Ayer fui a la Iglesia

Por: Alberto Aranguibel B.

(26 de diciembre de 2017)

Estaba abarrotada de fieles que apretujaban entre sus manos las cuentas de sus rosarios como tratando de extraerles aunque fuera un pedacito de la gloria que el Cristo redentor promete.

A escasos metros, frente a la imagen del Sagrado Corazón, estaba el miserable que apenas ayer pretendió que le pagara medio kilo de queso al triple del precio en que me lo había vendido dos días antes.

Cerca de él, como si no se conocieran, el dueño del supermercado que vive remarcando precios a toda hora sin justificación alguna, suplicándole también al Altísimo, hincado de rodillas.

A un lado, medio oculto por los pendones de la natividad, el sinvergüenza que bachaquea a domicilio los productos de Mercal, que logra obtener con el Carnet de la Patria y que luego revende a diez veces su precio.

Casi frente al altar, como a punto de estallar en llanto por la emoción de ver tan de cerca la Virgen de la Coromoto, la cretina que estafa a la gente vendiendo los puestos en las colas, so pena de meterle cuatro puñaladas a quien no le pague.

Minutos antes de iniciada la misa chateaban por el celular maldiciendo a Maduro y pidiendo la muerte para los chavistas mediante el más cruel método posible.

Pero al empezar a hablar el cura, se concentraron junto a sus familiares en el piadoso ritual que conmemora el nacimiento del Niño Dios.

Solo con verlos se percibía cómo se remontaban a lo que debió haber sido el suplicio de José y María recorriendo los desiertos en búsqueda de alojamiento para dar a luz, porque la respiración se les entrecortaba y los ojos se les aguaban.

Les conmovía hasta el dolor que Dios viniera al mundo sobre la paja de un granero inhóspito, rodeado de animales y embarrado en estiércol.

Gemían de dolor imaginando el sufrimiento de aquella pobre gente y se abrazaban con la mayor fuerza entre los suyos cuando el cura indicó que había que darse la Paz en señal de expiación definitiva de los pecados.

Al salir, secaron sus lágrimas, saludaron con humildad a la feligresía que caminaba junto a ellos, retomaron sus celulares y ordenaron a sus empleados, que habían dejado en el puesto de buhonero, en la panadería, en la cauchera, en la ferretería, en el abasto y en la quesera, mientras ellos acudían a escuchar la palabra salvadora de Cristo, que subieran los precios de todo.

Me importa un coño quien haya nacido”, les decían a sus “empleados” a gritos.

@SoyAranguibel

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Panaderías y antichavismo

Por: Alberto Aranguibel B.

En las panaderías, como en todo negocio capitalista, hay que diferenciar bien entre los dueños y los empleados.

El dueño es por lo general el desterrado que vino con el rabo entre las piernas de su Europa destruida por la guerra, al paraíso de esta tierra de gracia que le acogió sin mezquindades de ningún tipo. El empleado es el venezolano que fabrica en condiciones de esclavitud el pan que el dueño vende cómodamente desde la caja registradora.

Pero también hay que saber diferenciar entre el dueño trabajador y honesto y el miserable que utiliza la panadería como arma de guerra para hacer una gran negocio a partir de la manipulación con la política.

Mientras al dueño honesto se le reconoce fácilmente porque se le ve trabajar sin descanso junto a los trabajadores, al dueño miserable se le identifica por la forma en que vocifera contra el gobierno revolucionario a la vez que aumenta los precios de las mercancías a diestra y siniestra sin la más mínima justificación.

Con su perorata antichavista, el miserable no solo logra la solidaridad automática de la clientela escuálida, sino que neutraliza a los chavistas que por miedo a que no les vendan se quedan callados ante la andanada de improperios contra todo lo que tenga que ver con Chávez. Y lo que es peor, ante el impúdico asalto al bolsillo que diariamente se da en esas panaderías a la vista de todo el mundo.

Es exactamente lo que pasa en la panadería Crostata, en el Centro Comercial La Boyera, en el Municipio El Hatillo, auténtico centro de bachaqueo donde todo es marcado a precio de dólar ilegal, en la cual una furiosa portuguesa grita a diario a voz en cuello frente a la clientela todo su odio al gobierno y al presidente de la República, a la vez que anuncia, también a diario, el incremento desmedido de precios en todos los artículos.

Hacer que la clientela no te odie a ti sino al gobierno por todos los atropellos que tú cometas mientras haces dinero fácil a raudales, es sin lugar a dudas el mejor negocio para los especuladores en este tiempo de guerras capitalistas contra el pueblo.

Por eso cuando el gobierno pone las panaderías especuladoras en manos de los trabajadores está haciendo lo correcto, no solo en términos laborales sino que logra un nuevo espacio de justicia social para el pueblo.

@SoyAranguibel

Alberto Aranguibel denunció a la MUD como los “bachaqueros” de la política

Diciembre 08/2016.- YVKE Mundial Los Andes / Rubí Guadelis

“Los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) son los “bachaqueros” de la política, porque al igual que estos, se venden como parte del pueblo pero en realidad lo que buscan es utilizar a ese pueblo para sacarle provecho”, así lo denunció el comunicador social y analista político, Alberto Aranguibel, en rueda de prensa que ofreció acompañado de  la presidenta del Consejo Legislativo de Estado Bolivariano de Mérida (CLEBM), Niloha Delgado.

Explicó que se encuentra de gira en diversos estados del país con la idea de tratar de ayudar, a nivel comunicacional, a explicar las distorsiones económicas que causan hoy el padecimiento del pueblo, producto de la guerra que los sectores del gran capital han desatado contra la economía del país.

En este contexto, manifestó  que así como el “bachaquero” convencional especula con los productos de primera necesidad, la derecha venezolana agrupada en la MUD insiste en crear  malestar, hasta el punto de levantarse de la Mesa  de Diálogo.

Insistió que es necesario que los partidos políticos que integran la Mesa de la Unidad Democrática le den paso a una oposición seria, que presente propuestas a favor del país y no como actualmente sucede, “que hasta han irrespetado al Papa Francisco y al Vaticano en la Mesas de Diálogo”, expresó.

En tal sentido, indicó que la MUD necesita la violencia y la exacerbación del malestar y la intranquilidad que tiene el pueblo, como fórmula para alcanzar sus posibilidades de retornar al poder para retomar el neoliberalismo.

