La decepción amorosa del imperio

– Publicado en el Correo del Orinoco el 06 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Para los imperios la verdad no es algo que deba existir de manera natural o espontánea en el universo. Según ellos, la verdad tiene que ser creada porque para la gente es inconcebible y totalmente inaceptable realidad alguna en la que se justifique, por ejemplo, el exterminio de la humanidad por el único afán de dominación de una pequeña porción de ella sobre el resto de su género y del mundo.

La verdad pone al descubierto la injusticia y la maldad de la arbitrariedad y la opresión en las que se fundamentan los imperios, en virtud de lo cual es la principal enemiga de estos. Su contraparte, la mentira, es entonces la herramienta más valiosa para quienes se consideran predestinados a la dominación planetaria bajo el signo del imperialismo. Así, en la medida en que se consolide el poder y la supremacía del imperio, la mentira se convierte progresivamente en la verdad que deberá regir el rumbo de las civilizaciones y del mundo y viceversa, todo ello a lo largo de un infinito proceso de infernal retroalimentación.

Elíades Acosta Matos, en su enjundioso libro El Apocalipsis según San George, se refiere a esta pasmosa idea citando a H. P. Lovecraft: “Cuando se pierde la ingenuidad o la esperanza, cuando se vislumbran los abismos terribles de la barbarie que se disimulan con la escenografía de una sociedad en apariencia progresista y racional, aparece el horror, el horror total que tanto atormentaba a Lovecraft: ‘La vida es una cosa espantosa –escribió- y detrás de los que nosotros sabemos de ella acechan verdades demoníacas, que, a veces, la hacen doblemente espantosa’”.

Ese horror es una realidad que amenaza desde hace doscientos años al mundo, a partir de la idea de supremacía que ha orientado al imperio norteamericano y cuyo fundamento ha sido la recurrente apelación a la “verdad” de una supuesta predestinación, más ajustada a la formulación de los designios satánicos que a la lógica de la teoría social o política en modo alguno, tal como lo advirtió en su momento de manera prodigiosa el Libertador Simón Bolívar.

La doctrina del Destino Manifiesto, tiene su origen en las creencias del puritanismo radical que llegó del viejo mundo a suelo americano asolando a su paso toda forma de vida originaria en el nuevo continente. Para ello los colonos asumían como norma una sentencia casi divina: “Ninguna nación tendrá el derecho de expulsar a otra de su tierra, salvo por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos.” (1)

La misma sentencia, en la lógica de los más ortodoxos sectarismos religiosos, se reproduce a lo largo del debate político norteamericano con la precisión de una máquina de relojería. Así, en su discurso ante el congreso de los Estados Unidos de Norteamérica en 1900, el senador por el estado de Indiana Albert Jeremiah Beveridge urgía al presidente en estos términos: “Sr. Presidente: Estos tiempos exigen franqueza. Las Filipinas son, para siempre, “territorio perteneciente a los Estados Unidos”, como la Constitución lo califica. Y más allá de Filipinas están los mercados infinitos de China. No debemos retirarnos de ahí; no debemos repudiar el cumplimiento de nuestro deber en el archipiélago, no debemos desperdiciar esta oportunidad en el Oriente. No renunciaremos a cumplir la parte que nos corresponde dentro de la misión que nos toca a nuestra raza: ser garante de los planes divinos de civilización mundial. Seguiremos adelante con esta tarea, no quejándonos como esclavos, por tener que llevar tan pesada carga, sino expresando gratitud al Todopoderoso por la misión encomendada, y por habernos elegido como pueblo, encargándonos de guiar la regeneración del mundo”. (2)

Exactamente el mismo enfoque del “Proyecto Para el Nuevo Siglo Americano” que a finales de la década de los noventas asumió la rectoría del pensamiento imperialista en los Estados Unidos luego del “Comité Para el Peligro Actual” que operó, a su vez, con la misma finalidad en la década de los setentas. En su Declaración de Principios, se lee: “Hemos olvidado los elementos esenciales que posibilitaron el éxito de la administración Reagan: una fuerzas armadas fuertes y listas para actuar ante desafíos presentes y futuros, una política exterior intencionada y coherente que promueva los principios americanos en el exterior y un liderazgo nacional que acepte las responsabilidades globales de los Estados Unidos”. (3)

Bajo esa premisa, George W. Bush, replanteó la Doctrina del Destino Manifiesto para desacralizarla y dotarla de un contenido todavía mucho más pragmático: el de las armas. Doctrina retomada ciegamente por Obama sin distingos partidistas de ninguna clase.

A falta de una verdad consistente que lo respalde, el camino del armamentismo y el uso de las bombas como argumento ha sido el recurso del imperio norteamericano en su búsqueda por cristalizar una doctrina blindada contra todo tipo de razonamiento que favorezca el derecho a la soberanía de los pueblos. La falsa verdad presentada por los medios de comunicación no ha sido suficiente. El inmenso poder de enajenación con el que han contado no ha podido cumplir a cabalidad como en otros tiempos su perverso cometido alienador, porque ya nos es una tecnología al servicio exclusivo de las élites neoliberales con la cual podía imponerse desde la cúspide del poder hegemónico una verdad de laboratorio que abarcara el planeta de manera unívoca, unidireccional e inapelable.

La insurgencia de nuevos y poderosos escenarios para el relacionamiento de los pueblos, más allá de los tradicionalmente controlados por los Estados Unidos, como el Grupo de los 77 + China, el Grupo de los no Alineados, la Unión Europea, la Celac, la Unasur y el Alba, ha contado con el soporte de medios y agencias de noticias, como Telesur desde Latinoamérica, Russian Today y Xinhua desde Asia, Al Jazeera desde el Medio Oriente, así como cientos de miles de diarios, portales web y emisoras de radio de periodismo alternativo a lo largo y ancho del planeta, que restringen ahora las posibilidades para el secuestro del conocimiento pretendido desde siempre por la oligarquía.

Hoy la reflexión sobre nuestro porvenir puede basarse más que nunca antes en el recurso de la documentación histórica como fuente de conocimiento. La veracidad puede establecerse con mayor amplitud y propiedad a partir de la confrontación de elementos de juicio verificables. El registro de la realidad se apoya cada vez más en una capacidad de raciocinio confiable que gracias a esa nueva realidad mediática, todavía frágil pero muy alentadora, y al impulso de las luchas y conquistas de los pueblos tiene hoy el ser humano a su disposición.

