Crítica a la “autocrítica”

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi un cuarto de siglo luchando para demostrarle al mundo entero que la revolución bolivariana es una realidad abrazada soberanamente por la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos, después de enfrentar las más cruentas arremetidas que proceso revolucionario alguno haya jamás enfrentado, por fin la oposición queda en evidencia como un conjunto de grupúsculos carcomidos por las ínfulas de una pequeña cantidad de dirigentes ineptos, mentirosos y manipuladores, tal como se ha dicho desde siempre desde el ámbito del chavismo.

Por fin la revolución tiene frente a sí un panorama provechoso para avanzar a mayor velocidad por encima de las campañas de difamación de la que ha sido víctima en esa lucha perpetua contra la derecha. La desintegración de esa atorrante oposición, producto de las bajas pasiones y la mediocridad que la explican, abre las puertas para la reunificación del país bajo el signo de la paz y la confianza que ahora puede inspirar el proceso bolivariano entre aquellos que fueron presa del engaño opositor durante tanto tiempo.

Pero justo en ese momento la esperada hora de zafarse de ese diabólico freno es desaprovechada por unos cuantos revolucionarios que deciden ocuparse en atacar el activo político con el cual el Presidente Maduro dio el más contundente y sagaz golpe a la derecha nacional e internacional, en el rescate de la gobernabilidad y la estabilidad política del país.

“¡Calladito te ves más bonito!”, le escribe por las redes sociales una compatriota a un Constituyente que por esa misma vía hizo un responsable llamado de atención acerca de la desmesura (por decir lo menos) de algunos comentarios vertidos en los últimos días desde las filas revolucionarias en contra de la Asamblea Nacional Constituyente y de sus integrantes, por la supuesta inacción de estos frente a la carrera inflacionaria que experimentan los precios de los productos de primera necesidad.

 “¡No escuchar al pueblo es un acto contrarrevolucionario de soberbia y de deslealtad a Chávez!”, sentencian otros que abonan sin precaución alguna el discurso subyacente en la destemplada campaña de descalificación que de esa manera se desata, según el cual los precios de los productos suben porque los Constituyentes no atienden al pueblo. Es decir; que no hay guerra alguna de las fuerzas capitalistas contra la Revolución; que los Constituyentes son unos burócratas que no tienen idea de lo que pasa en el país, que son tan inútiles como los diputados opositores, y que en virtud de ello toda maldición y todo insulto tendrían que ser aceptados en el más cerrado silencio.

La crítica y la autocrítica, como lo previsualizó Marx y lo desarrolló Lenín, son consustanciales a todo proceso revolucionario, porque es solo con el impulso de las ideas del colectivo (esencialmente desde las bases revolucionarias) como se genera la fuerza transformadora que va a derruir el viejo Estado para dar paso al que está por nacer bajo el signo de la participación y el protagonismo del pueblo.

En el capitalismo no existe la posibilidad de la revisión, salvo aquella que surge de la antojadiza y arbitraria necesidad o conveniencia del dueño de los medios de producción, porque la naturaleza privada del capital y la concepción elitesca del Estado burgués así lo determinan.

La crítica y la autocrítica revolucionaria son las fórmulas mediante las cuales se realiza de manera concreta la eliminación de la lucha de clases en la sociedad socialista, en virtud de la naturaleza colectiva de un modelo basado en el trabajo común del proletariado en la construcción de la Patria, y no en la búsqueda del bienestar económico a partir de las recurrentes crisis económicas que rigen la lógica explotadora del modelo capitalista.

No puede, pues, hablarse de la existencia de un proceso revolucionario si el mismo no está sustentado en un permanente sometimiento al juicio popular.

Pero los ataques de los que han (hemos) sido víctimas los Constituyentes distan mucho de ser ni siquiera medianamente una autocrítica revolucionaria.

En principio, porque dichos ataques no están desarrollados ni como crítica ni como autocrítica sino como reclamos, cuando mucho. Como quejas o como denuncias, quizás. Y eso es perfectamente válido. Pero en ningún caso (que hayamos visto nosotros, al menos) puede hablarse de un desarrollo argumentativo con el cual se refute la actuación o la propuesta política llevada adelante por la ANC, que permita el ejercicio de la confrontación o el debate de las ideas en la búsqueda del perfeccionamiento del proceso.

Se acusa por lo general (incluso en términos personales) más con el interés de condenar que de promover la búsqueda de soluciones a los problemas, partiendo de supuestos cuya veracidad o sentido lógico no se constata de ninguna manera, sino que se asumen como verdades absolutas que facultarían para sentenciar sin juicio alguno ni permitir derecho a la defensa por parte de los acusados.

