Asesinar por internet

Por: Alberto Aranguibel B.

Argumentan siempre los apátridas para justificar su pitiyanquismo, que en Estados Unidos sí se cumplen las leyes y que por eso allá las cosas funcionarían bien.

Explican que la gente cumple las normas porque la autoridad es muy severa con los infractores y eso hace que nadie quiera infringirlas.

El carácter represor de la policía en Estados Unidos es visto como una bendición de Dios por quienes pretenden que en Venezuela el gobierno sea derrocado porque supuestamente repelió en alguna oportunidad (hace ya más de tres años) a alguna gente que un buen día decidió salir a la calle a vandalizar todo a su paso, incluyendo el exterminio de seres humanos quemándolos vivos, y que se propuso en demanda del antidemocrático cambio de gobierno que exigían embadurnar con mierda a los agentes de la Guardia Nacional Bolivariana.

Un evento impensable en Estados Unidos, porque allá la reacción de los organismos represores ante una agresión de ese tipo, sería sin lugar a dudas el acribillamiento en la vía pública de todo aquel que ose irrespetar de esa forma a la autoridad.

En esa, que se autoerige en la Meca de la libertad y el respeto a los derechos humanos, el asesinato de personas indefensas en plena vía pública es ya parte del paisaje. Un fenómeno que de tanto repetirse ha pasado a ser una forma de vida de una sociedad que se traga sus propias inmundicias con pasmosa solemnidad, a pesar de las muy puntuales protestas que esa cultura del asesinato cotidiano a mansalva a manos del Estado va instaurando como normal en la mente del norteamericano.

Frente a ese genocidio por goteo que se comete en suelo norteamericano, no deja de asombrar la pasividad de un mundo que se dice preocupado por la violación de las libertades y de los derechos humanos. Repugna, por supuesto, la fría aceptación mundial de ese estado de sitio permanente al que es sometido el pueblo de los Estados Unidos, al que se le oprime con exactamente el mismo método de infundir temor usado por Adolf Hitler en su momento.

Pero más pasmoso todavía es el grotesco fenómeno de la miserable defensa que hacen hoy por las redes sociales esos pitiyanquis con las atrocidades de la policía gringa, buscando siempre culpabilizar a la víctima y exonerar al autor del atropello.

Parecieran considerar que la matanza de negros es de alguna manera correcta por el solo hecho de que quienes la perpetran son funcionarios al servicio de Donald Trump, a quien ellos consideran su verdadero presidente, sin importar para nada la evidente extralimitación de los funcionarios que ajustician a su buen saber y entender a cuanto afrodescendiente se encuentren en la vía pública.

Pero, más grave aún, es que dejan al descubierto su arbitraria forma de entender la utilidad de las redes sociales como una arma política que puede usarse libremente para imponer una manera de pensar, aún a costa de la verdad y, sobre todo, de la vida de seres humanos inocentes.

Una defensa que, más que cómplices de esa injustificada mortandad, los convierte en asesinos. Así sean mediáticos.

Simplemente asqueroso.

@SoyAranguibel

El mercado preso

Por: Alberto Aranguibel B.

La mayor falacia instaurada por el capitalismo en el mundo como una verdad pétrea, indiscutible e inviolable, es sin lugar a dudas aquella que habla de un mercado libre y sin restricciones de ningún tipo como única vía para asegurar el bienestar y el desarrollo económico de las naciones.

Sobre esa “verdad” se ha instaurado a la vez la de la libertad individual que promueve el capitalismo como parte indisociable de la libertad del mercado, y con ella todas las libertades (de expresión, de empresa, de culto, etc.) que presenta como derivadas e inseparables de la lógica capitalista, en lo que el concepto de “libre competencia” adquiere un valor supremo como base del modelo a partir justamente de la supuesta idea de libertad universal de desempeño sobre la cual se asienta.

Pero hoy la mayor potencia económica del mundo demuestra en la realidad cuánto de falsedad hubo siempre en toda esa propuesta más allá del discurso de las academias y de la infinidad de ideólogos y centros de pensamiento económico y político que a través del tiempo se empeñaron desde los libros y los postulados retóricos en la ilusoria teoría.

No es mediante la “libre competencia” como EEUU ha buscado imponer el capitalismo como el modelo económico que debe imperar en el planeta, sino con la extorsión política, el chantaje terrorista de sus arbitrarias sanciones, y a través de la amenaza y el sometimiento con las armas.

Ya ni siquiera escudado tras la fachada de los “países aliados” de la que tanto se jactó en periodos de guerra y de postguerra, sino abierta y descaradamente, Estados Unidos ejerce hoy una presión sin precedentes para tratar de obligar (que no convencer) a la humanidad a aceptar una verdad falsa e inviable que hasta el mismo imperio tiene que aceptar como imposible de imponer si no es a través del sometimiento (torcedura del brazo, según Obama).

No es libre un mercado en el que empresas exitosas deben ser injustamente cerradas, porque con su buen desempeño desplazan a las ineficientes.

No es libre si para existir ese modelo tiene que imponer sanciones ilegales y arbitrarias a las economías que les resultan incómodas o que simplemente le compiten.

No es libre si tiene que robarle sus riquezas al mundo para lograr incrementar las suyas, sin importar los genocidios que vayan de por medio.

Es un mercado restringido. Cerrado.

Un mercado preso, pues.

 

@SoyAranguibel

La encuesta de la farsa

Por: Alberto Aranguibel B.

Con la lascivia propia de las fieras en celo, en la oposición andan desesperados por ver quién sucede al autojuramentado, una vez que la desgracia en la que ha caído hace ver como inminente su defenestración definitiva por parte del jefe de la Casa Blanca y del poco reducto de seguidores que le quedaba al ilusorio presidente en el país.

Desde todos los flancos opositores aparecen descalificaciones y ataques cada vez más feroces contra el que hasta ayer era todo un Mesías redivivo, al que le rendían pleitesías estrafalarias de todo tipo y que hoy es usado cuando mucho como coleto en todos los espacios de opinión donde antes era exaltado por los mismos voceros de la oposición que ahora se asquean con él.

La impudicia es el signo recurrente en ese festín de candidaturas a la sucesión, donde cada uno es más pérfido y voraz que los otros. Uno de ellos, quizás el más inmoral y maquiavélico, ha puesto a circular por internet una falsa encuesta en la que le pide a los incautos que caigan en la trampa que llenen un formulario de nueve preguntas cuyos resultados les serán llevados por él, bajo la fachada de multitudinaria organización social, nada más y nada menos que al presidente de los Estados Unidos implorándole que invada desde ya, mediante una ocupación armada, a Venezuela.

La engañosa encuesta, que dice estar hecha para solicitarle al gobierno norteamericano una invasión al país a la vez que les exige a las demás potencias evitar inmiscuirse en el asunto porque ello sería una gravísima violación de nuestra soberanía (?), tiene el verdadero propósito de defenestrar por mampuesto al cándido autojuramentado, con la inclusión de una pregunta de apariencia ingenua sobre la corrupción con la ayuda humanitaria, que retrata perfectamente el carácter delincuencial de Guaidó.

Es más que evidente que van tras el inefable y ya hoy inservible títere. Pero solo buscando hacer más dinero con el negocio de vender la Patria.

Que a estas alturas ya le estén dando golpes de Estado (aun cuando dicho Estado sea ficticio) a quien le hizo el piso a esa efímera vitalidad que en algún momento llegó a tener la oposición con su bufonada, dice mucho del talante ruin e infame de esa dirigencia del fracaso.

Solo los más estúpidos opositores no se percatarán de la perversa jugada que hay detrás de esa encuesta, que lo único que persigue es coronar, como si nada, a un nuevo autojuramentado del rastrojismo.

 

@SoyAranguibel

Donald Maduro

Por: Alberto Aranguibel B.

