Ahora se entiende el cobarde plan…

Por: Alberto Aranguibel B.

Nunca tuvo sentido alguno que la más poderosa potencia militar sobre la tierra acusara de “amenaza” a un país de apenas treinta millones de habitantes como Venezuela. Todo parecía ser solo una maniobra mediática más para tratar de justificar ante el mundo cualquier acción de asedio y de agresión contra nuestro país.

No parecía lógico que frente a la amenaza que representa por ejemplo Chile, que posee el triple del armamento aéreo de todo el que posee Venezuela, jamás fuera señalado de ser ningún peligro para nadie.

Como tampoco lo ha sido Colombia, cuyo estamento militar está integrado por más de seiscientos mil hombres (siete veces más que Venezuela), además del peligro para la región que representan nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

Ni mucho menos Brasil o Argentina, cuyas economías sostienen la más avanzada industria armamentista del continente, incluyendo astilleros, fábrica de aviones, y tecnología de punta en comunicaciones.

Solo se justificaba tan delirante acusación si el propósito era otro de mayor importancia y significación que el de simplemente difamar a la Revolución Bolivariana. Amén, por supuesto, del claro propósito de saqueo al que se orienta la estrategia del imperio.

Esa verdadera justificación de fondo ha aparecido a la luz pública en boca de todos los presidentes neoliberales del continente.

Para el mundo capitalista, consciente como está de su inexorable declinación histórica, era más que evidente que el resurgimiento de algunos gobiernos neoliberales en la región (casi todos surgidos de muy particulares crisis institucionales o legales, antes que de verdaderos triunfos electorales de carácter mayoritariamente populares) no garantizaba de ninguna manera la consolidación del modelo capitalista.

Que más temprano que tarde los pueblos se levantarían contra las impopulares medidas económicas que estaban obligados a aplicar en cada uno de esos países, con lo cual un nuevo fracaso neoliberal en la región sería inevitable.

El problema es que, por una deformación histórica inducida en la sociedad por la derecha y sus medios de comunicación, si por alguna extraña razón o causa inusitada, al capitalismo le llegara a ir bien en algún momento, la mediática mundial afirmará categórica que es producto de la supuesta eficiencia del capitalismo como modelo económico. Pero cuando le va mal, como sucede hoy en Latinoamérica, y como ha sucedido en el mundo entero desde siempre, entonces esos mismos medios van a sostener enfáticos que fracasa por culpa del socialismo.

De no existir en la región ese Estado socialista, no tendrían a quién responsabilizar. Solo acusando a un país al que se hubiera posicionado mediáticamente ante la opinión pública como “amenaza”, podría esa derecha intentar evadir su responsabilidad en esa nueva derrota, haciéndolo aparecer culpable del hambre y la miseria que en realidad solo el capitalismo causa.

Por eso la derecha mundial señala hoy a una sola voz al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, como el culpable de las convulsiones que solo el Fondo Monetario Internacional y sus desalmadas recetas neoliberales han desatado en todo el continente suramericano.

Desde el principio ese fue siempre el cobarde plan. Gritar “¡Allá va el ladrón!”

@SoyAranguibel

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Lo natural de lo sobrenatural

Por: Alberto Aranguibel B.

Enrique de Villena sostiene en su Tratado de aojamiento o fascinología, queEl mal de ojo es un enemigo oculto y desconocido, que fascina con una fuerza misteriosa más allá de una simple mirada. Y esto es así, en sentido enigmático, por entender que no es preciso que la mirada del fascinador penetre en los ojos del fascinado, sino que la mirada actúa como envolvente, y surte efecto incluso sobre personas que no tienen ojos”.

Pudiera entonces explicarse así el ya nada casual estado de desgracia en el que inevitablemente caen todos aquellos que de una u otra forma aparecen retratados junto a la Sayona del Avila, como se le conoce hoy en todo el país a la esposa del líder terrorista Leopoldo López.

