Conmemorar a Chávez

Por: Alberto Aranguibel B.

A nadie se le ocurre celebrar el cumpleaños de un Prócer de la Patria, sino conmemorar su natalicio.

La diferencia entre un término y el otro no es simplemente semántica.

Se trata de la inequívoca significación simbólica referida a la estatura de quienes lucharon para lograr la libertad de todo un continente y por la reivindicación de la justicia y la igualdad como base del modelo social que nos proponíamos como naciones libres y soberanas.

Celebrar su cumpleaños, antes que conmemorar solemnemente la fecha de su natalicio, sería, por una parte, colocar el evento en el rango de una efeméride cada vez más absurda, porque habiendo trascendido a otro plano en el que es imposible celebrar su existencia física, lo que corresponde es honrar la grandeza de su legado inmarcesible y de su memoria imperecedera. Mucho más importante, sin lugar a dudas.

Por la otra, reducir a fiesta de torta y velitas la gloria que alcanzaron en su trascendental epopeya, además de absurdo, como decimos, sería rebajar el acontecimiento al futil espacio de la trivialidad.

Conmemorar el natalicio de una figura trascendental para la Patria como Hugo Chávez, cultor del ideario bolivariano como no lo fue jamás nadie en nuestra historia, no es pues, de ninguna manera, una celebración desproporcionada que distancie su figura del calor del pueblo con el frío brillo de los monumentos, como alguien pudiera sugerir, sino el correcto y más sentido  homenaje que el país, las venezolanas y los venezolanos, podrá brindarle eternamente a quien supo entregarlo todo por la construcción del mismo modelo de justicia e igualdad soñado por el Padre de la Patria.

La idea de la ausencia de una figura tan entrañable resultará siempre chocante. Pero felicitarla como si estuviese todavía en el plano terrenal, negándole el reconocimiento de su tránsito hacia la inmortal gloria que le corresponde, pudiera llegar a ser incluso hasta ofensivo a su memoria. Y no la hace más cercana de lo que es hoy en el corazón y en el alma del pueblo.

Nos toca entonces a las venezolanas y los venezolanos cumplir también con la obligación histórica de exaltar como es debido el inmenso legado del Comandante. 

Hugo Chávez merece pasar a la historia con la misma grandeza de la lucha por él librada. Una obra cuya dimensión será cada vez más admirable e infinita.

@SoyAranguibel

Muerto pidiendo cacao

Por: Alberto Aranguibel B.

En política eres un muerto cuando ya ni los tuyos te siguen. Quedarte solo es la prueba inequívoca de que tu liderazgo, si es que algún día lo tuviste y fue efectivo, se extinguió y que solo queda vivo tu cuerpo pero no tu capacidad de irradiar inspiración y fe entre la gente que antes te admiraba, así queden por ahí algunos que todavía experimenten la ilusión que antes despertabas entre los que ciegamente te seguían, y con su inefable emoción por saludarte te hagan creer que estás vivo como líder cuando en realidad no lo estás y lo que expresa esa buena gente que te saluda es más la compasión de quien se despide de un recuerdo en un velorio que la admiración viva que se le brinda a un verdadero conductor de masas.

Por eso, para no seguir engañando a incautos, lo correcto es que cuando estás muerto políticamente no sigas haciendo ofrecimientos ilusorios e inaccesibles como cuando estabas vivo, porque entonces lo que en realidad haces es acabar definitivamente con lo único valioso que podrás llevarte al panteón de la política, que es aquel residuo de respeto hacia ti que puedas dejar como referencia de lo que un día fuiste como líder.

Un muerto serio no inventa más. No da mítines en plazas desoladas frente al mismo grupito de lánguidos desinformados que todavía no se percatan de tu deceso político no porque tú transmitas vitalidad alguna, sino porque se niegan a quedarse en la orfandad en la que los deja tu ausencia, precisamente porque ya las demás opciones con las que contaban se agotaron en el mismo fracasado desaliento de las glorias que, como tú, en algún momento fueron.

No sigas hablando de los “miles de países” que alguna vez te apoyaron como si todavía lo hicieran, porque entonces el ridículo que haces se extiende incluso más allá de lo que alcanzó tu momentánea fama del pasado, cuando estabas vivo, porque nada es más fácil de regarse que el bochorno.

No permitas que lo poco que te quede de aliento se te agote en empeños inviables que solo sirvan para perturbar tu memoria. Ni salgas a ofrecer “acuerdos nacionales” que nadie te pide, porque en la vida no hay nada más repulsivo que las cosas que ofrecen los difuntos.

Entiende que difunto ofreciendo cosas no es para el común de los venezolanos sino apenas un muerto pidiendo cacao.

@SoyAranguibel

Guerra es guerra

Por: Alberto Aranguibel B.

Llegué por primera vez a Cuba a mediados de los años setenta, y me tocó alojarme (gracias al ICAIC) en el magnífico Hotel Nacional, ícono turístico emblemático de la isla, donde me topé con uno de los más llamativos acontecimientos que me encontré en aquel inolvidable viaje.

Fue que en los jardines del hotel que dan hacia el Malecón de La Habana, además del conjunto de cañones de los tiempos de la conquista española que siempre han adornado aquel fabuloso ambiente, el ejército revolucionario tenía emplazada en el mismo lugar una batería de cuatro unidades de artillería antiaérea apuntadas hacia el mar.

