Big Data… ¿opresión o liberación para los pueblos?

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde los orígenes de la guerra como medio de aseguramiento del poder de los más fuertes sobre los más débiles, se dijo que la inversión en el instrumental bélico que requerían los ejércitos estaba más que justificada con el logro de la paz que las conflagraciones prometían.

Jamás ha sido tan cuantiosa esa inversión como hoy en día, y nunca ha estado más lejana la posibilidad de la paz en el mundo. Solamente los Estados Unidos, con un presupuesto anual de 800 mil millones de dólares destinados al requerimiento de su insaciable industria militar, derrocha en armamento más que todo lo que invirtió el mundo entero durante la Segunda Guerra mundial.

Con lo invertido en la exploración espacial, iniciada como parte de la pugna por el liderazgo mundial durante la Guerra Fría, se habría podido sufragar la erradicación del hambre en el planeta por más de mil quinientos años.

A la humanidad se le dijo siempre que tan descomunal gasto se justificaba por los grandes logros científicos que dicha exploración arrojaría en beneficio de todos los habitantes de la tierra.

Hoy, salvo la infinidad de nuevas (y muy poco redituables) incógnitas sobre el universo, el balance es poco menos que desalentador, por decir lo menos, en términos del bienestar y el progreso que supuestamente le depararía al ser humano la eufemísticamente llamada “conquista del espacio”.

Su sola definición remite a la brutal forma de sometimiento que los imperios utilizaron a través del tiempo para imponerse sobre las culturas y civilizaciones originarias que las conquistas diezmaban a su paso.

Lo que a lo largo de la historia se presentaba como el desarrollo de la ciencia y el conocimiento, terminó siendo siempre, en términos más absolutos que relativos, el avance y consolidación de los sectores hegemónicos que detentaron el poder, y que a la larga convirtieron al mundo en la escandalosa desproporción que es hoy en día; más de una quinta parte de la población padece de hambre y miseria, mientras solo el 1 % es dueño de casi la mitad del dinero que gracias fundamentalmente a ese avance de la ciencia y del conocimiento se genera.

La información, estructurada o no bajo sistemas complejos o de inteligencia artificial, no es en sí misma un activo de valor para el desarrollo de la humanidad. Su poder auténticamente transformador dependerá siempre del uso que en cada caso se le dé en un sentido o en otro.

De ahí que la apropiación del conocimiento haya sido desde siempre un objetivo medular de los sectores dominantes, que no han cesado nunca en su empeño en colocar las oportunidades de avance de la humanidad a su servicio. La llamada “patente”, la figura legal del registro de propiedad sobre las invenciones, es una clara evidencia de esa vocación privatizadora del capitalismo sobre el conocimiento.

Con la batalla que libra hoy los Estados Unidos por asumir el control geoestratégico del continente suramericano en particular, el imperio persigue controlar las riquezas energéticas de la región, pero muy fundamentalmente asegurar el inagotable poder que entrañaría la posesión del genoma de la vasta biodiversidad amazónica… información que podría determinar en el futuro la sobrevivencia misma del ser humano.

Esa información de tan inapreciable valor para la hegemonía dominante no puede servir a la humanidad sino como mercancía, en primer lugar, y luego como instrumento de sometimiento de los pueblos, en razón de lo cual para el capitalismo la misma no será nunca de carácter público sino privado.

El Dr. Rick Gilmore, profesor de sicología asociado de la Universidad de Pensilvania, EEUU, lo ha expresado de manera más que gráfica. “No hay -dice de manera sarcástica Gilmore, haciendo referencia al ocioso costo de la exploración espacial- un telescopio Hubble recopilando en la actualidad datos (Big Data) sobre el universo del desarrollo humano para hacerlos más accesibles a los investigadores, que sí tienen muchas preguntas importantes al respecto”.

