Delincuencia disfrazada de política

Por: Alberto Aranguibel B.

La verdadera división que hay entre los venezolanos es entre una forma de ejercer éticamente la política, como la asume la gran mayoría de la población que desde distintas posiciones se ha mantenido apegada a la lógica del juego democrático, y, por la otra, la inmoralidad que caracteriza a los sectores ultraderechistas, que solo persiguen asaltar el poder para convertirlo en fuente de enriquecimiento y de ostentación.

El caso de un prominente operario de esos partidos de ultraderecha, que ha sido detenido por su actuación directa en infinidad de acciones terroristas, es probablemente uno de los más reveladores del talante inmoral de ese delincuencial sector del país.

Más allá del escándalo que significa su comportamiento sexual en la vía pública (que no nos interesa) lo verdaderamente repugnante es la forma en que él mismo revela, con el mayor cinismo, que su tarea en el partido es disponer del dinero proveniente de la empresa CITGO, de la cual ha sido despojada criminalmente el Estado venezolano, en el financiamiento de acciones de desestabilización y, lo que es más grave, para costear la lujosa vida que tanto él como su pareja se gastan con ese dinero robado a la nación.

Un cinismo que indigna cuando se sabe que ese dinero venía siendo dispuesto por el gobierno revolucionario para sufragar las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos de enfermedades de alto costo tanto dentro como fuera del país a una gran cantidad de pacientes de enfermedades terminales, la mayoría de ellos niños que hoy mueren por falta de asistencia de la fundación adscrita a CITGO, porque quienes ahora la controlan han dispuesto que tales recursos ya no se usarán más para costear operaciones o tratamientos médicos, sino que se asignarán arbitrariamente a una serie de organizaciones no gubernamentales, generalmente sin estructura ni desempeño verificable, y que en su mayoría suelen estar en manos de los propios conmilitones de la pandilla de saqueadores dirigida por el autojuramentado.

La muerte, que ha sido la aliada fundamental para esa derecha corrupta y miserable, vuelve a ser el arma en una lucha que se le ha vendido al mundo como ideológica, pero que no es otra cosa que un vulgar despojo de dineros públicos tras una fachada política. Solo que esta vez quienes mueren son niños inocentes.

@SoyAranguibel