De nuevo la falsa lucha

Por: Alberto Aranguibel B.

«Estados Unidos no lucha contra las drogas. Las coordina» Hugo Chávez

Arremete de nuevo el imperio norteamericano contra la soberanía y la independencia de los pueblos del mundo, mediante una lista de países que supuestamente no habrían cooperado en la lucha contra las drogas, según reza una Determinación Presidencial emitida este mes por Joe Biden, en la misma línea en que lo han hecho tradicionalmente los anteriores presidentes de esa nación.

Asume así el imperio una vez mas atribuciones extra territoriales que no le corresponden, dictando arbitrariamente normas cuyo propósito real no es de ninguna manera, como en este caso, articular esfuerzos en función de contener la producción y el tráfico de estupefacientes en el mundo, como lo deja en evidencia el incontrovertible  hecho de ostentar esa nación el bochornoso título de líder mundial en consumo de estupefacientes de todo tipo, incluyendo no solo marihuana y cocaína, sino el mortal LSD, el opio, la morfina y el fentanilo, que acaban con la vida de miles de norteamericanos año tras año, sin que los gobiernos de ese país hagan algo por contener esa abominación en su propio territorio.

¿Qué persigue entonces el imperio con esa ridícula Determinación Presidencial, en la que incluye de la manera más hipócrita por cierto, a un gran número de países latinoamericanos “independientemente de los esfuerzos de esos países contra la producción y el narcotráfico”, como reza textualmente la misma?

Pues, sembrar en la opinión pública internacional la falaz idea según la cual Estados Unidos sería el rector omnipotente del mundo, con derecho a imponer Leyes y sanciones a su buen saber y entender. 

Y lo más importante, darle de esa manera un piso jurídico a las infundadas y difamatorias acusaciones de “narcotraficantes” que hace contra mandatarios y gobiernos del mundo.

Por eso (como líder del perverso sistema capitalista que es) EEUU ha creado la figura de las coercitivas sanciones económica que poco a poco le van diciendo a los inversionistas internacionales: “Estos países son malos; de ahí que las sanciones son necesarias”, por lo que todo el que invierta en ellos será cómplice de sus delitos. Legitima y justifica así el crimen de lesa humanidad que son en realidad dichas sanciones, consolidando a la vez su posición de dominio imperialista en el mundo.

@SoyAranguibel

Monarquía para farándula

Por: Alberto Aranguibel

Nada es más contrario a la naturaleza igualitaria del ser humano que la idea de sumisión implícita en la condición de “súbditos” que imponen las monarquías a los ciudadanos de sus reinos.

A nadie le agrada que los destinos de su vida y de su nación los rijan quienes jamás han sido electos como mandatarios sino que deben su autoridad sobre el resto de la gente al solo hecho de haber nacido en la cuna donde nacen los monarcas.

No han sido pocos los miembros de la realeza que a lo largo de la historia han renegado de sus privilegios, claudicando a ellos precisamente por lo repugnantes que les llegaban a resultar esas chocantes diferencias entre la clase real y el ciudadano común de las cuales ellos mismos terminaban siendo víctimas en algún momento.

De ahí que el supuesto respaldo popular del que gozarían en la actualidad los regímenes monárquicos en sus arcaicamente denominados “reinos” no necesariamente signifique voluntad de sumisión alguna de esos pueblos hacia la realeza, sino que en esas masas humanas, constituidas por las miles de personas que vemos hoy en día a través de las transmisiones televisivas acudiendo a los eventos reales, no sea en realidad otra cosa que gente motivada por el encanto de figuras que la mediática ha convertido en ídolos.

De ninguna manera quiere decir que su participación en tales eventos los convierte en “súbditos”, porque lo que son es simples admiradores de personajes famosos, construidos por esa mediática que sirve a los intereses de preservación del sistema hegemónico imperante para que sean tan queridos por la gente como lo son Mickey Mouse, Messi o Shakira.

Por eso los detalles más relevantes (y muchas veces controvertidos) de cada aparición pública de la realeza no son nunca ni el contenido de sus discursos (cargados por lo general de trivialidades), la trascendencia de sus ideas o sus logros como estadistas, o la supuesta utilidad de sus obras, por lo general absolutamente inexistentes, sino lo glamoroso o exclusivo de su vestimenta, el nuevo perrito que compraron, la significación de su saludo casual a alguien, o la forma de caminar o de peinarse durante sus vacaciones en la Riviera francesa.

Lo que hace que sean siempre las revistas del corazón las que mayor ventas alcanzan con el tema de la realeza. Sin la fuerza de esa mediática que los convierte en idílicos personajes de cuentos de hadas, la monarquía no pasaría de ser apenas un insumo más para las secciones de farándula.

@SoyAranguibel

Los rostros de la perfidia

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo define a la especie humana es la diversidad no solo de razas o de características étnicas, sino de rasgos conductuales más allá del aspecto puramente fisiológico y que pudiera resumirse en lo que la ciencia social define como los patrones o perfiles psicológicos en los que es posible catalogar o agrupar a la gente según su comportamiento.

Por eso en toda sociedad es perfectamente natural hablar de gente buena por un lado y de gente mala por el otro; de desalmados y de buenos samaritanos; de vagos y de laboriosos; de piadosos y de satánicos, siempre según el rasgo o perfil psicológico particular de cada quien o de cada grupo, como quien habla del genotipo de los gordos por un lado y de los flacos por el otro, de los altos y de los bajos, de los ágiles y los lerdos, etc.

Sin embargo, nada es mas cierto que el carácter fisiológico termina teniendo siempre una correspondencia perfecta con el carácter o el comportamiento de cada quien.

La naturaleza ágria, chocante y odiosa de la gente amargada, que odia sin remedio ni vergüenza alguna frente a quien sea y contra quien sea, es imposible de ocultarse por mucho que se quiera, porque el rostro, como reflejo que es del alma humana, lo dice todo.

