Noticias24 intenta manipular de manera grotesca declaración de Alberto Aranguibel

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El analista político Alberto Aranguibel es objeto hoy (30 de noviembre de 2012) de una aviesa manipulación por parte del portal Noticias24, el cual trata de hacer ver que el comunicador habría reconocido en una entrevista concedida al canal de televisión carabobeño DatTV el día 29 de este mes algún tipo de deficiencia o mala gestión del gobierno del Comandante Hugo Chávez, titulando la reseña de la entrevista “La gente está reclamando mejores gestiones, lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado” cuando en realidad se refería (como puede constatarse en el video) a las diferencias entre el modelo capitalista “que no transforma nada y el modelo socialista que sí transforma, como lo está haciendo en el país la revolución bolivariana“.
Como introducción de la idea, Aranguibel razona en el programa “Dígalo Usted” que “El Comandante está proponiendo una transformación que sea cada vez más rápida (toda vez que) efectivamente, la gente está reclamando mejores gestiones (regionales) porque en algunos casos lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado mucho más tiempo de lo que la gente esperaba, en otros ha tenido que construirse el piso para permitir las diferentes etapas, que se vayan superando para poder llegar a ellas (a la concreción de las obras de cada gobierno regional en particular)”. Tal como lo explicó de inmediato el analista, hay que comprender que “no se trata de una gestión de gobierno sino de una propuesta de transformación del Estado, del modelo de sociedad… y eso tiene un ritmo completamente distinto a cuando tú gobiernas sin transformar nada“.
Este cuestionado medio de información por internet al servicio de los intereses de la derecha más ultra reaccionaria nacional e internacional, expresa así una vez más su carácter inmoral y pestilente en el tratamiento de la noticia, con lo cual se explica el creciente repudio de la población a ese tipo de instrumentos de desinformación y manipulación.

Querido amigo opositor…

Por: Manuel Bazó / Aporrea.org

Ven, vamos a hablar un ratico, te invito a conversar de política. No te asustes, no voy a intentar convencerte de que votes por Chávez, no pretendo que a estas alturas saltes la talanquera. Al contrario, tienes todo el derecho a disentir del Gobierno mientras no olvides que fue elegido por la mayoría de los votantes venezolanos. De eso se trata la democracia ¿no?, de respetar la opinión de la mayoría y también de las minorías. Fíjate que es algo que debemos valorar porque muchos países no tienen esta oportunidad. El pueblo de Inglaterra, por ejemplo, tiene el mismo Jefe de Estado desde hace 60 años (la Reina Isabel II) y tampoco puede escoger su Primer Ministro por voto universal.

Te conozco bien porque te veo todos los días: Estás en mi familia, en mi trabajo, en la plaza, en el mercado… Normal, la última vez que nos contamos alcanzaron el 37% de los votos válidos, que no es poca cosa. Sin embargo, durante años te han hecho creer que formas parte de una mayoría virtual, aunque no sea cierto. Por eso son buenas las elecciones, para volver a contarnos cada cierto tiempo y reconfirmar la voluntad de la verdadera mayoría.

Conozco las “razones” o más bien las emociones, de tu furibundo antichavismo. He visto el desprecio, la rabia y hasta el odio visceral, que te produce la sola imagen del Presidente. Te he escuchado maldecirlo, insultarlo y hasta desearle la muerte. Te he visto alegrarte con su enfermedad y lamentar su recuperación. Te he oído despotricar de todas sus decisiones y rechazar automáticamente todo lo que te huela a Gobierno. Te he escuchado quejarse de que Chávez habla demasiado, pero hace años decidiste no volver a escucharlo.

Está bien, no es monedita de oro. Pero aunque no te guste ni un poquito es el Presidente de tu país. Sus decisiones te tocan directa o indirectamente, por lo que deberían importarte. Sin embargo, tú escogiste informarte de mala fuente: a través de rumores y chismes de tus amigos opositores, a través de información tergiversada televisada o impresa, antes que…

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Aranguibel en “Brújula del Sur”: Chávez ofrece lo que ha hecho, Capriles ofrece lo que representa.


Alberto Aranguibel afirma en el Programa “Brújula del Sur”, transmitido el 24 de Septiembre de 2012 por la emisora ​​ALBA CIUDAD, con el periodista Ernesto Navarro, que los seguidores del candidato presidencial Capriles Radonski no son necesariamente “pro capitalistas”, sino socialistas confundidos porque “la única ideología que ha crecido en Venezuela en todo lo que va de siglo XXI es el socialismo.”

