El síndrome Fulop de Bachelet

Por: Alberto Aranguibel B.

Luego de más de un cuarto de siglo sin venir a Venezuela, la ex Miss y actriz Catherine Fulop ha estado dando de qué hablar con lo que muy bien pudiera definirse el más reciente rosario de torpezas y desatinos de una vocera de la oposición, a través de opiniones destempladas vertidas por ella en medios de comunicación y redes sociales de la Argentina, país donde radica desde que abandonó suelo venezolano hacen ya casi tres décadas.

Desde allá sorprende afirmando que le urge que se restituyan las siete estrellas del pabellón nacional venezolano, y que se redirija hacia la derecha el caballo del Escudo. Que le pongan más ensalada a la reina pepiada y más aceitunas a las hallacas, entre otras solicitudes que hace en tono enérgico, casi épico. Imposible saber de dónde saca ahora tanto patriotismo, cuando ni el acento venezolano le queda.

Pero lo pide justo al salir de la oficina donde tramita la nacionalización argentina. País del cual no conoce ni su historia ni las noticias más allá de la sección de sociales. Ni siquiera por encimita, como para no cometer la imprudencia de llamar fascistas a los judíos justamente en el país con la colonia más grande de judíos en el Continente, lo que terminó costándole que le rechazaran la ansiada nacionalidad que solicitaba.

Textualmente escribió: “¿Por qué crees que Hitler sobrevivió? ¿Porque lo hizo todo solito?… No, porque los judíos eran peores. Los más torturadores dentro de los campos de concentración, eran los “sapos”, los propios judíos que torturaban a su propia gente. Lo mismo que está pasando en Venezuela”.

Como toda la oposición, entiende la política como un vulgar ejercicio de mentiras y falsedades dichas siempre con la mayor convicción, sin importar la barbaridad que diga y a costa de dejar en evidencia la supina ignorancia de quienes como ella optan por ese método para tratar de hacerse del poder a cómo dé lugar.

Cambiar la historia y la realidad del mundo como les venga en gana, es para la gente de la oposición un rasgo definitorio.

A ese “arte” de mentir arbitraria y desfachatadamente tratando de hacer una gracia aunque le salgan solo morisquetas, bien podría denominársele “Sïndrome de la Miss Venezolana”, o “Síndrome Fulop”, a secas.

Algo así como lo que con toda seguridad padece la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos cuando redacta informes guiada solamente por lo que dice la gente que a ella le cae mejor, sin importar las pruebas o los testimonios de las víctimas, la mayoría mutilada por la acción del fascismo que ella necesita ocultar, ni los videos que se le muestren, o la realidad que constate con sus propios ojos.

Bachelet tiene ese síndrome Fulop del cretinismo cínico y miserable. La mejor demostración es que lo sabe y no hace nada por corregirlo.

@SoyAranguibel

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La inexplicable pasión opositora por la irresponsabilidad

Por: Alberto Aranguibel B.

Si para algo sirve el destartalamiento del plan Guaidó montado por la derecha nacional e internacional bajo la directriz del gobierno norteamericano, es para demostrar, una vez más, que la tragedia de la oposición venezolana no está determinada de ninguna manera por el chavismo sino por sus propias carencias.

El desastre de ineptitud, inconsistencias, engaños y corrupción, de la que hace alarde hoy la cúpula dirigencial de ese sector de la vida política nacional, es infinitamente superior y mucho más bochornoso de todo cuanto pudiera haberse imaginado alguien jamás, incluso en las propias filas del antichavismo.

Los reveses y fracasos reiterados y recurrentes en la actuación opositora desde el primer momento de la alianza contrarrevolucionaria, por allá por el año 2000, han sido siempre en uno u otro sentido el resultado de errores cometidos por sus líderes, cuya persistencia en el desatino a la hora de tomar decisiones y emprender estrategias de cualquier naturaleza terminó decantándose indefectiblemente en la vía antidemocrática y violenta como única opción, para culpar luego de cada fracaso al chavismo.

La victimización forzada ha sido el recurso invariable en ese evasor comportamiento que busca culpabilizar siempre de sus propias deficiencias al otro, en la búsqueda de posicionar en la opinión pública fórmulas de lucha absolutamente contrarias al deseo mayoritario del país, que aspira a una vida democrática sin sobresaltos ni violencia.

En el obsesivo afán por hacerse del poder a como dé lugar, la aspiración del triunfo por el triunfo en sí mismo, que no mide trasgresiones ni sus consecuencias, lleva a la oposición  a perder toda conexión con los propios parámetros por los que dice regirse, llegando al extremo de celebrar impúdicamente todo hecho que atente contra esa paz que ansía la población, incluida la propia militancia opositora, sólo porque de esa forma se alimenta la ingobernabilidad y la desestabilización que desde ese sector se persigue como vía para alcanzar el poder.

A falta de un soporte ideológico consistente que le imprima sentido y direccionalidad a su lucha más allá de la inmoral sed de satisfacción personalista de sus dirigentes, la oposición cambia de discurso y hasta de objetivos políticos como una veleta, sin sentir ni el más mínimo bochorno por ello, como si lo único que garantizara (y justificara) el triunfo al que aspira fuese el deseo y no la forma de hacer las cosas o las razones que lo motiven.

Muestra de esa persistencia en el error y a la vez en la inconsistencia ideológica, es la insensata propuesta a la que arriba hoy con la supuesta fórmula de salvación nacional que ahora esgrime, después de fracasar en todas y cada una de las acciones emprendidas por quien hace apenas cinco meses presentaba como el luminoso redentor que jamás habría dirigido los propósitos triunfales del antichavismo en casi un cuarto de siglo, el inefable Juan Guaidó, que tantas esperanzas sembró en las filas opositoras y que hoy es más despreciado (y en mucho menor tiempo) que cada uno de los que le precedieron en ese dudoso honor de ser el Mesías de un sector tan depauperado como la oposición.

