Cerquitismo

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo caracteriza el comportamiento de la oposición venezolana en todo lo que va de revolución bolivariana, es que jamás ha estado determinado por una doctrina ideológica o por un dogma de naturaleza institucional, sino por una sensación de proximidad. Creer a cada rato de manera ilusoria que están ya a punto de alcanzar el poder ha sido su karma recurrente.

Sus emociones no están referidas al logro excepcional de una dirigencia luminosa en la conformación de las ideas de bienestar y progreso que dicen profesar sus militantes. Surgen más bien de la ansiedad que les provoca sentirse cada cierto tiempo (cinco años en promedio) cerca de un triunfo que nunca alcanzan limpia y correctamente, porque en vez de ejercer la política de acuerdo a la norma universal del trabajo de masas y de la elección secreta y directa, siempre escogen el camino de las argucias cazabobos, al mejor estilo de Súmate, o de las acciones de ingenua inspiración guerrillera, como las guarimbas.

En todo eso, los medios de comunicación han jugado un papel decisorio porque son los que le imprimen un carácter épico a esos atajos de desesperación, convirtiéndolos en fórmulas gloriosas de dimensiones casi míticas, como aquello de tocarle el violín a un contingente de la Guardia Nacional en medio de una autopista sin gente, en pueril demostración del supuesto “derecho político” a hacerse del poder sin importar los votos de los millones de electores que apoyen al presidente constitucionalmente electo.

En su eterno ir y venir de frustración perpetua, la oposición siente que está cerca de ese triunfo cuando cualquier evento dispara la sensación de haberse producido el final de una película que no termina nunca, como por ejemplo la “toma” de una base militar que solo existe para las cámaras de televisión porque en realidad los “tomistas” están del lado de afuera del establecimiento. Una vez que esa noticia se convierte en cosa pasada, la oposición se resigna y vuelve a la calma.

Lo que ha sucedido con Guaidó es exactamente eso; un raro fenómeno que surge del disparatado invento de la autojuramentación (a ver qué pasaba) que una vez más ilusionó a la militancia opositora con que estaban cerquita del triunfo.

Quienes aún lo siguen después de su bochornosa actuación como presidente imaginario, lo hacen no porque lo consideren un gran líder sino porque, como siempre, creen estar cerquita de aquello que en verdad nunca tuvieron ni siquiera medianamente próximo.

 

@SoyAranguibel

Vivir sin oposición

Por: Alberto Aranguibel B.

Se tienen por norma universal definitoria de la democracia la libertad de pensamiento y la garantía de la posibilidad de coexistencia civilizada de partidos políticos, no solo diferentes sino incluso antagónicos desde un punto de vista ideológico.

Pero de ninguna manera está establecido en la teoría política, bajo ninguna forma de pensamiento, que es obligatoria esa condición referida a la existencia de la diversidad política en la sociedad para entenderse como democrática. Para ello, lo único que debe ser constitucionalmente obligatorio es que esas libertades y garantías plenas para la expresión o la participación existan.

Pero, si la sociedad rechaza de manera invariable las propuestas de corrientes de opinión distintas a las que abriga o respalda en un momento determinado la mayoría, de ninguna manera puede considerarse fallido o incompleto dicho modelo. Menos aún cuando esas garantías, ese aseguramiento de las libertades de expresión o de participación, se ejercen en la forma más amplia, consistente y estricta, por todos los órganos del Estado y de la vida pública en general, como sucede en Venezuela.

Si un sector cualquiera de la vida nacional, como la oposición, se rebela contra las formas y los principios éticos convencionales de la política y se erige en poder fáctico, que apela de manera permanente a la desestabilización y al golpismo contra los gobiernos legítimamente electos por la inmensa mayoría de los ciudadanos; que no presenta propuestas alternativas que interesen al pueblo para la construcción del estado de bienestar y de paz al que todas y todos aspiran; que no acepta la fórmula del voto universal como base de la institucionalidad y la gobernanza, el problema no tiene que ser asumido como un problema de carácter nacional que arrastre consigo a toda una población que nada tiene que ver con la ineptitud e incompetencia de ese fracasado sector.

