Esperando la orden

Por: Alberto Aranguibel B.

A medida que queda al descubierto la farsa que encarna el proyecto de asalto del poder mediante la figura de un pusilánime autojuramentado, que salen a la luz pública sus carencias como propuesta política y se van constatando con hechos sus cualidades delincuenciales, va quedando también en evidencia que muchos de los países que hace casi dos años le brindaron su apoyo a ese disparate golpista en realidad lo hacían producto de la desinformación mediática y el engaño urdido desde el imperio norteamericano para hacerse del control de Venezuela.

Habituados como han estado la mayoría de esos países a la lógica colonialista que les fue tan provechosa durante siglos, siguieron sin incomodidad alguna la orientación que se les dictaba desde Washington, pensando, quizás hasta de buena fe, que derrocar a un gobierno legítimamente electo (siempre y cuando no fuera en Europa sino en el para ellos muy lejano “nuevo mundo”) no estaría mal si con ello se beneficiaba el alicaído neoliberalismo y se contenía de alguna forma la vocación revolucionaria de los pueblos latinoamericanos que cada día claman con mayor fuerza por justicia e igualdad social.

Como toda farsa, el proyecto estaba destinado al fracaso con el pasar de los días, semanas, y meses, en los que no solo no se concretaba la ilusoria promesa, sino que afloraban con inusitada profusión las falencias e insostenibilidad del mismo, ya no en boca de los defensores de la Revolución o del gobierno venezolano, sino en todas y cada una de las voces críticas que desde el seno mismo de la derecha y la ultraderecha radical empezaron a darse a conocer denunciando cada vez con más fuerza la inmoralidad y la ineptitud de los principales actores del audaz y bochornoso sainete.

Se convirtió así el apoyo de lo que un día denominaron “los miles de países” en un verdadero torneo de resistencia en el que la contundencia inicial se fue tornando en una tenue y muy relativa solidaridad, que luego fue tímida y esporádica, y que finalmente aparece en muchos casos simplemente condicionada al dictamen de la Casa Blanca para ver si continúan apoyando o no el destartalado proyecto.

Es el vaivén de la dirigencia del mundo neoliberal que, sin importar lo que piensen en verdad sus pueblos, se arrodillan impúdicos a los designios del imperio.

 

@SoyAranguibel

El librito de Bolton

Por: Alberto Aranguibel B.

No se trata de ninguno de los dos tomos de “La Segunda Guerra Mundial” de Winton Churchill, o de alguna antología de Antonio Gramsci. Tampoco de las obras completas de Noam Chonsky o las disertaciones teóricas de Francis Fukuyama prediciendo el futuro de la política.

Nada de eso. Se trata solamente del compendio de reconcomios y añoranzas delincuenciales de un fascista cagalitroso que, curtido ya por su dilatada trayectoria como halcón del imperio,  no quiere morirse sin anotarse una última guerra en su largo historial de genocida insaciable, apostando un último resto de perversión en la misma mesa sobre la cual su antiguo jefe, al que hoy ataca en ese libro con la misma inmoralidad y desvergüenza con la que ambos atacan a los comunistas, ha dicho que tiene puestas encima “todas las opciones”.

No es un texto luminoso de ninguna manera, como incluso los pensadores más preclaros de la izquierda quieren ponerlo por el solo hecho de que supuestamente deja en evidencia al orate que maneja hoy las riendas del imperio más criminal de todos los tiempos.

No revela nada. Solo confirma lo que desde siempre se ha dicho sobre el magnate presidente y su desquiciada manera de conducir a una nación que bajo su mandato ha experimentado la más vertiginosa carrera de su historia hacia el desastre económico, social y político.

Su larga retahíla de chismes mal hilvanados (y pésimamente redactados) tampoco le es útil a nadie, porque, por una parte, por su carácter de obra escrita personalísima, no posee fuerza legal incriminatoria. Y, por la otra, porque en esencia es un texto que, aún desnudando al inquilino de la Casa Blanca en la forma descarnada e incontrovertible en que lo hace, no es de ninguna manera un texto ni “anti Trump”, ni mucho menos “anti imperialista”. En virtud de lo cual no tiene el poder de hacerle perder la elección a nadie. Y mucho menos de hacérsela ganar.

Sembrar esperanzas en ese supuesto poder estremecedor que algunos le atribuyen al librito de John Bolton es tan erróneo como asumir que el problema del hambre y la pobreza en el mundo es un asunto que deriva de la ineptitud de uno o varios individuos y no de la decadencia de un modelo económico y social fracasado como el capitalista.

El librito pudiera ser, eso sí, y cuando mucho, una innecesaria distracción de lo importante.

 

@SoyAranguibel

Liderazgo en muertes

Por: Alberto Aranguibel B.

Un tablero electrónico que refleja en tiempo real la variación de las cifras de fallecidos a nivel mundial por causa del coronavirus, así como la cantidad de contagiados y de recuperados por país, se ha convertido en el centro de la atención como no lo fue jamás ningún otro conteo en la historia de la humanidad, incluidas las estaciones del Vía Crucis de Cristo y la cuenta regresiva de los metros de aproximación de la llegada del hombre a la luna con la que los medios reportaban la inminencia del alunizaje en 1969.

Unidas a las banderas que asocian esa instantánea cuantificación mundial a cada una de las naciones en las que se producen los datos que registra, la tabla del coronavirus permite apreciar el comportamiento de un fenómeno que a todo el mundo interesa, pero ya no como la información inerte que usualmente se obtiene a través de los noticieros, sino como la evolución que ven en una gran pantalla los video gamer con las cambiantes posiciones de los contrincantes en un juego de video.

Al final de todo, un posicionamiento se va consolidando en la siquis de los espectadores; los Estados Unidos de Norteamérica son la potencia número uno del mundo, incluso en las estadísticas de la muerte.

Un efecto nada desdeñable para un imperio cuyo liderazgo en escenarios en los que su poder llegó a considerarse imbatible en otros tiempos aparece tambaleante hoy frente al surgimiento de nuevas potencias y bloques económicos de importancia insoslayable, a las que el desquiciado presidente de los EEUU, en vez de convertir en aliadas, ha tratado con la peor y más irracional saña.

Quien sepa algo acerca del impacto sicológico de la comunicación, sabe la importancia que puede llegar a tener el posicionamiento de una idea o de una imagen como esa (la del liderazgo en todos los ámbitos, incluso en el de las muertes causadas por una pandemia) en la formación de percepciones, así como el valor que eso tiene para el poder hegemónico imperante.

Por eso nadie en las élites políticas del imperio cuestiona o refuta la información de ese tablero. es posible que sean muchos los norteamericanos que se sentirán orgullosos de ella.

Para contrarrestar las falsas percepciones entre el pueblo, a los revolucionarios nos corresponde acotar siempre que el vertiginoso liderazgo de EEUU en esa horrenda estadística no es de glorias alcanzadas, sino de ineptitud y de muerte.

 

@SoyAranguibel

Max Boot: “El peor presidente estadounidense de todos los tiempos”

Por: Max Boot
(The Washington Post)

Hasta ahora, había sido reacio a etiquetar a Donald Trump como el peor presidente en la historia de Estados Unidos. Como historiador, sé cuán importante es permitir el paso del tiempo para obtener un sentido de perspectiva. Algunos presidentes que les parecieron espantosos a sus contemporáneos (Harry S. Truman) o simplemente mediocres (Dwight D. Eisenhower y George H.W. Bush), lucen mucho mejor en retrospectiva. Otros, como Thomas Jefferson y Woodrow Wilson, ya no se ven tan bien como solían hacerlo.

Ya había escrito, el 12 de marzo, que Trump es el peor presidente de los tiempos modernos, pero no de todos los tiempos. Eso dejó abierta la posibilidad de que James Buchanan, Andrew Johnson, Franklin Pierce, Warren Harding o algún otro don nadie, pudiera ser juzgado con mayor severidad. Pero en el último mes, ya hemos visto lo suficiente como para eliminar la clasificación “de los tiempos modernos”. Con su catastrófica gestión ante el coronavirus, Trump ya es el peor presidente en la historia de Estados Unidos.

Su único gran competidor por ese dudoso honor sigue siendo Buchanan, cuya indecisión contribuyó a que termináramos en la Guerra de Secesión, el conflicto más letal en la historia de Estados Unidos. Buchanan podría seguir siendo el perdedor más grande. Sin embargo, hay buenas razones para creer que la Guerra Civil se hubiera desatado de cualquier manera. En cambio, no hubo nada inevitable acerca de la magnitud del desastre que enfrentamos actualmente.

La situación es tan crítica que es difícil aceptarla. The Atlantic destaca: “Durante la Gran Recesión de 2007 a 2009, la economía sufrió una pérdida neta de aproximadamente 9 millones de empleos. La recesión de la pandemia ha visto casi 10 millones de solicitudes de prestaciones por desempleo en apenas dos semanas”. The New York Times estima que el índice de desempleo está alrededor de 13%, el más alto desde el fin de la Gran Depresión, hace 80 años.

Mucho peor que eso es la mortandad. Ya tenemos más casos confirmados de coronavirus que cualquier otro país. Trump declaró el 26 de febrero que la epidemia pronto estaría “casi en cero”. Ahora sostiene que si el número de muertos es de 100,000 a 200,000 —una cantidad mayor que todas las muertes estadounidenses en todas nuestras guerras combinadas desde 1945— será una demostración de que ha hecho “un muy buen trabajo”.

No. Será una señal de que él es un miserable fracaso, porque el coronavirus es la catástrofe más previsible en la historia de Estados Unidos. Las advertencias sobre los ataques de Pearl Harbor y el 11 de septiembre fueron evidentes solo en retrospectiva. Esta vez, no se requirió de ninguna inteligencia ultrasecreta para ver lo que se venía. La alarma fue activada en enero en los medios por expertos y por líderes demócratas como el ahora candidato presidencial, Joe Biden.

Algunos funcionarios del gobierno ofrecieron advertencias similares directamente a Trump. Un equipo de reporteros del Post escribió el 4 de abril: “El gobierno de Trump recibió su primera notificación formal sobre la epidemia del coronavirus en China el 3 de enero. En cuestión de días, las agencias de espionaje estadounidenses le confirmaron la seriedad de la amenaza a Trump, incluyendo una advertencia sobre el coronavirus —la primera de muchas— en el informe diario presidencial”. Pero Trump no estaba escuchando.

El artículo del Post es la disección más minuciosa del fracaso de Trump en prepararse para la tormenta inminente. Trump fue informado por primera vez sobre el coronavirus por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, el 18 de enero. Sin embargo, de acuerdo con la nota del Post, “Azar le comentó a varios allegados que el presidente creía que estaba siendo ‘alarmista’ y Azar tuvo dificultades para captar la atención de Trump para que se concentrara en el problema”. Cuando se le preguntó públicamente por primera vez a Trump sobre el virus, el 22 de enero, afirmó: “Lo tenemos totalmente bajo control. Es una persona que viene de China”.

En los días y semanas siguientes a que Azar lo alertara sobre el virus, Trump habló en ocho mítines y se fue a jugar golf seis veces, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

La incapacidad de Trump en enfocarse en el problema, señala el Post, “sembró una importante confusión en el público y contradijo los mensajes urgentes de los expertos en salud pública”. También permitió que varios errores burocráticos no fueran atendidos como fallas graves, como realizar suficientes pruebas de diagnóstico o almacenar suficientes equipos de protección y respiradores.

Países tan diversos como Taiwán, Singapur, Canadá, Corea del Sur, Georgia y Alemania lo han hecho muchísimo mejor, y sufrirán muchísimo menos. Corea del Sur y Estados Unidos descubrieron sus primeros casos el mismo día. Corea del Sur tenía el 8 de abril 200 fallecidos , cuatro muertes por cada millón de personas. La tasa de mortalidad en Estados Unidos (25 por cada millón de habitantes) es seis veces peor y está aumentando rápidamente.