Si los maleficios conocidos por el ser humano son usualmente atribuidos a los espectros en la más profunda oscuridad de la noche, Lilian Tintori pasará a la posteridad como la única entidad cuyo pérfido efecto se difunde sin límites ni fronteras incluso a plena luz del día, precisamente porque el poder maléfico de su mavita no aflora al contacto con la pavosa, sino que se incuba en los pixeles de una atemporal fotografía junto a ella.

No cabe ya hoy en día duda alguna acerca de lo que significa tomarse una foto junto a la Tíntori. Ella misma ha preferido sacarle el cuerpo al asunto dejando a la libre interpretación del mundo la veracidad o no de lo que definitivamente se ha convertido en el maleficio contemporáneo de mayor resonancia de todos cuantos se conocieron en nuestra historia desde los tiempos de la colonia, en virtud de lo cual no ha ofrecido nunca ningún tipo de declaración al respecto.

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Sin embargo, es menester ir más a fondo en otros rasgos comunes de las víctimas de tan proverbial maleficio fotográfico, como lo son la corrupción, la inmoralidad, la depravación y otras veleidades delincuenciales que de manera persistente suelen estar asociadas transversalmente a sus desgracias.

No es que esas figuras de la política continental (presidentes, expresidentes, líderes, artistas e intelectuales de derecha en general) sean unos desdichados que en mala hora aceptaron posar junto a una enviada de Satanás. No es tan simple el asunto.

Se trata, en realidad, de la más acabada conjunción de malvivientes, desfalcadores, degenerados y embaucadores de profesión que se conozca en nuestro territorio y, fundamentalmente en los ámbitos de la derecha más allá de nuestras fronteras, convertidos, por obra y gracia de la afinidad política e ideológica que los ha unido tan estrechamente, en amigos predilectos de la interfecta.

Por eso no deben ser para nada extrañas las fotos de Juan Guaidó, el líder fundamental y más admirado de la derecha venezolana, con los criminales de mayor peligrosidad del Continente. Desde su ingreso mismo a la escena política, quienes han conformado su entorno más cercano han sido siempre los peores delincuentes que ha conocido la sociedad venezolana en más de una década.

Desde el terrorista confeso Lorent Saleth hasta el desalmado descuartizador Pérez Venta, pasando por su secretario personal Roberto Marrero, coordinador de los grupos de mercenarios que han operado en el país con la anuencia del autoproclamado, sus más allegados amigos han sido siempre noticia más por sus felonías que por la desgracia de haber posado en una foto con la Tintori.

Más allá del fenómeno sobrenatural relacionado con la mavita, está el hecho de que son todas unas sabandijas. Es su verdadera naturaleza.

Si algún milagro ha obrado Guaidó en su catastrófico periplo como autoproclamado, es haber pasado a esos malandros que son sus amigos, de la última página, la “página roja” de los periódicos, a los grandes titulares de la primera plana.

@SoyAranguibel

El fracaso como triunfo

Por: Alberto Aranguibel B.

No deja de ser desconcertante en el mundo de la política, que un personaje pusilánime como Juan Guaidó, salido de la nada y sin el más mínimo temple o robustez intelectual para asumir con fuerza propia el inmenso compromiso del liderazgo que exige la compleja coyuntura por la que atraviesa el país, se mantenga tan firme en la idea de que, tal como él lo percibe, a medida que pasan los días, las semanas y los meses, estaría cada vez más a punto de hacerse de la primera magistratura nacional.

Nadie habituado al fragor de la batalla cotidiana entre la política y los medios de comunicación entiende ese nivel de rebuscada serenidad que transmite en sus comparecencias ante las cámaras el ahora “diputado rastrojo” (antiguamente “el autoproclamado”) después de tantos traspiés y tantas chapuzas como las que él ha acumulado en tan corto lapso.

Existiendo, como seguramente existen en su equipo de asesores, los infaltables “expertos en imagen” que dictaminan a diestra y siniestra la conveniencia de insólitos perfiles más de corte mercadotécnico que de tipo político para el pueril aspirante a presidente, debe haber alguno que haya logrado posicionar como lema de su campaña el viejo apotegma de Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”.