En Venezuela no existe (ni ha existido) una oposición a la altura de las exigencias, los retos y la necesaria madurez política que reclama el país.

El desastre que hoy cunde en la oposición solo demuestra, una vez más, que la revolución no ha tenido nunca un verdadero contrapeso propiamente político, sino un grupo de inmorales e inescrupulosos arribistas desesperados por alcanzar el poder a como dé lugar, con el único objetivo de hacerse de algún dinero fácil ofertando la patria a precio de gallina flaca (como es lo usual en el neoliberalismo).

Así que nadie se alarme. Vivir sin oposición no solo es completamente legal y constitucional, sino que es perfectamente posible. Y hasta provechoso.

Lo único que hay que hacer es habituarse a la idea. Y listo. Seguir adelante en la construcción de la Patria.

@SoyAranguibel

Muertos acomodaticios

Por: Alberto Aranguibel B.

En Latinoamérica se está padeciendo hoy la más terrible realidad bélica que se haya producido jamás en el continente desde los tiempos de la brutal conquista española que diezmó pueblos y territorios enteros de manera simultánea en la forma cruel e injustificada en que lo hizo.

Frente al repudio al neoliberalismo expresado en este momento por las grandes mayorías del pueblo en Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia, la respuesta ha sido la represión más despiadada por parte de los sectores de poder con los que cuenta la derecha en cada uno de esos países.

Las muertes, insumo vital preciadísimo para las corporaciones mediáticas en las que se apoya el modelo capitalista, no aparecen por estos días en los grandes titulares de esa prensa lacaya aún a pesar de presentarse como un fenómeno de dimensiones continentales.

De manera casi articulada, la noticia persistente en todos esos medios se centra en el bizarro debate de si fue o no un golpe de Estado lo que ha sucedido en Bolivia. Se entrevistan personalidades, se escuchan opiniones de analistas políticos, se consulta a expertos constitucionalistas, pero no se trasciende el tema sino que se circunscribe todo al mismo falso dilema del golpe o no.

Se cuentan por docenas los muertos en Chile producto de la represión del dictador Piñera contra los manifestantes que piden su renuncia, así como por decenas las muertes de bolivianos masacrados por la dictadura que asaltó el poder en ese país.

Pero no son noticia.

El pasado sábado, día en que el mundo entero esperaba ver titulares por la muerte de miles de opositores en Venezuela gracias a la expectativa generada por la infame guerra de desinformación y falseamiento mediático de la realidad de nuestro país, no se produjo ni un solo muerto.

Pero eso tampoco fue noticia para los medios.

La gran noticia que revelaba al mundo que no hubo ni un muerto en el apocalipsis previsto, fue considerada inservible. Mientras que la advertencia de la señora Michelle Bachelet sobre hipotéticos desbordamientos de los cuerpos de seguridad del Estado que pudieran presentarse durante la jornada opositora, sí ocupó un buen espacio en las primeras páginas.

No les sirven ni los muertos que el neoliberalismo provoca, ni tampoco los vivos que garanticen los gobiernos revolucionarios.

Así de “imparcial” es la prensa neoliberal.

@SoyAranguibel

Debut y despedida

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo lo que hacen siempre los líderes la oposición, él supo ingeniárselas para demostrarle al mundo no solo que los demás eran idiotas sino que él, mucho más allá de lo que todo el mundo pensaba, era el más inteligente y refulgente de todos cuantos por su cargo pasaron.

Por eso se inició con la que en la oposición se considera la más astuta de las estrategias; jugarse una carta que nadie hubiera jugado jamás, o que nadie se hubiera atrevido nunca a jugar por audaz y descabellada. La de la autojuramentación, nada más y nada menos que como presidente interino.

Ese solo acto de pueril gallardía lo presentaría ante los suyos como todo un Mesías de nuevo cuño, convencido como estaba de que de ahí en adelante nada podría interponerse entre él y el cielo.

