¿Cui bono?

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Por Roberto Hernández Montoya / 15 / 02 / 2014

Quienes ovacionaron ese mamarracho totalitario que fue el Acta de Pedro Carmona, se pretenden llamar movimiento democrático. Pero da escalofrío imaginar la de represión y despotismo que sería un gobierno de Leopoldo López y María Corina Machado, ese par de riquitos malcriados que no toleran que no se haga su voluntad antojadiza. Basta que les entre un capricho para que haya que cumplírselo al punto y con esmero. Si no, llaman a «prender las calles», como dijo la comandante Machado. «Esto terminará cuando caiga el gobierno», ha dicho el comandante López. Dicen que quien no encuentra a su papá en su casa lo encuentra en la calle. O a su mamá, como la que fue a recoger a su criatura el 12 de febrero, niño que para celebrar el Día de la Juventud saltó una barrera policial cual atleta olímpico y solo gruñó que le apretaron un poquito las esposas. Chiquillada mimada.

El Derecho Romano pregunta ante cualquier crimen: «¿A quién conviene?», «¿a quién beneficia?», es decir, en latín, cui bono? cui prodest?

Pero como todo lo tuercen perversamente, ahora resulta que quien está haciendo violencia es el gobierno. Un gobierno loco, como dice Mercedes Chacín: «Como en 2002 hay que hacerse las mismas preguntas, compatriotas de oposición. ¿A quién le conviene la violencia? ¿A quién convienen los muertos en manifestaciones públicas? ¿A quién le conviene tener al país envuelto en protestas? ¿A quién le conviene convencer a los estudiantes de salir a protestar contra el Gobierno? ¿A quien le conviene quemar las patrullas del CICPC? ¿A quién le conviene mantener la paz y no la guerra? ¿Quiénes tienen varios días anunciando la salida de Nicolás Maduro del Gobierno? ¿Quiénes anunciaron que incendiarían el país?».

Pero dicen que son más inteligentes que la plebe chaburra. Sí, es irritante. El lenguaje inverso: se dicen decentes y pensantes y son el sector más malandro y mentecato de la historia nacional, bruto pero ignorante, antipático pero mala gente. Esa turba se dice pacífica y mira cómo ha puesto varias ciudades de Venezuela. Una buena guía para saber la verdad es invertir lo que dicen.

El problema no es la chiquillería malcriadita, tirapiedra y asesina sino quien le da el garrote. Los Estados Unidos tienen encendido el planeta por los cuatro costados, los cuatro vientos y los siete mares: Afganistán, Irak, Paquistán, Libia, Egipto, Túnez, Siria, Ucrania, Venezuela. Con sus golpes suaves, cuando no con sus bombardeos humanitarios, drones y espionaje global. Están hozando hasta las pláticas íntimas de Frau Angela Merkel con su pareja. No hay país que muestre un flanco débil o descuidado que no sea afectado con las que poéticamente llaman «peleas de perros».

Van a perder otra vez, pero ya sabemos los daños que nos producen en cada una de sus dispendiosas derrotas. En cada descalabro salen más débiles: así perdieron Pdvsa, la poca Fuerza Armada que tenían, las televisoras, la multitud en la calle. José Vicente Rangel dijo una vez que a la oposición solo le queda Bush. Ahora Obama. También le quedan un electorado aterrado, cuatro mercenarios y cacerolas de 8 a 8:10 pm. Si no mataran gente serían solo un fastidio.

100 días sin Chávez

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Una contrariedad que difícilmente será superable por mucho tiempo en el ámbito del chavismo, es sin lugar a dudas la de referirse al Comandante Chávez en el desagradable pretérito al que los desafortunados designios del cielo nos han obligado.

