Curcio: Lo que algunos no dicen

Por: Pasqualina Curcio

Hay quienes, con ligereza, responsabilizan al gobierno, y sobre todo al modelo bolivariano, de la inflación y de la escasez que estamos padeciendo los venezolanos.

Discurre su discurso en una supuesta “crisis humanitaria” que está siendo causada por un gobierno que controla los “mercados”; que no entrega divisas a las empresas privadas para importar alimentos y medicamentos. Un modelo, que imprime e imprime billetes, que según ellos, es la causa de la inflación.

Jamás mencionan al Dolartoday. Mucho menos su incidencia sobre los precios internos de la economía y la inflación. Ni hablar de la falta de argumentos rigurosos y demostrables que les permitan explicar la variación de 2.931.044% de este tipo de cambio ilegal desde 2012. Olvidan decir que las grandes transnacionales de los alimentos, medicamentos, productos de higiene, repuestos para vehículos y maquinarias, incluso las aerolíneas, han recibido, de parte del Estado y a tasa preferencial, 389.062 millones de dólares entre 1999 y 2014.

No se pasean por la posibilidad de que estas empresas traigan sus capitales, busquen sus propias divisas, soliciten préstamos, así como hacen en cualquier país que no tiene petróleo. Tampoco mencionan que, desde 2012, estas transnacionales no han reportado pérdidas operativas en sus informes anuales.

Evitan decir que alimentos y medicamentos que no se encuentran en los establecimientos formales, los tienen los bachaqueros. Que alguien los produce, alguien los importa, y alguien también altera los canales de distribución y los desvía a los mercados ilegales. No precisan que la distribución de estos bienes la tienen los monopolios privados.

Pasan por alto que en 5 años los pequeños productores han abastecido de frutas, legumbres, vegetales, mientras que las grandes corporaciones, con incuestionable capacidad financiera, no lo han hecho y tienen a todos sus clientes haciendo largas colas en las puertas de los establecimientos.

No existe, para ellos, la noticia de la formalización de las sanciones económicas contra el pueblo venezolano, por parte de Donald Trump. No mencionan que nos tienen bloqueados los recursos financieros para importar alimentos y medicamentos, que no nos permiten emitir los pagos de la deuda, que los países y las empresas están siendo presionados para que no nos vendan esos bienes.

En fin, no han denunciado, ni rechazado las criminales agresiones económicas contra el pueblo de Venezuela.

Pasqualina Pasqualina Curcio

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¡Que viva la democracia!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Después de tanto soportar la pena de sentir tu olvido / después que todo te lo dio mi pobre corazón herido” Wello Rivas

Tiene que ser que en alguna parte del camino la dirigencia opositora se topó con algún antiguo manual de sociología política en el que se instruía la conveniencia de ahorrarse el desgaste neuronal que comprenden los procesos de estructuración de las ideas en el cerebro humano y que, a punta de controversias y confrontaciones ideológicas intensivas,  terminaron por convertirlo en el “texto sagrado del antichavismo”.

Seguramente regresan a él con frecuencia a revisar su letra orientadora, como los practicantes del “sungazing” (la técnica hindú de la alimentación y la sanación mediante la influencia de la luz solar) que acuden a la energía del sol para nutrir la vida con su sola contemplación prescindiendo de todo alimento.

Cuando se cuenta con una fuente de alimentación intelectual tan pródiga, no se necesita recurrir a ninguna otra.

Seguramente ese texto antichavista habla del valor de la retórica pura y sin enredos, o del peso del discurso simple que conduce a la felicidad sin complicaciones filosóficas de ningún tipo, o del fraseo emocionante y simpaticón sin compromisos teóricos que dificulten el entendimiento, y uno no lo sabe.

También pudiera ser cierto lo que tanto se pregona en el fascinante mundo de la oposición venezolana, en cuanto a que somos nosotros , los chavistas, quienes no sabemos coordinar la actividad de las sustancias neurotransmisoras que producen millones de emisiones por segundo entre los axones y las dentritas del encéfalo para procesar hasta la más insignificante información, y que sea eso lo que nos hace difícil comprender la persistencia opositora en el fracaso de la lógica y del sentido común.

