¿Por qué un anacrónico grupo de hippies nos ataca?

– Publicado en el Correo del Orinoco el 30 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Con un grafismo crudo como pocos en la actualidad, alguien escribía hace poco en las redes sociales que la diferencia entre el México de Lázaro Cárdenas y el actual de Peña Nieto, es que en el primero cuando se excavaba la tierra en cualquier parte aparecía petróleo y en el de hoy aparecen por doquier cadáveres de mexicanos vilmente asesinados.

La masacre silenciosa que padece México en la actualidad es solo comparable en su horror y dimensión a las que llevan a cabo el sionismo israelí contra el pueblo palestino y el paramilitarismo instaurado por Uribe Vélez en Colombia. Tanto la una como las otras son cubiertas sistemáticamente por el mismo manto de impunidad y criminal indiferencia de los gobiernos del mundo sometidos al dominio hegemónico del imperio norteamericano y por el silencio inmoral de las grandes cadenas y medios de comunicación.

Salvo la valiente y decidida postura de Rubén Albarrán, líder del grupo Café Tacuba, resteado junto a los dolientes de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa en las marchas por la justicia por la que claman los indignados de México, nadie en el mundo musical de esa nación ha levantado su voz en forma categórica para denunciar la criminalidad de un sistema cómplice de la muerte y de la inmoralidad como el que allá impera.

No tienen por qué hacerlo, ni nadie tiene el derecho de reclamárselos. Todo grupo musical por muy frívolo o comercial que sea, compone alguna vez (o varias inclusive) alguna pieza dedicada a alguna causa social. Pero ni están obligados a hacerlo ni su gesto los convierte necesariamente en activistas comprometidos con ideas de corte revolucionario, ni mucho menos. Si lo hacen bien, y si no lo hacen también.

El problema es cuando, además de ser sistemáticamente indiferentes a la dura realidad que golpea de manera brutal y violenta a su propio pueblo, el talento de artistas como Maná se coloca abierta e impúdicamente al servicio del opresor y en contra de las luchas populares.

Para entender esto, habría que revisar con detenimiento quién es en efecto Maná más allá de la grandeza de sus múltiples records como banda de género musical impreciso orientado, al parecer, exclusivamente a divorciadas antiguas y sin esperanzas, tal como se desprende de la empalagosa y confusa languidez de sus letras, generalmente referidas a amores desvaídos más allá de los puertos abandonados y las aves sin rumbo, muy al estilo del mejor cultor latinoamericano del género, el también muy prominente cantautor Arjona.

Un primer indicio lo permite establecer el tan meticulosamente cuidado look hippie de los integrantes de la banda. Cuando ya ni siquiera los escasos sobrevivientes del festival de Woodstock que puedan quedar por ahí en algún triste asilo del olvido se atreven a hacer el ridículo ataviándose con las estrafalarias fachas de las franelas psicodélicas o chalecos de semicuero con flecos desvencijados y haciendo hondear su larga melena de desaseado desaliño, el que unos músicos mexicanos ya en las puertas de la decrepitud lo hagan sin el más mínimo rubor como si de erráticos viajeros del tiempo se tratara, es más que indicativo de que algo más hay detrás de todo eso.

El movimiento hippie fue hace más de medio siglo la respuesta de la sociedad norteamericana a la insurgencia juvenil que convulsionaba al mundo a mediados de los años 60’s, desde el impulso de la Revolución cubana y luego con el mayo francés como detonante de reformas estudiantiles y laborales, evolucionado a lucha mundial antiimperialista en solidaridad con Vietnam.