Este fracaso es tan monumental que hace que nuestros recientes presidentes fallidos —George W. Bush y Jimmy Carter— luzcan dignos del Monte Rushmore en comparación. El anuncio de Trump del 3 de abril sobre el despido del inspector general de los servicios de inteligencia que reveló su intento de extorsión a Ucrania, demuestra que él combina la ineptitud de un George W. Bush o un Carter con la corrupción de Richard Nixon.

Trump, como lo hace característicamente, está trabajando más duro que nunca en culpar a otros —China, los medios, los gobernadores, el expresidente Barack Obama, los gestores del juicio político demócrata, todo el mundo menos su caddie de golf— de sus equivocaciones. Su mantra es: “No asumo ningún tipo de responsabilidad”. Queda por ver si los votantes se creerán sus excusas. Pero pase lo que pase en noviembre, Trump no podrá escapar del implacable juicio de la historia.

En algún lado, un aliviado James Buchanan debe estar sonriendo.

Max Boot  Max Boot / The Washington Post

María A. Díaz: Mala captura, buena detención

Por: María Alejandra Díaz

No hay que olvidar que el Estado de derecho norteamericano ha sido caracterizado como un Estado de derecho judicial (Tocqueville).  Su modelo constitucional de 1787, marcado por la independencia del continente fue una clara protesta contra las leyes del Parlamento británico. No compartían el enfoque del legislador virtuoso y omnipotente, ciego sordo y mudo frente a las transformaciones sociales. Asumen la Constitución como pacto, acto de manifestación de voluntad superior de manera consciente.

El lema de este constitucionalismo podría ser el triunfo de la razón sobre la historia frente al naturalismo determinista de la historia. Esta es una obra premeditada que se quiere perfecta y definitiva, enfrentada a la naturaleza consuetudinaria e insegura de un orden basado en la tradición. Frente a unos privilegios singulares decantados en el transcurso del tiempo, los derechos naturales son conquistados de una vez y para siempre; en fin, frente a la legitimidad que suministra el pasado porque es viejo, la Constitución reposa en la legitimidad de lo que se proclama racional descubierto por las luces. (Zaglebelsky).

Herencia constitucional asumida desde nuestros países, como beneficiosa:  figuras como el método del control de constitucionalidad, Doctrina de la Judicial Review of Legislation, en Marbury vs Madison, fundamenta el poder que tiene cualquier juez en aplicar controles a los actos estatales a la luz de la Constitución, privilegiando a ésta, o como el carácter vinculante de las decisiones de estos jueces en resguardo de la Constitución, denominada doctrina del precedente o stare decisis.

Juez creador de derecho. Así sucedió cuando eliminó restricciones al voto femenino, o eliminó la segregación racial, o protegió el plan de recuperación de Roosevelt en 1929 para enfrentar la crisis económica de entonces. Juez constitucional, no como boca de la ley, sino como actor social que acompaña los cambios sociales o los impulsa. 

Sin contrapesos o límites, esta herencia beneficiosa del constitucionalismo norteamericano también tiene sus sombras: una de ellos es el precedente legal conocido como Mala captus, bene detentus, una captura ilegal, ilegítima, por la fuerza, deviene en apresamiento válido y subsiguiente juzgamiento también válido. 

Precedente que un dudoso Fiscal, sometido a investigaciones por su participación en la justificación legal del apresamiento de Noriega en Panamá y su consecuente invasión, pretende aplicarle a un grupo de venezolanos, judicializándolos. Nefasto antecedente para el constitucionalismo y las relaciones internacionales, sentado tempranamente en 1886 (Ker vs Illinois), donde tribunales, con la complacencia de su Cancillería, toleran y alientan el secuestro como mecanismo “legítimo” de captura de supuestos perpetradores de delitos graves cometidos en o contra ese país, pero guarecidos en territorio extranjero. Ejemplos sobran: Frisbie vs Collins en 1952; United States vs Toscanino; US vs Rauscher; Jaffe v. Smith, 825 F.2d 304 (1987); Verdugo-Urquidez; United States vs Najohn, Lujan vs Gengler, Sosa vs Alvarez-Machain, en 2004.

Ilógica e ilegal conducta aplicada a las autoridades venezolanas: derecho interno aplicado para justificar arrestos y secuestros extraterritoriales, acciones incompatibles con el derecho internacional consuetudinario, la Carta de DDHH, incluso con la Cuarta Enmienda de su propia Constitución, todo ante la mirada complaciente de la ONU, esperpento de supuesta protección y unión de las naciones, que merece desaparecer para dar paso a una verdadera unión democrática de naciones. 

Grave error de la administración norteamericana, tomada por neoconservadores antipatriotas, globalistas, que junto con Obama, destruyeron su economía. Enemigos del pueblo norteamericano, también lo son del pueblo venezolano. Somos pueblos de patriotas, no de globalistas nihilistas.

Recordando el significativo aporte constitucional hecho desde EEUU, apartando precedentes desdichados como el de “mala captura, buena detención”, comprendamos que el equilibrio del mundo necesita una patria estadounidense con sus equilibrios internos (Jalife). Hagamos grandes nuestras naciones, sin aplastar a nadie.

Desde Venezuela, exigimos respeto por el Derecho internacional,  a las instituciones y a nuestro liderazgo honesto y luchador, a una justicia no plegada a los amos del poder, aberrada de flagrantes irrespeto de las leyes por pura animosidad personal. Es hora de cesar la martirización y persecución de los venezolanos y venezolanas, sin cometer ningún crimen somos objeto de castigos y sanciones.

En esta amarga hora  planetaria el globalismo no sólo aspira a la disminución del Estado Nación y de la población mundial sino a su aniquilamiento, convirtiéndolo en un sujeto inmoral de infinitas pretensiones moralizadoras, unamos esfuerzos para evitar el vaciamiento moral, financiero, político, social, expresado en un catálogo de normas que dejan de lado la visión ética y bondadosa alcanzada desde la democracia y la humanidad. Hoy es tarea de todos ser mejores.

Maria Alejandra Díaz  María Alejandra Díaz Marín / Constituyente

 

J.G. Rodríguez: Petro hizo a Santos presidente

Por: José Gregorio Rodríguez

Cuando llegue el 7 de agosto de este año y Juan Manuel Santos abandone la presidencia de la República de Colombia, se marchará del Palacio de Nariño un presidente que habiendo recibido el Premio Nobel de la Paz, deja a su país listo, dispuesto como “cabecera de playa” para la guerra con sus vecinos.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

¿Quién es Juan Manuel Santos? Es el presidente de la República de Colombia desde el 7 de agosto del año 2010. Llegó a la política con el Partido Liberal colombiano. Se desempeñó como ministro de Comercio Exterior del gobierno de César Gaviria, desde el 16 de enero de 1991 hasta el 7 de agosto de 1994. Luego fue ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango, desde el 7 de agosto del año 2000 hasta el 7 de agosto del 2002. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desempeñó como ministro de Defensa desde el 19 de julio del 2006 hasta el 22 de mayo del 2009. Con Uribe fue uno de los fundadores del Partido de la “U”. Fue el candidato presidencial del uribismo en las elecciones del año 2010, luego de que la Corte Constitucional le negara al entonces presidente Álvaro Uribe la posibilidad de ser elegido por tercera vez.

Juan Manuel Santos, luego de su ruptura política con Uribe Vélez, se queda con el partido de la “U” y se presenta a la reelección en las elecciones del año 2014 en contra del candidato del “uribismo”, Oscar Iván Zuluaga, quien lo derrota en la primera vuelta con el nuevo partido de Álvaro Uribe, el Centro Democrático y para el “balotaje” con la promesa de la paz para Colombia y con los votos de la izquierda colombiana que puso la diferencia para alcanzar y derrotar a Zuluaga resultando reelecto presidente de Colombia.

Para la segunda vuelta de esas elecciones del 2014, Juan Manuel Santos no habló más de las realizaciones de su primer gobierno, con las que no había logrado convencer a los electores el 25 de mayo, y convirtió la campaña en la segunda vuelta en un referendo sobre sus negociaciones con la guerrilla, atrayendo hacia su candidatura a grupos políticos y sociales tradicionalmente alejados de sus propuestas.

Aunque usted no lo crea o no lo recuerde, los votos que a la final inclinaron la balanza a favor de Santos en el 2014, fueron los de Clara López, quien fuera la candidata del Polo Democrático, que se sumó a su campaña pese a que su partido prefería mantenerse neutral y los del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Pero apenas logró suscribir el acuerdo de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo, FARC-EP, el cual se logró entre otras cosas, por la activa participación de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, comenzó su abierto desplazamiento a la posición en la que hoy se encuentra, como principal agente de la operación política y, ¿militar?, de los EEUU contra Venezuela.

La operación de Santos en contra de nuestro país tiene fundamentalmente una motivación económica. El presidente colombiano está, de entrada, tras los recursos que la comunidad internacional aportaría para la “reconstrucción” de Venezuela y luego actuaría como el gran “crupier”, el repartidor de las concesiones para explotar las inmensas riquezas naturales de Venezuela.

Mauricio Cárdenas

El 9 de febrero de este año, desde la ciudad de Nueva York, el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, develó que “Colombia ha contactado a agencias crediticias internacionales para preparar un plan de rescate financiero por unos 60.000 millones de dólares para su vecina Venezuela si el presidente Nicolás Maduro deja el poder… Nosotros como gobierno estamos dispuestos a ser parte, no sólo de esa conversación y de ese plan, sino también a brindar financiamiento para esa transición”, y remató, diciendo este funcionario de la absoluta confianza del presidente Santos: “Colombia se beneficiaría de una recuperación de las exportaciones a Venezuela”. Por si fuera poco, adelantó que “Colombia estima que necesitará unos 30.000 millones de dólares para construir un centro de ayuda que ofrezca a los inmigrantes venezolanos un lugar temporal de permanencia antes de que decidan su próximo paso”.

Toda esta operación se adelantaría con la cobertura de “ayuda especial humanitaria” y está pensada y planificada desde los EEUU para ponerle la mano a Venezuela y sus recursos y cuenta con el apoyo incondicional de quien aspira a ser uno de sus principales beneficiarios, Juan Manuel Santos, quien en la medida en que se acerca su salida del poder incrementa el tono de sus sistemáticas agresiones verbales contra nuestro país y se convierte en el principal aliado de los EEUU para la construcción de un acuerdo regional que estreche el cerco económico y financiero contra Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Como escribiera en días pasados el prestigioso internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El desarrollo de los hechos va develando la trama, lo más relevante es que se está sabiendo a través de las declaraciones de los propios actores, los que por impericia, estupidez o arrogancia van dando a conocer piezas del rompecabezas que es necesario ir armando. El Plan Colombia por un lado, así como las gigantescas ganancias producidas por el narcotráfico por otro, han mostrado una economía colombiana ficticia, que solo tenía cierto respiro por estos dos factores, que no podían ser contabilizados formalmente como parte del esfuerzo nacional ‘a favor del desarrollo y el progreso”.

Hay que recordar que la década de los 80 del siglo pasado, considerada como ‘perdida’ para América Latina por los economistas y las organizaciones internacionales, tuvo crecimiento negativo para todos los países de la región, menos para Panamá, que tuvo crecimiento cero; Cuba: un 3%, todavía integrando el Consejo de Ayuda Mutua económica (CAME) conformado por los países socialistas y…Colombia, que creció 9%, algo solo explicable, –según los economistas– por la gigantesca reinversión en el país de los recursos de la industria del narcotráfico.

