2015: El año de la esperanza

– Publicado en 29 de diciembre de 2014 en el Correo del Orinoco –
Por: Alberto Aranguibel B.

Venezuela es el único país donde los ricos protestan y los pobres celebran” William Ospina

El antichavismo venezolano más que una ideología es una condición social en la que se reúne un número indeterminado de opositores de diversos estratos de la población, que no tienen formación ni compromiso político alguno que los defina pero que son solidarios en su aversión al proceso revolucionario emprendido por el Comandante Chávez en el país.

Por su obcecación contra todo lo que tenga que ver con Chávez, y por la pasmosa sincronía y exactitud con la que argumentan su repulsa contrarrevolucionaria desde una misma y muy singular lógica, puede hablarse de ellos en términos de “clase social” en la que se mezclan por igual banqueros con dueños de restaurantes, rectores de universidades con diseñadoras de moda, empresarios con actrices, o pilotos de jets privados con matronas de alta sociedad, en una turbamulta heterogénea que da al traste con las estratificaciones convencionales que heredamos de la “República” romana y que el marxismo adecuó a la realidad moderna en el marco de la teorización sobre la lucha de clases.

Su empecinada confrontación con el chavismo hasta en lo más irracional de su vida cotidiana trasciende el lindero de la lucha por el poder, como definición de clase oprimida o subordinada que se pretende, para colocarse en el plano del fanatismo religioso. La oposición aquí no es sometida ni subyugada por ninguna otra razón que no sea su propia ineptitud para ganar elecciones. Pero grita al mundo su calamitoso sufrimiento como si de esclavos del antiguo Egipto se tratara, y que su penuria en la Venezuela chavista fuese peor que la del esfuerzo por erigir a pleno sol y a mano limpia la gran pirámide de Guiza bajo el látigo inclemente de Keops.

En su estructura discursiva la clase social antichavista redunda en cursilerías asfixiantes, rebuscamientos de un lirismo ridículo cada vez más decadente, que no transmite ideas sino repulsas de todo tipo cuyo contenido es el odio en su estado más puro. Las guarimbas, que tanta muerte, destrucción y costos irreparables le causaron al país, fueron el momento excepcional para hacer aflorar toda esa escueta creatividad burguesa que define intelectualmente al contrarevolucionario del siglo XXI. Ideas como “Me niego a castrar a mi perro; si hubiera querido un animal sin bolas adopto un Guardia Nacional Bolivariano”, inundaron al país desde el inicio de las acciones terroristas desatadas este año por la derecha, en un paroxismo de imbecilidad nunca visto.

Sus intelectuales más prominentes (los mismos dos o tres dialoguistas de telenovelas y programas cómicos que transmutaron en tal, más por la exigencia de la orfandad intelectual de la derecha criolla que por ninguna otra cosa) dibujan en sus textos un país de absurda catástrofe entre bucólica y pintoresca antes que trágica, pero que les sirve para erigirse en pensadores necesarios del antichavismo. Uno de ellos cierra el año con esto: “La única esperanza que tengo es lo orgulloso que me siento de mis compatriotas, del alma venezolana tan hermosa, de la sonrisa de mi gente bella que va a ver un monólogo de humor y viene a abrazarme al final con lágrimas en los ojos y uno les anima diciéndoles que todo va a estar bien. Cuando veo los miles de colibríes (SIC) que siguen librando la batalla de la bondad y el bien, del arte y la cultura, que es la única batalla que habrá de salvarnos –porque nos salvaremos- me siento orgulloso de ser venezolano (…) esta tierra nuestra florecerá; y tendremos museos y bibliotecas públicas, y vendrán turistas y nuestros hospitales salvarán vidas y nuestros hijos tendrán universidades de primera…” Es la misma gente que amenaza día y noche con llevar al paredón cuando sean gobierno al más prestigioso director de orquestas del mundo, nuestro querido Gustavo Dudamel, simplemente porque el maestro no suspende su prodigiosa carrera musical hasta tanto ellos no logren retomar el poder.

Su “celebración” de la Navidad y el Año Nuevo no es menos patológica. Solo por su condición antichavista se explica la disociación del opositor promedio que se desborda en frases amorosas hacia los venezolanos con motivo del nacimiento del Niño Dios y por la prosperidad de todos en el nuevo año, y a la vez maldice de formas tan crudas y tan amargas como lo hacen todos ellos a todo aquel que de entre esos venezolanos que acaban de bendecir resulten chavistas. El sentido común no es en modo alguno el factor determinante del pensamiento de la clase social antichavista.

Un mensaje en Facebook dice textualmente: “En la suerte de poder desearle lo mejor en esta navidad. Son muchos los deseos pero creo que predominan los buenos deseos de un mejor futuro en un país confiscado por lo malo y lo dañino, pero con la buena voluntad de todos ustedes seguro que pronto veremos brillar el sol sin los reflejos rojos que hoy ciegan deseos y vidas. Fuerza y bolas, ni las de adorno del arbolito. Pronto tendremos mejor futuro y a nuestra familia de regreso. Fe que así será. A todos feliz navidad.” Primero existo, luego veo si pienso.

