¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

Curcio: Lo que algunos no dicen

Por: Pasqualina Curcio

Hay quienes, con ligereza, responsabilizan al gobierno, y sobre todo al modelo bolivariano, de la inflación y de la escasez que estamos padeciendo los venezolanos.

Discurre su discurso en una supuesta “crisis humanitaria” que está siendo causada por un gobierno que controla los “mercados”; que no entrega divisas a las empresas privadas para importar alimentos y medicamentos. Un modelo, que imprime e imprime billetes, que según ellos, es la causa de la inflación.

Jamás mencionan al Dolartoday. Mucho menos su incidencia sobre los precios internos de la economía y la inflación. Ni hablar de la falta de argumentos rigurosos y demostrables que les permitan explicar la variación de 2.931.044% de este tipo de cambio ilegal desde 2012. Olvidan decir que las grandes transnacionales de los alimentos, medicamentos, productos de higiene, repuestos para vehículos y maquinarias, incluso las aerolíneas, han recibido, de parte del Estado y a tasa preferencial, 389.062 millones de dólares entre 1999 y 2014.

No se pasean por la posibilidad de que estas empresas traigan sus capitales, busquen sus propias divisas, soliciten préstamos, así como hacen en cualquier país que no tiene petróleo. Tampoco mencionan que, desde 2012, estas transnacionales no han reportado pérdidas operativas en sus informes anuales.

Evitan decir que alimentos y medicamentos que no se encuentran en los establecimientos formales, los tienen los bachaqueros. Que alguien los produce, alguien los importa, y alguien también altera los canales de distribución y los desvía a los mercados ilegales. No precisan que la distribución de estos bienes la tienen los monopolios privados.

Pasan por alto que en 5 años los pequeños productores han abastecido de frutas, legumbres, vegetales, mientras que las grandes corporaciones, con incuestionable capacidad financiera, no lo han hecho y tienen a todos sus clientes haciendo largas colas en las puertas de los establecimientos.

No existe, para ellos, la noticia de la formalización de las sanciones económicas contra el pueblo venezolano, por parte de Donald Trump. No mencionan que nos tienen bloqueados los recursos financieros para importar alimentos y medicamentos, que no nos permiten emitir los pagos de la deuda, que los países y las empresas están siendo presionados para que no nos vendan esos bienes.

En fin, no han denunciado, ni rechazado las criminales agresiones económicas contra el pueblo de Venezuela.

Pasqualina Pasqualina Curcio

Balbas: ¿Cómo se vive en un país, que no es Cuba, sancionado por U.S.A.?

Por: Nazareth Balbás

Estas son solo algunas de las consecuencias del bloqueo económico que sufren hoy los ciudadanos en la República Bolivariana de Venezuela en su vida diaria:

– Falta de alimentos.
– Escasez de medicinas.
– Limitación severa del dinero efectivo.
– Hiperinflación inducida y desbandada especulativa.
– Deterioro de su calidad de vida.
– La idea recurrente de irse del país.

¿Cuáles son las causas de esta terrible situación?

Los taxistas de Caracas, la capital venezolana hace tiempo que no saben qué es un pago en efectivo porque nadie tiene tanto dinero en el bolsillo para pagar una carrera corta: puede costar 100.000 bolívares, o lo que es lo mismo, los billetes reunidos después de 10 días de visita al cajero automático (ATM) para retirar el monto máximo de 10.000 bolívares diarios. “Mire, mándeme primero el comprobante de transferencia al WhatsApp y después la busco”, dice un taxista caraqueño por teléfono celular a su potencial cliente.

Los kioscos, puestos de buhoneros y hasta los vendedores callejeros de chicha (popular bebida venezolana a base de arroz o pasta) aceptan transferencias bancarias o tarjetas de débito para transar productos que, hace 2 o 3 años, podían comprarse fácilmente con el remanente de la cartera, con un ‘sencillo’, como se dice en la República Bolivariana de Venezuela. La historia se repite a mayor o menor escala en todo el comercio.

La crisis económica que atraviesa el país suramericano se palpa en todas partes: anaqueles vacíos, carros desvencijados, farmacias sin dotación, tiendas con escasísimos inventarios, precios trepidantes. En la calle, las culpas se reparten al mayoreo, casi siempre al gobierno nacional y, en menor medida, a la oposición. Sin embargo, poca gente habla del responsable silencioso y externo que ha impuesto sanciones severas al país bajo el argumento de que solo afectarían a “funcionarios corruptos” del gobierno del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros. Pero, ¿En realidad es así?