Dice la sicología moderna que uno de los trastornos más comunes asociados a la obsesión compulsiva es la proyección de la personalidad. Quien lo padece asume sin percatarse el comportamiento de aquella persona sobre la cual tiene una fijación enfermiza, terminando a la larga convertido en el objeto mismo de su propia obsesión.

Con su desquiciada conducta, Donald Trump demuestra día tras día cuánto de verdad encierra esa sensata aseveración científica.

De tanto acusar al presidente Nicolás Maduro de dictador y denunciar la supuesta violación de derechos humanos que según Trump caracterizaría al gobierno revolucionario (al que no ha perdido oportunidad de señalar como represor, incompetente, e insensible ante el padecimiento del pueblo) resulta ahora que los hechos indiscutibles que evidencian el inmenso esfuerzo del mandatario venezolano por proteger al pueblo demuestran no solo que todo fue siempre una sarta de acusaciones e infamias sin fundamento que nada tenían que ver con la realidad venezolana, sino que donde en verdad se sufren las consecuencias de un gobierno indiferente con los pobres, que ciertamente sí reprime de la manera más cruel y desalmada a su población (particularmente la de color) y que efectivamente carece del más mínimo criterio de responsabilidad frente a contingencias devastadoras como la pandemia Covid_19 que azota hoy a la población norteamericana más que a ninguna otra del mundo, es precisamente el país que preside el obseso Donald Trump.

Tanto ha insistido el jefe del imperio en la supuesta ilegitimidad del presidente Maduro, a partir de una arbitraria y antojadiza lectura de la elección presidencial venezolana del 20 de mayo de 2018, que no es posible entender la declaración que ha hecho este fin de semana el inquilino de la Casa Blanca anunciando que desconocerá los resultados de las elecciones previstas en su país para el próximo mes de septiembre en caso de no resultar él electo, sino como una proyección obsesiva que lo lleva a asumir sin la menor vergüenza la personalidad que él mismo, de la manera más delirante, ha tratado de mil y una formas acuñarle al presidente de Venezuela.

Solo faltaría saber cómo van a manejar este claro e inequívoco viso antidemocrático del mandatario norteamericano los medios de comunicación y la derecha que tanto han detractado al presidente Maduro.

¿Lo acusarán también de dictador ante el mundo?

@SoyAranguibel

C. Hernández: La “comunidad internacional” que apoya a Guaidó está tan maltrecha como él.

Por: Clodovaldo Hernández
LaIguanaTV

Donald Trump, buscando votos de venezolanos y cubanos en Miami, ha admitido que Juan Guaidó (quien, según él, es un presidente elegido) ha perdido parte de su poder. Tardó en darse cuenta porque es algo que comenzó a notarse desde el 23 de febrero de 2019. Pero, además, es un hecho que toda la coalición internacional que ha respaldado el derrocamiento de Nicolás Maduro mediante esta modalidad de “cambio de régimen” también está haciendo aguas. Empezando por el propio Trump.

Durante el año y medio que está por cumplirse desde que Guaidó se juramentó a sí mismo en una plaza de Caracas, el principal argumento del «gobierno paralelo» ha sido el apoyo internacional que este tendría, frente al aislamiento de Maduro.

Para sostener este argumento se ha recurrido a una doble valoración: la cantidad y la calidad de los países, gobiernos, organizaciones internacionales y líderes que respaldan el Proyecto Guaidó.

Pero, luego de este tiempo, no solo el diputado autoproclamado presidente está debilitado y maltrecho, sino también todo ese constructo mediático al que llaman «la comunidad internacional» que supuestamente lo avala.

Veamos con detalle. Revisemos, en primer lugar, la cuestión meramente cuantitativa. En el trayecto de 18 meses ha quedado en evidencia que al «gobierno encargado» no lo respalda la mayoría de las naciones del planeta, salvo que uno tenga una visión tan atolondrada de la geografía universal como la de la señora que habló de «miles de países».

Aun en aritmética simple, los 60 países que, según sus propias cuentas, respaldan a Guaidó, son apenas un tercio del total de Estados soberanos del mundo. De tal manera que habría que preguntarse por qué «la comunidad internacional» es un tercio del mundo. ¿Qué es entonces el otro segmento, formado por dos tercios de los países?

Cuestión de “calidad”

Aquí viene la segunda valoración que suele oírse en predios opositores ilustrados. No se trata tanto de la cantidad, sino de una serie de factores que pueden agruparse en la palabra «calidad». Sigamos analizando, entonces.

Un primer factor tiene que ver con el rango de los países en la escena geopolítica global. Dicen los defensores del Proyecto Guaidó que tiene el visto bueno de los que realmente tienen peso específico, como Estados Unidos y los integrantes de la Unión Europea.

En los grandes medios de comunicación de esos mismos países y en sus subsidiarios latinoamericanos y venezolanos, enarbolan ese criterio como una prueba irrebatible de la clásica superioridad del norte del mundo, una mezcla de viejos supremacismos: monroismo, eurocentrismo, etnocentrismo blanco, colonialismo.

Pero ese punto del rango geoestratégico de los países luce bastante desfasado. Hubiese sido mucho más contundente en los años 90, recién desplomada la Unión Soviética. No en estos años de declive del imperio estadounidense y de enérgico surgimiento de China y Rusia como nuevas potencias. Y mucho menos en el año de la pandemia, que dejó a la Unión Europea desnuda en sus terribles falencias e iniquidades.

Pues bien, en el actual escenario geopolítico, frente a la alianza en contra de EEUU y la UE, el gobierno constitucional de Venezuela ha tenido el apoyo explícito y contundente de esas dos potencias que, según los vientos que soplan, ya dejaron atrás a la vieja Europa y van a emerger en el mundo pospandémico en pie de igualdad con EEUU.

La postura de China y Rusia ha significado humillantes derrotas para EEUU en el exclusivo Consejo de Seguridad de la ONU, el club de ganadores de la Segunda Guerra Mundial en el que entran algunos invitados circunstanciales. Washington hasta ha tenido que apelar al derecho a veto para evitar males mayores para su causa.

Entonces, si consideramos que en el planeta de 2020 hay tres superpotencias: EEUU (sus socios europeos son, cada vez más, un vagón de cola), Rusia y China, habría que concluir que el proceso bolivariano tiene el apoyo de dos de ellas. Nuevamente tenemos a «la comunidad internacional» dividida en dos tercios/un tercio. Pero, según los medios ya mencionados, el tercio vale más que los otros dos.

Otro enfoque de este asunto de la «calidad» se refiere al hecho de que EEUU ha conseguido que la mayoría de los países del vecindario latinoamericano se sumen a su reconocimiento como presidente de alguien que no fue votado para tal cargo. Pero ni siquiera en la arena hemisférica han podido consolidar realmente una mayoría en contra del gobierno de Maduro. La incapacidad de la Organización de Estados Americanos para fraguar un consenso, ha querido ser compensada por ese engendro llamado Grupo de Lima. Pero nunca ha calzado los puntos y (al igual que la UE), el Covid-19 ha puesto en evidencia que, en realidad, no son un mecanismo de integración de países hermanos, sino un artilugio al servicio del Departamento de Estado en contra de Venezuela.

La derrota de los gobiernos neoliberales en dos países de gran influencia regional, México y Argentina, ha puesto peor las cosas para los de Lima.

En el ámbito Nuestro Americano, el gobierno constitucional se ha movido con habilidad diplomática y con dignidad para contener la estrategia. La solidaridad demostrada por la Venezuela bolivariana en años recientes ha rendido frutos. Por supuesto, esto molesta mucho a los proimperialistas, quienes desprecian profundamente a las naciones pequeñas, a «los países recogelatas del Caribe», como dijo una vez un connotado dirigente de AD.

