Otra vez los “Derechos Humanos”

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Por: Néstor Francia

El tema de los “Derechos Humanos” es uno de los más manidos por el imperialismo y las oligarquías para justificar sus desmanes y agredir a los pueblos. Los poderosos han tejido una intrincada red mundial para representar esta pantomima macabra. Tal red incluye organizaciones privadas, ONGs, organismos oficiales de organizaciones internacionales como la ONU y la OEA, tribunales internacionales, amén de una trama mediática que vende el concepto de mil maneras respondiendo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el mundo.

Los “Derechos Humanos” están entre los primeros armamentos que tiene a la mano el imperialismo para bombardear a los países que tienen gobiernos “incómodos” o que entran en el ámbito de los intereses económicos del Imperio, como los países petroleros. En realidad, el concepto de los “Derechos Humanos” es una creación de la burguesía, a partir de la Revolución Francesa y de su “Declaración de los derechos del hombre y los ciudadanos”. En aquella época, fue un concepto renovador, como parte del enfrentamiento al absolutismo monárquico y al feudalismo. Por supuesto, desde un principio respondió a los intereses de la clase burguesa, que a mediados del siglo XVIII era una clase de vanguardia en la historia de la Humanidad. De hecho, cuando aquella declaración se refería a los “ciudadanos”, no aludía a todos los hombres, sino a los propietarios, es decir a los propios burgueses. Además, la burguesía pone el acento de esos supuestos “derechos” en lo individual, mientras que el Gobierno Bolivariano venezolano, por ejemplo, ha puesto el énfasis en los derechos colectivos, en los derechos de todo el pueblo, sin dejar de considerar la pertinencia de los derechos individuales. En Venezuela, la derecha ha convertido los “Derechos Humanos” en uno de sus principales argumentos para instigar a la violencia y ejercer la violación, paradójicamente, de los derechos de todos los ciudadanos.

Ahí está, como un ejemplo notable, el caso del criminal Leopoldo López, quien ha dicho que el suyo “no es un juicio, sino un paredón de fusilamiento”. Si López hubiera vivido en los primeros años de la Revolución Cubana, sin duda habría sido fusilado, como se hizo con tantos criminales batisteros. Pero aceptemos que el hombre está usando una metáfora, tratando de establecer que sus derechos individuales, como el derecho a la defensa, están siendo violados. Ahora bien ¿quiénes han violado y violan los Derechos Humanos en Venezuela? La respuesta no es tan obvia como el lector puede creer. Ciertamente, durante las guarimbas, por ejemplo, Leopoldo López, María Machado, Antonio Ledezma y otros delincuentes de su misma calaña, instigaron a la violación de múltiples derechos ciudadanos: el derecho a la vida, al libre tránsito, a la propiedad, a la salud, a la paz. En el caso de Leopoldo López, recordemos que participó activamente no solo en el golpe de Estado de abril de 2002, sino además en la masiva violación de los Derechos Humanos el 11, 12 y 13 de aquel sangriento mes.

Y aquí vale preguntarse ¿por qué quedó libre quien fue responsable de homicidios, torturas, persecuciones y otros desmanes que abundaron en aquella oportunidad? Esperemos que nuestra respuesta a esta interrogante sea comprendida en toda su complejidad e intención positiva y aleccionadora. Al dejar libres a los facinerosos de entonces, el Gobierno revolucionario violó los derechos del pueblo venezolano. No castigó ejemplarmente a los complotados y apenas seis meses después la mayoría de ellos volvieron por sus fueros. En el caso de los responsables del golpe de Estado y del sabotaje petrolero, solo se castigó a una parte pequeña de los implicados. Muchos de ellos no solo ni siquiera escarmentaron tras su fracaso de entonces, sino que algunos están entre los principales demiurgos de la violencia criminal del primer trimestre de este año. Recordemos que Leopoldo López celebraba en Venevisión, la mañana del 12 de abril de 2002, con otros golpistas, y que María Machado fue una de las firmantes del decreto de Carmona. En un principio se habló de “magnanimidad” y “generosidad” del Gobierno revolucionario.

El propio Chávez corrigió años después este calificativo y lo cambió por “debilidad”. Más de una vez el Comandante Supremo refirió, en torno a lo ocurrido en 2002, las ideas de Bolívar después de la pérdida de la Primera República, asentadas en su célebre Manifiesto de Cartagena: “De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos e implacables enemigos los españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo incesantemente inquieto y promover cuantas conjuraciones les permitían formar nuestros jueces, perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes, que se dirigían contra la salud pública… Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía habíamos enteramente concluido!” Esta lección bolivariana no puede ser olvidada. Leopoldo López debe ser mantenido a la sombra por más que patalee.

Y hay que preparar las condiciones para que terminen con sus huesos en la cárcel otros delincuentes reincidentes que no cejan en su intención de conspirar y generar violencia, y que no muestran ni la más mínima intención de arrepentimiento o contrición, como María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros de su misma ralea. A medida en que se profundice la confrontación, y puede jurar el lector que se profundizará, deberán ir cayendo uno por uno en las férreas manos de la justicia. Por otro lado, es menester aprender unas cuantas cosas del Imperialismo. Como su demostrada habilidad de urdir tramas no oficiales para respaldar sus manipulaciones.

