Nicolás Maduro… ¡Por la grandeza de la Patria!

Yldefonso Finol: Venezuela 20 de mayo 2018: la razón histórica

Por: Yldefonso Finol

Cuando el domingo 20 de mayo el pueblo venezolano vote masivamente y elija a Nicolás Maduro para su segundo mandato presidencial, se habrá producido un acto de rebelión bolivariana contra la intervención extranjera y la arrogancia imperialista.

Debe saber el mundo que el pueblo chavista es quien más sufre la crisis que vivimos. Nosotros padecemos tres veces los graves problemas que aquejan a Venezuela: como asalariados, la mayoría chavista cargamos con el peso de la hiperinflación y la carestía; tenemos que combatir contra el enemigo externo como contra quienes no quieren a la patria, y peor aún, aquellos que disfrazados de revolucionarios se han enriquecido robando dineros de la nación, o medran entre la burocracia ineficiente e indolente. Dolor material y moral. No hemos luchado tanto para que tipos como Luisa Ortega y Rafael Ramírez –y otros muchos roedores en evidencia o entaparados- vivan en el extranjero como magnates. Tampoco para que el país esté tan fregado.

Contra todo eso votaremos el próximo domingo: contra la impertinencia del “Cartel de Lima”, pandilla de mandaderos del patrón gringo; contra la injerencia depravada del imperialismo con sus tentáculos visibles e invisibles; contra la grotesca manipulación monetaria que ha destruido nuestra moneda, los raspacupos, cadivistas, comisionistas, banqueros, corruptos, matraqueros; contra todo cuanto ofenda la ética a que estamos obligados los bolivarianos. Porque ante los desmanes de la elite corrupta que recién se va “descubriendo”, muchos fuimos marginados o estigmatizados por haber hecho las críticas oportunamente, o por no ser del agrado de enseñoreados entornos adulantes.

II

La militancia chavista conocemos perfectamente la difícil situación del país y sabemos concienzudamente sus causas. Nadie crea que logra engañarnos. Ni el discurso de algunos oportunistas “gobierneros” de que “don’t worry, be happy”; ni los augurios apocalípticos que a diario bombardea la mediática transnacional antibolivariana.

Hay claridad más allá de las limitaciones. Puede fallar la electricidad, pero no la luz que emerge como flama liberadora desde las cavernas de nuestra historia. Escasean víveres que una imposición consumista convirtió en necesidades, pero nunca falta el huerto solidario que heredamos de los amores más puros. Desconfiamos de la burocracia a la vez que requerimos lo mejor de servidores públicos comprometidos. Nunca renunciamos al derecho de exigir lo justo y cuestionar lo desacertado. Luchamos por el buen vivir, y nos mueve el deseo del bien común. Es el rango de nuestro socialismo.

III

Cuando el domingo 20 de mayo de 2018 vayamos a votar por la tarjeta más roja que lleve el rostro de Nicolás Maduro, seguro estaremos votando contra todo lo que representa nuestro principal y más peligroso adversario: Donald Trump.

Votaremos por la dignidad mancillada de México, a cuyos ciudadanos llaman “violadores”, los deportan en masa y les hacen un muro para tildarlos de indeseables. Votaremos por el México de Villa y Zapata, contra estos mequetrefes de hoy que lo arrodillan al “pinche gringo”; para que renazcan 43 jóvenes y no masacren decenas de periodistas. Para que se acabe la “ley de Herodes”.

Sufragaremos en forma democrática, segura y tecnificada, contra los que mataron a Sucre y atentaron contra Bolívar aquella noche septembrina; estos mismos que ansían vernos de rodillas y parecen no conocernos estando allí tan cerca. Recuerden algo malos vecinos, cuando vuestro acomplejado leguleyo dijo “hasta este riachuelo no más”, nuestro Libertador apenas afilaba su espada para tallar tras sobre las cimas del universo, un nuevo mundo.

Marcaremos votos como claveles rojos para Berta Cáceres, contra los cobardes asesinos criados en bases militares gringas. Nuestro voto es un grito de protesta contra todo patriarcado, todo machismo, toda traición de la hermandad del hombre. Votamos por Milagros Sala haciendo una casa común para los desterrados, por Santiago Maldonado rescatando territorio del mapuche originario invencible.

El chavismo vota contra el genocidio en Palestina invadida por un engendro imperialista, cuya fuente de poder es estar sustentado por el capital financiero global. Votamos contra todo apartheid, racismo, fascismo, nazismo, sionismo, capitalismo. Votaremos para seguir aupando patrias saharauis y boricuas; sufragio que reivindica la utopía de una mejor humanidad.