La “ayuda” del imperio yanqui

En 2015, el decreto del ex Presidente gringo Barack Husein Obama, que calificó al país de “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de U.S.A., sentó un precedente de política frontal contra la República Bolivariana de Venezuela que ha sido continuado por Donald Trump en la Casa Blanca de Washington.

Después de ese decreto empezó la inclusión de funcionarios venezolanos de alto nivel -incluido el Presidente Nicolás Maduro- en listas de negras y grises del Gobierno gringo e instituciones multilaterales con el objetivo de sentar las bases para un “bloqueo” financiero. ¿El mecanismo? Usar esos datos como medida de coerción a las empresas internacionales para obligarles a rescindir o no firmar contratos de ningún tipo con la República Bolivariana de Venezuela.

La acción de Washington contó con el respaldo de la oposición venezolana y de sus líderes, en especial del diputado opositor Julio Borges, quien emprendió una gira internacional que lo llevó a reunirse con el mismísimo vicepresidente de U.S.A., Mike Pence, para solicitarle sanciones y el aislamiento total de la economía venezolana. La acción del líder del antichavismo incluyó el envío de 14 cartas a organismos financieros para pedirles que no prestaran dinero a Caracas, aunque la crisis económica empezaba a agravarse.

Esa acción de contra patria de Julio Borges, desató la debacle de las finanzas del país petrolero. A los correos de las instituciones públicas empezaron a llegar notificaciones de la cancelación unilateral de contratos de corresponsalía bancaria e interrupción de las operaciones en bancos internacionales, los ‘peros’ de carácter legal y administrativos de empresas internacionales para retrasar o impedir el pago de membresías a organismos multilaterales, así como el “bloqueo de activos financieros”.

Un informe del Ministerio de Finanzas venezolano, al que tuvo acceso RT, revela que hoy día persisten las limitaciones y negativas para transacciones financieras de bancos internacionales desde y hacia la República Bolivariana de Venezuela, que son frecuentes las demoras en operaciones, y que el exceso de rigor en la documentación y millonarios incrementos de costos por servicios de intermediación están a la orden del día.

El cierre del cerco

El 14/04/2016, la banca internacional comunicó a las instituciones venezolanas que tenían prohibido hacerles pagos en dólares, a menos que mantuvieran cuentas en los grandes bancos de U.S.A.

El banco alemán Commerzbank fue el primero en cerrar las cuentas que tenían los principales bancos venezolanos del Estado: el Banco de Desarrollo (BANDES); Banco de Venezuela (universal) y Banco del Tesoro (fiduciario), así como las de Petróleos de Venezuela (PDVSA).

El 10/07/2016, la medida fue imitada por el Citibank, que cesó de manera unilateral el servicio de corresponsalía y solo dejó activas las cuentas utilizadas para pagos del servicio de Deuda que se tienen con la Oficina Nacional del Tesoro de U.S.A., una decisión que ha restringido severamente la capacidad de la República Bolivariana de Venezuela de hacer pagos en la divisa gringa.

Para ensombrecer la situación, el 27/08/2016 el portugués Novo Banco notificó a la República Bolivariana de Venezuela que no podría realizar operaciones en dólares por presiones externas de los bancos corresponsales.

Así como la sencilla operación de pagar un taxi con billetes en Caracas es casi imposible para la mayoría de los venezolanos, la opción de que la República Bolivariana de Venezuela haga sus compras con normalidad o cumpla con sus acreedores a tiempo resulta inimaginable. Las sanciones limitan no solo la capacidad de la respuesta del país en el exterior, sino que afectan severamente la calidad de vida de los venezolanos porque impiden al gobierno nacional adquirir alimentos, medicinas o materias primas para cubrir su consumo interno.

Amenaza a aliados

Si en 2016, el imperio yanqui se dedicó a cercar a la República Bolivariana de Venezuela en el exterior con sus acciones unilaterales, el gobierno del “chiflado” Donald Trump en 2017 arreció la estrategia con medidas destinadas a presionar a los aliados de Caracas.

Las regulaciones del Departamento del Tesoro de U.S.A. y las presiones del Gobierno de Panamá hicieron que el Bank of China (BOC), con sede en el país centroamericano, informara el 01/08/2017, que no podría hacer ninguna operación en divisas a BANDES o a favor de la República Bolivariana de Venezuela.

