Internet: Cuando al imperio los tiros le salen por la culata

Por: Alberto Aranguibel B.

“El problema con Chávez fue que él se leyó un poco de libros en la cárcel” (conversación entre un grupo de jóvenes antichavistas)

Con la llegada del medio de comunicación a la historia de la humanidad, los sectores dominantes encontraron la herramienta perfecta para ejercer su dominio en la forma más rentable y socialmente menos traumática jamás alcanzada desde el origen del hombre sobre la tierra.

La posibilidad de llegar a miles de millones de manera simultánea con el poder de convencimiento de una ilusión que solo el medio de comunicación puede hacer realidad, ha sido la oportunidad más valiosa para esos sectores dominantes precisamente por la capacidad de alcance y penetración que esa poderosa herramienta tiene, infinitamente superior a la del más numeroso ejército que pudiera existir para garantizar el sometimiento de los pueblos a los intereses y designios del gran capital. La caída de todos los imperios de la historia estuvo siempre determinada en gran medida por la insostenibilidad del costo de sus ejércitos en la tarea de asegurar el control de los pueblos que se anexionaban.

Hoy el medio de comunicación es imprescindible para la sobrevivencia del modelo capitalista, porque solo así puede exterminar, mediante el engaño y la manipulación, cualquier otro modelo político, social o económico alternativo que le permita al mundo comprobar de manera categórica la insalvable inviabilidad del capitalismo.

Por eso al capitalismo no le interesan en lo más mínimo las muertes de millones de personas inocentes que esos imperios causan en el mundo con sus guerras, dado que lo que las justifica no es la salvación del ser humano sino la de un modelo cada vez más insostenible.

Pero esas guerras, cuyo único saldo es una infinita estela de muerte y destrucción, cada día son más costosas no solo en términos de los inmensos recursos económicos que en ellas se dilapidan, sino en razón del repudio que la humanidad les expresa cada vez con mayor intensidad.

La batalla que debían librar entonces para expandir el poder del medio de comunicación más allá de sus fronteras, más que la militar o económica, era aquella que les permitiera superar las ideas de soberanía que prevalecen hoy en las naciones del mundo, para traspasar territorios y continentes sin mover ni un solo tanque de guerra.

Para eso el instrumento ideal no era ya solamente el medio de comunicación convencional (limitado en principio por los crecientes altos costos y por infinidad de Leyes y regulaciones nacionales a lo largo y ancho del planeta) sino los llamados “medios electrónicos”, es decir; la internet y las redes sociales. Etiquetar como dictaduras a aquellos países que no cedieran a esa soterrada forma de dominación fue desde un primer momento la justificación utilizada para intentar colocarse por encima de toda normativa extraterritorial que limitara el empeño expansionista del imperio.

La vertiginosa carrera por el desarrollo de esos medios electrónicos ha estado determinada muy particularmente por el afán de los Estados Unidos de Norteamérica de hacerse de un mecanismo de control de la sociedad a través de herramientas tecnológicamente tan avanzadas y complejas que su desarrollo y posibilidades resultasen inalcanzables para cualquier otra nación o potencia. En eso, y no en la búsqueda del rendimiento económico del progreso científico, ha consistido el concepto de “supremacía tecnológica” tal como se conoce hoy en día.

Esconder ese despropósito del control de la sociedad tras la figura de la lucha por la libertad y la democracia, ha sido para el imperio una tarea de primer orden para asegurar la sostenibilidad y perdurabilidad de su decadente modelo de sociedad.

Ya que la única forma que tiene el capitalismo para tratar de hacer ver que es un modelo eficiente es impidiendo que el socialismo funcione, entonces su mayor prioridad es la destrucción de toda forma de organización que emerja del poder popular, ya sea persiguiendo a los individuos que las promuevan o sancionando a las naciones cuyos gobiernos se orienten en tal sentido.

De esa forma China pasó de ser el “régimen de opresión política” que era durante la Guerra Fría, a la “dictadura que cercena la libertad de expresión” por no haber abierto las puertas a la internet en la forma irrestricta en que el imperio la pretende.

Cuba, que desde hace más de medio siglo ha visto limitadas sus posibilidades de masificar el acceso a la red en virtud del criminal bloqueo económico impuesto por los EEUU, es también acusada por el imperio de ser una nación sometida a un régimen tiránico, básicamente por la misma razón. Negarle el ancho de banda que se necesita para lograr masificar la internet en la isla es parte del bloqueo del imperio contra el pueblo cubano, porque los servidores y toda la estructura corporativa que conforma la red son en su casi totalidad activos empresariales del poderoso capital privado norteamericano.

Pero la lucha del imperio por extender al planeta sus redes de control hegemónico a través de internet, le ha llevado hoy a tener que redimensionar la concepción misma de libertad y de democracia que hasta ahora le había servido para justificar su insaciable sed de sometimiento de los pueblos del mundo a través del discurso mediático.

De acuerdo a esa nueva lógica, no pueden ser libres los pueblos que se expresen a su antojo a través de las redes sociales, ya no como lo  hacen en Japón, en Bélgica, o en Inglaterra, sino también como lo están haciendo en Rusia, en Venezuela y hasta en Cataluña.