Oiga aquí la entrevista:

El “Plan de Acción Rápida” de la derecha no está pendiente, sino que ya empezó.

Alberto Aranguibel analiza en el programa “Con Todos Los Hierros“, transmitido el 21 de Septiembre de 2012 por Radio Nacional de Venezuela, Canal Informativo, 630 AM, con la moderación de Carlos Lazo y Santiago Lazo, el Plan de Acción Rápida previsto por el comando de campaña de Henrique Capriles de cara al 7 de octubre, el cual afirma que ya estaría en curso en virtud del convencimiento de ese sector de no tener ninguna posibilidad en las elecciones presidenciales.

Oiga aquí la entrevista: [audio http://ia601207.us.archive.org/19/items/AranguibelEnconTodosLosHierrosEl210912/Rnv210912.mp3]

Chávez en VTV: “Oposición juega el mismo papel de 2006 y seguramente obtenga el mismo resultado que con Rosales”

El Presidente leyó algunos artículos del año 2006, en lo que se refleja de forma extraordinaria el parecido de la estrategia, discurso y forma de la candidatura de Manuel Rosales con la de Henrique Capriles

La derrota podría ser el escenario que le queda a la oposición, pero que se niega a aceptar, y ante esto busca las formas mediáticas para trastocar la realidad del país, en un juego que, a diferencia del pasado, podría costarle más que los beneficios que le traiga, aseguró el candidato Hugo Chávez.

Chávez realizó un contacto telefónico, este domingo, con el programa Debate Socialista, que transmite Venezolana de Televisión, sirvió para compartir con Alberto Aranguibel (comunicador) y Leonel Muñoz (historiador) y el ministro del Poder Popular para Energía Eléctrica, Héctor Navarro.

Afirmó que analizando sobre la realidad del país “si nosotros seguimos haciendo las cosas, mejoramos en los argumentos para convencer a mucha gente de que este es el proyecto para desarrollar al país, y todas las líneas estratégicas funcionan, y seguimos derrotando las campañas de guerra psicológica del enemigo, tenemos razones para pensar, sin ser triunfalistas, que vamos a sacar más de ese 63% del 2006”.

La tertulia de profundo valor para la construcción del pensamiento socialista, sirvió para que Chávez leyera algunos artículos del año 2006, en lo que se refleja de forma extraordinaria el parecido de la estrategia, discurso y forma de la candidatura de Manuel Rosales con la de Henrique Capriles Radonski.

En la conversación, Hugo Chávez también presentó algunos extractos del documento Primeras Ideas de Acciones Económicas a Tomar por el Gobierno de la Unidad Nacional en 2013, presentado en VTV por David de Lima, que muestra lo más agrio de las propuestas de la derecha venezolana, reflejadas en la candidatura de Capriles Radonski.

Chávez aprovechó para volver a felicitar al pueblo y al Consejo Nacional Electoral por el éxito del Simulacro Nacional de Votación realizado este domingo en todo el país.

El “paquetazo de la burguesía” es inhumano e inviable, dice Chávez en VTV

Publicado el 02 de sep de 2012 10:52 pm

En la noche de este domingo, el Presidente Chávez se comunicó vía telefónica con el programa Debate Socialista en Venezolana de Televisión, conducido por Héctor Navarro, además de Alberto Aranguibel y el historiador Leonel Muñoz, para criticar un supuesto programa económico de Henrique Capriles, difundido la semana pasada por el exgobernador de Anzoátegui, David de Lima.

Chávez destacó, entre otras medidas reflejadas en el documento, el aumento de tarifas eléctricas y transporte público, reforma del sector bancario para eliminar las carteras obligatorias a sectores especiales, reducción de pensiones, eliminación del control de precios, y la que llamó “más grave”, el uso de “medidas sublegales (…) para el desmontaje del Estado socializante”. De “inhumano, y absolutamente inviable” calificó el Primer Mandatario el conjunto de medidas reflejado en el documento.“Es impresionante”, dijo Chávez acerca del paquete de medidas liberales que “filtró” De Lima, “y más aún que nosotros no hallamos difundido esto, que como ellos dicen, es producto de una “encerrona”.

El supuesto programa económico de la MUD tiene “una carga explosiva”, asegura Hugo Chávez.

