El engaño del miedo

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Publicado en Últimas Noticias el 05 / 04 / 2014

Una desaforada antichavista se desgañita en un vagón del Metro de Caracas vociferando en contra de la dictadura que, según ella, no la deja hablar y que supuestamente tiene a su hijo de 4 años preguntándole a cada rato, también según ella, que en qué tipo de democracia irá a vivir él cuando sea grande.

Al parecer, el prodigioso muchachito es infinitamente mucho más cuerdo que ella, que apenas con cuatro años de edad se preocupa por los asuntos por los cuales hasta el mismísimo Andrés Bello se vino a preocupar por ahí por cerca de los 38 años, más o menos, siendo como lo fue el más grande precursor del Derecho Civil en nuestro continente.

Nadie le hace caso, pero la desgañitada mujer insiste en reclamarle con furia amenazante a los pasajeros del Metro exactamente lo mismo que el resto de los guarimberos, terroristas y paramilitares importados por Leopoldo López y María Corina Machado por instrucciones expresas del Departamento de Estado norteamericano con la aviesa finalidad de aterrar a la población mediante acciones violentas y criminales de perfecto corte fascista, le vienen reclamando a la población desde hace más de una década, instándoles a “despertar” y a “perder el miedo”, como si la democracia fuese un asunto de sonambulismo o un torneo de fuerzas y de gallardía y no una cuestión de simples votos electorales.

Se indignan (o se arrechan, como a ellos les gusta decir) porque la gente no los ayuda a “salir” de Maduro, en lo que ellos califican de infame indiferencia, pero no se les pasa en lo más mínimo por sus desquiciadas mentes que no es que la gente está dormida o que sea indiferente, sino que no les venga en gana estar de acuerdo con la barbarie neoliberal que le proponen al país desde ese sector ultraderechista.

No se les ocurre en modo alguno que el silencio de esa gran mayoría que ellos ven como vulgares zombis, obedece a una clara convicción revolucionaria del pueblo que juró una y mil veces defender la Patria que su líder redentor le pidió en su última proclama que defendiera, hasta con entrega de su vida si fuera menester hacerlo.

No les entra en su obtusa cabeza de vendepatrias trasnochados, que en vez de dormida esa inmensa mayoría de pueblo al que ellos asumen como indiferentes, está más despierta que nunca y más consciente de lo que un guarimbero cualquiera estará jamás en toda su vida.

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Una bestia recorre el mundo; el capitalismo

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SI QUEREMOS LAS PAZ CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO

Por Martín Guedez

El esfuerzo inédito por la paz del gobierno revolucionario merece la admiración y el respaldo de todas las personas de buena voluntad. Sin embargo resulta evidente la conexión entre el clima de violencia que se impone a la sociedad venezolana y los fines políticos inmediatos de quienes la están construyendo. No obstante, creo que esta pandemia de  violencia e inseguridad trasciende el momento político y posee unas causas más profundas e integrales.

Estamos persuadidos de que esta cosmovisión responde a las necesidades propias de un sistema económico, político y social que se nutre de la violencia. Estamos arribando a un punto culminante en la construcción consciente del principio de autodestrucción. Es la estructura del sistema la que propicia y necesita de este escenario general. Es la competitividad sin límites la que requiere de este clima erigido en principio.

La competitividad para tener más fortalece preponderantemente el crecimiento de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más capaz (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, es el triunfador. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona y se imponen los más fuertes. Estos “merecen” sobrevivir, pues dinamizan la economía. Los más débiles son peso muerto, por eso son, desincorporados o eliminados. Esa es la lógica feroz y terrible del sistema capitalista neoliberal. Con esa lógica en marcha quien no tiene, porque ha sido excluido, busca el tener a su aire y manera, por ejemplo, con una pistola colocada en la cabeza de quien posee lo que él desea y no tiene.

Esta competitividad feroz invadió prácticamente todos los espacios sociales: los lugares de trabajo, las universidades, las escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la competitividad tiene que ser agresiva. El que más produzca, el que más consuma, el que más cabezas pise, ese es el Jefe, ese es el que manda. No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos hasta la religión, desde las cremas adelgazantes hasta la cultura. Los espacios personales y sociales, que tienen valor pero que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se encuentran cada vez más arrinconados, como una especie exótica en vías de extinción. Sin embargo, estos son los lugares donde respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos hace anémicos y nos deshumaniza. El capitalismo es inhumano en esencia. El capitalismo es la mejor representación de Satanás.

En la medida en que prevalece sobre otros valores, la competitividad provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Cada quien lucha defendiéndose y atacando por su sobrevivencia. Ocurre que luego del derrocamiento del socialismo real, con la homogeneización del espacio económico de cuño capitalista, acompañada por la cultura política neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia fueron llevados el extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada. La potencia hegemónica, EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo el crimen  y las armas, para siempre triunfar sobre los demás. En unos pocos años hemos podido ver esta lógica criminal en plena acción tanto en Afganistán como en Iraq, Libia o Siria. Aplican el genocidio y la violencia generalizada en su ley, para lograr lo que desean…  Seguir leyendo “Una bestia recorre el mundo; el capitalismo”