Glosario de significaciones reales en el habla opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

Que el lenguaje utilizado por la oposición esté emparentado genealógicamente con el que usamos el resto de los venezolanos, no quiere decir que el mismo sea comprensible para el común de las personas.

Lo que alguien pudiera creer que se trata de su “comprensión”, cuando se refiere al discurso de la oposición, no es sino la adecuación engañosa que (mediante un complejo proceso de emisión y transformaciones enzimáticas) el sistema cognoscitivo hace con los elementos de lenguaje emitidos por la vocería opositora, y que, por su profusión y diversidad (lo que el pueblo llano denomina: “habladera de paja”), resultan familiares a la forma en la que el cerebro humano decodifica y ordena las informaciones que recibimos, pero que no necesariamente tienen significado lógico, ni sirven, por ende, para establecer lo que las ciencias sociales se denomina “proceso comunicacional”.

Aquí sucede exactamente lo que les pasa a lenguas disímiles que utilizan alfabetos similares, pero son, sin embargo, incomprensibles entre ellas. Por esa similitud superficial entre los elementos comunes del lenguaje opositor y el del resto de los venezolanos, es que hay quienes por momentos creen haber comprendido lo que ha querido decir la oposición, cuando en realidad lo que se está produciendo no tiene nada que ver con la intención del emisor sino con la particular capacidad del receptor para la construcción de las ideas. Este fenómeno lo explica la neurología, que estudia la capacidad del cerebro humano para leer correctamente una frase en la que se sustituyen una serie de letras a una o varias palabras y se les cambia por números.

Cuando usted escuche a alguien decirle a un dirigente opositor, algo como: “Ah, ya entiendo”, lo que en verdad estará escuchando siempre es: “Ah, ya mi cerebro acomodó toda esa sarta de sandeces en algo lógico que, de acuerdo a mi capacidad de raciocinio, se me parece a una idea coherente, siendo que, en términos absolutos, no dijiste nada.”

Por razones de economía del lenguaje, esta forma de expresión extendida no es utilizada por el común de las personas, sino más bien aquella escueta: “Ah, ya entiendo”. Lo que a la larga lleva a hacerle pensar a la dirigencia opositora que su mensaje pudo haber sido comprendido y que logró el cometido de convencer a alguien. Algo que indefectiblemente los conduce a conclusiones equivocadas y hasta peligrosas, si se consideran los riesgos a los que esa dirigencia expone hoy a la democracia venezolana.

De ahí que un ejercicio imperativo para llevar adelante cualquier proceso de intercambio de argumentaciones políticas con la oposición, en función de la paz y la estabilidad política indispensables para la superación de las difíciles coyunturas por las que atraviesa el país, sea el uso de eficientes técnicas de descifrado o desencriptación del lenguaje, que faciliten la lectura correcta de sus postulados. Más aún si se sabe que, vista la complejidad del habla opositora, como decimos, pudiera haber más de una idea con más de un significado o contenido semántico, incluso con muchos.

Una idea opositora compleja que urge examinar bajo este criterio de la desencriptación, es la de “posponer la elección presidencial hasta diciembre”, porque obviamente ahí lo expresado no es lo que se quiere decir. Al menos no todo lo que quieren decir.

¿Por qué la oposición pide ahora elecciones, luego de semanas de gritarle al mundo que no existen condiciones en el país para llevar a cabo ningún proceso electoral, si las únicas condiciones que han existido son (y serán en diciembre) exactamente las mismas que han existido siempre y que de ninguna manera han sido modificadas ahora por el rector electoral? ¿Quieren de verdad elecciones, o solamente están jugando de nuevo a la neurotización de la sociedad en procura de un estallido social?

Una primera acepción inequívoca de esa propuesta de posponer la elección hasta diciembre, es, con toda seguridad, la que pudiera resumir la frase extendida: “Hay que darle un mayor margen de tiempo a la guerra económica, porque parece que todavía el pueblo no deja de ser chavista a pesar del sufrimiento que nuestro bloqueo económico le está causando.”

Con esa acepción no habría ninguna necesidad de hurgar mucho más en las entrañas del discurso opositor para encontrar otra que le resulte valiosa a la dirigencia opositora. Pero, una idea tan importante para la oposición no es probable que no sea reforzada con otros elementos discursivos de gran significado. Tiene que tener “ideas implícitas”, como les dicen en mercadotecnia a esos significados no expresamente escritos pero que están en el mensaje.

Una idea implícita (o contenida en la anterior) es, sin lugar a dudas: “Maduro nos volvió a derrotar, esta vez en la guerra de la abstención, y la elección como que sí va a darse sin problemas, pero quedándonos nosotros como la guayabera. Mejor vamos a decir que sí, pero que nos den ahora chance de acomodarnos.

Otra opción, que no puede ser descartada de ninguna manera, es: “¡Qué vaina!… ni siquiera le ganamos al papanatas de Falcón y seguimos creyendo ingenuamente que podemos ganarle a Maduro. Mejor es que rodemos esa elección hasta diciembre a ver si de aquí a allá el imperio se decide por fin a invadirnos y salimos de esto, y además con unos cuantos dolarcitos de ñapa.

Con toda seguridad está inmersa ahí la idea que más define al prodigioso ingenio del intelecto escuálido promedio: “No importa que hayamos pedido elección durante meses y quemado gente para obligar a que se diera, para después acusar de tirano a Maduro por convocar esa misma elección. Vamos a pedir elección de nuevo y después nos volvemos a echar pa’ atrás. Total, como los venezolanos son estúpidos, no se van a dar cuenta.

Y, obviamente, la más poderosa razón ideológica para cualquier buen escuálido uña en el rabo: “Qué Constitución, ni qué Maduro, ni qué Tibisay… ¡Aquí se tiene que hacer lo que a nosotros nos dé la gana, y punto. ¡Y si no ganamos, pues, gritamos FRAUDE y listo!

¿Por qué la oposición no usa los elementos convencionales del habla venezolana común para explicar su punto de vista sobre aquellos aspectos del debate político que les parece importante comunicarle al país? Pues, porque nadie de la derecha en su sano juicio podría enfrentarse a la opinión pública con la desfachatez y el cinismo al que sus convicciones neoliberales le obligan, sin obtener como respuesta el más resonante y contundente repudio.

Es decir; si las verdaderas intencionalidades de las ideas opositoras fuesen expresadas abiertamente, sin los usuales enmascaramientos a los que tiene que apelar el liderazgo opositor, lo más probable es que el discurso opositor sería correctamente comprendido. Y eso de ninguna manera podrá ser aceptado jamás por una oposición que sabe que su propuesta, además de inviable, no es de ninguna manera potable para una sociedad políticamente madura, como la venezolana.

