Alberto Aranguibel denunció a la MUD como los “bachaqueros” de la política

Diciembre 08/2016.- YVKE Mundial Los Andes / Rubí Guadelis

“Los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) son los “bachaqueros” de la política, porque al igual que estos, se venden como parte del pueblo pero en realidad lo que buscan es utilizar a ese pueblo para sacarle provecho”, así lo denunció el comunicador social y analista político, Alberto Aranguibel, en rueda de prensa que ofreció acompañado de  la presidenta del Consejo Legislativo de Estado Bolivariano de Mérida (CLEBM), Niloha Delgado.

Explicó que se encuentra de gira en diversos estados del país con la idea de tratar de ayudar, a nivel comunicacional, a explicar las distorsiones económicas que causan hoy el padecimiento del pueblo, producto de la guerra que los sectores del gran capital han desatado contra la economía del país.

En este contexto, manifestó  que así como el “bachaquero” convencional especula con los productos de primera necesidad, la derecha venezolana agrupada en la MUD insiste en crear  malestar, hasta el punto de levantarse de la Mesa  de Diálogo.

Insistió que es necesario que los partidos políticos que integran la Mesa de la Unidad Democrática le den paso a una oposición seria, que presente propuestas a favor del país y no como actualmente sucede, “que hasta han irrespetado al Papa Francisco y al Vaticano en la Mesas de Diálogo”, expresó.

En tal sentido, indicó que la MUD necesita la violencia y la exacerbación del malestar y la intranquilidad que tiene el pueblo, como fórmula para alcanzar sus posibilidades de retornar al poder para retomar el neoliberalismo.

Recordó a su vez las palabras que hace 4 años el comandante Chávez expresó un 8 de diciembre de 2012-, en su última alocución al país, quien expresó “no faltará quienes pretendan tratar de reinstaurar el capitalismo, aprovechando las coyunturas difíciles por las que pueda atravesar el pueblo”, dijo.

Con respecto a la guerra económica, Aranguibel señaló que esta no estaba planteada para que durara tanto tiempo. “La oposición está perdiendo esta guerra económica, que fue desatada por ellos sin lograr su objetivo, es el pueblo quien la está ganando, aún padeciendo y sufriendo como lo ha venido haciendo”, recordó.

Es así que consideró que la derecha no está interesada en realizar elecciones ni referendo revocatorio en Venezuela, porque, a su juicio,  han utilizado el argumento para generar conmoción, como buenos “bachaqueros” de la política, creando falsas expectativas con el tema del referendo revocatorio y la reducción del mandato.

Venezuela: ¿escasez de alimentos o chantaje?

Por: Pasqualina Cursio / Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

En febrero de este año, la Asamblea Nacional, cuya mayoría representa al sector opositor del gobierno nacional, declaró la crisis humanitaria e inexistencia de seguridad alimentaria para la población venezolana. Entre los considerandos se lee: “Que  resulta  inocultable,  tratándose  de  un  hecho  público,  notorio  comunicacional,  la  ausencia  de  disponibilidad  suficiente  y  estable  de productos  alimenticios,  además  de  las  serias  dificultades  de  acceso oportuno y permanente a estos por parte de los venezolanos”.

No hay duda de la dificultad que ha significado para el pueblo venezolano acceder a los alimentos, especialmente desde inicios de 2013. Largas colas deben hacerse a las puertas de los establecimientos para lograr adquirir algunos de los alimentos de la canasta básica. Al tiempo, y debido a que los alimentos no se encuentran en los anaqueles, ha proliferado un mercado paralelo e ilegal en el cual éstos están disponibles pero a precios muy elevados.

No obstante lo anterior, la disponibilidad de alimentos, definida como la cantidad producida y/o importada, no ha disminuido en proporciones equiparables con las manifestaciones de desabastecimiento. Las grandes empresas privadas responsables del abastecimiento no han reportado disminuciones significativas en sus niveles de producción, tampoco han manifestado haber cerrado sus plantas. En consecuencia, las dificultades de acceso oportuno y permanente a los alimentos, tal como se recoge en la declaración de los diputados no necesariamente se debe a la disminución de la disponibilidad. El problema se centra en el hecho de que estos alimentos que han sido producidos, importados y por tanto disponibles, no se encuentran de manera regular, oportuna, permanente y suficiente en los anaqueles, dificultándole al pueblo su acceso.

Una vez superadas las dificultades y luego de haber padecido largas colas o de haber pagado un sobreprecio en los mercados paralelos, o después de haber sido beneficiado de los programas sociales implementados por el Gobierno Nacional orientados a garantizar el acceso a los alimentos, el pueblo venezolano ha logrado consumirlos. Sin duda, lograr adquirirlos ha sido una gran calamidad por la cual atraviesa el pueblo venezolano, pero distante de una situación de inexistencia de seguridad alimentaria, de hambruna o de crisis humanitaria.

El consumo diario de alimentos del venezolano alcanzó las 3.092 kilocalorías el año 2015, nivel que supera el mínimo de seguridad alimentaria plena establecido por la FAO, el cual se ubica en 2.720 kilocalorías diarias por persona (Ver gráfico). Desde 1999 el consumo de kilocalorías diarias ha registrado un franco incremento, a excepción del 2002, año en el que sectores que hacían oposición al Gobierno adelantaron acciones de sabotaje a la empresa Petróleos de Venezuela, la principal del país. Si bien los niveles de consumo en kilocalorías no se ubican en los mismos niveles que en 2011 (año con mayor registro de consumo alcanzando las 3.221 kilocalorías), éstos siguen siendo superiores a las 3.000 kilocalorías diarias, lo que  tampoco se corresponde con las manifestaciones de desabastecimiento y las largas colas.

