La insólita pantomima capitalista del hacker malo y el hacker bueno

Por: Alberto Aranguibel B.

EL BUENO

Mark Zuckemberg, dueño de la red social Facebook, considerada por muchos de los más importantes analistas de medios, especialistas en marketing, directores de campañas políticas, sociólogos, y expertos internacionales en tecnologías de la información, como el medio de comunicación más poderoso de todos los tiempos, acaba de comparecer este mes ante una comisión del congreso norteamericano que investiga los posibles delitos informáticos cometidos por el joven empresario norteamericano.

La investigación se basa en las acusaciones hechas por el partido demócrata contra el presidente Donald Trump, por haberse valido durante la campaña electoral de 2016 que lo llevó a la presidencia, de la información personal de más de cincuenta millones de norteamericanos a los que la consultora británica Cambridge Analitycs, especializada en mercadeo político, habría direccionado mensajes electorales personalizados usando la tecnología de la empresa Facebook para el levantamiento de la extensa data privada de los usuarios de la red social, lo cual, según los acusadores, violaría el derecho a la privacidad y pondría incluso en riesgo la seguridad de la gente.

Durante el interrogatorio, uno de los más espectaculares desde la interpelación de Al Capone en 1931, los parlamentarios le hicieron a Zuckemberg una infinidad de preguntas que evidenciaban mucho más la ignorancia que todos ellos tenían sobre la naturaleza del negocio informático que supuestamente pretendían investigar que lo que en efecto pudieran hacer aparecer como un eventual expediente, con información sustentada y debidamente ordenada, como se supone que debe hacer una instancia de ese tan alto nivel político en la más poderosa nación del planeta.

La respuesta más importante de todas fue aquella donde Zuckemberg reconoce frente a la comisión que es responsable de haber violado la privacidad de casi un tercio de la población mundial que hoy está suscrita a sus servicios en la red, y de haber compartido toda esa información para obtener beneficios económicos que incrementaron su ya descomunal fortuna personal, que lo ha colocado desde hace casi una década como uno de los más acaudalados archimillonarios del mundo. “No tuvimos en cuenta el alcance de nuestra responsabilidad y eso fue un grave error. Fue mi error y lo lamento”, dijo en esa comparecencia, dejando perfectamente claro que es absolutamente culpable de los delitos que se le imputan y por los cuales ha sido interpelado. La sala se llena de complacencia y aceptación por parte de todos los asistentes y el interpelado es exonerado de toda culpa.

EL MALO

Julian Assange, periodista y programador informático australiano (nacionalizado ecuatoriano), está recluido desde hace más de siete años en la embajada de Ecuador en el Reino Unido en calidad de asilado, es el fundador y director principal del sitio web WikiLeaks, que ha difundido documentos reveladores sobre una serie de acciones del ejército norteamericano en el Medio Oriente consideradas delitos de guerra por las leyes internacionales, pero que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos considera “información clasificada”, a tenor de los establecido en la Ley de Espionaje vigente desde 1917 en ese país.

Dichas filtraciones, en las que se documentan, entre muchos otros eventos protagonizados por el ejército norteamericano contra civiles desarmados, la llamada “masacre de Bagdad”, en la que cuatro helicópteros estadounidenses abrieron fuego contra un grupo de iraquíes, asesinando a una docena de ellos, incluyendo a dos periodistas de la agencia Reuters, así como una gran cantidad de informes secretos en los que se registran cientos de operaciones militares en Afganistán, Irak, y la base militar de Guantánamo que Estados Unidos utiliza como prisión extraterritorial en suelo cubano, fueron entregadas por Assange a los prestigiosos diarios The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Al-Jazeera, RT, Reuters, Washington Post, CNN, y El Mundo, entre muchos otros, pero ninguno de esos medios de comunicación ha sido perseguido o sancionado por la causa que se le sigue al editor de origen australiano, así como ninguno de los que aparecen involucrados en los crímenes de guerra que WikiLeaks ha dejado al descubierto. Para el Departamento de Justicia norteamericano, en este caso el delincuente ha sido el mensajero.

Para Assange varias importantes figuras de la vida pública norteamericana han pedido que se aplique todo el peso de la Ley, incluyendo la pena de muerte, tal como lo han solicitado expresamente en declaraciones públicas Bill O’Reilly, presentador de la cadena Fox, Sarah Palin, excandidata presidencial y exgobernadora del estado de Alaska, y Tom Flanagan, ex asesor del Primer Ministro de Canadá. Ante la certeza de que tal solicitud será respondida afirmativamente por los Estados Unidos, Julian Assange se ha visto en la obligación de recurrir al asilo diplomático en resguardo de su vida.

EL FEO

En su afán de expandir su dominio hegemónico sobre el planeta, los Estados Unidos violenta las barreras de soberanía de naciones a miles de kilómetros de sus fronteras, sin importarle en lo más mínimo ni el derecho internacional ni la normativa de organismos como la Organización de las Naciones Unidas que prohíben expresamente el uso extraterritorial de acciones armadas o penales no autorizadas por el organismo, para ir tras aquellos que considera sus enemigos, o contrarios, al menos, a la seguridad nacional norteamericana, así no sea delincuente sino más bien su única “culpabilidad” haya sido publicar documentos que ponen en evidencia graves delitos de lesa humanidad cometidos por otros. Pero exonera de toda responsabilidad delictual a aquel que reconoce ante una comisión investigadora del parlamento y ante las cámaras de decenas de medios de comunicación, que efectivamente sí ha cometido el más gigantesco delito informático de la historia; nada más y nada menos que el de exponer y arriesgar la vida de más de dos mil millones de personas en el mundo que usan la red social Facebook hoy en día.

Así como un día EEUU acusa a China de ser un régimen totalitario por no permitir el libre uso de medios de comunicación norteamericanos en su territorio, y al día siguiente acusa a Rusia de amenazar la seguridad nacional precisamente por el uso de esa misma internet, y prohíbe, además, las transmisiones en el país de las cadenas informativas RT y Telesur, de la misma manera persigue un día a un periodista a través del mundo para intentar llevarlo a la silla eléctrica por el delito de hackear información privada recopilada por su empresa y al otro día aplaude y celebra la astucia para hacer dinero de otro individuo que se ha convertido en multimillonario hackeando información privada a la gente, también a través de su empresa.

Deja una vez más al descubierto el imperio con su doble rasero, no solo la inmoralidad y falsedad de su discurso en pro de las supuestas libertades que dice defender, sino también su empeño por imponer su hegemonía a como dé lugar, lo que sin lugar a dudas tendría que ser una nueva demostración para las venezolanas y los venezolanos de los despropósitos de aquellos que desde una posición de derecha han promovido la entrega de la Patria a los oscuros intereses de esa potencia del norte que a cada paso deja ver su insolente desprecio por las leyes de las naciones, por los derechos del ser humano, y por la verdad.

EPÍLOGO

La agresión contra el noble pueblo nicaragüense desatada esta semana por ese mismo imperio, es otra corroboración de que efectivamente la violencia de los últimos años con la que se quiso desestabilizar al gobierno bolivariano y derrocar al presidente legítimo de la República, no ha sido ninguna otra cosa que parte de ese plan de dominación global puesto en marcha por los Estados Unidos contra el mundo, y jamás una búsqueda honesta de algún sector de la sociedad venezolana por alcanzar su bienestar. Solo un intento más del imperio por extender su domino amenazando nuestras soberanías.

Frente a esa amenaza, nuestra única opción de triunfo será siempre la unidad del pueblo por la que tanto clamó el comandante Chávez a lo largo de su vida. Votar por Nicolás Maduro el próximo 20 de mayo, es la forma de expresar y asegurar la invencibilidad de esa unidad.

@SoyAranguibel

 

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Historia de mentira

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 11 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La Guerra Fría no es sino una lucha por la mente de la gente” J. F. Kennedy

El Cementerio Nacional de Arlington, en la capital de los Estados Unidos de Norteamérica, es probablemente el más grande monumento en el mundo a la derrota y al fracaso.

Ubicado en las cercanías del Pentágono, en los que fueran los terrenos del legendario general Lee, jefe del derrotado ejército de los Estados Confederados de América en la guerra de secesión, el cementerio Arlington está reservado en principio a los miembros de las fuerzas armadas de esa nación (aún cuando algunos de los ahí enterrados no lo hayan sido nunca, como el expresidente William Howard Taft quien nunca cumplió servicio militar) en virtud de lo cual la inmensa mayoría de quienes en él reposan tienen en común el sino de la derrota que ha marcado la historia de las guerras del imperio norteamericano a lo largo y ancho del planeta desde hace más de un siglo.

En Arlington se encuentran los restos de los soldados que dejaron sus vidas en las guerras libradas por los Estados Unidos en el mundo, la mayoría de las cuales terminaron en estrepitosos reveses militares si no en abiertos fracasos, como las guerras de Vietnam, Corea, Afganistan e Irak, así como figuras emblemáticas de la historia norteamericana, como el presidente John F. Kennedy (cuya muerte no podrá ser catalogada jamás como un triunfo ni para él ni para los Estados Unidos), los tripulantes de las fallidas misiones de los transbordadores Challenger y Columbia de la NASA, y los desaparecidos en los atentados terroristas contra el avión de Pan Am en Lockerbie, Escocia, y del 11 de septiembre del 2001, en particular el perpetrado contra el Pentágono.

Sin embargo Estados Unidos vende al mundo la imagen de un imperio todo poderoso que cual Atila de la modernidad arrasa a su paso a enemigos de cualquier naturaleza o envergadura, usando en ello incluso el depósito del fracaso que es el cementerio de Arlington, al que convierte por medio de su poder hegemónico cultural en una suerte de gran templo de los dioses de la guerra.

La manipulación de la historia para colocarla a su servicio es inherente a la idea de dominación que mueve a los imperios. En eso Estados Unidos no es la excepción ni en la guerra ni en la paz. Si se acepta el principio de Clausewitz según el cual “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, pudiera ser entonces que la guerra fría sea la política que aparenta a través de los medios ser una guerra.

O por lo menos así lo asume los Estados Unidos desde que los medios de comunicación han venido sustituyendo a los escenarios y los armamentos de guerra por las pantallas de cine y los contenidos mediáticos televisivos con los que el poder hegemónico del capitalismo inunda cada vez más al mundo.

¿Cuál fue en verdad el sentido de una demencial carrera espacial como la librada por Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la guerra fría si no era el esencialmente propagandístico? Ya desde 1936, con motivo de las fastuosas olimpíadas de Berlín, se dijo siempre lo mismo del deporte cuando todavía su importancia en el ámbito del mercadeo publicitario que tiene hoy en día no era ni medianamente significativa y su justificación estaba relacionada exclusivamente a la necesidad propagandística ya no solo de las grandes potencias sino también de países del tercer mundo, como Cuba entre otros.

A esa impostergable necesidad propagandística se deben las más grandes mentiras que la cultura hegemónica neoliberal le ha vendido al mundo a lo largo del último siglo. La fascinante ilusión del bienestar y la prosperidad infinitas que la gente tendría asegurada en el capitalismo es una de ellas. La otra, la idea del poderío imbatible del imperio norteamericano en todos los ámbitos.

Según esa doctrina de la propaganda como la herramienta para aparentar el triunfo en la guerra a través de los medios, los Estados Unidos no necesita una historia verdadera sino un buen guión y unos buenos actores. Por eso el presidente Barack Obama se esfuerza más en el cálculo meticuloso de la pose de soberbio emperador que debe asumir cuando se declara ahistórico ante el mundo, que lo que debiera esforzarse en estudiar la historia de los pueblos a los que pretende someter bajo su dominio.