En consecuencia, y seguramente como una dolorosa expresión más de su impotencia, la oposición le explica hoy al mundo que los problemas nacionales se deben ya no a una profunda crisis económica, y ni siquiera al socialismo o a la invasión cubana que ellos de manera obtusa siguen vociferando que existe en el país, sino que se deben a la falta de una insurrección militar.

Que las fallas en sus intentos por asaltar el poder, en lo que no importa para nada la decisión soberana del pueblo, se deben a que los militares no se han rebelado contra el Estado de derecho ni han quebrantado su juramento de lealtad a la Patria. Que los irresponsables son, pues, los militares que obedecen la Constitución y las Leyes.

Pero se supone, en principio, que el interés supremo de los demócratas es todo lo contrario a la fórmula de facto que comprende la vía armada. Más aún cuando dicha acción armada no se presenta con la sola intención de control y desmovilización de los aparatos de seguridad del Estado (como en principio es el objetivo táctico de toda asonada militar), sino que se propone de entrada y en la forma más abierta y descarada el asesinato en masa de los integrantes del gobierno y de sus seguidores.

No es de ninguna manera civilizado pretender gloria alguna en el exterminio físico de todo aquel sector que se adverse en el terreno político, y mucho menos de una organización de naturaleza profundamente popular como la es definitivamente el chavismo. Pero es todavía menos glorioso si quien promueve tal barbaridad lo hace en nombre de la democracia.

Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, lo tuvieron perfectamente claro a la hora de concebir aquel malhadado pacto de Punto Fijo, en el cual acordaban, entre otras cosas, el secuestro político del país para poner la economía nacional al servicio de las corporaciones norteamericanas a la vez de asegurar la continuidad del bipartidismo adecocopeyano en el poder para impedir la reversión de esa ominosa entrega al imperio.

En tal sentido el pacto establecía, palabras más palabras menos, que “La intervención de la Fuerza contra las autoridades surgidas de las votaciones es delito contra la Patria. Todas las organizaciones políticas están obligadas a actuar en defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, aun cuando durante el transcurso de los cinco años (que duraba entonces el periodo constitucional de gobierno) las circunstancias de la autonomía que se reservan dichas organizaciones hayan podido colocar a cualquiera de ellas en la oposición legal y democrática al Gobierno. Se declara el cumplimiento de un deber patriótico la resistencia permanente contra cualquier situación de fuerza que pudiese surgir de un hecho subversivo y su colaboración con ella también como delito de lesa patria.

Aún cuando dicho pacto no fue nunca propiamente escrito en tinta sobre papel (como lo ha querido presentar interesadamente la oposición en versiones apócrifas que ha sido adaptadas en la actualidad a los particulareres intereses del antichavismo) ni mucho menos notariado o registrado por instancia alguna, los conceptos centrales del acuerdo (verbal, según la relación que hiciera en alguna oportunidad el Dr. Ramón J. Velázquez como testigo excepcional que fue de aquel acontecimiento) sí puede decirse que expresaban las nociones y principios de aquellos jerarcas de la política nacional, porque su actuación pública (tan particular como arrogante en la mayoría de los casos) así lo corroboró a través del tiempo.

Tal concepción derivaba de una inequívoca noción de la política que, aún siendo contraria al interés de las grandes mayorías del pueblo hambriento y emprobrecido por la inmensa exclusión y la desigualdad social que el modelo puntofijista instauraba, era conciente del ineludible compromiso con la democracia representativa que tenía que defender ante el mundo, así fuese solamente de palabra, para sostenerse en el gobierno. Jamás hubiese nadie entendido (ni mucho menos aceptado) a una élite política que se pretendiera legítima si su discurso se hubiese fundamentado en la fuerza de las armas como sostén de la democracia que pregonaba, a pesar de la inocultable e inmisericorde masacre que significó a la larga el exterminio sistemático llevado a cabo durante la vigencia de dicho pacto contra todo vestigio de disidencia política.

El país supo en todo momento a qué atenerse con ellos, y de ahí que el riesgo de la evaluación popular de la que fueran objeto, tanto por sus convicciones como por su comportamiento, lo asumieron siempre con la mayor arrogancia e intolerancia, pero principalmente con un innegable sentido de seriedad, responsabilidad y consecuente compromiso con sus ideas.

La gran diferencia entre aquel denso liderazgo político y el lamentable estamento de mediocridad e ineptitud que hoy presenta la oposición como tal, es la carencia de esa solidez ideológica y de principios consistentes que es tan indispensable en el ámbito de la política, sea cual sea su orientación.

A esa seriedad, y a ese inquebrantable sentido de la responsabilidad con su propia ideología, es a lo que se refirió siempre el comandante Chávez cuando clamó por una “oposición con moto propia”.

Como la clama hoy el presidente Nicolás Maduro.

Y como claman el país y el mundo entero.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La oposición no es un sector político sino un grupo de presión contra el Estado.

Caracas, 24/06/2019.- En entrevista con los periodistas Enma Carolina Agurto y Michel Caballero, en el programa “Café en la mañana” que transmite Venezolana de Televisión, Alberto Aranguibel sostiene que la oposición venezolana no puede definirse como sector político porque no se comporta como tal sino como un grupo de presión contra el Estado.

España: el imperio de los fantoches

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema fundamental con los imperios no es nada más su naturaleza usurpadora y tiránica. En la lógica de Gramsci, con oponerles un ejército igual o más numeroso sería suficiente para reducir sus pretensiones de dominación sobre los territorios que no les corresponden, tal como sucedió en América Latina durante la primera mitad del siglo XIX. Y como sucedió siempre con los grandes imperios a través de la historia.