Esas mismas restricciones impidieron la concreción de transacciones entre bancos venezolanos y rusos en agosto del año pasado. Tiempo después, Caracas intentó hacer un retiro de sus cuentas colectoras en el Banco de Desarrollo de China, pero la corresponsalía del banco en Nueva York no procesó la operación porque se encontraba en “revisión” y tardó más de tres semanas en hacerla efectiva.

En octubre de 2017, el Deutsche Bank cerró las cuentas de corresponsalía del banco Citic Bank de China por haber tramitado pagos a PDVSA, la industria que genera más del 90% de las divisas que recibe Venezuela.

Asfixia a PDVSA

Aunque el tono diplomático entre Caracas y Washington siempre ha sido cáustico, hasta la llegada de Donald Trump la posibilidad de que U.S.A. atacara frontalmente a la economía venezolana parecía lejana. No obstante, el 20/08/2017 ese umbral se cruzó: el presidente gringo restringió la transabilidad de los bonos de la República y de PDVSA en los mercados internacionales.

La medida tenía como claro propósito, impedir que el Gobierno venezolano recurriera a la petrolera para obtener liquidez y así paralizar las negociaciones que había adelantado el país con instituciones financieras para buscar alternativas de crédito. La decisión de la Casa Blanca se tomó justo después de que Nicolás Maduro lograra el triunfo electoral sobre la oposición con el proceso del 30/07/2017, con la Asamblea Nacional Constituyente.

El argumento de Washington para justificar la asfixia financiera a PDVSA, en un momento en que los precios del petróleo empezaban a recuperarse, era que la “dictadura” de Nicolás Maduro privaba a los venezolanos de “alimentos y medicinas” y por eso el gobierno de Donald Trump prefería aplicar medidas “cuidadosamente calibradas para privar” al Gobierno venezolano “de una fuente fundamental de financiamiento” y “evitar ser cómplice de la corrupción en la República Bolivariana de Venezuela y del empobrecimiento de su población; y permitir la asistencia con fines humanitarios”. En ese comunicado, retórica de por medio, U.S.A. admitía abiertamente que iba a impedirle a Venezuela usar sus propios recursos y después, claro, pretendía ofrecerle un “rescate”.

Garrote y zanahoria

El ataque a PDVSA por parte de U.S.A. ocurrió casi a la par con una movida de Euroclear, la empresa encargada de custodiar los bonos de la República. El 25/08/2917, esa firma decidió retener más de 1.200 millones de dólares de la República Bolivariana de Venezuela, sin permitir la movilización de esos activos, para afectar la disponibilidad de recursos a Caracas. ¿La razón? Presiones de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) gringa.

“El Departamento del Tesoro de la administración de Donald Trump le ha dicho a todas estas instituciones, que son una manera de dictadura del sistema capitalista mundial, que busquen la forma de ahogar a Venezuela”, denunció el 28/12/2017, Jorge Rodríguez, Ministro de Comunicación venezolano. El Presidente Constitucional Nicolás Maduro calificó la acción de Euroclear como un “secuestro”.

¿Cómo afecta a los venezolanos?

Importaciones de materias primas como torta de soya, indispensable para la elaboración de alimento balanceado para animales, se han paralizado en los últimos meses con el único argumento de que han sido realizadas por la República Bolivariana de Venezuela. Las sanciones de U.S.A. han sido efectivas en infundir temor a los empresarios que desean vender algún producto al país.

El miedo tiene asidero, pues entre el 15/12/2017 y el 28/12/2017, 29.700.000 de dólares fueron paralizados por bancos en Europa porque eran destinados al pago a proveedores de alimentos. A finales de 2017 también se devolvieron 23 operaciones, que sumaban 39.000.000 de dólares, porque los bancos intermediarios no querían recibir recursos de la República Bolivariana de Venezuela. Por su parte, el banco gringo J.P. Morgan, retuvo 28.100.000 de dólares que serían destinados a pagar un buque con alimentos.

El resultado está a la vista: las largas filas en la República Bolivariana de Venezuela para conseguir los productos de la cesta básica son cada vez más largas y las alternativas para llenar la despensa más inaccesible; los rubros de la canasta se expenden a precios especulativos, basados en el “dólar paralelo” de Dólar Today que se transa un 700% por encima de la tasa oficial DICOM.

El panorama en materia de salud no es más alentador. La empresa Euroclear ha retenido más de 1.300 millones de dólares, de los cuales 450.000.000 de dólares eran para el pago de alimentos y otros 40.000.000 de dólares para medicamentos.

