¿Insensatez premeditada?

Por: Alberto Aranguibel B.

En su precaria capacidad para razonar con un mínimo de sensatez y buen sentido, la oposición venezolana estructura como discurso político ideas tan rocambolescas que avergüenzan y a veces, por lo desquiciadas, hasta mueven a compasión.

Como se ha demostrado hasta la saciedad desde el punto de vista clínico, “escualidismo” más allá de la connotación política que se le ha dado en virtud de su muy escasa capacidad de convocatoria, se refiere a la depauperación mental de aquel individuo que entiende la naturaleza del universo y la vida misma desde una lógica retardataria, contradictoria e incoherente. Así es la forma de pensar del opositor promedio en Venezuela.

Como esa forma de pensar no surge de las ideas sino del odio a Chávez y a todo lo que con él tenga que ver, no es posible encontrar racionalidad alguna en los planteamientos que formulan en su confrontación contrarevolucionaria.

El más descabellado de esos planteamientos en los últimos años es, sin lugar a dudas, el de acusar a Rusia de injerencista por la visita que hiciera recientemente al país una representación de su fuerza armada, invitada por el gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en el marco de las relaciones de cooperación entre ambas naciones. Relaciones que datan de más de quince años de esfuerzos conjuntos entre ambas naciones para consolidar un intercambio fructífero, basado en la solidaridad y el respeto mutuos a la soberanía de cada país.

Un connotado dirigente adeco se mostraba entonces alarmado, como si esa modesta comitiva de apenas unos cien efectivos (no olvidemos que Rusia posee uno de los más numerosos y mejor armados ejércitos del planeta) se tratase de una amenaza a la paz continental y hasta del mundo.

“Provocación innecesaria” dijo que era. Y se preguntaba en tono de perfecto talante pitiyanqui: “¿De quién y ante quién se va a “defender a Venezuela”?”, refiriéndose socarronamente a las palabras del Ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, que agradecían la cordial visita de la misión.

Nunca antes, desde que somos República, el país había sido tan gravemente amenazado como lo hace hoy Estados Unidos. Pero el viejo dirigente, zamarro y astuto como es, pretende no percatarse de ello. Que no ve las insolencias y amenazas que a diario profiere el imperio contra nuestro país ni el daño que le causan sus ilegales y genocidas sanciones a nuestro pueblo.

Por eso esta vez no parece ser solo una irracionalidad sino un discurso caza bobos.

@SoyAranguibel

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La neurosis como doctrina funesta que conduce al infierno

Por: Alberto Aranguibel B.

En la esquina de la calle Campo Alegre cruce con la avenida principal de La Trinidad, existe una suerte de “muro de los lamentos antichavistas”, donde el talante guarimbero de los vecinos de esa cuadra se expresa con toda la furia de lo que pudiera llamarse ya una auténtica “ideología de la arrechera”.

En sus apocalípticas pancartas, exponen el pensamiento de un sector formado no bajo los dogmas de las doctrinas o las teorías políticas, sino bajo la lógica de una derecha sin discurso alguno que solo puede existir mediante la iracundia y el odio que pueda despertar en la gente.

ro de BerlínQuizás el bueno de Francis Fukuyama (El fin de la historia y el último hombre, 1992) no se refirió nunca a la hegemonía del neoliberalismo cuando proclamaba su inefable sentencia sobre la extinción de las ideologías a partir de la caída del bloque soviético y el derribamiento del Muro de Berlín a finales del siglo XX, sino a la incapacidad de la derecha para asumir el compromiso de enfrentarse a la humanidad con un respaldo doctrinario eficiente que se correspondiera con la lógica del pensamiento progresista que el neoliberalismo proclama pero que jamás practica.

Erigido a sí mismo en bastión del pensamiento más ultraderechista del último medio siglo, Fukuyama no descansa desde hace décadas en la búsqueda de una fórmula ideológica que le permita convertir al neoliberalismo en una verdadera teoría política, para que deje de ser la simple síntesis de postulados pro-capitalistas que los sectores hegemónicos usan para justificar su depravación explotadora y usurera en función del dinero y hacerla avanzar hacia un nivel más digno como doctrina.

La doctrina de la libre empresa no es sino la institucionalización de la antipolítica, porque el neoliberalismo carece de fundamentación teórica que le permita a la derecha explicarle a la sociedad su verdadera intencionalidad depredadora y convencerla de la sumisión a la que ella (la sociedad) debe someterse para permitir el más expedito y cómodo desempeño del modelo de acumulación de la riqueza en manos de los ricos y no de la gente.

La peor calamidad para el neoliberalismo a través de la historia ha sido siempre la perturbación de ese orden tan perfecto que solo las ideas de justicia y de igualdad social que encarnan las revoluciones tienden a descomponer. De ahí su repudio a las ideologías y a todo cuanto con ellas tenga que ver.

En Venezuela, Bolívar representa el poder de esas ideas redentoras que inspiraron a la humanidad y que la lucha independentista instauró en Latinoamérica como sustrato cultural de nuestros pueblos. Ese mismo Bolívar que empuñó la espada para acabar con las ideas de esclavitud y dominación de los ricos sobre los pobres no se basó primordialmente en las cualidades combativas de sus ejércitos sino en la necesidad impostergable de la moral y de las luces como herramientas de liberación.

Por eso la derecha venezolana sufre como una asfixiante penitencia del alma el tormento existencial entre el amor a Venezuela pero no a la Patria; entre la bandera de siete estrellas de la 4ta República y la bolivariana de ocho; entre el Bolívar “clásico” de las estatuas inánimes y desideologizadas y el Bolívar revolucionario y filósofo del Monte Sacro que inspira hoy a los revolucionarios venezolanos y del mundo.

Ese terreno baldío de la ambigüedad ideológica es el árido espacio en el que solo germinan el odio, la intolerancia y la irracionalidad como soportes del insulso discurso opositor.

En nombre de los inexpugnables intereses del gran capital y de las transnacionales norteamericanas que acechan las riquezas nacionales, el presidente de la Asamblea Nacional grita a los cuatro vientos en su discurso de salutación en el acto de entrega de Memoria y Cuenta del ciudadano Presidente de la República ante el parlamento, que él es un hombre de pensamiento revolucionario y que tiene “obra escrita” para demostrarlo.