El catedrático e investigador sostiene que las inmensas oportunidades que se abren hoy con la enorme cantidad de información que se está procesando en el estudio del comportamiento humano, podrían hacer más poderosas y útiles las investigaciones que se llevan a cabo en infinidad de trabajos y de áreas de la salud, pero… si se compartieran.

Algo que no es posible por ahora, en virtud del dominio que ejercen sobre esa información quienes financian a las grandes fundaciones y empresas encargadas de esas investigaciones.

Al decir de Gilmore “Es demasiado difícil para un investigador que quiera reutilizar los datos de otra persona –primero para encontrar a esa persona y luego para reutilizar su conocimiento, para hacerlo interoperable- para construir a la vez nuevo conocimiento”.

“Hay empuje para superar esa limitante, pero hay más tracción para impedir que se universalice la información. El empuje viene dado principalmente por las organizaciones que agrupan a los investigadores, como la National Science Foundation o los institutos nacionales de salud (en EEUU), que son quienes están haciendo las preguntas de verdadero interés sobre la ciencia”, dice.

El caso de los laboratorios farmacéuticos y la forma en que ellos han secuestrado el campo de la investigación farmacológica para orientar los avances científicos en esa área exclusivamente al interés mercadotécnico, es uno entre tantos que podrían mencionarse para ilustrar cómo el fenómeno de la llamada “era de la Big Data”, manejada desde los sectores que cuentan con el poder real de administrar el inmenso flujo de datos estructurados del que hoy disponen, antes que beneficiar a la humanidad pudiera terminar convertido en amenaza.

Si algo padece la sociedad capitalista (además de la perversa explotación del hombre por el hombre y la injusticia social que ella genera) es la alienación de su gente al salvaje modelo consumista que sume hoy en la miseria al ser humano y destruye las posibilidades de soberanía e independencia de los pueblos.

¿Cuál es en verdad el interés del capitalismo en el manejo de toda esa inmensa fuente de información que se mueve segundo a segundo a través de internet, de la telefonía celular, y de los registros de todo tipo que va dejando como huella personal la actuación de cada individuo en el mundo, cuando es el propio capitalismo el que emite a través del medio de comunicación de masas el discurso que moldea hoy el criterio (y la ideología, pudiera decirse) de ese mismo individuo en la sociedad actual?

Lo que persigue la hegemonía dominante del sector corporativo y financiero con el control de la información no es otra cosa que constatar y asegurar la sumisión y la lealtad de ese individuo (de todos ellos) al modelo sobre el cual se sustenta hoy el capitalismo, tal como lo demuestra la experiencia del uso de la Big Data en la reciente campaña electoral de los EEUU por parte de Donald Trump.

El espionaje masivo para ejercer a la perfección esa dominación imperialista de los EEUU sobre la humanidad es el fin último de lo que hoy se presenta una vez más como fundamento del hipotético futuro de bienestar con el que el capitalismo ha ilusionado desde siempre al mundo.

Impedir que el ser humano se exprese por sí mismo y que sea la información de su conducta la que hable por él, se ofrece como el nuevo paradigma del confort cuando en realidad quienes se benefician con ello son los dueños de las grandes corporaciones.

Tal como lo viene planteando el profesor Gilmore, son muchos los que sostienen que el verdadero desarrollo del ser humano hacia el porvenir dependerá de la efectiva democratización de esa inmensa data que se genera permanentemente en el mundo.

Organizar a la sociedad para abrir el camino hacia esa democratización es una responsabilidad ineludible y de muy primer orden para los procesos progresistas del mundo que hoy aspiren a la la transformación profunda de la sociedad en función de la justicia y la igualdad.

En Venezuela, y con ese propósito, el presidente Nicolás Maduro ha emprendido una cruzada histórica que enrumba al país hacia la superación de los severos embates de la difícil coyuntura por la cual atraviesa hoy la economía nacional, con el lanzamiento del Carnet de la Patria. Un novedoso instrumento de organización social apoyado en las más avanzadas tecnologías en el manejo de datos estructurados de los ciudadanos, para combatir  de manera frontal la guerra económica desatada por la derecha contra nuestro pueblo y hacer cada vez más eficientes la gestión y las políticas sociales del gobierno revolucionario.

