La CIA y la contrarrevolución en Venezuela

Por: Atilio Borón

La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

Lo anterior viene a cuento de la negación sobre el papel de la CIA en la vida política de los países latinoamericanos, aunque no sólo en ellos. Su permanente activismo es insoslayable y no puede pasar desapercibido para una mirada mínimamente atenta. Peso a ello al hablarse de la crisis en Venezuela –para tomar el ejemplo que ahora nos preocupa- y las amenazas que se ciernen sobre ese país hermano a la “Agencia” nunca se la nombra, salvo pocas y aisladas excepciones. La confusión que con su opacidad y su fetichismo genera la sociedad capitalista se cobra nuevas víctimas en el campo de la izquierda. No debería sorprender que la derecha alentara ese encubrimiento de la CIA. La prensa hegemónica –en realidad, la prensa corrupta y canalla- jamás la menciona. Es un tema tabú para estos impostores seriales. Ni a ella, la CIA, ni a ninguna de las otras quince agencias que constituyen en conjunto lo que en Estados Unidos amablemente se denomina “comunidad de inteligencia”. Eufemismos aparte, es un temible conglomerado de dieciséis pandillas criminales financiadas con fondos del Congreso de Estados Unidos y cuya misión es doble: recoger y analizar información y, sobre todo, intervenir activamente en los diversos escenarios nacionales con un rango de acción que va desde el manejo y la manipulación de la información y el control de los medios de comunicación hasta la captación de líderes sociales, funcionarios y políticos, la creación de organizaciones de pantalla disimuladas como inocentes e insospechadas ONGs dedicadas a inobjetables causas humanitarias hasta el asesinato de líderes sociales y políticos molestos y la infiltración en – y destrucción de- toda clase de organizaciones populares. Varios arrepentidos y asqueados ex agentes de la CIA han descrito todo lo anterior en sumo detalle, con nombres y fechas, lo que me excusa de abundar sobre el tema. [1]

Que la derecha sea cómplice del encubrimiento del protagonismo de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos es comprensible. Son parte del mismo bando y protege con un muro de silencio a sus compinches y sicarios. Lo que es absolutamente incomprensible es que representantes de algunos sectores de la izquierda –notablemente el trotksismo-, el progresismo y cierta intelectualidad atrapada en los embriagantes vapores del posmodernismo se inscriban en este negacionismo donde no sólo la CIA desaparece del horizonte de visibilidad sino también el imperialismo. Estas dos palabras, CIA e imperialismo, ni por asomo irrumpen en los numerosos textos escritos por personeros de aquellas corrientes acerca del drama que hoy se desenvuelve en Venezuela y que, ante sus ojos, parece tener como único responsable al gobierno bolivariano. Quienes se inscriben en esa errónea – insanablemente errónea- perspectiva de interpretación se olvidan también de la lucha de clases, que brilla por su ausencia sobre todo en los análisis de supuestos marxistas que no son otra cosa que “marxólogos”, esto es, cultos doctores embriagados por las palabras, como a veces decía Trotsky, pero que no comprenden la teoría ni mucho menos la metodología del análisis marxista y por eso ante los ataques que sufre la revolución bolivariana exhiben una gélida indiferencia que, en los hechos, se convierte en complacencia con los reaccionarios planes del imperio.