Y en nombre del pueblo, un diputado igualmente opositor, Leomagno Flores, argumentaba furioso en la anterior Asamblea Nacional en contra de la Ley del Trabajo, sosteniendo que “los responsables de la crisis mundial del capitalismo son los sindicatos y partidos de izquierda que exigen aumentos salariales para los trabajadores”.

María Machado, la exdiputada de Panamá, erige hoy su liderazgo de motoneta y chicharrón sobre la férrea defensa de una Constitución contra la cual ella misma ha luchado por todos los medios durante casi un cuarto de siglo, incluida la brutal arremetida golpista que ella convalidó contra esa misma Constitución en 2002 y la masacre de venezolanos desatada por su inconstitucional llamado a La Salida en 2014.

Por donde se le mire, al derecho o al revés, el desparpajo y la desvergüenza en el discurso opositor es un dechado de irresponsabilidad ideológica, que de puro persistente termina por convertirse en toda una doctrina de la insustancialidad y la ignorancia.

Henrique Capriles es probablemente el más perfecto ejemplo de esa insustancialidad elevada por la derecha venezolana al rango de ideología.

Después de más de una década y media instigando la ingobernabilidad y el estallido social mediante llamados a desconocer la legitimidad democrática de los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, promoviendo la intolerancia y la desobediencia civil contra los poderes del Estado y haciendo llamados a descargar arrecheras que causaron la muerte de venezolanos, Capriles llegó a comprometerse en campaña electoral a continuar la obra prodigiosa de la revolución que encarnan las Misiones socialistas.

La asquerosa inmoralidad de esa promesa en boca de un conspicuo y contumaz conspirador como Capriles, es ciertamente vomitiva. Pero su carácter acomodaticio y oportunista trasciende los linderos del crimen contra la inteligencia humana.

Esta semana, en conversación con el alcalde Gerardo Blyde en Unión Radio, afirma con pasmosa serenidad que “la oposición no fue mayoría por muchos años…”

“Bueno –dice impúdico- la política es así; un día usted es oposición otro día es gobierno. Efectivamente, el gobierno, el PSUV, tuvo la mayoría. Ahora no la tiene, la política es así.”

Sin explicar de dónde saca él esa absurda y arbitraria cuantificación, ni por qué mandó entonces, bajo engaño, a sus seguidores a que incendiaran el país porque supuestamente ellos eran mayoría cuando en realidad no lo eran, hace una declaración todavía mucho más inquietante, en la que sostiene que “el poder es un préstamo que nos hace el pueblo”.

Asumir el objeto y la razón del poder como un “préstamo” y no como un servicio a la sociedad, es la revelación cruda y sin ambages de las intenciones saqueadoras de quienes ven el ejercicio de gobierno como un botín de guerra y la política como un negocio lucrativo para acceder a él. Lograrlo requiere solamente de la condición irracional de una sociedad despolitizada, neurotizada y violenta, que no perciba tales inconsistencias sino que las celebre y las aplauda.

Y es eso lo que dice el escueto discurso de las pancartas de La Trinidad; que la sociedad pacífica, que no monta en cólera, que no rabia, que no se arrecha como le dicen sus líderes, no es la sociedad a la que ellos aspiran.

Dice, más allá de la escritura, que la falta de una ideología propia que oriente su visión de país puede llegar a ser un flagelo mucho peor que los holocaustos que acabaron con las libertades, el derecho a la paz y a la vida misma que los pueblos reclamaron a través de la historia. Una carencia que tiene a nuestro país en vilo por el empeño de un pequeño grupo de oligarcas intoxicados por la sed de un poder que asumen como trofeo de su exclusiva propiedad, fomentando para alcanzarlo la desunión, la guerra y el antipatriotismo entre los venezolanos.

La paz es la propuesta de la Revolución Bolivariana para enfrentar esa irracionalidad y ese despropósito entreguista del neoliberalismo. Venezuela no será la Colombia sedienta de guerra que acaba de expresarse la semana pasada en el plebiscito que realizara el gobierno del presidente Santos para refrendar la paz y en el cual fue derrotado por los mismos promotores del odio que en nuestro suelo quieren controlar los destinos de la Patria.

Venezuela no se sumirá en la guerra para satisfacer las antojadizas ansias de un sector indolente con el pueblo. Nuestro país tiene en el presidente Nicolás Maduro la fuerza del alma chavista que nos conducirá a la sociedad de bienestar y progreso por la que los venezolanos hemos luchado desde hace siglos y que solo el socialismo bolivariano puede asegurar.

@SoyAranguibel

Enajenados

– Publicado en Últimas Noticias el miércoles 24 de febrero de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde hace ya varios años no encuentro un texto de ningún opositor en las redes sociales que no se refiera a los chavistas calificándoles con denuestos e improperios de toda clase, rematados siempre con la amenaza del sombrío futuro carcelario que le auguran con grosera fruición y hasta con nerviosa lascivia.

Para el opositor común, la cárcel es el destino necesario e ineludible para todo aquel que simplemente difiera de su apátrida, neoliberal y pitiyanqui punto de vista sobre lo que debe ser el país.

Una cultura de auténtica persecución ideológica sembrada en la mente de ese sector desde la instauración de la doctrina betancuriana del “disparen primero y averigüen después” que tanta sangre hizo correr en Venezuela y que tanto dolor dejó sembrado en el alma de los venezolanos.

Desconcertante amenaza la de la cárcel que le deparan al chavismo, cuando se lee con detenimiento la exposición de motivos del esperpento de ley de amnistía que hoy esa misma derecha persecutora propone en la Asamblea Nacional.

En su discurso contra la argumentación de los diputados revolucionarios que denuncian la aberración del proyecto, el presidente de ese cuerpo legislativo amenaza con prisión inexorable nada más y nada menos que a todos y cada uno de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, como en una suerte de remate glorioso a lo que los integrantes de su propia bancada le ofrecían en sus intervenciones a los parlamentarios de la revolución. Todos, sin excepción, prometieron a diestra y siniestra la cárcel como destino único y final a quienes refutaban en sus desgañitadas intervenciones.