“Yo diría que incluso que es algo que no deja de tener una carga explosiva, yo creo que esto se presentó en el golpe de estado del 2002. Fue un diagnóstico totalmente equivocado de la burguesía y la oligarquía, al creer que Chávez estaba derrocado, incentivar unas falsas condiciones para obtener el apoyo popular: decir que Chávez había perdido la calle. Era una cosa traída por los pelos, producto de análisis totalmente errados, como ahora con este documento, al creer que tienen el poder para implementar estas medidas“.

“Votar por la patria, votar por el futuro. El paquetazo de la burguesía es la propuesta retrógrada. Nuestra propuesta es la democracia, es el desarrollo integral”.

El Presidente insistió nuevamente en apelar a los intereses de la clase media, pues su proyecto de gobierno para el 2013-2019 “les incluye y les abarca”. Las clases A y B, dice, deben reflexionar muy bien “pues soy el presidente que garantiza la tranquilidad”, y a dichos estratos sociales “les gusta la tranquilidad, para poder disfrutar sus riquezas”. “Ojalá se sensibilicen”, deseó Chávez, para que estos sectores se decidan a compartir sus riquezas y ponerlas al servicio del desarrollo del país.

Chávez apunta al “techo” del 70% el 7 de octubre

Consultado acerca del porcentaje de votación que espera obtener el 7 de octubre, Chávez dijo que “sin ser triunfalistas, tenemos razones para pensar que vamos a sacar más de ese 63 por ciento y aproximarnos hasta el 7o%; buscar ese techo de los 10 millones de votos. Eso además es necesario para demostrarle al mundo y al pueblo venezolano cuál es la voluntad de la mayoría”.

Información oficial

Es evidente que la periodista colombiana que intentó acorralar al presidente Chávez con su insolente y destemplado interrogatorio sobre las causas del desastre de Amuay, no asistió a la clase donde le tocaba estudiar (como sucede hoy en todas las escuelas de periodismo del mundo) el caso Watergate, con el cual dos reporteros del diario Washington Post pasaron a la historia.

Contrario a lo que suponen algunos que sólo vieron la película y no estudiaron con seriedad aquel trascendente caso en el que el periodismo norteamericano se presentó ante el mundo como un gran baluarte de la democracia (cuando en realidad lo que sucedió ahí fue que se constató la putrefacción de la política gringa), los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein demoraron meses en poder publicar las informaciones que un alto funcionario les aportaba de manera subrepticia bajo el sugestivo pseudónimo de “Garganta profunda”, no porque no las tuvieran en su poder desde un primer momento, sino porque no poseían las pruebas fehacientes de lo que esas informaciones sostenían.

Solamente podían publicarlas a medida que iban obteniendo esas pruebas. De no hacerlo así, los problemas legales hubieran sido infinitos, tanto para ellos como para el medio.

Los reporteros de la fuente política que ese día se encontraban en Amuay saben que Chávez no es acorralable con capciosos juegos de palabras. Por eso quien toma la iniciativa de llevar adelante el truco manipulador que los medios necesitaban en ese momento fue la inexperta recién llegada. Usando la lógica del corresponsal de guerra, se dispuso a avanzar con su mayor astucia sobre su enemigo sin considerar principio ético alguno sino su necesidad de triunfo.

El desprecio de los medios de la derecha a la información oficial no es en lo absoluto producto de un supuesto afán por la verdad. Es consecuencia del ancestral empeño del gran capital por acabar con el Estado. Pese a ello, la información oficial es y seguirá siendo en el buen periodismo la información calificada, porque lo que interesa al público es la veracidad y no el logro de un periodista o de un sector político o empresarial en particular.

Si el periodismo de hoy no comprende esto, se estará quedando por fuera de la realidad de un mundo cada vez más consciente.

Teoría de la sustitución de rancho por rancho

A estas alturas de la campaña electoral venezolana que nos llevará a las elecciones del 7 de octubre próximo, no es posible determinar con exactitud las razones que pudieran haber llevado al candidato de la derecha, Capriles Radonski, a cometer la irresponsabilidad de presentarse en un pequeño caserío del estado Miranda, donde supuestamente era Gobernador hasta hace dos meses, cuando le correspondió entregar la gobernación para incorporarse a la contienda electoral, y frente a las cámaras de televisión (incluso las del canal del Estado) aparecer entregando como “vivienda” un inhóspito habitáculo de bloques y latas de zinc destartaladas en medio de un acechante y pavoroso matorral de olvido, en el que la lluvia no dejará de ser jamás una amenaza persistente y la falta de servicios públicos una calamidad insalvable.