Recordó a su vez las palabras que hace 4 años el comandante Chávez expresó un 8 de diciembre de 2012-, en su última alocución al país, quien expresó “no faltará quienes pretendan tratar de reinstaurar el capitalismo, aprovechando las coyunturas difíciles por las que pueda atravesar el pueblo”, dijo.

Con respecto a la guerra económica, Aranguibel señaló que esta no estaba planteada para que durara tanto tiempo. “La oposición está perdiendo esta guerra económica, que fue desatada por ellos sin lograr su objetivo, es el pueblo quien la está ganando, aún padeciendo y sufriendo como lo ha venido haciendo”, recordó.

Es así que consideró que la derecha no está interesada en realizar elecciones ni referendo revocatorio en Venezuela, porque, a su juicio,  han utilizado el argumento para generar conmoción, como buenos “bachaqueros” de la política, creando falsas expectativas con el tema del referendo revocatorio y la reducción del mandato.

Venezuela: ¿escasez de alimentos o chantaje?

Por: Pasqualina Cursio / Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

En febrero de este año, la Asamblea Nacional, cuya mayoría representa al sector opositor del gobierno nacional, declaró la crisis humanitaria e inexistencia de seguridad alimentaria para la población venezolana. Entre los considerandos se lee: “Que  resulta  inocultable,  tratándose  de  un  hecho  público,  notorio  comunicacional,  la  ausencia  de  disponibilidad  suficiente  y  estable  de productos  alimenticios,  además  de  las  serias  dificultades  de  acceso oportuno y permanente a estos por parte de los venezolanos”.

No hay duda de la dificultad que ha significado para el pueblo venezolano acceder a los alimentos, especialmente desde inicios de 2013. Largas colas deben hacerse a las puertas de los establecimientos para lograr adquirir algunos de los alimentos de la canasta básica. Al tiempo, y debido a que los alimentos no se encuentran en los anaqueles, ha proliferado un mercado paralelo e ilegal en el cual éstos están disponibles pero a precios muy elevados.

No obstante lo anterior, la disponibilidad de alimentos, definida como la cantidad producida y/o importada, no ha disminuido en proporciones equiparables con las manifestaciones de desabastecimiento. Las grandes empresas privadas responsables del abastecimiento no han reportado disminuciones significativas en sus niveles de producción, tampoco han manifestado haber cerrado sus plantas. En consecuencia, las dificultades de acceso oportuno y permanente a los alimentos, tal como se recoge en la declaración de los diputados no necesariamente se debe a la disminución de la disponibilidad. El problema se centra en el hecho de que estos alimentos que han sido producidos, importados y por tanto disponibles, no se encuentran de manera regular, oportuna, permanente y suficiente en los anaqueles, dificultándole al pueblo su acceso.

Una vez superadas las dificultades y luego de haber padecido largas colas o de haber pagado un sobreprecio en los mercados paralelos, o después de haber sido beneficiado de los programas sociales implementados por el Gobierno Nacional orientados a garantizar el acceso a los alimentos, el pueblo venezolano ha logrado consumirlos. Sin duda, lograr adquirirlos ha sido una gran calamidad por la cual atraviesa el pueblo venezolano, pero distante de una situación de inexistencia de seguridad alimentaria, de hambruna o de crisis humanitaria.

El consumo diario de alimentos del venezolano alcanzó las 3.092 kilocalorías el año 2015, nivel que supera el mínimo de seguridad alimentaria plena establecido por la FAO, el cual se ubica en 2.720 kilocalorías diarias por persona (Ver gráfico). Desde 1999 el consumo de kilocalorías diarias ha registrado un franco incremento, a excepción del 2002, año en el que sectores que hacían oposición al Gobierno adelantaron acciones de sabotaje a la empresa Petróleos de Venezuela, la principal del país. Si bien los niveles de consumo en kilocalorías no se ubican en los mismos niveles que en 2011 (año con mayor registro de consumo alcanzando las 3.221 kilocalorías), éstos siguen siendo superiores a las 3.000 kilocalorías diarias, lo que  tampoco se corresponde con las manifestaciones de desabastecimiento y las largas colas.

Venezuela es el segundo país con mayor disponibilidad de calorías para el consumo en América Latina. Con estos niveles de consumo diario, resultará cuesta arriba convencer a la comunidad internacional de la situación de hambruna en Venezuela.

calorías

¿A qué se deben las serias dificultades para que el pueblo venezolano acceda oportuna y permanentemente a los alimentos, si éstos han sido producidos, importados y por tanto están disponibles en cantidades suficientes permitiendo alcanzar los niveles de consumo mostrados? ¿Sobre quiénes recae la responsabilidad de que el pueblo deba padecer tales agravios?

Tanto la producción como la distribución de los 10 alimentos más difíciles de adquirir, por los cuales hay que hacer largas colas (harina de maíz precocida, arroz, pastas alimenticias, leche, aceite, margarina, café, carne de pollo, carne de res y huevos de gallina) están concentradas en no más de 10 grandes empresas privadas.

A manera de ejemplo, el alimento que más consume el venezolano es la harina de maíz precocida, forma parte de sus desayunos y cenas y es utilizada para la preparación de las arepas y bollos. Esta harina ocupa el primer lugar de la lista de alimentos más consumidos, representando el 11,4% del consumo total de alimentos diarios. En promedio, el venezolano consume 115,7 gramos diarios de esta harina. Se requieren alrededor de 97.000 toneladas mensuales para abastecer al pueblo venezolano. La capacidad instalada de producción nacional de harina de maíz precocida es 125.450 ton/mes, de las cuales el 81% está concentrada en ocho (8) empresas privadas. De éstas, solo una cuenta con el 62% de la producción de harina.

Estas 10 grandes empresas privadas, sobre las cuales recae la responsabilidad de abastecer de alimentos al pueblo venezolano no han disminuido sus niveles de producción, no han cerrado las líneas. Por el contrario, en sus reportes se registran incluso aumentos de producción. Siguiendo con el ejemplo, la producción de harina de maíz precocida de una de las empresas con mayor capacidad instalada, pasó de 43.159 ton/mes promedio en 2014 a 49.600 ton/mes en 2015.

Representantes de la industria de alimentos insisten en que la causa de la escasez es la disminución de la producción atribuida a dos aspectos: a la política de regulación de precios de los alimentos, que “no le garantiza ganancias adecuadas” y a la no asignación inmediata y suficiente de divisas por parte del Estado a estos empresarios. El hecho de que los alimentos hayan sido consumidos (luego de superadas las dificultades para el acceso por parte del pueblo venezolano) da muestras de que la producción y/o importación no han disminuido de manera significativa, y por tanto, la política de control de precios y la falta de divisas no están incidiendo sobre los niveles de disponibilidad.