Pedir la liberación de hipotéticos presos políticos amenazando con cárcel a quienes abogan por la justicia, es una barbaridad que pone en evidencia la inmoralidad de la propuesta. De ninguna manera se trata de una búsqueda de la reconciliación (que ellos mismos han destruido a punta de golpe de Estado, guarimbas y guerra económica), sino de la auténtica doctrina de la impunidad que les es tan propia.

Una bancada que ha impuesto el uso de la inmunidad parlamentaria como visa para la excarcelación de criminales ataviados de políticos, no tiene la más mínima catadura moral para hablarle de reconciliación al país.

Su sed de poder a como dé lugar, les lleva a la más brutal enajenación.

@SoyAranguibel

Predicciones del año pasado

– Publicado en Últimas Noticias el 03 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

No se deja de ser millonario quien no compra la lotería. Lo que deja es de creer que va a ser millonario. La única certeza del juego de azar no es otra que la ansiedad auto inducida a la que se somete en un momento determinado la gente que, ante su propia incompetencia para resolver sus problemas, decide entregar al destino la carga de esa responsabilidad. Un simple proceso de evasión, sujeto siempre al imprevisible capricho del destino.

Los charlatanes, como se les conoció a toda clase de timadores, vendedores de elixires, prestidigitadores y videntes de plazoletas, fundaron su arte milenario precisamente en esa propensión del ser humano a buscar en las profecías y en las anunciaciones, que igual desde siempre ofrecieron las religiones y las sectas de todo tipo como sanación de todos los males, el remedio a su desesperanza.

La mayor ansiedad desatada masivamente en una sociedad fue la que se produjo entre la oposición a la hora del fallecimiento del Comandante Chávez, cuando sus líderes, sus medios y sus astrólogos les dijeron que había llegado la hora del triunfo tan largamente anhelado por ellos. Les aseguraron a diestra y siniestra la llegada de una nueva vida como si de la salvación eterna se tratara y les llenaron el alma con la ilusión de quien cuenta pollos antes de que nazcan los huevos.

Desde sus distintos frentes de batalla para crear esa narcotizante fascinación, les hicieron todo tipo de predicciones triunfalistas en las que anunciaban justicias divinas, nuevos amaneceres, llegadas de gladiadores portentosos que renacerían la vida. Pero no les advirtieron jamás acerca de las muertes que esos guerreros ocasionarían, ni de la justicia verdadera, ni la cárcel que por su criminalidad les tocaría.

Por eso el llamado a la violencia desatada el 2014 con frialdad y crueldad nunca vistas pudo tener un hálito de credibilidad entre los incautos que, embaucados una vez más por sus charlatanes de siempre, vieron cumplirse ahí la profecía del “Chávez vete ya” por el que tanto han padecido y por el que tanto han fracasado. Una “salida” tan segura como la del que juega lotería.

Ahora les dicen que el 2015 será el año de la derrota del chavismo. Que ahora sí cae Maduro. La misma predicción del año pasado. Y los muy ingenuos vuelven a creérsela.

@SoyAranguibel

La campaña del terror

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Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com 27 de agosto de 2014

Uno de los rasgos que mejor define al liderazgo opositor (o a lo que pueda quedar de él por ahí), es sin lugar a dudas la desvergüenza con la que asumen su papel en el debate político venezolano, bajo la inmoral premisa de tirar la piedra y esconder la mano.

El yo-no-fui-ismo, común a la cúpula antichavista como norma recurrente de conducta, es ya proverbial en un sector habituado a la condescendencia revolucionaria a la que obligan la naturaleza tolerante del proyecto bolivariano y el carácter humanista del modelo de igualdad y justicia social que el Comandante Chávez promovió en el país desde el primer momento de su aparición en la escena política venezolana a finales del siglo XX.

Un aspecto diferenciador como pocos entre la infinidad de rasgos que distancian de manera diametralmente opuesta al liderazgo opositor con la forma en que se asume la conducción política en las filas revolucionarias es sin lugar a dudas el sentido de la responsabilidad. Ese mismo sentido que determinó desde un primer momento el inusual e indetenible crecimiento del liderazgo político del Comandante y que lo convirtió no solo en Venezuela sino en el mundo entero en una referencia de rectitud y lealtad a los principios que le inspiraron y que perfiló en todo momento su actuación como luchador consecuente con su palabra y con su comportamiento público.

Algo verdaderamente difícil de encontrar en el liderazgo opositor, que pareciera jactarse de su conducta evasiva y contradictoria sobre los asuntos por los cuales le corresponde responderle a ese sector de la sociedad que, en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, decide no militar en la causa revolucionaria y prefiere intentar abrirle cause a su visión del país desde una posición neoliberal o de derecha. Llega a ser tan persistente la conducta ambigua y evasiva del liderazgo opositor frente a los temas de interés nacional, que queda perfectamente claro que, más que deficiencia o muestra de mediocridad en la capacidad política de la MUD, de lo que se trata en el fondo es de una expresión de perversa maquinación para utilizar al pueblo de la manera más inmisericorde, usando siempre la necesidad, el hambre y el dolor de la gente para alcanzar el poder y colocarlo de nuevo al servicio precisamente de los intereses de quienes generaron en el pasado esa miseria, esa hambre y ese dolor que hoy con tanto esfuerzo supera el país gracias a la revolución.

De ahí la inmoralidad de ese siniestro personaje en que se ha convertido el dirigente de Primero Justicia, Henrique Capriles, derrotado como candidato y como jefe de campaña de toda la oposición en los cuatro procesos electorales más importantes de nuestra historia reciente, en los que en apenas un año y medio fue derrotado en dos procesos electorales para elegir Presidente de la República, uno para elegir Gobernadores y otro para escoger Alcaldes y Concejales, quien se ha dedicado ahora a recorrer de manera extemporánea el país en una absurda campaña electoral para tratar de sumar adeptos a una causa que no pareciera ser ninguna otra que la del terrorismo guarimbero.

No hay en este momento declarado periodo alguno de campaña, simplemente porque las elecciones que manda nuestra Constitución ya se realizaron (muy a pesar de quienes desde las filas opositoras coquetean con el golpismo) y porque la gente quiere que así como se respetan en el mundo entero los periodos electorales, también deben respetarse los no electorales para que el país pueda seguir su curso normal de trabajo en la construcción de su porvenir. Como en toda democracia avanzada en el mundo, Venezuela tiene derecho a disfrutar en paz de sus periodos no electorales; no todo es campaña electoral y elecciones, como quiere hacernos creer esa obtusa e inepta dirigencia opositora.

