Apuntes para una buena farsa trotskista

– Publicado en el Correo del Orinoco el 01 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Siguiendo la más pura lógica del dogma menchevique que obliga a aparentar el mayor compromiso revolucionario que jamás haya conocido la humanidad a través de los siglos, procure iniciar desde el principio mismo de su proyecto con la idea de ampulosidad ideológica con la que debe usted revestirlo, usando siempre, desde el nombre mismo que le asigne a su plan, una terminología rebuscada, lo más críptica posible, que transmita la impresión de emanar de lo más interno de las lajas del grisáceo mármol que sirven de asiento al busto de Marx en el Cementerio Highgate, de Londres, en las que se lee el escueto pero significativo epitafio “Obreros del mundo, uníos”, aún cuando eso de la “unidad” no le parezca a usted en modo alguno relevante.

Aclare, eso sí, cuanto antes, lo disparatado que a usted le resultan esas diletancias de las que hablaron Simón Rodríguez, Bolívar, Lenin, Mao, o Chávez, sobre inventar “lo nuevo” repensando el pasado. Argumente que lo correcto es la consagración a los dogmas que usted mejor domine, sin inclusión de ningún otro por muy avanzado que sea. Solo con eso toda la dirigencia revolucionaria que usted adversa quedará ante los ojos del mundo como la más vulgar y traidora reformista.

Hable de “autocrítica” aunque usted no forme parte en modo alguno de la estructura que critica. Haga saber que usted tiene derecho a criticar a la organización por puro designio Divino. Sea cauteloso. Tenga mucho cuidado del terreno que pisa por ejemplo cuando “autocritique” los acuerdos con los grandes aliados de la revolución, como Rusia y China, porque para cualquiera va a ser muy fácil deducir que en el fondo usted lo que promueve es el fortalecimiento de las posibilidades del imperio norteamericano en la economía nacional. Pero insista en que usted “autocritica”” esas relaciones comerciales porque es usted un gran revolucionario. Sobre todo porque cada vez será más difícil encontrar diferencia alguna entre lo que usted dice y lo que dice gente como María Corina (solo que ella siempre agregará a Cuba en su discurso). En todo caso, busque siempre el aislamiento internacional de la revolución aun cuando eso sea exactamente lo que ha procurado la oligarquía sin lograrlo desde hace más de tres lustros.

Apóyese en construcciones deslumbrantes que connoten luminosidad teórica e infundan a la vez temor a lo supremo, como “¡Fuerza en la Gloria y Tenacidad en la Batalla!”, y cosas por el estilo.

Es decir, deberá procurar hacer ver que solo usted, y más nadie, domina a plenitud el complejo ejercicio de la elaboración ideológica. En eso la retórica recargada de citas grandilocuentes (descontextualizadas o no, ese no es el problema) le ayudarán más que ninguna otra cosa. Cite con la mayor frecuencia posible a autores y teóricos del mayor renombre, pero desglosando sus ideas con tal soltura y naturalidad que parezca en cada caso que esos grandes pensadores quisieron en todo momento corroborarlo a usted cuando desarrollaban sus ideas y jamás a la inversa. El militante revolucionario de hoy en día deberá asumir de una u otra manera, ya sea consciente o inconscientemente, que Marx escribió teniendo en mente que quizás algún día llegaría usted a darle un uso verdaderamente lúcido, como nadie más lo haya logrado antes de usted, a su pensamiento revolucionario.

De alcanzar usted ese primer objetivo, el militante revolucionario debería comprender sin ninguna dificultad que todo cuanto de calamitoso experimente en su vida producto de los embates violentos a los que la burguesía apele en contra del proceso de transformaciones que esa burocracia revolucionaria que usted adversa haya logrado adelantar por encima de las grandes dificultades y obstáculos que el sistema capitalista le coloque en su camino, es el resultado de la tozudez del gobierno en su empeño de no hacer el más mínimo caso a lo que usted considera que debe hacerse en el país para alcanzar el bienestar social. No se detenga en sentimentalismos baratos con el hecho de que, a diferencia de usted (que jamás logró concitar el respaldo popular ni la sublevación de componente militar alguno) esa revolución sí haya alcanzado objetivos importantes en inclusión social y en logro de bienestar para el pueblo. No se desvíe.