¿Por qué en la nación más poderosa del planeta la juventud en vez de activarse masivamente contra una injusticia que le afectaba directamente (su país era el autor de la infame y cruel masacre contra el pueblo de Vietnam) se entregada frenética al delirante mundo de las drogas y la banalidad que comprendía el movimiento hippie? Nadie más que uno de los más emblemáticos representantes de la cultura juvenil de aquel entonces, George Harrison, integrante nada más y nada menos que de la banda más trascendental e importante de la historia, Los Beatles, puede tener la autoridad que éste tiene al referirse a la supuesta contracultura que representaba aquella repentina moda: “Fui a Haight Ashbury –dijo- esperando encontrar un lugar magnífico, pero solo era un lugar lleno de adolescentes descarrilados y drogados (…) No era como me lo había imaginado; gente maravillosa teniendo experiencias espirituales y creando arte. Era simplemente como un barrio de borrachos.” (George Harrison. The Beatles Anthology, 1995.)

La respuesta puede inferirse en la afirmación del presidente de la Michigan State University, John Hannah, al explicar las funciones de la universidad en los Estados Unidos: “Nuestras escuelas superiores y universidades han de considerarse bastiones de nuestra defensa, para conservar nuestro país y nuestra forma de vida, como los bombarderos supersónicos, los submarinos nucleares y los misiles balísticos intercontinentales.” La versión según la cual el movimiento hippie fue solo una gigantesca operación llevada a cabo por el FBI y la CIA en contra de la rebeldía juvenil que comenzaba a contagiar a las universidades norteamericanas (lo que explica que la nación supuestamente más cerrada al uso de estupefacientes haya permitido y sin ningún problema el consumo libre e ilimitado de marihuana, hachis y LSD entre casi toda la población joven del país, producto de lo cual se han convertido desde aquel entonces hasta nuestros días en la nación con el mayor consumo de drogas del planeta) es la que mayor fuerza ha tenido siempre como explicación a tan absurdo fenómeno.

El vocalista de Maná, quien seguramente pasará a la historia como “el último hippie”, rinde culto a esa concepción de la supremacía del modelo de vida norteamericana. Su respaldo no a una, sino a las dos campañas presidenciales de Barack Obama (2008 y 2012) así lo confirma. En la primera, ante la inmensa expectativa que el afrodescendiente causaba, dijo “Ésta es una oportunidad histórica para construir un mundo mejor”. Cuatro años después, frente a la decepción mundial por el incumplimiento de todas las promesas de aquel primer periodo, el cantante reincidía en ayudar al presidente a cautivar al voto latino en esa nación. En su cierre de campaña en Nevada decía que para él y sus compañeros, el demócrata era “la única opción viable para llegar a soluciones concretas para quienes viven, trabajan, estudian en Estados Unidos sin ser estadounidenses en su raíz o de nacimiento”.

Los que padecen en México el genocidio que causan el tráfico de armas y de drogas desde los EEUU, no fueron considerados ni un instante por el líder de la banda. La óptica de quien vive en el imperio y solo sale de ahí para abultar su fortuna en conciertos puntuales y muy a la carrera, modifica el alma por completo.

¿Por qué entonces Maná no se pronuncia contra el gobierno de México pero sí se pronuncia insistentemente en contra del gobierno popular legítimamente electo por los venezolanos? Todo grupo musical latinoamericano comprometido políticamente por lo general construye su propuesta a partir de la defensa de la dignidad de sus pueblos; Cultura Profética, Buena Fe y Calle 13 lo hacen. Maná es el único grupo que ataca a los pueblos de la región erigiéndose en vocero musical del imperio.

En el Estamento de los Guardianes, de su “Teoría Política y Práctica Política en Platón”, Poratti lo pone de esta manera: “Música” (de “musas”), en griego, comprende tanto la poesía como la música propiamente dicha. Su enseñanza consiste en el canto y memorización de los poetas, con Homero a la cabeza, los cuales, en ausencia de un texto sagrado u otra forma consagrada de autoridad, sustentan el saber colectivo como depositarios y transmisores de las concepciones religioso-políticas tradicionales sobre las que se basa la vida ciudadana. Platón incluye en ella también los cuentos de la primera infancia. Ese momento tempranísimo donde el carácter es maleable al máximo, fue siempre visto por Platón como decisivo y peligroso, y como una de las claves de la estabilidad política.” (1)

Las grandes corporaciones que controlan el poder en Estados Unidos no van a permitir jamás que la estabilidad política de su imperio dependa de la relativa efectividad o no de un eventual decreto contra una nación indoblegable. Si pueden usar la musa de una banda sumisa y suficientemente vendepatria para lograrlo, pues la banda será usada. Más aún si lo único que les llegue a costar será unos cuantos premios de fascinante notoriedad.