Por eso, la única explicación de la campaña de Capriles por el país, justamente en momentos en que el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está enfrentando con tenacidad, coraje y mucha eficiencia, la crisis y las expresiones de terrorismo a los que nos ha querido llevar esa misma derecha irresponsable que el fracasado dirigente opositor representa, es que su propósito es el de alentar la conspiración fascista que se esconde tras la fachada de la supuesta lucha social que esos sectores dicen encarnar.

Obviamente para esa tozuda oposición la desestabilización es una oportunidad sin importarle para nada el padecimiento y el dolor por las muertes que por lo general sus acciones terroristas generan, ni mucho menos el daño en términos de pérdidas cuantiosas de recursos que le ocasionan al país con su terco empeño en torcer antojadizamente la voluntad popular.

Que quede claro; si Capriles, en vez de atender sus obligaciones como Gobernador, está recorriendo el país fuera de periodo alguno de campaña, proclamando al mundo su infamante y provocador discurso incendiario contra el Gobierno legítimamente electo, además de darle argumentos alentadores al terrorismo para reincidir en la violencia, está incurriendo inequívocamente en instigación al delito y a la rebelión. Delitos ambos contemplados en la Constitución, de los cuales seguramente dirá luego, como siempre, “yo-no-fui”.

 

@SoyAranguibel

Cambio de cuentas

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por: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticas 16 de agosto de 2014

El descalabro de la MUD no es un asunto que pueda ser resuelto de la noche a la mañana por mucho que sus dolientes decidan proponérselo. Los aspectos que deben sopesarse cuidadosamente en su necesaria revisión para evitar nuevos tropiezos y fracasos, antes que superar los ya acumulados pudieran incrementarse hasta trascender el ámbito de lo estrictamente político y llegar a lo jurídico y a lo propiamente financiero o administrativo.

El tema de la repartición del patrimonio de esa sociedad, por ejemplo, o separación de bienes, como se le conoce en términos del Derecho Civil, es un asunto medular que debe considerarse a la hora de tomar una decisión como la que pudiera plantear una nueva fórmula unitaria distinta a la que hoy agoniza, como es el caso de la MID que algunos han constituido ya en sustitución de la vetusta y destartalada MUD.

No es lo mismo administrar los ingresos de un organismo del cual se es, digamos, secretario general, que cuando se es ex-secretario a secas. Ni mucho menos si en vez de secretario general adjunto se es ex-adjunto apenas.

En el Departamento de Estado, de donde por lo general salen los financiamientos de todos los organismos que, como la MUD, cumplen un papel de fuerza contrarevolucionaria en cualquier país del mundo, deben estar más que ocupados tramitando desestabilizaciones e insurgencias proimperialistas de extremo a extremo del planeta, como para estar pendiente de los cambios administrativos en un pequeño proyecto derechista de un país suramericano, por mucho petróleo que aquí haya.

Seguramente recibirán la noticia con algún dejo de fastidio y, a lo sumo, procurarán localizar a su “hombre en Caracas” para iniciar el estudio de los pormenores del nuevo drama opositor, no sin antes pedirle que les haga llegar una lista de aquellos que pasarán ahora a ser los grandes líderes, con números de cédula y de pasaporte actualizados, para hacer la nueva nómina, así como el nombre del nuevo entente unitario y copia del nuevo logotipo, del eslogan, el himno, etc.

Después de eso, habrá que aperturar las cuentas bancarias donde se les depositarán de ahora en adelante los dólares que con tanto esmero les otorga el congreso norteamericano y todo un sinfín de trámites, lucrativos en verdad pero muy engorrosos.

 

@SoyAranguibel

Alberto Aranguibel: la desintegración de la MUD significaría el fortalecimiento del chavismo

(Caracas, 16 de julio. Noticias24).- El analista político y periodista, Alberto Aranguibel, aseguró que la desintegración de la Mesa de la Unidad Democrática originaría la posibilidad de que crezca la unidad nacional en torno al proyecto chavista “que sí es consistente”.

Aranguibel planteó este escenario debido a las recientes declaraciones del vocero del partido Voluntad Popular, Ramón José Medina en las que se refirió al opositor Leopoldo López y que han generado polémica y “contradicciones” en la MUD. “No hay una unidad, nunca la habido. De manera que lo que pasó no debe extrañar a nadie”.

“Se está más cerca de la transformación del Estado en búsqueda de bienestar por la vía de la revolución, que de las propuestas inciertas que hace la oposición de manera arbitraria”.

Agregó que el mayor defecto de la tolda es que “los desborda el odio” por no tener organización política. “Eso es lo que termina en forma de guarimba, en forma de terrorismo urbano, porque no hay forma de reunir a su propia militancia en una propuesta de orden ideológico y programático para debatir, porque la orientación no es el debate político, es la de rescatar el poder para reinstaurar un modelo neoliberal”.

“Nunca ha habido un liderazgo que genere lealtad a partir de las ideas, sino a partir de acciones para acabar con el chavismo”, insistió.

Fuente: Noticias24

¿Dialogar con nazis?

Colocamos aquí el reportaje fotográfico de Rafael Ortega publicado este martes en el portal La Redoma, donde se ven con pasmosa claridad las verdaderas fuerzas ocultas tras las acciones violentas de las últimas semanas en el municipio Chacao, y con las cuales se comprende en buen medida la completamente inusual naturaleza salvaje de dichas acciones en la cultura opositora venezolana de hoy. La irrefutabilidad de las imágenes habla infinitamente más que cualquier argumento que quiera dársele a tal aberración. A continuación el reportaje:

Vea cómo han llenado de simbología nazi al municipio Chacao

Martes 08 de abril de 2014

En las calles del municipio Chacao se está haciendo costumbre observar la esvástica nazi, representativa del holocausto que acabó con la vida millones de seres humanos durante la segunda guerra mundial. El símbolo fue adoptado por Hitler en 1920 en su libro “Mein Kampf” (mi lucha) como forma gráfica de la supuesta “superioridad” de la raza aria y hoy en día es realzado por los “guarimberos” del este de Caracas.

