Franco Vielma: Carta a los emigrantes venezolanos

Por: Franco Vielma

Muchos que se fueron y otros que quieren irse se escriben entre sí, siempre en la retórica del desarraigo ensimismado. El relato lastimero y las frases trilladas son frecuentes.

Esta nota, por el contrario, es de los que nos quedamos, los que con gusto nos quedamos y que nos dirigimos a ustedes, me permito personalizarlo, desde mi postura enteramente particular. Puedo decir que con familiares que emigraron (bien cercanos) hace mucho, para quienes no tengo desaire alguno y conociendo a algunos que se han ido hace poco, siendo de los que decidió quedarse, estoy facultado para opinar.

El grueso de quienes han emigrado recientemente está compuesto por antichavistas en el autoexilio, así que lo que sigue no es una nota parca sobre la emigración. Aquí también se mete la política.

Para ustedes que están bien lejos, no olviden esto:

Ustedes quienes se fueron o se quieren ir van con maletas y recuerdos de un país que dicen que ya no les pertenece, que ya no es de ustedes. Se lo han “arrabatado”, han dicho. Hablan del país que nunca ha existido, diríamos otros, lo cual indica que nadie ha podido arrebatarles nada que ha existido en su quimérica y ferviente imaginación. Sin embargo, están afuera, en otros derroteros.

Tal vez están en un país de los que llaman “desarrollados”. Seguramente hay papel tualé (en Francia los hay de varios colores y olores). Un país ordenado, sin el tumulto y el despelote típico del jolgorio caribeño venezolano. Pero hay historias a montones de venezolanos marginados por su color de piel, por su origen inmigrante, por su condición socioeconómica.

Tal vez los han tratado mal, muchos escriben diciendo que sí, tal vez los han llamado chusma, lumpen, negros, monos, carga para el Estado, vividores de dádivas o brutos. Los giros de la vida son extraños a veces, pero no tanto. Esas experiencias que algunos de ustedes están viviendo hoy deben servirles para entender un poquito, como le tocó y le toca vivir a esa clase que ustedes llaman “chavistas”, en su propio país, a veces por expresiones hasta de ustedes mismos. Es bueno que hayan emigrado y sepan qué es eso.

Es sabido el caso de venezolanos en Florida, sometidos a mil penurias, pues lo de la “Dolce Vita venezolana mayamera” aplica para corruptos y empresarios fugadólares y algunos de ustedes no son tal cosa. Colas de hambre por comida están abarrotadas de venezolanos comensales de la beneficiencia. Qué bueno que esas colas no son por número de cédula, dirían algunos de ustedes por allá.

Muchos venezolanos en Florida son esclavos de los tiempos actuales, son inmigrantes que trabajan muy por debajo del salario mínimo en condiciones denigrantes y sin derechos. Quienes los contratan son venezolanos y cubanos acomodados. Algunos de ustedes que lo dijeron muchas veces, tenían razón, repitieron hasta el cansancio que vivirían bajo el yugo de enchufados y cubanos. Lo curioso del asunto es que tal cosa no les ocurrió en la dictadura castro-chavista venezolana, sino en la misma tierra de la libertad, la democracia y el sueño americano.

Seguramente saben de los venezolanos en Colombia o en Panamá. Algunos viviendo apiñados en apartamentos alquilados, para ahorrar los altísimos costos en la renta. En Panamá ya se refieren a “plaga” cuando hablan de nuestros queridos compatriotas bocones que van a hacer farándula con el egocentrismo típico de la clase media ramplona venezolana, escuálida, mediocre y con un poco de sentido de la educación y los modales. Las historias son interminables.

Algunos de ellos, saben ustedes, se trata de compatriotas que van a desplazar a panameños de puestos de trabajo, trabajando por menos del mínimo como mesoneros, bartenders, domésticas, es decir, haciendo oficios que nunca hubieran hecho en Venezuela por la presión social del qué dirán.

No nos hagan quedar mal ustedes por allá

Sabrán ustedes que muchos de nuestros compatriotas en Panamá, Colombia y Ecuador son “emprendedores” del nuevo “libre mercado”, o lo que es lo mismo, la magia absurda del dólar paralelo que convierte un dólar en más de mil bolívares. Van y vienen.

