Sin excusas

Por: Alberto Aranguibel B.

Refistolero y echado pa’lante como ha sido desde siempre el venezolano, no ha habido nunca asunto sobre el cual no elabore siempre una apreciación o un razonamiento analítico sin necesidad de que se le requiera.

El venezolano es monosabio; todo lo sabe, todo lo tiene claro. Cualquier desperfecto o circunstancia anómala encuentra en el diagnóstico inmediato que hace el venezolano la explicación más lúcida de todas cuantas puedan ofrecerse, incluso desde el ámbito de la academia o de la experticia profesional en cada materia.

Ya sea referida a la razón por la que un caucho de la moto se revienta en plena travesía, o a las posibles causas de la explosión del transbordador Columbia, el venezolano no se arredrará jamás para emitir su esclarecido dictamen frente a quien sea con la mayor convicción y contundencia. 

Su eterna actitud sin viso alguno de inseguridad, refleja siempre la reciedumbre de ese carácter sobrado, de completo control, que cree tener sobre lo humano y lo divino.

Hoy ese carácter, esa gran autoestima que lo caracteriza, lo lleva a desbordar en displicencia, en indiferencia total, las medidas de prevención que el gobierno revolucionario ha activado contra el feroz virus que nos amenaza como sociedad, seguramente porque piensa que a él ese virus no lo jode.

A medida que transcurre la cuarentena social, va fortaleciendo la confianza en sí mismo con la certeza de que ya han pasado muchos días sin percibir él, el venezolano sobrado, ni la mortandad de la que hablan los escuálidos ni la amenaza de la que habla el gobierno. Lo que le ha llevado progresivamente a convencerse de que eso de estar encerrados es solo para los incautos que creen lo que lo demás dicen.

Claro que hay mucha gente, la inmensa mayoría, que entiende la gravedad del asunto y considera que salir a la calle será solo por la necesidad impostergable de buscar con esfuerzo y desespero la comida o la medicina que haga falta en la casa.

Pero esa cantidad de irresponsables que se empeñan en contravenir la cuarentena por puro guachafiteros, arriesgando no solo su salud y su vida, sino la del resto de los venezolanos, no tienen ninguna excusa.

Con su insensatez están tentando a un demonio que después ni ellos ni nadie sabrá cómo contener. Por mucho que crean saberlo todo.

@SoyAranguibel

Batallas presidiarias

Por: Alberto Aranguibel B.

El comportamiento claramente desafiante de la gente que sale a las calles en España, Estados Unidos, Brasil y otros países en los que la pandemia de coronavirus literalmente ha diezmado a su población, para reclamar la eliminación de las medidas de control y prevención de un fenómeno que no tiene nada de retórico ni de antojadizo por parte de los organismos rectores de la salud en el mundo, no puede ser menos que alarmante.

Muy distinto al comprensible enfoque de quienes se ven obligados a tomar la calle para resolver el ingreso que les permita asegurar el sustento propio y el de su familia, la mayoría de la gente que vemos en esas protestas es gente pudiente que no reclama derecho al trabajo sino derecho a pasear libremente, ir a la playa, a bares, restaurantes y a fiestas, como si el coronavirus fuera una enfermedad de pobres impuesta por el comunismo.

Evidencia de una irracionalidad latente en la sociedad. Así como latentes han sido siempre fenómenos como el fascismo, la xenofobia, o la intolerancia ideológica o religiosa, por lo general ocultos con el ropaje del recato que la sociedad usa para esconder la enajenación social. Pero que existen, y están ahí como componentes intrínsecos de la personalidad individual y muchas veces colectiva.

A manera de excusa por las atrocidades llevadas a cabo por la inquisición, la iglesia sostiene que tal conducta obedecía no a una lógica tiránica de su institución para imponer su poder mediante el terror, sino a la naturaleza desalmada de una sociedad inculta y atrasada que creía en la tortura y el ajusticiamiento de los impuros como medio para alcanzar la dicha. Por supuesto, jamás ha asumido la iglesia culpa alguna en ese atraso cultural de la gente.

De la misma forma, el mundo capitalista de hoy no halla qué hacer con esa sociedad a la que le inculcó desde los orígenes mismos del capitalismo la irracional idea de la libertad irrestricta como valor supremo e irrenunciable, a costa incluso de la vida misma.

Gente habituada a la lógica de la mezquindad y el individualismo que promueve el capitalismo, que entiende la batalla que libra hoy la humanidad como un presidio contra el cual hay que rebelarse, porque jamás tuvo la oportunidad de comprender el universo de otra forma que no fuera la del consumismo voraz que le hace considerar templos de salvación a los centros comerciales.

@SoyAranguibel

Apocalípticos

Por: Alberto Aranguibel B.

A través de la historia, el pensamiento conservador ha acudido siempre al dogma de la religión como su referente doctrinario por excelencia, porque no ha encontrado jamás argumentos válidos en la teoría política a su visceral empeño de imponer un modelo de sociedad como el capitalista, basado en la injusticia y en la explotación del hombre por el hombre.

Para la derecha venezolana, completamente desbordada por la incapacidad e ineptitud de su liderazgo para asumir la inmensa responsabilidad que comprende la función política, la muerte ha venido a ser exactamente eso; una fórmula de salvación igual a la descrita en los pasajes de la Biblia que se refieren a ella como la puerta al reino de los cielos.

Sin haber estado ni siquiera cerca del martirio (porque más allá de las consignas destempladas de algunos, todavía no existe el opositor que esté dispuesto a ofrecer su vida o la de los suyos en pro de la causa política que defiende) la derecha venezolana se regocija con esa muerte idílica que describen las Sagradas Escrituras porque ha sido en lo único en lo que ha encontrado algún nivel de alivio en la larga cadena de derrotas y fracasos en los que ha estado sumida desde hace casi un cuarto de siglo.

