Comunicación para la guerra

Por: Alberto Aranguibel B.

Parte fundamental de las responsabilidades de gobierno en periodos de convulsión, de confrontación, o de guerra, es la del redimensionamiento de las formas comunicacionales con la población, porque en tales circunstancias ese valioso instrumento de contacto con la opinión pública tiene que dejar de ser un canal de información para convertirse en una herramienta indispensable para la estabilidad del país.

El tratamiento puramente noticioso de las circunstancias en las que se desenvuelven los acontecimientos que forman parte de una guerra, a la larga no conduce sino a generar el hastío que generan las noticias pasadas (conocidas en el argot periodístico como “fiambres”). En poco tiempo, la gente comienza a expresar inconformidad con la reiteración del señalamiento al contrario, y finalmente rechazo a todo lo que en ese sentido se le diga.

Por esa razón, a medida que se prolonga la confrontación, la noticia deja de ser útil y termina tornándose en valiosa para el enemigo.

Una comunicación para la guerra es la que trasciende el aspecto noticioso, declarativo, de boletines de prensa o de publicidad oficial, para asumirse en una poderosa máquina generadora de compromiso en defensa de la Patria, a partir de un proceso de formación constante del individuo que le ayude con verdaderos elementos de raciocinio a superar las aprensiones y descontentos.

Es necesario que las dificultades económicas y las recurrentes fallas en los servicios públicos dejen de ser presentadas por uno que otro ministro como agresiones o sabotajes aislados (que cansan y obstinan a la gente) y se les busque una manera de explicarlos desde la condición de país atacado, ya no de manera puntual en cada caso, sino desde una instancia del Estado abocada específicamente al seguimiento y evaluación permanente del conflicto en curso.

Si la comunicación no se entiende como arma de guerra que debe exponer con perfecta claridad y precisión la verdadera penetración y alcance del enemigo, así como la naturaleza particular de sus planes desestabilizadores en una dimensión más allá de lo noticioso, entonces la batalla la ganará siempre el que logre posicionar la idea de que las fallas o carencias en los servicios son solo culpa de unos cuantos burócratas ineficientes y corruptos.

@SoyAranguibel

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Comunicación: la guerra que no debe dejarse de lado en función de lo económico

Por: Alberto Aranguibel B.

A partir de 1999 se inicia en Venezuela uno de los procesos políticos más importantes de toda su historia como República. El triunfo del comandante Hugo Chávez en las elecciones presidenciales apenas unos meses antes, fue solo el preámbulo para una nueva etapa política signada por el impulso de una concepción del Estado diametralmente opuesta a lo que el país conoció hasta entonces desde las esferas del poder, y que Chávez fundamentaba en una idea de justicia e igualdad social que los venezolanos anhelaron desde siempre sin alcanzar nunca el logro de aquella victoria definitiva a la que aspiraban.

Lo que hizo la derecha, tanto nacional como internacional, desde el momento mismo de aquel triunfo inicial de Chávez hasta el último día de su vida, fue llevar a cabo exactamente la misma lucha ancestral por la que se ha enfrentado desde sus orígenes la sociedad; la lucha de los ricos contra la igualdad social que encarna la avanzada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que Chávez impulsó, primero para lograrla y que luego defendió para impedir que esa derecha, que tanto intentó destruirla, la secuestrara y la desfigurara.

No fueron nunca diferencias de parecer en cuanto a medidas económicas o políticas sociales de ningún tipo, ni desacuerdos sobre el mal o buen funcionamiento de la economía o los servicios públicos, lo que determinó la animadversión de los capitalistas contra el presidente Chávez sino un irracional temor de clase a la posibilidad de la emancipación del pueblo, ya no solo en el sentido material de la redención sino en la perspectiva política más peligrosa para las clases burguesas, como lo es la del establecimiento perdurable de la igualdad y la justicia social mediante una carta magna votada democráticamente.

Para los capitalistas el problema a enfrentar no era un gobierno de signo contrario electo por el pueblo, porque de ese podría salirse eventualmente mediante un nuevo proceso electoral que revirtiera la correlación de fuerzas. El problema era el carácter supra constitucional de una sociedad que reconociera al lumpen proletario, y cuyas decisiones tendrían siempre el valor de Ley suprema con vigencia plena e imperecedera a través de una Constitución popular.

La realidad actual venezolana está determinada fundamentalmente por el elevado valor que le otorgan los venezolanos a su Constitución, como herramienta de aseguramiento de la inclusión social. De ahí el carácter violento al que ha apelado en todo momento la oposición para intentar exterminar el proceso revolucionario. La imposibilidad de desmontar por la vía legal esas conquistas populares alcanzadas con la Constitución del ’99 (dado que los derechos no tienen carácter regresivo), obliga a la derecha a posicionar como “dictadura” al gobierno revolucionario, en la suposición de que ello les permitiría, en un eventual asalto suyo al poder, derogar sin problemas el estamento jurídico vigente y lograr, por vía de facto, la reinstauración del viejo modelo neoliberal sin correr el riesgo que le representaría enfrentarse a una consulta electoral democrática.

El error más grave de la derecha (tanto nacional como internacional) fue intentar sustituir esa realidad histórica de la inmensa movilización popular en favor de su revolución, al inexistente escenario de una supuesta rebelión nacional contra un “dictador desquiciado y solitario”, cuando en verdad de lo que se ha tratado siempre es de la lucha de millones de venezolanas y venezolanos contra los deseos de rapiña de una élite que se escuda en una decena de exiguos partidos políticos, más cuantiosos en la cantidad de siglas de sus nombres que en la cantidad de gente que los respalda.

Nicolás Maduro así lo ha entendido, y de ahí la razón del por qué da el paso crucial de entregarle el poder al pueblo, para que sea éste quien asuma la responsabilidad de definir en los términos claros e inequívocos de los que solo es capaz el pueblo, quién tiene o no el derecho a decidir y a usufructuar el bienestar que pueda derivar de ese valioso recurso nacional que es petróleo.

La confrontación no es, pues, ni ha sido nunca, entre los venezolanos y su presidente, como ha querido posicionarlo la derecha en el mundo, sino que se trata de la lucha de un pueblo que construye y defiende su Revolución contra una famélica oligarquía, obtusa y retardataria, que se niega a aceptar ser desplazada definitivamente del control de nuestras riquezas. El objetivo de esa derecha es el de sacar al pueblo de la ecuación política intentando convencerlo de que es un simple espectador de la realidad, como lo fue en el pasado. Por eso su discurso es esencialmente “antimadurista”.

Y de ahí la importancia de considerar prioritario el tema comunicacional, que en la revolución es eternamente relegado a las acciones secundarias (detrás de las proselitistas o estrictamente políticas o, en el mejor de los casos, reducido exclusivamente al espacio de los medios noticiosos o de opinión) para que empiece definitivamente a ser tratado como factor determinante de todos y cada uno de los procesos involucrados en la transformación social que se propone la revolución.

En esos términos lo propuso el Comandante Chávez en lo que con toda seguridad (aún sin ser la idea más elaborada en ese momento) era la materia más relevante considerada por él en el “golpe de timón”, pero que para muchos no pasó de ser la reflexión accesoria de aquella importante disertación ideológica del líder supremo. Mientras la mayoría refirió el mítico tema del golpe de timón a las tareas pendientes en el plano de la reforma del Estado, Chávez estaba enfocado en la urgencia de la formación del individuo para hacer comprensible la necesidad de internalizar en el alma del pueblo el compromiso revolucionario y que el proceso no se quedara en la simple satisfacción del logro materialista del proyecto. Él sabía que la vieja cultura adeca del clientelismo y la lógica capitalista del consumismo voraz que hacía estragos entre los venezolanos, eran enemigas de primer orden en la batalla, porque de ellas brotaban los vicios y distorsiones éticas que ponían en riesgo la sustentabilidad y perdurabilidad de la revolución.