(1) Teoría Política y Práctica Política en Platón

@SoyAranguibel

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Eva Golinger: “Hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela”

Por: Eva Golinger

Hay un golpe de Estado en marcha en Venezuela. Las piezas están cayendo en su lugar como una mala película de la CIA. A cada paso un nuevo traidor se revela, una traición nace, llena de promesas para entregar la papa caliente que justifique lo injustificable. Las infiltraciones aumentan, los rumores circulan como reguero de pólvora, y la mentalidad de pánico amenaza con superar la lógica. Titulares en los medios gritan peligro, crisis y derrota inminente, mientras que los sospechosos de siempre declaran la guerra encubierta contra un pueblo cuyo único delito es ser guardián de la mayor mina de oro negro en el mundo.

Esta semana, mientras el ‘The New York Times’ publicó una editorial desacreditando y ridiculizando el presidente venezolano Nicolás Maduro, calificándolo “errático y despótico” (“El señor Maduro en su laberinto”, NYT 26 de enero 2015), un periódico en el otro lado del Atlántico acusó al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, la figura política más destacada del país después de Maduro, de ser un capo del narcotráfico (“El jefe de seguridad del número dos chavista deserta a EE.UU. y le acusa de narcotráfico”, ABC.es 27 de enero 2015). Las acusaciones vienen de un ex oficial de la Guardia de Honor presidencial de Venezuela, Leasmy Salazar, quien sirvió bajo el presidente Chávez y fue captado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), ahora convirtiéndose en el nuevo “niño de oro” en la guerra de Washington contra Venezuela.

Dos días después, ‘The New York Times’ publicó un artículo de primera plana atacando a la economía y la industria petrolera venezolana, y prediciendo su caída (“Escasez y largas filas en Venezuela tras caída del petróleo”, 29 de enero de 2015, ‘The New York Times’). Obvias omisiones del artículo incluyeron mención de los cientos de toneladas de alimentos y otros productos de consumo que han sido acaparados o vendidos como contrabando por los distribuidores privados y empresas, con el fin de crear escasez, pánico, descontento con el Gobierno y de justificar la especulación de los precios inflados. Además, el artículo se niega a mencionar las medidas e iniciativas en curso implementadas por el Gobierno para superar las dificultades económicas.

Al mismo tiempo, un titular sensacionalista, absurdo y engañoso fue publicado en varios diarios estadounidenses, en forma impresa y en línea, que vincula a Venezuela a las armas nucleares y un plan para bombardear la ciudad de Nueva York (“Encarcelado científico en Estados Unidos por tratar de ayudar a Venezuela a construir bombas”, 30 de enero, 2015, NPR). Mientras que el titular hace a los lectores creer que Venezuela estuvo directamente involucrada en un plan terrorista contra EE.UU., el texto del artículo deja claro que no hay ninguna participación venezolana en el suceso. Toda la farsa era una trampa creada por el FBI, cuyos agentes pretendieron ser funcionarios venezolanos para capturar a un científico nuclear que una vez trabajó en el laboratorio de Los Álamos y no tenía ninguna conexión con Venezuela.

Ese mismo día, la portavoz del Departamento de Estado, Jan Psaki, condenó la supuesta “criminalización de la disidencia política” en Venezuela, al ser consultado por un periodista acerca de la llegada del fugitivo general venezolano Antonio Rivero a Nueva York para pedir el apoyo del Comité de Trabajo de Naciones Unidas sobre la detención arbitraria. Rivero huyó de una orden de arresto en Venezuela después de su participación en protestas antigubernamentales violentas que causaron la muerte de más de 40 personas, en su mayoría partidarios del Gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado, en febrero pasado. Su llegada a EE.UU. coincidió con Salazar, evidenciando un esfuerzo coordinado para debilitar a las Fuerzas Armadas de Venezuela, exponiendo públicamente a dos oficiales militares de alto perfil –ambos vinculados a Chávez- que se han volteado en contra de su Gobierno y están buscando activamente la intervención extranjera contra su propio país.