Viven miserablemente allá para traer dólares aquí, venderlos y hacer una fortuna que un profesional no hará trabajando honestamente.

“Pobrecitos los venezolanos”, dirían algunos nativos en algunos países. Pero cuando en esos países se enteran de que los venezolanos “llevan dólares” forman parte de un macabro juego especulativo que destruye la misma economía venezolana, usan las frases “oportunistas”, “desleales con su propio país”. No olvidemos la mala fama de tramperos, insoportables, desordenados y aprovechados que (justa e injustamente) tenemos los venezolanos afuera.

Eso además está aderezado de la típica xenofobia en varios países, los complejos con los que los mismos venezolanos nos referimos tantas veces a los colombianos, ecuatorianos, haitianos y peruanos. Ahora ustedes saben lo que se siente eso de la discriminación generalizada e injusta.

En Colombia, Panamá o Ecuador eran muy bien recibidos los venezolanos gastones y botaratas que iban a beberse y jartarse en turismo los dólares de la renta venezolana, pues para nosotros viajar casi gratis era una medida de Chávez de la que casi nadie se quejaba. En esos países nos recibían para raspar tarjetas a gusto y para dejar algún dinero por allá, para luego largarnos. Ya no. Eso de los venezolanos mamando, que vendieron sus peroles y que llegan por allá a vivir arrimados, vendiendo arepas y haciendo cualquier cosa para vivir, no es tan bien recibido.

Y qué decir de los profesionales, que siempre escriben en blogs y redes, que han tenido que “bajarse de la nube” y “hacer un lado el orgullo” para no ejercer sus profesiones y dedicarse a cualquier trabajo. Ahora sí entienden algo que no entendían aquí: el trabajo siempre dignifica. Nadie por chavista barrendero que fuera, era inferior a nadie. Algunos de ellos decían que era la Misión Sucre y la UBV los que generarían profesionales mesoneros y lavaplatos. Ironías de la vida.

Las historias son interminables, los ejemplos también. Pero el fenómeno de la migración tiene sus atributos: algunos de los venezolanos afuera, a estas alturas, ya han tenido que darse cuenta de que el país sin problemas y de fantasía (donde cualquiera la tiene bombita), no existe. Algunos en redes sociales todavía se niegan a aceptar públicamente sus condiciones, su fracaso, que donde están la cosa no es tan fácil. Así es el orgullo farandulero venezolano, el del “soy más feliz que el coño”, “estoy mejor que nunca”.

Pero qué va. A la mayoría de los emigrantes venezolanos de reciente data, que pertenecen a la clase media, les ha tocado un infierno afuera y pocos lo admiten.

Consejos para que se queden por allá:

Si alguien emigra, lo menos que uno puede desearle es el “que te vaya bien”. El que emigra lo hace porque quiere hacerlo y cualquiera es libre de hacerlo. No hay nada que recriminar. Así que vayan estos consejos, para que los reciban a gusto quienes están afuera y quienes se quieren ir.

Lean a los venezolanos emigrantes blogueros, gente que está por allá y dense cuenta: si se van a ir, váyanse bien lejos y bien idos. Si están por allá, quédense por allá. Es absurdo tener que leerlos en redes sociales metidos en la vida política como si vivieran aquí en la esquinita. Adáptense a la cultura de donde están, superen la nostalgia venezolana pendeja, dejen de publicar fotos de arepas o del Salto Ángel adonde nunca fueron. Desentiéndanse.

Aunque siempre se sentirán venezolanos, asuman su nueva órbita. Es una ladilla leerlos como si estuvieran metidos aquí. No hagan nada de aquí. No se ocupen de aquí. No opinen de aquí. Entiendan que el desarraigo, su ausencia y su nostalgia bobalicona por el contrario serán un obstáculo para ustedes en esos países. Opinen de los problemas de allá, sean de allá. Olvídense de aquí.