Se trata de los pasos que hemos venido dando, por eso hablamos del tránsito, transición, etapa. Nada de esto existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si se impusiera el capitalismo, que nos convertiría de nuevo en la colonia que éramos. Por eso la revolución política es previa a la económica. Siempre tiene que ser así: primero revolución política, liberación política y luego viene la revolución económica. Hay que mantener la liberación política, y de allí la batalla política que es permanente; la batalla cultural, la batalla social […] Por eso el socialismo en el siglo XXI que aquí resurgió como de entre los muertos es algo novedoso; tiene que ser verdaderamente nuevo. Y una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer, y de allí lo que estábamos hablando, el tema mediático, el tema comunicacional, el tema de los argumentos, el tema de que estas cosas sean, lo que estamos presentando hoy, por ejemplo, que lo perciba el país todo; cómo lograrlo, cómo hacerlo. El cambio cultural. Todo esto tiene que ir impactando en ese nivel cultural que es vital para el proceso revolucionario, para la construcción de la democracia socialista del siglo XXI en Venezuela.” (Golpe de timón – octubre de 2012)

En esos términos de profundización efectiva del carácter participativo y protagónico del pueblo en que lo ha colocado hoy el Presidente Maduro, siguiendo la más pura lógica del pensamiento chavista, debe colocarse entonces la acción política del proceso en esta etapa tan decisiva para el proyecto revolucionario.

Si algo ha quedado claro luego de cinco años y medio de violencia política, distorsiones económicas, institucionalización de la ineficiencia en el Estado, y resquebrajamiento moral de buena parte de la población venezolana, es cuánta razón tenía el Comandante en su alerta sobre el peligro de la influencia perniciosa del medio de comunicación sobre nuestra sociedad.

Como lo ha demostrado con perfecta claridad la profesora Pascualina Curcio, el origen de los males que padece hoy la economía nacional es eminentemente político. De ahí que lo mediático haya sido en todo momento el factor determinador por excelencia.

En ningún momento debemos dejarlo de lado.

@SoyAranguibel

La importancia de un “mazo” en una revolución

Por: Alberto Aranguibel B.

Pasarán más de mil años, muchos más (como acotaba el bolero), y los estudiosos  del tema político no encontrarán todavía explicaciones lógicas al descalabro de la oposición venezolana, cuyo fracaso no se circunscribe únicamente a la sustancial caída en el respaldo entre su propia militancia, sino al desmantelamiento de ese entente contrarrevolucionario producto de las diferencias y desacuerdos irreconciliables entre sus integrantes, que dilapidaron de la manera más irresponsable el más cuantioso apoyo económico del que haya dispuesto fuerza política alguna en la historia venezolana, y el más amplio respaldo por parte del imperio norteamericano, de toda su maquinaria de desestabilización económica y política, así como de la más poderosa red de corporaciones mediáticas nacionales y transnacionales al servicio del gran capital.

Yon Goicoechea, precursor insigne del modelo incendiario de esa derecha neofascista que sustituyó el uso de las ideas en el debate político venezolano con la violencia y el odio descarnado hacia el prójimo, interviene esta semana en la diatriba opositora con un argumento que se suma a la infinidad de declaraciones de dirigentes opositores en ese mismo sentido, en el que sostiene que “La MUD explotó por falta de coherencia política”. Viniendo de él, que sabe de bombas y de explosivos porque es su especialidad, la afirmación es, en este caso, toda una revelación.

Ya hace algunos años, Felipe Mujica, Secretario General del partido Movimiento al Socialismo (MAS), anunciaba al país la decisión de su agrupación política de separarse de la mal llamada “mesa unitaria”, en razón de haberse reducido ese proyecto a una simple concertación de naturaleza eminentemente electorera, sin ninguna clase de contenido programático para el país.

De ahí en adelante, la pugnacidad entre la dirigencia opositora ha sido una constante de acusaciones mutuas, relegada siempre a un segundo plano por los medios de comunicación privados para privilegiar en sus titulares aquellas noticias contra el gobierno basadas en los códigos de la manipulación, la calumnia y la mentira contra el proceso revolucionario, que pudieran fomentar cada vez con mayor fuerza el odio hacia el chavismo en el que todos los opositores coincidían sin el menor problema.

El odio, que fue la única propuesta discursiva de la oposición a lo largo de más de tres lustros, terminó revirtiéndose contra su dirigencia cuando su propia militancia comprendió que detrás de ese discurso lo único que había eran la falsedad y los intereses mezquinos e individuales de cada uno de ellos, que no tenían nada que ver con ideas de libertad o de emancipación que proclamaban, orientadas más bien a la entrega de nuestra soberanía a cambio de unos cuantos puñados de dólares de los que solo se beneficiarían esos impostores, a costa de la muerte injusta e innecesaria de venezolanas y venezolanos en las cuales esa dirigencia opositora ha estado innegablemente comprometida.

Pero, ¿descubrió esa militancia todo eso ella sola?

Vislumbraba Chávez la imperiosa necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo comunicacional, basado en un nuevo constructo ideológico, una nueva forma narrativa, una nueva semántica y unos códigos que no reprodujeran (como muchas veces hacemos en la Revolución) las anquilosadas formas de la comunicación burguesa que el capitalismo ideó para reforzar los valores de la alienación y el consumismo.

En todos aquellos países en los que la derecha ha retomado el poder después de la instauración de las fuerzas populares al frente del gobierno, ya fuese mediante el uso de las armas, como en Irak, Libia, Ucrania, o por la vía de los llamados “golpes institucionales”, como en la Honduras de Zelaya, el Paraguay de Lugo o el Brasil de Dilma, e incluso a través de procesos electorales, como en la Argentina de los Kirchner, la reversión estuvo siempre marcada por el peso del medio de comunicación privado en la opinión pública.

Las atrocidades, las mentiras, las calumnias usadas por esos medios de comunicación al servicio de esos intereses mezquinos de la derecha, seguramente no tuvieron en ninguno de esos países instrumentos de contraataque que desmontaran eficazmente las falsedades que esas campañas de infamias urdían de manera sistemática contra las propuestas progresistas y los movimientos sociales.

“Con el Mazo Dando” es en la Revolución Bolivariana un avance indiscutible en la búsqueda de esa comunicación necesaria de la que habla el Comandante Chávez, por varias razones.

A diferencia de la mayoría de los programas de opinión, el que conduce Diosdado Cabello reúne una serie de particularidades que explican la elevada audiencia que ha alcanzado en tan corto tiempo, tratándose, como se trata, de un programa dedicado exclusivamente al tratamiento del tema político.

En primer lugar porque es un espacio conducido no por un intermediador del mensaje sino por un líder fundamental del proceso, Primer Vicepresidente del partido de gobierno, que tuvo la fortuna de haber sido formado directamente por el Comandante Chávez y que tiene sobre sus hombros, junto a los del Presidente Nicolás Maduro y al conjunto de la dirigencia revolucionaria, la inmensa responsabilidad de la conducción de la revolución. La credibilidad de su razonamiento político es pues un activo de muy alto valor en esa propuesta televisiva.

Luego, porque a lo largo del programa se combinan en un muy cuidado balance las distintas secciones que lo conforman, empezando con la palabra orientadora del líder fundador del proceso, el Comandante Chávez, referida siempre a la coyuntura del momento. Más adelante la exhaustiva revisión de los titulares de la semana. Y finalmente, el desmontaje meticuloso y concienzudo de las torpezas y las perversiones de una oposición que (gracias a ese programa) queda semana tras semana al descubierto ante el país como la inepta y falsaria dirigencia política que es en realidad.

Tal como lo quiso desde siempre en su intento de acallar la difusión mediática de la palabra del Comandante Chávez con su recurrente denuncia contra las “cadenas presidenciales” (que en nuestro país le corresponden al Jefe del Estado de acuerdo a la Ley de Responsabilidad en Radio y Televisión) la oposición venezolana ha intentado infructuosamente hacer callar a como dé lugar la voz del pueblo que expresa semanalmente “Con el Mazo Dando”.

Se le odia desde la derecha (como odian todos los demás programas revolucionarios orientados al desmontaje de la mentira tras la cual la oposición esconde su ineptitud y su vileza), pero también se le teme, principalmente por la fuerza de convencimiento que tienen entre la población las evidencias documentadas que su conductor presenta en el programa semana a semana. Precisamente una de sus más sólidas virtudes es que ninguna de las denuncias hechas en “Con el Mazo Dando” ha sido jamás desmentida por ninguno de los señalados.

Ciertamente la Revolución Bolivariana no se sostiene por la naturaleza irrefutable de las verdades que un programa de televisión pueda decir, sino por los logros que en hechos concretos pueda haber alcanzado en inclusión social, en igualdad y justicia, en aseguramiento de un mejor nivel de vida para la población y en el ofrecimiento de una perspectiva de bienestar y progreso cada vez más cierta para todas y todos los venezolanos, en la medida de su capacidad para enfrentar y superar los embates del capitalismo y los obstáculos que oponen la ineficiencia, la corrupción y el burocratismo en el arduo camino hacia el socialismo.