En un primer momento me extrañó la aparición de aquel intimidante equipo en medio de un espacio turístico. Pero, al levantar la mirada y otear hacia lo profundo del horizonte hacia el mar, me percaté de que apenas a unas noventa y dos millas náuticas en esa dirección se encontraba el más poderoso enemigo que proyecto revolucionario alguno podría tener; el imperio norteamericano.

De inmediato comprendí que cuando se está en guerra con un enemigo tan peligroso, como lo está Cuba desde hace más de medio siglo, la estrategia defensiva invade todos los espacios sin distingos ni convencionalismos, en resguardo y aseguramiento de la vida de la población y, por supuesto, de la soberanía e independencia de la Patria.

La doctrina militar, cuyo compendio acumula el conocimiento de los ejércitos a través de los siglos, establece de manera irrefutable, además de perfectamente lógica, que la posición dominante en cualquier planeamiento estratégico de guerra, es la posición de altura.

Por eso hasta el sol de hoy no he logrado entender por qué razón, siendo que la capital de la República Bolivariana de Venezuela, enclave de las más importantes empresas del país y sede de todos sus poderes públicos, ubicada en un valle rodeado en toda su extensión por un auténtico collar de colinas de gran elevación, no cuenta, en medio de la más severa amenaza de guerra que jamás haya tenido lugar en nuestro suelo, con una estrategia militar de dominio de las posiciones altas de la ciudad, sino que ellas son usadas por los ricos para ubicar sus grandes mansiones de lujo y por los malandros para montar sus galleras para las narco rumbas y sus garitas de resguardo paramilitarista.

No lo entiendo.

@SoyAranguibel

El Koki y la Cota 905: La lucha contra las bandas criminales urbanas es asimétrica

Por: Clodovlado Hernández

(La IguanaTV)

El punto es muy simple: al Estado le preocupan los daños colaterales masivos que sufriría la población civil en un eventual enfrentamiento abierto, mientras los delincuentes tienen en esos daños potenciales su principal ventaja. Usan a la gente de sus enclaves como escudos humanos. 
 
Esta es una de las claves del conflicto de seguridad más acuciante del momento en Caracas: la existencia de bandas con características paramilitares que se han atrincherado en sectores populares intrincados donde ejercen un poder omnímodo y desde los cuales realizan incursiones, cada vez más frecuentes y violentas, hacia zonas de la ciudad formal. 
 
Cada vez que se registra un nuevo episodio de la acción impune de las bandas criminales en las zonas que controlan en Caracas y otros grandes entornos urbanos, aparece la exigencia de «mano dura». Se acusa a las autoridades de permitir estos crímenes o de ser incapaces de someter a los célebres jefes de las organizaciones criminales. 
 
Expertos del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz estiman que lo más grave del problema es que seguirá agravándose mientras no haya una respuesta contundente, pero la hipótesis de que se lleve a cabo esa respuesta es mucho peor, sencillamente, catastrófica. 
 
El extraordinario poder de fuego que estas bandas han logrado acumular obliga a los cuerpos policiales a evitar el escenario de una toma de las barriadas donde operan estos grupos, pues se desataría una situación semejante a la de una guerra convencional con la población inerme en medio del fuego cruzado. Ya ha habido escaramuzas que permiten imaginar lo que ocurriría si la fuerza pública intentara una acción a gran escala. 
 
La lucha contra las bandas criminales es claramente desigual debido a este factor. Es una guerra asimétrica. Se asemeja a una situación de rehenes en la que intentar un rescate a sangre y fuego implica un altísimo costo en vidas inocentes. 
 
El problema de la población civil 

La población de las zonas controladas por las bandas no es un todo homogéneo ante el cual valga una respuesta única. Hay varios subgrupos: 
 
Inocentes sometidos por el terror. Gente que reside en estos barrios, que han ido construyendo y desarrollando sus viviendas durante años o décadas, trabajan en la misma zona o en otras de la ciudad. Se incluyen acá los pequeños comerciantes que deben pagar protección a los pranes. 
 
Familias vinculadas a los jefes de las bandas o con integrantes que forman parte de ellas. Los denominados pranes son nativos de sus comunidades. Han forjado su liderazgo negativo con actividades criminales en el seno de sus barriadas, dirimiendo disputas territoriales y de negocios ilícitos con otros delincuentes. Sus familias se encuentran radicadas allí. Lo mismo pasa con los lugartenientes de los pranes (luceros en la jerga carcelaria) y con el resto de los integrantes de las bandas. Por razones obvias, esas familias forman redes de inteligencia y contrainteligencia que actúan a favor de la organización criminal desde las entrañas mismas de la comunidad. 
 
Gente que siente simpatías por la «gestión social» de las bandas. En muchos casos, los pranes actúan como benefactores de la comunidad en general o de personas o familias en dificultades, generando lazos de agradecimiento y simpatía. Más allá de emergencias y necesidades básicas, son frecuentes las grandes fiestas, en las que la banda aporta las bebidas, las drogas y los grupos musicales, incluyendo algunos de renombre nacional e internacional. 
 
Líderes sociales positivos. Las personas que desempeñan funciones de liderazgo social y político se abstienen de actuar o se ven obligados a huir de la comunidad porque ellos mismos o sus familiares corren riesgo de muerte, bajo la acusación de ser confidentes de la policía. 
 
Esta complejidad social hace difícil incluso las operaciones de infiltración y de intervención «quirúrgica» que se consideran recomendables en el combate de mafias, pandillas y bandas criminales en todas partes del mundo. 
 