La ruina moral

Ya ha quedado claro que en términos cuantitativos, es completamente falso que el Proyecto Guaidó tenga apoyo internacional mayoritario. No lo tiene ni entre la totalidad de los países del mundo ni entre los de peso superpesado. Tampoco lo tiene en el coto continental.  Pero hay una perspectiva más de la «calidad» de los respaldos que la tentativa de cambio de régimen ha tenido, y esta es la relativa a la situación que viven los países, los gobiernos y los líderes que han encabezado esta iniciativa.

Dejemos de último a los EEUU de Donald Trump, pues él es el dueño del tinglado. Volvamos sobre la UE, zarandeada por la pandemia, con varios de sus gobiernos muy aporreados, tomando medidas antipopulares en medio de la emergencia sanitaria, avergonzados por feos escándalos de corrupción y obligados a ir a la zaga del gamberro ocupante de la Casa Blanca.

En los últimos días, para complementar el desprestigio de los aliados de EEUU del otro lado del Atlántico, Reino Unido demostró una vez más su estirpe de piratas y saqueadores al robarse, en complicidad con el «gobierno encargado» 31 toneladas de oro que pertenece a Venezuela. Un botón de muestra de la «calidad» de los apoyos internacionales que tiene la oposición no democrática.

Lo que resulta obvio es que el apoyo internacional que mantiene Guaidó depende de los negocios que su condición de falso presidente le ha permitido hacer con los gobiernos que lo respaldan. Dando y dando.

No queda hueso sano

Si miramos hacia el vecindario, es notable la ruina de los gobiernos y líderes que han respaldado el plan de EEUU. Mauricio Macri fue derrotado; a Sebastián Piñera lo salvó la campana del coronavirus, porque a inicios de este año estaba prácticamente tumbado por las protestas populares; Lenín Moreno es simplemente indefendible; la derecha  boliviana solo puede mantenerse en el poder por la vía de facto, la misma que utilizó para acceder a él; Bolsonaro es tan patético que se le considera una caricatura de Trump (saque usted la cuenta); y el subpresidente Duque está rodeado de escándalos por todos los flancos, en un país repleto de crímenes impunes. Como colofón de esta ristra de personajes patibularios, Luis Almagro, el secretario, ha batido todos los récords de obsecuencia ante los dictámenes imperiales, llevando a la prostituida OEA a su nivel más bajo, como ministerio se colonias de EEUU.

¿Y qué decir de Trump, el gran jefe de Guaidó? Pues, que anda «de los nervios»(como dicen los españoles) porque las encuestas indican que va a perder la reelección ante un oponente bastante mediocre como Joe Biden, lo cual es doblemente humillante. En lo que respecta a Venezuela, todas sus arrogantes y psicopáticas tentativas han fracasado a tal punto que en algunas de ellas ha tenido que hacerse el loco, papel que no le cuesta porque lo interpreta a diario.

Su acto de campaña en el reducto del falso exilio venezolano en Miami ha sido la mejor evidencia de la bancarrota ética y moral de esa «empresa» (término que le cuadra a la perfección) que ha sido el Proyecto Guaidó. Un candidato que está perdiendo por paliza ante un cachivache del Partido Demócrata confiesa que su pupilo en Venezuela “ha perdido poder y no tiene apoyo de la gente”. ¿Hace falta agregar algo?

clodovaldo  Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV

Interlaces: “Asalto a un país: El prontuario de Guaidó en diez casos emblemáticos”

Por: Anahí Arizmendi
Interlaces

El 23 de enero del 2019 Juan Guaidó se autojuramentó Presidente de Venezuela.  En ese momento anunció como una de sus prioridades, «salvaguardar los activos de la nación, del peligro de caer en manos extranjeras por los incumplimientos de las autoridades chavistas». Con el apoyo del gobierno de Trump se crearían las condiciones para la confiscación ilegal de activos venezolanos en el exterior y la administración de millones de dólares con la excusa de «la ayuda humanitaria a los venezolanos».

Gracias «al gobierno de Guaidó», Estados Unidos y sus aliados europeos se dotaron de una fuente ilegal de recursos, en la expectativa de hacerse de la principal reserva petrolera mundial e importantes yacimientos minerales. A cambio, Guaidó y sus aliados administran sumas millonarias, mientras el país es víctima de un bloqueo criminal y el robo de sus activos. Un amplio prontuario que intentamos condensar en diez puntos.

1- Los primeros 20: Como regalo de autoproclamación, el 24 de enero del 2019 el Departamento de Estado anunció su intención de otorgar más de US$ 20 millones al «nuevo gobierno» a ser utilizados para «ayuda humanitaria» y en la “lucha contra la escasez de comida y medicamentos”.

2– Caso Citibank: El Banco Central de Venezuela (BCV) acordó en 2015 un préstamo con Citibank por  US$ 1.600 millones con el  oro de las reservas internacionales en garantía. En Marzo del 2019 el banco alegó «retraso en el pago parcial de los compromisos» y decidió liquidar el oro para cobrarse toda la deuda de una vez. La diferencia entre el valor de la garantía y el monto por el cual se hizo el préstamo que le correspondía a la República, se le entrega al “gobierno interino”.  Con el apoyo del gobierno de Estados Unidos, el Citibank transfiere de la cuenta del BCV  a una cuenta de la Reserva Federal en manos de la Asamblea Nacional US$ 340 millones.  El BCV calificó el acto como un vulgar despojo del patrimonio venezolano.

En Mayo de este año, como consecuencia del debate de la Ley Especial del Fondo para la Liberación de Venezuela y Atención de Casos de Riesgo Vital,  Carlos Vecchio, representante de Guaidó en Estados Unidos, declaró que ese dinero sólo se habían logrado movilizar la aprobación de US$ 80 millones, tras alcanzar acuerdos con la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés). La declaración surge luego de la información de la agencia de Noticias AP, sobre la asignación de un sueldo mensual de US$ 5.000 para cada diputado de quienes conforman la Asamblea Nacional paralela que lidera Guaidó.

En un comunicado del Centro de Comunicación Nacional del interinato , se explica la distribución de los recursos: US$ 14 millones para el programa de apoyo al Parlamento, y no al pago directo de los diputados;  US$ 4,5 millones en «la defensa de la democracia»; gastos sociales para atención humanitaria (US$ 35,9 millones); fortalecimiento de comunicaciones (US$ 5,5 millones); relaciones internacionales y servicio exterior (US$ 8,8 millones); contraloría especial y poder judicial (US$ 1,9 millón) y la implementación del presupuesto (US$ 9,3 millones).

3- Desmantelamiento de CITGO: En 2014 la transnacional minera canadiense Crystallex gana ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) el arbitraje contra el estado venezolano por pérdidas ocasionadas por la nacionalización en el año 2008 de la mina de oro Las Cristinas. El centro ordena al Estado venezolano el pago de 1,4 millardos de dólares como indemnización.

En mayo de este año el Tribunal del Distrito de Delaware dio el visto bueno a la posible venta de acciones de CITGO y considera por separado los reclamos de Crystallex y el productor independiente estadounidense ConocoPhillips, cuya demanda podría alcanzar los 8.700 millones de dólares. Con ambas empresas existían acuerdos que las sanciones impidieron cumplir.

Desde la firma en 2019 de la orden ejecutiva que congela todos los activos del gobierno de Venezuela en territorio estadounidense, se estima que la apropiación ilegal de Citgo le costó al país 11 mil millones de dólares en pérdidas por dividendos congelados. El «gobierno de Guaidó» asumió ilegalmente la directiva de Citgo para «proteger los activos venezolanos», pero en la acción contra Criystallex nombra como procurador al abogado José Ignacio Hernández, «testigo experto» del bufete que defendió a la transnacional en el proceso legal contra la República Bolivariana de Venezuela de 2017. Hernández presentó el argumento de que PDVSA era “un alter ego del gobierno venezolano”, por lo que la empresa canadiense podía cobrar la deuda con la venta de los activos venezolanos en  Estados Unidos. A pesar del claro conflicto de intereses el «gobierno interino» destina 20 millones de dólares para la «defensa jurídica».

