Aranguibel con Padilla. “El problema más grave en Venezuela es comunicacional”

En conversación con el periodista Iván Padilla Bravo en el programa Todos Adentro, Alberto Aranguibel reflexiona acerca de la importancia del medio de comunicación en la sociedad actual y el rol que desempeñan las redes sociales en esa nueva realidad mediática que atenta más que ningún otro factor contra la noción de democracia que ha conocido la humanidad hasta ahora.

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Enemigo pobre

– Publicado en últimas Noticias el miércoles 13 de enero de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La ideología (si así pudiera llamársele) en la que se sustenta la oposición venezolana no es nada compleja. Su simpleza filosófica deriva del carácter revanchista que la inspira. Con lo cual su sustrato teórico, antes que un compendio de postulados económicos o políticos, es más bien un manual de la buena conducta antichavista.

La exdiputada de Panamá, María Machado, expresaba muy bien esta modalidad de filosofía política en una rueda de prensa en la que le preguntaron qué haría ella de llegar al poder, a lo que respondió tajante y sin titubeo alguno: “Todo lo contrario de lo que hace el Gobierno actual.”

En esa confrontación, su enemigo está más que perfectamente definido.

Quienes votaron durante más de tres lustros por la propuesta revolucionaria impulsada por el Comandante Chávez y hoy continuada por el presidente Maduro, son en definitiva los causantes de todas las penurias y amarguras de la derecha venezolana y de su militancia en pleno.

“Tierrúos”, “desdentados”, “hordas”, “chaburros” y “maburros”, son solo algunos de los epítetos antichavistas preferidos por esa gente que se autodefine como “decente”, “culta” y “bien hablada”, tal como se le ha escuchado infinidad de veces no solo a derechistas pata en el suelo en cualquier restaurante del este de Caracas, sino a los mismísimos dirigentes de la oposición a cada rato.

Ramos Allup, por ejemplo, cuando les dice a voz en cuello a los humildes integrantes del cuerpo de Policía Nacional que resguardan las adyacencias de la Asamblea Nacional, que el pueblo que se reúne en la Esquina Caliente en la Plaza Bolívar de Caracas, al que acusa de “agresores de todo el que medio sepa leer y escribir” (con lo cual los proscribe de entrada por su supuesta condición de iletrados), es solo una cantidad de “malvivientes de donde salen los criminales que asesinan a la población”, lo que dice es que los pobres son para él exactamente lo mismo que un excremento, al que hay que evacuar por el inodoro como cualquier inmundicia.

Es lo mismo que dijo de los pobres la oligarquía a través de la historia, solo que edulcorado con el tonito betancuriano tan repugnante que caracteriza a todo dirigente adeco.

Para esa gente hasta ayer el pueblo era “el elector”. Hoy vuelve a ser “el enemigo histórico”.

@SoyAranguibel

Cultura contra bachaqueo

– Publicado en Últimas Noticias el 17 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En pleno corazón económico de Petare, en los alrededores de la redoma y en su vertiente hacia Maca, conviven hoy de manera yuxtapuesta los factores más emblemáticos de la confrontación ideológica por la que transita el país desde hace más de tres lustros.

En las calles es virtualmente imposible alcanzar a ver el piso entre la anárquica turbamulta de timbiriches de bachaquería, mercachifles de toda pelambre, compradores desesperados, motitaxistas arbitrarios, camioneteros del abuso y pobladores de resignación infinita, ninguno de los cuales refleja en modo alguno en su rostro expresión de complacencia con el tumulto que ya pareciera formar parte inexorable de sus vidas.

El bachaqueo se impuso en toda esa zona como si de un demencial territorio liberado se tratara, para colocarse al servicio de una distorsión socioeconómica que deriva directamente de dos factores; por un lado los bajos precios de los productos regulados de los cuales se aprovecha el bachaqueo para llevar a cabo su perverso negocio, y por el otro la inmoral usura que, gracias a un consumismo voraz sembrado en la sociedad por el capitalismo, persigue destruir la capacidad adquisitiva del venezolano y adueñarse del bienestar económico que con tanto esfuerzo la revolución bolivariana ha construido.

De manera sorprendente, la Hacienda El Toboso se erige como un oasis en medio de ese degradante muladar capitalista, para dar paso a un escenario de paz en el que Tito Salas diera vida a su obra inmortal y que hoy la revolución bolivariana reactiva a través del valioso e incansable esfuerzo de un excepcional equipo de cultores populares al frente del cual se encuentra la infatigable promotora y amiga de la cultura nacional Natacha Castillo.