Por eso, viéndole la cara de cretinos a cada uno de los líderes de la derecha argentina y a los voceros de los medios de comunicación de ese país que han desatado la brutal guerra de difamación e injurias contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien le han montado una siniestra cacería como no se ha visto en muchos años en el mundo, no queda mas opción que asumirlos como pérfidos, como siniestros promotores de odio por el odio en sí mismo.

Por la condición fascista que cada uno de ellos expresa con su repugnante empeño en proscribir a Cristina, no solo para destruirla políticamente sino incluso como ser humano, acabando con su vida, pudiera afirmarse sin temor a exagerar ni a calumniar a nadie, que el de la maldad es el rostro definitivo de la derecha. Y que ese rasgo en particular, el de la perfidia, por muy chocante que resulte, es lo que los une en verdad antes que cualquier idea o posición política y los convierta en un grupo social específico, tanto en Argentina como en cualquier otra parte del mundo.

No es casual que sean exactamente los mismos rostros de la perfidia que hemos visto siempre los venezolanos en el liderazgo antichavista.

@SoyAranguibel

Problema de soledad

Por: Alberto Aranguibel B.

El poeta se desgarra en íntimo lamento ante el encuentro cercano con la soledad más profunda y lacerante que pueda concebir la mente humana. La del adiós definitivo del mundo de los vivos.

En su verso describe el lúgubre ámbito mortuorio al que se enfrenta, enumerando una a una las impresiones que le causan la quietud del cuerpo, las tenebrosas siluetas que generan los velones dispuestos en pequeños vasos de vidrio en el piso, junto al frío catafalco.

Absorto en sus cavilaciones, detalla el paso de las gentes que conducen el cajón hacia la capilla donde las almas caritativas que le acompañaban le dejarán a solas para que le sean impartidos los últimos salmos.

Es allí, en medio de la sobrecogedora inmensidad de los templos cuando están vacíos, cuando siente el horror de sentirse irremediablemente embargado por la soledad, sin que nada pueda ya permitirte recrear ni siquiera un suspiro de alguna antigua vitalidad.

Entonces es cuando estalla en su cerebro la angustiada revelación que él resume con la suprema fuerza de la poesía… ¡Dios mío… qué solos se quedan los muertos!

De haber presenciado Bécquer la estrepitosa decadencia del otrora presidente de Narnia, que un día, apenas se hubo juramentado como presidente en una plaza, se consideró a sí mismo el centro de universo pero que ahora ni los perros voltean hacia él para mearle las pantorrillas, seguramente habría escrito un texto todavía mucho más desgarrador que aquel impactante poema Rima LXXIII con el que pasó a la posteridad como uno de los más grandes cultores de la lengua de Cervantes.

Tendría que ser así, porque no puede haber sobre la tierra una soledad más dolorosa que la que debe estar sufriendo hoy el autojuramentado.

El estudio de opinión de Polianalítica, difundido esta semana, donde casi nadie lo reconoce ya como presidente, igual que lo desprecian los gobiernos de aquellos países que un día lo reconocieron, y hasta los mismos medios de comunicación que lo encumbraron, pone en evidencia la cruda realidad del abandono en el que ha sido postrado el pobre farsante presidencial.

Al verlo hoy es inevitable recordar al poeta:

Tan medroso y triste

tan oscuro y yerto

todo se encontraba que pensé un momento

¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!”.

@SoyAranguibel

Argentina: el problema de las ideologías

Por: Alberto Aranguibel B.

De manera cada vez mas inusual en la realidad confrontacional que existe en el mundo entre los modelos socialista y capitalista, el problema por el que atraviesa la república Argentina desde hace ya casi un siglo en lo que pudiera asumirse en principio como el terreno político, es cualquier cosa menos ideológico.

Así como no hay una cultura de clases entre esa sociedad (porque, más allá de la bandera obrerista enarbolada circunstancialmente por el peronismo desde sus inicios en 1945, no ha habido jamás en ese país una poderosa organización que desarrolle e impulse la construcción de un movimiento político de masas verdaderamente ideologizado) tampoco hay una cultura de lucha por la construcción de un modelo de justicia y de igualdad social basado en el instrumental teórico, ni del marxismo ni de ninguna otra fuente ideológica de inspiración izquierdista, sino que se promueve, incluso desde el peronismo más radical, mas bien una suerte de eterna promesa de bienestar social en abstracto y sin “contaminación” ideológica, que procura simplemente ser lo suficientemente potable para el país.

De ahí que la derecha tampoco se vea obligada en modo alguno a impulsar en ese país un discurso de carácter propiamente ideológico, que no sea el convencional de exaltación del capital y la empresa privada como los supuestos y únicos motores con capacidad de generar desarrollo y bienestar social, sino que, al igual que el peronismo en sus distintas vertientes y las demás variantes políticas existentes, se circunscriben al formato de la exaltación de las cualidades de quienes desde cada sector sean considerados afines con ese esquema narrativo que solo valora el comportamiento de cada quien frente a la posibilidad del anhelado bienestar al que todo el país aspira, ya sean estos presidentes del país, ministros o dirigentes de partido, de la tolda que sean.

Aún cuando cada sector se inscriba eventualmente en el epítome de “izquierda” o “derecha” que resuma su orientación política, ni el socialismo ni el capitalismo, propiamente dichos, son referentes en la narrativa del debate político argentino como fundamento ideológico de sus propuestas al país. Una forma de despolitización inducida que beneficia principalmente a la derecha pero que afecta al conjunto de la sociedad, lo que termina reduciendo el grueso de la confrontación a las particularidades o atributos individuales de las más resaltantes figuras de la escena política, derivando entre la opinión pública en un torneo eterno por establecer cuál de esas figuras es la mejor opción, de manera individual, para alcanzar el indefinido bienestar que cada político proclama.