Tras la ratificación por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos de la venta de las refinerías de CITGO Petroleum Corporation, la Corte de Delaware  emitió una orden para proceder a su venta. De acuerdo a los registros legales, CITGO está valorada en USD 8 mil millones. Posee tres refinerías ubicadas en Luisiana, Texas e Illinois y una red de oleoductos que cruzan 23 estados de la nación norteamericana, y aporta entre 5 y 10 por ciento de la gasolina que se consume en ese país.

El Ejecutivo venezolano calificó estas acciones como «terrorismo económico» y denunció la implicación de Juan Guaidó y el gobierno de Estados Unidos, en un plan para apropiarse de los recursos de la nación Bolivariana: Citgo; Monómeros (Colombia), PDV Caribe (en todo el Caribe) y PDV América (en el continente).

4- Caso Novo Banco en Portugal: En Abril de 2019 el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, solicitó al gobierno de Portugal pronunciarse por el secuestro de más de mil 700 millones de dólares que estaban destinados a la compra de medicinas, alimentos, vacunas, insumos industriales, semillas y fertilizantes, en Novo Banco en Portugal.

El banco que heredó los activos saneados del extinto Banco Espírito Santo, pertenece en un 75% al fondo norteamericano de capital de riesgo Lone Star. Desde Novo Banco (Portugal) se realizaban las transferencias para el Banca Versilia (Italia) para el pago de la Asociación ATMO italiana, con la que había un convenio para realizar trasplantes de médula ósea en niños y adultos. El programa de salud con Italia se ejecutaba a través de CITGO, confiscada por EEUU.

La Asamblea Nacional en desacato presidida por Guaidó presionó junto al gobierno de Estados Unidos para que los recursos no fueran liberados. Decenas de pacientes se vieron afectados en su tratamiento en Italia y Argentina y varios niños fallecieron.

5- Caso Oro Venezolano en el Banco de Inglaterra: La disputa con el Banco de Inglaterra se inicia desde que Reino Unido reconoce a Juan Guaidó como Presidente interino de Venezuela. El gobierno nacional inicia una demanda ante el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra por el retiro de US$1.000 millones en lingotes para venderlos y usar los fondos para enfrentar la pandemia del coronavirus.

En Julio de este año el Tribunal ratificó la posición de Reino Unido a favor de Guaidó. El diputado admite por su parte que había intercedido para que no se le otorgaran los recursos al presidente Maduro. “Si se transfiere el dinero… será utilizado por el régimen ilegítimo y cleptocrático de Nicolás Maduro para reprimir y maltratar al pueblo venezolano”, dijo en una carta enviada a la entonces primera ministra británica, Theresa May y al  gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

En las bóvedas del Banco de Inglaterra se encuentran  31 toneladas de oro venezolano que ahora le son reconocidas al «gobierno de Guaidó». El Banco de Inglaterra tiene una de las bóvedas de oro más grandes del mundo y paradójicamente se ufana de que nunca ha sido robado un lingote de oro en sus instalaciones.

Cabe destacar que en 2011, el Presidente Hugo Chávez repatrió cerca de 160 toneladas de oro de los bancos de Estados Unidos y de la Unión Europea al Banco Central de Venezuela, alegando la necesidad del país de tener el control físico de sus activos. El tiempo le dio la razón.

Tampoco se debe olvidar que, según un audio filtrado de la representante de Guaidó ante Reino Unido, Vanessa Neumann, que en agradecimiento por estas gestiones, el interinato silenciaría la contienda legal para reclamar el territorio Esequibo.

6- Ayuda Humanitaria: Uno de los mayores negocios de la oposición venezolana es la emigración inducida. Bajo la excusa de «la ayuda humanitaria» el «gobierno de Guaidó» maneja innumerables recursos desde que se autoproclamó.

Voceros de su «gobierno» como Carlos Veccchio admiten que se han destinado más de US$ 600 millones a este concepto. Informó que US$ 128 millones fueron entregados al gobierno de Juan Guaidó a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés), para financiar sus operaciones, defender los derechos humanos y desarrollar planes para recuperar la economía y los servicios básicos en Venezuela.

El tema tuvo amplia visibilización en febrero del 2019 con la organización del “Gran Concierto por la Paz” en el Puente Simón Bolívar, frontera entre Colombia y Venezuela. Antesala de la entrada fallida de gandolas con supuesta ayuda humanitaria, que se demostró formaban parte de una operación militar encubierta contra el país.

El concierto recaudó 2,5 millones de dólares para la ayuda humanitaria. Posteriormente, el ex embajador en Colombia del Gobierno de Guaidó, Humberto Calderón Berti, denunció casos de doble facturación y la utilización de recursos de la ayuda humanitaria en «hoteles, fiestas, prostitutas y licor» y varios integrantes del equipo de Guaidó se vieron involucrados en hechos de corrupción.

Calderón Berti también aseguró tener información sobre el desplazamiento a cuentas personales de los intereses de los 7 mil millones de dólares depositados en bancos norteamericanos o de otros continentes que pertenecen a Citgo.

El ex representante de Guaidó, reveló que recibieron datos de la Dirección de Inteligencia en Colombia que señalaban posibles irregularidades en el manejo de los recursos que debieron llegar a los soldados desertores.

7- Operación Gedeón: El 3 de mayo de este año fracasa en las costas de Chuao y La Guaira la incursión armada denominada Operación Gedeón, financiada desde Estados Unidos y por el paramilitarismo colombiano con la complicidad del «gobierno» de Juan Guaidó. La operación militar se definió en un contrato firmado entre Guaidó como «Presidente de Venezuela», sus asesores Sergio Vergara y Juan José Rendon y  Jordan Goudreau como representante de la empresa Silvercorp USA, contratista para operaciones militares.

El documento establece el pago de 212 millones 900 mil dólares respaldados en petróleo venezolano, para ejecutar la operación en 495 días. En el mismo se acuerda pagar mensualmente al contratista después de la culminación del proyecto un mínimo de 10 millones 860 mil dólares, un promedio de 14 millones 820 mil dólares y un máximo de 16 millones 456 mil dólares, y un bono por éxito de la operación de 10 millones de dólares.

El  desertor venezolano Clíver Alcalá fungiría como jefe de la operación, en articulación con el grupo paramilitar Los Rastrojos. Sobre la vinculación entre Los rastrojos y Guaidó hay amplia bibliografía y pruebas gráficas. Alcalá es detenido «accidentalmente» en Colombia con un arsenal valorado en más de 500 mil dólares, entre los que figuraban 26 fusiles de asalto AR-15, 36.

El nuevo intento armado que fracasa ante la unidad cívico-militar de la revolución bolivariana  estuvo antecedido de otras operaciones militares con financiamiento norteamericano como la de Oscar Pérez en 2017 , el intento de magnicidio con drones contra el  Presidente Maduro en 2018, la denominada Operación Libertad en enero del 2019 y la Operación Aurora en diciembre de ese año.

8.- La batalla contra el Coronavirus: En Marzo de este año, Guaidó anuncia la gestión de   20 millones de dólares provenientes de “cuentas rescatadas” en el exterior por su gobierno para hacer frente a la pandemia decretada por el coronavirus. Los recursos serían utilizados en la adquisición de material para el personal médico y de enfermería como tapabocas, guantes, batas, gorros, zapatos, lentes protectores, así como agua.

Al igual que todo el tema de la «ayuda humanitaria» la formula se repite: organizaciones no gubernamentales afines a las organizaciones políticas que apoyan a Guaidó, serían las responsables de adquirir y administrar los implementos. La ayuda también incluirá un bono de 100 dólares para el personal de salud del país que nunca llegó.