IV

Es nuestro voto un canto para alimentar la lucha que tenemos por delante. No es un domingo para el reposo, sino una carga de energía para la batalla al despertar. Los enemigos de nuestros sueños chillarán su maledicencia previsible. Nosotros tornaremos al hogar, a la modesta mesa, con la calma del vencedor que sabe que cada combate es sólo una mínima jornada en la causa constante e inmortal de sembrar futuro.

Somos conscientes que nuestra victoria se construye con días de entrega colectiva, no con furias ni arrebatos charlatanes, sino con paciente ternura, audaz tenacidad. Seremos manos trenzadas en tricolor cadena de amaneceres; el almanaque que suma vidas sin tiempo, esperas sin cansancio, edades sin renuncia.

Ritual incomprensible para momios. Las nuestras son victorias magnánimas. Nada de venganzas, nada de vetustos enconos. Tenemos mucho por hacer: todo cuanto soñaron –y aún no lograron- los mejores hijos de la humanidad.

V

Por eso votamos por el rojo más rojo del pentagrama electoral. Porque somos incorregiblemente rojos como la victoria roja contra el nazismo, como los rojos poemas del rojo poeta Neruda, o Alberti, o Dalton, o Machado, o Nazoa, o Valera Mora, o Guillén, o Gelman, como todos los mejores poetas que son rojos todos sin excepción; rojos como el canto de los rojos cantores, nuestro Alí Primera, nuestro Víctor Jara, nuestro Biglietti, nuestro Silvio Rodríguez, nuestra Gloria Martín, nuestra Lilia Vera, nuestra Yolandita Delgado; rojas canciones que nos alumbran los Techos de Cartón, que nos llaman A Desalambrar, que nos hicieron Asaltantes del Poder, que nos convocan a la perseverancia eterna.

Para lo que nos requiera la revolución en cualquier circunstancia, votaremos con los bolsillos vacíos, sin prebendas indignas, sin ofertas electoreras, sin “dando y dando”, con renuencia a las promesas, con renuncia de expectativas personales, con un cheque en blanco a la vida, sin condiciones ni más garantías que las que emanan de nuestras propias convicciones, votaremos por la inmarcesible gloria del ejército emancipador que aún lidera El Libertador Simón Bolívar.

No necesitamos más justificación que estar del lado correcto de la historia: contra el imperialismo siempre; siempre con el pueblo trabajador.

yldefonso-FINOL

Yldefonso Finol

Arrogante pretensión de poder

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema de fondo en Venezuela no es económico sino social. Que una clase social se considere superior al resto de la población es una horrible expresión de arrogancia (que inevitablemente deviene en intolerancia) de la que derivan todos los demás percances, entre ellos el económico, y que impide superar cualquier situación difícil por la que atraviese el país.

Esa clase que se cree superior es la que eleva los precios como le da la gana porque es dueña de los más importantes canales de importación, de distribución y de comercialización de la mayoría de los productos que se expenden en el mercado venezolano, toda vez que, en virtud de ese repugnante supremacismo, no le importa en lo más mínimo el sufrimiento que su avaricia y su prepotencia le ocasionan al pueblo.

Por esa razón se considera con derecho a tomar el control del Estado y a manejar a su antojo la economía y los recursos del país, sin haber ni siquiera participado en una elección.

El argumento de su supuesta “mayoría” (jamás probada en las movilizaciones de calle, en las asambleas populares, o en las elecciones) no es sino un pretexto para tratar de hacer válida esa pretensión de poder que tanto le mortifica desde que las venezolanas y los venezolanos de a pie decidieron ser gobierno.

Nunca ha sido verdad esa mayoría de la que se jacta esa clase pudiente y por eso ha rehuido a medirse en la elección del próximo domingo. Su propuesta de la “abstención” no es sino un intento por adueñarse de las cifras normales de apatía que hay en todo proceso electoral, para colocarlas impúdicamente como votos a su favor y fabricar así, unidas esas cifras a los votos de los candidatos de la derecha, la mayoría que nunca ha tenido.

La estrategia “tenaza” con la que esa derecha prepotente persigue robarles la democracia a los venezolanos (la de una mayoría artificial que no se apoya en la verdadera voluntad del pueblo) no prosperará porque la Constitución y las leyes se lo impiden y porque el río humano que saldrá este domingo a defender con su voto la integridad y la soberanía de la Patria será la más grande y entusiasta movilización popular jamás vista en nuestra historia.

Contra esa arrogante y perversa trampa de los ricos, Venezuela votará masivamente por Nicolás Maduro Moros.

 

@SoyAranguibel

Maduro: la importancia de un voto poderoso

Por: Alberto Aranguibel B.