En el tema de los “Derechos Humanos”, nos han copado el espacio ciudadano, mientras nosotros generalmente nos conformamos con las declaraciones, justas, correctas, pero insuficientes, de funcionarios del Estado como por ejemplo la Fiscal General y la Defensora del Pueblo. Si los principales violadores de los derechos de los hombres son el Imperialismo y la burguesía ¿por qué son ellos quienes llevan la batuta en la “defensa” de tales derechos? ¿Por qué parapetos como Cofavic o Provea, claros instrumentos de la derecha apátrida, tienen mucho más cancha pública que Asovic, nuestra Asociación de Víctimas del golpe de Estado de 2002? Organicemos al pueblo también en ese sentido, arrebatémosles a los criminales esa bandera que por historia y por derecho nos pertenece.

francia41@gmail.com

Aranguibel en Unión Radio: “En Venezuela está en curso un golpe de Estado”

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Alberto Aranguibel afirma este 14 de febrero en entrevista con Vladimir Villegas por Unión Radio, que en Venezuela hay en curso un golpe de Estado, cuya fase inicial fue la guerra económica, que perseguía predisponer a la población contra el Gobierno Bolivariano para hacerla aceptar con pasividad la violencia prevista para esta segunda fase que ha costado ya muertos y heridos en varias ciudades del país, en virtud de la evidente pugna en la MUD por replantear el liderazgo de la oposición.

Escuche aquí la entrevista completa (10:00 min.):

[audio https://ia600707.us.archive.org/21/items/AranguibelConVladimirVillegasEl14DeFebreroDe2014/Vladimir14022014.mp3]

Aranguibel en Unión Radio. “Aquí está quedando en evidencia que hay una guerra económica y no una crisis”

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Alberto Aranguibel analizando con Anahí Arizmendi en Unión Radio el comportamiento de los medios de comunicación social en la actual coyuntura económica por la que atraviesa el país, sostiene que “En la medida en que haya manipulación mediática para tratar de colocar el proceso de construcción del socialismo como un atentado contra las libertades, habrá siempre titulares escandalosos como los que estamos viendo en este momento.” Sostiene que los sectores políticos de la derecha neoliberal que no logran avanzar por la vía electoral están tratando de usar al sector comercial privado como ejército mercenario para derrocar al gobierno bolivariano. Culminó diciendo que “Lo que hay en Venezuela en este momento es un proceso de ajuste para hacer cumplir al sector privado con las leyes que rigen la materia comercial y no una simple rebaja de precios promovida por el gobierno, pero eso no lo dicen los medios. Aún así, esos sectores le han sacado fortunas a la especulación porque no son capaces de invertir ni un centavo ni siquiera en la desestabilización que ellos mismos promueven.”

Oiga aquí la entrevista completa:

 

 

Chávez presenta en 2011 escala de subsidios a la vivienda

Para salirle al paso a las infamias de la oposición contra el Ciudadano Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en relación al tema del subsidio a la vivienda, colocamos hoy aquí el video donde aparece el Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías explicando la escala aprobada por el Gobierno Bolivariano en 2011 para ser aplicada con una clara concepción de Justicia Social a la Gran Misión vivienda Venezuela.

Medios de comunicación usan la salud de Chávez para deslegitimizar al Gobierno, según analista

Publicado el 21 Febrero 2013logo_ntn24

El analista político, Alberto Aranguibel, sugiere que todos los sucesos documentados sobre la salud de Hugo Chávez son “morbosos y troculentos” y persiguen debilitar al gobierno bolivariano, afirma que hay un punto ético elemental donde no se deben entrometer medios de comunicación ni agentes externos.

El discurso cambalache

“¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!”

Discépolo / Cambalache

Como era de esperarse, la oposición es de nuevo protagonista de un estruendoso fracaso, en lo que al decir de Julio Escalona “quizás sea el peor discurso de un candidato a la Presidencia de la República en el momento de oficializar su candidatura”. Pero en lo cual probablemente lo más grave no sea el discurso en sí mismo, sino la complacencia que con toda seguridad experimentaron los miles de seguidores que bajo el inclemente sol dominguero lo acompañaron hasta el CNE, precisamente por la vaciedad y pobreza del mismo.

Si algún error ha cometido la Revolución Bolivariana en términos estrictamente comunicacionales es creer que asesta golpes importantes a la oposición cuando denuncia los desmanes de ésta a partir de una condición ética que considera universal y que no necesariamente lo es. Menos aún en el ámbito de una sociedad narcotizada por el veneno mediático que consume cada vez con mayor fruición a medida que avanzan el acceso y la penetración hasta el más apartado rincón de la geografía nacional de las deslumbrantes nuevas tecnologías de la televisión satelital y por cable, precisamente la mayor contrariedad y percance que tiene frente a sí el proceso revolucionario.

