Aranguibel con Mari Pili Hernández: Un nuevo texto Constitucional podría ser debatido en plenaria de la ANC próximamente

Caracas.- El comunicador y constituyente Alberto Aranguibel, sostuvo hoy en entrevista con la periodista Mari Pili Hernández en su programa “Sin Duda”, transmitido por Unión Radio, que es factible que una versión preliminar de un nuevo texto constitucional pudiera ser debatido en la plenaria de la Asamblea Nacional Constituyente durante las próximas semanas, porque lo que está previsto en ese ente plenipotenciario es una nueva fase de mayores debates. “Para ello la Comisión Constitucional que preside el Constituyente Herman Escarrá, ha venido trabajando intensivamente con las demás Comisiones, con la finalidad de tener listo lo antes posible un borrador del importante instrumento.”

Oiga aquí la entrevista completa:

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15 de octubre: La elección con rostro constituyente

Por: Alberto Aranguibel B.

No es por falta de Leyes que la inflación ha sumido al pueblo venezolano en el peor de los sufrimientos que pueda padecerse por la falta de acceso a los alimentos y productos de primera necesidad.

El artículo 114 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece como delitos absolutamente todos los excesos que el sector privado especulador comete hoy contra el bolsillo de las venezolanas y venezolanos.

Reza textualmente el Artículo 114: “El ilícito económico, la especulación, el acaparamiento, la usura, la cartelización y otros delitos conexos, serán penados severamente de acuerdo a la Ley.”

La Ley Orgánica de Precios Justos, por su parte, publicada en Gaceta Oficial 40.340 el 24 de enero de 2014, establece que “En ningún caso, el margen de ganancia de cada actor de la cadena de comercialización excederá de treinta (30) puntos porcentuales de la estructura de costos del bien o servicio.”, contemplando sanciones severas para el incumplimiento de la Ley que van desde multas hasta confiscación de bienes y revocatoria de licencias, permisos o autorizaciones para la comercialización.

Pero la demencial lógica de la Ley fundamental del capitalismo, la Ley de la Oferta y la Demanda, ha desatado el más brutal e inmisericorde saqueo al bolsillo de los venezolanos al elevar de manera indetenible los precios de venta al público de los productos de mayor demanda entre la población y dejando baratos solamente aquellos que nadie quiere comprar, con lo cual se hace virtualmente imposible de penalizar uno a uno los miles de comercios que hoy estafan al pueblo con el alza desmedida e injustificada de los precios.

Más de trescientos cincuenta mil (350.000) comercios, entre formales e informales, determinan hoy esa severa distorsión de la economía nacional, a partir de un fenómeno de desestabilización que la profesora Pasqualina Curcio explica de manera brillante en su artículo “Propuestas para detener la inflación inducida en Venezuela”, publicado en el portal 15yultimo.com el pasado 26 de septiembre.

Dice la profesora Curcio: “No hay manera de explicar, por ejemplo, que entre octubre y noviembre de 2016, en menos de dos meses, el tipo de cambio ilegal haya aumentado 272%, pasando de 1070,9 Bs/US$ en septiembre a 3986,48 Bs/US$ en octubre del mismo año. Como tampoco puede explicarse haciendo uso de las teorías económicas, que haya aumentado 573% entre marzo y septiembre de 2017, cuando pasó de 3.790,81 Bs/US$ a 25.542 Bs/US$. No ocurrió absolutamente nada, desde el punto de vista económico, que pueda explicar tal comportamiento. Lo ocurrido durante esos períodos, finales de 2016 y abril-julio 2017, fueron acciones de desestabilización política, promovidas por factores de la oposición local, que estuvieron caracterizadas por altos niveles de violencia y tenían como objetivo la renuncia del presidente Nicolás Maduro o la generación de una situación de caos que justificase la intervención internacional con el argumento de una crisis humanitaria en Venezuela o el levantamiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana […] El patrón de comportamiento del tipo de cambio ilegal desde el año 2006, no atiende a variables económicas sino políticas. Manipulación que ha estado acompañada de una campaña de comunicación en la que se pretende mostrar que las causas del aumento de los precios son las políticas económicas del gobierno, entre ellas la expansión de liquidez monetaria o el mismo control cambiario.”(*)

Tal como lo señala de manera esclarecedora la profesora Curcio, el problema económico fundamental en Venezuela es de origen eminentemente político (aún cuando ella se refiere principalmente a los intereses políticos de un sector de la economía y no exclusivamente a la acción directa de un sector de la política), en virtud de lo cual las respuestas más contundentes a las que puede apelar el sector oficial (Gobierno y Asamblea Nacional Constituyente) deben ser de naturaleza indubitablemente política.

