioso que es para un Estado democrático vigoroso y saludable la penetración por parte de factores de la parapolítica contrarios a la lucha basada en las ideas y no en el insustancial y degradante revanchismo partidista o el atajo político, como se ha visto invariablemente en Colombia desde hace casi un siglo.

La enajenación sistemática de la estructura de valores ideológicos llevada a cabo por esos factores demagógicos y populistas, aliados indisolublemente con la oligarquía y el narcotráfico, han dejado como resultado el estamento político mediocre e incompetente con el cual debe conformarse hoy ese país.

Esa lógica de la parapolítica como parte del Estado, ha corroído progresivamente la natural gestación de estamentos políticos populares surgidos del debate de las ideas, acabando con su potencialidad mediante el asesinato selectivo de voceros y líderes comunitarios, infiltración sistemática de los escenarios políticos, corrupción de funcionarios públicos de todo nivel con dineros del narcotráfico, y un sinfín de tácticas de penetración orientadas al desmontaje del aparato del Estado desde adentro.

Por eso a Colombia le toca elegir ya no al mejor candidato sino al menos malo.

@SoyAranguibel

¿Crisis infinita?

Por: Alberto Aranguibel B.

No solo en los ámbitos financieros internacionales que han reconocido con cifras incontrovertibles la realidad del resurgimiento económico venezolano, como el Credit Suisse, la CEPAL, o el Banco Interamericano de Desarrollo, sino muy particularmente en la inmensa cantidad de evidencias de esa recuperación que nos muestran las decenas de analistas, comunicadores y hasta simples blogueros que nos visitan cada vez con mayor asiduidad, la convicción de que el país ha superado consistentemente la peor coyuntura económica, social y política por la que haya atravesado jamás es una constante absoluta que avanza en crecimiento sostenido.

Sin embargo, el epíteto de la “crisis venezolana” continúa apareciendo en la prensa nacional e internacional como la inexorable condición en la que se encontraría sumido el país hasta tanto no se llegue a una eliminación definitiva de las diferencias entre el gobierno y la oposición, cuya solución coloca el imperio norteamericano como condición sine qua non para levantar las arbitrarias e ilegales sanciones que tiene impuestas sobre nuestra economía.

A estas alturas, está claro que la imagen de Estado fallido que se le ha endilgado al país en la mediática de la derecha, responde a una política de agresión contrarrevolucionaria que pretende presentar al gobierno bolivariano ya no como una opción política electa soberanamente por el pueblo sino como un accidente catastrófico contra la democracia, que debe ser resuelto extirpando de raíz lo que esa misma mediática denomina como “el mal”.

De tal manera que lo que se comunica a la larga, es que no habrá jamás posibilidad alguna de superación de la crisis venezolana hasta tanto la derecha no sea restituida en el poder, así el país llegase a alcanzar la mayor suma de felicidad para su pueblo mediante la reactivación plena de su economía y la superación total de la exclusión y la desigualdad social que genera el inhumano modelo capitalista.

Algo así como que no habrá ni democracia ni libertad hasta tanto no gane el fracasado que siempre pierde.

De modo que lo más probable es que sigamos escuchando por mucho tiempo la consabida expresión peyorativa como descripción de la realidad venezolana, porque, independientemente de lo que pretenda la derecha, el pueblo tiene hoy la más perfecta convicción de que en Venezuela crisis verdadera es la que hay dentro de la oposición.

@SoyAranguibel

Alarmas en la embajada

Las operaciones estadounidenses para evitar el triunfo de Gustavo Petro en Colombia

Por: Jorge Elbaum – El Cohete a la Luna

El próximo domingo 29 de mayo se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Colombia, el país latinoamericano más identificado con las políticas de Washington durante las últimas décadas. En el caso en que ninguno de los candidatos supere el 50% de los sufragios, se realizará un balotaje el 19 de junio, con la participación de los dos aspirantes más votados. La totalidad de las encuestas conjeturan el triunfo del candidato del Pacto Histórico, el actual senador Gustavo Petro, superando al referente de la coalición de derecha, Equipo por Colombia, Federico Fico Gutiérrez.

Gustavo Petro integró, en su juventud, las filas del Movimiento 19 de Abril (M-19), organización político-militar que se disolvió en los años ‘80 para transformarse en un partido político. Entre 2012 y 2015 fue alcalde de Bogotá y se reveló como el máximo exponente de la oposición a Álvaro Uribe, el líder colombiano de la derecha, acusado en forma reiterada de estar asociado al narcotráfico. En las últimas elecciones presidenciales, en 2018, Petro llegó a disputar la segunda vuelta contra el actual Presidente, Iván Duque.

En esta contienda, el senador presenta como compañera de fórmula a la militante afro-colombiana Francia Márquez Mina, ligada a los movimientos feministas, al activismo ecológico-ambiental y a la lucha contra el racismo. En las primarias de marzo, el ex alcalde de Bogotá se alzó con el primer lugar entre las preferencias de los sectores progresistas, mientras que Francia Márquez –que sobrevivió a un atentado contra su vida en 2019–, se convirtió en la tercera candidata más votada. El Pacto Histórico logró porcentajes de votación más significativos en los departamentos donde el estallido social de 2020 y 2021 se hizo más evidente.