Venezuela es el segundo país con mayor disponibilidad de calorías para el consumo en América Latina. Con estos niveles de consumo diario, resultará cuesta arriba convencer a la comunidad internacional de la situación de hambruna en Venezuela.

calorías

¿A qué se deben las serias dificultades para que el pueblo venezolano acceda oportuna y permanentemente a los alimentos, si éstos han sido producidos, importados y por tanto están disponibles en cantidades suficientes permitiendo alcanzar los niveles de consumo mostrados? ¿Sobre quiénes recae la responsabilidad de que el pueblo deba padecer tales agravios?

Tanto la producción como la distribución de los 10 alimentos más difíciles de adquirir, por los cuales hay que hacer largas colas (harina de maíz precocida, arroz, pastas alimenticias, leche, aceite, margarina, café, carne de pollo, carne de res y huevos de gallina) están concentradas en no más de 10 grandes empresas privadas.

A manera de ejemplo, el alimento que más consume el venezolano es la harina de maíz precocida, forma parte de sus desayunos y cenas y es utilizada para la preparación de las arepas y bollos. Esta harina ocupa el primer lugar de la lista de alimentos más consumidos, representando el 11,4% del consumo total de alimentos diarios. En promedio, el venezolano consume 115,7 gramos diarios de esta harina. Se requieren alrededor de 97.000 toneladas mensuales para abastecer al pueblo venezolano. La capacidad instalada de producción nacional de harina de maíz precocida es 125.450 ton/mes, de las cuales el 81% está concentrada en ocho (8) empresas privadas. De éstas, solo una cuenta con el 62% de la producción de harina.

Estas 10 grandes empresas privadas, sobre las cuales recae la responsabilidad de abastecer de alimentos al pueblo venezolano no han disminuido sus niveles de producción, no han cerrado las líneas. Por el contrario, en sus reportes se registran incluso aumentos de producción. Siguiendo con el ejemplo, la producción de harina de maíz precocida de una de las empresas con mayor capacidad instalada, pasó de 43.159 ton/mes promedio en 2014 a 49.600 ton/mes en 2015.

Representantes de la industria de alimentos insisten en que la causa de la escasez es la disminución de la producción atribuida a dos aspectos: a la política de regulación de precios de los alimentos, que “no le garantiza ganancias adecuadas” y a la no asignación inmediata y suficiente de divisas por parte del Estado a estos empresarios. El hecho de que los alimentos hayan sido consumidos (luego de superadas las dificultades para el acceso por parte del pueblo venezolano) da muestras de que la producción y/o importación no han disminuido de manera significativa, y por tanto, la política de control de precios y la falta de divisas no están incidiendo sobre los niveles de disponibilidad.

Comparaciones históricas entre los niveles de disponibilidad y de precios regulados evidencian que si bien, para algunos alimentos y en algunos períodos, ha habido un rezago de los precios, esta situación no ha afectado la disponibilidad. Incluso desregulaciones de los precios de algunos alimentos no han garantizado que éstos se encuentren de manera oportuna, permanente y suficiente en los anaqueles. Tal es el caso de la margarina, los granos, la salsa de tomate y la mayonesa, todos muy consumidos por los venezolanos, cuyos precios no están regulados y sin embargo, su acceso se ha hecho difícil. O por ejemplo, alimentos cuyos precios han sido recientemente  revisados y actualizados, como es el caso de los huevos de gallina, el café y el arroz, y sin embargo, tampoco se encuentran en los anaqueles.

El Gobierno Nacional ha estado asignando divisas para importar la materia prima y los insumos necesarios para la producción, o para adquirir en el exterior los alimentos terminados. Al comparar los niveles de importación del 2004 (año en el que no se registraba desabastecimiento de alimentos) con 2014, se observa que en el primero ascendieron a US$ 824.880.750,00 y en 2014 las importaciones sumaron US$ 2.281.712.109,97. La cantidad de divisas que el Gobierno Nacional asignó para la importación de alimentos o sus insumos incrementó 177% durante el mencionado período. A partir del 2015 los ingresos de divisas del país han registrado una disminución consecuencia de la caída de los precios del petróleo, no obstante, eventuales disminuciones en la asignación de divisas no se corresponden con los niveles de consumo y por tanto de disponibilidad de alimentos durante el referido año. Siguiendo con el mismo ejemplo, la mayor productora privada de harina de maíz precocida en Venezuela recibió en promedio, solo en 2014, 367% adicionales de divisas con respecto a los años anteriores.

Las serias dificultades que el pueblo venezolano está enfrentando para acceder a los alimentos no son causa de la disminución de la disponibilidad. Las dificultades se presentan en el proceso de distribución y suministro, en el hecho de que los bienes producidos en cantidades suficientes no se encuentran oportuna y permanentemente en los anaqueles de los establecimientos expendedores de alimentos, generándose de esta manera una percepción de “escasez” que origina largas colas y la proliferación de mercados ilegales en los que se transan estos alimentos a precios muy elevados. La pregunta que surge es en manos de quién están estos alimentos? ¿De quién depende su distribución y suministro?

En el Arte de la Guerra” de Sun Tzu se lee que “La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo lo que se pueda”. Es que acaso está el pueblo venezolano siendo sometido a una guerra?

En las guerras militares, convencionales, a quien se busca privar de alimentos es a los ejércitos, a las tropas, no a los civiles, acción que por inhumana igualmente rechazamos, tanto la privación de los alimentos como la guerra misma. Pero en este caso es al pueblo venezolano todo, sin distinción (aunque el de menos recursos siempre es el más afectado) a quien se le está tratando de privar de los alimentos, haciéndole cada vez más difícil su acceso. Será que se trata de un gran chantaje para acceder al poder político de parte de algunos sectores? ¿Será que apuestan al desgaste, desesperación, desesperanza, angustia e incertidumbre del pueblo venezolano? ¿O es que acaso ven en el pueblo venezolano un gran ejército? Necesario es identificar quiénes son los que comandan estas acciones que consideran al pueblo venezolano un enemigo, capaces de intentar desproveerlo, sin piedad alguna, de los alimentos.