El problema fundamental con los imperios es su existencia misma, porque su sola concepción contra natura se asienta en el precepto de la hegemonía de una élite sobre el esfuerzo, la penuria, la miseria y el hambre de los integrantes de toda la sociedad que en razón exclusivamente de la fuerza y el terror de esa élite es sometida a su dominio. En ello la dominación se ejerce más por el control cultural que por el uso de las armas.

Su verdadero poderío se apoya en la ignorancia y el temor de los pueblos, a quienes los sectores dominantes necesitan incultos y despolitizados para hacerles presa fácil de la sumisión a su explotador modelo.

Las leyes del feudalismo que inspira a los imperios, absorbidas según Marx por la burguesía emergente que surgió con la división del trabajo bajo el yugo del mercado de la era industrial (que en el fondo siguen siendo las mismas), mantuvo incólumes los estamentos de la monarquía sembrados como una necesidad por las élites del poder a través de la historia en el imaginario colectivo de las sociedades más ignorantes y atrasadas.

Fue así, mediante la ignorancia de sus pueblos, que monarquías como la española devinieron en activos fundamentales e impostergables para pueblos que, aún habiendo experimentado el notable desarrollo que alcanzaron con el “descubrimiento del nuevo mundo” y con las inmensas riquezas despojadas a esos territorios brutalmente conquistados a sangre y fuego, jamás dejaron de ser sociedades atrasadas.

La lidia de toros con la que celebran en la tierra de Cervantes su salvajismo, por ejemplo, no es sino una minúscula expresión apenas de cómo una sociedad puede ser a la vez moderna y atrasada, gracias a la trampa del supuesto arraigo cultural en la que se sustenta.

Las grandezas de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Hernández y de Lorca; la genialidad de Goya, Velázquez, Picasso y la delirante luminosidad de Dalí; los avances de la medicina y de la ciencia, su altísimo índice de desarrollo humano, y todas las demás magnificencias de la hispanidad contemporánea, no son excusa para la abominación de las guerras perpetuas causadas por la sed de poder imperial de las clases monárquicas que atravesaron de extremo a extremo la historia de España desde su más remoto origen.

Pero el imperio español no se ha extinguido todavía. Su decadencia, producto de la independencia americana y de la destrucción de su poderío naval por las alianzas británico francesa a mediados del siglo XIX, así como por la pérdida progresiva de poder en el norte de África, solo lo redujo en extensión.

De acuerdo a lo estipulado por la Constitución española, el Rey de España es a la vez rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las islas y Tierra Firme del Mar Océano (es decir, de todos los territorios conquistados por España en suelo americano, así como en Asia y Oceanía). Qué ilusos en verdad los españoles.

Su afán por acabar con la revolución bolivariana, mediante las arteras operaciones de injerencia y obstaculización política que lleva adelante de manera terca y persistente desde hace más de tres lustros contra el pueblo venezolano, demuestran la naturaleza imperialista que aún después de doscientos años de haberlos echado de estas tierras pretenden imponer sobre nuestro país y, por supuesto, sobre el resto del continente suramericano que hoy reafirma su vocación soberana e independiente.

Doscientos años para un imperio no son nada si detrás de ellos viene aunada la posibilidad de retomar el control de territorios con los que puedan hacer reflotar sus convalecientes economías, plagadas de vicios de corrupción, enajenación política, depauperación social, hambruna, miseria y escases plena de posibilidades para sus ciudadanos, cada día más agobiados por el desempleo creciente, la pérdida de perspectivas de futuro estable bajo un techo digno, con un puesto de trabajo honroso y redituable.

Por eso España puede mantener a sus ciudadanos en vilo, sin gobierno de ninguna naturaleza durante los largos meses de crisis política por la que atraviesa esa derruida entelequia de nación. Porque en realidad la institución del gobierno no es sino una farsa del Estado monárquico para hacerle creer a la sociedad que se rige por un sistema democrático avanzado, cuando en verdad sigue sometida al imperio y designios de una realeza vetusta y cavernícola que hace con ese pobre país lo que le venga en gana.

Una clase política bien enfluxada y con modales ampulosos como la que personifica perfectamente el oligofrénico de Mariano Rajoy, no es sino una pantomima perpetua en la que se representa la ópera bufa de una libertad y unos derechos que no existen de ninguna manera en España.

Es exactamente lo que acaba de dictaminar el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones unidas (ONU), destinado a evaluar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que acaba de suspender a España por incumplimiento o violación de más de 26 normas contenidas en el acuerdo que deben acatar las naciones en el tema de derechos humanos.

Tal incumplimiento va desde racismo policial hasta trata de seres humanos, incluyendo la aprobación de Leyes que atentan contra las libertades más elementales, como la Libertad de Expresión y de Información (Ley Mordaza), así como una ley de amnistía que impide la investigación de los crímenes cometidos por la dictadura de Francisco Franco, predecesor de Juan Carlos de Borbón padre del actual Rey Felipe VI.

Todo aquello de lo que acusa de manera infame y sin sustentabilidad alguna el reino de España al pueblo de Venezuela a través de esa poderosa maquinaria de manipulación y desinformación que son los medios de comunicación españoles y del Gobierno que hasta hace poco manejaba el fantoche de Mariano Rajoy, es exactamente de lo cual la ONU acaba de acusarle y que ha motivado su suspensión del Comité de Derechos Humanos hasta tanto no se solvente la terrible realidad de flagrantes violaciones en que la nación ibérica está incursa.

Y es, a la vez, precisamente todo aquello en lo cual Venezuela ha sido reconocida por ese mismo organismo internacional como país que garantiza el libre y más pleno ejercicio de las libertades ciudadanas en todos sus niveles.