El origen de tal insensatez está sin lugar a dudas relacionado con su proverbial propuesta de la destrucción del país a través del estallido social y el derrumbamiento de la economía y en definitiva de las estructuras del Estado como requisito indispensable para hacer realidad su proyecto de alcanzar el poder a como dé lugar por encima de los procedimientos democráticos a través de los cuales les ha sido imposible conseguir el respaldo popular.

Sustentado en el odio antes que en el desarrollo de formulación ideológica o política alguna, el proyecto de la oposición asume como su triunfo el padecimiento y la ruina del país y de los venezolanos. Ese ha sido su credo.

De ahí que no puede ser sino a partir de esa absurda lógica del “logro inverso”, como se explica que los descalabros de Guaidó sean siempre, tanto para él mismo como para sus seguidores, señales de una hipotética proximidad con el ansiado triunfo.

Desde su muy ingenua óptica, las derrotas son presagios de gloria.

@SoyAranguibel

Aranguibel: ¿Qué habría pasado en Venezuela si no aparecen las fotos de Guaidó con Los Rastrojos?

Caracas, 19/09/2019.- El analista político venezolano y constituyente, Alberto Aranguibel, explicó hoy en el programa Desayuno en la mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que lo verdaderamente importante en el asunto de las fotos del diputado Juan Guaidó con líderes del narco-paramilitarismo colombiano salidas recientemente a la luz pública, no es lo que se dio a conocer sino, al contrario, lo que pudo haber ocurrido en la vida política nacional de haberse mantenido oculta esa relación delincuencial entre ese liderazgo opositor y las poderosas mafias delictivas neogranadinas.

“Si no hubieran aparecido esas fotos -dijo Aranguibel- no sabríamos lo que en verdad hay detrás de esa fachada política que ha montado el narco-paramilitarismo para tratar de hacerse del poder en nuestro país, y el diputado andaría entonces como un niño de pecho por las calles como si fuera un simple político de las nuevas generaciones.”

El Constituyente recordó que exactamente ese modelo de utilización de la política como fachada fue el usado por ese mismo sector delincuencial para hacerse del poder en Colombia desde los tiempos de Alvaro Uribe Velez, reconocido hoy por el mundo entero como una ficha clave del narcotráfico en ese país, tal como lo han revelado miles de evidencias irrefutables que existen al respecto.

Fuente: ANC

 

Aranguibel: Gob. y oposición avanzan en el diálogo pese a diferencias

Caracas, 17/09/2019.- El constituyente venezolano, Alberto Aranguibel, en entrevista para teleSUR, explicó que “Lo más importante del comunicado leído este martes por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, es la reafirmación del carácter profundamente constitucional de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, pues hay un sector opositor, que ha jugado a la desestabilización a través de la violencia, que ha querido presentar a Venezuela como que es un país hundido en un barranco de ingobernabilidad, lo cual es totalmente falso. La demostración palpable es el hecho de que un sector consciente, de un mayor nivel de capacidad de juego político por parte de la oposición, está sentándose con el gobierno para avanzar en acuerdos que signifiquen mejoría para los venezolanos”.

Fuente: teleSUR

Teresa de Washington

Por: Alberto Aranguibel B.

La madre Teresa de Calcuta, considerada por el mundo cristiano como un caso excepcional de servicio a Dios en virtud de la abnegada labor humanitaria que llevó a cabo durante su vida, mereció los más altos reconocimientos del mundo por su entrega absoluta a la redención de los marginados, principalmente los humildes, los enfermos y sin hogar.

Asumida en su momento como un símbolo vivo de la más pura y perfecta conmiseración hacia el ser humano, a la madre Teresa le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, así como otros importantes galardones, como el Premio Internacional Juan XXIII, impuesto por el Papa Paulo VI, la Medalla Presidencial de la Libertad, por el presidente Ronald Reagan de los EEUU, el Premio Balzán, por el presidente Sandro Pertini de Italia, y una medalla especialmente concebida para ella por la ONU, entre muchos otros.

