Las naciones solitarias

Por: Alberto Aranguibel B.

Alineados con la rapaz política intervencionista de los Estados Unidos, una serie de países gobernados circunstancialmente por líderes del mundo neoliberal capitalista, decidieron convalidar hace dos años, el desquiciado invento de la Casa Blanca de promover como presidente autojuramentado de Venezuela a un imberbe y desconocido político de ultraderecha que se ofrecía como redentor de la democracia.

Sin lugar a dudas, muchos de esos países actuaron de acuerdo a sus pétreas convicciones ultraderechistas. Pero seguramente, también muchos de ellos fueron sorprendidos en su buena fe con aquella deslumbrante oferta que obviamente llamaba a cerrar filas junto a un defensor de tan noble causa, como la que decía encarnar el autojuramentado.

Pero todo cambió cuando empezó el festín del robo de activos patrimoniales del Estado venezolano en el exterior perpetrado por la banda de delincuentes que terminaron siendo el presidente ficticio y su séquito de ladrones enzapatados regados por el mundo, denunciados hoy con infinidad de pruebas hasta por quienes hasta ayer los alababan.

¿Seguirán dándole su apoyo a ese latrocinio esas naciones engañadas con el infame cuento de la supuesta redención democrática?

Lo más probable es que, por mucho que sus convicciones pro imperialistas los obligue, muchos de esos países no estén dispuestos a enlodar su prestigio como naciones solamente por servir a una causa a todas luces prefabricada e impuesta por asaltantes de la peor calaña mediante el engaño y la manipulación mediática.

El seis de diciembre el pueblo venezolano seguramente impondrá con su voto una nueva mayoría revolucionaria al frente del parlamento, tal como todo lo indica.

La derrota de Trump en EEUU, que deja sin jefatura la arbitraria iniciativa de imponer un presidente a control remoto y sin elección alguna que lo avale, es ya en sí mismo un viraje de todo el escenario.

Corresponderá entonces saber si a partir de ahí continuarán esas naciones respaldando solas ese bochornoso festival del dinero robado a manos de unos usurpadores sin legitimidad ni derecho alguno para ello.

@SoyAranguibel

Democracia facilita

Por: Alberto Aranguibel B.

A lo largo de la historia quienes detentaron de una u otra forma el poder jamás aceptaron de buen agrado la idea de un modelo de sociedad según el cual la mayoría decide el destino del conjunto. Las élites fueron siempre reacias a la idea de que el desposeído se les igualara de alguna forma. De ahí precisamente, antes que de la razón económica del modelo, es de donde surge en principio la lógica del capitalismo como sistema de dominación social.

Por eso los capitalistas neoliberales de hoy en día no aceptan nunca los escrutinios electorales que los dan por derrotados.

Donald Trump, por ejemplo, pelea hoy por retener la presidencia de los Estados Unidos denunciando fraude electoral a lo largo y ancho de esa nación con la misma furia con la que le arrebató el mismo cargo a la entonces candidata presidencial Hillary Clinton hace apenas cuatro años, mediante una descabellada fórmula electoral que hace presidente al que menos votos populares obtenga.

Nada diferente a la ridícula indignación de Iván Duque denunciando las supuestas injusticias y atentados contra los derechos humanos de los que insistentemente acusa a Venezuela, frente al escandaloso silencio que mantiene con las incontables masacres por las que es famoso su país en el mundo, después, por supuesto, de su bochornoso prestigio como líder en producción y tráfico de drogas.

No menos semejante al severo cuestionamiento de Sebastián Piñera contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro por los supuestos hechos de represión por los cuales lo acusa de manera infame, frente a la barbarie desatada por él con la más entera naturalidad y cinismo contra el pueblo chileno que reclama condiciones de vida digna para su dura sobrevivencia.

Y no menos parecido a la inmoral solicitud de la oposición terrorista venezolana llevada a cabo por Juan Guaidó con la rectoría de la Casa Blanca, para que la militancia opositora se abstenga de votar el próximo seis de diciembre en la elección de un nuevo parlamento, después de pedirle desesperadamente el voto a esa misma militancia en 2015 para convertirse en diputados de esa Asamblea Nacional que luego usaron para atentar durante cinco años contra el gobierno y contra la paz de Venezuela.

Llegaron al poder como ha llegado siempre la derecha a lo largo de la historia; usando miserablemente al mismo pueblo al que le niegan siempre su derecho democrático a decidir por sí mismo.

Un particular modelo de democracia cada vez más elitesca y sin contenido. Además de absurda.

@SoyAranguibel

Las hetairas de Trump

Por: Alberto Aranguibel B.

Probablemente ni siquiera en las recámaras privadas de la Casa Blanca se sintió tanta ansiedad con la necesidad de triunfo de Donald Trump, como la que se sintió en el ámbito de la oposición venezolana, cuyo frenesí por la anhelada reelección del delirante magnate fue mucho más allá de todo lo racional.