Sin embargo, los esfuerzos de la “élite pensante” neoliberal en la actualidad por borrar la historia como instancia de constatación son cada vez más intensos y desesperados. Un libro del ultra reaccionario alabardero imperialista Andrés Oppenheimer (Basta de historias; la obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves para el futuro/2010), así lo demuestra. En el texto el autor se empeña en colocar la redención latinoamericana que las ideas del bolivarianismo han impulsado en el continente como un auténtico apocalipsis. Para él, la revisión de la historia es la peor pérdida de tiempo y de oportunidades para nuestros pueblos. Su temor es que la verdadera historia de Latinoamérica no da espacio alguno a la ilusoria versión del progreso civilizatorio que según el discurso mediático de las grandes corporaciones de la comunicación las transnacionales habrían traído a nuestras tierras, y, por el contrario, deja al descubierto sin ninguna duda la horrorosa verdad de la explotación y el saqueo del que han sido víctima desde hace doscientos años nuestras naciones por parte del imperio norteamericano.

Precisamente por esa verdad incontrovertible es que la gran mayoría de los países del continente y del mundo se han pronunciado en rechazo a la insolente y desquiciada orden ejecutiva de Barack Obama contra Venezuela, cuya evidente pretensión no ha sido otra que la de intentar acorralar a la patria de Bolívar en la Cumbre de las Américas a realizarse esta semana en Panamá. La decepción de la inefable contrarevolucionaria Roberta Jacobson por ese duro revés, es la de un imperio que ya ni convence con su necia verdad de doctrinas delirantes, ni mete miedo con sus arrogantes maquinarias de exterminio. Como en los amores fracasados, le tocará asumir que “ya no somos los de antes”.

(1) Destino Manifiesto
(2) En apoyo al imperio norteamericano
(3) Proyecto para el Nuevo Siglo Americano

@SoyAranguibel

La dominación como cultura

– Publicado en el Correo del Orinoco el 02 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La desigualdad no sólo es resultado de la distribución dispareja de los medios de producción, sino también es producto de una construcción política y cultural cotidiana, mediante la cual las diferencias se transforman en jerarquías y en acceso asimétrico a todo tipo de recursos” L.Raygadas

Entre 1817 y 1828, mientras la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos luchaban por su independencia, en México avanzaba uno de los despojos más descomunales jamás visto en la historia del continente americano. Con la excusa de una necesidad de naturaleza humanitaria, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica le pedía a la por aquel entonces naciente república federal mexicana un permiso de usufructo provisional de tierras para unas 300 familias anglosajonas, para lo cual solicitaba unas 30.000 hectáreas de territorio en lo que hoy se conoce como el Estado de Texas.

El desconocimiento que esas familias proclamaron posteriormente contra la legítima autoridad del gobierno mexicano, fue el origen de un asalto continuado que a lo largo de más de tres décadas le arrebató a ese país no solo el estado de Texas, sino Alta California y Nuevo México, que comprenden los actuales estados de Nuevo México, Arizona, Colorado, Nevada y California, alcanzando un total de más de 32 millones de kilómetros cuadrados de territorio.

Para poblar aquellos vastos espacios robados a los mexicanos, Estados Unidos inventó en primer lugar la fiebre del oro (el llamado Gold Rush) que movilizó a mediados del siglo XIX a cientos de miles de pobladores de la incipiente nación imperialista a desplazarse hasta aquellos remotos e inhóspitos parajes. Una segunda gran oleada de norteamericanos llegó hasta aquel lejano oeste casi un siglo después con el advenimiento del cine.

Contrario a lo que suele creerse, el cine no se desarrolla en Hollywood porque los terrenos para instalar los gigantescos estudios que se requerían fuesen más baratos, o porque las condiciones climatológicas les resultaran más favorables que en ciudades del este, sino porque los realizadores le huían al gran perseguidor de innovaciones que fue Tomas Alva Edison, quien ya se había hecho famoso no por su capacidad inventiva como ha querido presentarlo siempre la academia norteamericana, sino por su proverbial afán por apropiarse de los grandes inventos que entonces proliferaban en todas partes del mundo, a partir del registro de patentes en el que el falso inventor era todo un potentado. Edison, que había logrado plagiar el invento de George Eastman del arrastre mecánico de celuloide mediante el uso de película perforada, había registrado la patente del cinematógrafo en Nueva York, lo cual limitaba en esa parte del país la posibilidad de realización de filmes tanto de alto como de bajo costo para realizadores independientes e incluso para los nacientes estudios cinematográficos.

Tal circunstancia resultaba propicia para poblar cada vez más densamente un territorio que habiendo sido usurpado ilegítimamente de la forma brutal en que se hizo, ha sido siempre susceptible de restitución a sus propietarios originales en virtud de la precariedad del soporte legal sobre el cual se asienta tan infame despojo. Hasta hoy, lo que aduce los Estados Unidos como razón para el robo a México de más de la mitad de su territorio es una transacción por 15 millones de dólares efectuada en 1848, con los cuales se habría pagado lo que hasta el día de hoy presenta como una “cesión” mercantil de tierras.

Desde la concepción imperialista de los sectores hegemónicos norteamericanos, la ocupación de territorios no ha sido jamás determinada por necesidad alguna que no fuera la de la dominación por la dominación en sí misma, y no por la falta de espacios para el desarrollo de asentamientos poblacionales, de extensiones cultivables o para la instauración de complejos fabriles, como lo demuestra el hecho de contar hoy esa nación con una de las más grandes proporciones de tierras vírgenes, deshabitadas o sin explotación productiva alguna.

Ese gran despojo, llevado a cabo bajo la ley de las armas y del sometimiento económico con las cuales se ha impuesto su dominación a través del tiempo, constituye hoy más de un tercio del territorio estadounidense, sobre el cual se ha desarrollado una sociedad fundada en la filosofía de la supremacía, que lleva al norteamericano común a creer que la única nación civilizada del planeta es Estados Unidos y que el resto del mundo es incultura y barbarie.

De ahí que esa misma industria asentada sobre tierra ancestralmente azteca presente siempre en su producción cinematográfica a México como el estercolero del mundo, a donde van a parar los peores y más despreciables criminales cuando buscan evadir la justicia. A lo largo de todo el contenido mediático hollywoodense, los asesinos, asaltantes de bancos, violadores y prófugos de toda ralea, tienen en México una suerte de templo de la impunidad donde las peores bandas delincuenciales hacen vida libremente en un inconcebible reino de placer y concupiscencia que la arbitrariedad cultural norteamericana ha creado en su discurso imperialista como referencia iconográfica de la perversión.