Desde el primer momento supo siempre que todo era una farsa. Que jamás llegaría a Miraflores mientras los chavistas existieran. Pero, fiel a la proverbial conseja opositora de tirarse la parada, se dijo a sí mismo que “peor es nada”.

Y fue ahí donde comenzó el sainete más ridículo que la historia política venezolana recuerde, incluido aquel pintoresco caso del candidato Pedroza, del cual todo el país se burló tanto a mediados de los años ochenta, no tanto por su disparatado proyecto de llegar a Miraflores en burro, como por su singular recurrencia en el absurdo en todo lo que planteaba.

Claro, como la mayoría del país de hoy es menor de treinta y tantos años, el evento Pedroza no es comúnmente recordado. De ahí que para mucha gente en la oposición Guaidó haya aparecido como una verdadera revelación, con poderes casi místicos capaz de exterminar de raíz el chavismo que ningún líder opositor había podido ni siquiera pellizcar.

Pero, la realidad terminó siendo tan implacable como se suponía que tendría que ser en un mundo verdadero, no quimérico ni ilusorio; el tinglado se le vino abajo cuando al interinato se le agotó su cuarto de hora en la escena.

Hoy el otrora Mesías no es ni la sombra de lo que el paquete ofrecía. Los trajes de Armani cortados al estilo Obama, no lucen ya su encandilante fulgor. Sus antiguos admiradores no hacen sino despotricar de él con la peor saña.

Ahora su invitación a una marcha el 16 de este mes, es la invitación a una despedida.

Qué triste pueden llegar a ser los finales de las farsas.

@SoyAranguibel

¡Buena idea!

Por: Alberto Aranguibel B.

El desprecio a los pobres ha sido a través de la historia el rasgo definitorio por excelencia de los sectores pudientes de la sociedad. Despreciar al ser humano es en términos filosóficos la esencia misma del capitalismo, porque sin el odio la explotación del hombre por el hombre no sería viable, ni existiría el goce de la superioridad de una clase social sobre la otra.

De ahí que una buena burguesía va a ser siempre aquella que se regodee en el sufrimiento de los menesterosos y los necesitados. Porque de esa forma se materializa en lo cotidiano la ascendencia social y se justifica el valor del dinero acumulado a costa, por supuesto, del padecimiento y las limitaciones de aquellos que producen la riqueza de la que los ricos se apropian tan injustamente.

En la visión burguesa, el pobre no tiene ni derecho ni capacidad para pensar con mente propia acerca de lo que considera conveniente o no a sus intereses como ser humano, porque, según ella, las ideas son el germen de la alteración del orden natural del universo. Por eso la explicación que da la burguesía a las expresiones populares de cualquier naturaleza, es que éstas se producen cuando la gente es víctima del supuesto control ideológico que ejercen los “enemigos de la libertad”.

Se explica así que todos los voceros de la derecha, sin excepción, hagan hoy el ridículo acusando a Nicolás Maduro de ser el causante de las rebeliones populares que, unas veces como protestas otras veces como fenómenos electorales, le dicen a la repugnante burguesía latinoamericana que no quieren saber más de gobiernos de derecha en nuestra región.

Pero, no fue Maduro el que puso a los medios de comunicación a hablar día y noche de un presidente venezolano que, siguiendo los pasos de Fidel y de Chávez, se levantaba contra las transnacionales y contra el Fondo Monetario Internacional, luchando a brazo partido contra la violencia a la vez que reclamaba justicia e igualdad social para su pueblo. A Maduro nadie lo conocía en ninguno de esos países hasta hace apenas unos meses.

Fue el Grupo de Lima.

Fueron esos títeres del neoliberalismo quienes, acusando irresponsablemente a Maduro, les hicieron ver a sus pueblos con perfecta claridad que el hambre y la miseria que abunda en esos países, es producto de la voracidad de un imperio cruel e insaciable que solo busca saquear el Continente y que tiene a su servicio a un grupo de presidentes serviles que no escatiman esfuerzo represor contra sus propios pueblos para favorecer la sed de concentración de riqueza en las pocas manos de las clases más pudientes.