Demasiada locura para un evento tan importante.

En su empeño por tocar con sus manos a los 27 millones de venezolanos que habitan hoy el país, en una desquiciada carrera de “toque y despegue” en la que ha convertido su campaña, al parecer en el convencimiento de que recorrer pueblos es lo único que hay que hacer en las campañas electorales, el candidato burgués pareciera creerse dotado con algún don mágico que haría que el venezolano votase por él con solo tocarlo. Es eso, quizás, lo que le ha llevado a pensar seguramente que hay que ir a buscar el voto hasta en los más apartados y recónditos parajes de la geografía nacional, como ese absurdo rincón en las montañas mirandinas donde fue a parar para anunciar su programa de sustitución de rancho por rancho. “Donde haya un venezolano, allí llegaré yo para motivar como Dios a los mortales con mi sola presencia”, pareciera pensar.

Jamás en la historia política se ha visto que un candidato cometa tantos errores y actos de torpeza como los que comete Capriles a diario en lo que debiera ser la más perfecta de las presentaciones públicas que nadie pudiera hacer frente a un país. La campaña electoral para la Presidencia de la República es probablemente la más exigente jornada de un político en cualquier parte del mundo. De ahí que los más sonados fracasos en política, surjan precisamente de los errores y equívocos que en trance de esos procesos puedan cometerse.

En Estados Unidos, por ejemplo, un promisorio y perfectamente seguro presidente de la nación más poderosa de la tierra, deja de serlo de inmediato si comete el error de ser encontrado en amoríos con su secretaria. Tal como le sucedió en 1969 nada más y nada menos que al delfín de la familia Kennedy, Edward, con una joven con la cual tuvo un accidente automovilístico, fatal para ella y catastrófico para él, porque eso le costó la Presidencia que con toda seguridad pudo haber tenido de no haber sido por ese pequeño desaguisado.

En 1988, en ese mismo país, un prominente político del partido demócrata apuntaba a ser el próximo e indiscutible presidente de la nación, hasta que el infortunio se le atravesó por el medio; el flamante sucesor de John F. Kennedy, el Senador Gary Hart, fue visto con Donna Rice, una modelo de 29 años, y hasta ahí llegó su carrera política.

En Venezuela, un seguro candidato ganador de las elecciones presidenciales de 1945, el doctor Angel Biagini, dejó de serlo, ipso facto, por haber escrito en mala hora un breve saludo a los lectores de un diario de circulación nacional… con un error ortográfico.

¿Por qué Capriles comete el escandaloso error de aparecer en cámara hablando en medio de un rancho destartalado y miserable acerca de las excelencias de su programa de “viviendas”, ofendiendo no solo la dignidad de la gente humilde que ahí malamente habita, sino la inteligencia de los electores venezolanos, en la forma en que lo hace cuando describe la fabulosa calidad de ese bochornoso programa frente a la “Gran Misión Vivienda Venezuela” que lleva adelante el Gobierno Bolivariano que preside su contendor y próximo Presidente reelecto, en el cual, precisamente, el país entero reconoce uno de los más grandes logro de la Revolución Bolivariana?

A nadie en su sano juicio se le ocurriría cometer tamaña insensatez. Pero, claro, sano juicio pareciera no ser el caso en esta oportunidad.

El Comandante Chávez ha sido, como siempre, claro y preciso en su apreciación al respecto: “Lo que pasa es que esa es la forma en que la burguesía ve a los pobres… para el candidato burgués, el pobre no merece más que eso”, ha dicho.

Mi teoría, modestia aparte, es que Capriles cree que la gente es pendeja. Así de simple.

Lo que Ud. no vio en Globovisión

 

La historia de la televisión está marcada por la feroz guerra que desde sus orígenes se ha librado entre las empresas televisivas por la captación de la audiencia, porque su negocio se centra en lo importante que es para los anunciantes invertir su dinero solamente en aquel canal que le garantice el alcance a la mayor cantidad de espectadores. Llegar al espectador es convencerlo, dicen.