Ármese de un buen stock de argumentaciones teóricas en las áreas en las que logre usted obtener algún aporte de algún copartidario suyo que sepa de eso (aunque este se mantenga a la sombra tras bambalinas) y que eventualmente haya tenido que ver aunque sea tangencialmente con las políticas implementadas por el gobierno, y dele con ellas soporte a la fraseología ideológica. Expóngala en cada caso como producto de un supuestamente largo e intensivo trabajo de consultas con las comunidades, en el barrio, en las fábricas o en las universidades, a fin de anular de antemano cualquier respuesta oficial que las ponga medianamente en riesgo y corra entonces usted el peligro de quedarse repentinamente sin argumentaciones teórico/políticas.

Si su copartidario le dice, por ejemplo, que debe usted hablar de macroeconomía (por muy enrevesado que eso sea para usted) y que deje de denunciar la intolerancia y la imposibilidad de la autocrítica que usted tan ingeniosamente ha tenido como centro de su discurso, y lo pone a mostrar algunos gráficos sobre el comportamiento histórico, digamos, del flujo de divisas hacia el exterior, no se le ocurra bajo ninguna circunstancia preguntarle si por alguna casualidad pudiera él estar comprometido en modo alguno como responsable de esa fuga de divisas durante más de diez años, o algo así. Se vería feo y hasta ofensivo, dependiendo de cuán bonachón sea o no su copartidario.

Búsquese otros de similar estirpe que hayan ostentado uno que otro carguito por ahí, que le sirvan para escribir mucho sobre la naturaleza humana del líder máximo. Alguien que haga ver que ese líder no era tan grandioso. Más bien que era muy terrenal… hasta muy ordinario, si le es posible. Póngalo a hablar de cosas chocantes e irrespetuosas hacia ese líder, como por ejemplo la forma en que éste orinaba. Desmitifique al líder y los demás caerán por su propio peso. De hecho, eso fue lo que mejor hizo Trotsky en la Rusia estalinista. Y mire usted lo bien que le salió, que el imperio mismo no ha dejado nunca de agradecérselo.

Eso sí, sea muy precavido. Oculte al máximo el verdadero objetivo de su plan hasta en las eventualidades más difíciles y frente a quien sea, no vaya a ser que termine haciéndole ver al pueblo que el verdadero trotskista, más que usted, es alguna notable figura de la derecha, como Capriles por ejemplo, que también ha dicho durante años y a través de intensas campañas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional (y con la más cuantiosa inversión propagandística que se recuerde, además de todo el respaldo del Departamento de Estado que le ha sido brindado) exactamente lo mismo que usted sostiene en cuanto a que la revolución sí sirve, pero que quienes no sirven son sus líderes. Que las Misiones son una conquista del pueblo que lo que necesitan es optimizar su eficiencia sacando de ellas a los corruptos y a los ineficientes. Si usted usa ese mismo discurso (dejando estratégicamente por fuera a los infiltrados, a los especuladores y al imperio) lo más seguro es que Capriles le gane y pierda usted todo su esfuerzo. Quizás eso no le disguste mucho a usted porque a la larga eso vendría a constituir la concreción en la realidad de todo cuanto advirtió en su “autocrítica” acerca del despeñadero sobre el cual alertaba, sin importar cuánto haya contribuido usted a que ese descalabro se hiciera realidad ni con cuánta aviesa intencionalidad lo hizo, pero seguramente le hará pasar un mal rato el sentir que estuvo usted trabajando pa’ lapa sin ser cachicamo.

No deje de tener en cuenta siempre que usted es un verdadero Caballo de Troya; que su objetivo es solo impedir la concreción del proyecto de los “burócratas pequeño-burgueses” que no le permitieron a usted erigirse en conductor supremo del proceso cuando usted vio que con la muerte del líder máximo había un claro chance para la rebatiña. Aférrese a los ejemplos de muchos pero fundamentalmente al de Betancourt, que supo librar como nadie esa misma batalla por la cual hoy entregaría usted hasta su vida, de frenar el ascenso de un modelo revolucionario orientado al logro de la justicia y la igualdad social. Tenga por seguro que nadie lo notará.