Toda esta horrible confusión, estimulada como decíamos al comienzo por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, se disipa en cuanto se recuerda el sinfín de intervenciones criminales que la CIA llevó a cabo en América Latina (y en donde fuera necesario) para desestabilizar procesos reformistas o revolucionarios. Una somera enumeración a vuelo de pájaro, inevitablemente incompleta, subrayaría el siniestro papel desempeñado por “la Agencia” en Guatemala, en 1954, derrocando al gobierno de Jacobo Árbenz organizando una invasión dirigida por un coronel mercenario, Carlos Castillo Armas, quien luego de hacer lo que le fuera ordenado sería asesinado tres años después en el Palacio Presidencial. Sigamos: Haití, en 1959, sosteniendo al por entonces amenazado régimen de François Duvalier y garantizando la perpetuidad y el apoyo a esa criminal dinastía hasta 1986. Ni hablemos del intenso involucramiento de “la Agencia” en Cuba, desde los comienzos mismos de la Revolución Cubana, actividad que continúa hasta el día de hoy y que registra como uno de sus principales hitos la invasión de Playa Girón en 1961; o en Brasil, 1964, asumiendo un activísimo papel en el golpe militar que derribó al gobierno de Joao Goulart y sumió a ese país sudamericano en una brutal dictadura que perduró por dos décadas; en Santo Domingo, República Dominicana, en 1965, apoyando la intervención de los marines luchando contra los patriotas dirigidos por el Coronel Francisco Caamaño Deño; en Bolivia, en 1967, organizando la cacería del Che y ordenando su cobarde ejecución una vez que había caído herido y capturado en combate. La CIA permaneció en el terreno y ante la radicalización política que tenía lugar en Bolivia conspiró para derribar el gobierno popular de Juan J. Torres en 1971. En Uruguay, en 1969, cuando la CIA envió a Dan Mitrione, un especialista en técnicas de tortura, para entrenar a los militares y la policía para arrancar confesiones a los Tupamaros. Mitrione fue ajusticiado por estos en 1970, pero la dictadura instalada por “la embajada” desde 1969 perduró hasta 1985; en Chile, desde comienzos de los años sesenta e intensificando su acción con la complicidad del gobierno democristiano de Eduardo Frei. La misma noche en que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el presidente Richard Nixon convocó de urgencia al Consejo Nacional de Seguridad y ordenó a la CIA que impidiera por todos los medios la asunción del líder chileno y, en caso de tal cosa ser imposible, no ahorrar esfuerzos ni dinero para derrocarlo. “Ni un tornillo ni una tuerca para Chile” dijo ese patán que luego sería desalojado de la Casa Blanca por un juicio político. En Argentina, en 1976, la CIA y la embajada fueron activas colaboradoras de la dictadura genocida del general Jorge R. Videla, contando inclusive con la desembozada ayuda y consejo del por entonces Secretario de Estado Henry Kissinger; en Nicaragua, sosteniendo contra viento y marea a la dictadura somocista y, a partir del triunfo del sandinismo, organizando a la “contra” apelando inclusive al tráfico ilegal de armas y drogas desde la misma Casa Blanca para lograr sus objetivos; en El Salvador, desde 1980, para contener el avance de la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, involucrándose activamente durante los doce años que duró la guerra civil que dejó un saldo de más de 75.000 muertos. En Granada, liquidando al gobierno marxista de Maurice Bishop. En Panamá, 1989, invasión orquestada por la CIA para derrocar a Manuel Noriega, un ex agente que pensó que podía independizarse de sus jefes, ocasionando al menos 3.000 muertos en la población. En Perú, a partir de 1990, la CIA colaboró con el presidente Alberto Fujimori y su Jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos para organizar fuerzas paramilitares para combatir a Sendero Luminoso y, de paso, cuando izquierdista se les pusiera a tiro, o dejando un saldo luctuoso que se mide en miles de víctimas. Dados estos antecedentes, ¿alguien podría pensar que la CIA ha permanecido de brazos cruzados ante la presencia de las FARC-EP y el ELN en Colombia, donde Estados Unidos cuenta con siete bases militares para el despliegue de sus fuerzas? ¿O que no actúa sistemáticamente para corroer las bases de sustentación de gobiernos como los de Evo Morales y, en su momento, de Rafael Correa y hoy Lenín Moreno? ¿O que se ha retirado a cuarteles de invierno y dejado de actuar en Argentina, Brasil, y en toda esta inmensa región constituida por América Latina y el Caribe, considerada con justa razón como la reserva estratégica del imperio? Sólo por un alarde de ignorancia o ingenuidad podría pensarse tal cosa.