Así como tampoco es mentira que el estruendoso estallido de la oposición se debe en primer lugar a sus inconsistencias, a su persistencia en la contradicción, a su desatino en la política y a su proverbial ineptitud para conquistar a las masas a través de un desempeño responsable y decente de la política.

Pero, ¿No tiene nada que ver en ese infortunio de la derecha el poder comunicacional del programa “Con el Mazo Dando”?

Si alguien sostuviera que no, estaría negando el valor de la verdad como referente del sistema ético para el conjunto de la sociedad. Lo cual en Venezuela no es hoy una opción, por mucho que lo pretenda esa derecha neofascista que se empeña en erigirse sobre la infamia y la mentira.

Sería tan necio como tratar de tapar el sol con un dedo.

@SoyAranguibel

La hora de la comunicación

Por: Alberto Aranguibel B.
(Foto: AAB)

En la búsqueda de responsables a una crisis económica desatada contra el pueblo venezolano por los intereses imperialistas y ultraderechistas nacionales e internacionales, se difunde intensivamente en todos los ámbitos la interesada especie opositora que señala al gobierno nacional como el causante de la misma.

La más descomunal inversión de recursos y esfuerzos jamás conocida en la historia de los medios de comunicación se lleva a cabo para colocar como culpable del padecimiento del pueblo precisamente a quien ha generado de manera consistente, y con la tenacidad con la que ningún gobierno lo haya hecho nunca, una elevación sustancial en la calidad de vida de los venezolanos.

Una nueva y muy poderosa herramienta surgida del constante evolucionar del conocimiento humano ha sido factor más que determinante en esa inusual realidad, creada y modificada de manera permanente por los medios de comunicación.

Ni la televisión, ni la radio ni la prensa escrita son medios neutrales, que informan el acontecer noticioso de manera objetiva y descontaminada. No pueden serlo. Los medios son empresas privadas cuyo comportamiento responde a los intereses de sus accionistas y no al del periodismo objetivo y veraz, fundado en auténticos principios éticos o de correcto ejercicio profesional.

El modelo capitalista y su lógica del libre mercado han logrado posicionar en la sociedad que el medio de comunicación, así concebido, sería una suerte de aliado indispensable para la vida plena de la población, cuando en realidad es todo lo contrario.

El medio de comunicación no existe sino para darle asiento a un modelo atrofiado que jamás supo (ni estuvo interesado) en responder a las verdaderas necesidades de la población. A través del tiempo, el medio impuso criterios y formas de pensar y de comprender el universo que estaban siempre asociadas a esos intereses corporativos de quienes secuestraron ese gran avance del ser humano para convertirlo en base de sustentación del modelo neoliberal capitalista.

Según su propia y muy particular lógica, la verdad no es un derecho humano universal, como los establecen la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y todos los demás tratados y leyes internacionales relativos a la libertad de pensamiento, sino un producto propiedad de los medios de comunicación, que debe ser ejercido, regulado y controlado por los dueños de esas grandes corporaciones sin interferencia de ninguna instancia de la sociedad.

Por eso en el enjundioso libro del investigador comunicacional Fernando Casado, “Confesiones de las agresiones mediáticas contra Venezuela”, presentado esta semana en el país en el marco del Congreso de la Patria Capítulo Comunicación, surge como dato revelador de esa innegable verdad del medio como instrumento al servicio del interés del capitalismo, el hecho de la indisposición o negativa de los grandes medios de comunicación norteamericanos a responder las preguntas que el autor les hace a sus periodistas para establecer la pretendida credibilidad de sus fuentes en la guerra que esos medios han desatado contra Venezuela y su gobierno constitucional.

Dice Casado en el texto: “Se intentó contactar con periodistas de los principales diarios de EEUU (The Washington Post, The Wall Street Journal y The New York Times), así como con la agencia de noticias Associated Press (AP), pero ninguno contestó las decenas de correos electrónicos y peticiones que se les realizaron por distintas vías. Los periodistas, editorialistas, y creadores de opinión estadounidenses siempre se negaron a comentar los artículos por ellos publicados”.

Sin embargo, más de cien exhaustivos testimonios de periodistas de medios de habla hispana, latinoamericanos y europeos en ese libro, como: El Tiempo de Colombia, El espectador de Colombia, Clarín de Argentina, La Nación de Argentina, El Mercurio de Chile, El Comercio de Ecuador, ABC Color de Paraguay, El Universal de México, El País de España, El Mundo de España, y ABC de España, así como del diario Le Fígaro de Francia, dan cuenta de la perfecta simetría de la orientación contrarrevolucionaria de las corporaciones mediáticas privadas hoy en el mundo.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro lo tiene totalmente claro, tal como él mismo lo expresara la semana pasada en el Teatro Teresa Carreño frente a los miles de comunicadores populares, periodistas y trabajadores de los medios que participaron durante semanas en los encuentros nacionales de comunicación realizados en el país.

“Yo creo que estamos en el mejor momento de la batalla comunicacional (…) guiados por conceptos elaborados en colectivo, a partir de asambleas. El Congreso de la Patria asume las riendas colectivas de la batalla por la verdad de Venezuela”, decía el primer mandatario en el evento, estableciendo la naturaleza singularísima y profundamente revolucionaria de un fenómeno único en el mundo en el cual la sociedad entera, por medio de sus legítimos voceros comunicacionales, debate el tema de la libertad de expresión y de la democratización de los medios como eje central de la batalla por la justicia y la igualdad social que propone el socialismo bolivariano, así como las fórmulas de la nueva simbología, la nueva semántica, la nueva forma de hacer comunicación para los pueblos que debe surgir de esa avanzada concepción de sociedad que se funda en el espíritu y el ideario del Comandante Hugo Chávez..

A través de cinco líneas maestras establecidas como orientación por el Jefe del Estado, la revolución asume a partir de este momento la responsabilidad de impulsar desde Venezuela y hacia el mundo los nuevos mecanismos de desmontaje de la mentira contra nuestro país, apoyándose en el uso extenso e intensivo de las nuevas tecnologías de la comunicación que permitan hacer ver de manera inobjetable la verdad del pueblo venezolano. “Cuando decimos defender la verdad –sostiene Maduro- decimos defender la verdad integral; todo lo que hemos avanzado en educación, en cultura, en infraestructura, en vivienda, en alimentación, en deporte, en derecho a la recreación y a la vida, en salud pública, en dignidad, en independencia, en democracia participativa y protagónica”.

Ernesto Villegas, Coordinador del Congreso de la Patria Capítulo Comunicación, lo expresó con vehemencia y sentido orgullo: “Es la primera vez que de esa manera, en forma nacional, sin que medie una carnet, porque aquí hay periodistas con carnet del Colegio Nacional de Periodistas y periodistas que no tienen ningún carnet, comunicadores populares, hombres y mujeres de la comunicación, reunidos todos y todas como uno solo, primera vez que se da una reunión de este tipo”.

Dirigiéndose al Presidente de todos los venezolanos, Villegas reafirmó el carácter redentor de esa propuesta chavista que la derecha pretende desfigurar a través de su artera e inmisericorde guerra contra el pueblo venezolano. “Me atrevo a recoger –decía- el espíritu de las Asambleas que se han realizado en todo el país, para decirle que estos comunicadores y comunicadoras están a la orden de la política de diálogo que usted ha puesto sobre la mesa, sobre la agenda nacional. El diálogo es consustancial a la comunicación, no es concebible una comunicación al servicio de la guerra, de la destrucción entre unos y otros. Nosotros reivindicamos el valor de la palabra. Que se suelte la palabra de todo nuestro pueblo en todos los espacios”.

Es evidente que lo que las corporaciones mediáticas persiguen destruir en la mente de los pueblos, no es solo el modelo económico socialista que impulsa la revolución bolivariana, que a medida que avanza en la conciencia de la gente deja al desnudo las injusticias y la inhumana perversidad del capitalismo, sino la fuerza vitalizadora y edificante que comprende una idea tan sublime y maravillosa como la de una comunicación al servicio de la verdad verdadera y no de la verdad del vil dinero.

@SoyAranguibel

¿Lenguaje revolucionario o lo contrario?