La primera de esas respuestas fue la convocatoria al poder originario hecha por el Primer Mandatario nacional el 1ro de mayo pasado. Elegir una Asamblea Nacional Constituyente era una tarea impostergable para asegurar la paz y la estabilidad nacionales, sin ninguna de las cuales podría haberse pensado hoy en soluciones económicas de ningún tipo.

Pero esa paz, como lo hemos dicho hasta la saciedad en este mismo espacio, no es una paz bíblica que podamos considerar tan sólida y robusta como para dejar de atender las razones que obligaron a llamar al pueblo a erigirse en Constituyente. Esas razones, la violencia y el terrorismo desatado por la derecha criolla con apoyo del fascismo internacional y el Departamento de Estado norteamericano, siguen pendiendo como espada de Damocles sobre las cabezas de todas y todas los venezolanos, crean o no en el inmenso logro que representa la paz como escenario propicio para recomponer y relanzar la economía nacional por la senda del bienestar que solo el modelo de justicia e igualdad social que propone la Revolución puede asegurar.

Una paz que se alcanzó en medio de la vorágine criminal y destructiva desatada por la oposición golpista no por la simple instauración de un nuevo y deslumbrante actor político en el país, sino por la contundente verdad que le demostró al mundo entero la descomunal mayoría de mujeres y hombres de todos los rincones del país que alzaron con su voto su grito de repudio a la propuesta contrarrevolucionaria de la derecha saqueadora y entreguista que encarna el antichavismo.

Esa masa gigantesca de venezolanas y venezolanos pidiendo con la fuerza de la democracia verdadera, la democracia participativa y protagónica que nos trajo el Comandante Chávez, el retorno a la tranquilidad y al desarrollo de un modelo inclusivo como nunca antes en la historia hubo en el país, fue lo que detuvo la altanería de una derecha que creyó que su triunfo circunstancial en la elección de diciembre de 2015 para elegir diputados a la Asamblea Nacional, había sido la licencia para hacerse del control del Estado venezolano a punta de bazucas, molotovs y guayas homicidas.

Fue esa insensatez de una derecha demencial y vendepatria lo que hizo que la crisis de los precios se agudizara y la avaricia y la usura del sector más miserable de la economía encontrara el terreno fértil para su felonía, a costa del hambre y del padecimiento del pueblo venezolano.

Por eso la elección del próximo domingo no puede verse de ninguna manera como una nueva competencia entre bandos y candidaturas que logren favoritismos a partir de promesas ilusorias y delirantes, o que aseguren rechazo contra nadie bajo la insustancial lógica del voto castigo.

La elección del próximo 15 de octubre tiene que ser asumida por esa mayoría de venezolanas y venezolanos que apostaron de manera consciente por la paz y la estabilidad del país, como un avance en la lucha por asegurar que ese mismo espíritu constituyentista con el que alcanzó ese gran logro no se pierda, para seguir construyendo entre todas y todos el modelo económico de bienestar y justicia social que el pueblo aspira.

No hay un solo candidato opositor que no haya sido perfectamente claro en cuál es su verdadera intención de resultar electo. Ninguno ha hablado de impulso al desarrollo regional en ninguno de sus Estados. Todos, sin excepción, han hablado de usar la instancia del poder regional como punta de lanza para desatar la furia terrorista contra el presidente Nicolás Maduro.

Su propósito, expresamente anunciado por cada uno de ellos, es el relanzamiento desde sus negados espacios de poder, del terrorismo y la destrucción que solo conducen a la generación de más dolor, más hambre y más miseria entre la población. Esa ha sido hasta ahora su única propuesta. Eso ha sido lo único que han hecho, siempre a costa del padecimiento del pueblo.

Salgamos pues este próximo domingo, todas y todos, a defender con nuestro voto el derecho a la vida, a la felicidad, a la tranquilidad y a la paz que nos permita retomar la senda del bienestar económico que solo un espíritu verdaderamente creador y vigoroso puede alcanzar, porque se trata de la única fuerza capaz de hacer posible todo lo imaginable… el Poder Constituyente Originario del Pueblo.

Que no se repita nunca más el fatídico y costoso error del 2015. No le demos nunca más aliento a los demonios de la guerra y del hambre.