La posibilidad del primer triunfo de la izquierda –en el país de América Latina y el Caribe que más afinidad tiene con las políticas de Washington– ha motivado alertas múltiples de las agencias dedicadas al “hemisferio occidental”, etiqueta con la que el Departamento de Estado ubica al continente en el que se halla inserto. Luego de las elecciones primarias y parlamentarias del 13 de marzo, el Comando Sur –que coordina las actividades militares desde Guatemala hacia el sur– impulsó una reunión con el comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia, el general Luis Navarro. En dicha tertulia se conjeturaron los escenarios de un potencial triunfo de Petro en las elecciones de mayo. Navarro fue recibido por la generala del Ejército Laura Richardson, quien le solicitó información sobre el posible desmantelamiento de las siete bases militares que Estados Unidos posee dentro del territorio colombiano, en el caso de que el candidato del Pacto Histórico obtuviese la Presidencia.

El testimonio provisto por Navarro el 28 de marzo a Richardson consigna que tanto la mayoría de los congresistas como las propias fuerzas militares se opondrían a dicha decisión. Al término del encuentro, el SOUTHCOM difundió una gacetilla de prensa en la que se cataloga a Colombia como “un socio de seguridad incondicional” de Washington. Pocas semanas después, coherentes con el testimonio de Navarro, el jefe del Ejército, Eduardo Zapateiro Altamiranda, salió al cruce de Gustavo Petro a través de Twitter, luego de que este último cuestionara el accionar represivo en la masacre de Putumayo, en la que fueron asesinadas 11 personas, incluido un niño de 11 años, Brayan Pama. Todos ellos fueron expuestos como miembros disidentes de las FARC, pero las investigaciones muestran que sus cuerpos fueron dispuestos para imposibilitar las investigaciones judiciales.

El senador Petro aludió –frente a ese crimen– a la continuidad de los denominados “falsos positivos”, el mecanismo utilizado por las fuerzas armadas y los paramilitares para exhibir éxitos ante la guerrilla y aterrorizar a los campesinos para forzarlos a abandonar las tierras ancestrales y permitir la expansión del extractivismo minero y agroindustrial. Hasta el 24 de abril de 2022 –según el organismo de derechos humanos que se encarga de relevar los asesinatos por causas políticas y sociales– se produjeron 36 masacres, con un total de 133 víctimas. Las responsables de las ejecuciones, según investigaciones de diversos organismos internacionales, son las estructuras paramilitares que controlan la producción de cocaína, específicamente en los territorios que dejaron de controlar las guerrillas desmovilizadas luego de los acuerdos de paz de 2016.

AHÍ VIENEN LOS RUSOS

Según fuentes diplomáticas asentadas en Bogotá, uno de los funcionarios más hiperactivos es el actual embajador de Washington en esa ciudad, Philip Goldberg, quien ostenta el antecedente de haber sido expulsado de Bolivia en septiembre de 2018 por promover iniciativas secesionistas de las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca. Goldberg –trasladado a Bogotá el 19 de septiembre de 2019, dos meses antes del golpe a Evo Morales– advirtió escandalizado que existe la posibilidad de “interferencias de rusos, venezolanos o cubanos en los comicios”. Dichas declaraciones fueron interpretadas por gran parte de los analistas colombianos como el prólogo a una futura deslegitimación de la elección, en el caso de que Petro se alce con la presidencia: una forma de preparar el terreno, afín a la perpetrada en noviembre de 2019 en Bolivia.

El apoyo injerencista y desembozado de la Embajada de Estados Unidos a los candidatos de la derecha se hizo más explícito durante las deliberaciones de la Asamblea General de afiliados del Consejo de Empresas Americanas (CEA), que conmemoró los 60 años de la creación de esa institución y los 200 años de relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos. Goldberg señaló –junto a Iván Duque– que ambos gobiernos están trabajando en impedir cualquier injerencia extranjera.

El 22 de abril, el jefe del Ejército olvidó la neutralidad esperada para un militar en actividad y se sumó a la campaña contra el candidato del Pacto Histórico. Como respuesta, los parlamentarios ligados al candidato que ganó las primarias le recordaron al militar su responsabilidad por el medio centenar de manifestantes asesinados en ocasión de las movilizaciones efectuadas durante 2019 y 2020 en Cali, donde el Ejército tuvo la responsabilidad prioritaria de las operaciones represivas.

En forma paralela, el empresario uribista Fabio Andrade, radicado en La Florida, organizó una caravana en Miami el 15 de mayo, en la se pronunció contra un futuro fraude dado que “las instituciones están tomadas: todo el dinero del narcotráfico es contra el mantenimiento de la democracia en Colombia”. La movilización de una centena de personas recibió las salutaciones de la congresista María Elvira Salazar –integrante de la bancada republicana en la Cámara de Representantes–, quien consideró ante el subcomité de Relaciones Exteriores que “Gustavo Petro es un ladrón, es un socialista, es marxista, es terrorista y está encabezando la encuesta para Presidente de Colombia”.

