El maridaje de los estúpidos

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Por: Alberto Aranguibel B. / 12 de julio de 2014.-

El empeño de los atorrantes autocriticistas en atribuir los problemas que confronta la revolución bolivariana, hoy en una de sus fases más difíciles precisamente por lo cruento de la guerra desatada contra ella por los sectores del gran capital, tanto nacional como internacional, en la búsqueda de obtener cada vez mayores ganancias a medida que se le obstruye el camino al proyecto de soberanía que Nicolás Maduro impulsa en el país, a la visita de empresarios como Cisneros y Mendoza a Miraflores hace poco más de un año, es exactamente el mismo esquema de razonamiento de los negros esclavos del sur de los Estados Unidos, que enajenados por la cultura racista imperante en esa nación consideraron desde siempre una traición a su condición afrodescendiente mezclarse con niñas de raza blanca.

Los judíos castigan la mezcla de los suyos con cualquiera de otra religión, como muestra de una de las más atrasadas formas de concebir la religión. Igualmente atrasada fue desde siempre la prohibición entre la monarquía a establecer lazos de unión de cualquier tipo con gente sin linaje. Más de una corona se ha venido abajo por la rendición de los nobles a los deseos de la carne. El rey Eduardo VIII fue solo uno de ellos. Carlos I de Inglaterra, en su inicial afán amoroso con la desclasada Diana Spencer, el más reciente.

Llamar “maridaje con la burguesía” a una reunión con empresarios, cuya finalidad era la neutralización del poderoso sector corporativo y financiero que Cisneros y Mendoza representan, no puede ser sino estúpido. Es la expresión de la más crasa ignorancia en el manejo de los asuntos de la “realpolitik” a la que está obligado todo mandatario responsable en el manejo no solo de un país apetecido por el imperio como ningún otro por sus riquezas y su potencial geoestratégico, sino, como en el caso de Nicolás Maduro, llamado a preservar y continuar el proyecto de patria que nos legara el comandante eterno.

Seguir insistiendo en ello, luego de la contundente demostración de temple del presidente Maduro como líder revolucionario enfrentado a la brutal arremetida terrorista de la burguesía, alcanzando la superación del desabastecimiento y los intentos del capitalismo por quebrar nuestra economía, más que estúpido es imbécil.

Fuente: Últimas Noticias

El artículo de Temir Porras

Nicolas-MaduroPor: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 14 de junio de 2014

Como era de esperarse, los atorrantes autocriticistas, auto erigidos en dueños no solo de la verdad sino de la agenda revolucionaria, le cayeron encima como si del demonio encarnado se tratara. Y marcan así una diferencia, más que oportuna necesaria, con la que probablemente sea la reflexión más aguda y sensata de cuantas se han presentado al debate en esta tan crucial etapa de la revolución que se inicia con la partida física de nuestro querido Comandante Supremo.

Esclarecido (y esclarecedor) como es el planteamiento de Porras en términos generales, destacan sin embargo dos o tres ideas de las cuales quiero comentar hoy solo una. La del necesario fortalecimiento del liderazgo de Nicolás Maduro como tarea prioritaria de la revolución.

Si algo cimentó las bases del proceso iniciado por el comandante Chávez, fue precisamente su liderazgo en las más amplias capas sociales del país, sin el cual sus ideas y propuestas programáticas no hubiesen pasado jamás del postulado audaz y voluntarioso.

Engels atribuía el fracaso de las llamadas huelgas petroleras de finales del siglo XIX en España a la lectura equivocada del concepto de colectivismo que privó en aquel fallido movimiento obrero, que partía del principio del liderazgo horizontal, permitiendo así la imposición de los poderosos casi que por gravedad.

Pretender construir el socialismo sin asumir primero el compromiso histórico de la consolidación del liderazgo que referencie esta nueva etapa, es una opción insensata que atenta no solo contra lo esencial del llamado de Chávez en su última proclama, como lo dice el artículo de Porras, sino que abre las puertas al arrase que desde la poderosa maquinaria comunicacional con la que cuenta la derecha podría hacerse contra la revolución. Algo en lo que ya lleva un sustancial trecho recorrido.

El atributo diferenciador de mayor peso frente a la derecha ha sido, y debe seguir siendo en esta nueva etapa, un liderazgo sólido, con profundos cimientos en lo más extenso de la sociedad, empezando por las bases mismas de la revolución. Depositar en él la mayor confianza, y trabajar por eso sin mezquindades ni condicionantes, es la más urgente e impostergable tarea.

Sin ello, el socialismo bolivariano será solo una hermosa e inalcanzable quimera.

 

De espaldas al enemigo

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Por: Alberto Aranguibel B.

A ningún británico en su sano juicio se le hubiera ocurrido jamás durante los terribles padecimientos de Inglaterra en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, acusar a su primer ministro Winston Churchill de ser el causante de tales penurias. Menos imaginable aún habría sido algún judío, en medio de las calamidades de los campos de concentración, señalando como responsable de aquellos tormentos a Goldmann, principal líder sionista durante el horrendo período de persecución del pueblo hebreo por los nazis.

De hecho, fue quizás el liderazgo de Churchill para alentar a su gente en esa terrible hora lo que lo catapultó ante la historia universal como el más prominente político de todos los tiempos. La reseña de Wikipedia lo describe así: “Su firme negativa a aceptar la derrota, la rendición o un acuerdo de paz, ayudó a inspirar la resistencia británica, principalmente durante los difíciles primeros años de la guerra, cuando el Reino Unido se quedó solo en su firme oposición a la Alemania nazi. Churchill destacó más que nada por sus discursos y programas de radio, que ayudaron a inspirar al pueblo británico al que lideró como Primer Ministro hasta que fue segura la victoria de los aliados sobre las potencias del eje”.

En medio de la cruenta guerra económica desatada contra nuestro país por las más grandes corporaciones de origen estadounidense en perfecta concertación con el Departamento de Estado norteamericano en su propósito de acabar con el proyecto revolucionario venezolano, al frente de la cual se encuentran la Procter & Gamble, los medios de comunicación privados, y las empresas farmacéuticas, cunde de manera creciente entre la población la manía contranatura de señalar al líder de la revolución como responsable de la crisis que esa guerra genera.

Ineptos “autocriticistas” se empecinaron durante meses en salpicar con su chispita pendenciera el polvorín de la patria. Ahora, cuando su imbecilidad antirreformista enloda todos los espacios de la revolución, aparecen como si nada anunciando reconvención de su idea.

No son líderes de nadie, pero su necia prédica alentó en el pueblo a un absurdo ejército que en medio de la batalla le da la espalda al enemigo para acusar a sus conductores de cuanto horror se atisbe sobre la tierra.

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Publicado en Últimas Noticias el 31 / 05 / 2014