Vale la pena recordar uno de los pasajes de El Príncipe de Nicola Machiavelo: “… un príncipe jamás podrá dominar a un pueblo cuando lo tenga por enemigo, porque son muchos los que lo forman; a los nobles, como se trata de pocos, le será fácil”.

Fuente: Celag

Aranguibel en VTV: Si no existiera el bachaqueo los productos alcanzarían para todo el mundo

El analista político Alberto Aranguibel reflexionó este lunes 10 de febrero en el programa DesayunoVTV sobre la realidad económica del país.

El todo por el todo

Por: Gipsy Gastello

Lo decía nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”.

Sí, lo es.

Tal vez no lo veamos siempre desde su justa dimensión.

Angustia, sabemos que angustia ver cómo nuestras cadenas de automercados se han convertido en el centro del negocio de los bachaqueros y bachaqueras, ese último eslabón en la cadena de enemigos del pueblo venezolano.

Angustia, a mí también me angustia, saber que debo hacer cola desde la madrugada por mi número de cédula y llegar apenas cinco turnos después que todo se acaba.

Angustia, es verdad que angustia, ver en las paradas de autobuses, en las salidas de las estaciones de Metro, en plenos mercados populares, todos esos artículos de primera necesidad que nunca encontramos, con sus precios multiplicados por cien, o más.

Angustia, reconozcamos que angustia, mirar los precios con miedo, porque los aumentan a la semana, al día, según el antojo de ese mercado negro que intenta devorarlo todo.

Ahora pregunto, ¿vamos a dejar que más de quince años de Revolución Bolivariana se vayan por el caño porque ese cruel y sanguinario imperio decidió aplicarnos el mismo guión de siempre, el del bloqueo? ¿Vamos a cruzarnos de brazos mientras vemos cómo la derecha asesina pretende borrar del mapa el legado del Comandante Eterno Hugo Chávez, porque no les da la gana de seguir perdiendo por la vía electoral?

Sería absurdo doblegarnos a estas alturas del partido. Sería absurdo arrodillarnos justo ahora. Sería absurdo dejarnos re-colonizar cuando estamos a un paso de la independencia definitiva.

Tenemos dificultades, nadie lo está negando. Todos y todas las vivimos por igual, incluso quienes aplauden a la derecha maltrecha.

Pero tampoco podemos negar que nuestro Presidente Obrero y su equipo de Gobierno le están echando un camión de ganas, que están entregando su vida, por vencer de una vez por todas al imperio más poderoso de todos los tiempos.

Nadie dijo que sería fácil. Con el Comadante Eterno entre nosotros tampoco lo fue. Ya tenemos años de duro entrenamiento porque, recuerden, nuestra libertad significa menos ganancias en las cuentas bancarias de los grandes dueños del capital.

Lo que sí sería imperdonable es dejarnos convencer por la misma garra que intenta sin descanso acorralarnos. Dejarnos domesticar por sus oscuras intenciones y sus inhumanas prácticas cotidianas, sería perderlo todo.

No, no nos podemos dar ese lujo. Y así como nuestro hermano y camarada Nicolás Maduro está enfrentando con toda la valentía del planeta a los grandes canallas, nosotros y nosotras debemos cerrar filas junto a él. Es el tiempo del todo o nada, y no sé ustedes, pero es el todo por el todo lo que entregó nuestro amado gigante Hugo Chávez. Nunca olviden que entregó hasta su último latido por la Patria Bonita. ¿Quedarle mal a él? ¡Jamás!

Entonces, nunca olviden las palabras de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”. Llegó la hora de demostrar esa lealtad absoluta con la que tanto nos llenamos la boca.

@GipsyGastello

ggastello@gmail.com

 

En busca de una teoría económica del bachaqueo

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 07 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La voluntad del capitalista consiste en embolsarse lo más que pueda. Y lo que hay que hacer no es discurrir acerca de lo que quiere, sino investigar su poder, los límites de este poder y el carácter de estos límites”. Marx

Comiendo en Sabana Grande a mediados de 2013, días después de las medidas ordenadas por el presidente Nicolás Maduro contra la usura y la especulación (lo que la voz popular denominó “el dakazo”), alcancé a oír en una mesa cercana a un sujeto de talante pronunciadamente opositor exclamarle a su contertulio que regular los precios de los productos básicos era una insensatez porque con una medida como esa no habría manera de saber cuáles productos eran de buena calidad y cuáles no.

Sin saberlo, porque su expresión denotaba el desespero de la ignorancia absoluta en los asuntos más elementales de la economía, algo muy común a toda la base militante del antichavismo, el sujeto rozaba uno de los ángulos esenciales del marxismo en el establecimiento de su teoría sobre la determinación de los precios de las mercancías en el capitalismo.

¿De dónde sale el precio de las mercancías? Decía Marx, de la sustancia común a todas ellas; el trabajo social. Su ecuación, de puro simple, era un verdadero alarde de la didáctica “Para producir una mercancía hay que invertir en ella o incorporar a ella una determinada cantidad de trabajo. Y no simplemente trabajo, sino trabajo social. El que produce un objeto para su uso personal y directo, para consumirlo él mismo, crea un producto, pero no una mercancía. Como productor que se mantiene a sí mismo no tiene nada que ver con la sociedad. Pero, para producir una mercancía, no sólo tiene que crear un artículo que satisfaga alguna necesidad social, sino que su mismo trabajo ha de representar una parte integrante de la suma global de trabajo invertido por la sociedad. Ha de hallarse supeditado a la división del trabajo dentro de la sociedad. No es nada sin los demás sectores del trabajo, y, a su vez, tiene que integrarlos.”