Elijamos a los hijos de Chávez y avancemos con entereza y compromiso patrio hacia el mejor porvenir para todas y todos los venezolanos.


(*) Propuestas para detener la inflación inducida en Venezuela

@SoyAranguibel

 

Revolución es Constitución

Por: Alberto Aranguibel B.

No existe en el país Ley o reglamento alguno que obligue a levantar en alto la Constitución cada vez que se va a hablar de ella frente a un medio de comunicación. Sin embargo es ya una convención generalizada que todo el que va a mencionarla en público sea eso lo primero que procure hacer.

Que los chavistas levanten la Constitución al nombrarla, no tiene nada de extraño o incorrecto. El gesto es una modalidad inventada por el Comandante Chávez como expresión simbólica de triunfo frente a los sectores reaccionarios del país que se opusieron de manera persistente a ella desde antes incluso de iniciado el proceso revolucionario, cuando en la campaña electoral de 1998 satanizaban al Comandante por la sola propuesta que éste hacía por aquel entonces de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Inmoral e infame es que los voceros de la derecha contrarevolucionaria pretendan engañar al país fingiendo algún tipo de respeto hacia nuestra Carta Magna, usando el mismo modo de elevar la Constitución cada vez que van a mencionarla frente a las cámaras.

¿Si no es obligatorio hacerlo, por qué lo hacen?

Porque la doctrina fundamental de la ideología neoliberal capitalista es la de despojar al pueblo de toda posibilidad de riqueza o de activo valioso para ponerlo al servicio de los sectores oligarcas de la sociedad.

Bajo la lógica del modelo neoliberal capitalista, el texto constitucional es una camisa de fuerza que no debe ser intervenida ni alterada jamás por los ciudadanos.

La Constitución de los Estados Unidos, la más antigua del mundo, es considerada por los norteamericanos como un texto sagrado, baluarte e inspiración del mundo capitalista hoy en día, que ningún ciudadano puede objetar o cuestionar so pena de terminar juzgado como traidor a la Patria y condenado a muerte.

Ello es así porque el texto constitucional de esa nación surge de una necesidad de regulación del comercio entre los trece estados que conformaban la unión a finales del siglo XVIII, y no de una necesidad de consagración de derecho humano alguno de las personas. Salvaguardar los intereses y privilegios de los poderosos fue siempre más importante en el capitalismo que la atención a las necesidades de la sociedad. En eso precisamente estriba la esencia de su doctrina del libre mercado.

Por eso los siete artículos que conforman la Constitución norteamericana no pueden ser tocados jamás. Porque para los capitalistas el modelo económico sobre el cual se funda su sociedad no debe ser susceptible bajo ningún respecto de modificación o transformación alguna.

Pero las sociedades orientadas a su transformación están obligadas a revisar su basamento jurídico para adecuarse en cada caso a la evolución de su modelo de país, así como de su realidad y sus circunstancias particulares. Por eso las constituciones avanzadas surgen siempre de los procesos de transformación de las sociedades.

En Latinoamérica, el proceso de gestación de nuestras naciones se inspiró inicialmente en esa particular concepción mercantilista de la sociedad que se asentaba en la Constitución norteamericana y nos llevó a asumir como propios exabruptos como los que contemplaba nuestra primera Constitución en 1811.

En ese texto, redactado por los próceres de nuestra independencia entre los que se encontraba el mismísimo Padre de la Patria, y que fue considerado por el mundo entero como “la más libertaria” de todas las constituciones existentes hasta el momento, se establecía, por ejemplo, que tenía derecho al voto “todo hombre libre, si a esa calidad se le añade la de ser Ciudadano de Venezuela, residente en la parroquia o pueblo donde sufraga, si fuere mayor de veintiún años siendo soltero, o menor siendo casado, y velado, y si poseyere un caudal libre del valor de seiscientos pesos en las Capitales de Provincia siendo soltero, y de cuatrocientos siendo casado, aunque pertenezcan a la mujer, o de cuatrocientos siendo en las demás poblaciones, en el primer caso, y doscientos en el segundo.”

Quizás en la cultura predominante entonces fuese difícil romper de la noche a la mañana con creencias y tradiciones a las que la sociedad, pacata y conservadora como era en su mayoría, estaba habituada. Y tal vez eso determinó que ese aberrante esquema de exclusión se asimilara sin problemas en el texto que estaba proponiéndose como el nuevo pacto común de la sociedad.

