Arrogante pretensión de poder

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema de fondo en Venezuela no es económico sino social. Que una clase social se considere superior al resto de la población es una horrible expresión de arrogancia (que inevitablemente deviene en intolerancia) de la que derivan todos los demás percances, entre ellos el económico, y que impide superar cualquier situación difícil por la que atraviese el país.

Esa clase que se cree superior es la que eleva los precios como le da la gana porque es dueña de los más importantes canales de importación, de distribución y de comercialización de la mayoría de los productos que se expenden en el mercado venezolano, toda vez que, en virtud de ese repugnante supremacismo, no le importa en lo más mínimo el sufrimiento que su avaricia y su prepotencia le ocasionan al pueblo.

Por esa razón se considera con derecho a tomar el control del Estado y a manejar a su antojo la economía y los recursos del país, sin haber ni siquiera participado en una elección.

El argumento de su supuesta “mayoría” (jamás probada en las movilizaciones de calle, en las asambleas populares, o en las elecciones) no es sino un pretexto para tratar de hacer válida esa pretensión de poder que tanto le mortifica desde que las venezolanas y los venezolanos de a pie decidieron ser gobierno.

Nunca ha sido verdad esa mayoría de la que se jacta esa clase pudiente y por eso ha rehuido a medirse en la elección del próximo domingo. Su propuesta de la “abstención” no es sino un intento por adueñarse de las cifras normales de apatía que hay en todo proceso electoral, para colocarlas impúdicamente como votos a su favor y fabricar así, unidas esas cifras a los votos de los candidatos de la derecha, la mayoría que nunca ha tenido.

La estrategia “tenaza” con la que esa derecha prepotente persigue robarles la democracia a los venezolanos (la de una mayoría artificial que no se apoya en la verdadera voluntad del pueblo) no prosperará porque la Constitución y las leyes se lo impiden y porque el río humano que saldrá este domingo a defender con su voto la integridad y la soberanía de la Patria será la más grande y entusiasta movilización popular jamás vista en nuestra historia.

Contra esa arrogante y perversa trampa de los ricos, Venezuela votará masivamente por Nicolás Maduro Moros.

 

@SoyAranguibel

¿Por qué los escuálidos se comportan como se comportan?

Por: Alberto Aranguibel B.

“Esta actitud de hombre deshumanizado, de hombre que no se preocupa del hombre, que no sólo no es el guardián de su hermano, sino que tampoco es siquiera su propio guardián es una actitud característica del hombre enajenado” Erich Fromm

En la urbanización Los Naranjos, en el este de Caracas, se produjo hace pocos días un hecho que fue desechado como “fiambre” por las mesas de redacción de los medios de comunicación privados.

Muy cerca de la urbanización más opulenta del país, La Lagunita Country Club, organismos del Estado llevaron a cabo un procedimiento de desalojo en un local comercial conocido como La Joyería, donde además de frutas se expenden desde hace varios años todo tipo de productos de consumo a los precios especulativos más elevados que puedan encontrarse hoy en el mercado venezolano. Por eso su nombre no puede ser producto sino de un acto de brutal cinismo.

El operativo encendió las alarmas de los acaudalados vecinos de la zona, quienes de inmediato se activaron a través de las redes sociales para expresar su repudio al hecho y elevar al cielo su grito de rebeldía en contra de la “dictadura” que según ellos impera en el país, en un acto de solidaridad automática con el dueño del local, cuyas precarias instalaciones de improvisación nunca alcanzaron el nivel mínimo de dignidad estructural como para considerarlas en el rango de “edificación”.

Una de las más respingadas exponentes de la clase de nuevos ricos devenidos en oligarcas que pueblan la zona, la ex alcaldesa Ivonne Attas (copeyana), denunció a través de su cuenta tuiter lo que ella insistentemente describió a lo largo de una larga cadena de mensajes sucesivos como “una agresión a la clase media” por parte del Gobierno nacional.

“Ahora mismo están tumbando todo lo que fue la famosa frutería La Joyería, en Los Naranjos, para construir allí una misión vivienda”, aseveró en tono de alerta a la “sociedad decente” del este del este.

“Faltaba la rancherización de la Tahona y Los Naranjos y está lista la futura Misión Vivienda allí donde estaba La Joyería”, siguió persistente en su fascista discurso contra uno de los más emblemáticos programas sociales de la Revolución Bolivariana, como si tuviese en sus manos las pruebas irrefutables de la agresión que denunciaba.

“Paso a paso la Revolución exterminadora va rancherizando el país y arruinando la clase media”, decía en otro mensaje cargado del más ácido y repugnante odio hacia todo lo que tenga que ver con el pueblo, los pobres a quienes la Revolución ha hecho centro fundamental de atención gubernamental.

Exasperada y presa de la ira, gritaba por las redes “¡El fin de la clase media! Misión Vivienda en el Hatillo donde hubo siempre una frutería”.

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Cuando se conoció que el procedimiento obedecía a un litigio legal entre el dueño del local y el propietario del terreno, o sea que se trataba de un pleito entre capitalistas y no de una invasión para instalar ninguna Misión del Gobierno, la virulenta opositora metió el freno.

La lacónica respuesta de la oligarca de marras fue: “Nos alegramos que no hay Misión Vivienda en el Hatillo como afirmaron los propios empleados de la frutería”.

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No existe en las redes ni un solo tuiter de algún empleado de la frutería difundiendo el infundio del supuesto asalto a la clase media. Los únicos que se consiguen son los escritos por la escandalizada burguesía de la zona pidiéndole auxilio hasta al inútil de su alcalde, al que viven reclamándole también por tuiter que no hace nada. Sin embargo, la muy encopetada dama señala como autores de la irresponsabilidad directamente a los humildes empleados del local. Ahora dirá que le jaquearon la cuenta.

La secuencia de textos (y su tono repugnantemente racista) serviría para hacer un denso estudio sobre la disociación sicótica del escuálido promedio en la Venezuela de hoy. Pero nosotros vamos a comentar apenas dos o tres aspectos del mismo que nos resultan harto reveladores de la naturaleza repulsiva del discurso opositor que la derecha ha instaurado en la mente de una porción importante de venezolanos.

En primer término hay que destacar la irresponsabilidad de la acusación al voleo y sin fundamento. Una práctica común en las filas opositoras producto del perverso manejo del engaño y la manipulación que la dirigencia opositora lleva a cabo para tratar de general en sus filas la irracionalidad que le es indispensable para avanzar en el escenario político sin necesidad de presentarle a sus seguidores una propuesta consistente y viable que justifique su terca aspiración de hacerse del poder.

Más ominoso aún que la irresponsabilidad con la que los escuálidos sueltan acusaciones contra el chavismo desde las filas opositoras, es sin lugar a dudas la impudicia y el cinismo con el que siempre pasan la hoja sin rectificar ni asumir culpa alguna cuando las evidencias demuestran lo infundado de sus acusaciones. La figura del “Mea Culpa” cristiano no está contemplada en la conducta del escuálido cuando de pedir perdón a los pobres se trata.

El oligarca tiene como parte de su estructura molecular el gen de la soberbia. Ser rico no es solo el poder de disfrutar, mediante la explotación del hombre por el hombre y la concentración del capital, de los bienes materiales fabricados por el ser humano y los recursos naturales dispuestos por el Creador sobre la tierra. Ser rico es el placer de disfrutar la superioridad de clase. Es poder mirar al pobre de cerca en su condición de oprimido y explotado, ya sea como mesonero, chofer, jardinero o limpiabotas, como quien contempla complacido a los animales en cautiverio en medio del zoológico.