Pero según la pueril lógica de aquel atribulado opositor de Sabana Grande, si una mercancía es cara es buena. Lo que traduce la norma no escrita del consumismo de acuerdo a la cual lo que importa es la marca antes que el valor verdadero de la mercancía.

En su legendaria disertación sobre salarios, precios y ganancias, ante la 1ra Internacional, Marx acotaba: “Una mercancía tiene un valor por ser cristalización de un trabajo social. La magnitud de su valor o su valor relativo depende de la mayor o menor cantidad de sustancia social que encierra; es decir, de la cantidad relativa de trabajo necesaria para su producción.”

El fenómeno de la compra de mercancías para revenderlas a precios inflados solo por la sed de especulación, conocido hoy en el mundo como “bachaqueo”, no conoce de Marx ni respeta sus tesis.

Su negocio se fundamenta en una conspiración monetaria orquestada desde los sectores del gran capital contra el bolívar, a través de un mecanismo de devaluación inducida en el que intervienen simultáneamente varios actores en calidad de mercenarios; los medios de comunicación privados, tanto nacionales como extranjeros; la banca privada, la contrarrevolución que financia el imperio norteamericano en el país y en el exterior; y el Departamento de Estado de los Estados Unidos en connivencia con el gobierno y la dirigencia política de la derecha en Colombia y en España. Y los malandros.

El valor de toda esa demencial operación está determinado por el precio de una moneda extranjera a la que se ha volcado fundamentalmente un sector privado cada vez más convencido de la rentabilidad de la importación. La misma que le permite evadir los costos operativos de su negocio ahorrando pagos por impuestos, costos laborales, de inversión en fábricas, maquinarias, servicios, etc.

En ese proceso las mercancías han dejado de tener un valor asociado al trabajo social invertido en ellos para alcanzar precios astronómicos que la gente paga sin racionalidad alguna, movida solamente por el terror a la falta de los productos en el anaquel. Nadie pide rebaja. Todo el mundo compra bajo el supuesto de que el elevado precio que cancela es infinitamente más barato que el que tendrá que pagar mañana por la misma mercancía.

¿Por qué un mercado capitalista como ese violenta de manera tan brutal y riesgosa para sí mismo las leyes más elementales del mercado, como la del necesario equilibrio entre la oferta y la demanda que impida la formación de espirales inflacionarias indetenibles que a la larga conduzcan al colapso y al desmoronamiento de su propio sistema?

Tal como lo ha demostrado el cierre de frontera decretado en agosto por el gobierno revolucionario, el contrabando de extracción de todo tipo de mercancías hacia la hermana república, se basa en el principio de la progresión geométrica de la ganancia cuyo interés único es el del incremento del beneficio sin riesgo alguno de afectación por los desequilibrios que ese mismo contrabando desate, simplemente porque la economía que en virtud de esas distorsiones se vendría abajo no sería la de su país , es decir, la de Colombia, sino la de una nación extranjera, Venezuela. El escudo es que dicha operación toda se lleva a cabo con la moneda venezolana, con lo cual el signo monetario colombiano, por su muy pobre poder, no está en ningún momento bajo riesgo.

Sin embargo el negocio del bachaqueo no es solamente el asunto del contrabando hacia Colombia y el subsecuente daño que le hace a nuestra moneda con el empobrecimiento inducido desde el banco central de ese país mediante la Resolución 8, que legaliza la arbitrariedad cambiaria en la frontera.

El afán de lucro de los sectores especuladores que mediante ese demencial mecanismo juegan hoy al estallido de nuestra economía es tan gigantesco que no solo han edificado su perverso negocio trasgrediendo los linderos de la soberanía territorial del país, sino que se instituyen en víctimas exigiendo a nivel internacional respeto a las normas del libre mercado, de la libre empresa, y hasta de los derechos humanos de los contrabandistas, que se verían supuestamente afectados con las medidas acordadas por el gobierno bolivariano.

El otro derecho tras el que se escudan ahora los saqueadores es el de la libertad de expresión.

Como todos los males del capitalismo, el deterioro al que conduce el bachaqueo es progresivo y alcanza a estratos de la población que, en ejercicio de esas libertades democráticas que enarbolan, ven en el mismo una oportunidad de obtener beneficios fáciles con infinidad de fórmulas ilegales que las nuevas tecnologías, como internet, permiten. Si para algo le sirven al bachaqueo los anaqueles vacíos es para que la gente intente obtener los productos por cualquier vía. Los portales de mercadeo por internet son una de ellas. Pero en la sociedad del libre mercado internet es intocable. De modo que el saqueo continúa.

¿Cómo hacer entonces para salir del infierno del bachaqueo?

Hay quienes han llegado (incluso desde el marxismo) a sugerir hasta la eliminación del dinero como instrumento de cambio para que las transacciones, tanto en la frontera como en el resto del país, se lleven a cabo exclusivamente a través de tarjetas de crédito. Pero desde hace meses ya están apareciendo halcones del neoliberalismo con propuestas como esa para asumir el control económico de las naciones, tal como lo ha propuesto el Club Bilderberg, el Financial Times y gobiernos como el de Dinamarca, que aspira a convertirse en la primera nación del mundo en adoptar esa medida. Brian Lang, presidente de MasterCard en Canadá dijo esta semana “Nuestro objetivo no es acabar con la competencia sino con el dinero en efectivo.”

