Asamblea Nacional: rumbo a la elección más importante de la historia

Por: Alberto Aranguibel B.

El primero de mayo de 2017, conmocionado todavía el país con la brutal arremetida de la derecha para tratar de acabar con la democracia venezolana, el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, convocaba al pueblo para la elección de una soberanísima Asamblea Nacional Constituyente que diera al traste con la violencia y el terrorismo con el que la oposición pretendió asaltar el poder, y alcanzara la paz tal como lo hizo dos meses después desde el instante mismo de su elección.

A partir de ese momento, y transcurridos casi dos años de aquel excepcional acontecimiento político que transformaría para siempre la idea de la democracia en Venezuela con la puesta en marcha del parlamento más numeroso y de mayor representatividad popular que jamás haya existido en el país (más de quinientos cuarenta constituyentes elegidos no solo territorialmente sino por los más amplios y diversos sectores socioproductivos) la expectativa nacional ha estado centrada en el “producto” que de ese importante actor político debe emanar.

La mayoría piensa que su labor es la de garantizar el buen funcionamiento de la economía mediante Leyes y normativas de control que surjan de su seno. Otros, no menos preocupados, estiman que la labor del órgano constituyente es la de obligar al Poder Ejecutivo a cumplir con dichas Leyes y normativas para asegurar el orden en el ámbito no solo de la economía, sino de funcionamiento mismo del Estado.

Todos, sin excepción, claman por el nuevo texto constitucional que debe redactar y debatir dicha asamblea constituyente, para ser sometida a la aprobación del pueblo en referéndum, porque se considera que es ese el trabajo que en definitiva le corresponde a dicho ente.

Pero la función más importante de la ANC, en medio de la apremiante y particular coyuntura económica, social y política por la que atraviesa el país, es mucho más que todo eso, tal como lo ordena el Artículo 347 de la CRBV que le asigna como atribuciones no solo la redacción de un nuevo texto constitucional, sino también, y con la misma relevancia, la creación de un nuevo ordenamiento jurídico, así como la transformación del Estado.

Evaluadas las prioridades, como corresponde a todo proceso constituyente, fue perfectamente claro desde un primer momento que la tarea más urgente era el rescate de la gobernabilidad, severamente afectada hasta aquel momento por la aviesa acción terrorista llevada a cabo por la oposición no solo en las calles sino a lo interno de las estructuras del Estado, mediante el concurso de miles de opositores infiltrados como funcionarios en todos los organismos públicos desde mucho tiempo atrás para, llegado el momento, intentar hacer implosionar al gobierno desde sus propias entrañas.

Si en ello la idea de la transformación del Estado, para asegurar la paz y la convivencia alcanzada con aquella elección masiva que le daba su legitimidad, aparecía como la más importante, entonces la obligación era atender esa tarea en primer lugar. Porque sin el aseguramiento de la paz, todas las demás acciones que se intentaran en lo económico, en la revisión del ordenamiento legal, en la supervisión y contraloría del estado, etc., habrían sido inevitablemente infructuosas.

La guerra desatada por la derecha nacional e internacional a lo largo de todo este periodo se ha fundamentado en la acusación de dictadura que los medios capitalistas le han acuñado a la Revolución Bolivariana, en virtud de lo cual el rescate de la verdad frente a esa infame acusación era igualmente impostergable. Se necesitaba demostrarle al mundo, mediante la intensificación del ejercicio del voto, que la democracia venezolana es hoy por hoy una de las más sólidas y avanzadas, y reducir con ello al mínimo la eventual duda que pudiera tener algún venezolano al respecto.

Por eso la convocatoria a elecciones adelantadas para renovar los cargos de elección popular en todos los niveles de la administración pública, incluyendo gobernadores, alcaldes, concejales y Presidente de la República, fue definitivamente la más trascendental y determinante de todas las acciones que hubiera podido acometer la ANC en estos dos años. Mientras la derecha se empeñaba en derrocar a uno solo de esos funcionarios, creyendo estúpidamente que de esa forma puede declarar reinstaurado su salvaje modelo neoliberal en el país, el pueblo acudía masivamente a reiterar su vocación democrática, expresada a través del voto universal, directo y secreto constitucionalmente establecido, eligiendo libre y soberanamente a todos sus gobernantes, lo que ha impedido el triunfo de la derecha en los escenarios internacionales donde ha intentado cercar al gobierno bolivariano con el falso expediente de la dictadura.