NEGOCIOS, GUARIDAS Y POLÍTICA

Petro es el primer candidato de izquierda que llega a una segunda vuelta. Quienes intentaron llegar a esa instancia en el pasado fueron asesinados. Entre ellos Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, candidatos de la Unión Patriótica, el ex integrante del Movimiento 19 de Abril, Carlos Pizarro y el líder progresista liberal Luis Carlos Galán. El candidato del Pacto denunció hace dos semanas que existía un plan para asesinarlo en el marco de la gira prevista en la ciudad de Pereira, controlada por la organización paramilitar La Cordillera, asociada a los carteles del narcotráficos vinculados con las bandas mexicanas que introducen la cocaína y la heroína en Estados Unidos.

La economía de la droga supone, durante la última década, entre un 2 y un 3% del PBI colombiano. En términos de lo exportable, suma 5 puntos del total. El enorme capital que implican esas transacciones ilegales se vuelca a la concentración de la propiedad de la tierra y la financiación de campañas electorales. Genera, además, una sostenida informalidad laboral, la institucionalización del lavado de activos, el contrabando de armas, la privatización de la seguridad mediante la conformación de bandas paramilitares –que cuentan con regimientos de sicarios– en completa connivencia con las fuerzas armadas y de seguridad.

Días antes de las elecciones primarias, el 1º de marzo de 2021, el Departamento de Estado aumentó los subsidios para Bogotá orientados a hacer limitar el narcotráfico. La normativa aprobada deberá ser ejecutada por el International Narcotics Control and Law Enforcement (INCLE), derivada de la Iniciativa Andina Contra las Drogas, que se inicia a principios del siglo XXI. A principios de junio de 2021, la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) publicó los resultados iniciales del monitoreo de cultivos en Colombia, realizado durante 2020 a través de relevamientos satelitales (que comprenden la extensión y densidad de cultivos) y observaciones de campo.

El resultado es por demás elocuente: las áreas ocupadas por plantaciones son más extensas que las existentes cuando se inició el Plan Colombia en 1999, y la productividad de esos sembradíos se duplicó durante las últimas dos décadas. Los programas impulsados conjuntamente por Washington y los gobiernos colombianos promovieron –bajo pretexto de limitar los cultivos de coca– las fumigaciones aéreas. Esos procedimientos motivaron, a su vez, el abandono de los campos comunitarios por parte de los campesinos afectados por los herbicidas. El resultado fue la concentración de las tierras –luego de la expulsión de sus ancestrales habitantes– y la reducción de la biodiversidad al expandir el monocultivo.

Mientas en Estados Unidos se utilizan políticas blandas dedicadas a enfrentar la demanda de estupefacientes (tratamientos de reducción de daño y formas de regulación de sustancias), en América Latina y el Caribe se exige la criminalización como núcleo central de la reducción de la oferta. La combinación de ambas medidas –la punitividad y el empoderamiento de los sectores cómplices del narcotráfico, asociados a los terratenientes– explican tanto el incremento del narcotráfico como la sociedad entre las fuerzas armadas, la embajada y los carteles.

Por su parte, una gran parte de los capitales procedentes de las drogas se acumula en las guaridas fiscales. Pero otra parte rodea de boato a los empresarios que pululan por las embajadas para sumarse al coro de quienes buscan evitar los triunfos de los sectores populares, de izquierda o progresistas. Esta es la causa por la que en Colombia hay cada vez más plantaciones, más producción de cocaína y más flujos de divisas utilizables para impedir la democratización y la regulación pública de la tierra al servicio de los intereses sociales.

El escritor Rafael Moreno-Durán comentó en una entrevista que, en Colombia, “la política es tan corrupta que corrompió hasta el narcotráfico”. Es entendible que en Washington estén aterrados con el triunfo de Petro.

Jorge Elbaum

Fuente: El Cohete a la Luna

Patio de nadie: las secuelas de un gran revés del imperio en el Continente.

Por: Alberto Aranguibel B.

Como un baño de agua helada en medio del peor invierno le ha caído de repente al imperio el rechazo de la mayoría de los pueblos latinoamericanos que se han negado a aceptar la insensata orden de exclusión que con esa misma arrogancia con la que somete hoy a Europa en su demencial guerra contra Rusia el gobierno del presidente Joe Biden ha pretendido impartirle a los países del continente americano, para impedir la asistencia de las repúblicas de Cuba, Nicaragua y Venezuela, a la  IX Cumbre de las Américas que se llevará a cabo dentro de pocos días en la Ciudad de Los Angeles, allá en Estados Unidos, precisamente por lo impensable que era para una potencia hegemónica como esa que los que ha considerado desde siempre como su patio trasero se rebelaran masivamente contra sus mandatos.

Más de dos tercios de los treinta y cinco países que integran la comunidad interamericana y caribeña han anunciado que no asistirán a dicha cumbre de mantenerse en pie la excluyente y arbitraria propuesta. De los restantes, solo seis (incluido EEU) han confirmado su voluntad de asistir al encuentro. Mientras que diez han mantenido una posición neutral a la espera de la evolución de los acontecimientos.     