Se coloca así, pues, deslumbrante e irrefutable ante el mundo entero la verdad que Venezuela ha sostenido de manera persistente desde el inicio mismo de la Revolución Bolivariana, y que ha debido gritar nuestro pueblo con más fuerza a lo largo del Gobierno del presidente Nicolás Maduro Moros; que nuestro país ha sido víctima de la más brutal y despiadada guerra de infundios, distorsiones y descalificaciones, por parte de esa maquinaria mediática y política al servicio de una corona española decrépita y destartalada, llena de complejos de dominación que la historia le impedirá resolver por los siglos de los siglos mientras el espíritu glorioso de nuestros libertadores y del Comandante Chávez siga creciendo en el alma comprometida e infatigable del pueblo latinoamericano.

¡Por qué no se callan de una buena vez, monarcas de pacotilla!

@SoyAranguibel

Laila Tajeldine: EEUU es el país más atrasado en Derechos Humanos

Por: Laila Tajeldine
(publicado inicialmente el 20 / 04 / 2015)

Estados Unidos tiene una dimensión territorial de 9,38 millones de kilómetros cuadrados, donde habitan más de 300 millones de personas y representa una de las economías más grandes del mundo. Sin embargo, se constituye como una de las naciones con mayor retraso en materia de derechos humanos.

La actual Constitución de Estados Unidos fue adoptada en 1787 y enmendada veintisiete veces desde 1791 a 1992, aunque muchas de sus enmiendas no fueron ratificadas, como la enmienda de prohibición de trabajo de menores y la enmienda de prohibición de discriminación entre hombres y mujeres.

Por impedimento legislativo Estados Unidos no es parte de múltiples tratados de derechos humanos, como lo son:

  • Convención de las Naciones Unidas Sobre los Derechos del Niño.
  • Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad.
  • Convención de las Naciones Unidas para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
  • Convención Internacional sobre los derechos económicos, sociales y culturales.
  • Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares.
  • Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas.
  • Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios.
  • Convención Internacional sobre la represión y el castigo del crimen de apartheid.
  • Convención Internacional contra el apartheid en los deportes.
  • Segundo Protocolo facultativo del pacto internacional sobre los derechos civiles y políticos destinados a abolir la pena de muerte.

Asimismo, para evitar que se juzgue a sus soldados por las prácticas de ese Estado en la aplicación de la tortura, masacres, asesinatos extrajudiciales y otros crímenes de guerra y lesa humanidad que se cometan, Estados Unidos no reconoce para sí la competencia de la Corte Penal Internacional.

La doble moral de ese país se evidencia en cifras, comprobadas por el propio gobierno de Estados Unidos y otras organizaciones estudiosas en la materia.

POBREZA Y DESIGUALDAD:

Según el Brookings Institution of Washington, 66 millones de personas en Estados Unidos viven por debajo del umbral de la pobreza.

De acuerdo a estudio presentado por la Fundación para la Educación del Sur, el 51% de los estudiantes de escuelas públicas de Estados Unidos están en la pobreza.

LA SALUD ES NEGOCIO:

En Estados Unidos la salud está completamente privatizada. Para la fecha más de 50 millones de personas no tiene con ningún tipo de seguro médico y otra cantidad mayor cuenta una cobertura de salud ineficiente.

En ese país, 16 estados se han negado a ampliar los servicios de salud pública, impidiendo el derecho a la salud para los pobres, los afroamericanos y otros grupos con acceso limitado a la atención médica.

MUJER EN INFERIORIDAD DE DERECHOS:

Para nadie es un secreto que en Estados Unidos las mujeres y los hombres no tienen iguales derechos laborales, razón por la cual ese país sigue negándose a hacerse parte de la Convención contra la discriminación de la mujer. En ese país por cada dólar que gane un hombre, la mujer hace 78 centavos, por cuanto no existe igualdad de salarios.

100 PRESOS POLÍTICOS EN ESTADOS UNIDOS:

Si hay un tema que las corporaciones mediáticas omiten es la persecución política contra aquellos que contraríen las políticas bipartidistas y pro capitalista en Estados Unidos, es por ello que ocultan que existe alrededor de 100 presos políticos en ese país por luchar por los derechos civiles y políticos de la población afroamericana, independencia de Puerto Rico, contra el fascismo y el racismo, derechos de las mujeres, etc.

Actualmente, los movimientos y organizaciones civiles que han exigido la liberación de los presos políticos informan irregularidad en las detenciones, siembra de pruebas y desproporcionalidad en la aplicación de las penas.

CÁRCELES, UNA NUEVA FORMA DE ESCLAVITUD EN ESTADOS UNIDOS

Las cárceles están resultando una forma de ahorro para las grandes corporaciones. Es por ello que las compañías de prisiones privadas es Estados Unidos han admitido que su negocio depende de las altas tasas de encarcelamiento, por cuanto en las cárceles la mano de obra es más barata y no se reconocen horas extras.

De acuerdo al Centro Internacional de Estudios Carcelarios de Londres, Estados Unidos tiene 2,3 millones de personas privadas de libertad, la cifra más alta de presos en el mundo. Aun cuando ese país tiene el 5% de la población mundial, su población carcelaria representa el 23% de los privados de libertad a nivel global. La cifra no incluye el número de personas que se encuentran privadas de libertad en cárceles secretas de Estados Unidos.

Según el investigador Daniel Stulin, en Estados Unidos 2millones de niños son arrestados cada año y el 95% de los arrestos es por delitos no violentos.

La población afroamericana representa el 36% de los privados de libertad en Estados Unidos, aun cuando la población total afroamericana en ese país es de 12,6%. En el caso de la aplicación de sentencias penales, los afroamericanos representan el 59% de los condenados y el 74% de los que reciben cadena perpetua.

Aproximadamente 4% de presos estatales y federales y 3% de presos en cárceles de Estados Unidos reportan haber experimentado uno o varios incidentes de abuso sexual en el período de 2011-2012. Desde el 2013 estos tipos de estudios fueron cancelados en ese país por el impacto de las conclusiones.