Un uso perfectamente democrático de la información y la tecnología, que muestra una vez más el rostro humano de la Revolución Bolivariana.

 @SoyAranguibel

Big Data… ¿terminan o comienzan las interrogantes?

Por: Alberto Aranguibel B.

“La democracia es completamente inútil con algo así” Martín  Hilbert

Las revelaciones de Michal Kosinski, doctor en psicometría por la Universidad de Cambridge, en el artículo sobre el uso de la llamada Big Data en las campañas electorales en el que se da cuenta de cómo Donald Trump habría utilizado las tecnologías de la información para asegurar su triunfo, escandalizó a la opinión pública como si tal estrategia se tratara de un fenómeno prodigiosamente novedoso, o más bien de la violación de alguna norma ética para la realización de las campañas electorales, o incluso la trasgresión de algún sagrado derecho de los electores.

En esa entrevista (“Yo no construí la bomba, solo demostré que existía”), Kosinski hace un breve recuento de su experiencia como investigador que utilizaba la técnica de la evaluación de la personalidad desarrollada desde hace casi tres décadas por equipos de psicólogos británicos cuyo gran acierto fue establecer una metodología de deducción a partir del cruce de información con base en cinco preguntas realizadas a cada persona en particular, conocido hoy como el método OCEAN, argumentando que en efecto su trabajo se remonta a los orígenes mismos del largo proceso de masificación de las modernas herramientas informáticas que hoy en día conocemos.

Ciertamente, según aparece publicado en el portal del gigante de la computación International Business Machines (IBM), empresa fundada en 1911 en Nueva York, EEUU, el estudio de la correlación de datos es un área de investigación de naturaleza científica que se remonta a casi un siglo, cuando la idea de la computación era solamente una aspiración de inventores y científicos por alcanzar el futuro tal como se concebía.

Desde entonces hasta hoy, la evolución de la ciencia y el conocimiento en sus más diversas ramas, está determinada por la búsqueda infatigable de la información en todas sus formas, y consecuentemente en los instrumentos que permitan procesar ese creciente caudal de datos para asegurar cada vez más no solo un mayor bienestar para la humanidad sino un mayor control sobre la organización, desarrollo y desenvolvimiento de la sociedad.

Existe hoy en el mundo un proceso casi inverosímil de producción de data de todo tipo, usada de distintas maneras tanto en la industria, como en los gobiernos, los sistemas financieros, de seguridad, y en general por las personas de acuerdo a la naturaleza de su actividad o profesión.

Según IBM esa información va desde la que generamos permanentemente con nuestros celulares o computadoras personales (llamadas, mensajes, correos, videos, fotografías, etc.) hasta las que producen infinidad de censores de todo tipo en aeropuertos, centros comerciales, agroindustria, medidores eléctricos, sistemas GPS, de salud, de educación, entre muchos otros, que sirve hoy al mundo entero para asegurar el mejor funcionamiento de organismos, empresas y proyectos de toda índole.

Una idea de esto lo da el que la red social Twitter procesa cerca de 12 Terabytes de tweets al día (el bit es la unidad básica de la computación. Un Byte son ocho bits. Un Kilobyte son mil Bytes. Un Mega son mil Kilobytes), mientras que Facebook almacena alrededor de 100 Petabytes solamente en fotos y videos. Se estima que sumada toda la data que se produce diariamente a través de las distintas formas de procesamiento informático y de comunicaciones en el mundo, se puede alcanzar la cifra de 2.5 quintillones de bytes por día (dos mil quinientos, seguido de treinta ceros).

