El caso Macri

Por: Alberto Aranguibel B.

Ganó sorpresivamente las elecciones en 2015 gracias a las particularidades de un sistema electoral en el que un candidato perdedor en una primera vuelta puede favorecerse en una segunda oportunidad con una votación que no le corresponde. Es decir, puede hacerse de los votos de otros candidatos que quedaron fuera de la contienda en un primer momento.

Con esos votos que pertenecían inicialmente a otros aspirantes, Mauricio Macri remontó la amplia ventaja que logró obtener el candidato del peronismo, Daniel Scioli, que lo había superado en la primera vuelta con más de ocho puntos porcentuales.

Apenas hacerse del poder, en medio de la más chocante arrogancia, comenzó a destruir el estado de bonanza económica que gracias a las políticas de profundo corte nacionalista impulsadas por el kirchnerismo disfrutaban por primera vez en casi un siglo los argentinos.

La elevación de las tarifas de los servicios públicos no esperó ni siquiera un mes para ponerse en marcha.

La misma gente que apenas semanas antes de aquella vorágine alcista que desataba el propio gobierno estaba convencida de la promesa del “cambio” que el nuevo presidente había hecho en su campaña, comenzaba a protestar en las calles desesperada por la brutal traición de la que era objeto.

La ola de despidos no se hizo esperar y la cantidad de gente que ingresaba a las filas de la pobreza empezó a crecer de manera indetenible hasta alcanzar en apenas dos años la alarmante cifra de doce millones de argentinos, según números oficiales, muchos de los cuales (más de tres millones y medio) empezaron a dormir en las calles y a comer de los restos de la basura como única forma de sobrevivencia.

La entrega del país a los cazadores de fondos buitres, el endeudamiento por más de cien años con el Fondo Monetario Internacional y la desfavorable política arancelaria impuesta por su gobierno al sector industrial y del campo, destruyeron en cosa de meses las posibilidades económicas del otrora pujante gigante del sur.

Las tasas de interés y el precio del dólar se dispararon como nunca antes y la economía se vino abajo, causándose así la estruendosa derrota que acaba de sufrir.

Todo un caso digno de los mejores científicos, para estudiar la tragedia que puede llegar a ser para los pueblos el neoliberalismo.

PD: Hoy, miércoles 14 de agosto, a tres días de esa aplastante derrota, el presidente argentino amaneció ofreciendo una rueda de prensa tempranera para pedir disculpas por haber cometido el día lunes el disparate de culpar a los electores por la intempestiva devaluación del peso frente al dólar que produjo el triunfo de la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández, así como para anunciar que elevaría el salario básico, entregaría unos bonos y congelaría por tres meses las tarifas de la gasolina. En horas de la tarde, 11 horas después de esa insólita rueda de prensa, apareció un comunicado oficial en el que se deroga esa medida de suspensión del precio del combustible. Ni los locos de carretera cometen tantas insensateces juntas.

@SoyAranguibel

La farsa del bienestar económico colombiano

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre nos referimos al saqueo que hace Colombia de nuestras riquezas, denunciando el atropello a nuestra soberanía que representa el contrabando de extracción, de alimentos, medicinas, combustible, así como del robo del dinero que se llevan a ese país para multiplicarlo y afectar nuestra moneda a través de sórdidos mecanismos financieros.

Cada vez que hablamos de los “hermanos colombianos” que cruzan la frontera buscando rehacer sus vidas, nos referimos solamente al carácter solidario de quienes les abrimos desinteresadamente los brazos para ofrecerles cobijo en nuestro suelo.

Las élites colombianas del gran capital abusan hasta lo indecible de la naturaleza profundamente amorosa de nuestro pueblo, que no accede (al menos de buenas a primeras) a la fórmula de la confrontación con su vecino para solventar esa injusticia a pesar de las penurias que padecen los cientos de miles de venezolanos que se ven afectados con la misma.

Pero, más allá del atropello a nuestro país, existe una realidad inocultable asociada a la naturaleza perversa del modelo neoliberal que impera en Colombia, y que demuestra de manera irrefutable el fracaso y la inviabilidad de ese modelo.

Que Colombia lleve a cabo ese inmoral saqueo que tanto atenta contra el bienestar de los venezolanos, es solo una parte de la ecuación. La otra es el inmenso ahorro que representa para el fisco de ese país evadir la obligación de atender a los millones de colombianos que se han venido para Venezuela en busca de un mejor destino.

El supuesto bienestar económico del que esa nación se enorgullece, está determinado fundamentalmente por tres factores; la industria de producción y tráfico de drogas de mayor dimensión y crecimiento en el mundo; el criminal e impúdico saqueo a la economía venezolana; y la descarga que representa para el fisco colombiano el no tener que atender a la más numerosa población de desplazados del planeta.

Siete millones y medio de colombianos (seis de ellos en Venezuela) a los que los gobiernos de ese país no tienen que dotarles de educación, salud, alimentación, vivienda, luz, agua, transporte público, gas doméstico, o combustible para sus vehículos, son una descarga gigantesca para cualquier presupuesto nacional.

Si se cuentan, además, los cientos de miles de desaparecidos en fosas comunes y sicariato político que existen en ese país con la total anuencia de sus gobiernos neoliberales, rendidos siempre a las órdenes del imperio, el resultado es todavía más siniestro.

Pero también mucho más revelador de la farsa que es en realidad la supuesta prosperidad económica colombiana.

@SoyAranguibel

¿Economía o política?… ¿Qué anunciará hoy el Presidente en la ANC?

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde mucho antes de la era moderna, la “economía política” se entendió siempre como la rama de las ciencias sociales que estudiaba las relaciones entre los actores económicos de la sociedad y los mercados. El término precedió incluso al concepto mismo de “economía”, a secas, con el cual hoy se conoce a todo lo relacionado con el comportamiento de los factores que inciden sobre el sistema económico en su conjunto.

Pero en la Venezuela actual, desde la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, ha comenzado a surgir una corriente de pensamiento que pretende separar lo político de lo económico, como si lo uno no tuviera nada que ver con lo otro.

Es así como hemos visto cada vez con más insistencia el reclamo de mucha gente a la ANC porque supuestamente no estaría atendiendo el tema económico, y que solamente se estaría dedicando a lo político, haciendo ver que se estaría perdiendo el tiempo en asuntos que no son del interés del pueblo.

¿Es posible en la Venezuela de hoy separar lo político de lo económico?

Cuando vemos el comportamiento de una oposición que ha basado su accionar en una guerra completamente equipada con implementos y armamentos costosísimos y en una campaña mediática y de giras internacionales que alcanza cifras milmillonarias en pasajes, hospedajes lujosos, alimentación y bebidas de las más caras del mundo, para lograr luego de toda esa inversión que Venezuela sea objeto de un bloqueo económico como el que ha sido desatado contra nuestro país desde el imperio norteamericano, entonces no queda duda alguna de que lo político y lo económico sí están perfectamente relacionados.

Pero si encima de eso encontramos a la líder fundamental de la derecha con un alijo de millones de bolívares en efectivo cuyo origen y destino no logra explicar de manera consistente (al día de hoy van tres versiones distintas emitidas por la misma dirigente acerca del origen y destino de la fortuna que le fuera incautada), un echo que revela la forma en que la oposición financió la activación de la violencia que aterrorizó al país durante meses, causando muerte y destrucción a lo largo y ancho del país, con la consecuente afectación que ello ocasionó a la actividad económica en general, entonces la política sí pasa a cumplir un rol definitivamente principalísimo en todo lo que tenga que ver con la economía.

Está claro; la Asamblea Nacional Constituyente no podrá avanzar jamás en lo económico si no resuelve primero lo político. Ambos asuntos son consustanciales. Resolver lo primero es ir a la vez resolviendo lo segundo. Nada se hace con dictar medidas económicas que la derecha apátrida vaya destruyendo simultáneamente desde el terreno de lo político, como lo viene haciendo en sus recorridos por Europa y el resto del mundo para solicitar un bloqueo económico mucho mayor al ya dictado por el imperio norteamericano contra Venezuela.

Por eso los anuncios que hará hoy el Presidente de la República desde la ANC, estarán con toda seguridad concebidos ponderando los aspectos tanto económicos como políticos de manera integral, para asegurar que las soluciones a los problemas que aquejan hoy al pueblo sean no solo efectivas sino sostenibles y perdurables en el tiempo.

Como debe ser.

@SoyAranguibel

Constituyente: de la ilusión a la realidad económica

Por: Alberto Aranguibel B.

Creo que toda impostura es indigna de un hombre probo, y que es una bajeza disfrazar la condición en que hemos nacido para presentarse al mundo con un nombre usurpado y queriendo hacerse pasar por lo que no se es.” Dorante / Moliere

Chávez llega al poder en 1998 por una sola razón; Venezuela, según la geopolítica mundial, era una nación del llamado “tercer mundo” aún a pesar de contar con las más grandes potencialidades para ser un país de primer orden.

Era un país subdesarrollado, que lo fue desde el inicio de los tiempos, montado sobre el barril de petróleo más grande del planeta, del cual no se beneficiaba en lo más mínimo la mayoría de la población, que padecía de mengua sumida en la más abyecta miseria.