Un fenómeno clásico de discriminación cultural (asociada a la concepción eurocentrista que prevaleció durante buena parte del siglo XIX y casi todo el siglo XX sobre la definición de cultura como el activo intelectual exclusivo de las élites hegemónicas que eran las llamadas a impulsar la civilización y el progreso frente a los sectores “incultos”, los desposeídos, que desde la óptica burguesa no aportaban nada a la sociedad) a partir del cual Gramsci establecía que la dominación por parte de los sectores dominantes no se ejercía mediante la fuerza de las armas solamente, sino fundamentalmente a través de la sumisión cultural.

Por eso un sujeto como el magnate Donald Trump, dueño entre otras muchas grandes posesiones inmobiliarias y empresariales del más importante certamen de belleza en el mundo como lo es el Miss Universo, es decir, de la comercialización universal del cuerpo de la mujer, revienta de ira cuando un destacado director de cine mexicano sobrepasa con su extraordinario talento a los más grandes de la industria norteamericana del celuloide llevándose no una, ni dos, ni tres, sino cuatro estatuillas del Oscar en la edición 2015 del premio.

Para el imperialismo, la cultura (como cualquier otro producto) debe expandirse en una sola dirección; del imperio hacia el mundo. Jamás a la inversa. Por eso para la élite cultural dominante es perfectamente correcto que los realizadores y actores norteamericanos arrasen con los premios de los festivales cinematográficos del mundo entero. Pero que un extranjero sea premiado en Norteamérica es una intolerable insolencia.

La abominable reacción del excéntrico millonario que acusa hoy a México de estar estafando a los Estados Unidos resulta en principio incongruente con la complacencia que demostró todos estos años con los mexicanos, en particular con la señorita Ximena Navarrete, Miss México y Miss Universo 2010, con quien se regodeó en ágapes infinitos con ocasión de aquel certamen y durante los meses y años subsiguientes. Es evidente que desde su particular óptica el poder de la belleza mexicana no compromete la pretendida supremacía gringa en lo cultural.

ximena-trumpDonald Trump y Ximena Navarrete (Miss México 2010)

Pero cuando se analiza su insólita verraquera desde el punto de vista de la doctrina social y política, se comprende que el acaudalado magnate no responde a una apreciación o circunstancia personal en modo alguno sino a un código cultural de profunda y repugnante raigambre imperialista, exactamente en la misma lógica del presidente Obama cuando afirma jactancioso ante el mundo que “A veces tenemos que torcerle un poco el brazo a ciertos países que no quieren hacer lo que les pedimos.

El debate sobre el derecho a la pluralidad cultural ha estado siempre presente en la sociedad moderna sobre todo a partir de la insurgencia de las grandes corrientes revolucionarias que desde finales del siglo XVIII han promovido la inclusión y la igualdad social de los pueblos. Solo que hoy, en medio de la vorágine desatada por las más siniestras fuerzas hegemónicas del mundo actual, hay voces que a veces sobresalen con mayor crudeza de entre la pestilencia común de la voracidad imperialista. La de Donald Trump es solo una de ellas.

@SoyAranguibel

4-F: El fin del pinochetismo en América Latina

– Publicado en el Correo del Orinoco el 02 de febrero de 2015 – 

Por: Alberto Aranguibel B.

Por lo general el golpe contra el gobierno del presidente Allende en 1973 suele ser presentado solamente como un hecho surgido de la traición de un grupo de militares colocados al servicio de los intereses neoliberales del imperio norteamericano, que dieron al traste con la Unidad Popular a partir de una feroz guerra económica urdida desde la Casa Blanca por el entonces presidente Richard Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger.

La omisión del contexto social y político del Chile de aquel entonces en el ámbito latinoamericano es casi una constante en la revisión que desde la óptica actual se hace de aquel proceso de instauración de tiranías ultraderechistas que pretendió borrar de la faz de nuestro continente el impulso que las ideas de justicia e igualdad venían adquiriendo con la inspiración y el ejemplo que desde principios de los años sesentas daba a nuestros pueblos el triunfo de la revolución cubana.

Al colocar aquella experiencia como un hecho aislado, sin ninguna conexión con la efervescencia de movimientos progresistas que desde los cuatro puntos cardinales de Suramérica pugnaban por gobiernos soberanos no rendidos a los designios del Fondo Monetario, del Banco Mundial, ni de las trasnacionales norteamericanas, se dificulta la comprensión y significación del proceso histórico de las luchas populares que durante más de cuatro décadas se llevó a cabo en Latinoamérica hasta la aparición en la escena política venezolana de la generación de militares nacionalistas de clara convicción bolivariana que encabezaba el teniente coronel Hugo Chávez, en febrero de 1992.

No fue por falta de recursos ni de apoyo de los sectores más reaccionarios del continente suramericanos que los Estados Unidos fue perdiendo progresivamente influencia en la región a lo largo de todo aquel periodo que abarcó el último cuarto del siglo XX, sino por el avance de una conciencia de soberanía que se expandió desde los sindicatos de trabajadores petroleros, de la minería, de las fábricas, de la producción del campo y de la ciudad, hasta las universidades, gremios y fuerzas armadas comprometidas con el ideario de los próceres de la lucha independentista de nuestros pueblos, como se fue dando cada vez con más fuerza desde el sur del Río Grande hasta la Patagonia, abriendo los cauces a la consolidación de movimientos populares que recogían cada vez con mayor claridad el sentimiento y la necesidad de dar al traste con las fórmulas neoliberales que nos plagaron de hambre, miseria y exclusión.

El fracaso de la Alianza Para El Progreso, con la cual John F. Kennedy pretendió contener desde 1961 aquella efervescencia por goteo que crecía entre el pueblo, fue solo un indicio temprano del descalabro de su dominación política en el que desde siempre ha considerado su patio trasero, y que alcanza su punto más álgido con el nacimiento en diciembre de 2012 de la Comunidad de Estados latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en la ciudad de Caracas, organismo que excluye expresamente a los Estados Unidos y Canadá.

Aquel militarismo salvaje que actuó como soporte de la dominación gringa en nuestro territorio, y que abrió las puertas al neoliberalismo que desató la más grande crisis económica que en conjunto padecieron nuestras naciones a lo largo de todo aquel periodo de dictaduras y regímenes despóticos indiferentes a las penurias del pueblo, fueron durante mucho tiempo el emblema de una realidad de oprobio, atraso y desolación que signó a la región en el pasado.

