La rendijita

– Publicado en Últimas Noticias el 13 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se revisa con detenimiento la convulsa realidad social en el mundo de hoy, se constata una realidad tan desalentadora que no hay posibilidad alguna de celebrar el logro de la humanidad del cual se jacta la mayoría de las veces el capitalismo para justificar la obscena riqueza de unos pocos frente a las atrocidades que a lo largo y ancho del planeta se padecen.

Solamente las hambrunas persistentes desde hace siglos en el África, que ocasionan todavía hoy cientos de miles de muertes al año, son ya de por sí un vergonzoso ejemplo de la calamidad que es tan siquiera el intento de la sobrevivencia para el ser humano.

La cada vez más alarmante cantidad de muertes que ocasionan las guerras desatadas contra millones de seres inocentes y desvalidos en nombre de la libertad y el “derecho a la vida”, resultan más un infernal castigo del cielo que ninguna redención o salvación de los pueblos.

Las decenas de muertes diarias en México, Colombia y Brasil a manos de la delincuencia organizada, que en la mayoría de los casos desborda la capacidad de los Estados para garantizar no solo la vida sino la seguridad de la propiedad y del orden público, revelan una descomposición social de proporciones demenciales jamás vista en la historia y eso no es menos vergonzante.

La pérdida de la calidad de vida en Europa, Norteamérica y el resto del mundo capitalista en general, son el anuncio del más tenebroso futuro para cientos de millones de personas y para toda su descendencia.

Pero en ninguna nación del mundo, ni por muy angustiantes y precarias que resulten sus condiciones de vida, se ha visto jamás el bochornoso e insensato entreguismo de un sector de la población gritándole al mundo su deseo de ser invadido por la fuerza letal de un ejército genocida como el de los Estados Unidos de Norteamérica, como lo pide hoy de manera demencial la oposición venezolana.

Desde todos los países cuya dolorosa historia ha estado marcada por el holocausto que significa una ocupación norteamericana se nos ve hoy con el más grande estupor e incredulidad, porque nadie puede entender que la insensatez pueda alcanzar tan alto grado de locura. Menos aún por una razón tan insignificante como que le suelten uno o dos presos, enjuiciados como están por las leyes de la república por conspiración e instigación al asesinato de más de cuatro decenas de venezolanos.

Por fortuna esos disociados y pitiyanquis no son sino una rendijita apenas, por donde el imperio podrá ver… pero no podrá pasar jamás. Porque Venezuela es y será siempre bolivariana, cuna de forjadores de patrias, no de entreguistas.

 

@SoyAranguibel

Una bestia recorre el mundo; el capitalismo

capitalismo bestia

SI QUEREMOS LAS PAZ CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO

Por Martín Guedez

El esfuerzo inédito por la paz del gobierno revolucionario merece la admiración y el respaldo de todas las personas de buena voluntad. Sin embargo resulta evidente la conexión entre el clima de violencia que se impone a la sociedad venezolana y los fines políticos inmediatos de quienes la están construyendo. No obstante, creo que esta pandemia de  violencia e inseguridad trasciende el momento político y posee unas causas más profundas e integrales.

Estamos persuadidos de que esta cosmovisión responde a las necesidades propias de un sistema económico, político y social que se nutre de la violencia. Estamos arribando a un punto culminante en la construcción consciente del principio de autodestrucción. Es la estructura del sistema la que propicia y necesita de este escenario general. Es la competitividad sin límites la que requiere de este clima erigido en principio.

La competitividad para tener más fortalece preponderantemente el crecimiento de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más capaz (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, es el triunfador. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona y se imponen los más fuertes. Estos “merecen” sobrevivir, pues dinamizan la economía. Los más débiles son peso muerto, por eso son, desincorporados o eliminados. Esa es la lógica feroz y terrible del sistema capitalista neoliberal. Con esa lógica en marcha quien no tiene, porque ha sido excluido, busca el tener a su aire y manera, por ejemplo, con una pistola colocada en la cabeza de quien posee lo que él desea y no tiene.

Esta competitividad feroz invadió prácticamente todos los espacios sociales: los lugares de trabajo, las universidades, las escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la competitividad tiene que ser agresiva. El que más produzca, el que más consuma, el que más cabezas pise, ese es el Jefe, ese es el que manda. No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos hasta la religión, desde las cremas adelgazantes hasta la cultura. Los espacios personales y sociales, que tienen valor pero que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se encuentran cada vez más arrinconados, como una especie exótica en vías de extinción. Sin embargo, estos son los lugares donde respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos hace anémicos y nos deshumaniza. El capitalismo es inhumano en esencia. El capitalismo es la mejor representación de Satanás.

En la medida en que prevalece sobre otros valores, la competitividad provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Cada quien lucha defendiéndose y atacando por su sobrevivencia. Ocurre que luego del derrocamiento del socialismo real, con la homogeneización del espacio económico de cuño capitalista, acompañada por la cultura política neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia fueron llevados el extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada. La potencia hegemónica, EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo el crimen  y las armas, para siempre triunfar sobre los demás. En unos pocos años hemos podido ver esta lógica criminal en plena acción tanto en Afganistán como en Iraq, Libia o Siria. Aplican el genocidio y la violencia generalizada en su ley, para lograr lo que desean…  Seguir leyendo “Una bestia recorre el mundo; el capitalismo”

Joel Sangronis: U.S.A contradictions

Imperialismo-Norteamericano-Nuevo-Orden-Mundial

Por: Joel Sangronis Padrón / http://www.rebelion.org/

Han usurpado el nombre de América sólo para si, a pesar de que exterminaron a casi todos los pobladores originales de esta tierra. A pesar de que su sistema electoral es el mas imperfecto, cuestionable, arcaico y antipopular de los que existen, gustan de llamarse a si mismo como “La Democracia” y como enemigos de la misma a cualquiera que se oponga a sus intereses imperiales.