Lo correcto, entonces, es adelantar igualmente las elecciones para escoger una nueva Asamblea Nacional, tal como lo hemos planteado desde hace varias semanas algunos constituyentes a lo interno de la plenipotenciaria ANC, y como lo ha propuesto este sábado el propio el Presidente Constitucional de la República, Nicolás Maduro Moros.

Nada se hacía en la búsqueda de la gobernabilidad y el rescate de la estabilidad económica, social y política que el país necesita para avanzar consistentemente hacia su recuperación y retomar la senda del bienestar y el progreso al que aspiran las venezolanas y los venezolanos, si no se cumplía con la renovación plena de todos los poderes, y se ratificaba de esa manera ante el mundo que el chavismo no es solamente la orientación política personal del Primer Mandatario, sino un sentimiento nacional auténtico, expresado de manera reiterada e inequívoca a través del voto popular mayoritario.

La elección que llevó a la oposición a controlar el Poder Legislativo de 2015 (uno solo apenas de los cinco en los que está constituido hoy el Estado), no fue de ninguna manera crecimiento alguno del antichavismo, sino el traspié más grave que pudo haber dado la Revolución Bolivariana al permitir en aquel momento la desmovilización de más de dos millones de su votación promedio, obtenida consistentemente a lo largo de dos décadas.

Tal distorsión permitió que se desataran desde aquel momento los demonios de una derecha que se sabe inexorablemente derrotada por el movimiento de redención popular más numeroso, comprometido y activo que jamás haya existido en Venezuela (y muy probablemente en el Continente) como lo es el chavismo. En virtud de lo cual se abocó al desquiciado empeño del derrocamiento del Presidente de la República, mediante la utilización de los más inimaginables e insensatos artificios de violencia, terrorismo, criminalidad y entreguismo que nunca antes haya conocido el suelo patrio, llevando al país al borde del más hondo y trágico precipicio al que jamás haya podido asomarse, como lo es la amenaza de una invasión militar por parte de la más cruel y sanguinaria potencia imperialista de la historia.

Frente a esa amenaza. Frente a la infame desvirtuación de la realidad a la que estamos sometidos por la mediática de guerra que apoya a esa derecha golpista. Frente a la pérfida acusación de dictadura que han implantado en el mundo contra el gobierno legítimo del Presidente Constitucional de la República, Nicolás Maduro. Frente a la duda que algún venezolano pudiera tener acerca de las perversas intenciones entreguistas de ese liderazgo opositor que hoy se siente oxigenado con la vocería de un arribista insensato y de medio pelo que no tiene ni idea de la barbaridad que protagoniza, la ANC tiene que aprobar dicho Acuerdo de Convocatoria a nueva elección de la Asamblea Nacional, para resolver, no uno sino todos, los graves problemas que afronta hoy el país, derivados casi en su totalidad del irracional delirio golpista de quienes hoy la integran.

Aprobar ese adelanto de elecciones, no será, pues, un tiránico acto de retaliación política (como seguramente dirán), sino un acto de ratificación plena y absoluta de la democracia participativa y protagónica con la cual Venezuela le da hoy lecciones al mundo de verdadero respeto a la libertad y a los derechos humanos.

Respeto al pluralismo político que esa derecha putrefacta y carcomida pretende destruir entregando la Patria y poniéndose de rodillas al imperio. Algo que, salvo las contadas excepciones que representa esa insensata dirigencia opositora, repudian por igual todas y todos los venezolanos en esta crucial hora de nuestra historia.

Pero, sobre todo, será un acto que demostrará sin el menor atisbo de duda que las venezolanas y los venezolanos somos una sólida y poderosa masa humana cohesionada en torno a la más clara e irreductible idea de soberanía y de independencia.

@SoyAranguibel

Ultimas Noticias: Expertos discrepan sobre efectos de las decisiones para el 8D

Aranguibel y Romero evalúan los últimos anuncios frente a las municipales

Expertos discrepan sobre efectos de las decisiones para el 8D
(Créditos: Archivo UN)

ÚN 11_11_2013| Marco Ruiz.-  Los efectos de las medidas contra la especulación que ha anunciado el presidente Nicolás Maduro generan duda entre los expertos consultados por ÚN. Hay coincidencia en que terminarán incidiendo en los resultados de los comicios municipales, aunque para Alberto Aranguibel se trata de un efecto secundario, mientras que para Carlos Romero pueden convertirse en un elemento desmovilizador de electores. Aranguibel está seguro de que el resultado no estará determinado por los hechos de los últimos días, “se va a decidir por lo que durante años ha venido pasando en el país y es la consolidación de una única fuerza política verdadera, la fuerza de la revolución bolivariana. Aquí lo único que en términos ideológicos ha crecido es el socialismo”.