Lo que hicieron los pueblos fue decir… ¡Buena idea de la de Maduro!

@SoyAranguibel

Lo natural de lo sobrenatural

Por: Alberto Aranguibel B.

Enrique de Villena sostiene en su Tratado de aojamiento o fascinología, queEl mal de ojo es un enemigo oculto y desconocido, que fascina con una fuerza misteriosa más allá de una simple mirada. Y esto es así, en sentido enigmático, por entender que no es preciso que la mirada del fascinador penetre en los ojos del fascinado, sino que la mirada actúa como envolvente, y surte efecto incluso sobre personas que no tienen ojos”.

Pudiera entonces explicarse así el ya nada casual estado de desgracia en el que inevitablemente caen todos aquellos que de una u otra forma aparecen retratados junto a la Sayona del Avila, como se le conoce hoy en todo el país a la esposa del líder terrorista Leopoldo López.

Si los maleficios conocidos por el ser humano son usualmente atribuidos a los espectros en la más profunda oscuridad de la noche, Lilian Tintori pasará a la posteridad como la única entidad cuyo pérfido efecto se difunde sin límites ni fronteras incluso a plena luz del día, precisamente porque el poder maléfico de su mavita no aflora al contacto con la pavosa, sino que se incuba en los pixeles de una atemporal fotografía junto a ella.

No cabe ya hoy en día duda alguna acerca de lo que significa tomarse una foto junto a la Tíntori. Ella misma ha preferido sacarle el cuerpo al asunto dejando a la libre interpretación del mundo la veracidad o no de lo que definitivamente se ha convertido en el maleficio contemporáneo de mayor resonancia de todos cuantos se conocieron en nuestra historia desde los tiempos de la colonia, en virtud de lo cual no ha ofrecido nunca ningún tipo de declaración al respecto.

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Sin embargo, es menester ir más a fondo en otros rasgos comunes de las víctimas de tan proverbial maleficio fotográfico, como lo son la corrupción, la inmoralidad, la depravación y otras veleidades delincuenciales que de manera persistente suelen estar asociadas transversalmente a sus desgracias.

No es que esas figuras de la política continental (presidentes, expresidentes, líderes, artistas e intelectuales de derecha en general) sean unos desdichados que en mala hora aceptaron posar junto a una enviada de Satanás. No es tan simple el asunto.

Se trata, en realidad, de la más acabada conjunción de malvivientes, desfalcadores, degenerados y embaucadores de profesión que se conozca en nuestro territorio y, fundamentalmente en los ámbitos de la derecha más allá de nuestras fronteras, convertidos, por obra y gracia de la afinidad política e ideológica que los ha unido tan estrechamente, en amigos predilectos de la interfecta.

Por eso no deben ser para nada extrañas las fotos de Juan Guaidó, el líder fundamental y más admirado de la derecha venezolana, con los criminales de mayor peligrosidad del Continente. Desde su ingreso mismo a la escena política, quienes han conformado su entorno más cercano han sido siempre los peores delincuentes que ha conocido la sociedad venezolana en más de una década.

Desde el terrorista confeso Lorent Saleth hasta el desalmado descuartizador Pérez Venta, pasando por su secretario personal Roberto Marrero, coordinador de los grupos de mercenarios que han operado en el país con la anuencia del autoproclamado, sus más allegados amigos han sido siempre noticia más por sus felonías que por la desgracia de haber posado en una foto con la Tintori.

Más allá del fenómeno sobrenatural relacionado con la mavita, está el hecho de que son todas unas sabandijas. Es su verdadera naturaleza.

Si algún milagro ha obrado Guaidó en su catastrófico periplo como autoproclamado, es haber pasado a esos malandros que son sus amigos, de la última página, la “página roja” de los periódicos, a los grandes titulares de la primera plana.

@SoyAranguibel

El fracaso como triunfo

Por: Alberto Aranguibel B.

