¿Podrá ganar Trump?

Por: Alberto Aranguibel B.

Las primeras sorprendidas con los resultados electorales en casi todas las elecciones suelen ser siempre las empresas encuestadoras, que en el pasado servían para hacer una radiografía medianamente confiable de la opinión pública, pero que, con los avances de las tecnologías de la información y la comunicación, y muy fundamentalmente de las Redes Sociales, han venido cayendo ya en franco desuso.

Por eso, la ventaja del candidato demócrata Joe Biden frente al actual mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, que vienen presentando insistentemente las encuestadoras norteamericanas, no debe entenderse necesariamente como una premonición o un dictamen definitivo de los resultados del inminente proceso electoral que tendrá lugar en ese país en pocos días.

Vistos objetivamente uno frente a otro, ninguno de los dos candidatos posee en verdad superioridad alguna en términos de verdadera capacidad de liderazgo político para merecer el cargo al que aspiran.

A Trump ya el mundo entero lo conoce por su proverbial arrogancia y su insolente soberbia, sobre las cuales ha apoyado su desastrosa gestión como presidente de la más poderosa nación del planeta. El único recurso al que ha apelado para tratar de llevar adelante la muy comprometida economía de ese país, han sido la amenaza y la agresión constantes contra toda aquella nación que de alguna manera le resulte inconveniente a los intereses de la economía norteamericana, sin importar si se trata de una poderosa potencia militar o económica como Rusia, como Irán, o como China. O de pequeñas economías emergentes, pero con grandes reservas energéticas y minerales, como Venezuela.

A Biden, habiendo sido muy mediático durante el gobierno del expresidente Barack Obama, en el cual ostentó el cargo de Vice-Presidente, no se le conoce sino como uno de los personajes más grises y pusilánimes de la política norteamericana.

En una sociedad como esa, signada hoy por la efervescencia social de uno u otro signo (que los neófitos definen como un conflicto entre ¡capitalistas y socialistas!) para un individuo como Biden, con más parecido a un monje en retiro que a un guerrero envalentonado contra el mundo, como Trump, las posibilidades de triunfo son en verdad escasas.

@SoyAranguibel

Bumerang panóptico

Por: Alberto Aranguibel B.

Que la cultura norteamericana tiene mucho de la narrativa cinematográfica con la que Hollywood concibe el mundo no es ninguna novedad.

A lo largo de casi un siglo, la llamada “Meca del cine” ha creado una manera no solo de ver la realidad sino de imaginar y entender el universo, convirtiéndose en la más poderosa industria jamás creada para la generación y modificación de conductas en el ser humano, mediante la inoculación sistemática de conceptos e ideologías afines al modelo neoliberal capitalista que rige a la lógica imperialista de los Estados Unidos.

En su empeño de dominación planetaria, su mayor obstáculo ha sido siempre la idea de soberanía que orienta a los pueblos del mundo en la búsqueda de su bienestar y de su progreso. A través del tiempo, Hollywood ha construido toda una cultura de banalización, y estigmatización incluso, de esa idea, a través de un relato perfectamente calculado para hacer que los pueblos la desestimen y la rechacen como perniciosa y hasta atentatoria contra los derechos del ser humano a la libertad y al libre discernimiento.

El tema de la guerra y las revueltas o estallidos sociales fue el escogido por esa industria para escenificar el conflicto que debe sortear la humanidad para alcanzar la utopía del mundo del que hablara siempre la ciencia ficción, en el que la pobreza era desplazada por el maravilloso estadio de la felicidad absoluta, a costa, eso sí, del inevitable sacrificio de millones de seres humanos en favor del desarrollo.

A ese mundo de bienestar para unos pocos surgido del sometimiento o exterminio de millones de vidas, controladas por un despótico líder planetario que ha acabado con toda noción de soberanía, es a lo que se le denomina “mundo distópico”. Que por lo general es finalmente derrocado por el más grande estallido social jamás visto.

Algo así como lo que experimenta hoy Estados Unidos, que, en medio de la explosión de protestas contra la brutalidad policial en ese país, ha tenido que esconder a su presidente en el famoso bunker de la Casa Blanca para resguardarlo de la violencia.

Exactamente como lo planteó siempre el cine para alentar el derrocamiento de gobiernos como fórmula de salvación. Solo que Hollywood no lo vio nunca en la capital del imperio sino en el tercer mundo.

@SoyAranguibel