Frente a las presiones contra los comerciantes, Aranguibel estima que “la valoración va a ser mucho más clara y más positiva hacia la gestión de Maduro en la medida en que pasen los días”, dijo. Agregó que, a diferencia de lo que ocurrió al principio de su mandato, ha crecido la credibilidad en el Presidente y “se ha demostrado que es capaz de asumir y continuar el proyecto de Hugo Chávez”.

“Los que están yendo a hacer las colas son en muchos casos personas de oposición. Hay ahí una evolución, por llamarlo de alguna manera, de la percepción sobre esa capacidad de Maduro de dar respuesta y garantizar el acceso a bienes a precios justos”, aseguró.

“Se constata con lo que ha sucedido que, efectivamente, hay una guerra económica y no una crisis económica”, comentó Aranguibel.

El también analista Carlos Romero opina que habrá incidencia en el comportamiento de los electores, pero señala que lo primero que se asoma es “una posibilidad de una gran abstención porque no se observan condiciones de seguridad ni de confianza”.

“En nada contribuyen a la convivencia y al ambiente positivo que deben tener las elecciones municipales. Que los ciudadanos tengan miedo y no voten afecta a todos los sectores políticos”, agregó.

Romero alertó que se trata de un juego peligroso motivado por no tener la certeza de contar con la mayoría de los votos, pero “no hay justificación para aceptar este juego de la sicología social que se le puede ir de las manos al propio Gobierno”.

“El Gobierno está jugando con fuego al intentar socavar las bases del orden público y de la convivencia social. Haber atacado y amenazado de esa manera a los comerciantes, ha estimulado las pasiones humanas como el medio, el egoísmo y en general el descontrol social, de manera irresponsable”, manifestó.

El candidato ignorante

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Más de diecisiete elecciones seguidas a lo largo del período comicial más intensivo de toda nuestra historia y probablemente del mundo entero, han convertido al sistema electoral venezolano en centro y eje gravitacional de la vida en nuestro país, convirtiendo al ciudadano común en una suerte de supremo gran elector universal, con rango de autoridad máxima en la materia a nivel planetario, incluyendo en ello a las llamadas “democracias avanzadas” del mundo desarrollado.

A lo largo del período en que esas elecciones se han llevado a cabo, el país ha dado saltos cualitativos en todas las áreas asociadas a sus distintos procesos. Empezando por los tecnológicos y alcanzando hasta los estrictamente culturales en términos políticos, a través de los cuales hemos roto las barreras del atraso metodológico, de las imperfecciones procedimentales, de la ignorancia tecnológica, de la desinformación, de la exclusión y de la injusticia, como en ningún otro país en el mundo en ese sentido.

Miles de horas de debate durante más de catorce años sobre el sistema adecuado a nuestras necesidades y exigencias como sociedad altamente politizada que somos hoy en día, millares de consultas a especialistas internacionales relacionados con el tema, infinidad de procesos de benchmarking (o comparación y análisis de sistemas), decenas de procesos de licitación abierta para la configuración del sistema más seguro, robusto, confiable e invulnerable del mundo, habida cuenta de la descomunal atención internacional sobre la calidad y transparencia del mismo, son los eventos que preceden a la instauración del avanzado modelo electoral venezolano de hoy en día.

Cientos de miles de venezolanos adiestrados en los procesos de verificación, auditorías previas y posteriores de los actos electorales, así como en la cultura de la observaduría y testificación del proceso, sumados al acompañamiento de miles de expertos y organizaciones electorales, políticas y de derechos humanos que asisten a los procesos, dan cuenta de la inviolabilidad y pulcritud de los mismos.

Pero el candidato de la derecha, él sólo, sin prueba sustentable alguna, aduce fraude masivo en la elección presidencial y solicita que se la repitan.

Olvida que la ignorancia no excusa el cumplimiento de la ley.

Ya no hay camino, ni “flaquito”, ni gorrita, ni un carajo

Cuesta aceptar que un fenómeno de enajenación mental tan profunda y severa como la disociación sicótica pueda llegar a sustentarse en una filosofía e incluso en una doctrina que ayude a regir su comportamiento.