Por: Alberto Aranguibel B.

La sensación de avance de la contrarrevolución que tiene la derecha nacional e internacional, así como también mucha gente en las filas revolucionarias, no deriva exclusivamente del circunstancial triunfo electoral de las pasadas elecciones parlamentarias.

Como es perfectamente innegable para cualquiera, esas elecciones no fueron ganadas por la oposición sino por los bachaqueros, que son quienes han desatado la furia especulativa que ha puesto a la mayoría de los venezolanos a sufrir el infernal martirio del desabastecimiento y de las colas para tratar de obtener los productos de primera necesidad.

La absurda idea de que la revolución estaría en una suerte de postrimería política frente a la cada vez más precaria, desorganizada e irresponsable oposición venezolana, está determinada fundamentalmente por la guerra comunicacional que desde hace casi dos décadas se ha desatado de la manera más inclemente contra los gobiernos revolucionarios del comandante Chávez y ahora del presidente Maduro.

Por supuesto que la televisión siembra ideas y posiciona mensajes en la sociedad. De no ser así, no existiría la publicidad, cuyo único propósito es precisamente el de alienar a la gente en función de un discurso determinado ya sea comercial o político.

La burguesía cuenta con esa poderosa herramienta y su labor no puede ser otra que la de utilizarla para imponer un pensamiento que convenga a sus intereses. Eso está claro.

El problema es qué hace la revolución reforzando ese discurso y esos valores contrarrevolucionarios de manera tan sistemática como hace no solo el Minci y el sistemas de medios públicos, sino la totalidad de la dirigencia chavista y los articulistas revolucionarios, que todos, sin excepción, le hacen el favor a la oposición de convertir una consulta popular de carácter eminentemente consultivo en un acto oficial de suspensión del mandato del presidente.

Para todo revolucionario el evento al que aspira la oposición en su intento por derrocar al gobierno debe ser un “eventual referéndum consultivo”. Seguir hablando de “revocatorio” es hacerle creer a la gente que el mismo es solo una simple formalización de un negado triunfo de la derecha.

O aprendemos a hacer comunicación revolucionaria o nos jodemos. Así de simple.

@SoyAranguibel

Revolución y “posicionamiento”

– Publicado en el Correo del Orinoco el 09 de febrero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Concebido para apuntalar las bases del sistema capitalista en el mundo, el medio de comunicación juega hoy un papel determinante en la guerra económica que los sectores empresariales especuladores han desatado contra el país. Su rol en todo esto no es en modo alguno el del entretenimiento ni su función la de llevar información a la ciudadanía.

A través del medio de comunicación se estructura un discurso plutocrático coherente y perfectamente direccionado que no existe ni en la dirigencia de los sectores empresariales ni en los estamentos políticos de la burguesía, carentes como se han evidenciado de una formulación ideológica consistente que le imprima corporeidad, profundidad y alcance a su propuesta de país.

Desarrollado a partir de un manejo altamente eficiente de la planificación estratégica comunicacional, el discurso del medio de comunicación privado cumple objetivos complejos de posicionamiento del mensaje que ni en el ámbito de la derecha ni en el campo de las fuerzas revolucionarias se dominan con tal nivel de destreza y experticia. Las cuantiosas inversiones en recursos y en inteligencia calificada llevadas a cabo desde las grandes corporaciones de la comunicación a través del tiempo, le aseguran una amplia ventaja en el acceso a la mente de la cada vez más creciente población tele espectadora hoy por hoy en el mundo.

Por lo general el análisis del comportamiento de los medios de comunicación en su obcecada pretensión de moldear a su antojo la conducta política de la sociedad suele hacerse desde la óptica estrictamente periodística, dejando de lado el inmenso poder que en la conformación de valores y de códigos culturales afines al modelo hegemónico burgués tiene la herramienta comunicacional, orientados a la construcción de una masa alienada, sumisa y complaciente con la barbarie consumista que desde esas élites se promueve, más que a la simple contención de las fuerzas progresistas que de su ámbito puedan emerger.

Los poderosos mecanismos al servicio de la burguesía dominante suponen un marco ideológico complejo que va mucho más allá de la lógica de la manipulación o tergiversación de la noticia, lo que por supuesto no niega en modo alguno el efecto desmovilizador de la prensa, sino que más bien lo potencia a niveles inconmensurables. En el manejo de ese complejo sistema de construcción y reforzamiento de ideología para la desmovilización, el concepto de “posicionamiento” (en su acepción más estrictamente mercadotécnica) adquiere una relevancia determinante.

En el campo del capitalismo, “posicionar” no es el exitoso alcance o establecimiento como moda de un mensaje específico, ya sea un eslogan de campaña o una idea cualquiera, sino el cambio de conducta favorable a la propuesta que dicho mensaje logre en la mente del receptor. Un concepto completamente diferente al uso militar del término “posesionar” (con el cual suele confundirse la palabra “posicionar”) referido a la conquista de un territorio o una propiedad como resultado del triunfo en la batalla.

En definitiva, posicionar es el proceso de enajenación del individuo mediante la inoculación de ideas, principios o informaciones para predisponerle en un sentido o en otro respecto de los acontecimientos o las ideas que el emisor (la élite burguesa) persiga imponer como verdad. Si la hegemonía se ejerce a través del inmenso poder que generan los medios de comunicación, entonces la capacidad de dominio de la mente de la población no dependerá del manejo de la “verdad verdadera” de los hechos, sino de la fuerza con la cual esa verdad conveniente a los intereses de las élites sea inoculada.

Gramsci hablaba de ello precisando que el control de los sectores dominantes sobre las clases sometidas al modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera, dicho poder sería relativamente fácil de derrocar mediante los votos o con una fuerza armada equivalente o superior al servicio del proletariado. Ese poder, argumentaba, está determinado fundamentalmente por la hegemonía cultural que las clases dominantes ejercen mediante el control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación.

Tal como lo plantea Chomsky “Dado que los medios son un sistema doctrinal actúan conjuntamente con las universidades (…) Hay ahí todo tipo de dispositivos de filtración para deshacerse de la gente que piense de forma independiente y pueda crear problemas. Aquellos de vosotros que hayáis ido a la universidad sabéis que el sistema educativo está muy enfocado a premiar la conformidad y la obediencia; si no haces eso, eres un alborotador. Así pues, es un dispositivo de filtración que acaba produciendo gente que, de forma realmente honesta (no mienten), han internalizado el marco de creencias y actitudes del sistema de poder en la sociedad.”

Por eso una de las luchas más tenaces y de mayor difusión por libertad alguna hoy en el mundo no es la referida al derecho a la vida, a la alimentación o al estudio, sino a la libertad de expresión. Es decir, la libertad de la burguesía para someter e imponerle a la sociedad su particular visión del universo y de la vida, mediante el uso indiscriminado de un avance del conocimiento humano secuestrado por ella para inhibir y neutralizar el natural talante revolucionario del pueblo como lo es el medio de comunicación.

Desde su ampuloso sitial de clase dominante, la burguesía establece que el único modelo aceptable de sociedad es el capitalismo, en el cual las leyes regirán únicamente para el sometimiento del proletariado y el aseguramiento de las libertades más irrestrictas para la empresa privada. Todo lo demás, ya sea en el ámbito de lo político o de lo religioso, que pueda surgir como opción alternativa a ese modelo deberá ser considerado ilegal y atentatorio contra el orden natural de las cosas.

De esa manera, el socialismo será siempre una aberración satánica que atentará contra la vida de la gente, y sus principios de justicia e igualdad social una enunciación de criminalidad brutal y salvaje, sin importar sus logros en obtención de mayor calidad de vida para el pueblo o de sus conquistas en el impulso de bienestar y progreso, siempre y cuando el instrumental mediático que pende de manera permanente sobre la sociedad capitalice de la manera más intensiva el extenso activo ideológico que a través del tiempo haya sido debidamente posicionado en la mente de la gente.

Por eso la demanda más inaplazable de esa élite empresarial es en este momento, en una misma solicitud, la eliminación del control de cambio, la eliminación de la Ley del Trabajo y la eliminación de la regulación de precios. Que en pocas palabras (y sin el más mínimo pudor) significa erradicación de todo vestigio de socialismo y reinstauración automática del viejo y nefasto neoliberalismo que tantos estragos nos causó en el pasado.