Tal afirmación se desprende del absurdo comportamiento de las noticias internacionales difundidas esta semana por los más importantes noticieros de los EEUU y de Europa, en los que en una misma sección (tal como lo ubicaron los noticieros de Euronews y de la Deutsche Welle, por ejemplo) reportaban jerarquizando casi en los mismos términos redaccionales, por una parte la noticia de la investigación que adelanta el congreso norteamericano para determinar la supuesta intromisión de Rusia en la elección presidencial a través de una cantidad enorme de mensajes en redes sociales; y por la otra, la supuesta protesta de un número no precisado de rusos contra las regulaciones de internet aprobadas por el gobierno de esa nación asiática, mejor conocidas como la “Ley Putin”.

En el primer caso se daba cuenta de la búsqueda norteamericana de sanciones contra la Federación Rusa por permitir que gente no afecta a los Estados Unidos se pronunciara a través de las redes para promover a un candidato contrario al interés de los norteamericanos.

En la segunda información, se acusaba al presidente Putin de coartar la libertad de expresión en las redes sociales.

La única forma de encontrar alguna coherencia entre esas dos notas tan contradictorias en un mismo noticiero, es entenderlas como parte de un discurso hegemónico que busca establecer ahora como norma universal la unidireccionalidad en la libertad de expresión, de acuerdo al criterio y al interés del imperio norteamericano por supuesto.

Es exactamente lo que pretende hacer el gobierno de España para justificar la masacre contra la democracia que ha llevado a cabo mediante la desalmada represión que el señor Mariano Rajoy ordenara las últimas semanas para aplastar la sed de libertad del pueblo catalán.

Ha dicho Rajoy que la rebeldía del pueblo catalán habría sido desatada por un cuerpo de “bots” que actuarían bajo las órdenes del Presidente venezolano. Pero en definitiva, no ha hecho sino acusar a los usuarios de internet por no haber usado las redes a conveniencia del gobierno español. Acusando a la vez a los catalanes de pendejos, por cierto.

Millones de seres humanos en el mundo aprendieron ya a hablar a viva voz por las redes sociales, que el imperio vendió en sus inicios como el mayor salto de la humanidad hacia la libertad. Pero para el imperio no son las voces correctas. Son, según los amos del mundo, voces que hacen un uso indebido de ese poderoso instrumento que los sectores hegemónicos secuestraron para su beneficio propio y no para la causa de la justicia social ni mucho menos.

Algo le está saliendo mal al imperio, que sus guerras invasoras fracasan en todas partes. Que su poderío económico se viene abajo con el surgimiento de nuevos y muy poderosos referentes monetarios para el mercado internacional. Que sus elecciones están siendo determinadas por gente más allá de los océanos a la que ni siquiera ha visto jamás. Y que sus instrumentos electrónicos de dominación se le escapan de las manos, porque la gente ha terminado por usarlas para decir la verdad antes que para ninguna otra cosa.

Descarta el imperio que, si los pueblos fueron capaces de hacer siempre revoluciones que cambiaron la historia, también pueden hacer revoluciones en internet.

En el habla popular más sencilla y descarnada, a eso se le llama “salir el tiro por la culata”.

@SoyAranguibel

 

España: el imperio de los fantoches

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema fundamental con los imperios no es nada más su naturaleza usurpadora y tiránica. En la lógica de Gramsci, con oponerles un ejército igual o más numeroso sería suficiente para reducir sus pretensiones de dominación sobre los territorios que no les corresponden, tal como sucedió en América Latina durante la primera mitad del siglo XIX. Y como sucedió siempre con los grandes imperios a través de la historia.

El problema fundamental con los imperios es su existencia misma, porque su sola concepción contra natura se asienta en el precepto de la hegemonía de una élite sobre el esfuerzo, la penuria, la miseria y el hambre de los integrantes de toda la sociedad que en razón exclusivamente de la fuerza y el terror de esa élite es sometida a su dominio. En ello la dominación se ejerce más por el control cultural que por el uso de las armas.

Su verdadero poderío se apoya en la ignorancia y el temor de los pueblos, a quienes los sectores dominantes necesitan incultos y despolitizados para hacerles presa fácil de la sumisión a su explotador modelo.

Las leyes del feudalismo que inspira a los imperios, absorbidas según Marx por la burguesía emergente que surgió con la división del trabajo bajo el yugo del mercado de la era industrial (que en el fondo siguen siendo las mismas), mantuvo incólumes los estamentos de la monarquía sembrados como una necesidad por las élites del poder a través de la historia en el imaginario colectivo de las sociedades más ignorantes y atrasadas.

Fue así, mediante la ignorancia de sus pueblos, que monarquías como la española devinieron en activos fundamentales e impostergables para pueblos que, aún habiendo experimentado el notable desarrollo que alcanzaron con el “descubrimiento del nuevo mundo” y con las inmensas riquezas despojadas a esos territorios brutalmente conquistados a sangre y fuego, jamás dejaron de ser sociedades atrasadas.

La lidia de toros con la que celebran en la tierra de Cervantes su salvajismo, por ejemplo, no es sino una minúscula expresión apenas de cómo una sociedad puede ser a la vez moderna y atrasada, gracias a la trampa del supuesto arraigo cultural en la que se sustenta.

