El Planeta de los Gringos: La confrontación

Correo del Orinoco 11 de agosto de 2014

Por: Alberto Aranguibel B.

A principios de 1968 el mundo entraba en una fase de convulsión social como no se experimentaba desde finales de la Segunda Guerra Mundial, principalmente atizada por la desmedida crueldad ejercida por el ejército imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica contra el gallardo pueblo de Vietnam.

Luego de la masacre perpetrada ese año por los gringos al finalizar la celebración del año nuevo vietnamita, cobrándose la vida de al menos 40.000 seres humanos en una sola operación, la “Ofensiva del Tet”, se pudo conocer el verdadero horror oculto tras la intensa campaña propagandística articulada por el imperio y sus corporaciones mediáticas en el mundo entero. Cientos de miles de civiles, mujeres, ancianos y niños, habían sido sistemáticamente asesinados en operaciones similares, como la de My Lai, donde el comportamiento del ejército gringo fue exactamente igual al del ejército nazi, que el mundo acababa de destruir apenas unas dos décadas antes en nombre de la libertad.

Las protestas que por diferentes razones estaban manifestándose en diversos escenarios desde hacía meses, y que encontraron su punto más álgido en el estallido social que se produce en Francia a mediados del mes de mayo, repercutiendo en movimientos similares en Europa, América Latina y hasta el mismo Estados Unidos, terminaron solidarizándose con la idea antiimperialista que fue cobrando cuerpo en dichos movimientos, desatado ya desde principios de aquella década por la revolución cubana, convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para los Estados Unidos aquella idea de libertad por la cual el imperio decía luchar.

La respuesta de Hollywood, la más poderosa máquina de propaganda jamás conocida por el ser humano, a toda aquella efervescencia social que ponía en peligro la supremacía política del imperio, fue la realización de tres filmes emblemáticos de la época, caracterizados todos por el mismo propósito desmovilizador social subyacente en cada uno de ellos.

“2001; Odisea del Espacio” rescata en 1968 la vieja e intrascendente novela de ciencia ficción de Arthur C. Clarke, El Centinela, para presentar de la manera imponente como el cine nunca antes hubiera logrado, el tema de la “inteligencia artificial” como la peor amenaza para el ser humano. De ahí en adelante, todos los enemigos de la humanidad, según Hollywood, serán siempre los más perversos científicos o las naciones con tecnología avanzada o superior, colocada siempre por ellos al servicio del mal y del cual solo los grandes héroes norteamericanos podrán librar al mundo en cada caso.

Alternativamente, se presentaba aquel año de 1968 el inicio de una de las sagas fílmicas más absurdas concebidas por el ingenio cinematográfico, como es la de “El Planeta de los simios”, basada en la novela homónima de Pierre Boulle publicada en 1963, cuya inspiración sin lugar a dudas es el mismo planteamiento de Orwell en su pequeña obra “Rebelión en la granja” de 1945, según el cual una clase inferior no puede tomar las riendas del poder sino para imponer la más horrenda y feroz tiranía.

“Las Fresas de la Amargura”, un modesto esfuerzo cinematográfico cuyo propósito era mostrar la inevitable sumisión a la que están destinados los rebeldes de la sociedad bajo el poder de los cuerpos de represión del Estado, completaba el trío de películas con las cuales la máquina de propaganda gringa intentaba aplacar las corrientes antiimperialistas a finales de los 60’s, colocándolas como inspiradas por ideas frugales y sin justificaciones de fondo.

Tres planteamientos, en apariencia inofensivos y sin significaciones ocultas, se resumen inequívocamente en una sola filosofía persistente hasta nuestros días en el discurso mediático hollywoodense, que sirve al imperio norteamericano para avanzar cada vez con más fuerza y sin discriminación alguna en su empeño por acabar ya no solo con líderes o gobiernos del mundo que no le son afectos, sino con naciones y hasta civilizaciones enteras, en su afán de dominación planetaria.