Por otro lado, la infiltración en el sentido opuesto (de las bandas hacia los cuerpos policiales) es una realidad latente lo que implica un gran riesgo para los funcionarios honestos. La corrupción orgánica en entes de seguridad es reconocida por los expertos del Ministerio como un factor clave.

Los estudios criminalísticos indican que hay una mutación de las bandas en los últimos años, que responde a factores como: 

–Nuevos códigos y antivalores que ponen por encima la organicidad delictiva para generar mayor rentabilidad del delito.  

-Incidencia de modelos exógenos por importación de actores (colombianos, mexicanos, centroamericanos) que vinieron a modificar los métodos delictivos y hacerlos más sanguinarios y contundentes.  

-Influencia mediática que naturaliza en la población juvenil destinataria los antimodelos del narco, el paraco, el tratante de personas o el traficante de armas.  

Guerra mediática también asimétrica

La confrontación con las bandas delictivas urbanas es también muy asimétrica en su vertiente mediática.  
 
Los medios globales y los locales de la llamada «prensa libre» (financiada por agencias de Estados Unidos, Reino Unido y otros países) actúan como los grandes propagandistas de estas bandas y sus jefes, a quienes han convertido en celebridades que a menudo encabezan las listas de tendencias en las redes sociales. 
 
La operación mediática va en dos sentidos aparentemente opuestos: 
 
Primer sentido. Cuando las bandas desarrollan sus acciones en sus propios enclaves o fuera de ellos, presentan las informaciones haciendo énfasis en la impunidad con la que actúan los delincuentes. Señalan que es una muestra de la falta de control territorial del Gobierno, una señal de Estado fallido.  Al destacar la libertad de acción de las bandas hamponiles, exigen a las autoridades que intervengan, sumándose así a la operación de provocación. 
 
Segundo sentido. Cuando el Gobierno ha ejecutado intervenciones en estas zonas bajo dominio de las bandas, los medios cambian la frecuencia y pasan a denunciar supuestos excesos, uso desmedido de la fuerza, allanamientos no autorizados, detenciones ilegales y ejecuciones extrajudiciales. 
 
Para llevar a cabo esta segunda función, los medios cuentan con fuentes como ciertas organizaciones no gubernamentales de derechos humanos (alguna de ellas también financiadas oír EE.UU. y otros gobiernos extranjeros); voceros de la Iglesia católica y, por supuesto, familiares de los detenidos. 
 
En las versiones de esta prensa que primero reclama respuesta de las autoridades, todo lo que hagan los agentes del Estado es signado como ilegítimo, mientras los sujetos abatidos o privados de libertad son presentados invariablemente como jóvenes inocentes, trabajadores y deportistas. 
 
Los relatos sostenidos por las ONG y difundidos como verdad absoluta por los medios opositores son tomados como insumos por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet y por otros entes internacionales para elaborar sus informes en los que los individuos, armados con pertrechos de guerra, que resultan muertos en enfrentamientos con la fuerza pública son ubicados en las listas de presuntos crímenes de lesa humanidad. 
 
Esta conducta ambivalente y acusadora de los medios, de las ONG y de los organismos internacionales se establece, así como otra razón que tienen los cuerpos de seguridad del Estado para no actuar ante las bandas. Saben que si aplican la tan solicitada «mano dura» van a ser criminalizados. 
 
El componente político 

Otro aspecto del problema de las bandas delictivas urbanas es que cada vez se hacen más evidente sus vínculos con los actores de la desestabilización política. 
 
Basta recordar que varios de los más recientes capítulos de las acciones de estos grupos han sido maniobras de diversión para eventos mayores de la guerra geopolítica contra Venezuela. A finales de abril y comienzos de mayo de 2020, justo antes de la fallida Operación Gedeón, las bandas de Petare sostuvieron varios días de supuestos enfrentamientos que mantuvieron aterrorizados a los vecinos de la zona. Este año, los movimientos en la Cota 905 fueron el preludio de las acciones de guerra en Apure. 
 
Las actuaciones de las bandas y de sus jefes son prácticamente aplaudidas por los dirigentes de la oposición extremista y para muchos militantes, desde una posición tan ambivalente como la de los medios y las ONG. 
 
El peligro de que las organizaciones criminales sean instrumentos de la ultraderecha violenta ha sido advertido desde hace mucho tiempo. Uno de los autores se estas advertencias es el exdiputado Adel El Zabayar, quien aseguró, en septiembre del año pasado que, si no se mete en cintura a estos grupos armados, debemos prepararnos para diez años de guerra.  
 
El Zabayar, quien participó como combatiente voluntario en la defensa de Siria, advirtió que ese tipo de bandas paramilitares fueron una suerte de ejército informal de la invasión extranjera que encabezó EE.UU. contra el país árabe. 
 
«Existe una larga lista de organizaciones que manejan los cuerpos de seguridad, que han tomado control de varias regiones del país, incluso hay lugares donde los cuerpos de seguridad han sido expulsados, y son zonas neurálgicas que pueden representar un peligro para la región capital, como lo son la salida a Oriente, Occidente, Cota 905 y otros lugares. Es decir que tienen la capacidad de secuestrar Caracas y aplicarle una especie de alicate», dijo El Zebayar. 
 