La persistencia en el común de los opositores de los signos que reflejan una patología de disociación severa, permite dar por sentado que en efecto, al menos en la realidad social venezolana, la disociación sicótica posee un instrumental filosófico mínimo por el cual se rigen todos y cada unos de los militantes del antichavismo de manera simultánea, no sólo en nuestro país sino más allá de nuestras fronteras.

Las expresiones fascistas, o fascistoides, que son características de los denominados “escuálidos”, no son sino reflejo de una conducta degenerada que tiene su origen (patológicamente hablando) en esa enajenación, que por su propia naturaleza desquiciada, está por encima de cualquier otro padecimiento mental.

Es esa enajenación la que lleva a la escuálida promedio a considerar, por ejemplo, que ser “puta” o “chavista” pueda ser un desiderátum entre elementos o categorías comparables o equivalentes, sin caer por lo general en cuenta que en todo acto de selección se produce siempre una preferencia inconsciente entre valores a los cuales la mente ubica como aspiraciones frustradas. A la larga, sentirse orgullosa de ser puta por encima de chavista (nunca a la inversa), como orden de categorización estrictamente política, revela un profundo apego afectivo, una ansiedad, por ambas categorías, porque desde el mismo momento en que se asumen como tales se revela que no se dispone intelectualmente de ningún otro elemento de raciocinio político sino de esos dos. O quizás esos dos más tres o cuatro recetas de espaguetis o unas cuantas ideas acerca de la forma en que se deben sujetar las prótesis mamarias cada vez que se operan.

Lo demás no amerita reflexión alguna. Según las escuálidas, todo lo existente viene dado por la belleza de la naturaleza, como todo.

Por eso es sumamente difícil encontrar hoy tan siquiera a un solo escuálido, de los cientos de ellos que están infiltrados en la Administración Pública, que no muestre abierta e impúdicamente su tristeza por el triunfo de quien le da de comer y le permite vivir sin las penurias que padecen los trabajadores en el mundo capitalista de hoy, cuando se supone que su principal tarea es mantenerse oculto para no ser sorprendidos por el réeegimen perverso contra el cual votaron en las elecciones del pasado domingo. No pueden seguir fingiendo una cosa que no son, porque perdieron toda esperanza. Ya no hay camino, ni “flaquito”, ni gorrita con banderita de ocho estrellas… ¡ni un carajo!

Tanta es la disociación sicótica de esta pobre y enfermiza gente, que no se percatan del artero atentado que le hacen a la señora Albánez, y al proyecto todo de la llamada “unidad democrática”, dejando ver sus auténticos rostros de sinvergüenzas oportunistas, farsantes e inmorales, que esa señora se empeñó casi hasta la muerte en ocultar quemando los cuadernos de las primarias para que no se supiera que ellos estaban ahí, infiltrados, saboteando la gestión pública y haciendo dinero con los grandes negociados que desde allí dentro hacen. No se percatan porque son disociados in extremis.

Solo a un disociado in extremis se le ocurre la insensatez de cargar ese dolor de luto que arrastran en oficinas, ministerios y organismos del Estado, por la bochornosa derrota de su candidatico de muñequería.

Pobre gente. Dios se apiade de sus miserables almas.

 

Aranguibel: “No se trata de concentrar la atención en reconocer a la minoría, sino en celebrar el triunfo de la Revolución”

Alberto Aranguibel sostiene en el programa Brújula del Sur del 08 de octubre de 2012, conducido por Ernesto Navarro, que en las elecciones presidenciales del pasado domingo 07 triunfó la Revolución con un gran avance, que no fue mayor “debido a los inmensos obstáculos que medios como Globovisión y la mayoría de las empresas privadas han puesto para impedir que avance el modelo de justicia e igualdad social que promueve el Comandante Chávez”.

Oiga aquí la entrevista:

[audio http://ia601506.us.archive.org/4/items/AranguibellaRevolucinHabraAvanzadoMuchoMsSiLaDerechaNo/2012_10_09.mp3]

Aranguibel “La oportunidad la ha habido siempre y siempre la oposición ha montado sus güarimbas”

Alberto Aranguibel sostiene en Actualidad Unión Radio este martes 09 de octubre que “la oportunidad -del diálogo entre el gobierno y la oposición- la ha habido siempre y siempre la oposición ha montado sus güarimbas” en un doble juego, como el del policía bueno y el policía malo.