Es el canto universal cadena que hará triunfar el derecho de vivir en paz
Victor Jara

Si algo les resulta insondable y difícil de determinar a las encuestadoras de opinión, son las razones particulares en la orientación del voto de los electores de manera individual. Establecer la intencionalidad de un universo dado solo es posible a partir de una percepción más o menos uniforme entre la población, obtenida mediante el uso de cuestionarios llevados a cabo por especialistas en opinión pública, que, aun cuando logren alcanzar niveles razonables de probabilidad, no llegan jamás a desentrañar las motivaciones profundas de cada uno de los encuestados, sino, cuando mucho, una tendencia aceptable.

La diferencia (a veces abismal) entre un estudio de opinión y otro, está determinada exactamente por esa razón. Por muy honesta y profesional que sea la encuestadora, son muchas las variables que definirán a la larga el resultado de cada sondeo, y que condicionarán, por supuesto, el criterio de los analistas más allá de lo que diga el elector o la electora. La definición del universo poblacional, el establecimiento del tamaño de la muestra y la unidad estadística para el análisis, la planificación del trabajo de campo, quiénes lo hacen, quiénes supervisan, quiénes y cómo tabulan, quiénes rinden el informe final. Todo, absolutamente todo, introduce elementos subjetivos que pueden influir o alterar la consulta, quiérase o no, en un sentido o en otro, porque la intención de voto no es producto de una condición física inmanente del ser humano, sino una expresión de las percepciones de cada quien, de acuerdo a motivaciones particulares, según la diversidad y diferencia de los factores que las desencadenen.

Por eso es razonable suponer que existen diversas motivaciones para el voto, mucho más allá de la simple preferencia o inclinación hacia uno u otro candidato.

En una sociedad despolitizada, el voto está movido principalmente por la necesidad de vivir mejor. En eso en el ámbito del capitalismo el llamado “voto castigo” suele ser la modalidad más recurrida, toda vez que bajo la lógica del libre desempeño del capital los gobiernos no resuelven jamás el problema de la pobreza y la desigualdad social, porque no está en su naturaleza neoliberal ni siquiera el intentar resolverlo.

Pero en una sociedad politizada, como la venezolana, el voto tiene muchas otras connotaciones y valoraciones, más referidas a la sustentabilidad y viabilidad real de las propuestas políticas, en lo cual hay cada vez menos cabida a la seducción de la demagogia y las ofertas engañosas. De ahí que la encuesta va cobrando progresivamente un papel de actor político, en la medida en que, antes que proveer una información al elector, procura inducir el voto de éste. Es decir que, frente al fracaso del demagógico relato de campaña, termina por sustituir el rol del panfleto político de aquellos sectores carentes de propuestas o proyectos creíbles.

Por su condición de empresas privadas que venden su trabajo al mejor postor, las encuestadoras no incorporan en sus procesos mecanismos externos de constatabilidad y aseguramiento de la pulcritud e idoneidad de la información que procesan, y mucho menos de la que entregan a sus clientes. Como, por ejemplo, un registro, unas máquinas y un software auditados, un conjunto de testigos que representen a los distintos actores políticos, observaduría internacional calificada, etc., lo que hace de las encuestas un trabajo independiente sin poder vinculante alguno.

Por eso en un sistema democrático, como el que hoy rige en Venezuela, la única encuesta veraz, precisa, e irrefutable, es el voto. A través de un sistema altamente tecnificado, de confiabilidad perfectamente asegurada, diseñado para reducir al mínimo la natural aprehensión y las posibilidades de confusión del elector a la hora de ejercer su sagrado derecho al voto, las venezolanas y los venezolanos disponen hoy de una posibilidad extraordinaria de participación como no la hay en ninguna otra parte del mundo con tales características.

Quienes desde el exterior se suman a la campaña de difamaciones de la derecha contra el avanzado sistema electoral venezolano, solo expresan el comprensible desconocimiento que tiene la opinión pública internacional acerca de esas características. Precisamente porque nuestro sistema es único, en términos de sus múltiples atributos y sus fortalezas, lo que convierte hoy por hoy a nuestra democracia en una de las más atacadas, siendo que en realidad es una de las más transparentes del mundo.

El voto no es en la Venezuela revolucionaria el desesperanzador boleto hacia la incertidumbre y a la nada que es en el inhumano modelo capitalista. En Venezuela, a diferencia de lo que ocurre en la sociedad capitalista, el voto representa el poder verdadero de un pueblo activado en permanente batalla por el bienestar colectivo, erigido por fuerza propia en barrera impenetrable contra la voracidad imperialista que persigue derruir nuestra soberanía para adueñarse de nuestras riquezas y reinstaurar en nuestro suelo el reino del hambre, la exclusión y la miseria que reinó aquí en el pasado cuartorepublicano.