Presencia de las FFAA de EEUU

La última década del siglo pasado introdujo el Plan Colombia en la realidad del país, como instrumento ilegal que violaba el artículo 341 de la Constitución Nacional, al crear un documento paralelo al Plan Nacional de Desarrollo el cual, según establece la Carta Magna, debe ser elaborado por diferentes instancias gubernamentales para ser sometido a la aprobación del Consejo Nacional de Planeación. Así, al margen de la ley, y cediendo soberanía, (toda vez que como contraprestación, Colombia debió aceptar la presencia de las Fuerzas Armadas de EEUU en su territorio sin autorización del Congreso) la oligarquía colombiana se entregó al festín que significaba recibir miles de millones de dólares de EEUU, la “ayuda” más alta de este país a otro del hemisferio occidental y una de las de mayor cuantía en el mundo.

La realidad era que si EEUU hubiera querido “apoyar” a Colombia, hubiera suprimido su política proteccionista, que impedía o dificultaba la exportación de productos colombianos en un monto muy superior a los recursos aportados por el Plan Colombia. Todo esto se producía durante los primeros años del gobierno del presidente Chávez en Venezuela, cuando Andrés Pastrana lo era en Colombia.

Había comenzado la época del parasitismo estructural de la economía colombiana que se inició con la gigantesca inyección de recursos del narcotráfico. El Plan Colombia transformó al país y en especial a las fuerzas armadas en devotos de los recursos, pero estos debían mostrar eficacia en su uso para que el Congreso de EEUU continuara avalando el alud de capitales que comenzó a llegar y a modular el comportamiento de los receptores. Así, bajo inspiración de Álvaro Uribe presidente y Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, se diseñó la política de los “falsos positivos” que significaba ponerle precio a la eficiencia bélica de las fuerzas armadas, cuantificada con los muertos que se anunciaba como “guerrilleros dados de baja”, sólo que se descubrió que tales combatientes insurgentes no lo eran, y que el parasitismo financiero crónico condujo al asesinato de decenas de personas, solo por el afán de obtener más recursos, poniendo en evidencia un acto de violación masiva y continuada de Derechos Humanos solo permitida porque contaba con el aval de Washington.

La reducción de los caudales internacionales para una guerra contra el narcotráfico que acorde con la decisión de EEUU no se libra ni por un minuto en su territorio, sino en los campos de los países productores, que además de ser criminalmente regados con el glifosato asesino de plantas, animales y el envenenamiento de las aguas que alteran la vida de campesinos que solo obtienen el 0,4% del valor final del producto transformado en droga, significó una alteración profunda en los mecanismos criminales del Estado productor.

Fuerzas Armadas colombianas

Cae el ingreso de las FFAA

Las negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano significaron una caída en el ingreso de las fuerzas armadas, que recibieron otro golpe cuando el tribunal de La Haya falló a favor de Nicaragua en la delimitación de áreas marinas, y con ello la ruta más importante de transporte de la droga disminuyó ostensiblemente su funcionamiento, siendo esta vez la marina colombiana la que recibió el golpe.

La economía se estremecía, la caída en el gasto social fue brutal: pagaron los maestros, los miles de niños wayúu de la Guajira muertos por inanición, los campesinos que vieron disminuidos sus ingresos, los pobres de la ciudad y el campo que han visto extenderse la pobreza extrema en las zonas urbanas y rurales hasta superar el 20%, las clases medias y populares que se han hecho más pobres, todo lo cual ha sido falsamente burlado con demagogia y con el apoyo de las noticias falsas emanadas de los medios de comunicación como Caracol, RCN, el Tiempo y el Espectador, máximos exponentes de la desinformación planificada desde el poder.

La oligarquía colombiana ataca a Venezuela

Cuando parecía que no había argumentos para explicar la crisis, y el incremento de la pobreza a partir de 2008, en momentos de una plena expansión económica que no significó mayor equidad, el tema de Venezuela vino en auxilio de la atribulada oligarquía colombiana, que imitando a su amo del norte comenzó a tratar de superar por vía externa, la profunda inmundicia que había creado al interior del país. Primero fue Uribe quien, en los estertores de su mandato, se inventó unos inexistentes campamentos guerrilleros en territorio venezolano, amenazando con una invasión para venir a combatirlos. Sólo la firmeza del Comandante Chávez y la fortaleza de la unidad cívico-militar en Venezuela impidieron esta locura.

Las relaciones fueron interrumpidas y el comercio bilateral seriamente afectado, creando gigantescas pérdidas al sector productivo y exportador de Colombia, con un consiguiente desempleo y caída en los ingresos que la oligarquía no podía sostener. Por eso desestimaron un posible nuevo período de Uribe y rechazaron a Arias quien era el sucesor designado. Eligieron a Santos con la misión de recuperar las relaciones con Venezuela y con Ecuador país que también había roto sus relaciones tras ser invadido por las fuerzas armadas colombianas.

La guerra comenzó a dejar de ser un buen negocio, por eso se le dio el mandato a Santos para que negociara la paz, había que aprovechar las condiciones que emanaban de los TLC firmados con EEUU y otros países para incrementar ganancias, pero antes se debía modernizar el aparato productivo y la infraestructura, sobre todo la de transporte que impedían ampliar el comercio y las exportaciones.

Las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno colombiano

Desde el primer momento, Venezuela apoyó las negociaciones de paz, no sólo eso: las incitó, las promovió, las estimuló, sin embargo a cambio sólo recibió el desprecio de las élites neogranadinas, todavía sedientas de poder, ganancia y sangre. Por ello su ensañamiento con Venezuela, sobre todo el de Santos que al igual que Obama han dedicado sus Premio Nobel de la Paz a desarrollar la guerra, como si ese fuera el sino de ese premio innoble.

Y en esa lógica, el actual Gobierno colombiano encontró una nueva forma de auto financiamiento: recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero no para pedir un crédito para su país como lo acaba de hacer Mauricio Macri, sino para ‘rescatar a Venezuela’. Sin que nadie se lo pidiera, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas aseveró que este ‘plan de rescate’ está pensado ‘para los venezolanos (ya que) el día que Venezuela adopte las medidas económicas correctas va a requerir una financiación adicional para poner la casa en orden, y que la economía vuelva a funcionar’, porque nadie sabe cuándo va a darse un cambio de gobierno en Venezuela pero tenemos que estar preparados para eso. 

Si nadie sabe cuándo va a haber un cambio de gobierno en Venezuela, uno podría preguntarse entonces, ¿para qué está pidiendo esa enorme cantidad de recursos?, sobre todo cuando estamos hablando de un gobierno que se va en menos de tres meses, ¿será que necesitan dinero para la campaña electoral? O, ¿para pagarles a los maestros y campesinos burlados en negociaciones en las que el Gobierno nunca cumple? O simplemente, ¿para retirarse con un dinerillo en el bolsillo?

El talante parasitario y corrupto de la élite colombiana da para pensar cualquier cosa, sobre todo cuando sus representantes se han dedicado a vociferar respecto de los, según ellos,  4 millones de venezolanos que han huido del país, la mitad de los cuales se habrían establecido en Colombia, para lo cual también han visitado EEUU y los organismos internacionales pidiendo recursos desesperadamente, dando lástima y transmitiendo dolor, Cárdenas afirmó que: ‘Hasta ahora Colombia lo ha hecho con sus propios recursos y presupuestos, pero ya empieza a haber problemas fiscales, porque estamos hablando de números muy grandes, que requieren servicios de salud, educación, asistencia para su alimentación’.

Es válido entonces, preguntarse qué haría el Gobierno colombiano si tuviera que preocuparse y atender a los 5 millones y medio de conciudadanos que viven en Venezuela, y que contrario a lo que se dice siguen llegando desplazados por las persecuciones, las masacres y el despojo de tierras a los que son sometidos por los paramilitares bajo abrigo y protección de los organismos de seguridad y las fuerzas armadas, mientras el Gobierno de ese país se hace de la vista gorda ante tales desmanes.

Alejandro Werner

En todo caso, el FMI que –como se sabe– es una institución conducida en los últimos años por directores gerentes corruptos (Rodrigo Rato, Dominique Stauss-Kahn y Christine Lagarde), todos investigados por la justicia y, manejado por EEUU que tiene acciones suficientes para vetar cualquier decisión, vive de hacer negocios a la segura con países en dificultades severas, aplicando sus recetas de hambre y miseria, pero no corre riesgos para satisfacer intereses privados, así sea de grupos poderosos de la oligarquía de algún país. Por eso, el director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner se apresuró a responderle al ministro de Hacienda de Colombia, diciendo que era muy prematuro ‘hablar de cifras y planes’ para Venezuela.

Por otra parte, la falsedad de los números manejados por el Gobierno colombiano para justificar su demanda de recursos fue puesta en evidencia y desmentida por funcionarios del propio Estado: Felipe Muñoz, gerente para la frontera con Venezuela, y Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia evidenciaron que el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia arrojó que en el país hay 203.989 venezolanos, no dos, ni tres, ni cuatro millones como estos delincuentes han dicho en su afán de esquilmar a las organizaciones financieras internacionales. 

 Como siempre, el objetivo real que se busca se termina sabiendo, en Hungría, el presidente colombianodonde al parecer viajó a ‘vender’ a Venezuela a empresarios europeos, afirmó que ‘con el cambio de régimen –que se va a dar y que se va a dar muy pronto–, la economía venezolana con un poco de buen Gobierno va a dispararse rápidamente y la oportunidad para Colombia es enorme’. En pocas palabras, se trata de ayudar a EEUU a reventar la economía venezolana, para instalar un gobierno que le dé mejores oportunidades a la oligarquía colombiana de hacerse cargo del país a fin de exprimir al Pueblo de Venezuela como lo hace con el propio. El mismo Santos explicó que Venezuela es ‘el país más rico en América Latina’. Visto desde su perspectiva aviesa y corrupta debe estar pensando que ‘Venezuela es un buen botín’ por eso, dijo –el artífice de la invasión a Sucumbíos en Ecuador– que si él tuviera que apostar, ‘le apostaría a Venezuela a futuro”.

 Santos se despide convirtiendo a Colombia en “Socio Global” de la OTAN.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, formalizará el próximo 31 de mayo, el ingreso del país latinoamericano como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Santos se reunirá con el secretario general de la Organización, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg con quien conversará los pasos internos a seguir para formalizar su situación.

La OTAN creó la categoría de socios globales con el interés de generar alianzas estratégicas más allá de Europa, Estados Unidos y Canadá. Alrededor de 40 países que no son miembros de esta alianza militar intergubernamental, participan activamente en programas de desarrollo dentro y fuera del área militar.

Ahora bien. ¿Qué significa ser un Socio Global de la OTAN? Como bien lo describe un reciente trabajo de la Misión Verdad: “Acuerdos bilaterales se han firmado entre la OTAN y países latinoamericanos. La relación con Argentina, por tomar un ejemplo, ha sido muy estrecha, en 1997 fue nombrada por la Administración Clinton “aliada importante extra-OTAN”, un estatus que comporta colaboraciones importantes en diferentes áreas militares; Incluso, los argentinos han llevado batallones a otros países en operaciones “humanitarias” de la OTAN en Croacia, Haití, Angola, Mozambique, Guatemala, Kuwait, Líbano, Chipre, a lo largo de la década de 1990.

Pero sociedades de ese tipo son menos profundas que la categoría de “socio global”, que compone otras características. Significa, básicamente, un enlazamiento íntimo entre el país y la estructura de la OTAN, que abarca la mayoría de las áreas militares en estrecha colaboración.

