Importancia de las diferencias de esta guerra y no solo de sus similitudes con otras

Por: Alberto Aranguibel B.

En el marco de la lucha que nos corresponde librar en este momento para enfrentar la amenaza de una intervención armada contra nuestro país, en la revolución bolivariana apelamos recurrentemente a la búsqueda de similitudes entre lo que nos sucede y lo que les sucedió en el pasado a aquellos países que de alguna manera fueron objeto de la misma agresión salvaje y arbitraria por parte del imperio norteamericano.

Para alertar sobre la falsedad de las razones supuestamente humanitarias que moverían a la gran potencia del norte a predisponer al mundo en contra nuestra, comparamos la argumentación usada por ellos y sus aliados de la Otan en la destrucción de países de África y del Medio Oriente, con los argumentos esgrimidos para armar su escalada contra Venezuela.

Usamos exhaustivamente fotografías y videos demoledores que muestran el horror sembrado en ciudades devastadas con las bombas asesinas de los EEUU, para demostrar la verdad del horror que podría sobrevenirse sobre nuestro territorio si el mundo no detuviera el avance de la agresión en curso, y para evidenciar de manera irrefutable la mentira del supuesto progreso que le asegurarían a los pueblos esas guerras infernales que el afán saqueador y genocida del imperio inventa.

Sin percatarnos de la gravedad de la omisión, dejamos de lado los atributos diferenciadores que signan el carácter indoblegable de nuestro proceso de transformaciones, que hoy va mucho más allá de lo estrictamente social o económico a lo interno del país y que alcanza e impacta la naturaleza misma de la realidad geopolítica del mundo entero sentando precedentes excepcionales de la mayor significación histórica.

La primera gran diferencia que tenemos con todos esos países asaltados por la voracidad imperialista, es sin lugar a dudas la fuerza de la movilización popular que constituye el chavismo. Ningún país asediado o destruido por el ejército norteamericano contó jamás con la excepcional capacidad organizativa de nuestras fuerzas revolucionarias (*). Sus mandatarios (objetivo primordial de cada acción intervencionista) apostaron siempre a su propio liderazgo como arma de primer orden contra la agresión. La falta de sustentabilidad social, el error de no articular la movilización del pueblo en la calle, fue por lo general factor determinante en la derrota.

De ahí el empeño del imperio en tratar de posicionar comunicacionalmente la idea de que la revolución bolivariana es solamente “un tirano encerrado en Miraflores”, que una vez depuesto extinguiría el proceso con su salida.

Pero la revolución es otra cosa. El revés más grande sufrido por un imperio prepotente y arrogante como el norteamericano en su insolente pretensión de dominación, es sin duda alguna la sorprendente capacidad de resistencia del pueblo venezolano frente a la más grande amenaza de la que haya sido objeto. Un fenómeno en verdad “inusual y extraordinario” que seguramente motivó en su momento el infame decreto de Obama contra nuestro país.

La decidida e infatigable activación del equipo de gobierno que ha salido al rescate y preservación de nuestra soberanía cuando los cuerpos mercenarios han desatado su furia contra nosotros, no es tampoco una diferencia menor. En ese esfuerzo, la oportuna coordinación del apoyo y la solidaridad de países aliados ha sido un elemento decisivo.

Así como tampoco ha sido menor la cohesión y la férrea capacidad de respuesta de la Fuerza Armada Bolivariana en defensa de la Patria. Ninguno de esos países asolados por las guerras imperialistas contó con activos de tanta significación como elementos determinantes en la batalla que libraban.

Pero más allá de la capacidad de respuesta en lo estrictamente táctico, está la creación de paradigmas trascendentales que ha venido labrando el gobierno revolucionario a partir de la clara noción del compromiso y la dimensión histórica de la revolución mostrada por el presidente Nicolás Maduro Moros, así como la serie de eventos mundiales diferentes a lo que fue la realidad en el pasado.

El trabajo llevado a cabo por Venezuela en el plano de las relaciones internacionales para contrarrestar la arremetida lanzada por la derecha contra nuestro país en ese ámbito, ha generado una alteración inesperada y sin precedentes en el concierto de las naciones.

