¡Buena idea!

Por: Alberto Aranguibel B.

El desprecio a los pobres ha sido a través de la historia el rasgo definitorio por excelencia de los sectores pudientes de la sociedad. Despreciar al ser humano es en términos filosóficos la esencia misma del capitalismo, porque sin el odio la explotación del hombre por el hombre no sería viable, ni existiría el goce de la superioridad de una clase social sobre la otra.

De ahí que una buena burguesía va a ser siempre aquella que se regodee en el sufrimiento de los menesterosos y los necesitados. Porque de esa forma se materializa en lo cotidiano la ascendencia social y se justifica el valor del dinero acumulado a costa, por supuesto, del padecimiento y las limitaciones de aquellos que producen la riqueza de la que los ricos se apropian tan injustamente.

En la visión burguesa, el pobre no tiene ni derecho ni capacidad para pensar con mente propia acerca de lo que considera conveniente o no a sus intereses como ser humano, porque, según ella, las ideas son el germen de la alteración del orden natural del universo. Por eso la explicación que da la burguesía a las expresiones populares de cualquier naturaleza, es que éstas se producen cuando la gente es víctima del supuesto control ideológico que ejercen los “enemigos de la libertad”.

Se explica así que todos los voceros de la derecha, sin excepción, hagan hoy el ridículo acusando a Nicolás Maduro de ser el causante de las rebeliones populares que, unas veces como protestas otras veces como fenómenos electorales, le dicen a la repugnante burguesía latinoamericana que no quieren saber más de gobiernos de derecha en nuestra región.

Pero, no fue Maduro el que puso a los medios de comunicación a hablar día y noche de un presidente venezolano que, siguiendo los pasos de Fidel y de Chávez, se levantaba contra las transnacionales y contra el Fondo Monetario Internacional, luchando a brazo partido contra la violencia a la vez que reclamaba justicia e igualdad social para su pueblo. A Maduro nadie lo conocía en ninguno de esos países hasta hace apenas unos meses.

Fue el Grupo de Lima.

Fueron esos títeres del neoliberalismo quienes, acusando irresponsablemente a Maduro, les hicieron ver a sus pueblos con perfecta claridad que el hambre y la miseria que abunda en esos países, es producto de la voracidad de un imperio cruel e insaciable que solo busca saquear el Continente y que tiene a su servicio a un grupo de presidentes serviles que no escatiman esfuerzo represor contra sus propios pueblos para favorecer la sed de concentración de riqueza en las pocas manos de las clases más pudientes.

Lo que hicieron los pueblos fue decir… ¡Buena idea de la de Maduro!

@SoyAranguibel