Las grandezas de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Hernández y de Lorca; la genialidad de Goya, Velázquez, Picasso y la delirante luminosidad de Dalí; los avances de la medicina y de la ciencia, su altísimo índice de desarrollo humano, y todas las demás magnificencias de la hispanidad contemporánea, no son excusa para la abominación de las guerras perpetuas causadas por la sed de poder imperial de las clases monárquicas que atravesaron de extremo a extremo la historia de España desde su más remoto origen.

Pero el imperio español no se ha extinguido todavía. Su decadencia, producto de la independencia americana y de la destrucción de su poderío naval por las alianzas británico francesa a mediados del siglo XIX, así como por la pérdida progresiva de poder en el norte de África, solo lo redujo en extensión.

De acuerdo a lo estipulado por la Constitución española, el Rey de España es a la vez rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las islas y Tierra Firme del Mar Océano (es decir, de todos los territorios conquistados por España en suelo americano, así como en Asia y Oceanía). Qué ilusos en verdad los españoles.

Su afán por acabar con la revolución bolivariana, mediante las arteras operaciones de injerencia y obstaculización política que lleva adelante de manera terca y persistente desde hace más de tres lustros contra el pueblo venezolano, demuestran la naturaleza imperialista que aún después de doscientos años de haberlos echado de estas tierras pretenden imponer sobre nuestro país y, por supuesto, sobre el resto del continente suramericano que hoy reafirma su vocación soberana e independiente.

Doscientos años para un imperio no son nada si detrás de ellos viene aunada la posibilidad de retomar el control de territorios con los que puedan hacer reflotar sus convalecientes economías, plagadas de vicios de corrupción, enajenación política, depauperación social, hambruna, miseria y escases plena de posibilidades para sus ciudadanos, cada día más agobiados por el desempleo creciente, la pérdida de perspectivas de futuro estable bajo un techo digno, con un puesto de trabajo honroso y redituable.

Por eso España puede mantener a sus ciudadanos en vilo, sin gobierno de ninguna naturaleza durante los largos meses de crisis política por la que atraviesa esa derruida entelequia de nación. Porque en realidad la institución del gobierno no es sino una farsa del Estado monárquico para hacerle creer a la sociedad que se rige por un sistema democrático avanzado, cuando en verdad sigue sometida al imperio y designios de una realeza vetusta y cavernícola que hace con ese pobre país lo que le venga en gana.

Una clase política bien enfluxada y con modales ampulosos como la que personifica perfectamente el oligofrénico de Mariano Rajoy, no es sino una pantomima perpetua en la que se representa la ópera bufa de una libertad y unos derechos que no existen de ninguna manera en España.

Es exactamente lo que acaba de dictaminar el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones unidas (ONU), destinado a evaluar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que acaba de suspender a España por incumplimiento o violación de más de 26 normas contenidas en el acuerdo que deben acatar las naciones en el tema de derechos humanos.

Tal incumplimiento va desde racismo policial hasta trata de seres humanos, incluyendo la aprobación de Leyes que atentan contra las libertades más elementales, como la Libertad de Expresión y de Información (Ley Mordaza), así como una ley de amnistía que impide la investigación de los crímenes cometidos por la dictadura de Francisco Franco, predecesor de Juan Carlos de Borbón padre del actual Rey Felipe VI.

Todo aquello de lo que acusa de manera infame y sin sustentabilidad alguna el reino de España al pueblo de Venezuela a través de esa poderosa maquinaria de manipulación y desinformación que son los medios de comunicación españoles y del Gobierno que hasta hace poco manejaba el fantoche de Mariano Rajoy, es exactamente de lo cual la ONU acaba de acusarle y que ha motivado su suspensión del Comité de Derechos Humanos hasta tanto no se solvente la terrible realidad de flagrantes violaciones en que la nación ibérica está incursa.

Y es, a la vez, precisamente todo aquello en lo cual Venezuela ha sido reconocida por ese mismo organismo internacional como país que garantiza el libre y más pleno ejercicio de las libertades ciudadanas en todos sus niveles.

Se coloca así, pues, deslumbrante e irrefutable ante el mundo entero la verdad que Venezuela ha sostenido de manera persistente desde el inicio mismo de la Revolución Bolivariana, y que ha debido gritar nuestro pueblo con más fuerza a lo largo del Gobierno del presidente Nicolás Maduro Moros; que nuestro país ha sido víctima de la más brutal y despiadada guerra de infundios, distorsiones y descalificaciones, por parte de esa maquinaria mediática y política al servicio de una corona española decrépita y destartalada, llena de complejos de dominación que la historia le impedirá resolver por los siglos de los siglos mientras el espíritu glorioso de nuestros libertadores y del Comandante Chávez siga creciendo en el alma comprometida e infatigable del pueblo latinoamericano.

¡Por qué no se callan de una buena vez, monarcas de pacotilla!

@SoyAranguibel

El hombre que calculaba… mal

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 21 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Malba Tahan fue el pseudónimo utilizado por un notable carioca de principios del siglo XX, quien como virtuoso profesor de matemáticas escogió el misticismo de los escenarios árabes para explicar como una serie de fascinantes aventuras la complicada ciencia de las álgebras y los números que tanto le apasionaba. Su nombre era Julio César de Mello e Souza. Su libro más famoso “El hombre que calculaba” (1938), quizás uno de los textos sencillos más vendidos a través de la historia.