Otro implora vehemente: “¡Vete ya 2014! ¡Hasta cuando tanta mierda!”

El año, como toda convención normativa creada por el ser humano, no ha sido culpable de nada en particular. No tiene cómo hacerlo porque no es entidad alguna con capacidad de raciocinio. Pero la clase antichavista le pide, porque deposita en él la carga de un conjunto de vicisitudes inherentes a la vida de todo ser humano en el ámbito del capitalismo que la propuesta revolucionaria se propone superar. Como por ejemplo la limitación eventual para adquirir un televisor de última generación o un carro Chery (subsidiado por el gobierno revolucionario) para revenderlos a cuatro o cinco veces su precio original.

La maldición de este año no ha sido encontrar o no un rollo de papel tualé, sino la pérdida de decenas de vidas inocentes a manos del terrorismo y del sicariato que acabó con Eliecer Otaiza, Robert Serra y María Herrera, entre muchos otros, desatado por esa misma derecha que hoy implora al cielo teniendo como aliado al sector privado que le declaró la guerra al pueblo con la especulación y el contrabando.

Ese mismo año 2014 cierra en México con una tragedia sin precedentes, en la que los cuerpos policiales asesinan estudiantes en masa como política de Estado, a la que se suma la desaparición de más de quinientos mil niños en todo el territorio y el asesinato selectivo o por encargo de cientos de miles de personas a manos de las bandas del narcotráfico.

En Estados Unidos, culpable de torturas y violación de derechos humanos contra civiles en el mundo entero, el recrudecimiento de una ola de violencia racista que acaba a diario con la vida de afrodescendientes no conmueve en lo más mínimo al imperio.

España se estremece cada día más con la escandalosa secuela de funcionarios incursos en delitos comprobados de corrupción, en los que hasta la hermana del Rey es encontrada culpable.

En Palestina, un pueblo se extingue paulatinamente bajo el espantoso retumbar de las bombas israelíes, y tampoco ahí, como en Siria, Irak o Afganistán, el mundo capitalista pareciera conmoverse.

En África se asume ya como noticia de ayer que la gente muera por millares, no solo de ébola sino de la más grande hambruna que la historia recuerde; Según la ONU casi una quinta parte de la población sobre la tierra padece esa calamidad.

Pero la clase social antichavista no clama por nada de ello sino por la liberación de los que con la mayor frialdad, premeditación y alevosía en su afán de hacerse del poder mandaron a asesinar a decenas de venezolanos. Y, por supuesto, por muchos más dólares para gastar en pendejadas. Solo con eso, según dicen, alcanzarían la paz interior.

Gracias a Dios, esa clase no es el pueblo. Ese pueblo que reclama con justificada razón por las deficiencias en los servicios, o por el desabastecimiento y la especulación con alimentos y medicinas producto de la guerra que ese sector de la derecha ha desatado contra el país, expresa su descontento con dignidad pero sin concesiones a esa burguesía parasitaria que pretende hoy aprovechar las coyunturas difíciles para reinstaurar el neoliberalismo entre nosotros, como tan visionariamente lo advirtió el Comandante Chávez en su última alocución a las venezolanas y los venezolanos.

Por eso, el año que viene será un año de verdadera victoria popular, porque será el año de la superación definitiva de la mezquindad, el odio y la mentira de los avaros, y de la consolidación del sueño de Chávez de continuar con Maduro construyendo la Patria bolivariana de justicia e igualdad por la que con tanta esperanza ha luchado ese pueblo.

¡Feliz y Victorioso 2015!

@SoyAranguibel

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¿Por qué viaja el liderazgo opositor?

– Publicado en Últimas Noticias el 25 de octubre de 2014 –
lear24

Por. Alberto Aranguibel B.

Desde la elemental lógica de la derecha, que reduce todo interés humano a la capacidad adquisitiva del individuo, la ética no es un asunto ideológicamente relevante porque la misma no genera rentabilidad tangible que pueda ser convertida de alguna manera en bienes transables.

De ahí que la noción de militancia es casi inexistente en el ámbito de la oposición, cuyo interés político por lo general no contempla la formación de una poderosa organización de masas que le dé sustento a su proyecto, sino que persigue aprovechar hasta donde le sea posible la capacidad electoral que en cada caso pueda expresar un sector antichavista de la población.

Por eso, una acusación recurrente de la oposición contra el gobierno bolivariano es que el respaldo mayoritario del que goza la revolución desde hace quince años se debería, según ellos, a prácticas populistas o de clientelismo político ejercido desde el poder a través de los beneficios que le brindan al pueblo los programas sociales. Según esa escueta apreciación, la gente es movida por el interés y no por sus propias convicciones (lo que deja ver, además, el carácter neoliberal de una derecha que considera todo programa social como un injustificado desperdicio de recursos). Una forma más de irracional menosprecio al liderazgo de Chávez y del pueblo mismo, que pone a la vez en evidencia la cultura crematística que rige la razón de ser del liderazgo opositor y del antichavista de a pie.