Comparaciones históricas entre los niveles de disponibilidad y de precios regulados evidencian que si bien, para algunos alimentos y en algunos períodos, ha habido un rezago de los precios, esta situación no ha afectado la disponibilidad. Incluso desregulaciones de los precios de algunos alimentos no han garantizado que éstos se encuentren de manera oportuna, permanente y suficiente en los anaqueles. Tal es el caso de la margarina, los granos, la salsa de tomate y la mayonesa, todos muy consumidos por los venezolanos, cuyos precios no están regulados y sin embargo, su acceso se ha hecho difícil. O por ejemplo, alimentos cuyos precios han sido recientemente  revisados y actualizados, como es el caso de los huevos de gallina, el café y el arroz, y sin embargo, tampoco se encuentran en los anaqueles.

El Gobierno Nacional ha estado asignando divisas para importar la materia prima y los insumos necesarios para la producción, o para adquirir en el exterior los alimentos terminados. Al comparar los niveles de importación del 2004 (año en el que no se registraba desabastecimiento de alimentos) con 2014, se observa que en el primero ascendieron a US$ 824.880.750,00 y en 2014 las importaciones sumaron US$ 2.281.712.109,97. La cantidad de divisas que el Gobierno Nacional asignó para la importación de alimentos o sus insumos incrementó 177% durante el mencionado período. A partir del 2015 los ingresos de divisas del país han registrado una disminución consecuencia de la caída de los precios del petróleo, no obstante, eventuales disminuciones en la asignación de divisas no se corresponden con los niveles de consumo y por tanto de disponibilidad de alimentos durante el referido año. Siguiendo con el mismo ejemplo, la mayor productora privada de harina de maíz precocida en Venezuela recibió en promedio, solo en 2014, 367% adicionales de divisas con respecto a los años anteriores.

Las serias dificultades que el pueblo venezolano está enfrentando para acceder a los alimentos no son causa de la disminución de la disponibilidad. Las dificultades se presentan en el proceso de distribución y suministro, en el hecho de que los bienes producidos en cantidades suficientes no se encuentran oportuna y permanentemente en los anaqueles de los establecimientos expendedores de alimentos, generándose de esta manera una percepción de “escasez” que origina largas colas y la proliferación de mercados ilegales en los que se transan estos alimentos a precios muy elevados. La pregunta que surge es en manos de quién están estos alimentos? ¿De quién depende su distribución y suministro?

En el Arte de la Guerra” de Sun Tzu se lee que “La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo lo que se pueda”. Es que acaso está el pueblo venezolano siendo sometido a una guerra?

En las guerras militares, convencionales, a quien se busca privar de alimentos es a los ejércitos, a las tropas, no a los civiles, acción que por inhumana igualmente rechazamos, tanto la privación de los alimentos como la guerra misma. Pero en este caso es al pueblo venezolano todo, sin distinción (aunque el de menos recursos siempre es el más afectado) a quien se le está tratando de privar de los alimentos, haciéndole cada vez más difícil su acceso. Será que se trata de un gran chantaje para acceder al poder político de parte de algunos sectores? ¿Será que apuestan al desgaste, desesperación, desesperanza, angustia e incertidumbre del pueblo venezolano? ¿O es que acaso ven en el pueblo venezolano un gran ejército? Necesario es identificar quiénes son los que comandan estas acciones que consideran al pueblo venezolano un enemigo, capaces de intentar desproveerlo, sin piedad alguna, de los alimentos.

Vale la pena recordar uno de los pasajes de El Príncipe de Nicola Machiavelo: “… un príncipe jamás podrá dominar a un pueblo cuando lo tenga por enemigo, porque son muchos los que lo forman; a los nobles, como se trata de pocos, le será fácil”.

Fuente: Celag

Para acabar con las colas

– Publicado en el Correo del Orinoco el 23 de febrero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Para el capitalismo la ideología es un activo no redituable cuyo valor es cuando mucho el de lo que la ingeniería estructural denomina carga muerta. Su confrontación con los modelos alternativos de cualquier signo tiene su origen y única razón de ser en la necesidad de captar mercados, no espacios políticos para la promoción de ninguna doctrina social ni para la consolidación de la democracia o de territorios de libertad como sostienen los imperios.

Su lucha es por hacerse de los recursos energéticos de todo tipo más allá de sus fronteras y por el control de economías que sirvan al propósito expansivo de los mercados para sus grandes corporaciones (lo que equivale a restringir a la vez las posibilidades de crecimiento de las corporaciones competidoras o enemigas, como más gusta llamarles a los Estados Unidos).

Siendo pues que los mercados son inevitablemente finitos, fundamentalmente en virtud del irreparable percance de que la tierra es redonda, la expansión de esos mercados tampoco puede ser infinita y las corporaciones se verán siempre de manera indefectible en la obligación de; o adecuarse al ritmo del crecimiento vegetativo de esos mercados, o crecer no hacia abajo sino hacia arriba, es decir, orientar sus posibilidades de incrementar utilidades mediante el juego especulativo de capitales en las bolsas de valores.

Entre una opción y la otra, la fórmula prodigiosa para el incremento de las ventas para todo tipo de corporación ha sido hasta ahora la comercialización de productos de consumo masivo, incentivada por las posibilidades de multiplicación de los mercados que determinan dos factores específicos; la moda y la obsolescencia programada.

A través del poderoso entramado comunicacional sobre el cual se soporta el modelo capitalista, la publicidad convierte de manera incesante los sueños en necesidades impostergables. De ahí surge el monstruo de la enajenación social que al decir de Erich Fromm alcanza las relaciones de los seres humanos con sus semejantes promoviendo asociaciones instrumentales y egoístas. “Todo el mundo es una mercancía para todo el mundo –dice- incluso en la relación del sujeto consigo mismo posee una orientación mercantil donde nuestro valor depende de vendernos bien.”

La moda no es otra cosa que el proceso de ansiar con frenesí insaciable un determinado objeto, para asumirlo como inútil inmediatamente después de que su modelo es desplazado por el nuevo. La obsolescencia programada, una variante de la moda pero mucho más rigurosa en su comportamiento, es simplemente la planificación de la vida útil de los objetos por parte del fabricante para hacerlos vigentes solo hasta el instante en que este decida, arbitraria y antojadizamente, que se ha completado su ciclo mercadotécnico.