Incendiar vivo a un ser humano, por ejemplo, o asesinarlo lanzándole materos desde lo alto, es para el opositor promedio un piadoso acto de liberación que le acerca a la tan negada gloria del poder que por la vía del ejercicio democrático de la política no ha podido alcanzar jamás. Un acto de liberación igual a la hipotética salvación que espera esa derecha de un ejército extranjero que lleve a cabo la tarea de la muerte necesaria en la cual cree, y a la que asume como una legítima fórmula de redención.

Hoy, frente al inmenso e innegable logro del gobierno revolucionario en la contención y prevención de la peor amenaza que ha existido contra el ser humano en los últimos cien años, la derecha se aferra a la contabilidad de las muertes como su única esperanza de recuperación del desastre que en su haber representa Juan Guaidó.

A nadie en la oposición le interesan las cifras que colocan a Venezuela en el primer lugar en el continente en la efectividad de la gestión contra el coronavirus. Buscan cadáveres por las esquinas y los callejones como quien persigue rampando entre el pajonal el trébol de la fortuna.

Es, de nuevo, la búsqueda desesperada de la muerte como la puerta al cielo.

 

@SoyAranguibel

Liderazgo en muertes

Por: Alberto Aranguibel B.

Un tablero electrónico que refleja en tiempo real la variación de las cifras de fallecidos a nivel mundial por causa del coronavirus, así como la cantidad de contagiados y de recuperados por país, se ha convertido en el centro de la atención como no lo fue jamás ningún otro conteo en la historia de la humanidad, incluidas las estaciones del Vía Crucis de Cristo y la cuenta regresiva de los metros de aproximación de la llegada del hombre a la luna con la que los medios reportaban la inminencia del alunizaje en 1969.

Unidas a las banderas que asocian esa instantánea cuantificación mundial a cada una de las naciones en las que se producen los datos que registra, la tabla del coronavirus permite apreciar el comportamiento de un fenómeno que a todo el mundo interesa, pero ya no como la información inerte que usualmente se obtiene a través de los noticieros, sino como la evolución que ven en una gran pantalla los video gamer con las cambiantes posiciones de los contrincantes en un juego de video.

Al final de todo, un posicionamiento se va consolidando en la siquis de los espectadores; los Estados Unidos de Norteamérica son la potencia número uno del mundo, incluso en las estadísticas de la muerte.

Un efecto nada desdeñable para un imperio cuyo liderazgo en escenarios en los que su poder llegó a considerarse imbatible en otros tiempos aparece tambaleante hoy frente al surgimiento de nuevas potencias y bloques económicos de importancia insoslayable, a las que el desquiciado presidente de los EEUU, en vez de convertir en aliadas, ha tratado con la peor y más irracional saña.

Quien sepa algo acerca del impacto sicológico de la comunicación, sabe la importancia que puede llegar a tener el posicionamiento de una idea o de una imagen como esa (la del liderazgo en todos los ámbitos, incluso en el de las muertes causadas por una pandemia) en la formación de percepciones, así como el valor que eso tiene para el poder hegemónico imperante.

Por eso nadie en las élites políticas del imperio cuestiona o refuta la información de ese tablero. es posible que sean muchos los norteamericanos que se sentirán orgullosos de ella.

Para contrarrestar las falsas percepciones entre el pueblo, a los revolucionarios nos corresponde acotar siempre que el vertiginoso liderazgo de EEUU en esa horrenda estadística no es de glorias alcanzadas, sino de ineptitud y de muerte.

 

@SoyAranguibel

Así de brutal es la guerra del capitalismo contra la humanidad

CRÓNICA

Bérgamo, la masacre que la patronal no quiso evitar

El área de Italia más devastada por la Covid-19 es un gran polo industrial. No se declaró nunca zona roja debido a las presiones de los empresarios. El coste en vidas humanas ha sido catastrófico

Alba Sidera / Roma , 10/04/2020

Hay imágenes que marcan una época, que quedan grabadas en el imaginario colectivo de un país. La que no podrán olvidar en años los italianos es la que fotografiaron los vecinos de Bérgamo desde sus ventanas la noche del 18 de marzo. Setenta camiones militares cruzaron la ciudad en medio de un silencio sepulcral, uno detrás de otro, en una marcha lenta en señal de respeto: transportaban cadáveres. Los llevaban a otras ciudades fuera de Lombardía porque el cementerio, el tanatorio, la iglesia convertida en tanatorio de emergencia y el crematorio en funcionamiento 24 horas al día ya no daban abasto. La imagen plasmaba la magnitud de la tragedia en curso en el área de Italia más afectada por el coronavirus. Al día siguiente, el país amaneció con la noticia de que era el primero en el mundo en muertes oficiales por Covid-19, la mayoría en la Lombardía. Pero, ¿por qué la situación es tan dramática precisamente en Bérgamo? ¿Qué es lo que ha pasado en esa zona para que en marzo de 2020 haya habido un 400% más de muertos que el mismo mes del año anterior?

La Lombardía es la región italiana que más representa el modelo de mercantilización de la sanidad y ha sido víctima de un sistema corrupto a gran escala

El 23 de febrero los positivos en coronavirus en la provincia de Bérgamo eran 2. En una semana, llegaban ya a 220; casi todos en Val Seriana. En Codogno, población lombarda donde el 21 de febrero se detectó el primer caso oficial de coronavirus, bastaron 50 casos diagnosticados para cerrar la ciudad y declararla zona roja. ¿Por qué no se hizo lo mismo en Val Seriana? Porque en este valle del río Serio se concentra uno de los polos industriales más importantes de Italia, y la patronal industrial presionó a todas las instituciones para evitar cerrar sus fábricas y perder dinero. Y así, por increíble que parezca, la zona con más muertos por coronavirus por habitante de Italia –y de Europa– nunca ha sido declarada zona roja, a pesar del estupor de los alcaldes que lo reclamaban, y de los ciudadanos, que ahora exigen responsabilidades. Los médicos de cabecera de la Val Seriana son los primeros en hablar claro: si se hubiera declarado zona roja, como aconsejaban todos los expertos, se habrían salvado centenares de personas, aseguran, impotentes.