Eso sí; no olvide jamás que en lo único en lo que falló Trotsky fue en dejarse ver mucho el bojote. Persevere, resista, aguante, pero mienta. Que usted no necesitará nunca ser absuelto por la historia. Llegado el momento ya estará usted muy por encima de todo eso.

@Soyaranguibel

¿Antichavismo sin Chávez?

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Por: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 19 de junio de 2014

Si en algo fue persistente el comandante Chávez, fue en clamar por una oposición seria (“con moto propia”, decía) que planteara su confrontación en el terreno de las ideas y no de las acusaciones y los infundios, a los que se acostumbró desde un primer momento el sector de la derecha en el país con el surgimiento de la revolución bolivariana.

Su llamado era al debate político de altura, que le permitiera a los venezolanos contrastar con claridad las diferencias entre las propuestas del libre mercado que promueve la oposición y la del modelo humanista, incluyente y participativo, que propugna el socialismo venezolano que Chávez le presentó al país. Pero el antichavismo decidió aferrarse a la estrategia de la descalificación y el insulto para generar una cultura de odio entre sus seguidores que exonerara a la derecha del inmenso compromiso de verse obligada a desarrollar una oferta política propia que le permitiera rebatir la propuesta socialista desde un punto de vista teórico y que le resultara a la vez rentable en lo electoral sin correr los riesgos de la derrota en el debate de las ideas.

La primera de esas infamias fue la de acusar de insania mental al Presidente de la República ante el Tribunal Supremo de Justicia. De ahí en adelante le acusaron incrementalmente de arbitrario, de militarista, de dictador, de asesino, de ladrón, de violador de la Constitución, y de cuanto adjetivo peyorativo pudieran hacerse.

Hoy, cuando en la revolución se adelanta una profunda y enriquecedora discusión de ideas sobre cómo continuar profundizando el chavismo sin Chávez, entendido ya no como la búsqueda de desplazarle del sitial de líder imperecedero que el pueblo le otorgó desde siempre, sino como el empeño de los revolucionarios a enaltecer cada vez más el ideario chavista en la construcción del modelo de justicia y de igualdad social que el comandante nos legó, la oposición queda al descubierto en su escasez de ideas políticas sobre las cuales sostenerse.

Ahora, ante un tercer congreso del Psuv, que convoca a más de siete millones de venezolanos en torno a un mismo proyecto de patria y frente a una oposición incapaz de superar sus insalvables deficiencias, va a quedar claro que el chavismo sin Chávez es posible, pero que el antichavismo sin Chávez no.

@SoyAranguibel

Chávez y Maduro: ¿Se fabrican los liderazgos?

Por: Alberto Aranguibel B.

La polémica carta atribuida recientemente al exministro Jorge Giordani, en la que, entre muchas otras cosas, se cuestiona el desempeño público del presidente Nicolás Maduro, incluye algunas reflexiones muy particulares sobre la calidad del liderazgo del Primer Mandatario, a partir de la comparación de su imagen con la del  comandante Hugo Chávez.

En una parte de la carta se afirma: “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia que no transmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez…”. Pero apenas unos cuantos párafos antes se dice: “Con la campaña electoral en plena ejecución desarrollada (SIC) se empezaron a notar elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez, mostrando debilidades y diferencias notables en cuanto a su ejecución, los resultados obtenidos favorables al proceso bolivariano, sin embargo no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro.” Es decir, se reclama por una parte que el actual mandatario no sigue cabalmente el comportamiento del Comandante Chávez, y por la otra se le echa en cara una tendencia a hacer lo contrario, con lo cual se patentiza una clara contradicción en la idea central que evidentemente persigue formularse de manera subrepticia en la misiva, como lo es la de que el liderazgo pudiera ser construido arbitrariamente en un sentido o en otro según se quiera hacer con solo proponérselo, tal como se deduce de la objeción que comprende la afirmación según la cual todos esos procesos de “deformación” de imagen “no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro”.

La vieja discusión planteada años atrás con el tema del supuesto “hiperliderazgo” del que sería presa la revolución bolivariana porque no controlaba, según los promotores de la idea, los niveles excesivos de presencia de la imagen del Comandante Chávez en la vida pública nacional, es, junto a la tesis del intento de imitación de su liderazgo por parte del presidente Maduro, dos caras de una misma moneda. Aunque no necesariamente de un mismo monedero.