Jamás estuvo Venezuela ni cerca de llegar a ser un país de ese primer mundo, ni en lo industrial, ni en lo económico. La locura de la llamada era del “’ta barato, dame dos”, no era sino una muestra del desangramiento de nuestra moneda mediante una compulsiva voracidad consumista sin rédito alguno, que alimentaba la ilusión de riqueza a la que la gente aspiraba porque provenía de un país que ha logrado la apariencia de su poderío y de su vida confortable gracias al saqueo de cientos de pueblos y naciones del mundo a través de los siglos.

Toda esa generación de mayameros que le puso la guinda al descalabro de la cuarta república y terminó de hacer fracasar el modelo puntofijista, sembró en el país la pueril idea de que el capitalismo es capaz de generar bienestar social porque por las calles de los Estados Unidos por donde esos mayameros frecuentaban y frecuentan todavía hoy, se respira orden, abundancia y prosperidad.

Una improductiva gastadera en baratijas electrónicas y perfumería barata, que alimentó el delirio en amplios sectores del país según el cual en el gigante del norte se encontraba el paraíso terrenal, donde con unos cuantos dólares, sacados de Venezuela a como diera lugar, se podía alcanzar aquel fastuoso estatus con el que viven los que en esa nación pueden acceder a ese inicuo bienestar, del cual en realidad solo se aprovecha un ínfimo porcentaje de la población norteamericana.

El arribo de Chávez a la escena política lo determinó la pobreza que padecía un pueblo que necesitaba aprender a construir un modelo de justicia e igualdad como nunca antes habíamos tenido, donde la riqueza se usara con equidad y sentido humano y no con la idea de servir a las grandes corporaciones que nos desangraron desde siempre.

Pero a la par de esa titánica lucha que se planteaba el Comandante por hacer realidad lo nuevo, había que asumir la tarea de desmontar lo viejo. En eso, la idea de la fastuosidad del lujo y el confort era un vicio tan enraizado en la cultura consumista de la sociedad que construir el socialismo era casi más fácil que intentar acabar con ese mal que carcomía a nuestra sociedad en todos los niveles. Creímos ser lo que no éramos; Chávez se cansó de alertar en ese sentido.

A la gente había que construirle viviendas, que eran indispensables en un modelo humanista como el que Chávez planteaba. Había que asegurarle servicios gratuitos como la educación y la salud. Había que brindarle justicia social a través del subsidio a las tarifas de los servicios públicos, los alimentos y las medicinas, que en nuestro país terminaron siendo, gracias al a Revolución bolivariana, las más baratas del continente.

A diferencia del capitalismo, en el socialismo el dinero rinde menos (porque se está repartiendo entre toda la población y no entre una pequeña élite de capitalistas acaudalados), y eso hizo que costara cada vez más esa inmensa inversión social que estaba haciendo en Venezuela para que la población pudiera no solo tener acceso a alimentos y medicinas a bajo costo, o a la gratuidad de la vivienda y de la educación o la salud, sino que pudiera optar a lo que en el mundo capitalista es impensable, como el aseguramiento de la estabilidad laboral, el incremento salarial garantizado, así como la posibilidad de contar con pensión de vejez, ente muchos otros beneficios que el neoliberalismo les niega de manera sistemática al trabajador, a la mujer, al anciano y al joven.

Sin embargo hubo mucha gente que no entendió de qué se trataba. Que creyó que viajar por el mundo como si fuéramos ricos, derrochar en exquisiteces y licores refinados como ningún otro país, gastar a manos llenas en cuanto artefacto electrónico se inventara en el mundo, hacer del raspado de cupos electrónicos una industria internacional, acaparar, especular, contrabandear, y fugar capitales, no serían para nada factores tan perturbadores que acabarían con nuestra economía, empezando por acabar la de los propios inconscientes que así actuaban.

Ya no solo desde la derecha, falsaria, embaucadora y miserable como es, sino desde las propias filas revolucionarias, un sector importante de los venezolanos dedujo por cuenta propia que el bienestar que con tanto esfuerzo estaba construyendo el socialismo bolivariano que Chávez proponía, era la cristalización en nuestro suelo de ese idílico paraíso donde el dinero debía correr a raudales en forma incontenible, sin importar de dónde tuviera que salir semejante maná de la locura, ni cómo tendría que hacerse para merecerlo.

En menos de quince años pasamos de la miseria y el hambre más desesperanzadora a la bonanza de la gratuidad y el bajo costo sin precedentes en la historia, y nadie sacó ni la más mínima cuenta de por qué tendríamos que tener derecho a tan disparatada circunstancia, sin aportar ni esfuerzo ni talento, sino simplemente suponer que el gobierno estaba en la obligación de proveerla so pena de sacarlo del poder a punta de violencia.

Mucho menos reflexionamos como sociedad acerca de cuán riesgoso podría llegar a ser el delirio que nos consumía, exactamente en la misma forma en que nosotros consumíamos los dólares que nos llevaban a la crisis que hoy padecemos.

Irresponsables intelectuales de izquierda se plegaron al coro de fariseos que acusaron de reformista al Presidente Maduro porque no liberaba los precios y permitía el libre juego de la oferta y la demanda por la que clamaba el neoliberalismo para acabar con toda posibilidad de justicia social en el país. Una suerte de “socialismo a base de dólares” era lo que pretendían.

Solo en Venezuela se ha producido el insólito fenómeno de la gente que despotrica contra el gobierno que le está asegurando el bienestar en medio de la más inclemente guerra económica que país alguno haya padecido, a la vez que pretende que la vida siga su curso en las mismas condiciones idílicas en las que desde hace décadas ha pretendido que debe ser la vida en una nación que, por mucho que hayamos avanzado en inclusión social y en fomento de nuestra potencialidad productora, no ha dejado de ser una pequeña nación del tercer mundo, sin capacidad industrial ni fortaleza económica que nos permita competir en el ámbito capitalista de las grandes potencias.

Nuestro único activo para esa competitividad, es el petróleo. Y su precio se vino abajo.

No cabe en cabeza alguna que siendo el propietario del más grande yacimiento petrolífero del planeta, nuestro país esté destinado a la ruina económica, ni mucho menos. Pero no entender que esa caída abismal del ingreso afecta severamente la economía de la nación, es toda una insensatez.

Levantarse de una crisis tan implacable en medio de una guerra brutal que persigue acabar con nuestra economía, es la labor más ardua que gobierno alguno pueda enfrentar sin acudir a medidas que pongan en riesgo o den al traste con las conquistas del pueblo en términos de inclusión y justicia social.

Aún así, el gobierno del Presidente Maduro lo ha logrado. Hoy el país avanza gracias a una Asamblea Nacional Constituyente que le permitió al país salir de la vorágine de la violencia en la que estábamos sumidos, en medio de la cual era impensable toda posibilidad de recuperación económica, social o política.

Pero alcanzar la paz no es consolidarla. Ese es solo un primer paso en la titánica tarea de recuperar la senda del bienestar económico que nos deparó por primera vez en nuestra historia la Revolución bolivariana. La recuperación económica necesita de manera impostergable la estabilización plena del país. Necesita la consolidación de esa paz de la cual dependerá el rescate de la confianza de los inversionistas, la estabilidad del mercado, la reducción de las distorsiones.

Se necesita poner las cosas en orden con mucho sentido de la responsabilidad para ayudar efectivamente al presidente Maduro a tomar las decisiones a que haya lugar para acabar con la usura, con la especulación, con los delitos económicos contra los cuales no ha podido luchar el Gobierno por el obstruccionismo y el saboteo impuesto por una oposición vendepatria y golpista.

Es exactamente ese el trabajo que ha venido llevando a cabo a lo largo de estos últimos quince días la Asamblea Nacional Constituyente como poder plenipotenciario emanado del pueblo. El de la estabilización del país, en primer lugar, para pasar de inmediato a la toma de decisiones que faciliten el trabajo del Primer Mandatario en el rescate del bienestar que la Revolución bolivariana le ha asegurado al pueblo desde siempre.

A partir de esta misma semana, esa inmensa mayoría que votó por hacer realidad esa economía posible, no ficticia ni virtual como la que ofrece el neoliberalismo, sino factible y perdurable para todas y todos los venezolanos, verá los primeros resultados del esfuerzo que desde esa instancia estamos librando.

@SoyAranguibel

Joseph Stiglitz: “Las élites se equivocaron al ofrecer que la liberalización traería economías más sanas”

Barcelona (España), 18 jun (EFE).- El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz considera que la respuesta de los gobiernos a la crisis económica explica el rechazo actual a la globalización, representado por políticos como el Presidente de EU, Donald Trump, y la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen.

“Las élites dijeron que la globalización beneficiaría a todo el mundo, que desregular y liberalizar el mercado conduciría a un crecimiento más rápido y una economía más estable. Estaban claramente equivocadas”, afirma el economista en una entrevista con Efe.

En su opinión, en Europa ha sucedido lo mismo. “El euro era un proyecto que iba a traer prosperidad a todos los países y, claramente, ha fracasado”, razona Stiglitz.

Para el economista, lo “peligroso” es el “descrédito de las élites”, fomentado por políticos como Trump y Le Pen cuando proclaman que “las élites no saben nada”.

Stiglitz advierte de que esto “mina la fe y la confianza en las instituciones”, órganos que considera que son “necesarios” para que una sociedad funcione.

Según el Nobel, una solución para esta situación consistiría en potenciar los sistemas de “protección social” en contra del proteccionismo que promueven Trump o Le Pen.

Sin embargo, no considera que la renta básica universal que algunos partidos promueven sea la solución, porque no cree que “nadie quiera recibir solo un cheque con dinero sin hacer nada”.