¿Qué lleva a un nuevo rico a eximir a otro de toda culpabilidad cuando las evidencias lo dejan al descubierto en la violación de las leyes que quebrantan incluso los más sagrados intereses del capital privado, como en este caso?

¿Por qué a la hora de todo acto delincuencial la tendencia natural de la burguesía es hacia la descalificación y la condena a priori del pobre y del desvalido?

Desde Aristóteles hasta nuestros días los grandes pensadores de la teoría social se preocuparon por el tema llegando siempre, desde un ángulo o de otro, más o menos a la misma conclusión. La enajenación del ser humano sometido a la presión de su entorno, de sus valores y creencias, termina por ser una condición ineludible en las sociedades altamente consumistas, entregadas a la búsqueda irracional y desmedida de la felicidad a través del confort y la opulencia que se supone disfrutan solamente las clases pudientes.

Erich Fromm consideraba que esa enajenación era el resultado directo de la perversa influencia del capital en la sociedad, que conduce al individuo a sentirse como extraño de sí mismo y hacerse dependiente de sus actos o de las consecuencias de estos en razón de determinados valores de clase.

Quizás eso explique por qué el militante opositor se concentra en sus manifestaciones políticas no para aplaudir y brindarle su afecto y su respeto a sus líderes, a quienes por razones obvias asume como inferiores, sino para echarles en cara su repudio y descargar sobre ellos los insultos más venenosos, tal como los vemos hoy tanto en videos como en la infinita proliferación de desprecio que vierten los opositores por las redes sociales contra todos y cada uno de esos dirigentes.

No se conoce ningún evento político en la historia que esté signado por esa lógica del insulto a la dirigencia a la cual los asistentes van a ver encima de una tarima desde donde nunca se les ofrece una orientación política, un discurso programático o una arenga propositiva que estimule e imprima optimismo a la militancia, sino que más bien se les termina enseñando de manera insolente y soez el trasero pestilente de cualquier notable vocero de ese sector, en clara demostración del poco respeto y estima que esos dirigentes le tienen a su propia gente.

El odio y la repulsa hacia el prójimo en función del interés particular de cada quien (premisa filosófica fundamental de la doctrina neoliberal) reduce al individuo a la condición de escoria humana que rechaza por acto reflejo la existencia misma del otro, y le sume en el delirio ridículo de la supremacía social.

Lo que lleva entonces a la ex alcaldesa a la solidaridad automática con el delincuente de cuello blanco y jamás con el trabajador o el obrero, es la segura convicción de que en cualquier momento ella, como todo burgués severamente disociado, podría encontrarse en la situación del adinerado estafador, pero nunca, ni en la peor pesadilla, en la del pata en el suelo.

@SoyAanguibel

Vivir en el paraíso

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 18 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dogmáticos, en su atávica tozudez doctrinaria, van a encontrar siempre en la propuesta chavista de socialismo una tentativa sin basamento teórico, sin asidero histórico y hasta de naturaleza sacrílega (para aquellos que desde el extremo conservador del rigor ideológico examinan igual que los ultraizquierdistas a la revolución bolivariana), con cuyos principios van a estar reñidos en todo momento fundamentalmente por el carácter transformador inherente al proceso de redención de los pobres que impulsara en Venezuela el Comandante Chávez bajo la óptica propia y completamente innovadora en que éste lo planteó.

El mayor tormento para ellos es que se trastoquen de alguna manera los pilares fundacionales del pensamiento revolucionario más ortodoxo y la concepción misma del Estado, con lo cual, según el particular enfoque de cada uno de esos dos sectores se traicionarían, por una parte, los sagrados principios de las luchas sociales a través del tiempo y la estabilidad del modelo de sociedad, por la otra.

Coinciden así la ultraizquierda pseudo chavista y la derecha oligarca en un planteamiento contrarrevolucionario común, en el que se puede leer desde dos ángulos supuestamente enfrentados en lo ideológico exactamente el mismo postulado teórico que en apariencia los distancia, como ese según el cual lo que no serviría en el Estado serían los funcionarios y no el modelo burgués bajo el cual está concebido ese Estado.

De la misma forma en que el inefable decreto de Carmona se centraba en abril de 2002 en la destitución de funcionarios de todos los poderes públicos como un paso indispensable para la restitución del Estado a su condición prerrevolucionaria, de esa misma manera la ultraizquierda pseudo chavista fundamenta su propuesta en la búsqueda del desplazamiento del liderazgo revolucionario como condición sine qua non para avanzar en la construcción del bienestar económico del país.

Ambos sectores ocultan el peso que tiene en la deficiencia de la gestión pública la inviabilidad del modelo burgués aún imperante para satisfacer las necesidades de la población, así como la perniciosa presencia de infiltrados opositores en los organismos del Estado y el brutal ataque del capital privado, nacional y transnacional, a la estructura de gobierno con su impúdica oferta de comisiones a diestra y siniestra, ya no solo en búsqueda de jugosos contratos sino en el avieso afán de corrupción del sistema para derruirlo y acabar así con el modelo socialista.

Por igual acusan a la revolución de una supuesta mala gestión en las empresas nacionalizadas (un minúsculo porcentaje apenas del parque empresarial venezolano en relación con el que todavía sigue en manos de la burguesía), desconociendo que el propósito de esas nacionalizaciones no es la sustitución de la premisa de la rentabilidad capitalista por un abstracto modelo de rentabilidad socialista, sino la transformación del proceso de producción para pasar de la cultura de mercado a la lógica de la cultura comunal que es base medular del proyecto revolucionario chavista, donde el valor de cambio y cuanto ello implica sea sustituido por el valor de uso de la producción de acuerdo a las necesidades reales de consumo del país y no a las necesidades de la acumulación del capital.

Sin embargo la mayoría de esas empresas, como el Banco de Venezuela, Cantv, Industrias Diana, entre otras, ha demostrado eficiencia operativa en el incremento de su producción y eso es innegable. Pero no es solo la irrefutabilidad de esos hechos el peor enemigo de los dogmáticos tanto de derecha como de izquierda, sino la retórica misma de su insustancial discurso.

En todos los procesos revolucionarios de la historia el papel político de la oligarquía, antes que en la promoción de su propia e inviable propuesta neoliberal, se ha centrado en la obstrucción del bienestar social que esas revoluciones han promovido, porque el discurso de las elites hegemónicas es diametralmente opuesto al interés de las grandes mayorías depauperadas que desde siempre han padecido las crisis económicas y sociales que inevitablemente resultan de esa recurrente practica burguesa de la conspiración contra el poder popular, no solo mediante la guerra y el sabotaje sino mediante la demagogia.

Los griegos acuñaron el término “demagogo” para designar a los conductores de la sociedad, imprimiéndole así un sentido positivo en un primero momento a lo que posteriormente Aristóteles definió como “la forma corrupta o degenerada de la democracia”, tal como la usa desde entonces la burguesía para etiquetar a toda expresión de liderazgo que surja del pueblo y que alcance el poder por cualquier vía.

De ahí que “demagogo” haya sido asociado a “embaucador” o “seductor de masas”, “adulador del pueblo”, que confiscaría el poder para instaurar la tiranía y los modelos autoritarios de los que siempre se ha acusado a los regímenes populares a través de la historia.

En la Venezuela revolucionaria, como parte de esas innegables singularidades que el dogmatismo decimonónico repudia en el proceso bolivariano, el término “demagogo” se ha desplazado desde el poder hacia los sectores contrarrevolucionarios, desde donde se está produciendo hoy la más impúdica e irresponsable práctica de adulación y de ofrecimientos insustanciales al pueblo que se recuerde en los anales de la política.