En el caso particular de la importación de insulina, ha sido imposible para la República Bolivariana de Venezuela cumplir el cronograma de pago porque el banco gringo Citibank se niega a recibir fondos de Venezuela. La situación se repite en el deporte, con la negativa de los bancos de procesar dinero proveniente del país para los atletas de su selección nacional; en la agricultura, al imposibilitar la compra de semillas para el plan de siembra; y, en resumidas cuentas, se traduce en la inestabilidad financiera de la nación: si el país no puede honrar a tiempo sus compromisos por trabas del sistema bancario, incurre en un impago inducido.

Por ejemplo, el 05/11/2017, la República Bolivariana de Venezuela hizo una transferencia de 27.600.000e dólares al Citibank para pagar un bono de una de sus empresas públicas, pero la operación se hizo efectiva una semana después: un retraso del banco que implicó la declaración de ‘impago’ a pesar de que el dinero estaba allí.

Como el mercado es implacable, aunque la demora en el pago de ese bono haya sido por causas imputables a la institución financiera y no a la nación, la banca no pierde: la acción termina por castigar a la República Bolivariana de Venezuela con el aumento del riesgo país y el incremento de las tasas de interés para que sea inviable pedir financiamiento.

La promesa de la Casa Blanca gringa “de aislar económicamente” a Nicolás Maduro se ha cumplido a cabalidad. “No nos quedaremos quietos mientras Venezuela se desmorona”, reza el comunicado del 28/08/2017, en el que Washington asegura que su único deseo es que en el país se celebren “elecciones libres y justas”. Lo curioso es que minutos después que el gobierno anunciara los comicios presidenciales para el próximo 22/04/2018, el ‘Tío Sam’ fue el primero en oponerse con una clara amenaza: “Continuaremos presionando al régimen”.

Los venezolanos saben de qué habla el imperio yanqui cuando amenaza con ejercer más “presiones” porque son los primeros en sufrir las consecuencias del bloqueo financiero:

– La falta de alimentos.
– La escasez de medicinas.
– El deterioro de su calidad de vida.
– La desbandada especulativa.
– La idea recurrente de irse del país.

En fin, hasta el taxista, que no puede comprar los repuestos para su vehículo porque ya no le alcanza el dinero o ni siquiera los consigue, sabe lo que se avecina. Lo sabe aunque su nombre no figure ni por error en las ‘selectas’ listas de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) gringa.

Nazareth Balbás.jpg Nazareth Balbás

Los conejos de Bernal

Por: Alberto Aranguibel B.

Parte fundamental de la guerra que el capitalismo ha desatado contra el pueblo venezolano para provocar mediante el hambre y la desesperación su deserción del proceso revolucionario, ha sido el intento por hacerle pensar a la gente que no hay tal guerra y que el padecimiento que hoy sufre es solo producto de erradas políticas económicas del gobierno.

El precio del cartón de huevos en la calle, por ejemplo, ha alcanzado niveles astronómicos de la noche a la mañana y la gente le dice a uno que “ya basta de fábulas con el cuento de la guerra económica; que lo que hay que resolver es el precio del huevo”, sin percatarse que la prueba de que sí hay en efecto una guerra económica es precisamente el precio del huevo, cuyo nivel ha sobrepasado sin ninguna razón justificable el margen del diez mil por ciento de incremento en poco menos de un año.

Un símbolo apenas de una inflación inducida que abarca la casi totalidad de los rubros esenciales para la población, determinado por un fenómeno instaurado en el país con la perversa lógica del llamado “bachaquerismo”, a través del cual los precios se incrementan exponencialmente a medida que se le agregan eslabones a una inusual cadena de comercialización que se extiende desde el convencional productor o mayorista hasta el quiosco de periódicos, pasando por el distribuidor, el supermercado, la bodega, o la carnicería, pero ahora también la frutería, la venta de CDs quemados, y hasta uno que otro chichero, que se compran unos tras otros un producto de larga duración con la ilusoria esperanza de hacerse de un dinero extra con poco esfuerzo, lo que termina por hacer sumamente difícil el control por parte de los mecanismos de regulación del Estado precisamente por su naturaleza informal.

