Ilusión perpetua

Por: Alberto Aranguibel B.

Es totalmente mentira, quizás la más infame falsedad de todas cuantas ha vertido la oposición contra la revolución bolivariana por más de tres lustros, que ese sector haya padecido durante todo ese tiempo los agobios de un régimen opresor que le limitara las libertades y le cercenara de alguna manera sus derechos.

Aún cuando no lo acepte, el opositor de a pie sabe que solo en revolución se instauró en Venezuela una cultura de la solidaridad humana y de la inclusión social como nunca antes existió en el país, con la cual no solo los pobres sino también los sectores medios de la población han aprendido a definirse como sujetos de derecho y no solo de deberes como fue siempre en el pasado.

De hecho, todo aquello por lo que hoy clama la oposición (y por lo que implora por la salida del presidente Maduro) no es de ninguna manera el retorno a la perpetua ilusión de bienestar que le prometió el neoliberalismo sin cumplírselo nunca, sino a la calidad de vida que llegó a tener por primera vez el venezolano con la llegada de la revolución, y que se expresó durante más de una década en el más bajo nivel de inflación de todo el continente, que le permitía a los sectores de mediano y bajo poder adquisitivo tener acceso como nunca antes a una buena alimentación, a productos importados de la mejor calidad, a divisas preferenciales, y a viajes al exterior, además del fabuloso beneficio de contar con las tarifas de servicios públicos más baratas del mundo, muchos de ellos gratuitos gracias a esa lógica de la inclusión y la justicia social que impulsó el Comandante Chávez.

Ese opositor sabe que aquel bienestar que ofrecía el neoliberalismo era ilusorio, porque en ese pasado que la derecha se niega a recordar lo único que se hacía realidad eran las infinitas calamidades que se padecían.

La figura del juez corrupto que alguien compraba para quitarle a la gente sus casas o sus carros, por ejemplo, era apenas uno de los múltiples agobios que sufrían los venezolanos, a los que inevitablemente se sumaban las deudas por alquiler, los préstamos impagables, y un sinfín de cargas (como colegios, útiles escolares, medicinas, etc.) que iban mucho más allá del brutal incremento en el precio de los alimentos, que también existía.

Solo que todo ello sucedía sin guerra o cerco económico alguno que lo justificara.

 

@SoyAranguibel

Anuncios