No puede ser sino irresponsable (y hasta criminal incluso) tratar de convencer al país de que la vida de ilusoria prosperidad que ofrece el modelo capitalista, y que la ultraizquierda pseudo chavista adopta sin el más mínimo pudor como paradigma de bienestar en su descalificación del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sea de alguna manera posible en medio del escenario de guerra al que el gran capital nacional e internacional nos tiene sometidos con el apoyo nada más y nada menos que del imperio norteamericano.

Venderle a la gente que nada más cambiando unos cuantos funcionarios de gobierno por otros, sin que se avance en la superación del esquema de injusticia que comprende el modelo neoliberal para sustituirlo por el sistema de inclusión social que el ideario chavista propone, se pudiera alcanzar el paradisíaco nivel de vida que ofrece el capitalismo es conducirla al fracaso que hoy padecen las naciones que a lo largo de los últimos doscientos años han transitado ese camino a su más entera libertad, es decir, sin los obstáculos y sabotajes que ha debido enfrentar la revolución bolivariana desde hace dieciséis años.

Vivir en el paraíso terrenal que sugiere el discurso contrarrevolucionario es imposible en un mundo en el que sólo el 1% de la población posee casi dos tercios de la riqueza del planeta. 99% de la población de la tierra denuncia hoy esa injusticia y por ello son asesinados o van a la cárcel y a la calle sin empleo ni techo donde cobijarse cada vez más pobres y desvalidos que en ningún otro momento de la historia, en el ensanchamiento más abismal de la brecha entre ricos y pobres que se haya conocido jamás.

El destacado analista económico y vicepresidente de la cadena Financial News, Paul B. Farrel, se refiere hoy a este proceso en estos términos: “La burbuja de la desigualdad se está acelerando, peor que en 1929, o incluso 1789. La brecha de la desigualdad se encuentra ahora en los niveles de 1929, lo que hace que la apuesta del Partido Republicano con el futuro de Norteamérica sea un verdadero asalto a la clase media.”

El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, por su parte, afirma al respecto: “A Estados Unidos le gusta pensar de sí mismo como una tierra de oportunidades. Pero hoy en día los  números muestran que el sueño americano es un mito … ensanchamiento de la brecha … la tendencia clara es una concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior, el vaciamiento de la media, y el aumento de la pobreza en la parte inferior”.

Evidentemente ese idílico paraíso capitalista del que hablan tanto la derecha como la ultraizquierda pseudo chavista, es cada vez más inalcanzable. La revolución chavista, por el contrario, es el camino a la redención del ser humano a partir de la construcción concreta de la utopía de justicia social por la que tanto lucho el Comandante Eterno.

@SoyAranguibel

¡Venezuela hasta en la sopa!

Por: Jorge Armesto

Tengo que reconocer con vergüenza que yo era uno de tantos españoles que no tenía ni remota idea de la historia de Venezuela. En fin, seamos sinceros, ¿para qué andarnos con tonterías? Ni de Venezuela ni de América Latina en general. Veo una pirámide y yo que sé si es inca o maya. ¿Bolivar? Un indio que nos quitó las tierras. ¿San Martín? Un cura o algo así que sale en el tango Cambalache que cantaba Malevaje. Confundo en el mapa Paraguay y Uruguay. Y Honduras, Panamá, Nicaragua y todos esos…para qué voy a contar. Así todo.

Pero gracias a la prensa española y, especialmente, a El País y su periódico hermano El Mundo, mi burricie empieza a desvanecerse. Cierto es que sobre el resto del continente sigo sin tener ni puta idea pero, ¡ah! ¡Sobre Venezuela! Sobre Venezuela me estoy convirtiendo en una autoridad. No tengo tanto mérito. ¿Y quién no? Hasta el más tonto escribiría una tesis. En la tasca más humilde, los cuatro que juegan al dominó podrían impartir en cualquier parte del mundo una cátedra de estudios venezolanos. Tal es el inabarcable caudal de conocimientos en el que nos han sumergido los periódicos españoles. De hecho, cuando leo estos didácticos artículos empiezo a pensar que son los pobres venezolanos quienes no saben nada de su país en comparación con los españoles. Incluso me aventuro a afirmar que está pronto el día en que los españoles sepan más de Venezuela que de la propia España. Si es que ese día no ha llegado ya.

Qué tiempos aquellos en que vivíamos en la más triste ignorancia sobre nuestro país hermano. A finales de los 80 el gobierno de Carlos Andrés Pérez le entregó el país al FMI. Las medidas “liberalizadoras” trajeron consigo privatización de empresas públicas, congelación de salarios, disminución del gasto público y aumento del precio de productos básicos. Una música conocida. El resultado del empobrecimiento masivo de la población fue el “caracazo”, una revuelta popular que la democracia de Carlos Andrés sofocó provocando una masacre de cerca de 3.500 muertos. En 1996, tras siete años de políticas “reformistas” y según cálculos del Banco Central de Venezuela, el índice de pobreza general era del 54,86% y el de pobreza extrema, el 30,98%. En 2009, tras diez años de gobierno de Hugo Chávez, la pobreza extrema estaba en el 7,20% y la pobreza general en el 28,50% El desempleo en 1999 rondaba el 15%. Diez años después se había reducido a la mitad. Igual reducción que tuvo la mortalidad infantil ¿Pero cómo íbamos a saber algo de esto? Entonces teníamos en España una prensa insensible, eurocéntrica y muy poco atraída por los avatares y desventuras de nuestros hermanos venezolanos. Nada que ver con la actual, cosmopolita y global.

Por supuesto, tampoco entonces nos contaron los turbios asuntillos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez (condenado por malversación y prófugo de la justicia, murió millonario en Miami) con su amiguito el aún más multimillonario venezolano Gustavo Cisneros. Ni nos enteramos mucho de quién demonios era este tío cuyo nombre oímos por primera vez en aquellos tiempos en que el gobierno del PSOE saneó y reflotó Galerías Preciados gastando 48.000 millones de dinero público. Luego vendió la cadena por 1.500 millones al Grupo Cisneros quien, a su vez, la revendió por 30.000 a unos inversores ingleses. Resultado de la operación: -48.000 millones para nosotros +28.500 millones para Cisneros en un abrir y cerrar de ojos. Para los que crean que el PP innova: todo está inventado. La única diferencia es que antes se robaba en pesetas y ahora en euros.

Aquella prensa provinciana tampoco mencionaba que ese mismo Gustavo Cisneros era y es el propietario casi en régimen de monopolio de la mayoría de los medios de comunicación venezolanos que, desde 1999, cuando perdió el poder su compañero de negocios, se declararon ferozmente hostiles al gobierno de Chávez. Esos mismos medios que, aunque constantemente se quejan por la falta de libertad de prensa, participaron activamente en el golpe de estado contra Chávez en 2002 auspiciado por, ¡oh! ¡sorpresa!, José María Aznar. En las horas que los golpistas creyeron triunfar declararon su agradecimiento público a las emisoras de Cisneros. Tampoco El País informaba mucho acerca de que el grupo PRISA era accionista junto a Cisneros de algunas de esas emisoras. Con respecto a la participación de Aznar como uno de los promotores del golpe, El País zanjó el asunto diciendo que “quedó sin aclarar”.

Por suerte para todos, esos tiempos de oscurantismo e ignorancia han pasado a la historia. Y en España de hoy no hay día, y digo bien, ni un solo día, en que las cabeceras más importantes no nos revelen nítidamente la mierda de país que es Venezuela y la permanente desgracia en la que viven sus ciudadanos. Hace algunos meses escribí en estas mismas páginas un artículo sobre la línea editorial de El País con respecto a Podemos. Entonces la campaña de insidias aún estaba empezando y la consulta en la hemeroteca era sencilla. Compadezco al pobre desgraciado que hoy tenga que hacer la misma recopilación. No quiero ni imaginar lo que sería bucear en más de una década de mendacidades de la hemeroteca española sobre Venezuela. Esto desanima al más pintado. Dejo para otros esa gloria. Yo soy un vago y me conformo con mirar simplemente lo que publican en la última semana. Total, para qué más.