Su irresponsabilidad y su naturaleza apátrida se basan en la confianza que tienen en el poder de posicionar sus ideas contra revolucionarias de manera antojadiza, por muy absurdas que resulten. El medio siempre estará ahí para convertir la mentira en realidad y la insensatez en fantasía.

El desmontaje mediático es una tarea de primer orden para la revolución. Pero la construcción de una semántica propia para la liberación, que de el gran salto de lo reactivo a lo propositivo frente al modelo burgués y que nos permita avanzar en el logro de una comunicación verdaderamente revolucionaria, es todavía mucho más urgente para superar los perversos mecanismos de la alienación que nos atan al pasado de opresión y miseria cultural del que procuramos salir.

@SoyAranguibel

La verdad, en la información de guerra

– Publicado en El Universal el domingo 02 de noviembre de 2014 –
caricatura Félix Cordero

Por: Félix Cordero Peraza

¡El derecho a la verdad es insoslayable en el ser humano del siglo XXI!

En la política internacional no hay amigos o enemigos… sino intereses. En los 80, Gorbachov inició la destrucción de la Unión Soviética con el Glasnot y Perestroika. La URSS, firmó la Carta de París entre Occidente y Rusia y aceptó desarmar el Pacto de Varsovia. A cambio, la OTAN respetaría el territorio soviético. ¡Occidente lo incumplió! En 1999, entraron a la OTAN Polonia, Hungría y República Checa. En 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania y las tres repúblicas bálticas Estonia, Letonia y Lituania. En 2009, se sumaron Croacia y Albania. Y este año se predice Azerbaiyán, Georgia, Macedonia y Ucrania.

El conflicto entre Rusia y Ucrania no obedece, como lo indican las agencias internacionales de noticias, a cuestiones de fronteras demarcadas, pretensión expansionista de Rusia o ambición político-militar. En los orígenes se encuentran factores de tipo étnico, tradición, lenguaje e históricos. El movimiento popular en Kiev, capital de Ucrania, contra el presidente depuesto Víktor Yanukóvich y electo en el 2010, fue por su negativa a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. El presidente de facto ha firmado solo la parte política del texto. La parte económica -a la que se oponía Yanukóvich- fue suspendida.

El nuevo gobierno prohibió el idioma ruso oficial en Crimea. Tiene 2,3 millones de habitantes, la mayoría rusos étnicos y rusos parlantes. Enfrentó el golpe de Estado y se anexó a Rusia. Por Ucrania, el granero de Europa, pasan intercambios comerciales globales y ductos con petróleo y gas de Oriente a Occidente. Rusia, es su principal socio comercial y administrador del gas. Posee Sebastopol, la base de su flota y es puerto clave del Mar Negro. ¿Protegerá el Kremlin a la población rusa en Ucrania y costa del Mar Azov? Por ahora, el FMI y el BCE ofrecieron 20 mil millones de dólares para la economía. Exigen, aumento de tarifas e impuestos y despedir el 30% de empleados públicos.

“La muerte de la verdad”

Ya es historia, el periodista corresponsal de guerra que enviaban los medios para informar de los hechos de una guerra. Estos valientes periodistas se internaban en el campo de uno y otro ejército. Se metían en las ciudades, campos y trincheras. Hoy, no los dejan entrar al campo de batalla. Los concentran en grandes salones con circuitos de TV. Allí ven lo que el ejército quiere que la gente vea. ¡Imágenes de bombardeos y destrucción de ciudades! No enseñan los muertos solo la explosión de bombas, misiles, despeje de aviones, movimiento de barcos o transitar del ejército. Aunque, en la guerra como en el amor todo es válido… ¡En la guerra lo primero que muere es la verdad!

El lector, televidente o radio escucha es sometido a la estrategia informativa de quienes participan en la guerra. ¡Esa es la primera batalla… , posicionar las razones en la opinión pública mundial! Con el control del flujo de información esconden las causas verdaderas del conflicto e imponen la mentira (hoy, un arma bélica). ¡Si no seleccionaran las imágenes los pueblos de esas naciones estarían contra la guerra! La primera y última guerra televisada fue la de Vietnam. EEUU la perdió porque cuando los norteamericanos vieron la llegada de cadáveres de soldados se opusieron a la guerra. Aunque “La mentira dura el tiempo que dura en aparecer la verdad”. Como en el caso de las armas de destrucción masiva en Iraq… ¡Nunca existieron!

Guerra cibernética

En el conflicto entre Rusia y Ucrania impera la guerra informática, digital o ciberguerra. En lugar de campos de batalla convencionales la información y la contrainformación toma el ciberespacio y las tecnologías de la información. Batallan dentro de la cibernética. Han intervenido y hackeado celulares, blogs, cuentas, centros militares y organismos públicos. ¡El iceberg, de lo que se visualiza en el futuro de las guerras! ¿Qué hacer para evitar la hegemonía de lo falso? ¿Es suficiente buscar la verdad, a través de variadas agencias, usando las redes sociales y realizando alianzas con cadenas noticiosas independientes? Como ciudadano y periodista, deploró el monopolio oficioso de la información que diseminan las agencias internacionales. Preferiría que fueran plurales y abiertas a informaciones equilibradas provenientes de todas las partes en conflicto. Especialmente de las víctimas. ¡El derecho a la verdad es insoslayable en el humano del siglo XXI!

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

Fuente: El Universal

Venezuela y el doble rasero de los medios informativos occidentales

– Mientras las violencias mortíferas que golpean el país desde febrero de 2014 son actuaciones de la oposición, los medios informativos occidentales persisten en acusar al Gobierno democrático de Nicolás Maduro –

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Por: Salim Lamrani / Opera Mundi

Desde 1998, la oposición venezolana siempre ha rechazado los resultados de las elecciones democráticas, con una excepción: reconoció la legitimidad de su victoria en el referendo constitucional del 2 de diciembre de 2007, que ganó con un margen inferior al 1%. Así, la derecha se ha opuesto resueltamente a los gobiernos de Hugo Chávez de 1999 a 2013 y de Nicolás Maduro desde abril de 2013. Ha utilizado todos los métodos para derrocarlos: golpe de Estado, asesinatos políticos, sabotaje petrolero, guerra económica, llamados a la sublevación y campañas mediáticas de desprestigio.

Desde febrero de 2014, Venezuela es víctima de violencias mortíferas que costaron la vida a más de 40 personas, entre ellas 5 miembros de la guardia nacional y un fiscal de la República. Más de 600 personas resultaron heridas entre ellas 150 policías y los daños materiales superan los 10.000 millones de dólares: autobuses quemados, estaciones de metro saqueadas, una universidad –la UNEFA– completamente destrozada por las llamas, decenas de toneladas de productos alimenticios destinados a los supermercados públicos reducidos a cenizas, edificios públicos y sedes ministeriales saqueados, instalaciones eléctricas saboteadas, centros médicos devastados, instituciones electorales destruidas, etc.[1]

Frente a este intento de desestabilización destinado a provocar una ruptura del orden constitucional, las autoridades venezolanas  han dado una respuesta enérgica y procedieron a arrestar a varios líderes de la oposición que lanzaron llamados a la insurrección o promovieron actos de vandalismo, y a casi de mil personas implicadas en las violencias.[2] Como todo Estado de Derecho y en el estricto respeto de las garantías constitucionales, la justicia venezolana enjuició a los acusados y aplicó las sanciones previstas en el Código Penal para semejantes actos.[3]

Los medios informativos occidentales, que se han alineado con la oposición golpista y antidemocrática, han denunciado atentados contra los derechos humanos. Al mismo tiempo omiten cuidadosamente señalar los asesinatos que cometieron los manifestantes, los allanamientos de armas y explosivos por parte de la policía entre esos grupos presentados como pacíficos y las destrucciones de propiedades públicas y privadas.[4]

De hecho, la indignación mediática es de doble rasero y no se aplica de modo universal. En efecto, la prensa observa un sorprendente silencio cuando los países occidentales toman medidas mucho más draconianas por disturbios mucho menos graves que los que golpean Venezuela.

El caso de Francia es revelador. El 27 de octubre de 2005 estallaron revueltas urbanas en los barrios populares de París y de las grandes ciudades del país, tras la muerte accidental de dos adolescentes perseguidos por la policía. La importancia de las violencias –que no causaron ninguna muerte – era menor que las que han golpeado a Venezuela en las últimas semanas.