La razón de ser de la llamada “alternabilidad” en el modelo capitalista (en el que no se alterna de ninguna manera el modelo económico sino el funcionario de turno, cuando mucho), es hacerle creer al elector que su voto está sirviendo para impulsar transformaciones cuando en realidad es todo lo contrario. En el capitalismo el voto solo sirve para perpetuar el modelo de la explotación, de la injusticia y la desigualdad social, y de la acumulación de la riqueza en pocas manos.

En el pasado, esa alternabilidad sirvió en Venezuela para la legitimación sistemática de gobiernos incapaces, que sumieron al país en la más dolorosa y cruel miseria mientras los ricos se jactaban cada vez más del crecimiento de sus mal habidas fortunas, birladas al erario nacional a través de los subsidios y las comisiones ilegales que el modelo neoliberal ordenaba otorgar a la empresa privada sin tomar jamás en consideración al pueblo.

En la Revolución Bolivariana, el voto adquiere un carácter constituyente porque sirve para la refundación de la Patria bajo la égida de un proyecto de país en el que el ser humano es actor fundamental de la transformación que se impulsa desde el Gobierno, y que se consolida paso a paso desde el Poder Popular que va gestándose en las comunidades a medida que avanza el proyecto revolucionario.

En la Venezuela de hoy, el voto es una herramienta de participación política cada vez más consciente y comprometida, mediante la cual el pueblo ha conquistado los más valiosos logros alcanzados por el país en la búsqueda de su propio bienestar.

Con esa poderosa herramienta, el pueblo ha activado el más singular proceso de emancipación social en nuestro continente desde los tiempos de las luchas independentistas, que con sus fallas y reveses (perfectamente lógicas en todo proceso de verdadera transformación) ha demostrado sin embargo la mayor tenacidad de gobierno alguno en la historia para atender las necesidades de las venezolanas y los venezolanos sin distingos de ninguna clase.

Ha asegurado la paz y la tranquilidad del país, demostrándole al mundo, a través del hecho electoral, que repudia la violencia que la derecha neoliberal propone, salvando al país de la tragedia de una pavorosa guerra entre hermanos que solo favorecería a los insaciables halcones del imperio.

Ha garantizado la sostenibilidad de un proyecto inclusivo, de más de 39 misiones y grandes misiones con las cuales se ha saldado en gran medida la inmensa deuda social acumulada por décadas de desidia puntofijista, y que no tendría posibilidad alguna de existir bajo un gobierno de orientación neoliberal como el que hoy esos mismos sectores de la derecha proponen.

En definitiva, a lo largo de la Revolución Bolivariana el voto ha servido para imprimirle la mayor legitimidad popular de nuestra historia a líderes verdaderamente consustanciados y comprometidos con las necesidades del pueblo, a quienes les ha entregado la responsabilidad de defender la soberanía y la independencia hasta con su vida si fuera necesario.

Este domingo 20 de mayo esa responsabilidad le será entregada de nuevo al presidente Nicolás Maduro Moros, porque en él, gracias a su don de gente buena y honesta, su tenacidad, su valentía, y su extraordinaria capacidad de trabajo por el pueblo, ese inmenso poder que tiene el voto de cada venezolana y cada venezolano no se perderá jamás, sino que estará siempre destinado a engrandecer cada vez más a la Patria.

@SoyAranguibel    

Condiciones electorales

Por: Alberto Aranguibel B.

“¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”
Bolívar / Discurso de Angostura

En la controversial entrevista que le hiciera Lisa Howard a Fidel Castro en febrero de 1964, en La Habana, el líder de la Revolución Cubana sorprende al mundo con una actitud reflexiva y mesurada que difiere enormemente de la imagen salvaje que los medios habían creado de él desde antes de su llegada al poder en 1959, y que se había acentuado durante la llamada “crisis de los misiles”, en la que Cuba y los EEUU estuvieron a punto de protagonizar lo que muchos pronosticaban como el inicio de la tercera guerra mundial.

Ahí la ex actriz norteamericana interpela a Fidel con la insistente pregunta de “si estaría dispuesto a introducir cambios en la Revolución para reinstaurar la democracia en la isla”. Fidel, con su proverbial afabilidad y en un inglés precario que usaba más por cortesía con la periodista que por ninguna otra razón, le responde que “las naciones tienen distintas condiciones, y las diferentes condiciones suponen distintas vías hacia el progreso […] Lo que creo sinceramente es que el mejor principio, un principio internacional, es que la paz mundial estará garantizada cuando nadie trate de introducir una política en otra nación […]  Ustedes tienen una manera de pensar, nosotros tenemos otra. Ustedes tienen una idea de la democracia, nosotros tenemos la nuestra. Podría hablarle del desempleo en los EEUU, del racismo, de los negros de los estados del sur. No se le puede hablar de democracia a mucha gente en los EEUU. Para ellos la democracia es una formalidad. Ustedes tienen solo dos partidos, controlados ambos por la oligarquía, y a eso le llaman democracia. En la antigua Atenas hablaban de democracia y había miles de esclavos. Estados Unidos tiene muchos intereses en el mundo. En América Latina y en el resto del mundo sus compañías hacen trabajar muy duro a millones que carecen de derechos, no tienen nivel de vida, educación, asistencia médica. No es fácil, pero un día ustedes entenderán nuestra idea de la democracia.”