Efectivamente, desde 2013, Colombia y la OTAN han participado en una Iniciativa de Construcción Integral en limitadas áreas como “educación militar y entrenamiento, seguridad marítima, buena gobernanza e integridad constructiva”, según la página oficial de la alianza. Para ello, Colombia ha permitido que la OTAN trabajase en profundidad en la institución militar local, y ha llevado a su personal correspondiente a cursos de la escuela de la OTAN en Oberammergau (Alemania) y al Instituto de Defensa de la OTAN en Roma (Italia) desde 2013. Colombia asimismo ha participado en numerosas conferencias militares de alto nivel relacionadas a la organización atlantista. En 2015, Colombia apoyó operaciones navales de “contrapiratería” de la OTAN en el Cuerno de África, según el mismo portal de la organización multinacional.

En el futuro, ya con el país latinoamericano como “socio global”, podría participar en operaciones y misiones lideradas por la ONU, con asesoría de la OTAN a las fuerzas armadas colombianas según los estándares y normativas de la organización”. En el mismo trabajo se afirma, al comentar las implicaciones geopolíticas del paso dado por Colombia, que: “La otanización de Colombia, en su figura de “socio global”, podría darle un carácter de ‘regularidad’ y apoyo logístico a las células del paramilitarismo colombiano en la frontera colombo-venezolana, lo que ajustaría el pivoteo pre-bélico del vecino país con relación a Venezuela.

En una analogía respecto al conflicto sirio, decíamos en 2013 que Colombia jugaría a cabalidad contra Venezuela el mismo papel que Turquía (antes de la negociación con Rusia e Irán) juega contra Siria: el de cabeza de playa para variopintos ‘frentes armados’ apoyados logística y militarmente por los países de la OTAN”. Por donde se le mire, este movimiento colombiano tiene piquete contra nuestro país, porque si fuera, como dicen los colombianos, que el ingreso de ese país como primer socio global de la OTAN en América Latina tendría como principal objetivo, cooperar en asuntos de seguridad cibernética, marítima y crimen organizado. ¿Dónde está el “veneno” de esta modalidad de cooperación contra el crimen organizado? Ellos calificarían de “criminales” a los líderes de la Revolución y luego en el marco de los “privilegios” que otorga ser socio global de la “membresía” militar trasatlántica solicitan a sus aliados que actúen en su contra.

La mesa está servida

Juan Manuel Santos deja la presidencia de Colombia, con la popularidad por el suelo y en medio de una espectacular derrota política. Su candidato, Germán Vargas Lleras, quien fuera su vicepresidente, ocupó el cuarto lugar en el marcador de la elección presidencial del pasado domingo 27 de mayo. Sin embargo, quiere despedirse dejando la mesa servida para que Colombia sea la tierra desde donde se atente contra la soberanía y la integridad territorial de Venezuela. Seguros estamos que el digno pueblo de ese país no acompañará en esta aventura a la oligarquía colombiana, de alguna manera el domingo 17 de junio en las elecciones presidenciales colombianas estará en juego la paz de la región.

Nicolás Maduro en el discurso a la FANB

Maduro apela a la Unión Civico-Militar

A continuación transcribimos el discurso del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, luego de su proclamación en la Asamblea Nacional Constituyente, el pasado jueves 24 de mayo:

“Saben ustedes que en las últimas semanas hemos venido desmembrando una conspiración financiada y dirigida desde Colombia y alentada y promovida desde el Gobierno de los EEUU para dividir nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y con una acción publicitaria militar intentar en su momento que se suspendieran las elecciones del 20 de mayo pasado. Gracias a la conciencia, a los anticuerpos morales fue detectada a tiempo y están convictos y confesos todos los responsables de haberse vendido y haberse entregado a traidores que desde Colombia les pagaron en dólares para que traicionaran el honor, la moral y la lealtad de nuestra amada Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Alerta, alerta, que nadie baje la guardia, no es tiempo de bajar la guardia, es tiempo de combate. ¿Quién quería suspender las elecciones? ¿Quién quería afectar el curso de las elecciones y de la democracia? El imperio norteamericano, la oligarquía colombiana. Desde Colombia se dirige una conspiración para hacerle daño a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Lo hacen para bien de la república, creen ustedes? Jamás, lo hacen para debilitar nuestra república, la oligarquía colombiana tiene objetivos muy claros para tratar de apropiarse y apoderarse de las riquezas territoriales y minerales de Venezuela.

Desde hace 200 años la oligarquía colombiana sueña con gobernar desde Bogotá nuestra amada patria. Alerta, conciencia, guardia alta, oído, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo el mundo en guardia para defender la unión de nuestra amada Fuerza Armada, para defender la cohesión, la lealtad, el juramento, la unión cívico-militar, exijo máxima lealtad a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, máxima lealtad a la Constitución, máxima lealtad al pueblo, máxima lealtad a la Revolución Bolivariana y máxima lealtad al comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Máxima unión cívico-militar para seguir transitando los caminos de este siglo 21 que apenas, todavía, apenas comienza y que promete tanto para nuestra Patria. Cerrémosle las puertas, las trompas, reventémosle las trompas a la oligarquía colombiana, que utiliza traidores, con dólares.

Hemos capturado a sus principales cabecillas y estamos detrás del principal financista que se encuentra huyendo en territorio venezolano, que tarde o temprano lo vamos a capturar y lo vamos a poner a la orden de la justicia para que sea castigado con las máximas penas, por traicionar a la Patria y por ponerse al servicio de la oligarquía colombiana y del imperialismo norteamericano.

Le decía yo a los jefes militares, compatriotas, yo tengo que hablarle claro a todos, a nuestro pueblo armado y a nuestro pueblo civil, el imperialismo norteamericano se ha planteado para los meses y años futuros una sola opción estratégica principal, en su tarea de tomar el control, el dominio de Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana y recolonizar a nuestro país. No ha podido, ni podrá, estoy claro de ello, pero los estrategas militares, los pensadores, los jefes, líderes militares deben saber que la única opción que ellos se han planteado es dar un golpe de Estado militar en Venezuela. No lo digo yo, solamente lo dicen ellos. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, lo ha enarbolado cuando era jefe de la CIA y ahora como secretario de Estado, el vicepresidente Mike Pence, el jefe del Pentágono, el jefe del Comando Sur, el exencargado de negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que hoy se fue, ya debe haber aterrizado en los EEUU, expulsado por intervencionista y golpista, lo han dicho, han llamado a la Fuerza Armada a dar un golpe de Estado, a imponer un régimen militar y entregarle el país a ellos. ¿Va la Fuerza Armada a traicionar al pueblo de Venezuela? ¿Va la Fuerza Armada a hacerle el trabajo al imperialismo norteamericano y entregarles el poder y las riquezas del país a ellos? La respuesta es muy clara, la respuesta la han dado ustedes hoy con su juramento, con su proclama, con su lealtad.

Cuenten ustedes con este hombre, este obrero humilde, comandante en jefe de la Fuerza Armada. Sí, por voluntad de un pueblo, lealtad con lealtad se paga. Cuenten con mi lealtad, vamos a unificar, vamos a fortalecer, vamos a cohesionar cada vez más al pueblo y a la Fuerza Armada. Vamos a crecernos y a seguir ratificando este camino hermoso del nuevo concepto, la nueva doctrina, la nueva moral, la nueva organización, la nueva disciplina, los nuevos ejercicios militares, la capacidad de despliegue por todo el territorio, la capacidad de defensa de la integridad territorial, de la soberanía, la capacidad de defensa del pueblo, el cumplimiento de las grandes misiones constitucionales y de las grandes misiones históricas, de los únicos y verdaderos herederos del ejército de los libertadores, del ejército de Pichincha. Sí, hoy, con Pichincha en su aniversario digo: los verdaderos, únicos y legítimos herederos de Pichincha, de Bolívar y de Sucre, están aquí de pie, están aquí parados, oficiales de la Patria.

Gracias por tanta lealtad, gracias por tanta disciplina, gracias por tanta verdad que me dicen, gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana, gracias por tanta fuerza moral, confío en ustedes, creo en la Fuerza Armada como creo en el sueño de Patria; son ustedes la columna vertebral de la estabilidad, de la paz y de la unión de la república y en buenas manos está la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gracias por su juramento, gracias por su proclama, gracias por su lealtad y aquí estoy, Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, reelecto, listo para seguir ejerciendo mis funciones de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y digamos desde nuestro corazón, con más fuerza que nunca: ¡Chávez Vive! ¡Independencia y Patria Socialista! ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Venceremos!

Gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Que Dios los bendiga, a ustedes y a toda la familia militar. Muchas gracias”.

 josé gregorio rodriguez  José Gregorio Rodríguez 

Fuente: Las Verdades de Miguel

La insólita pantomima capitalista del hacker malo y el hacker bueno

Por: Alberto Aranguibel B.

EL BUENO

Mark Zuckemberg, dueño de la red social Facebook, considerada por muchos de los más importantes analistas de medios, especialistas en marketing, directores de campañas políticas, sociólogos, y expertos internacionales en tecnologías de la información, como el medio de comunicación más poderoso de todos los tiempos, acaba de comparecer este mes ante una comisión del congreso norteamericano que investiga los posibles delitos informáticos cometidos por el joven empresario norteamericano.

La investigación se basa en las acusaciones hechas por el partido demócrata contra el presidente Donald Trump, por haberse valido durante la campaña electoral de 2016 que lo llevó a la presidencia, de la información personal de más de cincuenta millones de norteamericanos a los que la consultora británica Cambridge Analitycs, especializada en mercadeo político, habría direccionado mensajes electorales personalizados usando la tecnología de la empresa Facebook para el levantamiento de la extensa data privada de los usuarios de la red social, lo cual, según los acusadores, violaría el derecho a la privacidad y pondría incluso en riesgo la seguridad de la gente.

Durante el interrogatorio, uno de los más espectaculares desde la interpelación de Al Capone en 1931, los parlamentarios le hicieron a Zuckemberg una infinidad de preguntas que evidenciaban mucho más la ignorancia que todos ellos tenían sobre la naturaleza del negocio informático que supuestamente pretendían investigar que lo que en efecto pudieran hacer aparecer como un eventual expediente, con información sustentada y debidamente ordenada, como se supone que debe hacer una instancia de ese tan alto nivel político en la más poderosa nación del planeta.

La respuesta más importante de todas fue aquella donde Zuckemberg reconoce frente a la comisión que es responsable de haber violado la privacidad de casi un tercio de la población mundial que hoy está suscrita a sus servicios en la red, y de haber compartido toda esa información para obtener beneficios económicos que incrementaron su ya descomunal fortuna personal, que lo ha colocado desde hace casi una década como uno de los más acaudalados archimillonarios del mundo. “No tuvimos en cuenta el alcance de nuestra responsabilidad y eso fue un grave error. Fue mi error y lo lamento”, dijo en esa comparecencia, dejando perfectamente claro que es absolutamente culpable de los delitos que se le imputan y por los cuales ha sido interpelado. La sala se llena de complacencia y aceptación por parte de todos los asistentes y el interpelado es exonerado de toda culpa.

EL MALO

Julian Assange, periodista y programador informático australiano (nacionalizado ecuatoriano), está recluido desde hace más de siete años en la embajada de Ecuador en el Reino Unido en calidad de asilado, es el fundador y director principal del sitio web WikiLeaks, que ha difundido documentos reveladores sobre una serie de acciones del ejército norteamericano en el Medio Oriente consideradas delitos de guerra por las leyes internacionales, pero que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos considera “información clasificada”, a tenor de los establecido en la Ley de Espionaje vigente desde 1917 en ese país.