A ese ritmo perverso debe someterse indefectiblemente el ser humano en el capitalismo, so pena de ser arrollado por la vorágine de la exclusión social y del olvido de la historia. Desde que llega al mundo, todo cuanto tiene que ver con sus necesidades más apremiantes y hasta sus deseos más frívolos estará signado por la demoledora lógica de la moda y del consumismo, en lo cual las más de las veces su poder adquisitivo se verá siempre mermado por el mismo conjunto de factores ideados por el modelo para apropiarse de su dinero; la especulación y la inflación.

Más allá de la naturaleza explotadora del capitalismo, una vez superada esa fase de apropiación de la plusvalía que el trabajador genera, su asalto al ser humano se extiende hasta lo más esencial de la vida de una manera tan absorbente que la convierte ya no en vida sino en tortuosa sobrevivencia. El profesor chileno Alvaro Cuadra sostiene a este respecto en su libro De la ciudad letrada a la ciudad virtual que “El consumismo constituye una nueva habla social que ante la bancarrota de los metarrelatos articula una pluralidad de microrelatos efímeros, no trascendentes y despolitizados, que transforman una ideología en sentido común. El consumismo es un nuevo ethos cultural en que las necesidades impuestas por un orden económico devienen impulsos o deseos.”

El deterioro de la integridad mental del individuo en la sociedad capitalista es acelerado permanente e irremediablemente por el sistema, como si el mismo no fuera sino una pulpa vegetal a la que hay que exprimir hasta resecarla bajo la justificación de una filosofía que se presenta como un dogma religioso de carácter inquebrantable. Sobre esto dice Cuadra en su texto: “Al masificarse los comportamientos mercantilistas –el consumismo- se instala en la sociedad una ilusoria igualdad social; el mercado incorpora en una lógica de conjunción a las más amplias capas de la población. El consumismo no es otra cosa que la consagración de la mitología burguesa y su disolución en lo cotidiano”

De esa manera, todo tipo de mercancía o bienes transables, desde cigarrillos hasta mansiones de lujo, pasando por bebidas, alimentos, prendas de vestir, artefactos eléctricos, vehículos, yates y hasta aviones, se convierten en objetos de culto de un modelo decadente que degrada al ser humano para realizar su aspiración de abarcar cada vez más posibilidades de comercialización.

Por eso, antes que por razón alguna asociada a políticas económicas de gobierno, la fuerza que genera las colas que se dan hoy en Venezuela para acceder a la posibilidad de adquirir a bajo costo los productos y alimentos de primera necesidad, son solo el resultado de la agresión sicológica de la que ha sido víctima la población, que no ha dejado en ningún momento de tener garantizado el subsidio del Estado a esos productos, sino que los mismos han sido secuestrados de manera criminal por las mafias especuladoras que los han sacado del mercado para provocar el alza indiscriminada de precios.

Una perturbación que deriva directamente del más crudo capitalismo, con toda la rigurosidad filosófica de la especulación y de la usura más cruel y salvaje, que lleva a la gente a ansiar con desesperanza mercancías que incluso a veces ni siquiera necesita y que provoca la sensación irrefrenable de que todo pudiera resolverse mediante un cambio de gobierno y no mediante la erradicación del verdadero percance que genera la inclemencia de las colas, como lo es el capitalismo, como en efecto tiene que hacerse cuanto antes.

Por supuesto que deberán tomarse cada vez más medidas de gobierno para contrarrestar los efectos perniciosos de esa vorágine de las compras compulsivas que junto al acaparamiento y la desinversión detonan el ciclo recurrente del desabastecimiento, lo que a su vez desata de nuevo la furia consumista hasta el infinito. Pero eso no bastará.

No bastarán tampoco los certeros golpes contra el contrabando de extracción, ni contra el bachaqueo interno de mercancías como se viene haciendo, así como tampoco la sincera reconvención necesaria de los sectores de la empresa privada que apuestan insensatamente a la alteración del sistema político con el concurso de la presión económica sobre el pueblo.

Ni siquiera será suficiente el acuerdo nacional con los sectores políticos que de manera obtusa colocan la solución del problema en un absurdo cambio de modelo económico que a la larga solo persigue la reinstauración del modelo neoliberal que engendró desde hace décadas toda esta tragedia.

Para acabar con las colas será necesario que las venezolanas y los venezolanos, todos por igual y a una sola voz, sin mezquindades ni cartas marcadas, pensemos en el país y no en revanchismos sectarios y pongamos cada quien desde su propia iniciativa y amor propio todo nuestro esfuerzo y nuestra disposición en pasar la página del delirio consumista que solo conduce a nuestro propio padecimiento y favorecen a las mafias hambreadoras.

No hay otra forma que no sea la de la elevación de la conciencia. Y en eso la revolución tiene una obligación histórica impostergable.

 

@SoyAranguibel

Bachaqueo, desquiciamiento y guerra

Por: José Manuel Rodríguez R.

Recuerdo las terribles imágenes del tsunami en Japón. No puedo olvidar las largas filas de ciudadanos, de todas las edades, silenciosas y estoicas, esperando su turno para recibir un bollo de pan y un cambur. Luego, con una reverencia de conmovedora dignidad, se retiraban a sus refugios. Un sicólogo ligero diría: se ha conjugado una milenaria cultura del sometimiento con un medio natural inestable y agresivo que hace precaria la vida.

Hace días Eduardo Rothe escribió en Aporrea: Venezuela es una maravillosa y fértil república de llanuras, selvas, ríos y serranías, repleta de riquezas, defendida del mar por una cordillera que corre de este a oeste; sus pobladores son gente alegre, igualitaria y despreocupada… Y continua el camarada: Los venezolanos son serios pero informales, sólo cultivan la perfección donde es obligatoria, en la ciencia y la tecnología, la aviación y la música; en lo demás, cultivan un cuidadoso desorden que da a sus obras y labores, a sus ciudades y servicios, un toque de incompleto…

Sin embargo, siento que faltó, en la lista construida por Eduardo, el adjetivo que explique el amasijo de posesos que hacen colas en los automercados para comprar cualquier cosa por docenas; en Movilnet para adquirir celulares; en Liberty Express para recibir los paquetes encargados a Miami. O que califique las amanecidas frente a Tu casa Bien Equipada para adquirir, de un solo golpe los artefactos eléctricos que antes se compraba a lo largo de varias navidades.