Meter preso a todo el que venda huevo en las esquinas (que seguramente son quienes menos ganan) es entonces una medida irracional. Obligarles a vender a pérdida, es todavía más insensato porque, como hemos dicho, quien marca el precio de ese producto no es el pequeño vendedor de la bodega o el buhonero, sino el mercado capitalista, alterado como está por la presión alcista de los poderosos sectores especuladores del gran capital nacional y transnacional que hoy se confabulan contra nuestra economía, utilizando para ello los cientos de miles de millones de dólares que por décadas han sacado del país a la espera de una situación de dificultades para el bolívar (como la que hoy experimenta nuestra moneda producto de la caída del ingreso petrolero y de las distorsiones económicas que afectan al sistema como parte de esa guerra) reinyectándolos a nuestra economía al precio que ellos mismos establecen desde el imperio a su buen saber y entender a través de una página web de su propiedad, apoyándose para ello en los mecanismos de transferencias bancarias electrónicas que hoy en día facilitan esa posibilidad.

La guerra no es, pues, un evento militar o político siquiera, sino un fenómeno social y cultural complejo en el que intervienen, además de los factores económicos que por supuesto la determinan, componentes de naturaleza sicológica que han estado presentes a lo largo de todo el ataque del capitalismo contra la revolución bolivariana y en particular contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Los hábitos alimenticios de la población son un aspecto esencial en el estudio que llevan a cabo las agencias especializadas acerca de cuáles mecanismos pudieran resultar más “idóneos” en las guerras de desestabilización que promueve el imperio norteamericano hoy en el mundo contra aquellos países que considera insumisos a sus particulares intereses de potencia hegemónica.

Uno de los primeros ataques de esa guerra sicológica que usó como arma el apego de la población venezolana a ciertos rubros alimenticios, en este caso importados mediante la trasculturización impuesta por el consumismo, fue el llevado a cabo en 2014 por la empresa norteamericana MacDonald’s, cuya comida chatarra es considerada desde hace más de treinta años por buena parte del sector pudiente de la sociedad venezolana como un alimento esencial y maravilloso, que connota además el carácter “glamoroso” que para ese sector representa su predilección por cualquier marca norteamericana.

En esa oportunidad el ataque consistió en un intento por provocar la ira de la población contra el gobierno por la incapacidad de vender papas fritas a la que se veía obligada la empresa por la supuesta falta de divisas necesarias para adquirirlas en su casa matriz en los EEUU.

La reacción inmediata del gobierno bolivariano, que demostró que tal escases de papas se debía a una huelga de trabajadores en los EEUU y no a falta alguna de asignación de divisas, impidió que prosperara el plan desestabilizador que adelantaba esa corporación en el país.

Sin embargo, no fueron pocos quienes expresaron su malestar por lo que consideraron un “atentado” contra la costumbre de darle de comer a sus hijos las papitas del payaso Ronald, en vez de un condumio criollo de propiedades excepcionales como la yuca, tal como lo denunciaron a través de diversos mensajes en las redes sociales algunas madres indignadas en aquel momento.

Un alcalde opositor (hoy prófugo de la justicia por promover el terrorismo en su municipio) decía en su cuenta tuiter que “Después de las papas fritas se irán las hamburguesas, y con ellas McDonalds y sus puestos de trabajo. Consecuencias del modelo fracasado…”, lo que dejaba al descubierto la macabra estrategia golpista de la derecha internacional que pretendía utilizar la alimentación del pueblo en tal despropósito.

Se quiso usar entonces el hábito alimenticio de los venezolanos para provocar rechazo al gobierno, tal como se intenta hacer hoy de manera despiadada con la propuesta del dirigente revolucionario Freddy Bernal, quien ha sometido a consideración del país la posibilidad de aprovechar las cualidades proteicas del conejo como un alimento sano y altamente provechoso, sobre todo por su propiedad prolífica y de bajo costo.

La capacidad de respuesta es no solo imprescindible a la hora de enfrentar una guerra, sino que es una obligación y una responsabilidad impostergable para todo gobierno. Estudiar los distintos escenarios en los que pueden presentarse los ataques, así como la preparación meticulosa de sus fuerzas para contrarrestar la embestida del enemigo, es la tarea suprema y más importante a asumir sin dilaciones ni titubeos de ninguna naturaleza.

La concientización y preparación de la gente frente a la amenaza es igualmente una labor de primer orden en todo ello.

Fue así, mediante la organización efectiva de sus pueblos, como salieron adelante a lo largo de la historia las sociedades sometidas al asedio de las fuerzas enemigas que en algún momento intentaron cercarlas y exterminarlas no solo mediante el uso de las armas sino con la inclemente presión del hambre a la que conducían los bloqueos que se les imponían.

Es lo que hace hoy el gobierno del presidente Nicolás Maduro a través de acciones y programas audaces e inteligentes, orientados a impedir que la devastación que desatan las guerras capitalistas contra los pueblos alcance hoy a las venezolanas y los venezolanos.