A nombre de dicho símbolo, la Alemania nazi asesinó a todos aquellos que se opusieron a la ideología impuesta, a quienes eran considerados de raza inferior, a comunistas e izquierdistas de la época, personas con discapacidad, judíos, entre otros. Debe alarmar, entonces, que frente a la estatua del Generalísimo Francisco de Miranda, que se encuentra adyacente a la estación de metro Miranda, haya aparecido la esvástica.

Fotografía: Rafael Ortega

A pocos metros del lugar, específicamente en el Centro Comercial Parque Cristal, el símbolo del terror vuelve a evidenciarse. El grafiti está ubicado a una cuadra de la calle en la que Seguir leyendo “¿Dialogar con nazis?”

¿Quién está asesinando hoy en las guarimbas?

Operacion-Daktari
Por la excepcional relevancia hoy en nuestro país del tema del francotirador como modalidad terrorista de la ultraderecha venezolana en las llamadas “guarimbas“, focos de terror y violencia desatados contra la sociedad en los municipios gobernados por la oposición antichavista, colocamos aquí dos importantes documentos que revelan los orígenes del sicariato y del paramilitarismo en la hermana República de Colombia, así como la forma en que se ha infiltrado desde hace más de una década hacia Venezuela con el propósito de acabar con el proyecto de Revolución Bolivariana. El primero de ellos es el libro “La Invasión Paramilitar – Operación Daktari“, colección de artículos de Luis Britto García y Miguel Angel Pérez Pirela, que puede ser descargado AQUÍ, y luego el artículo de Renán Vega Cantor “La Formación de una Cultura Traqueta en Colombia“, publicado en el portal Rebelión en febrero de 2014, donde se describe con perfecta claridad el proceso que dio origen a las fuerzas criminales que por dinero acaban con la vida de seres inocentes con la única finalidad de desestabilizar políticamente a las democracias de nuestra región. Ambos textos, perfectamente complementarios entre sí, permiten esclarecer cabalmente la verdadera naturaleza criminal de las acciones violentas de hoy en día en Venezuela.

pablo_escobar_1– Pablo Escobar Gaviria, creador de la modalidad del sicariato político en Colombia –

Narcotráfico y capitalismo mafioso
La formación de una cultura “traqueta” en Colombia

Por: Renán Vega Cantor / rebelión.org

En los últimos veinte años se consolidó en Colombia una cultura que puede ser denominada como traqueta, un término procedente del lenguaje que utilizan los sicarios del narcotráfico y del paramilitarismo en Medellín, el cual hace referencia al sonido característico de una ametralladora cuando es disparada (tra tra tra). Traqueteo era originalmente el miembro del escalón inferior en la pirámide delincuencial del bajo mundo paisa, que corresponde al matón a sueldo, al sicario que dispara a mansalva y a sangre fría a quien se le ordene, a cambio de una suma de dinero.

El traqueto resuelve cualquier asunto mediante la violencia física directa, pregona su acendrado machismo, hace ostentación en público —entre sus familiares y otros malandros— de los asesinatos cometidos, despilfarra en una noche de farra el pago que recibe por cumplir un “trabajo sicarial” o por haber “coronado” un cargamento de droga fuera del territorio colombiano, compra con moneda todo lo que esté a su alcance (mujeres, sexo, amigos ), aunque sea pobre odia a los pobres y, a nombre de la moral católica, detesta lo que huela a lucha social en el barrio, la escuela o el sitio de trabajo…

Esta cultura traqueta salió de un marco restringido y perfectamente localizado, cuando el cartel de Medellín y los asesinos de las autodefensas se expandieron por el territorio colombiano. El traqueto, este producto de las subculturas del narcotráfico y del paramilitarismo, en poco tiempo se convirtió en el símbolo distintivo de la sociedad colombiana. ¿Cómo y por qué sucedió?

La imposición de una cultura en la que sobresale el apego a la violencia, al dinero, al machismo, a la discriminación, al racismo, es un complemento y un resultado de la desigualdad que caracteriza a la sociedad colombiana. Para preservar la injusticia aquí imperante, las clases dominantes y el Estado forjaron una alianza estrecha con los barones del narcotráfico y con grupos de asesinos a sueldo, como viene aconteciendo desde comienzos de la década de 1980, cuando mercenarios de Israel adiestraron en el Magdalena Medio a los grupos criminales de las mal llamadas “Autodefensas”, con la participación activa del Ejercito, la Policía, políticos bipartidistas, terratenientes y ganaderos.

Estos grupos criminales, auspiciados por el Estado, tenían como objetivo erradicar a sangre, fuego y motosierra cualquier proyecto político alternativo que planteara una democratización real de la sociedad colombiana, como se evidenció en diversas regiones del país cuando las alcaldías y gobernaciones—luego de que fuera aprobada su elección directa— empezaron a ser ocupadas por dirigentes y militantes de izquierda, elegidos en forma legal. Los gamonales de los partidos tradicionales vieron en peligro su poder local y regional y para mantenerlo optaron por matar a sus adversarios.

Esto se ejemplifica, para citar solo un caso, con lo que sucedió en Segovia (Antioquia) en noviembre de 1988, cuando fueron asesinadas 43 personas y heridas otras 45. La acción criminal tenía como objetivo exterminar en el municipio a los miembros de la Unión Patriótica, el grupo político que había ganado las elecciones en marzo de ese mismo año. El responsable intelectual de la masacre, que ha sido condenado a 30 años de cárcel, un “distinguido” dirigente del Partido Liberal, utilizó a los sicarios y criminales de guerra de las “Autodefensas” para que le despejaran el camino de incómodos adversarios de izquierda y le permitieran mantener su feudo electoral.