Pese a todos los esfuerzos pedagógicos de la prensa española reconozco que mi conocimiento de la realidad política latinoamericana –con la salvedad de Venezuela– es bastante exiguo. Valentín Paniagua, Jorge Battle, Ronald Venetiaan, Bharrat Hagdeo, Lucio Gutiérrez, Sebastián Piñera, Alfredo Palacio, Tabaré Vázquez, Eduardo Rodríguez Veltzé, Federico Franco, Fernando Lugo, Ollanta Humala….¿alguien sabe quién es esta peña? Pues jefes de estado sudamericanos de los últimos 15 años. Quién lo diría, eh. Ni me suenan. Sin embargo, de Nicolás Maduro me sé hasta su talla de calcetines. El Mundo nos dice el día 2 de enero que su popularidad ha descendido hasta el 22%. ¿Poco o mucho? Si lo comparamos con la que tenía Hugo Chávez antes de enfermar, cercana al 60%, poco. Pero si la comparamos con la de Mariano Rajoy, que no llega ni al 14%, tampoco está tan mal. Claro que Rajoy, a pesar de no ser chavista, comparte el record con Hollande de ser el dirigente peor valorado del mundo por sus conciudadanos.

Antes, el 30 de diciembre, El País y El Mundo se escandalizaron por la renovación de algunos miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela. Aunque del funcionamiento del resto de países sudamericanos no sabemos ni palabra, largos artículos hablan sobre estas instituciones venezolanas, así como la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. Por otra parte, nada que no supiese ya cualquier venezuelólogo avezado. ¿Y no resulta que han metido a unos chavistas en estas instituciones? ¡Qué escándalo! En la nación en la que PP y PSOE nombran a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, y estos a su vez nombran a los Magistrados del Tribunal Supremo y a los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, la desvergüenza chavista resulta indignante.

El mismo día 30 El País nos dice que Venezuela es “el segundo país más peligroso del mundo”. ¿Más que Siria? ¿Más que Iraq? No. Se refiere a la tasa de homicidios. Uno se pregunta: ¿Y no se merecería el titular el que va de primero? Los hondureños, que son líderes, no salen ni en la entradilla.

Lo cierto es que Venezuela es un lugar espantoso para vivir: Si ayer nos enteramos nada menos de que han subido los peajes de las autovías, hace menos de una semana descubrimos espantados que había cerrado una famosa heladería. Hacían helados de garbanzos, spaguetti y hasta de cebolla. Un drama. El día 31 de diciembre El País nos dice que Venezuela está en recesión. En otro artículo aparece como un títere de ..¡Cuba!Y es que los tontainas chavistas son más castristas que los propios castristas. Ya en enero, el día 2 El País augura que el país sudamericano será uno de “los perdedores” de 2015 mientras que el 4 le dedica el editorial “El drama venezolano”. El mismo día Maduro está “en la cuerda floja” dos veces. La primera en “El mundo en 2015” y la segunda en el artículo de Bastenier “Cuatro funambulistas en la cuerda floja”. Al menos Maduro tiene el consuelo de que también Putin comparte funambulismo en ambos textos.

El 4 de enero es el “Día de Venezuela” para El País y en otro artículo describe a Maduro como otro “tirano del oro negro” junto a los tiranos de Arabia Saudí, Rusia e Irán. El articulista se cuida muy mucho de distinguirlos de las “democracias petroleras”, esto es México y Brasil. Por cierto que, con respecto a México, no resulta tan fácil encontrar noticias sobre su situación política y la emergencia de MORENA, un partido surgido de los movimientos sociales, que amenaza el bipartidismo corrupto. ¿De qué nos suena esto? Sin embargo la prensa española se cuida muy mucho de hablar de estos asuntos.

El día 5 El País nos cuenta quién gana o pierde con la apreciación del dólar.¿Adivinamos quién palma? Sí, amigos, Venezuela. El mismo día se nos dice también quién pierde con el petróleo barato. Sorpresa: otra vez Venezuela. ¿Y quién más? Rusia y Cuba. Cuba, la pobre, que no tiene petróleo, pierde de rebote. De las dictaduras del Golfo Pérsico, ni palabra. Es de suponer que están que tiran cohetes. El articulista dice que Maduro ha redoblado sus ataques frente “a los que le critican”. Y por si su postura no nos resultase obvia añade: “como yo”. El mismo día 5 nos enteramos de queVenezuela acude a China para pedir créditos y el día 6 es El Mundo el que nos cuenta las “siete plagas de Maduro”. También el 6 sabemos que Ecuador negocia créditos en China. La diferencia de titular es elocuente: Maduro “busca alivio para la crisis” en tanto que Correa “logra 6.300 millones en créditos”. Unos villanos, otros héroes.

En fin, Venezuela hasta en la sopa. Todo esto únicamente en una semana. Es fácil imaginar lo que nos espera en el año de emergencia de Podemos. Pero, ¿por qué ser desconfiados? También podemos imaginar un futuro en el que los ciudadanos seamos iluminados por esta prensa abierta, universal y con tanta sensibilidad hacia países distintos. En que seamos ilustrados por esta prensa que nos eleva al cosmopolitismo desde la burrez cateta en que ahora vivimos. Quizá llegue el día en que se nos cuente que en Papúa Guinea han subido los peajes. O que en Eslovaquia cerró una heladería. Qué precioso reportaje. Queremos conocer esos pequeños dramas que nos pasan desapercibidos. ¿Montenegro pide un crédito a China? Necesitamos saberlo. ¿Qué tal le irá el 2015 a Moldavia y Polonia? ¿A quién han elegido para el Consejo Electoral de Yibuti? Todo nos interesa, ciudadanos planetarios. Empezaron a educarnos con Venezuela porque con alguno había que empezar. ¿Qué otra razón iban a tener?

A fin de cuentas, hombre soy, y nada de lo venezolano me es ajeno.

Tomado de: Prensa Web RNV

El inmenso reto de liberar la libertad

Por: Alberto Aranguibel B.

El 30 de octubre de 1938, con un inesperado acontecimiento comunicacional que aterraría hasta el paroxismo a los norteamericanos, se trastocaba sin que nadie lo percibiera así el concepto de democracia que hasta entonces conocía la humanidad.

A partir de la transmisión en vivo de una adaptación para radio de la novela de H.G. Welles, La Guerra de los Mundos, en la que el joven director y actor cinematográfico Orson Welles narraba desde los estudios de la Columbia Broadcasting System en Nueva York la llegada de los marcianos a la tierra, los norteamericanos ponían en evidencia con su histeria colectiva el inmenso poder de los medios de comunicación ya no solo para entretener o vender productos, como eran vistos hasta entonces por las grandes corporaciones norteamericanas, sino para modificar la realidad a su antojo y ponerla al servicio de los intereses de los poderosos sectores capitalistas en su afán de dominación imperial del planeta.