La historia es aún más turbia: quienes tienen intereses en mantener las fábricas abiertas son, en algunos casos, los mismos que tienen intereses en las clínicas privadas. La Lombardía es la región italiana que más representa el modelo de mercantilización de la sanidad y ha sido víctima de un sistema corrupto a gran escala liderado por el que fue su gobernador durante 18 años (del 1995 al 2013), Roberto Formigoni, miembro destacado de Comunión y Liberación (CyL). Era del partido de Berlusconi, quien le definía como “gobernador vitalicio de la Lombardía”, pero contó siempre con el apoyo de la Liga, que gobierna la región desde que Formigoni se fue, acusado –y luego condenado– por corrupción en la sanidad. Su sucesor, Roberto Maroni, inició en 2017 una reforma de la sanidad que recortó aún más las inversiones en la pública y que prácticamente ha abolido la figura del médico de familia, sustituyéndolo por la del “gestor”. “Es verdad, en los próximos 5 años desaparecerán 45.000 médicos de cabecera, pero ¿quién va todavía al médico de cabecera?”, dijo impertérrito en agosto del año pasado el político de la Liga Giancarlo Giorgetti, entonces vicesecretario de Estado del Gobierno Conte-Salvini.

La epidemia en la zona de Bérgamo, la llamada Bergamasca, se inició oficialmente la tarde del domingo 23 de febrero, aunque los médicos de cabecera –en primera línea de la denuncia de la situación– aseguran que ya desde finales de diciembre atendían muchísimos casos de pulmonías anómalas en personas incluso de 40 años. En el hospital Pesenti Fenaroli, de Alzano Lombardo, un municipio de 13.670 habitantes a pocos kilómetros de Bérgamo, ese 23 de febrero llegaron los resultados de los tests de coronavirus de dos pacientes ingresados: eran positivos. Dado que ambos habían estado en contacto con otros pacientes y con médicos y enfermeros, la dirección del hospital decidió cerrar las puertas. Pero, sin ninguna explicación, las reabrieron pocas horas después, sin desinfectar las instalaciones ni aislar a los pacientes con Covid-19. Es más: el personal médico estuvo una semana trabajando sin protección; un buen número de sanitarios del hospital se contagió y extendió el virus entre la población. Los contagios se multiplicaron por todo el valle. El hospital resultó ser el primer gran foco de infección: pacientes que ingresaban por un simple problema de cadera acababan muriendo por haberse contagiado de coronavirus.

Los alcaldes de los dos municipios más golpeados de la Val Seriana, Nembro y Alzano Lombardo, esperaban cada día a las siete de la tarde que les llegara la orden de cerrar la población, que era lo que habían acordado. Todo estaba listo: las ordenanzas redactadas, el ejército movilizado; el jefe de la policía les había comunicado los turnos que se harían en las guardias y las tiendas estaban montadas. Pero la orden no llegó nunca, y nadie supo explicarles por qué. En cambio, sí llegaron continuas llamadas de los empresarios y dueños de las fábricas de la zona, preocupadísimos por evitar a toda costa el cierre de sus actividades. No se escondían.

Sin ningún pudor, el 28 de febrero, en plena emergencia por Coronavirus –en 5 días se habían alcanzado los 110 infectados oficiales en la zona, ya fuera de control–, la patronal industrial italiana, Confindustria, inició una campaña en redes con el hashtag #YesWeWork. “Tenemos que bajar el tono, hacer entender a la opinión pública que la situación se está normalizando, que la gente puede volver a vivir como antes”, dijo el presidente de Confindustria Lombardía, Marco Bonometti, en los medios.

El mismo día, Confindustria Bergamo lanzó su propia campaña dirigida a los inversores extranjeros para convencerles de que allí no sucedía nada y de que ni de broma iban a cerrar. El eslogan era inequívoco: “Bergamo non si ferma / Bergamo is running” (Bérgamo no se detiene).

El mensaje del vídeo promocional para los socios internacionales era un despropósito: “Se han diagnosticado casos de Coronavirus en Italia, pero como en muchos otros países”, minimizaban. Y mentían: “El riesgo de infección es bajo”. Echaban la culpa a los medios por un injustificado alarmismo, y mientras mostraban a obreros trabajando en sus fábricas presumían de que todas las fábricas continuarían “abiertas y a pleno rendimiento, como siempre”.

Tan solo cinco días después estalló el enorme brote de contagios y muertes que acabó siendo el más importante de Italia y de Europa. Pero ni así retiraron la campaña, ni mucho menos se plantearon cerrar las fábricas. Confindustria Bergamo agrupa a 1.200 empresas que emplean a más de 80.000 trabajadores. Todos fueron expuestos al virus, obligados a ir a trabajar, en buena parte sin medidas adecuadas –hacinados, sin distancia de seguridad ni material de protección–, poniéndose en peligro a ellos mismos y a todo su entorno.

El hospital Pesenti Fenaroli resultó ser el primer gran foco de infección en Alzano Lombardo: pacientes que ingresaban por un simple problema de cadera acababan muriendo por Coronavirus

El alcalde de Bérgamo, Giorgio Gori, del Partido Democrático, también se había unido al clamor de no cerrar la ciudad y el 1 de marzo invitaba a la gente a llenar los negocios del centro con el eslogan “Bérgamo no se detiene”. Más adelante, frente a la evidencia de la catástrofe, se arrepintió y reconoció que había tomado medidas demasiado blandas para no entorpecer la actividad económica de las potentes empresas de la zona.