Dichas filtraciones, en las que se documentan, entre muchos otros eventos protagonizados por el ejército norteamericano contra civiles desarmados, la llamada “masacre de Bagdad”, en la que cuatro helicópteros estadounidenses abrieron fuego contra un grupo de iraquíes, asesinando a una docena de ellos, incluyendo a dos periodistas de la agencia Reuters, así como una gran cantidad de informes secretos en los que se registran cientos de operaciones militares en Afganistán, Irak, y la base militar de Guantánamo que Estados Unidos utiliza como prisión extraterritorial en suelo cubano, fueron entregadas por Assange a los prestigiosos diarios The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Al-Jazeera, RT, Reuters, Washington Post, CNN, y El Mundo, entre muchos otros, pero ninguno de esos medios de comunicación ha sido perseguido o sancionado por la causa que se le sigue al editor de origen australiano, así como ninguno de los que aparecen involucrados en los crímenes de guerra que WikiLeaks ha dejado al descubierto. Para el Departamento de Justicia norteamericano, en este caso el delincuente ha sido el mensajero.

Para Assange varias importantes figuras de la vida pública norteamericana han pedido que se aplique todo el peso de la Ley, incluyendo la pena de muerte, tal como lo han solicitado expresamente en declaraciones públicas Bill O’Reilly, presentador de la cadena Fox, Sarah Palin, excandidata presidencial y exgobernadora del estado de Alaska, y Tom Flanagan, ex asesor del Primer Ministro de Canadá. Ante la certeza de que tal solicitud será respondida afirmativamente por los Estados Unidos, Julian Assange se ha visto en la obligación de recurrir al asilo diplomático en resguardo de su vida.

EL FEO

En su afán de expandir su dominio hegemónico sobre el planeta, los Estados Unidos violenta las barreras de soberanía de naciones a miles de kilómetros de sus fronteras, sin importarle en lo más mínimo ni el derecho internacional ni la normativa de organismos como la Organización de las Naciones Unidas que prohíben expresamente el uso extraterritorial de acciones armadas o penales no autorizadas por el organismo, para ir tras aquellos que considera sus enemigos, o contrarios, al menos, a la seguridad nacional norteamericana, así no sea delincuente sino más bien su única “culpabilidad” haya sido publicar documentos que ponen en evidencia graves delitos de lesa humanidad cometidos por otros. Pero exonera de toda responsabilidad delictual a aquel que reconoce ante una comisión investigadora del parlamento y ante las cámaras de decenas de medios de comunicación, que efectivamente sí ha cometido el más gigantesco delito informático de la historia; nada más y nada menos que el de exponer y arriesgar la vida de más de dos mil millones de personas en el mundo que usan la red social Facebook hoy en día.

Así como un día EEUU acusa a China de ser un régimen totalitario por no permitir el libre uso de medios de comunicación norteamericanos en su territorio, y al día siguiente acusa a Rusia de amenazar la seguridad nacional precisamente por el uso de esa misma internet, y prohíbe, además, las transmisiones en el país de las cadenas informativas RT y Telesur, de la misma manera persigue un día a un periodista a través del mundo para intentar llevarlo a la silla eléctrica por el delito de hackear información privada recopilada por su empresa y al otro día aplaude y celebra la astucia para hacer dinero de otro individuo que se ha convertido en multimillonario hackeando información privada a la gente, también a través de su empresa.

Deja una vez más al descubierto el imperio con su doble rasero, no solo la inmoralidad y falsedad de su discurso en pro de las supuestas libertades que dice defender, sino también su empeño por imponer su hegemonía a como dé lugar, lo que sin lugar a dudas tendría que ser una nueva demostración para las venezolanas y los venezolanos de los despropósitos de aquellos que desde una posición de derecha han promovido la entrega de la Patria a los oscuros intereses de esa potencia del norte que a cada paso deja ver su insolente desprecio por las leyes de las naciones, por los derechos del ser humano, y por la verdad.

EPÍLOGO

La agresión contra el noble pueblo nicaragüense desatada esta semana por ese mismo imperio, es otra corroboración de que efectivamente la violencia de los últimos años con la que se quiso desestabilizar al gobierno bolivariano y derrocar al presidente legítimo de la República, no ha sido ninguna otra cosa que parte de ese plan de dominación global puesto en marcha por los Estados Unidos contra el mundo, y jamás una búsqueda honesta de algún sector de la sociedad venezolana por alcanzar su bienestar. Solo un intento más del imperio por extender su domino amenazando nuestras soberanías.

Frente a esa amenaza, nuestra única opción de triunfo será siempre la unidad del pueblo por la que tanto clamó el comandante Chávez a lo largo de su vida. Votar por Nicolás Maduro el próximo 20 de mayo, es la forma de expresar y asegurar la invencibilidad de esa unidad.

@SoyAranguibel

 

La mentira que por fin ha muerto

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / E. Bernays / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

1956 Colgate Dental Cream
En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

Cuando el fascismo llega al poder

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 08 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La muerte que yo canto no es cruz de cementerio,
ni ilusión metafísica de las mentes cobardes,
ni lóbrego infinito de profundos filósofos.
Miguel Otero Silva

Pocas sociedades en el mundo han contado con la prodigiosa fortuna de haber podido verle de cerca el rostro verdadero al fascismo y escapar de él sin quedar atrapadas en sus fauces putrefactas y pestilentes a muerte, como le ha tocado en varias oportunidades a la Venezuela de inicios del siglo XXI, en plena efervescencia de ese fragor popular que es la Revolución Bolivariana.

El fascismo cuando llega al poder se instaura apoyado siempre en el terror que las balas siembran en la sociedad mediante la más salvaje y despiadada represión contra el pueblo para inhibir desde la más profunda raíz todo vestigio de resistencia que pueda poner en riesgo el proyecto de dominación que le inspira.

El golpe de abril del 2002 (y toda la atrocidad que en horas desataron las jaurías complotadas con su furiosa cacería de chavistas a lo largo y ancho del país) fue el anuncio apenas de todo cuanto se propone hacer la derecha venezolana en el supuesto negado de alcanzar el poder por cualquier vía. De haberse quedado con el control del Estado en esa oportunidad, la destrucción y la muerte habrían seguido el curso devastador que ya habían emprendido.

En el lenguaje tierno, pero intensamente desgarrador y espeluznante a la vez, con el que Matilde Urrutia, la amante eterna y compañera infinita del gigante de las letras latinoamericanas Pablo Neruda, relata la crudeza de esa furia asesina a la hora del golpe de ultraderecha contra el gobierno socialista de Salvador Allende en el Chile de 1973, se comprende con total exactitud el horror del fascismo en toda su dimensión, porque es visto a través de los ojos de una ciudadana más que cuenta su historia sin afectaciones de rebuscamiento ni dramatismos sensibleros, sino con la voz franca y sencilla del pueblo.

En “Mi vida junto a Pablo Neruda” (Seix Barral 2002), Matilde, con el apoyo del escritor chileno Gustavo Adolfo Becerra, describe con palabras llanas lo que ella presenció junto a Pablo desde el primer momento de la asonada. “Era muy temprano. Encendimos la radio para oír noticias. Entonces todo cambió. Había noticias alarmantes, dadas en forma desordenada. De pronto, la voz de Salvador Allende. Pablo me mira con inmensa sorpresa: estábamos oyendo su discurso de despedida; sería la última vez que escucharíamos su voz. “Esto es el final” me dice Pablo con profundo desaliento. Yo protesto: “No es verdad, esto será otro tancazo, el pueblo no lo permitirá”.”

Como en los presagios más oscuros y demoledores, la pareja sabía que el fin de todo lo hermoso que hasta ese momento conocían de la vida, la esperanza de la justicia y la igualdad social, se les venía encima con un peso de apocalipsis.

Sigue Matilde en su doloroso relato: “Fue así como supimos más tarde, por una radio de Mendoza, la muerte de Salvador Allende. Fue asesinado en La Moneda, que había sido incendiada, comunicaban las radios extranjeras. En Santiago se demoraron horas en informar la muerte de su presidente.”

“Estamos solos con este inmenso dolor. Seguimos oyendo noticias: nadie puede salir de su casa, quien desobedezca morirá. Son los primeros bandos.”

“Chile entero está preso en su casa. Yo tengo la esperanza de que muy pronto nos dirán que el movimiento subversivo ha sido sofocado, pero estoy equivocada y, como siempre, Pablo, con esa intuición profética que comprobé tantas veces, tenía razón. Esto era el fin.”

Más adelante, “Pablo está muy excitado, me dice que habló con muchos amigos y que es increíble que yo no sepa nada de lo que pasa en este país. “Están matando gente –me dice-, entregan cadáveres despedazados. La morgue está llena de muertos, la gente está afuera por cientos, reclamando cadáveres. ¿Usted no sabía lo que le pasó a Víctor Jara? Es uno de los despedazados, le destrozaron las manos.”“

El 23 de septiembre, apenas doce días después del infausto golpe contra la democracia más antigua de Suramérica, Pablo Neruda fallecía vencido por el dolor más grande que probablemente experimentó en toda su vida. Matilde pide que se le traslade a su casa, destruida por la sanguinaria dictadura que acababa de instalarse en La Moneda.

“Llegamos a la casa. Aunque viviera mil años, nunca podría olvidar este momento. Si el mundo entero se hubiera puesto boca abajo, no me habría producido mayor asombro. Vidrios por todas partes, la puerta abierta, la escalera de entrada era un torrente de agua imposible entrar […] Así entró en su casa Pablo, después de muerto. Yo iba detrás de su ataúd, tomada de su urna como para darme valor. No podría describir mi asombro al llegar arriba. ¿Qué se había hecho de esta casa que hasta hace tan poco era alegre y florida? ¿Qué había pasado? ¿Por qué esa destrucción? El ciclón de la furia la había azotado, habían arrasado el jardín, quebrando todo. ¿Por Qué?”

“Entramos al living, acompañados por una música aterradora producida por nuestros pies al pisar los vidrios del suelo. Era como si el horror saliera a la superficie. En aquella casa transparente no quedó un vidrio intacto, montones de ellos por todas partes…”

Aquel día, que debió haber sido de profundo recogimiento y respeto ante la pérdida del más grande poeta del continente suramericano, fue toda una experiencia de terror. Matilde lo plasma con crudeza: “Todos los acontecimientos de ese día y esa noche son muy difíciles de contar, y fue más difícil aún vivirlos. Todo el día desfiló gente por esta casa, todo el día oí relatos de horror. “Señora, mataron a mi hijo –me dijo una pobre mujer angustiada a la que yo no conocía-, quiero que alguien me ayude para que me entreguen el cadáver, yo ahora solo quiero enterarlo.” Me mira con ojos de súplica, ella cree que yo puedo ayudarla. […] Una voz de hombre nos interrumpe en ese momento: “Toda la población donde vivo ha sido allanada; a mi mujer la golpearon porque levantó la cabeza para respirar cuando la tenían boca abajo. Se llevaron lo que encontraron; dicen que no podemos tener radios, todas se las llevan”. Otro hombre, moreno, nos mira con ojos duros y dice con voz enronquecida por la emoción: “No sería nada que lo mataran a uno, pero es que te hacen pedazos porque no confiesas lo que no sabes; nosotros sólo pensábamos en trabajar, tratábamos de arreglar este país, ¿Qué de malo había en ello?”. Yo los miro. ¿Cómo ayudarlos? ¿Quién puede ayudarlos? “

La angustia más dolorosa de aquel crispante relato es quizás la que Matilde resume en un breve párrafo: “Estamos aquí, solos, sintiendo toda la amargura del mundo. Salvador Allende asesinado, La Moneda incendiada, muy pronto en la televisión veríamos las llamas, el humo, la destrucción, y nos preguntábamos entonces: ¿Dónde estaban estos chilenos capaces de hacer todo esto? ¿Dónde estaban, que nosotros no sabíamos de su existencia?”

En la Venezuela revolucionaria de hoy sabemos dónde están los venezolanos que pueden hacer eso en nuestro país.

