La dama de la encrucijada

– Publicado en el Correo del Orinoco el martes 01 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Difícil encrucijada la de la oposición venezolana que, en medio del más crítico trance de su historia como sector antichavista, hoy desmembrado, cargado de conflictos internos, con la más exigua capacidad de convocatoria que jamás ha tenido, sin direccionalidad, ni proyecto ni liderazgo consistente, se ve ahora en la dura obligación de tomar cuanto antes una decisión de la cual pudiera depender la sustentabilidad misma de su proyecto de reinstauración en el país del modelo neoliberal, tan largamente anhelado por quienes dentro y fuera de Venezuela han invertido esfuerzos y recursos incalculables durante más de tres lustros sin lograrlo.

El cierre de la frontera con Colombia ordenado esta semana por el presidente Nicolás Maduro pone de manifiesto la incapacidad de la derecha venezolana para articular una posición digna frente a los asuntos de verdadero interés nacional, al perder una vez más una excepcional oportunidad de contraponerle a la revolución una fórmula aceptable de propuesta política con su absurdo rechazo a una medida de naturaleza coyuntural que el pueblo entero ha aplaudido sin mezquindad alguna en virtud de la significación que tiene para los venezolanos que padecen el saqueo del cual el país ha sido víctima desde hace meses por la criminalidad que con tanta perversión nos llega hoy desde la hermana república.

Por esa terca tendencia al desatino político, la oposición venezolana no coincide jamás con el clamor popular en temas de especial relevancia como la defensa de la soberanía o el culto a la patria. Su vigencia en algunos sectores de la población obedece más a la desinformación que la misma derecha promueve a través de sus campañas mediáticas contra el proceso bolivariano que a la aceptación de su modelo social, político y económico contrarrevolucionario, por lo general rechazado por la gran mayoría que se niega a correr la misma suerte de la devastación que en el pasado ocasionó ese modelo en el país y que hoy causa tantos estragos en el mundo capitalista.

Su empeño en colocarse siempre en el punto más radicalmente opuesto a la propuesta revolucionaria le lleva a exabruptos indecibles de insensatez, como esa loca ocurrencia de responder al llamado de unidad nacional formulado por el presidente Maduro ante la contingencia con Colombia, abogando por los supuestos derechos humanos de los bachaqueros y los contrabandistas cuyas modalidades delictivas han disparado exponencialmente los precios de los productos de primera necesidad y provocado la desaparición de la gran mayoría de ellos del mercado nacional. Demostración tangible e irrefutable del desatino de esa antipatriótica posición es la descomunal movilización popular del viernes pasado en contra del paramilitarismo y en favor de la paz, en la que el pueblo en pleno le dijo al mundo que no desea más invasión extranjera en función de la criminalidad y del saqueo de nuestras posibilidades, y donde reafirmó una vez más con la mayor contundencia que no comparte la visión entreguista que la oposición le propone al país.

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Los millones de personas que permanentemente dan fe inobjetable del inmenso apoyo popular del que goza la revolución, contrastan con la pobrísima asistencia a los eventos de toda naturaleza convocados por una oposición delirante que no cesa de asumirse como mayoría a pesar de la tan demoledora realidad que la deja en evidencia, no solo en la calle sino en las elecciones, las encuestas y hasta en las redes sociales.

Ese desquiciado afán es el que le lleva hoy a debatirse en la escogencia de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica conveniente a sus intereses como sector neoliberal burgués cuya vigencia depende fundamentalmente de su relación con los factores de poder del imperio.

La creencia de la burguesía criolla ha sido desde siempre que lo más conveniente para las economías suramericanas sería un presidente norteamericano de extracción radicalmente conservadora que imponga políticas severas de control en la región (como el Plan Colombia, por ejemplo) que contengan eficazmente la insurgencia de movimientos progresistas que promuevan en nuestras naciones ideas revolucionarias de transformación social. El asomo de un candidato de ascendencia afroamericana en 2008 y su posterior elección en 2009 como el primer presidente negro de la historia en los Estados Unidos, aterró a ese retardatario sector cuyo sistema nervioso casi colapsa cuando el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez le entregara en la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago un ejemplar del libro de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina” y el gringo respondiera con una muy diplomática sonrisa que los escuálidos entendieron como una amenaza de traición imperialista a su sueño de sometimiento económico a los designios imperiales.