Otra aberración a resaltar por parte de ese Régimen es que en casi todas las jurisdicciones de Estados Unidos un número considerable de jóvenes menores de edad son juzgados en los tribunales para adultos y sentenciados a cumplir condenas en cárceles para adultos.

ESCLAVITUD MODERNA:

En Estados Unidos el trabajador carcelario recibe 17 centavos por hora de trabajo y un máximo de 20 dólares al mes, con la excepción de una prisión en Tenessee que paga un poco más al trabajador carcelario. En las cárceles no se reconoce ningún tipo de derecho laboral, seguridad social y mucho menos las horas extras, por lo tanto, resulta bastante alentador para las compañías privadas trasladar sus industrias a cárceles ya que constituyen una forma de esclavitud moderna.

El Pentágono también se beneficia de las cárceles de Estados Unidos. Según el trabajo investigativo publicado por el periódico The Worker World titulado “El Pentágono y el Trabajo Esclavo en las prisiones” se revela que desde las cárceles se produce a través de la mano de obra barata componentes de alta tecnología para misiles, aviones, vehículos y otros implementos militares.

De acuerdo al estudio publicado por el Observador LBO de Estados Unidos (Left Business Observer), el 20% del PIB de Estados Unidos proviene de lo que se produce en las cárceles. En las prisiones se han conformado industrias donde se produce el 100% de todos los cascos militares, cintas de municiones, chalecos antibalas, chapas identificativas; 98% del equipamiento de cadenas de montaje; 93% de las pinturas y pinceles; 92% de los hornos; 46% de chalecos antibalas de uso civil; 36% de electrodomésticos; 30% de los auriculares, micrófonos, altavoces; 21% del mobiliario de oficina. Muchas compañías como IBM, Boeing, Motorola, Microsoft, AT&T, Wireless, Revlon, Macy`s, están produciendo desde las cárceles, beneficiándose de su mano de obra barata para obtener mayor beneficio.

PENA DE MUERTE:

Estados Unidos es el único país americano que aplica la pena de muerte, una medida despreciable por todos los defensores de derechos humanos. Solo en el 2014 ese país ejecutó a 35 personas.

De acuerdo a numerosos investigadores, el racismo es un factor determinante en la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos.

DISCRIMINACIÓN RACIAL:

En marzo de 2014 la Organización de las Naciones Unidas denunció que en la práctica en Estados Unidos la discriminación racial se da de forma constante en todas las esferas de la sociedad, resaltando la judicial y policial como una de las más significativas.

Más de un tercio (1/3) de la población afroamericana ha sufrido algún tipo de discriminación; los crímenes de odio racial siguen contando con la permisividad del Estado.

Según el Southern Poverty Law Center, hay 1001 “grupos de odio” que operan en Estados Unidos, incluyendo neonazis, integrantes del Klu Klux Klan, nacionalistas blancos y “vigilantes” fronterizos, entre otros.

Estados Unidos se ha negado a ratificar la Convención Internacional sobre la represión y el castigo del crimen de apartheid.

La impunidad por parte de Estados Unidos ante la brutalidad policial contra la población afroamericana demuestra que la discriminación racial sigue siendo política de Estado en ese país.

MIGRACIÓN EN ESTADOS UNIDOS:

De acuerdo a la CEPAL se calcula que en Estados Unidos hay 20,8 millones de migrantes, de los cuales, más de 11,2 millones se encuentran indocumentados, según el Centro de Investigación PEW.

La política migratoria es violatoria de todo derecho humano, por tal razón no han suscrito la Convención Internacional para la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y de su familia, para así permitir la explotación de los migrantes que habitan en ese país.

En ese país los centros de detención para migrantes son depósitos carentes de toda certificación para el albergue de seres humanos. Estados Unidos cuenta actualmente con alrededor de 400.000 personas en sus centros de detención, muchos de ellos en régimen de confinamiento solitario.

En Estados Unidos existen Centros de Detención para niños que se asemejan a perreras, los mismos carecen de toda certificación para el albergue de niños.

¿POR QUÉ ESTADOS UNIDOS NO ES PARTE DE LA CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO?

En ese país cerca de 100 mil niños inmigrantes y afroamericanos son obligados a realizar trabajos forzados y sin ninguna protección por parte del Estado. Para ello se amparan en la “Ley de normas justas de trabajo” de Estados Unidos, que permite el trabajo de niños en la agricultura a partir de los 12 años de edad, ello a pesar de que el trabajo agrícola fue clasificado como una de las tres ocupaciones más peligrosas en ese país.

En los campos agrícolas los niños suelen trabajar diez o más horas diarias y corren el riesgo de intoxicación por pesticidas, envenenamiento por nicotina, enfermedades producidas por el calor, lesiones, discapacidades permanentes o muerte.

A pesar que el organismo de trabajo de Estados Unidos junto con la Academia Estadounidense de Pediatría adelantaron una medida de prohibición a niños menores de 16 años el trabajo con tractores y en los campos tabacaleros, la misma tuvo el rechazo de los sectores económicos del país que se benefician de la explotación infantil, por lo que el Presidente Obama retiró la normativa propuesta en abril de 2012 para asegurar su reelección.

EXPLOTACIÓN AGRÍCOLA:

Los trabajadores agrícolas son uno de los grupos que se les vulnera sus derechos laborales y presentan mayor problema de salud. Los mismos han sido excluidos de todas las leyes labores en Estados Unidos como el derecho al salario mínimo, pago por horas extras, la sindicalización, protección a menores, entre otras.

De acuerdo a la Organización SAF de Estados Unidos (Estudiantes en Acción con los Campesinos) solo el 10% de los empleadores en el sector agrícola ofrecen seguro médico.