Pero Bolívar, que sí tenía perfectamente claro el rumbo emancipador de ser humano que debía tener el proceso independentista, se percata de ello. Pero no es sino casi una década después, en el Discurso de Angostura, cuando encuentra el escenario propicio para hacer una observación política de fondo que da al traste con esa perversa concepción mercantilista de la democracia.

“Ni remotamente -dice el Libertador en el Discurso de Angostura- ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de la Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”

Hace dos décadas la realidad social, política y económica del país era completamente distinta a lo que es hoy en día. Lo que demuestra en sí mismo que en efecto estamos transitando por un proceso de transformaciones profundas del Estado y de la sociedad.

La revolución bolivariana ha emprendido desde entonces hasta hoy un arduo camino plagado de obstáculos y barreras, casi insalvables en la mayoría de los casos, para lograr la construcción de justicia e igualdad social que propone el Socialismo el Siglo XXI que impulsó el Comandante Chávez en el país, alcanzando niveles de inclusión social a lo largo de este corto periodo de nuestra historia infinitamente superiores a todo cuanto pudiera haber habido de bienestar para las venezolanas y los venezolanos desde que somos República.

Pero eso no significa que el socialismo haya triunfado definitivamente, ni que haya logrado instaurarse aún como el modelo rector de la economía en nuestro país.

No pudo prever el Constituyente en 1999, las Misiones, por ejemplo, porque ellas surgieron del desacato a las leyes por parte un sector golpista tres años después de promulgada la nueva Constitución.

Tampoco la muerte temprana del líder fundamental de la Revolución que apenas estaba dando sus primeros pasos. Ni mucho menos pudo prever el holocausto de especulación y usura que cientos de miles de empresarios y comerciantes contrabandistas y acaparadores iban a desatar contra el país al unísono y de un momento a otro, cuando creyeron que el fallecimiento de ese líder era la señal de rienda suelta que el neoliberalismo esperaba para hacer de las suyas.

De ese holocausto de avaricia y de desprecio al Estado nos vinieron el desabastecimiento, las infernales colas que obligaron a las venezolanas y venezolanos a someterse a la penuria que hoy padece el pueblo por el cual tanto ha luchado la Revolución Bolivariana. Y los “bachaqueros”, el verdadero problema que la gente quiere ver resuelto. Pero eso tampoco podía ser ni imaginado siquiera por el Constituyente en 1999 por muy visionario que fuera.

Si el debate y la confrontación entre el gobierno y la oposición han determinado la naturaleza particular de este nuevo escenario, quiere decir que la sociedad venezolana está transitando por un proceso cierto de transformaciones. Proceso que debe continuar y en ningún caso involucionar hacia el pasado de oprobio, sufrimiento, muerte y dolor ya superados.

La única fórmula de aseguramiento del bienestar al que aspira hoy el pueblo venezolano es la adecuación del poderoso texto constitucional revolucionario a esta nueva y muy exigente realidad.

Asumir ese reto con sentido de responsabilidad histórica, tal como lo hizo el Comandante Chávez en su momento y como lo ha hecho el camarada Nicolás Maduro desde el 2013, es el deber de ese pueblo que tantas glorias libertarias signadas por el deseo de justicia y de igualdad social ha conquistado a través de la historia.

La Revolución Bolivariana es esencialmente constituyentista porque promueve, lucha y se entrega a la construcción de ese sueño inmortal del Padre de la Patria y de nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez Frías.

La derecha terrorista solo procurará, como siempre, asaltar la credibilidad del pueblo mediante engaños como el de elevar la Constitución frente a los medios, para acabar con ese sueño emancipador buscando restituir los privilegios de los capitalistas que tanta hambre y miseria generaron en el pasado.

Exactamente eso fue lo que hicieron el único día que han estado en el poder desde 1998; el infausto día del Carmonazo.

 

@SoyAranguibel

 

El Estado Comunal que repudia la derecha… y que niega la izquierda compulsiva

Por: Alberto Aranguibel B.

Alimentada en su esencia por el perverso discurso pro-imperialista de la narrativa cinematográfica, la sociedad que surge de los procesos de transculturización y alienación que Hollywood fomenta entiende el pensamiento de izquierda como una sarta de disparates desquiciados que, desde esa óptica, no responderían de ninguna manera a formulaciones teóricas fundamentadas sino más bien a rasgos salvajes del ser humano en determinadas circunstancias de opresión o de inconformidad.

Para el ciudadano común de la sociedad capitalista el revolucionario es un vulgar desadaptado cargado de odios y rencores irracionales derivados de su condición de pobre, en la que por su propia ineptitud (y no por culpa de más nadie) estaría sumido desde los orígenes de los tiempos.