Una muestra más del inmenso trabajo de rescate de nuestros auténticos valores culturales, así como de refacción a fondo de toda una inapreciable infraestructura que el capitalismo abandonara como expresión de su desprecio por nuestra identidad como pueblo.

Son dos concepciones y dos modelos los que se enfrentan hoy en Petare; el capitalismo salvaje que promueve el bachaqueo usurero y especulador, y el socialismo bolivariano profundamente humanista y redentor de lo nuestro, con base en la paz, la cultura y la justicia social.

 

@SoyAranguibel

La dominación como cultura

– Publicado en el Correo del Orinoco el 02 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La desigualdad no sólo es resultado de la distribución dispareja de los medios de producción, sino también es producto de una construcción política y cultural cotidiana, mediante la cual las diferencias se transforman en jerarquías y en acceso asimétrico a todo tipo de recursos” L.Raygadas

Entre 1817 y 1828, mientras la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos luchaban por su independencia, en México avanzaba uno de los despojos más descomunales jamás visto en la historia del continente americano. Con la excusa de una necesidad de naturaleza humanitaria, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica le pedía a la por aquel entonces naciente república federal mexicana un permiso de usufructo provisional de tierras para unas 300 familias anglosajonas, para lo cual solicitaba unas 30.000 hectáreas de territorio en lo que hoy se conoce como el Estado de Texas.

El desconocimiento que esas familias proclamaron posteriormente contra la legítima autoridad del gobierno mexicano, fue el origen de un asalto continuado que a lo largo de más de tres décadas le arrebató a ese país no solo el estado de Texas, sino Alta California y Nuevo México, que comprenden los actuales estados de Nuevo México, Arizona, Colorado, Nevada y California, alcanzando un total de más de 32 millones de kilómetros cuadrados de territorio.

Para poblar aquellos vastos espacios robados a los mexicanos, Estados Unidos inventó en primer lugar la fiebre del oro (el llamado Gold Rush) que movilizó a mediados del siglo XIX a cientos de miles de pobladores de la incipiente nación imperialista a desplazarse hasta aquellos remotos e inhóspitos parajes. Una segunda gran oleada de norteamericanos llegó hasta aquel lejano oeste casi un siglo después con el advenimiento del cine.

Contrario a lo que suele creerse, el cine no se desarrolla en Hollywood porque los terrenos para instalar los gigantescos estudios que se requerían fuesen más baratos, o porque las condiciones climatológicas les resultaran más favorables que en ciudades del este, sino porque los realizadores le huían al gran perseguidor de innovaciones que fue Tomas Alva Edison, quien ya se había hecho famoso no por su capacidad inventiva como ha querido presentarlo siempre la academia norteamericana, sino por su proverbial afán por apropiarse de los grandes inventos que entonces proliferaban en todas partes del mundo, a partir del registro de patentes en el que el falso inventor era todo un potentado. Edison, que había logrado plagiar el invento de George Eastman del arrastre mecánico de celuloide mediante el uso de película perforada, había registrado la patente del cinematógrafo en Nueva York, lo cual limitaba en esa parte del país la posibilidad de realización de filmes tanto de alto como de bajo costo para realizadores independientes e incluso para los nacientes estudios cinematográficos.

Tal circunstancia resultaba propicia para poblar cada vez más densamente un territorio que habiendo sido usurpado ilegítimamente de la forma brutal en que se hizo, ha sido siempre susceptible de restitución a sus propietarios originales en virtud de la precariedad del soporte legal sobre el cual se asienta tan infame despojo. Hasta hoy, lo que aduce los Estados Unidos como razón para el robo a México de más de la mitad de su territorio es una transacción por 15 millones de dólares efectuada en 1848, con los cuales se habría pagado lo que hasta el día de hoy presenta como una “cesión” mercantil de tierras.

Desde la concepción imperialista de los sectores hegemónicos norteamericanos, la ocupación de territorios no ha sido jamás determinada por necesidad alguna que no fuera la de la dominación por la dominación en sí misma, y no por la falta de espacios para el desarrollo de asentamientos poblacionales, de extensiones cultivables o para la instauración de complejos fabriles, como lo demuestra el hecho de contar hoy esa nación con una de las más grandes proporciones de tierras vírgenes, deshabitadas o sin explotación productiva alguna.

Ese gran despojo, llevado a cabo bajo la ley de las armas y del sometimiento económico con las cuales se ha impuesto su dominación a través del tiempo, constituye hoy más de un tercio del territorio estadounidense, sobre el cual se ha desarrollado una sociedad fundada en la filosofía de la supremacía, que lleva al norteamericano común a creer que la única nación civilizada del planeta es Estados Unidos y que el resto del mundo es incultura y barbarie.