Estos ejemplos son sólo una parte de la creciente y sistemática cobertura negativa y distorsionada de la situación en Venezuela en los medios de comunicación estadounidenses, pintando una imagen exageradamente sombría de la situación actual del país y retratando al Gobierno como incompetente, dictatorial y criminal. Si bien este tipo de campaña mediática coordinada contra Venezuela no es nueva -los medios de comunicación constantemente proyectaron al presidente Hugo Chávez, elegido cuatro veces por una mayoría abrumadora, como un dictador tiránico que destruía al país– sin duda evidencia que se está intensificando claramente a un ritmo acelerado.

‘The New York Times’ tiene una historia vergonzosa cuando se trata de Venezuela. El Consejo Editorial aplaudió felizmente el violento golpe de Estado en abril de 2002 que derrocó al presidente Chávez y resultó en la muerte de más de 100 personas. Cuando Chávez regresó al poder dos días después, gracias a sus millones de seguidores y las Fuerzas Armadas leales, el ‘Times’ no se retractó por su error anterior, sino que con arrogancia imploró a Chávez a “gobernar responsablemente”, alegando que él era el responsable por el golpe. Pero el hecho de que el ‘Times’ ha comenzado una persistente campaña directa contra el actual Gobierno de Venezuela, con artículos distorsionados y claramente agresivos -editoriales, blogs, opinión y noticias- indica que Washington ha colocado a Venezuela en la vía rápida del “cambio de régimen”.

El momento de la llegada de Leamsy Salazar en Washington como un presunto colaborador de la DEA, y su exposición pública, no es casual. Este mes de febrero se cumple un año desde que las protestas antigubernamentales violentamente trataron de forzar la renuncia del presidente Maduro, y grupos de la oposición están actualmente tratando de ganar impulso para volver a encender las manifestaciones. Los líderes de las protestas, Leopoldo López y María Corina Machado, han sido elogiados por el ‘The New York Times’ como “luchadores por la libertad”, “verdaderos demócratas”, y el ‘Times’ se refirió recientemente a Machado como “una inspiración”. Incluso el presidente Obama pidió la liberación de López (fue detenido y está siendo juzgado por su papel en los levantamientos violentos) durante un discurso el pasado septiembre en un evento en las Naciones Unidas. Estas voces influyentes deliberadamente omiten la participación de López y Machado en actos violentos, antidemocráticos e incluso criminales. Ambos participaron en el golpe de 2002 contra Chávez. Ambos han recibido ilegalmente fondos extranjeros para actividades políticas para derrocar a su Gobierno, y ambos lideraron las protestas mortales contra Maduro el año pasado, pidiendo públicamente su derrocamiento por vías ilegales.

La utilización de una figura como Salazar, que era conocido como alguien cercano a Chávez y uno de sus leales guardias, como una fuerza para desacreditar y atacar al Gobierno y sus líderes es una táctica de inteligencia de escuela vieja, y muy eficaz. Infiltrar, reclutar, y neutralizar al adversario desde dentro o a través de uno de los suyos -una dolorosa, chocante traición, que crea desconfianza y miedo entre las filas-. Aunque no ha surgido evidencia para respaldar las acusaciones escandalosas de Salazar contra Diosdado Cabello, el titular en los medios sirve para hacer una historia sensacional y crea otra mancha contra Venezuela en la opinión pública. También causa un gran revuelo entre los militares venezolanos y puede dar lugar a nuevas traiciones de oficiales que podrían apoyar un golpe de Estado contra el Gobierno. Las acusaciones infundadas de Salazar también apuntan a neutralizar una de las más poderosas figuras políticas del chavismo, y tratan de crear divisiones internas, intriga y desconfianza.