¿Puede, por lo tanto, alguien sorprenderse del protagonismo que la CIA está teniendo hoy en Venezuela, el “punto caliente” del hemisferio occidental? ¿Puede la dirigencia norteamericana –la real, el “deep state” como dicen sus más lúcidos observadores, no los mascarones de proa que despachan desde la Casa Blanca- ser tan pero tan inepta como para desentenderse de la suerte que pueda correr la lucha planteada contra la Revolución Bolivariana en el país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo? Puede que para el trotskismo latinoamericano y otras corrientes igualmente extraviadas en la estratósfera política la MUD y el chavismo “sean lo mismo” y no provoque en esas corrientes otra cosa que una suicida indiferencia. Pero los administradores imperiales, que saben lo que está en juego, son conscientes de que la única opción que tienen para apoderarse del petróleo venezolano –objetivo no declarado pero excluyente de Washington- es acabar con el gobierno de Nicolás Maduro dejando de lado cualquier escrúpulo con tal de obtener ese resultado, desde quemar vivas a personas a incendiar hospitales y guarderías infantiles . Saben también que el “cambio de régimen” en Venezuela sería un triunfo extraordinario del imperialismo norteamericano porque, instalando en Caracas a sus peones y lacayos, los mismos que se enorgullecen de su condición de lamebotas del imperio, ese país se convertiría de facto en un protectorado norteamericano, montando una farsa pseudodemocrática –como la que ya hay en varios países de la región- que sólo una nueva oleada revolucionaria podría llegar a desbaratar. Y ante esa opción, imperio versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra! Porque por más defectos, errores y deformaciones que haya sufrido el proceso iniciado por Chávez en 1999; por más responsabilidad que tenga el presidente Nicolás Maduro en evitar la desestabilización de su gobierno, los aciertos históricos del chavismo superan ampliamente sus desaciertos y ponerlo a salvo de la agresión norteamericana y sus sirvientes es una obligación moral y política insoslayable para quienes dicen defender al socialismo, la autodeterminación nacional y la revolución anticapitalista. Y esto, nada menos que esto, es lo que está en juego los próximos días en la tierra de Bolívar y de Chávez, y en esta encrucijada nadie puede apelar a la neutralidad o la indiferencia. Sería bueno recordar la advertencia que Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad”. Tomar nota.

Atilio-Boron Atilio Borón Fuente: http:atilioboron.com.ar

Nota:
[1] Ver John Perkins, Confesiones de un gángster económico. La cara oculta del imperialismo norteamericano (Barcelona: Ediciones Urano, 2005). Edición original: Título original: Confessions of an Economic Hit Man First published by Berrett-Koehler Publishers, Inc., San Francisco, CA, USA. Ver también el texto pionero de Philip Agee, de 1975, Inside the Company,y publicado en la Argentina bajo el título La CIA por dentro. Diario de un espía (Buenos Aires: Editorial Sudamericana 1987).

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Aranguibel en VTV: Profundización de la revolución neutraliza arremetida de la derecha

Caracas 13/10/2016.- La profundización y el fortalecimiento de la democracia en el país, a partir del modelo de participación y protagonismo de la Revolución Bolivariana en función de los intereses del pueblo, está contrarrestando la arremetida de la derecha, lo que contribuye a que el escenario político para 2017 se avizore alentador y auspicioso, señaló el analista político Alberto Aranguibel este jueves.

En entrevista en el programa La Pauta de Hoy, transmitido por Venezolana de Televisión, dijo que la guerra no convencional que perpetra la derecha nacional e internacional contra el pueblo es económica, mediática y psicológica, de naturaleza entreguista para favorecer intereses de potencias extranjeras.

“La guerra, cuando se monta, se sabe si se gana o si se pierde en función de si se cumplen los propósitos de quienes asedian una sociedad determinada, y los que montaron esta guerra contra los venezolanos no la han ganado por el solo hecho de que allí está el Gobierno del presidente Nicolás Maduro cada vez más sólido y fortalecido en función de los intereses del pueblo, coordinando, organizando a la población para superar estas dificultades de manera eficiente y con el relanzamiento del ideario chavista por un modelo de patria soberano e independiente, como lo planteó el comandante Hugo Chávez”, afirmó.

Aranguibel señaló que sectores de la derecha tratan de generar conflictos “porque es la única manera como se oxigenan sus posibilidades -de obtener el poder- sobre todo desde el punto de vista mediático, no solo nacional sino en el ámbito internacional”.