La eliminación de quienes son considerados como enemigos de las “gentes de bien”, se sustenta en un visceral anticomunismo, que justifica a posteriori los crímenes de campesinos, dirigentes sindicales, profesores, estudiantes, mujeres pobres, defensores de derechos humanos, militantes de izquierda Los argumentos esgrimidos replican letra por letra lo que originalmente habían dicho Carlos Ledher, Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha (Alias el mexicano), o cualquiera de los barones del narcotráfico y del sicariato, que nunca ocultaron sus credenciales procapitalistas y su odio a cualquier proyecto democrático y de izquierda. Lo que éstos hacían y decían fue apoyado por diversas fracciones de las clases dominantes, (industriales, comerciantes, financistas, exportadores, cafeteros, terratenientes, ganaderos, propietarios urbanos ), junto con las jerarquías eclesiásticas, el mundo deportivo (recuérdese lo que ha sucedido con los equipos de futbol, cuyos propietarios están ligados a diversos clanes del narcoparamilitarismo), las reinas de belleza, los periodistas; todos ellos se convirtieron en sujetos activos y conscientes de la “nueva cultura” y de sus “valores”: violencia inusitada, enriquecimiento fácil e inmediato, endiosamiento del dinero y el consumo, destrucción de las organizaciones sociales y sus dirigentes, eliminación de los partidos políticos de izquierda (el caso emblemático es el de la Unión Patriótica), apego incondicional a los dogmas neoliberales y al libre mercado, posturas políticas neo-conservadoras sustentadas en una falsa moral religiosa mandada a recoger hace siglos (que condena el aborto, la homosexualidad, los matrimonios de parejas del mismo sexo…).

Después de dos décadas, estos patrones culturales se han hecho dominantes a escala nacional, sobre todo después del 2002, cuando desde el Estado se presentó como algo normal y tolerable aquello que identifica al traqueto y se convirtió en la lógica cultural hegemónica del capitalismo salvaje a la colombiana. Desde ese instante, la cultura traqueta, de orígenes mafiosos, salió del closet en el que estuvo recluida durante varios años y se hizo dominante en el imaginario de gran parte de los colombianos. Lo que antes era condenado adquirió prestigio y respetabilidad, porque desde la Presidencia de la República se exaltaban como grandiosas las actitudes y comportamientos delincuenciales propios de cualquier matón de barrio, y la misma Casa de Nariño se convirtió en un nido de víboras, ocupado por delincuentes de todo pelambre, empezando por los Jefes de Seguridad, que eran testaferros del paramilitarismo, como se ha confirmado recientemente.

La prensa y la televisión se encargaron de legitimar y de presentar como aceptable la criminalidad que se implantó en los altos órganos del Estado, en el que se incluye el Parlamento, el poder judicial y el Ejecutivo. Ahora se bendice la corrupción, el robo, el despojo, el enriquecimiento, el nepotismo, y se enaltecen como héroes y salvadores de la patria a los asesinos de cuello blanco y a sus sicarios y, al mismo tiempo, se fomenta el odio, el espíritu guerrerista, el clasismo, y se adora a los “nuevos héroes” de la muerte, entre los que sobresalen los jefes paramilitares, empezando por sus ideólogos presidenciables.

En la televisión se promociona la estética traqueta (Sin tetas no hay paraíso, Pablo Escobar, El Mexicano y otras series por el estilo), con la cual se convierten en valores dominantes el individualismo, la competencia, el culto a la violencia, la mercantilización del cuerpo, la prostitución, el sicariato, la adoración a la riqueza y a los ricos, el desprecio hacia los pobres… Futbol, mujeres desnudas, telenovelas, chismes de farándula sobre las estupideces que realizan las vedettes constituyen el menú́ de imágenes y sonidos que presenta la televisión colombiana y que configura el telón de fondo de la cultura traqueta que se erige como modelo de vida para millones de colombianos que jamás saben de la existencia de un libro, de un debate de ideas, de una obra de teatro, de un poema, y de todo aquello que ilustra y hace culto a un pueblo. Como nada de esto se le ofrece a la gente a través de la televisión, ya no se soporta algo que suponga razonar, pensar, cuestionar o dudar, sino que, como borregos amaestrados, los televidentes consumen la basura mediática que se les brinda a diario, que profundiza la ignorancia de todas las clases, y se vuelve normal la persecución de todos aquellos que piensen y actúen en forma diferente a los cánones traquetos establecidos.

Desde el Estado y la televisión se tornaron dominantes en el país algunas pautas culturales que antes eran excepcionales y localizadas y, en gran parte de los colombianos, se volvió costumbre “aprovechar cualquier papayazo”, eufemismo con el que se justifica lo que produzca réditos individuales, ganancias y beneficios a costa de los demás, sin importar los medios que se utilicen para alcanzar cualquier fin. Y de esto dictan cátedra las clases dominantes de este país y el Estado, porque son las que roban a granel las arcas del erario (los Nule, los hijos de Uribe y compañía), despojan las tierras de los campesinos e indígenas a través de “prestigiosos” bufetes de abogados, como acontece con el Modelo Agroindustrial en los Llanos orientales, entregan los territorios y riquezas naturales y minerales del país a cambio de dadivas insignificantes o de un cargo en una empresa multinacional, se niegan a aplicar las decisiones de tribunales internacionales cuando les viene en gana, como sucede ahora mismo con la decisión de la Corte Internacional de la Haya.

Le “doy en la cara marica”, “fumíguelo a mi nombre”, “esa Negra Piedad hay que matarla”, “hay que aplicarle electricidad a los estudiantes” son algunas de las frases más infames de los últimos tiempos, que han sido pronunciadas por “notables” personajes desde el ámbito político o mediático, que son reproducidos en la vida cotidiana y se materializan en la violencia física y simbólica de todos los días contra mujeres humildes, indígenas y pobres en general, aunque muchas de ellas sean realizadas por pobres.

En dos ámbitos se destila cultura traqueta al más puro estilo de Pablo Escobar o Carlos Castaño: en la política y en el periodismo. En la política, ya no se necesita hoja de vida en que consten las realizaciones de un candidato en la esfera pública, sino que se exhibe un prontuario criminal sin pudor alguno, que incita a los electores a votar por los mafiosos de turno, como sucede entre la Camorra italiana.

Esto se confirma con la lista para el senado del Centro Democrático, cuyos nombres no tienen nada que envidiarle a cualquier catálogo de delincuentes y sicarios, empezando por el nombre que la encabeza. Algo similar sucede con el Procurador General de la Nación, quien muestra entre su palmarés la quema de libros con sus propias manos. Y lo peor del asunto estriba en que esos individuos, que además son terriblemente ignorantes, son respaldados por buena parte de la sociedad, para la cual esos crímenes no son reprochables sino un distintivo digno de ser imitado.