En medio de la vorágine comunicacional que se ha desatado con la emergencia de la intensa confrontación ideológica que propone el modelo bolivariano que nos trajo el Comandante Chávez, las diferencias entre imagen y liderazgo se han ido diluyendo hasta convertirse ambos conceptos en una mezcolanza de imprecisiones e inexactitudes, manejada frecuentemente sin ton ni son por los desentendidos en la materia hasta hacerla aparecer la mayoría de las veces como una misma cosa.

Imagen es lo que surge del proceso de desarrollo creativo de equipos especializados de acuerdo al sujeto, objeto, marca o producto, que se persiga promocionar mediante un planeamiento estratégico específico, comúnmente conocido como “campaña”.

En el terreno político, la imagen se construye a partir de la evaluación concienzuda y metódica de los atributos y ventajas diferenciadores de un determinado candidato o grupo político, filtrados por especialistas a través de una serie de instrumentos que incluyen; investigación de opinión, evaluación de la trayectoria y del trabajo político, análisis de fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas del candidato, del grupo o de las ideas o promesas fundamentales que comprenda el proyecto, así como el levantamiento del perfil comunicacional (priorización de las ideas a comunicar, su diseño, sus símbolos, su música, sus colores, su evolución en el cronograma de campaña, etc.). Toda una compleja planeación que debe llevarse a cabo a partir siempre de los rasgos propios y muy particulares del candidato o de la organización. Cualquier intento de incluir elementos que no surjan de esas características o rasgos intrínsecos, o que pretenda modificarlos arbitrariamente, se conoce con el nombre técnico de “sobre-oferta”, o de “oferta-engañosa”, que por lo general están destinadas al fracaso precisamente por la capacidad del ciudadano común a detectar la falsificación o el mensaje deshonesto que se le presente. La legendaria campaña que llevó a la presidencia a Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, basó su promesa “Ese hombre sí camina” en un atributo personal hallado como una verdadera mina de oro por los técnicos publicitarios adecos en una fotografía que presentaba al candidato pegando un gigantesco salto sobre un charco. Ningún otro candidato podría haber usado una frase tan impactante en aquella campaña porque ninguno disponía de tan siquiera una imagen personal que se correspondiera tan exactamente con una idea parecida. Por eso CAP ganó en aquel momento la contienda comunicacional y con ello la presidencia.

En el liderazgo, en cambio, no hay cabida a la creatividad. El trabajo no lo hace ningún equipo, sino que su desarrollo se soporta en la “construcción” que va alcanzando en el tiempo el actor político de acuerdo a sus logros como luchador social, a la naturaleza de su capacidad particular para comunicarse con el electorado con transparencia, claridad, rectitud, honestidad y personalidad propia, entre otros elementos. Aquí el trabajo de los especialistas tiene que ceñirse estrictamente a los rasgos propios del líder y en modo alguno a la inversa, porque lo que se persigue desde el punto de vista técnico de los comunicadores en este caso es la potenciación y difusión de las cualidades excepcionales que han labrado ese liderazgo y no la fabricación o adulteración del mismo.

Presentar como preocupante la existencia de “elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez”, como se lee en la carta de Giordani, y acusar de impropio el que las supuestas “debilidades y diferencias notables” entre un liderazgo y el otro no fueran “sometidos a un severo y crítico análisis”, sugiere definitivamente, no solo que los liderazgos pueden ser construidos antojadizamente en una mesa de evaluación política cualquiera, sino, mucho más desatinado aún, que la imagen del fallecido líder de la Revolución pudiera haber sido de alguna manera fabricada. Es decir, como si la misma no fuese el resultante de una muy excepcional y personalísima capacidad del Comandante para el desarrollo de las avanzadas ideas de transformación profunda de la sociedad que él encarnó, así como de su extraordinaria e inusual capacidad para la conducción de masas, y que la de Maduro pudiera y debiera ser sometida entonces al mismo procedimiento de manipulación y amalgamiento técnico político para equipararlas.

Todo líder revolucionario que se proponga continuar la obra emprendida por el Comandante Chávez, se verá obligado inevitablemente a usar el lenguaje del Comandante, las ideas del Comandante, a enfocar los problemas desde la óptica en que fueron abordados por el Comandante. Pero ello no significa que se le esté imitando, sino que se está siguiendo su línea de pensamiento y de acción. Pero avanzar en la construcción del modelo chavista con un perfil propio, con una personalidad particular (como la tuvieron todos los líderes que sucedieron a los fundadores de los procesos revolucionarios de la historia) tampoco representa en modo alguno el peligro que ven algunos de traición al proceso.