Sus élites gobernantes y gruesas capas de su población hacen gala y ostentación de un puritanismo medieval pero a la vez este país produce casi el 80% de la pornografía que se consume en todo el mundo. Tiene los centros de investigación tecnológica más avanzados del orbe y algunas de las universidades más prestigiosas del mundo contemporáneo, pero a la vez en su sistema educativo se debate si debe enseñar o no en las escuelas la teoría de la selección natural de Darwin y según la National Assesment of Education sólo el 2.6% de las personas adultas puede escribir correctamente una carta y el 95% de sus estudiantes universitarios no pueden localizar a países como Irak, Vietnam o Bolivia en un mapamundi.

Su clase política y sus medios de transmisión masiva de información usan como propias palabras tales como “libertad”, “democracia”, “justicia”, e “igualdad” mientras que apoyan la opresión, la tortura, la rapiña y las guerras genocidas a lo largo y ancho del mundo. Se subrogan el derecho a certificar o no certificar la actuación de cada país en la lucha contra el tráfico de drogas pero dentro de su territorio se siembra y cosecha más de la tercera parte de la marihuana del mundo y se consumen cerca de la mitad de las drogas ilegales que se producen en el planeta. Su presidente da el ejemplo de esta lucha drogándose con alcohol en plenas olimpíadas de Beijing. Declaran la guerra al terrorismo mundial pero se reservan el derecho a utilizar el terrorismo de estado en donde y como ellos decidan: bombardeando fábricas de medicamentos en Sudán, fiestas matrimoniales en Afganistán, utilizando bombas de racimo, fósforo blanco, uranio y napalm contra la población civil de Irak, reduciendo a cenizas a más de 3000 seres humanos en el barrio El Chorrillo en Panamá y bombardeando por meses a la población civil de Yugoslavia. Su aparato publicitario ha declarado, juzgado y sentenciado a Ben Laden, Raúl Reyes, Nelson Mandela, Yasser Arafat, y los Cinco Héroes cubanos como terroristas mundiales, pero su poder ejecutivo y su sistema judicial cobija y protege a terroristas verdaderos como Luís Posada Carriles y Oliver North.

Se ufanan de sus atletas olímpicos y han hecho de sus estrellas deportivas imágenes de culto en todo el mundo, pero a la vez es la sociedad con más personas obesas y con problemas cardiovasculares de la tierra.

Se autodenominan como la “tierra de la libertad”, pero su población carcelaria es de más de dos millones de personas, pertenecientes en una abrumadora mayoría a las franjas más pobres de esa sociedad y a grupos minoritarios como afroamericanos, latinos e inmigrantes de todo tipo.

Gastan en seguridad carcelaria (nunca en reeducación, en la que no creen) más de 25.000 dólares anuales por preso, es decir, tanto como lo asignado a cada estudiante universitario. La cárcel y demás penas son vistas por la sociedad estadounidense como formas de castigo y no como instrumentos de readaptación social, lo que explica la casi unánime aprobación que la pena de muerte posee allí. La construcción, administración y mantenimiento de la gigantesca red de cárceles necesarias para recluir a esta colosal masa de presidiarios es manejada casi en exclusividad por compañías privadas en las que el estado usamericano ha delegado esa función a cambio de contraprestaciones multimillonarias.

Su sistema judicial, por décadas promocionado en todo el mundo como paradigma de la justicia, la imparcialidad y la moralidad, ha mostrado en los últimos años, con casos como los de O.J Simpson, la libertad bajo palabra de Posada Carriles, la quiebra fraudulenta de la Enron y los risibles casos que cada año son premiados con los premios Stella (casos de ladrones de carros que demandan a quienes robaron por fallas en los frenos del vehículo robado, o amigos que demandan a anfitriones porque borrachos en una fiesta en casa de estos últimos se cayeron y rompieron una mano), la verdadera cara de un sistema judicial clasista y esquizofrénico, condicionado por los medios de comunicación, por el poder ejecutivo y por el poder económico de esa sociedad. Producen más trigo, hortalizas, maíz y leche que ningún otro país del mundo, pero la mayoría de su población sólo consume hamburguesas, pizzas, pollo y papas fritas y bebidas azucaradas.

Sus economistas e ideólogos del FMI y El Banco Mundial crearon, a principios de los años noventa, el conjunto de planes de ajustes macroeconómicos, libre mercado y austeridad fiscal conocido como “Consenso de Washington”, impuesto a la mayoría de los gobiernos del mundo menos al de…¡¡Washington!!, tal y como acaba de quedar demostrado con el atraco a mano armada que sus banqueros y poder ejecutivo acaban de hacer al pueblo trabajador estadounidense con el manejo del paquete de ayuda federal al quebrado sistema bancario de ese país.

Es la cuna y asiento actual del gran capitalismo imperial globalizado, con sombríos personajes de una ideología que mezcla… Seguir leyendo “Joel Sangronis: U.S.A contradictions”

Eduardo Galeano: El imperio del consumo

bandera consumo

En virtud de la indiscutible vigencia del tema del consumismo desenfrenado como factor determinante en la actual coyuntura económica venezolana, retomamos este esclarecido y revelador artículo de Eduardo Galeano publicado en abril del año 2005.

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales.Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas… Seguir leyendo “Eduardo Galeano: El imperio del consumo”