La misma miseria que el capitalismo generaba hacía indispensable una fuerza brutal y desalmada como esa, con sectores políticos, empresariales y eclesiásticos a su servicio para intentar aplacar el ímpetu revolucionario del pueblo. La falta de alimentos, de educación y de asistencia médica, colocaban a Suramérica como una de las regiones más pobres del mundo. El Caribe padecía a perpetuidad la falta de energía y recursos para sostener sus depauperadas economías. Todos los demás países se sostenían en niveles de precaria sobrevivencia económica marcada por los mismos problemas que en común les afectaban.

El pueblo, cansado del inmoral discurso de las élites políticas que legitimaban sin ninguna vergüenza ni compasión las iniquidades y la injusticia, expresaba su furia en medio de una creciente desesperanza, cada vez con mayor insistencia e inflexibilidad. El Plan Cóndor fue la respuesta del imperio norteamericano para someter la ira popular que se iba gestando. De ahí la fuerza con la que irrumpe el fascismo bajo el uniforme militar en países como Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia, y que alcanzó con su siniestra doctrina de exterminio del pensamiento revolucionario a Perú, Colombia, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Haití, Grenada, Venezuela y Ecuador.

Una de esas expresiones de la ira popular contra el neoliberalismo fue, además de la revolución cubana y el propio triunfo de la Unidad Popular en Chile, la que dio paso al surgimiento de movimientos patrióticos verdaderamente comprometidos con el sentimiento de las grandes mayorías oprimidas, como lo fue el llamado “caracazo” del 27 de febrero de 1989.

Un movimiento que asume las luchas populares como su razón de ser y abre las sendas del relanzamiento económico de Suramérica y el Caribe a partir de una avanzada concepción de integración, solidaridad y cooperación entre las naciones, impulsando poderosos mecanismos como Petrocaribe y el Banco del Sur, que sumados a los esfuerzos por la construcción del nuevo orden hoy se levanta a través de propuestas como el ALBA y la CELAC, transforman la dolorosa realidad del pasado en un nuevo escenario de economías pujantes orientadas hacia el desarrollo en todos los ámbitos.

En eso la gesta bolivariana emprendida desde Venezuela ha tenido una responsabilidad decisiva. Los pasos emprendidos por el Comandante Chávez en pro de la conformación de un sólido bloque antiimperialista en la región, jugaron hasta ahora el papel más importante.

El histórico revés del imperio en la 37a Asamblea de la Organización de Estados Americanos en Panamá, en la cual el entonces Canciller de Venezuela Nicolás Maduro derrotó la propuesta de Estados Unidos de aprobar una intervención internacional en nuestro país (motivando el violento abandono de la sesión por parte de la Secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice) fue sin lugar a dudas un momento de quiebre de la historia de dominación del imperio en la región.

El reconocimiento por parte del presidente Obama del fracaso del bloqueo económico contra Cuba luego de más de medio siglo, es con toda seguridad el corolario de los triunfos de las ideas de soberanía que promueve el bolivarianismo desde hace casi un cuarto de siglo y que marcan la abismal diferencia entre la Latinoamérica del gorilismo y la Latinoamérica del poder popular que hoy se extiende de norte a sur del continente.

La existencia a lo largo del continente de un pueblo organizado, políticamente consiente y comprometido como no existía en aquellos años oscuros de nuestra historia, los mecanismos de integración creados en todo este tiempo como sólido escudo de protección política de nuestras naciones, el instrumental creado para la cooperación sin menoscabo de nuestras soberanías, es un resguardo inexpugnable de la seguridad estratégica en los suministros para nuestros países como nunca antes fue posible. La realidad de esa fortaleza que ha acumulado la Suramérica bolivariana a lo largo de todo este trayecto, no tiene nada que ver con la fragilidad que favoreció la dominación y la tiranía en el pasado.

Quien crea que con el uso de expresidentes ultraderechistas, medios de comunicación inescrupulosos, o fórmulas ancestrales de guerras económicas (que les cuestan más que a nadie a los imperios y a sus grandes corporaciones) se puede reproducir hoy el modelo pinochetista en alguno de los países del continente suramericano, aferrado como está al mismo ideario del glorioso 4 de febrero de 1992, desconoce la fuerza transformadora de ese pueblo que por siglos luchó para alcanzar ese gran sueño de emancipación que no se dejará arrebatar de ninguna manera, precisamente por el nivel de conciencia y de compromiso revolucionario que sembró en su alma y para siempre el Comandante Eterno.

@SoyAranguibel

Cuéntame una de banqueros…

Denme el control de la moneda de una nación, y no me importa quien haga sus leyes“.
Meyer Amschel Rotschild
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“…Iniciaba así su andadura el capitalismo financiero, que no representa sino un eslabón superior, un salto cualitativo respecto del capitalismo meramente mercantil, y cuyas funestas consecuencias habrían de hacerse bien patentes con el transcurso del tiempo. Dado que en el marco implantado por el capitalismo financiero queda eliminada toda noción de corporeidad, el acto económico se convierte en algo de naturaleza puramente abstracta, posibilitándose con ello el lucro a costa del trabajo de terceros y, lo que es peor, el dominio absoluto de toda la realidad económica, política y social. Añádase a esto el hecho de que el sistema monetario está desde hace tiempo en manos de las grandes entidades financieras, lo que les confiere a éstas la potestad  no ya de traficar con el dinero ajeno, sino incluso de crearlo de la nada, consolidando de esta forma su dominio a partir de una entelequia irreal. Una circunstancia que Frederick Soddy, … calificaría certeramente con estas palabras: “el rasgo más siniestro y antisocial del dinero escriptural es que no tiene existencia real”…” (Martín Lozano: “El nuevo orden mundial”.Edit. Alba Longa. –  Valladolid. –  1996).

En 1694 se crea el Banco de Inglaterra, el primer Banco Central de propiedad privada del mundo moderno de un país poderoso, y tenía el privilegio de emitir “papeles” con valor oficial. Y este dinero, cuyo único respaldo eran los títulos de deuda del rey, el Banco los prestaba, no sólo a la Corona, sino también a particulares.

Fue el modelo de otros bancos centrales, incluso de la Reserva Federal de EE UU, que comenzó sus operaciones en noviembre de 1914. Recibió mandato legal para poseer el mayor poder de cualquier institución del país, el poder de crear y controlar su suministro de dinero, con las consecuencias derivadas de ello: el control de la economía y la sociedad, por el Poder Financiero.

