Carnavales por la vida

Por: Alberto Aranguibel B.

El carnaval en Venezuela fue de nuevo una demostración maravillosa del talante combativo del pueblo venezolano, que colmó por millones los espacios para el esparcimiento y la celebración, tal como lo ha hecho siempre por estas fechas sin importar la estrechez ni el infortunio.

No hubo en este carnaval playa ni bulevar alguno que no fuera abarrotado con esa festividad que tanto sabe disfrutar el venezolano.

En medio de las calamidades en que lo sumen el inclemente cerco económico desatado por el imperio y la derecha vendepatria, el venezolano no acepta la claudicación de su alegría ni se doblega ante la brutal arremetida capitalista que persigue ponerlo de rodillas y acabar con su revolución para imponerle un modelo de exclusión y de injusticia como el que se propone instaurar en el país el neoliberalismo.

Es el pueblo erguido sobre la adversidad, como lo fue en sus orígenes, que hoy asume el compromiso de la lucha a la que está llamado en defensa de la patria con la convicción del deber que le da la conciencia de su protagonismo y su significación en la construcción de ese modelo de soberanía, de justicia y de igualdad, que nos legara el comandante Chávez con su propuesta alternativa a la voracidad salvaje del neoliberalismo que hace estragos en el mundo.

Dimensión del talante revolucionaria que se aprecia con perfecta claridad cuando se pasa la vista sobre la particular realidad que nos circunda más allá de las fronteras.

En Brasil, el fascista Jair Bolsonaro era presentado frente a miles de espectadores en el imponente sambodromo de Río de Janeiro con la figura de un descomunal payaso que concitó la estentórea burla no solo de los brasileños sino del mundo que sigue por millones ese desfile de carnaval a través de la televisión.

La Quinta Vergara, en Viña del Mar, Chile, estallaba con las más resonantes griterías de consignas contra el gobierno que se hayan escuchado jamás en ese escenario, solo que esta vez contra la dictadura de Sebastián Piñera; el brutal represor que ha logrado en apenas pocos meses de protestas en su contra superar la crueldad de su mentor Pinochet contra los chilenos.

Un carnaval de repudios anti neoliberales al que no escaparon Colombia, Santo Domingo, ni Haití, donde decenas de miles siguen en las calles combatiendo por la vida.

@SoyAranguibel

¿A qué vinimos?

Por: Alberto Aranguibel B.

Arribando a los primeros 21 años de la Revolución Bolivariana, recordamos el juramento del Comandante Chávez sobre aquella “moribunda Constitución” que desde meses antes a la elección que le llevara al poder había prometido al país reformar apenas llegara a la presidencia mediante un gran proceso constituyente que tuviera por primera vez en nuestra historia al pueblo como protagonista.

Su propuesta era esperada con ansiedad por los venezolanos que veían en ella una posibilidad única en la vida de poner fin a la injusticia y la exclusión social que los partidos de la democracia puntofijista habían instaurado como el modelo de país ideal a costa del hambre y el padecimiento de la inmensa mayoría de la población.

Una propuesta que no necesitó apoyo alguno de medios de comunicación, ni de sectores de la banca o la industria, ni mucho menos de potencias extranjeras o de países confabulados contra aquel sistema, para hacerse sentimiento y expresión colectiva de todo un país en apenas unos pocos meses desde que Chávez la dio a conocer como la solución a la calamidad puntofijista.

El pueblo sabía que la opción no era un asunto de alternancia partidista, como se hizo siempre en el pasado para hacerle creer al país que vivía en democracia, sino de una profunda transformación del Estado que sacara de raíz todo lo viejo y sembrara lo nuevo. Por eso llevó a Chávez al poder sin ayuda de más nadie que aquella fuerza armada que emergía del mismo pueblo con la convicción y el ideal de nuestros libertadores, en una poderosa unión cívico militar sin precedentes en nuestra historia.

Un sueño que no ha podido sino iniciarse apenas, porque el inmenso poderío del capital y de los centros hegemónicos del poder mundial han impedido a lo largo de este periodo de nuestra historia que el proyecto supere la fase inicial de su instauración como realidad social, política y económica, en el país.

No ha habido todavía un modelo socialista en Venezuela, porque las estructuras del modelo neoliberal siguen intactas luchando a muerte contra la posibilidad de un sistema que le brinde al pueblo la participación y el protagonismo que Chávez le prometió.

Por eso, cuando hablamos de corregir fallas y rectificar errores, antes que nada debemos tener presente si lo que vinimos fue a perfeccionar el viejo capitalismo que se niega a morir en las estructuras del Estado, o a hacer realidad un sueño que apenas estamos empezando a edificar.

@SoyAranguibel