Eduardo Viloria: Respuesta de un venezolano común y corriente a Pepe Mujica

Por: Eduardo Viloria Daboin 

Estimado Pepe Mujica, le escribe un venezolano. Mi nombre es Eduardo Viloria Daboín, tengo 41 años y vivo en Caracas. Soy padre de una hija con autismo de 16 años y un niño de 10 que practica fútbol, ajedrez y arte circense. Al igual que usted, al igual que cualquiera, tengo sobradas razones para no querer una guerra en mi país. Sin embargo, quisiera decirle varias cosas sobre el mensaje que usted envía sobre Venezuela.

Estimado Pepe, comienza usted preguntándose si la guerra será, como decía Clauzewitz, la continuación de la política por otros medios. Pues déjeme decirle algo: Bienvenido al siglo XXI, tiempo histórico en el que EEUU se ha encargado de invertir esa máxima. Porque para EEUU la política es la continuación de la guerra por otros medios, y no al revés. Eso precisamente es lo que se está aplicando actualmente contra Venezuela, y es lo que usted, aparentemente sin darse cuenta, favorece en su mensaje.

Usted hace un llamado a acudir a la política para evitar la guerra, pero se olvida de que en Venezuela ya está en desarrollo una guerra. Desde hace años el país está sometido a un feroz ataque a su economía y la población del país tiene años sometida a una brutal guerra psicológica. Se olvida usted, también, de que EEUU tiene años cercando militarmente a Venezuela, usando el territorio colombiano como sitio predilecto para ese emplazamiento amenazante de tropas, y además ha realizado recientemente movimientos de más tropas hacia Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Curazao. Es cierto que EEUU no ha lanzado una bomba sobre Venezuela todavía, pero el cerco militar, el asedio y sitio económico, el robo de dinero y activos venezolanos en el exterior, las permanentes operaciones psicológicas y la infiltración mercenaria y paramilitar son acciones concretas de guerra, definidas incluso en los manuales actualizados de guerra del pentágono.

¿Sabe usted que el 23 de febrero desde territorio Colombiano se intentó violentar la sobernía territorial venezolana utilizando mercenarios y que no se logró gracias a la actuación de la FANB, la PNB y el pueblo organizado?

¿Sabe usted que lo mismo ocurrió en el sur del país, en la frontera con Brasil? ¿El cerco comunicacional contra la verdad de Venezuela le permitió saber que el 24 de febrero un puesto militar venezolano cercano a la frontera con Colombia fue atacado por 60 mercenarios?

Sin duda usted tiene razón de que se debe acudir a la política para evitar la guerra, pero, ¿cómo hacemos si EEUU en lugar de comenzar por la política y darle una oportunidad al diálogo y la negociación comenzó primero por la violencia y las acciones de guerra?

Usted mismo dice que se impone la política y que la política es voluntad de negociar. El problema está en que usted plantea que negociar es aceptar las condiciones que Estados Unidos pretende imponer con sus acciones de guerra. Dice usted que negociar es evitar acorralar, pero se olvida de que EEUU lo primero que ha hecho es acorralar a Venezuela, cercarla, amenazarla, apuntarla con su cañones y agredirla. Está claro que EEUU no quiere negociar nada sino imponer sus condiciones y más nada. Y justamente la primera condición que pone es ésa que usted coloca como elemento inicial para negociar y evitar una guerra: que Maduro abandone el cargo para el que lo eligió el pueblo de Venezuela en elecciones legales y legítimas, y dé paso a un nuevo y arbitrario proceso electoral.

Habla usted también de más democracia como lo la única salida para evitar la guerra. Pero se olvida de que la revolución bolivariana es el proceso en el que se dieron las más profundas transformaciones democráticas del continente en los últimos 20 años y que fueron justamente Estados Unidos y la dirigencia política que avanza hoy tutelada por el poder de ese país quienes dieron un golpe de Estado que derrocó a Chávez en 2002, y un golpe petrolero luego entre diciembre 2002 y enero 2003, y después pretendió incendiar de violencia a Venezuela en 2013, 2014 y 2017 para derrocar al presidente Maduro ante la imposibilidad de derrotarlo políticamente.

Usted se atreve, además, a atacar las instituciones venezolanas y afirmar que en Venezuela lo que hay es una crisis de confianza. Permítame recordarle que luego del referendo revocatorio realizado contra Chávez (en el cual la revolución bolivariana salió victoriosa en el que fue el proceso democrático más hermoso de toda la historia de nuestro país), ante la imposibilidad política de derrotar a Chávez, fue cuando se inició la operación psicológica y mediática para deslegitimar las instituciones venezolanas y socavar su credibilidad. Esa operación no ha cesado desde entonces. Casi 15 años después, el efecto de esa acción de guerra psicológica tiene tal profundidad que incluso personas como usted pueden afirmar hoy que en Venezuela no hay instituciones confiables para garantizar elecciones libres y transparentes.

Y aprovecho para preguntarle: ¿mide usted las consecuencias históricas de lo que sería la aplicación de su propuesta de convocar, apenas 8 meses después de realizadas elecciones presidenciales, unas elecciones en Venezuela con la ONU como único garante de su amplitud, pluralidad y transparencia? ¿Se da cuenta usted de que al plantear eso está validando el desconocimiento arbitrario de Nicolás Maduro como presidente que hizo EEUU el 10 de enero de este año? ¿Se percata de que su propuesta respalda la anulación de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en la medida en que legitima que cualquiera en cualquier país convoque una movilización más o menos numerosa para autoproclamarse presidente de ese país únicamente a cuenta de que tiene el respaldo económico, político, comunicacional y militar de un país poderoso que está dispuesto a recurrir a la guerra para imponerlo como presidente?