Complica no solo la racionalidad sino los sentimientos mismos, que para la mayoría de los venezolanos afloraron como una recóndita e impensable faceta de su personalidad hace apenas semanas, y explica el fenómeno del talante fiscalizador en el que cada uno de esos compatriotas se han asumido a sí mismos como resteados vigilantes de la revolución que su líder les encargara en la dolorosa hora de su última comparecencia ante el país.

De ahí que la evaluación de la gestión del presidente Maduro sea cada vez más inclemente por parte de ese pueblo fiscalizador, en cada decisión de gobierno, en cada plan puesto en marcha, en cada expresión incluso, lo que hace de la inmensa responsabilidad del nuevo mandatario nacional un compromiso mayor en todo momento.

Es por ello un verdadero reto al discernimiento analítico rescatar de entre todas esas acciones de gobierno que han dado en tan corto tiempo un avance sustantivo al proyecto de la Patria presentado por Chávez al país, como lo son, por ejemplo, los inmensos logros del “Gobierno de la Eficiencia en la Calle”, del “Plan Patria Segura” y de la gestión de las relaciones internacionales, una en particular que resalte como la más trascendental e importante.

Con la más entera objetividad, habrá que decir que el mayor de los logros de Maduro en estos cien días, ha sido salvar la Patria del colapso al que han jugado con la mayor fiereza y salvajismo con los que jamás hallan atacado a la revolución los sectores más reaccionarios del gran capital y de sus aliados de la derecha, tanto del país como del exterior.

Un logro alcanzado con la tenacidad, el coraje y la lealtad que Chávez reconoció en Maduro cuando le propuso como sucesor en la conducción del proceso, y que ha contado con la unidad monolítica de las fuerzas revolucionarias y de su estamento dirigencial.

Tal como lo sentenciara de manera providencialmente visionaria el Comandante, “Que nadie se equivoque; hoy tenemos Patria”… y Maduro está cuidándola como todo un buen revolucionario.

Gobierno de calle

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Desde siempre el mayor reclamo del pueblo hacia sus gobernantes fue que aparecían muy cariñosos durante las campañas electorales para luego de las elecciones no volver a vérseles la cara ni en pintura, porque se pensaba que la sola presencia física del funcionario en la comunidad era demostración de su interés por ella.

Un reclamo inconducente, que expresaba la indolencia de un liderazgo político que solo procuraba el poder por el poder en sí mismo, y que en modo alguno se proponía la transformación de la sociedad para alcanzar la justicia que el pueblo pedía, sino la sola consagración del ritual electoral como instrumento de reafirmación democrática. El trabajo jamás fue el propósito de los recorridos casa por casa. Por eso el sector político era siempre el más repudiado por la gente.

El gobierno de calle emprendido por el presidente Maduro como parte fundamental de su propuesta al país, tiene en principio sobre sí la pesada responsabilidad de obligarse a superar esa limitante que representa para un revolucionario la incredulidad del pueblo hacia los sectores políticos.

Esa incredulidad, producto de la indiferencia y la incompetencia de los gobiernos neoliberales para resolver los problemas de la gente, es sin lugar a dudas un obstáculo. Pero a la vez una extraordinaria oportunidad para demostrar de manera perfectamente clara la diferencia entre un modelo excluyente, generador de hambre y miseria, como el capitalismo, y un modelo humanista, efectivamente constructor de participación y bienestar, como el socialismo bolivariano.

La forma como el Presidente ha estructurado hasta ahora esas jornadas de trabajo intensivo directamente en la comunidad, junto al pueblo, es verdaderamente auspiciosa precisamente porque profundiza el esquema creado por el Comandante Chávez de trascender el modelo populista del pasado para convertirlas en verdaderas sesiones de trabajo en equipo con el tren ministerial, que arrojan resultados tangibles en la toma de decisiones, asignación de recursos y supervisión de obras.

Falta ahora el trabajo ideológico permanente en cada comunidad para asegurar la perdurabilidad de ese gran logro en la conciencia del pueblo. Es el compromiso de la repolitización de la que habló siempre el presidente Chávez.