Las diferencias entre el afrodescendiente y sus predecesores (desde Eisenhower hasta George Walker Bush) fueron sin embargo muy escasas para la clase adinerada del país, que vieron en cada oportunidad en que los norteamericanos enfrentaban un proceso de elecciones presidenciales una esperanza de inminente asalto de las fuerzas imperialistas para llevar a cabo el despojo definitivo de nuestra economía que esa inepta clase de alto poder adquisitivo no ha logrado llevar a cabo jamás por cuenta propia.

Pero hoy la alternativa entre los candidatos con mayores posibilidades de alcanzar la primera magistratura en la nación del norte no está determinada precisamente por las perspectivas o significación que cada uno represente para el proyecto de reinstauración del neoliberalismo en Venezuela al que aspiran los sectores del gran capital tanto del país como del imperio.

El tema de la inmigración latina que ha sido históricamente centro de interés de las propuestas de gobierno tanto de los candidatos republicanos como demócratas, es de nuevo un asunto de especial atención para la burguesía ya no solo en nuestro país sino en toda la región latinoamericana. La dureza, el desprecio y la intolerancia con la que uno u otro candidato traten a esa importante población, puede significar para la deprimida derecha del subcontinente una señal de posible relanzamiento de la estrategia de dominación neoliberal en esta parte del mundo.

No sería de extrañar que la proverbial miopía política de la contrarrevolución le lleve a convencerse de que su candidato sin discusión sería el estrafalario magnate gringo Donald Trump, por su simetría discursiva con el desprecio que hoy expresa ese alicaída clase dominante contra el pueblo, en especial en Venezuela, al que ese sector considera culpable del retroceso de las opciones para el neoliberalismo en la región.

Una tesis que descarta de plano la posibilidad de que la incursión de un personaje tan irreverente con la norma del ritual seudo democrático del imperio en el muy escrupulosamente cuidado quehacer político de esa nación, pudiera ser solo un muy bien concebido tinglado comunicacional para favorecer la candidatura de quien debe librar la batalla más difícil para candidato alguno después de la que le correspondiera sortear en su oportunidad al actual presidente Obama… la de intentar ser la primera mujer presidenta del imperio.

Por primera vez en la historia de una nación discriminatoria y segregacionista por excelencia se postula para tamaña responsabilidad una representante del sector más subyugado de su sociedad. Más allá de esa ya de por sí severa limitación, Hillary Clinton se presenta sin un plan de soluciones a los graves problemas económicos, sociales y políticos de ese complicado país, que hoy acusa los más altos índices de pobreza, desempleo y problemas raciales que en mucho tiempo haya padecido esa nación. Su expediente como promotora de la guerra y del armamentismo es su única hoja de presentación.

Sin embargo, con toda seguridad la señora Clinton será la primera mujer presidenta de los Estados Unidos, muy a pesar de la proverbial repulsa de la derecha a la idea del liderazgo femenino en cualquier ámbito. No es solo por progresistas que esa derecha misógina adversa a Cristina Fernández y a Dilma Rousseff, y ve con recelo a Michelle Bachelet.

Trump aparece odiando a los pueblos humildes de nuestros países con la salvaje irracionalidad que agrada a los sectores oligarcas de la derecha latinoamericana, en particular la venezolana. Ese sería un buen candidato para esa obtusa derecha. Clinton, por su parte, ofrece la guerra como solución a los problemas del mundo, en especial los que para el imperio representan el surgimiento de los movimientos revolucionarios en Sudamérica. Probablemente lo que más necesita el neoliberalismo en nuestra región. Pero es mujer.