La manipulación de la realidad con propósitos propagandísticos ha existido desde tiempos inmemoriales. Solamente en la Biblia, uno de los más elaborados y extensos compendios de fantasías y anécdotas delirantes que jamás haya conocido la humanidad, se reúne en un mismo texto la fábula del hombre que caminó sobre las aguas y que multiplicó el pan y los peces con tan solo un gesto; el profeta que abrió el mar en dos mitades sin mayores perturbaciones; el mítico levantamiento de los muertos apenas con una palabra; la conversión del agua en vino en un santiamén; la elevación del hombre a los cielos con retorno intacto al tercer día; y así hasta lo inaudito, con el solo propósito de perpetuar comunicacionalmente el poder de una institución sin cuya “divina palabra” la propuesta y el martirio de Cristo no habría pasado jamás de interesante y, cuando mucho, doloroso evento histórico.

La perpetuación de esa virtualidad del universo, ya fuese en forma de creencias religiosas, de leyendas, o de simple literatura de ficción, inculcada desde el poder por las élites dominantes a través del tiempo, tiene su asiento en la regla de oro de la inteligentzia burguesa en cuanto al conocimiento humano se refiere. La doctrina será siempre la de estudiar solo lo académicamente conocido. El modelo aceptado. La creación será siempre sospechosa de subversiva. Por eso la gran mayoría de los pensadores de la historia, los grandes inventores e innovadores de las más diversas corrientes científicas y filosóficas, fueron por lo general aquellos cuyas prodigiosas mentes se desarrollaban a partir de la intuición y de la capacidad analítica propia y no de la educación académica formal. Los que rompían siempre con los dogmas preestablecidos desde las élites burguesas y le daban cauce a su ímpetu creador.

Contra esa tendencia natural del ser humano a evolucionar el conocimiento fue que la oligarquía se vio obligada a imponer a sangre y fuego su visión del hombre y su sociedad, usando las más de las veces los propios códigos de la sabiduría popular como arma contra su enemigo más temible, la capacidad de discernimiento propio de los pueblos, pero en la forma dispersa y descoordinada en que lo hizo hasta la llegada de los medios radioeléctricos de comunicación de masas, el cine, la radio, la televisión, la computación y la internet, que, a diferencia de la prensa escrita, en un primer momento se consideraron simples objetos de divertimento, pero que a la larga devinieron en soporte fundamental del modelo neoliberal capitalista.

El prodigioso fenómeno que revelaba Welles con el pánico que causaba su estremecedora narración aquella noche de Hallowen del año 1938, era el de poder lograr por un mismo medio y de manera simultánea alcanzar a millones de personas con el contenido alienante que hasta aquel entonces las grandes corporaciones se veían en la necesidad de promover de manera segmentada a través de distintas formas de difusión. Y lo que probablemente era lo más importante, por un mismo precio y con un mensaje impactante con mucho más poder de convencimiento que el de un simple spot publicitario.

De ahí en adelante la manipulación dejó de ser exclusivamente la inclusión o no de hechos noticiosos de acuerdo al interés editorial de las grandes corporaciones mediáticas, o la redacción o cobertura sesgada de sus noticias. El amarillismo que tantos beneficios le trajo hasta entonces al establecimiento de la cultura imperialista en los Estados Unidos y en su esfera de influencia, ya no era indispensable como herramienta única de propaganda, porque la dramatización de la realidad virtual que debía imponer la hegemonía oligarca ya era perfectamente posible a través del medio radioeléctrico. Mientras los movimientos de izquierda se dividían y se atomizaban a lo largo y ancho del planeta, la fuerza de la derecha se organizaba y se concentraba en el secuestro y control del más poderoso instrumento jamás concebido desde la invención del fuego. Pocos fueron los grandes revolucionarios de la historia que acertaron en la visualización de este fenómeno. Bolívar, Lenin y el Che Guevara, fueron algunos de ellos. Chávez, sin lugar a dudas, el más grande comunicador de todos los tiempos.

El Comandante comprendió como nadie en la historia la importancia de concentrar el esfuerzo de la construcción del modelo socialista y de la unidad revolucionaria del pueblo en la comunicación, privilegiada en importancia por encima de cualquier otro instrumento, en virtud precisamente del inmenso poder de la derecha en el control de ese medio que puede elevar al ser humano hacia su redención espiritual definitiva, como él lo sostuvo desde siempre, o hundirlo en la oscuridad de la ignorancia, como lo procura el modelo neoliberal burgués.

Hoy, cuando asistimos a la arbitraria realidad que nos venden las grandes corporaciones mediáticas del mundo capitalista, en la cual se esconden los crímenes de lesa humanidad que se cometen en nombre de la libertad y se sataniza brutalmente a todo aquel que denuncie el atropello que eso representa, o se coloca a más de tres continentes en contra de una nación como la nuestra, donde el gobierno procura contener a estudiantes que asesinan a guardias nacionales, mientras se oculta que en otra nación hermana la guardia nacional sí asesina, incinera y entierra estudiantes y a cientos de ciudadanos que va apareciendo día tras día en fosas interminables sin que ninguno de los que claman al cielo en infinitas campañas de SOS contra Venezuela se expresen en modo alguno por el horror de muerte que sí padece México, entonces entendemos que el reto más urgente de una revolución como la bolivariana es recomponer el sentido de la democracia como activo de la sociedad y retomar el carácter antropológico de la libertad que nos fue robada por unos cuantos magnates que en mala hora pensaron que al comprar un medio de comunicación estaban también adquiriendo la propiedad sobre el derecho de la humanidad a la verdad y a la autodeterminación de los pueblos.

Las naciones del mundo no pueden, ni deben, renunciar jamás a su derecho a una cultura, a una idiosincrasia, a valores y creencias religiosas o políticas propias, ni mucho menos a su independencia política y económica, en aras de una libertad que no es sino la imposición de un modelo cultural exógeno que legitima la injusticia, la explotación y la destrucción sistemática de la soberanía de los pueblos.

Pretender, como pretende hoy los Estados Unidos, que la sociedad asuma que libertad es la irrestricta posibilidad de penetración de la televisión norteamericana hasta el último rincón del planeta, así como de internet y de las redes sociales, con todo su contenido manipulador, distorsionador, alienante y contra revolucionario, así como con el poder de control de la información y de la privacidad que su Departamento de Estado ejerce a través de la red, cada día más que demostrado, es una aberración que atenta incluso contra la razón de ser misma de la humanidad. Más aun si tal libertad está fundada bajo los principios de la dominación hegemónica de la burguesía y los abyectos valores del capitalismo.

Nos corresponde ahora liberar la libertad.

@SoyAranguibel

– Publicado en el Correo el Orinoco el 03 de noviembre de 2014 –

El Pollito Bachaquero

papel-toalet

El ancestral desprecio y subestima hacia el pueblo por parte de los sectores burgueses, ha llevado de derrota en derrota a ese arrogante y elitesco sector pudiente de la sociedad desde que el Comandante Chávez apareció en la escena política a finales del siglo XX con su propuesta de justicia e igualdad social conocida hoy como Socialismo del Siglo XXI, que ha permitido a la inmensa población de excluidos incorporarse no solo a los beneficios que el Estado les asegura a través de infinidad de programas sociales que elevan su calidad de vida, sino a través de la liberación que comprende la elevación de la conciencia de clase y el compromiso con la Patria que este modelo de redención de los pobres les brinda.

La guerra económica desatada desde principios de año por ese sector privado, golpista y profundamente reaccionario, en contra del pueblo venezolano, ha querido basarse en el desprecio a la inteligencia de la gran mayoría de gente humilde del país, a quien le suponen incompetente para saber detectar con claridad y precisión quién es el verdadero responsable de la especulación, el acaparamiento, la escasez de productos y el contrabando de extracción que tanto malestar ha causado en los últimos meses. El pueblo sabe sin ninguna duda que el causante de todos esos males es ese sector privado, usurero, explotador y apátrida, que pretende presentarse ante la opinión pública como víctima de un proceso de distorsión económica del cual es en verdad el único victimario. Y sabe, porque lo ha visto y lo ha constatado en la acción decidida del Gobierno contra los grandes intereses que se mueven detrás de todo ese entramado conspirador, que el Presidente Nicolás Maduro está luchando a brazo partido por evitar que esa burguesía parasitaria reinstale en el país el nefasto modelo neoliberal que tanta hambre y miseria nos dejó en el pasado.