Las tácticas más eficaces que el FBI usó contra el Partido de las Panteras Negras y otros movimientos radicales que luchaban por cambios profundos en Estados Unidos, fueron la infiltración, la coerción y la guerra psicológica. Infiltrar agentes en esas organizaciones, o captarlas desde adentro, que luego fueron capaces de obtener acceso y confianza a los más altos niveles, ayudó a destruir esos movimientos desde adentro, desglosándolos psicológicamente y neutralizándolos políticamente. Estas tácticas y estrategias encubiertas fueron exhaustivamente documentadas y evidenciadas en documentos del Gobierno estadounidense obtenidos a través de la Ley de Acceso a la Información (FOIA) y publicados en el excelente libro de Ward Churchill y Jim Vander Wall ‘Agentes de Represión: las guerras secretas del FBI contra las Panteras Negras y el Movimiento indio Americano’ (South End Press, 1990).

Venezuela está sufriendo de la caída repentina y dramática de los precios del petróleo. Su economía dependiente del petróleo ha sido afectada fuertemente y el Gobierno está tomando medidas para reorganizar el presupuesto y garantizar el acceso a bienes y servicios básicos, pero la gente todavía está experimentando dificultades. A diferencia de la representación triste en ‘The New York Times’, los venezolanos no se mueren de hambre, no están sin hogar o sufriendo del desempleo masivo, como Grecia y España han experimentado bajo las políticas de austeridad. A pesar de ciertas carencias -algunas causadas por los controles de divisas y otras por acaparamiento, sabotaje o contrabando- 95% de los venezolanos consumen tres comidas al día, una cantidad que se ha duplicado desde la década de los noventa. La tasa de desempleo no llega al 6% y la vivienda está subvencionada por el Estado.

Sin embargo, hacer a la economía venezolana “gritar” es sin duda una estrategia ejecutada por intereses extranjeros y sus contrapartes venezolanos, y es muy eficaz. Mientras la escasez continúa y el acceso a los dólares se vuelve cada vez más difícil, el caos y el pánico aumentan. Este descontento social está capitalizado por agencias de Estados Unidos y las fuerzas antigubernamentales en Venezuela que presionan por un cambio de régimen. Una estrategia muy similar fue utilizada en Chile para derrocar al presidente socialista Salvador Allende. Primero destruyeron la economía, produciendo descontento social, y luego los militares se activaron para derrocar a Allende, apoyados por Washington en cada etapa. Para que no olvidemos el resultado: una brutal dictadura encabezada por el general Augusto Pinochet que torturó, asesinó, desapareció y obligó al exilio a decenas de miles de personas. No es exactamente un modelo para replicar.

Este año, el presidente Obama aprobó un fondo especial del Departamento de Estado de 5 millones de dólares para apoyar a los grupos antigubernamentales en Venezuela. Además, la Fundación Nacional para la Democracia (NED) financia grupos de la oposición venezolana con más de 1,2 millones de dólares y apoya a los esfuerzos para socavar el Gobierno de Maduro. No hay duda de que millones de dólares más para el cambio de régimen en Venezuela están siendo canalizados a través de otros mecanismos que no están sujetos al escrutinio público.

El presidente Maduro ha denunciado estos continuos ataques contra su Gobierno y ha pedido directamente al presidente Obama que cese los esfuerzos para hacer daño a Venezuela. Recientemente, los 33 países de América Latina y el Caribe, miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), expresaron públicamente su apoyo a Maduro y condenaron la injerencia norteamericana en curso en Venezuela. América Latina rechaza firmemente cualquier intento de erosionar la democracia en la región y no avalará otro golpe de Estado en la región. Es hora de que Washington escuche al hemisferio y deje de emplear las mismas tácticas sucias contra sus vecinos.

 

Libertad: ¿Logro social o estrategia imperial?