El 8 de marzo los contagios oficiales en la Bergamasca habían pasado, en una semana, de 220 a 997. Por la tarde se filtró que el Gobierno quería aislar la Lombardía. Después de horas de caos en que muchos abandonaron Milán en estampida, Giuseppe Conte apareció, ya de madrugada, en una confusa rueda de prensa a través de Facebook para anunciar el decreto. No era lo que esperaban los alcaldes de las poblaciones de la Val Seriana: nada de zona roja, sino naranja. Es decir, se restringían las entradas y salidas de los municipios, pero todo el mundo podía seguir yendo al trabajo.

Al cabo de dos días, el confinamiento se extendió a toda Italia por igual. Y nada cambió en la zona de la Bergamasca, donde los contagios crecían y crecían al mismo ritmo imparable de sus fábricas funcionando a toda máquina. “Cuando todos en la zona, sobre todo en Nembro y Alzano Lombardo, daban por descontado que se iba a declarar la zona roja, algunas empresas importantes de la zona hicieron presión para retrasarla lo más posible”, cuenta Andrea Agazzi, secretario general del sindicato FIOM Bérgamo, en el programa Report, de la RAI. Y añade: “Confindustria jugó sus cartas y el gobierno eligió de qué parte iba a estar”.

Los contagios y las muertes aumentaron imparables, especialmente en las zonas industriales de la Lombardía situadas entre Bérgamo y Brescia. Un mes exacto después del primer caso oficial de coronavirus en Italia, el sábado 21 de marzo, se llegó al triste récord de casi 800 muertos diarios. Los gobernadores de la Lombardía y el Piamonte –otro gran polo industrial– declararon que la situación era insostenible y que era necesario detener la actividad productiva. Conte, que hasta entonces se había mostrado contrario a la medida, apareció por la noche abrumado para decir que sí, que ahora sí, se cerrarían “todas las actividades económicas productivas no esenciales”.

Las fábricas de la Bergamasca continuaron prácticamente todas abiertas hasta el 23 de marzo, cuando los contagios oficiales en la zona ya eran casi 6.500

Confindustria se activó de inmediato e inició una ofensiva de presión al Gobierno. “No se pueden cerrar todas las actividades no esenciales”, decían en una carta al premier detallando sus exigencias. Los industriales lograron que el decreto tardara 24 horas en ser aprobado y que Conte aceptara sus condiciones. En efecto, el Gobierno había elegido de qué parte estar, y no era la de los trabajadores.

Los sindicatos, en bloque, se pusieron en pie de guerra y amenazaron con una huelga general si no se cumplía el cierre real de las actividades productivas no esenciales. Confindustria había conseguido que se añadieran a la lista de actividades que podían seguir funcionando muchas que no eran de primera necesidad, como las de la industria de armas y municiones. Además, incluyeron una especie de cláusula que permitía, en la práctica, que cualquier empresa que declarase que era “funcional” para una actividad económica esencial pudiese permanecer abierta. Esto hizo que solo en un día, en Brescia, la otra provincia lombarda golpeada por el coronavirus, más de 600 empresas que no estaban en la lista de las esenciales iniciasen los trámites para poder continuar en funcionamiento.

”No entiendo los motivos por los que los sindicatos querrían hacer huelga. El decreto ya es muy restrictivo: ¿qué más se tendría que hacer?”, dijo, poco empático, el presidente de Confindustria, Vincenzo Boccia. Y añadió: “Ya perderemos 100.000 millones de euros al mes; no detener la economía conviene a todo el país”. Annamaria Furlan, secretaria general del sindicato CISL, trató de explicárselo: “Hace 40 años que soy sindicalista y no he pedido nunca el cierre de ninguna fábrica, pero es que ahora está en riesgo la vida de las personas”.

Los trabajadores de las fábricas iniciaron protestas y paros mientras los sindicatos negociaban con el Gobierno, que al final recapacitó. Se eliminaron algunas actividades de la lista de las más de ochenta consideradas esenciales, como la industria armamentística o los call-centers que venden por teléfono ofertas no requeridas, y se restringieron las industrias petroquímicas. También se acordó que no era suficiente la autocertificación de una empresa para pasar a ser considerada funcional para una esencial, y el compromiso de tutelar el derecho a la salud de los trabajadores que continuasen en las fábricas. Con todo, quedaron puntos ambiguos en el decreto y hay una zona gris que permite a muchas fábricas continuar abiertas. Del mismo modo, muchos obreros continúan trabajando sin la debida distancia de seguridad ni el material adecuado.

Las fábricas de la Bergamasca continuaron prácticamente todas abiertas hasta el 23 de marzo, cuando los contagios oficiales en la zona ya eran casi 6.500. Una semana después, el 30 de marzo, a pesar del decreto de cierre de “todas las actividades productivas no esenciales”, había 1.800 fábricas abiertas y 8.670 infectados oficiales en la zona.

Ninguna autoridad ha estado a la altura, excepto los alcaldes de las poblaciones pequeñas, los únicos que han reconocido –y denunciado– las presiones de los industriales

Pongamos nombre a las fábricas que no quisieron cerrar. Una de las empresas de la zona es Tenaris, líder mundial en la fabricación de tubos y servicios para la exploración y producción de petróleo y gas, con una facturación de 7.300 millones de dólares y sede legal en Luxemburgo. Emplea a 1.700 trabajadores en su fábrica de la Bergamasca y pertenece a la familia Rocca, con Gianfelice Rocca, el octavo hombre más rico de Italia, de propietario. En la provincia de Bérgamo, como en toda la Lombardía, la sanidad privada es muy potente. En la Bergamasca, en concreto, la mitad de los servicios sanitarios pasan por la privada. Las dos clínicas privadas más importantes de la zona, que facturan más de 15 millones de euros anuales cada una, pertenecen al grupo San Donato –cuyo presidente es nada menos que el ex-viceprimer ministro italiano Angelino Alfano, exdelfín de Berlusconi– y al grupo Humanitas. El presidente de Humanitas es Gianfelice Rocca, también propietario de Tenaris, la industria que no ha querido mandar sus trabajadores a casa. La sanidad privada bergamasca no se activó por la emergencia Coronavirus hasta el 8 de marzo, cuando, por decreto, se tuvieron que posponer todos los servicios no urgentes. Solo entonces empezaron a hacer sitio para los pacientes con Covid-19.