Es esa televisión la que ha exacerbado en un importante sector de la población el odio irrefrenable que esa gente expresa contra Chávez y contra todo lo que tenga que ver con él, incluso sin importar si lo que genera Chávez en el país es una consistente recuperación económica de la cual hoy se beneficia todo el país, empezando por esos sectores que le adversan. La impudicia con la que los escuálidos asumen hoy la bonanza económica que particularmente ellos disfrutan en el marco de los avances que las políticas del gobierno bolivariano ha puesto en marcha, es probablemente el rasgo que más los define.

La televisión, como lo ha dicho Correa, se erige hoy en un poder que trasciende los linderos de la función que como herramienta de información y de entretenimiento pudo haber tenido en algún momento, para convertirse en la instancia cuya pretensión fundamental es la capacidad de moldear las sociedades a su antojo, a partir del secuestro y uso irrestricto de las libertades que a través del tiempo le ha venido arrebatando a esa misma sociedad para colocarlas al servicio de sus muy particulares intereses. De manera imperceptible, y en virtud de ese despropósito, el medio de comunicación ha logrado convencer al mundo de las más absurdas falacias que jamás haya podido profesar el ser humano, como esa que sostiene que no existirá democracia en sociedad alguna si sus medios de comunicación no están en manos privadas.

Son esos medios los que, con su contenido plagado de una narrativa básicamente anticomunista, han formado la naturaleza rabiosa e irracional del antichavismo, que conduce al militante promedio de la oposición al desafuero de la aclamación de las hondas y muy vergonzosas flaquezas de su frágil candidato, como si de un auténtico redentor se tratara.

Para esos opositores (los escuálidos de a pie) un personaje repugnante para cualquier persona sensata, como lo es el sujeto aquel que vociferaba como bestia enardecida que los chavistas que él suponía dentro de la embajada de Cuba durante el asedio que la turba opositora llevó a cabo contra esa sede diplomática durante los sucesos de abril de 2002 se iban “a tener que comer los cables y las alfombras”, porque no les iban a dejar pasar comida ni agua hasta que se entregaran, no es en lo absoluto el personaje siniestro que pretende la Revolución que sea.

Para esos miles de antichavistas que acompañaron a Capriles ante el CNE a presentar su candidatura, aquel lamentable sujeto es un auténtico héroe de lo que ellos consideran “la lucha por la libertad y la reconciliación nacional”. Y lo que es más grave, referencia moral de lo que han debido hacer todos para evitar el retorno de la revolución al poder en aquella fugaz coyuntura. Para muchos más de los que suponen algunos en la revolución, la tarea pendiente para esa expresión fascista de nuestra sociedad que se reúne en el antichavismo militante, es corregir el error cometido entonces, que no es otro que el no haber exterminado de raíz el proyecto bolivariano.

Capriles es lo de menos en toda esa historia.

Pero si Capriles expresa, en la forma cabal e irrefutable en que lo expresa, su insuperable condición de opuesto a todo lo que encarne Chávez, empezando por la estatura como estadista y la extraordinaria versatilidad y capacidad oratoria del líder de la Revolución Bolivariana, entonces para ellos será el mejor candidato. Porque lo que en verdad los une es su profunda convicción de que el Presidente, por todas esas notables e innegables cualidades, es poco menos que el demonio.

Si algo necesita borrar de la faz de la tierra ese antichavismo urticante y pendenciero es precisamente el don de la retórica política perfecta y enriquecedora que maneja a su antojo el Comandante Chávez, herramienta con la cual ha logrado cautivar y enamorar hasta el frenesí a los millones de venezolanas y venezolanos que hoy estarían más que dispuestos a dar la vida por el que consideran su salvador. Lo que constituye, en definitiva, la mayor desgracia para los sectores pudientes de la sociedad.

De ahí que lo admirable de Capriles sea para ellos precisamente su mediocridad, su falta de carisma, de capacidad oratoria, de liderazgo y hasta de simpatía. Arriba así este deplorable y lastimoso sector político venezolano al bochornoso estadio de la exaltación de la ignorancia como valor supremo, por el cual se puede llegar incluso al exabrupto de agitar banderas de emoción a través de kilómetros de avenidas importantes sin el menor pudor o vergüenza. Un verdadero logro, si se considera la proverbial ignorancia de sus anteriores abanderados, como lo fueron el inefable Manuel Rosales y el deplorable Enrique Mendoza.

Su discurso de campaña, está claro, no tiene por qué desarrollarlo él en ningún escenario… los medios de comunicación, secuestrados desde siempre por los sectores dominantes del gran capital, se encargan día a día de venderle al desposeído la fabulosa ilusión del modelo consumista, entreguista y depredador que él nos propone. Y lo hace con la impactante fuerza del color y con sonido estéreo.

El otro, el que no es de campaña sino de verdad, no lo dirán jamás ni él, ni las corporaciones que lo respaldan. Ni sus medios de comunicación, que seguirán haciéndole creer a la sociedad que hoy es más valioso ser “flaquito” que competente.

Se trata, después de todo, del logro del viejo disparate que cantaba el tango Cambalache, del inefable Discépolo, que denunciaba la contrariedad de una sociedad pervertida en la que “los inmorales nos han iguala’o.”