Con la información aquí presentada, el doble rasero respecto al tema de los derechos humanos en Estados Unidos se hizo evidente. Podemos confirmar que no existe mayor atraso legal y practico como el que vemos en Estados Unidos, país que se mantiene al margen de toda norma internacional para así ejercer su política de explotación infantil, persecución política, esclavitud, discriminación racial y proteger su politica económica capitalista de explotación general del ser humano.

Por lo tanto, se hace necesario la conformación de un movimiento internacional no comprometido con las grandes corporaciones económicas, que se unan a la lucha del pueblo de Estados Unidos, silenciado por los medios de comunicación, para denunciar la sistemática y sostenida violación de los derechos humanos hacia sus habitantes.

Laila
Abogada, profesora de la UBV, analista sobre Derechos Humanos y realidad Internacional, conductora radial

Radiografía de un dislate imperial

Por: Ildefonso Finol

Al fin el pobre Obama firmó el parapeto legislativo que pretender sancionar a un grupo de ciudadanos venezolanos.

Me han llamado poderosamente la atención tres aspectos de esta medida:

1) está precedida de una “sentencia definitivamente firme”,
2) tiene carácter transnacional y
3) reincide en la “falacia imperialista de los Derechos Humanos”.

El Senado de USA actúa cual tribunal de última instancia. No hay chance de apelación, ni hubo debido proceso; menos imparcialidad.

El “juicio” y la “sentencia” traspasan las fronteras nacionales, adquiriendo un carácter transnacional, lo que nos retrotrae a la doctrina imperialista según la cual, la mano del Estado yanqui llega hasta donde llegan sus empresas.

El tercer elemento –que traté en mi libro así titulado- constituye la patraña histórica a que ha apelado el imperialismo para tratar de justificar su intervención en nuestros países. Los gringos se autoproclaman adalides de los derechos humanos, mientras su ejército masacra civiles desarmados en Medio Oriente, sus policías reinciden en crímenes racistas, y sus agentes secretos torturan a nivel global.

¿A través de qué mecanismo legal Estados Unidos juzga a funcionarios venezolanos, concluyendo que violaron derechos humanos? ¿Quién formuló la denuncia y qué pruebas presentó? ¿Acaso es Venezuela un “Estado fallido” incapaz de proteger por sí mismo las garantías universales que aquí son norma constitucional? Y, aún siéndolo, ¿tiene Estados Unidos la cualidad para suplir esa presunta falla?

Evidentemente estamos ante la gran contradicción de la contemporaneidad: Imperialismo o Nación.

El interés gringo por los derechos humanos es la más gigantesca burla de un Estado contra la opinión pública mundial.

En los sucesos violentos que azotaron nuestro país a comienzos de año, quienes violaron derechos humanos de la manera más cruel y despiadada fueron los que llamaron a tumbar al Gobierno constitucional. Si no, pregúntenle a los familiares del motorizado degollado por una guaya de acero colocada en la calle, o la viuda del Guardia Nacional asesinado por un francotirador.

Durante el siglo XX los Estados Unidos promovieron y apoyaron gobiernos títeres de corte fascista que pisotearon los derechos democráticos en Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil, Guatemala, El Salvador, Honduras, Haití, Granada, Panamá, Colombia, México, República Dominicana. Eso mismo hacen hoy en Medio Oriente y lo han hecho en África.

¿Con qué moral hablan los gringos de Derechos Humanos?

Con la moral de los que orinaban encima de cadáveres en Irak.

Otra vez los “Derechos Humanos”

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Por: Néstor Francia

El tema de los “Derechos Humanos” es uno de los más manidos por el imperialismo y las oligarquías para justificar sus desmanes y agredir a los pueblos. Los poderosos han tejido una intrincada red mundial para representar esta pantomima macabra. Tal red incluye organizaciones privadas, ONGs, organismos oficiales de organizaciones internacionales como la ONU y la OEA, tribunales internacionales, amén de una trama mediática que vende el concepto de mil maneras respondiendo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el mundo.

Los “Derechos Humanos” están entre los primeros armamentos que tiene a la mano el imperialismo para bombardear a los países que tienen gobiernos “incómodos” o que entran en el ámbito de los intereses económicos del Imperio, como los países petroleros. En realidad, el concepto de los “Derechos Humanos” es una creación de la burguesía, a partir de la Revolución Francesa y de su “Declaración de los derechos del hombre y los ciudadanos”. En aquella época, fue un concepto renovador, como parte del enfrentamiento al absolutismo monárquico y al feudalismo. Por supuesto, desde un principio respondió a los intereses de la clase burguesa, que a mediados del siglo XVIII era una clase de vanguardia en la historia de la Humanidad. De hecho, cuando aquella declaración se refería a los “ciudadanos”, no aludía a todos los hombres, sino a los propietarios, es decir a los propios burgueses. Además, la burguesía pone el acento de esos supuestos “derechos” en lo individual, mientras que el Gobierno Bolivariano venezolano, por ejemplo, ha puesto el énfasis en los derechos colectivos, en los derechos de todo el pueblo, sin dejar de considerar la pertinencia de los derechos individuales. En Venezuela, la derecha ha convertido los “Derechos Humanos” en uno de sus principales argumentos para instigar a la violencia y ejercer la violación, paradójicamente, de los derechos de todos los ciudadanos.

Ahí está, como un ejemplo notable, el caso del criminal Leopoldo López, quien ha dicho que el suyo “no es un juicio, sino un paredón de fusilamiento”. Si López hubiera vivido en los primeros años de la Revolución Cubana, sin duda habría sido fusilado, como se hizo con tantos criminales batisteros. Pero aceptemos que el hombre está usando una metáfora, tratando de establecer que sus derechos individuales, como el derecho a la defensa, están siendo violados. Ahora bien ¿quiénes han violado y violan los Derechos Humanos en Venezuela? La respuesta no es tan obvia como el lector puede creer. Ciertamente, durante las guarimbas, por ejemplo, Leopoldo López, María Machado, Antonio Ledezma y otros delincuentes de su misma calaña, instigaron a la violación de múltiples derechos ciudadanos: el derecho a la vida, al libre tránsito, a la propiedad, a la salud, a la paz. En el caso de Leopoldo López, recordemos que participó activamente no solo en el golpe de Estado de abril de 2002, sino además en la masiva violación de los Derechos Humanos el 11, 12 y 13 de aquel sangriento mes.

Y aquí vale preguntarse ¿por qué quedó libre quien fue responsable de homicidios, torturas, persecuciones y otros desmanes que abundaron en aquella oportunidad? Esperemos que nuestra respuesta a esta interrogante sea comprendida en toda su complejidad e intención positiva y aleccionadora. Al dejar libres a los facinerosos de entonces, el Gobierno revolucionario violó los derechos del pueblo venezolano. No castigó ejemplarmente a los complotados y apenas seis meses después la mayoría de ellos volvieron por sus fueros. En el caso de los responsables del golpe de Estado y del sabotaje petrolero, solo se castigó a una parte pequeña de los implicados. Muchos de ellos no solo ni siquiera escarmentaron tras su fracaso de entonces, sino que algunos están entre los principales demiurgos de la violencia criminal del primer trimestre de este año. Recordemos que Leopoldo López celebraba en Venevisión, la mañana del 12 de abril de 2002, con otros golpistas, y que María Machado fue una de las firmantes del decreto de Carmona. En un principio se habló de “magnanimidad” y “generosidad” del Gobierno revolucionario.

El propio Chávez corrigió años después este calificativo y lo cambió por “debilidad”. Más de una vez el Comandante Supremo refirió, en torno a lo ocurrido en 2002, las ideas de Bolívar después de la pérdida de la Primera República, asentadas en su célebre Manifiesto de Cartagena: “De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos e implacables enemigos los españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo incesantemente inquieto y promover cuantas conjuraciones les permitían formar nuestros jueces, perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes, que se dirigían contra la salud pública… Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía habíamos enteramente concluido!” Esta lección bolivariana no puede ser olvidada. Leopoldo López debe ser mantenido a la sombra por más que patalee.

Y hay que preparar las condiciones para que terminen con sus huesos en la cárcel otros delincuentes reincidentes que no cejan en su intención de conspirar y generar violencia, y que no muestran ni la más mínima intención de arrepentimiento o contrición, como María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros de su misma ralea. A medida en que se profundice la confrontación, y puede jurar el lector que se profundizará, deberán ir cayendo uno por uno en las férreas manos de la justicia. Por otro lado, es menester aprender unas cuantas cosas del Imperialismo. Como su demostrada habilidad de urdir tramas no oficiales para respaldar sus manipulaciones.

En el tema de los “Derechos Humanos”, nos han copado el espacio ciudadano, mientras nosotros generalmente nos conformamos con las declaraciones, justas, correctas, pero insuficientes, de funcionarios del Estado como por ejemplo la Fiscal General y la Defensora del Pueblo. Si los principales violadores de los derechos de los hombres son el Imperialismo y la burguesía ¿por qué son ellos quienes llevan la batuta en la “defensa” de tales derechos? ¿Por qué parapetos como Cofavic o Provea, claros instrumentos de la derecha apátrida, tienen mucho más cancha pública que Asovic, nuestra Asociación de Víctimas del golpe de Estado de 2002? Organicemos al pueblo también en ese sentido, arrebatémosles a los criminales esa bandera que por historia y por derecho nos pertenece.

francia41@gmail.com

Sin vergüenza

bush-obama

Por: David Brooks / La Jornada, abril de 2014

Durante las últimas semanas se ha ventilado aquí, poco a poco, el horror de la tortura, ese crimen de lesa humanidad según las leyes internacionales, condenado por la Organización de Naciones Unidas, por la retórica de cualquier gobierno que desea aparentar ser civilizado, y denunciado por toda organización de derechos humanos. Durante años la tortura fue practicada, legalizada y después encubierta por Washington.

Ahora que se está revelando que fue aún más extensa y brutal de lo que se había admitido, se ha vuelto un problema político, pero lo que más asombra es que no haya causado un escándalo nacional e internacional, y que los responsables sigan impunes. Los que autorizaron y encubrieron el crimen dan lecciones y critican a otros por violaciones de derechos humanos, sin considerar que carecen de autoridad moral para decir algo. Ni vergüenza les da.

De hecho, mientras se filtraban cada vez más detalles atroces sobre el uso de tortura por el gobierno estadounidense, el máximo responsable estaba tan poco preocupado que se dedicó a montar una exhibición de su obra artística. El ex presidente George W. Bush se ha dedicado a pintar retratos de mandatarios y figuras internacionales que conoció, y hace unos días su obra se estrenó en Dallas. Todos los medios nacionales cubrieron la exposición El arte del liderazgo: la diplomacia personal de un presidente, y casi nadie vinculó al artista con los actos ilegales y bárbaros que se cometieron durante su mandato.

Por ello, tal vez la crítica de arte más inusual en tiempos recientes fue la de Jason Farago en The Guardian: muchos artistas hacen cosas malas, y ofreciendo ejemplos de artistas famosos en la historia que asesinaron o eran perversos, o cometieron fraudes, señaló sarcásticamente: “entonces, sólo porque un pintor tiene –por ejemplo– la sangre de 136 mil 12 iraquíes muertos en las manos, eso no comprueba, por sí solo, que carezca de talento”. Continúa con una evaluación a fondo de las pinturas y declara que son vacías y nada revelan. Farago concluye: “uno se imagina que la excitación sobre las pinturas de Bush forma parte de un hambre nacional por la expiación del crimen imperdonable de su presidencia, como si transformar a Bush en un jubilado dulce ante su caballete borrara su guerra ilegal, su política económica obscena, la destrucción ambiental… el ahogamiento de Nueva Orleáns”.

Entre su legado está la tortura, que ahora sale a la luz cada vez mayor detalle. No hay suficiente pintura en el mundo para encubrirla.

Una investigación de cuatro años realizada por el Comité de Inteligencia del Senado sobre el empleo de técnicas de interrogación severas por la CIA en la guerra contra el terror, declarada a partir del 11 de septiembre de 2001, concluyó a finales de 2012 con un informe de 6 mil 300 cuartillas, el cual ha sido clasificado. El 3 de abril el comité aprobó desclasificar el resumen ejecutivo de 480 páginas, el cual envió a la Casa Blanca para que fuera preparado para su difusión pública (y donde se decidirá qué partes salen a la luz).

Detalles de ese resumen ejecutivo fueron obtenidos recientemente por algunos medios. Entre las conclusiones del informe se asienta que la CIA empleó técnicas de interrogación no aprobadas por el Departamento de Justicia, impidió supervisión efectiva del Congreso, se obtuvo muy poca inteligencia valiosa y la CIA manipuló a la opinión pública, a los medios y a legisladores sobre la efectividad de sus técnicas, entre ellas el waterboarding (ahogamiento simulado), posiciones de estrés, privación de sueño hasta por 11 días, confinamiento en cajas y azotar a sospechosos contra paredes. Las técnicas eran más brutales y mucho peores de lo que la agencia informó a los políticos, y fueron aplicadas a un número mucho mayor de personas de lo que había dicho la CIA. La lista completa de conclusiones obtenida por McClatchy.

Algunos aspectos de esta información ya se conocían desde hace años, incluso durante la presidencia de Bush. Y aunque hubo un amplio coro de condena, no pasó nada. Cuando llegó Barack Obama a la Casa Blanca declaró que anularía prácticas y políticas que eran legal y moralmente inaceptables, como el uso de algunas técnicas severas de interrogación. Pero subrayó que su gobierno se enfocaría en el futuro y no miraría hacia atrás, o sea, que no haría ningún esfuerzo para que sus antecesores fueran obligados a rendir cuentas, no habría nada parecido a una comisión de la verdad. Esa promesa sí la ha cumplido.Pero la tortura se realizó en nombre del pueblo, y su encubrimiento también es un delito, ya que supuestamente en una democracia los servidores públicos tienen que rendir cuentas al pueblo. No hay duda de que estos son crímenes. No hay duda de que hay crímenes que crecieron de los crímenes. Aquí hay una prueba severa al estado de derecho… en Estados Unidos, comentó en Esquire Charles Pierce sobre las divulgaciones.

Durante unos siete años se ha negado e ignorado, incluso se ha justificado, el uso de técnicas (tortura) contra miles de detenidos en varias partes del mundo. Como país, necesitamos saber qué ocurrió. Necesitamos confesar. Necesitamos ser específicos. Necesitamos abrir el libro, escribió Eric Fair en un artículo reciente en el Washington Post. El ex militar y contratista especializado en interrogatorios en Irak, arrepentido de su papel, ha denunciado estas políticas en los últimos años. Pero sus superiores, hasta ahora, siguen instruyendo al resto del mundo sobre los valores democráticos y el respeto a los derechos humanos. Al parecer, aún no sienten vergüenza.

Fuente: La Jornada

¡Que ahí llegó el lobo!

La razón que se esgrimió el 2002 para explicar la sorpresa que significó el golpe de Estado que la derecha perpetró aquel entonces, fue la ingenuidad e inexperiencia de muchos dirigentes revolucionarios que no llegaron jamás ni a percatarse de la magnitud de la conspiración que durante meses se movió dentro del gobierno.

Hoy todo apunta a que seremos sorprendidos pero por exactamente todo lo contrario. De tanto denunciarse la presencia y el trabajo soterrado de la derecha en los organismos del Estado, pareciera que mucho ministro ya ni le para al asunto, y que más bien conviven con el enemigo en todos esos ministerios en una suerte de penitente hermandad religiosa, casi como en expiación de un castigo divino que nadie entiende.

Tanto, que el propósito de los escuálidos ya no es ni siquiera esconderse ni implorar porque se incineren a toda carrera los cuadernos electorales que los pondrían en evidencia, sino que ahora, cuando son encontrados in fraganti, por ejemplo en actividades de espionaje y de trasiego de información a potencias extranjeras, claman al cielo demandando respeto a sus “Derechos Humanos”.

En Estados Unidos, sin ir muy lejos, el precio de la practica de espionaje es la pena de muerte. Por algo será.

Sin embargo, aquí una connotada contra revolucionaria, dedicada por años a la extracción de información sensible en el área militar, denuncia por televisión (en horario estelar) que fue despedida “injustamente” de su cargo en Fuerte Tiuna, así como su pareja (al parecer un militar de alto rango) y argumenta, en favor de su cuñada (detenida esta semana por espionaje nada más y nada menos que en el Palacio de Miraflores), que si eso no será lo que hacen aquí los cubanos y los iraníes. Es decir, ellos espían a favor de los Estados Unidos porque les parece que lo que hacen los hermanos cubanos en el país es espionaje.

Súmele usted a esa barbaridad, la cantidad de contrarrevolucionarios activos ya no sólo desempeñando altos cargos, sino haciendo los gigantescos negociados que hacen con las contrataciones públicas, para despotricar luego del gobierno, y verá la inmensidad del peligro en el que está hoy la Patria que tanto empeño ha puesto Chávez en rescatar para los venezolanos.

El lobo ya llegó, está en el gobierno.