En ninguna revolución de la historia se ha considerado jamás como un fracaso (o como una desviación siquiera de los postulados originales) que los sucesores de los líderes fundadores de cada una de ellas no hayan calzado con exactitud alguna las botas de sus predecesores, en términos de su capacidad de liderazgo. Solo los teóricos pequeños burgueses, utilizando esa hipótesis de la reencarnación obligatoria y absoluta del liderazgo, encontraron en ello en cada oportunidad argumentos para estructurar un discurso pseudo revolucionario, que a la larga siempre favoreció a los intereses del enemigo, en particular los del imperio norteamericano. Quienes acusaron con saña dogmática a través de la historia a los conductores de las etapas sucesivas de cada una de esas revoluciones, terminaron casi inevitablemente, y más temprano que tarde, en las filas de la más urticante ultraderecha. Y es ahí donde nos resultan preocupantes algunas de las aseveraciones de nuestro querido y respetado profesor Giordani.

Quienes aceptaron el reto de continuar el avance de cada uno de esos proyectos revolucionarios, asumiendo con auténtica pasión revolucionaria los inmensos compromisos a los que las circunstancias los llevaron, han pasado a la historia como verdaderos soldados al servicio de las causas más nobles de la humanidad, como lo es la de justicia e igualdad que Chávez nos trajo y que Maduro continúa impulsando a diario con entrega y lealtad plenas al legado del Comandante eterno. Es la única manera de imitar a Chávez con respeto y de construir a la vez un liderazgo auténtico… sirviendo con verdadero amor y abnegación al pueblo como lo hace Maduro.

Fuente. Correo del Orinoco

Correo del Orinoco Nº 1.713 del 23 de junio de 2014

@SoyAranguibel

El artículo de Temir Porras

Nicolas-MaduroPor: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 14 de junio de 2014

Como era de esperarse, los atorrantes autocriticistas, auto erigidos en dueños no solo de la verdad sino de la agenda revolucionaria, le cayeron encima como si del demonio encarnado se tratara. Y marcan así una diferencia, más que oportuna necesaria, con la que probablemente sea la reflexión más aguda y sensata de cuantas se han presentado al debate en esta tan crucial etapa de la revolución que se inicia con la partida física de nuestro querido Comandante Supremo.

Esclarecido (y esclarecedor) como es el planteamiento de Porras en términos generales, destacan sin embargo dos o tres ideas de las cuales quiero comentar hoy solo una. La del necesario fortalecimiento del liderazgo de Nicolás Maduro como tarea prioritaria de la revolución.

Si algo cimentó las bases del proceso iniciado por el comandante Chávez, fue precisamente su liderazgo en las más amplias capas sociales del país, sin el cual sus ideas y propuestas programáticas no hubiesen pasado jamás del postulado audaz y voluntarioso.

Engels atribuía el fracaso de las llamadas huelgas petroleras de finales del siglo XIX en España a la lectura equivocada del concepto de colectivismo que privó en aquel fallido movimiento obrero, que partía del principio del liderazgo horizontal, permitiendo así la imposición de los poderosos casi que por gravedad.

Pretender construir el socialismo sin asumir primero el compromiso histórico de la consolidación del liderazgo que referencie esta nueva etapa, es una opción insensata que atenta no solo contra lo esencial del llamado de Chávez en su última proclama, como lo dice el artículo de Porras, sino que abre las puertas al arrase que desde la poderosa maquinaria comunicacional con la que cuenta la derecha podría hacerse contra la revolución. Algo en lo que ya lleva un sustancial trecho recorrido.

El atributo diferenciador de mayor peso frente a la derecha ha sido, y debe seguir siendo en esta nueva etapa, un liderazgo sólido, con profundos cimientos en lo más extenso de la sociedad, empezando por las bases mismas de la revolución. Depositar en él la mayor confianza, y trabajar por eso sin mezquindades ni condicionantes, es la más urgente e impostergable tarea.

Sin ello, el socialismo bolivariano será solo una hermosa e inalcanzable quimera.