Ante estas evidencias del carácter enfermizamente fraudulento de un sector político inmoral e irresponsable como ha demostrado ser la oposición, le corresponde a las venezolanas y los venezolanos determinar hasta qué punto le interesa al país mantenerse en la zozobra que genera un debate político perturbado con el uso sistemático de la mentira que ese sector contrarrevolucionario se empeña en utilizar como fórmula discursiva, o si, más bien, lo que se necesita es fortalecer con el esfuerzo de todas y de todos la fórmula infatigable de la paz para alcanzar el bienestar económico que propone la Revolución Bolivariana.

Mediante la falsedad es imposible resolver los problemas económicos de ningún país. En Venezuela, la única alternativa contraria a la mentira y al engaño que profesa de manera terca la oposición, es la alternativa de trabajo, honestidad, transparencia y rectitud chavista, que encarna Nicolás Maduro. Ninguna otra.

Esa importante decisión entre ambas opciones, tiene que tomarla el pueblo este 20 de mayo, independientemente de su posición o convicción política. Se trata de un acto de compromiso histórico con la Patria… y con la verdad.

@SoyAranguibel

¿Es democrática una elección no partidista?

Por: Alberto Aranguibel B.

 La violenta reacción de la oposición venezolana a la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente formulada por el Presidente Nicolás Maduro, pone una vez más de relieve la imperfección del modelo de democracia representativa que todavía hoy, luego de casi un cuarto de siglo de la profunda democracia participativa y protagónica que vive el país, la derecha pretende presentar como el modelo más conveniente para una sociedad como la venezolana.

Apenas pronunciada por el Primer Mandatario nacional la frase “Convoco a una Constituyente ciudadana, no una Constituyente de partidos ni de élites…” en su discurso del 1ro de mayo en la Avenida Bolívar de Caracas, la dirigencia opositora pegó el grito en el cielo para denunciar lo que de inmediato calificó de “fraude”, sin entrar ni en lo más mínimo en la esencia doctrinaria de la fórmula invocada por el líder de la Revolución Bolivariana.

Quienes de buena fe dudaron en un primer momento si la propuesta presidencial contaba o no con el debido sustento legal que le permitiera avanzar sin necesidad de llamar primero a Referéndum Consultivo, entendieron luego de las debidas explicaciones técnicas aportadas por los constituyentistas más calificados del país, que tal duda era completamente infundada.

Se trataba de una jugarreta más de la derecha golpista que pretendía capitalizar en esta oportunidad la campaña de difamación que difundió desde el 2015 hasta el pasado año, en la que acusaba al Presidente de negarse a un llamado a Referéndum que permitiera determinar si se revocaba o no su mandato.

Aquel Referéndum, concebido por la Constituyente del 99 como una herramienta para el ejercicio de la participación y el protagonismo del pueblo que nuestra avanzada Constitución consagra, es una opción pero no una obligación. Quien pretenda la revocatoria del mandato de los cargos de elección popular, en este caso el del Presidente, deberá cumplir primero con una serie de requisitos para lograr activar tal consulta. La oposición (aún a pesar de todas las triquiñuelas y marramucias que armó para intentarlo) no logró completar tales requisitos y el Referéndum no se activó.

¿Por qué no logró su cometido la derecha en esa oportunidad? Porque no contó con el respaldo de los electores en la recolección de las firmas. Porque no obtuvo ni siquiera apoyo del electorado para legitimar sus partidos políticos ante el CNE. Porque no tiene discurso ni propuesta que no sea el odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez y el chavismo. Y eso no sirve para activar un Referéndum.

Por eso, entre muchas otras razones, la derecha venezolana se opone de manera tan inflexible a todo cuanto contiene nuestra Constitución como mecanismos de participación y protagonismo del pueblo.

Esas élites, que se habituaron en el pasado a la placidez de un sistema electoral diseñado específicamente para asegurar su control sobre las elecciones y perpetuar así el modelo de democracia representativa, no creyeron nunca ni remotamente posible que el pueblo pudiera alcanzar un nivel tal de madurez política que le permitiera escoger con criterio propio quiénes debieran ser sus candidatos y cuáles debieran ser los compromisos que estos asumieran en función del interés de los electores y no de las cúpulas partidistas.

Son muchas las razones que llevan al elector a tomar su decisión definitiva en cada proceso electoral. Pero en la mayoría de ellas, el partido político, componente esencial de la democracia representativa, considera que posee el más perfecto nivel de control a través de la campaña electoral y de la cultura eleccionaria que ella genera.

De acuerdo al estudio de Franklin Guzmán en su Manual de Campañas Electorales (1992), la decisión del voto para la mayoría de los electores está tomada desde mucho antes de la campaña electoral. Sólo un 30%, según él, sería susceptible de ser influenciado por el mensaje publicitario o propagandístico durante ese periodo, lo cual no significa que el 70% restante no amerite “reforzamiento” de su decisión en esa fase.

Ese 30%, que termina siendo el factor decisivo en todo proceso electoral, es el objetivo central de las campañas.

“¿Votan los electores ideológicamente, o por lo menos con cierto sentido clasista del voto? –se pregunta Guzmán- ¿Son capaces los electores de reconocer las ideologías subyacentes en los partidos y candidatos y asociarlas con los problemas del aquí y ahora? ¿Hay una relación lineal entre la ideología y el partido preferido con la decisión del voto? ¿Cómo se reproducen las identificaciones partidistas e ideológicas entre los votantes? ¿Qué factores marcan el comportamiento electoral por largo tiempo y cuáles por corto tiempo? ¿Qué puede hacer que el militante o simpatizante de un partido vote por otro partido en una elección determinada?”

Tal cantidad de inquietudes atormentó desde siempre a los partidos políticos en la medida en que veían avanzar la concientización del pueblo respecto de la verdadera naturaleza y causa de los problemas que agobian a la sociedad. Pero fue muy poco lo que hicieron para adecuarse a esa nueva realidad. Por el contrario, la profundización en la búsqueda de tecnificar cada vez más las campañas electorales para procurar someter al elector a su antojo fue lo que privó en el ánimo de esa élite partidocrática que solo veló por sus intereses particulares y jamás por los del elector.

A través del evento ferial en que los partidos de la derecha convirtieron el debate político durante la campaña, se banalizaron sistemáticamente los temas más relevantes para el elector, convirtiendo incluso el acto mismo de la votación en una suerte de competencia de trivialidades que solo contribuía al secuestro de la democracia que los partidos llevaban a cabo con esa idea de representatividad que jamás representaba al elector, quien, desvalido como estaba frente a aquel asfixiante sistema, terminaba creyendo que la absurda modalidad del llamado “voto cruzado” (una forma de votar por un partido con una tarjeta grande a la vez que votaba contra ese partido con una tarjeta pequeña en un mismo acto de votación) podría haber servido como recurso de salvación para el electorado.