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Cuando la periodista insiste en tratar de arrinconar al líder cubano con el argumento de la supuesta aspiración de los contrarrevolucionarios a que la Revolución retomara los principios de una “revolución democrática”, Fidel es tajante: “Cuando ellos dicen “revolución democrática” quieren decir “revolución capitalista”, “revolución de libre empresa”, influencia en Cuba de los monopolios. Piensan en sus intereses de clase, no en los obreros, en los campesinos, en los negros, en los estudiantes, en los intelectuales. Piensan en su interés material. Es a eso a lo que llaman democracia. Batista decía que él era democrático. Todos los ricos, los latifundistas, hablaban de democracia. Pero, Lincoln dijo que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. La Revolución Cubana es el gobierno que toma el poder con el pueblo para tomar medidas para el pueblo. Todas las medidas que tomamos son para el pueblo; un millón de cubanos no sabía leer ni escribir, ahora saben. Todo el mundo en Cuba tiene la educación garantizada. Todo el mundo tiene empleo asegurado. Falta mucho por hacer, pero en cinco años hemos hecho mucho y el pueblo lo siente.

La reflexión de Fidel en aquel momento ayuda a comprender lo que sucede hoy en los escenarios políticos que el neoliberalismo ha tomado por asalto para desatar su guerra de descalificaciones e infamias contra el Gobierno revolucionario de Venezuela, al que acusa de estar promoviendo una “elección antidemocrática” con su llamado al pueblo a votar el próximo 20 de mayo para elegir presidente de la República, aduciendo que no existen condiciones para tal elección.

Para el neoliberalismo, “democrática” será la elección que tendrá lugar en México este mismo año, así como lo será la inminente elección a llevarse a cabo en Colombia. Pero no la venezolana.

No tiene la menor relevancia para la derecha internacional que solamente en lo que va de año en México hayan sido asesinados más de 57 alcaldes, y que la desaparición y el exterminio de estudiantes y de periodistas sea ya una forma normal de vida en esa nación sin que el Gobierno de ultraderecha se pronuncie siquiera al respecto.

No significa nada, ni tiene ninguna importancia, que en Colombia hayan sido asesinados más de ciento cincuenta líderes campesinos y luchadores sociales en los últimos seis meses apenas, sin contar la dolorosa tragedia que representa la más alta cifra de desplazados en el continente y la segunda en el mundo, producto del hambre y la miseria tan espantosa que padece el pueblo de esa hermana república.

Como tampoco le preocupa en lo más mínimo que en Brasil el voto de cincuenta millones de brasileños sea desconocido en una conspiración leguleya que saca del poder a la presidenta electa democráticamente, y que el líder con mayor respaldo popular en la historia de la nación sea encarcelado sin pruebas solo para impedir su triunfo electoral.

Es “democrática” la elección de segundo grado en Estados Unidos, donde el voto del pueblo es desconocido para favorecer con la presidencia a quien obtiene el arbitrario y sesgado voto de los delegados del partido, así haya alcanzado millones de votos menos que su contrincante.

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Las condiciones que exige hoy la derecha nacional e internacional para aceptar la elección presidencial venezolana, son, como decía Fidel en 1964, aquellas donde el neoliberalismo considere que sus privilegios de clase están completamente asegurados.

Algo así como que ningún líder de la Revolución Bolivariana, empezando por el presidente de la república, pueda ser candidato. Para esa derecha reaccionaria esa sería la condición perfecta.

Que la elección se realice con el método de las primarias de la oposición, en las que no existen ni registro electoral, ni auditorías, ni cuadernos electorales, ni mecanismos para evitar el voto múltiple por parte de un mismo elector, y donde la totalización la hacen a su antojo los militantes de los partidos de la oposición con sus celulares. De no ser así, el método de las elecciones colombianas, en las que las papeletas se van fotocopiando a conveniencia de los activistas políticos de la mesa electoral, sería mucho mejor.

Que el elector haga saber a los jefes de la oposición en la mesa electoral por quién pretende votar, a fin de anularlo en caso de ser por algún chavista, para garantizar que la revolución no haga “fraude” sacando más votos que la oposición. La oposición ha establecido que el chavismo no existe, sino que es una “turbamulta de marginales resentidos que son obligados a votar”.