 

No serás rey, Felipe (I y II)

Felipe VI

Por: Juan Carlos Monedero

I
El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, sois millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la “madre patria”.

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el “por qué no te callas”, ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.

II
El Rey abdica. Otro de los efectos del 25M. Todos los consensos del régimen del ’78 se han quebrado: el de la Iglesia (que el Papa ha salido rojo), el de la judicatura (que va en moto, ebria y saltándose semáforos constitucionales), el del diario El País (que ya es una suerte de amarillismo y conservadurismo interesado), el del bipartidismo (que ya no llegan al 50%); el de la patronal (con su jefe más emblemático en la cárcel por chorizo). Faltaba la monarquía. Y ya ha saltado.

¿Será Rey Felipe? Lo escribimos en su día. Y sigo pensando lo mismo: no vas a ser rey Felipe. Nos va la democracia en ello.

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@MonederoJC

Sin Tapujos: Chávez se aferró a la palabra de Cristo para comunicar la justicia e igualdad social

Caracas, 16 de diciembre de 2013.- El moderador del programa Sin Tapujos que transmite Venezolana de Televisión (VTV), Alberto Aranguibel, manifestó que el Líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, se aferró a la palabra de Cristo como instrumento para comunicar a los pueblos del mundo la justicia e igualdad social.

Chávez tuvo muchas expresiones para llamar a la paz, a la unión y a la concordia como rasgo fundamental de nuestro modelo socialista del siglo XXI”, agregó Aranguibel.

Expresó que los aportes del Comandante Eterno son un logro a la historia del país ya que su política efectiva llegó a los sectores que eran maltratos por la Cuarta República.

El Comandante Chávez iba avanzando con la prédica que propuso Cristo desde siempre, no fue en modo alguno ese modelo que concibe la cúpula eclesiástica en nuestro mundo. La prédica de Cristo era el verdadero socialismo”, indicó.

El conductor recalcó que el Líder Supremo con la biblia en la mano buscó la paz entre los pueblos del mundo. JAR/VTV

Aranguibel en Unión Radio: “El gran derrotado del 8-D es Capriles Radonski”

VENEZUELA-ELECTION/

Alberto Aranguibel afirma en entrevista con Eduardo Rodríguez en Unión Radio el 09 de diciembre de 2013, que el gran derrotado de las elecciones municipales celebradas el 8-D en Venezuela, es Henrique Capriles, fundamentalmente por su terco empeño en secuestrar el proceso para convertirlo en plebiscito.

Oiga aquí la entrevista completa:

Ultimas Noticias: Expertos discrepan sobre efectos de las decisiones para el 8D

Aranguibel y Romero evalúan los últimos anuncios frente a las municipales

Expertos discrepan sobre efectos de las decisiones para el 8D
(Créditos: Archivo UN)

ÚN 11_11_2013| Marco Ruiz.-  Los efectos de las medidas contra la especulación que ha anunciado el presidente Nicolás Maduro generan duda entre los expertos consultados por ÚN. Hay coincidencia en que terminarán incidiendo en los resultados de los comicios municipales, aunque para Alberto Aranguibel se trata de un efecto secundario, mientras que para Carlos Romero pueden convertirse en un elemento desmovilizador de electores. Aranguibel está seguro de que el resultado no estará determinado por los hechos de los últimos días, “se va a decidir por lo que durante años ha venido pasando en el país y es la consolidación de una única fuerza política verdadera, la fuerza de la revolución bolivariana. Aquí lo único que en términos ideológicos ha crecido es el socialismo”.

Frente a las presiones contra los comerciantes, Aranguibel estima que “la valoración va a ser mucho más clara y más positiva hacia la gestión de Maduro en la medida en que pasen los días”, dijo. Agregó que, a diferencia de lo que ocurrió al principio de su mandato, ha crecido la credibilidad en el Presidente y “se ha demostrado que es capaz de asumir y continuar el proyecto de Hugo Chávez”.

“Los que están yendo a hacer las colas son en muchos casos personas de oposición. Hay ahí una evolución, por llamarlo de alguna manera, de la percepción sobre esa capacidad de Maduro de dar respuesta y garantizar el acceso a bienes a precios justos”, aseguró.