“Eso es la base de la campaña que ha surgido contra nuestro país, creando realidad virtual de una ‘crisis humanitaria’ a partir de convertirse ellos -la derecha- en un obstáculo o un problema”, además “la gran mayoría de los problemas económicos la ha generado la oposición para tratar de tener una presencia mediática como contrapeso supuestamente de la vida política del país”, consideró.

En todo caso, Aranguibel recalcó que “vamos a salir airosos como ha salido siempre airosa la revolución, que ha convertido los problemas en oportunidades para avanzar cada vez más”.

Texto/AVN

Capitalismo papa frita

– Publicado el 12 de enero de 2015 en el Correo del Orinoco –

Por: Alberto Aranguibel B.

A mediados de los años sesentas del siglo pasado, el ingenio de don Tito Martínez del Box, creador y director de Radio Rochela, presentaba entre los sketches de su programa a un personaje ruinoso y deschavetado al que denominó el “papa frita”, porque la gracia del mismo (una parodia de soldado raso de la Legión Extranjera que enredaba siempre a su superior invirtiendo el sentido de las órdenes que éste le daba) era que usaba esa frase (papa frita) como verdadera muletilla de obstinación, que repetía sin ton ni son hasta el cansancio cualquiera fuese la situación en que se encontrara.

Un personaje que vuelve hoy a la vida en las filas del antichavismo con un evento que no puede ser calificado sino de monumental imbecilidad opositora, como lo es el de la alarma que ha cundido en las filas de ese sector a partir del disparatado rumor regado por las redes sociales según el cual la transnacional de comida rápida McDonald’s retiraría de su menú las papas fritas en virtud de una supuesta crisis económica nacional.

Un alcalde opositor escribe en su cuenta twitter que “Después de las papas fritas se irán las hamburguesas, y con ellas McDonalds y sus puestos de trabajo. Consecuencias del modelo fracasado…” De acuerdo a este enfoque (escueto y lastimoso como todos los del liderazgo opositor), la papa frita es la razón de ser de un buen gobierno. Para él, muchacho al fin, la empresa transnacional es la necesaria y no la iniciativa empresarial criolla. Ni el trabajo de esclavos a los que son sometidos los jóvenes en esa empresa resulta indignante en modo alguno.

Los caminos del capitalismo, como los del Señor, son insondables. Para ningún mortal será jamás comprensible cómo es que puede terminar siendo una crisis que un aditamento completamente insignificante como lo es un paquetico de papa frita deje de ser vendido supuestamente por falta de divisas para su importación, cuando la hamburguesa (importada con muchos más dólares preferenciales otorgados por el Estado que los que se requieren para importar las papitas) continúa vendiéndose regularmente. Una lectura resumida de esta disparatada lógica sería: “No hay dólares, pero sí hay muchos dólares”.

La competencia de McDonald’s, la cadena norteamericana Burguer King, no ha tenido problema alguno en el país con sus papas fritas, lo que deja a la empresa del payaso amarillo al descubierto en su burdo apoyo al golpismo, tal como han venido quedando al descubierto Procter & Gamble, Bayer, Unilever y otras grandes corporaciones norteamericanas que sacan productos del mercado aduciendo también falta de divisas pero que siguen haciendo negocios gigantescos comercializando miles de otras mercancías.

La existencia misma de la hamburguesa derriba por completo el estúpido argumento de la mala política económica que esgrime la oposición como causante de la crisis de las papitas y pone además en evidencia el robo en descampado del cual está siendo objeto el consumidor de esa comida chatarra, al que mediante una grotesca estratagema mercadotécnica le siguen cobrando el precio de una comida completa con papas, pero sin papas. Exactamente la lógica del soldado papa frita, pero con visos inocultables de una nueva arremetida desestabilizadora que busca provocar un estallido social a como de lugar, sin importar la insensatez o incoherencia de los argumentos, haciendo a la vez un excelente y muy rentable negocio.