La campaña electoral se convirtió en el Alfa y el Omega de los partidos políticos de la derecha y de sus candidatos, a tal punto que ya su propuesta discursiva es virtualmente inexistente. Tal como lo demuestra la constante variación (y contradicción en la mayoría de los casos) en el discurso del liderazgo promedio de la oposición venezolana respecto de los más diversos temas. Como por ejemplo el tema Constituyente, por mencionar solo uno, en torno al cual esa dirigencia ha pasado sin solución de continuidad desde la solicitud más empecinada y terca por convocar una nueva ANC, al más categórico y desvergonzado rechazo a tal posibilidad.

Fiel a esos principios de la democracia representativa burguesa, la oposición venezolana va a evitar siempre toda elección que sea una consulta directa al pueblo, en la cual no tenga cabida la convencional campaña electoral partidista donde pueda utilizar a su antojo la inmensa cantidad de recursos de la que dispone, su capacidad de movilización, sus poderosas corporaciones mediáticas, sus empresas encuestadoras y sus laboratorios de mercadeo político, para tratar de influenciar a los electores.

Pero en Venezuela no estamos construyendo hoy un modelo de democracia representativa, sino uno donde la participación y el protagonismo del pueblo son los activos esenciales.

Bajo esa visión, el llamado del Presidente Maduro es lo más irrefutablemente democrático que puede hacerse para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, gracias a una Constitución como la bolivariana que permite tal posibilidad por primera vez en nuestra historia, al facultar expresamente al Primer Mandatario para ello a través de los artículos 347, 348 y 349.

El viejo modelo electoral, de las tarjeticas de colores y de la insensata cultura del “voto cruzado”, gracias a Dios ya no existe. Fue superado por la revolucionaria concepción de la inclusión social que nos trajo el Comandante Chávez y que el presidente Maduro hoy pone de nuevo en marcha con la sectorización de la consulta popular a la que nos ha convocado, asegurando así la posibilidad cierta de que la voz del pueblo esté presente de manera directa en la construcción de la Patria a la que aspira.

Algo que será siempre posible solamente en Revolución.

 

@SoyAranguibel

Mi explicación para la historia (3 de 3)

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 4 de enero de 2016 –
(como tan modestamente suele decirse en estos casos)

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre, la constante del término “cambio” como promesa ha estado presente en las campañas electorales. Rafael Caldera la usó en su campaña de 1968 con la que llegó a la Presidencia de la República por primera vez. Treinta años después, en Colombia, los principales cuatro candidatos (incluyendo el ganador), Andrés Pastrana, Horacio Zerpa, Noemí Sanín y Harold Bedoya, usaron por igual ese mismo término en la búsqueda del voto. En Argentina, el proceso de recuperación alcanzado por el kichnerismo se frustra por el entusiasmo que causó el candidato de la derecha usando también la palabra “cambio”. Hoy en Venezuela, la oposición se hace de un poder fundamental del Estado con el mismo amuleto.

Los comandos de campaña lo usan indiscriminadamente porque en las sociedades alienadas por el consumismo, la gente se proyecta a sí misma de manera ascendente. Nadie vota para fortalecer la democracia, o ni siquiera una parcialidad, sino porque quiere vivir mejor de lo que vive.

Cuando la oposición venezolana empezó a ofrecerse como una opción de cambio frente a lo que ofrecía la revolución, Chávez le salió al paso con una idea medular de su propuesta revolucionaria que la comunicación del gobierno nunca supo concretar en un mensaje de contenido político del cual la gente se empoderara como lo ha hecho con muchas ideas y conceptos propios del proceso chavista.

Chávez precisó: “El socialismo es lo nuevo, la inclusión social es lo nuevo, la reducción del hambre y la miseria es lo nuevo, el control y la soberanía sobre los recursos del Estado es lo nuevo… el capitalismo es el pasado. ¿Cómo va a ser futuro lo que durante siglos le generó tanto sufrimiento a nuestro pueblo?”

Su angustia por la falta de un sistema eficiente de comunicación que diera al traste con los esquemas desgastados e inconvenientes del modelo burgués que queríamos superar, fue probablemente la autocrítica más recurrente y severa expresada por él.

En la revolución se asume que todo periodista es experto en comunicación política y todo el discurso se ha orientado cada vez con más fuerza hacia lo estrictamente periodístico. La entrevista es el pilar central y casi único de toda la comunicación revolucionaria.

En la difusión de logros no hay reflexión ideológica alguna. La propaganda del Estado está plagada de mensajes insustanciales (y muchas veces hasta expresa y abiertamente contrarrevolucionarios, como esos que invitan a la gente a concursar a ver quien gasta más con las tarjetas de crédito del Banco de Venezuela) que no solo no dicen nada que aporte a la construcción del socialismo, sino que refuerzan el lenguaje comunicacional y simbólico del modelo burgués. Se considera una propuesta revolucionaria sustituir las catiritas bellas de la publicidad comercial por gente del barrio. Pero se conserva el mismo esquema de códigos de su lenguaje, como el asfixiante uso del “eslogan” con el que se pretende resolver el trabajo de ideologización necesario al que convocó el Comandante centenares de veces.

Los programas de opinión, que debieran suplir esa deficiencia, carecen por lo general del sentido didáctico al que están obligados por el inmenso reto histórico de la transformación cultural al que nos hemos comprometido y por el cual Chávez tanto se desveló. Los egos y vanidades de algunos moderadores parecieran estar muchas veces por encima de tal prédica, con lo cual las posibilidades para la producción de contenidos cuya riqueza investigativa, de documentación y de soportes multimedios que refuercen esa necesaria pedagogía política, se desperdician o desaprovechan dolorosamente.

Los intentos (encomiables algunos, es verdad) de posicionar mensajes acordes con la nueva realidad de la revolución, no terminan de resolver el problema comunicacional medular que debe llegarle al pueblo en esta etapa de una revolución no habituada al liderazgo conductor de ningún otro presidente que no fuera Chávez.

Toda revolución que se precie de auténticamente revolucionaria debe estar preparada para su propia evolución de acuerdo a la dinámica que sus propios logros o conquistas van alcanzando. No debe considerarse como concesión alguna a trotskismos trasnochados aceptar las exigencias de la realidad como elementos sustanciales del proyecto. La “revolución permanente” que proponía Trotsky consideraba otros aspectos que no nos resulta necesario incluir aquí.

El temor a aparecer como irreverentes de la memoria del Comandante, es un condicionante de mucho peso en una comunicación que tiene la obligación simultánea de relanzar el proyecto en la nueva fase histórica que le corresponde. Eso no es nada nuevo. Todas las revoluciones de la historia se han visto obligadas hasta por razones naturales al relevo generacional de su liderazgo.