“Se constata con lo que ha sucedido que, efectivamente, hay una guerra económica y no una crisis económica”, comentó Aranguibel.

El también analista Carlos Romero opina que habrá incidencia en el comportamiento de los electores, pero señala que lo primero que se asoma es “una posibilidad de una gran abstención porque no se observan condiciones de seguridad ni de confianza”.

“En nada contribuyen a la convivencia y al ambiente positivo que deben tener las elecciones municipales. Que los ciudadanos tengan miedo y no voten afecta a todos los sectores políticos”, agregó.

Romero alertó que se trata de un juego peligroso motivado por no tener la certeza de contar con la mayoría de los votos, pero “no hay justificación para aceptar este juego de la sicología social que se le puede ir de las manos al propio Gobierno”.

“El Gobierno está jugando con fuego al intentar socavar las bases del orden público y de la convivencia social. Haber atacado y amenazado de esa manera a los comerciantes, ha estimulado las pasiones humanas como el medio, el egoísmo y en general el descontrol social, de manera irresponsable”, manifestó.

La Semana Venevisión del 31 de agosto de 2013

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El programa “La Semana Venevisión” del 31 de agosto de 2013, contó con la participación de los moderadores de los espacios radiales “Más Allá de la Noticia“, Jesús Rivero Bertorelli, y “Sin Tapujos“, Alberto Aranguibel B. En esta oportunidad el análisis de la noticia en dicho programa versó sobre la crisis política generada por el intento de magnicidio develado por los cuerpos de inteligencia venezolanos, la injerencia del expresidente de Colombia Alvaro Uribe en esos planes de acabar con la vida del presidente Nicolás Maduro, la situación de la salud en el país, la grave crisis social en Colombia, así como la confrontación entre la oposición y el chavismo de cara a las elecciones del próximo 8 de diciembre.

Vea aquí el programa completo:

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A tres meses de tu luz…

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¡Cadena Nacional!

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Cuando el pueblo le pidió desde un primer momento al comandante Chávez que ordenara la transmisión en cadena nacional de los eventos a los que éste asistía, pedía de manera simple y espontánea justicia social en su más correcta, profunda y sentida acepción.

El empeño de los medios de comunicación en secuestrar los más preciados derechos individuales de la población, como las libertades de expresión y de información, para ponerlos siempre al servicio de los particulares intereses de los propietarios de esos medios, fue a través del tiempo un elemento generador de exclusión y de discriminación social por antonomasia.

La naturaleza profundamente antidemocrática de su origen, el hecho de no surgir esos medios de la voluntad popular sino del poder adquisitivo de sus propietarios, determina el carácter opuesto de sus necesidades a las de las grandes mayorías, que sólo acceden a ese prodigioso avance del conocimiento humano cuando mucho en la escasa condición de desamparado espectador.

El grito “¡Cadena… cadena!” en los eventos de la revolución representa un cambio significativo en nuestra sociedad, porque expresa la conciencia del pueblo acerca de esa conquista que el comandante Chávez nos trajo con su idea de la participación y el protagonismo que consagra la Constitución bolivariana. Un paso apenas en la búsqueda del logro supremo de la democratización de ese activo tan valioso hoy en día para la humanidad que es el espectro radioeléctrico, cuyo propietario es precisamente ese pueblo ancestralmente excluido de las amplias posibilidades que ese gran avance ofrece.

El ataque permanente de la derecha, en particular de su candidato errante, contra las cadenas de radio y televisión usadas por la revolución bolivariana para hacer visibles los logros del Gobierno en esa justicia social que tanto ha reclamado el pueblo, deja ver su desprecio por el verdadero derecho a la información y al libre usufructo de ese bien colectivo que deben ser los medios. Pero, muy fundamentalmente, evidencian su miedo a que la verdad se imponga sobre la perversa manipulación y distorsión de la realidad con la que se inunda a la sociedad desde esos laboratorios de alienación y de mentiras.

Habrá que decir “¡Las cadenas son del pueblo, no de la burguesía!“.

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2013: la nueva era

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De nuevo aparece Venezuela figurando entre los países cuya población, mayoritariamente, se declara feliz. Esta vez la revelación la hace la prestigiosa empresa norteamericana de investigación de opinión Gallup. Varios organismos internacionales de reconocida solvencia y confiabilidad han dicho lo mismo. Como la Universidad de Columbia, entre otros.