En Argentina, un país que se asume a sí mismo como altamente politizado cuando en realidad su sociedad padece una profunda ignorancia en el terreno ideológico, no se discute de política sino de actuaciones políticas. Al espacio que hay entre una posición política medianamente ideológica y la otra se le denomina “grieta social”, lo que equivale a decir; división o desmembramiento de la nación. Todo lo que se salga de ese ámbito de la homogeneización política, tan impreciso desde el punto de vista ideológico, se considera políticamente incorrecto. De ahí que de manera invariable tanto izquierdistas como derechistas en ese país procuren no aparecer en ningún momento como fomentadores de una diferenciación ideológica de fondo en su forma de concebir el gobierno o el Estado, que en todo modelo democrático es considerada no solo natural sino indispensable, lo que termina acabando con cualquier posibilidad de debate auténticamente político y reduciendo el mismo al señalamiento permanente de tipo personal entre unos y otros.

Por esa cultura de la personificación de la política sin referente ideológico, es decir, sin una conexión tangible con una estructura teórica que explique y demuestre con claridad la razón y la justificación de las tesis políticas que se esgrimen en cada caso, la lealtad partidista no es precisamente el rasgo más resaltante de una militancia que por lo general es formada por la lógica del populismo en su expresión más demagógica y retardataria. En lo cual el medio de comunicación ejerce un rol más que determinante en virtud, por una parte, de un afán sensacionalista que procura fomentar la exasperación social como base ya no solo de su insaciable sed de rating sin importar el daño que ocasionen a la sociedad, sino, además, de su labor como instrumento para garantizar desde las cúpulas hegemónicas dominantes del gran capital el aseguramiento de la desmovilización social de las corrientes progresistas, a través de la constante manipulación de la realidad y de la creación de matrices orientadas a la descalificación y el desprestigio de los actores políticos, particularmente de aquellos que encarnan opciones que se presenten como de izquierda.

Razón por la que es tan común encontrar en el militante promedio de Argentina el fenómeno del desplazamiento de una preferencia política a otra, en un eterno ir y venir sin solución de continuidad que explique tal cambio, como no sea el del decisivo efecto del impacto mediático en la psiquis de la población. Algo similar a lo que ocurre con la derecha en Venezuela, exactamente por la misma razón de la falta de fundamento ideológico entre su militancia, con el perpetuo vaivén que le lleva a saltar de un liderazgo a otro en un recurrente ritornello de admiraciones frenéticas a individuos que son asumidos en un momento como auténticos profetas de la redención humana para, mas temprano que tarde, ser aborrecidos por esa misma militancia como la peor lacra de la sociedad, toda vez que nunca son encumbrados al liderazgo por sus ideas sino por sus ofrecimientos, por lo general inviables.

Por eso en esa Argentina esencialmente despolitizada es completamente impensable toda propuesta de transformación o cambio del sistema, dado que el anhelo más arraigado en el país, desde los sectores más leales a los postulados peronistas en sus mas diversas vertientes (que van desde el ultraizquierdismo al centroizquierdismo) hasta el más radical neoliberalismo macrista no es nunca el de la sustitución del modelo explotador, de injusticia y desigualdad social, por ningún otro, sino el perfeccionamiento de la economía. Una economía indiscutiblemente capitalista cuyo mal funcionamiento es atribuido, principalmente por el medio de comunicación, exclusivamente a la corrupción y nada más De modo que el problema no es nunca el modelo económico sino el papel del actor político que eventualmente conduzca la política económica.

Una carencia total de sustentación y confrontación ideológica que abre la peligrosa posibilidad al Poder Judicial de convertirse en actor decisivo en la persecución política indiscriminada contra los liderazgos de izquierda, a quienes la derecha busca convertir en delincuentes mediante estratagemas judiciales prefabricadas para desconectarlos de la masa popular que los respalde (el denominado «Lawfare» que la derecha ha tratado de institucionalizar en Latinoamérica para sobreponerse al avance de las corrientes progresistas en la región) y vacía de contenido el debate político, principalmente porque a la derecha no le interesa una confrontación en la cual está consciente que lleva todas las de perder (porque la exclusión y la injusticia social que ese sector promueve desde un punto de vista doctrinario son conceptos completamente impresentables), sino la destrucción del contrario mediante cualquier mecanismo, no necesariamente democrático, por cierto (en este caso el medio de comunicación) que le permita asegurar su perpetuación en el poder para controlar a su buen saber y entender la economía y lograr de esa manera la realización del supremo postulado del capitalismo que es la acumulación de la riqueza en pocas manos producto de la explotación del trabajador de la ciudad y del campo.

Un secuestro tal de la capacidad colectiva para el desarrollo de un pensamiento crítico verdaderamente basado en el instrumental ideológico, que termina amoldando la narrativa del propio peronismo a la conveniencia de la presión mediática en formas las mas de las veces vergonzosas, como vemos hoy en el discurso siempre acomodaticio del presidente Alberto Fernández, atrapado como está en sus recurrentes contradicciones e inconsistencias ideológicas en virtud de las amenazas que él mismo percibe en el medio de comunicación como arma para la destrucción indiscriminada de trayectorias políticas inconvenientes al modelo del capital que los medios procuran salvaguardar, como por ejemplo el muy paradigmático caso de Cristina Fernández de Kirchner, la eterna perseguida por la derecha argentina, sus jueces y sus medios de comunicación.

@SoyAranguibel

Socialismo y democracia

Por: Alberto Aranguibel B.

¿Por qué son importantes las elecciones que se llevaron a cabo este fin de semana en Venezuela? Porque en las mismas fueron electos las jefas y los jefes de calle que tendrán, durante los próximos cuatro años, la responsabilidad de velar por el buen funcionamiento de la organización social en todas y cada una de sus comunidades. Lo que se traduce en un claro fortalecimiento y consolidación del poder popular que desde la llegada de la Revolución Bolivariana se viene construyendo de manera progresiva en el país.

A diferencia de lo que plantea y lleva a cabo la derecha como su falsa forma de ejercer la democracia, en esta elección no se presentaron las recurrentes trifulcas que se ven en los partidos de la oposición por hacerse de cargos a como dé lugar, ni las reyertas entre candidatos, papeletas manipuladas, o la brutal quema de cuadernos electorales que buscan evitar que sus cifras artificialmente infladas queden en evidencia.