Tremenda encrucijada para la derecha.

@Soyaranguibel

El Planeta de los Gringos: La confrontación

Correo del Orinoco 11 de agosto de 2014

Por: Alberto Aranguibel B.

A principios de 1968 el mundo entraba en una fase de convulsión social como no se experimentaba desde finales de la Segunda Guerra Mundial, principalmente atizada por la desmedida crueldad ejercida por el ejército imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica contra el gallardo pueblo de Vietnam.

Luego de la masacre perpetrada ese año por los gringos al finalizar la celebración del año nuevo vietnamita, cobrándose la vida de al menos 40.000 seres humanos en una sola operación, la “Ofensiva del Tet”, se pudo conocer el verdadero horror oculto tras la intensa campaña propagandística articulada por el imperio y sus corporaciones mediáticas en el mundo entero. Cientos de miles de civiles, mujeres, ancianos y niños, habían sido sistemáticamente asesinados en operaciones similares, como la de My Lai, donde el comportamiento del ejército gringo fue exactamente igual al del ejército nazi, que el mundo acababa de destruir apenas unas dos décadas antes en nombre de la libertad.

Las protestas que por diferentes razones estaban manifestándose en diversos escenarios desde hacía meses, y que encontraron su punto más álgido en el estallido social que se produce en Francia a mediados del mes de mayo, repercutiendo en movimientos similares en Europa, América Latina y hasta el mismo Estados Unidos, terminaron solidarizándose con la idea antiimperialista que fue cobrando cuerpo en dichos movimientos, desatado ya desde principios de aquella década por la revolución cubana, convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para los Estados Unidos aquella idea de libertad por la cual el imperio decía luchar.

La respuesta de Hollywood, la más poderosa máquina de propaganda jamás conocida por el ser humano, a toda aquella efervescencia social que ponía en peligro la supremacía política del imperio, fue la realización de tres filmes emblemáticos de la época, caracterizados todos por el mismo propósito desmovilizador social subyacente en cada uno de ellos.

“2001; Odisea del Espacio” rescata en 1968 la vieja e intrascendente novela de ciencia ficción de Arthur C. Clarke, El Centinela, para presentar de la manera imponente como el cine nunca antes hubiera logrado, el tema de la “inteligencia artificial” como la peor amenaza para el ser humano. De ahí en adelante, todos los enemigos de la humanidad, según Hollywood, serán siempre los más perversos científicos o las naciones con tecnología avanzada o superior, colocada siempre por ellos al servicio del mal y del cual solo los grandes héroes norteamericanos podrán librar al mundo en cada caso.

Alternativamente, se presentaba aquel año de 1968 el inicio de una de las sagas fílmicas más absurdas concebidas por el ingenio cinematográfico, como es la de “El Planeta de los simios”, basada en la novela homónima de Pierre Boulle publicada en 1963, cuya inspiración sin lugar a dudas es el mismo planteamiento de Orwell en su pequeña obra “Rebelión en la granja” de 1945, según el cual una clase inferior no puede tomar las riendas del poder sino para imponer la más horrenda y feroz tiranía.

“Las Fresas de la Amargura”, un modesto esfuerzo cinematográfico cuyo propósito era mostrar la inevitable sumisión a la que están destinados los rebeldes de la sociedad bajo el poder de los cuerpos de represión del Estado, completaba el trío de películas con las cuales la máquina de propaganda gringa intentaba aplacar las corrientes antiimperialistas a finales de los 60’s, colocándolas como inspiradas por ideas frugales y sin justificaciones de fondo.

Tres planteamientos, en apariencia inofensivos y sin significaciones ocultas, se resumen inequívocamente en una sola filosofía persistente hasta nuestros días en el discurso mediático hollywoodense, que sirve al imperio norteamericano para avanzar cada vez con más fuerza y sin discriminación alguna en su empeño por acabar ya no solo con líderes o gobiernos del mundo que no le son afectos, sino con naciones y hasta civilizaciones enteras, en su afán de dominación planetaria.