En el periodismo se ha impuesto el sicario de escritorio, que con impunidad condena a quienes no se pliegan a la lógica dominante —a muchos de los cuales sentencian a una muerte segura—, al tiempo que celebra las realizaciones de los traquetos de cuello blanco en el Estado o en cualquier actividad económica (como acontece con las multinacionales como Pacific Rubiales, La Drumond, Chiquita Brands, Nestlé… que cuentan con una cohorte interminable de plumíferos a su servicio) y aplaude y exalta cualquier estupidez, mentira o acción delictiva que realice alguno de los encumbrados personajes de la politiquería.

Al cabo del tiempo se entiende que se haya hecho hegemónica la cultura traqueta, algo así como la expresión superestructural del capitalismo gangsteril a la colombiana, el que no repara en utilizar todos los instrumentos (violentos, jurídicos, económicos) para mantener sus niveles de acumulación, que dependen de su postración ante el capital imperialista. Como esos procesos de acumulación de capital mafioso son en esencia violentos y recurren en forma permanente al despojo y a la expropiación (como se muestra con lo acontecido en la educación, la salud, la seguridad social, la tierra, el agua, los parques naturales), no resulta sorprendente que de allí se desprendiera, tarde o temprano, una cultura simétrica de tinte mafioso, en la cual se conjugan los antivalores propios del neoliberalismo económico y del neoconservadurismo político e ideológico con las pautas culturales de la delincuencia y del lumpen. Y, lo que es significativo, la cultura traqueta fue asumida por las clases dominantes de este país que abandonaron cualquier proyecto de la cultura burguesa que antes les proporcionaba una distinción cultural y un refinamiento estético —recuérdese no más aquello de que Colombia era un país de poetas, de escritores y de hombres ilustrados en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y que Bogotá era la “Atenas Sudamericana”—, y hoy en los encumbrados peldaños del poder económico (capital financiero, por ejemplo) predomina una vulgar lógica traqueta, que destella odio y violencia hacia los pobres.

Pero, a pesar de la represión, la censura, la persecución, en Colombia no sólo hay cultura traqueta, pues en muchos lugares de nuestro territorio, distintas comunidades preservan sus propios valores y con dignidad practican la solidaridad, la ayuda mutua, el desprendimiento, con lo que ayudan a sentar los cimientos de otro tipo de cultura y de sociedad. En esa dirección, el terreno cultural se convierte en un espacio de lucha, porque la construcción de otra sociedad requiere disputarle la hegemonía a la cultura traqueta e impulsar una contra-hegemonía, que afiance otros valores y formas alternativas de ver el mundo, tal y como sucede en otros lugares de nuestra América en donde se enaltece la vida digna y el buen vivir, como proyectos culturales en los que se enfrenta a la mercantilización, el individualismo, el consumismo exacerbado y el culto a la muerte.

– Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.

10 claves del fascismo en Venezuela

Fuente: http://laredoma2021.blogspot.com/

Imbecilidad militante

fascistas agreden 2

Publicado en Últimas Noticias el 08 / 02 / 2014

El bloqueo del los Estados Unidos contra Cuba no es solo un asunto de simple arbitrariedad, ejercida de manera antojadiza por un imperio prepotente para imponer sobre las naciones pobres un particular modelo de sociedad cuyo principio fundamental es que solo habrá democracia donde no exista ninguna otra expresión ideológica que no sea el capitalismo.

La idea según la cual no hay democracia en aquellas naciones donde no se permita la difusión irrestricta de los medios de comunicación privados, persigue colocar a los pueblos contra cualquier tipo de regulación a la televisión y la radio, porque es a través del mensaje alienante y transculturizador del contenido mediático como se derriban hoy las barreras de soberanía e independencia de las naciones que luchan por la igualdad y la justicia social en el mundo, para someterlas bajo el yugo del consumismo que fortalece y perpetua el modelo de dominación burguesa que ha generado el hambre y la miseria a lo largo de la historia y que ha enriquecido a esas potencias imperialistas.

La pobreza en Cuba es producto del criminal cerco económico que durante más de medio siglo ha impuesto los EEUU contra la isla, con lo cual el desarrollo de un sistema diverso de medios de comunicación, así como las dificultades de la población para acceder a servicios como Internet, se hace casi imposible. Pero el mismo causante de esas limitaciones las presenta como producto del comunismo.

El bloqueo cumple pues una función fundamentalmente propagandística, cuya finalidad es hacer creer al mundo que la pobreza es producto de la aspiración de los pueblos a su autodeterminación, a la vez de instaurar en el imaginario colectivo el temor al supremo poderío de una nación dispuesta a acabar con el mundo si no se acatan de manera absoluta sus designios.

Solo que ese cuento de terror ya no le mete miedo a nadie. Las naciones del mundo se han rebelado progresivamente contra la arbitrariedad de una potencia que ya no es tal, como lo demuestra el amplio respaldo ofrecido al gobierno cubano por todos los miembros de la CELAC, UNASUR, el ALBA, PETROCARIBE, y por organismos como la OEA; la Unión Europea y hasta la mismísima ONU.

Los únicos que repudian a Cuba hoy en el mundo son los fascistas de la oposición venezolana… ¡Están claritos!

Perder en Miami

escualidos lloran

Publicado en Últimas Noticias el 14 / 12 / 2013

Recibir desde cualquier parte del mundo la noticia del triunfo de la Revolución Bolivariana en cada elección que se haga, ya sea esta presidencial, de gobernadores, diputados, alcaldes o de concejales, tiene que ser para cualquier escuálido un golpe muy duro a su condición libertaria y raigalmente anticomunista.

El odio acumulado a través del tiempo en lo más hondo de su ser, producto de las contundentes derrotas propinadas a ellos sin ninguna conmiseración ni clemencia por el chavismo, es un sentimiento cada vez más arraigado en el alma del opositor común, que vive la horrenda circunstancia de la vida cíclica entre la alegría fabulosa que representa en cada oportunidad su convicción de que “ahora sí; que ya el chavismo se acabó; que ahora Capriles sí les va a dar la paliza que merecen esos castro-chavistas malnacidos”, y el lacerante dolor que deja en el corazón la recurrente y cruel derrota electoral, frente a la cual nunca hay palabras con qué expresarse, sino llanto incontenible y moqueo profuso.