Lo que vio este fin de semana el país, fue el sagrado acto de elección democrática de un pueblo organizado ratificando mediante el voto universal, secreto y directo, su deseo de superar, en paz y en la mas perfecta unión popular, la salvaje agresión de la que es objeto por parte del más despiadado y cruel imperio de la historia, así como de erradicar los vicios y distorsiones de inoperancia y corrupción que aún prevalecen al seno del Estado burgués que la Revolución se ha propuesto desmontar.

Tal como rezan los documentos fundacionales del Partido Socialista Unido de Venezuela, reunidos en el llamado Libro Rojo del partido, “el socialismo es la verdadera manera de retomar el profundo significado de la democracia, con el desarrollo del poder popular al máximo, como forma mas acabada de la democracia participativa y protagónica, de la participación de las masas populares en la construcción de la nueva sociedad, donde el poder del pueblo organizado legitima y potencia las aciones hacia una sociedad humana y unida en convivencia amorosa y en paz”.

Un postulado perfectamente acorde con la elección llevada a cabo este fin de semana, que demuestra en sí misma la falsedad de las acusaciones de supuesta desviación ideológica de la Revolución que algunos de manera mal intencionada y sin fundamento se empeñan en esgrimir.

@SoyAranguibel

Conciertos y democracia

Por: Alberto Aranguibel B.

Un inusitado fenómeno en particular se ha convertido en signo de la nueva realidad de recuperación que experimenta Venezuela, sin ser técnicamente un indicador económico, como son los conciertos musicales de artistas nacionales e internacionales que se están dando en todo el país, caracterizados por la afluencia masiva del público venezolano que asiste a dichos eventos a pesar de las elevadas sumas que muchas veces cuestan las entradas a los mismos.

Se trata de un fenómeno musical que expresa una innegable realidad de recuperación económica, pero también, y es quizás lo más importante, de un acontecimiento de naturaleza política que los venezolanos debemos leer con el mayor detenimiento, porque muchos de esos artistas son los mismos que hasta hace muy poco contribuyeron con una torpe y difamatoria opinión seudo política (área en la que nunca fueron formados ni como luchadores sociales ni como intelectuales, precisamente porque su oficio es el de cantar y no el de ejercer la política) a la agudización de una circunstancia de dificultades tan compleja como la que estaba atravesando Venezuela.

Fueron colaboradores de una guerra mediática desatada contra nuestro país, con la que se causó desesperanza, angustia, dolor y sufrimiento al pueblo, incluidos muchos de aquellos que hoy pagan las costosas entradas que cobran. Y encima en dólares.

Por supuesto que pueden venir a dar sus conciertos de reconciliación con una Patria que nunca los obligó a irse del país y mucho menos a convertirse en detractores acérrimos de ella. El pueblo venezolano no paga el odio que esos artistas vertieron contra él con la misma moneda a quienes, como ellos sí lo hicieron hasta la saciedad, promovieron abierta e irresponsablemente el boicot internacional contra nuestro país.

Con la sola presencia de esos artistas en suelo venezolano, se demuestra de la manera más irrefutable que todo lo que dijeron en sus peroratas antivenezolanistas eran mentiras. Que en Venezuela no hay ninguna dictadura, ni ninguna persecución a la disidencia, como no se cansaron ellos de decirle al mundo.

La diferencia es que ahora el pueblo sabe con la más perfecta certeza que la próxima vez que los oiga hablando de política, no habrá razón alguna para creerles en lo más mínimo. Porque si en la música son buenos, en política son unos completos charlatanes, mentirosos y embaucadores que solo buscan su propio beneficio.

@SoyAranguibel

Miguel A. Jaimes: La tonta OTAN

Por: Miguel A. Jaimes N.

Las últimas gotas han desbordado los diversos vasos de la paciencia internacional. El arribo de Nancy Pelosi al continente asiático desató en silencio más divisiones como cientos de países observan a los norteamericanos quienes se imponen y se burlan de China. Cualquier intención de unión queda apartada con la abusiva y envejecida cancillería norteamericana. A pesar de tantos años y experiencias no ha habido ningún avance diplomático.

Taiwán queda como el escenario de una nueva guerra. Esto delata lo mal que va la vida en EE.UU., y va tan mal la popularidad de Joe Biden que de manera inmediata y como lo han hecho siempre corren a originar otra guerra.

Para los diferentes gobiernos en EE.UU. es normal desatar violencia y luego con sus fórmulas de paz enfrentarse a vaporadas de psicópatas y ejecutores de masacres inspiradas desde sus redes sociales. La más reciente novedad es que la promoción de esas guerras ha pasado de espacios pequeños a gigantes países como son los casos de Rusia y de China.

La falta de energía no es global. La falta de energía es solo de los países OTAN. Y lo energético desata una profunda crisis la cual no es más que militar. Geográficamente la geopolítica de la guerra manipulada desde las redes sociales necesita exponer acontecimientos gigantes. Por eso la OTAN sacrificó a Ucrania la cual no deja de ser su verdadera justificación para pasar por encima de Rusia y China, esas son sus verdaderas intenciones. Pero esto da para más, hasta ir quedando empantanados, pero a la vez sacar provecho de esto mientras al mundo le toca ir pagando las consecuencias en aumentos de gasolinas y gas lo cual ya es una extravagante realidad.

Nada oculta la llegada de un terrible fantasma apenas llamado recesión al cual nadie logrará su evasión. Todos los previos y posteriores acuerdos que están por redactarse no serán suficientes para conseguir más petróleo y todos sus anuncios como hasta ahora se han dado seguirán en el cesto del fracaso y llegarán allí con la misma velocidad que los han originado desde la pandémica OTAN.

Declaraciones y papeles de estrategias inservibles develan la desconfiguración de intereses controvertidos sobre algo que muy pronto dejará de llamarse relaciones internacionales. La inusual carga de intereses originará su desespero en el propio escenario de sus intereses. Sitio que muchos lamentarán haber originado.

La cobardía de Joe Biden ha hecho trizas todo lo que ha tocado. Ha descalabrado el mínimo momento de gobernar. Su poder está tan disminuido que inmediatamente ha pensado en su sucesora para el 2024: Nancy Pelosi y a enviado a sus efectivos del FBI a allanar el palacio de Donald Trump para ejecutar su próximo paso; anularlo en cualquier intención electoral.

Pero como lo peor está por venir y ocurrirá en noviembre del 2022 entonces los Demócratas sin medir consecuencias se lanza inmediatamente al 2024 con su loca como la nombra su adversario Trump.

Hasta más pronto…

Miguel A. Jaimes N.

El pobre rey sentado

Por: Alberto Aranguibel B.

La norma protocolar no establece en forma taxativa que los reyes deban ponerse de pie ante el paso de nadie frente a ellos. Por el contrario, suele ser una norma universal en todas las culturas regidas por la modalidad de la monarquía, que son quienes pasen por delante de algún rey quienes tienen, no solo que ponerse de pie, sino hacer las respectivas reverencias a las que está obligado todo súbdito.

De hecho, la mayoría de los reyes de la antigüedad ni siquiera permanecían sentados a la hora de recibir a sus visitantes, por muy dignatarios que fuesen, sino que se quedaban echados en la misma gran cama que solían usar para sus lascivos entretenimientos de la más dilatada depravación sexual con sus esclavas y esclavos. De eso hubo mucho en la Roma imperial. Solo que la historia, cómplice eterna de las clases pudientes, los excusa refiriéndolo casi siempre a las deidades (como Baco) y no propiamente a los emperadores.

Claro que el Rey sabía que había que ponerse de pie al paso de la gloriosa reliquia patria que es la Espada de Bolívar. Lo que no sabía era que esa norma protocolar aplicaba a los integrantes de la monarquía.

Y mucho menos a la monarquía cuyo continente, legítimamente conquistado por los antepasados de la Corona que él hoy ostenta, le fuera arrebatado, según él, por una sarta de bandoleros de caminos que en mala hora se narcotizaron con la idea de sublevarse a los designios imperiales de la madre España de hace dos siglos y medio, como muy probablemente estaría pensando hacia sus adentros en ese preciso instante.

Estar sentado en una plaza que lleva el nombre del líder de quienes para él fueron simples bandoleros, desde su punto de vista llena de la misma gentuza polvorienta y mal oliente que los ayudó a cometer aquel infausto crimen contra la realeza española, y encima de todo eso escenificando aquella blasfemia de la adoración al arma con la que aquel caudillo de montoneras redujo a tantos compatriotas suyos en las luchas mal llamadas independentistas, tiene que haber sido un martirio infernal para ese pobre rey.

Dejen tranquilo a ese sujeto. No hay que reprocharle nada más. Con ese martirio de ver a tanto pueblo celebrando la gloria de su más grande héroe, cantando las canciones patrias que lo exaltan y lo veneran, es suficiente.

@SoyAranguibel

Colombia no dejará de ser Colombia

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se habla de la posibilidad de un renacer de las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela a partir de la asunción de Gustavo Petro a la presidencia de la república en el país neogranadino, las expectativas se centran por lo general en el restablecimiento de relaciones diplomáticas o la reapertura de la frontera entre ambas naciones, cerrada o restringida en diversos grados por el presidente Nicolás Maduro desde 2015, en razón de las crecientes actividades de contrabando de extracción, tanto de mercancías como de la moneda venezolana hacia el vecino país, en lo que se constituía entonces en un claro plan de ataque sistemático contra la economía venezolana, así como del creciente ingreso de elementos desestabilizadores asociados al terrorismo y al narcotráfico provenientes del otro lado de la frontera, como los que se produjeron en el intento de ingreso de la mal llamada “ayuda humanitaria” en 2019 desde ese país con el soterrado objetivo de promover el derrocamiento del gobierno bolivariano, tal como los reseñó meses después el diario Wall Street Journal, de Estados Unidos.

A lo largo de más de doscientos años, desde los orígenes mismos de ambas naciones como repúblicas soberanas, la tirantez ha sido el signo que ha marcado las relaciones bilaterales entre estos dos países que, aún naciendo del mismo proyecto libertador de Simón Bolívar, se consideraron desde siempre como “hermanas con diferencias”, la mayor de las veces profundas e insalvables, pero sin llegar nunca a la conflagración bélica que se ha temido en infinidad de ocasiones, no solo en este periodo de Revolución Bolivariana venezolana, abiertamente opuesta al modelo neoliberal imperante en Colombia, sino también en tiempos de la llamada cuarta república durante buena parte del siglo XX.

Sin embargo, la percepción generalizada es que las diferencias entre Colombia y Venezuela surgen del antagonismo entre los dos modelos por los que se rige la política de cada país, capitalismo y socialismo, con lo cual el arribo de una opción izquierdista al poder en Colombia, como la de Gustavo Petro y Francia Márquez, significaría la automática solución a los desencuentros que hasta ahora ha habido entre los gobiernos derechistas y ultraderechistas colombianos, en particular los de Alvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque, y los gobiernos revolucionarios de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela.

Se deja de lado (intencional o inconscientemente) que la raíz verdadera de los problemas entre estas naciones no es la controversia política en sí entre sus gobiernos, sino la crisis del modelo capitalista, inhumano, excluyente, explotador, que generó durante décadas en Colombia, y sigue generando, no solo los más altos índices de pobreza y desigualdad social en el Continente, sino la más prolongada, cruel y devastadora guerra civil que haya habido en la historia de los pueblos latinoamericanos, mas de sesenta años y doscientos mil muertos de saldo, con la subsecuente ola de emigración que jamás se haya producido en la región y que solo hacia Venezuela alcanza hasta un poco más de seis millones de emigrantes que huyeron despavoridos de aquella barbarie y que han sido recibidos en la Patria de Bolívar y Chávez con los brazos abiertos como no lo han sido los venezolanos que han salido hacia Colombia en busca del mismo trato humano que Venezuela les dio siempre a los colombianos.

La verdadera dimensión de ese drama de desigualdad y pobreza reinante en Colombia la expresaba en aquel mismo año 2015, la entonces Canciller del país neogranadino, Angela Holguín, quien en una visita a Venezuela, precisamente para tratar la escalada de violencia y contrabando que se estaba generando en la frontera, decía ante la  prensa que “El problema es que en Venezuela las cosas son más baratas”.

Asentado como está el imperio norteamericano en Colombia desde la instauración del llamado Plan Colombia hace más de dos décadas, llegando a alcanzar la instalación en suelo colombiano de siete o más bases militares y lograr la penetración de toda la estructura del poder en ese país por parte del Departamento de Estado y sus brazos operativos; principalmente la CIA y la National Endowment for Democracy (NED), resulta hoy más que cuesta arriba que la política de Colombia hacia Venezuela se modifique de manera sustantiva más allá de la simple reapertura de la frontera. Esa tan determinante presencia de Estados Unidos en ese país tiene un claro propósito de ser utilizada como cabeza de playa para frenar (y en lo posible exterminar) la expansión de los gobiernos progresistas en la región y profundizar en ella la penetración del modelo neoliberal capitalista. Algo que no pudieron detener ni las FARC ni los demás movimientos en conflicto durante casi un cuarto de siglo desde que se firmó el acuerdo del Plan Colombia y que mucho menos podrá revertir un gobierno como el de Petro, que siendo un izquierdista declarado no estará, sin embargo, en capacidad de derruir en los apenas cuatro años que durará su mandato el inmenso poder económico que hoy controla la reaccionaria oligarquía colombiana, y que, quizás lo más importante, no cuenta con una poderosa organización revolucionaria de carácter popular, como el PSUV venezolano, verdaderamente comprometida a luchar contra el imperio por lograr la soberanía plena de su país y erradicar de una vez por todas ese flagelo que es para la humanidad entera la inmensa industria de producción de drogas que ese país alberga.

Si algún signo hace falta para dejar claro que Colombia, aún con los avances que ojalá pueda llegar a impulsar el nuevo gobierno en el desarrollo de programas de reordenamiento económico, de inclusión, justicia, e igualdad social, será orientada por lo «políticamente correcto«, ahí está el de la nueva Vicepresidenta, Francia Márquez, quien en su gira oficial por Suramérica para estrechar lazos con los mandatarios y líderes progresistas del Continente (además del contacto que ya ha establecido con la vicepresidente Kamala Harris de EEUU para entablar a la mayor brevedad reuniones de trabajo) deja por fuera, de manera evidentemente muy estudiada, nada más y nada menos que a Venezuela. 

Un signo nada alentador en verdad, que dice mucho de la cordial pero muy prudente distancia con la que, con toda seguridad, serán orientadas por la Casa de Nariño las relaciones entre ambos países de ahora en adelante.

El nuevo gobierno se ha comprometido de manera tajante a ser el impulsor del cambio para ese país y desde Venezuela apostamos porque así sea. Pero estamos claros en que no por eso Colombia va a dejar de ser Colombia.

@SoyAranguibel

No es reconocimiento sino robo

Por: Alberto Aranguibel B.

El despojo que pretende hoy Gran Bretaña con el oro venezolano no es de ninguna manera el reconocimiento a esa loca aventura opositora del gobierno autojuramentado a la que hoy ya no le dan el más mínimo crédito ni siquiera sus propios promotores, ni en el plano nacional ni mucho menos en el internacional.

La razón de esa arbitraria decisión británica está en la compleja coyuntura que amenaza hoy a la hegemonía del dólar como moneda de referencia en los mercados internacionales, cuya convulsión está más que a la vista con la crisis desatada por el empeño del imperio norteamericano de cercar y reducir tanto a las más grandes potencias económicas, como a las economías emergentes que puedan representar alguna competencia a los grandes consorcios y corporaciones transnacionales del mundo occidental capitalista.

En todo ello Estados Unidos ha favorecido actos de innegable piratería como el que lleva a cabo Inglaterra contra Venezuela, aplicando medios de dominación como las ilegales sanciones económicas con las que busca doblegar a las economías soberanas, a la vez, por supuesto, de la presión que ejerce con su poderoso instrumento bélico, el ejército norteamericano, camuflado bajo la falsa fachada de seguridad que representa la OTAN, que no es otra cosa que un ente al servicio del gran capital.

El surgimiento de nuevas formas de intercambio comercial entre las naciones más poderosas del mundo no occidental, así como de plataformas alternativas al sistema financiero que hoy controla Estados Unidos mediante el dólar, como el BRIC y la creciente proliferación de las criptomonedas que están emergiendo en esta nueva realidad económica, obliga a los grandes centros de toma de decisión capitalistas a buscar formulas de sobrevivencia de las cuales no dispone su propio sistema en medio de esta compleja coyuntura de crisis.

Permitirle a Venezuela recuperar el oro retenido ilegalmente en Gran Bretaña, sería una clara señal para esas economías que se verán cada vez más afectadas por la crisis del dólar, para quienes una repatriación de sus reservas internacionales depositadas en esos mismos bancos sería una fórmula de salvación o al menos de alivio a la difícil situación económica que se les sobrevendrá más temprano que tarde.

De modo que no tienen nada qué celebrar esos pocos seguidores que puedan quedarle al inefable autojuramentado de Guaidó que pretende que esa arbitraria decisión del tribunal británico sería un reconocimiento a su fracasado gobierno imaginario. Las venezolanas y los venezolanos, mas allá de cualquier diferencia política, debemos luchar unidos por el reintegro del oro que nos ha sido tan vilmente robado.

@SoyAranguibel

La muerte banalizada

Por: Alberto Aranguibel B.

La recurrencia de las masacres en Estados Unidos, producto de la enajenación de una sociedad que considera un derecho humano la tenencia de armas de fuego, no es sino el signo de la decadencia de un modelo social inviable cuya atención a la calidad de vida se reduce desde el punto de vista doctrinario a la forma de surgir y de avanzar según el volumen de capital del que se disponga.