No obstante, a partir del 8 de noviembre de 2005, el Presidente Jacques Chirac decidió declarar el estado de excepción en todo el país e instaurar un toque de queda mediante el decreto 2005-1386, durante varios meses, aplicando así la ley de 3 de abril de 1955 adoptada durante… la guerra de Argelia. Esta legislación, que no se utilizaba desde 1961, suspende las garantías constitucionales y atenta gravemente contra las libertades públicas pues permite “prohibir el tránsito de personas”, “instituir zonas de protección o de seguridad donde se reglamenta la estancia de personas” y declarar “arresto domiciliario en una circunscripción territorial o una localidad territorial para toda persona que resida en la zona fijada por el decreto”.[5]

Del mismo modo, “el Ministro de Interior, para todo el territorio donde está instaurado el estado de excepción, y el prefecto en la provincia, pueden ordenar el cierre provisional de las salas de espectáculos, bares, restaurantes y lugares de reunión de todo tipo en las zonas determinadas por el decreto previsto en el artículo 2. Pueden también prohibirse, a título general o particular, las reuniones cuya naturaleza pueda provocar o alimentar el desorden”. [6]

La ley de 3 de abril de 1955 confiere “a las autoridades administrativas señaladas en el artículo 8 el poder de ordenar registros de domicilio día y noche” y habilita “a las mismas autoridades a tomar todas las medidas para asegurar el control de la prensa, de las publicaciones de toda índole así como de los programas de radio, de las proyecciones cinematográficas y de las representaciones teatrales”.[7]

Esta legislación da el poder a la justicia militar de sustituir a la justicia civil. Así, “puede autorizar a la jurisdicción militar a encargarse de crímenes, así como de los delitos que les son conexos, que incumben [normalmente] al tribunal provincial”, en detrimento de la jurisdicción de derecho común.[8]

Para justificar semejantes medidas que contravienen la Convención Europea de los Derechos Humanos (CEDH), París evocó el artículo 15 de la CEDH que autoriza “en caso de guerra o de peligro público que amenace la vida de la nación” a derogar a las obligaciones a las cuales se había suscrito Francia.[9]

En ningún momento Venezuela –golpeada por violencias más severas que las de 2005 en Francia– ha instaurado el estado de excepción, ni ha suspendido las garantías constitucionales, ni ha atentado contra las libertades públicas, ni ha impuesto la justicia militar en detrimento de la justicia civil.

Un ejemplo más reciente es también ilustrativo. Tras los disturbios que ocurrieron en la ciudad de Amiens el 14 de agosto de 2012, que causaron daños materiales (una escuela y varios edificios públicos incendiados) e hirieron a 17 policías, la justicia francesa sancionó severamente a los autores de esos delitos. Seis personas fueron condenadas a penas de uno a cinco años de prisión. [10] El tribunal de menores de Amiens incluso condenó a cinco adolescentes de 14 a 17 años a penas de hasta 30 meses de prisión.[11]

Sería fácil multiplicar los ejemplos. Cuando la policía de Nueva York arrestó arbitrariamente a más de 700 manifestantes pacíficos, los cuales fueron víctimas de brutalidades por parte de las fuerzas del orden, los medios informativos occidentales no acusaron al gobierno de Barack Obama de violar los derechos humanos.[12]

Del mismo modo, cuando la policía brasileña reprimió violentamente a los manifestantes pacíficos en Sao Paulo y procedió al arresto de 262 personas en un solo día, agrediendo al mismo tiempo a varios periodistas, los medios informativos, con razón, no pusieron en tela de juicio, la legitimidad democrática de la Presidenta Dilma Roussef.[13]

Los medios informativos occidentales son incapaces de mostrar imparcialidad cuando se trata de abordar la compleja realidad venezolana. La prensa se niega a cumplir su deber que consiste en difundir todos los hechos y se mofa de Carta de Deontología Periodística. Prefiere defender una agenda política bien precisa, la cual va contra los principios elementales de la democracia y de la voluntad del pueblo venezolano expresada múltiples veces en las urnas.

[1] Agencia Venezolana de Noticias, «Violencia derechista en Venezuela destruye 12 centros de atención médica y electoral”, 27 de marzo de 2014.
[2] Salim Lamrani, «Se a oposiçao venezuelana fosse francesa... », Opera Mundi, 11 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[3] EFE, « Lilian Tintori expone el caso de Leopoldo López ante autoridades españolas”, 18 de mayo de 2014.
[4] Paulo A. Paranagua, « Leopoldo Lopez, prisonnier politique numéro un du président vénézuélien Maduro », Le Monde, 22 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[5] Loi n°55-385 du 3 avril 1955 relatif à l’état d’urgence. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Convention européenne des droits de l’homme, article 15.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[10] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à cinq ans de prison ferme pour les violences », 16 de mayo de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[11] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à 2 ans de prison ferme des mineurs », 13 de mayo de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[12] Sandro Pozzi, « La policía detiene a 700 indignados por ocupar el puente de Brooklyn”, El País, 2 de octubre de 2011.
[13] María Martin, « Ativistas denunciam brutalidade policial durante o ato contra a Copa de São Paulo”, El País, 14 de febrero de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).

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*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.
Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Sin Tapujos del 20 de enero de 2014

Emisión del día lunes 20 de enero de 2014 del programa Sin Tapujos, transmitido por Venezolana de Televisión, bajo la conducción de Alberto Aranguibel, analizando el impacto del contenido mediático sobre la sociedad y su capacidad para influir sobre la conducta de la gente.

Ramonet: ¡Todos fichados!

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Por Ignacio Ramonet / http://www.monde-diplomatique.es/

Nos lo temíamos (1). Y tanto la literatura (1984, de George Orwell) como el cine de anticipación (Minority Report, de Steven Spielberg) nos habían avisado: con los progresos de las tecnologías de comunicación todos acabaríamos siendo vigilados. Claro, intuíamos que esa violación de nuestra privacidad la ejercería un Estado neototalitario. Ahí nos equivocamos. Porque las inauditas revelaciones efectuadas por el valeroso Edward Snowden sobre la vigilancia orwelliana de nuestras comunicaciones acusan directamente a Estados Unidos, país antaño considerado como “la patria de la libertad”. Al parecer, desde la promulgación en 2001 de la ley “Patriot Act” (2), eso se acabó. El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: “No se puede tener un 100% de seguridad y un 100% de privacidad”. Bienvenidos pues a la era del ‘Gran Hermano’…

¿Qué revelaciones ha hecho Snowden? Este antiguo asistente técnico de la CIA, de 29 años, y que últimamente trabajaba para una empresa privada –la Booz Allen Hamilton (3)– subcontratada por la Agencia estadounidense de Seguridad Nacional  (NSA, por sus siglas en inglés), reveló mediante filtraciones a los diarios The Guardian y The Washington Post, la existencia de programas secretos que permiten la vigilancia de las comunicaciones de millones de ciudadanos por parte del Gobierno de Estados Unidos.

Un primer programa entró en vigor en 2006. Consiste en espiar todas las llamadas telefónicas que se efectuan, a través de la compañía Verizon, dentro de Estados Unidos, y las que se hacen desde allí hacia el extranjero. Otro programa, llamado PRISM, fue puesto en marcha en 2008. Supone la recolección de todos los datos enviados por Internet –correos electrónicos, fotos, vídeos, chats, redes sociales, tarjetas de crédito…– únicamente (en principio) por extranjeros que residen fuera del territorio norteamericano. Ambos programas han sido aprobados en secreto por el Congreso de Estados Unidos, al que se habría mantenido, según Barack Obama, “constantemente informado” sobre su desarrollo.

Sobre la dimensión de la increíble violación de nuestros derechos civiles y de nuestras comunicaciones, la prensa ha aportado detalles espeluznantes. El 5 de junio, por ejemplo, The Guardian publicó la orden emitida por el Tribunal de Supervisión de Inteligencia Extranjera, que exigía a la compañía telefónica Verizon la entrega a la NSA del registro de decenas de millones de llamadas de sus clientes. El mandato no autoriza, al parecer, a conocer el contenido de las comunicaciones ni los titulares de los números de teléfono, pero sí permite el control de la duración y el destino de esas llamadas. El día siguiente The Guardian y The Washington Postrevelaron la realidad del programa secreto de vigilancia PRISM, que autoriza a la NSA y al FBI a acceder a los servidores de las nueve principales empresas de Internet (con la notable excepción de Twitter): Microsoft, Yahoo, Google, Facebook (4), PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple.