Por décadas, el pseudónimo fue asumido por el mundo entero como el nombre de un auténtico escritor de fábulas infantiles, para muchos de origen árabe y para otros hasta hindú. Confusión con la cual siempre estuvo complacido el matemático brasileño, autor que llegó a escribir más de 103 libros, de entre los cuales 50 fueron firmados con el pseudónimo Malba Tahan (incluyendo ficción, textos escolares y obras científicas), entre otras razones por el éxito universal que su alter ego llegó a alcanzar conquistando infinidad de premios, la admiración de notables escritores como el mismísimo Jorge Luis Borges, y un total de casi tres millones de ejemplares vendidos a lo largo de su vida.

Beremiz Samir, el personaje central del libro, trascendió como el más ingenioso de cuantos matemáticos hubiese conocido el género humano. Mediante formulaciones de prestidigitación, su aritmética asombraba hasta al más sabio de los mortales aún cuando en realidad tales cálculos no eran sino estafas prodigiosas a las que siempre les sacaba buen provecho. Como aquella de la división de los 35 camellos entre tres hermanos con la cual logró hacerse en un santiamén de dos muy útiles dromedarios para sus extenuantes travesías.

Quizás fundados en su deslumbrante ejemplo cada vez existen más Beremices en la vida real, que dada la circunstancia específica no dudan ni un instante en presentarse como rectores de las cuantificaciones numerológicas para resolver todo género de disfunciones sobre la tierra y alcanzar a la vez una posición social cada vez más envidiable a punta de embaucar a la gente con sus estafadoras elucubraciones algebraicas.

Probablemente de ahí surgen los llamados porcentualistas, que todo lo refieren en términos de porcentajes con una propiedad legislativa y de exactitud que ni los relojes alimentados con energía atómica. Una conversación con un porcentualista, esa pandemia pseudo estadística que invadió al mundo con la llegada de la calculadora de bolsillo, no saldrá jamás del terreno de las proporciones arbitrarias como: “El ochenta por ciento de la juventud padece de…” ó “El treinta y tres por ciento de las amas de casa opinan…”, irresponsablemente calculadas pero presentadas siempre bajo el signo de la rigurosidad científica.

Con base en eso, hoy puede decirse sin temor a equivocarse que “un alto porcentaje” de la sociedad es porcentualista. Otro es calculador. Y otro no menos elevado es, con toda seguridad, estafador.

Felipe González Márquez, ex presidente del gobierno español, es las tres cosas.

En su última declaración a la prensa se ha atrevido a sostener una infamia que nadie, ni siquiera en el ámbito del fascismo más recalcitrante, se ha atrevido. Que la dictadura de Pinochet fue más respetuosa de los Derechos Humanos que el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Lo cual hace a partir de su desacuerdo personal con la sentencia dictada soberanamente y plenamente ajustada a derecho por un Tribunal de la República Bolivariana de Venezuela contra un terrorista.

Cualquier porcentaje que le haya asignado González al más cruel genocida que recuerde Latinoamérica en toda su historia de brutales dictaduras neoliberales, presentándolo como respetuoso de los Derechos Humanos en alguna medida, por muy escasa que fuera, es la más insolente ofensa que pueda hacerse ya no solo contra un continente, sino contra el mundo civilizado.

González lo hace porque, además de miserable y ruin, es muy calculador.

Él apuesta a la desmemoria de los pueblos, porque desde la óptica oligarca que él representa, los pueblos son lerdos, sumisos y descerebrados. Fue así como él entendió que era el pueblo español cuando lo eligió por trece años como presidente. Ningún otro político español se ha mantenido tanto tiempo en ese cargo.

Pero no fue por sus dotes como político que el pueblo lo eligió por tanto tiempo, sino por estafador. Porque supo engañar a los españoles, traumatizados como estaban todavía por aquel entonces con la terrible secuela de muerte y destrucción que sembró en la tierra de Cervantes, de Lorca y de Hernández, el criminal de Francisco Franco cuyo sanguinario saldo Felipe pactó esconder hasta que murieran los sobrevivientes del holocausto español que él mismo cohonestó con su silencio.

La revelación de tan inmunda inmoralidad la cuenta el propio González en el libro de Juan Luis Cebrián “El futuro no es lo que era”, según se recoge en un artículo de Luis Diez, publicado en el portal Cuarto Poder, en el que dice: “…el general Manuel Gutiérrez Mellado le pidió (a González) que esperase a que los de su generación se murieran para abrir el debate de lo que supuso la Guerra Civil. Gobernaba todavía Adolfo Suárez. Y González cumplió tan bien su palabra que hasta el día de hoy –40 años después de la desaparición del dictador–, no se ha podido conocer esta faceta de la represión franquista.”