Oiga aquí la entrevista:

El socialismo de Capriles

Cuando en las elecciones primarias del 12 de febrero la misma gente de la oposición decidió no darle su voto a María Corina Machado, lo que le reveló al país y al mundo no fue que la bella mujer no poseyera los atributos que el militante opositor pudiera admirar en una líder antichavista, sino que ni siquiera la derecha desea hoy para Venezuela el modelo capitalista que ella le propuso al país.

Si algo es hoy una realidad en Venezuela, es que el socialismo, gracias al rescate y a la significación que Chávez le ha dado al término a lo largo del proceso revolucionario, es definitivamente una referencia valiosa para la mayoría de los venezolanos, precisamente por el profundo contenido humano que el modelo comprende y que el Comandante ha puesto en práctica durante su mandato.

Cuando el líder de la revolución bolivariana apareció en escena a finales de la cuarta república, la sola idea de socialismo estaba asociada a lo más tenebroso de la política, en virtud no sólo de los errores y desviaciones del llamado socialismo real implantado en la vieja Unión Soviética y en la antigua Europa del este, sino de la cultura anticomunista que los medios de comunicación sembraron en la sociedad a través del tiempo. Luis Bayardo Sardi habló en los ochentas del 6% histórico que no podría superar jamás la izquierda en nuestro país, precisamente por el rechazo que la gente expresaba hacia sus ideas.

Hoy todos los trabajos de investigación de opinión reflejan esta evolución tan significativa que tiene el socialismo como modelo social necesario para asegurar el bienestar en todos los sentidos. Más de la mitad de los venezolanos considera que el socialismo es la única forma de superar la pobreza y las desigualdades.

Por eso Capriles no puede hablar de su verdadero plan de gobierno sino que tiene que tratar de mimetizarse con el Presidente Chávez para tratar de captar el voto de quienes mayoritariamente abrazan el socialismo como fórmula.

Por eso María Corina fue sacada abruptamente de la escena y ocultada en el foso más oscuro de la campaña de la derecha. Porque el discurso de Capriles está basado en la mentira, en el engaño y en el ocultamiento de sus verdaderas intenciones, que no son otras que acabar con los logros del pueblo y favorecer a la empresa privada.

Información oficial

Es evidente que la periodista colombiana que intentó acorralar al presidente Chávez con su insolente y destemplado interrogatorio sobre las causas del desastre de Amuay, no asistió a la clase donde le tocaba estudiar (como sucede hoy en todas las escuelas de periodismo del mundo) el caso Watergate, con el cual dos reporteros del diario Washington Post pasaron a la historia.

Contrario a lo que suponen algunos que sólo vieron la película y no estudiaron con seriedad aquel trascendente caso en el que el periodismo norteamericano se presentó ante el mundo como un gran baluarte de la democracia (cuando en realidad lo que sucedió ahí fue que se constató la putrefacción de la política gringa), los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein demoraron meses en poder publicar las informaciones que un alto funcionario les aportaba de manera subrepticia bajo el sugestivo pseudónimo de “Garganta profunda”, no porque no las tuvieran en su poder desde un primer momento, sino porque no poseían las pruebas fehacientes de lo que esas informaciones sostenían.

Solamente podían publicarlas a medida que iban obteniendo esas pruebas. De no hacerlo así, los problemas legales hubieran sido infinitos, tanto para ellos como para el medio.

Los reporteros de la fuente política que ese día se encontraban en Amuay saben que Chávez no es acorralable con capciosos juegos de palabras. Por eso quien toma la iniciativa de llevar adelante el truco manipulador que los medios necesitaban en ese momento fue la inexperta recién llegada. Usando la lógica del corresponsal de guerra, se dispuso a avanzar con su mayor astucia sobre su enemigo sin considerar principio ético alguno sino su necesidad de triunfo.

El desprecio de los medios de la derecha a la información oficial no es en lo absoluto producto de un supuesto afán por la verdad. Es consecuencia del ancestral empeño del gran capital por acabar con el Estado. Pese a ello, la información oficial es y seguirá siendo en el buen periodismo la información calificada, porque lo que interesa al público es la veracidad y no el logro de un periodista o de un sector político o empresarial en particular.