– Publicado el 19 de enero de 2015 en el Correo del Orinoco –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época”
Carlos Marx

Un prestigioso editor venezolano de orientación derechista cuelga recientemente en su muro de Facebook un infamante comentario contra el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, referido al rechazo de la esposa del dirigente político Leopoldo López, preso por incitación a hechos terroristas que causaron la muerte de 43 venezolanos en 2014, a la propuesta de canje de su esposo por el independentista puertorriqueño Oscar López Rivera detenido injustamente desde hace más de tres décadas en una prisión norteamericana, formulada por el primer mandatario venezolano al presidente de los Estados Unidos.

En el comentario, el editor afirma que “Maduro actúa en esto como cualquier miembro de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) él cree que los presos o secuestrados se intercambian”.

El infeliz insulto, expresado apenas a días del histórico discurso en el que Barack Obama reconoce el fracaso del bloqueo por más de medio siglo contra Cuba y en el cual resaltó muy particularmente el cambio de prisioneros como muestra de buena fe entre los dos países, deja ver con perfecta claridad un obvio desconocimiento del Derecho Internacional Humanitario (que instituye el intercambio de prisioneros como un instrumento de negociación entre las naciones), además de un profundo desprecio por la historia.

Tal como sostiene un estudio llevado a cabo en 2011 por la Universidad de Alcalá de Henares, la batalla de Kadesh fue una de las primeras que terminó en tablas y “con unas pérdidas tan grandes para ambos contendientes que los respectivos monarcas se vieron obligados a firmar el primer tratado internacional del que tenemos noticia y en el que, entre otras cláusulas, se establecía el intercambio de prisioneros por ambas partes.” (1)

Desde entonces y hasta nuestros días, los acuerdos entre las naciones en pugna comprendieron siempre la figura del intercambio de prisioneros, o incluso la deportación (como ha hecho, por ejemplo, Colombia desde hace décadas con sus connacionales incursos en delitos de narcotráfico) como un logro de la civilización.

La intención evidente del editor es tergiversar el espíritu y la letra de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que establece la facultad del presidente de la República para el otorgamiento de indultos, lo que no implica en modo alguno autoridad para ordenar encarcelamiento contra nadie, sino la potestad para decretar su eventual liberación bajo determinadas condiciones ajustadas a Derecho una vez cumplidos ciertos requisitos de Ley.

Pero quizás lo que más resalte en la vergonzosa lógica que deja entrever con su sesgado comentario (si el intercambio lo propone Obama está bien, si lo hace Maduro es terrorismo) es la rastrera orientación pro imperialista que el discurso de las corporaciones mediáticas de la derecha tiene hoy como eje medular para tratar de imponerle a la sociedad a como dé lugar el ideario neoliberal burgués que promueve los Estados Unidos con base en una particular concepción de libertad que coloca los intereses geoestratégicos del imperio por encima de la noción de soberanía y de autodeterminación de las naciones.

Bajo ese esquema el imperio norteamericano ha logrado avanzar a lo largo de todo lo que va de siglo XXI mediante violaciones flagrantes al derecho internacional, justificadas siempre con el chantaje del antiterrorismo como argumento para la guerra preventiva extraterritorial con la cual azota al planeta. Con ella persigue establecer que Estados Unidos podrá asegurar su integridad solamente asegurando su control pleno e irrestricto sobre el mundo, en virtud de lo cual sus derechos como nación deberán ser siempre colocados por encima de los derechos de las demás naciones. Solo así estará garantizada la libertad.