Desde la creación de la Organización de las Naciones Unidas, luego de la segunda guerra mundial, no hubo jamás un movimiento de países que se reunieran en colectivo en defensa del multilateralismo, tal como ha surgido hoy al calor de la defensa hecha por Venezuela en ese sentido en el escenario internacional. Fórmulas como el Movimiento de los No Alineados, surgido en 1961, aparecieron, como su nombre lo indica, como expresiones de distanciamiento e independencia de las potencias que se enfrentaban en la llamada guerra fría. Pero, de ninguna manera, esas fórmulas estaban orientadas al rescate y la preservación de los principios esenciales del derecho internacional, tal como lo promueve hoy ese poderoso grupo de naciones por el multilateralismo que impulsa nuestro país. Algo en lo que hay que destacar, por supuesto, el impecable esfuerzo realizado por nuestro Canciller y todo el equipo de la Cancillería venezolana para lograr difundir la demoledora verdad de Venezuela ante el mundo, superando con su impronta y su coraje al más descomunal y poderoso aparato de propaganda de la historia, como lo es la maquinaria comunicacional capitalista rendida al servicio del imperialismo. Jamás pudo país alguno sobreponerse a ese inmenso poder como lo está haciendo hoy Venezuela con su contundente discurso en el plano diplomático.

Otra gran diferencia soslayada que surge a raíz de la nueva realidad geopolítica desatada por las guerras económicas y las pugnas por el liderazgo de las potencias, pero que impacta de manera muy determinante sobre la compleja coyuntura venezolana actual, es el hecho de que esa gran confrontación multilateral encuentra identificados por primera vez en una misma posición contra las pretensiones de dominación planetaria del imperio norteamericano a naciones del mundo, como Rusia, China, India, Irán, Turquía, México y Venezuela, que en el pasado enfrentaron a ese mismo imperio pero de manera individual o aislada del resto de las naciones.

Sumadas las fortalezas económicas y el poderío en recursos energéticos estratégicos de todas ellas, son perfectamente claros los grandes espacios de oportunidad con los que cuenta entonces nuestro país para salir adelante en la batalla que hoy libra.

La ya inocultable (e inevitable) declinación del dólar como divisa referencial para el intercambio comercial internacional, por ejemplo, derivada en buena medida de esa nueva modalidad de alianza entre esas y otras importantes economías del mundo, así como la progresiva pérdida de Estados Unidos en el acceso y control de fuentes seguras de energía, son desventajas que no tuvo en el pasado el imperio cuando asolaba países enteros en el Medio Oriente y que signan y limitan de manera muy particular sus actuales pretensiones contra Venezuela.

Pero la que probablemente sea la más importante diferencia de Venezuela frente a las condiciones que signaron el curso de la guerra en otras latitudes, es Hugo Chávez. Diferencia que transversaliza a casi todas las demás y las convierte en características de inmenso valor en la confrontación planteada.

Chávez alcanzó su dimensión universal, porque supo despojarse de los tradicionales atributos del liderazgo, ancestralmente asociados al mesianismo, para entregárselos y empoderar con ellos al pueblo. Algo que comprendieron con total claridad los hombres y mujeres de bien no solo de Venezuela sino del mundo entero, y que diferencia al chavismo de cualquier otra propuesta social o política de nuestro tiempo, otorgándole un sentido profundamente humanista en todo el planeta al planteamiento del socialismo bolivariano.

Considerando esas diferencias y atributos con objetividad y claridad política, es como debemos hacer las evaluaciones a que haya lugar en el contexto de esta guerra, sin que ello signifique en modo alguno desconocer o menospreciar, por supuesto, las amenazas y asechanzas.

No se trata de incurrir en pueriles e irresponsables fabulaciones orientadas a cantar victoria por adelantado donde no haya aún posibilidad de celebrarla, sino de perfilar con la mayor sensatez y seriedad el rumbo correcto hacia el triunfo definitivo.