Cuando escuchamos la voz de un golpista contumaz planificando la muerte de sus propios seguidores bajo las balas de francotiradores; o de un ex alcalde conspirador, postulado hoy al parlamento, amenazando a un funcionario de la Contraloría General de la República con asesinarle a toda la familia, uno por uno, solo porque el funcionario está cumpliendo con su labor de fiscalizar; cuando descubrimos a un alcalde en funciones encapuchado incendiando la ciudad que lo eligió, para ayudar a sus aliados que anhelan asaltar la presidencia de la República a la fuerza; cuando vemos a dueños de medios privados instigando mediante calumnias e infamias a la población al asesinato de dirigentes revolucionarios; cuando vemos la disciplina con la que la dirigencia opositora se rinde sumisa a los ataques del imperio contra nuestro pueblo y se distancia del clamor popular para que cese la agresión; cuando vemos grandes emporios empresariales arruinar la economía escondiendo sistemáticamente los productos que el pueblo busca desesperado, dejando que las medicinas se pudran antes que ofrecerlas a quienes las necesitan, elevando los precios de las mercancías de manera criminal y desalmada, sabemos dónde están los venezolanos capaces de hacer todo lo que el horror del fascismo puede hacerle a un pueblo cuyo único delito ante los ojos del neoliberalismo es procurar la justicia y la igualdad social.

La manera de impedirlo, es evitar que los fascistas lleguen al poder.

@SoyAranguibel

¿Por qué los imperios sí pueden drogarse?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 01 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

«Todos los desgraciados que están a favor de legalizar la marihuana son judíos»
Richard M. Nixon

El actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama, no ha tenido jamás vergüenza en declararse consumidor de marihuana, al extremo de ser objeto de invitaciones de ciudadanos que le ofrecen droga en sus apariciones públicas, como le sucedió en la ciudad de Denver durante una gira en 2014 cuando rompiendo el protocolo de seguridad ingresó en un bar y lo primero que hizo uno de los parroquianos ahí presentes fue invitarle a compartir su pucho de marihuana diciéndole “¿Quieres un toque, amigo?”, tal como lo muestra el video que Manton89 montó en Instagram.

Obama ha reconocido en varias oportunidades que durante su juventud fue no solo consumidor, como lo fue también el expresidente Bill Clinton, sino que a diferencia de este, el actual mandatario integró durante años una banda conocida como “Choom Gang”, algo así como “los duros de la yerba”, cuya técnica era la llamada “absorción total” que consiste en la competencia entre el grupo para ver quién aguanta más tiempo sin expulsar el humo de la droga, lo que solían hacer dentro de un vehículo con las ventanas cerradas para evitar el más mínimo desperdicio del mismo.

Según el libro “Barack Obama: The Story” del premio Pulitzer 1993 David Maraniss, Barry (como le decían en Hawái a Barack Obama) no solo era integrante del grupo sino que era considerado el líder del mismo. “«Cuando estabas con Barry y sus colegas, si exhalabas un preciado pakalolo (jerga de Hawái para referirse a la marihuana) en lugar de absorberlo complemente en tus pulmones, se te imponía un castigo y tu turno era saltado hasta que el porro daba la vuelta», dice Maraniss en su libro publicado en 2012.

Sin embargo, en un país que se erige a sí mismo desde hace casi un siglo en el policía antinarcóticos del planeta, el que su presidente sea un connotado ex marihuanero no es para nada alarmante. La sociedad norteamericana es probablemente la más familiarizada con el fenómeno de las drogas, no nada más porque es la que mayor población de consumidores tiene, sino porque como nación es la que más promueve el desarrollo de la producción y distribución de narcóticos en el mundo entero. Pero, como imperio que es, no está dispuesto a aceptar que el gigantesco negocio que representa la droga caiga en manos de otros y de ahí su hipócrita combate al narcotráfico.

El 10 de diciembre de 2013 el congreso del Uruguay aprobaba un Ley que legalizaba la producción, comercialización y tenencia de la marihuana, convirtiéndose en el primer país del mundo en legalizarla. La aprobación es el resultado de una tendencia general de las sociedades modernas que abogan cada vez con más fuerza por la despenalización del consumo de esta droga en particular, aduciendo por una parte el derecho de las personas a una libertad plena y por la otra la función medicinal de la yerba.

El mismo Barack Obama hace recientemente una clara distinción al respecto, en declaración a la prestigiosa revista New Yorker en enero de 2014, cuando le dice al periodista David Remnick que “la marihuana no es más dañina que el alcohol”.

Aún cuando en la mayoría de las naciones las drogas son por lo general penalizadas, su consumo suele ser tratado con mayor tolerancia a partir del avance que han tenido las luchas de grupos que abogan por la legalización del cannabis, como la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de la Marihuana (NORML, por sus siglas en ingles), con sede en varios países en los que la defensa de los consumidores es una cultura muy arraigada, por lo cual esta asociación vio la necesidad de defender igualmente los derechos de los consumidores de cannabis.

Un enorme vacío legal hace que tal contradicción sea hasta ahora insuperable; ¿cómo permitir el consumo si al mismo tiempo se penaliza al proveedor? El imperio norteamericano ha encontrado una fórmula prodigiosa para ello. No se penaliza a todos los narcotraficantes, sino a los que al imperio le conviene perseguir.

El consumidor es otra cosa. A él se le persigue pero hasta cierto punto. No porque atente contra la sociedad, sino porque el consumidor es parte esencial de un fabuloso mercado donde el dinero no es intangible sino real.

La ilegalización del alcohol en los Estados Unidos entre 1920 y 1933, por ejemplo, fue considerada una de las más grandes violaciones a la libertad que se haya perpetrado en esa nación en toda su historia, pero también (por esa misma razón) uno de los más lucrativos negocios llevados a cabo en tiempos de severa recesión económica.

En ambas prohibiciones, la del alcohol y la de las drogas, la represión a la población estuvo determinada siempre por la necesidad de incrementar el flujo de presos hacia las cárceles privadas (más de un millón por causas del consumo o tráfico de drogas, en su mayoría afrodescendientes pobres), así como de elevar el precio de dichos productos ilícitos en las calles.

De ahí que la saña contra el narcotráfico de la que hace gala hoy Estados Unidos no es sino una fachada para todo un andamiaje económico cuyos capitales son los más redituables que existen hoy en día en el mercado financiero mundial, en virtud de ser capitales libres de pasivos contables, costos financieros y de cargas impositivas.

La presidenta de Argentina Cristina Fernández se lo espetó sin tapujos al primer mandatario norteamericano en la VII Cumbre las Américas, realizada recientemente en Panamá, cuando le dijo: “Y también hay que hablar del financiamiento del narcotráfico, porque en los países productores, cuando sale la sustancia tóxica, vale 2.000 dólares, pero, por ejemplo, llega a Chicago y vale 40.000. Entonces, deberíamos abordar y deberían abordar fundamentalmente los países que más consumen droga este problema y, fundamentalmente también, el nudo de la cuestión, el financiamiento. ¿En dónde se lava el dinero del narcotráfico? ¿En los bancos de los países que la producen o en los bancos de los países desarrollados y los paraísos fiscales que pertenecen a los países desarrollados? No seamos cínicos, no seamos cínicos…”

Ese cinismo es exactamente el que impuso como norma los Estados Unidos en su accionar contra el narcotráfico desde 1930, cuando creó el Federal Bureau of Narcotics para supuestamente frenar el consumo de marihuana, a la vez que estimulaba la producción y el tráfico de estupefacientes en el mundo entero por razones de naturaleza estrictamente geopolítica y financiera. O lo que pretendió Richard Nixon cuando desaprobaba el informe de la Comisión Shafer en 1972 (que recomendaba legalizar el consumo y venta de marihuana en el país) mientras que en el sur del Asia los soldados norteamericanos se erigían en los más grandes narcotraficantes de su tiempo.

El revelador artículo de Peter Dale Scott, “El opio, la CIA y la administración Karzai”, publicado en la Red Voltaire en 2010, da cuenta de las implicaciones de la CIA a través del tiempo en el surgimiento y desarrollo de los más grandes mercados de narcóticos hoy en día en el mundo. En dicho artículo el autor refiere con total exactitud cómo los cultivos de precursores de drogas se incrementan en aquellos países donde hace presencia militar los Estados Unidos, como Afganistán, Colombia, Paquistán y México, tal como lo denunciara esta misma semana en rueda de prensa el Director de la Oficina Nacional Antidrogas del gobierno bolivariano, Irwin José Ascanio Escalona, quien señaló además que solamente en Estados Unidos se lavan alrededor de unos 400 mil millones de dólares al año provenientes del narcotráfico.

Sostiene Dale Scott que “La primera realidad es que la creciente implicación de la CIA y su responsabilidad en el tráfico mundial de droga es un tema tabú en los círculos políticos, campañas electorales y medios masivos de difusión. Y quienes han tratado de romper ese silencio, como el periodista Gary Webb, han visto sus carreras destruidas.”

El autor, que hace a la vez referencia a un artículo de Alfred McCoy publicado ese mismo año en el TomDispatch, afirma que la OTAN elimina plantíos de amapola que cultivan los opositores en Afganistán y protege los de sus aliados. Y cierra con una frase de McCoy: «El opio surgió como fuerza estratégica en el medio político afgano durante la guerra secreta de la CIA contra los soviéticos» esa guerra «fue el catalizador que transformó la frontera pakistano-afgana en la más importante región productora del mundo».

El Comandante Chávez lo resumió en una frase luminosa: “El imperialismo no lucha contra las drogas sino que las administra”, dijo.

Por eso acusan sin ningún pudor (y sin ninguna prueba) a quienes jamás han tenido que ver con drogas, como nuestros líderes revolucionarios, aún cuando ellos tienen como presidentes a verdaderos marihuaneros confesos como Obama.

@SoyAranguibel

Vivir en el paraíso

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 18 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dogmáticos, en su atávica tozudez doctrinaria, van a encontrar siempre en la propuesta chavista de socialismo una tentativa sin basamento teórico, sin asidero histórico y hasta de naturaleza sacrílega (para aquellos que desde el extremo conservador del rigor ideológico examinan igual que los ultraizquierdistas a la revolución bolivariana), con cuyos principios van a estar reñidos en todo momento fundamentalmente por el carácter transformador inherente al proceso de redención de los pobres que impulsara en Venezuela el Comandante Chávez bajo la óptica propia y completamente innovadora en que éste lo planteó.

El mayor tormento para ellos es que se trastoquen de alguna manera los pilares fundacionales del pensamiento revolucionario más ortodoxo y la concepción misma del Estado, con lo cual, según el particular enfoque de cada uno de esos dos sectores se traicionarían, por una parte, los sagrados principios de las luchas sociales a través del tiempo y la estabilidad del modelo de sociedad, por la otra.

Coinciden así la ultraizquierda pseudo chavista y la derecha oligarca en un planteamiento contrarrevolucionario común, en el que se puede leer desde dos ángulos supuestamente enfrentados en lo ideológico exactamente el mismo postulado teórico que en apariencia los distancia, como ese según el cual lo que no serviría en el Estado serían los funcionarios y no el modelo burgués bajo el cual está concebido ese Estado.

De la misma forma en que el inefable decreto de Carmona se centraba en abril de 2002 en la destitución de funcionarios de todos los poderes públicos como un paso indispensable para la restitución del Estado a su condición prerrevolucionaria, de esa misma manera la ultraizquierda pseudo chavista fundamenta su propuesta en la búsqueda del desplazamiento del liderazgo revolucionario como condición sine qua non para avanzar en la construcción del bienestar económico del país.