En ninguna de esas colas hay hambrientos, ni resignados a recibir la parte que le corresponde en la igualación de un comunismo imaginario. Lo que abunda son señoras de pelo oxigenado, enloquecidas por su irracional antichavismo, atapuzando sus apartamentos clase media con cientos de productos, que terminan vencidos. Gente del pueblo por miles comprando harina “Pan”, azúcar o leche como si administraran areperas. Colombianos por centenares comprando bultos de champú, jabones o desodorantes como si todos fueran dueños de peluquerías. Y sin duda, guerreros corporativos.

jmrr44@hotmail.com

Aranguibel en Vladimir a la 1: “Las colas son producto de la lógica capitalista de la especulación”

El analista Alberto Aranguibel se refirió este miércoles en el programa “Vladimir a la 1” que transmite Globovisión, a las colas que padece hoy el pueblo en busca de los alimentos y artículos de primera necesidad, considerándolas un fenómeno producto de la lógica capitalista de la especulación y de ninguna manera derivadas de política alguna del gobierno nacional.

Si algo está afectando hoy a la economía -dijo- es la perturbación creada a partir de la guerra desatada por sectores especuladores de la empresa privada que creyeron que con la muerte del Comandante Chávez se podía dar rienda suelta a la desenfrenada elevación de precios que desde ese sector siempre se ha perseguido.

En su reflexión sobre el impacto político que estas colas podrán tener sobre las elecciones de parlamentarios a la Asamblea Nacional este fin de año, el analista expresó su convencimiento del triunfo de las fuerzas revolucionarias “porque el pueblo cada día se da más cuenta de que el verdadero causante de esas colas son los que han desatado esta guerra contra nuestra economía, a la vez que constata que su redentor en medio de este padecimiento es el Presidente Nicolás Maduro”

En estos dos (2) videos la entrevista completa:

¿Cuánto valdrá ese show?

– Publicado en Últimas Noticias el 31 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En el capitalismo no hay inversión alguna que no sea calculada en función de su rentabilidad o retorno. El súmmum de su filosofía es la bolsa de valores, instancia en la que los capitales juegan para intentar cumplir con ese propósito de la máxima rentabilidad bajo la lógica de toda una ciencia que pone a la especulación como el arte más elevado del conocimiento humano.

La obsolescencia programada, probablemente el más acabado concepto de inmoralidad que haya conocido la humanidad, es sin lugar a dudas la expresión más perfecta de esa filosofía de la codicia que en el ámbito del neoliberalismo denominan “emprendedor”. Su contraparte: el inventor del yunque.

Mientras el capitalista concibe el desarrollo a partir del engaño y de la estafa al consumidor con la fabricación de productos diseñados para desgastarse en el menor tiempo posible y hacer de sus compradores unos esclavos perpetuos, el fabricante de yunques trabaja para no ver más nunca a su clientela, simplemente porque su producto es indestructible y por lo tanto imperecedero. Es el único caso en el capitalismo de un empresario honesto que procura la satisfacción de su cliente.

De ahí que las decenas de empresarios que apuestan hoy al triunfo de la guerra económica contra nuestro pueblo jugando a la especulación, al acaparamiento, al bachaqueo y al contrabando, están haciendo el que seguramente será el peor negocio de su vida.

¿Cuánto puede resultar rentable el sobreprecio cuando existen leyes que penalizan con cárcel la especulación? ¿Cuán seguro es invertir en acaparamiento si en todo momento hay riesgo de que su mercancía sea decomisada?

Calcular como rentable la salida de sus propios mercados durante meses con el descabellado propósito de alterar el sistema político que de manera legítima se ha dado el pueblo venezolano es probablemente la más insensata idea que un sector empresarial pueda plantearse. Ello, además de una loca incursión en un área como la política en la que el empresario no posee ninguna experticia, demuestra una gran irresponsabilidad en el manejo de sus propios negocios.

Pero mucho más todavía evidencia una total ineptitud para visualizar el factor riesgo, porque la guerra contra la revolución es una inversión a pérdida.

¿Cuánto vale ese show?

@SoyAranguibel

Por un puñado de dólares

– Publicado en el Correo del Orinoco el 26 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La influencia del medio de comunicación capitalista y su contenido profundamente enajenante no puede ser desconectada en modo alguno de la crisis que padece hoy la sociedad venezolana, que no solo atraviesa por una difícil coyuntura inducida por la especulación y el sabotaje económicos sino por una perturbación emocional masiva sin precedentes en nuestro país.

Quienes han desatado la guerra económica que ha colocado a nuestro pueblo en la humillante condición que significa verse forzado a hacer cola por comida en la desesperada creencia de que todo se acabará mañana, saben perfectamente que su activo fundamental en su propósito desestabilizador es el poder alienante de los medios de comunicación. La falta de discurso y de liderazgo político en ese sector hace que el mensaje del medio de comunicación adquiera una relevancia determinante en su lucha por reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

¿Por qué arrecia hoy con tanta fuerza esta guerra mediática contra el proyecto de justicia e igualdad social que comprende la revolución bolivariana?

Porque el Comandante Chávez y su excepcional capacidad comunicacional no es ya, según ellos, el eje sobre el cual gravita el juego político venezolano. Para la derecha, la desaparición física del líder de la revolución es principalmente la oportunidad de retomar y relanzar el poder comunicacional que vio disminuido sustancialmente desde el arribo a la escena política del comandante aquel mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando con apenas un mensaje de 169 palabras el entonces teniente coronel hizo tambalear las férreas estructuras del poder establecido y partir en dos la historia política contemporánea en nuestro país, demostrando que el enemigo de esos sectores oligarcas que detentaron desde siempre el poder iba a ser de ahí en adelante la capacidad comunicacional del líder que con aquella histórica insurrección estaba naciendo. Sabían, por supuesto, que no se trataba de un militar o de un político más, sino de un gran comunicador con inusual capacidad para la movilización de las masas.