Si el periodismo de hoy no comprende esto, se estará quedando por fuera de la realidad de un mundo cada vez más consciente.

Capriles: ¿ganador o truhán?

El candidato de la burguesía no hace caso. Chávez le dijo que hablara claro y lo que hace es enredar más lo que probablemente pase a la historia como la más chambona y rocambolesca campaña que jamás haya llevado a cabo sector político alguno.

En vez de hablar con franqueza y de manera abierta sobre su verdadera concepción de lo que debe ser el modelo de sociedad que le propone al país, escoge los caminos más entreverados y contradictorios para articular el pobrísimo discurso de eslóganes con que pretende seducir a la gente.

Como vivo exponente de la generación Pepsi, su discurso no es más que un repetitivo catálogo de gritos destemplados construido a base de frases publicitarias, hilvanadas en un casi demencial disco rayado de ofertas sin sustanciación o desarrollo ni siquiera medianamente lógico, en el cual la gente pueda encontrar al menos un atisbo de viabilidad o factibilidad a tanta fábula vertida en los escasos cinco minutos que en promedio habla el deplorable candidato de la derecha.

En medio de la farragosa perorata populista, le ha dado por decir ahora, en tono de sentencia divina, que él jamás le ha quitado nada a nadie y que nunca ha perdido una elección. Y el rebaño escuálido, dócil y sumiso como es, resplandece de felicidad infinita como quien ve la luz al final del túnel de la muerte.

Pero resulta que Capriles jamás ha ganado nada. Todo lo que ha logrado en política lo ha usurpado o lo ha obtenido de manera fraudulenta o inconstitucional. Como aquello de fundar su partido con dinero robado a la nación.

Arribar al Parlamento nacional como llegó él a finales del siglo pasado, como el insigne desconocido que era, sólo era posible como producto de las perversas componendas financieras de los carteles políticos del puntofijismo.

De resto, todo lo que ha experimentado él es la fortuna de postularse siempre en escenarios que reúnen a lo más granado del antichavismo visceral, que en esos reductos opositores vota siempre contra Chávez sin importar siquiera quién es el candidato ni su catadura moral o la carencia de ella.

Capriles no ha ganado; se ha beneficiado con la fuerza amor-odio que desata el inmenso liderazgo de Chávez.

Pero el 7-O será distinto. Perderá abrumadoramente porque esta vez le toca medirse de manera frontal con ese gigante.

El discurso cambalache

“¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!”

Discépolo / Cambalache

Como era de esperarse, la oposición es de nuevo protagonista de un estruendoso fracaso, en lo que al decir de Julio Escalona “quizás sea el peor discurso de un candidato a la Presidencia de la República en el momento de oficializar su candidatura”. Pero en lo cual probablemente lo más grave no sea el discurso en sí mismo, sino la complacencia que con toda seguridad experimentaron los miles de seguidores que bajo el inclemente sol dominguero lo acompañaron hasta el CNE, precisamente por la vaciedad y pobreza del mismo.

Si algún error ha cometido la Revolución Bolivariana en términos estrictamente comunicacionales es creer que asesta golpes importantes a la oposición cuando denuncia los desmanes de ésta a partir de una condición ética que considera universal y que no necesariamente lo es. Menos aún en el ámbito de una sociedad narcotizada por el veneno mediático que consume cada vez con mayor fruición a medida que avanzan el acceso y la penetración hasta el más apartado rincón de la geografía nacional de las deslumbrantes nuevas tecnologías de la televisión satelital y por cable, precisamente la mayor contrariedad y percance que tiene frente a sí el proceso revolucionario.

Es esa televisión la que ha exacerbado en un importante sector de la población el odio irrefrenable que esa gente expresa contra Chávez y contra todo lo que tenga que ver con él, incluso sin importar si lo que genera Chávez en el país es una consistente recuperación económica de la cual hoy se beneficia todo el país, empezando por esos sectores que le adversan. La impudicia con la que los escuálidos asumen hoy la bonanza económica que particularmente ellos disfrutan en el marco de los avances que las políticas del gobierno bolivariano ha puesto en marcha, es probablemente el rasgo que más los define.