Una admirable rebelión contra el gigante del norte, signada no solo por el carácter antiimperialista que expresa esa reacción colectiva de los pueblos latinoamericanos, sino también por un claro sentido de apego al derecho internacional y a la madura noción de dignidad y soberanía que impera en nuestro continente, aún más allá de las normales diferencias ideológicas que puedan existir en la región.

Se trata del triunfo de la sensatez y de la justicia sobre la arbitrariedad de aquellos que se niegan a aceptar el escenario multilateral como un espacio para el debate abierto de las ideas entre pueblos soberanos, como tiene que ser, y no como el ridículo club de vasallos que deben arrodillarse sumisos ante un ente poderoso que se considera con derecho a someter a los demás a sus designios, como pareciera creerlo el gobierno norteamericano.

Ciertamente falta aún mucha agua por correr bajo los puentes y muchos pueden ser todavía los cambios en ese escenario de aquí a la fecha del encuentro. La repentina e inexplicable flexibilización simultánea de EEUU en su terca y criminal guerra de sanciones contra Cuba y Venezuela, pareciera ser solo una estrategia apresurada para presentar el eventual e inevitable levantamiento de esa absurda medida de exclusión como un razonable cambio de dirección en virtud de un nuevo escenario de mejoramiento en las relaciones con esos países que la haría innecesaria, pero que en realidad (y de manera más que evidente) estaría motivado ya no por el entredicho buen juicio del gobierno norteamericano sino por la estruendosa derrota de su intención original de imponerse a rajatabla sobre la comunidad de países del hemisferio. Eso, por supuesto, sería un ejemplo catastrófico para la imagen de EEUU frente a la vieja Europa, que hoy acata sumisa su mandato. Una simple y vulgar huida corriendo hacia adelante.

Que lo sepa, pues, el mundo; la Latinoamérica de hoy no es patio trasero de nadie.

@SoyAranguibel

Oligarquía contra Papa

Por: Alberto Aranguibel B.

Acostumbrada al ancestral hábito de mandar en la forma más despótica a su servidumbre, la oligarquía se dirige a todo aquel que considere inferior con la arrogancia y la prepotencia de los seres que se consideran predestinados por el poder Celestial para imponer sus criterios al mundo de una manera total e inapelable.

Para la oligarquía resulta un deber de la gente, de la humanidad toda, atender con rectitud y obediencia a cuanto mandato tenga a bien pronunciar el oligarca, porque los designios del Creador, el Padre Eterno, adjudicándoles a ellos el inobjetable don de la omnisapiencia y la supremacía nadie puede rebatirlos, so pena de la excomunión y del infierno.

Por eso toda desviación de la doctrina supremacista oligarca en la que ose incurrir eventualmente la humanidad, será siempre señalada (y repudiada) con el mayor rigor por los voceros de esa élite de la sociedad que, aún siendo apenas una minúscula porción de ella, se considera dueña de los derechos de toda índole que atiendan o correspondan a la humanidad entera, así el supuesto «transgresor» de esa autoimpuesta y arbitraria doctrina sea el Papa mismo de la iglesia católica.

Escribiendo con dominio perfecto de la terminología marxista con la que la izquierda ha acusado desde hace dos siglos a su clase social por todas las atrocidades por ella cometida contra el ser humano, una enzapatada articulista de la más conspicua y rancia extracción oligarca criolla, viva expresión de los engreídos grandes cacaos del inepto y parasitario capitalismo tercer mundista, le escribe al Papa Francisco (al que insolentemente se niega a llamar Papa) acusándolo de cuanta barbaridad se le viene a la mente, empezando por “comunista” y terminando por “pedófilo”, simplemente porque el noble pastor no fija posición al lado del imperialismo y su belicista brazo armado de la OTAN en el conflicto ruso-ucraniano, como si lo hace muy encantada la oligarquía del mundo entero.

Considera la señora que el Papa trasgrede con su indiferencia la ancestral norma de sumisión de la iglesia a los mandatos de opresión a los pueblos que la oligarquía le impuso a través de la historia.

Revela así que para ella la indiferencia deberá ser correcta y aceptable únicamente cuando quien masacre pueblos inocentes y destruya sociedades y naciones enteras sea el imperio norteamericano. Tal como lo hizo hasta ahora a lo largo y ancho del mundo contra millones de seres humanos inocentes sin que la oligarquía dijera ni pío.

@SoyAranguibel

Caída del último imperio

Por: Eduardo Rothe

-Pertinente artículo publicado inicialmente en Ciudad Caracas el 26 de octubre de 2021 –

A este país se lo llevó quien lo trajo”… ”Vamos de mal en peor”… ”Me iría demasiado”. Corrupción, escasez por interrupción de la cadena de suministros, inflación, emisión de moneda inorgánica, aumento de pobreza y desigualdad, gente durmiendo en la calle y buscando comida en la basura, escalada de crímenes y violencia política, conflictos raciales, deterioro de la infraestructura, crisis en salud, educación y cultura, desastres ecológicos, tendencias separatistas, sistema electoral primitivo y sospechoso… Un país que produce muy poco e importa casi todo, con la mayoría de los grandes capitales dedicados a la especulación… Un país al borde de la guerra civil.