Sería pues de Perogrullo responder junto con Chávez que solo el socialismo salva al pueblo. Pero, en la realidad consumista a la que ese perverso fenómeno capitalista ha conducido a buena parte de nuestra sociedad, y que coloca a muchos en la creencia de que socialismo sin dólares no es socialismo, por mucha política o programa social que se adelante, por mucha transformación del Estado para construir el verdadero poder popular que se emprenda, pareciera que la tarea más apremiante es ir más a fondo en la profundización del trabajo de formación ideológica del pueblo antes que ninguna otra cosa.

La amenaza del capitalismo no es solo contra el pueblo venezolano. Solo que Venezuela, por su propuesta redentora, es la referencia del bienestar posible para el mundo entero.

@SoyAranguibel

Aranguibel y Hernández Montoya analizan el cierre fronterizo

Alberto Aranguibel y Roberto Hernández Montoya analizan el 06 / 09 / 2015, en el programa “Como Ustedes Pueden Ver” que transmite Venezolana de Televisión, el cierre de frontera entre Venezuela y Colombia.

Holguín dijo la verdad: El problema es que Venezuela vende muy barato

Por: Clodovaldo Hernández

En medio de tantas mentiras, la canciller colombiana, María Ángela Holguín, ha dicho una gran verdad: el problema del contrabando se debe a que Venezuela subsidia los productos de primera necesidad.

Claro, que la ministra neogranadina lo dice como una crítica, no como un reconocimiento de que de este lado del Arauca hay un gobierno mucho más justo y preocupado porque los pobres coman, tengan salud y se eduquen. Según la manera de ver el mundo de la derecha colombiana, subsidiar bienes de consumo masivo es un error o, quizá, una estupidez.

No es de extrañar que la clase política colombiana piense así. No es algo exclusivo de ese círculo de poder. Es la naturaleza del capitalismo (sobre todo en esta fase neoliberal) el sacarle hasta la última gota de sangre al prójimo, tan pronto se descuide un poco. En este mundo de fieras carnívoras, cualquiera que muestre un poco de humanidad, de solidaridad es de inmediato sometido al abuso, al chuleo. Una ley no escrita de los negocios dice que quien adopte políticas sociales igualitarias, que se atenga a las consecuencias.

Esa filosofía es seguida con estricto celo por las corporaciones transnacionales y por las empresas grandes y medianas de cada país. Esas compañías solo dedican a los sectores necesitados lo mínimo que les exijan las leyes y de inmediato solicitan exoneraciones de impuestos.  El concepto de “responsabilidad social” que se ha puesto de moda en los últimos tiempos es una muestra de ello. El capitalista inteligente le arranca el hígado tanto a sus trabajadores como a sus clientes y luego monta unos programas ahí para entregar algunas migajas de sus ganancias y, de paso, hacerse propaganda y construirse una imagen positiva: “¡Es que somos tan buenos!”, gritan en la televisión.

Como sucede en todos los órdenes, la ideología implícita en esas conductas de los gobiernos y las corporaciones se traslada a toda la estructura social. Las palabras de Holguín pueden ponerse en boca de cualquier comerciante especulador de allá o de acá y cuadran perfectamente, aunque tal vez lo dirían de un modo menos diplomático. Algo como: “¡Qué culpa tengo yo si este gobierno es gafo!”.

Y esas palabras pueden trasladarse también al decir (con los ajustes estilísticos pertinentes) de las personas sencillas que se dedican al bachaqueo, sea binacional o interno. El principio es el mismo: si el gobierno bolivariano pone estos productos tan baratos, nosotros, que somos muy avispados, estamos autorizados a aprovechar  esa “manguangua”, tenemos derecho a meternos un billete trabajando poco y ganando mucho.

La identificación plena con esa línea de pensamiento es lo que lleva a la dirigencia política contrarrevolucionaria a coincidir plenamente con Holguín. Pregúntele usted a un célebre economista opositor y le dirá que la causa del contrabando y del bachaqueo es el empeño en subsidiar, una cosa pasada de moda y netamente populista. Jurará que la solución es dejar todo en manos de las leyes de la oferta y la demanda. Pregúntele a su vecino escuálido y dirá más o menos lo mismo, aunque cada vez que pueda se meta en la cola de Mercal.

En fin, son los dos modelos, las dos cosmovisiones  que están en pugna. La de Holguín es la voz de la derecha capitalista que tiene eco hasta en el último bachaco.

clodoher@gmail.com

 

Aranguibel: “En Venezuela hay una guerra económica que genera escasez”

Alberto Aranguibel sostuvo este lunes 22 de junio de 2015 en el programa Vladimir a la 1 que transmite Globovisión, que en Venezuela está demostrado que lo que efectivamente hay es una guerra económica que genera perturbaciones como la escasez de productos mediante formas eminentemente capitalistas como el contrabando, el acaparamiento y el llamado bachaqueo, que según él analista no son sino las formas en las que esa guerra contra el pueblo se expresa.

 

Cultura contra bachaqueo

– Publicado en Últimas Noticias el 17 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En pleno corazón económico de Petare, en los alrededores de la redoma y en su vertiente hacia Maca, conviven hoy de manera yuxtapuesta los factores más emblemáticos de la confrontación ideológica por la que transita el país desde hace más de tres lustros.

En las calles es virtualmente imposible alcanzar a ver el piso entre la anárquica turbamulta de timbiriches de bachaquería, mercachifles de toda pelambre, compradores desesperados, motitaxistas arbitrarios, camioneteros del abuso y pobladores de resignación infinita, ninguno de los cuales refleja en modo alguno en su rostro expresión de complacencia con el tumulto que ya pareciera formar parte inexorable de sus vidas.

El bachaqueo se impuso en toda esa zona como si de un demencial territorio liberado se tratara, para colocarse al servicio de una distorsión socioeconómica que deriva directamente de dos factores; por un lado los bajos precios de los productos regulados de los cuales se aprovecha el bachaqueo para llevar a cabo su perverso negocio, y por el otro la inmoral usura que, gracias a un consumismo voraz sembrado en la sociedad por el capitalismo, persigue destruir la capacidad adquisitiva del venezolano y adueñarse del bienestar económico que con tanto esfuerzo la revolución bolivariana ha construido.