Usted plantea eso y al mismo tiempo habla de democracia, pero se olvida de que la oposición venezolana que está embarcada en la actual aventura golpista fue justamente la que decidió no participar en las últimas elecciones precisamente para boicotearlas y poder levantar hoy el discurso de ilegitimidad de Nicolás Maduro. Debería investigar un poco para que pueda darse cuenta de que la debilidad que impide a la oposición venezolana llegar al poder se debe exclusivamente a sus propios errores, a su propia incapacidad para consolidar un liderazgo, hacerle una propuesta seria y coherente al país que genere esperanza y entusiasmo político. Esa oposición ha sido tan mediocre y ha estado tan concentrada en sus propia¡os intereses económicos y de poder, que no ha sido capaz ni siquiera de capitalizar políticamente el descontento generado por la crisis económica y social venezolana creadas por el bloqueo. Esa dirigencia opositora es tan pobre que no ha sido capaz ni siquiera de acumular fuerza a partir de los numerosos errores y desviaciones de sectores del gobierno bolivariano.

¿No se da cuenta usted de que Trump, Pence, Pompeo, Bolton y Rubio tuvieron que salir ellos mismos a poner la cara y a dirigir directamente la oposición en Venezuela para poder medianamente despertar algún entusiasmo en la base social opositora, ante la absoluta falta de credibilidad y liderazgo de toda la dirigencia opositora venezolana? No venga entonces usted a decir que Venezuela necesita que venga Naciones Unidas a dar garantías de un proceso electoral absolutamente abierto y con la participación de todos.

¿Y sabe por qué, además?

Pues justamente por lo que usted plantea del trasfondo geopolítico y geoestratégico del conflicto en Venezuela. En eso tiene usted toda la razón. Lo que está en el fondo es la necesidad de EEUU de apoderarse del petróleo venezolano y de todas sus enormes riquezas. Pero, además de todos sus otros olvidos, en este caso también se olvida de que justamente por ese objetivo a Estados Unidos le importa un bledo la democracia en Venezuela y la libertad y bienestar de su pueblo. La única democracia que a EEUU le interesa es la que le permita colocar a un presidente servil a sus intereses, y en la que puedan manejar directamente las instituciones a favor de sí mismo. Es más, esto es tan cierto, que a Estados Unidos ni siquiera le interesa la continuidad de Venezuela como nación y como república, sino su fragmentación, su disolución, para que prendan en su territorio el caos y la violencia que abran la puerta a dos grandes negocios: el control de las riquezas y una guerra prolongada que tribute a las arcas de su megaindustria armamentista.

Una sola cosa más: ¿No le parece lamentable recurrir “desesperadamente” a Europa para que haga algo y evite una guerra? ¿Olvida que Europa es un continente en el que aún prevalecen las monarquías y Estados enteros se sostienen merced a que son grandes lavaderos de dólares del crimen transnacional? ¿Olvida que Europa aún mantiene colonias en África, Asia y su amada América Latina? Recuerde que además de Estados Unidos y Canadá, ha sido Europa la que ha aplicado guerra económica a Venezuela, robando miles de millones de dólares en dinero y oro.
¿Puede pedírsele a Europa que haga algo?

Estimado Pepe, dejo esta carta hasta aquí. Podría extenderme más, pero he dicho lo central y creo que es suficiente. A usted lo rodea una imagen de sencillez y humildad. Si no es una mera construcción mediática, espero que se tome la molestia de leer estas líneas y reflexionar sobre el lamentable mensaje que envió al mundo.

Eduardo-Viloria.jpg  Eduardo Viloria Daboín /

Fuente: AlbaTV

Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

El candidato ignorante

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Más de diecisiete elecciones seguidas a lo largo del período comicial más intensivo de toda nuestra historia y probablemente del mundo entero, han convertido al sistema electoral venezolano en centro y eje gravitacional de la vida en nuestro país, convirtiendo al ciudadano común en una suerte de supremo gran elector universal, con rango de autoridad máxima en la materia a nivel planetario, incluyendo en ello a las llamadas “democracias avanzadas” del mundo desarrollado.

A lo largo del período en que esas elecciones se han llevado a cabo, el país ha dado saltos cualitativos en todas las áreas asociadas a sus distintos procesos. Empezando por los tecnológicos y alcanzando hasta los estrictamente culturales en términos políticos, a través de los cuales hemos roto las barreras del atraso metodológico, de las imperfecciones procedimentales, de la ignorancia tecnológica, de la desinformación, de la exclusión y de la injusticia, como en ningún otro país en el mundo en ese sentido.

Miles de horas de debate durante más de catorce años sobre el sistema adecuado a nuestras necesidades y exigencias como sociedad altamente politizada que somos hoy en día, millares de consultas a especialistas internacionales relacionados con el tema, infinidad de procesos de benchmarking (o comparación y análisis de sistemas), decenas de procesos de licitación abierta para la configuración del sistema más seguro, robusto, confiable e invulnerable del mundo, habida cuenta de la descomunal atención internacional sobre la calidad y transparencia del mismo, son los eventos que preceden a la instauración del avanzado modelo electoral venezolano de hoy en día.

Cientos de miles de venezolanos adiestrados en los procesos de verificación, auditorías previas y posteriores de los actos electorales, así como en la cultura de la observaduría y testificación del proceso, sumados al acompañamiento de miles de expertos y organizaciones electorales, políticas y de derechos humanos que asisten a los procesos, dan cuenta de la inviolabilidad y pulcritud de los mismos.

Pero el candidato de la derecha, él sólo, sin prueba sustentable alguna, aduce fraude masivo en la elección presidencial y solicita que se la repitan.

Olvida que la ignorancia no excusa el cumplimiento de la ley.