Respecto a España, considera que el hecho de que Europa piense que la salida de la crisis en este país es un éxito, evidencia el fracaso colectivo europeo y relaciona directamente la recesión sufrida por los españoles con las políticas de austeridad impuestas por la eurozona.

Asesor del ex Presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero cuando estalló la crisis económica en 2008, reconoce que la “sorpresa” no fue que ésta fuera tan “severa” para España, ya que “se esperaba” por sus desequilibrios previos y la burbuja inmobiliaria.

Pero considera que se vio agravada por las políticas de la eurozona, a las que califica como especialmente “duras” y que alargaron la recesión.

El euro “ha contribuido a la creación de la crisis económica porque los mercados, irracionalmente, pensaron que, como no existían tipos de interés que diferenciaran a los países europeos, no había riesgo. El dinero fluyó hasta España y no había manera de parar ese flujo”, explica el premio Nobel.

“Los gobiernos deberían haber tomado el control de la situación para prevenir abusos, pero la ideología del euro lo impidió”, según Stiglitz.

Por ello, el economista defiende que esta crisis supone una “década perdida” para España y Europa y prevé que pasarán muchos años hasta que se vuelva a la normalidad.

Fuente: sinembargo.mx

Roberto Cobas Avivar desmonta propuesta neoliberal de Víctor Álvarez

Víctor Álvarez: ¡Yo también me sumo, contra la Revolución todo vale …!

Por: Roberto Cobas Avivar

“La economía es algo demasiado serio como para dejárselo sólo a los economistas”

Y cómo mejor darle al Gobierno revolucionario y al pueblo sino donde más le duele, en la economía. El papel, como sabemos todos, aguanta todo lo que se le escribe. Pero el pensamiento crítico revolucionario no aguanta todo lo que lee. Entonces, crucemos espadas por la Revolución Bolivariana.

No es el primer texto dónde el economista Víctor Álvarez intenta la contaminación liberal de la economía bolivariana. Adjetivo de “bolivariana” la economía no para definirle una doctrina que aún no tiene – a ello iré – sino para subrayar que es una economía en revolución, debatiéndose dentro del corrupto modo de producción capitalista “venezolano”, en medio de la brutal lucha de la muy reaccionaria clase burguesa y oligárquica criolla por el poder político del estado que, ahora con la Constituyente, se exacerba porque amenaza con escapársele definitivamente de las manos.

En esta lucha contra la Revolución Víctor Álvarez nos viene con el cuento económico de Noruega. Qué mejor ejemplo que el del “capitalismo escandinavo/nórdico” que, según los frustrados apolegetas anti marxianos de “izquierda”, es donde el postcapitalismo deveras se abre camino. Esa postverdad que nos viene a decir la mentira de que más allá del capitalismo lo que se adviene es un espacio socioeconómico y político desconocido. Sálvenos Dios de insinuar que el materialismo histórico marxiano nos identifica ese espacio como socialismo, es decir, la negación dialéctica del capitalismo.

Noruega le viene a Venezuela como anillo al dedo. ¿Qué hizo Noruega con el petróleo que no ha hecho Venezuela? – cuestiona con el título de su texto a Venezuela bolivariana el economista liberal Víctor Álvarez. Para su no solapado ataque al Gobierno revolucionario tira del cacareado Fondo Noruego de Petróleo. Señalo aquí de paso que la idea de este Fondo no ha sido blandida contra el Gobierno bolivariano sólo por Víctor Álvarez, lo hace también el economista auto considerado marxista Manuel Sutherland, asumiendo el pensamiento liberal de la economía política burguesa que receta como pananceum el llamado instrumentario económico anticíclico: ahorrar en el periodo de las »vacas gordas« para tener cuando llegue el periodo de las »vacas flacas«. Como los precios del petróleo responden a un comportamiento cíclico, según estos economistas, y como Venezuela depende del petróleo, la economía debería someterse a ese juego, cuya perversidad, asumen dichos economistas, no es de naturaleza política, sino puramente económica.

“El petróleo no es una herencia sino una deuda con las generaciones futuras” – nos ilustra Álvarez. Aquí la elemental miopía económica liberal traiciona a este intelectual otrora revolucionario. Sencillamente, no hay tal deuda con las generaciones futuras cuando la renta petrolera se invierte en programas de desarrollo social y económico. Sin esas inversiones esas generaciones estarían endeudas como lo han estado durante todos los gobiernos de la república burguesa. Pero no contento con tan aviesa afirmación, nuestro economista acto seguido ataca: “Desde que apareció el petróleo en Venezuela, la dirigencia política ha demostrado su incapacidad para asegurar un uso inteligente de la renta petrolera”.

Obsérvemos lo que nos dice este economista, nada menos que el uso de la renta petrolera en la inversión social no es un uso inteligente de la misma. “Qué dirigencia más poco inteligente esa dirigencia chavista. Desde Chávez hasta Maduro. Qué incapaces”. Estos economistas de laboratorio pierden la noción de tiempo y espacio. El espacio es Venezuela, sumida en un atraso social que condena a no menos del 80% de la población a la subsistencia en la exclusión socioeconómica, la pobreza y la miseria. En un estado de indigencia socio-material colindando con uno de los sometimientos culturales neocoloniales más aviesos que conocemos en América Latina. El tiempo es el que lleva la Revolución empujando la transformación de esa sociedad, apenas 18 años. Salvar la deuda social con el pueblo en ese espacio y ese tiempo es lo que define a la Revolución bolivariana como un proyecto humanista, un proyecto decididamente progresista.

El Fondo Petrolero Venezolano de la Revolución ha sido un fondo de activos sociales, no de pasivos económicos esperando por los ciclos que dicte la economía capitalista. En el tiempo de estos 18 años la transformación social del espacio venezolano rompe con todo el tinglado teórico-práctico de la economía burguesa a la que se sujetan como a una brocha gorda los mencionados economistas. ¿Cómo se le ve la costura gruesa al ataque contrarrevolucionario economicista?, pues cuando se constata que en la propia certidumbre del pensamiento económico burgués la educación y la salud, su decidida proyección cualitativa al conjunto de la sociedad, constituyen los pilares del desarrollo económico de un país. En un país de analfabetos, famélicos y enfermos no hay desarrollo integral económico que valga. Pero he aquí que el ejercicio económico humanista de la Dirección de la Revolución bolivariana es propio cuasi que de incapacitados mentales para estos supuestos economistas.

El economista anti liberal -sin llegar a ser marxista– Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y líder de la Revolución Ciudadana que saca a su país del círculo vicioso de la economía capitalista, atacado con el mismo argumento del fondo petrolero noruego anti cíclico, no dejaba sobre sus pedestales las cabezas liberales que lo increpaban. Vamos a ver, el país está ante una necesidad alarmante de inversiones sociales, entonces decide guardar bajo el colchón un dinerito para cuando lleguen tiempos aún peores, calculando tener entonces con qué responder. Mientras tanto, teniendo esos fondos congelados, no se sabe, tendríamos que acudir a préstamos externos para avanzar las inversiones sociales y económicas que con urgencia necesitamos. De locos los economistas liberales burgueses.

Víctor Álvarez nos dice que no, que no hay que prestarse de nadie. “Los recursos del Fondo Noruego son invertidos en el exterior en bonos, valores, acciones, etc. y sus rendimientos son utilizados como recursos complementarios del Presupuesto Nacional”. De modo que los fondos ahorrados por la renta petrolera los invertimos en el casino financiero esperando que siempre, como afirma en el caso de Noruega, rindan buenos dividendos. Y Álvarez invita a Venezuela a hacerse dependiente de un casino, cuya astronómica acumulación de dinero responde sólo en un 10% a la economía material del mundo. Ese otro 90% es dinero ficticio, especulativo, que mantiene a la economía mundial en estado de implosión latente. Este detallito no llama la atención a los economistas que pretenden dictar cátedra de economía al Gobierno bolivariano.

Y entonces, se concluye alegremente que a los inteligentes noruegos la jugada les sale porque “se cumple a partir de unas reglas muy rigurosas y estrictas que evitan la inyección súbita de la renta petrolera en la circulación doméstica, evitando así el círculo vicioso de sobrevaluación-inflación que caracteriza a la economía venezolana”. Lqqd (lo que queríamos demostrar, en matemática).

Estimados economistas liberales, la economía venezolana no se caracteriza por el “círculo vicioso de sobrevaluación-inflación” que Uds. le achacan. La economía venezolana se caracteriza por la corrupción del modo de producción capitalista rentista que aún pervive. No tenemos un modo de producción socialista en Venezuela. Venezuela, la sociedad, está bajo el maltrato de la economía capitalista. Esa que, Ud. bien lo conoce Víctor Álvarez, es propietaria de las capacidades productivas que generan más del 70% del PIB. Anteriormente esos capitalistas eran los reyes del mercado porque el mercado no era social sino absolutamente privado. Hecho a la medida del poder de compra de la clase burguesa y cada vez menos de la llamada “clase media” que se venía empobreciendo al golpe del enriquecimiento de las clases altas, aristocracia y oligarquía. Pero cuando la Revolución empodera socialmente a las mayorías preteridas con un poder de compra ampliado, resulta que esa economía de mercado capitalista rentista, incapaz de producir como Marx indica, se va rapidito a la especulación anti económica como su Dios mercado manda. La presión inflacionaria que desata el acceso del pueblo a la renta no deviene oportunidad inversionista para los capitalistas venezolanos. Porque la economía capitalista venezolana ha sido y sigue siendo una economía compradora, según la caracterizara y definiera en términos de economía política ya hace mucho Marx. Venezuela ha cosechado el capitalismo comprador. Su burguesía apropiada del capital ha sido lo que sigue siendo: una burguesía compradora. Tuvieron y siguen teniendo el Minotauro petrolero a su favor. Lo que a todas luces dice que la revolución bolivariana aún no se radicaliza.