Prueba de esa claridad del venezolano es el siguiente video en el que el humor es el hilo conductor de una contundente y reveladora denuncia contra esos especuladores y acaparadores de los productos de primera necesidad, así como también contra aquella gente de los sectores populares que, en razón del terror que la burguesía inyecta a la sociedad a través de sus medios de comunicación y de sus aliados políticos de la derecha, caen en la trampa del desespero consumista y terminan por hacerle el juego a los ricos en contra de los intereses de clase del propio pueblo, con las compras compulsivas que en definitiva terminan siendo el eslabón que soporta toda esa cadena de distorsión y saqueo económico del gran capital contra el país. El video del grupo zuliano “Madero Show” deja claro que no hay más escasez que la que la propia gente ocasiona con las compras compulsivas que hoy signan el absurdo ritmo del mercado en Venezuela.

Serrano: Carta a un antichavista venezolano de clase media o alta

incendiario

Por: Pascual Serrano
Periodista. Autor de Desinformación (Editorial Península / Foto: REUTERS)

Estimado venezolano. Usted estará padeciendo la grave situación de violencia que atraviesa su país. Distintas interpretaciones la presentarán como la lucha de un pueblo por liberarse de un Gobierno represor o como acciones terroristas de grupos que pretenden desestabilizar a un Gobierno legítimo. Pero antes de entrar en esa discusión yo quisiera invitarle a que, con un independencia de todo tipo de interpretaciones, analice cómo ha evolucionado su situación económica y empresarial en los últimos catorce años, desde el inicio de lo que se ha llamado la revolución bolivariana.

Supongo que, como clase media o alta, usted tendrá un trabajo cualificado y bien remunerado, o es un empresario que desarrolla su actividad de producción o de servicios en Venezuela. Entiendo que la llegada y posterior avance del socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez supuso para usted un motivo de preocupación. Le dijeron que Venezuela sería una “dictadura comunista cubana”, que le quitarían su empresa, nacionalizarían su vivienda y sus tierras, le expropiarían sus automóviles y hasta le secuestrarían sus hijos para enviarlos a un círculo bolivariano donde los convertirían en chavistas. Líderes opositores y medios de comunicación de la oposición llevan catorce años diciendo eso sin que usted haya comprobado que haya sucedido. También le han estado contando que les perseguían a ellos y a sus medios de comunicación, y sin embargo, ahí siguen.

Ahora le pido a usted que piense usted en su situación, ajeno a cualquier influencia externa, gubernamental u opositora. Si usted es médico, ingeniero, abogado o cualquier otra profesión liberal o de alta remuneración; ¿ha observado que durante el gobierno de Hugo Chávez primero o de Nicolás Maduro hayan empeorado sus ingresos? ¿le nacionalizaron el despacho, la consulta o sus instrumentos de trabajo? ¿los impuestos han convertido en inviable su negocio? Sus hijos, ¿siguen con usted y los están educando en el colegio y de la forma que usted desea o el estado venezolano se los ha llevado contra su voluntad a un circulo bolivariano? Repase la evolución de su contabilidad en los últimos diez o quince años. Si tiene un despacho de abogados, una clínica estética o un despacho de arquitecto, ¿ha bajado su facturación tras la llegada de la revolución bolivariana? Muchos sectores pobres que nunca pudieron hacerse una operación de cirugía estética, reformar su vivienda o consultar a un abogado ahora disponen de dinero para hacerlo.

Uno de los asuntos que más le preocupa es la delincuencia común, efectivamente alta en Venezuela. Pero usted vive en un barrio acomodado, en la zona Este de Caracas o en El Hatillo. Todos sabemos que allí no hay grandes problemas de delincuencia. En cualquier caso, su residencia cuenta con vigilantes privados y alambradas de espinos, puede que electrificadas. Incluso desde antes de que llegara Hugo Chávez al poder. Es verdad que en los populosos barrios humildes de las grandes ciudades venezolanas hay crímenes todos los días. Usted sabe que el 80% de los homicidios suceden en los barrios populares, pero usted no va a Petare, la Vega o al 23 de enero, ni ha ido nunca, siempre fueron peligrosos. En el fondo, no hay razón para que le preocupe ahora más que hace quince años. Y en cuanto al centro, pongamos como ejemplo Plaza Venezuela o Sabana Grande, ¿de verdad le parecen hoy más peligrosos que hace diez años, antes de que se desalojaran los vendedores ambulantes y se instalaran parques de juego infantiles e iluminación nueva?

Quizás usted no sea un profesional liberal sino un empresario. Dueño de una cadena de restaurantes, concesionarios de automóviles o fabricante de muebles. O propietario de un establecimiento de móviles o electrónica o de ropa en un centro comercial. Habrá comprobado que, después de quince años, ese comunismo que le habían hablado que venía no le ha tocado su negocio. Incluso el presidente Nicolás Maduro ha dicho que intentará que no haya abusos en el precio que les cobran por alquilar los locales. Tampoco le han subido los impuestos, de hecho no han cerrado negocios en Venezuela en estos últimos años como ha sucedido en España. Es verdad que, en el último año, se ha enfrentado a un grave problema económico: la escasez de divisas que le impide adquirir material de importación para su negocio. Puede que parte de la responsabilidad de ello sea del Gobierno, no le estoy pidiendo que no señale los errores del Gobierno, el propio Maduro lo está reconociendo. Pero eso es un problema que deberá exigir que se resuelva sin llegar al nivel de violencia y desestabilización que algunos están eligiendo.

Por otro lado, sí habrá notado que mulatos y pobres que nunca tuvieron un smartphone, ni un coche nuevo, ni ropa cara, ni cenaban en un buen restaurante ahora son clientes suyos. Puede suceder que a alguno de ustedes -blancos, admiradores de Estados Unidos y reivindicadores de sus orígenes europeos- esos mulatos, afrodescendientes, indígenas y hasta hace poco sucios y analfabetos no les guste encontrarlos en los centros comerciales, en su mismo barrio, con un automóvil y un móvil similar al suyo. Hasta le molesta que sean clientes de su comercio. No le voy a recordar que eso es racismo, pero sí que, a diferencia de usted, esos europeos y estadounidenses que usted tanto admira, están encantados con afrodescendientes, asiáticos y magrebíes cuando disponen de dinero. Los empresarios de Marbella son muy felices cuando llegan los árabes y sus tarjetas de crédito, el expresidente Bush no dudó en colocar de secretaria de Estado a una afrodescendiente. Y las grandes multinacionales estadounidenses no tienen ningún problema con un presidente también afrodescendiente. Piénselo bien, el dinero de esos oscuros de barrios periféricos le viene muy bien a su negocio, y antes de los vientos bolivarianos ese dinero no le llegaba. Acusan al Gobierno de dividir a los venezolanos, la división que denuncian es artificial, de prejuicios. La verdadera división de una sociedad es entre quienes tienen todo y los que no tienen nada. Conseguir limar esas diferencias, que usted puede comprobar en su clientela, es algo que ha avanzado en Venezuela.