Su somera, y en la mayoría de los casos inexistente, lectura de la historia, empezando por la de la Revolución Francesa, le hacen ver todo proceso revolucionario como la anárquica destrucción del orden natural de la sociedad impulsada siempre, de acuerdo a esa necia percepción, por una banda de incompetentes sin formación ni capacidad alguna para el ejercicio de la gestión de gobierno.

En la cultura capitalista el éxito, expresado de cualquier manera, se asocia indefectiblemente al capital. Por eso en el cine solo los más acaudalados serán capaces de conducir los procesos que asegurarán el éxito en cualquier ámbito. En consecuencia; los pobres serán siempre los ineptos por antonomasia.

Woody Allen, erigido por décadas en sinónimo de “genialidad” por su audaz y persistente uso del sarcasmo contra las seudo ilustradas élites intelectuales norteamericanas (lo que le valió un sobredimensionado reconocimiento de la izquierda en el mundo entero), satiriza en su película “Bananas” (1971) esa capacidad para el ejercicio de autogobierno por parte del pueblo, a veces de manera simpática y a veces en forma definitivamente repugnante.

El nombre del film en sí mismo es una insolencia contra los países centroamericanos que durante siglos fueron saqueados por empresas como la United Fruit Company, corporación norteamericana que instauró el más pavoroso sistema de explotación de esas naciones, a las que precisamente por esa circunstancia se les llamaba “repúblicas bananeras”.

Abonando la imagen distorsionada del revolucionario en el imaginario norteamericano, Allen coloca a “Espósito”, líder de la rebelión popular que asalta el poder en la ficticia república de San Marcos (que sugiere a cualquier país suramericano), como un auténtico oligofrénico que, una vez llegado al poder luego de la huida por vía aérea del dictador depuesto, comienza a dictar órdenes y decretos insensatos que contrariaban las maravillosas promesas de justicia social con las que conquistó al pueblo durante la lucha guerrillera para alcanzar el poder.

“A partir de hoy el idioma oficial de San Marcos será el sueco –dice en su primera arenga pública el nuevo mandatario en la película- ¡Silencio! –grita para contener el sobresalto de la población ante el desaforado anuncio- Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. Y para que podamos comprobarlo, deberán llevarla por fuera. Así mismo, todos los niños menores de dieciséis años… tienen ahora dieciséis años”.

Algo así como lo planteado por George Orwell en su fábula “Rebelión en la granja” (1945), en la que coloca a los revolucionarios de la novela como animales que se rebelan contra humanos, incurriendo en vicios y torpezas interminables que a la larga no solo no resuelven los problemas que se proponían resolver sino que los agudizan.

Con base en esa grotesca distorsión de los procesos revolucionarios a través de la historia (alimentada, por supuesto, por décadas de anticomunismo brutal promovido por el imperio norteamericano, así como por las deformaciones que la clase dominante burguesa le inocula al individuo a través del sistema educativo formal y de las estructuras de la educación informal) es como buena parte de la sociedad edifica su perspectiva contrarrevolucionaria, incluidos sectores tanto de derecha como de izquierda cuya percepción de tales procesos termina siendo más o menos la misma.

La Revolución Bolivariana no ha estado exenta de esa percepción por parte de quienes desde la izquierda le reclaman lo que supuestamente no habría avanzado en la construcción del modelo socialista y quienes desde la derecha le acusan de exactamente todo lo contrario. Para ambos lo que existe hoy en la Revolución Bolivariana es solo una caricatura al mejor estilo de “Bananas”.

Ulises Daal, parlamentario corredactor de las Leyes del Poder Popular, sostiene que ya en el inicio mismo de la Revolución Bolivariana se emprendió la estructuración del Estado Comunal en Venezuela. En su texto “¿Dónde está la Comuna en la Constitución bolivariana?” (Ediciones de la Asamblea Nacional / 2013), Daal afirma: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es la primera en la historia del constitucionalismo que no fue dictada con el objeto de conservar o mantener las instituciones de la sociedad en la cual fue aprobada, como tampoco para establecer condición pétrea o inmutable de las instituciones que ella misma ordena crear. Ello es así porque al establecerse que el fin supremo de la CRBV es el de «refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural», hace de nuestra carta magna instrumento para el desarrollo de un proceso de transformación social en la dirección de alcanzar ese fin supremo”.