Aprendan modales que no aprendieron aquí. No jodan. No repitan tanta vulgaridad y babosadas. No estafen. No se coman la luz. No tracaleen. No se coleen. Puede que los deporten y luego tendremos que calárnoslos nosotros aquí, mientras ustedes repiten a cada rato que volvieron porque extrañaban Venezuela. Quédense por allá.

Dejen de andar por los niuyores, por Madrid o por Bogotá, con la bendita gorra majunche tricolor haciendo el ridículo y gritando que son venezolanos. Entiendan, eso es para la gente estúpida de aquí, los vemos en las marchas de la oposición. Traten de pasar desapercibidos. Miren que si alguien de esos países ve a un carajo gordo y echón con un iPhone hablando de que se vino de Venezuela porque “allá hay una dictadura y que la gente se está muriendo de hambre”, no lo van a tomar en serio, pues no parece un refugiado sirio o subsahariano.

No arruinen la labia del hambre y la “crisis humanitaria”, no den la impresión de que se están muriendo de hambre por allá. ¿Qué creen ustedes que piensa un panameño del venezolano jardinero que almuerza refresco y pan? No todo panameño sabe que el carajo lo hace es para ahorrar dólares. Pasen desapercibidos. Hablen colombiano, siempre practicamos por jodedera.

Dejen de andar con venezolanos, viviendo de venezolanos, pretendiendo estar sólo con venezolanos. En serio. Entiendan que cuando dejaron el país, también dejaron a sus paisanos. Eso es bueno. Ayuda al emigrante a aprender cosas nuevas. Además, no es bueno estar entre venezolanos escuálidos, como el 99% de los que se han ido. La quejadera, la lloradera, la negatividad y la mala vibra perenne con la que esa gente vive, le baja los ánimos a cualquiera.

Las historias de abogados metidos a plomeros en Madrid que lloran en las noches sólo pueden empeorar si su paisano que duerme en la cama de al lado quiere hablar de la MUD. Estar en otro país oyendo a gente quejándose y hablando de Tibisay Lucena, Lilian y Ramos Allup, deprime. Eso es autoflagelarse. No se hagan eso. No vaya a ser que se depriman y quieran volver. No. Quédense por allá.

Nos hacen quedar mal por comportarse como estúpidos

Ya sabemos que en algunos países adonde están no hay guerra económica, los empresarios no quieren sacar al gobierno y que no falta mostaza, harina y papel tualé. En otras palabras, no se tomen fotos en anaqueles. Eso los hace parecer como que tuvieran compromiso cognitivo (retardo mental, en cristiano).

De hecho, afuera ya piensan que los venezolanos somos todos estúpidos. En Chile, México, Brasil, Uruguay, piensan que somos gente estúpida que se fue del país donde la gasolina, la electricidad, la educación, la salud, el agua y el gas, son gratis. En serio. Allá no entienden eso.

No actúen como gente gafa. Salió en El Nuevo Herald que en EEUU en el aeropuerto de Florida, los gringos ya piensan que los venezolanos somos todos estúpidos, les hablan rápido en inglés a los venezolanos, les preguntan si tienen “miedo”. Cuando los muy pendejos dicen “yes” sin entender qué les dijeron, los agarran y los meten presos. Los gringos todavía no se explican cómo puede haber gente tan estúpida de irse a otro país sin saber el idioma.

Piensan que los venezolanos creemos que todo EEUU es Doral (Florida) y se habla español y no es así. Les aplican una política migratoria en la que si alguien dice “tengo miedo de mi país”, es porque está pidiendo asilo político y luego les meten meses en cárceles para inmigrantes y luego los deportan. Qué lástima que eso ocurra en los países “libres” y no en la “dictadura venezolana” de la que huyeron. Aquí cualquiera es libre de comportarse como estúpido, en la dirigencia de la MUD eso es normal. No nos hagan quedar mal ustedes por allá.

Finalmente, no se preocupen por Venezuela. Estamos en dificultades, pero estaremos bien. Todo estará bien sin ustedes. Créanme que cuando en Facebook veo a una tonta con un Magister tomándose selfies en un Starbucks (lo más baratero y tierrúo de Gringolandia) siento que el problema de “la fuga de cerebros” no es tan grave. Cuando veo que el que raspaba cupos se fue, pienso que no estaremos tan mal. Aquí queda gente burda de buena, trabajadora y echada palante. No vengan. No vuelvan. Por nosotros no se preocupen. Cuidaremos bien del lugar que dejaron.