Pudiera ser. Pero ante el milagro que ha obrado en nuestro país con el desbordamiento de inconsistencias y contradicciones infinitas entre ellos mismos a través del tiempo, es perfectamente posible establecer sin lugar a equívocos que el liderazgo opositor es inepto como más nadie en el planeta, y posiblemente como nunca antes en la historia de la política universal.

Haber desmontado desde la oposición la falaz especie de la dictadura que reinaría en Venezuela (tal como ha sostenido tan tozudamente el Secretario General de la OEA que existiría en el país) con la más sólida e irrefutable argumentación que pudiera encontrarse en el ámbito del conocimiento humano como no lo ha estado ni remotamente cercana de hacerlo la mismísima Dirección Nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, es definitivamente un logro excepcional que no merece mayor explicación.

Después de años de invertir sus mejores esfuerzos (amén de los milmillonarios recursos económicos y materiales que le metieron a su guerra contrarrevolucionaria) en tratar de convencer al mundo de que la supuesta tiranía del Presidente Nicolás Maduro ya había acabado con todo resquicio de democracia en nuestro territorio, ellos mismos echan por tierra su infame andamiaje de falsedades con la sola inscripción de sus candidaturas para la elección de Gobernadores.

Para Luis Almagro debe ser todo un bochorno el choteo del cual tiene que ser víctima desde entonces a lo largo de la avenida Constitución (cruce con calle 17) en Washington. “¡Sí hay democracia en Venezuela!”, deben gritarle desde los embajadores hasta los perrocalenteros.

¿A quién se le ocurre inscribirse para una elección cualquiera en el mismo país al que se le ha acusado por años de tener el sistema electoral más fraudulento del mundo y donde se ha perdido hasta el galillo de la garganta gritándole a todos los organismos multilaterales que hay una dictadura brutal y sanguinaria que le cercena hasta la la más mínima posibilidad de respiración a la gente?

¡Claro que hay división de Poderes!

¿No ven cómo el Poder Legislativo acude tan entusiasta con candidatos propios a esa elección?

¡Por supuesto que es confiable el sistema electoral!

¡Es el mejor del mundo!

¿No ven cómo tratan a los opositores con la mayor cordialidad después de llamar de prostitutas pa’ abajo a las autoridades del organismo rector de las elecciones?

¡Claro que hay democracia!

Mandaron a asesinar sin ningún pudor a decenas de venezolanos, luego de lo cual, Armani de por medio, corbata italiana de por medio, y anteojos Dolce&Gabbana de por medio sustituyendo las repugnantes máscaras antigases, los pavosos escudos de cartón piedra, y las asquerosas franelitas de Leopoldo, el Consejo Nacional Electoral les ofrece todas las facilidades para su postulación como candidatos a gobernadores, tal como se hace en las democracias más avanzadas del mundo entero.

No existe ya Leopoldo en las portadas de la prensa internacional. El aguerrido símbolo de la lucha contra esa supuesta tiranía del castro-chavismo suramericano, único activo real de esa pelea de más de una década por hacerse de un espacio significativo en la palestra política mundial, fue destruido en cosa de días apenas por su propia esposa. La misma que hasta ayer aparecía sollozando ante las cámaras de las grandes cadenas noticiosas, en los parlamentos más ultraderechistas del mundo, en la sede de cuanto organismo de protección de derechos humanos existiera en el planeta, precisamente porque la supuesta dictadura de Maduro no le permitía ver nunca a su marido, y que de un día para otro aparece embarazada para partir silenciosa rumbo a ignotos parajes en el extranjero.

Todo su activo político (y el de su inefable mentor Almagro), demolido de la noche a la mañana por ellos mismos sin la ayuda de más nadie suena más a acto de prestidigitación que a ninguna otra cosa. Para nadie puede resultar creíble que tamaña torpeza pueda ser obra de mentes medianamente pensantes.