No, no es Venezuela: son los Estados Unidos de América, el mayor consumidor de drogas en el planeta, donde en el pasado mes de agosto 4 millones de personas renunciaron a sus empleos porque con lo que ganaban no cubría sus necesidades. Donde brotan como hongos ciudades abandonadas por la industria. Donde turbas enardecidas asaltan el Congreso. Donde el “sueño americano” se ha vuelto pesadilla.

Y es el país que pregona su modelo de democracia y la impone por la fuerza, con el mayor presupuesto militar en la historia (equivalente a la suma de los presupuestos militares de los 7 países que le siguen) y unas 700 bases regadas por el mundo. Y esta inmensa nación, llena de maravillas naturales, con un pueblo laborioso y creativo, se está arruinado por su pretensión de ser el último imperio y por imponerse e imponer al resto del planeta una economía neoliberal cuya mayor producción son desgracias.

Las razones de la caída de EEUU son parecidas a las de la caída de la Unión Soviética el 31 de diciembre de 1991, con inflación y guerra de Afganistán incluidas. Pero ahora Rusia, recuperada del desastre, se crece mientras EEUU se hunde cada vez más en las contradicciones.

Los senadores y diputados del Congreso estadounidense no representan ni a sus electores ni a los intereses de las grandes transnacionales que pagan sus campañas. Y es este país, en la mayor crisis económica, social y política de su historia, el que pretende dar lecciones de democracia al resto del planeta, derrocando gobiernos, bloqueando países, asesinando o secuestrando presidentes, periodistas y diplomáticos, negándose a reconocer que los tiempos han cambiado, no viendo que el daño relativo que le hace a otros no es tan grave como el daño absoluto que se hace a sí mismo.

Y ni siquiera el poderío militar le sirve a largo plazo, porque una cosa es derrotar un país y otra, más compleja, ocuparlo. Lo que le pasó a EEUU en Irak y Afganistán fue la repetición, en grande, de las zonas y colinas de Vietnam que sus tropas conquistaron a sangre y fuego y después tuvieron que abandonar al enemigo.

Asistimos a la caída de un imperio, con problemas que no puede superar; y lo que no se supera se descompone, y lo que se descompone incita a la superación. La caída del último imperio no será obra de sus enemigos, sino de las fuerzas sociales y políticas que se fermentan en su interior. En otras palabras, de la revolución. Ya lo dijo García Lorca: “que ya la Bolsa será una pirámide de musgo, que ya vendrán lianas después de los fusiles, y muy pronto, muy pronto, muy pronto. ¡Ay, Wall Street!”.

Fuente: Ciudad Caracas

Eduardo Rothe

Recuperación y fracaso

Por: Alberto Aranguibel B.

Poco a poco se ha instaurado en la opinión pública la convicción de que en Venezuela se viene produciendo un fenómeno de recuperación, para muchos insólito y hasta milagroso, pero reducido por lo general a lo estrictamente económico en virtud de algunos signos puntuales, como la reducción de la inflación y la estabilización relativa en los precios de bienes y servicios, cuando en realidad su alcance va mucho más allá en términos de su significación real no solo económica sino social y política.

Si se parte de la definición semántica del término recuperación, es decir; «el retorno de una cosa o persona a su estado natural luego de caer en una condición negativa«, es necesario considerar primero la crisis y sus causas para establecer así una perspectiva que permita visualizar correctamente la verdadera dimensión del fenómeno.

Como es sabido y está más que comprobado a través de su propia actuación, la crisis deriva directamente del empeño de la oposición venezolana por sacar provecho del quiebre económico del país, por lo que ha luchado persistentemente desde hace casi un cuarto de siglo promoviendo desestabilización e ingobernabilidad a través de la generación de violencia en las calles, de su connivencia con el ataque sistemático a nuestro signo monetario, de la promoción de sanciones que paralicen la actividad económica, del saboteo a la infraestructura de los servicios públicos, y de la constante búsqueda del cerco y del bloqueo internacional a Venezuela. Así lo reconocen públicamente con el mayor orgullo y cinismo los dirigentes de esa oposición golpista.

Por eso el inmenso logro que significa la recuperación que hoy todo el mundo percibe no puede adjudicársele a un evento fortuito, ni a la reactivación del aparato productivo del Estado de manera exclusiva, en particular de la industria petrolera o de la actividad agrícola, como lo reconocen organismos como la CEPAL, el Credit Suisse, y el FMI entre otros, sino que debe entenderse como el resultado del titánico esfuerzo de los millones de mujeres y hombres venezolanos que han resistido estoicamente la crisis sacando el país adelante, como acertadamente lo afirmara Diosdado Cabello con motivo del Día del Trabajador.