Las primeras listas conocidas revelaron que la mayoría de los beneficiados no eran médicos ni enfermeras sino militantes de organizaciones políticas de la oposición que apoyan el “gobierno interino”.

La realidad es que el gobierno nacional, que preside Nicolás Maduro, es de los pocos en el mundo que garantiza pruebas, atención y tratamiento gratuito a pacientes con coronavirus.

9.- El Bloqueo: Hasta marzo del 2019, se habían dictado treinta y cinco (35) instrumentos que aplican medidas coercitivas unilaterales contra la República Bolivariana de Venezuela. La Organización de Derechos Humanos Sures, en su informe a la Corte Penal Internacional de este año sobre las y los destinatarios de medidas coercitivas unilaterales aplicadas por Estados Unidos , Unión Europea y otros países contra Venezuela establecen: 140 personas, 118 empresas, 65 aeronaves y 52 buques.

Durante «el gobierno interino» las órdenes ejecutivas se han orientado  a confiscar ilegalmente varios activos (financieros y energéticos) del país.

Según la economista Pascualina Cursio todas las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos han generado a la nación una pérdida de 21 mil 450 millones de dólares, el ataque a la moneda $ 41 mil 691 millones, el sabotaje a la producción petrolera 51 mil 161 millones dólares, para un total de $ 114 mil 302 millones de dólares de pérdida para la nación

10.- Nuevas Legislaciones para el manejo de recursos: En Julio de este año la Asamblea Nacional que apoya a Guaidó anuncia la aprobación de la Ley Especial de Contrataciones Públicas asociadas a la Defensa, Recuperación, Aseguramiento y Resguardo de los Activos, Bienes e Intereses del Estado venezolano en el extranjero y la Ley para Administrar recursos Bloqueados en el Extranjero.

La primera tiene como objetivo ubicar demandas en el exterior en ejecución o con potencial de ejecución, que se estiman en  $15.000 millones correspondientes a activos de Venezuela en el exterior.

La segunda plantea ubicar los recursos en un «Fondo de Liberación» que se iniciará con 80 millones de dólares con el apoyo de la OFAC y la OEA.

El gobierno de Guaidó se encuentra trabajando en la “recuperación para el país” de 500 millones de euros depositados en la entidad Novo Banco en Portugal, a la espera de un trato parecido al que dio el gobierno británico a la junta Ad hoc del BCV (Banco Central de Venezuela) para mantener la custodia del oro de las reservas internacionales.

anahí-arizmendi copy  Lic. Anahí Arizmendi

Fuente: Interlaces

Gobernar sin poder

Por: Alberto Aranguibel B.

La forma en que la oposición venezolana se ha visto obligada por casi un cuarto de siglo de derrotas y fracasos de toda índole a entender el poder, es aquella que consiste en el gobierno de lo inexistente (gobierno fatuo) en el cual el ritual de la autojuramentación para el ejercicio de una presidencia ficticia es apenas la concreción histriónica del modelo.

El verdadero grueso de tal absurdo, tal como lo entiende esa derecha inconsciente y reaccionaria que en mala hora le ha tocado al país, es el de la entrega plena de la administración del poder a una potencia extranjera.

No existe ni una sola evidencia que haya podido mostrar esa canalla oposición que pruebe la supuesta sumisión de Venezuela a Cuba, China, Rusia, o a Irán, que no hayan sido más que chismorreos e infamias inventadas y difundidas por las redes sociales. Sus intentos por descalificar la cooperación equitativa entre países hermanos jamás ha tenido soporte.

Pero quienes acusan de esa supuesta entrega del país a gobiernos extranjeros, son quienes hoy aplauden la aprobación de un contrato de administración de los recursos venezolanos en el exterior concedido por la escuálida Asamblea Nacional en desacato a dos empresas norteamericanas.

Deja ver así esa maltrecha oposición cuatro cosas indiscutibles con su innoble acto de traición a la Patria.

En primer lugar, que su supuesta indignación por la hipotética sumisión del país es toda una farsa, porque lo que hacen con ese contrato completamente viciado de ilegalidad no es sino un vulgar acto de verdadera cesión de nuestra soberanía.

Segundo, que al entregar la Patria sin ningún pudor dejan claro ante el mundo que son solo una banda de irresponsables para quienes la política no es sino una fachada. ¿A quién se le ocurre poner zamuros a cuidar carne?

Tercero, y probablemente lo más importante, que lo único que los motiva es el afán de hacer dinero a costa del hambre y el padecimiento del pueblo, en lo cual no hay negocio que no sea apetecible para ellos.

Y cuarto, que no tienen poder alguno para gobernar.

Una vez más, esa tragedia sin solución que es la oposición venezolana deja al descubierto que todo lo se dijo siempre de ella desde el chavismo en cuanto al carácter delincuencial de su espurio liderazgo es no solo cierto sino terriblemente costoso para nuestro pueblo.

@SoyAranguibel

Esperando la orden

Por: Alberto Aranguibel B.

A medida que queda al descubierto la farsa que encarna el proyecto de asalto del poder mediante la figura de un pusilánime autojuramentado, que salen a la luz pública sus carencias como propuesta política y se van constatando con hechos sus cualidades delincuenciales, va quedando también en evidencia que muchos de los países que hace casi dos años le brindaron su apoyo a ese disparate golpista en realidad lo hacían producto de la desinformación mediática y el engaño urdido desde el imperio norteamericano para hacerse del control de Venezuela.

Habituados como han estado la mayoría de esos países a la lógica colonialista que les fue tan provechosa durante siglos, siguieron sin incomodidad alguna la orientación que se les dictaba desde Washington, pensando, quizás hasta de buena fe, que derrocar a un gobierno legítimamente electo (siempre y cuando no fuera en Europa sino en el para ellos muy lejano “nuevo mundo”) no estaría mal si con ello se beneficiaba el alicaído neoliberalismo y se contenía de alguna forma la vocación revolucionaria de los pueblos latinoamericanos que cada día claman con mayor fuerza por justicia e igualdad social.

Como toda farsa, el proyecto estaba destinado al fracaso con el pasar de los días, semanas, y meses, en los que no solo no se concretaba la ilusoria promesa, sino que afloraban con inusitada profusión las falencias e insostenibilidad del mismo, ya no en boca de los defensores de la Revolución o del gobierno venezolano, sino en todas y cada una de las voces críticas que desde el seno mismo de la derecha y la ultraderecha radical empezaron a darse a conocer denunciando cada vez con más fuerza la inmoralidad y la ineptitud de los principales actores del audaz y bochornoso sainete.

Se convirtió así el apoyo de lo que un día denominaron “los miles de países” en un verdadero torneo de resistencia en el que la contundencia inicial se fue tornando en una tenue y muy relativa solidaridad, que luego fue tímida y esporádica, y que finalmente aparece en muchos casos simplemente condicionada al dictamen de la Casa Blanca para ver si continúan apoyando o no el destartalado proyecto.

Es el vaivén de la dirigencia del mundo neoliberal que, sin importar lo que piensen en verdad sus pueblos, se arrodillan impúdicos a los designios del imperio.

 

@SoyAranguibel

El librito de Bolton

Por: Alberto Aranguibel B.

No se trata de ninguno de los dos tomos de “La Segunda Guerra Mundial” de Winton Churchill, o de alguna antología de Antonio Gramsci. Tampoco de las obras completas de Noam Chonsky o las disertaciones teóricas de Francis Fukuyama prediciendo el futuro de la política.

Nada de eso. Se trata solamente del compendio de reconcomios y añoranzas delincuenciales de un fascista cagalitroso que, curtido ya por su dilatada trayectoria como halcón del imperio,  no quiere morirse sin anotarse una última guerra en su largo historial de genocida insaciable, apostando un último resto de perversión en la misma mesa sobre la cual su antiguo jefe, al que hoy ataca en ese libro con la misma inmoralidad y desvergüenza con la que ambos atacan a los comunistas, ha dicho que tiene puestas encima “todas las opciones”.