Pero el concepto Big Data no está referido solamente a una cantidad específica de información, sino a una nueva forma de entendimiento y de opciones para la toma de decisiones.

Tal como lo describe IBM, Big Data es en realidad la plataforma mediante la cual se puede cuantificar y evaluar toda esa información para distintos propósitos, en lo cual se incluyen sistemas de hardware y de software complejos que permiten reducir el inmenso cúmulo de tiempo y trabajo que tomaría procesarla manualmente, así como aplicaciones específicas destinadas a responder interrogantes en infinidad de áreas de investigación o de trabajo en particular.

Ampliando la inquietante noticia que revela Kosinski en su entrevista de esta semana, el experto en redes digitales Martin Hilbert, ha dicho por su parte que la preocupación no debe estar centrada hoy en la cantidad de información privada que pueda ser procesada sin el consentimiento de la gente con fines comerciales o incluso políticos, sino en la amenaza que ello podría representar para la democracia misma como sistema en el cual se sustenta la sociedad tal como la conocemos.

Refiriéndose al ancestral temor de la gente a ser desplazada en la toma de decisiones por robots con inteligencia propia creados por el mismo ser humano, Hilbert habla de Deep Learning, que es la manera como se ejecuta hoy la Inteligencia Artificial en la más diversa cantidad de aplicaciones y servicios que usamos a diario, como por ejemplo Siri y Google. “Todo está espiado –dice- Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más”.

El problema está en que la mayoría de esa información ha sido siempre autorizada por el usuario, que no ve problema alguno en que Google le espíe todos sus correos, sus llamadas, sus preferencias en internet y hasta sus movimientos de un lugar a otro, si a cambio le da acceso a una aplicación de GPS o de música de manera gratuita.

Se trata, como lo plantea el experto en redes, ya no de la invasión a la privacidad que en un principio preocupaba, sino la supresión de la capacidad de escogencia y hasta de raciocinio para dar paso a un modelo de supra control universal que deja atrás toda noción de parámetros legales y hasta de soberanía, no solo en contra de la voluntad de la gente sino de las naciones mismas.

“El celular –afirma Hilbert- es hoy tu verdadera huella digital. África (donde la tecnología celular hizo lo que nunca pudo hacer la Partida de Nacimiento para determinar la existencia de las personas) es el caso extremo. Pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…”

La teoría de la segmentación que la mercadotecnia impuso como método decisivo en la optimización de los mercados para todo tipo de producto de consumo masivo, es la base de la esperanza del capitalismo hacia el futuro. Lo que interesa ahí no es la democracia, sino las ventas y en eso sí tienen mucho de razón quienes se alarman con la noticia de que Donald Trump llega a la presidencia con el uso de la Big Data (la misma que usa la empresa privada para controlar sus mercados) como herramienta fundamental de aseguramiento de su triunfo.

Para una revolución como la bolivariana, la pregunta de primer orden en este sentido debiera ser: ¿Interesa a una sociedad guiada por el ideal de justicia y de igualdad social, fundada en un claro principio de soberanía e independencia, el concepto de fragmentación social e individualización a la que obliga la lógica capitalista?

Hilbert asoma una inquietante reflexión: “Claro; el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza […] Si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global?”

 “A medida que la Inteligencia Artificial empiece a organizarnos, a programar a la sociedad… entonces este organismo (la sociedad) puede sobrevivir. Hasta me imagino que va a poder producir una consciencia, pero nosotros ni vamos a saber que esa consciencia existe.”, concluye el experto.

Quizás sea ridículo (y hasta cavernario) un planteamiento ideológico en contra de los avances de la informática. Pero entender su verdadera dimensión, alcances y significados, en medio de una guerra mediática como la que enfrentamos desde el gran centro de poder imperialista que es a la vez dueño de Internet, es, al menos, una obligación impostergable.

Ya Rusia empezó desde hace varios años a tomar cartas en el asunto.

@SoyAranguibel