A lo largo de los últimos diecisiete años, la construcción de ese nuevo modelo de sociedad en el que, en la lógica del autor, la democracia no es un estado sino un proceso que conduce a la materialización de las formas de participación popular, se ha pasado de la etapa inicial de superación de la deuda social acumulada, a través de programas como el Plan Bolívar 2000 en un principio y las llamadas Misiones Sociales después, a la etapa de formulación de estructuras de distribución y aseguramiento de justicia social que comprenden la promulgación de Leyes del Poder Popular desde el año 2006 con la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, a la que se suman en 2010 las Leyes Orgánicas del Poder Popular; de las Comunas; del Sistema Económico Comunal; del Consejo Federal de Gobierno; de Contraloría Social; de Planificación Pública y Popular; de la Jurisdicción Especial de la Justicia de Paz Comunal; y para la Gestión Comunitaria de Competencia, Servicios y Otras Atribuciones.

Apoyados en las estructuras comunitarias creadas por la Revolución, más de 44.000 Consejos Comunales creados por el pueblo desde 2006 en adelante, y más de 1.300 Comunas construidas hasta finales de 2015 (http://www.mpcomunas.gob.ve), ha sido posible paliar la embestida de la guerra económica desatada por la burguesía contra el pueblo, a través de instrumentos como los Claps, concebidos no como instancia para la entrega de alimentos a la población como parte de una “política populista”, como han querido hacerla ver quienes los critican, sino como mecanismo de activación del Poder Popular para el ejercicio de nuevas formas de autogobierno.

Por eso se ha podido avanzar hoy en la iniciativa emprendida por el Comandante Chávez en 2010, con la creación de la Misión de Justicia Socialista, “Para ir a conformar las casas de Paz, para ir a llevar los fiscales, los jueces y la seguridad armada a las comunidades de los Cuadrantes de Paz. Para ir a formar a los Consejos Comunales en una nueva visión de justicia, para ir a construir realmente la paz territorial”, tal como lo afirmara esta semana el presidente Nicolás Maduro en la instalación del Año Judicial 2017.

Para Chávez, el Socialismo Bolivariano del siglo XXI, no debe ser calco de ningún otro modelo existente o intentado en el pasado, no por hedonismo ideológico de ningún tipo sino porque la idea era avanzar hacia una nueva sociedad sin reproducir los errores del pasado.

Ello obliga a una transición ardua y compleja, que la crisis del precio del petróleo y la guerra económica desatada por la derecha contra el pueblo acentúan y hacen más pesada. Pero que en modo alguno significa que no se está trabajando.

Quizás, en forma autocrítica, habría que aceptar que probablemente no se ha comunicado al pueblo de manera efectiva la complejidad de un proceso tan exigente como el de la transformación que la Revolución Bolivariana comprende, ni la significación histórica y sustantiva de los alcances logrados en la construcción del Estado Comunal al que se aspira.

Una tarea comunicacional impostergable que en efecto pareciera estar cada vez más pendiente.

@SoyAranguibel

Aranguibel en la TV China:”La revolución venezolana está apenas empezando”

 

AAB TVchina

En entrevista concedida a la televisión nacional de la República Popular China, Alberto Aranguibel sostiene que la juramentación que hizo el pueblo este jueves 10 de enero en nombre del Comandante Hugo Chávez, es perfectamente constitucional porque en Venezuela el modelo que se sigue hoy por hoy es aquel que coloca al ser humano como centro del Estado socialista que se propone la revolución bolivariana. “Ahora es el pueblo y no un juramento (heredado de las costumbres burguesas, asociadas desde siempre a las cúpulas eclesiásticas) lo que determina quién es Presidente”…”La revolución tiene ya la estatura para comprender que la figura central del proceso, como lo es el Comandante Chávez, aún siendo la más querida a lo largo de toda nuestra historia, no es absolutamente determinante que esté presente desde el punto de vista físico (en un acto de masas como el de la juramentación); lo importante es que ahí esté presente el pensamiento y el liderazgo de Chávez”. De ahí que sea la voluntad del pueblo y no un ritual sacramental lo que determina quien está en la Presidencia de la República, dice. “La revolución venezolana está apenas empezando, su orientación (de Chávez) seguirá siendo determinante generación tras generación en la construcción del bienestar de la gente”, concluyó el analista político venezolano y comunicador social en la entrevista concedida al importante medio asiático.

Vea aquí la nota del noticiero CNTN de China:

http://news.cntv.cn/2013/01/12/VIDE1357948090356227.shtml