En Venezuela tenemos el único caso en el mundo donde la programación de un canal es retransmitida casi íntegramente por otro, en el obvio convencimiento que tienen quienes le dirigen de que así le estarían haciendo daño a ese competidor que retransmiten día y noche o, en el mejor de los casos, a quienes en ese canal competidor aparecen declarando.

El afán de la excesiva repetición por VTV (y por todos los medios del SNMP) de la programación de los canales de la derecha bajo el argumento del necesario “desmontaje” que se debe hacer con la farsa politiquera que hoy adelanta la oposición de cara a las elecciones presidenciales, cuando alcanza los niveles delirantes a los que se está llegando es definitivamente contraproducente.

Asumir que la gente reacciona contra el discurso opositor simplemente mediante su reposición de manera persistente, sin considerar la eventual falla en nuestro desmontaje o la relativa o real capacidad de convencimiento que ese discurso pueda tener entre la población (sobre todo entre aquella que admira y aplaude ese discurso precisamente por su contenido antichavista y contra revolucionario), es un verdadero dispararte político que expresa, además, una chocante arrogancia. Multiplicar hasta lo infinito la frecuencia de las ideas opositoras en la mente de la gente, así como genera repudio genera también hábito y lealtad hacia ellas. Exactamente el mismo efecto que curar una gripe con una metralleta.

Es evidente que el grueso de la campaña de Capriles no lo están haciendo ni su comando de campaña ni los canales golpistas de la derecha, sino los medios del Estado que ponen en pantalla lo que Ud. no vio en Globovisión.

La obligación, para formar verdadera conciencia revolucionaria entre el pueblo y consolidar el triunfo, es argumentar con claridad y contundencia. No nada más repetir y mofarse de lo que dice el otro.

 

Realidad aumentada

Según Bill Gates, la mayor aspiración de los creadores y desarrolladores de la tecnología informática no es la de construir máquinas de escribir avanzadas (como casi todo el mundo asume que es la función primordial de la computación), sino alcanzar el fascinante ideal de la “realidad aumentada”, que no es otra cosa que un mundo virtual en el cual todo es perfecto y todo está bajo control absoluto del usuario.

Es lo que persiguen llevar a cabo los muchachos que, cada vez con mayor frecuencia, aparecen acribillando a la gente en colegios y centros comerciales en los Estados Unidos y en otras partes del denominado “mundo desarrollado”. Sucede que la “realidad aumentada” que puede fabricarse con la computación se está quedando atrás en relación a la velocidad en la que avanza la ansiedad de esos jóvenes que se levantan a la vida formados en la lógica ilusoria que vende el violento contenido mediático que impacta hoy a la sociedad, en virtud de lo cual salen a buscarla en los espacios de la “realidad verdadera” con el objeto de encontrar allí nuevos estadios de dificultad y de logros para sus destrezas como jugadores.

Exactamente lo que pasa con Capriles Radonski, empeñado como ha estado toda su vida en entender la inmensa responsabilidad que comprenden la carrera política y el liderazgo social como un juego de realidad virtual en el cual él puede avanzar por los distintos mundos de una fabulosa irrealidad simplemente aplicando estrategias y movidas audaces y sin temer a la idea de la derrota, porque en la realidad virtual eso no existe.

De ahí que no le importe en lo más mínimo el cambio de roles de capitalista a socialista según vaya viniendo. Ni le preocupe para nada la inmoralidad que implica la usurpación del discurso de su contendor o el pillaje con los logros de éste, como eso de querer adueñarse de las Misiones.

Sólo un desquiciado por la lógica de la virtualidad, sale a recorrer frenético el país en un absurdo rally de barriadas y poblados para ofrecer a diestra y siniestra soluciones prodigiosas a cuanto problema exista, prometiendo a todo el que se encuentra en su fugaz “toque y despegue” el irresponsable y disparatado compromiso de arreglar todo en un año.

La verdadera realidad le estallará en la cara el 7 de octubre.

Capriles: ¿ganador o truhán?

El candidato de la burguesía no hace caso. Chávez le dijo que hablara claro y lo que hace es enredar más lo que probablemente pase a la historia como la más chambona y rocambolesca campaña que jamás haya llevado a cabo sector político alguno.

En vez de hablar con franqueza y de manera abierta sobre su verdadera concepción de lo que debe ser el modelo de sociedad que le propone al país, escoge los caminos más entreverados y contradictorios para articular el pobrísimo discurso de eslóganes con que pretende seducir a la gente.