No se construye una victoria grandiosa y perdurable con referentes derrotistas que hundan a la gente en el terror y en el miedo. Se construye con la alentadora visión del provechoso porvenir del que son capaces los pueblos que se deciden a ser libres, soberanos e independientes.

Como el glorioso pueblo venezolano.


 

(*) Excluyo intencionalmente a países como Vietnam, Cuba o Nicaragua, porque aún cuando la agresión contra ellos fue igualmente brutal, fueron pueblos que vencieron al imperio. Esta nota habla específicamente de los países del Medio Oriente que se usan siempre en las reflexiones revolucionarias para alertar sobre el horror de la guerra.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel: La agresión de EEUU contra Venezuela es una agresión contra el mundo

Periodistas defensores de CNN; abogados de la sumisión

Por: Alberto Aranguibel B.

En nombre de la libertad, la democracia y la defensa de lo que ellos llaman “el estilo de vida norteamericano”, los Estados Unidos ha perpetrado las peores atrocidades contra los derechos humanos y la soberanía de los pueblos.

En su propio suelo, esa nación ha estado asolada durante siglos por la inclemencia de un brutal racismo, que hoy coloca nada más y nada menos que en la jefatura del Estado a uno de sus más energúmenos y connotados exponentes.

El anticomunismo, una guerra de verdadero terrorismo sicológico ejercida también en nombre de la libertad y los derechos humanos por los sectores dominantes del gran capital norteamericano contra su propia sociedad, no menos salvaje como cultura que el racismo que ahí se practica, es sin lugar a dudas mil veces más abyecto que todo aquello de lo que el propio imperio ha acusado durante décadas a los regímenes fascistas contra los cuales dice luchar.

La demencial carrera de los organismos militares y de seguridad de la que se presenta a si misma como “la nación más amenazada” del mundo, supuestamente para erradicar el terrorismo, lleva a ese país a ejecutar una destrucción sistemática de pueblos y hasta civilizaciones enteras a lo largo del planeta, infinitamente mayor que la muy eventualmente causada por el terrorismo. Ese genocidio institucionalizado hoy por los Estados Unidos en el mundo a través de su brazo legitimador, la OTAN, se libra también en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

La presentación de esa atroz realidad como una serie de acontecimientos naturales inocuos que no entrañan peligro alguno para la sociedad ni violan principios éticos ni legales de ningún tipo, sino que, por el contrario, en la medida en que su tratamiento por parte de las grandes corporaciones de la información como simple mercancía de entretenimiento los convierten en un activo cultural más para el común de la gente, corresponde a estructuras mediáticas perfectamente desarrolladas para servir específicamente a los intereses del gran capital en su afán de asegurar el respaldo de la sociedad a su modelo económico del libre mercado.

Hoy por hoy las guerras y sus causas o justificaciones no son debatidas en los escenarios del intercambio multilateral entre las naciones de acuerdo a sus intereses geoestratégicos o políticos, sino que son presentadas al mundo por esas corporaciones mediáticas como productos pre digeridos según el criterio de esos consorcios que al espectador solo le es permitido percibirlos como simples hechos consumados.

Lo que se debate en el mundo actual en los escenarios de la multilateralidad diplomática de las naciones, es entonces lo que resulte como necesidad de cada país a partir de su posición en el contexto noticioso mundial. La noticia que tenga mayor impacto en la sociedad será siempre la determinante o desencadenante de los nuevos acontecimientos. De ahí la importancia de primer orden que adquiere el medio de comunicación en el entramado de las superestructuras de la dominación. Utilizar el hecho noticioso para convertirlo en instrumento discursivo que sirva a esos intereses corporativos, es la tarea más urgente e impostergable para la hegemonía dominante hoy en el mundo.

Ese producto es lo que se conoce hoy en día como “información”; hechos procesados desde la óptica del poder del gran capital tras el medio de comunicación por el inmenso plantel de periodistas y comunicadores de las más diversas especialidades y categorías informativas, que sirven a su empleador como auténticos soldados de un gran ejército de asalto para tratar de imponer el neoliberalismo en el mundo.