Que solo aquellos candidatos que sean reconocidos por el Departamento de Estado norteamericano y por el Secretario General de la OEA como los legítimos representantes del pueblo, sean quienes tengan derecho a optar por el cargo de presidente. A tal efecto, deberá suspenderse la observación y acompañamiento electoral de cualquier otro organismo internacional, empezando por instituciones como el Centro Carter, por ejemplo.

Más allá de la caricatura (nada distante, en verdad, de la lógica opositora), lo cierto es que la oposición no puede explicar cuáles son sus “objeciones” al avanzado sistema electoral venezolano, simplemente porque su concepto de la democracia es incompatible con la aspiración de los pueblos a conquistar su bienestar y su independencia.

Una derecha alienada y sumisa a los intereses del imperio norteamericano, no podrá congeniar jamás con los principios de una verdadera democracia, porque la noción que tienen del poder los imperios no tiene nada que ver con derecho humano alguno.

Su reclamo por “condiciones electorales justas” no es, pues, sino una farsa más, en la que la oposición asume la defensa de quienes solo persiguen saquear nuestra economía, nuestros recursos, nuestras posibilidades, y exterminar nuestra independencia.

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La condición a la que se compromete hoy el presidente obrero Nicolás Maduro, en la más estricta lógica del comandante Hugo Chávez, es la de asegurar que haya elecciones universales, directas y secretas, para que el pueblo pueda expresarse libre y democráticamente, y que no sean ni la violencia ni las agresiones externas las que determinen el rumbo de la Patria.

La condición de resguardar el derecho de las venezolanas y los venezolanos a ejercer el voto sin coacción ni amenazas de ningún tipo, sino más bien contando siempre con el apoyo pleno del Estado para que cada jornada electoral transcurra en paz y con el mayor grado de civismo.

La de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las Leyes en la defensa y preservación del modelo participativo y protagónico conquistado por el pueblo venezolano gracias al talante profundamente humanista de la Revolución Bolivariana.

Esas son las condiciones electorales del pueblo.

@SoyAranguibel

Democracia: la amenaza inusual y extraordinaria

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de tanto batallar para impedir que en Venezuela cristalizara un modelo económico y político orientado hacia la justicia social, los Estados Unidos se enfrentan hoy a una coyuntura crucial en la historia política de nuestro continente.

Las elecciones presidenciales previstas para este mismo año en Colombia, México y Brasil, tres de las naciones más importantes en la visión geoestratégica del gigante del norte y su lógica de la dominación, y ahora las de Venezuela, decretadas por la Asamblea Nacional Constituyente para antes de finalizar el primer cuatrimestre, apuntan a un escenario de severo revés para las pretensiones de retomar el control de Latinoamérica mediante la imposición de serviles gobiernos de derecha que le permitan relanzar el fracasado proyecto del ALCA en la región.

Por vía de procesos eleccionarios perfectamente democráticos, los movimientos sociales que desde hace décadas han levantado su voz en nuestra América para expresar su repudio a las pretensiones neocoloniales de los EEUU avanzan cada vez con mayor vigor y aliento, incluso en países donde hasta hace muy poco era impensable tal surgimiento del poder popular como fuerza electoral mayoritaria.

En Colombia, por ejemplo, donde a través de la historia la derecha se enquistó en el poder mediante el asesinato sistemático de los liderazgos sociales que irrumpieron en la vida política de esa nación con propuestas de profundo arraigo popular (Jorge Eliecer Gaitán, Luis Carlos Galán, y miles de dirigentes más), aparecen hoy candidatos progresistas, como Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Clara López, Rodrigo Londoño, y Piedad Córdoba, entre otros, que encarnan esas mismas ideas por las cuales el pueblo colombiano ha clamado durante siglos de pobreza extrema, de hambre y de padecimientos que le han llevado a convertirse en la segunda población de desplazados del mundo, después de Siria.

Cualquiera de esos candidatos podría alcanzar en mayo de este año la primera magistratura de ese país, incluso sin necesidad de ir a segunda vuelta, dado el desprestigio y el exiguo respaldo popular de los candidatos de la derecha.

Por primera vez en casi un tercio de siglo la izquierda colombiana tiene la posibilidad de presentarse a un proceso eleccionario de manera libre y democrática, gracias a la intensa jornada que significó el Diálogo de Paz en la extinción de la guerra que enfrentó durante más de 50 años a esa nación.

Los colombianos han esperado una oportunidad como esa desde hace mucho tiempo. Más de doscientas mil vidas se perdieron en el intento de hacer valer las ideas de justicia e igualdad social por las que ese pueblo clamó desde siempre. Esa sola estadística debiera ser un campanazo de alerta para la derecha en ese país y en particular para el Departamento de Estado norteamericano.