No es, por consiguiente, un problema de fondos petroleros. Venezuela, a diferencia de Noruega, invierte los ingresos de la renta petrolera en salud, alimentación, inversiones, vialidad y la creación de fondos para los venezolanos, como el Fondo Independencia 200, Fondo Simón Bolívar para la Reconstrucción Integral, el Asfalto y el de Empresas de Propiedad Social (EPS), además de las contribuciones al de Desarrollo Nacional (Fonden) y al Fondo Chino, por sólo indicar el espectro de los fondos venezolanos creados con el aporte de la renta petrolera, sin entrar en sus detalles. Lo que lastra la economía venezolana es un problema estructural. La renta petrolera no ha podido tener mejor uso que el que le está dando la Dirección de la Revolución, el Gobierno Bolivariano. Cuando llegaron las “vacas flacas” con la actual crisis de los precios del petróleo, inducida en esencia por los EEUU, el nivel de la inversión social en Venezuela no disminuyó. Recalquemos que se trata de inversión social y no gasto social, tal como asumen los economistas liberales. Es decir, es aquella inversión que está llamada a dar también los réditos económicos que necesita el país, recomponiendo el tejido social y desenvolviendo su capacidad educacional e intelectual de frente al desarrollo tecnológico de la economía.

Cuando la economista Pascualina Curcio demuestra en sus investigaciones y análisis el entramado de causas y efectos que desequilibran la economía venezolana los economistas liberales tipo Álvarez o Sutherland hacen oídos sordos. No se atreven al debate de mérito. Persisten en sus elucubraciones sobre los ciclos de la economía de mercado y las recetas fondomonetaristas para atemperar los desequilibrios. Hablan de hiperinflación creada por el Gobierno bolivariano, a pesar que la inflación desmedida ha sido una característica de la economía capitalista pre revolucionaria. Sencillamente hacen coro al falseamiento de la realidad económica de Venezuela que promueven los centros de poder financiero con el FMI a la cabeza.

En su artículo “Venezuela’s Inflation – Zero Hedge Repeats the Errors Printed Ad Nauseam in the Financial Press” [La inflación en Venezuela – Zero Hedge repite hasta el cansancio los errores de la prensa financiera], Steve H. Hanke, renombrado profesor en economía especializado en el estudio de los fenómenos de la inflación y la hiperinflación -un fervoroso apologista de la trasnochada economía neoclásica y militante enemigo del proceso bolivariano en tal grado que el libélulo anti económico DolarToday lo tiene como referente para sus especulaciones- demuestra que en Venezuela no existe hiperflación. La tasa anualizada en el 2016 se comportaba realmente algo por debajo del 100%, habiendo tenido un pico de algo más al 800% para agosto del 2015. Este profesor de economía no se inhibe en indicar que en Venezuela la alta tasa de inflación es inducida por la especulación, en lo que viene a coincidir con los análisis de Pascualina Curcio. “A la prensa financiera no se le debe creer el 95% de lo que dice”, remata este estudioso.

“Una entidad de referencia que sigo –expone Hanke– como el Cato Institute usa los tipos de cambio del mercado negro (léase “libre mercado”) y el principio de paridad de poder adquisitivo (PPP en inglés) que se traducen en un estimado de la tasa de inflación altamente preciso”. Fijémonos que aún este profesor acoge en la ecuación la variable del precio del libre mercado, es decir, una variable no-explicatoria como la conocemos en economía matemática, no independiente, sino consecuente, dependiente. Es una variable dependiente puesto que el precio negro, el del llamado “libre mercado”, es producto de la especulación inducida, no del movimiento real de la economía. Aún así el cálculo de la tasa de inflación del Instituto Cato da un resultado muy lejos de la supuesta hiperinflación con que los mercados financieros atacan a Venezuela. Venezuela, no olviden, tiene que ser pase lo que pase un país de alto riesgo para los inversionistas (léase: prestamistas especuladores) extranjeros. Ha de tomarse nota que la introducción del sistema DICOM incorpora un factor nuevo contra la especulación cambiara. De tal modo tendrá que variar la metodología de cálculo de la inflación venezolana del prestigiado Cato Institute, si es que quiere seguir siendo fuente de estimación “altamente precisa”.

“Contrario a lo que ha pasado en Venezuela, el Parlamento noruego legisló para utilizar el excedente del petróleo como estabilizador de la moneda nacional y lograr una baja inflación” -nos cuenta poco menos que fascinado Víctor Álvarez. Vaya, el excedente de petróleo en función de la política monetarista liberal en su lucha contra la inflación. Toda la doctrina liberal de los Bancos Centrales capitalistas que vienen hundiendo hasta las economías de los países más desarrollados industrialmente. ¿Porqué no actúa así el Gobierno revolucionario de Venezuela venezolano?. Pues porque que así lo determina la incapacidad del “gobierno de turno para (poder) gastar discrecionalmente la renta petrolera”, concluye avispado el economista.

Álvarez continúa cuesta abajo en la rodada ya de tufo neoliberal. “Para evitar un impacto negativo, está prohibido invertir en compañías que operen en Noruega” – elogia la política económica de dicho país. Vamos a traducirlo. Lo que se restringe es la inversión directa de capital (ID), es decir, la única que propicia el desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas del país receptor, en nuestro caso, Venezuela. A cambio, encomia Álvarez la inteligencia noruega, “las inversiones deben ser realizadas en el exterior (…)”, vaya, en el casino financiero, ya que “solo los rendimientos de las mismas son los que pueden ser inyectados a la circulación interna para complementar el Presupuesto Nacional”. Toda una apología de nuestro economista a la inversión financiera especulativa. Con economistas amigos como estos, la economía venezolana no necesita economistas enemigos. A los economistas liberales venezolanos se les tienen que escapar los detalles, si de Venezuela se trata. El Presupuesto Nacional venezolano se nutre en esencia de la recaudación impositiva de la economía real interna (ca. 90% en 2017). Estos recaudos vienen superando con creces los planes de ingresos fiscales del Gobierno. Puede asegurarse que la renta del petróleo constituye un ingreso extra al Presupuesto Nacional. Es un rubro de exportación que viene a sustituir la incapacidad de la propiedad privada capitalista venezolana, dominante en la producción, para generar las exportaciones del país. De ahí el uso intensivo de la renta petrolera en los programas de desarrollo social y económico.

El grado de manipulación economicista y especulación política de Álvarez es ofensivo contra la inteligencia ajena. “Si el propósito del Fondo (petrolero noruego) es asegurar que la riqueza petrolera asegure la calidad de vida de los pensionados y de las generaciones futuras, las inversiones deben estar en armonía con el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente y la responsabilidad social”, se explaya el economista. Bueno, el hecho es que la economía social venezolana que apenas se edifica viene a asegurar con la Revolución la calidad de vida de los pensionados que por primera vez tienen acceso a una renta de jubilación universal, independiente de lo que mal les aseguraría la dependencia al mercado capitalista de trabajo. ¿Y en cuanto a las generaciones futuras? El economista liberal nos dice que la inversión social nada tiene que ver con eso.

Más aún, estos liberales aseguran que la inversión del estado en la economía solamente genera déficit en sus cuentas, y esto sabemos, para el pensamiento liberal es pecado capital. El pan de hoy es siempre hambre para mañana. Vale la pena una leída del análisis deconstructivista de esta falacia económica burguesa que hace el renombrado economista marxiano Michał Kalecki. Cuando hoy el Gobierno bolivariano invierte en el desarrollo de las infraestructuras con recursos de la renta petrolera y acudiendo a su capacidad de endeudamiento (capacidad demostrada por el estricto cumplimiento de dichos compromisos con la banca internacional, sin que ello afecte los planes de desarrollo socioeconómico), eso es solo gasto insolvente del estado, y no una inversión de futuro para la economía y el desarrollo social de las próximas generaciones. El “keynesismo bolivariano” no tendrá nunca rating para las calificadoras de riesgo y los fondos buitres. El estado revolucionario está llamado a perecer por fuerza de las falsas leyes de la economía de mercado capitalista. La economía venezolana habrá de seguir bajo la bota de la propiedad privada del capital y su instinto especulativo de ganancia.

El capitalismo no cree en lágrimas. No hay fondos que valgan, salvo los de inversiones especulativas promoviendo cuántas burbujas, ciclos y crisis se les antojen. La economía de la Noruega de Álvarez -nos dice un informe encargado a un grupo de expertos por el Consejo Nórdico de Ministros de Finanzas ya en 2015- “padece una suerte de enfermedad holandesa: un camarero cobra el doble de lo que ganaría en cualquier otro país de Europa, la productividad no avanza, el precio de la vivienda se ha disparado y el endeudamiento de las familias es altísimo. El propio gobernador del Banco Central noruego advirtió hace poco de los riesgos provocados por el desplome del crudo. Y con la vista puesta en el medio plazo recetó una devaluación salarial al tiempo que el Estado se ajusta el cinturón (recortes sociales neoliberales) con el fin de compensar el declive de los ingresos del petróleo”. El neoliberalismo, como en su retorno a América Latina, está ahí, sediento.