Recorrió el mundo con su obra de caridad, en razón de lo cual su nombre apareció siempre encabezando las listas de las personas más admiradas de todo el planeta, precisamente porque nunca discriminó a los humildes entre buenos y malos.

Por eso la labor humanitaria que hoy en día lleva a cabo la hija de Donald Trump en Cúcuta tiene que ser evaluada en su justa dimensión.

Esta buena mujer ha saltado por encima de los horrendos campos de concentración que su padre ha montado para encerrar en ellos a los miles de niños que son arbitrariamente separados de su familia y luego sometidos a las más humillantes vejaciones que el ser humano haya conocido jamás desde los tiempos de la Alemania nazi, con el único propósito de ver de cerca a unos venezolanos que su hermano Juan Guaidó, “hijo putativo” de Trump, dejó abandonados desde hace meses en la frontera colombo-venezolana.

Tan particular desatención al sufrimiento de miles de seres humanos torturados por su papá allá en su propia casa, para venir a saludar a miles de kilómetros de su Washington natal a unos cuantos guarimberos, o es un gran acto de brutal discriminación hacia aquellos o el más sublime gesto de amor hacia estos.

En todo caso, si a la Madre Teresa la erigieron Santa por lo que hizo, a la emperatriz gringa habría que edificarle el más grande templo mariano de la historia. Porque jamás nadie ha amado tanto a los guarimberos como ella los ama.

@SoyAranguibel

Guerras delivery

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo es un raro grupo heterogéneo en el que cada uno piensa que es un ser especial, único e irrepetible, pero que en realidad coincide en muchos más aspectos de lo que ellos mismos piensan. El más relevante de esos aspectos es, quizás, el de la vocación consumista.

El opositor común no piensa en política (ni mucho menos en ideologías o activismo partidista) sino en dinero. Todo lo que tiene que ver con su vida lo cuantifica en plata. En dólares, específicamente. Por eso necesita salir de la Revolución Bolivariana; porque entiende que el socialismo es la negación del capital y asume que el capitalismo es el paraíso del dinero.

Ese afán de comprar solo lo que les provoque es lo que los lleva a desechar de la noche a la mañana a los mismos líderes que días antes adoraba, y que por alguna razón no lograron satisfacer su sed de fortuna en el lapso que su expectativa les dictaba. Para es ellos es como si el liderazgo fuese algo que se adquiere en un centro comercial y que puede devolverse cuando el cliente así lo desee si no se está conforme con el producto.

De ahí su descabellada y terca resolución de invocar una invasión armada que lleve a cabo el trabajo que su liderazgo no ha sido capaz de hacer. Les importa un comino la soberanía o la independencia, porque están seguros de que con eso no van a obtener las fabulosas mansiones ni los yates o aviones que de manera tan ilusoria les ofrece el capitalismo.

Lo que no se entiende es cómo creen que van a salir airosos en una invasión como la que piden, si el promedio de los opositores no sabe ni subir cerros, ni cargar una lata de agua, o pasar tres días durmiendo en el monte. Mucho menos disparar ni siquiera una escopeta de balines o detonar debidamente un paquete mediano de fuegos artificiales.

A la hora de una invasión, todos los que están dentro del país invadido son objetivos de guerra. Pero los opositores se imaginan en una suerte de absurda “isla de la fantasía”, donde el horror les pasará por un lado, asustándolos pero sin hacerles daño, simplemente porque ellos se consideran “los buenos de la película”.

Jamás han estado ni cerca de una auténtica confrontación armada. Y cuando así ha sido (por ejemplo, cuando les dicen que en tal o cual sitio están atracando mucho) corren despavoridos como alma que lleva el diablo.