Como vivo exponente de la generación Pepsi, su discurso no es más que un repetitivo catálogo de gritos destemplados construido a base de frases publicitarias, hilvanadas en un casi demencial disco rayado de ofertas sin sustanciación o desarrollo ni siquiera medianamente lógico, en el cual la gente pueda encontrar al menos un atisbo de viabilidad o factibilidad a tanta fábula vertida en los escasos cinco minutos que en promedio habla el deplorable candidato de la derecha.

En medio de la farragosa perorata populista, le ha dado por decir ahora, en tono de sentencia divina, que él jamás le ha quitado nada a nadie y que nunca ha perdido una elección. Y el rebaño escuálido, dócil y sumiso como es, resplandece de felicidad infinita como quien ve la luz al final del túnel de la muerte.

Pero resulta que Capriles jamás ha ganado nada. Todo lo que ha logrado en política lo ha usurpado o lo ha obtenido de manera fraudulenta o inconstitucional. Como aquello de fundar su partido con dinero robado a la nación.

Arribar al Parlamento nacional como llegó él a finales del siglo pasado, como el insigne desconocido que era, sólo era posible como producto de las perversas componendas financieras de los carteles políticos del puntofijismo.

De resto, todo lo que ha experimentado él es la fortuna de postularse siempre en escenarios que reúnen a lo más granado del antichavismo visceral, que en esos reductos opositores vota siempre contra Chávez sin importar siquiera quién es el candidato ni su catadura moral o la carencia de ella.

Capriles no ha ganado; se ha beneficiado con la fuerza amor-odio que desata el inmenso liderazgo de Chávez.

Pero el 7-O será distinto. Perderá abrumadoramente porque esta vez le toca medirse de manera frontal con ese gigante.

¡A encochinar la campaña!

Publicado en Ultimas Noticias el 22/06/12

Nunca dejó de llamar la atención cómo la burguesía, que se presentaba como el sector ilustrado de la sociedad, formada en las “grandes universidades del norte” como las denominaron toda su vida, no encontró jamás problema alguno en que sus dirigentes surgieran precisamente del sector más ignaro de la población.

Como cualquier país subdesarrollado (condición de la cual quisieron siempre hacernos sentir orgullosos durante su mandato), Venezuela ostentó durante la cuarta república el bochornoso privilegio de contar con dirigentes políticos, ministros y hasta presidentes, que no culminaron nunca el bachillerato y que ni siquiera, como en muchos casos, cursaron estudios de primaria. Se argumentaba el exilio y la clandestinidad como excusas al persistente desprecio a la formación académica. Los liderazgos surgían de las aplanadoras políticas antes que de la capacidad intelectual de los dirigentes. Es decir; del exterminio de las carreras de sus propios copartidarios.

No había necesidad de formación política ni ideológica, porque no se exigía ni una visión ni un proyecto de país qué presentar, pues no se estaba debatiendo nunca el modelo de sociedad sino la sobrevivencia personal de los figurones del partido. La chequera, la zancadilla y la metralleta eran las herramientas.

Un formato perfecto para el imperialismo y los sectores oligárquicos del país, para quienes un líder de masas culto y sólidamente formado hubiera resultado más un obstáculo que un aliado en su afán de dominación del Estado desde detrás de bambalinas. Mientras más iletrado e inmoral, mejor era el candidato para el propósito del saqueo a nuestros recursos. Por eso Piñerúa. Por eso Mendoza. Por eso Rosales. Por eso Capriles.

¿Qué Capriles no logra articular ideas y da pena ajena de la pura ignorancia? Más bien es un orgullo y un logro supremo para una burguesía que ha ansiado durante décadas el momento glorioso de su definitivo asalto al poder para consolidar su condición de clase pudiente y ostentosa por encima de ese lumpen proletariat que tanto desprecia.

El camino es una falacia. Lo que se requiere de él hoy es sólo que encochine la campaña, ofreciendo a diestra y siniestra soluciones disparatadas que le embasuren a Chávez el triunfo del cual todos ellos están más que perfectamente convencidos.

El discurso cambalache

“¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!”

Discépolo / Cambalache

Como era de esperarse, la oposición es de nuevo protagonista de un estruendoso fracaso, en lo que al decir de Julio Escalona “quizás sea el peor discurso de un candidato a la Presidencia de la República en el momento de oficializar su candidatura”. Pero en lo cual probablemente lo más grave no sea el discurso en sí mismo, sino la complacencia que con toda seguridad experimentaron los miles de seguidores que bajo el inclemente sol dominguero lo acompañaron hasta el CNE, precisamente por la vaciedad y pobreza del mismo.