El comandante Chávez, valoró desde siempre ese inmenso poder del medio de comunicación. Por eso le temían. Pero a diferencia de la lectura convencional que del mismo se hace desde la derecha, su comprensión fue la de quien concibe el mensaje como el instrumento de poder mediático y no el medio en sí mismo (como de manera tan perfectamente conveniente a la lógica de la dominación hegemónica burguesa propusiera en 1967 el comunicólogo canadiense Marshall McLuhan, cuya sentencia “El medio es el mensaje”, que hasta en las esferas del pensamiento progresista llegó a considerarse en algún momento como una propuesta esencialmente revolucionaria, no tenía ningún otro propósito que el de la legitimación de la dominación planetaria de las grandes corporaciones capitalistas que han impuesto al mundo su particular visión del universo a través del medio radioeléctrico). Sin lugar a dudas en ello radicó siempre la fortaleza política de quien supo conectarse directamente con el pueblo como nunca antes pudo lograrlo político alguno en la historia. Con su filosofía de la inclusión social como centro de su propuesta política, Chávez demostró que el mensaje era el pueblo y no el medio. Una sustantiva diferencia conceptual ideológica con lo que encarnó siempre el modelo neoliberal que precedió al proyecto bolivariano. De ahí que los viejos “paquetazos” económicos son desde entonces solo un mal recuerdo de ese oprobioso pasado de exclusión social y una añoranza perpetua de esa derecha terca y tozuda que insiste, a costa de su propio exterminio, en reinstaurar en el país un modelo universalmente fracasado como el neoliberal.

La fábula del bienestar económico que generaría ese modelo neoliberal en una economía emergente como la venezolana, es derribada de plano por la incontestable inviabilidad del mismo en las economías avanzadas de los países altamente desarrollados, que cada día se ven más urgidos de la aplicación de recetas del FMI y del Banco Mundial para medio sufragar el inmenso costo de la acumulación de riqueza en pocas manos y de soportar el hambre y la miseria que a su paso dejan las políticas de exclusión social por las cuales se rigen.

En ello, el poder comunicacional para ocultarle al pueblo esa patética realidad de la filosofía capitalista de la explotación del hombre por el hombre, encantarle con la ficción del lujo y del confort como aspectos indispensables para la vida, y venderle la farsa de las inagotables oportunidades para el progreso del pueblo bajo los principios de la burguesía, es determinante. Hacerle pensar al pobre con la mentalidad del rico es el objetivo fundamental del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo. Sin esa cultura del desclasamiento que impacta a la sociedad cada vez con mayor intensidad y saña, los sectores hegemónicos perderían su poder de dominación sobre las masas, alienadas y sometidas como todavía están por los antivalores del consumismo. Tanto así que es perfectamente posible afirmar que de no existir hoy los medios de comunicación (cuyos intereses y principios, como es obvio, son diametralmente opuestos a los del pueblo) hace mucho rato habría dejado de existir el capitalismo, al menos en la forma culturalmente invasiva y enajenante en que hoy lo conocemos.

Hacerle creer al pobre que en la operación de compra y venta especulativa de artículos y alimentos de primera necesidad existe una oportunidad expedita para alcanzar la prosperidad, aún a sabiendas de que con su actuación generará un gigantesco malestar social y una profunda distorsión económica que pondrá en riesgo al único proyecto factible de redención popular que conocerá el pueblo en toda su vida, es uno de los más grandes crímenes que un sector puede cometer contra una sociedad y contra una nación. El otro, es secuestrar esos alimentos y esos artículos de primera necesidad para desatar una inusual y delirante sobredemanda que dispare los precios del mercado para promover con ello el estallido social al que insensatamente aspira para saciar su sed de riqueza. Más aún cuando se constate que ni ese pobre saldrá de la miseria mediante esa absurda operación, ni ese sector capitalista que lo engaña desde el medio de comunicación y que lo hace padecer con el acaparamiento y con la usura obtendrá tampoco beneficio alguno cuando la crisis económica creada por su actuación criminal e irresponsable surta sus efectos devastadores para el país en su conjunto.

En la razón perversa del contenido mediático la propuesta de Hollywood para inculcar la adoración al dinero sin el más mínimo miramiento al honor, a la dignidad, a la solidaridad o a la honestidad, ha sido persistente a través del tiempo.

Ejemplo palpitante de esa concepción de la inmoralidad por encima de cualquier otra cosa, es sin lugar a dudas el film “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone, cuya trama es precisamente la disyuntiva a la que es sometido el personaje principal, Joe (Clint Eastwood), entre trabajar a sueldo para una familia o para otra por el control de un pueblo perdido en la orfandad del más árido desierto, terminando por aceptar pagos de ambos bandos para exterminarlos luego sin compasión alguna.

Akira Kurosawa, quien llevó a tribunales a Leone aduciendo plagio de su obra Yohimbo (1961), diría mucho después que se sentía complacido con la película que lanzó a la fama a Eastwood, a Leone y al género mismo del llamado “spaghetti western”, y que creó toda una cultura del cine de culto de los llamados “hombre sin nombre” que se desarrolló desde el John Wayne de los años ‘50s hasta el Bruce Willis de nuestros días con la misma impúdica exaltación de la deslealtad, la inmoralidad y la codicia como único norte, porque según él “a la larga logró recaudar mucho más dinero con el plagio que con la obra original”.

Una sociedad expuesta por décadas a tan demencial lógica y sometida a la crudeza de una guerra sicológica como la que el imperio norteamericano y sus lacayos desatan hoy contra nuestro pueblo a través de sus corporaciones y sus medios de comunicación, terminará siempre por padecer el infortunio de un sector cruel y desalmado al que no le importa en lo más mínimo el sufrimiento de un pueblo ni el futuro de su país, solamente por el vano goce que ansía encontrar en un mísero puñado de dólares.

@SoyAranguibel

El modelo de la crueldad

– Publicado en Últimas Noticas el 17 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando la oposición habla de “cambiar el modelo” no explica en lo absoluto a qué modelo se refiere, entre otras razones porque no quiere que el pueblo sepa de qué está hablando.

De acuerdo a la síntesis de la definición gramatical del término, modelo puede ser una infinidad de cosas, dependiendo del punto de vista o del ámbito del conocimiento desde el cual se enfoque.

En matemática, por ejemplo, modelo es la representación de una determinada fórmula o relación de valores. Mientras que en bellas artes viene a ser el sujeto que posa para una obra pictórica o escultórica. En el mundo de la publicidad, modelos son los profesionales que muestran de una manera determinada productos como ropa, perfumes, etc., así como en ingeniería o en arquitectura puede ser una representación volumétrica de un proyecto.

Lo que propone la oposición pareciera estar referido al conjunto de políticas económicas del gobierno si lo contextualizamos en el grueso de su discurso contra el proceso revolucionario que encabeza el presidente Maduro. Pero hay muchos elementos que permiten intuir que no es así y que su intención es tratar una vez más de engañar al pueblo para hacerse del poder.

