Lección desatendida

– Publicado en el diario Últimas Noticias el miércoles 27 de enero de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Todavía a estas alturas resulta difícil para muchos precisar con exactitud las verdaderas causas del revés electoral de las fuerzas revolucionarias el pasado 6 de diciembre. La común y más fácil de todas ellas son las colas para la obtención de los productos de la cesta básica que han desaparecido de los anaqueles.

Pero el fenómeno es a todas luces multifactorial.

La incidencia en la decisión del voto del maltrato o la falta de respuesta eficiente al pueblo en infinidad de organismos públicos, tiene que haber sido sin lugar a dudas una razón determinante en todo ello. No se sabe si por falta de vocación de servicio por parte de empleados que no han sido debidamente formados para atender correctamente al público o por simple saboteo de escuálidos infiltrados, lo cierto es que mucho del descontento popular debe atribuirse a ese fenómeno.

Los “mata votos” como se les llama, están regados por toda la administración pública a lo largo y ancho del país haciendo y deshaciendo a su buen saber y entender, más por desidia de los altos mandos que por ninguna otra cosa. Atender el llamado de la revolución a trabajar por el pueblo no es solamente vestirse de rojo y salir a marchar para hacer bulto. Es entregarse con verdadero sentido del compromiso al proyecto de redención del pueblo cualquiera sea la trinchera de lucha.

Sin embargo, pese al contundente llamado a la conciencia revolucionaria que ha hecho ese pueblo con su voto, siguen apareciendo intactos algunos vicios ancestrales arrastrados desde los tiempos del puntofijismo, como si nada hubiera pasado.

El insolente desparpajo de camionetas con placas militares cargando a sus anchas por calles y autopistas la infinidad de equipos de línea blanca subsidiados por el Estado para favorecer a los pobres, son evidencia ambulante del secuestro que se hace todavía con esos equipos desde el estamento militar en detrimento de las oportunidades de los más necesitados.

¿En razón de qué los militares se sienten con derecho a acaparar vehículos, aires acondicionados, neveras, lavadoras, para montar los grandes negociados que se conocen han montado con todos esos vehículos y artefactos?

Si no lo explican bien clarito, la gente, con todo su derecho, cada día seguirá votando cada vez más contra la revolución.

@SoyAranguibel

Aranguibel: “En Venezuela hay una guerra económica que genera escasez”

Alberto Aranguibel sostuvo este lunes 22 de junio de 2015 en el programa Vladimir a la 1 que transmite Globovisión, que en Venezuela está demostrado que lo que efectivamente hay es una guerra económica que genera perturbaciones como la escasez de productos mediante formas eminentemente capitalistas como el contrabando, el acaparamiento y el llamado bachaqueo, que según él analista no son sino las formas en las que esa guerra contra el pueblo se expresa.

 

Bachaqueo, desquiciamiento y guerra

Por: José Manuel Rodríguez R.

Recuerdo las terribles imágenes del tsunami en Japón. No puedo olvidar las largas filas de ciudadanos, de todas las edades, silenciosas y estoicas, esperando su turno para recibir un bollo de pan y un cambur. Luego, con una reverencia de conmovedora dignidad, se retiraban a sus refugios. Un sicólogo ligero diría: se ha conjugado una milenaria cultura del sometimiento con un medio natural inestable y agresivo que hace precaria la vida.

Hace días Eduardo Rothe escribió en Aporrea: Venezuela es una maravillosa y fértil república de llanuras, selvas, ríos y serranías, repleta de riquezas, defendida del mar por una cordillera que corre de este a oeste; sus pobladores son gente alegre, igualitaria y despreocupada… Y continua el camarada: Los venezolanos son serios pero informales, sólo cultivan la perfección donde es obligatoria, en la ciencia y la tecnología, la aviación y la música; en lo demás, cultivan un cuidadoso desorden que da a sus obras y labores, a sus ciudades y servicios, un toque de incompleto…

Sin embargo, siento que faltó, en la lista construida por Eduardo, el adjetivo que explique el amasijo de posesos que hacen colas en los automercados para comprar cualquier cosa por docenas; en Movilnet para adquirir celulares; en Liberty Express para recibir los paquetes encargados a Miami. O que califique las amanecidas frente a Tu casa Bien Equipada para adquirir, de un solo golpe los artefactos eléctricos que antes se compraba a lo largo de varias navidades.