Ciertamente la recuperación es un inmenso logro de las venezolanas y los venezolanos. Pero es a la vez un rotundo y estruendoso fracaso de esa oposición terrorista y vendepatria que ha apostado persistentemente a la ruina del país.

@SoyAranguibel

PSUV… más allá de un partido

Por: Alberto Aranguibel B.

En los países cuyas sociedades, signadas por lo general por la lógica del modelo neoliberal capitalista, tienden a ser despolitizadas, es decir; desafectas a la participación activa del pueblo en las decisiones del Estado a través de la vida partidista, la única forma que tiene la gente para hacerse oír es la protesta y la manifestación de calle.

En Venezuela, el mecanismo mediante el cual la mayoría de la sociedad canaliza su sed de participación y protagonismo es el Partido Socialista Unido de Venezuela, cuyo rol, estatutariamente establecido, es el del acompañamiento al pueblo en sus luchas por la inclusión y la justicia social. Porque las de la oposición, como se sabe, no son protestas sino acciones golpistas que solo buscan derrocar el gobierno siguiendo instrucciones del imperio norteamericano.

La estructura del PSUV, a través de sus dirigentes de base, parroquiales, municipales, estadales y nacionales, tiene hoy presencia efectiva en todas las actividades comunitarias, gremiales y sectoriales como no la tiene ninguna otra organización política en el país.

De ahí la importancia que tienen el Quinto Congreso del PSUV y Cuarto de su Juventud. Las decisiones que en el mismo han sido tomadas para corregir errores y reimpulsar la revolución, han sido expuestas ampliamente tanto por el Primer Vicepresidente del partido, Diosdado Cabello, como por el presidente Nicolás Maduro Moros en el acto de clausura, donde el primer mandatario la definió, muy correctamente, como “la más grande expresión política en el país”.

Por eso los temas centrales de ese congreso, giraron en torno a la nueva filosofía del compromiso ético de la militancia, surgida de las miles de asambleas del partido que buscan acabar con las mafias, sean quienes sean y estén donde estén, así como en torno a las fórmulas indispensables para la activación del 1 x 10 del buen gobierno, tema en el cual también se recogieron decenas de propuestas.

Contrario a la vetusta lógica clientelar del partido político que reivindica la derecha venezolana, cuyo único interés es el estrictamente electoral, el PSUV se erige cada vez más en una poderosa fuerza transformadora que le sirve efectivamente al país, no solo en su condición de organización política revolucionaria en función de los ideales de Bolívar y de Chávez, como en efecto lo es, sino en su carácter de acompañante permanente del pueblo en sus luchas cotidianas.

@SoyAranguibel

Ilusionistas

Por: Alberto Aranguibel B.

En medio de la inmensa cantidad de gente, analistas, economistas, e infinidad de influencers,  que desde hace meses comentan por todos los medios la maravilla que les resulta desde los más distintos ángulos la recuperación de Venezuela, aparece por ahí de vez en cuando uno que otro atorrante negacionista empeñado en sostener la desgastada tesis opositora de la supuesta crisis que padecería hoy el país, igual que hace cuatro años, cuando el antichavismo estaba en su apogeo desatando su furia desestabilizadora y su violencia terrorista contra el pueblo.

Con exactamente los mismos argumentos falaces con los que construyeron por aquel entonces su antipatriota campaña de desprestigio contra el país, afirman sin el más mínimo rigor científico o metodológico que lo que el mundo entero está constatando con hechos incontrovertibles sería solo una vulgar ilusión, un espejismo. 

Que no hay tal recuperación sino un absurdo fenómeno de descabellada circunvolución económica que jamás terminan de explicar eficientemente con los  pueriles ejercicios de fabulaciones y distorsiones de la realidad que tanto les regocijan.

Que toda esa gente que colma en los Consulados en el exterior las larguísimas listas de espera para ser rescatados por el plan Vuelta a la Patria para retornar al país e incorporarse a la dinámica productiva que desde hace meses está experimentando la economía nacional, no está consciente de lo que hacen. 

Que irse a lo loco para el exterior a morirse de hambre y ser maltratados como animales, envenenados por esas pérfidas campañas de descrédito de las cuales fueron víctimas, sí fue un acto racional y sensato.

Que el fin de la violencia política, la recuperación de la gobernanza, el rescate de la paz social y la estabilización y reimpulso de la economía, no es ningún signo de recuperación sino un anuncio inequívoco del apocalipsis por el que ellos tanto han implorado sin lograrlo.

Son los mismos pobres ilusionistas de siempre que no dejan nunca de ilusionarse con sus propias ilusiones.

Menos mal que las venezolanas y los venezolanos han aprendido con el más alto nivel de consciencia y sentido patrio, a no vivir más de las vanas ilusiones de esa derecha ruinosa, fracasada y apátrida que en tan mala hora le tocó por desgracia a Venezuela.

@SoyAranguibel

Insoportables

Por: Alberto Aranguibel B.