La economía venezolana está ante la imperiosa necesidad de un cambio revolucionario estructural. No es un cambio cualquiera. Es un cambio de paradigma político. Meterse de lleno en la senda de la revolución socialista. Hacia ese postcapitalismo que sabemos no puede ser otro que socialismo. El paradigma socialista no se consigue hirviendo los trapos capitalistas de la economía burguesa a ver si se desinfectan. El cambio significa la construcción de un nuevo modelo de economía, economía social, donde las leyes del mercado y la propiedad privada del capital dejan de funcionar bajo la lógica interna de reproducción del capital. A esas “leyes” se les suprimen las bases materiales para que mueran por asfixia irreparable.

La transición es de la economía soportada en la propiedad privada a la economía movida por la propiedad socializada. De la economía del capital a la economía del trabajo. De la economía del dinero a la economía de los recursos renovables. De la acumulación capitalista a la acumulación social de capital. Del crecimiento económico consumista al crecimiento equilibrado y sustentable ecológicamente. La transición es del capitalismo al socialismo, tal como puntualiza el líder de la Revolución Hugo Chávez; puesto que “la economía política tiene que abarcar la economía social” (les aclara Chávez al pueblo y a los economistas – discurso en Maracay 2009).

Ese es el horizonte en que debe proyectarse el pensamiento económico revolucionario creador, por el socialismo. No es la lucha por domar los ciclos del capitalismo, la lucha es por eliminar la economía burguesa, por cambiar el modo de producción e intercambio capitalista. De ahí la importancia de la Constituyente convocada por el Presidente. Nicolás Maduro. No puede ser otra que una Constituyente por el socialismo.

Roberto Cobas Avivar Roberto Cobas Avivar

Multipliquemos a Luis Salas

– Publicado en el diario Últimas Noticias el miércoles 09 de marzo de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema más grave que debe enfrentar una economía que se pretenda revolucionaria, es decir; que promueva la transformación del injusto sistema capitalista imperante para instaurar uno basado en la igualdad y la justicia social, es el de la cultura economicista.

Una revolución que no comulgue con esa premisa tan claramente ilustrada por el Che cuando decía que el socialismo no se construye con las armas melladas del capitalismo, no avanzará jamás más allá de los espacios de la sobrevivencia apenas.

Explicar las distorsiones que afectan hoy a la economía venezolana a partir de los parámetros con los que el capitalismo mide el comportamiento económico, es probablemente el peor error que se comete en la revolución bolivariana.

Inflación, exceso de liquidez, variación del PIB, etc., son solo parte de la terminología usada en forma de comodines de salvación por el capitalismo para acusar al Estado de los desequilibrios económicos que el mismo capital genera.

Si no existe una adecuada respuesta comunicacional desde el ámbito revolucionario a esa manipulación, la gente terminará pensando inevitablemente que el culpable de la crisis es el gobierno.

El economista Luis Salas ha ilustrado de manera luminosa desde hace algún tiempo la farsa escondida detrás de esa fraseología economicista y ha dado luces sobre lo que debe hacerse comunicacionalmente para explicarle al pueblo con perfecta claridad quién es el verdadero enemigo del pueblo en esta guerra económica.

Hace ya algunos años leímos de él una brillante reflexión acerca de qué es en realidad la inflación en la economía y quién determina su crecimiento. Más recientemente (días antes de la elección parlamentaria del 6D) pudimos verle en otro documento una minuciosa y muy didáctica explicación de los factores e intereses que intervienen y determinan la crisis económica actual en el país. Esta semana presenta un nuevo documento en el que desmonta la infame tesis de la supuesta caída de la economía durante la revolución.

Si la revolución quiere triunfar en esta dura batalla, tiene que entender que lo que hace falta es multiplicar esas reflexiones de Salas en todo el país a través de asambleas populares en las que se le aclare al pueblo sin tecnicismos retóricos la verdad de esta guerra que hoy padecemos.

 

@SoyAranguibel

 

Cambiar el modelo, esa necia cantaleta opositora

– Publicado en Correo del Orinoco el 13 de octubre de 2014 –
Casa de los Mendoza– Casa de los Mendoza, Veroes a Jesuitas, Caracas. Foto: Alberto Aranguibel B. –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde los orígenes mismos de la república, una vez culminado el periodo independentista, los sectores oligárquicos venezolanos han pretendido de manera recurrente el control del poder político, causando la mayoría de las guerras intestinas en nuestro país y generándole a nuestra nación la infinita pérdida de recursos y oportunidades de desarrollo que le han ocasionado.

La eterna pugnacidad por el poder que nos llevó a guerras consuetudinarias de uno u otro signo durante más de un siglo, no estuvo determinada exclusivamente por razones de tipo político o rastreras ambiciones personalistas de caudillos delirantes, como se nos hizo ver a través del tiempo, sino que esas razones estuvieron siempre influenciadas por los intereses de los poderosos sectores económicos que fueron moldeando mediante su decisiva intervención en las propuestas y políticas económicas aplicadas por los distintos gobiernos que se sucedieron en nuestra historia desde el primer mandato de José Antonio Páez en 1830.

Por lo general, todas esas guerras, revoluciones y contra revoluciones, que costaron millones de vidas y oportunidades de bienestar a los venezolanos por más de un siglo, se debieron no al fracaso de los modelos políticos de diverso signo que las sempiternas luchas fueron dejando a su paso, sino al fracaso de la concepción del desarrollo que se asumía que en cada oportunidad desde ese obtuso sector oligarca que manejó el poder tras bastidores. El ideal estrictamente capitalista que orientó en todo momento ese empeño, no fue jamás la solución sino el agravante de las profundas carencias y desigualdades que el país aspiró siempre a superar.

La instauración de la libre competencia y el derecho de propiedad privada fue determinante como norma para intentar promover el desarrollo nacional desde el primer gobierno de Páez, a partir del impulso que los sectores pudientes de la naciente república le daban a una muy primitiva pero muy clara concepción liberal de la economía, gracias a la afinidad de intereses de clase que ese sector fue encontrando progresivamente en el caudillo, acostumbrado ya para aquel entonces a las ideas de libre mercado que desde el siglo IXX se esparcían por el mundo y que venían llegado a suelo americano por diversas vías mucho antes de la revolución independentista. Tomás Lander fue uno de sus precursores en el país. El diccionario de Historia de Venezuela, de la Fundación Polar, lo registra así: “Poco a poco se ubican en una línea común, cuya fortaleza reside en la confianza depositada en un programa de transformación nacional. El programa consiste en la liquidación de la sociedad tradicional mediante un cambio del papel del Estado, que en adelante deberá ocuparse de la libre competencia de los propietarios, suceso inédito en la historia venezolana (…) Según las nuevas reglas, la prosperidad pública depende de las condiciones materiales que pueda proveer la autoridad con el objeto de hacer expedito el juego de los patrimonios particulares.” Era ese el espíritu de la “Ley de Libertad de Contratos” que expedía el Congreso en abril de 1834. (1)

Es por eso que la oligarquía asumió y asume a Páez como el auténtico creador de la República, tal como lo afirma el ex-candidato presidencial de COPEI, Oswaldo Alvarez Paz, quien afirma categóricamente: “No podemos permitir que la República de Venezuela como la fundó José Antonio Páez, como se mantuvo en medio de muchas circunstancias en el siglo XIX, en el siglo XX y en parte del XXI, se destruya para darle paso a un Estado socialista…”. Lo que expresa en sí mismo el repudio a Bolívar como Padre de la Patria y el reconocimiento al “Centauro” como legítimo instaurador del modelo neoliberal por el cual hoy aboga la derecha venezolana. (2)

El desprecio al Padre de la Patria es toda una cultura enraizada en el alma de la godarria venezolana, precisamente por los grandes valores de justicia e igualdad social por los que Bolívar luchó en completa contraposición a los obscenos intereses de la clase oligarca. Ello explica la urgencia con la que esa misma oligarquía desalojó del salón Ayacucho del palacio de Miraflores en abril del 2002, durante el golpe de estado contra el Comandante Chávez, el cuadro de El Libertador para depositarlo en un oscuro baño a la hora de la auto juramentación de Carmona. Otro ejemplo de esta chocante discriminación puede apreciarse claramente en la Casa de los Mendoza en el centro de Caracas, verdadero templo de la cultura goda en el país fundado por el viejo Lorenzo Mendoza Quintero (abuelo del dueño del más importante emporio industrial privado en Venezuela), en la cual no es el cuadro del Padre de la Patria el que preside la imponente sala sino el de José Antonio Páez, a quien ubican de manera prominente en todo lo alto de la pared principal, mientras que el Libertador es colocado, un poco como por cortesía, en una condición completamente disminuida en el lado opuesto. (ver foto)

La tragedia de nuestro país, al decir del escritor y filósofo Carlos Rangel, fue que mientras otras naciones latinoamericanas, como México, Perú, Chile y otras, se dedicaban a construir sociedades avanzadas, en Venezuela no salíamos nunca de sempiternas luchas por el poder. Luchas en las que el interés y la miopía política de los grandes hacendados que presionaron siempre al sector militar y político en la búsqueda de imponer un inviable modelo de libertades plenas en el plano económico, fue gestando la condición de pobreza crónica que desde siempre ha castigado a nuestro pueblo, permitiendo a la vez que se institucionalizara el creciente ritmo de atraso que el país acumuló en todos los ámbitos con el tiempo.