Tampoco le pido que niegue el problema del abastecimiento. Pero todos sabemos que las principales vías de distribución son privadas. En Venezuela tanto los ciudadanos como el Gobierno tienen recursos económicos para adquirir los bienes de primera necesidad, es evidente que el principal problema -falta de dinero- no existe. A ningún Gobierno le interesa que escaseen esos productos, de ahí que el primer interesado en resolverlo sea el Gobierno interviniendo sobre los especuladores, acaparadores y distribuidores que provocan el desabastecimiento. Ningún movimiento violento que está quemando camiones del Estado puede demostrarles que están preocupados porque lleguen los suministros a la población.

En España he comprobado que, en las encuestas del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas, a la pregunta de “cuáles cree que son los principales problemas del país”, los ciudadanos responden una cosa y, a la pregunta de “cuáles cree que son los principales problemas que le afectan a usted y a su familia”, responden otra. De modo que en la primera opción ocupa un lugar destacado el terrorismo y en la segunda, el desempleo. Esto sucede porque la psicosis que les han transmitido algunos políticos y medios de comunicación les hacen angustiarse por asuntos que, cuando miran a su propia situación personal, ya no son tan importantes y sí, en cambio, otros. Ya Michael Moore recordaba a los estadounidenses que había más muertes por suicidio que por terrorismo, o dicho de otro modo, es más fácil que usted se quite la vida que no un terrorista. Y sin embargo todos los estadounidenses andaban preocupados por el terrorismo. Cuento esto porque, quizás, a usted, amigo venezolano, le está pasando algo similar con la angustia que le provoca el Gobierno de Nicolás Maduro.

No pretendo convencerle de que apoye al Gobierno venezolano actual o que le vote en las próximas elecciones. Usted tendrá muchos más elementos que yo para observar la evolución de su país y detectar qué problemas responden a errores del Gobierno o a otros elementos ajenos a él. En mi país, España, muchos ciudadanos discrepamos de la política del Gobierno. Criticamos sus decisiones, intentamos que las cambie y el día de las elecciones votamos a otro partido. También nos manifestamos, pero entendemos que un presidente, un diputado o un alcalde lo es hasta las próximas elecciones. No incendiamos los camiones de abastecimiento del Estado, ni hacemos barricadas en las carreteras para colapsar las ciudades, los políticos opositores no lanzan a miles de ciudadanos a asaltar un ministerio, no permitimos que unos ciudadanos disconformes con el Gobierno instalen un alambre en una avenida para degollar a una persona que circule en motocicleta. Todo para conseguir que dimita el presidente que ganó en unas elecciones democráticas. ¿De verdad usted, venezolano de clase media o alta, empresario, legítimo y respetable opositor del Gobierno, cree que con ese escenario puede ayudar a mejorar su situación personal, familiar y económica?

En Venezuela existen mecanismos democráticos para sacar a un Gobierno, incluso más que en Europa donde no existe un referéndum revocatorio que permita cesar a un cargo político antes de que finalice su mandato. Los sectores que están desencadenando la violencia no están preocupados por su economía o su negocio, quieren desestabilizar un determinado sistema político democrático y legítimo a costa de la convivencia porque saben que por la vía democrática no van a llegar al poder. Muchos lo están reconociendo. Eche un vistazo durante unos segundos a los países donde unas masas enfurecidas derrocaron a sus gobiernos con apoyos foráneos que decían que iban a recuperar la democracia: Irak, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania… ¿De verdad cree que los profesionales de alto nivel o empresarios como usted han salido ganando y se encuentran ahora mejor?

Un último detalle, antes de que alguno de ustedes insinúe que cuánto me paga el Gobierno venezolano por escribir esto. Nunca me pagaron nada por ningún artículo ni texto sobre Venezuela, lo cual no me parece bien porque el trabajo (no la adhesión) hay que pagarlo. Por eso se publica en un medio de comunicación español.

Democracia, encanto y burguesía

democracia socialista

Una de las más portentosas escenas del cine surrealista de todos los tiempos, en “El discreto encanto de la burguesía“, muestra el desesperado intercambio de palabras entre una angustiada pareja de la clase media parisina y el jefe de la policía al que le denuncian la desaparición de su pequeña hija de apenas diez años de edad, quien según sus padres se habría extraviado cuando se encontraba en el colegio recibiendo sus clases regulares.

A medida que transcurre la larga escena, los personajes exploran los más diversos y descabellados escenarios en la búsqueda de una solución al problema de la niña desaparecida, interrumpidos solamente por las intervenciones de la muchachita en cuestión quien en todo momento estuvo presente en la reunión advirtiéndoles que no estaba desaparecida y que nunca lo estuvo, solo que, de tan preocupados que estaban todos por encontrarla, nadie la tomaba en cuenta y más bien la mandaban a callar de manera persistente.

Exactamente igual de absurdo a la tragedia que experimenta la burguesía criolla buscando desesperada hasta por debajo de las piedras una democracia que segundo a segundo se construye y se extiende a lo largo y ancho del territorio nacional, impactando desde hace más de una década a todos y cada uno de los venezolanos sin excepción, incluidos los urticantes seguidores de esa atolondrada burguesía, que por incauta y por inculta es la única en no percatarse de que en definitiva anda buscando lo que no se le ha perdido.

Venezuela está dando lecciones al mundo entero en materia electoral, no solo en términos de los avances tecnológicos que aseguran la idoneidad, transparencia y confiabilidad del sistema, sino en función del alcance y profundización de la cultura democrática que hoy es realidad en el país, con lo cual el venezolano de a pie se apodera de uno de los activos más preciados para los pueblos democráticos del mundo como lo es el derecho al libre ejercicio de la política.

La elección de este domingo es uno de los eventos cívicos más importante de nuestra historia política contemporánea, no tanto por la naturaleza de la decisión que tendremos que tomar, sino también por la significación que tiene la misma en la construcción de ese modelo de sociedad avanzada que todos aspiramos y que tanto nos enseñó nuestro Presidente que debíamos alcanzar.

Sería ya hora de que esa terca y obtusa burguesía criolla aceptara de una buena vez esta maravillosa realidad y se incorporara al curso de esa democracia que los únicos que no ven son precisamente ellos.

La misión de Capriles…

En el mundo capitalista de hoy no se están llevando a cabo en modo alguno formulaciones teóricas para el replanteamiento del modelo. Los mecanismos que se discuten en Bruselas, Washington, Berlín y París, son solamente disquisiciones economicistas, orientadas más bien a la búsqueda de seguros de vida para el sistema financiero mundial, a costa de todo cuanto en lo social o político deba sacrificarse.

Como se sabe, el poder en el mundo capitalista no lo ejercen quienes han sido presentados a través del tiempo como la base del Estado, o sea los sectores políticos, ejecutores de acciones de Gobierno que desde siempre obedecen a los intereses de las hegemonías dominantes, es decir, al gran capital, sino que lo ejercen precisamente quienes concibieron al Estado como la gran maquinaria para el control y la regulación del potencial poder transformador de la sociedad mediante el ritual de las elecciones. En lo cual, el sector político es simplemente un instrumento más de consolidación del modelo.

Este gigantesco mecanismo, concebido para asegurar y perpetuar la desmovilización social, es lo que conocemos como “el Estado burgués”, cuyo propósito es educar a la sociedad en la idea de que no existirá libertad ni progreso en modo alguno si no existe libertad plena para el libre desempeño del capital privado y que para su realización deberán asegurarse ciertas normas de acatamiento común, conocidas como “las Leyes y la independencia de los poderes públicos”.

Bajo la “cultura” del Estado burgués, si de en medio de la sociedad surge la iniciativa de construir el poder popular organizado para asegurar su mayor bienestar, las Leyes (producidas por los sectores políticos burgueses) tenderán a aplacarla y los Poderes Públicos a ejecutar las acciones conducentes a ese aplacamiento. Eso es lo que se conoce como “la Democracia Representativa”.