No es un texto luminoso de ninguna manera, como incluso los pensadores más preclaros de la izquierda quieren ponerlo por el solo hecho de que supuestamente deja en evidencia al orate que maneja hoy las riendas del imperio más criminal de todos los tiempos.

No revela nada. Solo confirma lo que desde siempre se ha dicho sobre el magnate presidente y su desquiciada manera de conducir a una nación que bajo su mandato ha experimentado la más vertiginosa carrera de su historia hacia el desastre económico, social y político.

Su larga retahíla de chismes mal hilvanados (y pésimamente redactados) tampoco le es útil a nadie, porque, por una parte, por su carácter de obra escrita personalísima, no posee fuerza legal incriminatoria. Y, por la otra, porque en esencia es un texto que, aún desnudando al inquilino de la Casa Blanca en la forma descarnada e incontrovertible en que lo hace, no es de ninguna manera un texto ni “anti Trump”, ni mucho menos “anti imperialista”. En virtud de lo cual no tiene el poder de hacerle perder la elección a nadie. Y mucho menos de hacérsela ganar.

Sembrar esperanzas en ese supuesto poder estremecedor que algunos le atribuyen al librito de John Bolton es tan erróneo como asumir que el problema del hambre y la pobreza en el mundo es un asunto que deriva de la ineptitud de uno o varios individuos y no de la decadencia de un modelo económico y social fracasado como el capitalista.

El librito pudiera ser, eso sí, y cuando mucho, una innecesaria distracción de lo importante.

 

@SoyAranguibel

País a la machimberra

Por: Alberto Aranguibel B.

En Venezuela hay un grupito, pequeño pero muy ruidoso, habituado a exponer al mundo su inconformidad como único argumento político válido.

Es un grupito que solo sabe pedir y mentir. No sabe armonizar criterios ni llegar a acuerdos, sino patalear porque se les complazca en todo sin importarle en lo más mínimo los derechos de los demás. No le interesa el concepto de conjunto social. Ni mucho menos la idea de justicia e igualdad. Solo busca su satisfacción propia a como de lugar.

Pide elecciones porque dice que la falta de éstas es signo revelador de las tiranías. Pero cuando se hacen las elecciones llama a la abstención y desconoce sus resultados, incluso desde antes de estos obtenerse.

Dice que necesita pruebas irrefutables de transparencia electoral. Dichas pruebas siempre le son concedidas y en señal de conformidad con las mismas firma las actas de certificación de todas y cada una de ellas. Pero, aún así, termina cantando fraude.

Pide entonces conteo total de votos (porque en su obcecación no entiende que la elección es en sí misma un conteo) y cuando se cuentan en su totalidad pide que la gente descargue una arrechera que no tiene, porque ya con su voto dijo lo que quería decir, provocando así que quienes salgan a las calles sean solo los desadaptados que le hacen el juego a la arbitrariedad de ese grupito que ve en la figuración con la que le ayudan los medios de comunicación de la derecha el oxígeno para su terco empeño.

Vuelve a pedir elecciones y vuelve a exponer su nunca explicada inconformidad como único argumento. No muestra jamás señal alguna de satisfacción porque asume que aceptar satisfacción es claudicar a algún principio. Solo que sus principios son tan inexplicables como su terquedad y complacerle se torna en el perpetuo cuento del gallo pelón.

Provocando sin ningún fundamento desconfianza en el rector electoral, ha pedido por años su destitución y el nombramiento de nuevas autoridades. Con esa excusa ha salido a las calles, ha generado violencia, ha expuesto y sacrificado vidas, llegando al extremo de pedir una invasión extranjera en la que deposita su sed de poder eternamente insatisfecha.

Ahora hay un nuevo CNE, pero tampoco lo acepta.

De nuevo queda claro que jamás ha querido democracia sino apropiarse del país a la machimberra.

 

@SoyAranguibel

Inconsistencia

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo es contrario a la humildad, es la chocante autosuficiencia que denota la expresión “yo lo dije”, que usa el venezolano para refrendar todo hecho en el que se constate una situación cualquiera que le permita aparecer como más inteligente y previsivo que los demás.

La mayoría de las veces la expresión pasa sin pena ni gloria. Como cuando alguien hace precisiones intrascendentes del tipo “¡Yo dije que iba a llover!” que no afectan para nada la vida de la gente.

Sin embargo, en la Venezuela de hoy un muy particular sector de la población que, paradójicamente, suele considerarse a sí mismo como culto e inteligente por encima del común, ha desterrado por completo de su habla cotidiana dicha fórmula. El “yo lo dije” no es ya un constructo retórico válido para el antichavismo, porque jamás acierta nada de lo que anuncia como inexorable.

En su ya proverbial rosario de fracasos, la oposición tiene encima el sanbenito perpetuo de la predicción incumplida, en la que el tic-tac, tic-tac, y el consabido “ya les queda poco”, son quizás las más recurrentes.

Sus profecías son tan inconsistentes como toda su ideología, si así pudiera llamársele al compendio de insensateces pitiyanquis que los orientan. Y su conducta, en perfecta correspondencia con las disparidades e incoherencias de lo que predican, jamás responde a una misma línea.

No pueden decir nunca “yo lo dije”, porque nada se les cumple. Y porque para colmo hacen siempre lo contrario de lo que dicen. Como eso de ir a poner gasolina que supuestamente iba a destruir los motores de los carros. O ir a sacarse el Carnet de la Patria del cual se burlaron hasta más no poder. O esperar con ansias un Clap del que se rieron por meses, o unas viviendas que por años dijeron que eran solo maquetas.

Nada de lo que hacen es consistente con su antichavismo visceral. Pero son antichavistas.

 “Pero, tú no pareces chavista” suelen decir con asombro cuando se tropiezan con alguien que de entrada les resulta simpático pero que, para su infortunio, termina soltando en algún momento un sonoro “¡Camarada!” que los desconcierta.

A la larga, su odio es solo reflejo de una profunda inconsistencia que nada tiene que ver con el verdadero talante del venezolano que desde siempre fue ante todo afable y cordial por excelencia.

 

@SoyAranguibel

El virus que desnudó al terrorismo mediático

Por: Alberto Aranguibel B.

“Los muertos sí salen” Voz popular

Erigida en “cuarto poder” desde los tiempos de Edmund Burke, la prensa se ha arrogado la atribución de orientar a la opinión pública a su buen saber y entender, convirtiendo el universal derecho de la libertad de expresión y de información en propiedad privada de exclusivo uso de los dueños de los medios de comunicación.

Fue así como la humanidad se habituó a la lectura cotidiana de una realidad filtrada, que no necesariamente se correspondía con los hechos verdaderos, pero que resultaba confortable para la comprensión de aquella gente que se formaba bajo los esquemas de esa narrativa y que, en virtud de una autoridad arbitrariamente auto impuesta por el medio de comunicación, no necesitó nunca apelar a recurso alguno de constatación de lo que se le decía en los grandes titulares de la prensa. La verdad es lo que dicen los medios y punto.

En una guerra de terrorismo mediático como la que ha azotado a Venezuela a nivel nacional e internacional, la distorsión de la realidad, la mentira y el infundio convertidos en armas para desacreditar al país, han logrado posicionar matrices sucesivas y recurrentes que obedecen de manera antojadiza a los particulares intereses de una derecha fracasada en sus intentos de hacerse del poder, y en las cuales mucha gente ha creído de una u otra manera precisamente porque en su reconfiguración esas mentiras descaradas y abiertas de las que son víctimas tienen la misma estructura y la misma apariencia a veces de la verdad que la gente siempre ha conocido.