De manera sorprendente, la Hacienda El Toboso se erige como un oasis en medio de ese degradante muladar capitalista, para dar paso a un escenario de paz en el que Tito Salas diera vida a su obra inmortal y que hoy la revolución bolivariana reactiva a través del valioso e incansable esfuerzo de un excepcional equipo de cultores populares al frente del cual se encuentra la infatigable promotora y amiga de la cultura nacional Natacha Castillo.

Una muestra más del inmenso trabajo de rescate de nuestros auténticos valores culturales, así como de refacción a fondo de toda una inapreciable infraestructura que el capitalismo abandonara como expresión de su desprecio por nuestra identidad como pueblo.

Son dos concepciones y dos modelos los que se enfrentan hoy en Petare; el capitalismo salvaje que promueve el bachaqueo usurero y especulador, y el socialismo bolivariano profundamente humanista y redentor de lo nuestro, con base en la paz, la cultura y la justicia social.

 

@SoyAranguibel

Bachaqueo, desquiciamiento y guerra

Por: José Manuel Rodríguez R.

Recuerdo las terribles imágenes del tsunami en Japón. No puedo olvidar las largas filas de ciudadanos, de todas las edades, silenciosas y estoicas, esperando su turno para recibir un bollo de pan y un cambur. Luego, con una reverencia de conmovedora dignidad, se retiraban a sus refugios. Un sicólogo ligero diría: se ha conjugado una milenaria cultura del sometimiento con un medio natural inestable y agresivo que hace precaria la vida.

Hace días Eduardo Rothe escribió en Aporrea: Venezuela es una maravillosa y fértil república de llanuras, selvas, ríos y serranías, repleta de riquezas, defendida del mar por una cordillera que corre de este a oeste; sus pobladores son gente alegre, igualitaria y despreocupada… Y continua el camarada: Los venezolanos son serios pero informales, sólo cultivan la perfección donde es obligatoria, en la ciencia y la tecnología, la aviación y la música; en lo demás, cultivan un cuidadoso desorden que da a sus obras y labores, a sus ciudades y servicios, un toque de incompleto…

Sin embargo, siento que faltó, en la lista construida por Eduardo, el adjetivo que explique el amasijo de posesos que hacen colas en los automercados para comprar cualquier cosa por docenas; en Movilnet para adquirir celulares; en Liberty Express para recibir los paquetes encargados a Miami. O que califique las amanecidas frente a Tu casa Bien Equipada para adquirir, de un solo golpe los artefactos eléctricos que antes se compraba a lo largo de varias navidades.

En ninguna de esas colas hay hambrientos, ni resignados a recibir la parte que le corresponde en la igualación de un comunismo imaginario. Lo que abunda son señoras de pelo oxigenado, enloquecidas por su irracional antichavismo, atapuzando sus apartamentos clase media con cientos de productos, que terminan vencidos. Gente del pueblo por miles comprando harina “Pan”, azúcar o leche como si administraran areperas. Colombianos por centenares comprando bultos de champú, jabones o desodorantes como si todos fueran dueños de peluquerías. Y sin duda, guerreros corporativos.

jmrr44@hotmail.com

El modelo de la crueldad

– Publicado en Últimas Noticas el 17 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando la oposición habla de “cambiar el modelo” no explica en lo absoluto a qué modelo se refiere, entre otras razones porque no quiere que el pueblo sepa de qué está hablando.

De acuerdo a la síntesis de la definición gramatical del término, modelo puede ser una infinidad de cosas, dependiendo del punto de vista o del ámbito del conocimiento desde el cual se enfoque.

En matemática, por ejemplo, modelo es la representación de una determinada fórmula o relación de valores. Mientras que en bellas artes viene a ser el sujeto que posa para una obra pictórica o escultórica. En el mundo de la publicidad, modelos son los profesionales que muestran de una manera determinada productos como ropa, perfumes, etc., así como en ingeniería o en arquitectura puede ser una representación volumétrica de un proyecto.

Lo que propone la oposición pareciera estar referido al conjunto de políticas económicas del gobierno si lo contextualizamos en el grueso de su discurso contra el proceso revolucionario que encabeza el presidente Maduro. Pero hay muchos elementos que permiten intuir que no es así y que su intención es tratar una vez más de engañar al pueblo para hacerse del poder.

Su preocupación, más que económica, es definitivamente política. En virtud de lo cual su intención no puede ser sino la búsqueda de la sustitución de la formulación socialista para la transformación de la sociedad y de los medios de producción que hoy avanza en el país, con la única alternativa que desde el punto de vista científico puede oponérsele a dicho sistema que es el capitalismo. No hay otra.

De ser así, la única alternativa del pueblo es entre el bien y el mal.

El bien es el sistema que provee inclusión social, reconocimiento de los derechos del pueblo, asistencia y protección a la gente por parte del Estado, y garantía del esfuerzo de todos en función del bienestar común.

El mal es el que encarnan los criminales que a sabiendas del hambre y del agobio que padece ese pueblo con la especulación que el capitalismo ha desatado en el país, esconden los alimentos y cuando los ponen a la venta lo hacen a precios inalcanzables para la mayoría.

Quienes promueven ese cambio de modelo con el único interés de amasar cada vez mayores fortunas, es la gente más inhumana y cruel que pueda haber en el mundo.

@SoyAranguibel

Aranguibel en CNN: El contrabando es una forma de capitalismo

En el programa Café CNN con la periodista Glenda Umaña, Alberto Aranguibel habla acerca del funcionamiento del sistema biométrico que ha anunciado el Gobierno de Venezuela como una nueva acción para controlar el contrabando de extracción.