Con ese odio, perder en cualquier parte del planeta hasta donde alcance la posibilidad de adquirir boleto aéreo con dólar preferencial, es más que lastimoso cuando se considera la inmensa inversión en esperanza que a través de los cinco continentes se puede haber sembrado con la idea de un triunfo que no llega nunca pero que en cada oportunidad de precampaña electoral alienta y estimula la ansiedad arrolladora, antichavista, profundamente neoliberal y anti patriotera.

Pero, perder en Miami es otra cosa.

Perder en Miami, para un escuálido que invierte su vida entera en los preparativos permanentes del derrocamiento del réeegimen!!!, abarcando desde la profusa redacción día y noche de millones de tuits épicos proclamadores de la inminencia de la libertad y anunciadores del aplastamiento de las hordas chaburras, hasta las largas jornadas de entrenamiento como comandos de exterminio en los jardines de Disney World, tiene que ser en verdad el más horrendo y trágico golpe que opositor alguno pueda recibir jamás en sus entrañas.

Uno ve las fotos que llegan desde allá en cada ocasión y se conmueve. Provoca dejarlos ganar aunque sea alguna vez algo que valga la pena. Y no esa porción de alcaldías que ganan con ventajas de un uno por ciento apenas.

Soyaranguibel@email.com

Ilusiones perpetuas

movimiento perpetuoPublicado en Últimas Noticias el 30 / 11 / 2013

Desde mucho antes de la Edad Media, el ser humano ha procurado cada vez con mayor ansiedad la solución al insalvable reto de la invención de la máquina del movimiento perpetuo. Se dice que tanto han buscado los más tercos científicos de la historia resolver el tan inexpugnable proyecto, que en la oficina de patentes de la ciudad de París (una de las dos más importantes del mundo) habrían colocado en alguna oportunidad un cartel sobre la puerta de entrada que rezaba “Si viene Ud. con el invento de la máquina del movimiento perpetuo, por favor devuélvase y no nos haga perder tiempo… Aquí estamos trabajando”.

Son infinitos los anhelos del ser humano que perduran a través del tiempo muy a pesar de las desalentadoras constataciones de inviabilidad que la mayoría de esas ilusiones cargan sobre sí. Como por ejemplo la de la fuente de la eterna juventud, quizás la más recurrida de cuantas se han dado en el imaginario universal a lo largo de la historia. O la de la resurrección de la carne, prima hermana de la anterior, reivindicada como propuesta no sólo por el cristianismo sino por los antiguos egipcios, creadores del concepto del ceremonial fúnebre más ampuloso y arrogante jamás concebido, cuyo propósito no era otro que el de la preparación para el retorno a la vida terrenal luego de un breve paso por el inframundo después de la muerte.

Ilusiones signadas desde siempre por la naturaleza religiosa que les daba lugar, hasta que apareció la avaricia. Y con ella, el olvido de la posteridad y el empeño de unos cuantos por hacerse de cada vez mayores fortunas sin importar las penurias que causasen al prójimo con su voracidad.

En Venezuela, ese enfermizo empeño de la derecha por hacerse del poder para usarlo en beneficio de los ricos, tiene su origen en la vana ilusión de reinstaurar el neoliberalismo en el país. Por lo que aparecen siempre defendiendo las inmorales causas de criminales, farsantes y estafadores de toda pelambre.

De ahí su necia insistencia en ilusionar a sus seguidores con inventos cada vez más improbables. Como eso de que el Gobierno ya va a caer, como les dicen desde hace una década, o que en la próxima elección (cualquiera) van a resultar triunfantes, como también les juran.

Igual que aquellos inefables inventores de la máquina del movimiento perpetuo.

 

 

El bolero de la MUD

solo triste

A diferencia del canto épico, que relata en prosa combativa y mediante marchas triunfales las glorias de los pueblos, el bolero es el himno de la tragedia humana en el que se describe en forma cruda el calvario de los no correspondidos.

El desdén, el olvido, la traición, el engaño, la trapisonda cruel y desalmada, son los temas recurrentes de ese arte del dolor, en el que el autor denuncia siempre en forma patética la culpabilidad de los demás en su tragedia. Su inocencia es inobjetable y el llanto profundo su argumento. “Los demás” son recurrentemente los responsables del desamor, del extravío y de la ingratitud del alma. Jamás una autocrítica profunda y sostenible será el planteamiento de un buen bolero.

Sólo, rodando por el mundo, con un dolor profundo y sin poder llorar” más que la desgarradora revelación del bolerista, es más bien la descripción perfecta del drama existencial de un sector huérfano de ideas y desbordante de fracasos, como lo es la MUD, que añora cada vez más nostálgico el reconocimiento que alguna vez tuvo en el pasado en aquellos escenarios pródigos en elogios a su persistencia en la lucha por la democracia y la libertad de nuestro pueblo.

Aquellas prominencias de la política mundial, como Aznar, de las letras universales, como Vargas Llosa, o de la diplomacia internacional, como el insulso Insulsa, ya no portan por ahí vociferando estridentes sus loas solidarias a los muchachos de Primero Justicia, ni a Aveledo, ni al venerable Ledezma. Las ratas, dice el habla popular desde el castellano antiguo, son las primeras en abandonar el barco en medio del naufragio. Ni Juanes ni Bossé hablan ya mal de Chávez.

Ni siquiera los aliados históricos de esa derecha reaccionaria que se preció de su rol como lacayos del imperio en la agresión a la Cuba revolucionaria durante más de medio siglo, voltean ya a mirar a ese ruinoso espectro de la política criolla que es la MUD después de las contundentes derrotas propinadas por Chávez. Todos ellos reconocen y elogian hoy el papel de Cuba en la CELAC.

Una tragedia así, en la que todos te dan la espalda, necesita urgente no un himno sino un bolero. La ventaja para la MUD es que el suyo ya está escrito:“Soledad, soledad y tristeza, y unas ganas inmensas de ponerme a llorar.”