Se sostiene desde esa particular apreciación de lo que debe ser la “autocrítica”, que a la misma no debe dársele respuesta alguna sino rendírsele acatamiento, sea cual sea el infundio que se profiera, sin importar si la misma se hace contra una instancia cuyo mérito fundamental es precisamente haber logrado contener el avance de las fuerzas enemigas que apenas hace tres meses estaban decididas a acabar de raíz con todo vestigio de revolución en Venezuela, incluyendo los beneficios sociales y las condiciones de bienestar económico del pueblo que esos “autocríticos” saben que solo en revolución son posibles y que por eso mismo la tarea más impostergable es la estabilización política y la paz de la República.

Todos, sin excepción (gracias a Dios son en realidad muy pocos), extraen descontextualizada la frase del Comandante Chávez que les sirve de licencia para su “autocrítica”, dejando por fuera la contundente acotación del líder de la Revolución respecto a la necesaria lealtad con la que la misma debe ejercerse.

En el inicio del llamado “Periodo Especial”, Fidel alertaba sobre los riesgos de una crítica y una “autocrítica” que equivocara el sentido correcto de la lucha revolucionaria, cuando decía: “Parece increíble que las escuelas estén abiertas en un pequeño país que ha perdido miles de millones de dólares en importaciones de productos, de materias primas y, especialmente, de combustibles […] Puedo asegurar que lo que hemos resistido nosotros no lo podría resistir ningún otro país, no lo habría podido resistir jamás un sistema capitalista […] Hemos tenido que tomar medidas, más medidas y muchas medidas, pero aquí está la Revolución cubana, no se ha derrumbado. Aquí está nuestro pueblo organizado. Hay orden en nuestro país; aquí están el partido, el Estado, la administración y los revolucionarios trabajando en una sola dirección, estrechamente unidos. Podrá haber problemas y dificultades, deficiencias y errores, pero no hay desorganización ni caos […] No ha llegado todavía la hora de hacer el análisis final, pero no hay duda de que si se quiere perfeccionar algo usted no puede empezar por destruirlo […] ¿Cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del partido, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del Estado, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo el prestigio y la autoridad del gobierno, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo los valores esenciales del socialismo?” (*)

Hay que decirlo; no es por falta de Leyes o normas emanadas de la ANC que los precios se disparan por las nubes, sino por el reducido margen de acción que ha tenido el gobierno (producto de la ingobernabilidad y la anarquía desatadas por la oposición desde el ámbito político) para hacer avanzar el modelo socialista, que es lo único, como lo dijo Chávez, que le permite a la sociedad superar las injusticias del capitalismo.

A la ANC le tocará explicar debidamente, sin demagogia, con la mayor claridad y sin formatos panfletarios, cómo es que lo que ha estado haciendo en favor de las venezolanas y los venezolanos sí es importante. Sí es indispensable para recuperar el bienestar económico. Sí es impostergable para retomar la senda de la felicidad que el pueblo alcanzó por primera vez en la historia solamente a partir de la llegada de la Revolución bolivariana.

No es dividiendo a las fuerzas revolucionarias ni amenazando con regresar al neoliberalismo como se consolidan las revoluciones, sino con más socialismo.

Por eso, a pesar de las dificultades (que nadie ha negado o desatendido jamás en la ANC), y no porque sean asumidas como trofeos burocráticos para nadie, es que hay que ganar todas las elecciones que sean posibles.


(*) Comandante Fidel Castro / VIII Congreso de la FEEM / La Habana, 06-12-1991.

 

@SoyAranguibel

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Sobre la crítica según Cortázar

– Publicado en sietealacarta.com.ve el 19 de noviembre de 2014 –

Por: Gipsy Gastello

No cabe duda de que vivimos tiempos huracanados y confusos. Sin la presencia física del Comandante Chávez, una ausencia que jamás dejará de dolernos, nuestros estados de ánimo se revuelven y retuercen. De eso se aprovechan quienes detractan a la Revolución Bolivariana para envolvernos en una polvareda de angustia y decepción.

Somos un pueblo despierto y protagónico, consciente y luchador. Por lo tanto, no somos presa fácil para aquellos que pretenden doblegarnos a punta de guerras económicas y malversaciones mediáticas despiadadas. Y en medio de la lealtad absoluta que nos pidió el Comandante Chávez aquel 8 de diciembre para apoyar a nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro, también está nuestro criterio ejercitado, nuestro libre albedrío, nuestro derecho a opinar y a decidir, nuestro derecho a ser escuchados.