Si algún error ha cometido la Revolución Bolivariana en términos estrictamente comunicacionales es creer que asesta golpes importantes a la oposición cuando denuncia los desmanes de ésta a partir de una condición ética que considera universal y que no necesariamente lo es. Menos aún en el ámbito de una sociedad narcotizada por el veneno mediático que consume cada vez con mayor fruición a medida que avanzan el acceso y la penetración hasta el más apartado rincón de la geografía nacional de las deslumbrantes nuevas tecnologías de la televisión satelital y por cable, precisamente la mayor contrariedad y percance que tiene frente a sí el proceso revolucionario.

Es esa televisión la que ha exacerbado en un importante sector de la población el odio irrefrenable que esa gente expresa contra Chávez y contra todo lo que tenga que ver con él, incluso sin importar si lo que genera Chávez en el país es una consistente recuperación económica de la cual hoy se beneficia todo el país, empezando por esos sectores que le adversan. La impudicia con la que los escuálidos asumen hoy la bonanza económica que particularmente ellos disfrutan en el marco de los avances que las políticas del gobierno bolivariano ha puesto en marcha, es probablemente el rasgo que más los define.

La televisión, como lo ha dicho Correa, se erige hoy en un poder que trasciende los linderos de la función que como herramienta de información y de entretenimiento pudo haber tenido en algún momento, para convertirse en la instancia cuya pretensión fundamental es la capacidad de moldear las sociedades a su antojo, a partir del secuestro y uso irrestricto de las libertades que a través del tiempo le ha venido arrebatando a esa misma sociedad para colocarlas al servicio de sus muy particulares intereses. De manera imperceptible, y en virtud de ese despropósito, el medio de comunicación ha logrado convencer al mundo de las más absurdas falacias que jamás haya podido profesar el ser humano, como esa que sostiene que no existirá democracia en sociedad alguna si sus medios de comunicación no están en manos privadas.

Son esos medios los que, con su contenido plagado de una narrativa básicamente anticomunista, han formado la naturaleza rabiosa e irracional del antichavismo, que conduce al militante promedio de la oposición al desafuero de la aclamación de las hondas y muy vergonzosas flaquezas de su frágil candidato, como si de un auténtico redentor se tratara.

Para esos opositores (los escuálidos de a pie) un personaje repugnante para cualquier persona sensata, como lo es el sujeto aquel que vociferaba como bestia enardecida que los chavistas que él suponía dentro de la embajada de Cuba durante el asedio que la turba opositora llevó a cabo contra esa sede diplomática durante los sucesos de abril de 2002 se iban “a tener que comer los cables y las alfombras”, porque no les iban a dejar pasar comida ni agua hasta que se entregaran, no es en lo absoluto el personaje siniestro que pretende la Revolución que sea.

Para esos miles de antichavistas que acompañaron a Capriles ante el CNE a presentar su candidatura, aquel lamentable sujeto es un auténtico héroe de lo que ellos consideran “la lucha por la libertad y la reconciliación nacional”. Y lo que es más grave, referencia moral de lo que han debido hacer todos para evitar el retorno de la revolución al poder en aquella fugaz coyuntura. Para muchos más de los que suponen algunos en la revolución, la tarea pendiente para esa expresión fascista de nuestra sociedad que se reúne en el antichavismo militante, es corregir el error cometido entonces, que no es otro que el no haber exterminado de raíz el proyecto bolivariano.

Capriles es lo de menos en toda esa historia.

Pero si Capriles expresa, en la forma cabal e irrefutable en que lo expresa, su insuperable condición de opuesto a todo lo que encarne Chávez, empezando por la estatura como estadista y la extraordinaria versatilidad y capacidad oratoria del líder de la Revolución Bolivariana, entonces para ellos será el mejor candidato. Porque lo que en verdad los une es su profunda convicción de que el Presidente, por todas esas notables e innegables cualidades, es poco menos que el demonio.

Si algo necesita borrar de la faz de la tierra ese antichavismo urticante y pendenciero es precisamente el don de la retórica política perfecta y enriquecedora que maneja a su antojo el Comandante Chávez, herramienta con la cual ha logrado cautivar y enamorar hasta el frenesí a los millones de venezolanas y venezolanos que hoy estarían más que dispuestos a dar la vida por el que consideran su salvador. Lo que constituye, en definitiva, la mayor desgracia para los sectores pudientes de la sociedad.