Termina siendo, en todo caso, que la democracia venezolana no solo existe, como lo corrobora en forma inobjetable la propia actuación de la oposición venezolana, sino que es amplia, profunda y plural como ninguna otra, al nivel de permitirle y celebrarle la insensatez del gazapo y la irresponsabilidad a un sector que con su sola presencia en la vida pública nacional demuestra la robustez del sistema de libertades que puede disfrutarse en el país.

Pero las democracias de otras latitudes no son como la venezolana. En las sociedades políticamente maduras el escarnio público y la desaprobación más categórica habrían sido las únicas opciones para un sector político tan incompetente e irresponsable como lo es la oposición venezolana.

Hace falta caminar en la dirección de esa madurez de las sociedades altamente desarrolladas, independientemente de la orientación política del proyecto de país. Necesitamos una democracia que responda no solo a las necesidades materiales del ser humano, sino a la aspiración de engrandecimiento en el plano ético y espiritual de su existencia.

Para eso, entre otras muchas cosas importantes para las venezolanas y los venezolanos, ha venido también la Asamblea Nacional Constituyente; para dignificar el ejercicio de la política que una oposición atorrante y pendenciera ha malbaratado y enlodado tan de mala manera.

Y eso, en apenas veinte días de ejercicio constituyentista, es lo que el país ha empezado a percibir de la forma seria y altamente consustanciada con el pueblo como se está conduciendo la ANC.

Un ejercicio orientado a hacernos sentir a todas y todos cada vez más orgullosos de nuestra democracia bolivariana participativa y protagónica.

@SoyAranguibel

Tintori: el capitalismo bonito

Por Alberto Aranguibel B.

Como sistema económico el capitalismo es repugnante. Someter a la sociedad a la vil explotación que el capitalista ejerce sobre el trabajador para permitir que una pequeña porción de ella disfrute de los más fabulosos placeres de la vida mientras el obrero y su familia padecen la tortuosa carga de la producción, sometidos a las carencias y sufrimientos indecibles a los que la pobreza obliga, es definitivamente el más cruel de todos los procesos de opresión que haya conocido el ser humano a través de la historia.

El rostro de ese modelo depredador e inmisericorde es la desigualdad social, que el propio capitalismo trata de hacer ver como un acontecimiento inevitable surgido de la disposición natural de los elementos del universo ordenada por el Creador, pero cuya crudeza ante los ojos del mundo señala inequívocamente al afán por la acumulación de la riqueza en pocas manos como la causa inexcusable de tal aberración.

Los sentimientos más viles del ser humano son los que expresan como esencia vital al capitalismo. La codicia, la mezquindad, la avaricia y la usura, son solo componentes de toda una concepción filosófica que se asienta en el deseo de lucro por encima de cualquier otra razón o deseo de quienes conciben ese modelo como el ámbito ideal para la expansión de la vida.

La indiferencia frente al dolor ajeno y el regocijo por la muerte del prójimo (como el que expresa hoy la casi totalidad de la militancia opositora contra los chavistas) es el lindero mismo entre la locura y el fascismo que transita la derecha para alcanzar su ideal de sociedad.

Por donde se le mire, todo en el capitalismo es aterrador y espantoso. Por eso tiene que hacer su más grande esfuerzo ya no en el ejercicio de la explotación del hombre por el hombre o de la violencia para tratar de contener y diluir el talante revolucionario de los pueblos mediante la fuerza de los ejércitos, sino para esconder a como dé lugar esa inmunda faz que le pone tan en evidencia ante el mundo. Su mayor urgencia es la de hacerse aceptable a los ojos de los mortales.

Sobre los hombros del cine norteamericano recae el mayor peso de esa titánica tarea de convencer al común de la gente de que la pobreza que hoy crece a pasos agigantados en el mundo entero no es culpa del modelo capitalista. El espectador de cine y televisión recibe a diario el bombardeo subliminal permanente, en el que se le hace creer que solo en los Estados unidos existen ciudades esplendorosas, plenas de gratos ambientes con calles, parques, clubes y viviendas de ensoñación, con gente amable y risueña que come todo cuanto desee comer y disfruta el confort más amplio, accesible y perdurable, mientras en el resto del planeta las calles son intransitables, inseguras, anárquicas y las viviendas sucias, irrespirables e inhóspitas y sus gentes desagradables y hasta asquerosas.