Desde el arribo del presidente Nicolás a la presidencia pareciera que las ideas en el ámbito comunicacional se debaten en un dilema irresoluto en el que no se sabe si es mejor avanzar hacia un nuevo rostro de la revolución o mantenerse en el posicionamiento establecido. Incluso aparecen indicios que hacen sospechar de una combinación de ambas orientaciones. Y hasta de una tercera, a veces, no muy bien precisada.

Ninguna de esas propuestas ha enfrentado el problema medular del asunto. Desde “Maduro es pueblo”, hasta “Pueblo Victorioso”, ninguna ha contrarrestado directa y eficientemente la matriz más poderosa lanzada hasta ahora por la derecha contra el gobierno, con la cual se posicionó un mensaje conciso y contundente en la mente de la gente y determinó el grueso de la abstención chavista el 6-D.

Antes que mil campañas de logros o de desmontaje de la guerra mediática o económica, la matriz a atacar con una poderosa campaña central era la que respondiera la infamia de que la revolución se había detenido y que se estaba desviando hacia el reformismo.

Fue ese el peligro que desmovilizó el voto chavista y no las colas en abstracto como algunos quieren colocarlo ahora. De haber sido por falta de mantequilla o papel tualé, la gente habría votado por la derecha.

Mientras Maduro entregaba cada vez más beneficios al pueblo, esa derecha (apoyada por Marea Socialista y otros cuantos colaboradores) perseveraba en la falacia de la desvirtuación y decaimiento del proceso. ¿Por qué la gente atendió más la acusación que los logros?

¿Por qué si este gobierno ha destituido en apenas dos años a más funcionarios públicos por hechos de corrupción que los que fueron destituidos durante todo el gobierno de Chávez e infinitamente más que todos los gobiernos cuartorepublicanos juntos, sigue creciendo la percepción de que la impunidad campea frente a un supuesto desbordamiento al que se percibe como “nunca antes visto” en nuestra historia?

Pues porque se informa que fueron destituidos y pasados a tribunales, pero no se capitaliza políticamente ese inmenso logro del gobierno de Maduro. Han puesto a pensar a la gente como quiere la derecha que piense.

Se tenía que haber precisado si todo mal padecido por la sociedad, en particular por el pueblo más pobre, era parte de un mismo problema económico o no. Mucha gente de la que no votó está hoy convencida de que la falta de dólares para viajar es la causa de que no haya alimentos en los anaqueles. O que la escases de repuestos la origina la regulación de los precios de la cesta básica. Incluso hay quienes entienden como parte integrante de un supuesto mal planeamiento económico la caída del precio del petróleo.

En un proceso revolucionario la comunicación tiene la responsabilidad no solo del desmontaje de las infamias de la derecha desde el análisis coyuntural o la interpretación noticiosa, sino de alcanzar la transformación cultural del pueblo mediante un trabajo de formación ideológica permanente en el barrio, con las comunidades organizadas ya no solo para el evento electoral sino para su propia emancipación, tal como lo mandan las Cinco Líneas Estratégicas de Acción Política. El pueblo tiene derecho a la formación ideológica porque solo el conocimiento podrá salvarle de las trampas mediáticas de la derecha.

Bolívar lo expuso de manera luminosa: “Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición”.

Por eso esta es una revolución bolivariana.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Unión Radio: “En Venezuela lo único que está creciendo es el bienestar que construye el socialismo”

AAB dic 2012Alberto Aranguibel sostiene en entrevista del 18 de diciembre de 2012 con Anahí Arismendi, por Actualidad Unión Radio, que la oposición comete el error de la recurrencia en el autoengaño, luego de más de una década ofreciendo libertad en un país donde no se cercena sino que se amplían las libertades públicas y de expresión como en ninguna otra parte, mientras la gente vé cómo lo único que está creciendo en el país es el bienestar que construye el socialismo que Chávez le ha presentado a los venezolanos y que es referencia en el mundo.

Escuche aquí la entrevista:

“Pasado mañana nadie va ni a acordarse de Capriles, porque en la oposición no hay liderazgos consistentes”

 

logo unionradio

Alberto Aranguibel sostiene este jueves 13 de diciembre en entrevista con Eliana Millán, en Actualidad Unión  Radio, que “para la Revolución lo que dice Chávez es, más que una instrucción, un argumento irrefutable que no está sujeto a revisiones“, y que si el Comandante está en el plano de dirigente está bien, pero que si le toca ejercer su liderazgo en otro rol (no necesariamente al frente del control del poder) el Comandante no estará nunca fuera del juego, como lo hace la derecha. “Fíjate, en un momento tenían en la cúspide a Mendoza, antes a Salas Römer, después a Rosales… hoy en día tú revisas y la mayoría de la militancia (de la oposición) ni siquiera se acuerda de quiénes eran esas personas, se acuerdan de Capriles porque es el que tienen ahorita, pero pasado mañana seguramente ni de Capriles se van a acordar tampoco, porque los de la oposición no son liderazgos sólidos, consistentes, que tengan arraigo popular. Chávez ha traspasado los linderos de la historia y eso es maravilloso para los pueblos, porque los pueblos que tienen líderes que construyen soberanía y bienestar es algo muy positivo para las naciones” dijo el analista.

Escuche aquí la entrevista completa:

[audio http://ia601501.us.archive.org/0/items/AranguibelEnactualidadUninRadioEl131212/Actualidad131212.mp3]

Aranguibel: “No se trata de concentrar la atención en reconocer a la minoría, sino en celebrar el triunfo de la Revolución”

Alberto Aranguibel sostiene en el programa Brújula del Sur del 08 de octubre de 2012, conducido por Ernesto Navarro, que en las elecciones presidenciales del pasado domingo 07 triunfó la Revolución con un gran avance, que no fue mayor “debido a los inmensos obstáculos que medios como Globovisión y la mayoría de las empresas privadas han puesto para impedir que avance el modelo de justicia e igualdad social que promueve el Comandante Chávez”.

Oiga aquí la entrevista:

[audio http://ia601506.us.archive.org/4/items/AranguibellaRevolucinHabraAvanzadoMuchoMsSiLaDerechaNo/2012_10_09.mp3]

¿Quién va a ganar? La “comanda” es la que manda.

La política no surge del brillo de los líderes frente a las cámaras de televisión. La política, la verdadera, se construye. Se hace día a día en el trabajo infatigable por la organización social en pos del ansiado logro de la justicia y la igualdad. Se hace con propuestas programáticas e ideológicas que se debatan intensivamente en el seno de las bases del poder popular. De allí, del esfuerzo sostenido de gente comprometida con la causa común de los más, de los desposeídos, de los olvidados de siempre, es de donde sale la fuerza popular capaz de obtener triunfos tras triunfos en la contienda electoral de la democracia.