Brembo es otra gran empresa con fábricas en la Bergamasca. Pertenece a la potente familia Bombassei, también metida en política: Alberto, el hijo del fundador, fue diputado por Scelta Civica, el partido de Mario Monti. Tiene 3.000 trabajadores en sus fábricas de la zona de Bérgamo, donde producen frenos para coches. Factura 2.600 millones de euros. No quisieron cerrar.

La Val Seriana fue industrializada en gran parte por empresas suizas hace más de 100 años, por lo que la presencia de fábricas ligadas a Suiza es aún importante. Otra gran empresa que tiene más de 6.000 trabajadores en Italia, más de 850 en la Bergamasca, es ABB, con capital suizo y sueco. Líder en robótica, factura 2.000 millones de euros. El 30 de marzo seguía abierta con total normalidad.

Persico, empresa italiana que produce componentes de automoción, con 400 trabajadores y 159 millones de facturación, tiene sede en Nembro, el municipio con más muertes por Covid-19 por habitante de Italia. Pierino Persico, el propietario, fue uno de los que más se opuso a que se declarase la zona roja.

En Nembro, en marzo de 2019 murieron 14 personas. El mismo mes de este año han sido 123 (un aumento del 750%). Y aun así, los infectados oficiales son solo 200. En Alzano Lombardo, en marzo del 2019 murieron 9 personas; este marzo, 101. En la ciudad de Bérgamo (de 120.000 habitantes) los muertos este marzo han sido 553, mientras que en marzo del 2019 fueron 125. Los datos de infectados no son fiables porque no se hacen tests, y desde la Protección Civil italiana –que ofrece los recuentos– se advierte que los números deberían multiplicarse al menos por diez. Según un estudio publicado por el Giornale di Brescia, en esta provincia lombarda la cifra de infectados sería 20 veces mayor que la oficial, un 15% de la población. Y lo mismo con los muertos. Según este estudio, serían el doble de los oficiales, es decir 3.000 solo en la provincia de Brescia. La falta de tests –a los vivos y a los muertos– hace imposible efectuar un recuento fiable. Lo que sí se sabe es que Italia es el país del mundo con más fallecidos por Covid-19, alrededor de 18.000, y la mayoría son de la zona del norte industrial.

Ahora, frente a los miles de cadáveres y a una población que empieza a convertir su dolor en rabia, todos se sacuden las culpas. El gobernador de la Lombardía, el leghista Attilio Fontana, culpa al gobierno central y asegura que no fue más estricto porque no le dejaron. En realidad, si hubiera querido habría podido serlo, como lo fueron los gobernadores de Emilia Romaña, Lacio y Campania, que decretaron zonas rojas en sus regiones. La verdad es que ninguna autoridad ha estado a la altura, excepto los alcaldes de las poblaciones pequeñas, que son los únicos que han reconocido –y denunciado públicamente– las presiones de los industriales, que les asediaban a llamadas para intentar de todas todas evitar o posponer el cierre de las fábricas. Desde una Bérgamo herida y aún en shock, los ciudadanos empiezan a organizarse para pedir que se esclarezcan los hechos y que alguien asuma, al menos, la responsabilidad de haber permitido que los intereses económicos primasen sobre la salud –es decir, la vida– de los trabajadores de la Bergamasca. Muchos de ellos, por cierto, precarios.

Sidera Alba Sidera / @albasidera

Fuente: Ctxt Contexto y Acción 

María A. Díaz: Mala captura, buena detención

Por: María Alejandra Díaz

No hay que olvidar que el Estado de derecho norteamericano ha sido caracterizado como un Estado de derecho judicial (Tocqueville).  Su modelo constitucional de 1787, marcado por la independencia del continente fue una clara protesta contra las leyes del Parlamento británico. No compartían el enfoque del legislador virtuoso y omnipotente, ciego sordo y mudo frente a las transformaciones sociales. Asumen la Constitución como pacto, acto de manifestación de voluntad superior de manera consciente.

El lema de este constitucionalismo podría ser el triunfo de la razón sobre la historia frente al naturalismo determinista de la historia. Esta es una obra premeditada que se quiere perfecta y definitiva, enfrentada a la naturaleza consuetudinaria e insegura de un orden basado en la tradición. Frente a unos privilegios singulares decantados en el transcurso del tiempo, los derechos naturales son conquistados de una vez y para siempre; en fin, frente a la legitimidad que suministra el pasado porque es viejo, la Constitución reposa en la legitimidad de lo que se proclama racional descubierto por las luces. (Zaglebelsky).

Herencia constitucional asumida desde nuestros países, como beneficiosa:  figuras como el método del control de constitucionalidad, Doctrina de la Judicial Review of Legislation, en Marbury vs Madison, fundamenta el poder que tiene cualquier juez en aplicar controles a los actos estatales a la luz de la Constitución, privilegiando a ésta, o como el carácter vinculante de las decisiones de estos jueces en resguardo de la Constitución, denominada doctrina del precedente o stare decisis.

Juez creador de derecho. Así sucedió cuando eliminó restricciones al voto femenino, o eliminó la segregación racial, o protegió el plan de recuperación de Roosevelt en 1929 para enfrentar la crisis económica de entonces. Juez constitucional, no como boca de la ley, sino como actor social que acompaña los cambios sociales o los impulsa. 

Sin contrapesos o límites, esta herencia beneficiosa del constitucionalismo norteamericano también tiene sus sombras: una de ellos es el precedente legal conocido como Mala captus, bene detentus, una captura ilegal, ilegítima, por la fuerza, deviene en apresamiento válido y subsiguiente juzgamiento también válido. 