Quienes emprenden hoy sus airadas protestas contra la disposición cautelar del Estado venezolano de suspender las transmisiones de la cadena de noticias norteamericana CNN en Español en Venezuela, en virtud de su ataque sistemático a la democracia de nuestro país, al derecho de nuestro pueblo a la paz y a la tranquilidad, a la soberanía nacional y a la legitimidad del gobierno bolivariano, lo hacen argumentando la defensa de la libertad de expresión y en apoyo al derecho de información que supuestamente se le estaría violando a la ciudadanía con la medida, usurpando una vez más los derechos de la sociedad en busca del aprovechamiento de los mismos en beneficio de los dueños de esas grandes corporaciones mediáticas y del sistema capitalista imperante.

En particular, llama poderosamente la atención que gremios de profesionales del periodismo como el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), sean los primeros en denunciar la medida, cuando se supone que su razón de ser debiera estar orientada precisamente a velar por los intereses de sus agremiados frente a los atropellos del patrono, erigido cada vez más en una poderosa estructura de poder pretendidamente universal y omnímodo cuya voracidad le ha convertido en la más infernal maquinaria de acumulación de riqueza que haya conocido la humanidad, al reducir el control de las casi tres cuartas partes (3/4) de la riqueza mundial a manos de un escaso uno por ciento (1%) de la población. Una apropiación de la riqueza que surge fundamentalmente del control de los medios y de su poder de manipulación de la realidad.

Poder que se demuestra precisamente en la condición rastrera de quienes abogan por el opresor siendo apenas asalariados suyos, al servicio de un interés que jamás podrá ser el de la sociedad porque no emana de ella bajo ninguna forma de expresión soberana del pueblo, sino que deriva del poder del dinero y de su naturaleza perversa y depredadora.

Con su ardorosa defensa de los “derechos” de una corporación mediática cualquiera que esté al servicio del gran capital, los periodistas de esos gremios dejan claro ante el mundo que en su ejercicio regular como trabajadores de la información no son profesionales de la verdad (como algunos llegan temerariamente a sostener) atenidos a principio ético alguno, sino que, tal como lo sostenemos desde la Revolución Bolivariana, son más bien indignos abogados de facto y a la vez artesanos de la urdimbre de la mentira en la que se sustentan hoy esos medios y en definitiva el capitalismo mismo en el mundo.

Más aún si esas corporaciones, como es el caso de CNN en Español, fomentan de manera recurrente la desestabilización, la ingobernabilidad y el estallido social, con el único objetivo de provocar el derrocamiento de un gobierno legítimamente electo, tal como ha sido su práctica sostenida contra Venezuela. Es colocarse abiertamente en contra del débil, del desposeído, del que sin tener acceso a medio de comunicación alguno es víctima insalvable de la manipulación y la tergiversación que desde el medio emana. Es decir, es colocarse en contra de las grandes mayorías de la sociedad.

Surge así de nuevo la impostergable necesidad y el sentido clamor de los pueblos por la democratización del medio de comunicación, a través de un proceso profundamente revolucionario que trascienda los linderos culturales de esa misma pléyade de comunicadores formados bajo la lógica burguesa de la comunicación, y que dé paso definitivo a nuevas formas, nuevos códigos, nueva narrativa, bajo una nueva y más humana concepción del universo.

El filósofo Fernando Buen Abad nos alerta y nos orienta en esa dirección.

 “La Revolución de la Comunicación –dice Buen Abad- debe radiografiar los huesos mismos de toda estructura de comunicación, explorarlos críticamente, desde sus entrañas. Ya la anunció Nicolás Maduro y es indispensable que empujemos entre todos, que hagamos nuestra tal batalla, que ayudemos y nos ayudemos a aprender. Inventar o errar al lado de todos los pueblos. Levantemos continentalmente la bandera de la Revolución de la Comunicación que tiene un futuro magnífico, nadie puede hacerse sordo, todos estamos obligados a levantar la voz.