Estamos orgullosos de ser venezolanos.

franco-vielma Franco Vielma / Fuente: Misión Verdad

 

El falso padecimiento migratorio de la burguesía

– Publicado en el Correo del Orinoco el 27 de octubre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La migración no es un percance que pese de manera negativa sobre las sociedades. Por el contrario, sobre ella se asienta la riqueza del mestizaje que a través del tiempo ha permitido a la humanidad hilvanar conocimientos, culturas y tradiciones que le han abierto a los pueblos las posibilidades de una perspectiva cada vez más amplia para su florecimiento.

A diferencia de los grandes conquistadores de la antigüedad que recorrían el mundo diezmando civilizaciones con el único propósito de su engrandecimiento político, quienes hace quinientos años llegaron a esta “tierra de gracia” buscando descubrir un nuevo mundo no lo hicieron movidos solamente por una demencial ambición de poder (como en efecto lo fue), sino que, más allá de eso, procuraron la construcción de un nuevo porvenir alejados para siempre de sus países de origen en vez de retornar a ellos para disfrutar sus triunfos de ultramar como era de esperarse. De ahí que para muchos historiadores suela tener más sentido la versión que presenta a Hernán Cortez ordenando quemar sus naves durante su incursión en México en 1519, para marcar un infranqueable “punto de no retorno”, antes de las que lo ubican simplemente barrenándolas o encallándolas. La intención no era regresar. Desde la llegada de Colón, la mayoría de los conquistadores vinieron para quedarse. Es decir, lo que nos llegó desde aquel entonces fue una verdadera avalancha inmigratoria, extendida progresivamente a todo el continente y que hoy se expresa en la riqueza étnica de nuestros pueblos forjada por las innumerables oleadas de colonias que vinieron a estas tierras suramericanas a través del tiempo.

Transcurridos ya tres lustros del siglo XXI, el flujo migratorio es una realidad social, cultural, política y económica completamente institucionalizada en el mundo. Solamente en Europa se contabilizaron en 2012 más de 2.7 millones de inmigrantes de sus propios países. De acuerdo al más reciente informe de la Comisión Europea en esa materia, Alemania recibió ese año a 592.200 inmigrantes, Inglaterra a 498.000, Italia a 350.800, Francia a 327.400 y España a 304.100. Para ese mismo periodo España alcanzó una emigración de 446.600 ciudadanos que decidieron abrirse espacio en otras naciones del bloque, seguida por el Reino Unido con 321.200, Francia con 288.300, y Polonia con 275.600. (1)

De modo que el fenómeno de la migración en la sociedad actual no es algo que pueda atribuirse a particularidad alguna de la realidad política venezolana como pretende hacer ver la burguesía en este momento.

Fracasada en sus intentos por reinstaurar en el país un inviable modelo neoliberal que desde hace décadas ha demostrado su ineficiencia para resolver los problemas económicos del mundo capitalista, y luego de apelar a infinidad de mecanismos democráticos y no democráticos para tratar de alcanzar en vano su objetivo de hacerse del poder en Venezuela, ahora esa burguesía acude al absurdo expediente de la que arrogantemente denomina “fuga de cerebros” en un nuevo intento de mal poner a la revolución venezolana ante el país y ante el mundo.

La dirigencia opositora, y la mayoría de los adultos de ese sector que constituye la oposición venezolana, por lo general fueron formados de una u otra manera en universidades extranjeras antes de pensarse siquiera en la posibilidad del triunfo en el país de una revolución como la bolivariana. De lo que se desprende que la tragedia que representa hoy para ellos que sus hijos aspiren a lo mismo, es más una falacia que ninguna otra cosa. Irse a estudiar al extranjero para esos sectores fue desde siempre no solo una opción sino una obligación impuesta por su condición de clase. El odioso complejo de superioridad que rige la filosofía burguesa, orientado por la lógica orwelliana según la cual los pueblos no son aptos para dirigir sino para ser dirigidos, ha sido en eso un factor determinante. Su rechazo a un modelo socialista como el que propone Chávez al país desde hace quince años tiene su origen en la necia convicción de que un gobierno popular sería una salvaje alteración de las leyes naturales del universo. Expresión de esa arrogante deformación es la idea de la “meritocracia” con la que quisieron perpetuar el control absoluto de esas élites dominantes sobre la más importante industria nacional.