Pero cuando los pueblos maduran ideológicamente y su conciencia de clase los coloca por encima de la lógica del Estado burgués, produciéndose el avance social en busca de su propia transformación a través del voto universal, secreto y directo (precisamente el ámbito de la democracia concebida por los sectores dominantes para perpetuar su dominación sobre la sociedad), entonces esos sectores dominantes deben apelar a estrategias de choque que permitan no sólo contener sino revertir esos procesos. Solo que bajo la paradójica circunstancia de obligarse a hacerlo en la misma forma electoral pacífica que a través del tiempo se ha ofrecido como el único medio aceptable para construir esa democracia.

Por eso en Venezuela la derecha, luego de su desatinada berraquera de la abstención electoral del 2004, decide retornar al escenario democrático y medirse en las urnas con su contendor más importante de toda su historia… el socialismo.

De acuerdo a todos los estudios serios de opinión, no solo actuales sino los que registran el comportamiento político del venezolano desde hace más de dos décadas,  la única ideología que ha crecido en Venezuela en lo que va de siglo XXI es el socialismo, que ha pasado de un “techo histórico” de un 6% durante la cuarta República, a un 50% en promedio desde que el Comandante Chávez presentó al país la propuesta del Socialismo Bolivariano.

Un porcentaje más que significativo si se toma en consideración que tal crecimiento no se produce propiamente en los sectores ilustrados de la sociedad, sino en los estratos más populares. Justamente los que rescata el Comandante con su visión profundamente humanista del modelo de justicia y de igualdad social que hoy impulsa en el país.

Los estragos que produce el capitalismo hoy en día en el mundo tienen, por supuesto, un peso más que determinante en esta nueva realidad sociopolítica venezolana. Algo que refleja la exigua votación que obtiene dentro del sector de la derecha venezolana que acudió a las urnas en elecciones primarias para elegir su candidato a la Presidencia de la República la precandidata María Machado, la única que ofreció la fórmula del capitalismo como propuesta electoral en esa contienda, alcanzando apenas un 3,6% de la votación. Pero lo más importante en ello ha sido, sin lugar a dudas, el inmenso poder de liderazgo de Hugo Chávez, basado en una extraordinaria capacidad comunicacional sin precedentes en el ámbito político.

De ahí que el candidato de la derecha no tenga en lo absoluto el propósito de ofrecerle al país la opción del desarrollo económico convencional que históricamente se propone la derecha -concebido a partir de la reducción del Estado a su exclusiva función de garantizar la perdurabilidad del modelo democrático y del desarrollo y libre desempeño de la empresa privada-, sino el avance en la construcción del bienestar personal de la gente a partir de la optimización de los logros alcanzados por la Revolución Bolivariana en cuanto a inclusión social.

La candidatura de Capriles es pues, el mayor reconocimiento a la inmensa conquista que ha significado para el venezolano el proceso de transformaciones adelantado por el Comandante Chávez. Reconoce, tanto en su discurso como en toda la puesta en escena de su campaña, que el capitalismo no es hoy en día atractivo para nadie y que el socialismo es una realidad inocultable en la sociedad venezolana y latinoamericana de este nuevo siglo.

Para lograr el propósito de alcanzar el poder, debe buscar captar votantes entre esa inmensa masa de pueblo que hoy sigue con verdadera pasión al líder de una revolución que llegó para salvarle de la destrucción que el neoliberalismo había comenzado a finales del siglo pasado, y que mayoritariamente ha votado en más de quince procesos electorales para ratificar su decisión de no volver al pasado de opresión e injusticia social que la derecha instauró en el país desde nuestros orígenes.

Su misión –ordenada meticulosamente por la derecha nacional e internacional- es procurar doblegar la conciencia de clase del elector del pueblo apoyándose en la seducción que el capitalismo ofrece a través del cada vez más creciente y degradante contenido mediático que las grandes corporaciones de la comunicación le venden a la sociedad. Un proceso de corrupción moral indispensable para romper la ética revolucionaria a partir del acto de vileza que significa presentarle a los pobres la absurda idea de un rebuscado e inviable modelo en el que se mezclarían de manera irresponsable las nobles ideas humanistas del socialismo en las que el pueblo cree, con el perverso materialismo individualista del consumismo. De ahí el grotesco fenómeno de la gente pobre recabando dinero para la campaña del niño rico. El lenguaje amenazante y soez con el que los seguidores de ese modelo agreden hoy a los militantes de la revolución por todos los medios y redes sociales, al mismo tiempo que hacen evidente la hipocresía con la que se le acercan hoy al pueblo, es solo muestra del inmenso intento por generar esa degeneración ética que la derecha persigue.

Capriles no ha venido pues a hacer campaña desde un ángulo ideológico particular, sino a tratar de alcanzar el poder para la derecha mediante la aplicación de esa modalidad de choque que es la prostitución de la política, y retomar así el camino de la generación de hambre y miseria al que está inseparablemente ligado el capitalismo, tratando de pervertir al venezolano a través de un desmedido ejercicio de demagogia jamás visto en la historia, en el cual los cientos de ofrecimientos fabulosos que vende solo son realizables en las mentes fantasiosas de los más incautos, y donde la entrega total de la soberanía y de nuestros recursos sería la única carta a jugar por los sectores burgueses a los cuales responde esa candidatura. Es decir; mediante la aplicación de un auténtico “paquetazo”, al mejor estilo y usanzas del gran poder del capital.

Capriles: ¿ganador o truhán?

El candidato de la burguesía no hace caso. Chávez le dijo que hablara claro y lo que hace es enredar más lo que probablemente pase a la historia como la más chambona y rocambolesca campaña que jamás haya llevado a cabo sector político alguno.

En vez de hablar con franqueza y de manera abierta sobre su verdadera concepción de lo que debe ser el modelo de sociedad que le propone al país, escoge los caminos más entreverados y contradictorios para articular el pobrísimo discurso de eslóganes con que pretende seducir a la gente.

Como vivo exponente de la generación Pepsi, su discurso no es más que un repetitivo catálogo de gritos destemplados construido a base de frases publicitarias, hilvanadas en un casi demencial disco rayado de ofertas sin sustanciación o desarrollo ni siquiera medianamente lógico, en el cual la gente pueda encontrar al menos un atisbo de viabilidad o factibilidad a tanta fábula vertida en los escasos cinco minutos que en promedio habla el deplorable candidato de la derecha.

En medio de la farragosa perorata populista, le ha dado por decir ahora, en tono de sentencia divina, que él jamás le ha quitado nada a nadie y que nunca ha perdido una elección. Y el rebaño escuálido, dócil y sumiso como es, resplandece de felicidad infinita como quien ve la luz al final del túnel de la muerte.

Pero resulta que Capriles jamás ha ganado nada. Todo lo que ha logrado en política lo ha usurpado o lo ha obtenido de manera fraudulenta o inconstitucional. Como aquello de fundar su partido con dinero robado a la nación.

Arribar al Parlamento nacional como llegó él a finales del siglo pasado, como el insigne desconocido que era, sólo era posible como producto de las perversas componendas financieras de los carteles políticos del puntofijismo.

De resto, todo lo que ha experimentado él es la fortuna de postularse siempre en escenarios que reúnen a lo más granado del antichavismo visceral, que en esos reductos opositores vota siempre contra Chávez sin importar siquiera quién es el candidato ni su catadura moral o la carencia de ella.

Capriles no ha ganado; se ha beneficiado con la fuerza amor-odio que desata el inmenso liderazgo de Chávez.

Pero el 7-O será distinto. Perderá abrumadoramente porque esta vez le toca medirse de manera frontal con ese gigante.