Eso que hoy se conoce popularmente como “paquetazo” (término que resume la naturaleza ineficaz e inhumana de fórmulas economicistas que desconocen o subestiman la realidad social, política y estructural del país en función del libre mercado) ha estado presente en la vida económica venezolana en todos los gobiernos que intentaron superar, uno tras otro, las asfixiantes limitaciones que desde siempre tuvo el Estado para asumir por sí mismo los compromisos financieros de los planes y proyectos de desarrollo. Antes que construir esa sólida capacidad de autogestión que demandaba la nación, para los gobiernos que se sucedían en revueltas tras revueltas ceder a las propuestas de la oligarquía siempre apareció como el camino más simple y a la mano, sobre todo a lo largo del periodo no petrolero de nuestra economía.

Las máscaras usadas por ese sector pudiente de la economía para cambiarle el rostro a los distintos proyectos por ellos impulsados para ocultar la verdadera intención depredadora que cada uno de ellos comprendía, han sido muchas a lo largo de la historia, desde el “liberalismo económico” del siglo IXX, la “economía democrática” o el “desarrollismo” del siglo XX, etc., hasta el “capitalismo popular” de María Corina o el “progresismo” del siglo XXI que presenta ahora Capriles.

Todos, sin excepción, han sido siempre reformulaciones de un mismo plan, de una misma idea, de una misma filosofía, que persigue ser percibida en cada caso como opción de futuro, carente de pasado, pero en la cual están implícitas las verdaderas causas del hambre y la miseria que agobia a nuestro pueblo.

Es por ello que la difícil realidad que enfrenta hoy Venezuela, la crisis en el abastecimiento y la cultura del bachaqueo y el alza indetenible de precios, que derivan directamente de la lógica especuladora del capitalismo, antes que económica en modo alguno, es fundamentalmente ideológica.

Es la lógica de un modelo capitalista que lleva a la gente pobre a creer, por ejemplo, que vendiendo el apartamento que con tanto esfuerzo le ha entregado en forma gratuita la revolución bolivariana o incorporándose como mula a la red de contrabando interno o externo a cambio de un insignificante monto de dinero que cada día va a valer menos en la medida en que esa absurda modalidad capitalista siga avanzando, está logrando acabar de alguna manera con la pobreza que solo el socialismo puede ayudarle a superar de manera efectiva y perdurable.

El “vivir bien”, el “vivir viviendo”, como dijo el Comandante Eterno, no es en modo alguno “la buena vida” que ofrece el modelo capitalista, en la cual lo único que se logra inevitablemente es “vivir muriendo”. “El socialismo es lo nuevo”, decía, y la historia así lo confirma.

 Fuentes:

(1) Conservadurismo – Diccionario de Historia de Venezuela – Fundación Polar – ISBN 980-6397-37-1 – 1997

(2) http://youtu.be/iz92CAX5GR4?list=UUAnBVrWZ7MQj7i_nhoNf-qg

@SoyAranguibel

Clorox, o el mito de la eficiencia capitalista

– Publicado en el Correo del Orinoco el 29 de septiembre de 2014 –

Fraudex
Por: Alberto Aranguibel B.

Rara crisis económica esa de la que habla la derecha en Venezuela, en la que los bancos no solo no quiebran sino que crecen exponencialmente, captando cada vez más dinero (proveniente del caudal de circulante que generan las políticas sociales inclusivas puestas en marcha por la revolución desde hace más de una década) y ampliando su red de distribución como nunca antes se había visto en el país. En medio de la vorágine capitalista por captar esa masa monetaria construyendo cada vez más numerosos y descomunales centros comerciales a lo largo y ancho del territorio nacional, los primeros que se instalan ahí son siempre los bancos.

La expansión bancaria se apoya impúdicamente en la matriz catastrofista que el antichavismo se empeña en sostener como discurso, con acciones como el incremento desmedido del límite de crédito de los tarjetahabientes que de la noche a la mañana ven como un anuncio celestial el correo en el que su banco les informa que su línea de crédito ha sido multiplicada hasta por tres y cuatro veces su monto anterior, con lo cual la banca se convierte en cómplice directa de los sectores especuladores que han instaurado en el país la cultura de las compras compulsivas que hoy son las causantes de la mayoría de las colas en abastos y supermercados para la obtención de productos de todo tipo. El hábito que cultiva esa cultura especulativa no es el de comprar lo necesario sino la mayor cantidad de lo que haya. Desde su perspectiva, el ahorro (base de la intermediación financiera que debería desempeñar la banca) es hoy un concepto caduco. El propósito de la banca con esa virosis consumista es hacerse del dinero de los trabajadores para que las políticas salariales revolucionarias se conviertan en sal y agua de la manera más rápida posible. Pero más que eso, es la fórmula de sobrevivencia a la que apela históricamente el capitalismo para intentar sobreponerse a sus propias crisis. La de la socialización de las pérdidas.

En “El Capital” Marx definía a los bancos como “la forma de contabilidad general y de la distribución de los medios de producción”. Es decir, como una herramienta del capitalismo, más no del Estado. Lenín acotaba: “Los datos que muestran el aumento del capital bancario, el aumento del número de oficinas y sucursales de los bancos más importantes y de sus cuentas corrientes, etc., nos muestran en concreto esa “contabilidad general” de toda la clase capitalista y aun no solo capitalista, pues los bancos recogen, aunque sea no más que temporalmente, los ingresos monetarios de todo género, tanto de los más pequeños patronos como de los empleados y de una reducida capa superior de los obreros”.

De modo que cuando se da rienda suelta a las pretensiones de cada vez mayor intervención (que no intermediación) financiera de la banca en la economía, lo que se genera no es mayor desarrollo económico sino mayor acumulación de riqueza en manos de la oligarquía, como sucede principalmente en las naciones capitalistas, evidenciándose de manera palpable como en ningún otro escenario el fenómeno de la división de las atribuciones y responsabilidades entre el Estado y el sector privado en cuanto al funcionamiento y dinámica de la economía.

Al apropiarse por vía del incremento en su actividad financiera del potencial económico de la sociedad, la economía tiende a mermar sus verdaderas posibilidades de desarrollo y expansión, en virtud de la limitada capacidad de maniobra del Estado para la generación de inversiones por sí solo. A eso, precisamente juega el capital privado en la búsqueda del espacio irrestricto para ampliar sus mercados y para asegurar la acumulación de la riqueza para la cual está concebido.

El Comandante Chávez, en su infinita capacidad para visualizar estos fenómenos, avanzó con propuestas como la nacionalización de aquellos bancos que en un momento determinado decidieron enfrentarse al gobierno aduciendo problemas de caja y otras justificaciones en un intento por obligar al Estado a asumir las pérdidas de esas entidades causadas por su ineficiencia y por su abierta indisposición a invertir en el desarrollo económico de un modelo socialista como el que Chávez planteaba. Según la lógica del modelo neoliberal, la banca no solo debe estar al servicio de la acumulación de la riqueza en pocas manos, sino que ella debe realizarse mediante el control del diseño de modelo industrial, empresarial, económico, social y hasta político de la sociedad, a través de su capacidad discrecional para el otorgamiento de créditos. En el capitalismo, es el sector bancario quien decide cuáles áreas de la industria deberán desarrollarse o no de acuerdo a sus políticas crediticias y de inversión. El carácter privado de la institución financiera y no las regulaciones que imponga el Estado, como aducen los voceros del capital, es ahí lo determinante. Las fórmulas de trueque o intercambio ideados por el Comandante para ser puestas en práctica en los Consejos Comunales (ideas ridiculizadas por la derecha hasta más no poder), son apenas una muestra de su profunda preocupación en este sentido.

Comentando ideas de Fidel y de Borón en las Líneas de Chávez, el Comandante decía (refiriéndose a las causas verdaderas de la llamada “crisis perfecta” del capitalismo), “Pero a estas causas estructurales (de la crisis) hay que agregar otras; la acelerada financiarización de la economía, la irresistible tendencia hacia la incursión en operaciones especulativas cada vez más arriesgadas. Descubierta la “fuente de juvencia” del capital gracias al cual el dinero genera más dinero prescindiendo de la valorización que le aporta la explotación de la fuerza de trabajo y, teniendo en cuenta que enormes masas de capital ficticio se pueden lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, la adicción del capital lo lleva a dejar de lado cualquier escrúpulo”.

Y la crisis de la trasnacional Clorox en Venezuela es una crisis de escrúpulos. El hábito recurrente del capital por apropiarse de manera absoluta de los logros en su productividad, convertidos en utilidades que por su naturaleza privada jamás se reinvierten en desarrollo sino en riqueza para unos pocos (engrosando, como en este caso, economías extranjeras como la norteamericana y no la nacional), y de evadir sus responsabilidades cuando de problemas se trata, para delegar siempre en el Estado la carga de las pérdidas, es el causante de la quiebra ilegal de esa empresa en el país. Ahora, luego de haberle asignado millones de dólares en divisas para que cumpliera con sus obligaciones, el gobierno nacional tiene que salir a asumir las responsabilidades que ella fue incapaz de asumir.

¿Por qué, si el ineficiente es el Estado, el capitalismo no le sirvió para superar sus dificultades? ¿Por qué ningún banco, nacional o extranjero acudió en su auxilio? ¿Por qué no uso en resolver sus problemas los más de veinte millones de dólares que se le otorgaron oportunamente?¿Por qué quiebran a diario miles de empresas en el mundo capitalista dejando en la calle a millones de trabajadores sin haber allá control cambiario, ni mercados paralelos, ni devaluaciones que, como dicen, les impiden trabajar aquí?