La visión que tanto Estados Unidos como Europa tenían en aquel entonces sobre el tema migratorio, contribuía decisivamente a que esa opción de estudios en el exterior resultara para los sectores pudientes de la sociedad una alternativa interesante. Además, en Venezuela existía para aquel momento un escaso número de universidades, la casi totalidad de ellas pagas o con matrículas o gastos de estudios elevados. La política de privatizaciones instaurada en el país hacía que las fuentes laborales más atractivas fueran aquellas que se alineaban de una u otra forma con el modelo neoliberal imperante. Pero más allá de todo eso, estaba el componente ideológico. No había en el país un proyecto nacional que fomentara el desarrollo de nuestra propia industria. La cultura del consumismo y la importación comenzaba a hacer estragos en la fibra moral de la sociedad y acababa con nuestra identidad como pueblo.

Quienes se van hoy (una ínfima cantidad en relación al número de estudiantes que actualmente se benefician con la creación de más de 36 universidades durante el periodo revolucionario, incluyendo instituciones específicamente concebidas para formar en ciencias de la salud, en artes, etc.), ni son “los cerebros” de la sociedad ni están emigrando. En muchos casos son jóvenes ya no de sectores con alto poder adquisitivo, cuyas posibilidades económicas siguen siendo suficientes para sufragar una relativamente cómoda estadía en el extranjero, sino jóvenes de clase media cuyo interés no es cursar carreras universitarias más allá de nuestras fronteras sino hacer cursos de ingles por unos pocos meses con la finalidad de acceder a una asignación segura de divisas que por lo general son destinadas por ellos o por sus padres a la especulación en el mercado paralelo, en virtud de lo cual el Estado se ha visto en la obligación de restringir su otorgamiento. Esa moda, además del poder de manipulación de la derecha que la misma evidencia, pone a la vez de manifiesto el innegable fenómeno de movilización social que se experimenta en el país, que le permite a los sectores menos pudientes optar a posibilidades que antes eran impensables para ellos.

El modelo socialista por el que tanto rabia la burguesía ha incluido de manera gratuita en el sistema universitario a más de dos millones y medio de jóvenes, lo que de acuerdo a la ONU nos coloca como el quinto país en el mundo en matrícula estudiantil y el segundo en Latinoamérica después de Cuba, con una política de Estado orientada al fomento del empleo de calidad una vez finalizada la carrera.

Sin embargo, la infame acusación que desde esos sectores se hace contra el proceso de transformaciones no cesa. Las campañas de manipulación mediática sobre nuestra economía, empeñadas en culpabilizar a la revolución por las crisis en que ha sumido al país la guerra económica desatada por el sector privado, insisten en torcer la realidad para favorecer la falsa percepción de catástrofe que se les siembra a esos jóvenes.

Una falacia que distorsiona incluso la realidad de la mayoría de las naciones hacia las cuales acuden en busca de nuevos horizontes, en los que el trabajo precario que se les ofrece como inmigrantes solo sirve de colchón para mitigar la crisis que esas sociedades padecen como consecuencia de la destrucción de la protección social del trabajo, lo que ha provocado el sentimiento xenófobo que crece hoy fundamentalmente en Europa y Estados Unidos.

Por eso ninguno de ellos jamás quema sus naves. Todos terminan regresando al confort de su hogar en cosa de meses porque, visto de manera objetiva, en ningún país del mundo las perspectivas y posibilidades de bienestar económico son tan promisorias como las que construye con su amor a la patria la Venezuela revolucionaria.

(1) Migration and migrant population statistics

@SoyAranguibel