Entre las hazañas de la Reserva Federal está la crisis de Wall Street de 1929 -mediante la creación de ciclos de  inflación/deflación, que provocó una enorme transferencia de riquezas del sector productivo a manos de los banqueros.

El poder de los banqueros se había desarrollado tanto que ya en 1931, el Papa Pío XI lo llamó “Imperialismo Internacional del Dinero“. El instrumento de dominación utilizado y que el Papa señala es el “crédito”, ya que los banqueros: “…dueños absolutos del dinero, gobiernan el crédito y lo distribuyen a su gusto; diríase que administran la sangre de la cual vive toda la economía, y que de tal modo tienen en su mano, por decirlo así, el alma de la vida económica, que nadie podría respirar contra su voluntad”. (Pío XI; Encíclica Quadragésimo Anno).

Y Carroll Quigley, intelectual del “establishment”, en “Tragedia y Esperanza“, considerado por muchos como la Biblia de la globalización reconoce:

“…El Poder del capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo. Este sistema ha estado controlado de un modo feudal por los Bancos Centrales del mundo actuando concertadamente y por acuerdos secretos, a los que se llegan en reuniones privadas y conferencias. Cada Banco Central buscó dominar a su Gobierno mediante la habilidad para controlar los préstamos al Tesoro del Estado, para manipular el mercado de cambios, en la determinación del nivel de la actividad económica del país y en influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios”.  (Quigley, Carroll; “Tragedy and Hope”; Ed. The Macmillan Company; New York; 1966)

Desde la creación del Banco de Inglaterra a la actual “globalización”, la formula Rotschild se va aplicando cada vez con mayor eficacia.

Ricardo Acosta: EEUU contra el mundo

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Por Ricardo Acosta

Estados Unidos es el principal enemigo de la libertad, la democracia y la paz mundial. Ahora mismo mantiene una ofensiva simultánea contra Venezuela, Ucrania y Siria, con el objetivo de derrocar a sus gobiernos, saquear sus riquezas naturales y apropiarse de sus rutas comerciales.

Las reservas de petróleo de Venezuela, los gaseoductos rusos que atraviesan Ucrania y la posición geoestratégica de Siria explican una nueva agresión imperialista, que se disfraza de protestas populares, exigiendo un cambio de régimen.

Los acontecimientos siempre reproducen la misma secuencia. Los manifestantes ocupan pacíficamente calles y plazas, pero no tardan en producirse actos de violencia y pérdidas de vidas humanas.

Thierry Meyssan, fundador y presidente de la Red Voltaire, afirma que no se trata de incidentes incontrolados: “…fuerzas especiales o elementos a las órdenes de Estados Unidos o de la OTAN, convenientemente ubicados, disparan a la vez contra la multitud y contra la policía.

Así sucedió en Deraa (Siria) en 2011, al igual que en Kiev (Ucrania) y en Caracas (Venezuela) en los últimos días. En el caso de Venezuela, las autopsias practicadas demuestran que 2 víctimas –un manifestante de la oposición y otro favorable al gobierno– fueron baleadas con la misma arma”. Estados Unidos no deja nada al azar.

Cada acto de injerencia se realiza desde un país vecino, que permite dirigir la operación desde la retaguardia, creando una zona de escape y apoyo militar, financiero y sanitario. En los casos de Siria, Ucrania y Venezuela, desempeñan ese papel Turquía, Polonia y Colombia, respectivamente.

Si Estados Unidos consigue… Seguir leyendo “Ricardo Acosta: EEUU contra el mundo”

Superman: El extraterrestre que se convirtió en una figura propagandística a favor del capitalismo

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Gracias al personaje se creó el negocio de los cómics

Para algunos especialistas, desde finales del siglo pasado este símbolo se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de grupos que marcan cierta distancia de la más extrema derecha

Nadie conoce con precisión la fecha exacta del nacimiento de Superman. Sin embargo, es popularmente conocido que sus aventuras comenzaron a publicarse en junio de 1938, cuando los creadores del hombre de acero, el escritor Jerry Siegel y el ilustrador Joe Shuster, vendieron la primera de sus historias a la editorial estadounidense dedicada a las caricaturas, Detective Comic (DC Comic). Desde entonces el héroe con poderes especiales que llegó a la tierra proveniente de un planeta extinto llamado Kryptón, ha protagonizado un sinfín de episodios en múltiples formatos en la radio, el cine, la televisión, los videojuegos y más.

Para el sociólogo e historietista Jaudiel Martínez, con Superman nació un formato diferente del cómic, pues hasta su aparición esta disciplina se presentaba bajo la forma de “tiras cómicas” a manera de chistes o partes de una aventura repartida en tres viñetas. Luego se hicieron versiones dominicales de una página en color e incluso antologías o recopilaciones llamadas “comics books”.

En el caso del superhombre, en lugar de proponer una tira cómica en blanco y negro que luego tuviera la posibilidad de ser recopilada, Shuster y Siegel se propusieron pasar directamente a una historia en color de varias páginas

En tal sentido, para Martínez, coordinador del proyecto Biblioteca Ayacucho Ilustrada, Superman básicamente creo el negocio de los cómics como lo conocemos hoy: revistas en color dedicadas a las aventuras de uno o varios personajes. Incluso lo considera como el punto de partida de toda una estética, una semiótica, una subcultura y un género narrativo. En tanto los conceptos de color, dinamismo, composición del cómic contemporáneo deben mucho a la industria estadounidense en general “y se puede decir que Superman ha tenido un impacto enorme en los cómics como negocio y como arte”, sentenció.

El ilustrador recordó que la historia inicial aparecida en el número uno de la revista Action Comics es la del sobreviviente de un planeta destruido, obliterado –Kriptón- que debido a su fisiología alienígena es un superhombre en las condiciones de la tierra.

A este niño alienígena lo recoge un chófer de autobús y crece en un orfanato. “Luego se convierte en periodista en un diario llamado The Star. Este Superman no vuela, literalmente salta entre y sobre los edificios y corre sobre las líneas eléctricas, puede ser aturdido con cartuchos de dinamita. Entre sus primeras hazañas está salvar a una mujer golpeada por su marido. Más adelante, las historias tomaron un tono patriótico. De hecho en un principio Superman es una suerte de izquierdista, de campeón popular que combate políticos y militares corruptos, etc. Esta primera fase del cómic recibió una hermosa adaptación por el estudio de los hermanos Fleischer para la historias animadas de televisión”, contó Martínez.