Mediante esta violación de las comunicaciones, el Gobierno estadounidense puede acceder a archivos, audios, vídeos, correos electrónicos o fotografías de sus usuarios. PRISM se ha convertido de ese modo en la herramienta más útil de la NSA a la hora de elaborar los informes que diariamente entrega al presidente Obama. El 7 de junio, los mismos diarios publicaron una directiva de la Casa Blanca en la que el presidente ordenaba a sus agencias de inteligencia (NSA, CIA, FBI) establecer una lista de posibles países susceptibles de ser ‘ciberatacados’ por Washington. Y el 8 de junio, The Guardian filtró la existencia de otro programa que permite a la NSA clasificar los datos que recopila en función del origen de la información. Esta práctica, orientada al ciberespionaje en el exterior, permitió recopilar –sólo en marzo pasado– unos 3.000 millones de datos de ordenadores en Estados Unidos…

Durante estas últimas semanas, ambos periódicos han ido revelando, gracias a filtraciones de Edward Snowden, nuevos programas de ciberespionaje y vigilancia de las comunicaciones en países del resto del mundo. “La NSA –explicó Edward Snowden– ha construido una infraestructura que le permite interceptar prácticamente cualquier tipo de comunicación. Con estas técnicas, la mayoría de las comunicaciones humanas se almacenan para servir en algún momento a un objetivo determinado”.

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA), cuyo cuartel general se halla en Fort Meade (Maryland), es la más importante y la más desconocida agencia de inteligencia norteamericana. Es tan secreta que la mayoría de los estadounidenses ignora su existencia. Controla la mayor parte del presupuesto destinado a los servicios de inteligencia, y produce más de cincuenta toneladas de material clasificado al día… Ella –y no la CIA– es quien posee y opera el grueso de los sistemas estadounidenses de recogida secreta de material de inteligencia: desde una red mundial de satélites hasta las decenas de puestos de escucha, miles de ordenadores y los masivos bosques de antenas situados en las colinas de Virginia Occidental. Una de sus especialidades es espiar a los espías, o sea a los servicios de inteligencia de todas las potencias, amigas o enemigas. Durante la guerra de las Malvinas (1982), por ejemplo, la NSA descifró el código secreto de los servicios de inteligencia argentinos, haciendo así posible la transmisión de información crucial a los británicos sobre las fuerzas argentinas…

Todo el sistema de interceptación de la NSA puede captar discretamente cualquier e-mail, cualquier consulta de Internet o conversación telefónica internacional. El conjunto total de comunicaciones interceptadas y descifradas por la NSA constituye la principal fuente de información clandestina del Gobierno estadounidense.

La NSA colabora estrechamente con el misterioso sistema Echelon. Creado en secreto, después de la Segunda Guerra Mundial, por cinco potencias (los “cinco ojos”) anglosajonas: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Echelon es un sistema orwelliano de vigilancia global que se extiende por todo el mundo y está orientado hacia los satélites que se utilizan para transmitir la mayor parte de las llamadas telefónicas, comunicaciones por Internet, correos electrónicos y redes sociales. Echelon puede captar hasta dos millones de conversaciones al minuto. Su misión clandestina es el espionaje de Gobiernos, partidos políticos, organizaciones y empresas. Seis bases a través del mundo recopilan las informaciones e interceptan de forma indiscriminada enormes cantidades de comunicaciones que los superordenadores de la NSA posteriormente criban mediante la introducción de palabras clave en varios idiomas.

En el marco de Echelon, los servicios de inteligencia estadounidense y británico han establecido una larga colaboración secreta. Y ahora hemos sabido, gracias a nuevas revelaciones de Edward Snowden, que el espionaje británico también pincha clandestinamente cables de fibra óptica, lo que le permitió espiar las comunicaciones de las delegaciones que acudieron a la Cumbre del G-20 de Londres en abril de 2009. Sin distinguir entre amigos y enemigos (5).

Mediante el programa Tempora, los servicios británicos no dudan en almacenar colosales cantidades de información obtenida ilegalmente. Por ejemplo, en 2012, manejaron unos 600 millones de “conexiones telefónicas” al día y pincharon, en perfecta ilegalidad, más de 200 cables… Cada cable transporta 10 gigabytes (6) por segundo. En teoría, podrían procesar 21 petabytes (7) al día; lo que equivale a enviar toda la información que contiene la Biblioteca Británica 192 veces al día…

Los servicios de inteligencia constatan que ya hay más de 2.000 millones de usuarios de Internet en el mundo y que casi más de mil millones utilizan Facebook de forma habitual. Por eso se han fijado como objetivo, transgrediendo leyes y principios éticos, controlar todo lo que circula por Internet. Y lo están consiguiendo: “Estamos empezando a dominar Internet”, confesó un espía inglés, “y nuestra capacidad actual es bastante impresionante”. Para mejorar aún más ese conocimiento de Internet, la Government Communications Headquarters (GCHQ, Agencia de inteligencia británica) lanzó recientemente dos nuevos programas: Mastering The Internet (MTI) sobre cómo dominar Internet, e Interception Modernisation Programme para una explotación orwelliana de las telecomunicaciones globales. Según Edward Snowden, Londres y Washington acumulan ya, diariamente, una cantidad astronómica de datos interceptados clandestinamente a través de las redes mundiales de fibra óptica. Ambos países destinan en total a unos 550 especialistas a analizar esa titánica información.

Con la ayuda de la NSA, la GCHQ se aprovecha de que gran parte de los cables de fibra óptica que conducen las telecomunicaciones planetarias pasan por el Reino Unido, y los ha interceptado con sofisticados programas informáticos. En síntesis, miles de millones de llamadas telefónicas, mensajes electrónicos y datos sobre visitas a Internet son acumulados sin que los ciudadanos lo sepan, bajo pretexto de reforzar la seguridad y combatir el terrorismo y el crimen organizado.

Washington y Londres han puesto en marcha un orwelliano plan ‘Gran Hermano’ con capacidad de saber todo lo que hacemos y decimos en nuestras comunicaciones. Y cuando el presidente Obama apela a la ‘legitimidad’ de tales prácticas de violación de la privacidad, está defendiendo lo injustificable. Además, hay que recordar que por haber realizado labores de información sobre peligrosos grupos terroristas con base en Florida –o sea, una misión que el presidente Obama considera hoy como ‘perfectamente legítima’– cinco cubanos fueron detenidos en 1998 y condenados por la Justicia estadounidense a largas e inmerecidas penas de prisión (8). Un escándalo judicial que es hora de reparar liberando a esos cinco héroes (9).

El presidente Barack Obama está abusando de su poder y restando libertad a todos los ciudadanos del mundo. “Yo no quiero vivir en una sociedad que permite este tipo de actuaciones”, protestó Edward Snowden cuando decidió hacer sus impactantes revelaciones. Las divulgó, y no es casualidad, justo cuando empezaba el juicio contra el soldado Bradley Manning, acusado de filtrar secretos a WikiLeaks, la organización internacional que publica informaciones secretas de fuentes anónimas. Y cuando el cibermilitante Julian Assange lleva un año refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres… Snowden, Manning, Assange, son paladines de la libertad de expresión, luchadores en beneficio de la salud de la democracia y de los intereses de todos los ciudadanos del planeta. Hoy acosados y perseguidos por el ‘Gran Hermano’ estadounidense (10).

¿Por qué estos tres héroes de nuestro tiempo aceptaron semejante riesgo que les puede hasta costar la vida? Edward Snowden, obligado a pedir asilo político en Ecuador, contesta: “Cuando te das cuenta de que el mundo que ayudaste a crear va a ser peor para la próxima generación y para las siguientes, y que se extienden las capacidades de esa arquitectura de opresión, comprendes que es necesario aceptar cualquier riesgo. Sin que te importen las consecuencias”.