Jamás se vio tanto frenesí en la adulación y el rastacuerismo como los que expresaron durante toda la campaña electoral aquellos que haciéndose llamar venezolanos, no dejan sin embargo de implorar ni un solo instante de sus vidas por el logro del sometimiento y el control de Venezuela por parte del imperio norteamericano.

Expresiones como “Creo que en la historia humana nadie como Trump se asemeja tanto a la imagen de Atlas sosteniendo al mundo”, colocada en tuiter por uno de esos apátridas de alta alcurnia, podrían ser en sí mismas suficientes para demostrar el carácter arrastrado y servil de gente que no siente vergüenza ni temor al ridículo, porque su repudio visceral a toda idea de Patria es infinitamente superior a cualquier condición moral imaginable.

La bochornosa mezcolanza de himnos, entre el norteamericano y el venezolano, horriblemente entonada frente a una multitud en el corazón de Miami por unas damas conocidas en su viejo terruño zuliano como “las Kardashian guajiras”, dejó con la boca abierta a gringos y a supuestos venezolanos que no atinaban a comprender en qué parte del cuerpo tendrían metido esas señoras el sentido de la dignidad y el ridículo, que no les importaba para nada el disparate que escenificaban ahí como su mejor aporte a la campaña de Trump.

Hoy Donald Trump aparece derrotado, y su destemplado cretinismo y su proverbial altanería ya no son los mismos de hace apenas unos días. Pero su fortuna sigue incólume. Su contendor, Joe Baiden, quien tampoco fue que destacó por su gallardía como gladiador frente a las fieras, al menos salió electo presidente. 

Por eso, si alguien perdió en verdad en esa contienda, fueron precisamente esos lambesuelas que no tuvieron nunca el menor pudor para exponer su miserable condición de vendepatrias frente al mundo.

Ahora los veremos arrastrarse a los pies del nuevo mandatario como si no hubiera pasado nada. Exactamente igual a las desenfadadas Hetairas de la antigüedad.

@SoyAranguibel

Delincuencia disfrazada de política

Por: Alberto Aranguibel B.

La verdadera división que hay entre los venezolanos es entre una forma de ejercer éticamente la política, como la asume la gran mayoría de la población que desde distintas posiciones se ha mantenido apegada a la lógica del juego democrático, y, por la otra, la inmoralidad que caracteriza a los sectores ultraderechistas, que solo persiguen asaltar el poder para convertirlo en fuente de enriquecimiento y de ostentación.

El caso de un prominente operario de esos partidos de ultraderecha, que ha sido detenido por su actuación directa en infinidad de acciones terroristas, es probablemente uno de los más reveladores del talante inmoral de ese delincuencial sector del país.

Más allá del escándalo que significa su comportamiento sexual en la vía pública (que no nos interesa) lo verdaderamente repugnante es la forma en que él mismo revela, con el mayor cinismo, que su tarea en el partido es disponer del dinero proveniente de la empresa CITGO, de la cual ha sido despojada criminalmente el Estado venezolano, en el financiamiento de acciones de desestabilización y, lo que es más grave, para costear la lujosa vida que tanto él como su pareja se gastan con ese dinero robado a la nación.

Un cinismo que indigna cuando se sabe que ese dinero venía siendo dispuesto por el gobierno revolucionario para sufragar las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos de enfermedades de alto costo tanto dentro como fuera del país a una gran cantidad de pacientes de enfermedades terminales, la mayoría de ellos niños que hoy mueren por falta de asistencia de la fundación adscrita a CITGO, porque quienes ahora la controlan han dispuesto que tales recursos ya no se usarán más para costear operaciones o tratamientos médicos, sino que se asignarán arbitrariamente a una serie de organizaciones no gubernamentales, generalmente sin estructura ni desempeño verificable, y que en su mayoría suelen estar en manos de los propios conmilitones de la pandilla de saqueadores dirigida por el autojuramentado.

La muerte, que ha sido la aliada fundamental para esa derecha corrupta y miserable, vuelve a ser el arma en una lucha que se le ha vendido al mundo como ideológica, pero que no es otra cosa que un vulgar despojo de dineros públicos tras una fachada política. Solo que esta vez quienes mueren son niños inocentes.

@SoyAranguibel

¿Podrá ganar Trump?

Por: Alberto Aranguibel B.

Las primeras sorprendidas con los resultados electorales en casi todas las elecciones suelen ser siempre las empresas encuestadoras, que en el pasado servían para hacer una radiografía medianamente confiable de la opinión pública, pero que, con los avances de las tecnologías de la información y la comunicación, y muy fundamentalmente de las Redes Sociales, han venido cayendo ya en franco desuso.

Por eso, la ventaja del candidato demócrata Joe Biden frente al actual mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, que vienen presentando insistentemente las encuestadoras norteamericanas, no debe entenderse necesariamente como una premonición o un dictamen definitivo de los resultados del inminente proceso electoral que tendrá lugar en ese país en pocos días.