Los opinadores de la derecha, los mismos que obstinaron durante años a los venezolanos con su delirante exaltación de Juan Guaidó, proliferan hoy descargando incontenibles por las redes sociales su desprecio al autojuramentado, como si jamás en su vida hubiesen abierto la boca para decir nada positivo de ese inefable ser, a quien con sus necias alabanzas colocaron ellos mismos en la posición en la que llegó a estar como presidente imaginario de un utópico país escuálido que jamás existió sino en sus retorcidas y envenenadas mentes.

Son tanto o más responsables incluso que el propio Guaidó, quien nunca tuvo cualidad alguna como aquel líder descollarte que pretendieron que era, como sí la han tenido quienes muy estratégicamente se han mantenido detrás de bastidores en ese ridículo tinglado escenográfico que ellos denominan “interinato”.

La prueba de esa responsabilidad (jamás asumida por ellos) está inscrita en la historia reciente del país, marcada por la actuación de quienes no han salido de la escena golpista desde hace ya casi un cuarto de siglo.

Guaidó era apenas un mozalbete cuando ya esa vocería que hoy pretende tomar distancia del fracasado proyecto de gobierno auto impuesto estaba en un mismo cambote golpista llamando a marchar hacia Miraflores en aquel funesto intento de abril de 2002 que en pocas horas fuera derrotado por el pueblo.

En su afán de mentirosos compulsivos que son, pretenden mentirle de nuevo a la opinión pública inventando una indignación por lo que dicen es una “pérdida de oportunidad”, cuando lo que fue siempre ese insensato proyecto fue un disparate que comenzó por la escogencia misma de un inverbe, mediocre y sin talento alguno, como ese que escogieron para ungirlo con el cargo de primer mandatario nacional sin el más mínimo mérito y sin haber sido electo por nadie para tal.

Ahora vuelven, con su cara muy lavada, a pretender que son ellos quienes saben lo qué hay que hacer para echar adelante el país. Que solo ellos (causantes como son de la crisis que ellos mismos denuncian) tienen la capacidad para asumir la compleja y excepcionalmente difícil tarea de la conducción nacional.

Un cuarto de siglo fracasando y un cuarto de siglo sin terminar de aceptar su ineptitud y su derrota.

Son en verdad insoportables.

@SoyAranguibel

Vladimir Acosta: ¿El mundo contra Rusia?

Por: Vladimir Acosta

La brutal rusofobia que vive hoy Europa empezó en forma sencilla y sus primeras manifestaciones fueron casi inocuas y más bien ridículas. Prohibir aceptar gatos rusos en concursos europeos; prohibir en una Universidad italiana a un profesor dictar un curso sobre Dostoievski; excluir un roble ruso, que era el favorito, de un concurso de robles. Pero pronto todo se orientó hacia el odio, la agresión y la violencia. Se despide al director de la sinfónica de Munich por ser ruso y un organismo médico europeo excluye de ser tratados de cáncer a los pacientes rusos. La FIFA prohíbe a los deportistas rusos participar en sus competencias, incluido el mundial de fútbol de este año. Y se producen en Alemania agresiones contra rusos, que sugieren un nuevo despertar nazi. Y es que a partir de la nazificada Ucrania el nazismo, gozando de simpatía europea por ser anti ruso, se apodera de los medios europeos. Al comienzo disfrazados y pronto en forma abierta, discurso y prácticas nazis se imponen y son difundidos y celebrados por los medios. Y no solo ucranianos.

Se producen en estas semanas declaraciones y hechos aberrantes. Mientras los rusos tratan con respeto a militares ucranianos rendidos, protegen a la población civil y le abren caminos para huir de la guerra, los nazis ucranianos, celebrados como democráticos nacionalistas, torturan y disparan a quemarropa a las rodillas y a las piernas de soldados rusos capturados. Un médico llama en la TV de Kiev a asesinar a todos los rusos heridos porque no son seres humanos sino cucarachas; y en el mismo canal un periodista nazi, otro “nacionalista”, pide no solo asesinar a los rusos sino degollar a todos sus niños pequeños para que los rusos desaparezcan de la tierra. Se aplaude todo esto; y mientras prohíben a RT y a Sputnik, los democráticos medios europeos llaman combatientes extranjeros a los mercenarios asesinos que cobran por apoyar a Ucrania y CNN entrevista con orgullo al batallón nazi Azov. Y en medio de todo, líderes y ministros europeos histéricos celebran esos crímenes y gritan que ahora sí van al fin a acabar a Rusia.

Esta horrenda criminalidad rebasa casi cualquier ejemplo previo, pero debemos reconocer que la rusofobia no fue creada en estos meses. Lo que es producto de ellos es su explosión brutal. Pero la rusofobia viene de lejos y tiene una historia que conviene conocer, así sea en sus rasgos generales; historia de racismo, miedo y odio, en la que por siglos Europa fue protagonista y promotora, pero que en este como en tantos otros campos debió ceder su protagonismo al arrogante imperio yankee que desde 1945 la ha sometido y puesto a su servicio.