Exactamente por la misma razón por la que las líneas aéreas internacionales se han erigido en un cártel usurero que ha encontrado en la exacerbación que se ha dado en el país de esa lógica neoliberal según la cual el Estado debe sufragar el rescate de la ineficiencia del sector privado el más grande negocio de la historia. La misma que llevó a la empresa Polar a desbocarse esta semana publicando un sorpresivo aviso de cierre de operaciones en la producción de harina de maíz, cuando en verdad no existían en modo alguno razones que justificaran tal alarmante anuncio, tal como se lo demostró el gobierno revolucionario en la reunión a la que fueron convocados de inmediato sus directivos. Un vulgar intento de “robo de base”, pues, con una nada sutil intención desestabilizadora.

La fraudulenta quiebra de Clorox en Venezuela evidencia una vez más que el capitalismo no es un buen sistema social sino un mal modelo económico. No solo no genera por sí mismo desarrollo, ni industrial, ni económico, ni social, ni ambiental, en modo alguno, sino que su tendencia es a destruirlo. Por eso el Estado, con apego a Leyes justas concebidas en función del interés nacional, debe regular el desempeño de la empresa privada.

@SoyAranguibel

Alberto Aranguibel propone que el Estado asuma el “control absoluto” de las importaciones

 

(Caracas, 20 de agosto. Noticias24) – El analista político Alberto Aranguibel estimó hoy que la solución a los problemas económicos del país pasa porque el Estado asuma el “control absoluto” de la importaciones.

“Salir de la crisis (económica), a la que hoy se le añade un componente adicional como lo es la cultura del bachaqueo o contrabando interno como forma de vida, llama a aplicar la fórmula que aplicó el comandante Hugo Chávez en los años 2002, 2003 y 2004, cuando asumió la responsabilidad de convertirse (el Estado) en importador directo de los productos de primera necesidad que estaban escaseando en aquel brutal y salvaje golpe contra la revolución bolivariana”, dijo en una entrevista exclusiva para Noticias24 TV.

“Eso es lo que nos puede salvar en este momento: que el Estado asuma el control absoluto de las importaciones, porque además, contrario a lo que era hace 15 años, el actual es un Estado que cuenta con la más grande red de comercialización de alimentos, de bienes y servicios”, añadió en referencia a las cadenas de Abastos Bicentenario, Pdval y Mercal.

En tal sentido, explicó que en Venezuela ya hay experiencias “exitosas” de importación directa, y puso como ejemplo a las cooperativas que venden, sin intermediarios y a menor costo, repuestos para el sector del transporte público en Aragua y otros estados.

Esta modalidad permitiría, aseguró, eliminar dos de los principales problemas de la economía venezolana: el manejo ilegal de la divisas para “generar especulación inflacionaria” y el alza de los costos de los productos básicos.

“No hay, por la vía del capitalismo, solución a los problemas de la sociedad. Ni en Venezuela ni en el mundo”, zanjó.

Modelo capitalista, gestor de la crisis

Aranguibel aseveró que es el modelo capitalista el gestor de la actual crisis económica, y que expresiones como el “bachaqueo”, impulsadas por el ciudadano común, son un fiel reflejo de las perversiones a las que lleva a la sociedad ese modelo.

“En Venezuela lo que está generando un percance es el modelo capitalista, lo que estamos viendo nosotros como distorsiones, son, primero, estar en un escenario capitalista. La economía de Venezuela no ha dejado de ser capitalista, está transitando hacia la construcción de un modelo socialista, pero no hay en modo alguno, todavía, un poder popular controlando los medios de producción como plantea un modelo cabalmente socialista”, dijo.

Indicó que en el país “lo más grave no es hoy un problema de desabastecimiento”, sino en buena medida una “percepción” creada desde hace meses por los medios y por la dirigencia opositora, que impide que la gente reconozca los esfuerzos y avances del gobierno en la lucha para contrarrestar la guerra económica.

 Vea aquí la entrevista completa

Aranguibel en Kys FM: El chavismo sabe quién es el culpable de la crisis

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En entrevista con el periodista Carlos R. Chalbaud a través de la señal de Kys FM, 101.5 de Caracas, Alberto Aranguibel sostiene este lunes 23 de junio de 2014 que en el chavismo no hay nadie tratando de negar las distorsiones económicas que afectan hoy al pueblo venezolano, sino diferencias de criterio con quienes quieren colocar como víctimas a los especuladores, verdaderos culpables de las mismas. Afirma que entre la gente hay cada vez una mayor conciencia en cuanto al esfuerzo del Gobierno bolivariano por contener los ataques de esos sectores especuladores que afectan hoy la estabilidad de la economía, que solo procuran hacer cada vez mayores negocios con la desestabilización política del país.

Oiga aquí la entrevista completa:

José Javier León: “Adios, Giordani”

«Un sistema concebido en principio para remediar las necesidades de la humanidad ha sido desplazado, sin cambiar de nombre, por otro dirigido fundamentalmente a garantizar los beneficios de las grandes empresas»
Eduardo Álvarez Puga, Abajo la democracia, Ediciones B. Barcelona, España, 2006, p. 349

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Por: José Javier León

Marx se afanó en demostrar que la tal economía burguesa no era sino economicismo verdaderamente anti-económico es decir, antisocial, pero la raza de los economistas logró imponer que la economía era una cosa y la política otra, y que ambas no se podían mezclar so pena de incurrir en desastres… económicos. Si el desastre es social, vale, no importa.

Para colmo, una tradición economicista típicamente althusseriana [1] sacó de circulación el capítulo XXIV de El Capital dedicado a develar el origen anti-económico del capital, por considerarlo incluso un error, un absceso en el cristalizado sistema filosófico marxista para horror del propio Marx.

Creció pues como un hongo la economía burguesa que existe y se cultiva sólo para ocultar la verdad, lo que verdaderamente ocurre, en especial el absurdo de seguir llamando economía a las que no son sino operaciones de guerra encubierta o desembozada para imponer el grosero e injustificable dominio de unos pocos sobre la gran mayoría. Porque no hay manera racional o simplemente humana, de justificar la explotación, la miseria, el hambre, si no «legitimando» la ideológica supremacía de unos pocos sobre la inmensa mayoría. Con otras palabras: no hay manera racional y humana de justificar el racismo. Pero eso es, precisamente, lo que hace la economía burguesa y la política que la secunda. Encubren, decía, las diversas formas de guerra, de violencia, de expropiación, de enajenación, que sientan las bases para que una minoría poderosa –sólo porque puede matar impunemente- se imponga sobre una mayoría explotada que, sólo unida, puede evitar que la maten.

Dicho esto, no entiendo cómo es que hoy, a la luz (más bien a la oscuridad) de lo que sucede en el mundo pueda haber personas que crean que hablan de economía sin considerar por ejemplo, que el poder del dólar proviene de la diseminación de más de mil bases militares en el globo; tanto así que hoy, ciertos análisis previenen sobre la posibilidad de un ataque nuclear a Rusia por parte de EEUU para tratar de salvar el valor de su moneda. ¿Cómo hablar de economía cuando se invade un país para robar sus reservas en oro y todo su petróleo, o cuando se siembra en los países células terroristas (mercenarios) que hagan inviable el Estado y así queden sus riquezas a merced de otros mercenarios vale decir las trasnacionales? ¿Cómo seguir hablando de economía cuando un país como EEUU tiene una deuda impagable mayor que la de todos los países juntos sólo que en una moneda que cuenta con el puro respaldo de una máquina Xerox?

Esto y miles de ejemplos más que sería fatigoso e innecesario recordar vuelven absurdo hablar de economía, claro está desde la perspectiva del capitalismo que no es, como muchos suponen, en especial los dichos economistas, un régimen económico. «La economía –muy al contrario- es la actividad que tiene como función, en una sociedad particular o en el universo- asegurar al conjunto de los seres humanos, las bases materiales de su vida física y cultural» (Houtart, 2001, p. 123)[2]. ¿Hay algo más lejos que el capitalismo de esa definición?

No sería necesario decir más si no estuviera tan metida en la cabeza la idea de que el capitalismo es un sistema económico y la democracia representativa, su expresión política. En Venezuela hemos avanzado en la demolición de esas nociones pero casos como el reciente de Giordani y conversaciones sostenidas en diversos escenarios me confirman que todavía falta un mundo por hacer. La verdad, creo, ahí está buena parte del meollo.

Hay gente que cree que la macroeconomía existe, pese a Libia, pese a Siria, pese a Irak, pese a la balcanización, pese a Vietnam, pese a la chorrera de golpes de Estado en América Latina… y un largo y extenuante etcétera. Pese a las sanciones, bloqueos, pese a las dictaduras –con saldo de represión, desahucios y suicidios- que impone el FMI.