En eso los Claps, que no es otra cosa que una poderosa forma de organización popular para enfrentar la arremetida del imperio, vienen a ser una verdadera demostración de las infinitas capacidades de nuestro pueblo para superar cualquier obstáculo que se interponga en el camino de la construcción del modelo soberano de justicia e igualdad social que se ha propuesto.

Quienes se horrorizan hoy frente a la idea de consumir la carne de conejo como una fórmula de superación del modelo rentista importador al que se nos sometió por más de un siglo (exactamente el mismo horror que sienten, por ejemplo, los hindúes cuando nos ven comiendo carne de res, o que sentimos cuando nos enteramos de que los chinos comen carne de perro de manera regular) no lo hacen en verdad porque consideran despreciable su exquisitez, sino porque lo propuso un chavista.

Pero no es como político que Freddy Bernal asoma la posibilidad de adecuar nuestros hábitos a lo que en verdad estamos en capacidad de producir, sino como revolucionario a carta cabal que piensa en nuestro beneficio como país y como pueblo por encima de cualquier otro interés.

Frente al cruel bloqueo económico contra nuestro pueblo promovido por la dirigencia opositora en el extranjero, el conejo es una opción sensata, oportuna y necesaria, que beneficia fundamentalmente a la gente humilde que hoy sufre los embates de una inflación perversa desatada por el capitalismo contra Venezuela.

@SoyAranguibel

 

Aranguibel en Encendidos: “De no ser por la ANC, la situación económica sería hoy mucho más difícil”

Caracas, 22 de septiembre.- El analista político venezolano Alberto Aranguibel sostuvo hoy en el programa “Encendidos” que transmite Venezolana de Televisión, que si la Asamblea Nacional Constituyente no estuviera trabajando intensamente para resolver junto al Gobierno del presidente Nicolás Maduro los problemas que aquejan hoy a los venezolanos, la realidad económica sería mucho más difícil que la actual, y que hasta una invasión de fuerzas militares extranjeras podría haberse llevado a cabo ya de no haberse puesto en marcha una política de contención de los efectos devastadores que conllevan las guerras económicas, como las que ha desatado el imperio norteamericano contra los venezolanos.

Así mismo señaló el también Constituyentista que de haber existido en el seno de la ONU la posibilidad de votar por la aprobación o rechazo de las propuestas que los mandatarios de las naciones del mundo hacen desde esa tribuna, el discurso del presidente Donald Trump contra los países progresistas (Venezuela en particular) habría sido repudiado por la inmensa mayoría de los Delegados, “tal como se demostró en la aprobación unánime que tuvo al día siguiente de ese discurso el respaldo a nuestro país en el seno del Movimiento de los No Alienados (Minoal), la mayoría de los cuales están en contra de la pretensión hegemónica imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica”, según dijo.

Finalmente el analista acusó al Jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, de violar el Estado de Derecho al encarcelar a trece dirigentes políticos en Cataluña que solamente pedían el voto para su pueblo, después de haber dirigido durante meses una guerra frontal contra el Presidente Nicolás Maduro por supuestamente haber ordenado la puesta en prisión de un dirigente opositor venezolano, que describió como “producto de un proceso ajustado a derecho” en el cual se le imputó a dicho dirigente una pena por su autoría en el asesinato de más de 43 venezolanos en 2014.

 

Aranguibel: “Estados Unidos cambia su estrategia hacia Cuba porque es inepto en política”

Caracas, 22 de diciembre/ Alberto Aranguibel sostiene este lunes en conversación con la periodista Mary Pili Hernández a través de la señal de Unión Radio, que el cambio de estrategia de Estados Unidos hacia Cuba, luego de más de medio siglo del bloqueo económico instaurado por la nación del norte contra la isla caribeña, obedece a la ineptitud para el desempeño político que demuestra el fracaso de esa arbitraria, cruel e ilegal medida de presión.

Tal como lo ve el analista, pareciera que estamos en presencia de un intento de trasladar la confrontación al ámbito del libre mercado en el cual el imperio supuestamente goza de mayores fortalezas,  según se desprende de lo anunciado por el presidente Obama en el discurso del 17 de este mismo mes.

Explicó Aranguibel durante la entrevista, que para Venezuela es muy positivo que se de este importante paso de revisión de las relaciones entre los EEUU y Cuba, porque a diferencia de quienes ven en ello el fracaso de la revolución y de sus nexos con el gobierno bolivariano del presidente Nicolás Maduro, nuestro país ha sido desde el inicio mismo del proceso revolucionario venezolano el que más ha abogado por el levantamiento de ese criminal bloqueo, precisamente por las posibilidades de desarrollo que eso le aseguraría a la isla y con ello a todos los países de la integración suramericana.