Precedente que un dudoso Fiscal, sometido a investigaciones por su participación en la justificación legal del apresamiento de Noriega en Panamá y su consecuente invasión, pretende aplicarle a un grupo de venezolanos, judicializándolos. Nefasto antecedente para el constitucionalismo y las relaciones internacionales, sentado tempranamente en 1886 (Ker vs Illinois), donde tribunales, con la complacencia de su Cancillería, toleran y alientan el secuestro como mecanismo “legítimo” de captura de supuestos perpetradores de delitos graves cometidos en o contra ese país, pero guarecidos en territorio extranjero. Ejemplos sobran: Frisbie vs Collins en 1952; United States vs Toscanino; US vs Rauscher; Jaffe v. Smith, 825 F.2d 304 (1987); Verdugo-Urquidez; United States vs Najohn, Lujan vs Gengler, Sosa vs Alvarez-Machain, en 2004.

Ilógica e ilegal conducta aplicada a las autoridades venezolanas: derecho interno aplicado para justificar arrestos y secuestros extraterritoriales, acciones incompatibles con el derecho internacional consuetudinario, la Carta de DDHH, incluso con la Cuarta Enmienda de su propia Constitución, todo ante la mirada complaciente de la ONU, esperpento de supuesta protección y unión de las naciones, que merece desaparecer para dar paso a una verdadera unión democrática de naciones. 

Grave error de la administración norteamericana, tomada por neoconservadores antipatriotas, globalistas, que junto con Obama, destruyeron su economía. Enemigos del pueblo norteamericano, también lo son del pueblo venezolano. Somos pueblos de patriotas, no de globalistas nihilistas.

Recordando el significativo aporte constitucional hecho desde EEUU, apartando precedentes desdichados como el de “mala captura, buena detención”, comprendamos que el equilibrio del mundo necesita una patria estadounidense con sus equilibrios internos (Jalife). Hagamos grandes nuestras naciones, sin aplastar a nadie.

Desde Venezuela, exigimos respeto por el Derecho internacional,  a las instituciones y a nuestro liderazgo honesto y luchador, a una justicia no plegada a los amos del poder, aberrada de flagrantes irrespeto de las leyes por pura animosidad personal. Es hora de cesar la martirización y persecución de los venezolanos y venezolanas, sin cometer ningún crimen somos objeto de castigos y sanciones.

En esta amarga hora  planetaria el globalismo no sólo aspira a la disminución del Estado Nación y de la población mundial sino a su aniquilamiento, convirtiéndolo en un sujeto inmoral de infinitas pretensiones moralizadoras, unamos esfuerzos para evitar el vaciamiento moral, financiero, político, social, expresado en un catálogo de normas que dejan de lado la visión ética y bondadosa alcanzada desde la democracia y la humanidad. Hoy es tarea de todos ser mejores.

Maria Alejandra Díaz  María Alejandra Díaz Marín / Constituyente

 

No se suiciden

Por: Alberto Aranguibel B.

Una de las más luminosas periodistas de la derecha venezolana publica un tuit alarmada porque considera rigurosas y excesivas las medidas tomadas por el presidente constitucional de la República, Nicolás Maduro, en virtud de la pandemia que amenaza hoy al mundo entero y que, hasta hoy, ha acabado ya con la vida de casi una veintena de miles de seres humanos.

No es el texto más resaltante de muchos que ha publicado la gente de la oposición, referidos al mismo tema del coronavirus, entre los que destacan: el del dirigente opositor que acusa demencialmente al Primer Mandatario de ser el creador del virus; el ya clásico en circunstancias similares del aguerrido ultraderechista que implora al cielo porque el mal se expanda a lo largo y ancho del país para que acabe con la vida de todos los chavistas; y el del ingenuo que dice no entender por qué en una situación tan delicada como ésta no está su presidente imaginario, Juan Guaidó, al frente de la articulación de los operativos del Estado.

Ni se diga la infinidad de mensajitos opositores inventando estadísticas de falsedad que buscan quebrantar la credibilidad y la fe del pueblo en la capacidad del gobierno revolucionario para enfrentar la crisis, ni los que usan la coyuntura como justificación para el más vulgar y horrendo oportunismo político, buscando hasta debajo de las piedras algún error con que justificar su ataque al presidente y a todo lo que tenga que ver con la revolución.

Sin embargo, el texto de la periodista que se queja de lo excesivo de las medidas de prevención y combate al coronavirus es digno de la mejor ubicación en el ranking del cretinismo opositor, porque expresa mejor que ninguno la más irracional y acabada lógica oposicionista de un sector que, por muy ilustrado que parezca, jamás transige ni comulga en lo más mínimo con ninguna idea o propuesta del chavismo, así se trate del niño Jesús Bendito en los brazos de María Gabriela Chávez.

Es esa forma retrógrada del pensamiento político que lleva directamente a elucubrar ¿qué haría ese sector de irracionales si al presidente Maduro se le llegara a ocurrir pedirles en cadena nacional que NO se suiciden?

¿No sería esa una ingeniosa fórmula para detectar (y disminuir) los verdaderos niveles de insensatez en la oposición?

 

@SoyAranguibel

Néstor Francia: Washington Post: tú lo que quieres es que me coma el tigre

Por: Néstor Francia

El cine y la televisión nos han acostumbrado a una serie de películas y seriales sobre epidemias y pandemias, de desigual calidad: Epidemia, Contagio, Virus, Doce monos, The hot zone, Ceguera, Guerra Mundial Z, Soy Leyenda, Cargo, Tren a Busan. En todas el combate contra el virus es liderado por individuos excepcionales o por pequeños grupos heroicos. En ninguna se muestra a todo un colectivo, a un pueblo mayoritario enfrentando a la enfermedad. Esta me parece una buena introducción para referirme al “reportaje” publicado recientemente por el Washington Post con el largo y revelador título “Venezuela’s broken health system is uniquely vulnerable to coronavirus. Neighbors are afraid the country will hemorrhage infected migrants” (El quebrado sistema de salud de Venezuela es excepcionalmente vulnerable al coronavirus. Vecinos temen que el país cause una hemorragia de migrantes infectados”), y firmado por Ana Vanessa Herrera y Anthony Faiola.