La idea según la cual los pobres, la clase inferior en el capitalismo, o las naciones del tercer mundo, no deben acceder a los avances de la ciencia y de la tecnología porque ello acarrearía riesgos de destrucción para la humanidad, en virtud de lo cual todo intento en esa dirección deberá ser aplacado por las fuerzas de seguridad que garantizan la libertad en el planeta, es hoy la filosofía que explica la desfachatez y el cinismo conque el imperio norteamericano avala genocidios como el de Israel contra el pueblo palestino o toma la decisión de ordenar el lanzamiento inmisericorde de bombas sobre poblaciones enteras en Irak mediante el uso de aviones no tripulados, a la vez que financia desestabilizaciones en el mundo entero.

“El Planeta de los simios”, en el que la inusual inteligencia de unos seres inferiores despiadados y sin alma es usada para desatar el más brutal odio hacia los seres humanos, es exactamente la imagen que el imperio norteamericano ha querido vender al mundo a través del tiempo, de todos aquellos pueblos que en algún momento deciden organizarse para luchar por su independencia y su soberanía. La clase y la categoría del presidente de los Estados Unidos, cualquiera que sea (incluso si es afrodescendiente), representa el poderío de una nación cuya nobleza, sus conocimientos y su ciencia, son legítimos y provechosos para el ser humano, porque están puestos al servicio de la libertad y en contra de la barbarie que los pueblos “inferiores” encarnan.

Nadie deberá preguntarse entonces en el mundo por qué un sanguinario criminal como el Primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, es exonerado en la justicia internacional de los juicios que se le siguieron a los nazis en Núremberg durante la posguerra, o a Sadam Huseim luego de la caída de su gobierno, o las condenas públicas y el linchamiento a Benito Mussolini o Muhammar Kadafi, cuyos procesos políticos, completamente diferentes, no merecieron ni siquiera un juicio sumario.

Nadie deberá cuestionar la barbarie de un genocidio cometido bajo la excusa de la destrucción de unos túneles que perfectamente pueden ser destruidos del lado israelí de los mismos, si es que en efecto el propósito fuese el de evitar la infiltración subrepticia de palestinos terroristas en territorio de Israel y no como dicta el sentido común, que son túneles para buscar la comida que el criminal cerco les tiene vedada. No es posible creer de manera sensata que un pueblo muerto de hambre y sin medicinas, usará cualquier vía de escape para ir a colocar bombas en vez de usarla para alcanzar el alimento que necesitan sus hijos.

Nadie deberá sugerir tan siquiera la más remota posibilidad de que el pueblo palestino, o el sirio, o el iraní, o el libio, o el venezolano, tengan derecho a su territorio y a su autodeterminación. El cine norteamericano estará siempre ahí para establecer la naturaleza contranatura de tales principios cuando de pueblo soberano alguno se trate.

Por eso asistimos una vez más al incierto espectáculo de una nueva versión de la archiexplotada saga de esa oscura sociedad distópica que Hollywood presenta hoy en la pantalla de todas las salas de cines del mundo. “El planeta de los simios: la confrontación”, estrenada mundialmente el 11 de julio de 2014, justamente al inicio de los rebrotes de violencia en Egipto, en Irak y en la Franja de Gaza, es el retorno a un discurso que a través del tiempo se reedita, cada vez con mayor fastuosidad e imponencia, para intentar convencer a los humildes, a los excluidos de siempre, a los más pobres de la tierra, de la inevitabilidad de su triste destino de sometimiento y de opresión bajo el yugo de un capitalismo salvaje y de un imperialismo cruel y sanguinario que se ocultan cobardemente tras el deslumbrante resplandor de las pantallas de cine.

Solo faltará saber si el despertar de la conciencia de esos pueblos, como el bolivariano, se los permitirá.