El 18 de octubre de 2013, declarado Día Mundial Anti-McDonald’s en más de 150 países del mundo entero, fue un llamado de conciencia ante el peligro que representa para la salud, en especial de los niños, el alto grado de contaminación que contienen los productos que en esa cadena se expenden. Pero en nuestro país ese sector irracional de los venezolanos que hoy constituye la oposición implora al cielo en favor de la transnacional y en contra del gobierno revolucionario porque ve en la empresa gringa un aliado en su obsesión contrarevolucionaria.

La horrenda lista de elementos contaminantes que contiene la carne de la hamburguesa de McDonald’s es infinita, incluyendo: las bacterias que infectan la carne cruda durante exposición al aire desde que el animal es sacrificado hasta que la hamburguesa es servida; la Escherichia.Coli, generada por las heces fecales de la res al mezclarse con la carne en el proceso de molido de todas las partes intestinas del animal consideradas comestibles por la empresa; las drogas, pesticidas y detergentes, con los que se riegan los pastos y que son asimilados por el animal; así como los antibióticos y otros medicamentos con los que son tratadas las reses y que son ingeridos por el ser humano en cada hamburguesa.

Tal como lo reveló en marzo del 2010 el reconocido chef británico Jamie Oliver en su programa de televisión, el proceso de desinfección con amonio que sufre la carne con las cuales McDonald’s prepara sus hamburguesas es altamente tóxico para el ser humano. Aún cuando su denuncia (considerada entonces por los analistas como una verdadera lucha de David contra Goliat) obtuvo el resultado de la modificación de dicho proceso para eliminar el amonio, los productos de la firma siguen siendo objeto de cuestionamientos y denuncias por su alto grado de toxicidad. Según un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de California, en los Estados Unidos, un camión tendría que recorrer 230 kilómetros para producir la misma contaminación que produce el asado de una sola hamburguesa. Sin contar las emisiones de CO2 que genera la carne desde que el animal es llevado al matadero hasta que, luego de un largo viaje, es procesada para finalmente llegar al plato del consumidor.

Sumadas a las cientos de investigaciones, pruebas e informes que confirman a diario lo que el mundo entero sospecha pero que muy pocos se atreven a aceptar como realidad en cuanto a lo insalubre de las hamburguesas de esa empresa, están los cientos de estudios que revelan el carácter desencadenante del incremento de la obesidad al que las mismas inducen, en particular en los Estados Unidos, donde el fenómeno es considerado ya toda una pandemia.

Quizás por eso los bolivianos no aceptaron jamás el extraño sabor de una comida que ni le aportaba las calorías necesarias ni respondía al gusto de su cultura milenaria, y terminó haciéndole ver a McDonald’s que en Bolivia no tenía nada que buscar. Fue el primer caso en el mundo en el que un país hace correr al gigante de comida norteamericana.

Lo que expresa el escándalo de la oposición ante la eventualidad de no contar más con la que dice es su comida preferida, es sin lugar a dudas una bochornosa sumisión a un absurdo discurso de odio contra todo lo que tenga que ver con la revolución bolivariana y con el chavismo en particular, que le lleva al extremo de poner en riesgo su salud en nombre de lo que considera una posición política.

Independientemente de si las papas no llegan por falta de divisas sino por un percance laboral en los puertos de origen en Norteamérica, o si simplemente se trata de una guerra psicológica más (como intentó hacerse con la heladería merideña que cerró sus puertas en diciembre en razón del asueto y no por falta de leche, como habían dicho para una vez más hacer el ridículo ante el mundo entero), el problema de fondo no es la economía, sino la lamentable vaciedad intelectual del militante opositor venezolano y el rastacuerismo tan repugnante que deja ver esa vocación alabardera del imperio de la que tanto se ufanan burlándose del Comandante Chávez, del presidente Maduro y de la Patria.

Aborrecer la yuca como plato autóctono de gran valor nutritivo solo por reafirmar su condición pro imperialista, es la más viva expresión de una estupidez enfermiza. Más aún cuando se sabe que, como parte de su estrategia de mercadeo en todas partes del mundo, McDonalds adecúa siempre su menú para incorporar ingredientes o platos típicos de cada nación o cultura, tal como hace hoy en Venezuela con el emblema de nuestra cocina aborigen.