Por supuesto, el “reportaje” es una colección de manipulaciones y mentiras, lo cual no tiene nada de nuevo. Lo importante es desentrañar cuál es la nuez de la matriz que se quiere imponer para cubrir cualquier eventualidad que depare el futuro a la lucha contra el coronavirus en Venezuela. Es la creación de la plataforma conceptual para denostar de nuestro país sin importar lo que el futuro nos depare en el enfrentamiento a la pandemia en nuestro territorio.

El “informe” del WP abunda en la descripción interesada de la situación del sistema de salud venezolano. Sería deshonesto negar que esa área en Venezuela está en problemas, en buena parte por las criminales sanciones político-económicas contra el país, en parte por fallas de gerencia que no son tan raras en este experimento de gobierno popular. Claro, el WP refiere horrores del sistema público de salud, pero calla la conducta criminal del sector privado del área, absolutamente especulador y pesetero, con médicos que amasan fortunas valiéndose de la necesidad de seres humanos, y con un sector de aseguradoras cuyas pólizas son tan costosas como irrisorias sus coberturas. Aunque se comercia en el país una cierta cantidad de medicamentos genéricos a precios razonables, que son insuficientes, en general las medicinas son caras y a veces inaccesibles.

Creo, sin embargo, que la situación del sistema de salud es pasto también de las exageraciones comunes de la canalla mediática. Yo soy, a pesar de mi edad -más de 70 años- una persona que he tenido en los años recientes pocos y menores problemas de salud. Recuerdo que dos veces he sido hospitalizado por dengue en clínicas privadas. Entonces las pólizas de salud de instituciones del Estado en las que trabajaba fueron suficientes para cubrir los gastos, cosa que ya no ocurre. Dos veces he tenido que acudir a CDI (centros públicos de diagnóstico y atención primaria), donde he sido muy bien atendido. Recientemente me hice unos exámenes en el hospital Jesús Yerena de Lídice, y doy fe de que este hospital del Estado se encuentra en muy buen estado, limpio y con solícita atención. Hace unos cinco años mi esposa tuvo que pasar 22 días hospitalizada en el hospital Pastor Oropeza de Barquisimeto, víctima de una fractura de fémur. Allí fue bien atendida y exitosamente operada. Pero esas son limitadas experiencias personales, probablemente otros tendrán relatos menos felices. Aceptemos, en todo caso, tanto que hay problemas reales como que al Washington Post le importa muy poco la salud de los venezolanos, y sigamos adelante con el análisis.

Obviemos los detalles terroríficos del “reportaje” sobre el sistema de salud de Venezuela, es más de lo mismo, vamos directo a las matrices. Es bueno prestar especial atención al uso interesado del lenguaje como herramienta de manipulación. Citemos al WP: “Los analistas dicen que Venezuela, que ya está luchando bajo una mezcla peligrosa de carencias en agua limpia y jabón, hospitales públicos mal equipados y mal abastecidos y trámites burocráticos autoritarios, es especialmente vulnerable a la pandemia.

A medida que el gobierno del presidente Nicolás Maduro intenta desplegar una respuesta histórica a un desafío global que no está bien equipado para enfrentar, los vecinos de Venezuela temen cada vez más que el país se convierta en una placa de Petri para el nuevo coronavirus, con una hemorragia de los migrantes infectados y propagando el virus a través de fronteras difíciles de controlar. ‘Un número explosivo de casos obviamente superaría la capacidad del sistema de salud venezolano y terminaría con mucha gente exigiendo atención en Colombia’, dijo Fernando Ruiz Gómez, ministro de salud de Colombia. ‘Los servicios de cuidados intensivos serán los más críticos’”. Siendo posible que las drásticas y correctas medidas que el gobierno venezolano ha tomado rápidamente logren un resultado positivo en cuanto a controlar la cadena de transmisión del coronavirus, comienza a prepararse la matriz que responsabilizará a Venezuela, personificada en sus migrantes, de los posibles fracasos de Colombia y Brasil, cuyos gobiernos han actuado con negligencia y tardíamente para enfrentar la pandemia.

Lo anterior es reforzado por WP apelando a la tergiversación descarada de la realidad: “En pocos días, las naciones sudamericanas desde Brasil hasta Bolivia y Perú se han convertido en algunos de los estados más proactivos del mundo en tratar de controlar el virus, imponer toques de queda, desplegar el ejército, cerrar fronteras y prohibir muchos, y en algunos casos todos, vuelos internacionales”. ¿Ignoran los dos canallas del WP redactores de tales mentiras que Iván Duque trató de impedir la colaboración con Venezuela para enfrentar la situación y que en Chile hubo cacerolazos para exigir al gobierno de Piñera que decrete la cuarentena? ¿Desconoce que Jair Bolsonaro se niega a que se suspenda misas y otras actividades religiosas presenciales?

El WP reconoce a regañadientes y con puñetera manipulación las acciones tomadas por nuestro Gobierno: “Pero pocos fueron tan tempranos o agresivos como Venezuela. Maduro cerró negocios y limitó las reuniones públicas el viernes pasado. Los soldados y la policía han establecido bloqueos de carreteras, limitando el movimiento a las personas que viajan al trabajo, mercados, farmacias y hospitales. Las calles de Caracas ahora están inquietantemente tranquilas”. Fíjese el lector la manera torcida como se presentan los hechos, restando todo mérito a los ciudadanos que han asumido disciplinada y voluntariamente la cuarentena nacional y presentando la respuesta venezolana como una especie de estado de sitio impuesto a los ciudadanos con represión y en contra de la voluntad de la gente.