El afán por hacerse ver bonito, glamoroso y fascinante, obliga al capitalismo a imposturas descabelladas que atentan incluso contra sus propios principios ideológicos y violentan de manera sustantiva su filosofía, como las llamadas “obras de caridad” que aparecieron casi con el surgimiento de la era industrial, y que hoy la gran corporación denomina ampulosamente “Acciones de Responsabilidad Social”. Algo así como una enjuagada universal de la ruindad del modelo.

Uno de esos programas de “acción social” es, por ejemplo, el que adelanta desde hace casi treinta años La Lagunita Country Club en los antiguos terrenos de Eleazar López Contreras en las afueras de El Hatillo, a través del cual acaudalados socios de dicho club (más bien pocos) enseñan anualmente a una treintena de niños pobres de los barrios aledaños a jugar golf y los preparan para su eventual incursión en el deslumbrante mundo del deporte de los magnates. Si luego del aprendizaje alguno de ellos quisiera ir a probar suerte en las grandes canchas del imperio, los promotores del programa reunirán lo indispensable para asegurar el financiamiento del viaje.

Para esa gente del club, tendría que ser demasiado malagradecido y mala gente el muchachito que después de eso se le ocurriera tan solo tararear aunque fuesen los característicos tres acordes introductorios de La Internacional.

El carácter humillante y vejatorio de las clases burguesas tiene en el golf uno de sus más acabados escenarios; allí el jugador (el rico) recorre las prolongadas extensiones de las canchas con entera comodidad y frescura, mientras un ayudante (el pobre) hace las veces de bestia de carga, llevándole el bojote de fierros al buen burgués a cambio de un salario miserable rayano en la mendicidad. En el argot del golf al pobre no se le dice pobre sino “caddie”.

En el Valle Arriba Golf Club hay también un programa de acción social, esta vez para atender las necesidades de los “caddies”. La página web del club lo describe así: “La Fundación Orellana junto a la colaboración de un grupo de socios del club Valle Arriba, quienes demostraron preocupación e interés en hacer algo por ayudar a mejorar el nivel social y económico de los caddies […] Ininterrumpidamente por 42 años celebra en el Club Valle Arriba, “el Hallacazo”, donde se ofrece a los caddies un torneo de golf, seguido de la celebración de un almuerzo navideño para estos y sus familiares”.

A lo largo y ancho de los extensos terrenos del club, no se conseguirá jamás a nadie disertando sobre la incongruencia que entraña la caridad surgida del alma putrefacta del usurero avaro y explotador que por lo general usa esas canchas. Una expiación contranatura que clama al cielo con cinismo sin parangón cuando en el mismo texto acota: “Resulta difícil que toda esa información se proporcione en toda su extensión, ya que su lema es ‘Hacer, hacer y no aparecer’”. Candorosos.

Por eso la esposa de un terrorista contumaz como “el monstruo de Ramo Verde”, es perfecta como símbolo para el capitalismo. Una joven agraciada que reúna las cualidades del fenotipo clásico de la belleza burguesa (raza blanca, pelo rubio, nariz bien perfilada, y mucho dinero) tendrá siempre asegurado el más fructífero porvenir, incluso sin proponérselo. Los yates más lujosos atracarán a su puerto, los jets privados taxearán por sus pistas, los Rolls Royce más sofisticados le abrirán sus puertas, los dignatarios y miembros de la nobleza la recibirán gozosos… y los premios más renombrados de la burguesía le serán otorgados.

Aprovechando intensivamente la muerte de más de cuatro decenas de venezolanos para obtener fama, renombre y prestigio universal, una mujer como ella puede alcanzar el cenit de la gloria apenas con un breve gimoteo muy bien colocado frente a las cámaras que en todo momento pondrá a su disposición el capitalismo para satisfacer el clamor mundial de ese “discreto encanto” del que habló Buñuel, tan necesario para que el modelo se arraigue en lo más profundo los corazones de la raza humana.