 

@SoyAranguibel

Imperio sin estrategia militar

– El presidente Barack Obama acaba de explicar su doctrina estratégica. En su discurso de West Point, el presidente reafirmó la supremacía militar de Estados Unidos, cuando en realidad ese país se ve hoy técnicamente sobrepasado, tanto por Rusia como por China. Sabiéndose incapaz de enfrentar a Moscú, Washington prefiere pasar por alto la pérdida de Crimea y concentrarse en el enemigo que le ha servido de comodín desde hace más de una década: el terrorismo. Así que el presidente Obama acaba de anunciar un amplio programa de lucha contra el terrorismo, cuando numerosos campamentos de al-Qaeda se hallan precisamente en suelo de países ocupados por la OTAN, e incluso de países que son miembros de ese bloque militar. Para terminar, Obama reiteró su respaldo a la «oposición siria» y prometió que no dejará de prestarle ayuda… cuando logre obtener la aprobación del Congreso. –

obama militar

Por: Thierry Meyssan 

El 28 de mayo de 2014, el presidente Barack Obama pronunció un importante discurso en el que expuso los detalles de su doctrina estratégica, durante la entrega de diplomas a los graduados de la Academia Militar de West Point [1].

Sin que fuese una sorpresa para nadie, el presidente hizo notar que ha cumplido su promesa de repatriar las tropas desplegadas en Afganistán e Irak y que además logró eliminar a Osama ben Laden. Pero el balance que trató de presentar como positivo en realidad dista mucho de serlo. Las tropas estadounidenses están regresando de Afganistán totalmente extenuadas y de Irak tuvieron que salir huyendo para evitar ser expulsadas por la resistencia popular. El costo exorbitante de esas dos campañas –más de 1 000 millardos de dólares [2]– ha impedido al Pentágono acometer la renovación de su arsenal. Y la muerte de ben Laden no pasa de ser un cuento para entretener a los niños: Osama ben Laden nunca tuvo nada que ver los atentados del 11 de septiembre de 2001, incluso estaba muerto –de muerte natural, por cierto– y enterrado desde diciembre de 2001, hecho del que dio fe el MI6 británico [3].

Después de todo, resulta admirable la capacidad estadounidense para seguir repitiendo incansablemente una realidad imaginaria y ampliamente desmentida con pruebas sólidas. Como también es asombrosa la tozudez de la prensa atlantista que sigue ciegamente esa versión.

En su discurso, el presidente Obama describió su propio país como «una nación indispensable», según él la más poderosa del mundo tanto en el plano militar como económicamente.

Pero eso tampoco es cierto. Sólo unos pocos días antes, el 14 de mayo, el general Martin Dempsey –jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos– había reconocido ante el Consejo del Atlántico Norte que las fuerzas armadas estadounidenses se verán definitivamente sobrepasadas de aquí a 10 años si no emprenden de inmediato un gigantesco esfuerzo de actualización [4], esfuerzo que resultará particularmente difícil en el actual contexto de restricciones presupuestarias.

Resulta, en efecto, que las tecnologías militares de avanzada de Rusia y China están ahora muy por delante de las estadounidenses. Y ya es demasiado tarde para recuperar ese retraso. La apariencia de superioridad de Estados Unidos se mantiene únicamente porque las tropas de ese país son las únicas que están desplegadas por todo el mundo y sólo es real en algunos teatros de operaciones. Pero no lo es frente a Rusia ni frente a China, que saldrían vencedoras en caso de guerra mundial.

Y en el plano económico, la mayoría de los bienes de consumo que se consumen en Estados Unidos se fabrican en China.

Basándose en toda esa leyenda, que el Washington Post califica de «imagen fantasmagórica» –a pesar de que ese diario sólo señala una relativa debilidad militar de Estados Unidos [5]–, el presidente Obama anunció que su país no vacilará en intervenir en el extranjero cuando sus intereses directos se hallen en peligro. Pero precisó que recurrirá a la formación de coaliciones internacionales para ocuparse de los problemas más lejanos. Y afirmó que, contrariamente a la época de la guerra fría, Rusia ya no representa un peligro inminente y que el principal adversario es el terrorismo.