Alberto Aranguibel propone que el Estado asuma el “control absoluto” de las importaciones

 

(Caracas, 20 de agosto. Noticias24) – El analista político Alberto Aranguibel estimó hoy que la solución a los problemas económicos del país pasa porque el Estado asuma el “control absoluto” de la importaciones.

“Salir de la crisis (económica), a la que hoy se le añade un componente adicional como lo es la cultura del bachaqueo o contrabando interno como forma de vida, llama a aplicar la fórmula que aplicó el comandante Hugo Chávez en los años 2002, 2003 y 2004, cuando asumió la responsabilidad de convertirse (el Estado) en importador directo de los productos de primera necesidad que estaban escaseando en aquel brutal y salvaje golpe contra la revolución bolivariana”, dijo en una entrevista exclusiva para Noticias24 TV.

“Eso es lo que nos puede salvar en este momento: que el Estado asuma el control absoluto de las importaciones, porque además, contrario a lo que era hace 15 años, el actual es un Estado que cuenta con la más grande red de comercialización de alimentos, de bienes y servicios”, añadió en referencia a las cadenas de Abastos Bicentenario, Pdval y Mercal.

En tal sentido, explicó que en Venezuela ya hay experiencias “exitosas” de importación directa, y puso como ejemplo a las cooperativas que venden, sin intermediarios y a menor costo, repuestos para el sector del transporte público en Aragua y otros estados.

Esta modalidad permitiría, aseguró, eliminar dos de los principales problemas de la economía venezolana: el manejo ilegal de la divisas para “generar especulación inflacionaria” y el alza de los costos de los productos básicos.

“No hay, por la vía del capitalismo, solución a los problemas de la sociedad. Ni en Venezuela ni en el mundo”, zanjó.

Modelo capitalista, gestor de la crisis

Aranguibel aseveró que es el modelo capitalista el gestor de la actual crisis económica, y que expresiones como el “bachaqueo”, impulsadas por el ciudadano común, son un fiel reflejo de las perversiones a las que lleva a la sociedad ese modelo.

“En Venezuela lo que está generando un percance es el modelo capitalista, lo que estamos viendo nosotros como distorsiones, son, primero, estar en un escenario capitalista. La economía de Venezuela no ha dejado de ser capitalista, está transitando hacia la construcción de un modelo socialista, pero no hay en modo alguno, todavía, un poder popular controlando los medios de producción como plantea un modelo cabalmente socialista”, dijo.

Indicó que en el país “lo más grave no es hoy un problema de desabastecimiento”, sino en buena medida una “percepción” creada desde hace meses por los medios y por la dirigencia opositora, que impide que la gente reconozca los esfuerzos y avances del gobierno en la lucha para contrarrestar la guerra económica.

 Vea aquí la entrevista completa

Crisis, consumos y ganancias.

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Por: Alberto Aranguibel B. / Fotos: AAB.

El mito de las veintidós mil empresas de maletín que habrían secado las reservas internacionales del país, y su correlativa versión según la cual el gobierno las tendría escondidas porque supuestamente sus propietarios formarían parte del alto mando político de la revolución, acomoda perfecto en un escenario donde el imperio norteamericano, las más poderosas transnacionales del planeta y todo el ámbito capitalista en general, desatan la más feroz de todas las guerras económicas que jamás se hayan llevado a cabo contra una nación.

Nada resulta más conveniente y oportuno a un especulador cambiario cualquiera que la estampida de todo un país en el sentido opuesto a donde él se encuentra, es decir; corriendo a buscar al culpable equivocado del desfalco más gigantesco que se haya producido contra su economía. De ahí que comerciantes de toda pelambre, importadores, corporaciones nacionales e internacionales, gremios, y representantes del poderoso sector privado que rabió por años por la supuestas dificultades para la obtención de tan preciado instrumento transable, no abra ni en lo más mínimo su boca para decir tan siquiera, no que celebra la cacería, sino al menos que se solidariza de algún modo con la jauría que persigue a los presuntos maletineros.

De la noche a la mañana, ya nadie recuerda a los miles de usureros que hasta hace poco reventaron a su antojo los parámetros de lo imaginable en elevación de precios, valiéndose precisamente de divisas obtenidas del Estado a tasa preferencial, para amasar inmensas fortunas estafando a la gente, ni a los cientos de miles de raspacupos que hicieron saltar en menos de tres años hasta tres y cuatro veces las tarifas aéreas con su torbellino de turismo defraudador, ni a los millones de viajeros frecuentes que solo por diversión entregaron en el exterior los miles de millones de divisas que recibían también a tasa solidaria. Sin contar, por supuesto, a los cientos de miles de empresas que efectivamente honraron su compromiso con el Estado en el uso de la moneda extranjera que se les estaba otorgando. Ya no hay malandros en el capitalismo.

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Recordar hoy, después de la inmensa campaña mediática y opositora urdida para posicionar la especie contrarevolucionaria como una verdad incontrovertible, que de lo que habló el Ministro Ramírez en su rueda de prensa del 18 de octubre del 2013, en la que anunció la eliminación del sistema cambiario, fue de “sectores que han defraudado al Fisco, y que están al margen de la Ley” y no de veintidós mil empresas fantasmas, no tiene hoy sentido. La matriz ha sido sembrada en la dirección que conviene al gran capital y en ella se moverá la sociedad. Pero, cabe preguntarse ¿Y de aquellos perversos que todo el país vio saqueando el país y acabando con el bienestar de los venezolanos a punta de incrementos de precios, acaparamientos masivos, contrabandos millonarios, qué será?

