Cabeza opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

Quizás el rasgo más repugnante de la arrogancia no sea la estupidez, sino la sordera. Porque la estupidez es manejable, pudiendo llegar a ser simpática y hasta candorosa. Pero la sordera, aquella que no es producto de ningún impedimento físico sino de la soberbia, es odiosa y puede terminar siendo incluso catastrófica.

El arrogante, intolerante como es, no necesita escuchar a nadie para arribar a conclusiones de ninguna especie. Su mayor placer es irradiar con cada gesto la luminosidad y el brillo intelectual que le permitan aparentar sabiduría y suficiencia en el control de los asuntos más diversos del conocimiento y del mundo.

No le gusta aprender en cabeza ajena, como reza el dicho popular, porque le extasía el logro del descubrimiento propio cuando de una mente superior como la suya se trata. Si el que llega a una conclusión certera (cualquiera que ella sea) es alguien socialmente insignificante, entonces quiere decir que la idea era insulsa y menospreciable. No era una idea importante.

Por eso es usual ver en los escenarios en los que proliferan la arrogancia y la petulancia como rasgos definitorios de la personalidad (por lo general en las clases nuevas ricas de la sociedad, que en México se conocen como “igualados”) el fenómeno de la celebración del descubrimiento del agua tibia.

Exclamaciones como: “¡Increíble!”, “¡Fabuloso!”, “¡Sorprendente!”, son las más usadas en esos escenarios para referirse a cosas que de repente son “descubiertas” por los arrogantes, aún cuando las mismas ya sean harto conocidas por el común de la gente. Todas esas fueron las exclamaciones de Colón al llegar a un mundo que desde hacía milenios nuestros pobladores originarios conocían, pero que sorprendía a los conquistadores como si fuera nuevo. Por eso a los europeos no les importó nunca llamarse “viejo mundo”… el “nuevo” lo habían descubierto ellos.

Así es la cabeza opositora. No les gusta escuchar a nadie cuando se les advierte hasta la saciedad que quienes se autoerigen en sus líderes son siempre unos estafadores, mercachifles de la política sin ningún interés por el país sino por ellos mismos.

Los desechan  con el mayor desprecio y los convierten en detritus de la historia, como ya han convertido a Guaidó (y como convirtieron a todos los que a él le precedieron), solamente cuando “descubren” por ellos mismos que todo cuanto se les decía acerca de su ineptitud y de su incompetencia para gobernar era cierto.

Solo que, por arrogantes, jamás aceptan que ya bastante se les había dicho.

@SoyAranguibel

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Ayudar a las riquezas

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se hace el inventario de los países que han recibido “ayuda humanitaria” de los Estados Unidos a través de la historia, se encuentra una sola constante (un único factor concurrente, como se dice en lenguaje jurídico) que permite concluir perfectamente que esas ayudas no están nunca movidas por la compasión hacia los pueblos sino por la avaricia imperialista.

Atravesar el planeta para ir al Medio Oriente a resguardar la “seguridad nacional”, como hace el ejército norteamericano, no es de ninguna manera lógico. Menos aún, cuando en el propio territorio de ese país la inseguridad se asoma casi a diario en cualquier escuela o centro comercial donde la gente es sorprendida con balaceras terroríficas en las que mueren personas inocentes que ni siquiera se enteran jamás de por qué razón fueron asesinados en la vía pública. Y ello sin contar el insalvable infortunio que es encontrarse en esa nación con un policía racista en cualquier esquina.

Lo curioso de esa “ayuda humanitaria” de los Estados Unidos, es que son soldados y no médicos quienes la prestan. Tropas de asalto, tanques de guerra, fusiles de alto poder, bombas teledirigidas, misiles inteligentes, helicópteros artillados, porta aviones y lanzacohetes, son los recursos de “auxilio” usados en esas misiones. Las bases militares son una suerte de “dispensarios”, pero no de salud sino balísticos.

Las hambrunas y la pobreza extrema de los países africanos, por ejemplo, no son tema de preocupación para los abnegados samaritanos gringos. Salvo que haya riquezas bajo su suelo.

La nueva “ayuda” prevista para “auxiliar” a una nación más allá de sus fronteras ya está en curso. La instalación de tres bases militares en la Patria de San Martín forma parte de la negociación que a tal efecto se inicia esta misma semana entre los gobiernos de Donald Trump y Mauricio Macri.

Una se ubicará en Ushuaia, junto a la más grande reserva mundial de agua potable; la de la Antártida. La otra en Misiones, justo encima del Acuífero Guaraní. Y la tercera en Jujui, sobre las inmensas reservas de litio en la frontera argentina con Bolivia.

A cada paso, el imperio demuestra que no hacen falta sesudos análisis para deducir la razón exacta de su frenético interés por “ayudar” a un país como Venezuela.

soldados oro

@SoyAranguibel