Añadió que desmantelar a los grupos armados requiere voluntad y determinación por parte del Estado. «Habrá fuertes consecuencias, pero el Estado tiene la posibilidad hoy de retomar el control en corto tiempo, es decir, dos o tres años, pues estos grupos ya avanzan en una articulación muy compleja. Para los sirios fue demasiado tarde, y llevan nueve años y quizás requieran otros cinco más de guerra para acabar con los mercenarios terroristas. Creo que retrasar las operaciones un año más, sería comprometer el país a una guerra de diez años, ya que estos grupos se habrán desarrollado, potenciado y ocupado más extensiones, en lugares estratégicos del país», alertó. 
 

Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV

¿Para qué unir naciones?

Por: Alberto Aranguibel B.

Una revisión somera del escenario internacional revela sin dificultad alguna que la inmensa mayoría de los conflictos (si no todos) que hay hoy en el mundo no surgen de ninguna manera de algún tipo de descomposición endémica de la sociedad, como pretende ser siempre presentado ese fenómeno, sino de la insaciable pretensión del poder hegemónico del capital por controlar el planeta y someterlo a su solo y exclusivo dominio.

El imperio norteamericano, auto erigido en líder y ejecutor de la avasalladora carrera por la imposición de ese demencial modelo unipolar que persigue asegurar el bienestar de unos pocos frente al sufrimiento de miles de millones, la ha presentado siempre como una necesidad primordial del ser humano en lo cual la idea de “soberanía de las naciones” y la “autodeterminación de los pueblos” serían los más grandes obstáculos a superar.

De ahí surge la conflictividad; De verse obligado el imperio a violentar la soberanía de los pueblos para someter sus economías, sus orientaciones políticas o sus creencias religiosas o culturales, al particular interés del hegemón.

Por eso la convocatoria que hace hoy Venezuela para sumar la voluntad de las naciones del mundo en la defensa de la carta fundacional de las Naciones Unidas es una acción sin lugar a dudas meritoria y valiosa para la humanidad.

Si algún propósito debe concitar la unidad de las naciones es precisamente el de prevenir toda amenaza contra la sobre vivencia misma de la humanidad. Ningún otro podría ser entonces el objetivo supremo de la Organización de las Naciones Unidas.

El lanzamiento del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones, llevado a cabo esta semana en Nueva York a instancias de Venezuela, es el punto de partida para la recuperación en la ONU de los principios fundamentales de soberanía y libre determinación que aseguran la indispensable igualdad en los derechos de las naciones y la posibilidad cierta e irrenunciable de la paz mundial.

Las naciones deben unirse, tal como fue la fórmula de salvación prevista por el mundo en la era de la postguerra, sí.

Pero no para la sumisión a potencia alguna sino para la libertad y el progreso justo y equitativo de la humanidad.

Por esa iniciativa, el mundo quedará en deuda eterna con Venezuela.

@SoyAranguibel

Ridículo calladito

Por: Alberto Aranguibel B.

Dos videos se difundieron tímidamente la semana pasada por las redes sociales, coincidiendo con los resonantes eventos llevados a cabo en el país, e incluso fuera de él, cuya característica común fue la inmensa demostración de conciencia ideológica y de fuerza movilizada que tienen hoy los movimientos sociales y los gobiernos progresistas en Venezuela y en el mundo, como lo fueron la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Carabobo, la Cumbre del ALBA-TCP, el Congreso Bicentenario de los Pueblos realizado en Caracas, y, por supuesto, la excepcional muestra de participación democrática que dio al mundo este fin de semana el Partido Socialista Unido de Venezuela con su ejemplar selección de precandidatos a Alcaldes, Concejales y Gobernadores. Todo ello teniendo como marco la aprobación casi unánime de la Resolución presentada en la ONU por Cuba contra el criminal bloqueo impuesto desde hace más de medio siglo a la isla por el imperio norteamericano.

En el primer video se ve a una joven (supuestamente estudiante) intentando medio atolondradamente estructurar un discurso contrarrevolucionario a las puertas de la UCV, con un grupo de unos diez muchachos al fondo como quienes planifican la compra de cervezas en una reunión playera cualquiera.

En medio de una sarta de galimatías e incoherencias, la joven se asquea ella misma de su propia ineptitud y manda a parar el video, que no logra alcanzar ni diez segundos siquiera.

En el segundo video, el mismo grupo aprovecha que no hay nadie en Miraflores (porque es el 24 de julio y están todos en Carabobo) logrando esta vez captar una buena toma de tres segundos de “protesta” en el Puente de Pagüita. Pero sin discursos que pudieran complicarles la vida. Solo tres gritos de “Libertad”, bastaron para regresar a su refugio en Prados del Este para seguir con la rumba cuarentanera.

Mientras el inmenso río de gente que es el pueblo venezolano celebra masivamente la independencia y la soberanía, ese triste grupito con el que la oposición piensa tumbar el gobierno hace el ridículo en silencio.

A diferencia de aquel Guaidó en el que la derecha tuvo alguna vez cifradas sus esperanzas, el mismo que se ufanó siempre de hacer el ridículo ante el mundo sin la menor vergüenza, estos muchachos lo hacen calladitos.

@SoyAranguibel

Importancia de la XIX Cumbre ALBA-TCP (El análisis en 360)

Carabobo hoy… análisis en 360

Cuando la guerra es contra las ideas

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo revela de manera inequívoca el carácter insensato de la derecha es sin lugar a dudas el terror que ella le tiene al pensamiento revolucionario como si se tratara de una entidad corpórea a la que estaría obligada a vencer ya no en una confrontación de ideas; es decir, en el terreno del debate político, sino en un irracional combate cuerpo a cuerpo en el que solo uno de los contenedores debe quedar en pie al final de la pelea.