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(1) Véase Ignacio Ramonet, “Vigilancia total” y “Control social total”, en Le Monde diplomatique en español, respectivamente agosto de 2003 y mayo de 2009.
(2) Propuesta por el presidente George W. Bush y adoptada en el contexto emocional que sucedió a los atentados del 11 de septiembre de 2001, la ley “Patriot Act” autoriza controles que interfieren en la vida privada, suprimen el secreto de la correspondencia y la libertad de información. Ya no se exige una autorización para las escuchas telefónicas. Y los investigadores pueden acceder a las informaciones personales de los ciudadanos sin orden de registro.
(3) En 2012, esta empresa le facturó a la Administración estadounidense 1.300 millones de dólares por “asistencia en misiones de inteligencia”.
(4) Hemos sabido recientemente que Max Kelly, el responsable principal de seguridad de Facebook, encargado de proteger la información personal de los usuarios de esta red social contra ataques externos, dejó esta empresa en 2010 y fue reclutado… por la NSA.
(5) Espiar a diplomáticos extranjeros es legal en el Reino Unido: lo ampara una ley aprobada por los conservadores británicos en 1994 que pone el interés económico nacional por encima de la cortesía diplomática.
(6) El byte es la unidad de información en informática. Un gigabyte es una unidad de almacenamiento de información cuyo símbolo es GB, y equivale a 109 bytes, o sea mil millones de bytes, equivalente, en texto escrito, a una furgoneta llena de páginas con texto.
(7) Un petabyte (PT) equivale a 1015 bytes.
(8) La misión de los cinco –Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González– consistía en infiltrar y observar las actuaciones de grupos de exiliados cubanos para prevenir actos de terrorismo contra Cuba. A propósito del juicio que condenó a varios de ellos a penas de cadena perpetua, Amnistía Internacional declaró en un comunicado que “durante el juicio no se presentó ninguna prueba que demostrase que los acusados realmente hubieran manejado o transmitido información clasificada”.
(9) Véase Fernando Morais, Los últimos soldados de la guerra fría, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2013.
(10) Edward Snowden corre el riesgo de ser condenado a 30 años de prisión después de haber sido acusado oficialmente por la Administración de Estados Unidos de “espionaje”, “robo” y “utilización ilegal de bienes gubernamentales”.

 

 

Aranguibel en RNV: “Si no fuera por los medios de comunicación, los pueblos ya habrían acabado con la dominación de la oligarquía”

alba 7

Alberto Aranguibel sostiene en conversación con Erick Rodríguez y Oswaldo López en el programa Con Todos los Hierros, que transmite el canal informativo de la Radio Nacional de Venezuela, que la mayor afrenta contra el ser humano hoy en día es la distorsión de la realidad que se lleva a cabo a través del medio de comunicación, que intenta instaurar como verdad la mentira del buen vivir en el modelo capitalista, secuestrando a la vez los más preciados activos de la sociedad como la libertad y la democracia. Es mentira -dice- que para que haya libertad y democracia los medios de comunicación tienen que estar en manos privadas. “El medio es utilizado para apuntalar y perpetuar mediante el engaño un modelo que no ha respondido jamás a las necesidades de los pueblos. Si no fuera por los medios de comunicación hace rato que esos pueblos ya habrían acabado con la dominación burguesa”.

Oiga aquí la entrevista completa:

[audio http://ia601802.us.archive.org/6/items/AranguibelEnConTodosLosHierros27_06_2013/ConTodosLosHierros27_06_2013.mp3]

“Lo que está´haciendo Maduro es muy alentador para la Revolución”


nicolas en yaracuy

Alberto Aranguibel conversa con los filósofos Vladimir Lazo y Carlos Lazo en el programa “Con Todos los Hierros”, transmitido el día 05 de abril de 2013 por la Radio Nacional de Venezuela, acerca del legado del Comandante Chávez a un mes de su partida física.

La nueva Venezuela necesita de una nueva comunicación

comunic popular
Aram Aharonian (ALAI AMLATINA, 23/01/2013)

Venezuela asiste a la consolidación de una nueva identidad política, el chavismo, que trata de definir desde sus consensos internos hasta sus diferencias con los adversarios, y a construir un nuevo relato de país, la nueva narrativa de identificación popular –superando definitivamente el del puntofijismo- y señas identificatorias propias.

Las nuevas realidades imponen nuevas estrategias y tácticas y también políticas que mantengan unido el cuerpo social, habida cuenta del fracaso sistemático de la (falta de) política comunicacional. Hay que repensar, desde el chavismo, la forma de información y de comunicación.

El riesgo de desaparición física (o de accionar político directo de Chávez) parece ser oportunidad para abordar desde el chavismo el postergado debate de articular un liderazgo más colectivo donde diversas figuras compartan la vocería mediática. Y para definir una política informativa, teniendo en cuenta que, entre otras herramientas comunicacionales, seguramente llegue a su fin el Aló Presidente.

La nueva etapa comenzó el 8 de diciembre, cuando Hugo Chávez presentó –según palabras del sociólogo Javier Biardeau– su “testamento político”, y cambió la política comunicacional oficial y el manejo sobre la salud del Presidente.

Pero, ¿y la oposición? Hasta ahora, la mayoría de los medios de comunicación comerciales han manejado con un alto grado de irresponsabilidad y perversión la salud de Chávez y la situación institucional del país.

Pese a que las nueva realidad del país impone nuevas estrategias y tácticas, nuevos lenguajes y protagonistas, en el futuro previsible los medios privados prolongarán seguramente sus políticas, sus posiciones, su escogencia de temas y de tratamientos, comportándose como actores políticos y actores con intereses financieros. Son corporaciones mediáticas, no les interesa la sociedad, la realidad y mucho menos la verdad.

Los acontecimientos que se sucedieron en los primeros días de enero parecen haber consolidado tanto el chavismo -por un lado- como la espiral de odio y violencia que se ha apoderado de la oposición, sobre todo en la mayoría de los medios privados, que han mantenido desde el 2001 mensajes y códigos invariables que intentan suplantar a los partidos por los propios medios, y en que éstos asuman paulatinamente los poderes del Estado.

Como difusores de los puntos de vista de propietarios y anunciantes, es improbable que los medios privados modifiquen su mensaje mientras los gremios patronales no cambien su política, es decir, sus intereses, que apuntan al control total del Estado a través de sus circuitos comunicacionales o de políticos manejados por éstos, señala Luis Britto García.

¿Cómo informarán los medios privados de los planteamientos institucionalistas surgidos desde algunos de los principales voceros de la oposición? ¿Los invisibilizarán?

El reordenamiento político

En Venezuela se ha venido produciendo una reordenación del campo político en torno a la figura del presidente Hugo Chávez, superando la conexión directa y la identificación cuasi religiosa entre el líder y buena parte del pueblo.

Muchos siguen declamando sobre el carácter religioso del liderazgo de Chávez y el endiosamiento por parte de sus seguidores, pero muy poco se ha dicho sobre ese extraño fenómeno psicológico de sus detractores que lo ha convertido en el propio Mefistófeles, explicación “científica” de todas las calamidades del país y responsable de todos los vicios de nuestra política, señala el opositor Leopoldo Puchi.

La grave enfermedad crea ansiedad y desequilibrios en el cuerpo social, más aún si se trata de un liderazgo que ha removido las aguas del conflicto social venezolano y en el que se sienten representados vastos sectores populares. La carga emocional, no puede ser ignorada y esta delicada situación política debió y debe manejarse con suma responsabilidad y sensatez por los círculos dirigentes.

Sin embargo, es perturbador que la Conferencia Episcopal abriera el fuego hablando de “una interpretación acomodaticia de la Constitución” y anunciando, como consecuencia, un escenario de violencia. La Iglesia perdió otra oportunidad de jugar un papel de mediación política, como sostén a las instituciones

También hubo apresuramiento desde el oficialismo, hablando de un criterio de continuidad antes de que se expidiera el Tribunal Supremo de Justicia, e, incluso, sembrando dudas sobre la obligatoriedad de convocar a elecciones, en caso de falta absoluta.

Son lamentables expresiones –y campañas- surgidas del antichavismo nacional e internacional, ya que en ningún caso la sentencia puede ser catalogada de “convalidación de una usurpación”, como si la oposición hubiese sido despojada abusivamente de un poder que le perteneciera por derecho. Hasta la OEA sabe que es imposible sustentar que el chavismo sigue en el poder porque ha dado un golpe de Estado: acaba de ganar las elecciones presidenciales del 7 de octubre y las de gobernadores en diciembre.

La derecha regional e internacional aparece con mucha más capacidad de percepción política, más consciente del peligro que supone Chávez, el chavismo y la actual Venezuela. El uso sistemático del «latifundio mediático» a su servicio para desprestigiar a Venezuela es el mejor exponente.

En la última década se han producido hechos relevantes, Seguir leyendo “La nueva Venezuela necesita de una nueva comunicación”