Sus andanzas más usuales (en las raras ocasiones en que no están en Miami o en Madrid), suelen ser el Centro Comercial San Ignacio, la ensenada “los juanes” en el archipiélago Morrocoy, o alguno que otro restaurante de lujo de la urbanización Las Mercedes, de la que muchos de ellos se consideran dueños. En ninguno de esos lugares, prevalece ni siquiera el más mínimo sentido de “organización social” de su gente para enfrentar ningún tipo de acción conjunta o de combate, como sí lo tiene con perfecta claridad el pueblo chavista desde hace casi un cuarto de siglo. Lo cual permite saber con mucha precisión quiénes serían los primeros en ser dados de baja por la acción devastadora de cualquier ejército invasor.

Pero ellos no lo ven así. Acostumbrados a que todo lo compran, creen que las guerras son como las entregas a domicilio; que las ordenas y llegan a ti sin percances porque, si no, pues simplemente las devuelves y te regresan tu dinero.

@SoyAranguibel

La nueva vieja política

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dirigentes de la oposición que en algún momento han sido exaltados por sus propios militantes a la condición de líderes supremos de la contrarrevolución, han sido (todos sin excepción) execrados por esa misma militancia y reducidos al más desolador ostracismo con la misma vehemencia con la que antes los erigieron, bajo un argumento que necesita ser estudiado con detenimiento.

Desde aquel inefable frijolito que enfrentaron al Comandante Chávez al inicio mismo de la efervescencia revolucionaria, la intención fue siempre la de oponerles a los líderes de la revolución, primero a Chávez y hoy a Maduro, figuras de comprobada trayectoria pública pero que a la vez encarnaran una nueva forma de hacer política.

Así fueron sembrando en cada oportunidad las mismas esperanzas en todos y cada uno de los que fueron desfilando por ese pedestal del antibolivarianismo al que fueron encumbrados y luego defenestrados.

Los fueron defenestrando uno a uno porque se percataron, como quien descubre el agua tibia, que solo representaban los postulados de una vetusta forma de concebir el país y la política, por lo cual no ofrecían posibilidad alguna de triunfo frente al chavismo.

Teniendo, como los tienen, líderes valiosos, muchos de ellos formados en las mejores universidades del mundo, con amplia experiencia en la lucha política partidista, parlamentaria y de calle, escogen finalmente a Juan Guaidó precisamente porque según ellos es todo lo contrario. Es lo nuevo, lo puro.

¿Pero, qué es lo nuevo que propone Guaidó para los que no terminan de salir de él y todavía le rinden pleitesías y le cantan alabanzas?

Hasta ahora lo que ha hecho es engañar cínicamente a sus propios seguidores ofreciéndoles a diario villas y castillas sin cumplir jamás lo que promete. Robar de manera descarada activos del Estado para ponerlos supuestamente al servicio del pueblo, pero el pueblo sigue padeciendo el bloqueo que él mismo ha promovido. No llevar a cabo ninguna obra de tan siquiera mediana envergadura que responda a las demandas de salud, alimentación, vivienda, servicios públicos eficientes, educación, trabajo.

Ha tenido el poder y los recursos que ninguno de sus predecesores tuvo y ha sido el que menos ha cumplido. Al igual que todos esos irresponsables que fueron echados al olvido por sus propios seguidores, vive muerto de la risa porque también en eso de ser irresponsable es superior a los demás.

Nada es más parecido a la vieja política.

@SoyAranguibel

El caso Macri

Por: Alberto Aranguibel B.

Ganó sorpresivamente las elecciones en 2015 gracias a las particularidades de un sistema electoral en el que un candidato perdedor en una primera vuelta puede favorecerse en una segunda oportunidad con una votación que no le corresponde. Es decir, puede hacerse de los votos de otros candidatos que quedaron fuera de la contienda en un primer momento.

Con esos votos que pertenecían inicialmente a otros aspirantes, Mauricio Macri remontó la amplia ventaja que logró obtener el candidato del peronismo, Daniel Scioli, que lo había superado en la primera vuelta con más de ocho puntos porcentuales.

Apenas hacerse del poder, en medio de la más chocante arrogancia, comenzó a destruir el estado de bonanza económica que gracias a las políticas de profundo corte nacionalista impulsadas por el kirchnerismo disfrutaban por primera vez en casi un siglo los argentinos.