No deja de ser desconcertante en el mundo de la política, que un personaje pusilánime como Juan Guaidó, salido de la nada y sin el más mínimo temple o robustez intelectual para asumir con fuerza propia el inmenso compromiso del liderazgo que exige la compleja coyuntura por la que atraviesa el país, se mantenga tan firme en la idea de que, tal como él lo percibe, a medida que pasan los días, las semanas y los meses, estaría cada vez más a punto de hacerse de la primera magistratura nacional.

Nadie habituado al fragor de la batalla cotidiana entre la política y los medios de comunicación entiende ese nivel de rebuscada serenidad que transmite en sus comparecencias ante las cámaras el ahora “diputado rastrojo” (antiguamente “el autoproclamado”) después de tantos traspiés y tantas chapuzas como las que él ha acumulado en tan corto lapso.

Existiendo, como seguramente existen en su equipo de asesores, los infaltables “expertos en imagen” que dictaminan a diestra y siniestra la conveniencia de insólitos perfiles más de corte mercadotécnico que de tipo político para el pueril aspirante a presidente, debe haber alguno que haya logrado posicionar como lema de su campaña el viejo apotegma de Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”.

El origen de tal insensatez está sin lugar a dudas relacionado con su proverbial propuesta de la destrucción del país a través del estallido social y el derrumbamiento de la economía y en definitiva de las estructuras del Estado como requisito indispensable para hacer realidad su proyecto de alcanzar el poder a como dé lugar por encima de los procedimientos democráticos a través de los cuales les ha sido imposible conseguir el respaldo popular.

Sustentado en el odio antes que en el desarrollo de formulación ideológica o política alguna, el proyecto de la oposición asume como su triunfo el padecimiento y la ruina del país y de los venezolanos. Ese ha sido su credo.

De ahí que no puede ser sino a partir de esa absurda lógica del “logro inverso”, como se explica que los descalabros de Guaidó sean siempre, tanto para él mismo como para sus seguidores, señales de una hipotética proximidad con el ansiado triunfo.

Desde su muy ingenua óptica, las derrotas son presagios de gloria.

@SoyAranguibel

Aranguibel: ¿Qué habría pasado en Venezuela si no aparecen las fotos de Guaidó con Los Rastrojos?

Caracas, 19/09/2019.- El analista político venezolano y constituyente, Alberto Aranguibel, explicó hoy en el programa Desayuno en la mañana, que transmite Venezolana de Televisión, que lo verdaderamente importante en el asunto de las fotos del diputado Juan Guaidó con líderes del narco-paramilitarismo colombiano salidas recientemente a la luz pública, no es lo que se dio a conocer sino, al contrario, lo que pudo haber ocurrido en la vida política nacional de haberse mantenido oculta esa relación delincuencial entre ese liderazgo opositor y las poderosas mafias delictivas neogranadinas.

“Si no hubieran aparecido esas fotos -dijo Aranguibel- no sabríamos lo que en verdad hay detrás de esa fachada política que ha montado el narco-paramilitarismo para tratar de hacerse del poder en nuestro país, y el diputado andaría entonces como un niño de pecho por las calles como si fuera un simple político de las nuevas generaciones.”

El Constituyente recordó que exactamente ese modelo de utilización de la política como fachada fue el usado por ese mismo sector delincuencial para hacerse del poder en Colombia desde los tiempos de Alvaro Uribe Velez, reconocido hoy por el mundo entero como una ficha clave del narcotráfico en ese país, tal como lo han revelado miles de evidencias irrefutables que existen al respecto.

Fuente: ANC

 

Aranguibel: Gob. y oposición avanzan en el diálogo pese a diferencias

Caracas, 17/09/2019.- El constituyente venezolano, Alberto Aranguibel, en entrevista para teleSUR, explicó que “Lo más importante del comunicado leído este martes por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, es la reafirmación del carácter profundamente constitucional de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, pues hay un sector opositor, que ha jugado a la desestabilización a través de la violencia, que ha querido presentar a Venezuela como que es un país hundido en un barranco de ingobernabilidad, lo cual es totalmente falso. La demostración palpable es el hecho de que un sector consciente, de un mayor nivel de capacidad de juego político por parte de la oposición, está sentándose con el gobierno para avanzar en acuerdos que signifiquen mejoría para los venezolanos”.