De ahí que el galardón que le otorgara esta semana a esta versión seudo pasionaria del neoliberalismo, la Fundación Paz, Justicia y Seguridad, en la ciudad de La Haya, le fuera entregado por una de las más despampanantes símbolos sexuales de todos los tiempos, la señora Sharon Stone, como en juego perfecto de sincronía icónica de los más emblemáticos elementos de la belleza capitalista; la superioridad étnica, el poderío opresor del fascismo y la aplastante fuerza y voluntad del dinero.

A esa deslumbrante tarima no subirá jamás ninguna de las viudas de quienes fueron vilmente acribillados por el fascismo en las guarimbas que el esposo de la señora Tintori tuvo a bien ordenar en uno de sus recurrentes arrebatos de frenesí por el poder. Las viudas, hijos y demás familiares de esos muertos (que no significan absolutamente nada para el capitalismo) son gente humilde de la más pura extracción popular y no heredan abolengo alguno que les haga merecer ni siquiera el resplandor de las luminarias que la mediática y la institucionalidad burguesa destinan para uso exclusivo de sus más valiosos exponentes.

En todo ese entramado corporativo, diseñado minuciosamente por los sectores dominantes para ejercer con precisión su dominio sobre los humildes, solo son bien recibidos los oligarcas porque  son ellos la verdad y la vida del capitalismo. Sus muros no están blindados con refuerzos de acero o aleaciones de titanio, sino con la impenetrable solidez de la ideología de la dominación. Si alguien debe ser llevado a sus tribunales internacionales, deberá ser siempre aquel que se erija en líder popular y defienda la soberanía de su pueblo. Pero de ninguna manera el genocida delirante que ordene masacrar frente a las cámaras a la indefensa población que reclame respeto a su derecho a la justicia y la igualdad social.

 

@SoyAranguibel

El caucho espichado

– Publicado en Últimas Noticias el miércoles 18 de noviembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Expresión de la vorágine consumista de aquel legendario “tabaratodamedos” que sembró el neoliberalismo en el país a finales del siglo XX, es el desprecio a una cultura del mantenimiento de los artefactos.

Cualquier estudio sociológico o de antropología medianamente serio arrojaría sin lugar a dudas como conclusión que es en esa vorágine donde se encuentra el verdadero origen del escualidismo nacional. El antichavismo es solo una faceta de un comportamiento sicológico mucho más denso de ese sector de la población que se identifica más por su sed de consumo que por su odio a Chávez.

Por eso en Venezuela es completamente inusual alguien que repare y dé mantenimiento a equipos de cualquier índole. El técnico de reparación promedio en el país es hoy en día un simple representante de ventas cuya única respuesta ante cualquier solicitud de reparación es un lacónico “Eso ya no sirve… Le sale mejor comprarse uno nuevo.”

La MUD basa su aspiración electoral para el 6 de diciembre en esa absurda forma de pensar del escuálido promedio, que cuando se le espicha un caucho en medio del camino en vez de buscar la manera de cambiarlo bota el carro.

Las colas son un tormento, es verdad, que el pueblo padece por la inmisericordia de un sector capitalista voraz e inhumano que pretende obligar a la gente a votar por quien quiere el gran capital que vote y no por quien en verdad necesita o desea votar. Pero ello no significa que las colas se traducirán de manera automática en votos para quienes precisamente generan ese malestar que son las colas y que el pueblo tiene perfectamente claro que son los usureros inmorales que han desatado una guerra brutal contra el gobierno revolucionario para tratar de reinstaurar en el país su hambreador modelo neoliberal.

Pretenden que el pueblo deje de lado las conquistas históricas alcanzadas por la revolución en inclusión social, elevación de la calidad de vida y acceso a la riqueza nacional que hay en las Misiones y programas sociales instaurados por Chávez y continuados por Maduro.

Deliran con que por un caucho espichado el pueblo se deshaga del carro nuevo que nunca antes tuvo la oportunidad de tener y siga a pie por el resto de su vida.

Triste ilusión de los escuálidos, porque el 6 de diciembre… ¡Gana Chávez!

 

@SoyAranguibel