En México, para los sectores aliados del imperio que desde siempre han sucumbido al entreguismo vendepatria, el panorama no es menos desalentador.

Jamás, desde los tiempos de la Revolución, hace más de un siglo, un presidente de los EEUU fue tan repudiado por los mexicanos como lo es el “presidente amigo” del actual mandatario de ese país, Enrique Peña Nieto.

Nadie ha despreciado e insultado el gentilicio mexicano en la forma tan insolente en que lo ha hecho Donald Trump, y ningún mandatario mexicano había sido tan arrastrado y permisivo con esas ofensas como Peña Nieto, quien, además del largo expediente de corrupción en el que está incurso, tiene en su haber la gestión de gobierno con más crímenes contra dirigentes sociales y violaciones a los derechos humanos que ha habido en ese país.

Andrés López Obrador, a quién le han sido robadas las elecciones en más de una ocasión por un sistema electoral atrasado, que no ofrece ni la más mínima garantía de confiabilidad ni transparencia, es hoy el candidato con mayor opción para la elección del próximo mes de julio, frente a candidatos de la derecha signados por la mediocridad y la falta de arraigo popular.

¿Apelará también la oligarquía mexicana al viejo expediente del magnicidio, tal como lo hicieron ya en 1994 con Luis Donaldo Colosio para tratar de contener el avance de las luchas populares que, al igual que López Obrador, aquel líder encarnaba?

¿O recurrirán al formato del juicio amañado tan en boga en el mundo capitalista para sacarlo del juego como pretenden hacer contra Luiz Inácio Lula da Silva los mismos poderes dominantes de la derecha corrupta que hoy gobierna en Brasil y que creen que de esa manera contendrán el avance de millones de hombres y mujeres que padecen cada vez más las inclementes políticas neoliberales que esos sectores imponen por encima del clamor mayoritario del pueblo en función de la democracia participativa y protagónica a la que ese pueblo aspira?

En Venezuela, frente al bochornoso desplome de la derecha y el indetenible avance de las fuerzas chavistas en los últimos procesos electorales llevados a cabo en el país, la reelección del Presidente Nicolás Maduro pareciera ser más un inminente e inevitable acto de ratificación revolucionaria que ninguna otra cosa.

Maduro, el más duro hueso de roer para el imperio a lo largo de todo su mandato, aparece hoy como uno de los estadistas más completos y de mayor estatura política en la región, precisamente por haber logrado derrotar con el apoyo mayoritario del pueblo la más feroz y criminal campaña de agresiones contra el país, a pesar del sufrimiento que esas campañas han desatado especialmente entre los pobres.

Si a todo ese revelador escenario se le suman las deplorables valoraciones que tienen hoy los presidentes latinoamericanos en los que la derecha cifró sus mayores esperanzas de resurgimiento en el Continente hace apenas meses, empezando por Michel Themer y su vergonzoso 6% de aprobación en Brasil, o por el mismísimo “perro echado” Pedro Pablo Kucshinsky, al borde del impeachment a menos de un año en la presidencia del Perú y, por supuesto, sin dejar por fuera la indetenible caída de popularidad de Mauricio Macri, en Argentina, ganada a punta de despidos masivos de trabajadores, a represión y violación constante de derechos humanos y a la elevación desmedida de tarifas en los servicios públicos, encontraremos que esa guerra contra el modelo de soberanía e independencia impulsado por Venezuela va a requerir mucho más que un simple decreto de amenaza extraordinaria o un arbitrario paquete de sanciones económicas.

En la medida del crecimiento y extensión territorial de esas expresiones populares  de lucha por la justicia y la igualdad que hoy se levantan cada vez con mayor fuerza a lo largo y ancho de todo el continente, la guerra del imperio ya no será contra uno que otro mandatario legítimamente electo en uno que otro país, sino que tendrá que enfrentar a millones de hombres y mujeres dispuestos a dar la vida por la soberanía de sus pueblos. Y eso son palabras mayores, incluso para el más sanguinario y demencial imperio de la historia.

El retorno de la derecha en Chile no es suficiente para decretar la reinstauración del neoliberalismo en Suramérica.

Iniciativas revolucionarias orientadas a la liberación e independencia de nuestras economías, como las del Petro, por ejemplo, destinadas a acabar definitivamente con el yugo al que hemos sido sometidos con una moneda como el dólar, que no ha generado más que hambre y miseria en nuestros pueblos, frustrarán cada vez más esas esperanzas de dominación imperialista en nuestro suelo.