Vistos objetivamente uno frente a otro, ninguno de los dos candidatos posee en verdad superioridad alguna en términos de verdadera capacidad de liderazgo político para merecer el cargo al que aspiran.

A Trump ya el mundo entero lo conoce por su proverbial arrogancia y su insolente soberbia, sobre las cuales ha apoyado su desastrosa gestión como presidente de la más poderosa nación del planeta. El único recurso al que ha apelado para tratar de llevar adelante la muy comprometida economía de ese país, han sido la amenaza y la agresión constantes contra toda aquella nación que de alguna manera le resulte inconveniente a los intereses de la economía norteamericana, sin importar si se trata de una poderosa potencia militar o económica como Rusia, como Irán, o como China. O de pequeñas economías emergentes, pero con grandes reservas energéticas y minerales, como Venezuela.

A Biden, habiendo sido muy mediático durante el gobierno del expresidente Barack Obama, en el cual ostentó el cargo de Vice-Presidente, no se le conoce sino como uno de los personajes más grises y pusilánimes de la política norteamericana.

En una sociedad como esa, signada hoy por la efervescencia social de uno u otro signo (que los neófitos definen como un conflicto entre ¡capitalistas y socialistas!) para un individuo como Biden, con más parecido a un monje en retiro que a un guerrero envalentonado contra el mundo, como Trump, las posibilidades de triunfo son en verdad escasas.

@SoyAranguibel

Justicia electoral

Por: Alberto Aranguibel B.

El evento electoral boliviano, en el que se eligió un nuevo presidente, se presenta como un acontecimiento de gran significación democrática, cuando en realidad es mucho más que eso.

El que haya sido elegido uno de los candidatos presentados a la contienda electoral por la voluntad popular mayoritaria del pueblo, significa, por supuesto, que se ha cumplido a cabalidad con el precepto constitucional que ordena el marco legal regulatorio de la sociedad boliviana, ceñido como está a los principios más elementales de la concepción universalmente aceptada de democracia.

Por eso es perfectamente correcto que tanto organismos e instituciones nacionales e internacionales, así como una amplia vocería de destacadas figuras del quehacer político y medios de comunicación en general, hayan aceptado los resultados que dieron cuenta de la inmensa ventaja que obtuvo Luis Arce en esa contienda sin la más mínima objeción. Incluyendo a aquellos que anteriormente cuestionaron el resultado que dio por ganador al expresidente Evo Morales, de la misma tendencia de la actual mayoría, con exactamente el mismo sistema electoral.

Un evento que viene a demostrar que todo el horror de represión, persecuciones y muertes, causado por el grupo golpista que hace apenas un año desconoció por la fuerza las elecciones en ese país, ha sido solo la expresión de intolerancia de una derecha soberbia y prepotente que se considera con derecho a violentar el ordenamiento jurídico de una nación si en un momento determinado le parece que las cosas no suceden como ella arbitraria y antojadizamente pretende.

Que corrobora que todo cuanto dijo esa derecha sobre el supuesto fraude que habría montado el expresidente Morales, fue siempre una grotesca y repugnante infamia, y por lo tanto el golpe fue siempre ilegal e injustificado.

Una acción atroz contra la voluntad popular, que deja como saldo miles de muertos y de pérdidas mil millonarias para ese país, no solo en términos de la destrucción causada por la vorágine represiva desatada por los sediciosos, sino por la infinidad de actos de corrupción que deben haber llevado a cabo los golpistas con lo que seguramente consideraron un botín de guerra. Así como en términos del desmontaje de las progresistas políticas y programas sociales llevados a cabo por el depuesto gobierno de Morales.

Por eso, antes que democrático, es un acto de verdadera justicia frente a un inmenso crimen.

Libertad y antibloqueo

Por: Alberto Aranguibel B.

La Ley Antibloqueo aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente, generó un interesante debate que deja al descubierto un aspecto de nuestra realidad de muy especial importancia para el país.

El brutal asedio del que es víctima Venezuela, aunado a la calamidad que representa la pandemia de coronavirus que azota al mundo, nos ha colocado en una situación de excepcionalidad que nadie en su sano juicio puede hoy negar de ninguna manera. 

Más de ciento treinta mil millones de dólares despojados a la nación en virtud de ese ilegal y criminal bloqueo, se han traducido en padecimiento para miles de venezolanas y venezolanos que han dejado de recibir servicios públicos eficientes, alimentos y medicinas, porque el único propósito de tan canalla medida del imperio contra nuestro pueblo es generar sufrimiento para lograr un beneficio político.

Quienes niegan esta verdad desde la oposición venezolana, son los primeros en poner el grito en el cielo por la propuesta que hace el presidente Nicolás Maduro con esta importante Ley, y de inmediato salen a cuestionarla sin siquiera haberla leído.