El objetivo de los viajes de esos líderes de la derecha al exterior es, pues, buscar plata. En la oposición no existe lealtad a ideología alguna que no sea la del dinero. Fue así como pudieron activar sus guarimbas porque la estrategia usada por la Usaid, la NED, Otpor y las demás organizaciones no gubernamentales que operan bajo las directrices del Departamento de Estado norteamericano de promover gobiernos afectos a sus intereses, vía rebeliones sociales, ha convertido la participación en el hecho político en un extraordinario negocio que mueve miles de millones de dólares en el mundo entero.

Una muy significativa diferencia entre el desalmado capitalismo que promueve la derecha y el humanista modelo socialista que nos trajo el Comandante Eterno como fórmula de verdadera redención del pueblo.

@soyAranguibel

El engaño del miedo

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Publicado en Últimas Noticias el 05 / 04 / 2014

Una desaforada antichavista se desgañita en un vagón del Metro de Caracas vociferando en contra de la dictadura que, según ella, no la deja hablar y que supuestamente tiene a su hijo de 4 años preguntándole a cada rato, también según ella, que en qué tipo de democracia irá a vivir él cuando sea grande.

Al parecer, el prodigioso muchachito es infinitamente mucho más cuerdo que ella, que apenas con cuatro años de edad se preocupa por los asuntos por los cuales hasta el mismísimo Andrés Bello se vino a preocupar por ahí por cerca de los 38 años, más o menos, siendo como lo fue el más grande precursor del Derecho Civil en nuestro continente.

Nadie le hace caso, pero la desgañitada mujer insiste en reclamarle con furia amenazante a los pasajeros del Metro exactamente lo mismo que el resto de los guarimberos, terroristas y paramilitares importados por Leopoldo López y María Corina Machado por instrucciones expresas del Departamento de Estado norteamericano con la aviesa finalidad de aterrar a la población mediante acciones violentas y criminales de perfecto corte fascista, le vienen reclamando a la población desde hace más de una década, instándoles a “despertar” y a “perder el miedo”, como si la democracia fuese un asunto de sonambulismo o un torneo de fuerzas y de gallardía y no una cuestión de simples votos electorales.

Se indignan (o se arrechan, como a ellos les gusta decir) porque la gente no los ayuda a “salir” de Maduro, en lo que ellos califican de infame indiferencia, pero no se les pasa en lo más mínimo por sus desquiciadas mentes que no es que la gente está dormida o que sea indiferente, sino que no les venga en gana estar de acuerdo con la barbarie neoliberal que le proponen al país desde ese sector ultraderechista.

No se les ocurre en modo alguno que el silencio de esa gran mayoría que ellos ven como vulgares zombis, obedece a una clara convicción revolucionaria del pueblo que juró una y mil veces defender la Patria que su líder redentor le pidió en su última proclama que defendiera, hasta con entrega de su vida si fuera menester hacerlo.

No les entra en su obtusa cabeza de vendepatrias trasnochados, que en vez de dormida esa inmensa mayoría de pueblo al que ellos asumen como indiferentes, está más despierta que nunca y más consciente de lo que un guarimbero cualquiera estará jamás en toda su vida.

Querido amigo opositor…

Por: Manuel Bazó / Aporrea.org

Ven, vamos a hablar un ratico, te invito a conversar de política. No te asustes, no voy a intentar convencerte de que votes por Chávez, no pretendo que a estas alturas saltes la talanquera. Al contrario, tienes todo el derecho a disentir del Gobierno mientras no olvides que fue elegido por la mayoría de los votantes venezolanos. De eso se trata la democracia ¿no?, de respetar la opinión de la mayoría y también de las minorías. Fíjate que es algo que debemos valorar porque muchos países no tienen esta oportunidad. El pueblo de Inglaterra, por ejemplo, tiene el mismo Jefe de Estado desde hace 60 años (la Reina Isabel II) y tampoco puede escoger su Primer Ministro por voto universal.

Te conozco bien porque te veo todos los días: Estás en mi familia, en mi trabajo, en la plaza, en el mercado… Normal, la última vez que nos contamos alcanzaron el 37% de los votos válidos, que no es poca cosa. Sin embargo, durante años te han hecho creer que formas parte de una mayoría virtual, aunque no sea cierto. Por eso son buenas las elecciones, para volver a contarnos cada cierto tiempo y reconfirmar la voluntad de la verdadera mayoría.

Conozco las “razones” o más bien las emociones, de tu furibundo antichavismo. He visto el desprecio, la rabia y hasta el odio visceral, que te produce la sola imagen del Presidente. Te he escuchado maldecirlo, insultarlo y hasta desearle la muerte. Te he visto alegrarte con su enfermedad y lamentar su recuperación. Te he oído despotricar de todas sus decisiones y rechazar automáticamente todo lo que te huela a Gobierno. Te he escuchado quejarse de que Chávez habla demasiado, pero hace años decidiste no volver a escucharlo.

Está bien, no es monedita de oro. Pero aunque no te guste ni un poquito es el Presidente de tu país. Sus decisiones te tocan directa o indirectamente, por lo que deberían importarte. Sin embargo, tú escogiste informarte de mala fuente: a través de rumores y chismes de tus amigos opositores, a través de información tergiversada televisada o impresa, antes que…

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