Esa rusofobia europea, de la que luego participa EU, pasa en mi opinión por 5 etapas. La primera, tocante a la Edad Media, es la ignorancia. Las historias universales o europeas del medioevo ignoran por completo a Rusia. La segunda, que corresponde a los siglos XVI y XVII, es el desprecio: Rusia es descrita como país semi bárbaro, atrasado e inferior. La tercera es un lento y sesgado reconocimiento de Rusia que empieza con Pedro el Grande y se prolonga hasta el inicio del siglo XX. Rusia sigue siendo un país atrasado y autoritario que se moderniza en parte, obra de una élite imitadora de Europa, con la que compite como imperio, pero que continúa siendo campesina. La cuarta corresponde al siglo XX y vista por la burguesía imperialista europea a la que se suma e impone EU, combina la sorpresa con el odio. Sorpresa porque en ese país atrasado y campesino se produce la primera Revolución proletaria, socialista o comunista, la cual sacude al mundo. Odio porque de las burguesías imperialistas no puede esperarse otra cosa. Y la quinta es la actual, que va desde el derrumbe de la URSS hasta el imparable ascenso económico, científico y militar de la Rusia actual, la Rusia de Putin; ascenso y derechos que EU y su servil Europa se niegan a reconocer.

Como de costumbre, EU lo dirige todo. Considera que esa rusofobia, que impulsa en Europa, pero controla en EU, va viento en popa. Y es que ese odio irracional que sus medios ofrecen a las embrutecidas masas es parte clave de su viejo plan de acabar con Rusia. Porque el plan estadounidense de aplastar a Rusia viene de hace un siglo, de 1917-1918, de la Revolución comunista rusa, y se ha mantenido porque a EU le es esencial. Ese plan va más allá y más acá del comunismo. Es que Rusia le estorba, necesitaba dividirla y eliminarla desde antes, desde cuando impuso la Guerra Fría. Pero ahora lo necesita más que antes porque es el prerrequisito para atacar a China a fin de mantener su dominio mundial impidiendo que ese mundo multipolar que ve venir, avance, liquidando su condición de único dueño del planeta. La última versión de ese plan, la vigente, se forjó hace 3 décadas, con el derrumbe de la URSS, buscó abrirse camino por medio de la extensión de la OTAN para rodear a Rusia, sometiendo a Europa y logrando para dispararlo el control de una Ucrania nazi, armada para provocar a Rusia; esto es, mediante todo lo que hemos visto en estos años y sobre todo en meses recientes. Sus últimos detalles, ventajas y peligros, se los diseñó en 2019, en el documento titulado Sobreextendiendo y debilitando a Rusia, la Corporacion Rand, organismo suyo, básico para definir su política exterior.

¿Y qué hace EU como padre y promotor de esta guerra, que con su usual hipocresía condena? Vimos al demente senil y solapado genocida que es Biden, masacrador de Yugoslavia, Libia y Afganistán, llamando asesino y criminal de guerra a Putin para rematar con el beligerante discurso anti ruso que tartamudeó en Varsovia exclamando angustiado acerca de Putin: ¡Por Dios, ese hombre no puede seguir en el poder! ¿Cómo aclararle a los que se tragan lo que Biden dice, que su mensaje falsamente angustioso no es comparable al sincero de una pobre anciana hambrienta que le pide a Dios: Dios mío, ten piedad de mí, ¿por qué dejas que me muera de hambre? No, ese mensaje hipócrita es el firme reclamo que ante el mundo le hace a Dios el presidente de EU, amo de la guerra, jefe de un estado genocida que invade y destruye países a voluntad matando millones de personas y cuyos crímenes son obra divina pues EU es su pueblo elegido, y sus guerras son obra autorizada por el propio Dios. Fuera de si Biden pide o no un golpe de estado en Rusia, lo que resalto es que esta no es una petición a Dios sino el reclamo que Biden le hace por permitir que Putin siga en el poder, y ese reclamo a Dios es su mensaje.

Pero hay algo esencial que he dejado para concluir. Lo que los medios yankees y europeos nos muestran a diario es que todo el mundo condena y odia a Rusia y que esa rusofobia es hoy universal. Y esto es una doble mentira que nos tragamos con facilidad. Porque esos medios nos venden a Occidente como si fuera el mundo, y sobre todo porque nosotros, educados en el colonialismo euro-estadounidense y en esa falsa visión de este que nos hace desconocer por ignorancia lo que no es Europa ni EU, les creemos. Una sola mirada a un mapamundi grande derrumba esa patraña. Las sanciones ilegales que EU y Europa imponen a Rusia y que están dañando más a Europa que a Rusia porque ésta las está superando, no son del mundo entero. Es solo Occidente, solo EU y Europa, porque América Latina, salvo los usuales cipayos, se muestra renuente, tiene relaciones con China y no va a sancionar a Rusia. Lo mismo pasa con África y lo principal es que prácticamente toda Asia: China, India, Asia central, Irán y Turquía, se niegan a sancionar a Rusia y fortalecen alianzas y vínculos con ella. El decadente EU y la podrida Europa olvidan que Asia ya es hoy el nuevo centro del mundo, que desplaza a Occidente en un proceso que cada vez tiene más fuerza. Y Rusia es parte de él.

Vladimir Acosta

Fuente: Ultimas Noticias