Así que no importa que Crimea se haya reintegrado a la Federación Rusa. Washington no luchará contra lo que, sin embargo, sigue presentando como una «anexión» gravemente violatoria del derecho internacional, llegando incluso a comparar al presidente ruso Vladimir Putin con Hitler.

Lo más importante del discurso del presidente Obama es que, al cabo de 13 años de «guerra contra el terrorismo», Washington dice haber eliminado el grupo de fanáticos que componían la dirección internacional de al-Qaeda, aunque ahora se halla ante un problema más grave: la proliferación de grupos afiliados a al-Qaeda que han surgido en casi todas las regiones del mundo.

Esta «guerra sin fin» tiene una gran ventaja: justifica cualquier cosa. Estados Unidos, que desde 2001 dice hallarse en posición de «legítima defensa», se da el lujo de violar la soberanía de los demás países secuestrando o bombardeando en tierra extranjera a quien mejor le parece y cuando le viene en ganas. Para continuar esa guerra, el presidente Obama ha anunciado la creación de un «Fondo de Asociación Contra el Terrorismo» que debe contar con 5 000 millones de dólares. El objetivo de ese fondo será garantizar la formación de los servicios de seguridad de los Estados aliados.

Pero ¿quién puede creer en ese programa? Hoy en día, los terroristas se entrenan en varios campamentos permanentes de al-Qaeda, que se hallan en el desierto de Libia, país ocupado por la OTAN. Y existen otros 3 campamentos de al-Qaeda en Sanliurfa, Osmaniye y Karaman, en el territorio de Turquía, país miembro de la OTAN [6].

Los sirios recuerdan las confesiones, transmitidas por televisión, del emir del Frente al-Nusra (afiliado a al-Qaeda) que garantizó el transporte de misiles cargados con sustancias químicas desde una base militar turca hasta la Ghouta de Damasco. Según este individuo, no sólo las armas químicas le fueron entregadas por un ejército miembro de la OTAN sino que además se le ordenó utilizarlas «bajo bandera falsa» para justificar un bombardeo estadounidense contra Siria [7].

Trece años después de los atentados del 11 de septiembre, ¿quién puede creer aún que al-Qaeda sea el enemigo número 1 de la «nación indispensable», cuando el propio Barack Obama describía en 2013 a los individuos afiliados a al-Qaeda como «menos capacitados» que la “casa matriz”? En efecto, en un discurso pronunciado en la Universidad Nacional de Defensa el 23 de mayo de 2013, este mismo presidente Obama relativizaba entonces el peligro terrorista y afirmaba que Estados Unidos ya no debía verlo como una prioridad [8].

En cuanto a Siria, el presidente Obama declaró en West Point que «hay que ayudar al pueblo sirio a resistir ante el dictador que bombardea y mata de hambre a su pueblo» (sic). Es por eso que Washington ayudará «a los que luchan por el derecho de todos los sirios a construir su propio futuro» (Léase: No ayudar a los sirios que votan por sí mismos para elegir su propio presidente sino únicamente a los sirios que están dispuestos a colaborar con un gobierno colonial designado por la OTAN.).

En todo caso, ¿por qué habría que intervenir solo en Siria? Porque «la guerra civil siria se propaga más allá de las fronteras de ese país, la capacidad de los grupos extremistas aguerridos para arremeter contra nosotros sólo puede acrecentarse». En otras palabras, después de haber incendiado Siria, Estados Unidos se siente amenazado por el fuego que él mismo inició.