¿De qué manera hay que explicar lo importante que es la convocatoria de Nicolás Maduro a una Revolución de la Comunicación armada con cuantos medios sea necesario para liberar a la humanidad de todo aquello que la hace prisionera en los límites de sus más elementales necesidades? Habrá que disponer de los mejores logros tecnológicos y las mejores experiencias sociales para convertirnos en militantes de la verdad, transformadores revolucionarios de la conciencia para la creación de una sociedad sin clases, sin propiedad privada. Revolucionarios de la Comunicación militantes en la ciencia, la educación, la tecnología… la poesía, para activar todas las fuerzas sociales en la resolución de los problemas de la vida práctica.”

Esa revolución empieza por ejercer la plena soberanía sobre nuestro espectro radioeléctrico. Tal como lo hace hoy el Gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro en nombre de nuestro pueblo.

@SoyAranguibel

EE.UU.: La emboscada contra Venezuela

Por: Eva Golinger / ActualidadRT.com

Operaciones clandestinas, investigaciones secretas, acusaciones criminales, financiamiento multimillonario, guerra psicológica y provocaciones militares. Es la emboscada desde Estados Unidos contra Venezuela.

Durante el último año, el Gobierno de Estados Unidos ha gastado más de 18 millones de dólares en financiamiento público para grupos antigubernamentales en Venezuela, alimentando el conflicto en el país suramericano y manteniendo viva una oposición sin unidad ni apoyo significativo. Solo desde la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) durante el año 2014-2105, casi 3 millones de dólares fueron entregados a organizaciones opositoras en Venezuela, enfocadas en la campaña para las elecciones parlamentarias previstas para el próximo 6 de diciembre. Por ejemplo, 125.000 dólares fueron entregados al grupo opositor Súmate, creado por la NED en Venezuela en 2003 para liderar un referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez. Ahora esos 125.000 dólares están financiando la iniciativa de Súmate de influir sobre los miembros de centros electorales a nivel nacional durante las próximas elecciones en diciembre, una injerencia flagrante. Otros 400.000 dólares han sido entregados a un programa para “apoyar miembros de la Asamblea Nacional y el desarrollo de políticas”. Y hay más de 40.000 dólares dedicados a “monitorear la Asamblea Nacional de Venezuela”. ¿Qué derecho tiene un organismo extranjero de ‘monitorear’ el cuerpo legislativo de otro país? Peor aún es cuando grupos internos reciben el dinero de un Gobierno extranjero para espiar en contra de su propio Gobierno.

Los aportes de la NED para alimentar el conflicto en Venezuela también incluyen casi medio millón de dólares (410.155 dólares) para “mejorar las capacidades estratégicas comunicacionales de organizaciones políticas a través de medios alternativos”. En particular, esta enorme cantidad de dinero está financiando el uso de redes sociales para proyectar la visión antigubernamental en espacios que influyen a nivel internacional. Otros 73.654 dólares de la NED han sido utilizados para “fortalecer la capacidad técnica y promover la libertad de expresión y derechos humanos a través de Twitter”. Y 63.421 dólares para “entrenar sobre el uso efectivo de redes sociales y medios alternativos”. Las redes sociales se han convertido en un campo de batalla en Venezuela, donde tanto el Estado como la oposición las utilizan para promover sus agendas. No obstante, el dinero de la NED revela que detrás de la supuesta oposición “independiente” en Venezuela, está el Gobierno de Estados Unidos.

No es coincidencia que durante el último año, Estados Unidos y sus aliados han criticado fuertemente al Gobierno del presidente Nicolás Maduro por presuntas violaciones de derechos humanos. Pues hay más de 474.000 dólares de la NED dedicados a financiar grupos opositores en Venezuela que “documentan y diseminan” información sobre la “situación de derechos humanos”, incluyendo la preparación de denuncias contra el Gobierno venezolano en instancias internacionales, entre otras tareas. Cuando un Gobierno extranjero financia a supuestas ONG para montar informes contra su propio Gobierno con la intención de desacreditarlo a nivel internacional, no es objetivo ni confiable.