La televisión, como lo ha dicho Correa, se erige hoy en un poder que trasciende los linderos de la función que como herramienta de información y de entretenimiento pudo haber tenido en algún momento, para convertirse en la instancia cuya pretensión fundamental es la capacidad de moldear las sociedades a su antojo, a partir del secuestro y uso irrestricto de las libertades que a través del tiempo le ha venido arrebatando a esa misma sociedad para colocarlas al servicio de sus muy particulares intereses. De manera imperceptible, y en virtud de ese despropósito, el medio de comunicación ha logrado convencer al mundo de las más absurdas falacias que jamás haya podido profesar el ser humano, como esa que sostiene que no existirá democracia en sociedad alguna si sus medios de comunicación no están en manos privadas.

Son esos medios los que, con su contenido plagado de una narrativa básicamente anticomunista, han formado la naturaleza rabiosa e irracional del antichavismo, que conduce al militante promedio de la oposición al desafuero de la aclamación de las hondas y muy vergonzosas flaquezas de su frágil candidato, como si de un auténtico redentor se tratara.

Para esos opositores (los escuálidos de a pie) un personaje repugnante para cualquier persona sensata, como lo es el sujeto aquel que vociferaba como bestia enardecida que los chavistas que él suponía dentro de la embajada de Cuba durante el asedio que la turba opositora llevó a cabo contra esa sede diplomática durante los sucesos de abril de 2002 se iban “a tener que comer los cables y las alfombras”, porque no les iban a dejar pasar comida ni agua hasta que se entregaran, no es en lo absoluto el personaje siniestro que pretende la Revolución que sea.

Para esos miles de antichavistas que acompañaron a Capriles ante el CNE a presentar su candidatura, aquel lamentable sujeto es un auténtico héroe de lo que ellos consideran “la lucha por la libertad y la reconciliación nacional”. Y lo que es más grave, referencia moral de lo que han debido hacer todos para evitar el retorno de la revolución al poder en aquella fugaz coyuntura. Para muchos más de los que suponen algunos en la revolución, la tarea pendiente para esa expresión fascista de nuestra sociedad que se reúne en el antichavismo militante, es corregir el error cometido entonces, que no es otro que el no haber exterminado de raíz el proyecto bolivariano.

Capriles es lo de menos en toda esa historia.

Pero si Capriles expresa, en la forma cabal e irrefutable en que lo expresa, su insuperable condición de opuesto a todo lo que encarne Chávez, empezando por la estatura como estadista y la extraordinaria versatilidad y capacidad oratoria del líder de la Revolución Bolivariana, entonces para ellos será el mejor candidato. Porque lo que en verdad los une es su profunda convicción de que el Presidente, por todas esas notables e innegables cualidades, es poco menos que el demonio.

Si algo necesita borrar de la faz de la tierra ese antichavismo urticante y pendenciero es precisamente el don de la retórica política perfecta y enriquecedora que maneja a su antojo el Comandante Chávez, herramienta con la cual ha logrado cautivar y enamorar hasta el frenesí a los millones de venezolanas y venezolanos que hoy estarían más que dispuestos a dar la vida por el que consideran su salvador. Lo que constituye, en definitiva, la mayor desgracia para los sectores pudientes de la sociedad.

De ahí que lo admirable de Capriles sea para ellos precisamente su mediocridad, su falta de carisma, de capacidad oratoria, de liderazgo y hasta de simpatía. Arriba así este deplorable y lastimoso sector político venezolano al bochornoso estadio de la exaltación de la ignorancia como valor supremo, por el cual se puede llegar incluso al exabrupto de agitar banderas de emoción a través de kilómetros de avenidas importantes sin el menor pudor o vergüenza. Un verdadero logro, si se considera la proverbial ignorancia de sus anteriores abanderados, como lo fueron el inefable Manuel Rosales y el deplorable Enrique Mendoza.

Su discurso de campaña, está claro, no tiene por qué desarrollarlo él en ningún escenario… los medios de comunicación, secuestrados desde siempre por los sectores dominantes del gran capital, se encargan día a día de venderle al desposeído la fabulosa ilusión del modelo consumista, entreguista y depredador que él nos propone. Y lo hace con la impactante fuerza del color y con sonido estéreo.

El otro, el que no es de campaña sino de verdad, no lo dirán jamás ni él, ni las corporaciones que lo respaldan. Ni sus medios de comunicación, que seguirán haciéndole creer a la sociedad que hoy es más valioso ser “flaquito” que competente.

Se trata, después de todo, del logro del viejo disparate que cantaba el tango Cambalache, del inefable Discépolo, que denunciaba la contrariedad de una sociedad pervertida en la que “los inmorales nos han iguala’o.”