La aspiración de tener cada vez mas dinero es el norte supremo y fin último del norteamericano común, que jamás va a pensar en formas alternativas de organización social que le ayuden a superar las limitaciones, ya no solo económicas que impone el modelo capitalista, sino de carácter propiamente humano en su relación, por ejemplo, con sus comunidades, con los espacios para la generación de medios autogestionarios de desarrollo, o con la naturaleza y sus infinitas posibilidades de proveer disfrute, alimentación y salud.

El dinero es la única fuente de vida en la lógica del capitalismo. Y, como es obvio, en esa dirección se mueven los medios de comunicación al servicio de los intereses del gran capital.

Por eso cuando en ese país se produce la atrocidad de una masacre en medio de un parque cualquiera, como sucedió esta semana en el estado de Iowa, en la que mueren varias personas, la noticia que dan la mayoría de los medios no es que se cometió un crimen que segó la vida de personas inocentes sino que el titular (lo que más duele) es el cierre provisional del parque.

La gran mayoría (si no la totalidad) de la prensa norteamericana e incluso internacional que reseñó la noticia, se refirió a eso en primer término (Cierran un camping por tiroteo que deja 4 muertos en Iowa) destacando, solo algunos de ellos, que el cierre era “temporal”, como para aplacar la ansiedad de los potenciales visitantes del parque. Un claro e innegable desprecio por el ser humano.

El único medio internacional que reseñó en primer término el brutal asesinato fue Telesur (Tiroteo deja tres muertos en parque en Iowa, Estados Unidos). Uno de los medios de comunicación que según la narrativa de la mediática occidental estaría al servicio del por ellos denominado “eje del mal”. O sea; países de orientación socialista antiimperialista en los que se valora al ser humano.

En esa decadente sociedad, es mas «rentable» banalizar la muerte que luchar por la vida.

@SoyAranguibel

J.M. Rodríguez: En la naturaleza no hay occidente

Por: José Manuel Rodríguez

El impulso al razonamiento colectivo es una ocupación satisfactoria. Intentar alcanzar el pensamiento crítico vale la pena. Claro, a las dificultades propias hay que agregarle, a causa del confinamiento, la distancia que separa a la gente. Lo preocupante de esta circunstancia sobrevenida es que nos adaptemos a ella convirtiéndola en permanente. Es catastrófica para los sueños colectivos. Razón por la cual uno comienza a sospechar que ese virus endemoniado que nos llevó a la eliminación del encuentro con los demás, no tenga un origen natural, como tampoco las nuevas epidemias que están apareciendo. Pareciera reforzar la necesidad del alejamiento. Para los viejos tal cosa no nos resulta un cambio notable, ya estamos en un aparte de la vida, pero, ¡carajo! para los jóvenes resulta, como ya dije, catastrófico. 

No soy seguidor, ni mucho menos, de las teorías conspirativas, pero, sin duda, buena parte de los organismos multinacionales relacionados con el funcionamiento de las sociedades tienen copados sus equipos ejecutivos con gente colocada ahí por el hegemón mayor y sus adláteres europeos. Su propósito, el control sobre las sociedades humanas. En la ONU se promueve con fines “ecológicos” la engañosa energía verde. En la OMS, parecen entender las razones crematísticas y “de Estado” para lanzar aventuras epidémicas. Y en la OTAN reciben luz verde a su avance sobre el “Este”, dotándola de la fuerza y la mediática necesaria para que elimine cualquier peligro a la hegemonía de Occidente.

Lo más dramático del daño que esto produce a los pueblos del mundo, es que no se trata del enfrentamiento de dos visiones políticas contrapuestas, capitalismo vs. socialismo, sino del aseguramiento del control del capital en manos de la superioridad blanca establecida en Occidente. En el caso de la Europa decadente, que parece tener como único futuro el recuerdo de glorias pasadas, su juventud ha perdido la razón esencial de la vida. Eso permite que el gobierno corporativo radicado en Bruselas, no electo por nadie, decida llenar de penurias a sus pueblos mientras se suben el sueldo. Del lado norteamericano no se requiere construir una tesis para afirmar lo que es obvio, son una sociedad gravemente enferma. Bastaría con una relatoría de hechos, que son miles. Sólo mencionaré las tres causas fundamentales que les ha generado esa enfermedad terminal: la violencia consagrada por su Constitución, la irracionalidad de la predestinación divina, la ignorancia inducida.

José Manuel Rodríguez

Vladimir Acosta: ¿Teleprompter Biden?

Por: Vladimir Acosta

Cubierta en parte por su prepotencia y sus cotidianas agresiones y amenazas contra el mundo, empezando por las que dirige contra Rusia y China, la lenta pero indetenible crisis de Estados Unidos (EU) sigue su marcha hacia la guerra, mundial y seguramente nuclear en este caso, con la que espera detener su decadencia.

Ya esto es grave. Pero lo peor de todo es lo que a la vista de todos alcanza un nivel cada vez mayor de grotesca peligrosidad: se trata de lo tocante a la conducta de su presidente y a la inocultable gravedad del cuadro físico y mental que día tras día esa conducta nos revela.

Al llegar al poder, Biden proclamó la superioridad absoluta de EU y su derecho a seguir al mando del planeta: América está de vuelta, somos insustituibles, seguimos siendo el faro que alumbra el mundo llevándole democracia y libertad.

Siempre la palabra democracia en el centro de todo. Hace menos de un año convocó una “Reunión mundial de países democráticos”, en la que invitó a más de 140 países dejando fuera a Rusia y a China junto con otros a los que definió como dictatoriales. Y apenas hace un mes convocó la Novena Cumbre de las Américas vetando a Cuba, Venezuela y Nicaragua, calificadas por él de dictaduras, causando el rechazo de la mitad de los países que debían asistir.

En esa torpe soberbia de EU resalta hoy cómo Biden y su equipo muestran a diario su decisión de hacer del mundo actual un mundo de bloques enfrentados en una guerra nuclear.

¿EU modelo de democracia?

Hum, he desmontado ya en cursos y ensayos esa mentira aceptada todavía por mucha gente. Para un estudio a fondo remito al capítulo IV del libro El Monstruo y sus entrañas. Aquí solo daré una breve idea.