Fuente: teleSUR

Guerras delivery

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo es un raro grupo heterogéneo en el que cada uno piensa que es un ser especial, único e irrepetible, pero que en realidad coincide en muchos más aspectos de lo que ellos mismos piensan. El más relevante de esos aspectos es, quizás, el de la vocación consumista.

El opositor común no piensa en política (ni mucho menos en ideologías o activismo partidista) sino en dinero. Todo lo que tiene que ver con su vida lo cuantifica en plata. En dólares, específicamente. Por eso necesita salir de la Revolución Bolivariana; porque entiende que el socialismo es la negación del capital y asume que el capitalismo es el paraíso del dinero.

Ese afán de comprar solo lo que les provoque es lo que los lleva a desechar de la noche a la mañana a los mismos líderes que días antes adoraba, y que por alguna razón no lograron satisfacer su sed de fortuna en el lapso que su expectativa les dictaba. Para es ellos es como si el liderazgo fuese algo que se adquiere en un centro comercial y que puede devolverse cuando el cliente así lo desee si no se está conforme con el producto.

De ahí su descabellada y terca resolución de invocar una invasión armada que lleve a cabo el trabajo que su liderazgo no ha sido capaz de hacer. Les importa un comino la soberanía o la independencia, porque están seguros de que con eso no van a obtener las fabulosas mansiones ni los yates o aviones que de manera tan ilusoria les ofrece el capitalismo.

Lo que no se entiende es cómo creen que van a salir airosos en una invasión como la que piden, si el promedio de los opositores no sabe ni subir cerros, ni cargar una lata de agua, o pasar tres días durmiendo en el monte. Mucho menos disparar ni siquiera una escopeta de balines o detonar debidamente un paquete mediano de fuegos artificiales.

A la hora de una invasión, todos los que están dentro del país invadido son objetivos de guerra. Pero los opositores se imaginan en una suerte de absurda “isla de la fantasía”, donde el horror les pasará por un lado, asustándolos pero sin hacerles daño, simplemente porque ellos se consideran “los buenos de la película”.

Jamás han estado ni cerca de una auténtica confrontación armada. Y cuando así ha sido (por ejemplo, cuando les dicen que en tal o cual sitio están atracando mucho) corren despavoridos como alma que lleva el diablo.

Sus andanzas más usuales (en las raras ocasiones en que no están en Miami o en Madrid), suelen ser el Centro Comercial San Ignacio, la ensenada “los juanes” en el archipiélago Morrocoy, o alguno que otro restaurante de lujo de la urbanización Las Mercedes, de la que muchos de ellos se consideran dueños. En ninguno de esos lugares, prevalece ni siquiera el más mínimo sentido de “organización social” de su gente para enfrentar ningún tipo de acción conjunta o de combate, como sí lo tiene con perfecta claridad el pueblo chavista desde hace casi un cuarto de siglo. Lo cual permite saber con mucha precisión quiénes serían los primeros en ser dados de baja por la acción devastadora de cualquier ejército invasor.

Pero ellos no lo ven así. Acostumbrados a que todo lo compran, creen que las guerras son como las entregas a domicilio; que las ordenas y llegan a ti sin percances porque, si no, pues simplemente las devuelves y te regresan tu dinero.

@SoyAranguibel

La nueva vieja política

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dirigentes de la oposición que en algún momento han sido exaltados por sus propios militantes a la condición de líderes supremos de la contrarrevolución, han sido (todos sin excepción) execrados por esa misma militancia y reducidos al más desolador ostracismo con la misma vehemencia con la que antes los erigieron, bajo un argumento que necesita ser estudiado con detenimiento.

Desde aquel inefable frijolito que enfrentaron al Comandante Chávez al inicio mismo de la efervescencia revolucionaria, la intención fue siempre la de oponerles a los líderes de la revolución, primero a Chávez y hoy a Maduro, figuras de comprobada trayectoria pública pero que a la vez encarnaran una nueva forma de hacer política.

Así fueron sembrando en cada oportunidad las mismas esperanzas en todos y cada uno de los que fueron desfilando por ese pedestal del antibolivarianismo al que fueron encumbrados y luego defenestrados.

Los fueron defenestrando uno a uno porque se percataron, como quien descubre el agua tibia, que solo representaban los postulados de una vetusta forma de concebir el país y la política, por lo cual no ofrecían posibilidad alguna de triunfo frente al chavismo.

Teniendo, como los tienen, líderes valiosos, muchos de ellos formados en las mejores universidades del mundo, con amplia experiencia en la lucha política partidista, parlamentaria y de calle, escogen finalmente a Juan Guaidó precisamente porque según ellos es todo lo contrario. Es lo nuevo, lo puro.

¿Pero, qué es lo nuevo que propone Guaidó para los que no terminan de salir de él y todavía le rinden pleitesías y le cantan alabanzas?

Hasta ahora lo que ha hecho es engañar cínicamente a sus propios seguidores ofreciéndoles a diario villas y castillas sin cumplir jamás lo que promete. Robar de manera descarada activos del Estado para ponerlos supuestamente al servicio del pueblo, pero el pueblo sigue padeciendo el bloqueo que él mismo ha promovido. No llevar a cabo ninguna obra de tan siquiera mediana envergadura que responda a las demandas de salud, alimentación, vivienda, servicios públicos eficientes, educación, trabajo.

Ha tenido el poder y los recursos que ninguno de sus predecesores tuvo y ha sido el que menos ha cumplido. Al igual que todos esos irresponsables que fueron echados al olvido por sus propios seguidores, vive muerto de la risa porque también en eso de ser irresponsable es superior a los demás.

Nada es más parecido a la vieja política.

@SoyAranguibel

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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

El “batigobierno”

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo héroe de ficción que se precie de tal, Guaidó es una figura de doble personalidad que opera bajo el principio de preservar escrupulosamente una identidad pública para unos fines y una secreta para otros.

En el mismo momento en que dice que no hablará jamás con Diosdado Cabello, su otro yo llega camuflajeado con capucha y zapatos de patente a la reunión con el líder chavista. Cuando jura que él personalmente meterá una ayuda humanitaria por la frontera, su otro yo se distancia de eso diciendo que hay que investigar a los responsables de esa operación por corruptos. En el mismo instante en que aparece en vivo diciendo que tomó La Carlota, su otro yo aparece, también en vivo, en la Plaza Altamira ofreciendo una nueva fecha para marchar contra el gobierno. Un Guaidó dice que no irá a dialogar a Oslo y el otro anuncia que ya su gente está en Oslo.

Ese don del perfecto desdoblamiento es el que convence a la gente de que ambos individuos no son la misma persona. Que son seres distintos. Por eso nunca nadie creyó que Clark Kent era Supermán, ni Diego de la Vega el Zorro. Demasiado diferentes para ser iguales.

Exactamente lo mismo que le pasa a Guaidó con sus seguidores.

Sin excepción, todos los comentaristas y analistas políticos de la oposición descargan contra él en sus entrevistas, programas de opinión y cuentas de redes sociales la más virulenta andanada de cuestionamientos, improperios y descalificativos. Pero todos, absolutamente todos, lo apoyan a pie juntillas como si se tratara en realidad de dos personas distintas que no tuvieran nada que ver una con la otra.

Todos declaran públicamente su desacuerdo con él y su séquito de arribistas y asaltantes. La mayoría hasta se burla ahora de la autojuramentación que en algún momento le celebraron. Pero todos lo aplauden, lo tratan de “señor Presidente” y lo animan a seguir adelante.

La indignación con uno, se convierte en fresca brisa de aliento cuando aparece el otro.

Ha terminado siendo todo un vulgar héroe de comiquitas; que recibe de la gente aclamaciones y vítores cuando se disfraza con su corbatica de autojuramentado, y reproches y burlas cuando cambia de personalidad y se convierte de nuevo en el pusilánime que todos conocen.

Muchos de ellos no lo ven ya gobernando en Miraflores, sino en la Baticueva.

@SoyAranguibel