Sin embargo, en estos tiempos huracanados el ejercicio de la crítica y la autocrítica es un terreno movedizo y plagado de fragilidades que pudieran, más que sumar, restar voluntades. La derecha sabe dónde golpear y es allí, en esa certeza del otro que pretende arrodillarnos, donde debemos recordar más que nunca que solos somos una gota y que juntos somos aguacero, tal como decía el Comandante Chávez. Y no me malinterpreten, que no salten los puristas a sentenciarme con que el silencio no es la solución. Callarnos jamás, eso ni imaginarlo. Pero sí ejercitar la crítica y la autocrítica para construir y no para destruir.

No soy quien para definiciones de este tipo y mucho menos en un panorama tan sensible. Pero echo mano al gigante de la literatura, Julio Cortázar, para que me ayude en esta breve nota. En el libro recientemente editado por El Perro y La Rana, bajo el título Testimonios de una escritura política, Cortázar se detiene en este tema. En un capítulo llamado Los grados de la crítica, el argentino dice:

“Me muevo en el contexto de los procesos liberadores de Cuba y de Nicaragua, que conozco de cerca; si critico, lo hago por esos procesos y no contra ellos; aquí se instala la diferencia con la crítica que los rechaza desde su base; aunque no siempre lo reconozca explícitamente. Esa base es casi siempre escamoteada; prácticamente no se niega nunca al socialismo como ideología válida, mientras que se denuncian y atacan vehementemente los frecuentes errores de su práctica. A la cabeza (y a la vez en el fondo cuando se trata de Cuba) está la noción de la URSS vista como un régimen execrable; Stalin borra la imagen de Lenin, y Lenin la de Marx. Esa crítica no acepta el socialismo como ideología viable, y no lo acepta por las mismas razones que el capitalismo enuncia desembozadamente, así como éste supone un elitismo económico dominante e imperialista, esa crítica intelectual supone un elitismo ‘espiritual’ que se alía automática y necesariamente al económico. Pero eso, claro, no se dice nunca. El miedo signa esa crítica: el miedo de perder un status milenario.

Cuando no se tiene en cuenta esta opción básica, ese tipo de crítica puede convencer a muchos, y de hecho los convence, máxime cuando se hace con inteligencia y con el beneficio del prestigio que da una importante obra literaria paralela; ¿cómo echar en saco roto las críticas de un Octavio Paz, de un Mario Vargas Llosa? Personalmente comparto muchos de sus reparos, con la diferencia de que en mi caso lo hago para defender una idea del futuro que ellos sólo parecen imaginar como un presente, mejorado, sin aceptar que hay que cambiarlo de raíz”.

Con el desenlace actual de Mario Vargas Llosa, convertido en protagonista y bandera de la feroz derecha hispanoamericana, resulta interesante leer a un Cortázar militante de la izquierda, crítico constructor y defensor del socialismo. Ojalá tuviéramos todos esa mente brillante de Cortázar y su tino para diferenciar la crítica por el proceso y no contra el proceso. Hay una delgada línea -muy peligrosa- que separa a la una de la otra. Y en esa delgada línea, el miedo de algunos a perder su “status milenario”.

En la última entrevista que concedió Cortázar a la revista Siete Días, en febrero de 1984, hay una frase más que contundente que se las dejo a mis lectores y lectoras para que la guarden por allí: “Tiene que haber una crítica, una crítica generosa, que no sea una crítica desgraciada para jabonarle el piso al gobierno”. Creo que es necesario, hoy más que nunca, reflexionar en frío sobre esta gran afirmación del cronopio mayor.

@GipsyGastello

Fuente: sietealacarta.com.ve

Aranguibel: “Lo que está haciendo Marea Socialista es una acción divisionista”

– Programa “Vladimir a la 1“, transmitido el 12 de noviembre de 2014 por Globovisión –

(Caracas, 12 de noviembre. Noticias24) – El periodista y analista político Alberto Aranguibel se refirió este miércoles a la actualidad política nacional durante el programa “Vladimir a la 1″ que transmite Globovisión.

Ante los planteamientos de diálogo y de posibilidades de acuerdos de coalición, Aranguibel advirtió que estos deben ser examinados con mucho cuidado porque si no “se puede caer en aquella lógica de la ‘conchumpancia’ que privó en el pasado” y que “afectó tanto al país, incluso hasta económicamente”.