Queda claro que tanto la corporación norteamericana como el irracional sector antichavista nacional son hermanos de sangre en un mismo propósito contrarevolucionario, que hoy se expresa en su guerra común contra el control de cambios para intentar imponer en el país el derrotado modelo del ALCA, pero esta vez por los caminos verdes de unas papas fritas sedientas ya no solo de su grasiento colesterol sino de dólares y de guerra entre los venezolanos.

@SoyAranguibel

La campaña del terror

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Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com 27 de agosto de 2014

Uno de los rasgos que mejor define al liderazgo opositor (o a lo que pueda quedar de él por ahí), es sin lugar a dudas la desvergüenza con la que asumen su papel en el debate político venezolano, bajo la inmoral premisa de tirar la piedra y esconder la mano.

El yo-no-fui-ismo, común a la cúpula antichavista como norma recurrente de conducta, es ya proverbial en un sector habituado a la condescendencia revolucionaria a la que obligan la naturaleza tolerante del proyecto bolivariano y el carácter humanista del modelo de igualdad y justicia social que el Comandante Chávez promovió en el país desde el primer momento de su aparición en la escena política venezolana a finales del siglo XX.

Un aspecto diferenciador como pocos entre la infinidad de rasgos que distancian de manera diametralmente opuesta al liderazgo opositor con la forma en que se asume la conducción política en las filas revolucionarias es sin lugar a dudas el sentido de la responsabilidad. Ese mismo sentido que determinó desde un primer momento el inusual e indetenible crecimiento del liderazgo político del Comandante y que lo convirtió no solo en Venezuela sino en el mundo entero en una referencia de rectitud y lealtad a los principios que le inspiraron y que perfiló en todo momento su actuación como luchador consecuente con su palabra y con su comportamiento público.

Algo verdaderamente difícil de encontrar en el liderazgo opositor, que pareciera jactarse de su conducta evasiva y contradictoria sobre los asuntos por los cuales le corresponde responderle a ese sector de la sociedad que, en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, decide no militar en la causa revolucionaria y prefiere intentar abrirle cause a su visión del país desde una posición neoliberal o de derecha. Llega a ser tan persistente la conducta ambigua y evasiva del liderazgo opositor frente a los temas de interés nacional, que queda perfectamente claro que, más que deficiencia o muestra de mediocridad en la capacidad política de la MUD, de lo que se trata en el fondo es de una expresión de perversa maquinación para utilizar al pueblo de la manera más inmisericorde, usando siempre la necesidad, el hambre y el dolor de la gente para alcanzar el poder y colocarlo de nuevo al servicio precisamente de los intereses de quienes generaron en el pasado esa miseria, esa hambre y ese dolor que hoy con tanto esfuerzo supera el país gracias a la revolución.

De ahí la inmoralidad de ese siniestro personaje en que se ha convertido el dirigente de Primero Justicia, Henrique Capriles, derrotado como candidato y como jefe de campaña de toda la oposición en los cuatro procesos electorales más importantes de nuestra historia reciente, en los que en apenas un año y medio fue derrotado en dos procesos electorales para elegir Presidente de la República, uno para elegir Gobernadores y otro para escoger Alcaldes y Concejales, quien se ha dedicado ahora a recorrer de manera extemporánea el país en una absurda campaña electoral para tratar de sumar adeptos a una causa que no pareciera ser ninguna otra que la del terrorismo guarimbero.

No hay en este momento declarado periodo alguno de campaña, simplemente porque las elecciones que manda nuestra Constitución ya se realizaron (muy a pesar de quienes desde las filas opositoras coquetean con el golpismo) y porque la gente quiere que así como se respetan en el mundo entero los periodos electorales, también deben respetarse los no electorales para que el país pueda seguir su curso normal de trabajo en la construcción de su porvenir. Como en toda democracia avanzada en el mundo, Venezuela tiene derecho a disfrutar en paz de sus periodos no electorales; no todo es campaña electoral y elecciones, como quiere hacernos creer esa obtusa e inepta dirigencia opositora.