Con respecto a las influencias en la génesis del personaje, el sociólogo explicó que el héroe de acero combina “dos linajes y dos tipos de historias”. Por una parte, las historias populares del hombre secreto, clandestino, enemigo del poder o al menos de la corrupción, un poco bandido y un poco salvador. Estas se remontan a relatos orales del siglo XVIII.

Por otra parte, a decir de Martínez, Superman también toma elementos presentes en un tipo de historias derivadas de la reacción aristocrática a la Revolución Francesa, pagadas de cuentos sobre razas y mundos perdidos y de superhombres del pasado.

Judiel Martínez señaló como un elemento importante el hecho de que Shuster y Siegel eran judíos y en cierto momento su más importante creación se convirtió en el símbolo de la afirmación de los Estados Unidos frente al nazismo primero y la Unión Soviética después.

“El hecho de que Shuster y Siegel siendo inmigrantes judíos hayan creado a la personificación del poder americano –el Capitán América personifica más bien ciertas tradiciones militares- ha llevado a una paradoja o una ironía que muchos han resaltado: el más grande héroe americano es un inmigrante, un alien –en inglés se usa la misma palabra para extraterrestre y emigrante- y esa paradoja a atravesado toda la historia del personaje”, remarcó Martínez.

El sociólogo reconoce en Superman la representación del poder global estadounidense que sirvió como instrumento de propaganda especialmente en los cincuenta y los sesenta. Igualmente, lo incluye dentro del aparatage mediático que busca mantener la hegemonía cultural estadounidense. Sin embargo, considera que el hombre de acero es principalmente una personificación de las fuerzas sobrehumanas de la naturaleza.

UN SÍMBOLO DE PODER

“Ludovico Silva, en su estudio sobre el cómic tiene razón parcialmente al decir que (Superman) personifica el poder del capitalismo en el sentido de que esta ideología incorpora y gobierna las fuerzas naturales. Pero no olvidemos que eso no es solo un atributo solo del capitalismo sino de las fuerzas productivas sociales. Como personifica fuerzas sobrehumanas y le da a esas fuerzas una moralidad, una inclinación al bien, es una figura teológico-política. La idea de que un cuerpo humano personifique el poder cósmico o natural es muy antigua. La historia de las magias y alquimias es en cierto sentido la búsqueda del hombre superior, cósmico, invencible. Esa idea sacada del contexto puede ser muy ingenua y pueril, muy inverosímil en nuestro mundo secular, así que como juego, entretenimiento, fantasía, ficción esa idea retorna. Y al hacerlo toma un sentido teológico político”, reflexionó.

Además, el sociólogo advirtió que el kriptoniano no es un objeto de culto popular, excepto en lo más profundo del “fandom” (gente que dedica por completo su vida a leer y coleccionar cómics). No es, insistió, objeto de veneración en el sentido en que lo es Elvis Presley, el Che Guevara o Jim Morrison, por ejemplo. Empero, sí lo considera un símbolo muy importante y apreciado de la cultura estadounidense.

“Si había algún tipo de mitificación de Superman, esa terminó hace más de treinta años: desde los ochenta los mismos autores de cómics deconstruyeron, criticaron, satirizaron y deformaron a ese personaje: Alan Moore ha hecho por lo menos tres ‘deconstrucciones’ del ‘mito’ de Superman, en Animal Man Grant Morrison lo presentó como un cretino soberbio, Frank Miller lo puso como una especie de sirviente del gobierno americano que acaba apaleado por un Batman subversivo, ha muerto y resucitado, le cambiaron la apariencia y ‘poderes’ en los noventa porque se creyó que no vendería más de otra manera. Fue eclipsado en diferentes momentos por otros héroes más ‘cool’ y más violentos (X-men, Batman), fue versionado y parodiado”, argumentó Martínez.

Siguiendo con el tema de su uso como instrumento de dominación, el historietista sostiene que nigún cómic estadounidense es neutro, pero tampoco son simplemente propaganda. En este sentido, recomienda no leer Superman para conseguirle mensajes cifrados o propaganda. Por el contrario, sugiere leerlo para entretenerse y luego pensar un poco en todas las cuestiones narrativas, políticas y teológicas que tiene el cómic.

“Los cómics americanos, actualmente y desde finales de los ochenta, no expresan una agenda de derecha, al menos no abiertamente. De hecho, desde los noventas se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de cierta centro-izquierda, digámosle así, que apoya el matrimonio gay, se opone a la política exterior de los Estados Unidos y a algunas prácticas neoliberales. Algunos autores célebres de cómics, como Alan Moore, son conocidos por su discurso completamente anticapitalista, aunque obviamente no todos son así. Pero en este punto si un cómic americano toma una posición política es más fácil que sea una ‘progre’ que una reaccionaria y por eso ha habido una reacción muy fuerte de la derecha de allá: indignación por que Superman ya no es un símbolo de la ‘misión de los EEUU’, indignación por el Spiderman latino, por el Linterna Verde gay, por la Miss Marvel Arabe, por la Batwoman lesbiana, etcétera”, advirtió.

SUPREMACÍA SOLO EN COMIQUITAS

De opinión opuesta, el comunicador social, investigador y coleccionista de cómics, Alberto Aranguibel, afirmó enérgicamente que en modo alguno los súper héroes creados a partir de la década de 1930 en Estados Unidos obedecieron jamás al entretenimiento, como lógicamente se pueda pensar.

Por el contrario, Aranguibel sostiene que desde sus inicios la creación de Superman y otros personajes similares responden a “una necesidad del imperio norteamericano” en su lucha por la dominación planetaria.

Para el comunicador no es casualidad que Superman, el máximo de todos los súper héroes, se haya comenzado a desarrollar en el año 1938, justamente es el mismo año en que Orson Welles, a partir de la famosa difusión de una adaptación para radio de la obra Guerra de dos mundos, descubrió “el inmenso poder de dominación” que tienen los medios de comunicación social y el impacto que pueden ejercer sobre la sociedad.

“En lugar de avanzar con tanques de guerra sobre el planeta, resultaba más efectivo ir alienando las sociedades del mundo con la industria cultural y para eso aparecía como muy expedito la creación de personajes como marcianos para inducir temor a las sociedades. En ese contexto, los creadores de Superman comprenden que ahí hay un instrumento poderosísimo para avanzar en un discurso que no había sido desarrollado de la manera como se desarrolló, de una manera muy bien estructurada para influenciar a las sociedades con un personaje que funcionara como un nuevo Dios”, explicó el locutor.