La idea según la cual los pobres, la clase inferior en el capitalismo, o las naciones del tercer mundo, no deben acceder a los avances de la ciencia y de la tecnología porque ello acarrearía riesgos de destrucción para la humanidad, en virtud de lo cual todo intento en esa dirección deberá ser aplacado por las fuerzas de seguridad que garantizan la libertad en el planeta, es hoy la filosofía que explica la desfachatez y el cinismo conque el imperio norteamericano avala genocidios como el de Israel contra el pueblo palestino o toma la decisión de ordenar el lanzamiento inmisericorde de bombas sobre poblaciones enteras en Irak mediante el uso de aviones no tripulados, a la vez que financia desestabilizaciones en el mundo entero.

“El Planeta de los simios”, en el que la inusual inteligencia de unos seres inferiores despiadados y sin alma es usada para desatar el más brutal odio hacia los seres humanos, es exactamente la imagen que el imperio norteamericano ha querido vender al mundo a través del tiempo, de todos aquellos pueblos que en algún momento deciden organizarse para luchar por su independencia y su soberanía. La clase y la categoría del presidente de los Estados Unidos, cualquiera que sea (incluso si es afrodescendiente), representa el poderío de una nación cuya nobleza, sus conocimientos y su ciencia, son legítimos y provechosos para el ser humano, porque están puestos al servicio de la libertad y en contra de la barbarie que los pueblos “inferiores” encarnan.

Nadie deberá preguntarse entonces en el mundo por qué un sanguinario criminal como el Primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, es exonerado en la justicia internacional de los juicios que se le siguieron a los nazis en Núremberg durante la posguerra, o a Sadam Huseim luego de la caída de su gobierno, o las condenas públicas y el linchamiento a Benito Mussolini o Muhammar Kadafi, cuyos procesos políticos, completamente diferentes, no merecieron ni siquiera un juicio sumario.

Nadie deberá cuestionar la barbarie de un genocidio cometido bajo la excusa de la destrucción de unos túneles que perfectamente pueden ser destruidos del lado israelí de los mismos, si es que en efecto el propósito fuese el de evitar la infiltración subrepticia de palestinos terroristas en territorio de Israel y no como dicta el sentido común, que son túneles para buscar la comida que el criminal cerco les tiene vedada. No es posible creer de manera sensata que un pueblo muerto de hambre y sin medicinas, usará cualquier vía de escape para ir a colocar bombas en vez de usarla para alcanzar el alimento que necesitan sus hijos.

Nadie deberá sugerir tan siquiera la más remota posibilidad de que el pueblo palestino, o el sirio, o el iraní, o el libio, o el venezolano, tengan derecho a su territorio y a su autodeterminación. El cine norteamericano estará siempre ahí para establecer la naturaleza contranatura de tales principios cuando de pueblo soberano alguno se trate.

Por eso asistimos una vez más al incierto espectáculo de una nueva versión de la archiexplotada saga de esa oscura sociedad distópica que Hollywood presenta hoy en la pantalla de todas las salas de cines del mundo. “El planeta de los simios: la confrontación”, estrenada mundialmente el 11 de julio de 2014, justamente al inicio de los rebrotes de violencia en Egipto, en Irak y en la Franja de Gaza, es el retorno a un discurso que a través del tiempo se reedita, cada vez con mayor fastuosidad e imponencia, para intentar convencer a los humildes, a los excluidos de siempre, a los más pobres de la tierra, de la inevitabilidad de su triste destino de sometimiento y de opresión bajo el yugo de un capitalismo salvaje y de un imperialismo cruel y sanguinario que se ocultan cobardemente tras el deslumbrante resplandor de las pantallas de cine.

Solo faltará saber si el despertar de la conciencia de esos pueblos, como el bolivariano, se los permitirá.

 

@SoyAranguibel

Del discurso del odio en Israel

amenaza israeli

Por: José Steinsleger

Hace unos días, en un diario de México, leí un sugerente artículo suscrito por elkapo de la conocida franquicia de irresponsabilidad cultural ilimitada,Vargas Llosa & asociados. El texto se llama El discurso del odio, que en su primer párrafo dice:

“Sorprende y entristece el avance del discurso del odio. Su radical intolerancia frente al otro, frente a lo otro, es característica de los fanatismos de la identidad, ya sea religiosa, racial, nacional, ideológica. Pero su hábitat preferido no es la fe sino la mala fe. Sus armas son conocidas, y pueden ser letales…”

¿Cómo disentir de tan atinadas palabras? ¿Cómo no situarlas en el polo opuesto del decreto religioso emitido por el rabino Dov Liot, conocido por su apoyo a Baruch Goldstein, quien mató a 29 fieles musulmanes en una mezquita de Hebrón (1994), y el asesinato, un año después, del primer ministro sionista Isaac Rabin?