Ambos sectores ocultan el peso que tiene en la deficiencia de la gestión pública la inviabilidad del modelo burgués aún imperante para satisfacer las necesidades de la población, así como la perniciosa presencia de infiltrados opositores en los organismos del Estado y el brutal ataque del capital privado, nacional y transnacional, a la estructura de gobierno con su impúdica oferta de comisiones a diestra y siniestra, ya no solo en búsqueda de jugosos contratos sino en el avieso afán de corrupción del sistema para derruirlo y acabar así con el modelo socialista.

Por igual acusan a la revolución de una supuesta mala gestión en las empresas nacionalizadas (un minúsculo porcentaje apenas del parque empresarial venezolano en relación con el que todavía sigue en manos de la burguesía), desconociendo que el propósito de esas nacionalizaciones no es la sustitución de la premisa de la rentabilidad capitalista por un abstracto modelo de rentabilidad socialista, sino la transformación del proceso de producción para pasar de la cultura de mercado a la lógica de la cultura comunal que es base medular del proyecto revolucionario chavista, donde el valor de cambio y cuanto ello implica sea sustituido por el valor de uso de la producción de acuerdo a las necesidades reales de consumo del país y no a las necesidades de la acumulación del capital.

Sin embargo la mayoría de esas empresas, como el Banco de Venezuela, Cantv, Industrias Diana, entre otras, ha demostrado eficiencia operativa en el incremento de su producción y eso es innegable. Pero no es solo la irrefutabilidad de esos hechos el peor enemigo de los dogmáticos tanto de derecha como de izquierda, sino la retórica misma de su insustancial discurso.

En todos los procesos revolucionarios de la historia el papel político de la oligarquía, antes que en la promoción de su propia e inviable propuesta neoliberal, se ha centrado en la obstrucción del bienestar social que esas revoluciones han promovido, porque el discurso de las elites hegemónicas es diametralmente opuesto al interés de las grandes mayorías depauperadas que desde siempre han padecido las crisis económicas y sociales que inevitablemente resultan de esa recurrente practica burguesa de la conspiración contra el poder popular, no solo mediante la guerra y el sabotaje sino mediante la demagogia.

Los griegos acuñaron el término “demagogo” para designar a los conductores de la sociedad, imprimiéndole así un sentido positivo en un primero momento a lo que posteriormente Aristóteles definió como “la forma corrupta o degenerada de la democracia”, tal como la usa desde entonces la burguesía para etiquetar a toda expresión de liderazgo que surja del pueblo y que alcance el poder por cualquier vía.

De ahí que “demagogo” haya sido asociado a “embaucador” o “seductor de masas”, “adulador del pueblo”, que confiscaría el poder para instaurar la tiranía y los modelos autoritarios de los que siempre se ha acusado a los regímenes populares a través de la historia.

En la Venezuela revolucionaria, como parte de esas innegables singularidades que el dogmatismo decimonónico repudia en el proceso bolivariano, el término “demagogo” se ha desplazado desde el poder hacia los sectores contrarrevolucionarios, desde donde se está produciendo hoy la más impúdica e irresponsable práctica de adulación y de ofrecimientos insustanciales al pueblo que se recuerde en los anales de la política.

No puede ser sino irresponsable (y hasta criminal incluso) tratar de convencer al país de que la vida de ilusoria prosperidad que ofrece el modelo capitalista, y que la ultraizquierda pseudo chavista adopta sin el más mínimo pudor como paradigma de bienestar en su descalificación del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sea de alguna manera posible en medio del escenario de guerra al que el gran capital nacional e internacional nos tiene sometidos con el apoyo nada más y nada menos que del imperio norteamericano.

Venderle a la gente que nada más cambiando unos cuantos funcionarios de gobierno por otros, sin que se avance en la superación del esquema de injusticia que comprende el modelo neoliberal para sustituirlo por el sistema de inclusión social que el ideario chavista propone, se pudiera alcanzar el paradisíaco nivel de vida que ofrece el capitalismo es conducirla al fracaso que hoy padecen las naciones que a lo largo de los últimos doscientos años han transitado ese camino a su más entera libertad, es decir, sin los obstáculos y sabotajes que ha debido enfrentar la revolución bolivariana desde hace dieciséis años.

Vivir en el paraíso terrenal que sugiere el discurso contrarrevolucionario es imposible en un mundo en el que sólo el 1% de la población posee casi dos tercios de la riqueza del planeta. 99% de la población de la tierra denuncia hoy esa injusticia y por ello son asesinados o van a la cárcel y a la calle sin empleo ni techo donde cobijarse cada vez más pobres y desvalidos que en ningún otro momento de la historia, en el ensanchamiento más abismal de la brecha entre ricos y pobres que se haya conocido jamás.

El destacado analista económico y vicepresidente de la cadena Financial News, Paul B. Farrel, se refiere hoy a este proceso en estos términos: “La burbuja de la desigualdad se está acelerando, peor que en 1929, o incluso 1789. La brecha de la desigualdad se encuentra ahora en los niveles de 1929, lo que hace que la apuesta del Partido Republicano con el futuro de Norteamérica sea un verdadero asalto a la clase media.”

El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, por su parte, afirma al respecto: “A Estados Unidos le gusta pensar de sí mismo como una tierra de oportunidades. Pero hoy en día los  números muestran que el sueño americano es un mito … ensanchamiento de la brecha … la tendencia clara es una concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior, el vaciamiento de la media, y el aumento de la pobreza en la parte inferior”.

Evidentemente ese idílico paraíso capitalista del que hablan tanto la derecha como la ultraizquierda pseudo chavista, es cada vez más inalcanzable. La revolución chavista, por el contrario, es el camino a la redención del ser humano a partir de la construcción concreta de la utopía de justicia social por la que tanto lucho el Comandante Eterno.

@SoyAranguibel

¿Brutalidad, racismo o hegemonía?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 04 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Somos antiimperialistas, como es la mayoría del pueblo norteamericano que está en contra de las guerras” Nicolás Maduro

Samantha Power, la flamante embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, estalló esta semana iracunda en medio de una reunión informal de la organización pidiendo a gritos la intervención de los servicios de seguridad para desalojar de la sala a su homólogo de Corea del Norte, el embajador Ri Song-shol, quien llamaba la atención del organismo sobre los crecientes actos de brutalidad policial contra la población afrodescendiente en ese país, así como por las torturas practicadas por la CIA que han sido denunciadas en los últimos meses. Gritando desde su asiento que “esas declaraciones los desacreditan totalmente” la representante del imperio logró que al diplomático asiático se le cortara el sonido desde la cabina de audio y que de inmediato se le sacara de la sala en compañía de su delegación, en uno de los actos de soberbia más indignantes y bochornosos que se recuerden en ese foro de las naciones.

Pero la reacción de la embajadora no es nada casual. Como tampoco lo son los actos de barbarie policial que se han venido incrementando en los Estados Unidos desde hace algún tiempo sin que la sociedad norteamericana (salvo las protestas protagonizadas por la población afroamericana en algunas ciudades de ese país) reaccione en la búsqueda de soluciones efectivas a un fenómeno tan potencialmente explosivo como pocos pueden darse en el mundo civilizado de hoy.

La señora Power simplemente ha dejado ver el rostro más grotesco de una cultura que ha hecho estragos a las sociedades a través de la historia; la cultura de la dominación coercitiva.

Gramsci distinguía los modos de dominación separándolos en coercitivos y hegemónicos. Según él, el hegemónico basa su control en el poder ideológico, cultural (la religión, la educación y el poder de los medios de comunicación), y el coercitivo en el control directo que ejerce el poder político y en última instancia la violencia física.

En la práctica, el poder hegemónico ha estado siempre orientado al ocultamiento del poder coercitivo con el cual las clases dominantes ejercen su control. La televisión y la prensa, así como la religión y el sistema educativo burgués, tienen como propósito fundamental convencer permanentemente a la sociedad de que el peligro que la asecha y que amenaza su supervivencia como tal, es siempre todo aquello que atente contra las formas establecidas de dominación y no la dominación en si misma. Es decir; la estructura del Estado burgués y las formas de desempeño del capitalismo.

En virtud de ello, el poder hegemónico tiene la obligación de ocultar la violencia cuando ésta surge de los sectores dominantes contra los sectores oprimidos, y de magnificarla cuando ella es producto de hambre, la miseria y la exclusión que el sistema capitalista burgués genera.

Por eso según los medios de comunicación privados, y de acuerdo a las declaraciones del estamento político del imperio en ambos casos, la violencia en las calles de los Estados Unidos que resultan de protestas de la sociedad civil reclamando sus derechos, siendo exactamente iguales en su expresión incendiaria y atentatorias contra la vida y el orden público, son completamente distintas a las que se escenifican en las calles de Venezuela.

Mientras en los Estados Unidos el pueblo se rebela contra la brutalidad policial hacia la gente pobre, en Venezuela sectores minoritarios de la población buscan quebrantar la paz por su arbitrario deseo de colocar en la presidencia a uno de los suyos. La diferencia para el imperio es que las de allá son protagonizadas por criminales y las de acá por héroes de la sociedad civil. Algo que está más en correspondencia con la lógica de la dominación que de la discriminación. Si los de allá son negros descendientes de esclavos y los de acá blancos y de nobles apellidos, entonces la diferenciación es más que sencilla. Pero mucho más desde el enfoque clasista que desde la óptica estrictamente racista.

Desde el punto de vista científico, el racismo no tiene asidero alguno. Infinidad de investigaciones y debates al respecto han logrado establecer que biológicamente no hay ningún atributo o condición particular que haga superior a una raza sobre otra. La teoría social tampoco ha logrado apoyar ni ideológica, ni política, ni filosóficamente, al racismo como corriente de pensamiento. Un aspecto nebuloso del Marxismo, referido a la supuesta defensa por parte tanto de Marx como de Engels de la teoría de la supremacía de la raza blanca, en particular lo escrito en el Anti-Dühring generalmente extraído del contexto de la realidad histórica como de la realidad política sobre la cual se asentaban tales apreciaciones, es utilizado sistemáticamente por la derecha proimperialista para tratar de desdibujar la doctrina marxista y para ocultar a la vez el carácter discriminatorio e inhumano del modelo capitalista.

De ahí que toda forma de racismo o de segregación social sea simplemente una fachada más, construida por los sectores dominantes para ocultar la división de clases que para la hegemonía resulta tan indispensable. Por eso en Estados Unidos, el país más racista del mundo hoy en día, un negro puede llegar a ser millonario o incluso hasta presidente de los Estados Unidos.

La idea contemporánea del racismo como doctrina es promovida fundamentalmente por la obsesión supremacista de los imperios europeos que inundaron al continente africano con sus experimentaciones antropológicas que procuraban la legitimación de modelos raciales que ayudaran a sostener y hacer perdurar el modelo colonial que la modernidad comenzaba a desplazar con la naciente nueva concepción de los imperios capitalistas. Por eso la antropología misma es hoy objeto de cuestionamiento como herramienta cuyo propósito para muchos no es la investigación del género humano, como en principio se presenta, sino la utilización de los pobres como seres inferiores dignos de estudio, lo que a la larga tiende cada vez más a reafirmar la superioridad de la clase dominante sobre los dominados pero no desde un punto de vista racial sino clasista. En Suráfrica el apartheid pudo existir solo hasta que los imperios de la era colonial pudieron sostenerse y la idea de la supremacía étnica de los blancos se reveló como un gran mito.