De ahí que esa misma industria asentada sobre tierra ancestralmente azteca presente siempre en su producción cinematográfica a México como el estercolero del mundo, a donde van a parar los peores y más despreciables criminales cuando buscan evadir la justicia. A lo largo de todo el contenido mediático hollywoodense, los asesinos, asaltantes de bancos, violadores y prófugos de toda ralea, tienen en México una suerte de templo de la impunidad donde las peores bandas delincuenciales hacen vida libremente en un inconcebible reino de placer y concupiscencia que la arbitrariedad cultural norteamericana ha creado en su discurso imperialista como referencia iconográfica de la perversión.

Un fenómeno clásico de discriminación cultural (asociada a la concepción eurocentrista que prevaleció durante buena parte del siglo XIX y casi todo el siglo XX sobre la definición de cultura como el activo intelectual exclusivo de las élites hegemónicas que eran las llamadas a impulsar la civilización y el progreso frente a los sectores “incultos”, los desposeídos, que desde la óptica burguesa no aportaban nada a la sociedad) a partir del cual Gramsci establecía que la dominación por parte de los sectores dominantes no se ejercía mediante la fuerza de las armas solamente, sino fundamentalmente a través de la sumisión cultural.

Por eso un sujeto como el magnate Donald Trump, dueño entre otras muchas grandes posesiones inmobiliarias y empresariales del más importante certamen de belleza en el mundo como lo es el Miss Universo, es decir, de la comercialización universal del cuerpo de la mujer, revienta de ira cuando un destacado director de cine mexicano sobrepasa con su extraordinario talento a los más grandes de la industria norteamericana del celuloide llevándose no una, ni dos, ni tres, sino cuatro estatuillas del Oscar en la edición 2015 del premio.

Para el imperialismo, la cultura (como cualquier otro producto) debe expandirse en una sola dirección; del imperio hacia el mundo. Jamás a la inversa. Por eso para la élite cultural dominante es perfectamente correcto que los realizadores y actores norteamericanos arrasen con los premios de los festivales cinematográficos del mundo entero. Pero que un extranjero sea premiado en Norteamérica es una intolerable insolencia.

La abominable reacción del excéntrico millonario que acusa hoy a México de estar estafando a los Estados Unidos resulta en principio incongruente con la complacencia que demostró todos estos años con los mexicanos, en particular con la señorita Ximena Navarrete, Miss México y Miss Universo 2010, con quien se regodeó en ágapes infinitos con ocasión de aquel certamen y durante los meses y años subsiguientes. Es evidente que desde su particular óptica el poder de la belleza mexicana no compromete la pretendida supremacía gringa en lo cultural.

ximena-trumpDonald Trump y Ximena Navarrete (Miss México 2010)

Pero cuando se analiza su insólita verraquera desde el punto de vista de la doctrina social y política, se comprende que el acaudalado magnate no responde a una apreciación o circunstancia personal en modo alguno sino a un código cultural de profunda y repugnante raigambre imperialista, exactamente en la misma lógica del presidente Obama cuando afirma jactancioso ante el mundo que “A veces tenemos que torcerle un poco el brazo a ciertos países que no quieren hacer lo que les pedimos.

El debate sobre el derecho a la pluralidad cultural ha estado siempre presente en la sociedad moderna sobre todo a partir de la insurgencia de las grandes corrientes revolucionarias que desde finales del siglo XVIII han promovido la inclusión y la igualdad social de los pueblos. Solo que hoy, en medio de la vorágine desatada por las más siniestras fuerzas hegemónicas del mundo actual, hay voces que a veces sobresalen con mayor crudeza de entre la pestilencia común de la voracidad imperialista. La de Donald Trump es solo una de ellas.

@SoyAranguibel

La cultura de las guarimbas

jesus-es-mi-amigoPor: Alberto Aranguibel / Últimas Noticias 17 / 05 / 2014

Una amiga, educadora de profesión, colocaba esta semana en su muro de Facebook lo siguiente: “He sentido una particular tristeza esta mañana. La causa: mis estudiantes -venidos todos de sectores opositores- no sabían quién es Jacinto Convit”. Más adelante, otro muralista ponía: “¿Cuántos conocen la obra de Jacinto Convit y cuántos la de Chino & Nacho? La respuesta sabemos cuál es, lo que demuestra la degradación cultural de la sociedad”.

Los orientadores de la ética de la sociedad moderna suelen ser los mismos que promueven su enajenación.

