Perder en Miami

escualidos lloran

Publicado en Últimas Noticias el 14 / 12 / 2013

Recibir desde cualquier parte del mundo la noticia del triunfo de la Revolución Bolivariana en cada elección que se haga, ya sea esta presidencial, de gobernadores, diputados, alcaldes o de concejales, tiene que ser para cualquier escuálido un golpe muy duro a su condición libertaria y raigalmente anticomunista.

El odio acumulado a través del tiempo en lo más hondo de su ser, producto de las contundentes derrotas propinadas a ellos sin ninguna conmiseración ni clemencia por el chavismo, es un sentimiento cada vez más arraigado en el alma del opositor común, que vive la horrenda circunstancia de la vida cíclica entre la alegría fabulosa que representa en cada oportunidad su convicción de que “ahora sí; que ya el chavismo se acabó; que ahora Capriles sí les va a dar la paliza que merecen esos castro-chavistas malnacidos”, y el lacerante dolor que deja en el corazón la recurrente y cruel derrota electoral, frente a la cual nunca hay palabras con qué expresarse, sino llanto incontenible y moqueo profuso.

Con ese odio, perder en cualquier parte del planeta hasta donde alcance la posibilidad de adquirir boleto aéreo con dólar preferencial, es más que lastimoso cuando se considera la inmensa inversión en esperanza que a través de los cinco continentes se puede haber sembrado con la idea de un triunfo que no llega nunca pero que en cada oportunidad de precampaña electoral alienta y estimula la ansiedad arrolladora, antichavista, profundamente neoliberal y anti patriotera.

Pero, perder en Miami es otra cosa.

Perder en Miami, para un escuálido que invierte su vida entera en los preparativos permanentes del derrocamiento del réeegimen!!!, abarcando desde la profusa redacción día y noche de millones de tuits épicos proclamadores de la inminencia de la libertad y anunciadores del aplastamiento de las hordas chaburras, hasta las largas jornadas de entrenamiento como comandos de exterminio en los jardines de Disney World, tiene que ser en verdad el más horrendo y trágico golpe que opositor alguno pueda recibir jamás en sus entrañas.

Uno ve las fotos que llegan desde allá en cada ocasión y se conmueve. Provoca dejarlos ganar aunque sea alguna vez algo que valga la pena. Y no esa porción de alcaldías que ganan con ventajas de un uno por ciento apenas.

Soyaranguibel@email.com

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Crónica de una derrota infructuosa…


¿Y si Capriles pierde Miranda?

ORLANDO VIERA-BLANCO | EL UNIVERSAL
domingo 21 de octubre de 2012

El reto de Capriles de ir por Miranda no resiste un análisis preñado
de buenas intenciones. Como creyente de la alternativa de oposición,
quisiera ver un Capriles victorioso en ese desafío. Pero desde la
perspectiva del observador político existen importantes variables que
nos llevan a la conclusión que tal aventura comporta un camino
empedrado y angosto que Henrique ha debido evitar.

Como reconoció el propio presidente Chávez, la campaña de su
contrincante fue a lo menos un obstáculo a las intenciones
avasallantes del caudillo. Recibir una llamada telefónica de Chávez en
el marco de una batalla poselectoral (cuando jamás lo ha hecho, sino
en todo caso, a Fidel o a Lula), no es menos que un gesto elocuente
que valora el esfuerzo humano de Capriles y su actitud ciudadana y
respetuosa en el marco de una contienda que estuvo desbordada de
ofensas y descalificaciones. De tal manera tanto chavistas como
opositores, han dado crédito a un modo de ser y de pensar en política,
que produjo grandes dividendos. Por ello, asumir una candidatura que
se ajusta únicamente a recuperar espacios locales, como Miranda,
arroja varias disonancias que es preciso alertar.

En primer lugar Miranda ya tenía su candidato por lo que reversar esa
decisión popular es una violación expresa a las primarias, lo cual es
delicado desde un interés impostergable de democratizar los espacios
de la oposición. Contrasta con el compromiso de elegir sus candidatos
conforme a la base y no a dedo como lo denunció el propio Capriles. En
segundo lugar, reducir la figura de Capriles a un ámbito regional
degrada el inmenso logro que se había alcanzado para llenar los vacíos
del liderazgo nacional. No es lo mismo defender los intereses de un
país desde Los Teques, que lo contrario.
En tercer lugar, el solo riesgo de perder Miranda, es decir, que sea Henrique quien la pierda, no es el mejor escenario para él, en su titánica tarea de reafirmar el
proceso de aglutinación y rearticulación política logrado con la
unidad, así haya sido como marca. Ir a votar nuevamente, sobre todo en
época que los sectores más voluntariosos (diciembre) de la oposición
se dedican a comer hallacas y ensalada de gallina, tampoco pinta un
buen desenlace.

Perder Miranda no es difícil anticiparlo. Sería una derrota más dañosa
que haber perdido las presidenciales. La gente había redimido el
primer revés, pero un segundo despecho sería fatal. El pueblo asimiló
con madurez la primera pérdida, pero una segunda lo llevaría
peligrosamente a la lona y al letargo. Resistir la tentación de estar
en el poder cuando ello debe estar subordinado al interés superior de
la libertad y la vida, es la virtud que permite al líder llegar
sólidamente al poder.