«Intensificaremos nuestros esfuerzos por apoyar a los vecinos de Siria –Jordania y Líbano, Turquía e Irak– afectados por el problema de los refugiados. Trabajaré con el Congreso para aumentar el apoyo a los elementos de la oposición siria que constituyen la mejor alternativa ante los terroristas y ante un dictador brutal. Además, seguiremos colaborando con nuestros amigos y aliados en Europa y en el mundo árabe en la búsqueda de una solución política a esta crisis y velando por que esos países, y no sólo Estados Unidos, asuman una parte justa de las medidas de respaldo al pueblo sirio», prosiguió el presidente Obama.

En otras palabras, la Casa Blanca está discutiendo con el Congreso sobre la manera de respaldar las ambiciones personales de los miembros de la Coalición Nacional. Según la prensa, Washington podría organizar el entrenamiento militar de los combatientes en los países que tienen fronteras con Siria y proporcionarles armas más eficaces. Pero hay varios problemas:
– Si Washington se pone a entrenar y armar colaboradores sirios tendrá que admitir que antes no lo hizo a gran escala y que recurrió principalmente a… mercenarios extranjeros vinculados a al-Qaeda.
– Si 250 000 mercenarios yihadistas no lograron acabar con el Estado sirio en 3 años, ¿cómo podrían hacerlo unos cuantos miles de colaboradores al servicio de la colonización occidental?
– ¿Por qué los Estados limítrofes con Siria, ya implicados actualmente en una gran guerra secreta contra ese país, aceptarían entrar en una guerra abierta contra Siria, con todos los riesgos que eso implicaría para ellos?
– ¿Qué armas aún más sofisticadas podría proporcionarse a esos colaboradores del colonialismo sin que estos puedan utilizarlas algún día contra otros blancos, específicamente en contra de la supremacía aérea de Israel?
– Y, finalmente aunque no menos importante, sabiendo que todo eso viene discutiéndose desde hace 3 años, ¿qué nuevo elemento de juicio permitiría encontrar hoy una respuesta adecuada?

En el discurso de Obama lo que habla es la voz de la impotencia. Obama se jacta de haber retirado sus tropas de Afganistán y de Irak y de haber asesinado un fantasma que desde hace 10 años existía únicamente en los casetes de video de Al-Jazeera. Anuncia que combatirá el terrorismo que él mismo protege en todas partes. Declara que aportará un respaldo más eficaz a la «oposición siria», pero inmediatamente le pasa la “papa caliente” al Congreso –que no quiso que ordenara los bombardeos contra Siria durante la crisis de las armas químicas– y lo hace a sabiendas de que los congresistas limitarán ese respaldo.

west point– Los nuevos graduados de la academia militar de West Point no ovacionaron al presidente Obama.-

Este discurso no es otra cosa que un balbuceo destinado a salvar las apariencias para ocultar una decadencia que ya se hace irreversible. Menos de una cuarta parte de los 1 064 nuevos graduados de Academia Militar de West Point aplaudieron al presidente Obama mientras que la mayoría se mantenía indiferente. El Imperio agoniza lentamente.

Fuente: Red Voltaire

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[1] «Discurso de Barack Obama en la Academia Militar de West Point», por Barack Obama, Red Voltaire, 28 de mayo de 2014.

[2] 1 millardo = 1 000 millones

[3] «Reflexiones sobre el anuncio oficial de la muerte de Osama Ben Laden», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 9 de mayo de 2011.

[4] «La ecuación “2, 2, 2, 1” del Pentágono reconoce a Rusia y China como pesos pesados», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada(México), Red Voltaire, 27 de mayo de 2014.

[5] “President Obama’s foreign policy is based on fantasy”, editorial de la redacción del Washington Post, 2 de marzo de 2014.

[6] “Israeli general says al Qaeda’s Syria fighters set up in Turkey”, por Dan Williams, Reuters, 29 de enero de 2014. «Carta abierta de los europeos atrapados tras la cortina de hierro israelo-estadounidense», por Hassan Hamadé, Red Voltaire, 24 de mayo de 2014.