EL INFILTRADO

El comunicador advirtió que en líneas generales Superman plantea la idea de que los pueblos deben aceptar la llegada de alguien de otro mundo el cual les va a salvar. Y la gente debe entender que aun cuando les resulte muy extraño este visitante debe ser entendido como un salvador.

Una vez que Superman llega a la tierra el padre aun después de muerto le sigue hablando como una especie de conciencia que le dice al hijo que tiene que ayudar a los pueblos, “aun cuando ellos no vean esa necesidad de liberación, aun cuando no tengan problemas tienes que ir a salvarlos, aunque sea en contra de su voluntad”.

“El padre le dice al superhéroe que la gente se va a sorprender de sus poderes y por eso debe manejarse con cautela. Y es ahí cuando surge la doble personalidad, del reportero de El Planeta y Superman. Y ese no es más que el agente de la CIA infiltrado en todos los ámbitos de la sociedad”, analizó.

Para Aranguibel, el discurso empaquetado en las historias de Superman es cada vez más evidente, profunda y descaradamente imperialista. A manera de ejemplo recordó que en una de las últimas ediciones cinematográficas del hombre de acero, el padre le dice que deberá ir muy lejos en su lucha por liberar a la gente. Le advierte el progenitor que no podrá estar con él físicamente pero que podrá ver lo que sucede por medio de los ojos del enviado. Esto, a decir del investigador, es una clara alusión a los medios de comunicación norteamericanos en las distintas acciones militares de esa nación.

De tal manera, que en consideración del comunicador, Superman es un instrumento a favor del derrumbe de las barreras del nacionalismo y de la idea de soberanía de los pueblos.

“Cuando eso se analiza cada episodio de Superman desde el punto de vista de la semiología, desde el texto, te das cuenta de que no hay nada al azar, incluso la forma como Superman se presenta viendo a la sociedad siempre en picado y la sociedad mirando contrapicado es como la sociedad ve a los dioses”, apuntó.

Por medio de Superman y toda la industria del entretenimiento en general, según apunta Aranguibel, el imperio estadounidense busca inculcar en el resto del mundo una idea de supremacía de la que no disponen en la práctica, al menos en la dimensión que ellos la muestran.

Así, el personaje vestido de azul y rojo escondido detrás del traje de Clark Kent, al igual que todo el arsenal de los medios de comunicación, son empleados por Estados Unidos para propagar la ideología capitalista.

UNA REPRESENTACIÓN

Por su parte el investigador y docente, José Rafael Gutiérrez, coincide con Aranguibel y describe al hombre de acero como un mito producto de la industria cultural, creado como icono para representar el orden y la justicia de una determinada cultura, que identifica los modelos y las vivencias de su generación. Por tanto, elaborado para adaptarse al imaginario corriente, pues su creación responde a la necesidad de la sociedad estadounidense de representar sus poderes, su invencibilidad y capacidad para imponer sus designios de dominio ante el mundo entero.

En esencia, dice Gutiérrez, Superman refleja esa relación entre producción y consumo creada a partir de la necesidad de dominio de una sociedad sobre otras, que necesita y se vale de cualquier medio para enviar mensajes y posicionarlos en las masas, asegurando a su vez altos índices de rentabilidad.

“Desde su creación, Superman representa a la sociedad estadounidense en dos direcciones, por un lado dejándole sentir al ciudadano estadounidense promedio que puede ser un superhombre predestinado a luchar contra el mal, y por otro lado, dejándole sentir al ciudadano promedio de cualquier parte del planeta que hay un súper héroe estadounidense poderoso, invencible, dominante y, en consecuencia, predestinado para imponer sus designios en cualquier parte del mundo”, declaró el catedrático.

José Rafael Gutiérrez argumentó que, al aplicar el principio de la forma y el fondo presente en toda obra artística, esa dualidad referida anteriormente permite interpretar un discurso integrado por una forma, evidenciada en el color de su vestimenta que identifica la bandera de los Estados Unidos, la actitud dura, imponente y prepotente del personaje, su poderosa estructura física, y también se interpreta un fondo, en el que subyace la finalidad y la intención de posicionar una ideología.

A diferencia de las recomendaciones de Jeudiel Martínez, el docente universitario considera que no es suficiente con ver un cómic para interpretar su sentido, sino que es necesario analizarlo crítica y reflexivamente con el fin de comprender lo que en esencia pretende comunicar, como expresión de ideas, como generador de emociones y como transmisor de valores.

Con base en las características del personaje, Gutiérrez señala que Superman debe leerse como un medio de expresión de la cultura que, con una intencionalidad ideológica, se vale de procedimientos determinados por influencias socio – culturales para desencadenar efectos en la mente de los lectores o espectadores a favor de sus intereses, mediante una producción que es transmitida en una extraordinaria difusión hegemónica de gran poder tecnológico y económico, la cual constituye una forma de coloniaje cultural sobre los pueblos, “en cuyo contexto tienen sentido las ideas por la liberación, la emancipación y la independencia de los pueblos, donde los ciudadanos ejerzan su derecho a pensar de manera autónoma, constituyéndose en sujetos preparados para contribuir por sí mismos al desarrollo económico, social, político y cultural de sus naciones”, agregó.

Inclusive, para José Rafael Gutiérrez, después de casi 76 años Superman no ha sido superado como fiel evidencia del carácter transcultural del cómic producido mediante estrategias de dominación, con la velada intención de influir en la voluntad de los consumidores para que acepten fácilmente aquellas expresiones culturales que manifiestan, refuerzan e imponen las ideas que sustentan las apetencias del poder hegemónico que lo produce.

En sintonía con Jeudiel Martínez, el docente e investigador reconoció que Superman ha influenciado de manera relevante y evidente no solo los procesos artísticos relacionados con el desarrollo tecnológico, pues de tira cómica impresa adquirió carácter masivo al ser llevada al cine y a series televisivas, sino que su impacto en el ejercicio del dibujo y la literatura del cómic en el mundo le otorgó carácter de género, llegando a convertirse en objeto de estudio para semiólogos e investigadores en el área de la comunicación social, la psicología y la sociología.

Toda obra de arte o producto cultural, dijo Gutiérrez, es expresión de su tiempo y del espacio cultural que condicionó su creación. Superman como héroe emblemático del cómic estadounidense personaliza el rol de juez auto-concedido que se arroga el derecho de ejercer esa nación con respecto a sus semejantes en el planeta. Este personaje es expresión de la política, ya no tan encubierta de Estados Unidos hacia el exterior, y su intencionalidad descarta la posibilidad de considerarlo solo como un producto gráfico formal, cuya finalidad no está más allá de sus condiciones materiales para entretener, divertir o generar esparcimiento.