Aquella obsesiva persecución contra el programa “Aló Presidente”, emitido semanalmente a todo el país por el presidente Hugo Chávez, y contra cualquier otra alocución televisiva del entonces Primer Mandatario, las llamadas “cadenas presidenciales”, no fue otra cosa que el franco reconocimiento de esa derecha cavernaria al inmenso poder que tiene hoy por hoy un instrumento, el medio de comunicación de masas, que ella misma ha utilizado desde siempre a su antojo para tratar de imponer en la sociedad la idea del capitalismo como única vía para asegurar la sobrevivencia humana, a pesar del sufrimiento, del hambre y la exclusión social que ese modelo genera entre casi un tercio de la población mundial, pero que el capitalismo trata de hacer aparecer como un instrumento pernicioso solamente si está en manos del Poder Popular.

Obsesión persecutoria contra las ideas que se reproduce en todas y cada una de las oportunidades que ha tenido esa derecha de ejercer de alguna manera algún mínimo control sobre los medios de comunicación, tal como lo hizo en su brutal ataque al canal del Estado, Venezolana de Televisión durante los sucesos de Abril del 2002, en los cuales el cierre de la planta televisiva estuvo entre sus primeras y más urgentes acciones.

El empeño en callar las ideas (exactamente igual a lo que hicieron en 2016 Henry Ramos Allup en Venezuela, con su destemplado intento de cerrar el canal ANTV y de desterrar las imágenes de Chávez y de Bolívar de la Asamblea Nacional, o el ultraderechista Mauricio Macri en Argentina, ordenando cerrar la señal de TeleSur como su primera medida de gobierno) no es solo porque son las ideas del pueblo, es decir; aquellas que se orientan en la dirección de promover la justicia y la igualdad social, sino porque son formas de expresar un pensamiento estructurado de manera coherente. Algo de lo cual carece (y que repudia incluso) la derecha.

El eterno ir y venir de ese retardatario sector entre la posición que asume un día y exactamente la opuesta al día siguiente, como es su comportamiento más recurrente, evidencia el carácter irracional de su ancestral y nunca satisfecho propósito de hacerse del poder a como dé lugar, sin importar de ninguna manera el más elemental respeto al concepto de acuerdo o pacto social que sirve de base a la democracia, ni mucho menos a la idea de cordura o de sensatez que debe prevalecer en todo momento en el complejo y delicado ejercicio de la política, en el cual el sentido de responsabilidad (no solo hacia el pueblo sino hacia uno mismo) tiene que ser definitivamente el factor determinante.

De ahí que la contradicción entre la narrativa libertaria que le sirve de justificación a su pretendida lucha por el poder y su persistente empeño en callar la voz del pueblo a como dé lugar, como se ve en la manipulación que hacen los medios de comunicación con las pro- testas populares a lo largo y ancho del continente y del mundo, escondiendo en la forma más grotesca la inocultable realidad de la represión de los gobiernos neoliberales contra el pueblo, exaltando y justificando a la vez la labor represora de esos gobiernos lacayos del imperio y al servicio del gran capital, sea cada vez más bochornosa.

Poner de alguna forma cerca del poder a un miembro cualquiera de esa derecha cultora de la irracionalidad como dogma, de esa vocación represora de las ideas, de ese despropósito de la censura y el cercenamiento al pensamiento político, es exactamente lo mismo que acercar el más ignífugo combustible a la candela. Es ponerle dinamita a las bases mismas de la democracia, que tienen en el debate ideológico su activo más esencial y valioso.

Es eso, y ninguna otra cosa, lo que acabamos de ver en esa patética demostración de intolerancia que hace el señor Enrique Márquez, representante de la derecha en el Consejo Nacional Electoral (CNE), con su desquiciado intento por sacar del aire el programa de opinión de una de las figuras más emblemáticas de la actual política venezolana, argumentando algún supuesto uso indebido de un bien público en favor de alguna parcialidad partidista (irónicamente en el programa donde la mayor parte del tiempo es usado para mostrar no al partido de gobierno sino a la oposición, exactamente como ella es; con sus vicios, sus carencias y su persistencia en el fracaso) cuando en realidad ese programa (Con el Mazo Dando) es el medio a través del cual la opinión pública, no solo venezolana sino mucha de más allá de nuestras fronteras, se pone al día en la dinámica del tema que más importa hoy a las venezolanas y los venezolanos como lo es el de la política. Tema en el cual radica la mayor parte de la compleja coyuntura por la que atraviesa el país, en virtud de lo cual concita el inmenso interés nacional que despierta entre la audiencia.

Al mejor estilo de Pedro Carmona Estanga en su fugaz paso por el poder, del ejército nazi o del ejército español que hicieron de la quema de libros una política de Estado por órdenes de Hitler en Alemania y de Franco en España, el señor Márquez arremete desde su minúsculo y circunstancial espacio en el CNE contra la voluntad popular, lanzando su artero ataque contra un líder fundamental del proceso revolucionario y contra el espacio de opinión con mayor audiencia en el país, arrogándose facultades extralimitadas de aquellas para las cuales le fue asignado el cargo, funciones en las cuales no ha atendido hasta el día de hoy el trabajo de su competencia solo para darle prioridad desde el momento mismo de su nombramiento a la sesuda elaboración del expediente contra el programa de televisión. Lo que denota, sin lugar a dudas, cuál fue desde desde siempre su verdadera intención por hacerse de algún espacio de poder.