En ese mismo libro, González hace gala de un morbo fascista sin precedentes, amén de un asqueroso cinismo pitiyanqui, con una aseveración tan inmoral (o tal vez más inmoral) que la que hace la semana pasada junto a la esposa del terrorista Leopoldo López, cuando afirma que “Europa, especialmente, pero también Japón, tiene una deuda de gratitud con los Estados Unidos, que han mostrado su solidaridad con las democracias en las dos grandes guerras mundiales, que no provocaron ellos. Esta deuda lleva a los europeos a solidarizarse con el dolor americano y a participar en la respuesta contra los ataques (en Estados Unidos contra las torres del Word Trade Center y el Pentágono en 2001). Es lógico no sólo por agradecimiento, sino porque la amenaza es común.”

Las otras treinta y cinco guerras provocadas por Estados Unidos después de terminada la Segunda Guerra mundial, incluido el lanzamiento de dos bombas atómicas contra poblaciones indefensas en Japón, no le perturban en lo más mínimo al siniestro personaje. Mucho menos los millones de vidas que en conjunto han provocado esas injustas conflagraciones movidas solo por el afán de dominación planetaria del imperio. Según él, ese genocidio debe ser agradecido hasta por los masacrados. Como los sobrevivientes y descendientes de Hiroshima y Nagasaki, por ejemplo, o por los familiares de la cantidad de muertos que su política de exterminio causó en España a lo largo de toda la década de los 80’s mediante las infaustas bandas GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) con los que los Derechos Humanos que hoy dice defender fueron violados de manera sistemática sin ningún miramiento ni compasión.

En su empeño calculador y fraudulento, lanza hoy un porcentaje arbitrario a favor del fascismo pinochetista y en contra de la Revolución Bolivariana porque supone que la verdad del mundo sigue siendo hoy la que los sectores dominantes han construido a su antojo e impuesto a través de la historia como les vino en gana, y que una infamia como esa podría traducirse automáticamente, por su sola palabra, en un triunfo electoral de la derecha el 6 de diciembre en las elecciones parlamentarias venezolanas. Un mal cálculo frente a la conciencia y la dignidad revolucionaria del pueblo venezolano y latinoamericano.

Otra opción es que piense que esa pueda ser una manera muy simpática de coquetearle a una dama a la que le corresponderá ahora asumir la irresponsabilidad de un marido que por golpista va a tener que abandonar el hogar por muchos años.

De calculador y farsante se llega directo a viejo verde.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en DesdeLaPlaza.com: “El hábito ancestral de España con nuestro país ha sido el de la expoliación y el saqueo”

– Publicado en DesdeLaPlaza.com el 16 de abril de 2015 –

trabajadoresviasa

Las tensiones diplomáticas entre España y Venezuela, se han mostrado en ascenso en los últimos días. El Gobierno Nacional acusó a la nación europea de mantener una postura injerencista, tras aprobar el pasado 14 de abril una resolución a favor de la liberación de varios líderes opositores.

Conforme a esta iniciativa validada por el parlamento de ese país, el Presidente de la República, Nicolás Maduro, se pronunció y tildó al Jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, de promover el “racismo histórico” contra Venezuela. El Ministerio de Asuntos Exteriores de la nación europea, en respuesta al mandatario venezolano, emitió un comunicado donde considera estas declaraciones como “intolerables”.

Pero, partiendo de toda esta coyuntura, ¿Qué consecuencias tienen estos conflictos bilaterales? Ante esta interrogante el analista político, Alberto Aranguibel, comentó a DesdeLaPlaza.com, que esta tensión diplomática entra ambas naciones no acarrea, ni debe generar ningún efecto negativo para el país.

“Esto no deberá ni debe tener consecuencias. El presidente Maduro está dejando clara la posición de defensa de la soberanía en nombre de todos los venezolanos y venezolanas, así como del proyecto de Patria aprobado por la Asamblea Nacional”, dijo Aranguibel, quien seguidamente añadió que se espera una rectificación del gobierno español, que está metido a fondo en la “guerra contra Venezuela”.

Referente a la declaración del Jefe de Estado venezolano acerca de que “está preparado para dar la batalla contra Madrid”, el analista político indicó que no debe considerarse indebido o incorrecto. “Si el país es agredido por cualquier nación, el Gobierno tiene el derecho de reaccionar en el tono que considere lo suficientemente enérgico como para dejar clara la posición de nuestro país”, argumentó.

“Venezuela lo que ha hecho es dar una respuesta, probablemente inusual,  en el marco de la cortesía del trato amable y diplomático que hay establecido entre las naciones, pero que no transgrede las leyes ni las relaciones internacionales”, aclaró.

¿Qué sucederá con los acuerdos entre ambas naciones?

Venezuela tiene múltiples acuerdos firmados con España, como evitar la Doble Tributación,  Promoción y Protección Recíproca, Seguridad Social, Cooperación Técnica entre ambas naciones, que contempla diseño, planificación, construcción, suministro, instalación y mantenimiento del sistema integral, entre otros convenios.

Sin embargo, ¿Qué pasaría en caso de que se  rompan las relaciones diplomáticas entre ambos países? En respuesta a esta incógnita, Aranguibel planteó quehabría que verlo a luz de cada uno de esos tratados. Además, agregó que Venezuela nunca se ha visto beneficiada a través de estos convenios con la nación europea.

“España no ha traído nada positivo para Venezuela. Jamás. No nos ha dejado nada positivo ni en términos de desarrollo industrial, académico, ni social. El hábito ancestral de España con nuestro país ha sido el de la expoliación, el del saqueo y eso lo ha mantenido como cultura“, precisó el analista político.

En este sentido, argumentó que en la década de los 80’ y 90’ España hizo quebrar decenas de compañías importantes en Venezuela, como sucedió en el caso de la línea de aviación bandera del país, Viasa, que fue “saqueada y desmantelada” por la empresa Iberia, con base en esos acuerdos.

Ellos han utilizado algunos convenios para expoliar a nuestro país, y este desequilibrio es parte de lo que quiere corregir la Revolución Bolivariana. Impedir que siga viéndose a Venezuela como ámbito para el saqueo”, finalizó.

DesdeLaPlaza.com/Kelvin Castillo

Fuente: DesdeLaPlaza.com

No serás rey, Felipe (I y II)

Felipe VI

Por: Juan Carlos Monedero

I
El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, sois millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la “madre patria”.

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el “por qué no te callas”, ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.

II
El Rey abdica. Otro de los efectos del 25M. Todos los consensos del régimen del ’78 se han quebrado: el de la Iglesia (que el Papa ha salido rojo), el de la judicatura (que va en moto, ebria y saltándose semáforos constitucionales), el del diario El País (que ya es una suerte de amarillismo y conservadurismo interesado), el del bipartidismo (que ya no llegan al 50%); el de la patronal (con su jefe más emblemático en la cárcel por chorizo). Faltaba la monarquía. Y ya ha saltado.

¿Será Rey Felipe? Lo escribimos en su día. Y sigo pensando lo mismo: no vas a ser rey Felipe. Nos va la democracia en ello.

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@MonederoJC

¿Por qué sube la derecha en Europa?

– La Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar? –

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Por: Ignacio Ramonet / Le Monde Diplomatic

Una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y por la incorporación al Parlamento Europeo de un número considerable de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, estos se concentran en dos grupos: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaños (1). ¿Cuántos serán después del 25 de mayo? ¿El doble? ¿Suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unión Europea (UE)? (2).

Lo cierto es que, desde hace varios años y en particular desde que se agudizaron la crisis de la democracia participativa, el desastre social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en una irresistible subida de las extremas derechas. Las recientes encuestas de opinión confirman que, en los comicios europeos que se avecinan, podría aumentar considerablemente el número de los representantes de los partidos ultras: Partido por la Independencia del Reino Unido, UKIP (Reino Unido) (3); Partido de la Libertad, FPÖ (Austria); Jobbik (Hungría); Amanecer Dorado (Grecia); Liga Norte (Italia); Verdaderos Finlandeses (Finlandia); Vlaams Belang (Bélgica); Partido de la Libertad, PVV (Países Bajos); Partido del Pueblo Danés, DF (Dinamarca); Demócratas de Suecia, DS (Suecia); Partido Nacional Eslovaco, SNS (Eslovaquia); Partido del Orden y la Justicia, TT (Lituania); Ataka (Bulgaria); Partido de la Gran Rumanía, PRM (Rumanía); y Partido Nacional-Demócrata, NPD (Alemania).

En España, donde la extrema derecha estuvo en el poder más tiempo que en ningún otro país europeo (de 1939 a 1975), esta corriente tiene hoy poca representatividad. En las elecciones de 2009 al Parlamento Europeo sólo obtuvo 69.164 votos (0,43% de los sufragios válidos). Aunque, normalmente, alrededor del 2% de los españoles se declara de extrema derecha, lo cual equivale a unos 650.000 ciudadanos. En enero pasado, unos disidentes del Partido Popular (PP, conservador) fundaron Vox, un partido situado a “la derecha de la derecha” que, con jerga franquista, rechaza el “Estado partitocrático”, defiende el patriotismo y exige “el fin del Estado de las autonomías” y la prohibición del aborto.

Herederas de la extrema derecha tradicional, cuatro otras formaciones ultras –Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota Español– reunidas en la plataforma “La España en Marcha”, firmaron un acuerdo, en diciembre de 2013, para presentarse a las elecciones europeas. Aspiran a conseguir un eurodiputado.

Pero el movimiento de extrema derecha más importante de España es Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 67 concejales. Su líder, Josep Anglada, define a PxC como “un partido identitario, transversal y de fuerte ­contenido social” pero con una dura posición antiinmigrantes: “En España –afirma Anglada– aumenta día a día la inseguridad ciudadana, y gran parte de ese aumento de la inseguridad y del crimen es culpa de los inmigrantes. Defendemos que cada pueblo tiene el derecho a vivir según sus costumbres e identidad en sus propios países. Precisamente por eso, nos oponemos a la llegada de inmigración islámica o de cualquier otro lugar extraeuropeo.”

En cuanto a Francia, en los comicios municipales de marzo pasado, el Frente Nacional (FN), presidido por Marine Le Pen, ganó las alcaldías de una docena de grandes ciudades (entre ellas Béziers, Hénin-Beaumont y Fréjus). Y, a escala nacional, consiguió más de 1.600 escaños de concejales. Un hecho sin precedentes. Aunque lo más insólito está quizás por venir. Las encuestas indican que, en los comicios del 25 de mayo, el FN obtendría entre el 20% y el 25% de los votos (4). Lo cual, de confirmarse, lo convertiría en el primer partido de Francia, por delante de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), y muy por delante del Partido Socialista del presidente François Hollande. Una auténtica bomba.

El rechazo de la UE y la salida del euro son dos de los grandes temas comunes de las extremas derechas europeas. Y, en este momento, encuentran un eco muy favorable en el ánimo de tantos europeos violentamente golpeados por la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el Pacto de Estabilidad (5) y sus crueles políticas de austeridad y de recortes, causa de enormes desastres sociales. Hay 26 millones de desempleados, y el porcentaje de jóvenes de menos de 25 años en paro alcanza cifras espeluznantes (61,5% en Grecia, 56% en España, 52% en Portugal). Exasperados, muchos ciudadanos repudian la UE (6). Crece el euroescepticismo, la eurofobia. Y eso conduce en muchos casos a la convergencia con los partidos ultras.

Pero hay que decir también que la extrema derecha europea ha cambiado. Durante mucho tiempo se prevalió de las ideologías nazi-fascistas de los años 1930, con su parafernalia nostálgica y siniestra (uniformes paramilitares, saludo romano, odio antisemita, violencia racista…). Esos aspectos –que aún persisten, por ejemplo, en el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego– han ido desapareciendo progresivamente. En su lugar han ido surgiendo movimientos menos “infrecuentables” porque han aprendido a disimular esas facetas detestables, responsables de sus constantes fracasos electorales. Atrás quedó el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, los nuevos ultras han puesto el énfasis en la cultura, la identidad y los valores, de cara al incremento de la inmigración y la “amenaza” percibida del islam.

Con la intención de “desdiabolizar” su imagen, ahora abandonan también la ideología del odio y adoptan un discurso variopinto y radical de rechazo del sistema, de crítica (más o menos) argumentada de la inmigración (en particular musulmana y rumano-gitana) y de defensa de los “blancos pobres”. Su objetivo declarado es alcanzar el poder. Usan intensivamente Internet y las redes sociales para convocar manifestaciones y reclutar nuevos miembros. Y sus argumentos, como hemos dicho, cada vez encuentran mayor eco en los millones de europeos destrozados por el paro masivo y las políticas de austeridad.

En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier dirigente político de la izquierda al “capitalismo salvaje”, a la “Europa ultraliberal”, a los “destrozos de la globalización” y al “imperialismo económico de Estados Unidos” (7). Sus discursos seducen a amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrialización y las deslocalizaciones, que aplauden a la líder del FN cuando declara, citando a un ex secretario general del Partido Comunista francés, que “hay que detener la inmigración; si no, se condenará a más trabajadores al paro”. O cuando defiende el “proteccionismo selectivo” y exige que se ponga freno al libre cambio porque este “obliga a competir a los trabajadores franceses con todos los trabajadores del planeta”. O cuando reclama la “pertenencia nacional” en materia de acceso a los servicios de la seguridad social que, según ella, “deben estar reservados a las familias en las cuales por lo menos uno de los padres sea francés o europeo”. Todos estos argumentos encuentran apoyo y simpatía en las áreas sociales más castigadas por el desastre industrial, donde durante decenios el voto a las izquierdas era la norma (8).

Pero el nuevo discurso de la extrema derecha tiene un alcance que va más allá de las víctimas directas de la crisis. Toca de alguna manera ese “desarraigo identitario” que muchos europeos sienten confusamente. Responde al sentimiento de “desestabilización existencial” de innumerables ciudadanos golpeados por el doble mazazo de la globalización y de una UE que no cesa de ampliarse. Tantas certidumbres (en materia de familia, de sociedad, de nación, de religión, de trabajo) han vacilado estos últimos tiempos, que mucha gente pierde pie. En particular las clases medias, garantes hasta ahora del equilibrio político de las sociedades europeas, las cuales están viendo cómo su situación se desmorona sin remedio. Corren peligro de desclasamiento. De caer en el tobogán que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (por el credo en el Progreso) haber salido para siempre. Viven en estado de pánico.

Ni la derecha liberal ni las izquierdas han sabido responder a todas estas nuevas angustias. Y el vacío lo han llenado las extremas derechas. Como afirma Dominique Reynié, especialista de los nuevos populismos en Europa: “Las extremas derechas han sido las únicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –paro, poder adquisitivo– y de su patrimonio inmaterial, es decir su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea” (9).

Mientras las izquierdas europeas consagraban, en los últimos dos decenios, toda su atención y su energía a –legítimas– cuestiones societales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos de los inmigrantes, ecología), al mismo tiempo unas capas de la población trabajadora y campesina eran abandonadas a su –mala– suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasión. Sacrificadas en nombre de los “imperativos” de la construcción europea y de la globalización. A esas capas huérfanas, la extrema derecha ha sabido hablarles, identificar sus desdichas y prometerles soluciones. No sin demagogia. Pero con eficacia. Consecuencia: la Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar?

Notas:
(1) En las elecciones europeas de 2009, los partidos de extrema derecha obtuvieron el 6,6% de los votos.
(2) Las encuestas más serias indican que, después del 25 de mayo, el número de eurodiputados de extrema derecha pasaría de 47 a 71. Léase “Élections européennes 2014: vers “une” extrême droite européenne?”, Fundación Robert Schuman, http://www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0309-elections-europeennes-2014-vers-une-extreme-droite-europeenne
(3) Un sondeo realizado por la firma YouGov el 6 de abril de 2014 en el Reino Unido le atribuye al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) un 40% de las intenciones de voto y al menos 20 diputados europeos.
(4) Según un barómetro de imagen del FN realizado en febrero de 2014 por el Instituto TNS Sofres, el número de franceses que se adhieren a las ideas del FN es del 34%.
(5) El Pacto de Estabilidad y de Crecimiento prohíbe a los gobiernos europeos de la zona euro realizar un déficit presupuestario superior al 3% del PIB.
(6) El último estudio Eurobarómetro, publicado en diciembre de 2013, revela que sólo el 31% de los europeos tiene una imagen positiva de la UE (frente al 48% en marzo de 2008).
(7) Léase “Nouveaux visages des extrêmes droites”, Manière de voir, n.°134, París, abril-mayo de 2014.
(8) Según un sondeo publicado por el diario Le Monde, la imagen de la presidenta del FN recibe cada vez más opiniones favorables: el 56% de los encuestados cree que “entiende los problemas cotidianos de los franceses” y el 40%, que “tiene nuevas ideas para resolver los problemas de Francia”.
(9) Dominique Reynié, Populismes: la pente fatale, Plon, París, 2011.

Fuente: Le Monde Diplomatique

Acabar con el capitalismo

– Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1 mil millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de la población, casi un 15 por ciento de los habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que 1 millón de personas dejaran de ser pobres cada semana durante 16 años” –

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por: Xavier Caño Tamayo / Voltairenet.org

Hace casi 5 años, José Vidal Beneyto escribía que “cada 3 segundos muere un niño por sufrir pobreza, y frente a ello cada día se multiplica vertiginosamente la fortuna de los más ricos”. Había profundizado en un informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo de los recursos humanos, que desmontaba la falacia de la pobreza por circunstancias inevitables. Malnutrición, hambre, enfermedades, explotación, analfabetismo, mortalidad infantil… Podrían eliminarse si acabamos con un orden social cuyo principal objetivo es aumentar la riqueza de los ricos.

Citaba Vidal Beneyto un informe de Emanuel Saez y Thomas Piketty que mostraba que el 1 por ciento de habitantes más ricos de Estados Unidos poseía una fortuna superior a lo que tenían entonces 170 millones de estadunidenses con menos recursos. Pero eso era exacto hace casi 5 años. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley (Striking it richer: the evolution of top incomes in the United States) muestra que, de 2009 a 2012, en Estados Unidos el 1 por ciento más rico de la población se apropió del 95 por ciento del aumento de ingresos de ese país. El beneficio del 1 por ciento más rico creció más del 30 por ciento en ese periodo, pero el beneficio del resto sólo fue un reducidísimo 0.4 por ciento.

Como muestran datos de Credit Suisse, en un mundo de 7 mil 300 millones de habitantes, casi la mitad de la riqueza está en manos del 1 por ciento de población, en tanto que la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante, abundando los que menos tienen. Una desigualdad que crece sin cesar, pues la riqueza cada vez se redistribuye menos y se concentra más en muy pocas manos.

En el Reino de España, si se mide el ingreso del 20 por ciento más rico de la población y el 20 por ciento más pobre, nos recuerda Juan Torres, la desigualdad aumenta espectacularmente desde 2007. Y España deviene el país europeo más desigual. En 2011 sólo Bulgaria y Rumania tenían tasas de riesgo de pobreza más elevadas.

Pero no sólo España. En Alemania ya hay 8 millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales; y en Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, 2 millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3.5 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso en los países con fama de más igualitarios (Suecia o Noruega, por ejemplo) la renta del 1 por ciento más rico ha aumentado más del 50 por ciento, pero no así la del resto.

El caso español es más grave. Según datos del Fondo Monetario Internacional, sólo Lituania lo supera en aumento de desigualdad; lo que significa que desigualdad y pobreza asociadas alcanzarán niveles insostenibles de no poner remedio. Porque hablar de desigualdad es necesariamente hablar de pobreza. Y la pobreza que acompaña a la desigualdad tiene terribles consecuencias. Por ejemplo, Joanna Kerr, directora general de ActionAid International, acaba de anunciar que, de no actuar de inmediato, 1 millón de niños más podrían morir de aquí a 2015.

Pero no se lucha contra la pobreza sin hacerlo contra la desigualdad. Una desigualdad que no cesa y algunas de cuyas causas estructurales son la imposición de una libertad total para compras y ventas de bienes, capitales y servicios; la desregulación absoluta de la actividad económica (sobre todo financiera); la reducción drástica del gasto público más la exigencia de un rígido control presupuestario, sobre todo en servicios y satisfacción de derechos sociales. Por no hablar de la indecente rebaja sistemática de impuestos a los más ricos que empezó en la década de 1980 y no ha cesado.

Es evidente que para combatir la pobreza extrema es imprescindible acabar con la riqueza extrema. Como dijo Eduardo Galeano: “este capitalismo asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y está en guerra contra los pobres, pero no contra la pobreza”. Así las cosas, es obvio que hay que zanjar el capitalismo.

Fuente: Voltairenet.org