La elevación de las tarifas de los servicios públicos no esperó ni siquiera un mes para ponerse en marcha.

La misma gente que apenas semanas antes de aquella vorágine alcista que desataba el propio gobierno estaba convencida de la promesa del “cambio” que el nuevo presidente había hecho en su campaña, comenzaba a protestar en las calles desesperada por la brutal traición de la que era objeto.

La ola de despidos no se hizo esperar y la cantidad de gente que ingresaba a las filas de la pobreza empezó a crecer de manera indetenible hasta alcanzar en apenas dos años la alarmante cifra de doce millones de argentinos, según números oficiales, muchos de los cuales (más de tres millones y medio) empezaron a dormir en las calles y a comer de los restos de la basura como única forma de sobrevivencia.

La entrega del país a los cazadores de fondos buitres, el endeudamiento por más de cien años con el Fondo Monetario Internacional y la desfavorable política arancelaria impuesta por su gobierno al sector industrial y del campo, destruyeron en cosa de meses las posibilidades económicas del otrora pujante gigante del sur.

Las tasas de interés y el precio del dólar se dispararon como nunca antes y la economía se vino abajo, causándose así la estruendosa derrota que acaba de sufrir.

Todo un caso digno de los mejores científicos, para estudiar la tragedia que puede llegar a ser para los pueblos el neoliberalismo.

PD: Hoy, miércoles 14 de agosto, a tres días de esa aplastante derrota, el presidente argentino amaneció ofreciendo una rueda de prensa tempranera para pedir disculpas por haber cometido el día lunes el disparate de culpar a los electores por la intempestiva devaluación del peso frente al dólar que produjo el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, así como para anunciar que elevaría el salario básico, entregaría unos bonos y congelaría por tres meses las tarifas de la gasolina. En horas de la tarde, 11 horas después de esa insólita rueda de prensa, apareció un comunicado oficial en el que se deroga esa medida de suspensión del precio del combustible. Ni los locos de carretera cometen tantas insensateces juntas.

@SoyAranguibel

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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

Aranguibel: “Así hubiese sido de reconocimiento, la nave norteamericana estaba invadiendo nuestro territorio.”

Caracas, 24_07_2019.-  Alberto Aranguibel sostiene en el programa Cafe en la Mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que la defensa que hace la oposición venezolana de la incursión de una nave espía en la zona exclusiva de Venezuela, es tan ilegal como si fuera una nave de combate, porque en ninguna parte del mundo son permitidos los vuelos no autorizados por el país que sobrevuela, sin importar si su función es de “reconocimiento”, como lo argumenta la derecha venezolana para tratar de exculpar a los agresores norteamericanos, o de cualquier otro tipo.

El “batigobierno”

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo héroe de ficción que se precie de tal, Guaidó es una figura de doble personalidad que opera bajo el principio de preservar escrupulosamente una identidad pública para unos fines y una secreta para otros.

En el mismo momento en que dice que no hablará jamás con Diosdado Cabello, su otro yo llega camuflajeado con capucha y zapatos de patente a la reunión con el líder chavista. Cuando jura que él personalmente meterá una ayuda humanitaria por la frontera, su otro yo se distancia de eso diciendo que hay que investigar a los responsables de esa operación por corruptos. En el mismo instante en que aparece en vivo diciendo que tomó La Carlota, su otro yo aparece, también en vivo, en la Plaza Altamira ofreciendo una nueva fecha para marchar contra el gobierno. Un Guaidó dice que no irá a dialogar a Oslo y el otro anuncia que ya su gente está en Oslo.

Ese don del perfecto desdoblamiento es el que convence a la gente de que ambos individuos no son la misma persona. Que son seres distintos. Por eso nunca nadie creyó que Clark Kent era Supermán, ni Diego de la Vega el Zorro. Demasiado diferentes para ser iguales.

Exactamente lo mismo que le pasa a Guaidó con sus seguidores.