Su preocupación, más que económica, es definitivamente política. En virtud de lo cual su intención no puede ser sino la búsqueda de la sustitución de la formulación socialista para la transformación de la sociedad y de los medios de producción que hoy avanza en el país, con la única alternativa que desde el punto de vista científico puede oponérsele a dicho sistema que es el capitalismo. No hay otra.

De ser así, la única alternativa del pueblo es entre el bien y el mal.

El bien es el sistema que provee inclusión social, reconocimiento de los derechos del pueblo, asistencia y protección a la gente por parte del Estado, y garantía del esfuerzo de todos en función del bienestar común.

El mal es el que encarnan los criminales que a sabiendas del hambre y del agobio que padece ese pueblo con la especulación que el capitalismo ha desatado en el país, esconden los alimentos y cuando los ponen a la venta lo hacen a precios inalcanzables para la mayoría.

Quienes promueven ese cambio de modelo con el único interés de amasar cada vez mayores fortunas, es la gente más inhumana y cruel que pueda haber en el mundo.

@SoyAranguibel

La farsa del modelo

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Por: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 30 de agosto de 2014

En medio de la reunión de diálogo convocada en abril por el presidente Maduro en Miraflores, el diputado ultraderechista Julio Borges sorprendió a la audiencia en cadena nacional de radio y televisión, con una sentencia estrafalaria en la que hablaba sobre la necesidad de cambiar el modelo económico venezolano por uno que nunca terminó de explicar.

La frase pareciera haberle prendido alguna luz al final del túnel a la maltrecha unidad opositora, si se considera la persistencia en su repetición por parte de los voceros más diversos de la derecha venezolana, incluso más allá de las fronteras de la MUD (o de lo que pueda quedar de ella por ahí).

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Capriles en su gira de campaña no electoral por el estado Zulia afirma que “en nuestra Carta Magna no establece un modelo comunista (sic)”. El inefable presidente de Fedecámaras en entrevista a El Nacional sostiene que “el problema es el modelo económico y la tasa de cambio”. Conindustria, por su parte, dice más o menos lo mismo en su documento “Visión Venezuela” presentado en su convención anual de este año.

Todos, sin excepción, sostienen que el modelo actual debe revisarse para eliminar en primer lugar la Ley del Trabajo, para dar paso a una que estimule la competitividad, dicen. En segundo termino, declarar la liberación de precios para todos los productos regulados. Seguidamente, rescatar el carácter autónomo del Banco Central. En cuarto lugar, acabar con el control cambiario de divisas. Y finalmente, decretar la reprivatización de la actividad portuaria y de controles aduaneros.

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Ninguno explica jamás, cómo es que se corrigen las distorsiones en la economía despidiendo empleados, legalizando la especulación, dando rienda suelta a la fuga masiva de divisas y eliminando toda posibilidad de verificación en los puertos de la mercancía que dice estar trayendo el sector privado, que por lo general ni trae mercancía alguna ni devuelve los dólares que se le otorgaron sino que los pone a jugar en el mercado negro.

¿Cómo es que la crisis surge supuestamente de la falta de producción nacional pero lo único que hacen es pedir dólares para importar cada vez más y tratar de controlar el Banco Central, los puertos y las aduanas? ¿Ninguno va a pedir bolívares para sembrar la tierra o fabricar zapatos?

 

@SoyAranguibel

Crisis, consumos y ganancias.

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Por: Alberto Aranguibel B. / Fotos: AAB.

El mito de las veintidós mil empresas de maletín que habrían secado las reservas internacionales del país, y su correlativa versión según la cual el gobierno las tendría escondidas porque supuestamente sus propietarios formarían parte del alto mando político de la revolución, acomoda perfecto en un escenario donde el imperio norteamericano, las más poderosas transnacionales del planeta y todo el ámbito capitalista en general, desatan la más feroz de todas las guerras económicas que jamás se hayan llevado a cabo contra una nación.

Nada resulta más conveniente y oportuno a un especulador cambiario cualquiera que la estampida de todo un país en el sentido opuesto a donde él se encuentra, es decir; corriendo a buscar al culpable equivocado del desfalco más gigantesco que se haya producido contra su economía. De ahí que comerciantes de toda pelambre, importadores, corporaciones nacionales e internacionales, gremios, y representantes del poderoso sector privado que rabió por años por la supuestas dificultades para la obtención de tan preciado instrumento transable, no abra ni en lo más mínimo su boca para decir tan siquiera, no que celebra la cacería, sino al menos que se solidariza de algún modo con la jauría que persigue a los presuntos maletineros.

De la noche a la mañana, ya nadie recuerda a los miles de usureros que hasta hace poco reventaron a su antojo los parámetros de lo imaginable en elevación de precios, valiéndose precisamente de divisas obtenidas del Estado a tasa preferencial, para amasar inmensas fortunas estafando a la gente, ni a los cientos de miles de raspacupos que hicieron saltar en menos de tres años hasta tres y cuatro veces las tarifas aéreas con su torbellino de turismo defraudador, ni a los millones de viajeros frecuentes que solo por diversión entregaron en el exterior los miles de millones de divisas que recibían también a tasa solidaria. Sin contar, por supuesto, a los cientos de miles de empresas que efectivamente honraron su compromiso con el Estado en el uso de la moneda extranjera que se les estaba otorgando. Ya no hay malandros en el capitalismo.

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Recordar hoy, después de la inmensa campaña mediática y opositora urdida para posicionar la especie contrarevolucionaria como una verdad incontrovertible, que de lo que habló el Ministro Ramírez en su rueda de prensa del 18 de octubre del 2013, en la que anunció la eliminación del sistema cambiario, fue de “sectores que han defraudado al Fisco, y que están al margen de la Ley” y no de veintidós mil empresas fantasmas, no tiene hoy sentido. La matriz ha sido sembrada en la dirección que conviene al gran capital y en ella se moverá la sociedad. Pero, cabe preguntarse ¿Y de aquellos perversos que todo el país vio saqueando el país y acabando con el bienestar de los venezolanos a punta de incrementos de precios, acaparamientos masivos, contrabandos millonarios, qué será?