Sin embargo, terminó diciendo, no hay que crearse falsas expectativas al respecto; lo más probable -dice- es que esta nueva etapa de relaciones comerciales que hoy se inician, puede terminar siendo más dura que la que hasta hoy se mantuvo bajo el régimen de bloqueo económico.

Oiga aquí la entrevista completa:

El triunfo peligroso

– Publicado el lunes 22 de diciembre de 2014 en el Correo del Orinoco –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1945, la democracia se ha ido imponiendo como sistema político universal cada vez más aceptado por sociedades que apenas hace medio siglo ni siquiera tenían conocimiento de su existencia o simplemente no les interesaba en lo absoluto, como las de algunos países de África, Asia o del Medio Oriente.

Habiendo surgido inicialmente en Europa, producto de las rebeliones contra las más cruentas y ancestrales tiranías, la democracia ha terminado por ser aceptada como el modelo necesario más por la presión que ejercen los Estados Unidos sobre el mundo que por ninguna otra razón, en virtud del interés del imperio por imponer no un particular modelo de libertades políticas sino un sistema económico que le favorezca. El acoso en el que se empeña hoy Estados Unidos contra Rusia, nación a la que somete actualmente a sanciones económicas ilegales e injustificadas, demuestra que su confrontación contra la URSS durante la Guerra Fría no estuvo nunca determinada por la supuesta lucha por la libertad, como adujo durante todo ese tiempo. Si algo es hoy contrario al planteamiento comunista de la vieja Rusia bolchevique, es la Rusia de Putín, que obtiene en su reelección como Presidente de esa nación una ventaja del 47% sobre Ziugánov, su más cercano contendor, Secretario General del partido comunista ruso.

¿Pero existe en verdad nación alguna que haya alcanzado niveles superiores de desarrollo en lo social, en lo económico, o incluso en lo político, una vez instaurada esa democracia de fachada emancipadora que promueve los Estados Unidos? No puede haberlo.

En su artículo “Los límites de la democracia occidental”, Teresa Vicente Giménez nos dice: “Uno de los límites que plantea la democracia occidental es que legitima un modelo capitalista de economía de mercado, donde el mercado financiero actúa como guía de la economía real, y este modelo tiene graves deficiencias de funcionamiento ya que genera entre sus ´externalidades´ acumulación de riqueza, degradación social, y destrucción medioambiental. Además, los problemas sociales y ecológicos más graves que padecen nuestras sociedades ya han superado el espacio nacional sobre el que se construyó el proyecto democrático ilustrado del Estado moderno, para situarse ahora en la esfera global de las mayorías pobres y explotada frente a la minoría rica y explotadora, y en la defensa de la naturaleza frente a la técnica y la especulación, de tal modo que en la actualidad las nuevas tecnologías permiten a los mercados especular con productos financieros que se basan en recursos naturales básicos para la vida, como los alimentos, el agua, la vivienda, o las emisiones de CO2, y los Estados democráticos resultan incapaces de defender los intereses de la vida en el planeta y de las mayorías presentes y futuras.”(1)

Es así como se comprende cabalmente el sentido de la impúdica frase de Barack Obama al anunciar el replanteamiento de las relaciones con Cuba luego de 50 años de infructuoso bloqueo económico contra la isla, en la que afirma “Vamos a poner fin a un enfoque obsoleto que ha fracasado durante décadas en promover nuestros intereses. Vamos a empezar a normalizar las relaciones entre nuestros dos países (…) Creo que las empresas estadounidenses no deberían ponerse en desventaja y que un aumento en el comercio es bueno para los estadounidenses y para los cubanos.”(2)

El modelo se propone acabar con el concepto de soberanía de los pueblos (y por supuesto con su idea de independencia económica) mediante una ilusoria ficción de libertades cuyo único interés es estimular hasta en el último rincón del planeta el desarrollo de un poderoso sistema neoliberal que derribe las barreras comerciales que impidan el avance de las grandes corporaciones norteamericanas en las economías emergentes. Su objetivo es revertir el creciente rechazo del mundo a los acuerdos de libre comercio (ALCA), que solo favorecen los intereses norteamericanos, para imponer su modelo depredador y salvaje bajo una nueva modalidad de mayor pragmatismo económico que político.