Por supuesto, no podía faltar la alusión a la supuesta dualidad de poderes en Venezuela:“La respuesta se complica por el estancamiento político del país: en Venezuela, incluso la cuestión básica de quién está a cargo sigue en duda. Maduro, quien reclamó la presidencia el año pasado después de una elección ampliamente vista como fraudulenta, ha tratado de usar la crisis para demostrar su control de facto del país. El líder de la oposición, Juan Guaidó, es reconocido por los Estados Unidos y más de otras 50 naciones como su líder legítimo”. Si en algún momento la patraña del “gobierno interino” ha quedado desnuda es en esta situación de emergencia. Maduro no necesita demostrar que su Gobierno está en control del país, esa es una verdad del tamaño de Júpiter. La dualidad de poderes es un engendro mediático y un espejismo creado por la diplomacia del imperialismo norteamericano y sus aliados, un puñado de gobiernos de derecha que no constituyen ni siquiera un tercio de los países que forman parte de la Organización de la Naciones Unidas (hoy más desunidas que nunca). A esa minoría la llaman ellos “Comunidad Internacional”, al fin y al cabo se creen dueños del mundo.

La loable actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, desplegada para la protección de los venezolanos y para garantizar pacíficamente el fiel cumplimiento de las justas medidas instrumentadas en esta emergencia sanitaria es presentada de manera falsa y canallesca por el WP: “El gobierno de Maduro, mientras tanto, está militarizando la nación. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, anunció esta semana que todas las ramas militares y la policía nacional estaban siendo desplegadas para hacer cumplir la cuarentena”. Realmente lo que está haciendo el Gobierno Bolivariano es tratar de prevenir el uso de la Fuerza Armada para tareas tan tristes como la que ha tenido que asumir el ejército de Italia, donde se usa convoyes militares para trasladar montones de cadáveres.

La película de terror viral del WP sobre Venezuela es una torcedura mal intencionada de la verdad. El guion de nuestra película es otro. No estamos los venezolanos en situación de que nos salve un héroe solitario o un pequeño grupo de elegidos. Aquí hemos emprendido una lucha colectiva contra el coronavirus, en la que la absoluta mayoría de los ciudadanos está participando voluntaria y solidariamente, con una actitud ejemplar que debería ser un modelo para todo el mundo y con un gobierno que ha tomado el toro por los cachos con coraje y gran sentido de responsabilidad. Aunque es justo reconocer una verdad en el “reportaje” del Washington Post: en las calles Caracas hay una “inquietante tranquilidad”. Inquietante, sí, para los enemigos de Venezuela. Por eso se preparan para manejar dos escenarios. Si tenemos éxito en la lucha contra el coronavirus, será porque una dictadura se impuso militarmente reprimiendo a los ciudadanos y porque forzamos a los venezolanos a migrar para contagiar a otros países.

Si fracasamos, lo cual es poco probable por lo visto hasta ahora (han pasado diez días desde que se anunciaron los dos primeros contagios y aun no tenemos ni un fallecido, gracias a Dios y al pueblo), será culpa de la “narcodictadura” de Maduro. Nunca fue más patente el dicho: tú lo que quieres es que me coma el tigre.

 

nestor  Néstor Francia

Cuarentena cerebral

Por: Alberto Aranguibel B.

Mi abuela, que era una dama adusta y calculadora, era una perfecta maniática (en el buen sentido del término) con eso de encontrarle utilidad a las cosas, asignándoles las más de las veces funciones insólitas a los artefactos que, por lo general, no tenían nada que ver con aquellas para las cuales fueron concebidos.

Si en alguna de nuestras caminatas para llevarme a la escuela se encontraba, por ejemplo, una pieza que bien pudiera haber sido por igual restos de una vieja máquina de coser como de un carburador de motocicleta, mi abuela me apuraba “Anda, hijo, agarra eso ahí que de seguro sirve para aguantar la puerta del patio”.

Sin embargo, su peor manía no era inventarles un uso, sino el empeño en encontrar para qué servían originalmente las piezas que aparecían de repente en cualquier parte; debajo de alguna mesa o en algún rincón de la casa, y de las cuales solía ser difícil precisar a qué equipo o aparato pertenecían. Su vida se iba en tratar de encontrarles el lugar que les correspondía. Lo que casi siempre terminaba en frustración y, como consecuencia de ello, las gavetas de mi casa terminaban llenas de cachivaches sin utilidad ni sentido alguno.

“Esta piecita tiene que ser de algo, porque, si no, no la habrían inventado.” decía.

Y eso es exactamente lo que le pasa a la oposición con Juan Guaidó. Un martirio perpetuo tratando de encontrar para qué sirve en verdad su presidente ficticio, sin lograr arribar jamás a un escenario de certidumbre que les permita superar la frustración de la eterna derrota frente al chavismo.

Desde aquellas mentiras iniciales del asalto al poder que les prometió hace más de un año (incluido el cuento de que no había hablado con Diosdado), pasando por las incontables evidencias de corrupción en las que cada día aparece más involucrado, la alianza con el paramilitarismo, la gran estafa en las que terminaron sus llamados a marchas finales, sus fallidos anuncios de ingreso de ayuda humanitaria y de invasión norteamericana, los opositores han sufrido la decepción más recurrente y dolorosa que liderazgo alguno le haya causado jamás a su propia militancia.

A ese rosario de fracasos se les suma ahora la amarga contingencia del coronavirus. Ingenuos, como son, les sorprende que los organismos del Estado y la población en general sigan las instrucciones del presidente Nicolás Maduro, y ninguna del inefable Guaidó.

Justo ahora, cuando creían que por fin iban a ver la verdadera garra de su líder como estadista, descubren alarmados (como si fuera la primera vez que el farsante los estafa) que para esto, tan importante y tan trascendental para el país, tampoco sirvió para nada.

Se parece a los corotos de mi abuela.

 

@SoyAranguibel