Si al momento de las elecciones se cuenta con el respaldo de esos amplios sectores en los que hoy se reúne el pueblo gracias al impulso de las políticas incluyentes que la Revolución Bolivariana ha logrado avanzar en nuestro país, entonces se dispone de la mejor condición para alcanzar el triunfo. Pero si, además de eso, se dispone de un pueblo consciente, producto del trabajo político, de organización, de acompañamiento permanente y solidario, pues todavía mucho mejor. Y mucho más seguro será el triunfo.

La capacidad de convocatoria de los electores, de movilización hacia las mesas electorales, de conformación de la red de testigos, de logística que todo ello requiere, a partir del trabajo infatigable de una poderosa maquinaria política, no puede ser despreciada alegremente desde los estudios de televisión por los divos de la política mediática.

Dicho de otro modo; no es posible ganar una elección presidencial sin partidos políticos fuertes que aglutinen al grueso del electorado. Y si algo es una realidad hoy en Venezuela, es que el único partido político de masas es el PSUV. Todas las encuestas de opinión, así como la realidad de la presencia hasta en el último rincón del país de manera activa, demuestran que la organización creada por el Comandante Chávez es, desde su fundación hace apenas 4 años, la más grande y la más activa en el trabajo ideológico y organizacional, con un porcentaje que la ubica en el orden del 35 al 40% como partido preferido por los venezolanos. Los partidos de la derecha no superan individualmente, ninguno de ellos, el promedio del 5%. Un dato más que significativo en este sentido, es que para el momento de la última reelección del Presidente Chávez, el PSUV todavía no existía. Su fundación se produce apenas dos años después de eso (coincidiendo con la elección regional de alcaldes y gobernadores del 2008, en las cuales la revolución, con un partido recién nacido, arrasó igualmente).

Por eso la única corriente política que ha crecido en el país en lo que va de siglo XXI es el socialismo. Mientras la derecha ha entregado la labor de la formación ideológica a los medios de comunicación, encargados de vender hasta la saciedad la perversa ilusión del buen vivir en el capitalismo, el comandante ha luchado infatigablemente por profundizar y elevar el nivel del debate político a lo interno de las organizaciones revolucionarias.

Es la reflexión modesta pero contundente y reveladora que nos hiciera esta semana un amigo cuyos logros maravillosos en la vida, su hogar y sus hijos ya universitarios, han sido el fruto de su esfuerzo como mesonero en un restaurante de lujo al que acude a diario lo más granado de la burguesía criolla y de la política de la ultraderecha venezolana. Su mayor diversión es contarme siempre cómo los comensales hablan pestes de Chávez creyendo que quienes les rodean, incluyendo los mesoneros, son todos escuálidos. De ahí mi amistad con todos los mesoneros de Caracas… todos son chavistas, pero los escuálidos, en su profunda estupidez y arrogancia, ni siquiera se lo imaginan. Igual pasa con los barberos, los cajeros de los supermercados, los que lavan carros y pare usted de contar.

Desde su humilde estatura intelectual, de apenas segundo grado de primaria cursado, este señor de origen andino me escribió en una “comanda” , que es como se le dice en buen castellano a la hojita de notas del servicio de mesonero, el que sin lugar a dudas es el gráfico más revelador de cuantos he alcanzado a ver en mi ya dilatada carrera como fisgón de la política, incluidas todas las encuestas y análisis estadísticos habidos y por haber.

Más allá de la gigantesca obra de gobierno llevada a cabo por la Revolución Bolivariana, asociada no solamente a las trascendentales políticas inclusivas orientadas a saldar la inmensa deuda social acumulada durante siglos de opresión, y que colocan por primera vez en la historia al ser humano como eje y centro de su acción, sino también a la profunda transformación del Estado para construir y consolidar el Poder Popular que asegure la participación plena y perdurable del pueblo en la construcción de su propio bienestar, así como a la reversión del modelo económico que colocó por primera vez la riqueza nacional al servicio del país, bajo una clara noción de independencia y soberanía, está la fortaleza que representa el más amplio respaldo popular jamás alcanzado por organización política alguna en toda nuestra historia.

Tal como lo revelan de manera irrefutable los resultados de los últimos quince procesos electorales en el país, los partidos que integran la llamada “unidad democrática” no son sino un enjambre de siglas sin respaldo popular significativo de manera individual. De ahí su empeño en intentar en cada proceso la inalcanzable unidad que tanto pregonan y que nunca llegan a consolidar más allá del compromiso estrictamente electoral.

Basar entonces una campaña como la de Capriles, ya ni siquiera en el candidato sino en un intangible “camino”, vendido hasta la obstinación como el elemento central de la propuesta (evidentemente para resolver la pugnacidad por la figuración de las siglas y de los líderes de cada uno de los partidos involucrados en esa supuesta “unidad”) en vez de estimular la participación activa del militante de sus propias agrupaciones a partir del apego a su ideología, o a sus liderazgos ancestrales, o a sus símbolos, es probablemente la más insensata fórmula jamás asumida por campaña alguna. Peor aún si la misma se presenta como una propuesta contra el “mesianismo” que dicen combatir.

Todo cuanto invirtieron luchando por posicionar la “unidad” en la mente de su militancia como el mayor activo democrático contra Chávez, terminaron arruinándolo en una campaña fatídica orientada a exaltar solo una luz al final del túnel, precisamente en un país donde nadie está padeciendo las penurias que le lleven a implorar al cielo por su redención y donde el bienestar económico y social es cada vez más inocultable.

No hay todavía liderazgo opositor capaz de equipararse con la extraordinaria dimensión del liderazgo nacional e internacional de Hugo Chávez. No lo tienen porque no han construido política sino un discurso contra revolucionario insustancial y fundamentalista, que en su obcecación antichavista solo contribuye a la exaltación de la figura del Comandante.

En términos numéricos el asunto es simple.

Si se considera que Chávez cada vez que participa en elecciones donde lo que está en juego es su propia candidatura incrementa su votación en términos tanto absolutos como porcentuales, se tiene ya un punto importante en la reflexión. La primera de esas elecciones, la de 1998, fueron ganadas por el Comandante con el 56,2% de la votación. Mientras que la de la relegitimación en 2000, el “revocatorio” del 2004 y la reelección del 2006, fueron ganadas con 59,8, 59,1 y 62,8%, respectivamente. Lo que permite establecer una cifra del 6,6% de incremento desde 1998 al 2006.