El sistema político estadounidense no es democrático sino republicano y elitesco, y su Constitución, momia jurídica remendada que data de 1787, republicana y elitesca, es además negrera y esclavista.

La elección presidencial en EU no es nacional sino estadal y gana no el que logra más votos populares sino el que reúne más votos de colegios electorales estadales. Es una elección de segundo grado. En las elecciones compiten 2 partidos, caballos del mismo propietario, el llamado Estado Profundo, que dirige el país y define sus objetivos centrales de dominio.

A ello se atienen fielmente ambos partidos, pues son parte de él y solo se enfrentan con virulencia en cosas menores y en lo tocante a propuestas electorales y estilos de gobierno.

Ese Estado profundo se conformó al comenzar el siglo XX, cuando EU, tras 3 décadas de crecimiento industrial se hizo potencia imperial capaz de competir con los imperios europeos.

Desde entonces ese Estado ha crecido ampliando el peso y poder de las fuerzas empresariales y militares que lo integran. EU hace del Mar Caribe un lago suyo, en 1917 entra en Europa, participa en ambas Guerras mundiales y desde 1945 se impone a Europa y a buena parte del mundo.

Schumpeter dejó en 1942 una descripción inmejorable de lo que es la “democracia” de EU. Es solo un método para que 2 partidos compitan por el poder.

Dominan los políticos y son ellos los que imponen los temas para que el pueblo escoja. El sistema es competitivo como el mercado. Pero en este, si el comprador recibe un producto defectuoso, puede reclamar y obtener satisfacción, mientras que, cuando lo engañan en la elección presidencial, algo frecuente, el elector debe esperar la próxima a ver si tiene mejor suerte, algo nada seguro.

Mas Schumpeter no mencionó el Estado profundo.

Quien lo puso en evidencia fue Eisenhower que, en 1961, el día final de su segunda presidencia, declaró que el verdadero poder que gobernaba EU era lo que llamó el complejo militar-industrial, alertando sobre el incremento que veía del gasto militar y el peligroso dominio que este ya ejercía sobre la política.

Hoy ese Estado profundo, que define las políticas y planes de dominio de EU es, por supuesto, un monstruo elitesco más grande, diverso y poderoso que en 1961, y además de campos decisivos como lo militar y lo industrial, abarca otros que lo refuerzan: lo político, comercial, tecnológico y sobre todo mediático, uno de los más poderosos instrumentos de dominación que existen en el mundo actual.

Además, no es ya Estado profundo porque su carácter imperial, militarismo, poder y movimientos lo muestran abiertamente, igual que se conocen también sus propuestas, su creciente y decisiva influencia y la forma en que sus poderosas figuras pasan de cargos políticos a cargos militares o empresariales y viceversa.

EU ya ni siquiera es un régimen republicano como era antes, sino que desde hace más de medio siglo se ha convertido en una auténtica plutocracia, en un país gobernado por una reducida minoría de políticos multimillonarios, que comparten poder con una élite de jefes militares, CEOS de grandes corporaciones, también multimillonarios, y líderes de grupos políticos como los straussianos que se mueven como peces en el agua en el seno de ese poder.

Sea Profundo, o ya no tanto, pues aún hay temas secretos, lo cierto es que ese Estado define los límites de acción de los presidentes, los cuales, como fieles ejecutantes de sus políticas de expansión y de dominio han sido casi todos seres obedientes, grises y mediocres, que pasaron por ser, en sus momentos, los hombres más poderosos del planeta.

Y ese es justamente el serio problema que se le presenta hoy con Biden.

Este comparte la política propugnada por el Estado que seguimos llamando profundo por inercia, y del que él mismo forma parte. Esa política busca mantener el dominio exclusivo del planeta por EU, y él es beligerante promotor de lograrlo mediante la guerra contra Rusia y China, que sólo puede ser a un tiempo mundial y nuclear.

Pero Biden es un demente senil cuya imprevisible conducta roza a menudo la locura, lo que evidencia la profunda crisis que vive EU, y genera burlas y desconfianza en esos planes.

En su conjunto, visto el Concepto estratégico que acaba de definir la reciente Cumbre de la OTAN, EU busca ampliar las fuerzas que le permitirían llegar a esa guerra en condiciones ventajosas, lo cual cree la OTAN que tomará tiempo. Pero Biden, el desesperado demente senil, mete la pata a cada paso y lo enreda todo. Así, en su obsesión por armar a Ucrania para que ataque a Rusia, le envía armas pesadas y misiles que, si Ucrania los usa contra Rusia, esta respondería de inmediato usando su enorme poder militar. Y estallaría, antes de tiempo para EU, la guerra entre Rusia y la OTAN cuyo campo de batalla sería Europa, y hasta el propio territorio estadounidense.

El equipo de Biden, banda de criminales guerreristas como él, ha tratado de controlarlo, pero le ha sido difícil. Biden se pierde en las reuniones, dice disparates, olvida o confunde los nombres de países y líderes, extiende la mano para saludar a nadie, se extravía en el jardín de la Casa Blanca.

Lo han intentado todo: desde disimular en caliente sus dislates hasta dictarle y repetirle lo que debe decir. Pero lo olvida y se confunde. Le dieron instrucciones escritas y las mostró a los periodistas.

Al fin acudieron al teleprompter, método seguro de dictarle qué decir, pero cada vez él mezcla el texto dictado con las pausas.

Aquí no cabe lástima porque no se trata de un viejo inocente sino de un político criminal. Tampoco cabe burla pues sería indigno, y esto nada tiene de gracioso.

Biden busca llevarnos a una guerra nuclear. Lo que este patético cuadro nos muestra es hasta dónde ha llegado la podrida decadencia de ese país que quiere seguir dominando el mundo mediante la guerra, hoy dirigido por una banda de criminales guerreristas, un teleprompter oculto en el paltó de un flux azul, y un demente senil que ni siquiera sabe manejarlo.

Ese demente y su banda están llevando a Europa y a EU al desastre.

Vladimir Acosta