Ronald Reagan, uno de los más acérrimos anticomunistas que jamás haya alcanzando la primera magistratura del imperio norteamericano, concibió la Guerra Fría como un escenario en el cual todas las técnicas de la cinematografía, en las cuales él como actor de Hollywood que fue tenía una verdadera ventaja comparativa frente a su par soviético, serían determinantes para colocar la balanza definitivamente a favor de los Estados Unidos. Su famosa “Doctrina Reagan”, que abogaba por el exterminio de todos los gobiernos comunistas del mundo y promovía impúdicamente el surgimiento del yihadismo como arma de baja intensidad para la contención del poderío soviético, ya era evidente varios años antes de ser electo presidente en una entrevista en la que se refería al futuro de la Guerra Fría en estos escuetos términos: «Mi idea de lo que debe ser la política estadounidense en lo que respecta a la Unión Soviética, es simple, y algunos dirán que simplista. Es esta: nosotros ganamos y ellos pierden, ¿qué te parece?»

De ahí en adelante cayeron el bloque soviético y el muro de Berlín, es cierto, así como los gobiernos progresistas que el propio Reagan se empeñó en derrocar (en particular el sandinista, mediante el financiamiento de la contra nicaragüense), pero el famoso poderío del imperio norteamericano comenzó a hacer agua y hasta el día de hoy su hundimiento no se ha detenido, ya no solo en el campo económico sino también en lo político, como lo demuestra el avance en Latinoamérica de un vigoroso bloque antiimperialista que la mediática hegemónica no visualizó oportunamente y que le está significando a los Estados Unidos el más duro golpe contra la realidad que haya tenido en mucho tiempo en virtud ya no solo de su alcance sino de la referencia que esa nueva visión de soberanía está ofreciendo a los pueblos de vocación independentista de todo el planeta.

Con esa inspiración es como ahora puede conmemorarse por todo lo alto un evento de la más relevante significación histórica como lo fue el legítimo triunfo de la Unión Soviética sobre el fascismo, oculto de manera infame desde hace setenta años tras el discurso anticomunista del contenido mediático norteamericano, y en general por la cultura hegemónica pro imperialista del mundo occidental.

Una conmemoración que hace honor a los más de veintisiete millones de soviéticos que dejaron su vida en esa conflagración para salvar a la humanidad del horror del fascismo, y que rescata ese activo tan preciado que comienza a ser hoy la verdad histórica como instrumento de justicia y de igualdad en la lucha por un mundo en el que las naciones puedan ejercer su soberanía y su autodeterminación con entera libertad y sin la presión de los imperios prepotentes que se empeñan en borrar la historia para vender su ilusoria y perversa sociedad neoliberal capitalista.

El empeño de los imperios por sustituir la realidad con la seductora virtualidad capitalista, tiene hoy en la conciencia de los pueblos progresistas y revolucionarios del mundo, el poderoso ariete de la historia que abrirá las puertas al nuevo modelo de comunicación basado en la verdad como un valor sagrado y de verdadera liberación del ser humano, que más temprano que tarde terminará por imponerse.

De ese excepcional proceso mundial de redención del ser humano surgirán los nuevos paradigmas, los nuevos códigos, la nueva simbología y el nuevo lenguaje de la comunicación transformadora que acabará para siempre con la historia de mentira que a través del tiempo inventaron los imperios.

 

@SoyAranguibel

¿Brutalidad, racismo o hegemonía?

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 04 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Somos antiimperialistas, como es la mayoría del pueblo norteamericano que está en contra de las guerras” Nicolás Maduro

Samantha Power, la flamante embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, estalló esta semana iracunda en medio de una reunión informal de la organización pidiendo a gritos la intervención de los servicios de seguridad para desalojar de la sala a su homólogo de Corea del Norte, el embajador Ri Song-shol, quien llamaba la atención del organismo sobre los crecientes actos de brutalidad policial contra la población afrodescendiente en ese país, así como por las torturas practicadas por la CIA que han sido denunciadas en los últimos meses. Gritando desde su asiento que “esas declaraciones los desacreditan totalmente” la representante del imperio logró que al diplomático asiático se le cortara el sonido desde la cabina de audio y que de inmediato se le sacara de la sala en compañía de su delegación, en uno de los actos de soberbia más indignantes y bochornosos que se recuerden en ese foro de las naciones.

Pero la reacción de la embajadora no es nada casual. Como tampoco lo son los actos de barbarie policial que se han venido incrementando en los Estados Unidos desde hace algún tiempo sin que la sociedad norteamericana (salvo las protestas protagonizadas por la población afroamericana en algunas ciudades de ese país) reaccione en la búsqueda de soluciones efectivas a un fenómeno tan potencialmente explosivo como pocos pueden darse en el mundo civilizado de hoy.

La señora Power simplemente ha dejado ver el rostro más grotesco de una cultura que ha hecho estragos a las sociedades a través de la historia; la cultura de la dominación coercitiva.

Gramsci distinguía los modos de dominación separándolos en coercitivos y hegemónicos. Según él, el hegemónico basa su control en el poder ideológico, cultural (la religión, la educación y el poder de los medios de comunicación), y el coercitivo en el control directo que ejerce el poder político y en última instancia la violencia física.

En la práctica, el poder hegemónico ha estado siempre orientado al ocultamiento del poder coercitivo con el cual las clases dominantes ejercen su control. La televisión y la prensa, así como la religión y el sistema educativo burgués, tienen como propósito fundamental convencer permanentemente a la sociedad de que el peligro que la asecha y que amenaza su supervivencia como tal, es siempre todo aquello que atente contra las formas establecidas de dominación y no la dominación en si misma. Es decir; la estructura del Estado burgués y las formas de desempeño del capitalismo.

En virtud de ello, el poder hegemónico tiene la obligación de ocultar la violencia cuando ésta surge de los sectores dominantes contra los sectores oprimidos, y de magnificarla cuando ella es producto de hambre, la miseria y la exclusión que el sistema capitalista burgués genera.

Por eso según los medios de comunicación privados, y de acuerdo a las declaraciones del estamento político del imperio en ambos casos, la violencia en las calles de los Estados Unidos que resultan de protestas de la sociedad civil reclamando sus derechos, siendo exactamente iguales en su expresión incendiaria y atentatorias contra la vida y el orden público, son completamente distintas a las que se escenifican en las calles de Venezuela.

Mientras en los Estados Unidos el pueblo se rebela contra la brutalidad policial hacia la gente pobre, en Venezuela sectores minoritarios de la población buscan quebrantar la paz por su arbitrario deseo de colocar en la presidencia a uno de los suyos. La diferencia para el imperio es que las de allá son protagonizadas por criminales y las de acá por héroes de la sociedad civil. Algo que está más en correspondencia con la lógica de la dominación que de la discriminación. Si los de allá son negros descendientes de esclavos y los de acá blancos y de nobles apellidos, entonces la diferenciación es más que sencilla. Pero mucho más desde el enfoque clasista que desde la óptica estrictamente racista.

Desde el punto de vista científico, el racismo no tiene asidero alguno. Infinidad de investigaciones y debates al respecto han logrado establecer que biológicamente no hay ningún atributo o condición particular que haga superior a una raza sobre otra. La teoría social tampoco ha logrado apoyar ni ideológica, ni política, ni filosóficamente, al racismo como corriente de pensamiento. Un aspecto nebuloso del Marxismo, referido a la supuesta defensa por parte tanto de Marx como de Engels de la teoría de la supremacía de la raza blanca, en particular lo escrito en el Anti-Dühring generalmente extraído del contexto de la realidad histórica como de la realidad política sobre la cual se asentaban tales apreciaciones, es utilizado sistemáticamente por la derecha proimperialista para tratar de desdibujar la doctrina marxista y para ocultar a la vez el carácter discriminatorio e inhumano del modelo capitalista.

De ahí que toda forma de racismo o de segregación social sea simplemente una fachada más, construida por los sectores dominantes para ocultar la división de clases que para la hegemonía resulta tan indispensable. Por eso en Estados Unidos, el país más racista del mundo hoy en día, un negro puede llegar a ser millonario o incluso hasta presidente de los Estados Unidos.

La idea contemporánea del racismo como doctrina es promovida fundamentalmente por la obsesión supremacista de los imperios europeos que inundaron al continente africano con sus experimentaciones antropológicas que procuraban la legitimación de modelos raciales que ayudaran a sostener y hacer perdurar el modelo colonial que la modernidad comenzaba a desplazar con la naciente nueva concepción de los imperios capitalistas. Por eso la antropología misma es hoy objeto de cuestionamiento como herramienta cuyo propósito para muchos no es la investigación del género humano, como en principio se presenta, sino la utilización de los pobres como seres inferiores dignos de estudio, lo que a la larga tiende cada vez más a reafirmar la superioridad de la clase dominante sobre los dominados pero no desde un punto de vista racial sino clasista. En Suráfrica el apartheid pudo existir solo hasta que los imperios de la era colonial pudieron sostenerse y la idea de la supremacía étnica de los blancos se reveló como un gran mito.

En Estados Unidos, las balas que asesinan a los afroamericanos no lo hacen porque son negros sino porque son los sectores dominados. La policía simplemente está ejerciendo el rol del instrumento coercitivo del Estado burgués para perpetuar la dominación de la hegemonía sobre los desposeídos, que en esa nación son fundamentalmente la mayoría porque fueron la población importada por el esclavismo para construir el imperio que sus fundadores soñaron. La esclavitud, como el apartheid, fue siempre posible no por ser los negros minorías o por la sumisión o debilidad de la raza africana en modo alguno, sino porque las minorías blancas, los hegemones, poseían los medios de coerción, las armas, de las que nunca dispusieron los oprimidos, es decir; los pobres. Hoy sucede exactamente lo mismo.

Pero la rebelión está ahí. El detonante es la muerte de seres humanos cuyo verdadero y doloroso pecado no es ser negros sino ser pobres. El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, se lo advirtió claramente a Obama y al mundo entero en su discurso en la VII Cumbre de las Américas en Panamá, cuando le dijo: “La juventud de Estados Unidos quiere cambiar Estados Unidos, estoy seguro de eso. Si no el presidente Obama no hubiera sido presidente. Usted presidente Obama es presidente porque hay un sentimiento profundo de cambio y los Estados Unidos quiere dejar de ser imperio; hay dos Estados Unidos, el de Washington, el imperial, el de los lobbies y el Estados Unidos profundo que quiere paz, desarrollo y quiere que lo veamos y quiere que nos veamos como hermanos de ojos a ojos y le cantemos juntos y que andemos juntos la historia.”

Pero Obama, así como Samantha Power y todo su equipo de gobierno, son solo portavoces de una concepción hegemónica que no acepta la igualdad y la justicia social porque eso significaría para ellos subvertir el orden natural del universo. Un universo cruel en el que los niños ricos que ordenan asesinar a inocentes sin razón deben ser considerados héroes y los negros del barrio que luchan por su vida vulgares criminales.

@SoyAranguibel

La falsa promesa de la tierra prometida

– Publicado en el Correo del Orinoco el 20 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El norte es una quimera, qué atrocidad, y dicen que allá se vive como un pachá” Luis Fragachán

Por lo general, la teoría política asume que la razón definitiva de los imperios es la sed de dominación de unas naciones sobre otras no solo por vía de la fuerza sino mediante el sometimiento religioso, cultural, económico o político. Por eso el expansionismo territorial ha sido siempre factor indispensable para la realización de cualquiera de las formas de imperialismo.

La misma tesis leninista que define al imperialismo como fase superior del capitalismo (la voraz expansión de los grandes consorcios hasta abarcar la totalidad de los mercados para someter y rendir las economías del mundo a sus particulares intereses económicos), termina por ser una aceptación de la propuesta que coloca al imperio como una entidad de poder supeditado principalmente a la necesidad imprescindible de la dominación territorial. Sin lo uno no es posible lo otro.

Pero el expansionismo resulta demasiado oneroso ya no solo por los costos de la estructura de ocupación sino por lo que representaría sufragar el desarrollo de las naciones bajo su control hegemónico. De ahí que su naturaleza sea eminentemente saqueadora. Y de ahí el repudio que obtienen siempre de los pueblos.

El imperio otomano, por ejemplo, que en la cúspide de su poder en el siglo XVII se extendía sobre más de cincuenta y cinco millones y medio de kilómetros cuadrados, ejercía su dominio sobre remotos territorios a los cuales, en muchos casos, les respetaba un alto grado de autonomía administrativa siempre y cuando ello no contraviniera la subordinación al imperio ni el tributo de impuestos que a este le debían. Lo económico era lo más importante, pero lo territorial era determinante por la fortaleza que aseguraba en la obtención de recursos naturales, fuerza laboral a bajo costo y capacidad de desmovilización enemiga en una vasta periferia.

Quienes argumentan la inevitabilidad de las rebeliones populares contra la dominación, debaten con quienes sostienen que la inviabilidad económica es lo que termina por hacer insostenible la inmensa carga financiera del imperio, así como con quienes afirman que su incapacidad para la actualización del conocimiento, la negación de la ciencia y la tecnología como instrumentos del desarrollo, sería la causa definitiva de su declive y posterior extinción.

En todo caso, el imperio más poderoso será aquel que controle de mejor manera todas esas variables bajo una misma premisa de orientación estrictamente hegemónica. Al decir de Gramsci, su sostenibilidad derivará de la ilusión de bienestar (desmovilización social) que a través de las herramientas del conocimiento (cultura, educación y religión) le imponga al pueblo el poderío fáctico del imperio.

Por eso el imperio norteamericano necesita una poderosa fachada de deslumbrante ilusionismo que contenga las aspiraciones emancipadoras del pueblo. Hollywood es la herramienta para el desarrollo intensivo de esa ilusión, cuyo propósito no es solo el de inhibir la naturaleza revolucionaria de las fuerzas sociales, sino el de reducir las barreras de soberanía de las naciones susceptibles de la dominación imperial.

Hoy en día todo aquel que sea presa del discurso alienante del imperio verá a los Estados Unidos como la tierra prometida y en función de eso orientará su aspiración de vida. El fomento de una cultura apátrida entre los pueblos de vocación nacionalista, procura la eliminación de esas barreras de soberanía que impiden el acceso expedito de las grandes corporaciones transnacionales a los países de economías emergentes, a la vez que tiende a acabar con la diversidad ideológica, religiosa, cultural y política que obstaculizan el avances de los imperios.

Los superhéroes son los dioses contemporáneos que con su encanto y destrezas todopoderosas rinden cada vez más a sus pies al mundo entero ya no como vetustas deidades envueltas en sábanas celestiales sino encantadores adonis enfundados en sugestivos trajes multicolores de titanio y grafeno templado. Los marines, como los ángeles, son los ayudantes de Dios en la salvación de aquellos que necesitan auxilio. Y los hijos de Dios en la tierra, cuya finalidad es traer a los mortales el mensaje de la buena nueva, están ahora en las listas de millonarios que año tras año la revista Forbes publica para dar a conocer los nombres de las figuras más poderosas del mundo capitalista.

El estilo de vida de los ricos y famosos se vende a través de las pantallas como el paraíso terrenal que solamente existe en los inexpugnables linderos del imperio norteamericano (el departamento de inmigración), al cual se puede acceder eventualmente si, y solo si, se cumple el mandato del buen comportamiento que las leyes sagradas (el comunismo como fruta prohibida) estipulan. Una franquicia internacional de televisión funge de purgatorio para alcanzar el cielo si se le responden quince preguntas a un arcángel (el moderador de “Who Want to be a millionaire”), con lo cual resultará siempre que, por culpa de su ignorancia, el pueblo no podrá ser jamás hijo de Dios, porque hijo de Dios no es cualquiera. Idea medular en el propósito desmovilizador que inoculan desde siempre en la mente de la gente el contenido mediático y la cultura occidental burguesa en general (“Rebelión en la granja”, es un claro ejemplo de esto).

En la vida real, el imperio es otra cosa. El designio profético que le otorga el atributo de la dominación del mundo no resuelve las inconsistencias ni los cabos sueltos que los imperios han terminado por temer siempre a lo largo de la historia. Ni la tesis del Destino Manifiesto ni la doctrina Monroe, como ningún otro postulado imperialista norteamericano, explican en qué radica la necesidad de erigir a los Estados Unidos en imperio. Se postulan en cada caso la causa de la libertad (en abstracto) como razón esencial del compromiso de lucha más allá de sus fronteras, así como la supuesta preservación de la seguridad nacional para ello. Pero en modo alguno se desarrolla desde el punto de vista filosófico o político por qué esa lucha debe librarse desde la condición imperial.

No se explica tampoco por qué, si los Estados Unidos es la tierra por excelencia de las oportunidades, la lista de millonarios más acaudalados de esa nación es la misma desde hace más de un cuarto de siglo. De ese grupo, solo uno, el dueño de la red social Facebook (cuyo salario anual es de cien mil millones de dólares), es menor de cuarenta años. El resto (al frente de los cuales se encuentra desde 1985 el magnate del software Bill Gates) promedia una edad de setenta y cinco años. Warren Buffett, con un patrimonio personal de 72.700 millones de dólares en su haber, celebrará este año sus primeros ochenta y cinco años de edad. A ese ritmo, incluyendo solamente a los 318.582.000 habitantes que constituyen la población norteamericana en la actualidad, habría que esperar cerca de 6.400 años para satisfacer la aspiración de cada uno de ellos a alcanzar ese privilegiado sitial.

En términos absolutos, la promesa de la supremacía no le sirve a la inmensa mayoría de los norteamericanos, quienes de acuerdo al informe para 2014 del Programa Mundial de la ONU para la Alimentación (FAO), padecen el hambre infantil más aguda del continente. Ni tampoco a los cientos de miles que sobreviven a la miseria amparados por deplorables programas de comida para indigentes, que rechazan la creciente e indetenible discriminación racial que día a día llena de luto a hogares humildes de ese país, o a los cientos de ellos que incrementan anualmente las cifras de renuncias a la nacionalidad estadounidense.

Tal es el caso de Quincy Davies, quien relataba en 2014 su experiencia en Taiwan luego de renunciar a su nacionalidad. “Cuando pienso lo que yo era como un hombre negro en Estados Unidos me doy cuenta que no tuve oportunidades”, dice. “A uno lo discriminan en Estados Unidos. Pero aquí (en Taiwán) la gente es muy amable, te invitan a su casa, son muy cálidos… No hay delito, no hay armas. No me queda más remedio que adorar este país”. (1)

La nueva realidad de un mundo contestatario que no cree ya en la falsa promesa de la tierra prometida, como vimos en la Cumbre de las Américas, ha comenzado a hacerle ver a ese imperio decadente que su final está cada vez más cerca.

(1) 20Minutos

@SoyAranguibel

La decepción amorosa del imperio

– Publicado en el Correo del Orinoco el 06 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Para los imperios la verdad no es algo que deba existir de manera natural o espontánea en el universo. Según ellos, la verdad tiene que ser creada porque para la gente es inconcebible y totalmente inaceptable realidad alguna en la que se justifique, por ejemplo, el exterminio de la humanidad por el único afán de dominación de una pequeña porción de ella sobre el resto de su género y del mundo.

La verdad pone al descubierto la injusticia y la maldad de la arbitrariedad y la opresión en las que se fundamentan los imperios, en virtud de lo cual es la principal enemiga de estos. Su contraparte, la mentira, es entonces la herramienta más valiosa para quienes se consideran predestinados a la dominación planetaria bajo el signo del imperialismo. Así, en la medida en que se consolide el poder y la supremacía del imperio, la mentira se convierte progresivamente en la verdad que deberá regir el rumbo de las civilizaciones y del mundo y viceversa, todo ello a lo largo de un infinito proceso de infernal retroalimentación.

Elíades Acosta Matos, en su enjundioso libro El Apocalipsis según San George, se refiere a esta pasmosa idea citando a H. P. Lovecraft: “Cuando se pierde la ingenuidad o la esperanza, cuando se vislumbran los abismos terribles de la barbarie que se disimulan con la escenografía de una sociedad en apariencia progresista y racional, aparece el horror, el horror total que tanto atormentaba a Lovecraft: ‘La vida es una cosa espantosa –escribió- y detrás de los que nosotros sabemos de ella acechan verdades demoníacas, que, a veces, la hacen doblemente espantosa’”.

Ese horror es una realidad que amenaza desde hace doscientos años al mundo, a partir de la idea de supremacía que ha orientado al imperio norteamericano y cuyo fundamento ha sido la recurrente apelación a la “verdad” de una supuesta predestinación, más ajustada a la formulación de los designios satánicos que a la lógica de la teoría social o política en modo alguno, tal como lo advirtió en su momento de manera prodigiosa el Libertador Simón Bolívar.

La doctrina del Destino Manifiesto, tiene su origen en las creencias del puritanismo radical que llegó del viejo mundo a suelo americano asolando a su paso toda forma de vida originaria en el nuevo continente. Para ello los colonos asumían como norma una sentencia casi divina: “Ninguna nación tendrá el derecho de expulsar a otra de su tierra, salvo por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos.” (1)

La misma sentencia, en la lógica de los más ortodoxos sectarismos religiosos, se reproduce a lo largo del debate político norteamericano con la precisión de una máquina de relojería. Así, en su discurso ante el congreso de los Estados Unidos de Norteamérica en 1900, el senador por el estado de Indiana Albert Jeremiah Beveridge urgía al presidente en estos términos: “Sr. Presidente: Estos tiempos exigen franqueza. Las Filipinas son, para siempre, “territorio perteneciente a los Estados Unidos”, como la Constitución lo califica. Y más allá de Filipinas están los mercados infinitos de China. No debemos retirarnos de ahí; no debemos repudiar el cumplimiento de nuestro deber en el archipiélago, no debemos desperdiciar esta oportunidad en el Oriente. No renunciaremos a cumplir la parte que nos corresponde dentro de la misión que nos toca a nuestra raza: ser garante de los planes divinos de civilización mundial. Seguiremos adelante con esta tarea, no quejándonos como esclavos, por tener que llevar tan pesada carga, sino expresando gratitud al Todopoderoso por la misión encomendada, y por habernos elegido como pueblo, encargándonos de guiar la regeneración del mundo”. (2)

Exactamente el mismo enfoque del “Proyecto Para el Nuevo Siglo Americano” que a finales de la década de los noventas asumió la rectoría del pensamiento imperialista en los Estados Unidos luego del “Comité Para el Peligro Actual” que operó, a su vez, con la misma finalidad en la década de los setentas. En su Declaración de Principios, se lee: “Hemos olvidado los elementos esenciales que posibilitaron el éxito de la administración Reagan: una fuerzas armadas fuertes y listas para actuar ante desafíos presentes y futuros, una política exterior intencionada y coherente que promueva los principios americanos en el exterior y un liderazgo nacional que acepte las responsabilidades globales de los Estados Unidos”. (3)

Bajo esa premisa, George W. Bush, replanteó la Doctrina del Destino Manifiesto para desacralizarla y dotarla de un contenido todavía mucho más pragmático: el de las armas. Doctrina retomada ciegamente por Obama sin distingos partidistas de ninguna clase.

A falta de una verdad consistente que lo respalde, el camino del armamentismo y el uso de las bombas como argumento ha sido el recurso del imperio norteamericano en su búsqueda por cristalizar una doctrina blindada contra todo tipo de razonamiento que favorezca el derecho a la soberanía de los pueblos. La falsa verdad presentada por los medios de comunicación no ha sido suficiente. El inmenso poder de enajenación con el que han contado no ha podido cumplir a cabalidad como en otros tiempos su perverso cometido alienador, porque ya nos es una tecnología al servicio exclusivo de las élites neoliberales con la cual podía imponerse desde la cúspide del poder hegemónico una verdad de laboratorio que abarcara el planeta de manera unívoca, unidireccional e inapelable.

La insurgencia de nuevos y poderosos escenarios para el relacionamiento de los pueblos, más allá de los tradicionalmente controlados por los Estados Unidos, como el Grupo de los 77 + China, el Grupo de los no Alineados, la Unión Europea, la Celac, la Unasur y el Alba, ha contado con el soporte de medios y agencias de noticias, como Telesur desde Latinoamérica, Russian Today y Xinhua desde Asia, Al Jazeera desde el Medio Oriente, así como cientos de miles de diarios, portales web y emisoras de radio de periodismo alternativo a lo largo y ancho del planeta, que restringen ahora las posibilidades para el secuestro del conocimiento pretendido desde siempre por la oligarquía.

Hoy la reflexión sobre nuestro porvenir puede basarse más que nunca antes en el recurso de la documentación histórica como fuente de conocimiento. La veracidad puede establecerse con mayor amplitud y propiedad a partir de la confrontación de elementos de juicio verificables. El registro de la realidad se apoya cada vez más en una capacidad de raciocinio confiable que gracias a esa nueva realidad mediática, todavía frágil pero muy alentadora, y al impulso de las luchas y conquistas de los pueblos tiene hoy el ser humano a su disposición.

Sin embargo, los esfuerzos de la “élite pensante” neoliberal en la actualidad por borrar la historia como instancia de constatación son cada vez más intensos y desesperados. Un libro del ultra reaccionario alabardero imperialista Andrés Oppenheimer (Basta de historias; la obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves para el futuro/2010), así lo demuestra. En el texto el autor se empeña en colocar la redención latinoamericana que las ideas del bolivarianismo han impulsado en el continente como un auténtico apocalipsis. Para él, la revisión de la historia es la peor pérdida de tiempo y de oportunidades para nuestros pueblos. Su temor es que la verdadera historia de Latinoamérica no da espacio alguno a la ilusoria versión del progreso civilizatorio que según el discurso mediático de las grandes corporaciones de la comunicación las transnacionales habrían traído a nuestras tierras, y, por el contrario, deja al descubierto sin ninguna duda la horrorosa verdad de la explotación y el saqueo del que han sido víctima desde hace doscientos años nuestras naciones por parte del imperio norteamericano.

Precisamente por esa verdad incontrovertible es que la gran mayoría de los países del continente y del mundo se han pronunciado en rechazo a la insolente y desquiciada orden ejecutiva de Barack Obama contra Venezuela, cuya evidente pretensión no ha sido otra que la de intentar acorralar a la patria de Bolívar en la Cumbre de las Américas a realizarse esta semana en Panamá. La decepción de la inefable contrarevolucionaria Roberta Jacobson por ese duro revés, es la de un imperio que ya ni convence con su necia verdad de doctrinas delirantes, ni mete miedo con sus arrogantes maquinarias de exterminio. Como en los amores fracasados, le tocará asumir que “ya no somos los de antes”.

(1) Destino Manifiesto
(2) En apoyo al imperio norteamericano
(3) Proyecto para el Nuevo Siglo Americano

@SoyAranguibel

La dominación como cultura

– Publicado en el Correo del Orinoco el 02 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La desigualdad no sólo es resultado de la distribución dispareja de los medios de producción, sino también es producto de una construcción política y cultural cotidiana, mediante la cual las diferencias se transforman en jerarquías y en acceso asimétrico a todo tipo de recursos” L.Raygadas

Entre 1817 y 1828, mientras la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos luchaban por su independencia, en México avanzaba uno de los despojos más descomunales jamás visto en la historia del continente americano. Con la excusa de una necesidad de naturaleza humanitaria, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica le pedía a la por aquel entonces naciente república federal mexicana un permiso de usufructo provisional de tierras para unas 300 familias anglosajonas, para lo cual solicitaba unas 30.000 hectáreas de territorio en lo que hoy se conoce como el Estado de Texas.

El desconocimiento que esas familias proclamaron posteriormente contra la legítima autoridad del gobierno mexicano, fue el origen de un asalto continuado que a lo largo de más de tres décadas le arrebató a ese país no solo el estado de Texas, sino Alta California y Nuevo México, que comprenden los actuales estados de Nuevo México, Arizona, Colorado, Nevada y California, alcanzando un total de más de 32 millones de kilómetros cuadrados de territorio.

Para poblar aquellos vastos espacios robados a los mexicanos, Estados Unidos inventó en primer lugar la fiebre del oro (el llamado Gold Rush) que movilizó a mediados del siglo XIX a cientos de miles de pobladores de la incipiente nación imperialista a desplazarse hasta aquellos remotos e inhóspitos parajes. Una segunda gran oleada de norteamericanos llegó hasta aquel lejano oeste casi un siglo después con el advenimiento del cine.

Contrario a lo que suele creerse, el cine no se desarrolla en Hollywood porque los terrenos para instalar los gigantescos estudios que se requerían fuesen más baratos, o porque las condiciones climatológicas les resultaran más favorables que en ciudades del este, sino porque los realizadores le huían al gran perseguidor de innovaciones que fue Tomas Alva Edison, quien ya se había hecho famoso no por su capacidad inventiva como ha querido presentarlo siempre la academia norteamericana, sino por su proverbial afán por apropiarse de los grandes inventos que entonces proliferaban en todas partes del mundo, a partir del registro de patentes en el que el falso inventor era todo un potentado. Edison, que había logrado plagiar el invento de George Eastman del arrastre mecánico de celuloide mediante el uso de película perforada, había registrado la patente del cinematógrafo en Nueva York, lo cual limitaba en esa parte del país la posibilidad de realización de filmes tanto de alto como de bajo costo para realizadores independientes e incluso para los nacientes estudios cinematográficos.

Tal circunstancia resultaba propicia para poblar cada vez más densamente un territorio que habiendo sido usurpado ilegítimamente de la forma brutal en que se hizo, ha sido siempre susceptible de restitución a sus propietarios originales en virtud de la precariedad del soporte legal sobre el cual se asienta tan infame despojo. Hasta hoy, lo que aduce los Estados Unidos como razón para el robo a México de más de la mitad de su territorio es una transacción por 15 millones de dólares efectuada en 1848, con los cuales se habría pagado lo que hasta el día de hoy presenta como una “cesión” mercantil de tierras.

Desde la concepción imperialista de los sectores hegemónicos norteamericanos, la ocupación de territorios no ha sido jamás determinada por necesidad alguna que no fuera la de la dominación por la dominación en sí misma, y no por la falta de espacios para el desarrollo de asentamientos poblacionales, de extensiones cultivables o para la instauración de complejos fabriles, como lo demuestra el hecho de contar hoy esa nación con una de las más grandes proporciones de tierras vírgenes, deshabitadas o sin explotación productiva alguna.

Ese gran despojo, llevado a cabo bajo la ley de las armas y del sometimiento económico con las cuales se ha impuesto su dominación a través del tiempo, constituye hoy más de un tercio del territorio estadounidense, sobre el cual se ha desarrollado una sociedad fundada en la filosofía de la supremacía, que lleva al norteamericano común a creer que la única nación civilizada del planeta es Estados Unidos y que el resto del mundo es incultura y barbarie.

De ahí que esa misma industria asentada sobre tierra ancestralmente azteca presente siempre en su producción cinematográfica a México como el estercolero del mundo, a donde van a parar los peores y más despreciables criminales cuando buscan evadir la justicia. A lo largo de todo el contenido mediático hollywoodense, los asesinos, asaltantes de bancos, violadores y prófugos de toda ralea, tienen en México una suerte de templo de la impunidad donde las peores bandas delincuenciales hacen vida libremente en un inconcebible reino de placer y concupiscencia que la arbitrariedad cultural norteamericana ha creado en su discurso imperialista como referencia iconográfica de la perversión.

Un fenómeno clásico de discriminación cultural (asociada a la concepción eurocentrista que prevaleció durante buena parte del siglo XIX y casi todo el siglo XX sobre la definición de cultura como el activo intelectual exclusivo de las élites hegemónicas que eran las llamadas a impulsar la civilización y el progreso frente a los sectores “incultos”, los desposeídos, que desde la óptica burguesa no aportaban nada a la sociedad) a partir del cual Gramsci establecía que la dominación por parte de los sectores dominantes no se ejercía mediante la fuerza de las armas solamente, sino fundamentalmente a través de la sumisión cultural.

Por eso un sujeto como el magnate Donald Trump, dueño entre otras muchas grandes posesiones inmobiliarias y empresariales del más importante certamen de belleza en el mundo como lo es el Miss Universo, es decir, de la comercialización universal del cuerpo de la mujer, revienta de ira cuando un destacado director de cine mexicano sobrepasa con su extraordinario talento a los más grandes de la industria norteamericana del celuloide llevándose no una, ni dos, ni tres, sino cuatro estatuillas del Oscar en la edición 2015 del premio.

Para el imperialismo, la cultura (como cualquier otro producto) debe expandirse en una sola dirección; del imperio hacia el mundo. Jamás a la inversa. Por eso para la élite cultural dominante es perfectamente correcto que los realizadores y actores norteamericanos arrasen con los premios de los festivales cinematográficos del mundo entero. Pero que un extranjero sea premiado en Norteamérica es una intolerable insolencia.

La abominable reacción del excéntrico millonario que acusa hoy a México de estar estafando a los Estados Unidos resulta en principio incongruente con la complacencia que demostró todos estos años con los mexicanos, en particular con la señorita Ximena Navarrete, Miss México y Miss Universo 2010, con quien se regodeó en ágapes infinitos con ocasión de aquel certamen y durante los meses y años subsiguientes. Es evidente que desde su particular óptica el poder de la belleza mexicana no compromete la pretendida supremacía gringa en lo cultural.

ximena-trumpDonald Trump y Ximena Navarrete (Miss México 2010)

Pero cuando se analiza su insólita verraquera desde el punto de vista de la doctrina social y política, se comprende que el acaudalado magnate no responde a una apreciación o circunstancia personal en modo alguno sino a un código cultural de profunda y repugnante raigambre imperialista, exactamente en la misma lógica del presidente Obama cuando afirma jactancioso ante el mundo que “A veces tenemos que torcerle un poco el brazo a ciertos países que no quieren hacer lo que les pedimos.

El debate sobre el derecho a la pluralidad cultural ha estado siempre presente en la sociedad moderna sobre todo a partir de la insurgencia de las grandes corrientes revolucionarias que desde finales del siglo XVIII han promovido la inclusión y la igualdad social de los pueblos. Solo que hoy, en medio de la vorágine desatada por las más siniestras fuerzas hegemónicas del mundo actual, hay voces que a veces sobresalen con mayor crudeza de entre la pestilencia común de la voracidad imperialista. La de Donald Trump es solo una de ellas.

@SoyAranguibel

Charlie Hebdo

Por: Luis Britto García

1

¿Quiénes masacraron a los humoristas de Charlie Hebdo? Los medios  del fundamentalismo eurocentrista culpan de manera instantánea al fundamentalismo musulmán. En un automóvil abandonado cerca de la escena del crimen aparece convenientemente olvidado el documento de identidad de uno de los hermanos  sospechosos del delito de islamismo. En forma todavía más oportuna, el identificado y su fraterno cómplice son exterminados a las pocas horas, de modo que no puedan confesar ni defenderse, no sin que se sepa que eran colaboradores de los servicios de seguridad francesa. Y para  colmo de la conveniencia, poco después se suicida el encargado de la investigación, Helric Fredou. El viernes 9 de enero un anónimo clérigo de la milicia terrorista Estado Islámico (EI) aseguraría que el grupo está detrás del atentado  y anuncia que seguirán otros. El 16 la rama yemenita de Al Qaeda reivindica la responsabilidad por la masacre a través de su dirigente sunita, Nasr al-Ansi,  diciendo que el asalto se produjo en venganza por la publicación de caricaturas del profeta Mahoma, consideradas un insulto al Islam, y promete más ataques contra Occidente. Son demasiados autores. Uno  o ambos mienten. Las dos organizaciones fueron creadas y financiadas por Estados Unidos; Al Qaeda ha sido sindicada de culpable de otro célebre ataque sospechoso, el de las Torres Gemelas. Todo es posible, pero demasiado usual se han hecho los atentados de falsa bandera como para que creamos de buenas a primeras en la versión de las autoridades.

2

Pocas ventajas podía reportar al Islam el asesinato de una decena de infieles más o menos irreverentes y de los policías que los cuidaban. Quien insulta mi inteligencia no puede esperar que yo respete su ignorancia. Décadas lleva en suspenso una amenaza contra Salman Rushdie,  nunca ejecutada a pesar de que éste hace apariciones públicas más o menos anunciadas. En cambio, la masacre de los humoristas reporta  ventajas a la derecha francesa, que al mismo tiempo que ve desaparecer la flor y nata de sus más encarnizados críticos,  aprovecha el crimen para atizar el fuego de la islamofobia, promover leyes de control de la población y la inmigración musulmana y quizá desatar nuevas guerras de saqueo. Para demostrar su tolerancia, el  presidente  Hollande ordena destacar un  portaaviones a Medio Oriente para reforzar su la coalición con Estados Unidos en el bombardeo de sitios de Irak supuestamente ocupados por el Estado Islámico (EI).

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3

A su vez, Marine le Pen, líder del derechista partido Frente Nacional,  apoya reinstaurar la pena de muerte. El ministro del Interior Bernard  Cazeneuve convoca una reunión de sus homólogos de la UE y EEUU,  y el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, propone en Riga un nuevo programa de “lucha contra el terrorismo”. No contra el terrorismo de la UE que desencadenó 20.000 misiones de bombardeo contra Libia o permitió el genocidio de Gaza o la agresión contra Siria, no.  Se trata de colecta e intercambio de informaciones en toda la UE, prevista en inocentes reuniones con el fiscal general estadounidense, Eric Holder. No sería improbable una Ley Patriota Europea que permitiera la pena de muerte, la  tortura y la detención indefinida sin acusación  ni juicio de  sospechosos, o sea, de musulmanes. Por lo pronto, el gobierno francés ha ordenado a sus fiscales aplicar “mano dura” contra todo lo que consideren antisemitismo, discursos de odio o apología del terrorismo. Ya van  54 personas encarceladas por opinión de los fiscales sobre esos delitos de opinión.

4

Se rasgan las vestiduras en público quienes seguramente descorcharon champaña en privado al enterarse de la hecatombe, como  los conservadores diarios Le Monde,  Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y El País, los políticos Obama, Sarkozy, el Consejo de Seguridad de la ONU,  la directora gerente del FMI Christine Lagarde, o  Michel Houellebecq, quien había merecido varias viñetas de los humoristas por su novela Soumission, que alerta contra una supuesta toma del poder en Francia por los musulmanes en 2022.

5

Una manifestación de dos millones de personas y cuarenta estadistas cubre París con la consigna “Je suis Charlie”. Se pretende deslindar campos entre un Islam supuestamente fanático y un Occidente autoproclamado como  tolerante. Si Charlie hubiera tenido dos millones de lectores y cuatro decenas de estadistas amigos, no hubiera sido prohibido cuatro veces por las autoridades francesas en 1961,  1966, 1970 y 1992 cuando circulaba con el nombre deHarakiri, ni hubiera tenido que cambiar su nombre al de Charlie para burlar esa prohibición, ni hubiera sido demandado en 2007 por ejercer la libertad de pensamiento.

6

Quizá la mas lúcida opinión  sobre esta tragedia sea la del caricaturista sobreviviente  Bernardo Holtrop (Willem) quien expresa que “los nuevos amigos de Charlie Hebdo me hacen vomitar. Nos hacen vomitar todas esas personas que de repente dicen que son nuestros amigos y encabezan la manifestación en París”.

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Fuente: luisbrittogarcia.blogspot.com

Aranguibel: “Estados Unidos cambia su estrategia hacia Cuba porque es inepto en política”

Caracas, 22 de diciembre/ Alberto Aranguibel sostiene este lunes en conversación con la periodista Mary Pili Hernández a través de la señal de Unión Radio, que el cambio de estrategia de Estados Unidos hacia Cuba, luego de más de medio siglo del bloqueo económico instaurado por la nación del norte contra la isla caribeña, obedece a la ineptitud para el desempeño político que demuestra el fracaso de esa arbitraria, cruel e ilegal medida de presión.

Tal como lo ve el analista, pareciera que estamos en presencia de un intento de trasladar la confrontación al ámbito del libre mercado en el cual el imperio supuestamente goza de mayores fortalezas,  según se desprende de lo anunciado por el presidente Obama en el discurso del 17 de este mismo mes.

Explicó Aranguibel durante la entrevista, que para Venezuela es muy positivo que se de este importante paso de revisión de las relaciones entre los EEUU y Cuba, porque a diferencia de quienes ven en ello el fracaso de la revolución y de sus nexos con el gobierno bolivariano del presidente Nicolás Maduro, nuestro país ha sido desde el inicio mismo del proceso revolucionario venezolano el que más ha abogado por el levantamiento de ese criminal bloqueo, precisamente por las posibilidades de desarrollo que eso le aseguraría a la isla y con ello a todos los países de la integración suramericana.

Sin embargo, terminó diciendo, no hay que crearse falsas expectativas al respecto; lo más probable -dice- es que esta nueva etapa de relaciones comerciales que hoy se inician, puede terminar siendo más dura que la que hasta hoy se mantuvo bajo el régimen de bloqueo económico.

Oiga aquí la entrevista completa:

El triunfo peligroso

– Publicado el lunes 22 de diciembre de 2014 en el Correo del Orinoco –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1945, la democracia se ha ido imponiendo como sistema político universal cada vez más aceptado por sociedades que apenas hace medio siglo ni siquiera tenían conocimiento de su existencia o simplemente no les interesaba en lo absoluto, como las de algunos países de África, Asia o del Medio Oriente.

Habiendo surgido inicialmente en Europa, producto de las rebeliones contra las más cruentas y ancestrales tiranías, la democracia ha terminado por ser aceptada como el modelo necesario más por la presión que ejercen los Estados Unidos sobre el mundo que por ninguna otra razón, en virtud del interés del imperio por imponer no un particular modelo de libertades políticas sino un sistema económico que le favorezca. El acoso en el que se empeña hoy Estados Unidos contra Rusia, nación a la que somete actualmente a sanciones económicas ilegales e injustificadas, demuestra que su confrontación contra la URSS durante la Guerra Fría no estuvo nunca determinada por la supuesta lucha por la libertad, como adujo durante todo ese tiempo. Si algo es hoy contrario al planteamiento comunista de la vieja Rusia bolchevique, es la Rusia de Putín, que obtiene en su reelección como Presidente de esa nación una ventaja del 47% sobre Ziugánov, su más cercano contendor, Secretario General del partido comunista ruso.

¿Pero existe en verdad nación alguna que haya alcanzado niveles superiores de desarrollo en lo social, en lo económico, o incluso en lo político, una vez instaurada esa democracia de fachada emancipadora que promueve los Estados Unidos? No puede haberlo.

En su artículo “Los límites de la democracia occidental”, Teresa Vicente Giménez nos dice: “Uno de los límites que plantea la democracia occidental es que legitima un modelo capitalista de economía de mercado, donde el mercado financiero actúa como guía de la economía real, y este modelo tiene graves deficiencias de funcionamiento ya que genera entre sus ´externalidades´ acumulación de riqueza, degradación social, y destrucción medioambiental. Además, los problemas sociales y ecológicos más graves que padecen nuestras sociedades ya han superado el espacio nacional sobre el que se construyó el proyecto democrático ilustrado del Estado moderno, para situarse ahora en la esfera global de las mayorías pobres y explotada frente a la minoría rica y explotadora, y en la defensa de la naturaleza frente a la técnica y la especulación, de tal modo que en la actualidad las nuevas tecnologías permiten a los mercados especular con productos financieros que se basan en recursos naturales básicos para la vida, como los alimentos, el agua, la vivienda, o las emisiones de CO2, y los Estados democráticos resultan incapaces de defender los intereses de la vida en el planeta y de las mayorías presentes y futuras.”(1)

Es así como se comprende cabalmente el sentido de la impúdica frase de Barack Obama al anunciar el replanteamiento de las relaciones con Cuba luego de 50 años de infructuoso bloqueo económico contra la isla, en la que afirma “Vamos a poner fin a un enfoque obsoleto que ha fracasado durante décadas en promover nuestros intereses. Vamos a empezar a normalizar las relaciones entre nuestros dos países (…) Creo que las empresas estadounidenses no deberían ponerse en desventaja y que un aumento en el comercio es bueno para los estadounidenses y para los cubanos.”(2)

El modelo se propone acabar con el concepto de soberanía de los pueblos (y por supuesto con su idea de independencia económica) mediante una ilusoria ficción de libertades cuyo único interés es estimular hasta en el último rincón del planeta el desarrollo de un poderoso sistema neoliberal que derribe las barreras comerciales que impidan el avance de las grandes corporaciones norteamericanas en las economías emergentes. Su objetivo es revertir el creciente rechazo del mundo a los acuerdos de libre comercio (ALCA), que solo favorecen los intereses norteamericanos, para imponer su modelo depredador y salvaje bajo una nueva modalidad de mayor pragmatismo económico que político.

Por eso el inesperado cambio de estrategia frente a Cuba.

¿Por qué replantear ahora una medida que durante más de medio siglo diez presidentes norteamericanos consecutivos no aceptaron jamás ni siquiera discutir? Porque en el pasado el poderío económico del imperio no estaba en riesgo. La razón política pesaba mucho más que ninguna otra en la construcción de esa imagen de policía del mundo que le era tan necesaria durante la guerra fría, con lo cual las inmensas pérdidas que generaba el absurdo bloqueo podían ser consideradas una valiosa “inversión” a largo plazo. Se trataba de la idea que presentaba a los EEUU ante el mundo como el “exterminador del comunismo por excelencia”.

Pero hoy en día, cuando la guerra y todo su equipamiento militar es más costosa que en ningún otro momento de la historia, cuando la economía más poderosa del planeta empieza a ser desplazada por la de un competidor de signo comunista, cuando emergen en suelo suramericano y caribeño fuerzas progresistas de clara convicción antiimperialista con grandes perspectivas económicas, el que existan territorios potencialmente consumidores a escasas millas náuticas de los EEUU, con espacios fértiles para la expansión de las multinacionales norteamericanas y para el asentamiento de una cultura de la bancarización de toda una economía con vocación de crecimiento como la cubana, determinado (a pesar de ser un país pobre, producto fundamentalmente del ilegal y cruel bloqueo imperialista del que ha sido objeto por más de cincuenta años) por sus avances en la educación, en salud, en las ciencias y en las artes en general, resulta definitivamente muy inconveniente pero, más que nada, muy dispendioso invertir en el aspecto estrictamente político del proyecto hegemónico neoliberal.

Una nueva realidad multipolar expresada en el BRICS, en UNASUR y en el ALBA, ha impedido a los EEUU avanzar en la idea que más fuertemente impulsó el concepto de “globalización” promovido por el capitalismo desde 1982, con la caída del Muro de Berlín, que no fue otra que la que entendía el planeta como un “mercado único”, no dividido entre bloques de intereses divergentes. En eso Cuba (junto a Venezuela) tiene una especial simbología.

Amartya Sen, premio Nobel de economía, profesor de la Universidad de Harvard, sostiene con el cinismo de una muy obcecada mentalidad pro imperialista que: “el Muro de Berlín no sólo simbolizaba que había gente que no podía salir de Alemania del Este, sino que era además una manera de impedir que nos formáramos una visión global de nuestro futuro. Mientras estaba ahí el Muro de Berlín no podíamos reflexionar sobre el mundo desde un punto de vista global”. (La tierra es plana/Friedman_p.60)

La globalización llevó a las trasnacionales no solo hasta Japón, sino a Taiwán, a Corea, a China, a la India y a Pakistán, además de a Rusia y Suramérica, cuyas economías jamás se beneficiaron con ese proceso porque las ganancias de esas empresas nunca se transformaron en inversiones en ninguno de esos países, sino que retornaron siempre al imperio en calidad de utilidades, tal como lo consagran las inexpugnables leyes del libre mercado.

Es exactamente ahí donde se esconde el peligro que hoy se cierne sobre nuestros pueblos ante este nuevo escenario de la revisión de relaciones con Cuba. El propósito no es del buen samaritano que persigue acabar con una gran injusticia contra un pueblo digno como el cubano, como pretende presentarlo Obama. La amenaza la ha planteado él mismo en su discurso cuando dice: “Permítannos dejar atrás el legado de la colonización y comunismo, la tiranía de los carteles de droga, dictadores y farsas electorales.” Es decir, “permítannos acabar con Cuba tal como nosotros la vemos para imponer la que queremos”.

De ahí que la revolución cubana, al no ceder bajo ningún respecto a ninguno de los postulados que la convirtieron en ejemplo de dignidad para los pueblos del mundo, ha alcanzando con este vergonzoso retroceso de los Estados Unidos, obligado a ello no solo por la nueva realidad sino por las fuerzas progresistas de todo el planeta a reconocer su más grande derrota desde el bochornoso fracaso de su ejército en la guerra de Vietnam, el más resonante triunfo que jamás haya podido alcanzar la lucha revolucionaria latinoamericana en casi dos siglos de historia.

Pero que nadie se equivoque. La nueva etapa de esta inmensa batalla que está apenas comenzando será tan dura como la que hoy va quedando para la historia. Y tal vez más.

1 ) Los límites de la democracia occidental
2 )
Discurso de Obama sobre reanudación de relaciones con Cuba

@SoyAranguibel

Radiografía de un dislate imperial

Por: Ildefonso Finol

Al fin el pobre Obama firmó el parapeto legislativo que pretender sancionar a un grupo de ciudadanos venezolanos.

Me han llamado poderosamente la atención tres aspectos de esta medida:

1) está precedida de una “sentencia definitivamente firme”,
2) tiene carácter transnacional y
3) reincide en la “falacia imperialista de los Derechos Humanos”.

El Senado de USA actúa cual tribunal de última instancia. No hay chance de apelación, ni hubo debido proceso; menos imparcialidad.

El “juicio” y la “sentencia” traspasan las fronteras nacionales, adquiriendo un carácter transnacional, lo que nos retrotrae a la doctrina imperialista según la cual, la mano del Estado yanqui llega hasta donde llegan sus empresas.

El tercer elemento –que traté en mi libro así titulado- constituye la patraña histórica a que ha apelado el imperialismo para tratar de justificar su intervención en nuestros países. Los gringos se autoproclaman adalides de los derechos humanos, mientras su ejército masacra civiles desarmados en Medio Oriente, sus policías reinciden en crímenes racistas, y sus agentes secretos torturan a nivel global.

¿A través de qué mecanismo legal Estados Unidos juzga a funcionarios venezolanos, concluyendo que violaron derechos humanos? ¿Quién formuló la denuncia y qué pruebas presentó? ¿Acaso es Venezuela un “Estado fallido” incapaz de proteger por sí mismo las garantías universales que aquí son norma constitucional? Y, aún siéndolo, ¿tiene Estados Unidos la cualidad para suplir esa presunta falla?

Evidentemente estamos ante la gran contradicción de la contemporaneidad: Imperialismo o Nación.

El interés gringo por los derechos humanos es la más gigantesca burla de un Estado contra la opinión pública mundial.

En los sucesos violentos que azotaron nuestro país a comienzos de año, quienes violaron derechos humanos de la manera más cruel y despiadada fueron los que llamaron a tumbar al Gobierno constitucional. Si no, pregúntenle a los familiares del motorizado degollado por una guaya de acero colocada en la calle, o la viuda del Guardia Nacional asesinado por un francotirador.

Durante el siglo XX los Estados Unidos promovieron y apoyaron gobiernos títeres de corte fascista que pisotearon los derechos democráticos en Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil, Guatemala, El Salvador, Honduras, Haití, Granada, Panamá, Colombia, México, República Dominicana. Eso mismo hacen hoy en Medio Oriente y lo han hecho en África.

¿Con qué moral hablan los gringos de Derechos Humanos?

Con la moral de los que orinaban encima de cadáveres en Irak.

El inmenso reto de liberar la libertad

Por: Alberto Aranguibel B.

El 30 de octubre de 1938, con un inesperado acontecimiento comunicacional que aterraría hasta el paroxismo a los norteamericanos, se trastocaba sin que nadie lo percibiera así el concepto de democracia que hasta entonces conocía la humanidad.

A partir de la transmisión en vivo de una adaptación para radio de la novela de H.G. Welles, La Guerra de los Mundos, en la que el joven director y actor cinematográfico Orson Welles narraba desde los estudios de la Columbia Broadcasting System en Nueva York la llegada de los marcianos a la tierra, los norteamericanos ponían en evidencia con su histeria colectiva el inmenso poder de los medios de comunicación ya no solo para entretener o vender productos, como eran vistos hasta entonces por las grandes corporaciones norteamericanas, sino para modificar la realidad a su antojo y ponerla al servicio de los intereses de los poderosos sectores capitalistas en su afán de dominación imperial del planeta.

La manipulación de la realidad con propósitos propagandísticos ha existido desde tiempos inmemoriales. Solamente en la Biblia, uno de los más elaborados y extensos compendios de fantasías y anécdotas delirantes que jamás haya conocido la humanidad, se reúne en un mismo texto la fábula del hombre que caminó sobre las aguas y que multiplicó el pan y los peces con tan solo un gesto; el profeta que abrió el mar en dos mitades sin mayores perturbaciones; el mítico levantamiento de los muertos apenas con una palabra; la conversión del agua en vino en un santiamén; la elevación del hombre a los cielos con retorno intacto al tercer día; y así hasta lo inaudito, con el solo propósito de perpetuar comunicacionalmente el poder de una institución sin cuya “divina palabra” la propuesta y el martirio de Cristo no habría pasado jamás de interesante y, cuando mucho, doloroso evento histórico.

La perpetuación de esa virtualidad del universo, ya fuese en forma de creencias religiosas, de leyendas, o de simple literatura de ficción, inculcada desde el poder por las élites dominantes a través del tiempo, tiene su asiento en la regla de oro de la inteligentzia burguesa en cuanto al conocimiento humano se refiere. La doctrina será siempre la de estudiar solo lo académicamente conocido. El modelo aceptado. La creación será siempre sospechosa de subversiva. Por eso la gran mayoría de los pensadores de la historia, los grandes inventores e innovadores de las más diversas corrientes científicas y filosóficas, fueron por lo general aquellos cuyas prodigiosas mentes se desarrollaban a partir de la intuición y de la capacidad analítica propia y no de la educación académica formal. Los que rompían siempre con los dogmas preestablecidos desde las élites burguesas y le daban cauce a su ímpetu creador.

Contra esa tendencia natural del ser humano a evolucionar el conocimiento fue que la oligarquía se vio obligada a imponer a sangre y fuego su visión del hombre y su sociedad, usando las más de las veces los propios códigos de la sabiduría popular como arma contra su enemigo más temible, la capacidad de discernimiento propio de los pueblos, pero en la forma dispersa y descoordinada en que lo hizo hasta la llegada de los medios radioeléctricos de comunicación de masas, el cine, la radio, la televisión, la computación y la internet, que, a diferencia de la prensa escrita, en un primer momento se consideraron simples objetos de divertimento, pero que a la larga devinieron en soporte fundamental del modelo neoliberal capitalista.

El prodigioso fenómeno que revelaba Welles con el pánico que causaba su estremecedora narración aquella noche de Hallowen del año 1938, era el de poder lograr por un mismo medio y de manera simultánea alcanzar a millones de personas con el contenido alienante que hasta aquel entonces las grandes corporaciones se veían en la necesidad de promover de manera segmentada a través de distintas formas de difusión. Y lo que probablemente era lo más importante, por un mismo precio y con un mensaje impactante con mucho más poder de convencimiento que el de un simple spot publicitario.

De ahí en adelante la manipulación dejó de ser exclusivamente la inclusión o no de hechos noticiosos de acuerdo al interés editorial de las grandes corporaciones mediáticas, o la redacción o cobertura sesgada de sus noticias. El amarillismo que tantos beneficios le trajo hasta entonces al establecimiento de la cultura imperialista en los Estados Unidos y en su esfera de influencia, ya no era indispensable como herramienta única de propaganda, porque la dramatización de la realidad virtual que debía imponer la hegemonía oligarca ya era perfectamente posible a través del medio radioeléctrico. Mientras los movimientos de izquierda se dividían y se atomizaban a lo largo y ancho del planeta, la fuerza de la derecha se organizaba y se concentraba en el secuestro y control del más poderoso instrumento jamás concebido desde la invención del fuego. Pocos fueron los grandes revolucionarios de la historia que acertaron en la visualización de este fenómeno. Bolívar, Lenin y el Che Guevara, fueron algunos de ellos. Chávez, sin lugar a dudas, el más grande comunicador de todos los tiempos.

El Comandante comprendió como nadie en la historia la importancia de concentrar el esfuerzo de la construcción del modelo socialista y de la unidad revolucionaria del pueblo en la comunicación, privilegiada en importancia por encima de cualquier otro instrumento, en virtud precisamente del inmenso poder de la derecha en el control de ese medio que puede elevar al ser humano hacia su redención espiritual definitiva, como él lo sostuvo desde siempre, o hundirlo en la oscuridad de la ignorancia, como lo procura el modelo neoliberal burgués.

Hoy, cuando asistimos a la arbitraria realidad que nos venden las grandes corporaciones mediáticas del mundo capitalista, en la cual se esconden los crímenes de lesa humanidad que se cometen en nombre de la libertad y se sataniza brutalmente a todo aquel que denuncie el atropello que eso representa, o se coloca a más de tres continentes en contra de una nación como la nuestra, donde el gobierno procura contener a estudiantes que asesinan a guardias nacionales, mientras se oculta que en otra nación hermana la guardia nacional sí asesina, incinera y entierra estudiantes y a cientos de ciudadanos que va apareciendo día tras día en fosas interminables sin que ninguno de los que claman al cielo en infinitas campañas de SOS contra Venezuela se expresen en modo alguno por el horror de muerte que sí padece México, entonces entendemos que el reto más urgente de una revolución como la bolivariana es recomponer el sentido de la democracia como activo de la sociedad y retomar el carácter antropológico de la libertad que nos fue robada por unos cuantos magnates que en mala hora pensaron que al comprar un medio de comunicación estaban también adquiriendo la propiedad sobre el derecho de la humanidad a la verdad y a la autodeterminación de los pueblos.

Las naciones del mundo no pueden, ni deben, renunciar jamás a su derecho a una cultura, a una idiosincrasia, a valores y creencias religiosas o políticas propias, ni mucho menos a su independencia política y económica, en aras de una libertad que no es sino la imposición de un modelo cultural exógeno que legitima la injusticia, la explotación y la destrucción sistemática de la soberanía de los pueblos.

Pretender, como pretende hoy los Estados Unidos, que la sociedad asuma que libertad es la irrestricta posibilidad de penetración de la televisión norteamericana hasta el último rincón del planeta, así como de internet y de las redes sociales, con todo su contenido manipulador, distorsionador, alienante y contra revolucionario, así como con el poder de control de la información y de la privacidad que su Departamento de Estado ejerce a través de la red, cada día más que demostrado, es una aberración que atenta incluso contra la razón de ser misma de la humanidad. Más aun si tal libertad está fundada bajo los principios de la dominación hegemónica de la burguesía y los abyectos valores del capitalismo.

Nos corresponde ahora liberar la libertad.

@SoyAranguibel

– Publicado en el Correo el Orinoco el 03 de noviembre de 2014 –

Imperio sin estrategia militar

– El presidente Barack Obama acaba de explicar su doctrina estratégica. En su discurso de West Point, el presidente reafirmó la supremacía militar de Estados Unidos, cuando en realidad ese país se ve hoy técnicamente sobrepasado, tanto por Rusia como por China. Sabiéndose incapaz de enfrentar a Moscú, Washington prefiere pasar por alto la pérdida de Crimea y concentrarse en el enemigo que le ha servido de comodín desde hace más de una década: el terrorismo. Así que el presidente Obama acaba de anunciar un amplio programa de lucha contra el terrorismo, cuando numerosos campamentos de al-Qaeda se hallan precisamente en suelo de países ocupados por la OTAN, e incluso de países que son miembros de ese bloque militar. Para terminar, Obama reiteró su respaldo a la «oposición siria» y prometió que no dejará de prestarle ayuda… cuando logre obtener la aprobación del Congreso. –

obama militar

Por: Thierry Meyssan 

El 28 de mayo de 2014, el presidente Barack Obama pronunció un importante discurso en el que expuso los detalles de su doctrina estratégica, durante la entrega de diplomas a los graduados de la Academia Militar de West Point [1].

Sin que fuese una sorpresa para nadie, el presidente hizo notar que ha cumplido su promesa de repatriar las tropas desplegadas en Afganistán e Irak y que además logró eliminar a Osama ben Laden. Pero el balance que trató de presentar como positivo en realidad dista mucho de serlo. Las tropas estadounidenses están regresando de Afganistán totalmente extenuadas y de Irak tuvieron que salir huyendo para evitar ser expulsadas por la resistencia popular. El costo exorbitante de esas dos campañas –más de 1 000 millardos de dólares [2]– ha impedido al Pentágono acometer la renovación de su arsenal. Y la muerte de ben Laden no pasa de ser un cuento para entretener a los niños: Osama ben Laden nunca tuvo nada que ver los atentados del 11 de septiembre de 2001, incluso estaba muerto –de muerte natural, por cierto– y enterrado desde diciembre de 2001, hecho del que dio fe el MI6 británico [3].

Después de todo, resulta admirable la capacidad estadounidense para seguir repitiendo incansablemente una realidad imaginaria y ampliamente desmentida con pruebas sólidas. Como también es asombrosa la tozudez de la prensa atlantista que sigue ciegamente esa versión.

En su discurso, el presidente Obama describió su propio país como «una nación indispensable», según él la más poderosa del mundo tanto en el plano militar como económicamente.

Pero eso tampoco es cierto. Sólo unos pocos días antes, el 14 de mayo, el general Martin Dempsey –jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos– había reconocido ante el Consejo del Atlántico Norte que las fuerzas armadas estadounidenses se verán definitivamente sobrepasadas de aquí a 10 años si no emprenden de inmediato un gigantesco esfuerzo de actualización [4], esfuerzo que resultará particularmente difícil en el actual contexto de restricciones presupuestarias.

Resulta, en efecto, que las tecnologías militares de avanzada de Rusia y China están ahora muy por delante de las estadounidenses. Y ya es demasiado tarde para recuperar ese retraso. La apariencia de superioridad de Estados Unidos se mantiene únicamente porque las tropas de ese país son las únicas que están desplegadas por todo el mundo y sólo es real en algunos teatros de operaciones. Pero no lo es frente a Rusia ni frente a China, que saldrían vencedoras en caso de guerra mundial.

Y en el plano económico, la mayoría de los bienes de consumo que se consumen en Estados Unidos se fabrican en China.

Basándose en toda esa leyenda, que el Washington Post califica de «imagen fantasmagórica» –a pesar de que ese diario sólo señala una relativa debilidad militar de Estados Unidos [5]–, el presidente Obama anunció que su país no vacilará en intervenir en el extranjero cuando sus intereses directos se hallen en peligro. Pero precisó que recurrirá a la formación de coaliciones internacionales para ocuparse de los problemas más lejanos. Y afirmó que, contrariamente a la época de la guerra fría, Rusia ya no representa un peligro inminente y que el principal adversario es el terrorismo.

Así que no importa que Crimea se haya reintegrado a la Federación Rusa. Washington no luchará contra lo que, sin embargo, sigue presentando como una «anexión» gravemente violatoria del derecho internacional, llegando incluso a comparar al presidente ruso Vladimir Putin con Hitler.

Lo más importante del discurso del presidente Obama es que, al cabo de 13 años de «guerra contra el terrorismo», Washington dice haber eliminado el grupo de fanáticos que componían la dirección internacional de al-Qaeda, aunque ahora se halla ante un problema más grave: la proliferación de grupos afiliados a al-Qaeda que han surgido en casi todas las regiones del mundo.

Esta «guerra sin fin» tiene una gran ventaja: justifica cualquier cosa. Estados Unidos, que desde 2001 dice hallarse en posición de «legítima defensa», se da el lujo de violar la soberanía de los demás países secuestrando o bombardeando en tierra extranjera a quien mejor le parece y cuando le viene en ganas. Para continuar esa guerra, el presidente Obama ha anunciado la creación de un «Fondo de Asociación Contra el Terrorismo» que debe contar con 5 000 millones de dólares. El objetivo de ese fondo será garantizar la formación de los servicios de seguridad de los Estados aliados.

Pero ¿quién puede creer en ese programa? Hoy en día, los terroristas se entrenan en varios campamentos permanentes de al-Qaeda, que se hallan en el desierto de Libia, país ocupado por la OTAN. Y existen otros 3 campamentos de al-Qaeda en Sanliurfa, Osmaniye y Karaman, en el territorio de Turquía, país miembro de la OTAN [6].

Los sirios recuerdan las confesiones, transmitidas por televisión, del emir del Frente al-Nusra (afiliado a al-Qaeda) que garantizó el transporte de misiles cargados con sustancias químicas desde una base militar turca hasta la Ghouta de Damasco. Según este individuo, no sólo las armas químicas le fueron entregadas por un ejército miembro de la OTAN sino que además se le ordenó utilizarlas «bajo bandera falsa» para justificar un bombardeo estadounidense contra Siria [7].

Trece años después de los atentados del 11 de septiembre, ¿quién puede creer aún que al-Qaeda sea el enemigo número 1 de la «nación indispensable», cuando el propio Barack Obama describía en 2013 a los individuos afiliados a al-Qaeda como «menos capacitados» que la “casa matriz”? En efecto, en un discurso pronunciado en la Universidad Nacional de Defensa el 23 de mayo de 2013, este mismo presidente Obama relativizaba entonces el peligro terrorista y afirmaba que Estados Unidos ya no debía verlo como una prioridad [8].

En cuanto a Siria, el presidente Obama declaró en West Point que «hay que ayudar al pueblo sirio a resistir ante el dictador que bombardea y mata de hambre a su pueblo» (sic). Es por eso que Washington ayudará «a los que luchan por el derecho de todos los sirios a construir su propio futuro» (Léase: No ayudar a los sirios que votan por sí mismos para elegir su propio presidente sino únicamente a los sirios que están dispuestos a colaborar con un gobierno colonial designado por la OTAN.).

En todo caso, ¿por qué habría que intervenir solo en Siria? Porque «la guerra civil siria se propaga más allá de las fronteras de ese país, la capacidad de los grupos extremistas aguerridos para arremeter contra nosotros sólo puede acrecentarse». En otras palabras, después de haber incendiado Siria, Estados Unidos se siente amenazado por el fuego que él mismo inició.

«Intensificaremos nuestros esfuerzos por apoyar a los vecinos de Siria –Jordania y Líbano, Turquía e Irak– afectados por el problema de los refugiados. Trabajaré con el Congreso para aumentar el apoyo a los elementos de la oposición siria que constituyen la mejor alternativa ante los terroristas y ante un dictador brutal. Además, seguiremos colaborando con nuestros amigos y aliados en Europa y en el mundo árabe en la búsqueda de una solución política a esta crisis y velando por que esos países, y no sólo Estados Unidos, asuman una parte justa de las medidas de respaldo al pueblo sirio», prosiguió el presidente Obama.

En otras palabras, la Casa Blanca está discutiendo con el Congreso sobre la manera de respaldar las ambiciones personales de los miembros de la Coalición Nacional. Según la prensa, Washington podría organizar el entrenamiento militar de los combatientes en los países que tienen fronteras con Siria y proporcionarles armas más eficaces. Pero hay varios problemas:
– Si Washington se pone a entrenar y armar colaboradores sirios tendrá que admitir que antes no lo hizo a gran escala y que recurrió principalmente a… mercenarios extranjeros vinculados a al-Qaeda.
– Si 250 000 mercenarios yihadistas no lograron acabar con el Estado sirio en 3 años, ¿cómo podrían hacerlo unos cuantos miles de colaboradores al servicio de la colonización occidental?
– ¿Por qué los Estados limítrofes con Siria, ya implicados actualmente en una gran guerra secreta contra ese país, aceptarían entrar en una guerra abierta contra Siria, con todos los riesgos que eso implicaría para ellos?
– ¿Qué armas aún más sofisticadas podría proporcionarse a esos colaboradores del colonialismo sin que estos puedan utilizarlas algún día contra otros blancos, específicamente en contra de la supremacía aérea de Israel?
– Y, finalmente aunque no menos importante, sabiendo que todo eso viene discutiéndose desde hace 3 años, ¿qué nuevo elemento de juicio permitiría encontrar hoy una respuesta adecuada?

En el discurso de Obama lo que habla es la voz de la impotencia. Obama se jacta de haber retirado sus tropas de Afganistán y de Irak y de haber asesinado un fantasma que desde hace 10 años existía únicamente en los casetes de video de Al-Jazeera. Anuncia que combatirá el terrorismo que él mismo protege en todas partes. Declara que aportará un respaldo más eficaz a la «oposición siria», pero inmediatamente le pasa la “papa caliente” al Congreso –que no quiso que ordenara los bombardeos contra Siria durante la crisis de las armas químicas– y lo hace a sabiendas de que los congresistas limitarán ese respaldo.

west point– Los nuevos graduados de la academia militar de West Point no ovacionaron al presidente Obama.-

Este discurso no es otra cosa que un balbuceo destinado a salvar las apariencias para ocultar una decadencia que ya se hace irreversible. Menos de una cuarta parte de los 1 064 nuevos graduados de Academia Militar de West Point aplaudieron al presidente Obama mientras que la mayoría se mantenía indiferente. El Imperio agoniza lentamente.

Fuente: Red Voltaire

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[1] «Discurso de Barack Obama en la Academia Militar de West Point», por Barack Obama, Red Voltaire, 28 de mayo de 2014.

[2] 1 millardo = 1 000 millones

[3] «Reflexiones sobre el anuncio oficial de la muerte de Osama Ben Laden», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 9 de mayo de 2011.

[4] «La ecuación “2, 2, 2, 1” del Pentágono reconoce a Rusia y China como pesos pesados», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada(México), Red Voltaire, 27 de mayo de 2014.

[5] “President Obama’s foreign policy is based on fantasy”, editorial de la redacción del Washington Post, 2 de marzo de 2014.

[6] “Israeli general says al Qaeda’s Syria fighters set up in Turkey”, por Dan Williams, Reuters, 29 de enero de 2014. «Carta abierta de los europeos atrapados tras la cortina de hierro israelo-estadounidense», por Hassan Hamadé, Red Voltaire, 24 de mayo de 2014.

[7] En la jerga de los servicios de inteligencia las llamadas operaciones «bajo bandera falsa», en inglés «false flag», son operaciones organizadas de manera tal que su realización pueda ser atribuida al adversario para desacreditarlo y justificar posibles represalias. NdlR.

[8] «Barack Obama habla sobre el futuro de la lucha contra el terrorismo», por Barack Obama, Red Voltaire, 23 de mayo de 2013.

Agencia China de Noticias: Acusan a oposición venezolana de acatar consignas de Washington

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Por: Agencia China de Noticias

La derecha política en Venezuela carece de un proyecto político auténtico y sólo obedece las instrucciones de Washington para desestabilizar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, dijo hoy el politólogo venezolano Alberto Aranguibel.

Esta ausencia de proyecto político hace peligrosa a la oposición política de derecha, planteó Aranguibel, conductor del programa “Sin Tapujos”, que se transmite en la estatal Venezolana de Televisión.

Aseguró que la derecha sólo “se limita a obedecer las instrucciones que desde Estados Unidos las cúpulas de poder le orientan para desestabilizar al gobierno revolucionario bolivariano” del presidente Maduro.

En entrevista con la televisión estatal, Aranguibel se hizo eco de la denuncia recién hecha por el Alto Mando Político venezolano sobre la implicación directa de Washington en las maniobras golpistas que sectores radicales de derecha pretenden ejecutar.

Es un plan golpista muy bien orquestado desde el Departamento de Estado norteamericano, utilizando esta vez a la oposición como herramienta“, aseveró el analista.

Dijo que Washington “está invirtiendo grandes cantidades de dinero, (lo) que ha quedado al descubierto con el demostrado financiamiento a las guarimbas (protestas violentas), donde hay un negocio gigantesco que va más allá de cualquier ideología“.

Advirtió que Estados Unidos ha convertido en un negocio la desestabilización de Venezuela, especialmente para las personas que sin ningún tipo de ética aceptan cuantiosas sumas de dinero para realizar acciones catalogadas por el Ejecutivo nacional como terroristas.

Recordó que las protestas callejeras iniciadas en febrero último arrojan un saldo de 42 ciudadanos muertos y más de 800 heridos.

Es un dinero que está incluso afectando la economía que esos mismos grupos opositores dicen defender a través de sus mal montadas ´protestas pacíficas´“, expuso.

Añadió que “hay una rienda suelta al manejo especulativo de las divisas que entran al país para mantener en el tiempo estos hechos violentos, y eso es sumamente grave“.

Aranguibel también manifestó que las acciones desestabilizadoras de la derecha siguen un guión dictado desde el norte, y no se basan en reales carencias que afectan a la población.

Queda demostrado que los planes violentos se desatan cuando el gobierno comienza a enfrentar los problemas con respuestas, con toda la fuerza, desde finales del año pasado, cuando comenzó el plan de ofensiva económica“, explicó.

Sobre el diálogo iniciado el pasado 10 de abril entre el gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD, organización que agrupa a más de 30 partidos políticos) Aranguibel consideró que la decisión opositora de suspender las conversaciones revela sus intereses reales.

Censuró que los voceros de la MUD aparezcan “no con propuestas y preocupaciones relacionadas con los orígenes del supuesto descontento social en Venezuela“.

Por el contrario, dijo, “han acudido con la búsqueda de que ceda el otro, pero sin que se plantee en modo alguno que ellos tienen que ceder; eso desequilibra por completo la mesa de diálogo“.

Insistió en que la oposición decidió poner como baluarte de sus reclamos el tema de los presuntos presos políticos como un modo de arrinconar al gobierno para que institucionalice la impunidad y, a nivel internacional, deslegitimar el proyecto bolivariano.

Aseguró que la oposición recurre a la manipulación mediática, pero juzgó que esa estrategia ya no está causando efecto en el pueblo venezolano.

En Venezuela no está fallando el socialismo, es el modelo capitalista que ya no aguanta más y los venezolanos están conscientes de eso“, expuso.

NOTA de SoyAranguibel.com: Alberto Aranguibel no es politólogo, sino comunicador social.

 

La globalización de las Fuerzas Especiales

– Las Fuerzas Especiales fueron concebidas como un medio de utilizar recursos militares en la realización de operaciones de guerra no convencional, fundamentalmente provocando motines u organizando asesinatos de opositores políticos. En este momento, Washington ya está utilizando secretamente sus Fuerzas Especiales en 78 países. Sin embargo, sigue negando públicamente la existencia de sus misiones, a pesar de que el presupuesto anual de las Fuerzas Especiales estadounidenses ya sobrepasa los 10 000 millones de dólares. La globalización de ese tipo de cuerpo militar apunta a seguir extendiendo la dictadura invisible del imperio estadounidense –

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Por: Manlio Dinucci

A veces sucede que un simple accidente propicia el descubrimiento de una «guerra secreta». Así sucedió en Sanaa, la capital de Yemen, donde un agente de la CIA y un miembro de las Fuerzas Especiales estadounidenses abatieron dos personas a tiros. Según la versión oficial, los muertos eran dos terroristas de al-Qaeda que querían secuestrarlos.

El incidente, que no estaba nada claro, suscitó una ola de protestas contra el gobierno yemenita, que ya venía siendo objeto de duras críticas por permitir que los drones de la CIA sigan operando en Yemen desde una base en Arabia Saudita.

El Pentágono, según confirma el New York Times, ha intensificado las acciones de sus Fuerzas Especiales en Yemen, país de gran importancia debido a su estratégica posición en el estrecho de Bab el-Mandeb, entre el Océano Índico y el Mar Rojo, atravesado por las principales rutas petroleras y comerciales que conectan el Asia con Europa.

Frente a Yemen, a sólo 30 kilómetros, en la costa africana del estrecho, se halla Yibuti, donde está estacionada la Task Force conjunta para el Cuerno de África, que cuenta con unos 4 000 hombres de las Fuerzas Especiales estadounidenses. Dotadas de helicópteros y aviones especiales, esas fuerzas efectúan incursiones nocturnas, sobre todo en la vecina Somalia y en Yemen, con el respaldo de francotiradores especializados y de expertos en técnicas de asesinato. Fuerzas especiales, que se hayan a la disposición del Mando de Estados Unidos en África (AfriCom), operan en Nigeria y en muchos otros países del continente africano. Esas fuerzas forman parte del Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (UsSoCom) que, luego de haber sido utilizado por el [presidente] republicano Bush –fundamentalmente en Afganistán e Irak– ha adquirido ahora, con el [presidente] demócrata Obama, una nueva importancia.

mc ravenEn este libro, prácticamente convertido en objeto de culto, el almirante estadounidense McRaven describe las más descabelladas operaciones de comando de la historia, incluyendo el falso asesinato de Osama ben Laden en Pakistán

La administración Obama –según escribe el Washington Post – «prefiere la acción encubierta antes que el uso de la fuerza convencional». El comandante del UsSoCom, almirante William McRaven, declaró hace un mes ante una comisión senatorial que las fuerzas estadounidenses destinadas a la realización de operaciones especiales están operando en 78 países del mundo entero, ya sea en la realización de acciones directas o en funciones de entrenamiento de unidades locales.

El almirante no especificó en qué países y sólo dijo que en Afganistán se ha instaurado un nuevo mando de operaciones especiales, que incluye además las operaciones especiales de la OTAN. O sea, Washington no pone fin a su guerra en Afganistán, sólo la convierte en «encubierta».

Otras fuentes oficiales confirman que grupos de fuerzas especiales han sido desplegados en Jordania y Turquía, para entrenar y dirigir grupos armados en el marco de la «guerra secreta» contra Siria (como ya se hizo antes contra Libia).

Las Fuerzas Especiales se utilizan cada vez más a menudo en Europa oriental, sobre todo para entrenar a los neonazis que participaron después en el golpe de Estado de Kiev, como lo confirma una serie de documentos fotográficos que muestra neonazis ucranianos de UNA-UNSO entrenados en Estonia en 2006 [1].

Pero la mirada del UsSoCom va mucho más lejos y su «Visión 2020» prevé «la construcción de una red global de fuerzas para las operaciones especiales», incluyendo las de países aliados –como Italia–, red que estaría naturalmente bajo las órdenes de Estados Unidos. De esa manera, la decisión de irse a la guerra estaría aún más en manos de las cúpulas del poder y los parlamentos perderían el restringido poder de decisión que aún pudiera quedarles en ese campo. Y la guerra desaparecerá poco a poco del campo de visión de la opinión pública, ya demasiado acostumbrada a creer que sólo existe lo que puede verse, o más bien lo que nos dejan ver los grandes medios que tergiversan y falsifican la realidad.

Así esta sucediendo con la campaña de la Casa Blanca por la liberación de las escolares nigerianas secuestradas, mientras que en el Yemen bajo control de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos miles de muchachas y de niñas provenientes de África se convierten cada año en esclavas sexuales de los potentados yemenitas y sauditas aliados de Washington.

Fuente
Il Manifesto (Italia)