En ese sentido, no descartó la posibilidad de que existan quienes traten de “pescar en río revuelto para sacar algún beneficio” en medio de la coyuntura de una “guerra económica de la que el presidente Nicolás Maduro está saliendo con mucho esfuerzo”.

Se refirió a “unas propuestas que han venido siendo muy persistentes en ese discurso de achacar todo lo que sucede a la dirigencia revolucionaria y al presidente Maduro en particular, dejando por fuera elemento que inciden en ello, como el comportamiento de un sector privado especulador que ha quedado al descubierto”.

No descartó la posibilidad de que existan quienes traten de “pescar en río revuelto para sacar algún beneficio en medio de esa coyuntura”.

Al preguntársele cuánto hay de guerra económica y cuánto de errores por parte del Gobierno, Aranguibel sentenció: “Distorsión económica, en términos estrictamente económicos, es aquella en la cual políticas de los gobiernos generan una situación de inflación y de déficit en el balance de las cuentas públicas. Ese no es el caso en Venezuela… Aquí la situación es que hay una ola especulativa que ha impactado a toda la sociedad”.

Por eso, pese al hecho de que los buhoneros sean base social del chavismo, Aranguibel aseveró que estos no tienen derecho a delinquir especulando. Además, agregó que “el proceso de formación ideológica de esas bases no ha sido fácil, pues es un proceso de construcción que se viene dando y que nadie ofreció que se iba a resolver de la noche a la mañana”.

“La supuesta izquierda crítica”

A juicio de Aranguibel, hay frases de Hugo Chávez que “pueden servir para cualquier cosa cuando son sacadas de su contexto histórico original. Hay algunos de la supuesta izquierda crítica que han hecho eso: extraen con pinzas alguna frase del comandante, que habló de tantas cosas que si no las miras en términos de su contexto real, vas a tener fallas”.

En otra idea, opinó que la historia del Muro de Berlín también debe verse desde una óptica ampliada: “Hay una gran hipocresía en todo eso… se trata de crear una percepción en la historia de que el gran triunfador toda aquella Guerra Fría que precedió la caída del Muro de Berlín fue el capitalismo, pero eso no necesariamente es así. ¿Cómo hacemos en este momento con el muro de Israel (…) o el de México? No puede ser que haya un muro de la ignominia y otro del triunfo de la libertad”.

A propósito de ese debate, Aranguibel criticó que la polarización sea vista por la derecha venezolana como “un percance”. Por eso se preguntó: “¿Qué quieren? ¿Que no no haya debate político? ¿Que haya un totalitarismo? ¿Cómo se desarrolla una sociedad democrática sin la posibilidad de que se debata?

Al referirse a las diferencias entre el gobierno y la que llamó “supuesta izquierda crítica”, el analista dijo que sí es posible generar un debate, “pero debe ser honesto”. Por eso consideró que “lo que está haciendo Marea Socialista es un avance de naturaleza divisionista pero “entaparada” (disfrazada)“.

“¿Qué quieren? ¿Que no no haya debate político? ¿Que haya un totalitarismo? ¿Cómo se desarrolla una sociedad democrática sin posibilidad de que se debata?”

Insistió en que la propuesta de Marea Socialista es trotskista, pues “cuando tú revisas la historia de las divisiones en la izquierda, desde los orígenes del pensamiento marxista, te vas a encontrar con que ha sido persistente cuestionar desde esa óptica el desempeño de la dirigencia revolucionaria. Eso no es nuevo… Al mismo Marx le dividieron la I Internacional Socialista“.

En todo caso, valoró aquellas divisiones de la I Internacional Socialista -de las que surgieron el anarquismo y la socialdemocracia- como “honestas” a diferencia del trotskismo que siempre va a insistir en que no es divisionista.

Dijo que el trotskismo, imposibilitado para reunir fuerzas por su poca capacidad de convocatoria, se propuso controlar la fuerza revolucionaria ya constituida “tratando de desplazar a la dirigencia partidista (que ellos denominan burocracia partidista), que es el mismo discurso que tiene ahora Marea Socialista“.

Arguyó que los planes de Marea Socialista son “crear fracturas entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello” y procurar que la militancia se ponga en contra de su dirigencia, “cuando el trabajo, según la doctrina chavista, debe ser todo lo contrario”.

De tal manera que advirtió: “El que se mete en la candela política debe asumir que se puede quemar, y ellos deben asumir que aquí hay gente que los va a combatir desde el punto de vista del debate… los grandes fracasos de la izquierda en América Latina se debieron a las muchas fracturas del chantaje de la victimización con la que siempre se quiso callar ese debate”.

Fuente: Noticias24