Márquez encarna cabalmente esa lógica derechista contra las ideas porque su accionar, que desconoce intencionalmente que el actor principal del programa es precisamente la oposición de la cual él mismo forma parte, es claramente irracional.

Sin ese programa, y su muy bien sustentada exposición del verdadero rostro de la oposición venezolana (que es vista en el programa hablando siempre con sus propias palabras, a través de sus mensajes en las redes sociales, en videos, en fotografías y en infinidad de declaraciones públicas) no habría en Venezuela análisis político de valor que contuviera la violencia que desataría en el país una oposición envalentonada por el apoyo de las grandes corporaciones nacionales e internacional de la comunicación al servicio del gran capital, que profundizarían cada vez más su inmoral trabajo de desinformación y distorsión de la realidad ocultando esa naturaleza delincuencial del liderazgo opositor para alentar así a vastos sectores de la sociedad a creerse mayoría cuando en efecto no lo son.

O a considerarse erróneamente del lado correcto de la historia con su ciego y hasta inocente apoyo a la banda de delincuentes y corruptos que es hoy esa dirigencia opositora y que el “Mazo”, como popularmente se le conoce, lo único que hace es mostrarlos a la opinión pública (cuyo derecho a la libre información es reconocido universalmente), usando para ello un bien público porque es precisamente ese un tema del más fundamental interés para todo el país, empezando por la misma militancia opositora que hoy, gracias a ese programa, cuenta con sólidos e irrefutables elementos de juicio para sustentar su punto de vista contrario al del chavismo, pero también contrario al festín de corruptelas y zanganerías de esa dirigencia opositora que invariablemente aparece en el programa.

Un afán censor de las ideas, el del señor Márquez, que no puede reducirse al ámbito de lo personal o puntual de un individuo contra la libertad de expresión y de opinión, como en este caso, sino que tiene que verse a la luz del comportamiento de la derecha mundial y de sus grandes corporaciones mediáticas plegadas como están a los pérfidos intereses de la barbarie capitalista, tal como se ve en la profusión de esa novísima modalidad de la manipulación mediática que hoy persigue institucionalizarse bajo pueriles sofismas de justificación, como el que encierra el aparentemente inocuo término “fake news”, o bajo las más perversas formas de condescendencia hacia la brutalidad represora de los gobiernos neoliberales, y la persecución salvaje hacia las vocerías o propuestas populares en cualquier parte del planeta donde éstas intenten expresarse.

Algo sobre lo cual lo más llamativo es sin lugar a dudas la impudicia de organismos ya no tan siquiera como la OEA, la Unión Europea o la propia CIDH, cuyo sesgo en la valoración de esa realidad es poco menos que bochornoso, sino de la misma SIP, históricamente tan activa en la denuncia contra las supuestas violaciones y atentando contra la libertad de expresión en los países cuyos gobiernos surgen de una clara vocación popular por la justicia y la igualdad, pero tan callada cuando se desata la furia de los gobiernos de derecha contra los pueblos e incluso contra los mismos medios de comunicación.

Se trata de una guerra, sí. Pero de una guerra contra el derecho del pueblo a pensar libremente. Una guerra contra las ideas.

@SoyAranguibel

El Ecuador mecido

Por: Alberto Aranguibel B.

Fue incontable la cantidad de gente que por la década de los 60 creía que la canción “Ansiedad”, que hiciera famoso a su autor Chelique Sarabia, hablaba de “el Ecuador mecido de este lamento”, cuando en realidad lo que decía era “el eco adormecido de este lamento”.

Sin embargo, hoy aquella equívoca frase pudiera ser dolorosamente correcta.

Porque, qué otra cosa que no fuera un lamento pudiera explicar la tragedia de un pueblo que habiendo conquistado en 2007 la posibilidad cierta de su redención, apenas diez años después cae de nuevo en las garras de la derecha para perder ahora, en las elecciones de 2021, la oportunidad de recuperarse.

Ciertamente se ve hoy como un completo y garrafal error del expresidente Rafael Correa el haber creído que las revoluciones se decretan desde el poder o que se instauran mediante simples campañas publicitarias que a través de un eslogan pretendan posicionarse en el corazón del pueblo, en vez de imponerse mediante la verdadera construcción de un sólido poder popular que le dé vida y perdurabilidad al proceso transformador que se persigue.

En la misma lógica de San Martín, que partió hacia Francia luego de su encuentro con el Libertador Simón Bolívar en Guayaquil en 1822, como diciéndoles a los latinoamericanos “Ahí les dejo a los muchachos para que ellos hagan la revolución que les acabo de encomendar”, Correa partió hacia Bélgica apenas abandonó el poder en 2017, suponiendo quizás que la denominada “Revolución Ciudadana” seguiría sola su curso y partiría en dos la historia de ese país por el simple influjo de las fuerzas espirituales de los ecuatorianos.

No haberse abocado con la debida tenacidad a la creación sistemática de una profunda conciencia de participación y protagonismo entre el pueblo, como sí lo hizo Chávez durante más de una década en Venezuela, determina sin lugar a dudas que el poder de la derecha, es decir; el poder del gran capital y de las grandes corporaciones mediáticas a su servicio, junto al inconmensurable poder del Departamento de Estado norteamericano apoyando su estrategia de reinstauración en el poder, se impondrá siempre.