El tema de la muerte como fenómeno resultante de la violencia que imperaría en el país, fue quizás el que con mayor recurrencia fue utilizado por los medios de comunicación privados contra la Revolución Bolivariana. Desde el arribo de Nicolás Maduro a la presidencia de la República, en el años 2013, la matriz más intensamente promovida por esos medios tuvo como su principal fuente noticiosa a la morgue de Bello Monte, desde donde se reportaban a diario los ingresos de cadáveres por decenas. Los grandes titulares se referían invariablemente a estadísticas de horror que daban cuenta del supuesto incremento del riesgo de la población a ser víctima de secuestros, de asaltos, o de asesinatos en la vía pública, generando un insoportable clima de angustia entre la gente que los medios consideraban conveniente a los advenedizos planes de la derecha.

¿Qué pasó con esa morgue? ¿Por qué no es ya una fuente diaria para los titulares? Pues, que los medios están orientados por otra estrategia de generación de matrices. La de exaltar las supuestas cualidades redentoras de un autojuramentado.

Luis Britto García nos lo explica de esta forma: “En 2012 Juan José Rendón (el mismo JJ Rendón del contrato de Guaidó con los mercenarios golpistas de 2020. Nota nuestra) decretó que la campaña opositora debía centrarse en un solo tema: “Inseguridad”. La oligarquía la enfocó en la Guerra Económica, que se le quedó fría; no tiene más remedio que obedecer a su asesor en Guerra Sucia. Síntoma de ello, la aparición en Caracas, Barquisimeto, Mérida y otras ciudades, de tabloides exclusivamente dedicados al amarillismo. Vuelven las portadas horrendas con sangre y los titulares que no reportan noticias sino estados de ánimo”. (Luis Britto García, Otra vez la inseguridad. Enero de 2014)

Cifras descabelladas eran presentadas a diario como auténticos estudios científicos en los que se afirmaban disparates como “El riesgo a morir a manos de secuestradores se ha incrementado en más de 150%”, “Aumentaron los homicidios y el hampa fue más violenta”, “Una investigación de campo establece que la resistencia a denunciar ha ido en aumento. Los casos no registrados llegan a 85% en Mérida y a 67% en la Parroquia Sucre de Caracas. El mayor incremento criminal se reportó en Nueva Esparta, Barquisimeto y Valles del Tuy” (El Nacional, viernes 27 de diciembre de 2013).

¿Cómo se elaboraba esa estadística? ¿Midieron en verdad el porcentaje de “riesgo a ser secuestrado”? ¿Cómo se mide ese riesgo, y a qué factor es atribuible? ¿Entrevistaron a quienes se negaban a denunciar? ¿Denunciar qué; homicidios no llevados a cabo? ¿Cómo llegaron a ellos si no habían hecho denuncia alguna? ¿De dónde salía entonces las cifras de Mérida y Caracas si eran casos no registrados? ¿Cómo supieron que en Margarita, Barquisimeto y Valles del Tuy hubo un mayor incremento de casos no denunciados? Todo sonaba a falso anuncio apocalíptico más que a noticia de hecho cierto y comprobable. Pero esa era la matriz urdida y había que publicarla a como diera lugar.

Como siempre por aquellos días, las más alarmantes cifras eran las referidas a la muerte: “Al menos 471 cadáveres fueron ingresados a la morgue de Bello Monte en lo que va de mes” (El Nacional, viernes 27 de diciembre de 2013).

Independientemente de la avieza manipulación que significaba la omisión del desglose de causas por las cuales esas personas habrían fallecido, incluidas las causas naturales, los infartos, los crímenes pasionales, los accidentes automotrices, etc., que jamás se mencionaban, estaba la desproporción de una cifra imposible de alcanzar sin que tal nivel de mortandad se hiciera evidente más allá de los simples titulares de la prensa.

Hoy el coronavirus nos trae a la vista la contundencia e irrefutabilidad de un hecho que de ninguna manera puede ocultarse tras las cuatro paredes de una pequeña edificación como la morgue de Bello Monte. En Ecuador, apenas aparecida la pandemia del Covid-19 en marzo de este año, lo primero que empezó a aparecer fueron los cadáveres en las calles, a plena luz del día, porque ni los organismos forenses del Estado ni las funerarias privadas se daban abasto para atender tal número de muertes en un mismo lugar y en un mismo momento.

De ahí en adelante, hasta los países más desarrollados y con la mayor capacidad de respuesta a una contingencia de tal magnitud, como Estados Unidos, Brasil, España e Italia, se vieron forzados por la avalancha de cadáveres a cavar gigantescas fosas comunes como nunca antes se había visto en la historia, porque, además de resultar indispensables por razones de salubridad pública, en realidad era que no tenían cómo llevar a cabo tal cantidad de entierros en la forma convencional que todo sepelio exige.

El mundo capitalista comenzó a tambalearse con esa demoledora verdad que ni el inmenso poder de manipulación de los medios de comunicación, al servicio del gran capital como lo están, pudo falsear o adecuar en ningún momento a su particular discurso. El virus no solo desnudó de un solo golpe la incapacidad del capitalismo para resolver los problemas de la gente, sino la naturaleza desalmada de su liderazgo, que subestimó a la pandemia en todo momento.

Tal como sucedió en la Alemania nazi, en la Colombia de Alvaro Uribe, en el México de Vicente Fox y de Peña Nieto, en la España de Franco, en la Argentina de Vilela, en el Chile de Pinochet, y en la Venezuela de la 4ta república, las fosas comunes son hechos reales incontestables que denuncian siempre la atrocidad de la muerte producida en masa.

La pandemia que hoy padece la humanidad impuso en el siglo XXI la modalidad de las muertes en masa producto de una afección contra la cual no existe cura conocida. Lo que puso también de manifiesto, de la manera más cruda y lamentable, que centenares de muertos son imposibles de ser escondidos.

Queda así definitivamente al descubierto la burda manipulación que hicieron durante años los medios de la derecha venezolanos con el tema de la muerte violenta, cuando inventaban escenarios sobredimensionados y pavorosos que hablaban de cientos de cadáveres en un mismo pequeño depósito, con los que perseguían obtener beneficio político simplemente porque hasta entonces hacer afirmaciones escandalosas con base en cifras, pero no en realidades, era suficiente para engañar e incluso para convencer.

Mintió siempre esa guerra mediática con las cifras de muertes violentas, tal como ha mentido con el número de opositores que supuestamente los apoya; con la cantidad de emigrantes que dicen que se han ido del país; con la verdadera condición delincuencial de los presos por ellos llamados políticos. Y con todo lo que denigran del inmenso esfuerzo que libra la Revolución Bolivariana por alcanzar el bienestar y la independencia plena del país.

@SoyAranguibel

Max Boot: “El peor presidente estadounidense de todos los tiempos”

Por: Max Boot
(The Washington Post)

Hasta ahora, había sido reacio a etiquetar a Donald Trump como el peor presidente en la historia de Estados Unidos. Como historiador, sé cuán importante es permitir el paso del tiempo para obtener un sentido de perspectiva. Algunos presidentes que les parecieron espantosos a sus contemporáneos (Harry S. Truman) o simplemente mediocres (Dwight D. Eisenhower y George H.W. Bush), lucen mucho mejor en retrospectiva. Otros, como Thomas Jefferson y Woodrow Wilson, ya no se ven tan bien como solían hacerlo.

Ya había escrito, el 12 de marzo, que Trump es el peor presidente de los tiempos modernos, pero no de todos los tiempos. Eso dejó abierta la posibilidad de que James Buchanan, Andrew Johnson, Franklin Pierce, Warren Harding o algún otro don nadie, pudiera ser juzgado con mayor severidad. Pero en el último mes, ya hemos visto lo suficiente como para eliminar la clasificación “de los tiempos modernos”. Con su catastrófica gestión ante el coronavirus, Trump ya es el peor presidente en la historia de Estados Unidos.