Además de los millones de dólares entregados de la NED, una fundación creada por el Congreso de Estados Unidos en 1983 para “hacer el trabajo que la CIA ya no podía hacer públicamente”, el Departamento de Estado y su Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID), ha dedicado más de 15 millones de dólares a la oposición en Venezuela durante el periodo 2014-2015. En el presupuesto de Operaciones Exteriores del Departamento de Estado para el año fiscal 2016, que comenzó en octubre 2015, están apartados 5,5 millones de dólares para “defender y fortalecer prácticas democráticas, instituciones y valores que apoyan los derechos humanos en Venezuela”. Según el presupuesto ya aprobado por el Congreso, gran parte de esos 5,5 millones de dólares serán utilizados para “ayudar a la sociedad civil promover la transparencia institucional, el proceso democrático y la defensa de los derechos humanos”.

El uso del término ‘sociedad civil’ por parte del Gobierno de Estados Unidos en referencia a Venezuela significa ‘la oposición’. Estas mismas agencias estadounidenses también financiaron y apoyaron a la llamada ‘sociedad civil’ en Venezuela durante el golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez en abril 2002, una ‘sociedad civil’ que utilizó francotiradores para matar a personas inocentes para derrocar a un presidente democráticamente electo y luego imponer una dictadura. Gracias a la verdadera ‘sociedad civil’ en Venezuela, mejor conocida como el pueblo, esa oposición antidemocrática no logró su objetivo.

MISIÓN ESPECIAL DE INTELIGENCIA

Muchas de las actividades del Gobierno de Estados Unidos orientadas hacia Venezuela han originado en una oficina clandestina, creada en el 2005 bajo la reestructuración de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. En esa transformación de la estructura de inteligencia, fue también creada la Dirección Nacional de Inteligencia, encargada de coordinar las 16 agencias de inteligencia del Gobierno estadounidense. El primer director nacional de Inteligencia, nombrado por el entonces presidente George W. Bush, fue John Negroponte, un nombre bastante conocido en América Latina por su papel en las guerras sucias en Centroamérica en los 80, y su rol principal en el escándalo Irán-Contra.

En respuesta a las recomendaciones de la Comisión de Armas de Destrucción Masiva y la Ley de Reforma de Inteligencia y Prevención del Terrorismo del 2004, Negroponte estableció la figura de “misiones gerenciales” para temas de alta prioridad estratégica y desafíos de inteligencia para Estados Unidos. La Misión Gerencial para Cuba-Venezuela fue una de solo tres misiones dedicadas a países. Las otras dos eran las misiones para Irán y Corea del Norte, enemigos declarados de Estados Unidos. El hecho de incluir a Venezuela en una misión orientada a la lucha contra las armas de destrucción masiva y el terrorismo evidencia que es una alta prioridad de seguridad y defensa para Washington, aunque fundamentado en conceptos absurdos y erróneos.

El primer encargado de esa misión gerencial para Cuba-Venezuela fue el veterano de la CIA Norman A. Bailey, un experto en las tácticas y estrategias de inteligencia durante la Guerra Fría. Pero Bailey solo duró un año, y a su salida confesó que la oficina estaba casi abandonada, sin recursos ni personal. No obstante, entró un nuevo encargado, Timothy Langford, con su carrera de más de 25 años en los servicios clandestinos de la CIA, para renovar la Misión Gerencial Cuba-Venezuela y activarla de nuevo.

Documentos secretos parcialmente desclasificados revelan la importancia dada a la Misión Gerencial para Cuba-Venezuela desde la Dirección Nacional de Inteligencia de Estados Unidos. En un documento clasificado como “Ultrasecreto” (Top Secret) del 2008, el director de Inteligencia destacaba como una meta clave, la “identificación y manejo de ‘centros de excelencia’ para suministrar inteligencia relevante, oportuna y auténtica sobre Irán, Corea del Norte y Cuba-Venezuela”. Otro objetivo era “crear una estrategia de inversión para Irán, Corea del Norte y Cuba-Venezuela orientada a fortalecer análisis, colección y explotación”. Y también se apuntaba al comienzo de “una campaña de planes contra programas y redes específicos en Irán, Corea del Norte y Cuba-Venezuela”. En el mismo documento secreto, que es una justificación de presupuesto del 2008, se hace referencia a la creación de un “Fondo de Iniciativas Cuba-Venezuela” para fomentar nuevas capacidades en la comunidad de inteligencia estadounidense para analizar, recolectar y explotar información relevante sobre ambos países.