De ahí que lo admirable de Capriles sea para ellos precisamente su mediocridad, su falta de carisma, de capacidad oratoria, de liderazgo y hasta de simpatía. Arriba así este deplorable y lastimoso sector político venezolano al bochornoso estadio de la exaltación de la ignorancia como valor supremo, por el cual se puede llegar incluso al exabrupto de agitar banderas de emoción a través de kilómetros de avenidas importantes sin el menor pudor o vergüenza. Un verdadero logro, si se considera la proverbial ignorancia de sus anteriores abanderados, como lo fueron el inefable Manuel Rosales y el deplorable Enrique Mendoza.

Su discurso de campaña, está claro, no tiene por qué desarrollarlo él en ningún escenario… los medios de comunicación, secuestrados desde siempre por los sectores dominantes del gran capital, se encargan día a día de venderle al desposeído la fabulosa ilusión del modelo consumista, entreguista y depredador que él nos propone. Y lo hace con la impactante fuerza del color y con sonido estéreo.

El otro, el que no es de campaña sino de verdad, no lo dirán jamás ni él, ni las corporaciones que lo respaldan. Ni sus medios de comunicación, que seguirán haciéndole creer a la sociedad que hoy es más valioso ser “flaquito” que competente.

Se trata, después de todo, del logro del viejo disparate que cantaba el tango Cambalache, del inefable Discépolo, que denunciaba la contrariedad de una sociedad pervertida en la que “los inmorales nos han iguala’o.”

La inscripción de la derrota

Para nadie es un secreto que lo que está en juego en la elección del 7 de octubre es mucho más que una alternativa candidatural o de partidos.

La confrontación que mueve hoy al mundo, en términos de los modelos de sociedad que se plantean los diversos sectores en pugna en la búsqueda de un mayor bienestar para sus pueblos, es la misma que mueve a las fuerzas políticas venezolanas desde el inicio mismo de la revolución bolivariana, y que no son otras que la que representa el del capitalismo salvaje, por una parte, generador del hambre y la miseria que agobia a la humanidad, y por la otra, la que encarna el socialismo del siglo XXI, que coloca al ser humano como eje y centro de su acción.

Un debate que, en la medida de la responsabilidad y de la seriedad que asuman sus voceros, será cada vez más valioso para la profundización de la democracia como único sistema garante de las posibilidades de crecimiento efectivo y armónico del cuerpo social en su conjunto.

De ahí la necesidad de evitarle a la sociedad la fatiga y la deshonestidad de las propuestas demagógicas y electoreristas, planteadas únicamente como herramientas de encantamiento del elector, como se hizo siempre en el pasado, y no como fórmulas de auténtico enriquecimiento de ese debate que reclama el país para conquistar el derecho a la libre y verdadera elección de sus gobernantes.

Por eso la inscripción de las candidaturas ante el CNE es un momento crucial en el proceso de construcción de esa democracia a la que todos, independientemente de nuestra posición política, aspiramos. No por la simple medición de fuerzas que puediera eventualmente plantearse, sino por la posibilidad que tendrá el país de conocer a ciencia cierta las verdaderas diferencias entre las propuestas de una y de otra candidatura.

De un lado estará el proyecto de país que representa una candidatura como la de Hugo Chávez, que ya el país conoce con exactitud y suficiencia. Y del otro, una opción vaga, cuya propuesta no ha sido explicada en sus fundamentos y alcances más allá de una confusa y muy pobre fraseología de campaña.

De la primera, se conoce en extenso el inmenso esfuerzo por lograr el bienestar de la población a partir de un trabajo incansable por rescatar la independencia de la Patria y saldar la deuda social acumulada durante décadas de gobiernos neoliberales.

De la otra, solo se sabe que tiene como punto de partida que el candidato se negó a renunciar a su cargo como Gobernador y que solo aceptó la “seaparación temporal” del cargo, obviamente porque desde ya se reconoce a sí mismo como perdedor.

Chávez no renuncia porque va a continuar al frente de la Presidencia. Capriles no renuncia porque luego de las elecciones va a continuar también al frente de su cargo en la Gobernación.

Diría un buen abogado: “A confesión de parte…”