El asunto, que ahora se reduce a una simple cacería de la dirigencia chavista, acusada, ¡oh paradoja!, por los llamados sectores radicales de la revolución como los estafadores del sistema cambiario, allana al sector capitalista el camino para su reorganización y mayor fortalecimiento en el país, mediante una modalidad de guerra económica poco convencional incluso en el modelo ingerencista del imperio norteamericano, que es aquella en la que se conspira fomentando una escases inducida de todo tipo de productos y bienes de consumo que, contrario a lo que dicta la ley fundamental del neoliberalismo, la de la oferta y la demanda, y a lo que fue siempre asumido como “inversión a pérdida” por las grandes corporaciones transnacionales para justificar su aporte en el derribamiento de gobiernos hostiles a los intereses de los EEUU, no genera pérdidas sino… ¡mucha ganancia!

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Unas insólitas colas para comprar una franela negra o un inadecuado chaquetón de invierno en medio de estos calorones, disparan las alarmas cuando el mundo entero ve con estupor cómo un país que se dice en crisis atiborra las tiendas Zara, que en Venezuela, como en el resto del mundo, comercializa ropa de segunda y tercera categoría como si fuera de primera. De la noche a la mañana, la gente entra progresivamente en cuenta que no es ésta una crisis de carestía alguna, sino de exceso de consumo, que vacía anaqueles tras anaqueles con un furor de compras compulsivas que desconciertan y transforman el paisaje urbano con los miles de viandantes cargados de paquetes de harina PAN, bultos aparatosos de papel tualé y bolsas repletas de tarros de margarina, como si del Apocalipsis se tratara. Que lo que faltan son dólares. Y que eso también es una crisis.

El periodista Michael Castellanos, en un reportaje sobre las compras nerviosas en Últimas Noticias, dice “Gerentes y supervisores de algunos comercios visitados en un recorrido realizado por el equipo de Últimas Noticias, expresaron que televisores y aires acondicionados se venden en un santiamén. Indicaron que esta conducta de los consumidores ha llevado a que se les agote el inventario rápidamente, a pesar de que reciben mercancía por parte de los proveedores con cierta regularidad (…) El Jefe de Almacén de DAKA, en Boleíta, que prefirió permanecer en el anonimato, dijo que han llegado a recibir mercancía cuatro (4) días a la semana, pero “Todo se vende casi justo cuando llega; por eso los anaqueles están vacíos. Incluso hemos llegado a vender doscientos (200) aires acondicionados en un (1) día” ”. (UN/Economía/ 27/04/2014)

En cuanta tienda se entra a preguntar por lo que sea, el vendedor dirá siempre a más tardar a los dos minutos y medio la misma frase referida a la “situación país”, que es como los opositores denominan en su lenguaje exquisito al escenario catastrófico por el cual ellos están entregando sus vidas en las calles. Bajo ese signo, auténtica contraseña de interconexión solidaria entre el comprador y el tendero, la gente acepta que no hay mercancía y acepta llevar “lo que hay”, al precio que sea porque se dice que mañana va a venir a precio nuevo… ¡si es que viene!

Pero siempre viene. El que le da la gana a la transnacional en cada caso, pero viene. La modalidad del “ciclo de la alternancia” impuesto por las grandes corporaciones que juegan hoy en nuestro país a la desestabilización estimulando el descontento popular hacia el gobierno con la escasez de sus productos, hace que la gente se obstine de ver durante un mes el anaquel de los champús, por ejemplo, casi completamente vacío, en el que solo hay por allá muy al fondo un tipo de champú, digamos el azul, que luego de un mes desaparece y es suplantado por el verde, de la misma marca, y así sucesivamente hasta que todos los tipos de champú de esa marca han desfilado por el mismo rinconcito del anaquel de marras para iniciar de nuevo su perverso ciclo golpista. Cada anaquel es un “centro ideológico” para el opositor de a pie, que espera con ansias el momento de ir al supermercado para instalarse ahí a hablar pestes del gobierno con cuanto prójimo aparezca, a aún cuando su carrito repleto de productos que “NO HAY” revele su estado de disociación psicótica.

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Mientras se transmite la impresión del horrendo desastre en el que nos sumerge la “situación país”, se vende “lo que hay” a todo el mundo y se gana siempre lo mismo. O más, si le añadimos la especulación que nunca es de extrañar en la cultura capitalista.

Igual es con el desodorante, con las hojillas y máquinas de afeitar, lavaplatos, desinfectantes, jabón, detergentes, suavizantes, etc., etc., que para sorpresa de los venezolanos, que en su casi totalidad ni lo imaginan, son siempre productos de una misma gran corporación transnacional, que alega falta de flujo de divisas para explicar y justificar su comportamiento. Jamás explicará, por supuesto, cómo es que para comercializar un solo tipo de champú al mes sí tiene divisas.

Es la providencial posibilidad que se ofrece a corporaciones veteranas en el arte de derrocar gobiernos progresistas a través de la historia, de permitirse promover el descontento y la rabia entre la gente, a la vez de acumular inmensas fortunas vendiendo, en términos proporcionales, lo que ni siquiera en mercados perfectamente desarrollados y estables alcanzarían a vender hoy en medio de la crisis terminal que experimenta el modelo neoliberal capitalista.

No es por falta de dólares que una gigantesca empresa como la Procter & Gamble, probablemente la más poderosa fabricante de productos de consumo masivo en el planeta, va a dejar de vender sus mercancías en el país. Su tradición golpista, junto a muchas otras como ella, de infausta recordación en Latinoamérica por sus muy decisivas acciones contra gobiernos democráticos, como el de Salvador Allende, por ejemplo, les precede.

Solo le falta que el glorioso pueblo chavista les permita repetir aquí su repugnante felonía. Y eso sí que en verdad pareciera ser lo más remoto.