Otro documento ultrasecreto, parcialmente desclasificado del año 2009, revela una estrategia de la Misión Gerencial Cuba-Venezuela de “desarrollar análisis sobre transiciones de liderazgo”, haciendo referencia específica al Plan de Transición a la Democracia para Cuba, y las iniciativas para derrocar al Gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. En un testimonio ante el Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos en 2009, Timothy Langford hizo referencia a las operaciones que estaban realizando desde su oficina a través del “Centro de Fusión de Inteligencia” en Colombia, un núcleo de espionaje que fusiona las capacidades de la NSA, CIA, DEA e inteligencia militar (DIA). Fue desde ese centro que fuerzas estadounidenses comandaron el ataque contra el líder de las FARC, Raúl Reyes, violando territorio ecuatoriano el 1 marzo 2008.

Para el año 2011, la Misión Especial para Cuba-Venezuela aún existía, aunque la información sobre sus operaciones y actividades ha sido, desde entonces hasta hoy, totalmente secreta. Y aunque su presupuesto no ha sido desclasificado en detalle, en 2015 la Dirección Nacional de Inteligencia tuvo un presupuesto por encima de 53.000 millones de dólares. Como la misión especial dedicada a Venezuela ha sido una de las prioridades de esa Dirección, sin duda han invertido miles de millones de dólares a sus operaciones.

A lo largo de estos años, hubo múltiples denuncias sobre atentados contra el Gobierno venezolano, contra el presidente Hugo Chávez y más recientemente, contra el presidente Nicolás Maduro. También hubo decenas de incursiones no autorizadas de aviones de espionaje de Estados Unidos, provocaciones que han incrementado las tensiones entre ambos países. Para algunos analistas, el fallecimiento del presidente Chávez a causa de una enfermedad tan agresiva y abrupta es causa de sospecha, aunque hasta la fecha no ha salido evidencia para comprobar alguna teoría de asesinato.

ALERTA

Durante las últimas semanas, en la víspera de las elecciones parlamentarias el próximo 6 de diciembre, se ha intensificado los ataques contra Venezuela en la gran prensa mundial. Reportajes sin fundamento ni evidencia siguen saliendo en medios como ‘The New York Times’, ‘The Washington Post’, ‘The Wall Street Journal’ y otros, acusando a figuras e instituciones claves del Gobierno venezolano de corrupción, actividades ilícitas, lavado de dinero, mal manejo de fondos, narcotráfico y violaciones de derechos humanos. En la mayoría de los casos, no hay ninguna prueba presentada para evidenciar esas graves acusaciones, pero el impacto mediático resulta ser muy efectivo.

Todos estos millones de dólares invertidos en el fomento de un conflicto interno en Venezuela y en operaciones clandestinas de los servicios de inteligencia de Washington que están dedicadas a desestabilizar al país indican algo fundamental: hay que estar alerta. Hay investigaciones en marcha y montajes preparados que están ya esperando al próximo que caiga en la trampa. Cualquier espacio cedido será tomado. Cualquiera que se equivoque o abuse de su poder sin rectificar pone en riesgo la continuidad y credibilidad de la Venezuela soberana e independiente. El juego es en serio.

No hay que olvidar nunca que Venezuela tiene las más grandes reservas del petróleo en el planeta y siempre será blanco de los más poderosos intereses de nuestro mundo. Es hora de cerrar filas, de no dejarse distraer por intrigas, egoísmos, avaricias y trampas. El objetivo detrás de esas emboscadas no es la persona que caiga, el objetivo final es Venezuela.

 

FuenteActualidadRT.com