Para ellos, el tema es solo una oportunidad más para lanzar una nueva andanada de infamias contra el proceso revolucionario, al que acusan de dictadura simplemente porque con esa difamación favorecen las posibilidades de sus planes golpistas.

Desde la izquierda, algunas voces llegaron también a levantarse contra la Ley Antibloqueo, argumentando razones referidas, según dijeron, a la necesaria vigilancia de los preceptos constitucionales que garantizan el imperio de los derechos humanos y del ejercicio de la constitucionalidad en la actuación del Estado. Lo cual, es importante decirlo, ha sido siempre, y lo es hoy en el instrumento que el Presidente presenta, perfecta y rigurosamente asumido como doctrina por la Revolución Bolivariana en todos y cada uno de sus aspectos.

Se demuestra, pues, con esa polémica de “los exquisitos”, como los definió el Dr Herman Escarrá, que en Venezuela reina un innegable sistema de libertades, que permite el disenso como expresión de la democracia participativa y protagónica que consagra nuestra avanzada Constitución bolivariana. Algo que expresa en sí mismo el carácter falaz de la supuesta “tiranía” que existiría en Venezuela.

Una demostración más de la rectitud del presidente Nicolás Maduro en función de los derechos humanos de los venezolanos, en defensa de los cuales ha delineado en esta Ley Antibloqueo los mecanismos de aseguramiento, desarrollo y protección de nuestra economía y de nuestra soberanía, tal como fue desde siempre el deseo y el empeño del Comandante Hugo Chávez.

@SoyAranguibel

Abstenciones y peras

Por: Alberto Aranguibel B.

Hay todavía quienes, a estas alturas del descalabro de Juan Guaidó como tinglado que le hizo creer a alguna gente que existía en verdad un posible liderazgo encarnado en su pusilánime figura de autojuramentado callejero, que creen que podría tener algún sentido político el disparate de negarse a participar en unas elecciones parlamentarias cuestionadas por él como carentes de transparencia y confiabilidad, pero que son  idénticas a las que le permitieron a él y a sus conmilitones hacerse del poder legislativo para promover desde ahí la desestabilización y el golpismo que han desatado contra el país a lo largo de estos últimos cinco años, y que son hoy incluso más robustas desde el punto de vista tecnológico que aquellas.

Piensan (quienes aún abrigan esa ingenua esperanza) que lo de la abstención es una bandera de lucha de profunda esencia democrática a través de la cual se le estaría disparando un misil fulminante al gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro y a la Revolución Bolivariana, que acabaría definitivamente, según ese pueril sueño, con todo vestigio de chavismo en el país, de aquí y hasta el final de los tiempos.

Vuelven, sobre sus propios pasos de vaticinadores fracasados y humillados frente al mundo, con el viejo ritornelo escuálido del “tic, tac, tic,tac” y el “Ya les falta poco”, convencidos como están de que la abstención de una minoría tan abrumadora como las que ellos representan podría significar algo en el importante evento electoral previsto para el seis de diciembre.

Una vez más se ufanan en todas partes de una superior cualidad que nunca han hecho patente en forma alguna, salvo en las fabulaciones que sus ilusionistas encuestólogos a sueldo suelen presentar como vaticinios inexorables de triunfos que nunca alcanzan, pero en los que ellos creen con los ojos cerrados como si de la sagrada Biblia se tratara.

Embrutecidos como están con sus vanas ilusiones, no se percatan de que lo que hay detrás de esa insensatez de la abstención no es sino el descomunal culillo a ser arrollados una vez más por el inmenso río de pueblo que acudirá a depositar su voto por una revolución que ha reivindicado por primera vez en nuestra historia el derecho del venezolano a una vida digna.

No le pidan peras al olmo.

@SoyAranguibel

Usar de nuevo al pueblo

Por: Alberto Aranguibel B.

Terca y obtusa como ha sido desde sus inicios, la oposición golpista venezolana persigue hoy reeditar su fracasado plan de la desestabilización mediante el uso de la violencia como fórmula discursiva política.

Como hizo siempre en el pasado, ha despreciado olímpicamente toda posibilidad de actuación en el escenario democrático del debate y la vía electoral, para enfrascarse en su estúpida idea del derrocamiento del gobierno y el exterminio del chavismo con la activación de una minoría fascista que disfruta incendiando todo a su paso y eliminando a su contendor (el pueblo chavista) mediante su asesinato en la vía pública para lograr titulares en la prensa internacional que favorezcan su inconstitucional propósito.