Le tocará a ese decadente imperio emprender la guerra ya no solo contra Venezuela sino contra la democracia misma, como lo ha venido haciendo ya a través del estólido secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien después de centenares de actuaciones y declaraciones solicitando el adelanto de las elecciones presidenciales en nuestro país, emprende ahora el ataque contra el llamado al sufragio hecho por la ANC; y de los necios presidente de Colombia y Argentina, que conforman la cáfila de los cuatro o cinco impúdicos rastacueros pro imperialistas del viejo y del nuevo mundo que anuncian orgullosos su negación a reconocer el proceso electoral venezolano, como si las elecciones requiriesen del visto bueno de badulaques del neoliberalismo para poder considerarse legítimas.

Una guerra contra la democracia en la que Estados Unidos y sus “aliados” ratificarán ante el mundo que su empeño no ha sido jamás por la emancipación de los pueblos, como han pregonado hasta ahora, sino por hacerse del control de nuestros destinos a como dé lugar, tal como lo  advirtió el Libertador Simón Bolívar cuando sentenció: “Los Estados Unidos parecieran destinados por la providencia para plagar de miseria a nuestros pueblos en nombre de la libertad.”

 @SoyAranguibel

Aranguibel: En abril, más que una elección presidencial habrá una ratificación de la vocación revolucionaria del pueblo.

Caracas, 25/01.- El Constituyente Alberto Aranguibel afirmó hoy en entrevista con el periodista Francisco Solórzano, en el programa Encendidos que transmite Venezolana de Televisión, que el pueblo venezolano demostrará una vez más al mundo que la democracia participativa y protagónica que existe en el país es imbatible, en virtud de lo cual lo que se producirá en la fecha que el Poder Electoral establezca que se lleve a cabo la elección presidencial ordenada por la Asambla Nacional Clonstituyente esta semana, más allá de la reelección del presidente lo que habrá en el país será una ratificación del compromiso revolucionario del pueblo.

 

 

El candidato ignorante

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Más de diecisiete elecciones seguidas a lo largo del período comicial más intensivo de toda nuestra historia y probablemente del mundo entero, han convertido al sistema electoral venezolano en centro y eje gravitacional de la vida en nuestro país, convirtiendo al ciudadano común en una suerte de supremo gran elector universal, con rango de autoridad máxima en la materia a nivel planetario, incluyendo en ello a las llamadas “democracias avanzadas” del mundo desarrollado.

A lo largo del período en que esas elecciones se han llevado a cabo, el país ha dado saltos cualitativos en todas las áreas asociadas a sus distintos procesos. Empezando por los tecnológicos y alcanzando hasta los estrictamente culturales en términos políticos, a través de los cuales hemos roto las barreras del atraso metodológico, de las imperfecciones procedimentales, de la ignorancia tecnológica, de la desinformación, de la exclusión y de la injusticia, como en ningún otro país en el mundo en ese sentido.

Miles de horas de debate durante más de catorce años sobre el sistema adecuado a nuestras necesidades y exigencias como sociedad altamente politizada que somos hoy en día, millares de consultas a especialistas internacionales relacionados con el tema, infinidad de procesos de benchmarking (o comparación y análisis de sistemas), decenas de procesos de licitación abierta para la configuración del sistema más seguro, robusto, confiable e invulnerable del mundo, habida cuenta de la descomunal atención internacional sobre la calidad y transparencia del mismo, son los eventos que preceden a la instauración del avanzado modelo electoral venezolano de hoy en día.

Cientos de miles de venezolanos adiestrados en los procesos de verificación, auditorías previas y posteriores de los actos electorales, así como en la cultura de la observaduría y testificación del proceso, sumados al acompañamiento de miles de expertos y organizaciones electorales, políticas y de derechos humanos que asisten a los procesos, dan cuenta de la inviolabilidad y pulcritud de los mismos.

Pero el candidato de la derecha, él sólo, sin prueba sustentable alguna, aduce fraude masivo en la elección presidencial y solicita que se la repitan.

Olvida que la ignorancia no excusa el cumplimiento de la ley.

Aranguibel:”Habría sido una traición al pueblo que Maduro nombrara otro gabinete distinto”

En entrevista con la periodista Anahí Arizmendi, transmitida por Actualidad Unión Radio este 22 de abril de 2013, Alberto Aranguibel sostiene que el nuevo gabinete nombrado por el Presidente Maduro, obedece a la aspiración del pueblo que votó por él precisamente por su compromiso de mantener y reimpulsar el proyecto socialista que inició el Comandante Chávez y hacer realidad el Plan de la Patria por el cual votaron mayoritariamente los venezolanos el pasado 7 de octubre de 2012, así como el 14 de abril. “Habría sido una traición al pueblo que Maduro nombrara otro gabinete distinto -dijo- por eso este nombramiento debe ser entendido como un relanzamiento del modelo que Chávez instauró y que es el que le ha asegurado el crecimiento del bienestar a la población”.

Oiga aquí la entrevista completa: