La oposición sí tiene ideología

Por: Alberto Aranguibel B.

Uno de los más grandes reclamos del Comandante Chávez a la oposición venezolana fue desde siempre la carencia de una propuesta doctrinaria que permitiera entablar con ella un prolífico debate fundamentado en ideas estructuradas y no en las simples detracciones o difamaciones a las que ha apelado en todo momento ese sector para confrontar el planteamiento de justicia y de igualdad social que comprende el Socialismo Bolivariano.

Cuando habló de la necesidad de “una oposición con moto propia”, Chávez hacía referencia no solo a esa escandalosa orfandad de ideas, sino al sometimiento que el sector opositor le ha rendido permanentemente a filosofías políticas y económicas ajenas a nuestra propia realidad, generalmente dictadas desde el exterior por el poder hegemónico del imperio norteamericano y del gran capital transnacional.

De hecho, durante mucho tiempo se ha pensado que la estulticia e ineptitud de su dirigencia para el liderazgo político (que Chávez describía magistralmente como “la nada”), muy probablemente estaba determinada por la vaciedad ideológica que en todo momento ha puesto en evidencia la oposición, ya no solo en sus discursos y declaraciones públicas, sino en sus documentos, escritos, artículos de opinión y hasta en las conversaciones telefónicas, incluso, en las que frecuentemente se les oye exponer su visión del país, en los cuales jamás ha sido posible establecer con una mínima claridad cuál es en definitiva la corriente ideológica a la cual se ciñen, más allá de las descalificaciones contra el chavismo y los eternos llamados a la población a rebelarse contra el proceso revolucionario.

La pugnacidad entre egos y vanidades particulares que signa la vida interna del cónclave antichavista (cohesionado únicamente por el interés común de superar de esa forma el escaso nivel de respaldo popular que individualmente tiene cada uno de los partidos que lo integran), no es de ninguna manera el debate entre planteamientos ideológicos diversos o contrapuestos, sino la vulgar búsqueda del beneficio o la ventaja individual de cada uno de esos dirigentes en su demencial carrera por el poder.

Su estrategia ha sido la de motivar al venezolano no con una formulación transparente, que ponga como activo doctrinario el modelo neoliberal capitalista (que en todos los casos en que les ha correspondido ser consultado por la prensa o por los electores, han negado nerviosos y sin vergüenza alguna), sino con el empeño en tratar de lograr la neurotización de la sociedad con todo tipo de acciones desestabilizadoras que generen angustia y zozobra permanente en la población, mediante el engaño y la demagogia más perversa y chapucera.

Esa constante en el engaño, cuyo principal eje discursivo ha colocado al militante opositor en el delirio disparatado de creer que su persistencia en la derrota electoral es producto, no del fracaso de sus dirigentes como aglutinadores del fervor popular, sino el resultado de un hecho malévolo recurrente urdido por agentes de Satanás vestidos de rojo, es lo que a la larga ha terminado por construir el basamento ideológico común del que careció en todo momento el antichavismo.

El militante opositor que hoy se manifiesta en las calles y en las redes sociales en la búsqueda de un Golpe de Estado prodigioso que insubordine a las fuerzas militares de la Nación a favor de la entrega del país a los intereses del imperio norteamericano y que adormezca a la vez en estado catatónico milenario a los millones de chavistas que eligieron a el presidente Maduro para impedir así su contraofensiva en el rescate de la Patria y del proyecto de soberanía que nos legó el Comandante Chávez, no lo hace por sujeción a dogma o teoría política alguna, sino por el desquiciamiento al que ha sido sometido por esa irresponsable dirigencia que por infortunio le ha tocado.

Para lograr ese desquiciamiento entre su propia gente, los estrategas del discurso opositor pervirtieron la significación de la terminología sociopolítica universal adecuándola a la lógica del discurso imperialista de los Estados Unidos, para quien todo proyecto progresista o soberano de Nación es un “régimen dictatorial” y “forajido”, lo que en sí mismo deja perfectamente clara la intencionalidad entreguista y vende patria de la propuesta opositora venezolana.

Pero deja también al descubierto el carácter brutal y sanguinario que inspira al conjunto del liderazgo y la militancia opositora que hoy expresa esa ideología forjada al calor del llamado a la rabia y al desconocimiento de toda legalidad o parámetro ético que pudiera regir a la sociedad venezolana, como rige en toda sociedad civilizada en el mundo, a través ya no del insulto o la amenaza en las redes sociales solamente, sino en las acciones directas contra la vida de las personas por el solo hecho de pensar diferente a lo que ellos entienden como su punto de vista político.

Cuando después de quince años de negar relación alguna con grupos violentos, la militancia opositora ve a sus líderes coordinando con el más irresponsable descaro a los mismos grupos de encapuchados armados que desatan la violencia que destruye la propiedad pública y privada a su paso y genera muertes dolorosas entre la misma oposición y entre los cuerpos de seguridad y la gente del común en la calle, y no siente ninguna clase de remordimiento o rechazo sino que se alegra y se emociona cada vez más, hay un serio problema. Y lo más serio es que no lo crea.

Cuando la militancia opositora implora por la salud de un general retirado que ordenó a sus seguidores el degollamiento a mansalva de gente inocente en las calles, se está haciendo solidaria con un brutal asesino. Pero el problema no es nada más que lo haga, sino que no lo crea así.

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Cuando la militancia opositora pide por las redes que se hagan colectas de cepas que producen la Hepatitis C para mezclarlas con heces fecales y lanzarlas a los funcionarios del orden público, con lo cual se generaría el colapso no solo de los cuerpos de seguridad sino de los hospitales, se convierte en asesina. Ahí el problema más grave es, igualmente, que no lo crea.

Cuando la militancia opositora, incluso sus más connotados intelectuales, arengan a sus copartidarios para que lancen macetas que acaben con la vida de las personas, o que les induzcan a asesinar embajadores en el exterior, como aconseja abiertamente una antichavista a través de las redes sociales poniendo como ejemplo el asesinato de un embajador en Turquía, se está en presencia de una mente terrorista despiadada y enferma. Lo grave es que ella no lo crea.

Cuando, además de todo lo anterior, la militancia opositora celebra el asedio de chavistas en la vía pública y grita desaforada e histérica su deseo de muerte para esas personas y para sus hijos, a la vez que alaba en loas frenéticas al funesto dictador Franco, a quien ni siquiera la más repugnante ultraderecha española se atreve a nombrar hoy en público, entonces se está en presencia de una sólida e indiscutible ideología fascista asumida como doctrina única y común entre ese sector del país que hasta ahora se presentaba solo como “la oposición” pero sin apellido.

Sí hay, definitivamente, una ideología clara e inconfundible orientando la lucha de la militancia opositora en su afán por acabar con la democracia y la noción de soberanía en Venezuela. La ideología que llevó a la humanidad a la extinción de millones de seres bajo las armas de la intolerancia, la tiranía y la confabulación con los poderes del capital y de la iglesia para perpetuar la opresión y la muerte. Esa ideología es el fascismo, y el empeño terrorista que expresan hoy extasiados y ansiosos los antichavistas por las redes sociales y en las puertas de las embajadas de nuestro país en el mundo lo demuestran.

Como dijera el doctor José Vicente Rangel al recibir esta semana la distinción Félix Elmuza, otorgada por la hermana República de Cuba en la Casa José Martí, “Le corresponde al indoblegable pueblo venezolano derrotar una vez más a una poderosa agresión como la que hoy se cierne sobre nuestra Patria… Es una hora difícil, pero el pueblo venezolano se impondrá con gallardía, como lo ha hecho siempre a través de la historia.”

Si la falta de ideas, decimos nosotros, hizo aflorar el rasgo más salvaje de esos venezolanos que no creen en los valores de la democracia, tendrán que atenerse a la inquebrantable voluntad bolivariana de un pueblo que sí está ideologizado, pero que no está dispuesto a ceder su Patria a la locura fascista de unos cuantos lacayos del imperio. El entusiasta proceso popular de Asamblea Nacional Constituyente convocado por el Presidente de la República los arrollará con la fuerza de la dignidad chavista y los lanzará al más oscuro foso de la historia.

@SoyAranguibel

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Una bestia recorre el mundo; el capitalismo

capitalismo bestia

SI QUEREMOS LAS PAZ CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO

Por Martín Guedez

El esfuerzo inédito por la paz del gobierno revolucionario merece la admiración y el respaldo de todas las personas de buena voluntad. Sin embargo resulta evidente la conexión entre el clima de violencia que se impone a la sociedad venezolana y los fines políticos inmediatos de quienes la están construyendo. No obstante, creo que esta pandemia de  violencia e inseguridad trasciende el momento político y posee unas causas más profundas e integrales.

Estamos persuadidos de que esta cosmovisión responde a las necesidades propias de un sistema económico, político y social que se nutre de la violencia. Estamos arribando a un punto culminante en la construcción consciente del principio de autodestrucción. Es la estructura del sistema la que propicia y necesita de este escenario general. Es la competitividad sin límites la que requiere de este clima erigido en principio.

La competitividad para tener más fortalece preponderantemente el crecimiento de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más capaz (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, es el triunfador. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona y se imponen los más fuertes. Estos “merecen” sobrevivir, pues dinamizan la economía. Los más débiles son peso muerto, por eso son, desincorporados o eliminados. Esa es la lógica feroz y terrible del sistema capitalista neoliberal. Con esa lógica en marcha quien no tiene, porque ha sido excluido, busca el tener a su aire y manera, por ejemplo, con una pistola colocada en la cabeza de quien posee lo que él desea y no tiene.

Esta competitividad feroz invadió prácticamente todos los espacios sociales: los lugares de trabajo, las universidades, las escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la competitividad tiene que ser agresiva. El que más produzca, el que más consuma, el que más cabezas pise, ese es el Jefe, ese es el que manda. No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos hasta la religión, desde las cremas adelgazantes hasta la cultura. Los espacios personales y sociales, que tienen valor pero que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se encuentran cada vez más arrinconados, como una especie exótica en vías de extinción. Sin embargo, estos son los lugares donde respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos hace anémicos y nos deshumaniza. El capitalismo es inhumano en esencia. El capitalismo es la mejor representación de Satanás.

En la medida en que prevalece sobre otros valores, la competitividad provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Cada quien lucha defendiéndose y atacando por su sobrevivencia. Ocurre que luego del derrocamiento del socialismo real, con la homogeneización del espacio económico de cuño capitalista, acompañada por la cultura política neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia fueron llevados el extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada. La potencia hegemónica, EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo el crimen  y las armas, para siempre triunfar sobre los demás. En unos pocos años hemos podido ver esta lógica criminal en plena acción tanto en Afganistán como en Iraq, Libia o Siria. Aplican el genocidio y la violencia generalizada en su ley, para lograr lo que desean…  Seguir leyendo “Una bestia recorre el mundo; el capitalismo”

Hernández Montoya: Oligarquía sin fines de lucro

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Por Roberto Hernández Montoya / aporrea.org

La godarria no tiene fines de lucro. Si los tuviese seríamos ya una potencia desde el comienzo de la República. Le tocó un territorio con recursos naturales que pida usted por esa boquita; ubicación geográfica privilegiada; clase obrera en paz; gerencia formada por la educación pública, a menudo con posgrados financiados en el exterior; bienes de capital que cuando no son baratos son gratis de parte de un Estado que ha ido más allá, pues varias veces ha asumido sus deudas.

Y nada. Desde cuando dormía en camacuna vengo oyéndolos machacar que no-hay-estímulos-para-invertir.

Aprovecharé que no soy economista, y mucho menos Chicago boy, para constatar que las burguesías europea, asiática y gringa invertían en plena Primera y Segunda Guerras Mundiales. ¿Había estímulos en aquellas civilizadísimas degollinas y destrucción masiva de infraestructuras? Parece que sí. Es más, me han asegurado que en el capitalismo de verdad la guerra suele ser un incentivo para pingües negocios.

Y en la Guerra Fría había amenaza nuclear, es decir, de un Gran Borrón Sin Cuenta Nueva, en la que solo perdurarían las cucarachas. Y esas burguesías invertían en medio de la Destrucción Mutuamente Asegurada, lo que en inglés llaman brinkmanship, o sea, vivir en el bordecito del Apocalipsis. Pero los mantuanos parasitarios latinoamericanos vivían en un llantén que partía el alma. No ambicionan lucro, solo poder.

¿Qué hace esa godarria inepta? En primer lugar vende la patria. Barata. Promueve dictadores ignaros y brutales, como Juan Vicente Gómez, como el caricaturesco Marcos Pérez Jiménez, como el dominicano generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, Chapita para los íntimos, ridículo y sanguinario como la oligarquía que lo promovió. A través de esos forajidos persigue, encarcela, tortura, asesina, desaparece. Desaparecer personas es tortura refinadísima, pues no solo sufre la persona borrada sino sus deudos, que pasan el resto de sus vidas buscando unos restos a los que al menos llevar una ofrenda. No sé si hay tortura peor que no saber qué fue de un ser querido, qué le hicieron, qué sufrió, cómo lo torturaron, cómo lo mataron y ni siquiera si lo mataron, porque la esperanza tenaz de hallarlo vivo es aliada de la tortura. Eso hacen estos feudales. Pero son aún más perversos, pues acusan a los gobiernos populares de hacer todo eso justamente. Para saber qué hacen revisa las acusaciones que endilgan a cualquier gobierno decente.

Nunca hubo en Venezuela más libertad y respeto al ser humano como en estos 14 años, pero la godarria vocifera sin censura, por sus medios y sus cagatintas, que gemimos bajo la más feroz dictadura. Es ignominioso, pero para que más lo sea, lo repiten y repiten con un desparpajo que abisma y repugna.

No importa, me parece, pues solo engañan a quienes se quieren engañar, a quienes su autodesprecio radical lleva a consumir mentiras como sedante altamente adictivo.

Es además de una mediocridad rabiosa que le impide conceder a sus países el derecho a aspirar a nada grande. Quiere países cretinos como ella.
Por eso hay que derrotarla minuto a minuto.

@rhm1947