Torpe hasta más no poder, ese derrotado sector opositor, que no se cansa de recibir el repudio que de mil formas le ha expresado el pueblo a su propuesta de la violencia como instrumento político, reincide en su obsesivo empeño de pretender poner a las venezolanas y los venezolanos en contra del Gobierno revolucionario, haciéndoles creer que el causante de los males que hoy padece es el presidente Nicolás Maduro, aún a pesar de ser el propio Gobierno de los Estados Unidos quien se ha encargado de reiterarle al mundo entero que no es ningún otro sino el propio Donald Trump el causante de todas esas penurias por las que atraviesa hoy el pueblo venezolano.

Trump y todo su equipo de gobierno lo han declarado a los medios y lo han explicado hasta la saciedad ante el Congreso de ese país. Pero los tozudos estrategas de la oposición insisten en tratar de convencer a la gente de lo contrario.

Un afán de utilización cruel y desalmada de nuestro noble pueblo, para ponerlo, como han querido hacerlo desde siempre, al servicio de las causas más inmorales y abyectas que el imperio norteamericano tiene dispuestas para el asalto y sometimiento de nuestro país a sus designios.

Vuelve de nuevo la oposición a procurar su propio beneficio a través del dolor y el sufrimiento del pueblo. Y volverá una vez más el pueblo a demostrarles el 6 de diciembre, cuando acuda masivamente a votar por los candidatos de la Revolución para rescatar la Asamblea Nacional y ponerla a trabajar de nuevo por la Patria, que los fascistas están completamente equivocados.

@SoyAranguibel

Aranguibel: “La Ley Anti Bloqueo busca reducir el sufrimiento que causan las sanciones”

Caracas, 30 de septiembre de 2020.- La Ley Anti Bloqueo presentada esta semana por el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, a la Asamblea Nacional Constituyente para su aprobación, busca atenuar el impacto de las ilegales y arbitrarias sanciones impuestas al país por el gobierno de los Estados Unidos, y responde a la obligación que tiene el Estado de defender el derecho de las venezolanas y los venezolanos a su soberanía y su independencia.

Así lo afirmó el constituyente Alberto Aranguibel en entrevista concedida al programa Café en la Mañana, conducido por la periodista Emma Carolina Agurto, y que es transmitido a diario por Venezolana de Televisión.

“Si algo le da aliento a esas agresiones del imperio es la campaña de infamias que se ha lanzado contra Venezuela, que coloca al país como un Estado fallido. Por eso el compromiso más importante del pueblo en este momento es entender que la elección de este seis de diciembre es decisiva. Porque si la oposición gana en esas elecciones se va a recrudecer la violencia que la derecha desató desde 2015. Pero si ganan los candidatos de la Revolución, el imperio va a ver disminuido el respaldo internacional que ha logrado alcanzar para lanzar esas agresiones contra Venezuela”.

María Alejandra Díaz: Derechos Humanos a la carta

Por: María Alejandra Díaz

A los organismos multilaterales y a sus amos de la corporatocracia imperial, el comodín de la cartilla de los derechos humanos les ha servido para cualquier jugada: culpar a quienes no son gobiernos aliados ni cómplices de ese Poder Global, justificar, incluso proteger a gobiernos violadores de derechos fundamentales pero serviles a los intereses de la pérfida gobernanza mundial, incluidas resoluciones para “bombardeos e invasiones humanitarias” justificados en leyes supranacionales, hasta ocultar bajo la alfombra la basura de ciertos países que cometen crímenes contra la Humanidad, inmoralidad a todas luces. 

Dentro del concierto internacional, Venezuela es uno de estos casos emblemáticos. Calificar a priori  nuestra situación humanitaria, afirmando que en nuestra patria se violan los derechos humanos de forma sistemática y se cometen crímenes de lesa humanidad, nos parece poco menos que irresponsable,  falaz y abominable. No se pueden realizar estas aseveraciones en un país en el que las empresas, nacionales y transnacionales se mantienen operativas en el territorio nacional, incluyendo las de alimentos y medicamentos. Según esta lógica “los derechos humanos son (…) violados con objeto de ser defendidos, la democracia es destruida para salvaguardar la democracia, la vida es eliminada para preservar la vida.” (Boaventura de Sousa Santos)

Pero sobre todo, ocultando que nuestro país es objeto de medidas coercitivas unilaterales aplicadas inmisericordemente por parte de los gobiernos de  EEUU y de países europeos (UE) que dificultan la importación de alimentos, medicamentos e insumos para la producción, además del asedio y  ataque a nuestra moneda, distorsiones en el abastecimiento de bienes esenciales provocado por oligopolios, en un claro despropósito que busca dañar ante la comunidad internacional nuestra reputación como país.

El informe presentado a la opinión internacional, parte de la operación mundial de descrédito y distorsión contra una nación asediada, es sesgado y carece de rigurosidad. En su texto abundan las afirmaciones imprecisas, llenas de adjetivos indefinidos, basadas exclusivamente en opiniones, juicios y valoraciones de los factores políticos y ONG´S, radicalmente opuestos al gobierno nacional y peor aún, contrarios a los intereses generales de su propio país. A la ligera se parte de falsas premisas de las cuales se infiere y se sacan conclusiones, sin presentar pruebas que demuestren su veracidad. 

En los casos en los que se muestran cifras, éstas no son las estatales, tampoco hubo un mínimo trabajo de contrastarlas con datos oficiales, carencia que delata la mala intención. Advertimos que igual a otros informes publicados para abultar el expediente de “Estado Fallido” y “Estado Forajido”  e inculpar a la República Bolivariana de Venezuela, las cifras mostradas son tomadas de estimaciones obtenidas sin seguir procedimientos metodológicos rigurosos y objetivos. 

Tras analizar fuentes y datos se observa que las técnicas empleada en la recolección de información presenta graves fallas, aspectos básicos como la definición de las unidades de análisis, la ficha técnica referida, no toman  en consideración los datos oficiales del Ministerio Público ni del Poder Judicial, constituyendo un gravísimo error que lo invalida.

En cuanto a las referencias, la mayoría proviene de medios de comunicación manifiestamente contrarios al gobierno nacional y a la República, poniendo en evidencia el sesgo del informe y la intención tendenciosa subyacente. No se mencionan las iniciativas de políticas adelantadas por el Gobierno Nacional y el Estado para superar la situación económica y social que actualmente vive el pueblo venezolano -insuficientes ciertamente, pero esfuerzos al fin- y enfrentar los efectos de las medidas coercitivas unilaterales e ilegales, mal llamadas sanciones, y cuando lo hacen es para justificarlas.

Sin credibilidad alguna, los “expertos contratados” en su “misión independiente” (mercenarios del fake news humanitario) aplican a su discreción parámetros de la cartilla, ignorando no sólo las oficiales sino otras fuentes de información, lo que resta credibilidad a su “imparcialidad”.

Todo ello muestra un claro conflicto de intereses. La disonancia entre sus deberes y sus actividades políticamente direccionadas, además de evidente es demasiado descarada. Es pública y notoria su actitud. Mientras ven la paja en el ojo de Venezuela y acusan al gobierno y al Estado de cometer crímenes de lesa humanidad, no la ven en el suyo propio: uno de sus expertos, Francisco Cox, quien ignora y peor aún, justifica que el Presidente Piñera ordenara sofocar a toda costa las protestas del pueblo chileno contra las políticas neoliberales y la injusticia perpetua a la que son sometidos sus habitantes, declara que en su propio país, Chile, no existen crímenes de lesa humanidad, aun cuando los Carabineros han dejado ciegos, mutilados y detenidos a más de 3000 chilenos que pedían y piden más y mejor democracia en sus calles… ¡Menuda contradicción! Claro, Chile no posee los inmensos recursos de Venezuela, he allí el detalle. 

Si algo llama poderosamente la atención es que el informe contratado comienza con una conclusión: aseguran que en la República Bolivariana de Venezuela existe una crisis democrática, humanitaria, que el gobierno es responsable de cometer crímenes contra la población civil de manera sistemática y consciente. A lo anterior se le denomina Petición de Principio porque da por probado, lo que debe probarse.

Sin rubor alguno, los redactores utilizan un conjunto de conceptos abstractos tales como democracia, solidaridad. Para luego señalar que dichos conceptos no se materializan en el Estado venezolano. Tratar de aplicar conceptos abstractos, jurídicamente indeterminados, a situaciones de hecho que objetiva y jurídicamente deben ser probadas, es una falacia conocida como la falacia de negar el antecedente. 

De esta manera se niegan, obviándolos e ignorándolos, y no se valoran los esfuerzos hechos por el Poder Judicial y Fiscalía venezolanos para judicializar los casos de excesos y violaciones de derechos humanos: a la fecha 127 oficiales y miembros de cuerpos policiales están siendo juzgados por dichos hechos. Al respecto, su mutis se convierte en silencio sepulcral, lo que en derecho procesal se traduce en silenciamiento de pruebas.

Los temas tratados, actores y fuentes que alimentan el informe corresponden en un 97%  a publicaciones, investigaciones e informes de ONG´S financiadas por la NED y la USAID, quienes al cancelar sus honorarios comprometen la independencia de criterio de los actores al utilizar claramente informaciones en contra, y apenas un 3% de fuentes a favor. Tal desigualdad resulta una barbaridad desde cualquier punto de vista, pues viola el principio de Igualdad de los Estados, el de No Intervención y el de Autodeterminación, entre otros del Derecho Internacional Público.

No negamos bajo ningún concepto que ciertos y determinados elementos de los organismos de seguridad y defensa de nuestro país pudieran haber cometido  y cometer excesos y violaciones de derechos fundamentales, incluso empresas también. Pero apenas el Estado venezolano toma conocimiento de tales hechos la Fiscalía y el Poder Judicial entran en actividad. En ocasiones no con tanta celeridad como nos gustaría, pero actúan. Nadie niega profundas contradicciones, críticas a políticas económicas u omisiones que han impactado en la calidad de vida de la  población. Pero asegurar que es un comportamiento sistemático y una política de Estado, además de peligroso es una tremenda irresponsabilidad que persigue la destrucción de nuestra nación.

Ya lo planteaba Brzezinski y su vieja política de 1948-1975 de proteger el’status quo ante’ y ‘contención’ del comunismo sustituida por la defensa de los “derechos humanos” y sobre todo de los derechos de propiedad, el libre comercio, y la libertad de culto.

Esa etapa marcó el primer paso en el camino hacia las ‘revoluciones naranjas’ y la justificación de las “intervenciones humanitarias”. 

Por ello creerse la fantasía que una parte importante de la izquierda se cree, sobre el discurso sobre los derechos humanos y que éste puede ser de alguna manera adaptado a nuestros propósitos mediante la defensa de los “derechos sociales ” o, en una tercera versión, de los derechos ecológicos y de los animales, es completamente engañoso. 

El objetivo del discurso de los derechos humanos fue y sigue siendo la creación de una soberanía de los jueces en los asuntos mundiales, donde  EEUU  y su corporatocracia uniteralista antes de TRUMP y ahora el Neoimperio Global desterritorializado multilateralista, finalmente son quienes juzgan a los demás pueblos.

¡Alertamos al mundo! La sociedad actual se encuentra inerme frente a la nueva modalidad de inquisición adelantada desde los organismos multilaterales por sus expertos pseudo independientes. Hoy, basándose en la infalibilidad y argumentos de autoridad violan los derechos del pueblo y del Estado Nación venezolano, mañana ¿A qué país le tocará en suerte ser próxima víctima de esa nueva jurisprudencia del terror? Utilizar los derechos humanos para destruir los derechos humanos concretos de poblaciones es un verdadero crimen de lesa humanidad.

Dra. MARIA ALEJANDRA DIAZ / Constituyente

Empates imposibles

Por: Alberto Aranguibel B.

Con la euforia y la arrogancia de quien descubre el agua tibia, la oposición (o, más bien, sus opinadores más destacados) han emprendido ahora la moda de la acusación desenfrenada y altisonante contra sus líderes más emblemáticos, como si no fuera eso precisamente lo que hemos hecho desde el chavismo desde hace casi un cuarto de siglo, teniéndolos siempre a ellos mismos, a los opinadores opositores, como los encargados de refutar furiosos todo cuanto decíamos acerca de la inequívoca e insalvable inmoralidad de sus inescrupulosos dirigentes.

Rabiaron hasta más no poder defendiendo a crápulas a los que ahora acusan indignadísimos como si hubiesen sido engañados por gente seria y de solvencia irreprochable. Pero su dolor, por supuesto, no es por la inmoralidad (que por lo general suelen compartir con su dirigencia) sino por haber sido “sorprendidos” de manera tan repugnante por quienes hasta ayer mismo idolatraban como si de redentores del mundo se tratara.

Procurando desesperadamente dividir en bandos claramente diferenciados al sector opositor (por miedo a perder todo en una eventual persecución judicial) ya no solo acusan a esa dirigencia de corrupta, sino que además pretenden endilgarles con la mayor lisura la etiqueta de “chavistas”, tratando de expresarles así su desencanto, pero también, y muy fundamentalmente, el odio que hoy les inspiran.

Una peculiar y pueril forma de buscar empatar un juego imposible de empatar, porque cada vez que acusaron a los chavistas de cuantos delitos se les ocurrió, desde corrupción hasta narcoterrorismo, jamás presentaron ni la más mínima prueba de los infundios con los que han querido desprestigiar a la dirigencia revolucionaria.

La diferencia con esta cáfila de delincuentes que es la dirigencia opositora a la que ahora acusan con tanta furia, son las pruebas irrefutables que los señala incursos en delitos de toda índole. Desde las decenas de videos y grabaciones de audio en las que han aparecido siempre negociando comisiones, hasta las incontrovertibles fotos junto a los mandos narcoparamilitares colombianos y la serie de contratos delincuenciales cuya autenticidad es corroborada con las rúbricas de sus firmantes.

Pruebas innegables que ellos mismos, los opinadores opositores, presentan ahora a diario.

@SoyAranguibel

Sancionadores farsantes

Por: Alberto Aranguibel B.

La Unión Europea, que de ninguna manera posee atribuciones legales para erigirse en juez o fiscal electoral de ningún país del mundo, ha solicitado la postergación de las elecciones parlamentarias venezolanas, a las que ha sido invitada por el gobierno bolivariano en calidad de “observadores” del proceso, argumentando que no dispone de tiempo para prepararse adecuadamente para asumir tal responsabilidad.

Una solicitud verdaderamente desfachatada, tomando en cuenta que es la misma Unión Europea que ha exigido durante meses la realización cuanto antes de elecciones en nuestro país, como si el problema que aquí existiese fuera la falta de procesos electorales.

Su injerencia en los asuntos internos de Venezuela ha sido quizás el tema más recurrente en las deliberaciones de ese organismo en por lo menos los últimos tres años, siendo que sus responsabilidades como órgano de control político y administrativo están perfectamente delineadas y restringidas por las propias leyes europeas específicamente al ámbito de las naciones que la conforman, allá en el denominado “Viejo Mundo”.

Tema, el de Venezuela, que obviamente han debatido sin noción alguna de la realidad social y política de nuestro país, y mucho menos de la verdad de la pulcritud y transparencia de nuestro sistema electoral, mundialmente reconocido como el más perfecto de todos cuanto hoy en día se conocen.

A eso se refiere exactamente la solicitud de aplazamiento del evento electoral previsto para el próximo seis de diciembre en Venezuela, tal como lo ordena la Constitución de la República. A la necesidad de conocer a fondo dicho sistema para tener elementos con los cuales evaluar con propiedad el mismo a la hora de llevar a cabo la “observaduría” para la cual han sido invitados.

Es decir; que hasta ahora han denunciado una supuesta ilegitimidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sin saber ni siquiera en qué consiste el sistema electoral venezolano. Han acusado y sancionado de manera obsesiva a un país, argumentando supuestos fraudes electorales, pero sin conocer ni de cerca ni de lejos sus verdaderas características, sus componentes, sus procesos y procedimientos, ni mucho menos sus auditorías.

Reconocen, de hecho, que sus sanciones no han tenido jamás fundamento alguno. Que han sido aplicadas siempre arbitraria e ilegalmente, siguiendo la orden emanada de la Casa Blanca, a la cual le rinden pleitesías en aquellos países del continente europeo.

Son pues, unos farsantes.

@SoyAranguibel

Asesinar por internet

Por: Alberto Aranguibel B.

Argumentan siempre los apátridas para justificar su pitiyanquismo, que en Estados Unidos sí se cumplen las leyes y que por eso allá las cosas funcionarían bien.

Explican que la gente cumple las normas porque la autoridad es muy severa con los infractores y eso hace que nadie quiera infringirlas.

El carácter represor de la policía en Estados Unidos es visto como una bendición de Dios por quienes pretenden que en Venezuela el gobierno sea derrocado porque supuestamente repelió en alguna oportunidad (hace ya más de tres años) a alguna gente que un buen día decidió salir a la calle a vandalizar todo a su paso, incluyendo el exterminio de seres humanos quemándolos vivos, y que se propuso en demanda del antidemocrático cambio de gobierno que exigían embadurnar con mierda a los agentes de la Guardia Nacional Bolivariana.

Un evento impensable en Estados Unidos, porque allá la reacción de los organismos represores ante una agresión de ese tipo, sería sin lugar a dudas el acribillamiento en la vía pública de todo aquel que ose irrespetar de esa forma a la autoridad.

En esa, que se autoerige en la Meca de la libertad y el respeto a los derechos humanos, el asesinato de personas indefensas en plena vía pública es ya parte del paisaje. Un fenómeno que de tanto repetirse ha pasado a ser una forma de vida de una sociedad que se traga sus propias inmundicias con pasmosa solemnidad, a pesar de las muy puntuales protestas que esa cultura del asesinato cotidiano a mansalva a manos del Estado va instaurando como normal en la mente del norteamericano.

Frente a ese genocidio por goteo que se comete en suelo norteamericano, no deja de asombrar la pasividad de un mundo que se dice preocupado por la violación de las libertades y de los derechos humanos. Repugna, por supuesto, la fría aceptación mundial de ese estado de sitio permanente al que es sometido el pueblo de los Estados Unidos, al que se le oprime con exactamente el mismo método de infundir temor usado por Adolf Hitler en su momento.

Pero más pasmoso todavía es el grotesco fenómeno de la miserable defensa que hacen hoy por las redes sociales esos pitiyanquis con las atrocidades de la policía gringa, buscando siempre culpabilizar a la víctima y exonerar al autor del atropello.

Parecieran considerar que la matanza de negros es de alguna manera correcta por el solo hecho de que quienes la perpetran son funcionarios al servicio de Donald Trump, a quien ellos consideran su verdadero presidente, sin importar para nada la evidente extralimitación de los funcionarios que ajustician a su buen saber y entender a cuanto afrodescendiente se encuentren en la vía pública.

Pero, más grave aún, es que dejan al descubierto su arbitraria forma de entender la utilidad de las redes sociales como una arma política que puede usarse libremente para imponer una manera de pensar, aún a costa de la verdad y, sobre todo, de la vida de seres humanos inocentes.

Una defensa que, más que cómplices de esa injustificada mortandad, los convierte en asesinos. Así sean mediáticos.

Simplemente asqueroso.

@SoyAranguibel