¿Falta más? Sí. Porque dicho esto, de inmediato se cree que la economía es una cosa y la política otra. Y no le bastó a Giordani vivir y escuchar como privilegiadamente le tocó a Chávez ¡qué desperdicio!, para salir del ministerio dando un sonoro portazo pataleando como un niño al que le han quitado el juguete. ¡Qué sinvergüenza! Para dárselo por cierto, a Ricardo Menéndez, quien junto a Chávez se desgañitó para que comprendiéramos en el 2007 durante la campaña por la Reforma, que perdimos por un pelo… la Nueva Geometría del Poder…[3]

Pero bueno, el punto es que con todo y tener al lado a Chávez el ministro del sombrerito para ir a pescar no entendió que el Arañero desbarató la supuesta macroeconomía imponiendo por encima de las relaciones económicas la política. A punta de palabra y relaciones, torció los planes del neoliberalismo. Desbancó a la clase «política» que iba a heredar la venta de PDVSA, negocio para el que fueron adoctrinados nuestros Chicagos Boys tropicales; rescató del foso a la OPEP, descarriló el tren del ALCA, sembró el mundo con la idea que hoy se hace realidad del poder multicéntrico y pluripolar [4], levantó, dignificó y descubrió el rostro de los pueblos del Sur, impulsó cambios electorales radicales, y, todo eso, haciendo un uso magistral de la palabra, es decir, de la política.

Con recetas macroeconómicas son imposibles el ALBA y PETROCARIBE, la Misión Milagro o Barrio Adentro. Con las recetas de los economistas es imposible entregar millones de libros escolares y computadoras. No hay recetas macroeconómicas que sostengan MERCAL. Y sin embargo, el pobre macroeconomista Giordani, veía seguro con asombro que hasta los índices macroeconómicos, con los que se mide en todo el mundo la desigualdad y la explotación, mejoraban en Venezuela, pero al revés… en beneficio de los pobres, aumentaba la igualdad y se reducía la explotación.

Por supuesto, al aumentar la igualdad se acrecen el racismo y el fascismo. Y al reducirse la explotación, aumenta la inflación (vía especulación: la forma que ha encontrado el odio de clase de los comerciantes –desclasados- para atacar al pueblo consumidor). Todo ello, en el marco de la guerra encubierta (o desembozada) de la clase «política» que debió heredar el poder y que por culpa ‘e Chávez se quedó con las ganas… y la arrechera.

Esa clase por supuesto no venía sola, se hacía acompañar de una caterva de «profesionales» formados para vivir parasitariamente de la renta petrolera en sus claustros universitarios, mientras las migajas de la mesa de las trasnacionales caían en los bolsillos de la oligarquía… Las llamadas tradicionales o autónomas están pues llenas de economistas, politólogos, juristas, historiadores, sociólogos, administradores, encargados de sostener las ficciones del capital como si en verdad se tratara de economía, política, derecho, historia, sociología, administración… [5] A esa raza de intelectuales pertenecen muchos que por estos días hablan mucho… y cuyos frutos están apareciendo sobre todo desde que a Maduro –por una causa sobrevenida- le tocó el turno al bate.

Yo soy del parecer de que con Maduro la revolución se ha radicalizado y por eso, las contradicciones son cada vez mayores.

No está de más recordar que sin la crisis del capitalismo mundial no se explica la situación en Venezuela, es decir, sin Ucrania, Siria, Irán o Irak, no se entiende el ataque global contra Venezuela y su revolución. El capitalismo – es decir, la minoría o el 1% que controla las trasnacionales- necesita seguir acumulando –en dólares- y no encuentra cómo… He ahí la raíz de su desespero.

Estoy convencido de que la oligarquía y la burguesía parásita no cejarán en su intento de apoderarse anti-económicamente de la renta petrolera (para entregarla claro está a sus «amigos del exterior»), y para eso harán lo que sea, incluida –por qué no- la destrucción de la infraestructura económica del país, aunque raquítica, incipiente e inmadura, e históricamente dependiente del Estado. El punto central es la conquista del petróleo. Lo demás importa un rábano.

Ese análisis político debería dejar sin piso cualquier análisis macro-económico. No entender eso, o pretender soslayarlo, es por decir lo menos, sospechoso.

¿Cómo evitar que los EEUU creen un Estado fallido y logren disponer de zonas protegidas por mercenarios exactamente donde se encuentren las reservas petroleras –entre otros recursos- los cuales tienen harto rato localizados? ¿Acaso no sabían lo que se encontraba en la Faja, que ellos llamaron Bituminosa para que no quisiéramos defender porque para qué dar la vida por barro más barato que carbón?) A las zonas controladas por ejércitos invasores, las acompañarán islas de confort («zonas verdes») las llaman, donde la clase «acomodada» seguirá viviendo en una burbuja a-política, consumiendo las noticias del mundo y los productos de la Polar y la Procter & Gamble más Zara y Bershka y sus colección de Otoño e Invierno. ¿Y los pobres, esa escoria (Burelli, dixit), esas ratas?, ¡qué se jodan!

La respuesta, queridos economistas, no es macroeconómica: es política. La forma de evitar ese escenario es impidiendo a toda costa la guerra civil, a la que nos han querido llevar desde hace ya catorce. La guerra civil supone –obvio- enfrentar a venezolanos contra venezolanos y para eso han sembrado de odio la psique colectiva. Han diseminado el racismo, la discriminación, la xenofobia. Las cotas de ese veneno no han desbordado la capacidad de amor y solidaridad del pueblo venezolano, de las cuales estamos dando muestras desde diciembre de 2002, desde el Paro empresarial y el Sabotaje Petrolero.

Ese mismo clima lo han intentado construir de manera masiva y brutal con las santamarías arriba (repitiendo con evidente sorna y satisfacción: «No hay»), con especulación, contrabando, acaparamiento. Quieren que nos desesperemos y creamos que por la vía de la violencia se pueden solucionar los «problemas». El pueblo sin embargo, no cayó en la espiral de la violencia generada por los ricos. El pueblo, sabio, aguantó la andanada. Los crímenes aislados los siguen juntando y los magnifican. Bandas de sicarios siembran el terror y desaparecen. Repito, harán lo que sea para arrastrarnos a escenarios de violencia descontrolada.

Decían que Chávez nos contenía. Ahora sin Chávez, ¿quién nos contiene? La conciencia, la paciencia pero sobre todo, la confianza en el gobierno. Los despechados como Giordani, demasiado viejos para que los manden (sin humildad y sin sabiduría… ¿vieron que las canas no significan nada?), deciden retirarse no sin antes contribuir a la campaña generalizada de descrédito contra el gobierno, exactamente como un niño malcriado. ¡Da pena ajena!

Nos contienen las ganas de paz y de seguir construyendo la Patria con trabajo y amor. Además, constatamos en la cotidianidad no sólo las dificultades -¡cómo ocultarlas-, sino lo que millones hacen-hacemos para preservar, fortalecer y acrecentar el Legado de Chávez. Entendemos que ahí, a ras de calle, los derechos fundamentales están siendo garantizados, que hay –lo más importante- voluntad política para garantizarlos, y que sólo un gobierno popular –es decir, nuestro- puede garantizarlos, que hay un despliegue nacional de voluntades hechas salud, comida, educación, vivienda, organización… Todo ciertamente, soportado en una renta petrolera distribuida con criterios ahora sí económicos, es decir, políticos, y no macro-económicos, capitalistas. A la inversión social y al Gobierno de Calle, el macroeconomista Giordani –desde su olímpica oficina- la llama dispendio, improvisación, caos, desastre. Al poder popular, vacío de poder.

Al presidente Maduro le ha tocado ser pragmático y ha ejercido el gobierno sometido a fuertes presiones, externas e internas. No ha sido fácil, ya nos lo advirtió Chávez aquel 8D-2012. Pero cuando leo «testimonios» como el de Giordani con el que el iluso pretendía pasar a la historia, me convenzo más de que la revolución cuando avanza muele y atrás va dejando el bagazo.

No pasarás a la historia Giordani por lo que hiciste en el gobierno bolivariano. Muy al contrario, por lo que hiciste justo al salir, al tirar la puerta y modular a tu modo la frase «Maduro no es Chávez» por la que se han ido conociendo progresivamente los salta-talanquera, y por darle pábulo al clima mediático de la oposición para intentar hacernos daño, pasarás al olvido. Te convertirás en polvo cósmico, sentencia que Chávez prodigó para todo aquel que quebrado y de forma egoísta pretende salvar su pellejo dándole la espalda al pueblo; sales pues, despedido por la fuerza centrífuga que imprime la revolución a los cuerpos sociales.

Chávez vivirá por siempre Giordani, y para tu reconcomio, Nicolás [νικη (niké) = victoria y λαος (laos) = pueblo, la Victoria del Pueblo] Maduro seguirá arrollando tus derruidos paradigmas macroeconómicos dignos de la chivera neoliberal.

Con tu pedigrí revolucionario, que sacaste a orear in extremis, coge tus bártulos y adiós.

[1] Les recomiendo leer «Althusser en su encrucijada» de Oscar del Barco. Lo pueden hacer desde http://148.206.53.230/revistasuam/dialectica/include/getdoc.php?id=41&article=46&mode=pdf

[2] François Houtart, La tiranía del mercado y sus alternativas, Editorial Popular, Madrid, 2001

[3] Sólo para recordar: http://www.tsj.gov.ve/informacion/notasdeprensa/notasdeprensa.asp?codigo=5388

[4] http://blog.chavez.org.ve/temas/noticias/impulso-un-mundo-multicentrico-pluripolar-es-cuarto-gran-objetivo-historico/

[5] Dice del Barco: «Las prácticas están encerradas, presas, en aparatos determinados (económicos, políticos, ideológicos, teóricos) que aseguran la reproducción de las instancias determinadas. La destrucción de tales aparatos y la liberación de las prácticas es algo que la burguesía no puede tolerar porque implica su desaparición como clase.» Ob. Cit., p. 11

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