Para el momento de cada una de esas elecciones el balance de la gestión de Gobierno ha sido significativamente mayor que en el anterior. Esto último es constatable por los informes sobre la reducción de la pobreza en Venezuela presentados por organismos nacionales e internacionales de la mayor credibilidad y prestigio internacional, así como por los crecientes índices de Desarrollo Humano, de felicidad de la población, de incremento en la matrícula estudiantil, de la actividad agro industrial, de la manufactura, procesamiento alimenticio, ensamblaje de maquinaria y vehículos, emprendimiento de programas sociales masivos, como la Gran Misión Vivienda Venezuela, En Amor Mayor, Saber y Trabajo, con los cuales se ha incrementado significativamente la actividad del Gobierno Bolivariano en función del bienestar de todas y todos los venezolanos, particularmente en el último periodo de la revolución.

Si la gente efectivamente elige para vivir mejor, y no para intentar solucionar mágicamente el problema particular de una cloaca desbordada, o satisfacer su ego frente al compadre o la comadre en función de bastardas apuestas de chismorreos, este aspecto, asociado directamente con el proceso de politización de la sociedad del cual hablamos, debe resultar más que determinante el 7 de octubre. La misma clase media, que ha visto recuperar, no sólo sus espacios de bienestar económico en la medida en que la Revolución ha actuado con decisión y coraje frente a los factores especuladores que han atentado contra los intereses de ese importante sector de la sociedad, sino que ha aprendido a disfrutar igual que el resto de la población del gran activo que es el empoderamiento de la política, es decir; el ejercicio pleno de la participación y el protagonismo que hoy le consagra la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, encontrará en buena medida que la opción de Chávez es sin lugar a dudas la más conveniente.

Hoy, con un registro electoral que se ubica en el orden de los 19 millones de inscritos, para una opción como la de un líder de las dimensiones de Chávez, con una hoja inobjetable de servicio al pueblo, que le ha permitido gozar de un crecimiento sostenido en los porcentajes históricos de votación, con una gestión profundamente humanista, basada en la inclusión social como jamás se había experimentado en Venezuela, y unos avances inobjetables en la recuperación económica del país, que nos ha blindado efectivamente contra los embates de la crisis mundial del capitalismo, una votación razonable está en el orden de los 9 millones y medio de electores. Más aún si consideramos que, precisamente a partir de todo lo anterior, los niveles esperables de participación estarán ubicándose en los más altos de la historia.

Para una derecha que no ha construido política, y por ende; no ha construido militancia, que, por el contrario, ha destruido en esta campaña su mayor activo que era la idea de la “unidad”, que ha colocado al candidato con el que pretenden enfrentar al más grande y carismático líder del país en una condición tan disminuida frente a su “promesa básica” que es la de “el camino”, que incluso se le reconoce como “el flaquito”, y que ha renegado de su condición social, de su discurso político y hasta de sus alianzas electorales, una cantidad de votos rondando los 6 millones es más que optimista. Su elección primaria, hace apenas 8 meses, permitió medir el músculo de un sector que se entregó en cuerpo y alma a un evento que nos mostró el mayor esfuerzo jamás aplicado por ellos a una convocatoria electoral. En esa pre-elección, si así pudiera llamársele, la oposición no logró ni siquiera el monto de los 3 millones de votos que declaró públicamente. Todos los escrutinios y análisis determinaron que su caudal jamás pasó de los 2 millones doscientos mil electores confirmados. De ahí su empeño en incinerar cuanto antes los cuadernos electorales que los pondrían en evidencia.

Ciertamente una elección primaria no concita la misma convocatoria que una presidencial. Pero si se considera que en las elecciones del 2006, con Manuel Rosales como candidato, surgido de las filas del más poderoso partido opositor como lo es Acción Democrática, con la unión verdadera de todos los partidos opositores (representados intensivamente en todos los eventos por su más alta dirigencia), sin haber experimentado ninguna de las múltiples deserciones que cuestionaran públicamente el programa de gobierno como las que experimentó Capriles durante su campaña, sin haber sido expuestos al escarnio de hechos reprochables de negociación de sobornos o forja de documentos como fue expuesto Capriles, sin haber tenido enfrente el inmenso avance de la obra de gobierno de Hugo Chávez, la oposición sacó entonces 4 millones doscientos mil votos, se verá que es sumamente difícil esperar que hoy Capriles obtenga el doble de esa votación.

En un REP de 19 millones, menos de 8 es derrota aplastante.

Por eso creo más en la preclaridad del sabio mesonero que me dio esta “comanda”, que en todos los sesudos análisis de las ciencias de la politología.

Aranguibel en Unión Radio: “El discurso fantasioso de la derecha es lo que ha generado siempre el hambre y la miseria”

Alberto Aranguibel sostiene en el programa de Román Losinski del día 03 de octubre de 2012, en Actualidad Unión Radio, que lo que generó el hambre y la miseria en nuestro país a través del tiempo fue el discurso fantasioso que llevó a la gente a elegir siempre a los candidatos de la derecha. Señaló así mismo en su reflexión que “La responsabilidad es un factor determinante en todo esto, el Comandante ha asumido siempre su responsabilidad, mientras que en el otro sector todo lo que sucede que pudiera ser bochornoso, lamentable, es evadido sistemáticamente, como eso de las negociaciones de sobornos, los documentos forjados, las llamadas telefónicas comprometedoras, etc”.

Oiga aquí la entrevista completa:

 

Fin de campaña

Un balance, apenas a días para el final de la más intensa e inusual campaña electoral que jamás haya habido en el país, es obligatorio.

Un sector, acusado por el otro de incapaz y de malversador –sin ni siquiera una sola prueba que fundamente al menos alguna de esas infamias–, ha reunido a la gran mayoría de los venezolanos bajo el signo del amor a la patria, como nunca antes se escuchó en boca de los políticos del pasado que hoy buscan resucitar con base en el engaño y el odio, y ha emocionado hasta las lágrimas a millones que han visto a través de los ojos de su líder la honestidad de un hombre que ha entregado hasta su alma por servirle a su pueblo, concitando las más multitudinarias y alegres concentraciones políticas que se recuerden.

A la par de ese extraordinario evento, ese mismo sector ha intensificado el trabajo que desde hace más de una década ha llevado a cabo para lograr los más altos niveles de inclusión que haya experimentado la nación en toda su historia, mediante la puesta en marcha de políticas sociales de gran impacto, conocidas como misiones, y de decisiones económicas asertivas que han determinado el crecimiento que hoy ostentamos frente a la terrible crisis que padecen las naciones del mundo capitalista, y se ha dedicado a entregar bienestar como ningún gobierno en el planeta, en forma de viviendas, equipamiento, educación y salud, totalmente gratuitos, además de la gran cantidad de obras de infraestructura como nuevas líneas del metro, metrocables, trolebuses, aeropuertos, hospitales, Centros Diagnósticos Integrales, Centros de Rehabilitación, el inmenso crecimiento de la industria petrolera, y hasta la colocación de dos satélites en órbita espacial.