En ninguna de esas colas hay hambrientos, ni resignados a recibir la parte que le corresponde en la igualación de un comunismo imaginario. Lo que abunda son señoras de pelo oxigenado, enloquecidas por su irracional antichavismo, atapuzando sus apartamentos clase media con cientos de productos, que terminan vencidos. Gente del pueblo por miles comprando harina “Pan”, azúcar o leche como si administraran areperas. Colombianos por centenares comprando bultos de champú, jabones o desodorantes como si todos fueran dueños de peluquerías. Y sin duda, guerreros corporativos.

jmrr44@hotmail.com

¿Cuánto valdrá ese show?

– Publicado en Últimas Noticias el 31 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En el capitalismo no hay inversión alguna que no sea calculada en función de su rentabilidad o retorno. El súmmum de su filosofía es la bolsa de valores, instancia en la que los capitales juegan para intentar cumplir con ese propósito de la máxima rentabilidad bajo la lógica de toda una ciencia que pone a la especulación como el arte más elevado del conocimiento humano.

La obsolescencia programada, probablemente el más acabado concepto de inmoralidad que haya conocido la humanidad, es sin lugar a dudas la expresión más perfecta de esa filosofía de la codicia que en el ámbito del neoliberalismo denominan “emprendedor”. Su contraparte: el inventor del yunque.

Mientras el capitalista concibe el desarrollo a partir del engaño y de la estafa al consumidor con la fabricación de productos diseñados para desgastarse en el menor tiempo posible y hacer de sus compradores unos esclavos perpetuos, el fabricante de yunques trabaja para no ver más nunca a su clientela, simplemente porque su producto es indestructible y por lo tanto imperecedero. Es el único caso en el capitalismo de un empresario honesto que procura la satisfacción de su cliente.

De ahí que las decenas de empresarios que apuestan hoy al triunfo de la guerra económica contra nuestro pueblo jugando a la especulación, al acaparamiento, al bachaqueo y al contrabando, están haciendo el que seguramente será el peor negocio de su vida.

¿Cuánto puede resultar rentable el sobreprecio cuando existen leyes que penalizan con cárcel la especulación? ¿Cuán seguro es invertir en acaparamiento si en todo momento hay riesgo de que su mercancía sea decomisada?

Calcular como rentable la salida de sus propios mercados durante meses con el descabellado propósito de alterar el sistema político que de manera legítima se ha dado el pueblo venezolano es probablemente la más insensata idea que un sector empresarial pueda plantearse. Ello, además de una loca incursión en un área como la política en la que el empresario no posee ninguna experticia, demuestra una gran irresponsabilidad en el manejo de sus propios negocios.

Pero mucho más todavía evidencia una total ineptitud para visualizar el factor riesgo, porque la guerra contra la revolución es una inversión a pérdida.

¿Cuánto vale ese show?

@SoyAranguibel

Por un puñado de dólares

– Publicado en el Correo del Orinoco el 26 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La influencia del medio de comunicación capitalista y su contenido profundamente enajenante no puede ser desconectada en modo alguno de la crisis que padece hoy la sociedad venezolana, que no solo atraviesa por una difícil coyuntura inducida por la especulación y el sabotaje económicos sino por una perturbación emocional masiva sin precedentes en nuestro país.

Quienes han desatado la guerra económica que ha colocado a nuestro pueblo en la humillante condición que significa verse forzado a hacer cola por comida en la desesperada creencia de que todo se acabará mañana, saben perfectamente que su activo fundamental en su propósito desestabilizador es el poder alienante de los medios de comunicación. La falta de discurso y de liderazgo político en ese sector hace que el mensaje del medio de comunicación adquiera una relevancia determinante en su lucha por reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

¿Por qué arrecia hoy con tanta fuerza esta guerra mediática contra el proyecto de justicia e igualdad social que comprende la revolución bolivariana?

Porque el Comandante Chávez y su excepcional capacidad comunicacional no es ya, según ellos, el eje sobre el cual gravita el juego político venezolano. Para la derecha, la desaparición física del líder de la revolución es principalmente la oportunidad de retomar y relanzar el poder comunicacional que vio disminuido sustancialmente desde el arribo a la escena política del comandante aquel mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando con apenas un mensaje de 169 palabras el entonces teniente coronel hizo tambalear las férreas estructuras del poder establecido y partir en dos la historia política contemporánea en nuestro país, demostrando que el enemigo de esos sectores oligarcas que detentaron desde siempre el poder iba a ser de ahí en adelante la capacidad comunicacional del líder que con aquella histórica insurrección estaba naciendo. Sabían, por supuesto, que no se trataba de un militar o de un político más, sino de un gran comunicador con inusual capacidad para la movilización de las masas.

El comandante Chávez, valoró desde siempre ese inmenso poder del medio de comunicación. Por eso le temían. Pero a diferencia de la lectura convencional que del mismo se hace desde la derecha, su comprensión fue la de quien concibe el mensaje como el instrumento de poder mediático y no el medio en sí mismo (como de manera tan perfectamente conveniente a la lógica de la dominación hegemónica burguesa propusiera en 1967 el comunicólogo canadiense Marshall McLuhan, cuya sentencia “El medio es el mensaje”, que hasta en las esferas del pensamiento progresista llegó a considerarse en algún momento como una propuesta esencialmente revolucionaria, no tenía ningún otro propósito que el de la legitimación de la dominación planetaria de las grandes corporaciones capitalistas que han impuesto al mundo su particular visión del universo a través del medio radioeléctrico). Sin lugar a dudas en ello radicó siempre la fortaleza política de quien supo conectarse directamente con el pueblo como nunca antes pudo lograrlo político alguno en la historia. Con su filosofía de la inclusión social como centro de su propuesta política, Chávez demostró que el mensaje era el pueblo y no el medio. Una sustantiva diferencia conceptual ideológica con lo que encarnó siempre el modelo neoliberal que precedió al proyecto bolivariano. De ahí que los viejos “paquetazos” económicos son desde entonces solo un mal recuerdo de ese oprobioso pasado de exclusión social y una añoranza perpetua de esa derecha terca y tozuda que insiste, a costa de su propio exterminio, en reinstaurar en el país un modelo universalmente fracasado como el neoliberal.

La fábula del bienestar económico que generaría ese modelo neoliberal en una economía emergente como la venezolana, es derribada de plano por la incontestable inviabilidad del mismo en las economías avanzadas de los países altamente desarrollados, que cada día se ven más urgidos de la aplicación de recetas del FMI y del Banco Mundial para medio sufragar el inmenso costo de la acumulación de riqueza en pocas manos y de soportar el hambre y la miseria que a su paso dejan las políticas de exclusión social por las cuales se rigen.

En ello, el poder comunicacional para ocultarle al pueblo esa patética realidad de la filosofía capitalista de la explotación del hombre por el hombre, encantarle con la ficción del lujo y del confort como aspectos indispensables para la vida, y venderle la farsa de las inagotables oportunidades para el progreso del pueblo bajo los principios de la burguesía, es determinante. Hacerle pensar al pobre con la mentalidad del rico es el objetivo fundamental del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo. Sin esa cultura del desclasamiento que impacta a la sociedad cada vez con mayor intensidad y saña, los sectores hegemónicos perderían su poder de dominación sobre las masas, alienadas y sometidas como todavía están por los antivalores del consumismo. Tanto así que es perfectamente posible afirmar que de no existir hoy los medios de comunicación (cuyos intereses y principios, como es obvio, son diametralmente opuestos a los del pueblo) hace mucho rato habría dejado de existir el capitalismo, al menos en la forma culturalmente invasiva y enajenante en que hoy lo conocemos.

Hacerle creer al pobre que en la operación de compra y venta especulativa de artículos y alimentos de primera necesidad existe una oportunidad expedita para alcanzar la prosperidad, aún a sabiendas de que con su actuación generará un gigantesco malestar social y una profunda distorsión económica que pondrá en riesgo al único proyecto factible de redención popular que conocerá el pueblo en toda su vida, es uno de los más grandes crímenes que un sector puede cometer contra una sociedad y contra una nación. El otro, es secuestrar esos alimentos y esos artículos de primera necesidad para desatar una inusual y delirante sobredemanda que dispare los precios del mercado para promover con ello el estallido social al que insensatamente aspira para saciar su sed de riqueza. Más aún cuando se constate que ni ese pobre saldrá de la miseria mediante esa absurda operación, ni ese sector capitalista que lo engaña desde el medio de comunicación y que lo hace padecer con el acaparamiento y con la usura obtendrá tampoco beneficio alguno cuando la crisis económica creada por su actuación criminal e irresponsable surta sus efectos devastadores para el país en su conjunto.

En la razón perversa del contenido mediático la propuesta de Hollywood para inculcar la adoración al dinero sin el más mínimo miramiento al honor, a la dignidad, a la solidaridad o a la honestidad, ha sido persistente a través del tiempo.

Ejemplo palpitante de esa concepción de la inmoralidad por encima de cualquier otra cosa, es sin lugar a dudas el film “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone, cuya trama es precisamente la disyuntiva a la que es sometido el personaje principal, Joe (Clint Eastwood), entre trabajar a sueldo para una familia o para otra por el control de un pueblo perdido en la orfandad del más árido desierto, terminando por aceptar pagos de ambos bandos para exterminarlos luego sin compasión alguna.

Akira Kurosawa, quien llevó a tribunales a Leone aduciendo plagio de su obra Yohimbo (1961), diría mucho después que se sentía complacido con la película que lanzó a la fama a Eastwood, a Leone y al género mismo del llamado “spaghetti western”, y que creó toda una cultura del cine de culto de los llamados “hombre sin nombre” que se desarrolló desde el John Wayne de los años ‘50s hasta el Bruce Willis de nuestros días con la misma impúdica exaltación de la deslealtad, la inmoralidad y la codicia como único norte, porque según él “a la larga logró recaudar mucho más dinero con el plagio que con la obra original”.

Una sociedad expuesta por décadas a tan demencial lógica y sometida a la crudeza de una guerra sicológica como la que el imperio norteamericano y sus lacayos desatan hoy contra nuestro pueblo a través de sus corporaciones y sus medios de comunicación, terminará siempre por padecer el infortunio de un sector cruel y desalmado al que no le importa en lo más mínimo el sufrimiento de un pueblo ni el futuro de su país, solamente por el vano goce que ansía encontrar en un mísero puñado de dólares.

@SoyAranguibel

El modelo de la crueldad

– Publicado en Últimas Noticas el 17 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando la oposición habla de “cambiar el modelo” no explica en lo absoluto a qué modelo se refiere, entre otras razones porque no quiere que el pueblo sepa de qué está hablando.

De acuerdo a la síntesis de la definición gramatical del término, modelo puede ser una infinidad de cosas, dependiendo del punto de vista o del ámbito del conocimiento desde el cual se enfoque.

En matemática, por ejemplo, modelo es la representación de una determinada fórmula o relación de valores. Mientras que en bellas artes viene a ser el sujeto que posa para una obra pictórica o escultórica. En el mundo de la publicidad, modelos son los profesionales que muestran de una manera determinada productos como ropa, perfumes, etc., así como en ingeniería o en arquitectura puede ser una representación volumétrica de un proyecto.

Lo que propone la oposición pareciera estar referido al conjunto de políticas económicas del gobierno si lo contextualizamos en el grueso de su discurso contra el proceso revolucionario que encabeza el presidente Maduro. Pero hay muchos elementos que permiten intuir que no es así y que su intención es tratar una vez más de engañar al pueblo para hacerse del poder.

Su preocupación, más que económica, es definitivamente política. En virtud de lo cual su intención no puede ser sino la búsqueda de la sustitución de la formulación socialista para la transformación de la sociedad y de los medios de producción que hoy avanza en el país, con la única alternativa que desde el punto de vista científico puede oponérsele a dicho sistema que es el capitalismo. No hay otra.

De ser así, la única alternativa del pueblo es entre el bien y el mal.

El bien es el sistema que provee inclusión social, reconocimiento de los derechos del pueblo, asistencia y protección a la gente por parte del Estado, y garantía del esfuerzo de todos en función del bienestar común.

El mal es el que encarnan los criminales que a sabiendas del hambre y del agobio que padece ese pueblo con la especulación que el capitalismo ha desatado en el país, esconden los alimentos y cuando los ponen a la venta lo hacen a precios inalcanzables para la mayoría.

Quienes promueven ese cambio de modelo con el único interés de amasar cada vez mayores fortunas, es la gente más inhumana y cruel que pueda haber en el mundo.

@SoyAranguibel

Crisis, consumos y ganancias.

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Por: Alberto Aranguibel B. / Fotos: AAB.

El mito de las veintidós mil empresas de maletín que habrían secado las reservas internacionales del país, y su correlativa versión según la cual el gobierno las tendría escondidas porque supuestamente sus propietarios formarían parte del alto mando político de la revolución, acomoda perfecto en un escenario donde el imperio norteamericano, las más poderosas transnacionales del planeta y todo el ámbito capitalista en general, desatan la más feroz de todas las guerras económicas que jamás se hayan llevado a cabo contra una nación.

Nada resulta más conveniente y oportuno a un especulador cambiario cualquiera que la estampida de todo un país en el sentido opuesto a donde él se encuentra, es decir; corriendo a buscar al culpable equivocado del desfalco más gigantesco que se haya producido contra su economía. De ahí que comerciantes de toda pelambre, importadores, corporaciones nacionales e internacionales, gremios, y representantes del poderoso sector privado que rabió por años por la supuestas dificultades para la obtención de tan preciado instrumento transable, no abra ni en lo más mínimo su boca para decir tan siquiera, no que celebra la cacería, sino al menos que se solidariza de algún modo con la jauría que persigue a los presuntos maletineros.

De la noche a la mañana, ya nadie recuerda a los miles de usureros que hasta hace poco reventaron a su antojo los parámetros de lo imaginable en elevación de precios, valiéndose precisamente de divisas obtenidas del Estado a tasa preferencial, para amasar inmensas fortunas estafando a la gente, ni a los cientos de miles de raspacupos que hicieron saltar en menos de tres años hasta tres y cuatro veces las tarifas aéreas con su torbellino de turismo defraudador, ni a los millones de viajeros frecuentes que solo por diversión entregaron en el exterior los miles de millones de divisas que recibían también a tasa solidaria. Sin contar, por supuesto, a los cientos de miles de empresas que efectivamente honraron su compromiso con el Estado en el uso de la moneda extranjera que se les estaba otorgando. Ya no hay malandros en el capitalismo.

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Recordar hoy, después de la inmensa campaña mediática y opositora urdida para posicionar la especie contrarevolucionaria como una verdad incontrovertible, que de lo que habló el Ministro Ramírez en su rueda de prensa del 18 de octubre del 2013, en la que anunció la eliminación del sistema cambiario, fue de “sectores que han defraudado al Fisco, y que están al margen de la Ley” y no de veintidós mil empresas fantasmas, no tiene hoy sentido. La matriz ha sido sembrada en la dirección que conviene al gran capital y en ella se moverá la sociedad. Pero, cabe preguntarse ¿Y de aquellos perversos que todo el país vio saqueando el país y acabando con el bienestar de los venezolanos a punta de incrementos de precios, acaparamientos masivos, contrabandos millonarios, qué será?

El asunto, que ahora se reduce a una simple cacería de la dirigencia chavista, acusada, ¡oh paradoja!, por los llamados sectores radicales de la revolución como los estafadores del sistema cambiario, allana al sector capitalista el camino para su reorganización y mayor fortalecimiento en el país, mediante una modalidad de guerra económica poco convencional incluso en el modelo ingerencista del imperio norteamericano, que es aquella en la que se conspira fomentando una escases inducida de todo tipo de productos y bienes de consumo que, contrario a lo que dicta la ley fundamental del neoliberalismo, la de la oferta y la demanda, y a lo que fue siempre asumido como “inversión a pérdida” por las grandes corporaciones transnacionales para justificar su aporte en el derribamiento de gobiernos hostiles a los intereses de los EEUU, no genera pérdidas sino… ¡mucha ganancia!

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Unas insólitas colas para comprar una franela negra o un inadecuado chaquetón de invierno en medio de estos calorones, disparan las alarmas cuando el mundo entero ve con estupor cómo un país que se dice en crisis atiborra las tiendas Zara, que en Venezuela, como en el resto del mundo, comercializa ropa de segunda y tercera categoría como si fuera de primera. De la noche a la mañana, la gente entra progresivamente en cuenta que no es ésta una crisis de carestía alguna, sino de exceso de consumo, que vacía anaqueles tras anaqueles con un furor de compras compulsivas que desconciertan y transforman el paisaje urbano con los miles de viandantes cargados de paquetes de harina PAN, bultos aparatosos de papel tualé y bolsas repletas de tarros de margarina, como si del Apocalipsis se tratara. Que lo que faltan son dólares. Y que eso también es una crisis.

El periodista Michael Castellanos, en un reportaje sobre las compras nerviosas en Últimas Noticias, dice “Gerentes y supervisores de algunos comercios visitados en un recorrido realizado por el equipo de Últimas Noticias, expresaron que televisores y aires acondicionados se venden en un santiamén. Indicaron que esta conducta de los consumidores ha llevado a que se les agote el inventario rápidamente, a pesar de que reciben mercancía por parte de los proveedores con cierta regularidad (…) El Jefe de Almacén de DAKA, en Boleíta, que prefirió permanecer en el anonimato, dijo que han llegado a recibir mercancía cuatro (4) días a la semana, pero “Todo se vende casi justo cuando llega; por eso los anaqueles están vacíos. Incluso hemos llegado a vender doscientos (200) aires acondicionados en un (1) día” ”. (UN/Economía/ 27/04/2014)

En cuanta tienda se entra a preguntar por lo que sea, el vendedor dirá siempre a más tardar a los dos minutos y medio la misma frase referida a la “situación país”, que es como los opositores denominan en su lenguaje exquisito al escenario catastrófico por el cual ellos están entregando sus vidas en las calles. Bajo ese signo, auténtica contraseña de interconexión solidaria entre el comprador y el tendero, la gente acepta que no hay mercancía y acepta llevar “lo que hay”, al precio que sea porque se dice que mañana va a venir a precio nuevo… ¡si es que viene!

Pero siempre viene. El que le da la gana a la transnacional en cada caso, pero viene. La modalidad del “ciclo de la alternancia” impuesto por las grandes corporaciones que juegan hoy en nuestro país a la desestabilización estimulando el descontento popular hacia el gobierno con la escasez de sus productos, hace que la gente se obstine de ver durante un mes el anaquel de los champús, por ejemplo, casi completamente vacío, en el que solo hay por allá muy al fondo un tipo de champú, digamos el azul, que luego de un mes desaparece y es suplantado por el verde, de la misma marca, y así sucesivamente hasta que todos los tipos de champú de esa marca han desfilado por el mismo rinconcito del anaquel de marras para iniciar de nuevo su perverso ciclo golpista. Cada anaquel es un “centro ideológico” para el opositor de a pie, que espera con ansias el momento de ir al supermercado para instalarse ahí a hablar pestes del gobierno con cuanto prójimo aparezca, a aún cuando su carrito repleto de productos que “NO HAY” revele su estado de disociación psicótica.

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Mientras se transmite la impresión del horrendo desastre en el que nos sumerge la “situación país”, se vende “lo que hay” a todo el mundo y se gana siempre lo mismo. O más, si le añadimos la especulación que nunca es de extrañar en la cultura capitalista.

Igual es con el desodorante, con las hojillas y máquinas de afeitar, lavaplatos, desinfectantes, jabón, detergentes, suavizantes, etc., etc., que para sorpresa de los venezolanos, que en su casi totalidad ni lo imaginan, son siempre productos de una misma gran corporación transnacional, que alega falta de flujo de divisas para explicar y justificar su comportamiento. Jamás explicará, por supuesto, cómo es que para comercializar un solo tipo de champú al mes sí tiene divisas.

Es la providencial posibilidad que se ofrece a corporaciones veteranas en el arte de derrocar gobiernos progresistas a través de la historia, de permitirse promover el descontento y la rabia entre la gente, a la vez de acumular inmensas fortunas vendiendo, en términos proporcionales, lo que ni siquiera en mercados perfectamente desarrollados y estables alcanzarían a vender hoy en medio de la crisis terminal que experimenta el modelo neoliberal capitalista.

No es por falta de dólares que una gigantesca empresa como la Procter & Gamble, probablemente la más poderosa fabricante de productos de consumo masivo en el planeta, va a dejar de vender sus mercancías en el país. Su tradición golpista, junto a muchas otras como ella, de infausta recordación en Latinoamérica por sus muy decisivas acciones contra gobiernos democráticos, como el de Salvador Allende, por ejemplo, les precede.

Solo le falta que el glorioso pueblo chavista les permita repetir aquí su repugnante felonía. Y eso sí que en verdad pareciera ser lo más remoto.

El Pollito Bachaquero

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El ancestral desprecio y subestima hacia el pueblo por parte de los sectores burgueses, ha llevado de derrota en derrota a ese arrogante y elitesco sector pudiente de la sociedad desde que el Comandante Chávez apareció en la escena política a finales del siglo XX con su propuesta de justicia e igualdad social conocida hoy como Socialismo del Siglo XXI, que ha permitido a la inmensa población de excluidos incorporarse no solo a los beneficios que el Estado les asegura a través de infinidad de programas sociales que elevan su calidad de vida, sino a través de la liberación que comprende la elevación de la conciencia de clase y el compromiso con la Patria que este modelo de redención de los pobres les brinda.

La guerra económica desatada desde principios de año por ese sector privado, golpista y profundamente reaccionario, en contra del pueblo venezolano, ha querido basarse en el desprecio a la inteligencia de la gran mayoría de gente humilde del país, a quien le suponen incompetente para saber detectar con claridad y precisión quién es el verdadero responsable de la especulación, el acaparamiento, la escasez de productos y el contrabando de extracción que tanto malestar ha causado en los últimos meses. El pueblo sabe sin ninguna duda que el causante de todos esos males es ese sector privado, usurero, explotador y apátrida, que pretende presentarse ante la opinión pública como víctima de un proceso de distorsión económica del cual es en verdad el único victimario. Y sabe, porque lo ha visto y lo ha constatado en la acción decidida del Gobierno contra los grandes intereses que se mueven detrás de todo ese entramado conspirador, que el Presidente Nicolás Maduro está luchando a brazo partido por evitar que esa burguesía parasitaria reinstale en el país el nefasto modelo neoliberal que tanta hambre y miseria nos dejó en el pasado.

Prueba de esa claridad del venezolano es el siguiente video en el que el humor es el hilo conductor de una contundente y reveladora denuncia contra esos especuladores y acaparadores de los productos de primera necesidad, así como también contra aquella gente de los sectores populares que, en razón del terror que la burguesía inyecta a la sociedad a través de sus medios de comunicación y de sus aliados políticos de la derecha, caen en la trampa del desespero consumista y terminan por hacerle el juego a los ricos en contra de los intereses de clase del propio pueblo, con las compras compulsivas que en definitiva terminan siendo el eslabón que soporta toda esa cadena de distorsión y saqueo económico del gran capital contra el país. El video del grupo zuliano “Madero Show” deja claro que no hay más escasez que la que la propia gente ocasiona con las compras compulsivas que hoy signan el absurdo ritmo del mercado en Venezuela.