El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles ha permitido proyectar hacia el mundo sobre cuáles pilares se asienta esa felicidad. Un ser humano atendido íntegramente desde su más temprana edad es el cambio de paradigma que hasta ahora no conoce el mundo capitalista, porque su premisa filosófica fundamental es aquella que ubica al hombre en el plano del instrumento orientado a la producción de bienes transables y nada más. Cuando el hombre deja de ser útil a la empresa, aún siendo hijo, padre, hermano o simple amigo de sus semejantes, carece de interés para la sociedad y es desechado bajo el estigma de “menesteroso”, de “carga social” o de “problema”.

La condición saludable e íntegramente formada del individuo, objeto de inclusión social en todos sus aspectos, es algo que interesa solamente a un Estado revolucionario, cuyo propósito sea precisamente la instauración de un modelo de justicia social, con base en el respeto a esa necesidad del vivir bien que Chávez nos propone como meta superior del proyecto bolivariano.

Alcanzarlo no es tarea fácil, sobre todo cuando se deben sortear los obstáculos que opone una derecha obtusa y mezquina como la venezolana, que carente de racionalidad culpa a los demás, en particular al comandante Chávez, de sus desatinos y torpezas recurrentes, traducidos en constantes fracasos electorales que jamás terminan por reconocer como el producto de su proverbial incapacidad para conectarse con el pueblo.

Pese a ello, el país avanza indetenible hacia su mejor porvenir. Exactamente el que Chávez ofreció y que él ha construido con tesón inédito en la historia. Por eso nuestro país es feliz. Porque nuestro pueblo sabe que Venezuela entró en una era de crecimiento sostenido e irreversible, al ritmo de sus aspiraciones y anhelos.

Una nueva era que empezó hace 14 años y que seguirá avanzando con el respaldo de los hombres y mujeres de bien de esta noble tierra.

Mensaje para un amigo fiel…

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14 años y otra elección

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La política es un proceso dinámico de construcción permanente. No es algo que se deja a la buena marcha de las apariciones en los medios de comunicación, como hicieron (y siguen haciendo cada vez más) los políticos venezolanos en el último cuarto del siglo pasado, cuyo encanto con la televisión y la radio los llevó al extremo de entregarse completamente en sus manos para que estos dispusieran a su antojo cuál partido debía estar en el poder y cuál no, bajo el falso precepto según el cual aparecer en pantalla es más que suficiente para obtener el respaldo del pueblo.

El avance de Chávez en el fervor popular, una vez que aparece en la escena política el 4 de febrero, se debe principalmente a dos factores de especial relevancia. Uno, el haber asumido públicamente la responsabilidad plena de su actuación al frente de la rebelión de aquel día. Algo que (mucho más que el efecto mítico que se le atribuye exclusivamente al “por ahora” como frase premonitoria) significó para el pueblo la clave de la rectitud y la honestidad que se sabía extintas en la concepción ética del viejo estamento político y que eran indispensables para recuperar la fe y la confianza perdidas desde hacía tanto tiempo.

El otro, el enfrentamiento frontal y decidido del Comandante a los poderosos factores que generaron a través del tiempo el hambre y la miseria que tanto padeció el pueblo venezolano. La indolencia de aquellos sectores que se habían adueñado del poder mediante la represión y el exterminio sistemático de la disidencia para favorecer la voracidad del gran capital, era ya insoportable. Chávez los enfrentó, primero con las armas y luego con el discurso contundente e irrenunciable de la justicia y la igualdad social, hasta que alcanzó el objetivo de la mayoría electoral. Ya ahí el pueblo sabía que el tan esperado conductor de sus luchas y sus anhelos había llegado.

Lo que ha habido desde entonces es la búsqueda infatigable de la consolidación de un modelo que ha demostrado que sí es posible alcanzar el bienestar y la prosperidad a partir de la priorización de lo humano por encima de lo material.

Parecieran muchos, pero en realidad son pocos los años para la inmensa construcción que Chávez ha emprendido. Por eso hoy lo correcto, lo impostergable, en directa correspondencia con nuestro compromiso histórico, es votar sin dudas ni miramientos de ninguna naturaleza por todos sus candidatos… los candidatos de la Revolución.