Así nos encontramos con que quienes aterrorizan a la gente como nunca antes en nuestra historia contemporánea, desplazan en popularidad y casi de manera instantánea a los líderes naturales de su sector político.

Una desclasada y muy desvencijada actriz de relleno, que después de cuarenta años de haber abandonado el país con su iluso y fracasado proyecto de estrellato en Hollywood, se arropa las nalgas con la bandera nacional y con ello hace que la militancia opositora le dé la espalda ipso facto a su más impetuosa lideresa, a quien dejan en el olvido sin importar ya si es por fin o no diputada.

Otra compatriota narra crispada de horror el encuentro en el colegio de sus hijos para discutir la resolución 058. “Una ciudadana muy ‘decente’ y perfectamente arreglada afirmó que la educación de antes era la mejor, donde Cristóbal Colón era un “HÉROE” y que el 12 de octubre toda la vida se celebró el DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, hasta que este gobierno se encargó de llamarlo (en tono de burla) DÍA DE LA RESISTENCIA INDÍGENA”.

Dice la amiga que cuando alguien la refutó señalando el genocidio que los conquistadores llevaron a cabo contra nuestros aborígenes, la mujer respondió airada y a fuerza de gritos “¡Por supuesto que nos hicieron un favor los conquistadores, de lo contrario seguiríamos siendo UNOS INDIOS IGNORANTES Y COCHINOS!”. Lo más aterrador, según comenta la compatriota, era la cantidad de padres y madres que avalaban en esa reunión su miserable discurso. Esa es la sociedad “decente” que luego no sabe de dónde salen los guarimberos. Y que, como quien se niega a reconocer a su hijo como drogadicto, acusa a los demás de echárselo a perder.

Algo así como el necio cuento de “los infiltrados”, con el que ahora pretenden esconder el terrorismo de sus niños lindos.

Una bestia recorre el mundo; el capitalismo

capitalismo bestia

SI QUEREMOS LAS PAZ CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO

Por Martín Guedez

El esfuerzo inédito por la paz del gobierno revolucionario merece la admiración y el respaldo de todas las personas de buena voluntad. Sin embargo resulta evidente la conexión entre el clima de violencia que se impone a la sociedad venezolana y los fines políticos inmediatos de quienes la están construyendo. No obstante, creo que esta pandemia de  violencia e inseguridad trasciende el momento político y posee unas causas más profundas e integrales.

Estamos persuadidos de que esta cosmovisión responde a las necesidades propias de un sistema económico, político y social que se nutre de la violencia. Estamos arribando a un punto culminante en la construcción consciente del principio de autodestrucción. Es la estructura del sistema la que propicia y necesita de este escenario general. Es la competitividad sin límites la que requiere de este clima erigido en principio.

La competitividad para tener más fortalece preponderantemente el crecimiento de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más capaz (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, es el triunfador. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona y se imponen los más fuertes. Estos “merecen” sobrevivir, pues dinamizan la economía. Los más débiles son peso muerto, por eso son, desincorporados o eliminados. Esa es la lógica feroz y terrible del sistema capitalista neoliberal. Con esa lógica en marcha quien no tiene, porque ha sido excluido, busca el tener a su aire y manera, por ejemplo, con una pistola colocada en la cabeza de quien posee lo que él desea y no tiene.

Esta competitividad feroz invadió prácticamente todos los espacios sociales: los lugares de trabajo, las universidades, las escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la competitividad tiene que ser agresiva. El que más produzca, el que más consuma, el que más cabezas pise, ese es el Jefe, ese es el que manda. No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos hasta la religión, desde las cremas adelgazantes hasta la cultura. Los espacios personales y sociales, que tienen valor pero que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se encuentran cada vez más arrinconados, como una especie exótica en vías de extinción. Sin embargo, estos son los lugares donde respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos hace anémicos y nos deshumaniza. El capitalismo es inhumano en esencia. El capitalismo es la mejor representación de Satanás.

En la medida en que prevalece sobre otros valores, la competitividad provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Cada quien lucha defendiéndose y atacando por su sobrevivencia. Ocurre que luego del derrocamiento del socialismo real, con la homogeneización del espacio económico de cuño capitalista, acompañada por la cultura política neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia fueron llevados el extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada. La potencia hegemónica, EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo el crimen  y las armas, para siempre triunfar sobre los demás. En unos pocos años hemos podido ver esta lógica criminal en plena acción tanto en Afganistán como en Iraq, Libia o Siria. Aplican el genocidio y la violencia generalizada en su ley, para lograr lo que desean…  Seguir leyendo “Una bestia recorre el mundo; el capitalismo”