Al contrario, además de eso, contempla también su interpretación como un producto elaborado a base de códigos que requieren de entrenamiento para descifrarlos porque, como manifestación de la cultura, refleja el contexto político y social del momento, así como la afiliación ideológica de quien lo elabora.

Según opinó el catedrático, Superman tiene el mérito de ser un cómic “que logró trascender en la historia más allá de su presentación gráfica como atractivo relato transmitido en dibujos y viñetas, concebido para continuar la guerra por otros medios y convencer al mundo entero de que cualquier resistencia a sus poderes no tendría sentido”.

MAPA ALTERNATIVO PARA CONOCER A SUPERMAN

  • El sociólogo e historietista venezolano Jaudiel Martínez ve en el cómic en general y en Superman en particular un buen entretenido “si se sabe elegir que guionista o dibujante es el mejor”.
  • En este orden de ideas sugirió leer las antologías que muestran cómics de diferentes décadas que mezclan entretenido y elementos interesantes. “Como sea, en nuestra época son más interesantes los análogos o versiones de Superman que Superman mismo”, sentenció.
  • Con base en su experiencia sugirió una suerte de mapa para adentrarse en las aventuras del kriptoniano de traje azul y capa roja.
  • Los cómics originales de Siegel y Shuster o la animación de los años cuarenta de los hermanos Fleischer.
  • Las colecciones Adventure comics, Superboy, Jimmy Olsen el amigo de superman, etcétera, que resumen bien el tono de las historias hasta los años setenta.
  • La versión contemporánea de 1986 de John Byrne “el hombre de acero” y la serie animada de los estudios Warner Superman aventuras animadas basada en esa versión.
  • La novela gráfica de Alan Moore ¿Qué pasó con el hombre del mañana?.
  • La fase del escritor Grant Morrison en la Liga de la Justicia.
  • La novela gráfica kingdoms Come (venga tu reino), de Alex Ross.
  • La novela gráfica Dark Knigth returns, de Frank Miller.
  • La novela gráfica Lex luthor el hombre de acero.
  • La novela gráfica Generaciones que muestra a Superman y Batman en varias décadas.
  • El relanzamiento o nueva versión del personaje y de la serie por la editorial DC Comics en los títulos Adventure Comics de Grant Morrison y Superman hombre de acero.
  • Las tres primeras películas de los setenta y ochenta y la del año pasado (2013).
  • Versiones alternativas, análogos y parodias de Superman:
  • Supreme y Miracleman, de Alan Moore.
  • Thor en la fase, de Jack Kirby y Stan Lee.
  • Red Son (hijo rojo), de Mark Millar.
  • The Authority, de Warren Ellis y su versión gay y violenta de Superman: The Apollo.
T/ Luis Jesús González Cova
F/ Girman Bracamonte -Archivo CO
I/ Vargas

American Curios… ¿Fin de la democracia?

MARCHA GRINGA

Por: David Brooks / La Jornada UNAM / Foto Ap

Hay cada vez más dudas sobre si aún existe la democracia en este país, con voces destacadas declarando que tal cosa es nula y vacía. Noam Chomsky lo viene diciendo desde hace tiempo. Gore Vidal había concluido que el estadunidense era un sistema de un solo partido, con dos alas derechas. Algunos han afirmado que la creciente desigualdad económica, la concentración de riqueza, efectivamente, anulan la democracia. Otros advierten que esto ya es una plutocracia, y que tiene elementos de un Estado dictatorial o totalitario.

Chris Hedges, corresponsal de guerra y Premio Pulitzer, del New York Times, y más recientemente, ya como comentarista/analista independiente, concluye que, con el juicio y condena de Bradley Manning, el juego democrático ya se acabó en este país.

El veredicto rápido y brutalimpuesto a Manning implica que nos hemos vuelto un país gobernado por gangsters, afirma Hedges en su columna en Truthdig la semana pasada. “Señala la inversión de nuestro orden moral y legal, la muerte de los medios independientes, y el mal uso abierto y flagrante de la ley para prevenir cualquier supervisión o investigación de los abusos oficiales del poder, incluidos crímenes de guerra. La pasividad de la mayoría de los ciudadanos de la nación –la población más espiada, monitoreada y controlada en la historia humana– ante el linchamiento judicial de Manning implica que ellos son los siguientes. Ya no quedan mecanismos institucionales para detener la trituración de nuestras libertades civiles más fundamentales… o para prevenir la guerra preventiva, el asesinato de ciudadanos estadunidenses por el gobierno y la anulación de la privacidad”, escribió.

Subrayó que la sentencia de Manning es uno de los días más importantes de la historia estadunidense: “marca el día en que el Estado formalmente declaró que todos aquellos que nombran y revelan sus crímenes se volverán prisioneros políticos o serán forzados, como Edward Snowden, y tal vez Glenn Greenwald, de quedarse en el exilio el resto de sus vidas. Marca el día cuando el país dejó toda pretensión de democracia… marca el día de remover la máscara de la democracia, ya de por sí una ficción, y sus sustitución por la cara fea y desnuda del totalitarismo corporativo…. Aquellos que no aceptan el poder estatal ilimitado, siempre el camino a la tiranía, serán perseguidos sin tregua. El miércoles ( 21/08/13 ) nos volvimos vasallos”.

Chomsky desde hace tiempo advirtió que, en la práctica, esto hace tiempo no puede considerarse una democracia. Indica que sólo se tiene que observar que la cúpula política casi siempre obra en contra de los intereses de las grandes mayorías, y que logra esto manteniendo el disfraz de una democracia a través de un prensa subordinada y la industria de relaciones públicas. En un discurso la semana pasada, Chomsky relata que algunas de las encuestadoras de mayor prestigio han llegado a la conclusión de que “aproximadamente 70 por ciento de la población –70 por ciento inferior en la escala de riqueza/ingreso– no tiene ninguna influencia sobre las políticas (del país). Están efectivamente privados (de la participación democrática). Al subir la escala de riqueza/ingreso uno tiene cada vez más influencia sobre las políticas. Cuando uno está en la cima, lo que es tal vez una décima parte del uno por ciento, la gente esencialmente obtiene lo que desea, eso es, determinan las políticas. Entonces el término apropiado para eso no es democracia; es plutocracia”.

Más aún, y en esto tiene que ver con los denunciantes que revelan secretos oficiales, Seguir leyendo “American Curios… ¿Fin de la democracia?”