Su único gran competidor por ese dudoso honor sigue siendo Buchanan, cuya indecisión contribuyó a que termináramos en la Guerra de Secesión, el conflicto más letal en la historia de Estados Unidos. Buchanan podría seguir siendo el perdedor más grande. Sin embargo, hay buenas razones para creer que la Guerra Civil se hubiera desatado de cualquier manera. En cambio, no hubo nada inevitable acerca de la magnitud del desastre que enfrentamos actualmente.

La situación es tan crítica que es difícil aceptarla. The Atlantic destaca: “Durante la Gran Recesión de 2007 a 2009, la economía sufrió una pérdida neta de aproximadamente 9 millones de empleos. La recesión de la pandemia ha visto casi 10 millones de solicitudes de prestaciones por desempleo en apenas dos semanas”. The New York Times estima que el índice de desempleo está alrededor de 13%, el más alto desde el fin de la Gran Depresión, hace 80 años.

Mucho peor que eso es la mortandad. Ya tenemos más casos confirmados de coronavirus que cualquier otro país. Trump declaró el 26 de febrero que la epidemia pronto estaría “casi en cero”. Ahora sostiene que si el número de muertos es de 100,000 a 200,000 —una cantidad mayor que todas las muertes estadounidenses en todas nuestras guerras combinadas desde 1945— será una demostración de que ha hecho “un muy buen trabajo”.

No. Será una señal de que él es un miserable fracaso, porque el coronavirus es la catástrofe más previsible en la historia de Estados Unidos. Las advertencias sobre los ataques de Pearl Harbor y el 11 de septiembre fueron evidentes solo en retrospectiva. Esta vez, no se requirió de ninguna inteligencia ultrasecreta para ver lo que se venía. La alarma fue activada en enero en los medios por expertos y por líderes demócratas como el ahora candidato presidencial, Joe Biden.

Algunos funcionarios del gobierno ofrecieron advertencias similares directamente a Trump. Un equipo de reporteros del Post escribió el 4 de abril: “El gobierno de Trump recibió su primera notificación formal sobre la epidemia del coronavirus en China el 3 de enero. En cuestión de días, las agencias de espionaje estadounidenses le confirmaron la seriedad de la amenaza a Trump, incluyendo una advertencia sobre el coronavirus —la primera de muchas— en el informe diario presidencial”. Pero Trump no estaba escuchando.

El artículo del Post es la disección más minuciosa del fracaso de Trump en prepararse para la tormenta inminente. Trump fue informado por primera vez sobre el coronavirus por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, el 18 de enero. Sin embargo, de acuerdo con la nota del Post, “Azar le comentó a varios allegados que el presidente creía que estaba siendo ‘alarmista’ y Azar tuvo dificultades para captar la atención de Trump para que se concentrara en el problema”. Cuando se le preguntó públicamente por primera vez a Trump sobre el virus, el 22 de enero, afirmó: “Lo tenemos totalmente bajo control. Es una persona que viene de China”.

En los días y semanas siguientes a que Azar lo alertara sobre el virus, Trump habló en ocho mítines y se fue a jugar golf seis veces, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

La incapacidad de Trump en enfocarse en el problema, señala el Post, “sembró una importante confusión en el público y contradijo los mensajes urgentes de los expertos en salud pública”. También permitió que varios errores burocráticos no fueran atendidos como fallas graves, como realizar suficientes pruebas de diagnóstico o almacenar suficientes equipos de protección y respiradores.

Países tan diversos como Taiwán, Singapur, Canadá, Corea del Sur, Georgia y Alemania lo han hecho muchísimo mejor, y sufrirán muchísimo menos. Corea del Sur y Estados Unidos descubrieron sus primeros casos el mismo día. Corea del Sur tenía el 8 de abril 200 fallecidos , cuatro muertes por cada millón de personas. La tasa de mortalidad en Estados Unidos (25 por cada millón de habitantes) es seis veces peor y está aumentando rápidamente.

Este fracaso es tan monumental que hace que nuestros recientes presidentes fallidos —George W. Bush y Jimmy Carter— luzcan dignos del Monte Rushmore en comparación. El anuncio de Trump del 3 de abril sobre el despido del inspector general de los servicios de inteligencia que reveló su intento de extorsión a Ucrania, demuestra que él combina la ineptitud de un George W. Bush o un Carter con la corrupción de Richard Nixon.

Trump, como lo hace característicamente, está trabajando más duro que nunca en culpar a otros —China, los medios, los gobernadores, el expresidente Barack Obama, los gestores del juicio político demócrata, todo el mundo menos su caddie de golf— de sus equivocaciones. Su mantra es: “No asumo ningún tipo de responsabilidad”. Queda por ver si los votantes se creerán sus excusas. Pero pase lo que pase en noviembre, Trump no podrá escapar del implacable juicio de la historia.

En algún lado, un aliviado James Buchanan debe estar sonriendo.

Max Boot  Max Boot / The Washington Post

Cifras dinámicas

Por: Alberto Aranguibel B.

Una lección que sin lugar a dudas nos deja el coronavirus es la importancia de los números en la vida del ser humano. Chávez, que hablaba siempre de la forma en que Dios obraba a través de las matemáticas, insistía en el uso de esa poderosa herramienta del conocimiento humano para encontrar respuestas y soluciones precisas a los problemas.

Hoy una de las actividades más comunes en todo el planeta es la verificación cotidiana que hacen los organismos multilaterales, los gobiernos y la gente en general, de las cifras de mortalidad que ha ido causando la pandemia en el mundo.

Eso es así, porque el problema más grande que enfrentamos es que el virus es dinámico. Así como dinámicas son sus consecuencias.

La naturaleza cambiante de los números nos permite ver su carácter determinante no solo en el ámbito de la ciencia o de la economía, sino también en la política. Países que ayer se alineaban incondicionalmente al imperio norteamericano, por efecto del coronavirus hoy abrazan a naciones solidarias que antes consideraban enemigas.

La democracia se basa en números. De ahí la importancia del voto como instrumento esencial para la cuantificación de la voluntad popular. Una voluntad que debe ser revisada periódicamente mediante el acto electoral en virtud del carácter cambiante de la opinión pública.

Por eso en uno de los momentos más críticos de la vida democrática venezolana, el presidente Nicolás Maduro convocó al poder constituyente; había un gobierno legítimo surgido del voto, pero la derecha sostenía que el pueblo ya no pensaba lo mismo. La elección fue la manera de corroborar irrefutablemente la verdad que ya se sabía.

Esa derecha, reacia como ha sido siempre a escuchar la voluntad popular, insiste ahora en el supuesto respaldo que sesenta países le dieron hace más de un año a un ficticio presidente autoproclamado. Pero ¿sigue existiendo ese mismo respaldo?

En aquel momento el mundo, que no conoce ni tiene por qué conocer la verdadera realidad política y social de nuestro pueblo, no sabía ni lo mentiroso ni lo tracalero que era el impostor. Ni tenía idea de su capacidad para robarse el dinero de los venezolanos en la forma en que lo hace. Mucho menos conocía sus estrechas relaciones con el criminal mundo de los Rastrojos.

Hoy, esa insoslayable verdad de la farsa que es ese impresentable ser hasta para sus propios seguidores y para la mayoría de los opinadores que hasta ayer lo exaltaban como un excepcional estadista, no descansan insultándolo y reclamándole su bochornosa ineptitud y su fracaso como líder. ¿No es lógico que suceda lo mismo con aquellos países que, más allá de las presiones del imperio, hayan respaldado ese disparatado proyecto de buena fe y creyendo en verdad en ideas democráticas?

¡Hasta cuándo la farsa de los sesenta países!

 

@SoyAranguibel