Por eso el inesperado cambio de estrategia frente a Cuba.

¿Por qué replantear ahora una medida que durante más de medio siglo diez presidentes norteamericanos consecutivos no aceptaron jamás ni siquiera discutir? Porque en el pasado el poderío económico del imperio no estaba en riesgo. La razón política pesaba mucho más que ninguna otra en la construcción de esa imagen de policía del mundo que le era tan necesaria durante la guerra fría, con lo cual las inmensas pérdidas que generaba el absurdo bloqueo podían ser consideradas una valiosa “inversión” a largo plazo. Se trataba de la idea que presentaba a los EEUU ante el mundo como el “exterminador del comunismo por excelencia”.

Pero hoy en día, cuando la guerra y todo su equipamiento militar es más costosa que en ningún otro momento de la historia, cuando la economía más poderosa del planeta empieza a ser desplazada por la de un competidor de signo comunista, cuando emergen en suelo suramericano y caribeño fuerzas progresistas de clara convicción antiimperialista con grandes perspectivas económicas, el que existan territorios potencialmente consumidores a escasas millas náuticas de los EEUU, con espacios fértiles para la expansión de las multinacionales norteamericanas y para el asentamiento de una cultura de la bancarización de toda una economía con vocación de crecimiento como la cubana, determinado (a pesar de ser un país pobre, producto fundamentalmente del ilegal y cruel bloqueo imperialista del que ha sido objeto por más de cincuenta años) por sus avances en la educación, en salud, en las ciencias y en las artes en general, resulta definitivamente muy inconveniente pero, más que nada, muy dispendioso invertir en el aspecto estrictamente político del proyecto hegemónico neoliberal.

Una nueva realidad multipolar expresada en el BRICS, en UNASUR y en el ALBA, ha impedido a los EEUU avanzar en la idea que más fuertemente impulsó el concepto de “globalización” promovido por el capitalismo desde 1982, con la caída del Muro de Berlín, que no fue otra que la que entendía el planeta como un “mercado único”, no dividido entre bloques de intereses divergentes. En eso Cuba (junto a Venezuela) tiene una especial simbología.

Amartya Sen, premio Nobel de economía, profesor de la Universidad de Harvard, sostiene con el cinismo de una muy obcecada mentalidad pro imperialista que: “el Muro de Berlín no sólo simbolizaba que había gente que no podía salir de Alemania del Este, sino que era además una manera de impedir que nos formáramos una visión global de nuestro futuro. Mientras estaba ahí el Muro de Berlín no podíamos reflexionar sobre el mundo desde un punto de vista global”. (La tierra es plana/Friedman_p.60)

La globalización llevó a las trasnacionales no solo hasta Japón, sino a Taiwán, a Corea, a China, a la India y a Pakistán, además de a Rusia y Suramérica, cuyas economías jamás se beneficiaron con ese proceso porque las ganancias de esas empresas nunca se transformaron en inversiones en ninguno de esos países, sino que retornaron siempre al imperio en calidad de utilidades, tal como lo consagran las inexpugnables leyes del libre mercado.

Es exactamente ahí donde se esconde el peligro que hoy se cierne sobre nuestros pueblos ante este nuevo escenario de la revisión de relaciones con Cuba. El propósito no es del buen samaritano que persigue acabar con una gran injusticia contra un pueblo digno como el cubano, como pretende presentarlo Obama. La amenaza la ha planteado él mismo en su discurso cuando dice: “Permítannos dejar atrás el legado de la colonización y comunismo, la tiranía de los carteles de droga, dictadores y farsas electorales.” Es decir, “permítannos acabar con Cuba tal como nosotros la vemos para imponer la que queremos”.

De ahí que la revolución cubana, al no ceder bajo ningún respecto a ninguno de los postulados que la convirtieron en ejemplo de dignidad para los pueblos del mundo, ha alcanzando con este vergonzoso retroceso de los Estados Unidos, obligado a ello no solo por la nueva realidad sino por las fuerzas progresistas de todo el planeta a reconocer su más grande derrota desde el bochornoso fracaso de su ejército en la guerra de Vietnam, el más resonante triunfo que jamás haya podido alcanzar la lucha revolucionaria latinoamericana en casi dos siglos de historia.

Pero que nadie se equivoque. La nueva etapa de esta inmensa batalla que está apenas comenzando será tan dura como la que hoy va quedando para la historia. Y tal vez más.

1 ) Los límites de la democracia occidental
2 )
Discurso de Obama sobre reanudación de relaciones con Cuba

@SoyAranguibel