Sin excepción, todos los comentaristas y analistas políticos de la oposición descargan contra él en sus entrevistas, programas de opinión y cuentas de redes sociales la más virulenta andanada de cuestionamientos, improperios y descalificativos. Pero todos, absolutamente todos, lo apoyan a pie juntillas como si se tratara en realidad de dos personas distintas que no tuvieran nada que ver una con la otra.

Todos declaran públicamente su desacuerdo con él y su séquito de arribistas y asaltantes. La mayoría hasta se burla ahora de la autojuramentación que en algún momento le celebraron. Pero todos lo aplauden, lo tratan de “señor Presidente” y lo animan a seguir adelante.

La indignación con uno, se convierte en fresca brisa de aliento cuando aparece el otro.

Ha terminado siendo todo un vulgar héroe de comiquitas; que recibe de la gente aclamaciones y vítores cuando se disfraza con su corbatica de autojuramentado, y reproches y burlas cuando cambia de personalidad y se convierte de nuevo en el pusilánime que todos conocen.

Muchos de ellos no lo ven ya gobernando en Miraflores, sino en la Baticueva.

@SoyAranguibel

El síndrome Fulop de Bachelet

Por: Alberto Aranguibel B.

Luego de más de un cuarto de siglo sin venir a Venezuela, la ex Miss y actriz Catherine Fulop ha estado dando de qué hablar con lo que muy bien pudiera definirse el más reciente rosario de torpezas y desatinos de una vocera de la oposición, a través de opiniones destempladas vertidas por ella en medios de comunicación y redes sociales de la Argentina, país donde radica desde que abandonó suelo venezolano hacen ya casi tres décadas.

Desde allá sorprende afirmando que le urge que se restituyan las siete estrellas del pabellón nacional venezolano, y que se redirija hacia la derecha el caballo del Escudo. Que le pongan más ensalada a la reina pepiada y más aceitunas a las hallacas, entre otras solicitudes que hace en tono enérgico, casi épico. Imposible saber de dónde saca ahora tanto patriotismo, cuando ni el acento venezolano le queda.

Pero lo pide justo al salir de la oficina donde tramita la nacionalización argentina. País del cual no conoce ni su historia ni las noticias más allá de la sección de sociales. Ni siquiera por encimita, como para no cometer la imprudencia de llamar fascistas a los judíos justamente en el país con la colonia más grande de judíos en el Continente, lo que terminó costándole que le rechazaran la ansiada nacionalidad que solicitaba.

Textualmente escribió: “¿Por qué crees que Hitler sobrevivió? ¿Porque lo hizo todo solito?… No, porque los judíos eran peores. Los más torturadores dentro de los campos de concentración, eran los “sapos”, los propios judíos que torturaban a su propia gente. Lo mismo que está pasando en Venezuela”.

Como toda la oposición, entiende la política como un vulgar ejercicio de mentiras y falsedades dichas siempre con la mayor convicción, sin importar la barbaridad que diga y a costa de dejar en evidencia la supina ignorancia de quienes como ella optan por ese método para tratar de hacerse del poder a cómo dé lugar.

Cambiar la historia y la realidad del mundo como les venga en gana, es para la gente de la oposición un rasgo definitorio.

A ese “arte” de mentir arbitraria y desfachatadamente tratando de hacer una gracia aunque le salgan solo morisquetas, bien podría denominársele “Sïndrome de la Miss Venezolana”, o “Síndrome Fulop”, a secas.

Algo así como lo que con toda seguridad padece la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos cuando redacta informes guiada solamente por lo que dice la gente que a ella le cae mejor, sin importar las pruebas o los testimonios de las víctimas, la mayoría mutilada por la acción del fascismo que ella necesita ocultar, ni los videos que se le muestren, o la realidad que constate con sus propios ojos.

Bachelet tiene ese síndrome Fulop del cretinismo cínico y miserable. La mejor demostración es que lo sabe y no hace nada por corregirlo.

@SoyAranguibel