La diferencia con San Martín, es que en Latinoamérica, en vez de un tránsfuga vendepatria como  Lenín Moreno, sí quedaba entonces un verdadero Libertador al frente de un pueblo convencido de su sed de justicia e igualdad, que supo desterrar de nuestro suelo con la más admirable gallardía que la historia recuerde al más poderoso imperio de aquel tiempo.

@SoyAranguibel

Resistir es vencer

Por: Alberto Aranguibel B.

Sorprende la facilidad con la que alguna gente acusa de ineficiente al gobierno revolucionario, porque considera que las cosas debieran suceder en la forma perfecta y expedita en que la anhelan desde sus muy plácidos aposentos autocriticistas.

Categóricos, afirman que ni la pandemia ni el criminal bloqueo al que es sometido el país por las fuerzas del capitalismo imperialista son excusas para el mal funcionamiento de los servicios públicos, ni mucho menos para el tortuoso desempeño de la economía, sobre la cual dictaminan alegremente sentencias recriminatorias de la más disparatada índole sin el menor rubor o atisbo de vergüenza.

Las mismas corporaciones mediáticas que se empeñan en distorsionar y ocultar la verdad de Venezuela ante el mundo terminan reconociendo (meses después de los acontecimientos, como lo han hecho en su momento desde el New York Times, el Washington Post, hasta la mismísima BBC de Londres y el diario EL País de España) que el esfuerzo librado por los venezolanos para salir adelante en medio de las dificultades es un hecho incontrovertible que se constata, así ellos no quieran reconocerlo, con la sola permanencia del presidente constitucional de la República en el poder.

Mientras el amenazado se mantenga erguido en su puesto de batalla, sorteando las balas inclementes del agresor desde todos los flancos habidos y por haber, suyo, y de nadie más, será siempre el triunfo en la contienda porque los asedios y las agresiones que ha conocido la historia contra los pueblos jamás tuvieron la pretensión de asustar apenas al contendor durante un tiempo infinito, sino la de tomar el control, sometiendo al asediado lo antes posible, para hacer cristalizar su triunfo a la mayor brevedad.

El mundo sabe que vencido es solo aquel que cae derrotado frente a la agresión del enemigo. El signo universalmente aceptado de esa derrota es, sin lugar a dudas, la toma de la mayor colina en el sitio conquistado para plantar en ella la bandera del vencedor. Acontecimiento que no ha sucedido, ni está cerca de suceder en Venezuela.

Porque en la Venezuela de hoy, en medio del más brutal asedio de la historia, estamos aprendiendo como nunca a aprovechar las infinitas potencialidades del campo, a hacer de la innovación y el emprendimiento una fórmula de crecimiento cierto y sostenible, y a lograr con el esfuerzo propio de nuestro trabajo lo que antes solo era posible comprando todo lo que necesitábamos para la vida.

Ciertamente, a Dios gracias, son cada vez menos los insensatos y cada vez más los que por puro sentido común arriban de una forma o de otra a conclusiones correctas con el inmenso logro que significa resistir y salir adelante como lo está haciendo el pueblo venezolano.

@SoyAranguibel

Fronteras escuálidas

Por: Alberto Aranguibel B.

El 5 de septiembre de 2019, la Vicepresidenta de la República, Delsy Rodríguez, presentaba en rueda de prensa un audio que registraba la conversación entre Vanessa Neuman, la designada Embajadora de Juan Guaidó en la Gran Bretaña, y un sujeto de apellido Avendaño en la que se revelaba el plan del guaidocismo de entregar la Guayana Esequiba a cambio del apoyo de Inglaterra para su hoy frustrado plan de derrocar el gobierno constitucional de Venezuela.

Las excusas y explicaciones de los conspiradores nunca pudieron ser suficientes ante tan contundente evidencia de traición a la Patria en la que aparecían incursos.

Ya en Febrero de ese mismo año, el líder de la asonada, títere del Departamento de Estado norteamericano cuyo propósito primordial es apoderarse de las ingentes riquezas venezolanas a como dé lugar, encabezaba el montaje del más grotesco y delincuencial intento de invadir el territorio venezolano desde la frontera colombiana, con el ardid de la supuesta “ayuda humanitaria” que pretendían ingresar al país abriéndole un boquete a la soberanía nacional por donde pudieran entrar sin restricción alguna las fuerzas internacionales destinadas a ocupar el territorio venezolano en nombre de la causa contrarrevolucionaria.

Apátridas como son, el suelo patrio no es sino todo aquel pedazo de territorio sobre el cual se asienten las urbanizaciones de lujo en las principales ciudades, así como los más costosos centros comerciales, o en definitiva los aeropuertos desde los cuales puedan partir hacia Miami a disfrutar allá de las mieles que les brinda el inmenso capital fugado por ellos desde hace décadas hacia los bancos norteamericanos.

El resto, como las poblaciones fronterizas de los estados Zulia, Táchira, Apure, además del mencionado territorio Esequibo, son solo “monte y culebras” de los cuales, según ellos, se puede prescindir perfectamente.

Por eso su vergonzosa y repugnante indiferencia ante la agresión de la cual está siendo objeto nuestro suelo en este momento por parte del ejército de irregulares montado por el narcopresidente Iván Duque en su burdo intento por violentar nuestra soberanía y adueñarse de cualquier pedazo de territorio venezolano aprovechando de la manera más obscena la particular circunstancia de desprestigio generada por el imperio norteamericano y el Grupo de Lima contra nuestro país.

Su entreguismo es tan asqueroso que ni siquiera piensan en los seres humanos que ahí son asesinados o heridos injustamente, ni mucho menos en la agresión que eso representa para el honor y la integridad de la Patria.

Es así porque sus fronteras no son aquellas convenciones o líneas que demarcan y delimitan los territorios, sino las barreras que les cercan el cerebro impidiéndoles actuar con un mínimo de dignidad y sentido nacionalista.

@SoyAranguibel

Conflictividad y comunicación

Por: Alberto Aranguibel B.

En la búsqueda de soluciones al fenómeno de la conflictividad política en la Venezuela de hoy, aparecen formulaciones referidas siempre al ámbito de lo estrictamente político o a la diversidad de puntos de vista sobre el deber ser de nuestro sistema económico, pero muy pocas veces (si no, ninguna) se propone un debate serio y profundo sobre el papel que juega el medio de comunicación en toda esta conflictividad que ya muchos denominan “la crisis venezolana”, como si de un Apocalipsis asfixiando al país se tratara.

Habiendo alcanzado niveles de avance como probablemente no lo haya alcanzado ningún otro ámbito del conocimiento humano en las últimas décadas, el medio de comunicación se ha convertido en parte esencial de la vida misma para la humanidad, cuya supervivencia no se concibe hoy en día sin la existencia de ese poderoso mecanismo de difusión de la realidad hasta en lo más recóndito del planeta.

En el mundo entero el medio de comunicación ha pasado a ejercer un rol determinante en la sociedad, modificando o imponiendo conductas a partir del cambio de percepciones que generan en un sentido o en otro los contenidos mediáticos, no solo los informativos o de prensa (como erróneamente suele creerse), sino los de simple entretenimiento, cargados como están de mensajes ocultos tras sus aparentemente inofensivas narrativas. Precisamente los contenidos que más manipulan la realidad inoculando ideas muy bien calculadas y concebidas para favorecer los intereses del inmenso capital que está detrás de las grandes corporaciones mediáticas y del modelo capitalista en general.

El debate iniciado esta semana en la nueva Asamblea Nacional sobre este tema, el de la comunicación, al que han sido convocados todos los sectores representativos de la sociedad, abre una luz de esperanza promisoria en este aspecto tan medular y tan impostergable en la búsqueda de la recuperación definitiva del bienestar al que aspira el país en su conjunto.

El deber común más insoslayable, de todas y todos quienes ahí participen, tiene que estar orientado al logro de una discusión constructiva, sin sesgos ni parcialidades de ningún tipo, que pongan en riesgo esa excepcional oportunidad para nuestro país.

Que no se pierda en posiciones sectarias este importante avance.

@SoyAranguibel

Guaidó residual

Por: Alberto Aranguibel B.

La sicología ha identificado un particular comportamiento del ser humano que se rehusa a aceptar el tránsito hacia nuevos escenarios que por alguna causa o razón no le resulten convenientes o favorables, denominándolo “estado de negación”.

La mayoría de las veces quien padece tal anomalía no se percata de ella, sino que, más bien, la expresa con un alto grado de inconsciencia, usualmente signada por la irracionalidad y la irresponsabilidad en la forma de conducirse, en un proceso de agotamiento o fatiga gradual que va generando la imposición progresiva de la nueva realidad, conocido comúnmente como “ansiedad residual”, a lo largo del cual suelen presentarse las denominadas “patalequeras” o “pancadas de ahogado”, es decir; el estado de negación del que hablamos.

Por lo general, el fenómeno de la “ansiedad residual” aparenta cierto grado de autenticidad en la medida en que suele expresarse con los elementos cognoscitivos propios de la realidad en extinción. La idea de que nada ha cambiado y que todo sigue igual es la primera que trata de imponerse en tales circunstancias, aún cuando los elementos de la nueva realidad sean perfectamente insoslayables e irrefutables.

El caso de Juan Guaidó y su patética campaña de medios presentándose todavía hoy como “presidente de la República” en algunos videítos de lastimosidad que circulan por las redes sociales, es una muestra más que reveladora de esta patología de la negación irracional.

Habiendo culminado el periodo parlamentario para el cual alguna vez fue electo; extinguido ya su cuarto de hora, como en su momento se extinguieron los de Henrique Mendoza, Manuel Rosales, Enrique Capriles, y tantos otros líderes de la oposición que terminaron hundidos en el olvido; no existiendo ya Donald Trump ni aquellos “miles de países” de los que una vez se jactó, Guaidó lo que hace hoy con esas cuñas de falsedades es solo un ridículo mundial de dimensiones incalculables.

Ahí están las cuñas. Pero que nadie se confunda; Quien ahí aparece no es ningún líder de masas ni un redentor promisorio en tránsito hacia ningún paraninfo, como el comercial pretende venderlo. Ese es solo el “efecto residual” de un sainete bochornoso que en mala hora pretendió ser la verdad que ningún venezolano en su sano juicio jamás habría aceptado. Como en definitiva nunca la aceptó.

Guaidó, él mismo es el primero en saberlo, es hoy solo un destartalado residuo de su propio excremento de ilegalidad e inconstitucionalidad.

@SoyAranguibel