Por eso, la única explicación de la campaña de Capriles por el país, justamente en momentos en que el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está enfrentando con tenacidad, coraje y mucha eficiencia, la crisis y las expresiones de terrorismo a los que nos ha querido llevar esa misma derecha irresponsable que el fracasado dirigente opositor representa, es que su propósito es el de alentar la conspiración fascista que se esconde tras la fachada de la supuesta lucha social que esos sectores dicen encarnar.

Obviamente para esa tozuda oposición la desestabilización es una oportunidad sin importarle para nada el padecimiento y el dolor por las muertes que por lo general sus acciones terroristas generan, ni mucho menos el daño en términos de pérdidas cuantiosas de recursos que le ocasionan al país con su terco empeño en torcer antojadizamente la voluntad popular.

Que quede claro; si Capriles, en vez de atender sus obligaciones como Gobernador, está recorriendo el país fuera de periodo alguno de campaña, proclamando al mundo su infamante y provocador discurso incendiario contra el Gobierno legítimamente electo, además de darle argumentos alentadores al terrorismo para reincidir en la violencia, está incurriendo inequívocamente en instigación al delito y a la rebelión. Delitos ambos contemplados en la Constitución, de los cuales seguramente dirá luego, como siempre, “yo-no-fui”.

 

@SoyAranguibel

El Pollito Bachaquero

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El ancestral desprecio y subestima hacia el pueblo por parte de los sectores burgueses, ha llevado de derrota en derrota a ese arrogante y elitesco sector pudiente de la sociedad desde que el Comandante Chávez apareció en la escena política a finales del siglo XX con su propuesta de justicia e igualdad social conocida hoy como Socialismo del Siglo XXI, que ha permitido a la inmensa población de excluidos incorporarse no solo a los beneficios que el Estado les asegura a través de infinidad de programas sociales que elevan su calidad de vida, sino a través de la liberación que comprende la elevación de la conciencia de clase y el compromiso con la Patria que este modelo de redención de los pobres les brinda.

La guerra económica desatada desde principios de año por ese sector privado, golpista y profundamente reaccionario, en contra del pueblo venezolano, ha querido basarse en el desprecio a la inteligencia de la gran mayoría de gente humilde del país, a quien le suponen incompetente para saber detectar con claridad y precisión quién es el verdadero responsable de la especulación, el acaparamiento, la escasez de productos y el contrabando de extracción que tanto malestar ha causado en los últimos meses. El pueblo sabe sin ninguna duda que el causante de todos esos males es ese sector privado, usurero, explotador y apátrida, que pretende presentarse ante la opinión pública como víctima de un proceso de distorsión económica del cual es en verdad el único victimario. Y sabe, porque lo ha visto y lo ha constatado en la acción decidida del Gobierno contra los grandes intereses que se mueven detrás de todo ese entramado conspirador, que el Presidente Nicolás Maduro está luchando a brazo partido por evitar que esa burguesía parasitaria reinstale en el país el nefasto modelo neoliberal que tanta hambre y miseria nos dejó en el pasado.

Prueba de esa claridad del venezolano es el siguiente video en el que el humor es el hilo conductor de una contundente y reveladora denuncia contra esos especuladores y acaparadores de los productos de primera necesidad, así como también contra aquella gente de los sectores populares que, en razón del terror que la burguesía inyecta a la sociedad a través de sus medios de comunicación y de sus aliados políticos de la derecha, caen en la trampa del desespero consumista y terminan por hacerle el juego a los ricos en contra de los intereses de clase del propio pueblo, con las compras compulsivas que en definitiva terminan siendo el eslabón que soporta toda esa cadena de distorsión y saqueo económico del gran capital contra el país. El video del grupo zuliano “Madero Show” deja claro que no hay más escasez que la que la propia gente ocasiona con las compras compulsivas que hoy signan el absurdo ritmo del mercado en Venezuela.