En Estados Unidos, las balas que asesinan a los afroamericanos no lo hacen porque son negros sino porque son los sectores dominados. La policía simplemente está ejerciendo el rol del instrumento coercitivo del Estado burgués para perpetuar la dominación de la hegemonía sobre los desposeídos, que en esa nación son fundamentalmente la mayoría porque fueron la población importada por el esclavismo para construir el imperio que sus fundadores soñaron. La esclavitud, como el apartheid, fue siempre posible no por ser los negros minorías o por la sumisión o debilidad de la raza africana en modo alguno, sino porque las minorías blancas, los hegemones, poseían los medios de coerción, las armas, de las que nunca dispusieron los oprimidos, es decir; los pobres. Hoy sucede exactamente lo mismo.

Pero la rebelión está ahí. El detonante es la muerte de seres humanos cuyo verdadero y doloroso pecado no es ser negros sino ser pobres. El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, se lo advirtió claramente a Obama y al mundo entero en su discurso en la VII Cumbre de las Américas en Panamá, cuando le dijo: “La juventud de Estados Unidos quiere cambiar Estados Unidos, estoy seguro de eso. Si no el presidente Obama no hubiera sido presidente. Usted presidente Obama es presidente porque hay un sentimiento profundo de cambio y los Estados Unidos quiere dejar de ser imperio; hay dos Estados Unidos, el de Washington, el imperial, el de los lobbies y el Estados Unidos profundo que quiere paz, desarrollo y quiere que lo veamos y quiere que nos veamos como hermanos de ojos a ojos y le cantemos juntos y que andemos juntos la historia.”

Pero Obama, así como Samantha Power y todo su equipo de gobierno, son solo portavoces de una concepción hegemónica que no acepta la igualdad y la justicia social porque eso significaría para ellos subvertir el orden natural del universo. Un universo cruel en el que los niños ricos que ordenan asesinar a inocentes sin razón deben ser considerados héroes y los negros del barrio que luchan por su vida vulgares criminales.

@SoyAranguibel

La verdad de una mentira mil veces dicha

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 27 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”  Joseph Goebbels

Resulta común en cualquier tratado de historia política contemporánea o escuela de comunicación social en el mundo, aseverar categóricamente que la mentira fue el recurso por excelencia utilizado por el doctor Paul Joseph Goebbels, a quien la industria mediática occidental ha presentado por más de siete décadas como el más perverso y despiadado manipulador de masas desde su arribo al cargo de ministro de propaganda del Tercer Reich en la Alemania nazi hasta la caída del régimen en 1945.

Quien fuera considerado como uno de los mejores oradores de todos los tiempos (que pronunciara el famoso discurso “La guerra total” con el que Hitler emprendió la arremetida final de su régimen) ha sido acusado sistemáticamente de ser el autor de una supuesto decálogo cuya máxima filosófica es usualmente resumida en la expresión “Una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”.

Lo cierto es que Goebbels jamás escribió ni dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (subrayado nuestro) (1).

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al inefable personaje, no es sino el resumen que de manera arbitraria elaborara el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels”, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (2) A confesión de parte relevo de pruebas, se dice en derecho.

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que dicho profesor norteamericano se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels quien, como hombre sólidamente formado como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente máxima para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.”(3)

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst, también asesor de Adolph Hitler desde mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada una de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que veinte años después Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels.

De todo eso se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental. Algo que pone en evidencia al imperio norteamericano y a su poderosa red de corporaciones mediáticas, verdaderos cultores de la mentira, en su propósito de la desmovilización de los pueblos progresistas, soberanos e independientes del mundo.

La suerte (buena o mala, según se aprecie desde un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió en el tiempo con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo, no solo con los mismos medios sino también con Internet y las llamadas redes sociales.

Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad que había detrás de las insaciables ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias que él enfrentaba escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo.

Hoy, lamentablemente, esa verdad de un modelo imperialista que mediante la manipulación y la mentira pretende rendir a los pueblos del mundo presentándose como redentor de una democracia que en todas partes él mismo violenta, es una realidad absoluta e innegable.

@SoyAranguibel

(1) La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941.

(2) Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442

(3) http://ia600804.us.archive.org/4/items/Porpaganda/PropagandaedwardBernays1928.pdf

La falsa promesa de la tierra prometida

– Publicado en el Correo del Orinoco el 20 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El norte es una quimera, qué atrocidad, y dicen que allá se vive como un pachá” Luis Fragachán

Por lo general, la teoría política asume que la razón definitiva de los imperios es la sed de dominación de unas naciones sobre otras no solo por vía de la fuerza sino mediante el sometimiento religioso, cultural, económico o político. Por eso el expansionismo territorial ha sido siempre factor indispensable para la realización de cualquiera de las formas de imperialismo.

La misma tesis leninista que define al imperialismo como fase superior del capitalismo (la voraz expansión de los grandes consorcios hasta abarcar la totalidad de los mercados para someter y rendir las economías del mundo a sus particulares intereses económicos), termina por ser una aceptación de la propuesta que coloca al imperio como una entidad de poder supeditado principalmente a la necesidad imprescindible de la dominación territorial. Sin lo uno no es posible lo otro.

Pero el expansionismo resulta demasiado oneroso ya no solo por los costos de la estructura de ocupación sino por lo que representaría sufragar el desarrollo de las naciones bajo su control hegemónico. De ahí que su naturaleza sea eminentemente saqueadora. Y de ahí el repudio que obtienen siempre de los pueblos.

El imperio otomano, por ejemplo, que en la cúspide de su poder en el siglo XVII se extendía sobre más de cincuenta y cinco millones y medio de kilómetros cuadrados, ejercía su dominio sobre remotos territorios a los cuales, en muchos casos, les respetaba un alto grado de autonomía administrativa siempre y cuando ello no contraviniera la subordinación al imperio ni el tributo de impuestos que a este le debían. Lo económico era lo más importante, pero lo territorial era determinante por la fortaleza que aseguraba en la obtención de recursos naturales, fuerza laboral a bajo costo y capacidad de desmovilización enemiga en una vasta periferia.

Quienes argumentan la inevitabilidad de las rebeliones populares contra la dominación, debaten con quienes sostienen que la inviabilidad económica es lo que termina por hacer insostenible la inmensa carga financiera del imperio, así como con quienes afirman que su incapacidad para la actualización del conocimiento, la negación de la ciencia y la tecnología como instrumentos del desarrollo, sería la causa definitiva de su declive y posterior extinción.

En todo caso, el imperio más poderoso será aquel que controle de mejor manera todas esas variables bajo una misma premisa de orientación estrictamente hegemónica. Al decir de Gramsci, su sostenibilidad derivará de la ilusión de bienestar (desmovilización social) que a través de las herramientas del conocimiento (cultura, educación y religión) le imponga al pueblo el poderío fáctico del imperio.

Por eso el imperio norteamericano necesita una poderosa fachada de deslumbrante ilusionismo que contenga las aspiraciones emancipadoras del pueblo. Hollywood es la herramienta para el desarrollo intensivo de esa ilusión, cuyo propósito no es solo el de inhibir la naturaleza revolucionaria de las fuerzas sociales, sino el de reducir las barreras de soberanía de las naciones susceptibles de la dominación imperial.

Hoy en día todo aquel que sea presa del discurso alienante del imperio verá a los Estados Unidos como la tierra prometida y en función de eso orientará su aspiración de vida. El fomento de una cultura apátrida entre los pueblos de vocación nacionalista, procura la eliminación de esas barreras de soberanía que impiden el acceso expedito de las grandes corporaciones transnacionales a los países de economías emergentes, a la vez que tiende a acabar con la diversidad ideológica, religiosa, cultural y política que obstaculizan el avances de los imperios.

Los superhéroes son los dioses contemporáneos que con su encanto y destrezas todopoderosas rinden cada vez más a sus pies al mundo entero ya no como vetustas deidades envueltas en sábanas celestiales sino encantadores adonis enfundados en sugestivos trajes multicolores de titanio y grafeno templado. Los marines, como los ángeles, son los ayudantes de Dios en la salvación de aquellos que necesitan auxilio. Y los hijos de Dios en la tierra, cuya finalidad es traer a los mortales el mensaje de la buena nueva, están ahora en las listas de millonarios que año tras año la revista Forbes publica para dar a conocer los nombres de las figuras más poderosas del mundo capitalista.

El estilo de vida de los ricos y famosos se vende a través de las pantallas como el paraíso terrenal que solamente existe en los inexpugnables linderos del imperio norteamericano (el departamento de inmigración), al cual se puede acceder eventualmente si, y solo si, se cumple el mandato del buen comportamiento que las leyes sagradas (el comunismo como fruta prohibida) estipulan. Una franquicia internacional de televisión funge de purgatorio para alcanzar el cielo si se le responden quince preguntas a un arcángel (el moderador de “Who Want to be a millionaire”), con lo cual resultará siempre que, por culpa de su ignorancia, el pueblo no podrá ser jamás hijo de Dios, porque hijo de Dios no es cualquiera. Idea medular en el propósito desmovilizador que inoculan desde siempre en la mente de la gente el contenido mediático y la cultura occidental burguesa en general (“Rebelión en la granja”, es un claro ejemplo de esto).

En la vida real, el imperio es otra cosa. El designio profético que le otorga el atributo de la dominación del mundo no resuelve las inconsistencias ni los cabos sueltos que los imperios han terminado por temer siempre a lo largo de la historia. Ni la tesis del Destino Manifiesto ni la doctrina Monroe, como ningún otro postulado imperialista norteamericano, explican en qué radica la necesidad de erigir a los Estados Unidos en imperio. Se postulan en cada caso la causa de la libertad (en abstracto) como razón esencial del compromiso de lucha más allá de sus fronteras, así como la supuesta preservación de la seguridad nacional para ello. Pero en modo alguno se desarrolla desde el punto de vista filosófico o político por qué esa lucha debe librarse desde la condición imperial.

No se explica tampoco por qué, si los Estados Unidos es la tierra por excelencia de las oportunidades, la lista de millonarios más acaudalados de esa nación es la misma desde hace más de un cuarto de siglo. De ese grupo, solo uno, el dueño de la red social Facebook (cuyo salario anual es de cien mil millones de dólares), es menor de cuarenta años. El resto (al frente de los cuales se encuentra desde 1985 el magnate del software Bill Gates) promedia una edad de setenta y cinco años. Warren Buffett, con un patrimonio personal de 72.700 millones de dólares en su haber, celebrará este año sus primeros ochenta y cinco años de edad. A ese ritmo, incluyendo solamente a los 318.582.000 habitantes que constituyen la población norteamericana en la actualidad, habría que esperar cerca de 6.400 años para satisfacer la aspiración de cada uno de ellos a alcanzar ese privilegiado sitial.

En términos absolutos, la promesa de la supremacía no le sirve a la inmensa mayoría de los norteamericanos, quienes de acuerdo al informe para 2014 del Programa Mundial de la ONU para la Alimentación (FAO), padecen el hambre infantil más aguda del continente. Ni tampoco a los cientos de miles que sobreviven a la miseria amparados por deplorables programas de comida para indigentes, que rechazan la creciente e indetenible discriminación racial que día a día llena de luto a hogares humildes de ese país, o a los cientos de ellos que incrementan anualmente las cifras de renuncias a la nacionalidad estadounidense.

Tal es el caso de Quincy Davies, quien relataba en 2014 su experiencia en Taiwan luego de renunciar a su nacionalidad. “Cuando pienso lo que yo era como un hombre negro en Estados Unidos me doy cuenta que no tuve oportunidades”, dice. “A uno lo discriminan en Estados Unidos. Pero aquí (en Taiwán) la gente es muy amable, te invitan a su casa, son muy cálidos… No hay delito, no hay armas. No me queda más remedio que adorar este país”. (1)

La nueva realidad de un mundo contestatario que no cree ya en la falsa promesa de la tierra prometida, como vimos en la Cumbre de las Américas, ha comenzado a hacerle ver a ese imperio decadente que su final está cada vez más cerca.

(1) 20Minutos

@SoyAranguibel