Liot vive en el asentamiento ilegal de Kiryat Arba (Cisjordania), donde dijo que, con base en la religión judía, era lícito matar civiles inocentes y destruir Gaza. Añadió: no hace falta cerciorarse de que las personas atacadas son combatientes o civiles… cualquier tipo de charla sobre humanismo y consideraciones humanitarias es discutible.

En Israel, Liot tiene muchos seguidores, no necesariamente religiosos. Por ejemplo, la joven y bellísima diputada Ayelet Shaked, del Partido Hogar Judío, escribió el 7 de julio pasado en Facebook: “… la sangre de los palestinos debe estar en nuestras manos”. Y que esto también se aplica a “las madres de los muertos terroristas que crían serpientes…”

Días después, el reportero danés Alian Sorensen cargó en Twitter las imágenes de ciudadanos israelíes en una colina aledaña a la ciudad de Sderot (vecina a Gaza), animando los bombardeos de precisión desde sillas de plástico, y comiendo palomitas de maíz. Imágenes que ya habían sido documentadas en un reportaje de Dinamarca TV2 durante la operaciónPlomo Endurecido (2009).

¿Estaba entre ellos el reconocido académico Mordechai Kedar, de la Universidad de Bar Ilan (Tel Aviv)? En un programa de radio, Kedar declaró que “…lo único que prevendría un ataque suicida es que supieran (los terroristas) que, de ser atrapados, su hermana o su madre serán violadas”. Pero como Israel es la única democracia de Oriente Medio, el entrevistador Yossi Hadar disintió del profesor: “Suena mal –dijo–; no podemos tomar ese tipo de medidas”.

Kedar, sin embargo, sabía de lo que hablaba. Pues no es cosa que de buenas a primeras cualquiera cuestione laexcelencia académica de un catedrático especializado en literatura árabe, que estuvo trabajando 25 años para la inteligencia militar de su país, especializado en grupos islámicos.

Desde el frente de combate, lejano de los debates serios y profundos, el soldado David Ovadia presumió, mediante Instagram, de haber asesinado a 13 niños palestinos. Hoy he matado a 13 niños. ¿Será verdad? Ah… ¡estos muchachos! ¿No habrán sido tres o menos de cinco?

Para evitar el discurso del odio, el periodista serio y responsable debe cotejar sus fuentes, y no basarse, como dice el autor del artículo referido, “…en testimonios aislados, unilaterales (y hasta anónimos) sin respetar la máxima fundamental del derecho: la carga de la prueba recae en el acusador, no en el acusado”.

Idem…atinado. Por consiguiente, sería calumnioso asegurar que todoslos judíos del Estado terrorista de Israel coinciden con sus gobernantes. Porque el Instituto por la Democracia de la Universidad de Tel Aviv y un sondeo del Canal 10 revelaron que sólo 85 por ciento están satisfechos o muy satisfechos con el liderazgo de Benjamin Netanyahu.

Naturalmente, en la única democracia de Medio Oriente también hay lugar para las discrepancias. El Ejército y el gobierno, por ejemplo, discuten sobre la necesidad de prolongar la invasión, y el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, acusó a Netanyahu detitubeante.

No hay, en suma, que guiarse por los chismes que circulan en la web, como los del portavoz de la policía israelí, Micky Rosenfeld, quien en una entrevista con la cadena británica BBC afirmó que “…no existe vínculo alguno entre Hamas y el asesinato de los tres jóvenes colonos israelíes” (o sea, el pretexto para de­satar el nuevo capítulo en cámara lenta del holocausto palestino).