El otro sector, enemigo acérrimo del concepto de soberanía, ha llevado a cabo una campaña en representación y con financiamiento de la empresa privada (constatado con pruebas irrefutables e inequívocas), en la que ha sido encontrado incurso en falsificación de documentos, evasión de responsabilidad en actos reprochables, negación de su condición política, y cuyo discurso ha sido un intento frenético por robarle a su contendor sus más grandes logros, pero, al mismo tiempo, negándolos sistemáticamente, sin presentar ni una sola propuesta propia que no sea la de “mejorar las obras del actual gobierno”.

Su trabajo, la campaña de mentiras más grotesca y perversa de todos los tiempos, no ha sido por el bienestar del país, sino por desplazar del poder al único Presidente que ha trabajado con ahínco por el pueblo. En ello, lo que ha hecho el candidato de la derecha es “educar” a su militancia en la irresponsabilidad y en la inmoralidad. Se ha llevado a esos venezolanos a asumir que las evidencias que comprometen al candidato en actos inmorales, en forja de documentos, en negociación de sobornos, en pactos por debajo de cuerda con poderosos sectores privados, en negación de su verdadero programa de gobierno, no importan en lo más mínimo.

Mientras Chávez ha hablado con claridad sobre su propuesta de socialismo, de justicia e igualdad social, Capriles ha hablado con evasiones, con engaños, con irresponsabilidad.

Usted sabrá qué hacer el próximo 7 de octubre.

Aranguibel en Kys FM: “Jamás ha habido tanta reconciliación del país como con Chávez”


Alberto Aranguibel sostiene en entrevista con Ana Vacarella en su programa de Kys FM de este martes 02 de octubre, que “Jamás ha habido tanta reconciliación del país como con Chávez”. Demostración de ello es que quienes desde un sector del país lucharon contra la Constitución Bolivariana ahora la consideran el centro de su propuesta; quienes marcharon durante meses contra la bandera de ocho estrella ahora no pueden vivir sin ella; quienes atacaron a las Misiiones sociales durante años ahora dicen que son buenas para el país. Eso es muy positivo. Lo que sucedió con la llegada de Chávez al poder, fue que incorporó a la sociedad a un amplio sector de los venezoloanos que antes estaban invisibilizados, no sólo los pobres sino incluso vastos sectores de la clase media, y eso hizo que un sector considerara que con esa inclusión se le estaban reduciendo sus privilegios y el acceso a los recursos. Hoy, cuando vemos que esa misma oposición busca a esa gente pobre para pedirle su voto, estamos experimentando un proceso único en la historia de verdadera reconciliación nacional.

Oiga aquí la entrevista:

Aranguibel en CNN: “La campaña de Capriles es la más torpe de todas cuantas ha habido”.

Alberto Aranguibel asegura en el programa “Panorama Mundial” del 01 de octubre de 2012, con Patricia Janiot, que la campaña electoral de Enrique Capriles Radonski es la más torpe e irresponsable de todas cuantas ha habido en la historia, tanto “que pareciera ser llevada a cabo por inexpertos”.

La misión de Capriles…

En el mundo capitalista de hoy no se están llevando a cabo en modo alguno formulaciones teóricas para el replanteamiento del modelo. Los mecanismos que se discuten en Bruselas, Washington, Berlín y París, son solamente disquisiciones economicistas, orientadas más bien a la búsqueda de seguros de vida para el sistema financiero mundial, a costa de todo cuanto en lo social o político deba sacrificarse.

Como se sabe, el poder en el mundo capitalista no lo ejercen quienes han sido presentados a través del tiempo como la base del Estado, o sea los sectores políticos, ejecutores de acciones de Gobierno que desde siempre obedecen a los intereses de las hegemonías dominantes, es decir, al gran capital, sino que lo ejercen precisamente quienes concibieron al Estado como la gran maquinaria para el control y la regulación del potencial poder transformador de la sociedad mediante el ritual de las elecciones. En lo cual, el sector político es simplemente un instrumento más de consolidación del modelo.

Este gigantesco mecanismo, concebido para asegurar y perpetuar la desmovilización social, es lo que conocemos como “el Estado burgués”, cuyo propósito es educar a la sociedad en la idea de que no existirá libertad ni progreso en modo alguno si no existe libertad plena para el libre desempeño del capital privado y que para su realización deberán asegurarse ciertas normas de acatamiento común, conocidas como “las Leyes y la independencia de los poderes públicos”.

Bajo la “cultura” del Estado burgués, si de en medio de la sociedad surge la iniciativa de construir el poder popular organizado para asegurar su mayor bienestar, las Leyes (producidas por los sectores políticos burgueses) tenderán a aplacarla y los Poderes Públicos a ejecutar las acciones conducentes a ese aplacamiento. Eso es lo que se conoce como “la Democracia Representativa”.

Pero cuando los pueblos maduran ideológicamente y su conciencia de clase los coloca por encima de la lógica del Estado burgués, produciéndose el avance social en busca de su propia transformación a través del voto universal, secreto y directo (precisamente el ámbito de la democracia concebida por los sectores dominantes para perpetuar su dominación sobre la sociedad), entonces esos sectores dominantes deben apelar a estrategias de choque que permitan no sólo contener sino revertir esos procesos. Solo que bajo la paradójica circunstancia de obligarse a hacerlo en la misma forma electoral pacífica que a través del tiempo se ha ofrecido como el único medio aceptable para construir esa democracia.

Por eso en Venezuela la derecha, luego de su desatinada berraquera de la abstención electoral del 2004, decide retornar al escenario democrático y medirse en las urnas con su contendor más importante de toda su historia… el socialismo.

De acuerdo a todos los estudios serios de opinión, no solo actuales sino los que registran el comportamiento político del venezolano desde hace más de dos décadas,  la única ideología que ha crecido en Venezuela en lo que va de siglo XXI es el socialismo, que ha pasado de un “techo histórico” de un 6% durante la cuarta República, a un 50% en promedio desde que el Comandante Chávez presentó al país la propuesta del Socialismo Bolivariano.

Un porcentaje más que significativo si se toma en consideración que tal crecimiento no se produce propiamente en los sectores ilustrados de la sociedad, sino en los estratos más populares. Justamente los que rescata el Comandante con su visión profundamente humanista del modelo de justicia y de igualdad social que hoy impulsa en el país.

Los estragos que produce el capitalismo hoy en día en el mundo tienen, por supuesto, un peso más que determinante en esta nueva realidad sociopolítica venezolana. Algo que refleja la exigua votación que obtiene dentro del sector de la derecha venezolana que acudió a las urnas en elecciones primarias para elegir su candidato a la Presidencia de la República la precandidata María Machado, la única que ofreció la fórmula del capitalismo como propuesta electoral en esa contienda, alcanzando apenas un 3,6% de la votación. Pero lo más importante en ello ha sido, sin lugar a dudas, el inmenso poder de liderazgo de Hugo Chávez, basado en una extraordinaria capacidad comunicacional sin precedentes en el ámbito político.