El asunto, que ahora se reduce a una simple cacería de la dirigencia chavista, acusada, ¡oh paradoja!, por los llamados sectores radicales de la revolución como los estafadores del sistema cambiario, allana al sector capitalista el camino para su reorganización y mayor fortalecimiento en el país, mediante una modalidad de guerra económica poco convencional incluso en el modelo ingerencista del imperio norteamericano, que es aquella en la que se conspira fomentando una escases inducida de todo tipo de productos y bienes de consumo que, contrario a lo que dicta la ley fundamental del neoliberalismo, la de la oferta y la demanda, y a lo que fue siempre asumido como “inversión a pérdida” por las grandes corporaciones transnacionales para justificar su aporte en el derribamiento de gobiernos hostiles a los intereses de los EEUU, no genera pérdidas sino… ¡mucha ganancia!

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Unas insólitas colas para comprar una franela negra o un inadecuado chaquetón de invierno en medio de estos calorones, disparan las alarmas cuando el mundo entero ve con estupor cómo un país que se dice en crisis atiborra las tiendas Zara, que en Venezuela, como en el resto del mundo, comercializa ropa de segunda y tercera categoría como si fuera de primera. De la noche a la mañana, la gente entra progresivamente en cuenta que no es ésta una crisis de carestía alguna, sino de exceso de consumo, que vacía anaqueles tras anaqueles con un furor de compras compulsivas que desconciertan y transforman el paisaje urbano con los miles de viandantes cargados de paquetes de harina PAN, bultos aparatosos de papel tualé y bolsas repletas de tarros de margarina, como si del Apocalipsis se tratara. Que lo que faltan son dólares. Y que eso también es una crisis.

El periodista Michael Castellanos, en un reportaje sobre las compras nerviosas en Últimas Noticias, dice “Gerentes y supervisores de algunos comercios visitados en un recorrido realizado por el equipo de Últimas Noticias, expresaron que televisores y aires acondicionados se venden en un santiamén. Indicaron que esta conducta de los consumidores ha llevado a que se les agote el inventario rápidamente, a pesar de que reciben mercancía por parte de los proveedores con cierta regularidad (…) El Jefe de Almacén de DAKA, en Boleíta, que prefirió permanecer en el anonimato, dijo que han llegado a recibir mercancía cuatro (4) días a la semana, pero “Todo se vende casi justo cuando llega; por eso los anaqueles están vacíos. Incluso hemos llegado a vender doscientos (200) aires acondicionados en un (1) día” ”. (UN/Economía/ 27/04/2014)

En cuanta tienda se entra a preguntar por lo que sea, el vendedor dirá siempre a más tardar a los dos minutos y medio la misma frase referida a la “situación país”, que es como los opositores denominan en su lenguaje exquisito al escenario catastrófico por el cual ellos están entregando sus vidas en las calles. Bajo ese signo, auténtica contraseña de interconexión solidaria entre el comprador y el tendero, la gente acepta que no hay mercancía y acepta llevar “lo que hay”, al precio que sea porque se dice que mañana va a venir a precio nuevo… ¡si es que viene!

Pero siempre viene. El que le da la gana a la transnacional en cada caso, pero viene. La modalidad del “ciclo de la alternancia” impuesto por las grandes corporaciones que juegan hoy en nuestro país a la desestabilización estimulando el descontento popular hacia el gobierno con la escasez de sus productos, hace que la gente se obstine de ver durante un mes el anaquel de los champús, por ejemplo, casi completamente vacío, en el que solo hay por allá muy al fondo un tipo de champú, digamos el azul, que luego de un mes desaparece y es suplantado por el verde, de la misma marca, y así sucesivamente hasta que todos los tipos de champú de esa marca han desfilado por el mismo rinconcito del anaquel de marras para iniciar de nuevo su perverso ciclo golpista. Cada anaquel es un “centro ideológico” para el opositor de a pie, que espera con ansias el momento de ir al supermercado para instalarse ahí a hablar pestes del gobierno con cuanto prójimo aparezca, a aún cuando su carrito repleto de productos que “NO HAY” revele su estado de disociación psicótica.

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Mientras se transmite la impresión del horrendo desastre en el que nos sumerge la “situación país”, se vende “lo que hay” a todo el mundo y se gana siempre lo mismo. O más, si le añadimos la especulación que nunca es de extrañar en la cultura capitalista.

Igual es con el desodorante, con las hojillas y máquinas de afeitar, lavaplatos, desinfectantes, jabón, detergentes, suavizantes, etc., etc., que para sorpresa de los venezolanos, que en su casi totalidad ni lo imaginan, son siempre productos de una misma gran corporación transnacional, que alega falta de flujo de divisas para explicar y justificar su comportamiento. Jamás explicará, por supuesto, cómo es que para comercializar un solo tipo de champú al mes sí tiene divisas.

Es la providencial posibilidad que se ofrece a corporaciones veteranas en el arte de derrocar gobiernos progresistas a través de la historia, de permitirse promover el descontento y la rabia entre la gente, a la vez de acumular inmensas fortunas vendiendo, en términos proporcionales, lo que ni siquiera en mercados perfectamente desarrollados y estables alcanzarían a vender hoy en medio de la crisis terminal que experimenta el modelo neoliberal capitalista.

No es por falta de dólares que una gigantesca empresa como la Procter & Gamble, probablemente la más poderosa fabricante de productos de consumo masivo en el planeta, va a dejar de vender sus mercancías en el país. Su tradición golpista, junto a muchas otras como ella, de infausta recordación en Latinoamérica por sus muy decisivas acciones contra gobiernos democráticos, como el de Salvador Allende, por ejemplo, les precede.

Solo le falta que el glorioso pueblo chavista les permita repetir aquí su repugnante felonía. Y eso sí que en verdad pareciera ser lo más remoto.

Aranguibel en Kys FM: El chavismo sabe quién es el culpable de la crisis

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En entrevista con el periodista Carlos R. Chalbaud a través de la señal de Kys FM, 101.5 de Caracas, Alberto Aranguibel sostiene este lunes 23 de junio de 2014 que en el chavismo no hay nadie tratando de negar las distorsiones económicas que afectan hoy al pueblo venezolano, sino diferencias de criterio con quienes quieren colocar como víctimas a los especuladores, verdaderos culpables de las mismas. Afirma que entre la gente hay cada vez una mayor conciencia en cuanto al esfuerzo del Gobierno bolivariano por contener los ataques de esos sectores especuladores que afectan hoy la estabilidad de la economía, que solo procuran hacer cada vez mayores negocios con la desestabilización política del país.

Oiga aquí la entrevista completa: