El falso padecimiento migratorio de la burguesía

– Publicado en el Correo del Orinoco el 27 de octubre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La migración no es un percance que pese de manera negativa sobre las sociedades. Por el contrario, sobre ella se asienta la riqueza del mestizaje que a través del tiempo ha permitido a la humanidad hilvanar conocimientos, culturas y tradiciones que le han abierto a los pueblos las posibilidades de una perspectiva cada vez más amplia para su florecimiento.

A diferencia de los grandes conquistadores de la antigüedad que recorrían el mundo diezmando civilizaciones con el único propósito de su engrandecimiento político, quienes hace quinientos años llegaron a esta “tierra de gracia” buscando descubrir un nuevo mundo no lo hicieron movidos solamente por una demencial ambición de poder (como en efecto lo fue), sino que, más allá de eso, procuraron la construcción de un nuevo porvenir alejados para siempre de sus países de origen en vez de retornar a ellos para disfrutar sus triunfos de ultramar como era de esperarse. De ahí que para muchos historiadores suela tener más sentido la versión que presenta a Hernán Cortez ordenando quemar sus naves durante su incursión en México en 1519, para marcar un infranqueable “punto de no retorno”, antes de las que lo ubican simplemente barrenándolas o encallándolas. La intención no era regresar. Desde la llegada de Colón, la mayoría de los conquistadores vinieron para quedarse. Es decir, lo que nos llegó desde aquel entonces fue una verdadera avalancha inmigratoria, extendida progresivamente a todo el continente y que hoy se expresa en la riqueza étnica de nuestros pueblos forjada por las innumerables oleadas de colonias que vinieron a estas tierras suramericanas a través del tiempo.

Transcurridos ya tres lustros del siglo XXI, el flujo migratorio es una realidad social, cultural, política y económica completamente institucionalizada en el mundo. Solamente en Europa se contabilizaron en 2012 más de 2.7 millones de inmigrantes de sus propios países. De acuerdo al más reciente informe de la Comisión Europea en esa materia, Alemania recibió ese año a 592.200 inmigrantes, Inglaterra a 498.000, Italia a 350.800, Francia a 327.400 y España a 304.100. Para ese mismo periodo España alcanzó una emigración de 446.600 ciudadanos que decidieron abrirse espacio en otras naciones del bloque, seguida por el Reino Unido con 321.200, Francia con 288.300, y Polonia con 275.600. (1)

De modo que el fenómeno de la migración en la sociedad actual no es algo que pueda atribuirse a particularidad alguna de la realidad política venezolana como pretende hacer ver la burguesía en este momento.

Fracasada en sus intentos por reinstaurar en el país un inviable modelo neoliberal que desde hace décadas ha demostrado su ineficiencia para resolver los problemas económicos del mundo capitalista, y luego de apelar a infinidad de mecanismos democráticos y no democráticos para tratar de alcanzar en vano su objetivo de hacerse del poder en Venezuela, ahora esa burguesía acude al absurdo expediente de la que arrogantemente denomina “fuga de cerebros” en un nuevo intento de mal poner a la revolución venezolana ante el país y ante el mundo.

La dirigencia opositora, y la mayoría de los adultos de ese sector que constituye la oposición venezolana, por lo general fueron formados de una u otra manera en universidades extranjeras antes de pensarse siquiera en la posibilidad del triunfo en el país de una revolución como la bolivariana. De lo que se desprende que la tragedia que representa hoy para ellos que sus hijos aspiren a lo mismo, es más una falacia que ninguna otra cosa. Irse a estudiar al extranjero para esos sectores fue desde siempre no solo una opción sino una obligación impuesta por su condición de clase. El odioso complejo de superioridad que rige la filosofía burguesa, orientado por la lógica orwelliana según la cual los pueblos no son aptos para dirigir sino para ser dirigidos, ha sido en eso un factor determinante. Su rechazo a un modelo socialista como el que propone Chávez al país desde hace quince años tiene su origen en la necia convicción de que un gobierno popular sería una salvaje alteración de las leyes naturales del universo. Expresión de esa arrogante deformación es la idea de la “meritocracia” con la que quisieron perpetuar el control absoluto de esas élites dominantes sobre la más importante industria nacional.

La visión que tanto Estados Unidos como Europa tenían en aquel entonces sobre el tema migratorio, contribuía decisivamente a que esa opción de estudios en el exterior resultara para los sectores pudientes de la sociedad una alternativa interesante. Además, en Venezuela existía para aquel momento un escaso número de universidades, la casi totalidad de ellas pagas o con matrículas o gastos de estudios elevados. La política de privatizaciones instaurada en el país hacía que las fuentes laborales más atractivas fueran aquellas que se alineaban de una u otra forma con el modelo neoliberal imperante. Pero más allá de todo eso, estaba el componente ideológico. No había en el país un proyecto nacional que fomentara el desarrollo de nuestra propia industria. La cultura del consumismo y la importación comenzaba a hacer estragos en la fibra moral de la sociedad y acababa con nuestra identidad como pueblo.

Quienes se van hoy (una ínfima cantidad en relación al número de estudiantes que actualmente se benefician con la creación de más de 36 universidades durante el periodo revolucionario, incluyendo instituciones específicamente concebidas para formar en ciencias de la salud, en artes, etc.), ni son “los cerebros” de la sociedad ni están emigrando. En muchos casos son jóvenes ya no de sectores con alto poder adquisitivo, cuyas posibilidades económicas siguen siendo suficientes para sufragar una relativamente cómoda estadía en el extranjero, sino jóvenes de clase media cuyo interés no es cursar carreras universitarias más allá de nuestras fronteras sino hacer cursos de ingles por unos pocos meses con la finalidad de acceder a una asignación segura de divisas que por lo general son destinadas por ellos o por sus padres a la especulación en el mercado paralelo, en virtud de lo cual el Estado se ha visto en la obligación de restringir su otorgamiento. Esa moda, además del poder de manipulación de la derecha que la misma evidencia, pone a la vez de manifiesto el innegable fenómeno de movilización social que se experimenta en el país, que le permite a los sectores menos pudientes optar a posibilidades que antes eran impensables para ellos.

El modelo socialista por el que tanto rabia la burguesía ha incluido de manera gratuita en el sistema universitario a más de dos millones y medio de jóvenes, lo que de acuerdo a la ONU nos coloca como el quinto país en el mundo en matrícula estudiantil y el segundo en Latinoamérica después de Cuba, con una política de Estado orientada al fomento del empleo de calidad una vez finalizada la carrera.

Sin embargo, la infame acusación que desde esos sectores se hace contra el proceso de transformaciones no cesa. Las campañas de manipulación mediática sobre nuestra economía, empeñadas en culpabilizar a la revolución por las crisis en que ha sumido al país la guerra económica desatada por el sector privado, insisten en torcer la realidad para favorecer la falsa percepción de catástrofe que se les siembra a esos jóvenes.

Una falacia que distorsiona incluso la realidad de la mayoría de las naciones hacia las cuales acuden en busca de nuevos horizontes, en los que el trabajo precario que se les ofrece como inmigrantes solo sirve de colchón para mitigar la crisis que esas sociedades padecen como consecuencia de la destrucción de la protección social del trabajo, lo que ha provocado el sentimiento xenófobo que crece hoy fundamentalmente en Europa y Estados Unidos.

Por eso ninguno de ellos jamás quema sus naves. Todos terminan regresando al confort de su hogar en cosa de meses porque, visto de manera objetiva, en ningún país del mundo las perspectivas y posibilidades de bienestar económico son tan promisorias como las que construye con su amor a la patria la Venezuela revolucionaria.

(1) Migration and migrant population statistics

@SoyAranguibel

La globalización de las Fuerzas Especiales

– Las Fuerzas Especiales fueron concebidas como un medio de utilizar recursos militares en la realización de operaciones de guerra no convencional, fundamentalmente provocando motines u organizando asesinatos de opositores políticos. En este momento, Washington ya está utilizando secretamente sus Fuerzas Especiales en 78 países. Sin embargo, sigue negando públicamente la existencia de sus misiones, a pesar de que el presupuesto anual de las Fuerzas Especiales estadounidenses ya sobrepasa los 10 000 millones de dólares. La globalización de ese tipo de cuerpo militar apunta a seguir extendiendo la dictadura invisible del imperio estadounidense –

mercenarios 1

Por: Manlio Dinucci

A veces sucede que un simple accidente propicia el descubrimiento de una «guerra secreta». Así sucedió en Sanaa, la capital de Yemen, donde un agente de la CIA y un miembro de las Fuerzas Especiales estadounidenses abatieron dos personas a tiros. Según la versión oficial, los muertos eran dos terroristas de al-Qaeda que querían secuestrarlos.

El incidente, que no estaba nada claro, suscitó una ola de protestas contra el gobierno yemenita, que ya venía siendo objeto de duras críticas por permitir que los drones de la CIA sigan operando en Yemen desde una base en Arabia Saudita.

El Pentágono, según confirma el New York Times, ha intensificado las acciones de sus Fuerzas Especiales en Yemen, país de gran importancia debido a su estratégica posición en el estrecho de Bab el-Mandeb, entre el Océano Índico y el Mar Rojo, atravesado por las principales rutas petroleras y comerciales que conectan el Asia con Europa.

Frente a Yemen, a sólo 30 kilómetros, en la costa africana del estrecho, se halla Yibuti, donde está estacionada la Task Force conjunta para el Cuerno de África, que cuenta con unos 4 000 hombres de las Fuerzas Especiales estadounidenses. Dotadas de helicópteros y aviones especiales, esas fuerzas efectúan incursiones nocturnas, sobre todo en la vecina Somalia y en Yemen, con el respaldo de francotiradores especializados y de expertos en técnicas de asesinato. Fuerzas especiales, que se hayan a la disposición del Mando de Estados Unidos en África (AfriCom), operan en Nigeria y en muchos otros países del continente africano. Esas fuerzas forman parte del Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (UsSoCom) que, luego de haber sido utilizado por el [presidente] republicano Bush –fundamentalmente en Afganistán e Irak– ha adquirido ahora, con el [presidente] demócrata Obama, una nueva importancia.

mc ravenEn este libro, prácticamente convertido en objeto de culto, el almirante estadounidense McRaven describe las más descabelladas operaciones de comando de la historia, incluyendo el falso asesinato de Osama ben Laden en Pakistán

La administración Obama –según escribe el Washington Post – «prefiere la acción encubierta antes que el uso de la fuerza convencional». El comandante del UsSoCom, almirante William McRaven, declaró hace un mes ante una comisión senatorial que las fuerzas estadounidenses destinadas a la realización de operaciones especiales están operando en 78 países del mundo entero, ya sea en la realización de acciones directas o en funciones de entrenamiento de unidades locales.

El almirante no especificó en qué países y sólo dijo que en Afganistán se ha instaurado un nuevo mando de operaciones especiales, que incluye además las operaciones especiales de la OTAN. O sea, Washington no pone fin a su guerra en Afganistán, sólo la convierte en «encubierta».

Otras fuentes oficiales confirman que grupos de fuerzas especiales han sido desplegados en Jordania y Turquía, para entrenar y dirigir grupos armados en el marco de la «guerra secreta» contra Siria (como ya se hizo antes contra Libia).

Las Fuerzas Especiales se utilizan cada vez más a menudo en Europa oriental, sobre todo para entrenar a los neonazis que participaron después en el golpe de Estado de Kiev, como lo confirma una serie de documentos fotográficos que muestra neonazis ucranianos de UNA-UNSO entrenados en Estonia en 2006 [1].

Pero la mirada del UsSoCom va mucho más lejos y su «Visión 2020» prevé «la construcción de una red global de fuerzas para las operaciones especiales», incluyendo las de países aliados –como Italia–, red que estaría naturalmente bajo las órdenes de Estados Unidos. De esa manera, la decisión de irse a la guerra estaría aún más en manos de las cúpulas del poder y los parlamentos perderían el restringido poder de decisión que aún pudiera quedarles en ese campo. Y la guerra desaparecerá poco a poco del campo de visión de la opinión pública, ya demasiado acostumbrada a creer que sólo existe lo que puede verse, o más bien lo que nos dejan ver los grandes medios que tergiversan y falsifican la realidad.

Así esta sucediendo con la campaña de la Casa Blanca por la liberación de las escolares nigerianas secuestradas, mientras que en el Yemen bajo control de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos miles de muchachas y de niñas provenientes de África se convierten cada año en esclavas sexuales de los potentados yemenitas y sauditas aliados de Washington.

Fuente
Il Manifesto (Italia)

¿Por qué sube la derecha en Europa?

– La Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar? –

fascismo europeo2

Por: Ignacio Ramonet / Le Monde Diplomatic

Una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y por la incorporación al Parlamento Europeo de un número considerable de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, estos se concentran en dos grupos: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaños (1). ¿Cuántos serán después del 25 de mayo? ¿El doble? ¿Suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unión Europea (UE)? (2).

Lo cierto es que, desde hace varios años y en particular desde que se agudizaron la crisis de la democracia participativa, el desastre social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en una irresistible subida de las extremas derechas. Las recientes encuestas de opinión confirman que, en los comicios europeos que se avecinan, podría aumentar considerablemente el número de los representantes de los partidos ultras: Partido por la Independencia del Reino Unido, UKIP (Reino Unido) (3); Partido de la Libertad, FPÖ (Austria); Jobbik (Hungría); Amanecer Dorado (Grecia); Liga Norte (Italia); Verdaderos Finlandeses (Finlandia); Vlaams Belang (Bélgica); Partido de la Libertad, PVV (Países Bajos); Partido del Pueblo Danés, DF (Dinamarca); Demócratas de Suecia, DS (Suecia); Partido Nacional Eslovaco, SNS (Eslovaquia); Partido del Orden y la Justicia, TT (Lituania); Ataka (Bulgaria); Partido de la Gran Rumanía, PRM (Rumanía); y Partido Nacional-Demócrata, NPD (Alemania).

En España, donde la extrema derecha estuvo en el poder más tiempo que en ningún otro país europeo (de 1939 a 1975), esta corriente tiene hoy poca representatividad. En las elecciones de 2009 al Parlamento Europeo sólo obtuvo 69.164 votos (0,43% de los sufragios válidos). Aunque, normalmente, alrededor del 2% de los españoles se declara de extrema derecha, lo cual equivale a unos 650.000 ciudadanos. En enero pasado, unos disidentes del Partido Popular (PP, conservador) fundaron Vox, un partido situado a “la derecha de la derecha” que, con jerga franquista, rechaza el “Estado partitocrático”, defiende el patriotismo y exige “el fin del Estado de las autonomías” y la prohibición del aborto.

Herederas de la extrema derecha tradicional, cuatro otras formaciones ultras –Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota Español– reunidas en la plataforma “La España en Marcha”, firmaron un acuerdo, en diciembre de 2013, para presentarse a las elecciones europeas. Aspiran a conseguir un eurodiputado.

Pero el movimiento de extrema derecha más importante de España es Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 67 concejales. Su líder, Josep Anglada, define a PxC como “un partido identitario, transversal y de fuerte ­contenido social” pero con una dura posición antiinmigrantes: “En España –afirma Anglada– aumenta día a día la inseguridad ciudadana, y gran parte de ese aumento de la inseguridad y del crimen es culpa de los inmigrantes. Defendemos que cada pueblo tiene el derecho a vivir según sus costumbres e identidad en sus propios países. Precisamente por eso, nos oponemos a la llegada de inmigración islámica o de cualquier otro lugar extraeuropeo.”

En cuanto a Francia, en los comicios municipales de marzo pasado, el Frente Nacional (FN), presidido por Marine Le Pen, ganó las alcaldías de una docena de grandes ciudades (entre ellas Béziers, Hénin-Beaumont y Fréjus). Y, a escala nacional, consiguió más de 1.600 escaños de concejales. Un hecho sin precedentes. Aunque lo más insólito está quizás por venir. Las encuestas indican que, en los comicios del 25 de mayo, el FN obtendría entre el 20% y el 25% de los votos (4). Lo cual, de confirmarse, lo convertiría en el primer partido de Francia, por delante de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), y muy por delante del Partido Socialista del presidente François Hollande. Una auténtica bomba.

El rechazo de la UE y la salida del euro son dos de los grandes temas comunes de las extremas derechas europeas. Y, en este momento, encuentran un eco muy favorable en el ánimo de tantos europeos violentamente golpeados por la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el Pacto de Estabilidad (5) y sus crueles políticas de austeridad y de recortes, causa de enormes desastres sociales. Hay 26 millones de desempleados, y el porcentaje de jóvenes de menos de 25 años en paro alcanza cifras espeluznantes (61,5% en Grecia, 56% en España, 52% en Portugal). Exasperados, muchos ciudadanos repudian la UE (6). Crece el euroescepticismo, la eurofobia. Y eso conduce en muchos casos a la convergencia con los partidos ultras.

Pero hay que decir también que la extrema derecha europea ha cambiado. Durante mucho tiempo se prevalió de las ideologías nazi-fascistas de los años 1930, con su parafernalia nostálgica y siniestra (uniformes paramilitares, saludo romano, odio antisemita, violencia racista…). Esos aspectos –que aún persisten, por ejemplo, en el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego– han ido desapareciendo progresivamente. En su lugar han ido surgiendo movimientos menos “infrecuentables” porque han aprendido a disimular esas facetas detestables, responsables de sus constantes fracasos electorales. Atrás quedó el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, los nuevos ultras han puesto el énfasis en la cultura, la identidad y los valores, de cara al incremento de la inmigración y la “amenaza” percibida del islam.

Con la intención de “desdiabolizar” su imagen, ahora abandonan también la ideología del odio y adoptan un discurso variopinto y radical de rechazo del sistema, de crítica (más o menos) argumentada de la inmigración (en particular musulmana y rumano-gitana) y de defensa de los “blancos pobres”. Su objetivo declarado es alcanzar el poder. Usan intensivamente Internet y las redes sociales para convocar manifestaciones y reclutar nuevos miembros. Y sus argumentos, como hemos dicho, cada vez encuentran mayor eco en los millones de europeos destrozados por el paro masivo y las políticas de austeridad.

En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier dirigente político de la izquierda al “capitalismo salvaje”, a la “Europa ultraliberal”, a los “destrozos de la globalización” y al “imperialismo económico de Estados Unidos” (7). Sus discursos seducen a amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrialización y las deslocalizaciones, que aplauden a la líder del FN cuando declara, citando a un ex secretario general del Partido Comunista francés, que “hay que detener la inmigración; si no, se condenará a más trabajadores al paro”. O cuando defiende el “proteccionismo selectivo” y exige que se ponga freno al libre cambio porque este “obliga a competir a los trabajadores franceses con todos los trabajadores del planeta”. O cuando reclama la “pertenencia nacional” en materia de acceso a los servicios de la seguridad social que, según ella, “deben estar reservados a las familias en las cuales por lo menos uno de los padres sea francés o europeo”. Todos estos argumentos encuentran apoyo y simpatía en las áreas sociales más castigadas por el desastre industrial, donde durante decenios el voto a las izquierdas era la norma (8).

Pero el nuevo discurso de la extrema derecha tiene un alcance que va más allá de las víctimas directas de la crisis. Toca de alguna manera ese “desarraigo identitario” que muchos europeos sienten confusamente. Responde al sentimiento de “desestabilización existencial” de innumerables ciudadanos golpeados por el doble mazazo de la globalización y de una UE que no cesa de ampliarse. Tantas certidumbres (en materia de familia, de sociedad, de nación, de religión, de trabajo) han vacilado estos últimos tiempos, que mucha gente pierde pie. En particular las clases medias, garantes hasta ahora del equilibrio político de las sociedades europeas, las cuales están viendo cómo su situación se desmorona sin remedio. Corren peligro de desclasamiento. De caer en el tobogán que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (por el credo en el Progreso) haber salido para siempre. Viven en estado de pánico.

Ni la derecha liberal ni las izquierdas han sabido responder a todas estas nuevas angustias. Y el vacío lo han llenado las extremas derechas. Como afirma Dominique Reynié, especialista de los nuevos populismos en Europa: “Las extremas derechas han sido las únicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –paro, poder adquisitivo– y de su patrimonio inmaterial, es decir su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea” (9).

Mientras las izquierdas europeas consagraban, en los últimos dos decenios, toda su atención y su energía a –legítimas– cuestiones societales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos de los inmigrantes, ecología), al mismo tiempo unas capas de la población trabajadora y campesina eran abandonadas a su –mala– suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasión. Sacrificadas en nombre de los “imperativos” de la construcción europea y de la globalización. A esas capas huérfanas, la extrema derecha ha sabido hablarles, identificar sus desdichas y prometerles soluciones. No sin demagogia. Pero con eficacia. Consecuencia: la Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar?

Notas:
(1) En las elecciones europeas de 2009, los partidos de extrema derecha obtuvieron el 6,6% de los votos.
(2) Las encuestas más serias indican que, después del 25 de mayo, el número de eurodiputados de extrema derecha pasaría de 47 a 71. Léase “Élections européennes 2014: vers “une” extrême droite européenne?”, Fundación Robert Schuman, http://www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0309-elections-europeennes-2014-vers-une-extreme-droite-europeenne
(3) Un sondeo realizado por la firma YouGov el 6 de abril de 2014 en el Reino Unido le atribuye al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) un 40% de las intenciones de voto y al menos 20 diputados europeos.
(4) Según un barómetro de imagen del FN realizado en febrero de 2014 por el Instituto TNS Sofres, el número de franceses que se adhieren a las ideas del FN es del 34%.
(5) El Pacto de Estabilidad y de Crecimiento prohíbe a los gobiernos europeos de la zona euro realizar un déficit presupuestario superior al 3% del PIB.
(6) El último estudio Eurobarómetro, publicado en diciembre de 2013, revela que sólo el 31% de los europeos tiene una imagen positiva de la UE (frente al 48% en marzo de 2008).
(7) Léase “Nouveaux visages des extrêmes droites”, Manière de voir, n.°134, París, abril-mayo de 2014.
(8) Según un sondeo publicado por el diario Le Monde, la imagen de la presidenta del FN recibe cada vez más opiniones favorables: el 56% de los encuestados cree que “entiende los problemas cotidianos de los franceses” y el 40%, que “tiene nuevas ideas para resolver los problemas de Francia”.
(9) Dominique Reynié, Populismes: la pente fatale, Plon, París, 2011.

Fuente: Le Monde Diplomatique