De ahí que el candidato de la derecha no tenga en lo absoluto el propósito de ofrecerle al país la opción del desarrollo económico convencional que históricamente se propone la derecha -concebido a partir de la reducción del Estado a su exclusiva función de garantizar la perdurabilidad del modelo democrático y del desarrollo y libre desempeño de la empresa privada-, sino el avance en la construcción del bienestar personal de la gente a partir de la optimización de los logros alcanzados por la Revolución Bolivariana en cuanto a inclusión social.

La candidatura de Capriles es pues, el mayor reconocimiento a la inmensa conquista que ha significado para el venezolano el proceso de transformaciones adelantado por el Comandante Chávez. Reconoce, tanto en su discurso como en toda la puesta en escena de su campaña, que el capitalismo no es hoy en día atractivo para nadie y que el socialismo es una realidad inocultable en la sociedad venezolana y latinoamericana de este nuevo siglo.

Para lograr el propósito de alcanzar el poder, debe buscar captar votantes entre esa inmensa masa de pueblo que hoy sigue con verdadera pasión al líder de una revolución que llegó para salvarle de la destrucción que el neoliberalismo había comenzado a finales del siglo pasado, y que mayoritariamente ha votado en más de quince procesos electorales para ratificar su decisión de no volver al pasado de opresión e injusticia social que la derecha instauró en el país desde nuestros orígenes.

Su misión –ordenada meticulosamente por la derecha nacional e internacional- es procurar doblegar la conciencia de clase del elector del pueblo apoyándose en la seducción que el capitalismo ofrece a través del cada vez más creciente y degradante contenido mediático que las grandes corporaciones de la comunicación le venden a la sociedad. Un proceso de corrupción moral indispensable para romper la ética revolucionaria a partir del acto de vileza que significa presentarle a los pobres la absurda idea de un rebuscado e inviable modelo en el que se mezclarían de manera irresponsable las nobles ideas humanistas del socialismo en las que el pueblo cree, con el perverso materialismo individualista del consumismo. De ahí el grotesco fenómeno de la gente pobre recabando dinero para la campaña del niño rico. El lenguaje amenazante y soez con el que los seguidores de ese modelo agreden hoy a los militantes de la revolución por todos los medios y redes sociales, al mismo tiempo que hacen evidente la hipocresía con la que se le acercan hoy al pueblo, es solo muestra del inmenso intento por generar esa degeneración ética que la derecha persigue.

Capriles no ha venido pues a hacer campaña desde un ángulo ideológico particular, sino a tratar de alcanzar el poder para la derecha mediante la aplicación de esa modalidad de choque que es la prostitución de la política, y retomar así el camino de la generación de hambre y miseria al que está inseparablemente ligado el capitalismo, tratando de pervertir al venezolano a través de un desmedido ejercicio de demagogia jamás visto en la historia, en el cual los cientos de ofrecimientos fabulosos que vende solo son realizables en las mentes fantasiosas de los más incautos, y donde la entrega total de la soberanía y de nuestros recursos sería la única carta a jugar por los sectores burgueses a los cuales responde esa candidatura. Es decir; mediante la aplicación de un auténtico “paquetazo”, al mejor estilo y usanzas del gran poder del capital.

Querido amigo opositor…

Por: Manuel Bazó / Aporrea.org

Ven, vamos a hablar un ratico, te invito a conversar de política. No te asustes, no voy a intentar convencerte de que votes por Chávez, no pretendo que a estas alturas saltes la talanquera. Al contrario, tienes todo el derecho a disentir del Gobierno mientras no olvides que fue elegido por la mayoría de los votantes venezolanos. De eso se trata la democracia ¿no?, de respetar la opinión de la mayoría y también de las minorías. Fíjate que es algo que debemos valorar porque muchos países no tienen esta oportunidad. El pueblo de Inglaterra, por ejemplo, tiene el mismo Jefe de Estado desde hace 60 años (la Reina Isabel II) y tampoco puede escoger su Primer Ministro por voto universal.

Te conozco bien porque te veo todos los días: Estás en mi familia, en mi trabajo, en la plaza, en el mercado… Normal, la última vez que nos contamos alcanzaron el 37% de los votos válidos, que no es poca cosa. Sin embargo, durante años te han hecho creer que formas parte de una mayoría virtual, aunque no sea cierto. Por eso son buenas las elecciones, para volver a contarnos cada cierto tiempo y reconfirmar la voluntad de la verdadera mayoría.

Conozco las “razones” o más bien las emociones, de tu furibundo antichavismo. He visto el desprecio, la rabia y hasta el odio visceral, que te produce la sola imagen del Presidente. Te he escuchado maldecirlo, insultarlo y hasta desearle la muerte. Te he visto alegrarte con su enfermedad y lamentar su recuperación. Te he oído despotricar de todas sus decisiones y rechazar automáticamente todo lo que te huela a Gobierno. Te he escuchado quejarse de que Chávez habla demasiado, pero hace años decidiste no volver a escucharlo.

Está bien, no es monedita de oro. Pero aunque no te guste ni un poquito es el Presidente de tu país. Sus decisiones te tocan directa o indirectamente, por lo que deberían importarte. Sin embargo, tú escogiste informarte de mala fuente: a través de rumores y chismes de tus amigos opositores, a través de información tergiversada televisada o impresa, antes que…

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Cómo miente un farsante en campaña sin ningún tipo de vergüenza…

El irresponsable candidato de la burguesía venezolana, Enrique Capriles Radonski, miente de manera enfermiza sobre absolutamente todos los temas en su campaña, empezando por el importante tema del programa de gobierno que está obligado a explicarle a los electores y en el cual ha negado tener responsabilidad alguna luego de haber sido visto por todos los venezolanos firmarlo en acto público el día 23 de enero de este mismo año, hasta lo referido a los asuntos más insignificantes, como el uso de los medios de transporte que necesariamente deben usarse para las movilizaciones durante la campaña.

Luego de criticar reiteradamente y en la forma más insolente e irrespetuosa al Primer Mandatario de la nación, acusándole de “distante” del elector por utilizar un vehículo especial de campaña, termina por hacer lo mismo, solo que evidenciando un muy inferior nivel de capacidad en el uso de tan importante herramienta.

La indolencia y el irrespeto hacia el elector es cada vez más patente en la actitud arrogante y ofensiva con la cual el candidato Radosnki pretende engañar al pueblo con el mayor desparpajo y recurrencia.