[7] En la jerga de los servicios de inteligencia las llamadas operaciones «bajo bandera falsa», en inglés «false flag», son operaciones organizadas de manera tal que su realización pueda ser atribuida al adversario para desacreditarlo y justificar posibles represalias. NdlR.

[8] «Barack Obama habla sobre el futuro de la lucha contra el terrorismo», por Barack Obama, Red Voltaire, 23 de mayo de 2013.

American Curios… ¿Fin de la democracia?

MARCHA GRINGA

Por: David Brooks / La Jornada UNAM / Foto Ap

Hay cada vez más dudas sobre si aún existe la democracia en este país, con voces destacadas declarando que tal cosa es nula y vacía. Noam Chomsky lo viene diciendo desde hace tiempo. Gore Vidal había concluido que el estadunidense era un sistema de un solo partido, con dos alas derechas. Algunos han afirmado que la creciente desigualdad económica, la concentración de riqueza, efectivamente, anulan la democracia. Otros advierten que esto ya es una plutocracia, y que tiene elementos de un Estado dictatorial o totalitario.

Chris Hedges, corresponsal de guerra y Premio Pulitzer, del New York Times, y más recientemente, ya como comentarista/analista independiente, concluye que, con el juicio y condena de Bradley Manning, el juego democrático ya se acabó en este país.

El veredicto rápido y brutalimpuesto a Manning implica que nos hemos vuelto un país gobernado por gangsters, afirma Hedges en su columna en Truthdig la semana pasada. “Señala la inversión de nuestro orden moral y legal, la muerte de los medios independientes, y el mal uso abierto y flagrante de la ley para prevenir cualquier supervisión o investigación de los abusos oficiales del poder, incluidos crímenes de guerra. La pasividad de la mayoría de los ciudadanos de la nación –la población más espiada, monitoreada y controlada en la historia humana– ante el linchamiento judicial de Manning implica que ellos son los siguientes. Ya no quedan mecanismos institucionales para detener la trituración de nuestras libertades civiles más fundamentales… o para prevenir la guerra preventiva, el asesinato de ciudadanos estadunidenses por el gobierno y la anulación de la privacidad”, escribió.

Subrayó que la sentencia de Manning es uno de los días más importantes de la historia estadunidense: “marca el día en que el Estado formalmente declaró que todos aquellos que nombran y revelan sus crímenes se volverán prisioneros políticos o serán forzados, como Edward Snowden, y tal vez Glenn Greenwald, de quedarse en el exilio el resto de sus vidas. Marca el día cuando el país dejó toda pretensión de democracia… marca el día de remover la máscara de la democracia, ya de por sí una ficción, y sus sustitución por la cara fea y desnuda del totalitarismo corporativo…. Aquellos que no aceptan el poder estatal ilimitado, siempre el camino a la tiranía, serán perseguidos sin tregua. El miércoles ( 21/08/13 ) nos volvimos vasallos”.

Chomsky desde hace tiempo advirtió que, en la práctica, esto hace tiempo no puede considerarse una democracia. Indica que sólo se tiene que observar que la cúpula política casi siempre obra en contra de los intereses de las grandes mayorías, y que logra esto manteniendo el disfraz de una democracia a través de un prensa subordinada y la industria de relaciones públicas. En un discurso la semana pasada, Chomsky relata que algunas de las encuestadoras de mayor prestigio han llegado a la conclusión de que “aproximadamente 70 por ciento de la población –70 por ciento inferior en la escala de riqueza/ingreso– no tiene ninguna influencia sobre las políticas (del país). Están efectivamente privados (de la participación democrática). Al subir la escala de riqueza/ingreso uno tiene cada vez más influencia sobre las políticas. Cuando uno está en la cima, lo que es tal vez una décima parte del uno por ciento, la gente esencialmente obtiene lo que desea, eso es, determinan las políticas. Entonces el término apropiado para eso no es democracia; es plutocracia”.

Más aún, y en esto tiene que ver con los denunciantes que revelan secretos oficiales, Seguir leyendo “American Curios… ¿Fin de la democracia?”