De ahí la reactivación por parte de Estados Unidos de un organismo tan extemporáneo como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a raíz del inicio de las conflagraciones en los países de la región del Magreb en la llamada “primavera árabe”, que persigue colocar en línea y bajo la subordinación de esa orientación imperialista a las naciones del viejo continente. Ese arcaico organismo, nacido en la post guerra como una plataforma de coordinación militar de los “aliados” frente al desaparecido Pacto de Varsovia, no tiene hoy ningún otro sentido ni justificación que no sea el de servir como herramienta de carpintería a los intereses de dominación planetaria de EEUU. Las injustificadas y prepotentes sanciones a Rusia, la constante acusación contra Corea del Norte y el recurrente ataque a China por su crecimiento económico, forman parte del escenario ajustado al nuevo orden que persigue imponer el imperio usando los mecanismos de la cooperación internacional, orientados en principio a la lucha contra un flagelo que él mismo genera con el arbitrario movimiento de sus piezas en el tablero del control mundial que le obsesiona.

Los monstruos que de esa obsesión surgen en forma de sectas religiosas y pseudo religiosas que proliferan hoy en el mundo árabe gracias a la irracional vocación injerencista de los EEUU, sirven no solo para la destrucción y el crimen en nombre de la irracionalidad, como se puso en evidencia en París las últimas semanas, sino que operan como una poderosa plataforma para el posicionamiento del discurso de la alienación que presenta a esa nueva modalidad de democracia neoliberal regida por la sumisión a los intereses de las corporaciones norteamericanas y su sed de dominación.

Sobre esos atentados terroristas supuestamente perpetrados por el Estado Islámico en la capital francesa, Thierry Meyssan ha reflexionado en su columna de la Red Voltaire esta semana. Su análisis, vertido en dos entregas (2) lo fundamenta en la cantidad de sin sentidos que él encuentra en las versiones tanto oficiales como de prensa que hasta ahora han podido conocerse al respecto. Su preocupación fundamental es ¿quién en realidad está detrás de los atentados? La serie de interrogantes que motiva el particular manejo político y el tratamiento mediático de este asunto no es como para despacharlo como un acontecimiento noticioso más, aislado ni sin trasfondo. La segunda intencionalidad pareciera ser más que evidente.

Por una parte, las inconsistencias del comportamiento de los atacantes con lo que profesa y suele llevar a cabo el islamismo como acciones. Luego la sorprendente, inusual e inmediata movilización de media centena de mandatarios para expresar unidos su repudio a los atentados, en forma personal y bajo un mismo signo, tal como no se hizo ni siquiera cuando murieron más de tres mil personas bajo el concreto de las torres del World Trade Center en Nueva York en 2001, en el que supuestamente sería el mayor ataque de esa naturaleza en la historia. Amén de la insolencia que representa para el mundo ese desfile de redomados genocidas manifestándose en contra del terrorismo.

El Senador Paul Craig Roberts del congreso norteamericano, ha impactado a la opinión pública mundial con sus afirmaciones sobre la posibilidad de que, tanto los ataques a las torres gemelas en 2001 como los acaecidos en París las dos últimas semanas, pudieran ser producto de “operaciones de bandera falsa” llevadas a cabo por el FBI y la CIA.

Finalmente, la increíble (y probabilísticamente casi imposible) similitud con la que los medios, en particular los españoles, titularon desde el día siguiente de los atentados destacando lo que como noticia debió haberse remitido a un segundo o incluso un tercer orden de ideas, como lo es en ese contexto el tema de la libertad, ya ni siquiera de expresión como podría caber sino en su sentido más amplio y abstracto.

Todos esos medios, casi sin excepción, se centraron en la palabra “libertad” que desde un punto de vista estrictamente periodístico es correcto usar frente al riesgo o el padecimiento de alguna feroz dictadura. Nada que ver con la verdadera noticia de aquel día como eran los actos terroristas, o en todo caso el terrorismo. Como si les hubiesen trazado una línea infranqueable, titularon exactamente en los mismos términos del mensaje que ofreció el día anterior el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en el que rechazaba (en francés) los ataques convocando al mundo a luchar por la libertad.

¿De cuál libertad hablamos?

@SoyAranguibel

Fuentes:

1) Calderón y Díaz. El Rescate De Prisioneros y Cautivos Durante La Edad Media Hispánica. Aproximación A Su Estudio / Universidad de Henares, 2011, 10

2) voltairenet.org