Karen Méndez: Del gorilismo al golpe suave

golpe suave

por: Karen Méndez / http://karenmendezl.blogspot.com

De mil y un maneras la oposición venezolana ha intentado acabar con la Revolución Bolivariana. En abril de 2002 ejecutaron un violento golpe mediático y militar, pero en tan sólo 48 horas el pueblo los derrotó; luego paralizaron la industria petrolera y fracasaron, desataron multi-focos de violencia con las conocidas guarimbas y se quemaron, promovieron una insurrección militar en la Plaza Altamira y allí se secaron, contrataron un centenar de paramilitares colombianos para asesinar al Presidente Chávez y fueron descubiertos, activaron un referéndum revocatorio y volvieron a perder, durante 14 años han desatado una feroz arremetida mediática y nada han logrado, trajeron a reconocidos terroristas internacionales para crear una ola de violencia incontenible y fueron neutralizados. Cansados de alimentar un prontuario golpista que no los ha llevado a nada, la oposición venezolana decidió migrar a nuevos guiones, que en nombre de la “paz” y  “la no violencia”, pueden debilitar y destruir los pilares que sostienen al Gobierno, tal como lo plantea el ideólogo estadounidense Gene Sharp, y tal cual lo han  ejecutado algunos sectores de derecha en Serbia, Ucrania, Libia y actualmente en Siria.

Si bien el guión Sharp ha fracasado en países como Bielorrusia, Rusia e Irán, también es cierto que a través de este método no violento se ha logrado derrocar a una decena de gobiernos que no sirven a los intereses de Estados Unidos, bien sea por sus procesos de emancipación y luchas antiimperialistas o porque ya se les hace insostenible seguir apoyando regímenes realmente totalitarios, represores y desacreditados mundialmente, como los de Egipto, Túnez y Baréin.

El plan de golpe suave que recomienda Gene Sharp para derrocar gobiernos está basado en 3 fases: la protesta, la no cooperación y la intervención. Para lograr cada uno de estos pasos Sharp recomienda 198 métodos, entre ellos el boicot económico, la no cooperación política y social, las huelgas, el acoso a funcionarios, el despliegue de rumores, el plagio y la erosión de mitos y símbolos, el saboteo dentro de las instituciones gubernamentales, marchas, mítines de protestas, huelgas estudiantiles, patronales y penitenciarias, el bloqueo a las líneas de mando o información, la falsificación de documentos y provocar detenciones de sus líderes.

Aunque la teoría de golpe suave utiliza el nombre y la lucha de Gandhi como referente, su creador Gene Sharp dejó claro desde el principio que “no se trata de pacifismo o creencias religiosas, sino que se trata de la lucha no violenta estratégica que busca apoderarse del poder político para negárselo a otros mediante armas psicológicas, políticas y económicas”. Su amigo, el ex coronel del ejército estadounidense, Robert Helvey, es aún más claro “ya pocos países pueden permitirse uso extensivo de armas costosas (…) ya se cambiaron las armas. Ya no son bombas y fusiles, ahora son mentiras y boicots”.

Bob Helvey, ex combatiente de la Guerra contra Vietnam, es una ficha clave tanto para Sharp como para los servicios de inteligencia estadounidense. Fue este hombre quien logró convertir la teoría de Sharp en una realidad. En el año 2000, el Instituto Nacional Republicano, el ala más agresiva del partido Republicano estadounidense, le encomendó a Helvey  la tarea de entrenar mediante el guión Sharp a la oposición serbia para derrocar al gobierno de Slobodan Milosevic. Tras su éxito, las conocidas “Revueltas de Colores” se extendieron por otros países de Europa del Este, Medio Oriente, y Asia.

EL GUIÓN SHARP Y SUS PUNTOS DE GIRO

El plan Sharp casi siempre se activa después de coyunturas electorales. Su apuesta es deslegitimar al gobierno tanto dentro como fuera del país para así justificar su desacato al estado de derecho.  Mientras tanto van socavando los pilares de apoyo como la policía, la fuerza armada, los empleados públicos, los medios de comunicación (“porque si se quiere tener éxito se deben tener los medios para publicar mensajes a un público receptor” como recomienda Bob Helvey). También socavar el apoyo de la comunidad empresarial suministradora de bienes y servicios que el gobierno no controla, Seguir leyendo “Karen Méndez: Del gorilismo al golpe suave”