Lo importante es orientarse (eso sí,sin estridencia) por medios como The Times of Israel, que informó de la recuperación de una lechuza herida por el fuego de Hamas. ¡Pinches fanáticos islamitas! En su edición del 25 de julio, el diario relata la hazaña de Ben, estudiante de veterinaria, que encontró el ave herida y la llevó al zoológico “…cuando disminuyó el fuego de cohetes de Gaza”. Ben está indignado: ¡la lechuza perdió un ojo y tiene el pico roto!

Y en medio de tanto discurso del odio, Jesse Rosenfeld (periodista del sitio DailyBeast.com), entrevistó en Gaza a la niña Yasmine al Attar, habitante de Gaza, de 10 años.

–¿Qué quieres ser de grande?

–No sé si viviré.

 

Fuente: La Jornada

Extendiendo la guerra del gas en el Levante

Después de 3 años de guerra contra Siria, los «occidentales» extienden deliberadamente su ofensiva a Irak y también a Palestina. Tras las aparentes contradicciones políticas entre partidos religiosos y partidos laicos, fuertes intereses económicos constituyen la verdadera explicación de esta estrategia. En el Levante, son muchos los grupos que han cambiado repetidamente de bando. Pero no debemos perder de vista que los yacimientos de gas siguen en los mismos lugares

gas palestina

Por: Thierry Meyssan

Como toda guerra implica la formación de una coalición, es muy natural que persiga múltiples objetivos ya que debe satisfacer los intereses particulares de cada miembro de la coalición.

Desde ese punto de vista, los combates que actualmente sacuden Palestina, Siria e Irak tienen como común denominador el hecho que los dirige un bloque que Estados Unidos ha organizado en contra de los pueblos que se le resisten y también que trata de concretar su plan de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (Great Middle East) y de modificar el mercado mundial de la energía.

Sobre este último punto, dos cosas pueden cambiar: el trazado de los gasoductos y oleoductos y la explotación de nuevos yacimientos [1].

La guerra por el control de los pipelines en Irak

Desde el inicio de la guerra contra Siria, la OTAN ha estado tratando de cortar la vía de abastecimiento Teherán-Damasco (NIORDC, INPC) para favorecer corredores de circulación que permitan llevar hacia la costa siria tanto el gas de Qatar (ExxonMobil) como el de Arabia Saudita (Aramco) [2].

Un paso decisivo se concretó con la ofensiva emprendida en Irak por el Emirato Islámico, que dividió el territorio iraquí casi de arriba abajo dejando a Irán de un lado y del otro a Siria, Líbano y Palestina [3].

Este visible objetivo determina quién venderá su gas en Europa y, en dependencia del volumen del abastecimiento, a qué precio podrá venderlo. Eso basta para explicar la implicación de los 3 principales exportadores de gas (Rusia, Qatar e Irán) en esta guerra.
La guerra por la conquista del gas sirio

La OTAN ha agregado un segundo objetivo: el control de las reservas de gas del Levante y su posterior explotación. Todo el mundo sabe desde hace décadas que el sur del Mediterráneo encierra grandes yacimientos de gas natural –localizados en las aguas territoriales de Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Siria, Turquía y Chipre. Pero sólo los «occidentales» sabían desde 2003 cómo estaban repartidos esos yacimientos y cómo se extendían bajo la plataforma continental.

Como reveló en aquel momento el profesor Imad Fawzi Shuebi [4], una compañía noruega llamada Ansis realizó legalmente en Siria un trabajo de medición del país en cooperación con la compañía petrolera nacional. Ansis trabajó también con otra compañía –igualmente noruega– llamada Sagex. Ambas compañías noruegas sobornaron a un responsable de los servicios secretos, realizaron secretamente una serie de investigaciones tridimensionales y descubrieron la increíble importancia de las reservas sirias de gas, que resultaron ser incluso más grandes que las de Qatar.

Posteriormente, Ansis pasó a ser propiedad de Veritas SSGT, una compañía franco-estadounidense con sede en Londres. Los datos que había recogido fueron revelados de inmediato a los gobiernos de Francia, Estados Unidos, Reino Unido e Israel, que rápidamente establecieron una alianza para destruir Siria y robar el gas de ese país.

En 2010, Estados Unidos confió a Francia y al Reino Unido la tarea de recolonizar Siria. París y Londres formaron entonces una coalición que designaron con el nombre de «Amigos de Siria». Esta coalición conformó un «Grupo de Trabajo para la Reconstrucción Económica y el Desarrollo» que se reunió, en mayo de 2013, en los Emiratos Árabes Unidos, bajo la presidencia de Alemania [5]. Unos 60 países se repartieron entonces el pastel que todavía no habían conquistado. Por supuesto, la mayoría de los países participantes en aquel encuentro ignoraban lo que habían descubierto las compañías Ansis y Sagex. El Consejo Nacional Sirio estaba representado en aquel grupo de trabajo por Osama al-Kadi, ex responsable en British Gas de la aplicación de las estrategias militares al mercado de la energía.

No fue hasta el verano de 2013 que el gobierno sirio tuvo conocimiento de los descubrimientos de la Ansis y la Sogex, lo cual le permitió comprender cómo había logrado Washington montar la coalición que estaba tratando de acabar con el Estado sirio. A partir de aquel momento, el presidente sirio Bachar al-Assad ha firmado varios contratos con empresas rusas con vistas a la futura explotación del gas sirio.

El gas en Israel, en Palestina y en Líbano

Por su parte, British Gas exploraba las reservas palestinas. Pero Israel se oponía al inicio de su explotación por temor a que los palestinos utilizaran los ingresos para comprar armas.

En julio de 2007, el nuevo enviado especial del Cuarteto (ONU, Unión Europea, Rusia, Estados Unidos) Tony Blair negoció un acuerdo entre palestinos e israelíes, acuerdo que debía permitir la explotación de los yacimientos Marine-1 y Marine-2, en las aguas territoriales de Gaza. El entonces primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, aceptó que British Gas depositara los ingresos de la Autoridad Palestina en una cuenta bancaria bajo control de Londres y Washington para garantizar que esos fondos se destinaran al desarrollo económico.

En aquella época, el ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas israelíes, general Moshe Ya’alon, publicaba en el sitio web del Jerusalem Center for Public Affairs un estruendoso artículo donde observaba que el acuerdo negociado por Tony Blair no resolvía el problema ya que, en definitiva, el Hamas acabaría teniendo acceso a una parte de aquel dinero mientras estuviese en el poder en Gaza. El general Ya’alon concluía que la única manera de garantizar que los ingresos del gas palestino no financiaran la Resistencia sería emprender «una operación militar global para arrancar de raíz el Hamas de Gaza» [6].

En octubre de 2010 las cosas se complicaron aún más cuando Noble Energy Inc. descubrió un mega yacimiento de gas offshore, el Leviathan, que abarca parte de las aguas territoriales israelíes y libanesas. El Leviathan venía a agregarse al yacimiento Tamar, descubierto en 2001 por British Gas en aguas israelíes [7].

El Líbano, por iniciativa del Hezbollah, presentó de inmediato el caso a la ONU e hizo valer sus derechos de explotación. Pero, ignorando las protestas libanesas, Israel comenzó a explotar unilateralmente el gas de los bolsones que abarcaban las aguas de ambos países.

La guerra por el gas palestino

La actual ofensiva de Israel contra la franja de Gaza tiene varios objetivos. En primer lugar, el Mossad organizó el anuncio del secuestro y asesinato de 3 jóvenes israelíes para impedir que el parlamento adoptara una ley que prohibiría la liberación de «terroristas» [8]. Y posteriormente, el general Moshe Ya’alon, hoy ministro de Defensa, utilizó ese pretexto para desatar una ofensiva contra el Hamas, aplicando así su análisis de 2007 [9].

El nuevo presidente de Egipto, general Abdel Fattah al-Sissi, contrató como consejero a Tony Blair, quien sin embargo no ha creído necesario renunciar a sus funciones como representante del Cuarteto [10]. Prosiguiendo la defensa de los intereses de British Gas, Blair sugirió entonces una «iniciativa de paz» totalmente inaceptable para los palestinos, iniciativa naturalmente rechazada por los palestinos pero aceptada por Israel. Es evidente que el objetivo de esa maniobra es proporcionar al ejército israelí la oportunidad de «arrancar de raíz el Hamas de Gaza». Y no es casual que el salario que recibe Tony Blair como consejero del presidente egipcio no proceda del presupuesto egipcio sino de las arcas de los Emiratos Árabes Unidos.

Como de costumbre, Irán y Siria han aportado su respaldo a la Resistencia palestina (la Yihad Islámica y el Hamas), demostrando así a Tel Aviv que pueden hacerle pagar en Palestina el daño que Israel les ha hecho en Irak a través del Emirato Islámico y del clan kurdo de los Barzani.

Lo único que permite llegar a una comprensión correcta de los acontecimientos es su lectura bajo el ángulo de los intereses en materia de control de las fuentes de energía ya que –desde el punto de vista político– no es de interés para Israel destruir el Hamas, movimiento a cuya creación contribuyó para debilitar a al-Fatah. Tampoco es interés de Siria ayudar el Hamas a resistir, tratándose de un movimiento que se alió con la OTAN y que ha enviado yihadistas a luchar contra el Estado sirio. La fase de la «primavera árabe», destinada a poner la Hermandad Musulmana en el poder en todos los países árabes, ha quedado atrás y no debemos olvidar que el Hamas no es otra cosa que la rama palestina de esa cofradía.

En definitiva, el imperialismo anglosajón actúa siempre en función de las ambiciones económicas que él mismo impone sin importarle las lógicas políticas locales. Lo que define de forma realmente duradera las fuerzas que conforman la dinámica del mundo árabe no es la diferencia entre partidos religiosos y laicos sino el hecho de estar en el bando de quienes colaboran con el imperialismo o en el bando de quienes han optado por la resistencia.
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[1] «La guerra en Siria: ¿una guerra por la energía?», por Alexandre Latsa, RIA Novosti / Red Voltaire, 19 de septiembre de 2013.

[2] «Yihadismo e industria petrolera», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 23 de junio de 2014.

[3] Ese objetivo no es nuevo. Ver: «Siria: la OTAN apunta al gasoducto» y «Siria: la carrera por el oro negro», por Manlio Dinucci, Il Manifesto / Red Voltaire, 13 de octubre de 2012 y 2 de abril de 2013.

[4] Syrie: 10 ans de résistance, emisión de televisión en 6 capítulos, concebida y producida por Thierry Meyssan, transmitida por la televisión satelital siria en junio de 2014. La versión disponible a través de internet está enteramente en francés o subtitulada en francés, exceptuando algunas intervenciones del general estadounidense Wesley Clark, del analista mexicano Alfredo Jalife y del general ruso Leonid Ivashov. Por otra parte, el profesor Shueibi ya había ofrecido un esbozo de la cuestión, antes de tener información sobre los descubrimientos de las compañías Ansis y Sagex, en el trabajo titulado «Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente», por Imad Fawzi Shueibi, Red Voltaire, 13 de mayo de 2012.

[5] «Les “Amis de la Syrie” se partagent l’économie syrienne avant de l’avoir conquise», por German Foreign Policy, Horizons et débats / Réseau Voltaire, 14 de junio de 2012.

[6] «Does the Prospective Purchase of British Gas from Gaza Threaten Israel’s National Security?», por el teniente general (retirado) Moshe Yaalon, Jerusalem Center for Public Affairs, 19 de octubre de 2007. «Ya’alon: British Gas natural gas deal in Gaza will finance terror», por Avi Bar-Eli, Haaretz.

[7] «¿Se modifican las cartas geopolíticas en la cuenca del Levante e Israel?», por F. William Engdahl, Red Voltaire, 3 de junio de 2012.

[8] «El jefe del Mossad había vaticinado el secuestro de los tres jóvenes israelíes», por Gerhard Wisnewski, Red Voltaire, 11 de julio de 2014.

[9] «IDF’s Gaza assault is to control Palestinian gas, avert Israeli energy crisis», por Nafeez Ahmad, The Guardian, 9 de julio de 2014. «Gaza: el gas en la mirilla», por Manlio Dinucci, Il Manifesto/Red Voltaire, 18 de julio de 2014.

[10] «Tony Blair será consejero económico del presidente egipcio al-Sissi», Red Voltaire, 3 de julio de 2014.

Fuente: Voltairenet.org